Cómo pensar mejor,  No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes

Una intuición muy entrenada

Cuando hablo acerca de la intuición y alerto a mis alumnos o a mis lectores acerca del cuidado que hay que tener con este recurso mental, hay quien piensa que estoy diciendo que la intuición no sirve para nada. Pero no, no es eso lo que pienso.

La intuición es una herramienta muy útil, que, como conté en la presentación junto a Carlos García Gual en la librería Rafael Alberti, muchas veces nos ofrece estupendas respuestas. Ahora bien, en las situaciones más inesperadas e imprevisibles, en las menos habituales, es precisamente donde menos debemos fiarnos de la intuición.

Por otra parte, parece necesario deshacer un equívoco: mucha gente parece pensar que la intuición es algo que tiene que ver con un yo personal, con una especie de alma, con algo más auténtico, espiritual e intangible, algo que es, en definitiva, muy diferente del pensamiento reflexivo.

Sin embargo, sucede todo lo contrario: la intuición es más bien todo lo contrario: es un mecanismo mental (cerebral), casi fisiológico, una respuesta física inmediata, un impulso que no es que revele nuestro ser o nuestra verdadera personalidad, sino más bien nuestros automatismos aprendidos a lo largo de la vida. me parece una gran paradoja que algo tan puramente mecánico se haya convertido en el símbolo de la autenticidad personal.

TRANSCRIPCIÓN DEL VÍDEO

Lola Larumbe: Entonces, tu libro no es «Como ser como Sherlock Holmes» sino «Cómo ser Sherlock Holmes».

Daniel Tubau: Sí, «cómo ser Sherlock Holmes», porque, como decía Goethe, hay que pensar de la misma manera en la que pensaban los griegos, y no como un griego, este o aquel, pensó.

Lola Larumbe: Siempre la razón, ¿no? Siempre la razón por delante, ¿no? La razón y la observación.

Daniel Tubau: En Sherlock Holmes yo diría que sí. Hay momentos en los que Sherlock Holmes se puede dejar llevar por la intuición, pero en el libro digo que no hay que fiarse de la intuición. Ahora bien, también puedes entrenar la intuición. Todos la entrenamos. Yo, por ejemplo, soy guionista, pero cuando empiezo a trabajar en un programa de humor no se me ocurre ningún chiste… Siempre sucede en los comienzos de un programa que estamos todos los guionistas deprimidísimos porque no se nos ocurre ningún chiste. Pasan los días y decimos: «¡Dios mio! ¡no se me ocurre nada!»

Yo he trabajado en la preparación del Caiga quien Caiga o en El informal y en otros programas de humor… y siempre estás ahí como bloqueado, pero cuando transcurre un mes o mes y medio… se te ocurre un chiste detrás de otro. Digamos que vas entrenando la intuición: la intuición de pronto te va dando ideas. Miras cualquier cosa y ya es un chiste para ti.

Por eso, todo el mundo en la profesión que dominamos, disponemos de una intuición mejor que una persona neófita o que es ajena a esa profesión. Sherlock Holmes en su campo ha estudiado muchísimo, se ha leído todos los Anales criminales, ha observado todos los pequeños detalles y su intuición le da mejores respuestas que la intuición de cualquier otra persona. Porque la ha entrenado.

Pero para mí la intuición, y creo que para Holmes también, es una respuesta  automática, que funciona muy bien en el 80 o 90 por ciento de las ocasiones. Yo cojo este vaso y sé cómo apretar exactamente para que no se me caiga, ¿no? Son cosas que he aprendido a lo largo de mi vida, durante la infancia… Lo de la garganta ya es distinto…


 

Este tubo trasparente es el ejemplo anti-intuitivo contrario al que menciono en el texto: parece cristal, pero es aluminio (o más bien de un tipo de cerámica tan o más resistente que el aluminio, compuesta por aluminio, oxígeno y nitrógeno). Fuente: Tecnonucleous

La diferencia de la que hablo al final entre sujetar un vaso de cristal para que no se caiga (y tampoco se rompa) y la del mecanismo de nuestra garganta para tragar, es que la capacidad de tragar es más un instinto, un acto reflejo que ya tenemos en cierto modo preparado nada más nacer, como lo es la succión del pecho materno, mientras que el sujetar un vaso, aunque también pueda ser heredado y codificado genéticamente, debe adaptarse a cada tipo de objeto, como una copa o un vaso de cristal, que es un objeto artificial con el que, como mamíferos, no nos hemos encontrado en nuestra larga historia evolutiva en la naturaleza.

Un vaso de cristal finísimo que sin embargo pareciera de sólido metal dorado, podría engañar a nuestra intuición y al cogerlo podríamos romperlo, pues no era cristal, sino metal lo que esperábamos. Nuestra intuición, a través de la información que le ofreció nuestra percepción nos indicó que podíamos apretar el vaso, pero la realidad es que el vaso era de metal.

 


Notanelemental-portada

No tan elemental
Cómo ser Sherlock Holmes.
Daniel Tubau
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SÓLO PARA TUS OJOS 
(Lectores de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes)

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