Los grandes estrategas chinos también eran escépticos

Entre el año 700 y el 300 antes de nuestra era, en uno y otro extremo del mundo, en Grecia y en China, aparecieron un mismo tipo de pensadores, que cuestionaron las supersticiones y el pensamiento correlativo y buscaron respuestas racionales a los problemas del ser humano y la sociedad. Sin duda no es casual que el primer capítulo de El arte de la guerra se llame «Cálculos» y que en él Sun Tzu describa un procedimiento casi matemático para evaluar nuestras fuerzas y las del enemigo, a través de la calibración y medición de cinco factores. Como dijo Platón, no hay verdadera tecné (arte o ciencia) sin número, y como dijo Esquilo, quizás en los mismos años en los que vivió Sun Tzu: «El cálculo es la principal de las estratagemas». No debemos olvidar, en fin, la cercanía entre la razón filosófica y la razón matemática: lo racional es lo que se puede calcular, medir, calibrar, pesar, sopesar y comparar de manera fiable.

Un ejemplo del escepticismo en los augurios, los adivinos y las señales del otro mundo chino es el filósofo Han Fei, que enumera a varios gobernantes derrotados a pesar de los augurios favorables y se burla de quienes siguen a los adivinos para emprender guerras y batallas:

Consultar a los dioses y espíritus sobre conchas de tortuga no va a darte la victoria; calcular tu posición «derecha o izquierda», «de frente o de espaldas» no va a decidir la batalla. No hay mayor estupidez, a pesar de la irrelevancia de tales factores, que depender todavía de ellos.

Han Fei también recuerda la guerra entre Goujian y Fuchai, en la que se supone que participó Sun Wu, y deja muy claras las razones de la victoria final de Goujian de Yue:

Goujian, rey de Yue, creyó en los oráculos de la Tortuga y emprendió una guerra contra Wu, pero no venció y tuvo que rendirse y convertirse en vasallo y esclavo personal del rey de Wu. Cuando regresó, arrojó a un lado la Tortuga, reformó las leyes y renovó al pueblo, con el objetivo de tomar venganza contra Wu. Al final, Fuchai de Wu fue tomado prisionero. Quienes creen en demonios y dioses descuidan las leyes.

Encontramos un escepticismo y sensatez semejante en el tratado de estrategia Wei liaozi. Cuando el rey de Liang preguntó a Weiliao si era cierto que el Emperador Amarillo había ganado cien batallas gracias a la virtud, el estratega le respondió que lo que hizo el mítico gobernante fue no confiar en el Cielo, sino atacar a los rebeldes:

El Emperador Amarillo envió a los militares para castigar los desórdenes y mostró su generosidad al cuidar al pueblo, pero eso no tenía nada que ver con calcular los días auspiciosos, las relaciones del yin y yang o la dirección relativa descrita en el Almanaque Celestial. Era el Emperador Amarillo por su habilidad de emplear a la gente, y nada más.

El rey, sin embargo, prefería métodos más vistosos, así que Weiliao tuvo que continuar su peregrinaje en busca de un gobernante menos supersticioso.

Sun Tzu pudo vivir en la época final de las Primaveras y Otoños o durante los Reinos Combatientes, pero en uno y otro caso, ya fuera coetáneo de Confucio y Mo Di, o de Zhuangzi, Mencio, Han Fei, Xunzi y Gongsung Long, tuvo, como todos ellos, una revelación y descubrió una verdad mucho más efectiva que la del conocimiento oculto, simbólico o místico. Esa revelación, ese «¡Eureka!» mundano pero deslumbrante, fue que la realidad es comprensible, que la observación, cuando se libera de los prejuicios y recurre a la experimentación, al cálculo, a la discusión y al razonamiento lógico, nos permite entender cómo suceden las cosas, cómo comportarnos para tener éxito y cómo descubrir los secretos, o al menos algunos secretos, de la naturaleza.
El filósofo Xunzi (314 a 239 a.e.) expresa de una convincente manera la idea de conocer la naturaleza, de estudiarla de manera racional y dominarla, con una vehemencia y claridad que bien podrían haber sido aplaudidas en una sesión de la Royal Society, la institución que se sitúa en el origen de la ciencia moderna:

En lugar de magnificar el Cielo y contemplarlo, ¿por qué no lo domesticamos y lo refrenamos? En lugar de ser serviles con el Cielo y cantar sus alabanzas, ¿por qué no refrenamos su decreto y lo utilizamos? En lugar de ser pasivos ante las cosas y dejarnos avasallar por su abundancia, ¿por qué no utilizar nuestro potencial para transformarlas? En lugar de contemplar las cosas de manera aislada, ¿por qué no forjar un patrón del que ninguna escape?
Por lo tanto, si dejas de lado lo que es del hombre para contemplar lo que es del Cielo, solo consigues que se te escape lo esencial de las diez mil cosas.

El conocimiento es poder, dijo Francis Bacon, lema que Sunzi aplica de manera literal. El conocimiento permite ganar guerras, a veces sin acudir al campo de batalla, y construir imperios. No existe mejor testimonio para apoyar esta interpretación que el del propio maestro Sun cuando describe la predicción del estratega, tan distinta de la de un adivino:

Por lo tanto, lo que permite a los soberanos ilustrados y a los generales hábiles alcanzar el éxito y superar a todos es su conocimiento previo. El conocimiento previo no se puede obtener ni de fantasmas ni de espíritus, no se puede alcanzar mediante comparación, no se puede deducir a través de cálculos: debe obtenerse de los hombres que conocen la situación del enemigo.


2023. El pensamiento correlativo es aquel que establece conexiones entre diversos sucesos o acontecimientos basándose en su cercanía temporal, espacial o en similitudes simbólicas, estéticas, psicológicas o puramente caprichosas, pero que no estable verdaderas relaciones de causa y efecto que se puedan demostrar, o al menos poner a prueba. Es un tipo de pensamiento mágico o místico, que aunque se suele encontrar en los primeros estadios culturales, de vez en cuando reaparece con ropajes nuevos. Uno de los últimos ejemplos es eso que el psicoanalista Carl Gustav Jung llamaba la sincronicidad.

Libros mencionaddos y consultados:

Mo Di, Mozi.
Han Fei, Han Feizi.
Weiliao, Weiliaozi.
Xunzi, Xunzi.
Sun Tzu, El arte de la guerra.
Michael Loewe, Divination, mythology and monarchy in Han China, Cambridge University Press, 1994.

Este artículo es un extracto de mi libro El arte del engaño.

Una obra única en su género que reconstruye el pensamiento de los escépticos grecolatinos, dirigida por igual a iniciados y profanos.

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