filosofía

El principio de causalidad ontológico frente al psicológico

Hume negó que pudiéramos justificar las relaciones de causalidad. No podemos asegurar de ningún modo que una acción será causa de una reacción. Aplicamos el principio de causalidad por el hábito de ver que a tal suceso sigue otro, pero eso sólo vale para el pasado, no para el futuro.

He aquí una bola de billar inmóvil sobre una mesa y otra bola que se mueve hacia ella con rapidez. Las dos chocan y la bola que en un principio estaba en reposo ahora adquiere movimiento (…) Es evidente que las dos bolas entrarán en contacto antes de que les sea comunicado el movimiento y que no hay intervalo alguno entre el choque y el movimiento. La contigüidad en el tiempo y el espacio es, por tanto, una circunstancia indispensable para la atracción de todas las causas. Es evidente, asimismo, que el movimiento que fue la causa es anterior al movimiento que fue el efecto. La prioridad en el tiempo es, por tanto, otra circunstancia indispensable en cada causa. Pero esto no es todo. Intentemos con otras bolas de la misma clase una situación similar y siempre hallaremos que el impulso de la una produce el movimiento de la otra. Aquí hay por tanto una tercera circunstancia, a saber, la conjunción constante entre la causa y el efecto. Cada objeto similar a la causa produce siempre algún objeto similar al efecto. Fuera de estas tres circunstancias, contigüidad, prioridad y conjunción constante, nada más puedo descubrir en esta causa.

Negado el principio de causalidad ontológico, nos queda sin embargo en principio de causalidad psicológica, que sí existe, como el propio Hume admite. Este principio de causalidad psicológico es el que hace posible la narratividad.


FILOSOFÍA Y PENSAMIENTO


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