Derivando por el escepticismo

Reseña en Kaos en la Red

Estos son algunos pasajes de la reseña que Iñaki Urdanibia publicó en Kaos en la Red el 12 de septiembre de 2023 acerca de Sabios ignorantes y felices. Puedes leer la crítica completa aquí.

En lo que hace al escepticismo, como en otros terreno de la vida y el pensamiento, hay grados; hay escépticos y escépticos, desde la radicalidad pirroniana a la duda metódica cartesiana, sin obviar la epojé fenomenológica por señalar ciertos límites; quedándome corto a la hora de resaltar la presencia, casi consustancial, del escepticismo en la historia de la filosofía, yendo a la par, no resultando, así, desmedido el afirmar que toda filosofía, hasta la más sistemática, tiene su momento escéptico; decía Hegel que «el escepticismo es el aspecto libre de toda la filosofía».

Al decir la palabra escéptico es habitual mentar la frase atribuida a Sócrates: yo sólo sé que no sé nada…a lo que, según se cuenta, un escéptico que le escuchaba, Arcesilao respondió: pues yo ni eso sé. En fin, que se podría dar por bueno, si uno se atiene a esta postura filosófica que, como decía el otro, la interrogación es el signo más importante inventado por los humanos.

Valga esta entradilla para presentar un libro que, vaya de entrada, es una obra que combina lo enciclopédico con la fluidez narrativa, plasmando aquello de enseñar deleitando y me quedo corto ya que como indica el subtítulo del libro:Lo que los antiguos escépticos nos enseñan. «Sabios ignorantes y felices» de Daniel Tubau, editado por Ariel, ofrece amplias informaciones con absoluto rigor, al tiempo que presenta las ideas de diferentes pensadores, con claridad y distinción, que sirven para la rumia y el paladeo de sugerentes lecciones de cara al conocimiento y para la vida.

Comienza la amplia travesía, que a nadie se le atragantará, ya sea leyendo la obra de seguido o tomando partes como píldoras a paladear, con un acercamiento a la definición de qué es el escepticismo, indicando el origen griego del término (σκεπτικός, skeptikós = el que examina), pudiendo significar a la vez «la doctrina que duda de la verdad de las cosas», más se ha de matizar lo dicho ya que no se ha de interpretar como una negativa a que se puedan conocer las cosas, sino que se ha de mostrar cautela en vez de aceptar tal cual las afirmaciones heredadas y los dogmas; la tarea consiste en tomarse un tiempo para examinar con detalle el asunto al que se dirija la atención, antes de adoptar una postura clara, aconsejable prudencia que algunos reivindicaban como elogio del pudor. Tanto en el terreno filosófico como en el de las ciencias, tanto duras como humanas y/o sociales, el escepticismo funciona como un mecanismo necesario que no toma las cosas tal y como se han transmitido, ya que en tal caso no se habría dado avance alguno…hablaba Gilles Deleuze de que en toda filosofía que se precie aparece un idiota («hacer el idiota siempre ha sido una función de la filosofía»), en la medida en que propone algo nuevo con respecto a los cánones establecidos y consagrados por el uso, y el abuso; vienen a jugar, los pensadores innovadores, el papel del cortocircuito, son quienes interrumpen la comunicación normalizada al introducir el verbo indeterminado que provoca indecisión y perplejidad en las relaciones sociales y políticas (sin obviar las laborales ). Este principio de indeterminación que introduce, de manera explícita el escribiente Bartebly, supone una línea de fuga, una desterritorialización…¡no sigo!

No le falta razón a Tubau cuando señala cómo el significado de diferentes escuelas helenísticas, ha sido falseado en lo que hace a su verdadero significado: así, el cinismo, convertido en una postura hipócrita y alejada de los intereses del hoy, recuerdo en este orden de cosas, la certera distinción que establecía Peter Sloterdijk entre quinismo, para referirse al antiguo y cinismo para el actual uso. Lo mismo puede decirse el hedonismo epicúreo, convertido por obra y gracia de san Jerónimo en la actividad de los puercos del Jardín…algo parecido sucede con el significado del escepticismo antiguo y la desvirtuación de su espíritu en el uso del término del que se habla en estos tiempos de simplificaciones.

La mirada del autor se centra en la antigüedad greco-romana, entregando una obra de un rigor grande, lo que no quita para que su lectura sea realmente accesible, y prestando la voz a los más relevantes entre los filósofos de tal tendencia, que luego extendió su influencia a posteriores tiempos y pensadores: así Montaigne, Descartes son algunos de los visitados por Tubau. No es el objeto que se propone explorar, pero la nómina de los influidos por tales posturas es amplia yendo de Erasmo a Spinoza con menciones a Hume, Pascal (hay una obra que tengo a mano que detalla estos tiempos (La historia del escepticismo desde Erasmo hasta Spinoza, de Richard H. Popkin, editado por FCE en 1983; y ya que…me parece recomendable una obra que recoge los ensayos de varios autores, Mirar con cuidado. Filosofía y escepticismo, editado por la Universidad de Valencia en 1994. Ambas obras sirven para ampliar el foco de las influencias de los primeros escépticos).

El escepticismo ha sido desatendido, al contrario que otras escuelas post-aristotélicas, muy en especial el estoicismo, y vilipendiado al no conducir, según se ha solido mantener, más que a la incredulidad absoluta, cuando de hecho se puede ver en el mismo Pirrón la figura de la serenidad, en consonancia de los objetivos de las escuelas del helenismo en general: la búsqueda de la felicidad. Los escépticos en su tiempo se enfrentaban a todos los dogmatismos, siendo reivindicada su actividad como terapia a la hora de desembarazar a los humanos de los aspectos más salvajes y feroces, como presentaba Carnéades su propósito, por la misma senda es avanza la idea de Sextus Empricus que como amante de la humanidad, pretendía que el escepticismo sirviese para curar en la medida de lo posible por medio de la argumentación, la presunción y la precipitación de los dogmáticos de otras escuelas de su tiempo. Una posición contra los pensamientos cerrados, que presumen de estar en posesión del conocimiento de la verdad, una, frente a otros que dudan, que Daniel Tubau expone a lo largo de dieciocho intensos capítulos que van acompañados al final con una cronología y una amplia bibliografía. Desde Pirrón y Anaxarco que conocieron a los filósofos desnudos de la India, gimnosofistas, de los que extrajeron algunas enseñanzas y siguiendo con el nombrado Arcesilao, vamos entrando en el quid metafísico y epistemológico del fenómeno, visitando a los sofistas y obviamente a Sócrates, y Platón como intérprete del maestro, poniendo en relación el escepticismo con la poesía, la religión y la filosofía, acercándosenos a Carnéades, como representante de los académicos, y continuando con Cicerón y con los últimos académicos escépticos, y Enesidemo, las escuelas médicas y el escepticismo en el Imperio romano. El viaje concluye con una Invitación al escepticismo, ese pensamiento respetuoso de las diferentes opiniones, y que parte de que las suyas son tan discutibles como las de los demás, lo que hace que su posición sea plenamente adecuada con una democracia que se precie. No tiene desperdicio, por otra parte, la comparación que establece con el estoicismo, y su conformismo con lo dado, su fatalismo…sabido es que las comparaciones son odiosas, sobre todo, para quienes salen perdiendo y en la presente ocasión, queda claro quien es el ganador por su sentido del humor, su carácter risueño, su anti-dogmatismo…insatisfechos y en revuelta contra el status quo y sus coplas.

Terminaré esta recomendación trayendo a colación una afirmación, realmente que ni pintada para esta ocasión, del escritor Hermann Hesse que ante la sentencia de que la inseguridad provoca neurosis, respondía que que el exceso de ella la provoca en mayor medida. En fin, que son las certezas absolutas las que provocan la locura y no pocos desaguisados…de donde la conveniencia de, como el clave de Bach, un escepticismo bien temperado.

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