Los nombres del escepticismo y la probable falacia de Sexto Empírico

La palabra skepsis significa investigar, examinar, mirar con atención o considerar.

Por lo tanto, los escépticos (skeptikoí, σκεπτικoí) son personas que investigan, que examinan, que se detienen a mirar con atención. Es decir, investigadores. Cualquier científico se sentiría identificado con esta definición.

Ahora bien, hoy en día la palabra «escéptico» no se emplea para referirse a un investigador, sino más bien para señalar a un incrédulo, a alguien que no cree en lo que otras personas afirman. En el mejor de los casos, a alguien que desconfía de los planteamientos dogmáticos.

Pero también podemos emplear el término para referirnos a los escépticos de la antigüedad, a aquellos filósofos que pertenecieron a las dos grandes escuelas escépticas de mundo grecolatino: la de los académicos y la de los pirrónicos. Tal vez habría que añadir una tercera: los cirenaicos.

Ahora bien, esos filósofos no se llamaban a sí mismos «escépticos», y no existía ninguna escuela que anunciase  o promocionase el «escepticismo» como sistema filosófico, al menos hasta llegar a Enesidemo o a Sexto Empírico. En definitiva, la palabra «escéptico» no se empleó hasta muy tarde para referirse a los pensadores a los que hoy en día consideramos escépticos, como Arcesilao, Carnéades, Pirrón, Timón, Enesidemo o Sexto Empírico.

Intentemos rastrear el origen del uso de «escepticismo» para referirse a una corriente filosófica.

Las primeras menciones conocidas de la palabra skepsis, aplicada a una manera de pensar definida, se encuentran en los libros de autores tan tardíos como los de Sexto Empírico (ca.160-210) y Diógenes Laercio (180-240), aunque se cree que pudo usarse ya en tiempos de Enesidemo, que no se sabe si vivió en el siglo I a.C. o en siglo I d.C.

Sexto Empírico emplea el término «escepticismo» ya con un sentido semejante al que se hizo común en el mundo filosófico, e incluso enumera algunas variantes o formas de ser esceptico:

«La orientación escéptica recibe también el nombre de zetética (ζητητική) por el empeño en investigar y observar, el de eféctica (ἐνεργείας) por la actitud mental que surge en el estudio de lo  que se investiga y el de aporética (ἀπορητική) , bien -como dicen algunos- por investigar y dudar de  todo, bien por dudar frente a la afirmación y la negación.

También recibe el nombre de pirronismo por parecernos que Pirrón se acercó al escepticismo de forma mas tangible y expresa que sus predecesores».

Sexto Empírico incluso considera que el escepticismo es una de las tres maneras posibles de concebir la filosofía:

«Con mucha razón, se considera que los sistemas filosóficos son -en líneas generales- tres: dogmático, académico y escéptico (δογματική, Ἀκαδημαïκή, σκεπτική)».

 (Sexto, Esbozos pirrónicos, I, I).

Esta declaración es sorprendente, pues no incluye a los académicos entre los escépticos (y tampoco entre los dogmáticos). A algunos lectores, quizá les recuerde la moderna distinción entre una filosofía dogmática, otra escéptica y otra crítica. En otro momento indagaré acerca de esta similitud tal vez reveladora. Ahora nos interesa saber por que Sexto no considera escépticos a los académicos, a pesar de que en la antigüedad se pensaba que la Academia de Platón, al menos desde que la dirigió Arcesilao, se había orientado hacia el escepticismo.

La primera razón podría ser bastante obvia. Pudiera ser que en la época de Sexto Empírico, la Academia  (si es que seguía existiendo) ya hubiera abandonado el escepticismo, adoptando un platonismo dogmático. Sin embargo, como hemos visto, Sexto no sitúa a los académicos entre los dogmáticos, sino que les concede el privilegio de ser una tercera corriente filosófica. Investiguemos más a fondo lo que quiere decir Sexto, cuando explica esta triple distinción:

«Para los que investigan un asunto es natural acogerse o a una solución o al rechazo de cualquier solución y al consiguiente acuerdo sobre su inaprehensibilidad, o a una continuación de la  investigación. Y por eso seguramente, sobre las cosas que se investigan desde el punto de vista de la Filosofía, unos dijeron haber encontrado la verdad, otros declararon que no era posible que eso se hubiera conseguido, y otros aun investigan.

Y creen haberla encontrado los llamados propiamente dogmáticos; como por ejemplo los seguidores de Aristóteles y Epicuro, los estoicos y algunos otros. De la misma manera que se  manifestaron por lo inaprehensible los seguidores de Clitómaco y Carnéades y otros académicos.

E investigan los escépticos».

Sexto Empírico, Esbozos pirrónicos, I, I).

La diferencia entre las tres maneras de pensar se podría sintetizar de esta manera:

  • Dogmáticos: se puede conocer la verdad, se puede saber cómo son las cosas.
  • Académicos: no se puede conocer la verdad, no se puede saber cómo son las cosas.
  • Escépticos: no sabemos si se puede conocer o no la verdad, hay que seguir investigando.

Para decirlo con claridad, Sexto Empírico considera que los académicos son otro tipo de dogmáticos, puesto que afirman algo: que no se puede saber cómo son las cosas.

Conviene, antes de  continuar, evitar cualquier equívoco: en este pasaje, Sexto se está refiriendo a la posibilidad de conocer cómo son las cosas. ¿Qué cosas? Las que están bajo las apariencias.

Cuando habla de «inaprehensibilidad» no se refiere a que no podamos conocer lo que pensamos, o a que no podamos tomar decisiones en la vida, o a que no podamos pensar que una explicación es preferible a otra. Eso quizá lo hace en otros pasajes de sus libros, pero en esta ocasión se refiere a que tan solo percibimos apariencias, pero no las cosas en sí mismas: lo que es inaprehensible es la cosa en sí, la verdadera realidad que provoca y que está debajo de las apariencias.

En este sentido, los dogmáticos dirían, por su parte, que sí que se puede ir más allá de las apariencias, que es posible conocer la realidad real. ¿ Y cómo se puede hacer eso?

Al menos de cuatro maneras:

  • Afirmando que las apariencias nos muestran las cosas tal como son.
  • Deduciendo esa realidad oculta a partir de las apariencias, es decir, mediante el uso combinado de la razón y los sentidos.
  • Alcanzando ese conocimiento mediante el simple uso de la razón.
  • Mediante una revelación o testimonio que nos desvela el secreto de la realidad.

Los dogmáticos creen en la posibilidad de conocer la realidad por uno o varios de estos métodos.

En consecuencia, los académicos, según Sexto, lo que hacen es negar que se pueda lograr conocer la realidad mediante esos métodos (o mediante cualquier otro).

Y los escépticos, como tercera vía, no se pronuncian acerca de si es posible o no conocer la realidad que está bajo las apariencias.

A primera vista, parece un poco injusto que Sexto coloque a los académicos en el extremo dogmático, aunque sea un «dogmátismo antidogmático», puesto que el académico Arcesilao dijo aquello de «Solo sé que no sé nada y ni siquiera estoy seguro de eso». El propio Sexto llega a considerar en algún momento a Arcesilao como el pensador más cercano al escepticismo (título que no concede a casi nadie):

«Me parece a mi que Arcesilao, que decíamos que fue el fundador y presidente de la Academia Media, tiene mucho en común con los razonamientos pirrónicos; de forma que su orientación y la nuestra son casi una misma cosa».

(Sexto, Esbozos pirrónicos, I, XXXIII).

La divergencia entre escépticos y académicos no se refiere, por lo tanto a Arcesilao, sino a alguno de sus sucesores, como Carnéades y Clitómaco, quienes, en opinión de Sexto, se inclinaron hacia el dogmatismo negativo:

«Los seguidores de Carnéades y Clitómaco dicen que algunas cosas son probables y que las creen con acusada convicción, mientras que nosotros creemos simplemente en el sentido de asentir, sin vehemencia.

Pero también nos diferenciamos de la Academia Nueva en lo referente al fin. En efecto, los hombres que dicen regirse por ella se sirven en la vida principalmente de lo probable,  mientras que nosotros vivimos haciendo caso sin dogmatismos de las leyes, las costumbres y los instintos naturales».

Siempre me han parecido muy débiles y poco convincentes los argumentos que da Sexto cuando explica por qué él y su escuela (la pirrónica) no son dogmáticos, mientras que sí que lo son los seguidores de Carnéades. Adoptar como criterio para la acción lo probable o lo creíble (to pithanon), como hace Carnéades, no significa ser dogmático: es obvio que lo probable, lo creíble o lo convincente es una apuesta, no una certeza. Es una guía para la acción que al mismo tiempo admite que no podemos saber con absoluta seguridad algo, pero que sí podemos percibir que ese algo es más probable o plausible que otra cosa.

Es más probable que si voy a comprar el pan pueda hacerlo sin grandes peligros, y es improbable que me encuentre un dinosaurio en la puerta, o que estalle una bomba atómica antes de llegar a la panadería. Es bastante probable que encuentre pan en la panadería, pero también existe alguna probabilidad de que ya lo hayan vendido todo.

Cuando digo que algo es probable no estoy diciendo que sea seguro ni absolutamente cierto.

Por otra parte, lo que dice Sexto de lo que hacen ellos, los pirrónicos, parece una artimaña casi ridícula:

«Vivimos haciendo caso sin dogmatismos de las leyes, las costumbres y los instintos naturales».

Lo que, traducido a un lenguaje menos engañoso, significa:

«Vivimos sin dogmatismos haciendo caso de los dogmatismos ajenos (las leyes, las costumbres y los instintos naturales). Es decir, que aceptamos los dogmatismos establecidos sin rechistar, en lo que no nos diferenciamos de los resignados estoicos».

Este tipo de argumentos en Sexto me recuerdan a otros parecidos de Descartes (por ejemplo, su demostración de que no existe un genio maligno), porque parecen ser más bien el resultado de la prudencia que de la razón. Sexto parece querer tranquilizar a sus interlocutores y decirles que, tras su tarea destructiva de refutar cualquier idea o creencia dogmática (como hace en sus libros), el escéptico pirrónico baja los brazos y dice:

«Sin embargo, no voy a discutir ninguna de las verdades establecidas. Se trataba tan solo de un juego intelectual, porque en la vida cotidiana adopto el criterio de seguir las apariencias y aceptar cualquier costumbre o ley sin discutirla. Incluso acepto la idea de que hay que seguir los instintos naturales (a pesar de que también he refutado esa idea en mis escritos polémicos). No se preocupen, yo no soy como el disolvente Carnéades, que abre la vía al ateísmo y a la duda en las razones de los poderosos y los legisladores que crean leyes a su medida».

En definitiva, una filosofía domesticada al servicio de un Imperio Romano dogmático, pero mientras que en los estoicos el conformismo y la resignación son la esencia de su filosofía, en el escepticismo parece más bien una declaración hipócrita pero prudente y forzada por las circunstancias. Cualquier persona que leyera los Esbozos pirrónicos o Contra los dogmáticos de Sexto Empírico podría entender perfectamente que todas esas ideas establecidas que se dicen aceptar ya habían quedado refutadas a lo largo del libro.


Sexto Empírico representado como Sexto de Cesarea, atribución que fue la habitual hasta el siglo XIX.

Resulta interesante, por otra parte, que Sexto considere que los académicos no son dogmáticos propiamente dichos, porque eso parece indicar claramente que en su tiempo (hacia el año 160-200 de nuestra era) la Academia de Platón, o los filósofos que se consideraban platónicos, todavía no habían adoptado una tendencia dogmática, como la que adoptaría el neoplatonismo de Amonio Saccas y Plotino hacia el año 250. Eso coincidiría muy bien con la hipótesis, que comparto como probable (pero no de manera absoluta o dogmática) de que Sexto Empírico sea Sexto de Queronea, el sobrino de Plutarco. Dedico varios apartados en Sabios ignorantes y felices a mostrar que es creíble o convincente hasta cierto punto identificar a Sexto Empírico con Sexto de Queronea, a pesar de que la inmensa mayoría de los expertos rechazan hoy en día esa identificación. En los textos acerca de la Acaemia de Plutarco (que murió hacia el año 120) cuando se refiere a la Academia todavía la identifica con las ideas de Carnéades y Arcesilao.

En este artículo empleo como una de las traducciones de phitanon la expresión «probable», a pesar de que parece que lo correcto sería «creíble» o «convincente». Muchos expertos rechazan cualquier idea de probabilidad en el phitanon de Carnéades, pero creo que hay suficientes indicios para pensar que lo creíble y lo convincente es bastante cercano a hablar de lo probable, al menos tal como lo emplea Carnéades.


En las citas de Sexto Empírico y Diógenes Laercio, empleo la edición de la editorial Gredos, y la de Carlos García Gual en el caso de Diógenes Laercio.

Descubre a los escépticos de Grecia y Roma.

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Sabios ignorantes y felices: lo que los antiguos escépticos nos enseñan


 
Lo que los antiguos escépticos nos enseñan
Daniel Tubau
Ariel editorial
568 páginas
 

Daniel Tubau nos propone pasear de la mano de los escépticos para llegar al conocimiento admitiendo nuestra ignorancia. Además, nos revela que a través de la duda podemos encontrar un camino hacia la felicidad.

Una obra de singular importancia que reconstruye el pensamiento de los escépticos grecolatinos, dirigida por igual a iniciados y profanos.

 

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