¿Eran budistas los gimnosofistas?

Quienes han intentado resolver el enigma de los gimnosofistas con los que se encontraron Alejandro Magno y sus filósofos acompañantes, y de manera destacada Anaxarco de Abdera y Pirrón de Elis, a los que se considera de alguna manera escépticos, suelen pensar que los sabios indios eran budistas. Veamos por qué.

Un detalle importante de los testimonios griegos acerca de los gimnosofistas es que dicen que estos sabios desnudos vivían en la región de Gándara, en los alrededores de la ciudad de Taxila, en el actual Pakistán. Se acepta de manera unánime que la región y la ciudad conocieron muy pronto la influencia budista. No sólo eso: en Taxila existió una de las más importantes escuelas budistas. También se sabe que apenas unos años después de la llegada de Alejandro Magno, uno de los maestros budistas de Taxila ayudó a Chandragupta a crear el Imperio Mauria. En los siguientes siglos, en especial bajo el nieto de Chandragupta, el emperador Asoka, el budismo se expandió por casi todo el subcontinente indio.

Una posibilidad interesante es que los gimnosofistas fuesen alguna variante excéntrica de los budistas, pues los seguidores de Buddha se dividieron en decenas de tendencias o sectas, algunas de ellas célebres por su extravagancia, y algunos de ellos considerados “habitantes de los bosques”. Siglos más tarde, Clemente de Alejandría identificaba a los sarmanas (sramanas)con los budistas.

Sin embargo, algunos detalles nos hacen dudar. Permanecer durante horas bajo un sol implacable acostados sobre piedras o quemarse vivo en una pira son rasgos que no parecen muy budistas, al menos si son ciertos los relatos acerca de los años de penitencia y renunciación de Buddha, tras los que decidió que no tenía sentido maltratar el cuerpo y hacerlo sufrir.

Es cierto que se conocen ejemplos de budistas que se suicidaban, algunos de ellos en una pira funeraria, casi siempre cuando las dolencias de su cuerpo ya no les permitían seguir con sus prácticas espirituales. Plinio el Viejo, ya en época romana, dice que esa auto inmolación no era común entre las cuatro varnas o castas hindúes, sino que era propia de una quinta casta que se dedicaba a «la búsqueda de la sabiduría».

Lo que más nos puede hacer dudar de la posibilidad budista es que en las crónicas griegas no se menciona a Sakyamuni, el sabio de los Sakyas, nombre que se daba a Buddha, y tampoco a Gautama (su verdadero nombre), ni siquiera al Despierto, que es lo que significa Buddha. Parece extraño que un grupo de budistas nunca mencionen a su maestro, en especial porque se trata de una filosofía o religión que se centra de manera obsesiva en la figura de su fundador. Cuando los griegos hablan de los magos persas, mencionan a su profeta Zoroastro o Zaratustra, pero no sucede lo mismo con Buddha. Naturalmente, existen algunas explicaciones posibles: quizá el budismo original era muy diferente del que nos han contado; tal vez Buddha no existió, o quizá fue un personaje que se adoptó como santo patrón de una filosofía o religión que ya existía.

El problema es que no solo es un misterio el origen de los gimnosofistas, sino también el de los budistas.

Sabios ignorantes y felices, de Daniel Tubau
El escepticismo en Grecia y Roma. Página del libro SABIOS IGNORANTES Y FELICES
Pre-juicios
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Empecemos por librarnos de los prejuicios más groseramente evidentes (lo que no significa que se trate de juicios erróneos, quede esto claro, sino, simplemente, previos): la existencia de un Dios o de unos dioses; las relaciones de igualdad o de desigualdad entre las personas por razones de sexo, raza, etcétera; todo lo referente a lo […]

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