Mi biografía por Tonino
En la presentación de Recuerdos de la era analógica en Valencia, Tonino trazó una breve biografía mía. Aunque suelo mantener discretamente ciertos aspectos de mi vida, en este caso dejaré que se hagan públicos en esta exposición de Tonino.
Esta es la primera parte de la biografía, en la que habla de mis padres.
Vuelve el fenómeno fan
Cualquiera que haya tenido la suerte o la desgracia de relacionarse con un fan se habrá dado cuenta de que la conversación sobre bases razonables resulta imposible. O se discute a grito limpio o se mantiene uno en silencio.
Si alguien opina que Bisbal es el mejor cantante de todos los tiempos, es evidente que sobra toda discusión; si alguien sostiene que la mayor injusticia de la historia de los Oscar es no haberle dado uno a Paul Naschy, resultaría temerario iniciar una polémica.
Los fans y los frikis, hoy en día tan populares que hasta organizan convenciones para presumir en masa de su rareza, se caracterizan porque razonan a golpes de emoción. Siguen a rajatabla aquel lamento de un ilustrado francés: "Nuestras razones son las esclavas de nuestras emociones".
Sin embargo, los fans y los frikis, aunque son numerosos (cada vez más numerosos) suelen ser tan sólo una gran minoría. Es cierto que cada vez hay más aficionados al fenómeno zombi, pero la mayoría de la población seguimos considerando que el género es un poco pobre, y que no ofrece muchas posiblidades a un buen actor para demostrar sus dotes interpretativas.
En el fondo, los fans y los frikis, que suelen ser jóvenes, son una respuesta al mundo de los adultos, en el que también sobran las seguridades y los planteamientos dogmáticos e irracionales: "Si vosotros tenéis tan pocas razones para opinar lo que opinais, ¿cómo me vais a discutir a mí que convertir a decenas de actores en zombis o regar la pantalla con unos litros de sangre sea arte y además del bueno?".
Pero a veces, pocas veces eso sí, el fenómeno fan se extiende a toda la sociedad. De repente descubres que estás rodeado por algo peor que los zombies: los fans.
Yo tuve, como decía al principio, la suerte o la desgracia de vivir un fenómeno fan hace muchos años: la época del marxismo dominante: el fanmarxismo. Lamentablemente, no era el de Groucho, sino el de Karl.
En aquella época todo el mundo era marxista, y los que no lo eran permanecían callados.
Como todos, yo también consulté las obras de Marx, Engels y Lenin, y, como pocos, además leí muchas de ellas. Encontré muchas cosas interesantes, y algunas muy razonables, pero cometí el error imperdonable de no convertirme en un acólito, en un fan. A mí me gustaba hablar del marxismo como quien habla de una teoría discutible en todos los sentidos: porque puede ser objeto de ciertas críticas y porque, sencillamente, se puede discutir acerca de ella.
Pero con los fans, como he dicho, no se puede conversar, ni siquiera discutir, sino que sólo se pueden intercambiar emociones, así que con los fans del marxismo resultaba del todo imposible intentar plantear argumentos mínimamente comprobables o contrastables: todo eran frases hechas, convicciones inquebrantables y dogmas indiscutibles.

El marxismofan, como es sabido, cayó con el muro de Berlín, así, de golpe, sin más discusión, y los fanmarxistas, que hasta entonces dominaban el cotarro, se diluyeron hasta hacerse casi imperceptibles.
Yo, como nunca fui fanmarxista, seguí disfrutando de ciertas ideas de Marx, como sigo disfrutando de otras ideas de John Stuart Mill o de Kropotkin. Y discutiendo, claro está, otras.
Hace unos años se produjo un cierto rebrote del fanmarxismo con el llamado movimiento antisistema, y se sabe que han intentado volver de nuevo a la primera línea tras la crisis, pero sin demasiado éxito, porque el mercado fan ya está lleno.
En efecto, ya existe un fenómeno fan masivo que domina de manera casi idéntica a como lo hacía el marxismo en sus buenos tiempos. Quizá incluso más.
No, no son los frikis o fans de los zombies: es el pensamiento mágico.
Hoy en día no te encuentras a personas que creen en Marx, Lenin, Engels o la Revolución de Octubre, sino a fans de la homeopatia, la acupuntura, la psicomagia o el fluir y recolocación de las energías.
Si cometes la tremenda imprudencia de decir que no hay, por el momento, ninguna verificación científica de la homeopatía, la acupuntura o el reyki, te expones a ser tachado de "escéptico", tremendo insulto al parecer, que los fans del pensamiento mágico han tomado de los creacionistas (que lo emplean en su lucha contra la teoría evolutiva).
También te pueden llamar "incrédulo", lo que resulta todavía más curioso, si tenemos en cuenta que la credulidad siempre ha sido definida como la creencia en cosas evidentemente falsas, o en ningun caso comprobadas:
crédulo, la.
(Del lat. credŭlus).
1. adj. Que cree ligera o fácilmente.
El no creer a pies juntillas en lo que dice cualquier persona que presume de manejar "las energías" o curar con una botella de agua (eso es la homeopatía desde el punto de vista de su creador), el no considerar que el que "mi cuñado se curó con la homeopatía", o que "a mí me quitaron un quiste con unos cristales de cuarzo" sea suficiente para otorgar validez científica a una hipótesis; en fin, el no hacer caso de charlatanes y brujos de feria, o el discutir la validez científica de hipótesis que todavía están sometidas a investigación, le convierte a uno hoy en día en escéptico e incrédulo, como en tiempos del fanmarxismo uno era un pequeñoburgués o directamente un fascista, por decir que el marxismo era una teoría política y no una verdad revelada.
Y así estamos viviendo este nuevo fenómeno fan, que tal vez dure diez o veinte años. El fanmarxismo duró quizá sesenta o setenta, pero el anterior brote de magicfan creo que se extendió a lo largo de unos mil quinientos años. Así que habrá que armarse de paciencia.
(Por cierto, cualquier semejanza que el lector detecte entre fanmarxistas y fanmágicos con los zombis no será accidental)

Los aurigas de la Ilíada
Como dije en el primer capítulo dedicado al auriga de la Bhagavada Gita india, el uso del caballo y del carro de guerra fue una contribución bélica de primer orden en diversas culturas.
En la Ilíada esto queda muy claro, no sólo porque el mito del caballo de Troya parece esconder un símbolo del papel fundamental de los caballos en esta guerra, sino también porque toda la obra está llena de combates en los que los héroes griegos y troyanos se enfrentan sobre carros de guerra. Los aurigas que conducen esos carros suelen ser mencionados por su nombre, como podemos ver cuando Agamenón se dirige en su carro a arengar a las tropas antes del combate:
Entonces no hubieras visto que el divino Agamenón se durmiera, temblara o rehuyera el combate; pues iba presuroso a la lid, donde los varones alcanzan gloria. Dejó los caballos y el carro de broncíneos adornos —Eurimedonte, hijo de Ptolomeo Piraída, se quedó a cierta distancia con los fogosos corceles—, encargó al auriga que no se alejara por si el cansancio se apoderaba de sus miembros mientras ejercía el mando sobre aquella multitud de hombres, y empezó a recorrer a pie las hileras de guerreros. A los dánaos, de ágiles corceles, que se apercibían para la pelea, los animaba…” (Ilíada, 4, 223)
Lo mismo hace, en el campo Troyano, Héctor, que se mueve entre el ejército con su carro, pero desciende de él para tener un contacto más cercano con sus guerreros:
Así habló Sarpedón. Sus palabras royéronle el ánimo a Héctor, que saltó del carro al suelo, sin dejar las armas; y blandiendo un par de afiladas picas, recorrió el ejército, animóle a combatir y promovió una terrible pelea. (Ilíada, 5, 493)
Pero a veces los papeles se invierten, porque el héroe principal maneja mejor los caballos que su acompañante, como sucede en el caso de Eneas y Pándaro:
Contestó el preclaro hijo de Licaón:
— ¡Eneas! Recoge tú las riendas y guía los corceles, porque tirarán mejor del carro obedeciendo al auriga a que están acostumbrados, si nos pone en fuga el hijo de Tideo. No sea que, no oyendo tu voz, se espanten y desboquen y no quieran sacarnos de la liza, y el hijo del magnánimo Tideo nos embista y mate y se lleve los solípedos caballos. Guía, pues, el carro y los corceles, y yo con la aguda lanza esperaré de aquél la acometida. (Ilíada, 5, 229)
La primera sorpresa con la que nos encontramos en la Ilíada, después de haber visto al auriga Krishna en la Bhagavad Gita, es que en las llanuras de Troya no sólo los héroes o los aurigas guían los carros de guerra, sino también los dioses. En este caso no se presentan bajo la apariencia de Krishna, sino como Atenea o como Apolo, que es, tal vez, el dios griego más semejante a Krishna.
Dioses contra humanos
En el canto V de la Ilíada, llamado Principalía de Diómedes, por ser éste el héroe que se lleva casi todo el protagonismo, vemos un enfrentamiento entre humanos y dioses que muestra que quizá no sea tanta la distancia que los separa.
En efecto, en muchas ocasiones vemos que los humanos se atreven a enfrentarse a los propios dioses y que, incluso, los dioses llegan a temerlos. Es un motivo mítico o mitema, o quizá habría que decir un fundamento de casi todas las religiones y mitologías, que analizo en mi libro Dioses contra humanos.
El griego Diómedes, en su afán de matar a Eneas, se enfrenta a la diosa que protege al troyano, Afrodita, e incluso la hiere en la mano.

Diómedes hiere a Afrodita, por Arthur Heinrich Wilhelm Fitger (1840-1909)
La diosa se refugia en el Olimpo y se lamenta, pidiendo venganza:
Me duele mucho la herida que me infirió un hombre, el Tidida, quien sería capaz de pelear con el padre Zeus.

Ingres,
Venus herida por Diómedes
Afrodita [Venus]
se lamenta ante Ares y le pide el carro de caballos
para regresar al Olimpo. La auriga es Iris.
Desciende entonces al combate el temible Apolo, pero su poder no intimida a Diómedes:
Diomedes, valiente en el combate, cerró con Eneas, no obstante comprender que el mismo Apolo extendía la mano sobre él; pues impulsado por el deseo de acabar con el héroe y despojarle de las magníficas armas, ya ni al gran dios respetaba. Tres veces asaltó a Eneas con intención de matarle; tres veces agitó Apolo el refulgente escudo. Y cuando, semejante a un dios, atacaba por cuarta vez, el flechador Apolo le increpó con aterradoras voces:
—¡Tidida [Diómedes, por ser hijo de Tideo], piénsalo mejor y retírate! No quieras igualarte a las deidades, pues jamás fueron semejantes la raza de los inmortales dioses y la de los hombres que andan por la tierra.
Diómedes permite entonces a Apolo que retire del combate a Eneas, pero no por ello renuncia a luchar. Al verlo, Apolo solicita la ayuda del propio dios de la guerra:
¡Ares, Ares, funesto a los mortales, manchado de homicidios, demoledor de murallas! ¿Quieres entrar en la liza y sacar a ese hombre, al Tidida, que sería capaz de combatir hasta con el padre Zeus? Primero hirió a Ciprina [Afrodita] en el puño, y luego, semejante a un dios, cerró conmigo.
La situación ahora se presenta difícil para Diómedes, que a veces nos recuerda a Arjuna y otras a su hermano Bhima, y es entonces cuando de nuevo es determinante la figura del auriga.
Atenea incita al combate a Diómedes
Del mismo modo que en un momento de duda de Arjuna, Krishna se le aparece como auriga para incitarle al combate, Atenea se presenta ante Diómedes. quien en ese momento rehuye la batalla, no a causa de dudas como las del pacifista Arjuna, sino porque ha sido herido:
Atenea, la diosa de ojos de lechuza, fue en busca del Tidida y halló a este príncipe junto a su carro y sus corceles, refrescando la herida que Pándaro con una flecha le había causado. El sudor le molestaba debajo de la ancha abrazadera del redondo escudo, cuyo peso sentía el héroe; y, alzando éste con su cansada mano la correa, se enjugaba la renegrida sangre. La diosa apoyó la diestra en el yugo de los caballos y dijo:
__¡Cuán poco se parece a su padre el hijo de Tideo! Era éste de pequeña estatura, pero belicoso.
Atenea no menciona descuidadamente a Tideo, pues éste fue el héroe al que ella protegió durante la guerra de los Siete contra Tebas, en la que lucharon los padres de los caudillos que asediaron Troya:
Ahora es a ti a quien asisto y defiendo, exhortándote a pelear animosamente con los troyanos. Mas, o el excesivo trabajo de la guerra ha fatigado tus miembros, o te domina el exánime terror. No, tú no eres el hijo del aguerrido Tideo Enida.
No es la primera vez que Diómedes tiene que sufrir la comparación con su padre, pues ya Agamenón empleó el mismo procedimiento para encender el ardor del que tal vez sea junto al propio Aquiles, el guerrero más temible del ejército griego.
En aquella ocasión, Diómedes contestó airado a Agamenón que la prueba de que él y su generación eran superiores a sus padres era el hecho mismo de que su padre fracasó en la conquista de Tebas, mientras que él participó en la victoria definitiva, cuando los llamados epígonos conquistaron la ciudad.
Otra prueba de su valor incomparable es que Diómedes acaba de herir a una diosa, Afrodita, que ha tenido que huir al Olimpo, implorando la ayuda de Apolo, y que finalmente ha acudido al combate, el dios de la guerra, con tal de frenar al héroe griego que se enfrenta a los dioses.
Tras los reproches de Atenea, Diómedes habla cortésmente a la diosa:
Te conozco, oh diosa, hija de Zeus, que lleva la égida. Por esto te hablaré gustoso, sin ocultarte nada. No me domina el exánime terror ni flojedad alguna; pero recuerdo todavía las órdenes que me diste. No me dejabas combatir con los bienaventurados dioses; pero, si Afrodita, hija de Zeus, se presentara en la pelea, debía herirla con el agudo bronce, Pues bien: ahora retrocedo y he mandado que todos los argivos se replieguen aquí, porque comprendo que Ares impera en la batalla.
Pero Atenea le dice que no se preocupe, pues ella le protegerá incluso cuando se enfrente a Ares, “ese loco voluble” que ha traicionado su promesa de ayudar a los griegos. Para demostrárselo, ella misma será su auriga en lugar de Esténelo:
Asió de la mano a Esténelo, que saltó diligente del carro a tierra. Montó la enardecida diosa, colocándose al lado del ilustre Diomedes, y el eje de encina recrujió a causa del peso porque llevaba a una diosa terrible y a un varón fortísimo. Palas Atenea, habiendo recogido el látigo y las riendas, guió los solípedos caballos hacia Ares el primero.
Pero, para no ser conocida por su primo Ares, Atenea se pone el casco de Hades, que la vuelve invisible. De este modo tiene lugar el combate entre el mortal Diómedes y el divino Ares:
Cuando Ares, funesto a los mortales, vio al ilustre Diomedes (…) Al hallarse a corta distancia, Ares, que deseaba quitar la vida a Diomedes, le dirigió la broncínea lanza por cima del yugo y las riendas; pero Atenea, la diosa de ojos de lechuza, cogiéndola y alejándola del carro, hizo que aquél diera el golpe en vano.

A su vez Diomedes, valiente en el combate, atacó a Ares con la broncínea lanza, y Palas Atenea, apuntándola a la ijada del dios, donde el cinturón le ceñía, hirióle, desgarró el hermoso cutis y retiró el arma. El broncíneo Ares clamó como gritarían nueve o diez mil hombres que en la guerra llegaran a las manos; y temblaron, amedrentados, aqueos y troyanos. ¡Tan fuerte bramó Ares, insaciable de combate!
Quizá haya una diferencia entre el comportamiento de Atenea como auriga de Diómedes y el de Krishna como auriga de Arjuna, pues Krishna se limita a conducir el carro y no interviene en el combate. Sin embargo, como se ve en la cita anterior, Atenea parece ayudar al menos a que la lanza de Diómedes dé en el blanco.
Pero la semejanza más interesante entre los aurigas divinos de la batalla de Kurushetra y la de Troya es que la misión fundamental de estos dioses es incitar a los guerreros al combate. Ya se verá más adelante la importancia de este detalle.
El auriga Hermes
También otro dios, Hermes, se convierte en auriga en la Ilíada cuando por orden de Zeus acompaña al desdichado Príamo a la tienda de Aquiles, para intentar recuperar el cadáver de su hijo Héctor. Tras fingirse uno de los servidores de Aquiles, se hace cargo del carro del anciano rey:
Y, subiendo el benéfico Hermes al carro, recogió al instante el látigo y las riendas a infundió gran vigor a los corceles y mulas. Cuando llegaron al foso y a las torres que protegían las naves, los centinelas comenzaban a preparar la cena, y el mensajero Argicida los adormeció a todos; en seguida abrió la puerta, descorriendo los cerrojos, a introdujo a Príamo y el carro que llevaba los espléndidos regalos (…) Y apeándose del carro, dijo a Príamo:
-¡Oh anciano! Yo soy un dios inmortal, soy Hermes; y mi padre me envió para que fuese tu guía. Me vuelvo antes de llegar a la presencia de Aquiles, pues sería indecoroso que un dios inmortal se tomara públicamente tanto interés por los mortales.”
Tras pronunciar esta enigmática última frase, que he puesto yo en cursiva, Hermes desaparece.
Continuará...

Sally Potter en la Filmoteca
El jueves 21 de enero moderaré un coloquio en la Filmoteca de Madrid con Sally Potter y su productor Michael Sheppard.

Tilda Swinton como Orlando

Swinton y el crítico Quentin Crisp en el papel de la reina Isabel I
Sally Potter es la directora de Orlando, la extraordinaria película basada en el libro de Virginia Woolf acerca de un hombre/mujer inmortal.

Sally Potter con Tilda Swinton, la protagonista de Orlando
También dirigió La lección de tango (donde también actuaba), Vidas furtivas y Yes. Su última película. Rage, es la primera de un director profesional, aunque sea de lo que se ha llamado cine independiente o experimental, que se ha estrenado en blogs y teléfonos móviles antes que en las salas de cine.

Jude Law en Rage
En Rage, Potter propone una manera nueva de hacer cine que se ha llamado naked cinema (cine desnudo) y que según algunos críticos es una guerra declarada al cine tradicional.


Antonio Penadés y Tonino presentan...
Recuerdos de la era analógica
Los tres primeros vídeos de la presentación de Recuerdos de la era analógica que tuvo lugar el día 15 de enero de 2010 en la Casa del Libro de Valencia. Pronto subiré más.
1. Nombres y anagramas
En cuanto al acróstico o anagrama que menciona Tonino: "Daniel Tubau= Tú el Buendía", hay que decir que es un anagrama imperfecto, pues falta una a y sobra una e. Me gustó mucho ese detalle, porque en la adolescencia me encantaba buscar anagramas de mi nombre, como Lien Tau Buda, que empleé como seudónimo en mi Breve historia del budismo. Pero nunca he encontrado uno tan bueno como el que Paul Eluard lanzó contra Dalí:
Salvador Dalí
Avida Dollars
Sobre este asunto de los anagramas, hemos seguido conversado Tonino y yo en Facebook. Reproduzco a continuación los diversos intercambios.
Daniel Tubau
José Antonio Lopez
Daniel Tubau
O cómo dirían en ciertos test: "¿Cuándo dejo usted de temer problemas con el alcohol?"
Lo que me pregunto es si una doble verdad también se convierte en una falsedad.
José Antonio Lopez
Daniel Tubau
Más comentarios (no todos relacionados con el anagrama) en:
2.Cambiante
Es cierto lo que dice Tonino acerca de mi afición a escaparme de diversos lugares. La razón fundamental, supongo, es que me aburren los hábitos, y que también me aburro de mí mismo haciendo la misma cosa mucho tiempo. Unos siente que acaba repitiendo las mismas cosas y recurriendo a fórmulas manidas.
Es por eso que cambio también el nombre de este blog cada dos o tres meses: se trata de una fobia que contraí en la adolescencia a ser etiquetado. Creo que el asunto lo explico más o menos bien en el ensayo El problema de la identidad, que publicaré pronto.
3. Griegos y Gore Vidal
No he leído el ensayo de Gore Vidal, ni nada más de este autor, excepto, creo, una autobiografía en el estilo inconfundible de los escritores americanos, que siempre se consideran a sí mismos (Norman Mailer, Truman Capote, Gore Vidal, John Updike) "el mejor escritor americano vivo", y que hablan tan mal de todos sus amigos (los otros escritores americanos que no son tan buenos) que uno no sabe si sorprenderse más por su rencor y su desprecio, sino por el hecho de que aceptaran mantener alguna vez cierta amistad con tales personas.
Pero he oído muy buenas críticas acerca de Creación, y tal vez ahora, tras la recomendación de Antonio Penadés, me anime a leerlo, aunque la novela histórica no es un género que me atraiga, porque siempre prefiero leer antes un libro de historia (para quien crea que digo esto con displicencia, debo advertir que considero esto un defecto mío, no una virtud: sé que hay extraordinarias novelas históricas).
Es cierto que ese momento histórico en el que culturas muy diversas conocieron un cierto esplendor intelectual siempre ha asombrado a los historiadores. Sospecho que fue Toynbee el primero en destacar esta coincidencia, aunque es probable que alguien lo hiciera antes que él (tal vez Spengler).
Sin embargo, hay que decir que ese momento histórico es un momento muy largo (quizá va desde el -700 al -300), y que muchas de las fechas son dudosas.
La cronología india, por ejemplo, resulta verdaderamente complicada y textos como el Mahabarata a veces se consideran del -2000 y otras del -300; del mismo modo, las fechas de Confucio (Kung zi), Lao Dan (autor del Lao zi) y Zhuang Zhou (autor del Zhuang zi), por ejemplo, son motivo de continua discusión. Lo mismo podemos decir de Homero y de Zoroastro, o de Moisés y de Abraham (que también podrían añadirse a esta eclosión cultural), y de casi de todos los demás: Mahavira, Budha, Gosala, Gongsun Long, etc..

Lao Dan o Lao zi (mestro Lao) camino de la India
Por otra parte, en los últimos lustros se empieza a dudar bastante de la falta de comunicación entre culturas como la China, la India, la persa, la mesopotámica, y la griega. Quizá no eran tan estancas como se ha solido creer y tal vez, por ejemplo, haya algo de verdad difusa en aquella leyenda que decía que el taoísta Lao zi se fue en su vejez a la India, montado sobre un buey.
Eso no impide que muchos nos hayamos sentido fascinados por esa época tan asombrosa y de la que, lamentablemente, apenas conservamos nada. Por ejemplo, de las cien escuelas de China, o de las decenas que se adivinan en las Upanisads de la India, sólo sobrevivieron unas pocas.
Antonio menciona a Ariodante Fuensanta, agradeciéndole la organización del acto, cosa que yo también hago desde aquí.

Fuensanta, que firma con el seudónimo Ariodante, es una lectora y crítica voraz, y con quien, a raíz de una recensión que hizo de Recuerdos de la era analógica, he iniciado una amistad que espero se prolongue, porque me quedé con ganas de hablar con ella con más tranquilidad.
Ahora que ya han pasado dos meses de la recensión que publicó en su página, creo que ya puedo reproducirla aquí.
Así que en una próxima entrada pondré aquí la recensión de Ariodante y aprovecharé para comentar algunos detalles interesantes.
Pero también puedes leerla en La hora azul, la página de Ariodante, donde también acaba de publicar una crónica de la presentación de Valencia: aquí.
Por cierto, sería interesante saber por qué su página se llama La mirada de Ariodante (no conozco bien esa ópera de Haendel para saber qué caracteriza a la mirada de ese personaje).

Recuerdos de la era analógica en Valencia
El viernes 15 de enero (mañana mismo) estaré en Valencia para presentar Recuerdos de la era analógica en La Casa del Libro. Como se dice en la imagen , en la presentación me acompañarán Tonino y Antonio Penadés y, además, Javier Baonza.
Entrevista en El planeta de los libros

Esta noche estaré en el programa de Radio Círculo El planeta de los libros, dirigido por Nieves Martín. Hablaremos de Recuerdos de la era analógica y de cualquier otro asunto que vaya saliendo.

La entrevista comenzará a las diez de la noche.
Puedes escucharlo en la radio convencional (100.4 FM) o a través de la página web de Radio Círculo.
La página de El planeta de los libros
Un experimento acerca de los prejuicios
(El guión de cine y los prejuicios 4)
Las entradas anteriores en los blogs del 2009 (barra lateral)
En mis clases de guión me gusta mostrar a los alumnos la existencia de los prejuicios y códigos aprendidos sin saberlo de una manera clara e intuitiva.
Ya en mis primeros cursos empecé, casi por azar, un experimento, que luego he repetido en cada nuevo curso, porque es una manera estupenda de demostrar como funcionan los prejuicios de manera casi inadvertida.
Suelo poner este ejercicio casi después de las presentaciones, antes de que me conozcan y sepan de mi afición a las bromas, trucos y paradojas.
Se trata, en este primer contacto, de que escriban de manera rápida y espontánea, y no para complacerme a mí, porque mi teoría es que cuando uno hace las cosas espontáneamente es casi seguro que lo que hace es seguir su intuición, es decir, sus instintos, es decir, sus prejuicios.
Luego justificaré esta asimilación entre intuición y prejuicios, que estoy seguro de que a muchos les habrá sonado un poco raro, y que muy poca gente acepta, si no es tras un largo debate, sobre todo en esta época en que vivimos, tan partidaria de la intuición.
El lenguaje del guión
El ejercicio consiste en convertir un texto que está en lenguaje literario a otro que esté en lenguaje cinematográfico.
Precisamente, se trata de mostrar cuál es la diferencia entre un texto literario y un guión de cine.
Porque si alguien, por ejemplo el alumno de un curso de guión, quiere escribir un guión, lo primero que tiene que hacer es aprender que un texto literario no tiene casi nada que ver con un guión.
Por eso les pongo este ejercicio y les digo: he seleccionado un texto literario, un fragmento de una novela, y ahora quiero que lo transforméis en un guión.
Texto neutro
Este es el texto:
“Caminé durante media hora y vi la casa. Llamé a la puerta pero nadie me respondió, así que entré. Caminé por un largo pasillo cubierto de estanterías y llegué a un salón. No había ninguna persona. En una mesita vi unas botellas. Me serví una copa y me senté. Llamaron a la puerta.
-Hola
-Hola.”
A mis alumnos les digo que imaginen que al día siguiente se tiene que grabar la escena descrita en ese breve texto, y que, por ello, tienen que explicar a su equipo de producción qué es lo que se necesita, es decir, que es lo que verá el espectador.
La indeterminación literaria
En el texto literario anterior hay muchas cosas que no se describen: cómo es la casa, dónde está, cómo es el salón. El texto sirve, pues, para mostrar lo diferente que es un texto literario y un guión.
En un texto literario, el lector lo pone todo: sitúa la casa en algún lugar, pone los muebles, imagina cómo es la puerta.
En el cine o la televisión las cosas son muy diferentes: hay una persona que se ocupa de localizar una casa concreta, otras personas, atrezistas y decoradores, colocan los sillones, la mesa con las bebidas, todos los objetos que luego el espectador verá.
En una novela puedes escribir que doscientas naves espaciales bombardean un asteroide, mientras los héroes de la historia huyen por los subterráneos. El lector ya se encargará de poner el asteroide, los subterráneos, las doscientas nabves espaciales y todo lo demás.
En el cine las cosas se complican extraordinariamente y a menudo lo que el guionista ha imaginado como un baile en un palacio con una orquesta y toda la nobleza reunida se tiene que convertir, por problemas de presupuesto, en dos personas descalzas bailando en la habitación de un hotel de carretera con un ipod.
Curiosamente, a veces ese cambio obligado mejora las cosas.
Así que esta es una diferencia esencial entre un texto literario y un guión: el texto literario llega directamente al lector, pero el guión pasa por intermediarios. El texto de una novela es la novela, pero el guión no es la película.
Un guión es una receta que tiene que ser cocinada, un manual de instrucciones que tienen que seguirse con cuidado, un mapa que permite orientarse, una formula que hay que interpretar.
En teoría semántica, un guión y una novela se definen de manera muy diferente: un guión se compone de símbolos que han de convertirse en otra cosa, pero el espectador no llega a ver esos símbolos, sino tan sólo su traducción por parte de un equipo de personas. Ve la película. Sin embargo, el lector de una novela se enfrenta a un sistema de símbolos que él mismo debe interpretar, sin intermediarios.
El guión no es la obra final
Es cierto que un escritor necesita un editor para que su libro se lea, pero es una intermediación casi accidental: hoy en día cualquier escritor puede ser leído directamente si sube sus textos a Internet, por ejemplo a un blog como éste.
La prueba de que un guión no es la película es que nadie se compra los guiones para leerlos, a no ser los estudiantes de cine o los cinéfilos empedernidos. Y lo que habitualmente se vende como el guión de una película no es el verdadero guión, sino una transcripción de la película.
Jean Claude Carriere demuestra de manera elocuente esa naturaleza del guión: ¿qué sucede el día final de un rodaje? Que todos se van a sus casas, dejando el suelo lleno de guiones tirados.
Nadie tira un libro después de leerlo, pero el guión, cuando ya esta hecha la película, muere. Carriere lo compara con el paso del gusano de seda a mariposa.
Volvamos al texto neutro y a todas esas cosas que no se describen claramente en el. ¿Cómo es la casa, la puerta, los protagonistas?
La indeterminación de la novela
En literatura se pueden producir errores como el de una novela de Dumas, no recuerdo si es en Los tres mosqueteros, en la que el héroe lucha con una espada, agarra un cofre con otra mano y extiende otra mano para sujetar una cuerda que le permitirá saltar al otro edificio.
Pocos lectores se dan cuenta de que hacen falta tres manos para lograr tal hazaña, pero en el rodaje de una película alguien se dará cuenta tarde o temprano de que no hay actores con tres brazos.
En State and main, de David Mamet, cuando el equipo llega a rodar a un pueblecito en el que hay un famoso molino molino, descubren que ya no hay molino, que se quemó años atrás. En una novela no habría pasado nada, pero en una película hay que irse a otro pueblo o construir otro molino.
En este vídeo de Prodigy se produce una situación similar (en las clases a veces creo necesario advertir que es un vídeo para adultos, no sé si también es conveniente hacerlo en una página web: se trata de la versión no censurada de Smack My Bitch Up)
Prodigy y el texto neutro
Bien, no sé si se te habrás dado cuenta de que en el texto neutro que puse antes, en el ejercicio que pongo a mis alumnos, no se revela en ningún momento el sexo del protagonista. Puede ser un hombre o una mujer.
“Caminé durante media hora y vi la casa. Llamé a la puerta pero nadie me respondió, así que entré. Caminé por un largo pasillo cubierto de estanterías y llegué a un salón. No había ninguna persona. En una mesita vi unas botellas. Me serví una copa y me senté. Llamaron a la puerta.
-Hola
-Hola.”
En una novela también puedes mantener secreta la identidad sexual del protagonista. En la excelente novela de Jeanette Winterson Escrito en el cuerpo, hasta casi la mitad del libro muchos lectores piensan que se trata de un hombre, simplemente porque se acuesta con mujeres y tiene un carácter asertivo y a veces agresivo, habitualmente asociado con lo masculino (con bastante razón, tal vez).
En inglés es fácil mantener esta ambigüedad, simplemente usando frases como “I was excited”, que puede querer decir "estaba excitado" o "estaba excitada".
En español es más difícil, pero se puede hacer, hay que escribir cosas como “Sentí una fuerte excitación”.
Pero en el guión de cine, esa ambigüedad no se puede mantener, porque inevitablemente veremos en la pantalla a un hombre o a una mujer. Excepto cuando usamos la cámara subjetiva, como el vídeo de Prodigy que he puesto un poco más arriba.
Pero, claro, cuando se usa la cámara subjetiva, cuando vemos a través de los ojos del personaje, enseguida sospechamos que pasa algo extraño, con lo cual la narración no fluye de manera despreocupada y natural. En Las paradojas del guionista cuento cómo Orson Welles intento hacer la primera película rodada en plano subjetivo de principio a fin, intentando adaptar El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad (en el capítulo La indeterminación en el cine).
Mantener la indeterminación sexual es muy sencilla en un texto literario y se puede dar el caso de un cuento en el que el lector imagine que el protagonista es un hombre o una mujer, sin llegar a saberlo nunca. En un mismo cuento, dos lectores pueden ver a un protagonista completamente diferente.
Pero en un guión tendremos que decidir si es hombre o mujer, porque el departamento de producción tendrá que contratar a un hombre o a una mujer, a alguien joven o mayor, guapo o feo, alto o bajo, gordo o flaco.
Por fin los prejuicios
El verdadero objetivo de mi ejercicio, aparte de mostrar las diferencias entre el lenguaje del cine y el de la novela era, como anticipé al inicio, mostrar los prejuicios de los que no somos conscientes.
Porque el resultado que siempre se obtiene al revisar los ejercicios y ver lo que los alumnos han imaginado al adaptar el texto literario a un guión es asombroso, especialmente en loq ue se refiere al protagonista de la historia:
85% hombre
10% mujer
5% indeterminado
El resultado es sospechosamente desequilibrado: el 85% de los alumnos leen el texto literario neutro e intuyen o "ven" que el protagonista es un hombre. Es un desequilibrio que, como es obvio, no puede ser casual. Lo curioso es que esa desproporción es casi la misma entre alumnos y alumnas.
Es una estupenda manera de mostrar que somos mucho más víctimas de lo que creemos de los prejuicios y códigos aprendidos.
Es también una primera muestra de que cuando creemos actuar espontáneamente e intuitivamente, lo hacemos en realidad instintivamente, como un perro de Pavlov ante un estímulo: al perro le tocan una campana y comienza a salivar aunque no haya comida delante. A nosotros nos dicen: “protagonista de una película” y respondemos: “hombre”.
Las paradojas del guionista
Antólogos, prólogos y errores
(Recuerdos de la era analógica en El Caldito 4)
La cuarta parte de la presentación con Juanjo de la Iglesia de Recuerdos de la era analógica. Debajo del vídeo he añadido algunos comentarios y correcciones. Los vídeos anteriores puedes encontrarlos en la columna lateral, dentro del blog Causas tenues.
Prólogos
Como comentamos al principio del vídeo, el libro tiene tres prólogos: uno escrito por Daniel Tubau en 2009, una nota de advertencia del editor de Evohé Javier Baonza, y un prólogo escrito en el 2412 por los antólogos.
Reproduzco aquí el prólogo de Javier Baonza en el que se habla de los errores del libro:
Nota del Editor
Este es un conjunto de textos que generan más dudas que certezas.
El lector tal vez encontrará que en este libro hay algunos errores,
equivocaciones y erratas. Sin embargo, hemos decidido no corregir ni tan siquiera los más evidentes ante el temor de ser nosotros
quienes nos equivoquemos y no el autor, los antólogos o los propios autores de los textos seleccionados. Además, el hecho de que sean un conjunto de textos de un futuro presentados en un pasado nos obliga a un acto de responsabilidad editorial, evitando cualquier tentación de corrupción textual y anteponiendo la literalidad
a cualquier otra consideración: scriptum manet.
Javier Baonza.
Donación de Constantino
Es un documento en el que el emperador Constantino donó al Papa Silvestre I la ciudad de Roma y le concedió ser el primer obispo de la cristiandad.

No fue Erasmo quien demostró que era una falsificación, como dije en la presentación, sino Lorenzo Valla. Sin embargo, ya antes de Valla algunos autores dijeron que la Donación era falsa, entre ellos el gran Nicolás de Cusa.


El libro se reproduce íntegro en el Archivo secreto vaticano
Stalin y la reinvención del pasado
Algunos ejemplos de cómo se reinventaba el pasado en la Unión Soviética de Lenin y Stalin.


Un colaborador de Stalin caido en desgracia desaparece


Un ejemplo impresionante de cómo lograr que los asistentes a un mitin de Lenin se multipliquen (más ejemplos en englishrussia)
En el prólogo escrito por los antólogos en el año 2412 se dice:
Hoy en día, la verdadera dificultad no consiste en predecir el futuro, sino el pasado
La idea tiene que ver, precisamente, con las manipulaciones históricas llevadas a cabo en la Unión Soviética, pues es una variación de la opinión de un historiador soviético:
It is not for nothing that a soviet historian once remarked that the most dificulty of a historian's task is to predict the past.
(No en vano ha dicho un historiador soviético dijo en una ocasión que la tarea más difícil para un historiador es predecir el pasado)
En este sentido hay que entender como una especie de venganza histórica o justicia poética que en el futuro se piense que fue Trotsky el que gobernó en Rusia y mató a Stalin.
Newton
Como dice Juanjo, Isaac Newton estaba muy interesado en cuestiones religiosas. No sólo era sociniano, es decir partidario de un Dios poderoso pero no omnipotente, sino que dedicó gran parte de sus estudios a interpretaciones semi cabalísticas de los textos bíblicos. De eso hablaba en una primera versión de mi libro La verdadera historia de las sociedades secretas, que luego no incluí en la edición definitiva. Copio aquí un fragmento de esa parte eliminada:
Newton, aunque es el padre de la ciencia moderna, estaba muy interesado en la teología y el esoterismo y es posible que si hubiese dedicado menos tiempo a esos temas le hubiera dado tiempo no sólo para crear la Física sino el resto de las ciencias, pues de sus 470 libros casi todos están dedicados a temas teológicos y esotéricos.

El cuento de Recuerdos de la era analógica en el que alguien emplea métodos semejantes a los de Newton en la interpretación de los textos sagrados es La nueva teología, que en realidad no está incluido en el libro, sino en otro libro publicado por Evohé: El camino de los mitos.
Satanás en Pérgamo
En el altar de Pérgamo se representa la Gigantomaquia, en la que Zeus y los Olímpicos luchan contra los gigantes.

Pero cuando vi en Berlín el altar, las colas de serpiente y las alas de los gigantes me recordaron inevitablente la rebelión de Satanás y un tercio de los ángeles contra Dios.

Me pregunté si los judíos habrían visitado aquel altar y si les pudo servir de inspiración para el tema de la rebelión de Satanás. El altar es tan extraordinario que en la época debió impresionar a cualquier visitante.
Ahora, al investigar un poco, he descubierto que no estaba tan desencaminado. Cuando en el Apocalípsis o Revelación Juan se refiere a la ciudad de Pérgamo, dice que allí está el trono de Satanás. Los expertos creen que se refiere precisamente a las imágenes del altar de Pérgamo.

Leto a punto de matar a un gigante
Un aspecto interesante es que la batalla contra los gigantes tuvo lugar en Flegra, que significa "tierra ardiente". Otro, que antes de esta terrible lucha, los Olímpicos se habían enfrentado, a los Titanes y que, tras vencerles encerraron en el Tártaro, un lugar muy parecido al Infierno. Allí siguen, como Satanás sigue en el Infierno.

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