Los griegos se han ganado con toda justicia la fama de haber inventado artes, ciencias y conceptos que todavía empleamos hoy en día. Aunque muchos de sus conocimientos los tomaron de civilizaciones más antiguas o coetáneas, como la egipcia, la fenicia, las mesopotámicas y la persa, es cierto que fueron capaces de generalizar leyes y deducciones a partir de la acumulación de datos y observaciones. Y que lo hicieron de una manera muy creativa, que pocas civilizaciones han logrado igualar.

Las otras culturas capaces de un “milagro” como el griego, es decir, una explosión de creatividad comparable, se encuentran en China, en la India, probablemente en Persia y, ya posteriormente, en el Islam y el cristianismo medieval, aunque los dos últimos construyeron en gran parte su civilización bajo la influencia de los griegos y los latinos. En el caso del islam, también tomando muchas de sus ideas de los persas y los indios.
Hay que esperar a la civilización moderna europea, hacia 1500 o 1600, para encontrar una explosión de creatividad e inventiva comparable a la que se produjo en Grecia varios siglos antes de nuestra era.
Ahora bien, los griegos dejaron algunos terrenos sin explorar, o quizá suceda que no se han conservado sus investigaciones, porque hay que tener en cuenta que, si somos optimistas en el cálculo, tan sólo conservamos un 10 por ciento de la cultura griega.
Uno de los asuntos fundamentales que se les escapó es el de la probabilidad y el estudio de las leyes del azar. Parece asombroso que no se conserve nada relevante relacionado con el cálculo probabilístico o la estadística en los filósofos y científicos griegos.
Pero hay que tener en cuenta que no fueron los únicos que no prestaron atención a tales aspectos, porque tenemos que esperar hasta el siglo IX para encontrar los primeros estudios serios acerca de la estadística y las leyes del azar, empleadas para el desciframiento de mensajes, por parte de Al Kindi. No es hasta 1560 que se publicó el primer estudio sobre la probabilidad relacionado con el juego de dados, por ese personaje fascinante que fue Gerolamo Cardano.
Sin embargo, los griegos eran muy aficionados al que es por definición el gran juego de azar: los dados.
Se conservan muchas pinturas en las que los guerreros de Troya compiten a los dados, en especial Aquiles y Áyax el Grande, es decir, Áyax de Telamón. Sin embargo, al menos que yo recuerde, no hay ningún episodio de la Ilíada que hable de esta afición (espero referirme en próximos artículos a esta curiosa ausencia), excepto una curiosa mención en el Canto XXIII, en la que se habla no exactamente de dados, sino de astrágalos o de tabas, cuando el fantasma de Patroclo cuenta a Aquiles por qué tuvo que exiliarse de Opunte y refugiarse en la corte de Peleo, el padre de Aquiles:
«Pero otra cosa te voy a pedir encarecidamente, si tienes a bien hacerme caso: no pongas mis huesos aparte de los tuyos, Aquiles, sino juntos, y al igual que juntos nos criamos en tu palacio cuando, siendo todavía un niño, Menecio me llevó desde Opunte hasta vuestra morada a causa del deplorable crimen que cometí el día que, necio de mí, maté involuntariamente al hijo de Anfidamante, cuando me enfadé jugando a las tabas, y entonces el jinete Peleo me acogió en su palacio, me crió con cariño y me nombró tu ayudante. ¡Que así también nuestros huesos permanezcan guardados en un mismo cofre, en la urna de oro y de doble asa que te entregó tu soberana madre!»
Como se ve, ya entonces los juegos de azar provocaban peleas y encendían los ánimos.
En la Odisea se menciona un juego que a veces se traduce por “dados”, como lo hace Carlos García Gual, cuando en el Canto I se describe cómo pasan las horas entre juegos y borracheras los pretendientes de Penélope:
«Encontró allí a los arrogantes pretendientes. Éstos alegraban entonces su ánimo con juegos de dados,
tumbados ante el portón sobre pieles de bueyes que habían matado ellos mismos».
Homero habla de un juego llamado pessoi, que al parecer tenía un tablero sencillo y en el que lo más probable es que no interviniera el azar de los dados o tabas, aunque debemos recordar que no siempre es fácil distinguir si Homero está contando una costumbre de su época, hacia el siglo -VIII o si es un lejano recuerdo de la época micénica (hacia -1300 o -1200).
En su Viaje a Grecia, ya en época clásica, Pausanias describe una pintura de Polignoto, aquel pintor que se decía que era capaz de hacer copias perfectas de la realidad, en la que quienes juegan a los dados son Tersites y Palamedes, dos personajes de la epopeya homérica. Eso sí, están jugando en el Hades o inframundo.
Probablemente no es casual que se asocie a estos dos personajes con los dados. Las razones exactas quizá se nos escapan, pero podemos intuir algunas si examinamos con un poco de atención a los dos personajes.
Por un lado, Tersites representa en la Ilíada al hombre común y vulgar, el plebeyo que no pertenece a la aristocracia, el guerrero que no forma parte de los mejores o aristos.
Homero lo presenta como patizambo, cojo y con los hombros hundidos hacia el pecho. Es, además, el más feo de los griegos, vulgar, insolente y maleducado. Sin embargo, interviene en las reuniones de los generales aqueos, no se sabe muy bien en calidad de qué. Seguramente en este detalle se esconde un dato que podría ser interesantísimo. ¿Tal vez era algo así como un representante de la tropa o de la plebe?, ¿quizá un bufón o un consejero sin rango?
Robert Graves considera que la exageración de los rasgos negativos de Tersites por parte de Homero es una argucia para poder deslizar sus críticas a los poderosos. En la Ilíada, en efecto, Tersites acusa al gran general Agamenón de codicioso y Ulises, para castigarlo, lo golpea sin piedad con su bastón. Tras varios momentos de humillación por parte de Ulises, Tersites morirá a manos de Aquiles. Shakespeare también lo hace aparecer en su Troilo y Crésida, y le hace describir la mítica guerra de Troya como el absurdo conflicto provocado por “una puta y un cornudo”, refiriéndose a Helena y su marido Menelao. A menudo, cuando escuchamos a Tersites en la obra de Shakespeare, no podemos evitar pensar que es el más sensato de los que están allí. Pero Tersites tendrá su propio capítulo en estas homéricas.

El otro personaje que jugaba a los dados con Tersites en el cuadro de Polignoto, también es muy interesante. Se trata de Palamedes.

No es sorprendente su presencia, puesto que se le atribuye la invención de los dados, además de muchas otras cosas, algunas de ellas cercanas a la probabilidad y el pensamiento estadístico: la contabilidad, los pesos y medidas, los rangos militares, la moneda, bromas de todo tipo e incluso ciertos secretos relacionados con la fabricación de vino, y hasta once o dieciséis de las letras del alfabeto. Se dice que inventó los dados o kyboi, las tabas (astrágalos) y el pessoi o juego de tablero para calmar los ánimos de los guerreros griegos en los largos períodos de inactividad, por ejemplo cuando las naves no se podían hacer a la mar en Áulide, por la falta de vientos, o incluso en el campamento troyano. Pausanias también asegura que en Corinto había un templo en el que se conservaban los primeros dados inventados por Palamedes.
Este hombre prodigioso se encargó de llevar a Ulises a la guerra de Troya, al desenmascararlo y demostrar que se fingía loco para escapar al alistamiento, sembrando sus campos con sal y conduciendo salvajemente un carro, sin detenerse ante nada. Palamedes puso delante del carro al pequeño Telémaco, el hijo de Ulises, lo que hizo que el héroe se detuviera y descubriera la mentira.
En venganza por haber sido obligado a participar en la guerra, Ulises acusó tiempo después a Palamedes de traición, pues este gran inventor, al igual que Tersites, estaba en contra de la guerra, lo que hizo verosímil la farsa que se inventó Ulises: aseguró que el rey Príamo de Troya le había sobornado. El propio Ulises, con ayuda de Diomedes, mató a Palamedes a pedradas, o ahogándolo.
Palamedes obtuvo una venganza póstuma a través de su padre, el dios marino Nauplio, quien, furioso al no lograr la condena de los asesinos, se las arregló para hundir parte de la flota aquea a su regreso de Troya, precipitándolos contra las rocas con falsas señales de faros en la costa. Además, viajó por toda Grecia convenciendo a las esposas de los héroes a tomar amantes y matar a sus maridos cuando regresaran, como en el caso de Agamenón.
Como suele suceder en la mitología griega, tras algunos mitos menores, como los de Tersites y Palamedes, es muy probable que se esconden complejas historias. Tal vez no sea casual que un inventor asesinado, hijo de un héroe o dios marino, y un hombre vulgar o que formaba parte del pueblo llano estén relacionados con el desastroso regreso de los héroes griegos a su tierra.
A mí me parece ver en ello un eco de un hecho histórico: las invasiones de los misteriosos pueblos del mar que acabaron con la cultura micénica, tal vez hacia el año -1300 o -1200. Pero también es probable que a esa destrucción contribuyera no ya la traición de esposas infieles, sino de ciudades enteras en las que se produjeron revoluciones, aprovechando la ausencia de sus caudillos.
Quizá debemos entender que la esposa de un rey es una metáfora o un símbolo de la ciudad misma.
Un detalle curioso parece avalar esta hipótesis y esa casualidad de encontrar a Palamedes jugando a los dados con Tersites: el comentador homérico bizantino Eustacio asegura que los generales griegos se llevaron a Tersites a Troya precisamente para que en su ausencia no incitara a una revolución.
Si pensamos en la guerra de Troya como un acontecimiento histórico y en los personajes como un lejano eco de pueblos que participaron en esa guerra, podríamos pensar que Palamedes (y tal vez Tersites) pertenecían a un pueblo aliado con los griegos pero que entró en conflicto con ellos, quizá porque dudaba de si participar en la alianza o no, por ejemplo suministrando grano o alimento.
Podría ser un pueblo que tuviera como dios a Posidón, que es el dios que después castiga a los griegos (y en especial a Ulises) cuando regresan de Troya. La clave puede estar en Nauplio, el padre de Palamedes, hijo de Posidón y al que muchos tomaban en la antigüedad por egipcio.
Pero esa es una investigación que todavía espera su momento.
Queda por responder, sin embargo, un enigma: ¿por qué precisamente juegan a los dados o a cualquier otro juego Tersites y Palamedes en el Hades o inframundo? La explicación es que los dos fueron víctimas de Odiseo o Ulises, y por eso junto a ellos está quien más odiaba al rey de Ítaca, Áyax de Telamón:
«Polignoto reunió a propósito en un grupo a los enemigos de Odiseo: Áyax, hijo de Oileo, llegó a enemistarse con Odiseo porque éste exhortó a los griegos a lapidar a Áyax por su ultraje contra Casandra. Que Palamedes se ahogó cuando iba a pescar peces y sus asesinos fueron Diomedes y Odiseo, lo sé porque lo he leído en los Cantos Ciprios».
En otro capítulo de estas homéricas veremos a Áyax jugando a los dados o al pessoi, pero con otro gran héroe.
Y en otros capítulos de El azar y la necesidad, descubriremos que algo sí sabíasn los griegos y romanos de la estadística.
(Este texto fue publicado en la página Divertinajes el 12 de septiembre de 2013 como Homéricas 007)
HOMÉRICAS

Las 900 tesis homéricas es una investigación en la red. Todos los textos son provisionales y están en permanente revisión, por lo que no conviene tomárselos muy en serio. Como su nombre indica, la investigación está dedicada a Homero y a las obras que se le atribuyen, y en especial la Ilíada y la Odisea.
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