
He hablado en varias ocasiones acerca de la presencia del azar y del juego de dados en la India y en Grecia. Ahora voy a intentar explicar la relación que puede existir entre el rey Yudhistira jugándose todas sus posesiones a los dados y las representaciones de héroes de la guerra de Troya jugando también a los dados.
Antes conviene explicar a quienes no sean expertos en mitología algunas cuestiones relacionadas con las grandes épicas griegas e indias
Las dos obras fundamentales de la épica arcaica griega son la Ilíada y la Odisea, atribuidas a Homero o a una organización de cantores que se escondía bajo ese nombre. Las dos épicas indias más importantes son el Mahabharata y el Ramayana.
La Ilíada cuenta el enfrentamiento entre aqueos y troyanos en las llanuras de Troya en sus carros de caballos.
El Mahabharata cuenta la batalla entre pandavas y kauravas en la gran llanura de Kurukshetra, también con carros de caballos.
Esta es la primera de las grandes similitudes que desde hace siglos han llamado la atención de los expertos en mitología.
Se cree que la Ilíada fue compuesta entre el siglo -VIII y el -VI, pero algunos piensan que algunas partes son anteriores. En cualquier caso, se considera que el autor de ese largo poema épico no fue contemporáneo de los hechos que narra y que la guerra de Troya debió tener lugar entre el -1400 y el -1200.

Algunos autores indios situaron la composición del Mahabharata en fechas tan lejanas como 5000 años antes de nuestra era. O bien en la época en la que los arios llegaron a la India, tal vez hacia el -1500.
Quienes pensaban que el Mahabharata era anterior a la Ilíada pensaban que las similitudes entre ambas épicas se debían a la influencia de la antigua India en la Grecia arcaica.
Sin embargo, en las últimas décadas es más popular la tesis de que la influencia se produjo en sentido contrario e incluso han llegado a sostener que cuando Alejandro Magno llegó a la India llevó obras griegas como la Ilíada, un libro que el conquistador macedonio leía una y otra vez. Desde este punto de vista, serían los indios los que copiaron a los griegos.
Fernando Wulff Alonsopublicó hace unos años un extenso y muy erudito libro en defensa de esta opinión, Grecia en la India, donde asegura que son incontables los préstamos que el autor o los autores del Mahabharata tomaron de la Ilíada y otras obras grecolatinas.

Tengo que reconocer que las dos hipótesis acerca de la influencia entre estas dos grandes culturas resultan muy interesantes. Por un lado, es fascinante imaginar a los escritores indios consultando las obras griegas y plantearnos, como hace Wulff, si una de sus intenciones al componer el Mahabharata era restituir el poder de los brahmanes y atacar al budismo dominante en la India.
Por otro lado, la idea de que en los poemas indios se encuentren influencias o paralelismos entre la épica arcaica griega y los indoeuropeos o arios de la India (autores de losVedas) también está repleta de consecuencias extraordinarias.
No sé qué hipótesis me gusta más, aunque sí sé que prefiero descubrir cuál es la correcta, porque en una investigación la verdad siempre es más interesante que la ficción. Una investigación en la que no se busca honestamente la verdad, o al menos la correspondencia entre las hipótesis formuladas y los datos observados, carece de emoción e incluso de sentido.
Como dije antes, Wulff intenta demostrar, a lo largo de más de quinientas páginas que las decenas de similitudes entre laepopeya griega y la india sólo se podrían explicar por influencia griega o grecorromana, desde la actitud de los dioses ante la guerra hasta el comportamiento de Aquiles, comparable al del héroe Bhima, o el robo de la esclava Criseida y el intento de hacerse con Draupadi, tal como conté en El rey que se apostó a sí mismo.
Una de las similitudes más notables, que sin duda Wulff menciona en su libro (no puedo comprobarlo porque el libro carece de índice analítico, pecado imperdonable en un estudio de estas características) es la intervención de dioses como Apolo y Atenea bajo la apariencia de los aurigas que conducen los carros de Diómedes o Eneas, y la casi idéntica intervención de Krishna junto a Arjuna, cuando le anima al combate en el célebre episodio del Mahabharata conocido como Baghavad Guita o Canto del bienaventurado.
Sin embargo, existe una similitud que Wulff no menciona: la importantísima escena en la que el rey Yudhistira se juega todo lo que posee a los dados, como también conté en El rey que se apostó a sí mismo.
La razón por la que Wulff no menciona esa coincidencia es que esa escena, o cualquier escena similar, no existe en la Ilíada.
En la Ilíada, en efecto, no se describe ninguna escena en la que los héroes jueguen a los dados, aunque sí hay menciones homéricas a los dados o a un juego parecido quizá las tabas, en la Odisea.
Ahora bien, y aquí está lo interesante del asunto: ya conté en Palamedes y Tersites y Aquiles y Áyax que existen muchas representaciones de héroes de la guerra de Troya jugando a los dados.
El hecho de que los griegos representaran a los héroes jugando a los dados parece mostrar que, a pesar de su ausencia en el poema homérico, existía un episodio en la trama troyana relacionado con el juego de dados.
Podemos imaginar una relación entre esa partida india y la partida de dados entre Palamedes, un hombre que rivaliza con Ulises en sabiduría e ingenio, y Tersites, personaje que se describe de manera muy negativa en la Ilíada.
Quizá se trataba de un enfrentamiento larvado entre Palamedes y Ulises, quien emplea en su lugar a Tersites, del mismo modo que el rival deYudhistira emplea al tramposo Shakuni.
También podemos pensar que Áyax y Aquiles se juegan algo muy importante en su partida de dados y que puede haber una relación, quizá escurridiza y enrevesada, como sucede en muchos mitos, entre el robo de Criseida por el gran general aqueo Agamenón y el de Draupadi en la partida de dados.
Por otra parte, el hecho de que en el Mahabharata se hable de la partida de dados y en la Ilíada no, podría indicar que la influencia viajó de la India a Grecia, puesto que el poema indio contendría un episodio que Homero no incluyó en su poema (pero que sí fue representado en vasijas y muros de Grecia).
O tal vez sucedió que los autores indios tenían a su disposición otros textos griegos hoy perdidos, como las Ciprias o la Tebaida (Wulff aventura esa posibilidad en los capítulos finales de su libro a propósito de otro asunto) y que de allí tomaran el episodio de los dados.
Son muchas las posibilidades y quizá algún mitólogo se anime a intentar desentrañar este enigma. Yo me limito aquí a señalar esa ausencia de los dados en la Ilíada y esa presencia en el Mahabharata y en las vasijas griegas.
Esta homérica número 005 se publicó en 2013 en Divertinajes.
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