Sobre el romanticismo y las clasificaciones

Acerca de los románticos he hablado últimamente con Iván….

A mí tampoco me agrada el romanticismo (el movimiento literario, filosófico-sociológico), pero me parece un error identificar con ellos muchas cosas que no son suyas.

Este tipo de movimientos se presentan a menudo como momentos históricos, con un antes y después, en lo que yo no creo.

Cosas que ahora son catalogadas como románticas existieron antes del movimiento romántico, mientras que otras cosas que son estupendas no dejan de serlo porque los románticos se apropiasen de ellas o las utilizasen.

Es más, muchas obras de los románticos son también estupendas, y no hay más que pensar en ese Goethe que fue joven romántico, pero que vivió lo suficiente para dejar de serlo, oportunidad que no tuvo Shelley, y tampoco Lord Byron.

Las leyendas ossianicas de James MacPherson también son producto de esa época, y siguen siendo extraordinarias, pese al prejuicio que las expulsa a la oscuridad debido a que no fueron escritos en un siglo, sino en otro.

Hay estupendos autores románticos, con los que a lo mejor somos injustos al llamarlos románticos, incluso aunque ellos se reconociesen como tales. Acabo de leer, por ejemplo,una novela de Georges Rodenbach que me ha gustado mucho.

Tampoco los sofistas griegos son todos de la misma talla, y no hay que menospreciar a Protágoras debido a que esté entre en las clasificaciones de sofistas, ni considerar a Demócrito sólo como un presocrático, o prearistotélico, sino como a un filósofo único y particular.

Cuando se suscita, como si se tratase de dos jaurías de perros enfrentadas, a románticos contra ilustrados, o contra racionalistas, intento no dejarme sumergir por una visión tan limitada de la historia y del pensamiento humano.

Para eso basta con mirar a Grecia, donde se encuentran muchos de los collares de los que presumen esos perros.

Y cuando también Grecia se convierte en un peligro y se simplifica con lo griego y lo antigriego o lo apolíneo y lo dionisiaco, o cualquier otro par, miro hacia otro lado, hacia China, hacia la India.

Las clasificaciones, las dicotomías, matan la individualidad.


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