En un barco que tomé para visitar la isla de Cape Clear, el capitán nos entretuvo con canciones, anécdotas y chistes. Nos contó, al pasar junto a una costa, que aquello era la península de Mizen y que una isla en la que podíamos ver un faro se llamaba Long Island, y que a lo lejos se podía ver una pequeña isla que era lo primero que se veía de Irlanda viniendo desde América.
“Y lo cierto -dijo- es que en los días muy despejados, desde esa isla se puede ver la estatua de la Libertad”. Y ante las miradas de incredulidad, añadió: “No olviden, señores, que acabamos de dejar atrás, a nuestra derecha, Long Island.”
Otra muestra de humor irlandés en un dibujo que hice en mi cuaderno de viaje. El primer bocadillo que hay que leer es el del hombre del bigote, después mi pregunta.

– Bueno, ya lo ve, mañana tendremos un día soleado.
– ¿Cómo lo sabe?
– Bueno, veo esas nubes en la parte norte de la bahía, veo el color del cielo cerca de las montañas, he notado el fuerte olor de las flores… y por último, aunque no menos importante, acabo de escuchar la predicción meteorológica para mañana.
[Publicado por primera vez en Esklepsis 3, 1997 y por segunda vez en Escrito en el agua (2006)]
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