
Acaba hoy este diario digital, con un nuevo apartado dedicado a Lichtenberg.1El diario digital era Mazda.
El último día la cosa acababa de mala manera, con la muerte de aquella vendedora de flores que tanto amaba Lichtenberg.
Pero tiempo después conoció a una vendedora de fresas que también se llevó a su casa y con la que tuvo cinco hijos y vivió, al parecer, muy feliz.
Una muestra del buen humor de Lichtenberg es este autorretrato (hay que recordar que era jorobado):
“Carácter de una persona que conozco
Su cuerpo está hecho de tal forma que incluso un mal dibujante lo haría mejor a oscuras y, si estuviese en sus manos trasformarlo, le daría menos relieve a ciertas partes. Este hombre siempre estuvo conforme con su salud, a pesar de que no era excelente; tiene el don de aprovechar al máximo los días en que está sano. Su más fiel compañera, la imaginación, no lo abandona nunca. Suele estar detrás de la ventana, la cabeza apoyada en las dos manos y mientras que el que pasa no ve más que a un cabizbajo melancólico, él se confiesa a menudo, en silencio, que ha divagado a gusto. Tiene pocos amigos, en realidad su corazón está siempre abierto para uno presente, pero también para varios ausentes; su condescendencia hace que muchos crean que es su amigo, pues él los ayuda por ambición y amor al prójimo, pero no es aquello lo que lo impulsa a ayudar a sus verdaderos amigos. Sólo amó una o dos veces, la primera vez no fue un amor desdichado, en cambio, la segunda fue un amor feliz; se ganó un buen corazón sólo por vivacidad y ligereza, por lo que a menudos e olvida de ambas, pero siempre honrará a la vivacidad y la ligereza como las cualidades de su alma que le procuraron las horas más placenteras de su vida y, si pudiese elegir otra vida y otra alma, no sé si elegiría otras, de poder tener de nuevo las mismas. Ya desde niño tomaba muy libremente la religión, pero nunca se vanaglorió de ser un incrédulo, pero tampoco de creer todo sin excepción. Es capaz de rezar con fervor y nunca pudo leer el salmo 90 sin un elevado e indescriptible sentimiento. Antes de que existieran las montañas significa para él muchísimo más que Canta, alma inmortal. No sabe a quién odia más, si a los oficiales jóvenes o a los predicadores jóvenes, con ninguno de ellos podría convivir mucho tiempo. Su cuerpo y su ropa raramente son adecuados para asambleas y su ánimo rara vez lo ha sido suficiente. Espera no llegar nunca a más de tres platos al mediodía y dos a la noche, con algo de vino, y diariamente a no menos de unas patatas, manzanas, pan y también algo de vino; de lo contrario sería desgraciado en ambos casos, y siempre enfermó cuando vivió algunos días fuera de esos límites. Leer y escribir le son tan necesarios como comer y beber, espera que nunca le han de faltar libros. En la muerte piensa muy a menudo y nunca con horror; desearía pensar en todo con tanta tranquilidad, y espera que algún día su Creador le reclame dulcemente su vida, de la cual no fue nunca un dueño demasiado económico, pero tampoco perverso”
Este encantador retrato me da la idea de abrir pronto una sección dedicada a auto-retratos.

Deja una respuesta