Veo a Carlos García Gual, primero en su casa y luego en una cafetería. Me enseña el manuscrito de su Simposios y banquetes. Tengo ganas de leer el libro, que estoy seguro de que será una delicia, con esa erudición tan amable de Carlos.
En la cafetería me dice que una de las diferencias entre los primeros banquetes, de Jenofonte y Platón, y los de Plutarco o Ateneo es que en los primeros se habla de todo y de amor, mientras que en los segundos se habla de los banquetes anteriores y son más propios de eruditos.
Le cuento que en China hay una especie de simposio muy semejante al de los siete sabios, el de los siete sabios del bosquecillo de bambú, que se reunían para filosofar, hacer poemas y beber vino.
Una conversación muy placentera entre dos tímidos.

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