Al examinar, por otra parte, la noción de Dios, hallamos en ella un buen número de atributos: eternidad, omnisciencia, omnipotencia, que es fuente de toda verdad y bondad y creador de todas las cosas (§22).
2026. Obsérvese que Descartes ya ha dado el triple salto que va de la ontología y la epistemología al lenguaje y el diccionario. No examina lo que dios pueda ser, o lo que podamos saber de él, sino, lo que se contiene en la noción de Dios. Es decir, examina tan sólo algo que ha creado él mismo (o sus maestros jesuitas del colegio de La Fleche)
Ahora bien, Dios no es corpóreo, pues lo corpóreo es divisible y lo divisible es imperfecto (§23). Por otra parte, del conocimiento de Dios se llega al de las criaturas que son todas productos creados por él (§24).
2026. Sigue por este camino en el que no hay obstáculos y ahora examina otras palabras: perfecto.
Lo corpóreo, por la magia de la definicion es divisible, y por lo tanto Dios no es ni corpóreo ni divisible.
En cuanto a la Revelación, debemos creer en ella, aunque algunas de sus afirmaciones excedan nuestra capacidad, como la Trinidad o la Encarnación.
Descartes, al examinar los problemas planteados por las contradicciones entre razón y Revelación evita plantearse el problema de la fiabilidad de la Revelación, de cómo distinguir entre el mensaje de Dios y su interpretación humana y de cómo se acredita una revelación frente a las demás, que son a menudo contradictorias.
2026. Evidentemente, el uso de la razón, incluso el análisis de las palabras y los conceptos se detiene cuando se olisquea el peligro de la herejía. Ya no seguimos analizando el concepto de dios y admitimos absurdos y contradiccones. ¿Por qué no entonces admitir ya desde el principio cualquier contradicción que nos venga en gana? Descartes destruye su propio método y su propio sistema y lo hace caer en la incoherencia.
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