Creo que tiene razón William Desmond cuando dice que Levinas disimula porque vivía en una época en la que los creyentes eran los que tenían que esconderse (en el mundo de la filosofía, no en el cotidiano), puesto que estaban mal vistos por el ateísmo existencialista dominante:
“Hoy en día, los metafísicos y teólogos tienen que esconderse de la inquisición del ateo, mientras que durante la mayor parte de la historia intelectual registrada fue el ateo quien tuvo que esconderse por temor a la inquisición del creyente”.
Creo que todavía sucede y que muchos pensadores que necesitan la solución del más allá o trascendente para dar sentido a su vida o al mundo esconden su creencia en el dios tradicional. A veces lo hacen refugiándose en conceptos y absolutos metafísicos, como hizo Heidegger con el Ser, y otras veces cuestionando los argumentos materialistas, llevándolos al absurdo, pero sin llegar a afirmar que lo hacen porque les impulsa a ello su creencia en un dios más o menos personal y más o menos tradicional, como creo que hacen Jordan Peterson o Enric F. Gel. Pero creo que la tendencia está cambiando y que poco a poco se atreven a hablar con más claridad, lo que se agradece, porque es difícil hablar con un teólogo que se disfraza de filósofo. Mejor conocer las reglas del juego.
