Los filósofos griegos no estaban de acuerdo en casi nada

Carmen Gomar y Daniel Tubau hablan en el programa Ágora de las muy diferentes maneras de entender la felicidad que tenían los filósofos griegos.

(Entrevista completa en RNE)

CARMEN GOMAR: Estamos hablando de Aristóteles, que es uno de los filósofos que tú visitas en este libro, en Siete maneras para alcanzar la felicidad según los griegos. Aquí tú recorres el camino propuesto por la banda de los tres, como llaman a Sócrates, Platón y Aristóteles. También están los estoicos, los escépticos, los cínicos, los epicúreos, el materialismo. Vamos con todos ellos, pero antes: se diferencian en muchas cosas, pero ¿en cuál de ellas coinciden? ¿Quizá el sentido de la vida, ese telos, la libertad, que es otro de los grandes valores? ¿Se puede ser feliz sin ser libre? ¿En qué coinciden todos ellos?

DANIEL TUBAU: Y ahora vamos uno por uno. Vale, pues coinciden en unas cuantas cosas. La primera, la que dijimos antes, la búsqueda de la felicidad. Todos consideran que hay un telos, un objetivo, un fin, y ese fin casi todos piensan que es la felicidad.

La única excepción serían los hedonistas de Aristipo, que dicen que a lo mejor la felicidad no es importante. Todos los demás están de acuerdo en la felicidad. Y coinciden en muchas cosas, pero, de una manera curiosa, les ponen el mismo nombre pero entienden de manera diferente cada cosa.

Por ejemplo, la virtud, el conocimiento, seguir la naturaleza. En eso todos están de acuerdo, pero entienden muy diferentemente qué es seguir la naturaleza.

Por ejemplo, los estoicos dicen que seguir la naturaleza consiste en saber que el cosmos es perfecto y que entonces tú estás estupendamente aquí en este cosmos bien ordenado.

CARMEN: Y no me rebelo ante ese orden cósmico.

DANIEL: Claro, ese orden cósmico es perfecto, por lo tanto, cómo te vas a rebelar, ¿no?

CARMEN: En cambio, los cínicos sí que se rebelarían.

DANIEL: Los cínicos se rebelan, no se conforman, viven al margen de la sociedad, siguen la naturaleza de una manera, digamos, más instintiva: somos animales y podemos vivir como los perros, por eso se llaman perros… cínicos, ¿no?, que quiere decir, perro.

CARMEN: Pero se quedan en la ciudad luego.

DANIEL: Claro, es una paradoja, ¿no? Esa incoherencia. Por un lado están rechazando la sociedad y por otro lado están pidiendo limosna en la sociedad. Y están pidiendo limosna para vivir cada día a esa gente a la que desprecian. Hay una paradoja ahí.

Y seguir la naturaleza para otros, para los epicúreos, consiste en buscar el placer, cosa que los estoicos rechazan por completo. Los estoicos huyen del placer con un miedo tremendo. Fíjate que no huyen del dolor, pero huyen del placer. Es muy paradójico. Porque aceptas el dolor, aceptas lo que te caiga encima y, sin embargo, el placer no eres capaz de aceptarlo, sino que sales corriendo.

Aristipo, el hedonista, diría: “Yo sí que acepto el placer y venzo al placer, mientras que el estoico lo que hace es huir, no se enfrenta al placer realmente.

CARMEN: Es una polaridad, cada una de las escuelas se sitúa en una. Te hablaba yo de la libertad y es interesante que tú dices que Platón se desmarca. De Platón hay muchísimas cosas interesantes, pero él realmente cree en una sociedad más bien represiva. Y dice que lo importante no es la felicidad del individuo, sino la felicidad del Estado.

DANIEL: Exactamente. Eso lo dice en la República y en Las leyes. Es el estado lo que tiene que funcionar bien perfectamente y el individuo… bueno, que sea más o menos feliz no es tan importante. Además, platón se desmarca en otro aspecto, cree que en este mundo no podemos conseguir la felicidad, porque él piensa que nos reencarnamos, que tenemos vidas sucesivas y que si nos vamos perfeccionando vida tras vida al final podremos ser felices contemplando las Ideas del Mundo de las ideas, como en Matrix: ese mundo de las ideas que nos espera en el futuro, tras muchas vidas. Platón cree que felicidad en esta Tierra no la podemos conseguir.

CARMEN: Y la virtud, porque tú al final concluyes que podemos ser muy virtuosos y muy infelices. Esto no es lo que, de alguna manera, defendían Sócrates y Platón, ¿no? Ellos vinculaban la virtud con la felicidad, es decir, virtudes como templanza, prudencia, valentía, que están muy bien y que son muy deseables y que todos aspiramos a ellas, pero no serían suficientes para alcanzar la felicidad en tu opinión.

DANIEL: En mi opinión, no. Y en la de Aristóteles tampoco. Él cree en la virtud, cree también en el conocimiento, y que por el conocimiento se llega a la virtud. Pero, curiosamente, Aristóteles, rechazando las ideas de su maestro Platón, dice que también hace falta un mínimo, un mínimo material. Si vivimos en una pobreza tremenda, no podemos ser felices. Si no tenemos amistad, seguramente tampoco seremos felices. Le da mucho valor a la amistad Aristóteles. Aunque cree en la virtud y en el conocimiento, dice: “Sí, sí, pero no es suficiente. Hace falta también, a veces, cosas materiales básicas para ser feliz.


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