• 2.7 Conclusión

    Sólo queda por comentar una cuestión que es tal vez la central en todo estudio de la ética aristotélica: el de su misma definición. La de Aristóteles es el ejemplo más repetido y el modelo más señalado de ética eudemonista, y además teleológicamente eudemonista. Sin embargo, ambos conceptos nos son tan trasparentes, ni su aplicación tan evidente como pueda parecer. Si no un error, la definición de la ética aristotélica como eudemonista puede ser una gran simplificación, o la descripción de un hecho trivial, pero no carente de consecuencias. ¿Es la ética de Aristóteles, en definitiva, eudemonista? Parece serlo, desde el momento en que el propio Aristóteles así lo afirma,…

  • 2.6 Pensamiento, palabra y acción

    Hay un asunto que interesa de manera muy especial a Demócrito, pero que Aristóteles apenas examina directamente en la Ética a Nicómaco (tal vez porque se trata de la condición implícita en la investigación misma), aunque al parecer sí lo hace en el Protréptico. Se trata de la adecuación entre la reflexión interna, el discurso o expresión pública y la acción. Así, dice Demócrito: “Tres son las consecuencias de ser sabio: deliberar bien, hablar bien y obrar como se debe” (fr.830 y 831), y critica a aquellos que: “actuando de la manera más despreciable hacen gala de los más bellos discursos” (fr.700). Pero el interés por esta cuestión lo muestra…

  • 2.4 Acceso del hombre a la felicidad

    Llegamos con esto a la cuestión que tanto preocupaba a Aristóteles: si el hombre aspira a la felicidad debido a la naturaleza, al azar, a la costumbre, o a la educación y la voluntad. Demócrito parece opinar que ello depende de la naturaleza: “Conocen lo bello y a él se abocan quienes por naturaleza están inclinados a él” (fr.888). Sin embargo, esta sentencia es negada, o c uando menos matizada, en muchos otros fragmentos de Demócrito. La disparidad de criterio podría deberse a la consideración de lo bello, que tal vez no habría que identificar en Demócrito con lo bueno o con la búsqueda de la felicidad. El lamentable estado…

  • 2.3 Los bienes exteriores

    Para Demócrito, “la felicidad o desgracia humana no puede depender del azar ni de los dioses (fr.691)”, algo que Aristóteles expresa de muchas maneras. Asimismo, “ni el cuerpo ni las riquezas proporcionan felicidad a los hombres, sino la rectitud y la prudencia” (lamentablemente, también queda fuera de los límites de este trabajo analizar la gran importancia que para Aristóteles tiene la prudencia, virtud dianoética, como mejor guía para alcanzar la felicidad[1]). Y a pesar de que las riquezas no son la felicidad, Demócrito no las rechaza de manera absoluta: “Procurarse riquezas no es cosa inútil, pero es el peor de los males si su origen es la injusticia (fr.910)”. En…

  • 2.2 La felicidad es el bien supremo y el fin de la vida

    Según Cicerón, la cuestión ética fundamental de la felicidad fue importantísima para Demócrito: “Demócrito descuidó sus bienes y su fortuna para buscar la felicidad, que hacía consistir en el conocimiento de las cosas; de esta investigación de la naturaleza quería que se originase el buen ánimo” (fr.740). La cita de Cicerón nos permite hablar sin más preámbulo de aquello que Demócrito considera el bien supremo. En efecto, Demócrito, del mismo modo que lo hará Aristóteles, se pregunta cuál es el fin de la vida humana y concluye que es «el buen ánimo» (fr.735). Este buen ánimo no es otra cosa que la felicidad (fr.739). La coincidencia con Aristóteles es en…

Sabios ignorantes y felices, de Daniel Tubau

Sabios ignorantes y felices,
lo que los antiguos escépticos
nos enseñan.