He creído que la doctrina y la historia de un pueblo tan extraordinario merecerían la curiosidad de un hombre razonable. Para instruirme, he ido a encontrar a uno de los más célebres cuáqueros de Inglaterra, quien, después de haber estado treinta años en el comercio, había sabido poner límites a su fortuna y a sus deseos, y se había retirado a un lugar en el campo cerca de Londres. Fui a buscarle a su retiro; era una casa pequeña, pero bien construida, llena de limpieza sin ornamento. El cuáquero era un viejo vigoroso que nunca había estado enfermo, porque jamás había conocido las pasiones ni la intemperancia: nunca en mi vida he visto un aire más noble ni más atractivo que el suyo. Estaba vestido, como todos los de su religión, de un traje sin pliegues a los lados y sin botones sobre los bolsillos ni en las mangas, y llevaba un gran sombrero de alas abatidas, como nuestros eclesiásticos; me recibió con el sombrero en la cabeza, y avanzó hacia mí sin la menor inclinación de su cuerpo; pero había más cortesía en el aire abierto y humano de su rostro que la que hay en el uso de echar una pierna tras la otra y llevar en la mano lo que está hecho para cubrir la cabeza. «Amigo, me dijo, veo que eres un extranjero; si puedo serte de alguna utilidad no tienes más que hablar. —Señor, le dije, inclinando el cuerpo y deslizando un pie hacia él, según nuestra costumbre, me honro en suponer que mi justa curiosidad no os desagradará, y que querréis hacerme el honor de instruirme en vuestra religión.
—Las gentes de tu país, me respondió, hacen demasiados cumplidos y reverencias; pero no he visto todavía ninguno que tenga la misma curiosidad que tú. Entra, y cenemos juntos primero.
Hice todavía algunos malos cumplidos, porque no se deshace uno de sus costumbres de repente; y, tras una comida sana y frugal, que comenzó y acabó con una oración a Dios, me puse a interrogar a mi hombre. Comencé por la pregunta que los buenos católicos han hecho más de una vez a los hugonotes: «Mi querido señor, le dije, ¿está usted bautizado?"
—No, me respondió el cuáquero, y mis cofrades tampoco lo están.
—¿Cómo, pardiez, proseguí yo, no sois acaso cristianos?
—Hijo mío, repuso con tono dulce, no jures; somos cristianos e intentamos ser buenos cristianos pero no creemos que el cristianismo consista en echar agua fría sobre la cabeza con un poco de sal.
—¡Eh, voto a bríos!, proseguí yo, molesto por esta impiedad, ¿habéis pues olvidado que Jesucristo fue bautizado por Juan?
—Amigo, nada de juramentos, insisto, dijo el bondadoso cuáquero. Cristo recibió el bautizo de Juan, pero Él no bautizó nunca a nadie; nosotros no somos los discípulos de Juan, sino de Cristo.
—¡Ay!, dije, ¡qué pronto os quemarían en un país con Inquisición, pobre hombre! ... ¡Ah, por el amor de Dios, ojalá pueda yo bautizaros y haceros cristiano!
—Si sólo eso fuera preciso para condescender a tu debilidad, lo haríamos gustosos, repuso gravemente; nosotros no condenamos a nadie por utilizar la ceremonia del bautismo, pero creemos que los que profesan una religión plenamente santa y espiritual deben abstenerse, en tanto puedan, de las ceremonias judaicas.
—¡Esa sí que es buena!, grité. ¡Ceremonias judaicas! —Si, hijo mío, continuó él, y tan judaicas que bastantes judíos todavía hoy usan a veces el bautismo de Juan. Consulta la Antigüedad; te enseñará que Juan no hizo más que renovar esta práctica, que era usual desde mucho antes entre los hebreos, como la peregrinación a la Meca lo era entre los ismaelitas. Jesús quiso recibir el bautismo de Juan, lo mismo que se había sometido a la circuncisión; pero, tanto la circuncisión como el lavamiento con agua debían ser ambos abolidos por el Bautismo de Cristo, ese Bautismo espiritual, esa ablución del alma que salva a los hombres. También el precursor Juan decía: Yo os bautizo en verdad con agua, pero otro vendrá después de mí, de quien no soy digno de llevar las sandalias; ese os bautizará con el fuego y el Espíritu Santo. También él gran apóstol de los gentiles, Pablo, escribe a los Corintios: Cristo no me ha enviado para bautizar sino para predicar el Evangelio, también ese mismo Pablo no bautizó nunca con agua más que a dos personas, y aún fue a regañadientes; circuncidó a su discípulo Timoteo; los otros apóstoles circuncidaban a todos los que querían. ¿Estás circuncidado?, añadió. Le respondí que no tenía ese gusto. «Pues bien, amigo, dijo, tú eres cristiano sin estar circuncidado y yo, sin estar bautizado.»
Así es como mi santo hombre abusaba
bastante especiosamente de tres o cuatro pasajes de las Sagradas Escrituras
que parecían favorecer a su secta; pero olvidaba con la mejor buena
fe un centenar de pasajes que la aplastaban. Me guardé muy mucho de
contestarle; no hay nada que ganar con un entusiasta: no hay que empeñarse
en decirle a un hombre los defectos de su amante, ni a un querellante la
debilidad de su causa ni razones a un iluminado; así que pasé a
otras preguntas.
«Respecto a la comunión ¿qué usos tenéis?
—No tenemos ningún uso, dijo
—¡Qué! ¿No tenéis comunión?
—No, salvo la de los corazones.» Entonces
me citó de nuevo las Escrituras. Me echó un sermón muy
bonito contra la comunión, y me habló en un tono inspirado
para probarme que todos los sacramentos eran todos de invención humana,
y que la palabra sacramento no se encuentra ni una sola vez en el Evangelio. «Perdona,
dijo, mi ignorancia, no te he dado ni la centésima parte de las pruebas
de mi religión; pero puedes encontrarlas en la exposición de
nuestra fe por Robert Barclay: es uno de los mejores libros que jamás
hayan salido de mano de los hombres. Nuestros enemigos concuerdan en que
es muy peligroso, lo que prueba cuán razonable es». Le prometí leer
ese libro y mi cuáquero me creyó ya convertido.
A continuación me explicó en pocas palabras algunas singularidades
que exponen esta secta al desprecio de los otros. «Confiesa —dijo— que
has tenido dificultad en no reírte cuando he respondido a todas tus cortesías
con el sombrero en la cabeza y tuteándote; sin embargo, me pareces demasiado
instruido para ignorar que en el tiempo de Cristo ninguna nación caía
en el ridículo de substituir el singular por el plural. Decían
a César Augusto: te amo, te ruego, te agradezco; ni siquiera soportaba
que se le llamase Señor, Dominus. Sólo mucho después de él
los hombres comenzaron a hacerse llamar vos en lugar de tú, como si fuesen
dobles, y a usurpar los títulos impertinentes de Grandeza, de Eminencia,
de Santidad, que unos gusanos dan a otros gusanos, asegurándoles que son,
con un profundo respeto y una falsedad infame, sus muy humildes y obedientes
servidores. Para salvaguardarnos de ese indigno comercio de mentiras y de halagos,
tuteamos igualmente a los reyes y a los zapateros, no saludamos a nadie y no
tenemos por los hombres más que caridad y respeto sólo por las
leyes.»
«Llevamos también un traje un poco diferente al de los otros hombres,
a fin de que sea para nosotros una advertencia continua de que no debemos parecernos
a ellos. Los otros llevan las marcas de sus dignidades, y nosotros, las de la
humildad cristiana; huimos las reuniones de placer, los espectáculos,
el juego; pues seríamos muy de compadecer si llenásemos con esas
bagatelas los corazones que Dios debe habitar; nunca hacemos juramentos, ni siquiera
ante la justicia; pensamos que el nombre del Altísimo no debe prostituirse
en las disputas miserables de los hombres.
Cuando es preciso que comparezcamos ante los magistrados para los asuntos
de los otros (pues nosotros nunca tenemos procesos), afirmamos la verdad con
un sí o un no, y los jueces nos creen simplemente bajo palabra, mientras
que tantos cristianos perjuran sobre el Evangelio. Nunca vamos a la guerra; no
es que temamos a la muerte, por el contrario, bendecimos el momento que nos une
al Ser de los seres; pero resulta que no somos ni lobos, ni tigres, ni dogos,
sino hombres, sino cristianos. Nuestro Señor, que nos ha ordenado amar
a nuestros enemigos y sufrir sin protestar, no quiere sin duda que crucemos el
mar para ir a degollar a nuestros hermanos, porque asesinos vestidos de rojo,
con un gorro de dos pies de alto, enrolan a los ciudadanos haciendo ruido con
dos palitos sobre una piel de asno bien tensa; y cuando, tras batallas ganadas
todo Londres brilla con iluminaciones, el cielo está inflamado de cohetes,
el aire resuena con el ruido de las acciones de gracias, de las campanas, de
los órganos, de los cañones, gemimos en silencio por estos crímenes
que causan la alegría pública».
He cogido este texto de una página en la que están en PDF escritos de Voltaire. Esta es la dirección: Cartas filosóficas
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ZHUANG ZI
LIBRO 1. EN LA PLACENTERA LIBERTAD
Capítulo 1 El pájaro peng
En el mar septentrional hay un pez cuyo nombre es Kun. Es enorme, pues mide
no se sabe cuántos miles de li.
Múdase en pájaro, y entonces su nombre es Peng. También
las espaldas de éste miden no se sabe cuántos miles de Ii.
Elévase por los aires sacudiendo con fuerza sus alas, parecidas a
esos grandes nubarrones que ocultan el cielo. Este pájaro, cuando
el mar se agita y arrecia el viento, vuela hasta el mar meridional. El mar
meridional es un gran lago obra del Cielo.
El Qi xie es un relato de portentos. En él se lee: «Cuando
el Peng vuela hacia el mar meridional, la espuma salpica hasta una altura de
tres mil Ii, y los remolinos que forma el batir de sus alas lo elevan noventa
mil Ii en lo más alto del firmamento. Vuela aprovechando el gran viento
del sexto mes". Caballos salvajes, polvaredas, seres vivientes que se
mueven empujados por el viento. El cielo, azul: ¿es ése su verdadero
color?, ¿es ilimitada su vasta extensión? Mira hacia abajo el
Peng, y eso es lo que contempla.
Cuando las aguas acumuladas no son profundas, no tienen fuerza para sostener
un gran barco. Viertes una taza de agua en un hoyo, y una pajita es allí como
un navío, mas si pones una taza, se pega al fondo, pues el agua es poco
profunda y grande el barco. Si la fuerza del viento no es grande. no tiene fuerza para
sostener unas alas gigantescas. Y así, cuando el Peng se eleva noventa
mil li, es el viento el que lo empuja hacia arriba. Después tomará ventaja
de la fuerza del viento y, con el cielo azul a sus espaldas y sin hallar estorbo,
enderezará su vuelo hasta el mar meridional.
Una cigarra y una tortolilla se burlaban del Peng: «Nosotras, nos
echamos a volar con todas nuestras fuerzas, y cuando encontramos un olmo o un
sándalo nos posamos en sus ramas; y si no podemos llegar, pues sin más
nos vamos al suelo: ¿para qué remontarse noventa mil Ii y volar
hasta el sur?» Quien va a los alrededores de la ciudad, sólo ha
menester provisiones para tres comidas, retorna ese mismo día, y aun con
el estómago lleno: quien va un lugar a cien Ii de distancia, ha de llevar
provisiones para pasar una noche fuera; y quien tan lejos como a mil li, provisiones
para tres meses. ¿Qué han de saber, pues, esos dos animalejos?
Un corto entendimiento no se puede comparar con un gran entendimiento, ni un ser de corta vida con otro de prolongada existencia. ¿Cómo sabemos que es así? Un insecto que nace por la mañana y ya esa misma tarde muere, no sabe lo que es la luna; la cigarra que no vive más de dos estaciones, ignora lo que es un año; son dos ejemplos de corta vida. Al sur de Chu , vive una tortuga prodigiosa para la que quinientos años son una primavera, y quinientos años un otoño; y aun más, que en la remota antigüedad había una gran cedrela para la que ocho mil años era una primavera, y otros tantos un otoño. He ahí dos ejemplos de prolongada existencia. Aún en nuestros días Pengzu goza de gran fama en el mundo por su longevidad, que todos quieren compararse con él. ¿No es gran lástima?
Tang y Ji también tuvieron una plática
de este tenor: «Arriba y abajo, y en las cuatro direcciones, ¿hay
límites?» -preguntó Tang a Ji.
«¡Más allá de lo ilimitado sigue sin haber límites!» -respondió Ji.
«En el septentrión, donde ni brizna
de yerba crece, hay un vasto mar: un gran lago obra del Cielo. Vive en él
un pez, cuyo ancho alcanza varios miles de li y del que nadie sabe cuánto
mide de largo. Su nombre es Kun. Y hay un pájaro, nombrado Peng, cuyas
espaldas semejan al Taishan, y a esas nubes que ocultan el cielo sus gigantescas
alas. Sobre los remolinos de viento, como cuernos de carnero, elévase
hasta noventa mil li en lo alto del firmamento. Sobrepasando nubes y éter,
con el cielo azul a sus espaldas, vuela hacia el sur y alcanza finalmente
el mar meridional. Búrlase de él un gorrión. de esos
que hay en los charcos: "¿A dónde va ése'? Yo doy
unos saltos, levanto el vuelo, y a pocas varas" vuelvo a posarme; revoloteo
entre las zarzas y artemisas; para eso está hecho el vuelo. Pero ése, ¿a
dónde quiere ir?"» He ahí la diferencia entre lo
pequeño y lo grande.
Algunos hombres poseen talento para ser mandarines, otros hay que por
su recto proceder pueden servir de ejemplo a toda una comarca, y aun encontrarás
quienes por su virtud pueden ganarse la benevolencia de un príncipe y
la confianza de un estado entero. Todos ellos se tienen en alta estima, en todo
parejos a aquel gorrión. Song Rong zi no pudo menos de hacer mofa de ellos.
Song Rong zi ni tomaba ánimos de recibir general aplauso. ni se sumía
en la tristeza por recibir general oprobio. Sabía asaz de bien fijar los
límites que separan el yo interior del mundo externo, y distinguir dónde
está la honra y dónde el deshonor. ¡Eso era todo lo que sabía
hacer! No se afanaba buscando renombre. Aunque era así, nada dejó establecido.
Lie
zi viajaba cabalgando el viento, con suma ligereza y gran habilidad. Al cabo
de quince días estaba de vuelta. No se afanaba en buscar la felicidad.
Con todo, y aunque no había menester de caminar, Lie zi al final seguía
dependiendo de algo.
A quien es capaz de acomodarse a las leyes del Cielo y de la Tierra para,
así, dominar las mutaciones de las seis energías cósmicas
y poder viajar por el espacio sin límites, ¿fuérale aún
menester depender de algo'?
Por eso se dice: "El hombre perfecto no tiene yo, el hombre espiritual no tiene éxito, los grandes sabios no tienen nombre".
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LIBRO 1 Nei Pian (En placentera libertad)
Capítulo 2 El gobierno del mundo
II. Cuando Yao abdicó el gobierno del mundo en Xu You, le dijo: «Luego que el sol o la luna han salido, si las antorchas que aún arden quisieran competir con ellos, ¿no sería cosa harto difícil? Cuando la lluvia de temporada ha comenzado a caer, seguir acarreando agua por ver quién mejor ha de regado, no sería cosa vana?
Si vos ocupáis el trono,
el mundo permanecerá en orden; que si yo siguiera en el gobierno,
no habría de sentir mi persona sino grande confusión. Ruégoos
aceptéis os entregue el gobierno del mundo».
A lo que Xu You respondió: «Vos gobernáis el mundo,
y el mundo permanece en orden. ¿Habría yo de ocupar vuestro lugar
para así ganar renombre?
El renombre no es más que huésped de la realidad, ¿por qué habría yo de querer ser huésped? El chochín construye su nido en lo profundo del bosque, y para ello le hasta una rama: el topo va al río a beber y bástale llenar el estómago. ¡Volved a vuestro trono! Que no sabría yo qué hacer con el mundo. Aunque falten los cocineros, el oficiante del funeral y el representante del difunto no dejarán los vasos y bandejas rituales para ir a cocinar".
Jianwu preguntó a Lianshu: "he
oído hablar a Jieyu, y sus razones son exageradas y sin sentido, de
las que van pero no vuelven. Cáusanme espanto sus palabras. que parecen
tan sin límites como el Río de Plata; y son tan excesivas,
que no se acomodan a la realidad de las cosas».
«Pues, ¿qué dice?» -preguntó Lianshu.
«Que en la remota montaña Gushe habitan hombres espirituales, de
piel blanca como la nieve," y por su belleza y dulzura semejantes a una
doncella. No se alimentan de los cinco cereales, sino del viento que aspiran
y del rocío que beben. Cabalgan las nubes, montan voladores dragones y
así viajan hasta mas allá de los cuatro mares. Fijando su espíritu
hacen que los seres no sufran menoscabo y que maduren las cosechas. Esto dice
Jieyu, un puro disparate que no puedo creer.»
«A fe que así es -dijo Lianshu-. El ciego no puede ver la belleza
de los ricos y brillantes colores, ni el sordo escuchar los melodiosos sones
de campanas y timbales. Pero ¿es que sólo en el cuerpo hallarás
ceguedad y sordera? También en el entendimiento las hay. Y son éstas
razones que se os pueden aplicar. Ese hombre espiritual, merced a su virtud puede
abarcar al millón de seres en su unidad primordial. Los hombres mundanos
gustan de la confusión, ¿cómo podría él aceptar
la fatiga de administrar los negocios del mundo? A un hombre como él las
cosas exteriores no pueden causarle detrimento: suban hasta el cielo las aguas
desbordadas, que él no ha de perecer ahogado, venga el azote de una grandísima
sequía, que aun el oro y las piedras derrita y agoste completamente campos
y montes, y ni siquiera sentirá calor. Forjárase un Yao o un Shun
del polvo y la paja de un hombre tal, que ni aún así consintiera
en ocuparse de lso mundanos negocios.
Un hombre de Song fue al estado de Yue a vender gorros. las gentes
de Yue, que acostumbra a raparse la cabeza y tatuarse la cabeza, no habían
menester de ellos.
Yao puso orden en los pueblos del mundo y paz en la tierra entre los cuatro mares. Fuese entonces a visitar a los cuatro maestros que habitaban en la remota montaña Gushe, al norte del río Fen. Allí se desengañó, y el mundo dejó de existir para él.
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LIBRO 1 Nei Pian (En placentera libertad)
TEXTO 003 Lo mismo es distinto
III. Hui zi dijo a Zhuang Zi: "El
rey de Wei me hizo presente de una semilla de calabaza gigante. La planté,
creció y dio por fruto una calabaza en la que cabían hasta
cincuenta azumbres.
No se podía usar entera para echar en ella líquidos, pues su
solidez no permitía levantarla; ni tampoco servía cortarla
para hacer dos recipientes, que por su tamaño no cabrían en
lugar alguno. Pese a su grandor, no veía que pudiera ser de ningún
provecho: así que la he hecho pedazos».
A lo que Zhuang zi dijo: -«A fe que no sabéis hacer uso de las
cosas grandes. Hubo un hombre en Song que sabía aderezar un ungüento
con el que las manos no se agrietaban por el frío. Durante generaciones
su familia había tenido por oficio lavar seda. Oyó hablar de él
un forastero, y fue a ofrecerle cien monedas'' por su receta. Reunióse
la familia para deliberar: "Durante generaciones -dijeron- hemos estado
lavando seda. Y con ello sólo hemos ganado unas pocas monedas. Ahora,
en un momento, podemos ganar un ciento. ¡Vendámosla. pues,!. Así que
el forastero obtuvo la receta, y con ella se fue a Wu y pidió audiencia
al rey. En ese tiempo Yue estaba atacando a Wu. y el rey le puso al mando de
sus tropas. Entablóse un gran combate naval en pleno invierno y Yue
sufrió una decisiva derrota. El rey de Wu, en premio, le otorgó como
feudo una parte del territorio conquistado. El remedio contra las grietas era
el mismo: mas al uno sirvió para ganar un feudo y al otro sólo
para lavar seda: lo que se entiende por el diferente uso que de él se
hizo. Vos teníais una calabaza de cincuenta azumbres, y ¿por
qué no la habéis atado con cuerdas para hacer de ella una suerte
de flotador con que navegar por lagos y ríos'? Y no que os habéis
estado lamentando de que por su demasiado tamaño no había donde
ponerla. ¡De donde se colige lo obtuso de vuestras entendederas!».
Hui zi hablando con Zhuang ti dijo: «Tengo
un árbol, grande sobremanera, al que todo el mundo llama ailanto.
Su gran tronco está lleno de nudos, que no se le puede acomodar cuerda
y tinta; y tampoco compás y escuadra a sus retorcidas ramas. Está al
borde del camino, mas no hay carpintero que lo considere. Tales son las razones
que enseñáis: grandes por demás y sin provecho, y todo
el mundo se concierta a la hora de rechazarlas».
A lo que Zhuang zi dijo: «¿Por ventura no habéis visto
a la comadreja? Se agazapa y aguarda el paso de algún animalillo; brinca
hacia el este, brinca hacia el oeste sin importarle lo quebrado del terreno;
y así hasta que cae en una trampa o muere dentro de una red. Y ahora
considerad el yak, cuyo gran cuerpo semeja esa nube que oculta el cielo. Es
poderoso animal, mas incapaz de cazar un ratón. En cuanto a vos, con
vuestro árbol grande, os lamentáis de que no tiene provecho.
Pero, ¿por qué no lo plantáis en el país donde
nada crece, en la desolada vastedad? Así podríais pasear sosegadamente
junto a él, y tumbaros debajo con todo regalo. Y el árhol mismo
no sufriría los golpes del hacha, ni cosa alguna lo podría maltraer.
El no ser de ningún provecho, ¿por qué habría de
ser ocasion de tanto embarazo y cuidado?»
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LIBRO II
DE LA UNIDAD DE LOS SERES
I. Ziqi de Nanguo se hallaba sentado, apoyado en un escabel. Alzaba al cielo la cabeza y respiraba pausadamente. Arrobado, como si su espíritu hubiera abandonado el cuerpo. Yancheng Zi-you, que allí junto estaba a su servicio, dijo: -«¿Qué ha acaecido? ¿Por ventura es posible mudar el cuerpo inmóvil en árbol seco y volver en frías cenizas la mente? El que ahora se apoya en un escabel no es el mismo que antes en un escabel se apoyaba».
Dijo a esto Ziqi: -«¡Bien
está tu pregunta. Yan! En este
tiempo tenía yo perdido mi yo. ¿Lo sabías? ¡Puede
que hayas oído
hablar de la música del hombre, y no de la música de la Tierra! ¡O
de la música de la Tierra, y no de la del Cielo!»
-«Permitidme pediros que me lo declaréis»- dijo Ziyou.
-«Cuando la Tierra jadea -dijo Ziqi-, es lo que llamamos viento. A
las veces el viento no se levanta, mas en cuanto lo hace, rugen las oquedades
todas. ¿Es que no has oído el ulular de un poderoso viento?
En las anfractuosidades de las boscosas montañas" encuéntranse
enormes árboles de cien palmos de circunferencia, cuyas oquedades
semejan narices, bocas, orejas, huecos de vigas, cercados, morteros,
zafareches o charcas. Penetra el viento por estas cavidades y produce diversidad
de sonidos: ora estrépito de torrente, ora el silbar de una flecha,
ora semeja un bostezo, o bien profunda aspiración; a veces suena a llamada,
o a gemido, a voz del profundo valle, o a atormentado lamento. Canta delante
el viento y detrás le acompañan. Con brisa, armonía
menor; si vendaval, armonía mayor. Cuando el vendaval ha pasado, las
cavidades todas quedan silenciosamente vacías. ¿Acaso no ves
cómo se agitan las ramas y las hojas de los árboles?»
Dijo Ziyou: -«De modo que la música de la Tierra es el sonido
del viento que sale de todas esas oquedades, y la música del hombre
la que sale de las flautas. Permitidme preguntaros por la música
del Cielo».
-«La música del Cielo -dijo Ziqi- es toda la variedad de sones
que el viento hace brotar de las innúmeras y diversas oquedades. Y
esa incalculable variedad de sones débese al propio natural de cada
una de las cavidades. Mas, ¿acaso hay alguien en el origen de todo
esto?»
Por qué un caballo blanco no es un caballo
[Se remite a este texto desde: Zhuang Zi. Capítulo 1. 003]
La escuela de los Nombres (Ming Chia)
que se desarrolló hacia
el –300 y –200 y cuyo representante más famoso es Kung
sun
Lung, dice que un caballo blanco no es un caballo.
Al parecer, A Kung Sun Lung le preguntaron si había llegado a
la ciudad en un caballo y él dijo que no, porque había llegado
en
un caballo blanco, y un caballo blanco no es un caballo.
Parece una afirmación absurda sin más, pero es completamente
cierta al menos en algún sentido.
Esto se ve de manera muy sencilla si examinamos la sentencia:
“Un caballo blanco es un caballo”
Es decir:
Caballo blanco=caballo
Pero si caballo blanco es lo mismo que caballo, entonces en
cualquier situación en la que aparezca la palabra caballo se podrá
sustituir cualquiera de los miembros de la igualdad
caballo=caballo blanco.
Por ejemplo:
Un caballo negro es un caballo
=
Un caballo negro es un caballo blanco
Con lo que llegamos a afirmaciones
bastante chocantes, ¿no es
cierto?
4/9/04
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PLATÓN
El mito de la caverna (La Republica)
[Se remite a este texto desde Zhuang zi. LIBRO 1. Capítulo 1]
"Imagínate varios hombres en un abrigo subterráneo en forma de caverna, cuya entrada, abierta a la luz, se extiende por toda la longitud de la fachada. Estos hombres están allí desde su infancia y, encadenados por piernas y cuello, ni pueden moverse de donde están ni ver en otra direción que hacia delante, pues las ligaduras que les encadenan les impiden volver la cabeza. El resplandor de un fuego encendido lejos y sobre una altura reverbera tras ellos. Entre el fuego y los prisioneros hay una escarpada vereda ascendente. A lo largo de esta vereda imagínate un pequeño muro parecido a los tabiques que los que hacen farsas con marionetas ponen entre ellos y el público, y por encima del cual lucen sus habilidades".
Continúa Platón:
"Ahora imagínate que todo a lo largo del pequeño muro avanzan otros
hombres portadores de objetos de todas clases (figuras de hombres y de animales
de todas formas y especies, talladas en piedra y madera), objetos que sobresalen
de la altura del muro. Estos hombres desfilan, unos hablando entres sí,
los otros sin decir nada."
Antes de seguir, y para que el lector vea claramente la situación
que propone Platon, le ofrezco una interpretación gráfica de
la caverna y de la situación de los prisioneros.
Tras esta completa descripción, pregunta
Sócrates a Glaukón:
"¿Crees que tal cual están colocados podrán ver de sí mismos
y de sus compañeros otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego
en la parte de la caverna que da frente a ellos?"
Glaukón responde que no, pues están encadenados y ni siquiera
pueden girar la cabeza. Sigue preguntando Sócrates:
"¿Y no les ocurrirá otro tanto respecto a los objetos que tras
ellos desfilan?"
Glaukón, como suelen hacer los interlocutores
de Sócrates en los diálogos de Platón, se imita a responder
que sin duda así ha de suceder.
"Y entonces -continúa Platón-, de poder conversar entre sí, ¿no
te parece que al nombrar las sombras que ven creerían nombrar los propios
objetos reales?
"Así es", dice Glaukón.
"Luego, es indudable, concluye Sócrates, que para tales prisioneros la
realidad no podría ser cosa distinta de las sombras de los diversos objetos
citados".
Una vez convencido su interlocutor, Sócrates le pide que imagine
que un cautivo es liberado y puede ver a la luz del sol los objetos que proyectan
las sombras que ha visto durante sus cautiverio. Este hombre reaccionará sintiendo
dolor ante tanta luz y seguirá considerando más reales las sombras
que poblaron su vida anterior. Sólo poco a poco, acostumbrándose
a la luz progesivamente, y saliendo de la caverna, comprenderá que las
sombras no eran sino un reflejo del mundo real.
¿Y qué sucedería si este prisionero liberado volviese con
sus compañeros? Sería recibido con burlas y no se daría
crédito a sus palabras: "¿No dirían que por haber subido
a las alturas volvía con los ojos estropeados?"
[Platón, La república]
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LECTURA DEL
ZHUANG ZI
LIBROS INTERIORES
(NEI PIEN)Libro 1
En placentera libertadCAPÍTULO 1
El pájaro PengCAPÍTULO 2
El gobierno del mundoCAPÍTULO 3
Lo mismo distinto
Libro 2
CAPÍTULO 1
La identidad de los seres
La música del cielo
Correo: danieltubau@gmail.com
AVISO Y CORRECCIONES
Este es un comentario al libro chino Zhuang Zi, uno de los clásicos del taoísmo. Conviene leer primero el texto original y sólo después mi comentario.
Existen diversas traducciones del Zhuang Zi en castellano.
Aquí sigo fundamentalmente la traducción del Zhuang zi realizada por Iñaki Ignacio Ydoeta, publicada en la editorial Kairós en 1996, pero consulto otras traducciones, que iré mencionando.
Si no tienes ninguna traducción del Zhuang Zi, envíame un email y te facilitaré los textos que te interesen. No puedo incluirlos directamente aquí, puesto que están sometidos a derechos de autor.
WORK IN PROGRESS!!
Esta lectura del Zhuang Zi es por el momento un documento de trabajo, por lo que habrá muchos errores que iré corrigiendo poco a poco.
Las comparaciones científicas que a veces establezco no tienen como objetivo dotar al Zhuang zi de rigor científico o demostrar que coincide con las últimas teorías de la física o la biología. Se utilizan tan sólo para hacer los argumentos más fácilmente comprensibles por vía de comparación.
Los textos que aparecen en distinto color de letra al cuerpo principal significan que han sido añadidos en una corrección posterior. Eso tiene una cierta utilidad para mí, pero también para los lectores que duden si merece la pena o no volver a leer un texto que leyeron hace tiempo. Si hay muchas cosas en un color nuevo, es posible que valga la pena.
Además, el color indica la fecha de modificación, siguiendo esta tabla:
cambios el 27 de enero 2004
cambios el 18 de junio de 2004

Presentación
Zhuang Zi también es llamado Chuang Tse o Chuang Tzu.
Zi, Tse o Tzu quiere decir "maestro".
Se cree que nació en -369 o -365 en Meng, pero los estudiosos ni siquiera están seguros de a qué lugar exacto corresponde Meng. Murió hacia el -290.
Se considera a Zhuang Zi, el segundo taóista más importante, por detrás tan sólo de Lao Zi (Lao Tse). Su libro es una delicia inagotable, que mejora a cada lectura, pero los expertos aseguran que sólo fueron escritos por Zhuang Zi los siete primeros capítulos de un total de 33, llamados los capítulos interiores, pero hay muchas cosas interesantes en los otros capítulos.
El Zhuang Zi es inabarcable. Me ha influido mucho y en muchas cosas, pero pocas veces he escrito extensamente acerca de él, precisamente por lo difícil que es acercarse a una obra tan llena de cosas interesantes. Lo haré ahora, sumando pequeños textos, que espero me permitan mostrar a Zhuang Zi tal como yo lo veo, que es en cierto modo mostrarme yo mismo, puesto que es uno de esos autores que no sólo mejora al lector, sino que a menudo es creado por el lector. Otro es Shakespeare.
Acabo de leer un libro de Jean François Billeter en el que propone una lectura diferente a la tradicional del Zhuang Zi con la insólita pretensión de entender lo que dice, cosa a la que, al parecer, renuncian los especialistas. Yo a esa pretensión de Billeter añado otra que él también comete: opinar si Zhuang Zi tiene razón en las cosas que dice.
Curiosamente, los expertos en filosofía parecen casi siempre más preocupados acerca de si el filósofo en cuestión dijo esto o lo otro, si esto de debe entender así o asá, o acerca de cuales son las diferencias entre el primer Wittgenstein y el segundo Wittgenstein, pero casi nunca se preguntan si lo que dicen los filósofos es cierto o no, dudoso o no, falso o no, como si eso fuese algo ajeno a la filosofía. Curiosa actitud.
Por cierto, el nombre de Zhuang Zi era Zhuang Zhou. "Zi", como dije antes, quiere decir maestro y, por tanto, Lao Zi significa "maestro Lao" y Kung Zi (Confucio) significa "maestro Kung". No sé si este título de maestro lo tuvieron ya en vida o si es un añadido como lo de "San" o "Santo".
Cuando yo hablo de San Agustín, prefiero llamarlo Agustín de Hipona, puesto que él nunca se llamó San Agustín mientras vivió. No me gustan los títulos honoríficos y tampoco se me ocurriría decir "Sir Bertrand Russell", aunque Russell recibió ese título cuando todavía vivía.
Esta es una de mis pequeñas radicalidades inocentes, que llevo al extremo de no apreciar tampoco el tratamiento de "usted", tal vez porque leí un ensayo de Voltaire sobre los cuáqueros en el que se explicaba por qué los cuáqueros no trataban de usted ni al rey de Inglaterra, porque si los discípulos de Jesucristo se dirigían a él (a Dios mismo) tratándolo de "tú", ¿quién puede merecer un tratamiento más elevado?
Todos somos hermanos en Cristo y, aunque yo no soy cristiano, la cosa me gustó y se me ha quedado adherida como un capricho. El tratamiento de "usted", en cualquier caso, no me parece de respeto, sino de temor, de distancia, etcétera. Ya sé que algunos usan el "usted" incluso con sus amantes, como una pequeña perversión: "Abra usted las piernas", "bájese usted los pantalones". Simone de Beauvoir y Sartre lo mantenían incluso en los momentos más intimos según parece, pero para mí su historia de amor no es un ejemplo, sino más bien lo contrario y creo, pero esto es meterme bajo sábanas ajenas, que ese "usted" era una más de sus técnicas pretenciosas y aristocráticistas, tan poco naturales, tan forzadas, tan hechas para el espectáculo, incluso el de sí mismos, entregándose sin entregarse nunca.
Lee antes el texto original del Zhuang Zi
El Zhuang Zi comienza con un relato en el que se habla de un pez que se llama Kun que se transforma en un pájaro llamado Peng.
El pájaro Peng es gigantesco y vuela hacia el sur en un viaje larguísimo. Una cigarra y una tortolilla se burlan del pájaro Peng porque no entienden por qué razón tiene que volar hacia el sur, ya que un viaje tan largo le obligará a conseguir muchísimas provisiones.
Con esta historia y otras
parecidas, Zhuang Zi nos muestra la relatividad de las cosas. Pero conviene,
me parece, entender a qué me refiero cuando hablo de relatividad.
Para muchas personas, decir que
todo es relativo es sinónimo de decir que todo da igual y que todo
es justificable.
Otros aluden a la teoría de la relatividad de Einstein, para dar un carácter científico a tales ideas.
Pero la teoría de Einstein no tiene como conclusión lógica que todo da igual, sino más bien que existen relaciones entre las cosas y entre el observador y lo que observa.
Einstein dudó si llamar a su teoría Teoría de las invariantes, porque lo que dice la teoría de la relatividad es, entre otras cosas, que la medición del tiempo, de la velocidad o del movimiento depende del sistema inercial en el que nos hallemos. Si traducimos sistema inercial por marco de referencia, podemos decir: nuestras observaciones dependen del marco de referencia desde el que las hagamos.
EL TREN RELATIVO
Pondré un ejemplo en el que sólo atenderé al movimiento aparente de un objeto (una pelota), sin tener en cuenta ahora la medición de la velocidad o del tiempo. Por ello, este ejemplo, contado así, quizá tiene más que ver con Galileo y su principio de la relatividad que con Einstein.
Si estamos en un tren y lanzamos una pelota al aire en línea recta hacia arriba, ¿dónde caerá la pelota?. En nuestra mano. El movimiento de la pelota será vertical, primero de abajo arriba y después de arriba abajo.
Esto, si lo pensamos, resulta un poco paradójico, puesto que el tren se está moviendo y entre el momento en el que lanzamos la pelota y aquel en el que la recogemos a lo mejor hemos recorrido diez o cien metros sobre la vía.
Antes de lanzar la pelota estábamos a la vista de la estación de Plasencia y ahora ya hemos dejado Plasencia atrás. Y, sin embargo, la pelota que lanzamos antes de llegar a Plasencia no se ha quedado allí, sino que se ha venido con nosotros hasta más allá de Plasencia.

¿Cómo es esto posible? La respuesta es que esto es posible porque nosotros y la pelota estamos metidos en un mismo sistema inercial, un mismo marco de referencia, que es el tren en movimiento. Y todos los objetos que se hallan en un determinado sistema inercial comparten el mismo movimiento. Nosotros, dentro del tren, compartimos el movimiento y la velocidad del tren, como si fuésemos una pieza más del vehículo.
Ahora bien, imaginemos que alguien nos observa desde el andén de la estación de Plasencia cuando lanzamos nuestra pelotita en el tren. Si esa persona se fija sólo en el movimiento de la pelota, no verá una pelota que asciende en línea recta desde la mano y vuelve a caer en la mano, sino una pelota que traza alguna especie de curva que se mueve en una línea casi horizontal en el sentido de la marcha del tren. Una línea que se inicia antes de llegar a Plasencia y termina cien metros más allá de Plasencia.

La pelota no ha hecho el mismo movimiento para nosotros que para el observador que se halla en el andén de Plasencia. ¿Por qué? Porque el observador del andén se halla en otro sistema inercial, en otro marco de referencia: el planeta Tierra.
Ahora bien, resulta que el planeta Tierra también se mueve como el tren (mucho más rápido que el tren), pero nosotros no percibimos su movimiento porque todos estamos en dicho sistema (incluidos nosotros en el tren con la pelota).
Pero si un observador desde el espacio exterior (fuera del sistema inercial o marco de referencia que es la Tierra) contemplase el movimiento de la pelota, e hiciera abstracción del tren y de la propia Tierra, lo que vería sería una pelotita que se desplaza en forma de curva o garabato extravagante y que se mueve (entre la salida y la llegada a la mano) no unos cientos de metros, sino miles de kilómetros: los que haya recorrido la Tierra en los segundos que la pelota ha pasado en el aire tras lanzarla y antes de recogerla. En este movimiento hay que tener en cuenta la menos:
a) La pelota moviéndose dentro del tren
b) El tren moviéndose en la vía del tren
c) El movimiento de rotación de la Tierra (que puede ser en sentido contrario al movimiento del tren)
d) El movimiento de traslación de la Tierra en el espacio (por ejemplo, alrededor del Sol)

Posible representación del movimiento de la pelota visto desde la Luna
Se ve, pues, que el movimiento y el espacio recorrido por la pelota son relativos y distintos según contemplemos el asunto:
a) Desde dentro del tren
b) Desde el andén
c) Desde el espacio exterior (la Luna)
Y todavía podríamos imaginar más variantes:
d) Desde fuera del sistema solar, puesto que el Sistema Solar se desplaza sobre el fondo de la Vía Láctea.
e) Desde fuera de la Vía Láctea, puesto que la Vía Láctea también se desplaza sobre el fondo del Universo.
Resulta pues que el desplazamiento de la pelota es relativo, cambia según el sistema inercial o marco de referencia en el que nos hallemos.
Todo esto hace pensar a muchos que, puesto que no hay nada fijo en el universo, puesto que no hay un punto inmóvil que sirva de referencia universal, todo da lo mismo: la pelota no se mueve ni en línea recta, ni en vertical, ni en una curva extravagante.
"Todo es relativo", suspiramos.
Pero esas conclusiones son demasiado apresuradas.
LO RELATIVO ES RELATIVO
Si nosotros medimos el movimiento de la pelota desde el tren, obtendremos unos resultados que relacionarán la velocidad de la pelota y el espacio recorrido entre el lanzamiento y la llegada.
Lo mismo podemos hacer si los cálculos los hacemos desde el andén.
Y lo mismo podremos hacer desde el espacio exterior.
Tendremos en los tres casos diferentes resultados que darán cuenta del fenómeno observado (la pelotita moviéndose en cada sistema inercial) y que relacionarán la velocidad y el espacio recorrido y nos permitirán dibujar el desplazamiento de la pelota.
Pero lo asombroso está precisamente aquí: por muy diferentes que sean los sistemas de referencia (el tren, el andén y el sistema solar), si yo ahora lanzo la pelota un poco más arriba, estando yo en el tren y conociendo los datos anteriores realizados desde el sistema solar o desde el andén, podré sin ninguna dificultad saber cómo verá este nuevo lanzamiento la persona del andén o la persona del sistema solar.
Cuando comparemos nuestras mediciones, las que yo haya hecho desde su punto de vista (desde el punto de vista lunar pero pero estando en el tren, por ejemplo) serán iguales a las que hayan hecho ellos.
Es por eso que Einstein dudó si llamar a su teoría la teoría de las invariantes, puesto que sea cual sea el sistema de referencia, una vez conocidas sus coordenadas y elementos es posible traducir de uno a otro sistema los datos.
En consecuencia, lo que dice la relatividad científica es todo lo contrario a que todo es relativo: el principio de relatividad afirma que las leyes son las mismas en todos los marcos de referencia. Los fenómenos varían, pero las leyes son las mismas.
La siguiente ilustración muestra esto a partir de un hermoso ejemplo de Galileo, que imaginaba un barco en vez de un tren y a una persona que escribe en ese barco que recorre el Mediterráneo.
Si ese viajero traza en su camarote una recta sobre el papel, él verá una recta, pero alguien que pudiese ver el movimiento de la pluma desde la costa vería que la pluma no se mueve en línea recta, sino en forma de garabato, siguiendo el movimiento del barco (que puede ser en sentido contrario a la línea trazada) y las oscilaciones del barco sobre el mar, arriba y abajo, a izquierda y a derecha.
Y sin embargo, cuando ese viajero mire en el papel, no verá un extraño garabato, sino una línea recta.
El siguiente gráfico está adaptado a una pelota (no a alguien escribiendo), pero se ve claramente lo que vería una persona desde la costa si sólo se fijase en el movimiento de la pelota.
Esta es la dirección de la que he tomado esta imagen, donde se explica el principio de relatividad en detalle. Más adelante haré mi propio gráfico:
Sin embargo, la persona que está en el barco verá la pelota subir y bajar en línea recta vertical.
LA RELATIVIDAD DE ZHUANG ZI
Zhuang Zi nos dice que lo que para una cigarra es el mundo, para el ave Kun es sólo una pequeña porción de su propio mundo, una parte insignificante.
También nos dice que el insecto que nace por la mañana y muere por la tarde nunca sabrá que existe la luna, que la cigarra que vive dos estaciones no sabrá lo que es un año.
Es decir cada uno de estos seres se halla en un sistema de referencia, que, en este caso, no llamaremos inercial, sino existencial.
Pero eso no tiene por qué hacernos pensar que nosotros y la cigarra vivimos en mundos diferentes. Ambos compartimos el mismo mundo durante dos estaciones, pero la cigarra no sabe lo que es el año y nosotros sí. La cigarra vive en un mundo que está dentro de nuestro mundo y por ello nosotros tenemos una visión más amplia que ella, del mismo modo que quien contempla desde el andén el tren tiene una visión más amplia que la de la de quien lanza la pelota.
Pero, como también sucede con los distintos sistemas inerciales, si pudiésemos comunicarnos con la cigarra y ella nos hablase de una cigarra amiga suya, tan longeva que vivió "tres vidas", nosotros podríamos traducirlo fácilmente a nuestro lenguaje y decir que esa cigarra ha vivido: "un año y medio" (seis estaciones).
Hay que decir, por otra parte, que aunque la cigarra ignore cosas que nosotros sí conocemos, a cambio, nosotros no sabemos muchas cosas del mundo de la cigarra, a pesar de que su mundo parece en cierto modo inferior al nuestro.
Hay, pues, que recordar aquí aquella frase que se hizo célebre gracais a un anuncio de colonia: "Hay otros mundos, pero están en este". No sólo de abajo arriba, como del mundo de la cigarra respecto al nuestro, sino también al revés: hay mucha información que las cigarras o las abejas perciben y que a nosotros nos pasa inadvertida.
A principios del siglo XX, un biólogo llamado Jacob von Uexküll pretendía oponerse al darwinismo con argumentos realmente poderosos. Una de las cosas que decía Uexküll es que los animales de un determinado ecosistema viven en mundos diferentes. En el rico fondo marino, lleno de estímulos diversos (temperatura del agua, colores, formas, etcétera) una esponja sólo percibe dos cosas: me tocan/no me tocan.
Es como un ordenador digital: abierto, cerrado. A la esponja le importa un pimiento si lo que la toca es un pedazo de plancton verde, rojo o amarillo o un trozo de plástico, ella sólo percibe:
me toca|no me toca
abierto|cerrado
encendido|apagado
0|1
La esponja de Uexküll se parece al insecto de Zhuang Zi: vive en el mismo mundo que nosotros, pero como si no: de los cientos de miles de estímulos posibles sólo recibe dos.
En Cartas biológicas a una dama, un delicioso libro que escribió para la que iba a ser su esposa, la condesa Gudrun de Schwerin-Schwerinsburg, Uexküll pone varios ejemplos brillantes acerca de esto, que recuerdan muchísimo a Zhuang zi:
"Karl Ernst von Bauer ha utilizado estos
hechos para construir una tesis muy ingeniosa. Supone que la vida de los
distintos seres contiene el mismo número de momentos, pero con distinta
duración; de modo que unas veces el momento abraza centésimas
de segundo, y otras veces horas enteras. Existen empero animales que sólo
viven un año y otros que viven un día. ¿Cómo
se transforma para estos animales el aspecto del mundo, si su vida comprende
el mismo número de momentos que la nuestra?
Sí estuvieran provistos de entendimiento humano, los padres, al
morirse en otoño, después de su año de vida, dirían
a sus hijos que les espera todavía un largo período de vida, en
el que han de soportar los horrores del frío y de la nieve; pero que no
deben perder la esperanza, porque también a ellos les ocurrió lo
mismo en su juventud, y luego llegaron a mejores tiempos.
Los animales que no viven más que un día referirían
a sus hijos este tiempo de horror como una vieja leyenda. El día y la
noche serían meses para unos, media vida para otros.
A semejantes criaturas, todos los acontecimientos del mundo han de parecerles
enormemente lentos. La bala que sale de la pistola ha de parecerles quieta en
el aire. No deben tener ni idea del crecimiento de los árboles, como nosotros
no tenemos del de las montañas.
Por otra parte, pueden imaginarse criaturas cuyos momentos se extiendan
sobre un número mucho mayor de años. Para estos seres, las estaciones
cambiarían, como para nosotros cambian los días. Transcurriría
todo en un «tempo» acelerado. Las hierbas brotarían del suelo
como surtídores. Verdearían, crecerían y morirían
los bosques, como para nosotros las praderas. No se vería el sol; durante
breve tiempo aparecería en el cielo un arco de fuego seguido de una corta
oscuridad."
(Jacob von Uexküll, Cartas biológicas a
una dama, 43ss)
Lo que proponen von Baer y Uexküll nosotros tenemos la suerte de poder verlo gracias a la fotografía y el cine, que nos permiten ver en unos segundos el crecimiento de un árbol o durante minutos el abrirse de un párpado humano. Es fácil también hacer animaciones en Flash u otros programas para intentar entender cómo podrían ver el mundo esas fantásticas criaturas. Seguramente habrá ocasión más adelante de incluir aquí algunos ejemplos. En la película Koyaanitqatsi hay hermosos ejemplos de maneras de ver el mundo a diferente velocidad.
Es muy posible que Baer o Uexküll fuesen la inspiración de un hermoso cuento de H.G.Wells, El nuevo acelerador, en el que se cuenta la experiencia de alguien que percibe los años como instantes y ve literalmente crecer la hierba.
La conclusión de todo esto es que nosotros percibimos un mundo que no perciben las cigarras o las abejas, pero que tal vez ellas perciben mundos que nosotros ignoramos y nunca podremos conocer (esa es la tesis de Uexküll).
Pero, por ahora, lo que me interesa es mostrar que nuestros criterios acerca de las cosas dependen del marco de referencia desde el que las percibimos. Desde su limitado punto de vista la cigarra y la tortolilla desprecian al pájaro Kun, desde su estrecho mundo de estímulos, la esponja ignora miles de aspectos de la realidad que la rodea.
No hace falta ser esponja para percibir un mundo limitado: basta con tener poca curiosidad. Personas que viven en el mismo mundo y pertenecen a la misma especie, como los seres humanos, pueden vivir percibiendo miles de estímulos o sólo unas cuantas decenas. Depende de la curiosidad de cada cual, porque, como dice la psicología cognitiva, el ser humano no es un sujeto pasivo de laboratorio conductista, sino un buscador activo de información: no recibe pasivamente los estímulos, sino que también puede buscarlos.
Para volver a la relatividad de Zhuang Zi y a la de Einstein: es importante recordar que decir que todo es relativo no significa decir que todo vale lo mismo, que todo es lo mismo o cualquier otra sandez semejante.
EL INCULTO RELATIVISMO CULTURAL
Es cierto que el relativismo, precisamente, se ha entendido de esta manera tan sandía en los últimos decenios, dando origen al relativismo cultural, que excusa cualquier barbaridad siempre y cuando la cometa alguien que cree en cualquier cosa en la que no creemos nosotros. Un ejemplo: considerar, como hacen en casi todos los países musulmanes, que la mujer es un ser de inferior calidad que el hombre.
Dicen los relativistas culturales: "Para ti, que vives en el occidente cristiano o agnóstico, con unos valores determinados, lo lógico es pensar que hombres y mujeres tienen los mismos derechos, pero para alguien que vive en una cultura musulmana, lo lógico es pensar que la mujer está al servicio del hombre".
Sí, eso parece lógico desde ese punto de vista: si el punto de vista de uno es que los cristales son muy digestivos, comerá cristales con la conciencia culturalmente tranquila, pero eso no impedirá que se le perfore el estómago y muera al poco tiempo.
El que una cosa se explique en función de una cultura no significa que se justifique. Podemos entender que algo se hace de determinada manera por alguna razón, pero eso no nos impide opinar que tal costumbre, por muy coherente que sea con su sistema de referencia cultural es absurda, injusta o cruel.
Afortunadamente, también los sistemas de referencia culturales, como los inerciales de Einstein, pueden ser relacionados, comparados y discutidos, aunque algunos discípulos de Kuhn, parezcan pensar lo contrario (no el propio Kuhn, o no siempre, me parece).
La apertura a otras culturas no significa aceptar cualquier cosa si viene con un sello cultural (que suelen imponer, los explotadores y jerarcas de cada cultura, por cierto).
La apertura significa escuchar con atención, discutir y modificar nuestros criterios si pensamos que tiene razón el otro, o intentar modificar los del otro si pensamos que tenemos razón nosotros. Sostener que diga lo que diga el otro es válido porque pertenece a otra cultura, no es respetar a las otras culturas y personas, sino despreciarlas: es como decir que no merecen siquiera que gastemos razones con ellas.
Montaigne entendía el relativismo como un diálogo que nos permite aprender y enseñar. Señaló que muchas de nuestras ideas eran sólo prejuicios de nuestra cultura y mostró que en muchos aspectos otras culturas opinaban de otra manera. Pero para Montaigne, eso no significaba que cada loco con su tema, sino que esas diferencias nos deberían hacer pensar si no sería más razonable, por ejemplo, caminar desnudos, al menos en verano, o al menos en la playa. Si no sería más razonable, como también decía Diderot en su Suplemento al Viaje de Buganville, que nos amasemos de manera natural y que no tuviéramos miedo del sexo. Es decir, el relativismo de Montaigne es lo contrario que el de los relativistas culturales, no busca maneras de justificar el absurdo y la injusticia (siempre y cuando los cometa otra cultura) sino aprender lo bueno de otras culturas y enseñar lo bueno de la nuestra. Steven Pinker pone un ejemplo muy divertido cuando habla de un chamán siberiano y dice que es un farsante, un engañabobos, como lo es un mago de feria. Aunque parezca sorprendente, los antropólogos no suelen tenerlo tan claro y hablan de los chamanes como si realmente hicieran magia. Como dice Pinker, "nunca miran detrás de la cortina para descubrir el truco". Esta falta de juicio crítico cuando los protagonistas son exóticos es, insisto,una muestra de desprecio y de racismo más que de respeto, y explica la credulidad con que fueron acogidos los escritos del célebre antropólogo farsante Carlos Castaneda.
Afortunadamente no somos esponjas y la comunicación entre personas de distintas culturas es posible. De hecho es constante, aunque a menudo sólo lo haya sido a través de la violencia.
Mussolini, en un discurso muy elocuente, decía que los sabios de Europa habían llegado a la conclusión de que no se pueden comparar de manera racional culturas distintas (¡esto mucho antes de los paradigmas de Khun!). La consecuencia que sacaba el líder fascista era la misma a la que conduce el relativismo cultural en última instancia: "Puesto que no se pueden comparar de manera racional ideas procedentes de diversas culturas, lo único que queda es la fuerza: la cultura más fuerte ha de prevalecer mediante el uso de la violencia si es necesario." No es un pensamiento muy original, puesto que así se han relacionado las culturas desde el inicio de los tiempos: "O aceptas mis normas o te mato". Pero algunos pensamos que las culturas sí son comparables y que es preferible que nuestras ideas se maten entre ellas a que lo hagamos nosotros.
Del mismo modo que el marco de referencia del insecto o el del pasajero del tren sólo dan cuenta de una realidad limitada, el marco de referencia de una cultura particular es sólo un fragmento de un marco de referencia mayor, que es la humanidad. Quizá haya otros mayores, pero, ¿por qué quedarnos en la visión del insecto pudiendo alcanzar, al menos, la del pájaro Kun? ¿Por qué quedarnos con Khun pudiendo quedarnos con Kun?
Como sucede en el universo, tampoco aquí, en el mundo cultural y moral, hay verdades absolutas ni puntos fijos de referencia. Es una tarea sin fin, sometida a continua discusión y revisión y por ello muy excitante.
Así pensaban Montaigne y Diderot y así pienso yo también.
¿Y QUÉ PENSABA ZHUANG ZI?
Lo mismo que nosotros tres, me parece, al menos en estos primeros textos de su libro, pues él se burla de los "animalejos" que creen conocerlo todo y viven sin saberlo en una miserable charca.
Es cierto que después dice que los que se creen sabios son como esos animalejos, y menciona a un tal Song Rong zi que no cometía los errores de esos sabios presuntuosos. Alguien que, a pesar de ser mejor que esos sabios o príncipes no se preocupaba de parecerlo ni de buscar renombre.
También menciona a un tal Lie Zi (que ha dado nombre al tercer libro del taoísmo), que era casi perfecto y podía volar, pero que aún dependía de algo, el aire que le sostenía como al pájaro Kun.
Pero, de este asunto del desprendimiento de las cosas, o al menos de lo que el Eclesiastés llamaría las vanidades del mundo, seguro que habrá ocasión de hablar más adelante.
Aquí sólo quiero recordar que Zhuang zi ridiculiza al insecto que cree que su pequeño mundo es el mundo y al sabio que se cree mejor que el insecto, pero no dice que todo sea igual: el ave Kun o el sabio conocen un mundo más amplio que el del insecto, pero están aún lejos de Song Rong zi.
El texto de este primer punto del Libro Primero termina con una frase que se parece mucho a las del Lao zi (Tao Te King):
"El hombre perfecto no tiene yo, el hombre espiritual no tiene éxito, los grandes sabios no tienen nombre".
También de esto hablaré más adelante, pero ahora quiero referirme a otro parentesco de Zhuang zi. El que le une a Platón.
EL MITO DE LA CAVERNA Y EL AVE KUN
A menudo se han comparado las ideas de Zhuang Zi con las que expresa Platón en un célebre pasaje de La República de Platón: el mito de la caverna.
Para quienes no conozcan el mito o no hayan leído el original de Platón, lo reproduzco aquí. Yo creo que conviene leerlo de nuevo, aunque ya se conozca de sobra. Siempre se descubre algo nuevo.
La caverna de Platón ha inspirado a lo largo de la historia muchas variantes, como el mundo de Planilandia o Flatland, un cuento de Lovecraft llamado Polaris, otro que escribió Cortazar inspirado en aquél, o la caverna virtual de Rudy Rucker. Su último ejemplo es la película Matrix.
La fábula de la mariposa de Zhuang zi es otra manera de expresar este mito: soñamos que somos una mariposa pero tal vez seamos un ser humano soñado por una mariposa. Matrix es la mariposa cibernética o digital de Zhuang zi.
En este momento (sé que el tema será tratado más adelante en el Zhuang zi), sólo quiero mencionar esta coincidencia entre Zhuang Zi y Platón: el limitado mundo que ven la cigarra y la tortolilla que se burlan del pájaro Peng es como el limitado mundo que ven los prisioneros de la caverna de Platón. Los prisioneros y la cigarra y la tortolilla, viven en un mundo mucho mayor que aquel que son capaces de percibir. Del mismo modo que la cigarra y la tortolilla se ríen del pájaro Peng, así los prisioneros se burlan y acaban asesinando al compañero que consigue liberarse y ver el mundo real. Ellos no creen que exista un mundo real mayor que el que perciben en las sombras de la pared, del mismo modo que el insecto que muere al atardecer no creerá que existe la luna.
NOTA ACERCA DE JACOB von Uexküll
Por cierto, dije que von Uexküll tenía poderosos argumentos en
contra de la teoría de la evolución de Darwin. Es cierto que
eran poderosos, creo, pero los mejores no chocan realmente con la teoría
de Darwin, sino que son perfectamente compatibles con ella.
Lee antes el texto de Zhuang zi: 002
El anterior apartado del Zhuang zi mencionaba a algunos personajes que destacaban por no necesitar nada, o casi nada, como Lie Zi, que volaba pero aún necesitaba el aire para sostenerle.
En este segundo apartado del Nei Pian, primero de los libros interiores, se trata el asunto de qué es lo que realmente importa: el poder y la gloria, las diversas vanidades del mundo, u otra cosa.
La historia comienza con el emperador Yao. El emperador Yao es uno de los legendarios emperadores de China.
Los emperadores legendarios son anteriores a la primera dinastía conocida de China, la Xia, que se inició hacia el año -2100.
Es una buena ocasión para conocer a los emperadores legendarios:
Youchao, el primero
Suiren
Fuxi
Shendong
Huang Di
Yao
(hacia -2356)Shun
Yu, el último
Como se ve, Yao es uno de los tres últimos emperadores. Poco a poco iré contando más cosas acerca de todos ellos. Son muy importantes porque los filósofos y los ideólogos de China siempre han utilizado a los emperadores legendarios para justificar sus teorías.
Por ahora, basta con saber que aunque la época de los emperadores legendarios es vista de manera diferente por las distintas escuelas filosóficas chinas, todos o casi todos están de acuerdo en que fue una época mejor que la que se inició con la dinastía Xia. Así que cuando Zhuang zi menciona al emperador Yao lo hace como quien menciona a alguien digno de ser admirado e imitado.
Resulta que Yao abdicó del gobierno del mundo, es decir del gobierno de China, pues los chinos han sido a menudo tan o más etnocentristas que los llamados occidentales y consideraban, al igual que la mayoría de los griegos y que los romanos durante gran parte de su historia, que más allá de sus fronteras sólo había "bárbaros". Decir "China", llamada también el Imperio del Centro, era casi lo mismo que decir "El mundo".
Pues bien, el legendartio Yao abdica del gobierno del mundo, busca un sucesor y elige a un tal Xu You.
Quien haya mirado la lista de los emperadores legendarios, ya se habrá dado cuenta de que Xu You no es el emperador que sigue a Yao. Eso siginifica que este tal Xu You no gobernó el Imperio que le ofrecía Yao.
La razón la explica Zhuang zi: Xu You no quiso aceptar ese regalo increible y renunció a gobernar el mundo. Xu You le dijo a Yao:
"Vos gobernáis el mundo, y el mundo permanece en orden. ¿Habría yo de ocupar vuestro lugar para así ganar renombre? "
A continuación, Xu You le explica al emperador que el renombre o la fama es sólo un "huesped de la realidad".
Con ello quiere decir de una bonita manera que la fama es sólo un subproducto de otra cosa, algo añadido sin importancia real, sin verdadera realidad en definitiva, o con una realidad dependiente de otra más importante, como el humo que sale del fuego.
Para qué va a querer él, dice Xu You ser huésped pudiendo habitar en la realidad misma.
Finalmente, Xu You renuncia con un acto de modestia ("Que no sabría yo qué hacer con el mundo"), al que sigue otro de soberbia:
"Aunque falten los cocineros, el oficiante del funeral y el representante del difunto no dejarán los vasos y bandejas rituales para ir a cocinar".
Con esto se refiere a la costumbre que había en los funerales de que una persona representase al muerto y recibiese las ofrendas en su nombre. Si en el funeral han faltado los cocineros, no por ello van a interrumpir la ceremonia el oficiante y el representante del muerto para ponerse a cocinar.
La soberbia de la respuesta se debe a que Xu You le está diciendo al emperador:
"Lo que yo hago y tengo ahora es más importante que lo que haces tú. Gobernar el mundo es como cocinar en un funeral, una tarea secundaria, mientras que lo que yo hago es equivalente en importancia al funeral mismo".
A menudo, en los textos taoístas, se ven situaciones parecidas, en las que un sabio renuncia a fama, honores y poder, pero lo hace porque lo que él tiene es superior a lo que le ofrecen. Modestia y soberbia se unen casi siempre en estas renuncias, como sucedía con los cínicos griegos.
Se cuenta la anécdota de Diógenes el cínico, que vivía en un tonel y al que fue a visitar el mismísimo Alejandro Magno, que había conquistado ya gran parte del mundo conocido (China no era conocida, así que el macedonio se quedó a las puertas de la India).
Alejandro fue personalmente a ver al cínico Diógenes y le dijo: "Qué deseas de mí, Diógenes?". Diógenes, sentado junto a su tonel le respondió: "Que te apartes un poco y no me quites el sol".
Esta respuesta quizá recuerde a alguno aquello que hacían los cuáqueros y que cuenta Voltaire en un texto al que me referí en Zhuang zi 001: los cuáqueros trataban de "Tú" al mismo rey de Inglaterra.
Quien mejor ha mostrado esta modesta soberbia de los cínicos es tal vez Platón. Se dice que en una ocasión Diógenes fue a visitar la Academia de Platón, o el hogar del filósofo tal vez, y que allí había muchas alfombras lujosas. Diógenes empezó a pisotearlas de manera llamativa y cuando le preguntaron qué hacía respondió: "Pisoteo la soberbia de Platón".
A lo que Platón respondió: "Con otra soberbia, Diógenes, con otra soberbia".
Ahora bien, también es cierto que no hay ninguna razón por la que debamos llamar a alguien excelencia, ilustrísima o incluso tratarle de usted. Ninguna razón excepto la prudencia. Yo creo, con los anarquistas, que ningún hombre ha de humillarse ante otro y que ningún hombre puede disfrutar o aceptar la humillación de otro. Si yo hablase con el Rey de España o con el Papa, no utilizaría ningún título y sólo les trataría de "usted" si ellos lo hicieran conmigo. No por soberbia, sino por lo que he dicho antes.
Ahora bien, si mi vida estuviera en peligro o me viera expuesto a ser encarcelado, como les sucedía a los cuáqueros, creo que utilizaría cualquier fórmula que me librase de tales consecuencias. Mi repulsión hacia la humillación es menor que mi repulsión hacia el martirio.
Enfrentarse a un poderoso al que no puedes vencer no es en realidad luchar contra él, sino entregarte a él, dejar que sea él quien decida sobre tu vida y facilitarle la eliminación de un enemigo: todo para él, nada para quienes luchan contra él, a no ser que uno crea en las virtudes del ejemplo del martir, cosa que, me temo, no ha servido nunca para nada.
Pero quizá me equivoco. Si alguien conoce un ejemplo de martirio efectivo, estoy dispuesto a moderar mi posición o a modificarla (si son muchos ejemplos).
Así que Diógenes le dijo eso a Alejandro, si es que se lo dijo, porque sabía que podía tirar de la cuerda un poco.
Se dice que Alejandro dijo que, habría querido ser Diógenes de no ser Alejandro, no se sabe si antes o después del supuesto encuentro entre ambos.
Si Xu You le dijo eso a Yao es probablemente porque Zhuang zi se inventó la anécdota o porque Yao era un emperador muy bondadoso.
Otros filósofos, taoístas o no que quisieron imitar a Xu You no tuvieron tanta suerte y su modesta soberbia fue castigada con la muerte o con el destierro.
Pero, ¿quien es este Xu You que se atreve a hablar así al emperador Yao?
Según cuenta Carmelo Elorduy, un comentarista de la dinastía Tang dice que Xu You (Hsü Yu) era un consejero del emperador Yao. Añade Elorduy, o el comentarista Tang, que Xu You tras negarse a aceptar la oferta del gobierno del mundo, incluso se fue a lavar los oídos que habían escuchado "tan inmunda invitación". Esto es soberbia.
Este asunto volverá a ser tratado, sin duda.
LAS ANTORCHAS A PLENO SOL
Antes de ofrecer el trono a Xu You, el emperador Yao se denigra a sí mismo y elogia a su consejero.
«Luego que el sol o la luna han salido, si las antorchas que aún arden quisieran competir con ellos, ¿no sería cosa harto difícil? Cuando la lluvia de temporada ha comenzado a caer, seguir acarreando agua por ver quién mejor ha de regado, no sería cosa vana?
El emperador es como una antorcha encendida cuando el sol (su consejero) brilla. La luz del emperador no añade nada a la luz mayor que todo lo baña.
Es sabido que a a pleno sol es difícil percibir una luz pequeña y que, por ejemplo, cuando se graba para cine o televisión una escena con fuego (un mechero, una hoguera a pleno día) hay que utilizar diversos trucos para que ese fuego se vea.
Esa excelente comparación de Yao nos puede servir para recordar que aunque nosotros no las veamos, durante el día, las estrellas permanecen el el cielo. ¿Por qué no las vemos? Porque su luz queda subsumida en la luz mayor del Sol.
Al amanecer, podemos ver Venus (la estrella der la mañana) y a veces la Luna, pero enseguida desaparecen. Siguen ahí, pero la claridad del Sol nos ciega. invisible
Es bueno recordar esto, porque a veces las cosas están ahí, pero no las vemos porque otras cosas nos impiden verlas o porque se enmascaran o diluyen o se hacen invisibles en el entorno.
Por ejemplo: yo he escrito la palabra invisible en este documento, pero seguramente tú no la has visto. ¿La ves ahora?
invisible
Sí, porque aquí está escrita con letras negras sobre fondo blanco, pero también está escrita dos párrafos más atrás, tras "la claridad del Sol nos ciega". Pulsa y arrastra el ratón y la verás.
Pero lo que Yao quiere mostrar con esa comparación es la inutilidad de una antorcha frente al Sol, su propia inutilidad como o gobernante del mundo frente a Xu You: "Tan absurdo como regar cuando ya llueve sobre los campos".
Isaac Asimov usaba un argumento semejante para negar o dudar de la existencia de Dios, o al menos de un Dios bondadoso: mientras la gente se muere de sed en tantos lugares de África, llueve en medio del océano, donde no le sirve a nadie.
Al final del apartados se dice que Yao se fue a visitar a los cuatro maestros y se desengañó del mundo. Estos cautro maestros eran:
Wang Ni
Ni Que
Bo Yi
y Xu You...
...el que renunció al Imperio, así que es posible que esa conversación entre Yao y Xu You tuviera lugar precisamente en el encuentro con los cuatro maestros. Al parecer, el texto de Zhuang zi ha sufrido muchas modificaciones y ya habrás notado, lector, que en ocasiones parece repetirse la misma historia dos o más veces. También de esto hablaré en otro momento
EPÍLOGO A XU YOU
Debido a una traviesa causalidad, tras escribir acerca de Xu You todo aquello de la soberbia y compararlo con el cínico Diógenes, he leído un texto de un poeta chino del siglo III de nuestra era que dice exactamente lo mismo que yo.
He de confesar que ya había leído este texto hace años (lo incluye Octavio Paz en su traducción de varios pasajes del Zhuang zi), pero no me acordaba de él hasta volver a leerlo ahora.
Pues bien, el poeta del siglo III se llama Hsi Kang y es también muy interesante: al parecer era considerado un enemigo del Estado y de la sociedad, contrario a la práctica de los ritos y all culto a los antepasados, a sí como a la fidelidad filial y la obediencia al trono que preconizaban los confucianos.
Hsie Kang, este poeta quizá semejante a Xu You, parece saber algo más acerca del encuentyro entre Yao y Xu You:
"Xu You había sido el maestro de los emperadores Yao y Shun. El primero, fatigado de sus trabajos,lo llamó: "Maestro, si aceptas el trono, el Imperio y el universo entero vivirán en armonía".
Xu You respondió: "la gloria es la sombra de la realidad? ¿A qué buscar la sombra cuando tengo el cuerpo?" Y huyó hacia los pantanos.
Ahí encontró al "ermitaño encaramado", un viejecillo que, retirado del mundo, se había hecho un nido entre las ramas de un árbol y dormía entre sus hojas. Xu You le contó lo ocurrido.
El ermitaño le respondió: "¿Por qué no te escondiste desde el principio, por qué dejaste que el mundo se deslumbrase con tus méritos? El verdadero sabio es invisible. Tú ya no eres mi amigo". Y empujándolo con fuerza, lo arrojó del nido.
Confuso y trastornado, Xu You vagó por las soledades, hasta que encontró un arroyo. Allí se detuvo para lavarse los ojos y las orejas, mientras decía para sí: "Las palabras que dije ofuscaron a mi amigo". Después se perdió para siempre, sin que nadie haya vuelto a saber de él.
El ermitaño, por su parte, pensó que las palabras de Xu You habían manchado sus orejas. Descendió del árbol y fue a lavarse al mismo arroyo. Pero el genio del riachuelo, irritado, se nubló y le dijo: "¿Por qué quieres ensuciar mis aguas?"
En esta historia, que ayuda reconstruir el encuentro de Yao con los cuatro sabios (ya conocemos a dos, Xu You y el "ermitaño encaramado") parece que cada uno lucha por estar más desprendido del mundo que el anterior, y también por mostrar una mayor soberbia en su modestia. Tal vez el río sea el tercer sabio.
Después de lo que dije antes acerca de la prudencia y del martirio, de los cuáqueros, de Diógenes y Alejandro, o del propio Xu You, que huyó tras rechazar el Imperio, creo que es un buen final saber que el poeta irreverente que nos cuenta esta última historia, Hsi Kang, fue decapitado.
Lee antes el texto original del Zhuang zi: 003
En esta última sección del libro primero interviene Hui Zi, quien le cuenta a su amigo Zhuang Zi que el rey de Wei le regaló una semilla de calabaza gigante.
Este rey de Wei se llamaba también Hui, como el amigo de Zhuang Zi, pero no hay que confundirlos. En China había y creo que todavía hay, pocos nombres propios de persona.
Eso también sucedía en la antigua Roma, donde había unos cuantos nombres de varón: Gayo, Aulo, Appio, Marco, etcétera, y los que se ponían a los hijos según el orden de su nacimiento: Quinto, Decio, Sexto... Para las mujeres también había unos pocos nombres propios y además solían utilizar no su nombre propio o praenomen sino la forma femenina de su nomen (el nombre de su gens o clan). Por ejemlo: Claudia o Cornelia.
La costumbre de usar pocos nombres se fue relajando con el tiempo y quizás debido a la influencia que sobre la culturta romana ejercieron los pueblos conquistados.
Es muy interesante observar cómo cambian los nombres en distintos períodos históricos. Si lees una obra del siglo XVII francés, encontrarás muchos nombres que hoy en día casi nadie pone a sus hijos. A menudo se puede saber la época en que ha sido escrita una obra mirando simplemente los nombres personales. Esto sucede incluso en la Grecia antigua: los nombres de la época de Sócrates suelen ser muy distintos a los de la época alejandrina. No sé si existe algún estudio detallado acerca de este asunto, que resulta muy interesante. En cuanto a si eso sucede en China o no, mi ignorancio me impide contestar en uno u otro sentido. A menudo, desde Hegel, e incluso desde Lichtenberg se ha dicho que en China nunca cambiaban las cosas y se decía que era un Imperio inmóvil a través de los siglos, pero ahora sabemos que eso es un error tremendo. A primera vista da la impresión de que en China hay pocos nombres propios y me parece recordar que también existió en algún momento una norma acerca de la limitación de nombres. Es frecuente, por ejemplo, encontrar en el reparto de una película muchas personas con nombres como Li o Yang o Shang.
Pero tal vez sea una impresión errónea, como la de alguien que pensara tras ver una película española que casi todos nos llamamos García o Fernández, o Juan, Jose o Pedro.
Más adelante, cuando haya otra ocasión, hablaré de los nombres y apellidos chinos.
El caso es que el rey de Wei que habló con Hui Zi se llamaba también Hui.
Para aumentar la confusión el Estado sobre el que reinaba se llamaba de dos maneras: Wei y Liang. La causa era que aunque al principio el estado de Wei se hallaba en la provincia del Hedong, por causa de las guerras tuvo que abandonar Hedong y establecerse en Da Liang.
Vuelvo a la historia de la calabaza. Resulta que el rey de Wei le dio a Hui Zi unas semillas de calabaza gigante y que nació, como era previsible, una calabaza gigantesca. Era tan grande, dice Hui Zi, que no servía para nada: no podía trasportar líquidos porque resultaría pesadísima y ni siquiera dividida en dos podría colocarla en ningún sitio. Así que Hui la hizo pedazos.
Al oírlo su amigo Zhuang le cuenta la historia de una familia que tenía un ungüento para que las manos no se agrietaran y que usaba ese ungüento para lavar la seda en invierno. Sin embargo, un día un forastero ofrece a la familia una gran suma por la receta del ungüento y se la venden. El forastero se va al reino de Wu y se ofrece a dirigir los ejércitos contra el reino de Yue. Aunque en el libro no se explica en detalle, gracias al ungüento, los soldados de Wu pudieron sostener con firmeza las armas en pleno invierno y derrotaron a sus enemigos. En recompensa, el rey de Wu le dio un feudo al forastero.
Así que, dice Zhuang zi, una misma cosa puede servir para propósitos muy diferentes. Después le dice a Hui Zi cómo podría haber usado esa calabaza gigante: con unas cuerdas podía haber sido uan especie de flotador para navegar por lagos y ríos.
En el Zhuang Zi, como ya se verá, a menudo se insiste en que no hay que apegarse a la tradición (el uso habitual que se le da a una calabaza o a un ungüento en este caso) y se defiende la innovación. En esto, las ideas de Zhuang Zi son muy diferentes a las de la mayoría de los fiñlósofos chinos, especialmente los confucianos, pero también los taoístas, que suelen defender un cierto inmovilismo, mirando hacia el pasado, hacia los reyes legendarios en vez de hacia el futuro. Confucio y otros taoístas coinciden en eso con Platón, quien también, y aunque resulte asombroso al ver la variedad de sus ideas, era partidario de la tradición. Esta es una de las razones, supongo, que han hecho dudar a algunos estudiosos de que Zhuang Zi fuera realmente taoísta.
Otra lección que se puede sacar de las historias de la calabaza y el ungüento es que no nos debemos dejar dominar por nuestros prejuicios o ideas preconcebidas. No debemos ser, como se decía en los apartados anteriores Zhuang Zi, como la cigarra que cree que su reducido mundo es el mundo y no debemos pensar que una cosa sólo sirve para aquello que siempre ha servido.
El libro primero del Zhuang Zi termina con una historia en la que Hui zi, sin duda molesto porque su amigo le ha acusado de tener cortas entendederas le dice que sus ideas son como un árbol de ailanto de ramas retorcidas y nudoso: grande pero sin provecho.
Zuang Zi vuelve a replicar a Hui Zi y le da un ejemplo de lo que se podría hacer con ese árbol que parece que no sirve para nada: plantarlo en la desolada vastedad para así disfrutar de su sombra y frescor.
Y además, dada la deformidad de este árbol, a nadie se le ocurrirá cortarlo.
Esta es, precisamente, una de las ideas más interesantes del Zhuang zi, que será desarrollada más adelante: la virtud de ser inútil.
Antes de acabar con este tercer capítulo dedicado al Zhuang Zi, queda algo muy importante: ¿Quién es el amigo de Zhuang Zi? ¿Quién es Hui Zi?
HUI ZI
Hui Zi era un filósofo que vivió entre los años -370 y -310. Es uno de los más interesantes de una época llena de gente interesante.
Se llamaba Hui Shi o Hui Zi, que quieres decir maestro Hui, y pertenecía a la Escuela de los Nombres (Ming Jia), llamados también logicistas, que han sido comparados con los sofistas griegos.
Otro célebre filósofo de la Escuela de los Nombres es Gongsun Long, el autor de la paradoja que dice que un caballo blanco no es un caballo, que puedes leer gracias a a este vínculo:
Un caballo blanco no es un caballo
Resulta que el Zhuang Zi es precisamente una de las fuentes principales para reconstruir las ideas de Hui Zi, ya que su libro, el Hui Zi, se perdió, dice Preciado Ydotea "en época temprana", lo que es una verdadera lástima.
En el capítulo XXXIII del Zhuang Zi, se exponen en detalle las ideas de Hui Zi. Si algún día llego a comentar ese capítulo, será el momento para hablar de Hui Zi y de su amistad con Zhuang Zi.
(Daniel Tubau, 17-18 de junio de 2004)
LIBRO
II
De la unidad de los seres
Capítulo 1
LA MÚSICA DEL CIELO
[Lee antes el texto original del Zhuang Zi]
El libro segundo del Zhuang Zi se inicia con varios capítulos de muy difícil interpretación. La historia comienza con un tal Ziqi de Nanguo, que parece estar en éxtasis. Un discípulo le interrumpe y Ziqi le dice que durante un rato había perdido su yo. Además Ziqi le reprocha a su discípulo que aunque ha oído la música de los hombres no ha oído la de la tierra y la del cielo.
La música de la tierra, le explica es la que produce el viento al atravesar todas sus oquedades. Pero, dice el discípulo, ¿cuál es la música del cielo?
Ziqi responde de manera ambigüa o repite lo mismo que dijo para la música de la tierra: "es toda la variedad de sones que el viento hace brotar de las innúmeras oquedades". La música del Cielo, entonces, parece que incluye a la de la Tierra y a cualquier música que el viento provoca.
Termina con una pregunta que varía según las traducciones:
"Mas, ¿acaso hay alguien en el origen de todo esto?"
"Con el soplo todas las cosas se discriminan y singularizan. Cada ser toma lo suyo. Pero ¿qué es lo que a ello les impulsa?"
Yo no sé a qué se refiere aquí Ziqi: ¿se está preguntando por aquello que hace que exista el viento mismo que produce esa música (la de las flautas, las cavernas y los bosques, la de la Tierra y el Cielo)? ¿O por el origen de ese viento o aire?
Tal vez los próximos capítulos, leídos con detenimiento, aclaren algo la cuestión. Ziqui y su discípulo Yancheng Zoyou vuelven a aparecer en capítulos posteriores del Zhuang Zi.
Esta música de la Tierra y del Cielo me recordó a la música de las esferas de las que hablaban ya los pitagóricos: la música de los astros en su movimiento. Aunque en el espacio exterior no hay sonido, es perfectamente posible imaginar que la órbita de cada planeta y la velocidad a la que se mueve puede ser traducida en música y que quizá se podría así escuchar una sinfonia estelar. Fray Luis de León escribió un hermoso y famoso poema dedicado al músico ciego Francisco Salinas en el que comparaba su música con la de las esferas:
"Traspasa el aire todo
hasta llegar a la más alta esfera,
y oye allí, otro modo
de no perecedera
música, que es la fuente y la primera."
[El poema entero, con un interesante comentario en: Oda a Francisco Salinas]. Hay otro poema que habla de Salinas que no consigo encontrar, pero que confío en recuperar pronto.
La sinfonía de los planetas de Gustav Holst quiere imaginar esa música del Sistema Solar.
Y hace pocos días supe que una la sonda espacial Casini había descubierto música en los anillos de Saturno. Parece que los anillos son algo así como los surcos de un disco vinilo y que desprenden música cuando son golpeados por asteroides (que cumplen la función de la aguja del tocadiscos).
Información en Astroseti
Si quieres escuchar la música de los anillos de Saturno:
(martes 07 de diciembre de 2004)