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Dedicación
En su adolescencia François Truffaut consideraba una cuestión de honor ir a ver tres películas diarias y leer, solo o con un amigo, tres libros a la semana, aunque fiándose únicamente de sus juicios de valor.
Seguramente es un ejemplo más de cómo las personas que destacan en ciertas actividades, y que a menudo son llamadas “genios”, tiene detrás un montón de horas de dedicación. Es algo que pienso desde hace mucho tiempo y que, al parecer, Malcom Gladwell defiende en su último libro.
Otro ejemplo también relacionado con Truffaut:
Le Corbeau, de Henri Georges Clouzot, lo conoce plano por plano, palabra por palabra.
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Malcom Gladwell, en efecto, muestra en su libro Fueras de serie, que cualquier persona que ha destacado en un arte o profesión ha dedicado un mínimo de 20.000 horas a su obsesión. Algunos, como Mozart, empezaron muy temprano, pero también emplearon esas horas, ese tiempo. Esto contradice muchas de las ideas acerca del genio innato o de la inspiración súbita de las musas .
Parole, parole al revés
Una divertida variación del clásico Parole, parole, en la que Mina y Adriano Celentano se intercambian los papeles. Al final incluso aparece Alberto Lupo, que hacía el dúo original con Mina.
La inmortalidad y los libros
La inmortalidad
Como expliqué en otra entrada de esta presentación (Antólogos, prólogos y errores), el relato al que se refiere Juanjo es El último siglo mortal, en cuyo epílogo hay una referencia a esa conversación que mantuvimos hace muchos años y en la que hablamos acerca de la inmortalidad.
A pesar de que las religiones suelen prometer alguna forma de inmortalidad, es cierto que algunas, como el budismo, prometen la mortalidad: eso es algo que desconcierta a lo antólogos, como se puede ver en el comentario que hacen al relato mencionado (en Recuerdos de la era analógica).
El asunto de la inmortalidad fue comentado en otro momento de la presentación. Cuando edite todo el vídeo, agruparé estos bloques temáticos.
Ateo, agnóstico... ¿católico?
Respecto a lo de ateo, agnóstico y escritor en revistas católicas, Juanjo se refiere a muchas conversaciones acerca de este tema en las que yo me he definido como ateo o como agnóstico. Y en cierto modo soy ambas cosas.
Soy ateo si de lo que hablamos es de las diversas religiones que presumen de conocer la voluntad o los mensajes revelados de Dios o los dioses: creo que mienten todas. Todos los libros revelados y todos sus profetas. No conozco ninguno que me merezca confianza y estoy seguro, hasta donde uno puede estar seguro de algo, de que todos eran o alucinados o farsantes.
Pero soy agnóstico si lo que se discute es acerca de la existencia o no de Dios o los dioses. Aunque considero muy improbable la existencia de algún ente divino, no puedo negarlo de forma categórica.
Claro, alguien dirá que soy dogmático en mi ateísmo y que también podría ser agnóstico en lo que se refiere a los dioses y religiones concretas, porque no hay nada que se pueda demostrar de forma indiscutible.
Cierto, pero no creo que nadie de los que me reprochen eso pueda demostrar que no existan los unicornios, o Tartarín de Tarascón, o el oso Yogui, pero eso no impide que afirmen con una gran seguridad (que no les reprocho) que esos seres no existen, excepto en los libros o los dibujos animados. Lo mismo pienso yo de esas otras creaciones de ficción que son los dioses.
En cuanto a lo de que escribo en revistas católicas, tiene razón Juanjo: se refiere a El Ciervo, una revista de católicos progresistas en la que he publicado algún texto, como uno en el que contaba cómo veía mi muerte:
Cómo veo mi muerte
En la adolescencia decidí que iba a vivir 139 años. No se trataba de una cifra casual: quería conocer tres siglos, el XX, el XXI y el XXII. Si voy a vivir 139 años, todavía me queda mucho tiempo antes de que la muerte empiece a preocuparme.
Descartes también quería vivir mucho tiempo, aunque se conformaba con cien años. Pero la reina Cristina de Suecia le convenció para que le diera clases de filosofía, y Descartes murió de frío en aquel lejano reino a los cincuenta años. Sin embargo, antes del viaje a Suecia, Descartes le confesó a un amigo que ya había encontrado el remedio contra el temor a la muerte: “Ahora me da igual morirme”.
Lo mismo me sucede a mí: ya no me preocupa la muerte. Sigo deseando alcanzar los 139 años, e incluso la vida eterna, pero ya no me inquieta morir en cualquier momento. Lo que me preocupa no es la muerte, sino disfrutar de la vida: no discutir, no deprimirme por nimiedades, amar y respetar a los demás, descubrir cosas nuevas, recibir también un poco de amor y, en definitiva, ser feliz, cosa que consigo muy fácilmente. Algo me hace sospechar que vivir así me hará más fácil morir.
Por otra parte, deseo morir lentamente, porque soy una persona muy curiosa y me gustaría experimentar también esa situación, y no que me sobrevenga sin enterarme.
Puedes encontrar más información en mi página Mortal, dedicada, precisamente, a la mortalidad.
Libros analógicos
De la extraordinaria edición que ha hecho Evohé de Recuerdos de la era analógica, se habla en otro momento de la presentación, que subiré más adelante.
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RECUERDOS DE
LA ERA ANALÓGICA En: Casa del Libro, Laie, La isla, Proteo, La Central, L'Arc de Berà, Abacus |

La distinción entre ciencia y no ciencia
En los últimos años el debate entre diversas creencias y la ciencia ha vuelto al primer plano: la homeopatía, las flores de Bach, la teoría de que las vacunas no sirven para nada, las diversas filosofías o técnicas orientales (reyki, yoga, ayurveda).
Algunas de estas ideas o hipótesis irán entrando en el corpus científico-técnico, otras seguirán quizá por siempre en el limbo de lo dudoso; otras serán sin duda descartadas como mera palabrería.
En mi opinión, una de las que será descartada, al menos en su forma actual, es la homeopatía, que en nuestros días ocupa un lugar en el imaginario colectivo semejante a lo que fue la frenología en el siglo XIX e inicios del XX.
La frenología consideraba que la forma del cráneo revelaba la personalidad y que se podía distinguir a los criminales, a los líderes o a los artistas observando el tamaño y la forma de su cráneo.

Durante mucho tiempo la frenología fue considerada por muchos expertos como una ciencia, e incluso había médicos que la aplicaban de modo oficial, como hoy se aplica la homeopatía y se estudia en algunas universidades:
La Sociedad Británica de Frenología se fundó en 1881. Para entonces, era común ver en los consultorios médicos unos peculiares modelos de cabezas diseñados por el americano Lorenzo Fowler. Dichos modelos ilustraban los diversos órganos de las facultades. Las parejas jóvenes a menudo se sometían a lecturas prematrimoniales para determinar su compatibilidad, y los científicos de la aptitud coleccionaban cráneos con "bultos" que delatasen los rasgos de sus dueños originales, como quien colecciona curiosidades.
(E.J.Wagner, La ciencia de Sherlock Holmes)

Moriarty, el temible enemigo de Sherlock Holmes, era
un creyente en la frenología, aunque el cráneo del
célebre detective le decepcionó: "Tiene usted un desarrollo
frontal menor al que habría esperado"
Con el tiempo, la frenología acabó siendo arrojada al desván de las supersticiones.

El fracaso de la frenología nos enseña varias cosas. En primer lugar, que la ciencia y los científicos se equivocan a menudo.
En realidad, todo el mundo se equivoca: los científicos, los religiosos, los políticos, las madres y los padres, los hijos, los médicos y los carpinteros, los conductores y los psicólogos, los malabaristas y los economistas.
La diferencia que hace superior a la ciencia sobre las otras maneras de ver el mundo es que el método científico implica el reconocimiento e incluso la búsqueda de los errores.
Lo que hace que el pensamiento científico haya sido sin duda la mayor conquista intelectual en la historia de la humanidad no son sus éxitos indudables, como volar por el aire, comunicarse al instante de un lado a otro del planeta, enviar naves a la Luna o Marte, prolongar la vida humana de treinta años a cien, producir en los países más desarrollados alimentos para millones de personas empleando a sólo un 2% de la población... No, la gran virtud del pensamiento científico no son sus éxitos, sino la aceptación de sus errores.
En esto se diferencia el pensamiento científico, racional y razonable, de la creencia y la fe: una religión revelada no reconoce el error, porque afirma que sus libros sagrados y sus dogmas han sido dictados por Dios mismo, por un Dios perfecto que nunca se equivoca.
Claro, el problema es que hay ciertos errores en los textos revelados tan indefendibles hoy en día, que los creyentes acaban por modificar sus creencias quieran o no. Pero, en vez de reconocer abiertamente su error, como debe hacer cualquier científico o incluso cualquier persona razonable, dicen que el problema no está en las palabras reveladas por Dios (recogidas en la Biblia, el Corán o los Vedas), sino en nuestra interpretación de esas palabras: "Hay que leerlas de manera metafórica", "Dios habla a cada profeta en en lenguaje de su época", etcétera.
Es lo que se llama una explicación ad hoc, es decir forzada por las circunstancias, para poner un parche o ir tapando goteras en un razonamiento lleno de agujeros.
Con la mayoría de las nuevas creencias, especialmente las que pretenden dotarse de un barniz de respetabilidad científica, sucede lo mismo: se reinterpretan sus hipótesis originales hasta hacerlas tan difusas que no se sabe ya qué es lo que afirman o niegan; o se confunde y mezcla la teoría con un montón de cosas más, como hace la homeopatía al unir a su tesis inicial otros métodos más o menos efectivos: la ayuda psicológica, la terapia oral, el porcentaje de eficacia mínimo que tiene cualquier medicina falsa o no (el llamado efecto placebo), o el uso de masajes, productos tradicionales (desde infusiones a ciertos alimentos), o recomendaciones tales como descansar, relajarse, caminar, respirar aire puro o cualquier otra cosa que el sentido común y la observación nos indica que puede contribuir al bienestar general.
Entre todo eso la teoría homeopática como tal se diluye y, en consecuencia, se hace irrefutable, no porque sea cierta, sino porque acaba diciendo todo y no diciendo nada.
He encontrado en estos días unas anotaciones de 1995 acerca de la distinción entre ciencia y no ciencia que tienen que ver con todo lo dicho anteriormente:
Karl Popper dice que lo que no es falsable, lo que no es examinable, contrastable, no es ciencia, pero que eso no significa que sea despreciable, ni siquiera falso: "Sí una teoría no es científica, sí es metafísica, esto no quiere decir, en modo alguno, que carezca de importancia, de valor, de ’significado’ o que carezca de sentido."
Basta con recordar un caso de una teoría que se pretendía científica, pero que no puede serlo porque es irrefutable por definición, el psicoanálisis y su explicación (vigente oficialmente hasta más o menos 1976) de la homosexualidad.
Los psicoanalistas solían decir que la homosexualidad de un paciente se explicaba por rechazo al padre... cuando el padre era muy "macho", pero que también se explicaba como imitación del padre cuando el padre era muy "afeminado".
Naturalmente, se podrían encontrar casos en los que una persona sintiera rechazo hacia su padre porque lo veía "demasiado macho" y ello le empujara a buscar alicientes sexuales diferentes a los que le gustaban a su padre, es decir, en vez de mujeres, hombres.
Y también se podrían encontrar casos en los que un hijo que admirase a su padre observase que éste era "afeminado" y se sintiese por ello impulsado a desear más a los hombres que a las mujeres.
Siempre hay ejemplos para todo. Pero el que existan esos ejemplos no convierte a una opinión o una observación en una teoría científica ni en una verdad razonable.
Fuera cierta o no, aplicable o no, esa explicación que tanto gustaba a los psicoanalistas, su contenido científico siempre fue muy discutible, porque no había manera de imaginar un caso en el que dicha teoría pudiese ser refutada.
Imaginemos un caso que contradijera la teoría: un hijo que siente un rechazo absoluto por su padre, que es, por otra parte, "afeminado". Sin embargo, ese hijo resulta ser homosexual.
En este caso la cosa se complica: siente rechazo por el padre pero lo imita.
Lo sorprendente es que incluso en esos casos:
Los psicoanalistas hábiles decían que, aunque pareciera a primera vista que el hijo rechazaba a su padre, inconscientemente deseaba imitarlo.
Y todo tipo de razonamientos semejantes, como los que emplean los creacionistas para justificar el relato del Génesis bíblico:
El psicoanálisis abundaba y abunda en teorías de este estilo (irrefutables) pero también la economía y la religión.
Ello no quiere decir que lo que digan sea falso, sino tan sólo, en opinión de Popper, que no son científicas. Es decir, por decirlo de otro modo: que resulta muy difícil saber si las propuestas de ese tipo de teorías son ciertas (o al menos si son refutables) recurriendo tan sólo a argumentos racionales.
Veamos otro ejemplo relacionado con la religión:
Si alguien me dice que existe un Dios bueno y que todo procede de él y yo le digo que entonces el mal también procede de él, y él me responde que no es así y argumenta que el mal existe para que el hombre tenga libre albedrío, o algo semejante, yo sólo puedo quedar convencido de sus argumentos por la vía emocional, porque, por razonable que pueda llegar a resultar eso del libre albedrío en relación con el mal, no es previsible que él o yo hallemos alguna manera de comprobar si sucede lo que él dice o si, por el contrario, lo que sucede es que existe un Dios malo, o que no existe ningún Dios, ni bueno, ni malo: la existencia del mal es perfectamente compatible con las tres hipótesis.
Es lo que se llama una manera de solucionar el problema creando otro problema: nos planteamos el problema de cómo explicar la realidad y el universo. Como no podemos resolverlo, decimos que lo ha creado Dios o los dioses, con lo que desplazamos el problema creando otro: ahora tenemos que explicar por qué existe Dios o los dioses. Pero como eso también es muy difícil de explicar decimos que Dios existe porque si no el bien y el mal no podrían ser juzgados o recompensados y castigados. Pero entonces el problema se desplaza a: ¿cómo es que existe el mal si Dios es bueno? Y aquí decimos que para que así exista el libre albedrío. Pero el libre albedrío también nos plantea nuevos problemas y así seguimos desplazando un problema por el siguiente y olvidándonos que lo que queríamos era explicar la realidad y el universo, no todos esos nuevos subproblemas creados ad hoc para despistar la atención.
Supongo que es innecesario aclarar que tanto en esta entrada como en las notas que escribí en 1995, cuando hablo de hombres "muy machos" o "afeminados" estoy empleando el lenguaje que empleaban los propios analistas y psicoanalistas, al menos en la vulgarización o divulgación de sus teorías, y no mis propias opiniones acerca del asunto. Por otra parte, como digo en algún momento, la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) retiró en 1973 la homosexualidad de su manual de diagnóstico. Por asombroso que parezca, la Organización Mundial de la Salud (OMS) dejó de considerarla una enfermedad en 1990. Quizá, con ser esto lamentable, es también una muestra de la capacidad del pensamiento que se pretende científico de cambiar de opinión, frente a los diversos fundamentalismos, que siguen considerando que la homosexualidad es no ya una enfermedad, sino un vicio y un pecado.

Dr.Lao, el más mas malvado homeópata del mundo
intenta envenenar todo el océano
Creer
Si tuviese que elegir entre creer en Dios o creer en la homeopatía, me parece que, para conservar al menos una leve brizna de cordura, preferiría creer en Dios.
Reciclaje
Separar la basura en cosas orgánicas, plásticos/envases y papel/cartones tiene una función social añadida, pues facilita mucho la tarea a la gente que recoge cartones y cosas que se pueden revender, y les evita meter las manos en bolsas asquerosas. Creo que sería todavía más útil si se pusiese un container de reciclaje de “Objetos un poco rotos pero que todavía podrían ser útiles para muchas personas”, o algo parecido y otro de "restos orgánicos bien conservados".

Acerca de Google e Internet
Hace unos días, MM puso un comentario a la entrada Aburrimiento digital, en la que yo hablaba de la previsible llegada del hastío a Internet, recordando algo que decía McLuhan acerca de las tres fases con las que suele ser saludada cualquier nueva propuesta mediática (radio, tele, cine, Internet...)
Sipsi... estaba notando yo cierto cambio de actitud, sep. Parece que el fenómeno blog tb anda de capa caída, al igual que los foros.
En este fenómeno que tan bien describes creo, sospecho, que ha sido decisiva la gogolización de Interné, sobre la que algunos ya habíamos avisado hace tiempo. En el momento en que no hay competencia, puedo bombardearte con mi publi.
Supongo que la puntilla vendrá con el control de contenidos gratuitos. Aquí el mayor peligro no es el cierre de páginas de descargas, sino que se les vaya la mano y empiecen a cerrar páginas por emplear no sé qué foto o subir no sé qué texto.
En fin, vamos a ver qué pasa...
La verdad es que yo pienso casi lo contrario de lo que dice MM, así que quiero aclararlo. En primer lugar porque es dudoso que la falta de competencia provoque el aumento de la publicidad: la publicidad se vuelve más invasiva e insoportable cuanto más competencia hay: se trata de atraer la atención del usuario sea como sea.
Pero sí es cierto que Google ha potenciado la publicidad en Internet, a cambio de ofrecer servicios gratis, no hay que olvidarlo. Somos muchos los que disfrutamos de una cuenta de Gmail con capacidad inagotable, o de páginas en Youtube a las que podemos subir nuestros videos y compartirlos. Ambos servicios son de Google y ambos son gratuitos.
Mi mayor disensión es lo de la googlelización. Fundamentalmente porque en este momento estoy de manera inequívoca de parte de Google. Es posible que en el futuro la situación cambie, porque las grandes empresas suelen acabar buscando mantener sus beneficios seao como sea. De todos modos, tampoco creo mucho en la demonización de empresas, como la que se llevó a cabo contra Microsoft: que yo sepa, la empresa que fundó Gates y ahora lleva Bullmer no ha hecho nada especialmente criminal. Mas bien ha contribuido a un desarrollo sin precedentes de la informática personal. Ya sé que no lo ha hecho por bondad, sino por dinero, pero tampoco conviene cargar las tintas en el otro extremo: nos ha proporcionado ordenadores y sistemas operativos (de manera no muy limpia, es cierto, frente a competidores como IBM o Xerox), e incluso ha proporcionado a los hackers o a los piratas informáticos (obsérvese que no digo que sean lo mismo hackers y piratas) herramientas baratas para piratear su propio sistema.
En cuanto a Google, es con Microsoft y Apple el gran innovador del mndo digital,y en los últimos años sin duda el más interesante. Me gustan muchas de las cosas que hace Google, y en estos momentos estoy más a su favor que a favor de sus rivales:
1. Me gusta el escaneado maravilloso de toda la cultura mundial. Creo que es necesario y que se debe hacer hasta el final al menos en lo que se refiere a los libros libres de derechos de autor. Después se puede discutir cómo se regulará el mundo de los libros electrónicos, pero primero creo que hay que escanearlos. Eso será un paso descomunal en la conservación y difusión de la cultura mundial, y su impulsor es sin ninguna duda Google (aunque ahora otros, afortunadamente, se sumen a la iniciativa, a menudo compitiendo con Gogle).
Espero que tras escanear los libros se escaneen los papiros, como los de Oxyrrinco, y después la piedras con inscripciones y las pinturas y grabados, etcétera. Ese impulso, que algunos quieren frenar, depende en gran parte de Google.
2. Me gusta que sus problemas con China, con sus amenazas de retirarse del mercado chino, haya llevado a promulgar leyes contra la censura en Internet. No sé si Google se quiere ir porque no puede competir con Badoo o si son otras las razones, pero ese es el resultado.
3.Me gusta especialmente el que Google, debido precisamente a las características de su negocio (que circule cuanta más información mejor en la red) está a favor de sistemas abiertos, por ejemplo en los móviles con Android, frente al vergonzoso sistema cerrado de Apple, que sólo quiere hacer aparatos que funcionen con las aplicaciones que se venden en las tiendas Apple (ya sea para el ipod, el ipad o el iphone). En estos momentos la opción de Google es para mí sin duda la mejor y la de Apple un retroceso asombroso en el desarrollo de Internet. Que uno sólo pueda usar en su iphone o su ipad (tableta electrónica/lector delibros) los programas y contenidos de la empresa fabricante me parece un escándalo de tales prporciones que no entiendo como los maqueros pueden seguir presumiendo de guays y antisistema.
Hay algunas otras razones para elogiar a Google, como Google Maps, Google Earth, Google Books, Google Academics, Gmail, Calendar, Youtube y muchas otras innovaciones, todas gratuitas, que aparecen constantemente; incluso el navegador Chrome, que no prefiero a Firefox, pero que, según parece, fue lanzado para obligar a la competencia a desarrollar ciertos aspectos de Internet que estaban siendo dejados de lado.
Por ahora Google está no sólo cumpliendo con las expectativas de desarrollo e Internet, sino incluso superándolas: ha mejorado nuestros mejores sueños. En el futuro no se puede saber qué sucederá y es posible que, como dice MM, lo gratuito deje de serlo. Pero en el presente, soy un partidario casi fervoroso de Google.

Imágenes mentales
Un asunto muy interesante es ¿cómo archivamos los recuerdos en nuestra memoria?
Está claro que albergamos en el cerebro miles de palabras, conceptos e imágenes, que se activan de manera asombrosamente rápida cuando lo necesitamos.
Lo pensaba hoy cuando caminaba hacia la casa de mi padre en Bellaterra. Hacía unos años que no iba por allí, así que cuando me bajé del tren y me dispuse a tomar el nuevo "camino verde" que me había recomendado mi padre, dudé, porque ese camino se iniciaba al otro lado de la vía del tren respecto al camino que yo tomaba normalmente. Como soy muy despistado y suelo perderme, preferí no arriesgarme para no llegar tarde, así que crucé de nuevo la vía y fui hacia la casa por el antiguo camino (que también es verde, pero no está señalizado como tal).
Me asombró lo bien que recordaba el camino, cómo reconocía el sendero, la forma de los árboles, las pequeñas cuestas y hondonadas, los lugares en los que tenía que girar. Era obvio que esas imágenes habían sido albergadas en mi cerebro durante todo este tiempo y que, de alguna manera, la experiencia de ese mismo recorrido en el pasado se comparaba con la actual.
Pero la pregunta es: ¿existe en mi cerebro una imagen literal de ese paisaje?
Por una parte parece difícil pensar que en nuestro cerebro haya algo así como un catálogo de fotografía, pero, por otra parte, también resulta difícil, en caso de no ser así, explicar cómo podemos reconocer lo que vemos y detectar los pequeños o grandes cambios. Por ejemplo, cuando una amiga se corta el pelo y nos damos cuenta del cambio, ¿cómo lo sabemos? ¿Vemos la fotografía mental del día anterior con el pelo más largo o se trata de otro tipo de conocimiento?
Podemos pensar, en efecto, que nuestro cerebro tenga un lenguaje propio, algo así como el lenguaje máquina de los ordenadores. Como es sabido, un ordenador no ve las imágenes que nosotros vemos en la pantalla, sino que sólo maneja ceros y unos (0/1).
¿Puede pasarnos algo parecido a nosotros?
No sé si era Hofstadter el que hablaba en un libro reciente del mentalés, el idioma mental.
Sin embargo,mi experiencia personal me inclina a pensar (en contra de mis intuiciones y razonamientos intelectuales) que sí que hay fotografías en nuestro cerebro, incluso vídeos.
Lo digo porque en ocasiones puedo ver esos vídeos.
Ya sé que suena un poco raro, pero es la verdad. En ciertas ocasiones, creo que cuando estoy un poco cansado, pero no podría asegurarlo, entrecierro los ojos, sin llegar a cerrarlos nunca completamente, y veo en algún lugar indeterminado, casi diría que en la propia retina, pequeñas pantallitas que son como una televisión. En ellas veo escenas que no siempre logro identificar, pero que a veces reconozco como escenas ya vividas.
No las imagino: las veo.
Ya sé que puede tratarse de una alucinación, pero no viene acompañada de ningún otro síntoma, y me sucede cuando no estoy bajo los efectos de ninguna droga. No me alarman ni me causan ningún tipo de molestia, sino que, al contrario, disfruto mirándolas, aunque son de un tamaño ridículamente pequeño, como una lenteja cuadrada. A pesar de ello, distingo figuras, siempre realistas, que se mueven y hablan, pero no escucho lo que dicen.
Es una experiencia muy placentera y en cierto modo asombrosa, que me hace pensar que si alguien de tendencias filomágicas o espirituales la experimenta, pensará fácilmente que se trata de uan especie de revelación o un fenómeno paranormal.
Yo no creo que sea así sino que pienso que tiene que ver con eso de archivar las experiencias en la memoria. Pero quizá me equivoco y son simples alucinaciones.
Creo que ya escribí acerca de esto hace tiempo en algún blog o libreta, cuando intenté investigar un poco el asunto. Lo buscaré y seguiré investigando.

Cuenta atrás para el bosón de Higgs
Nos hallamos en un momento de gran expectación en física, porque el cerco sobre el bosón de Higgs se está cerrando.
El bosón de Higgs es la última partícula que falta por descubrir para completar el modelo estándar de la física cuántica.
El acelerador de partículas europeo (LHC) ya está funcionando de la manera requerida para encontrar esta última partícula, que, debido a lo difícil que es de capturar, es llamada "el bosón fantasma".
Sin embargo, como cuenta Pere Estupinya en su siempre interesante y estimulante blog Apuntes científicos desde el MIT, el costoso acelerador europeo está amenazado en esta búsqueda del bosón por el acelerador estadounidense del Fermilab, que quizá prolongue su vida útil para intentar encontrar, en un ultimo esfuerzo a la desesperada el bosón, y llevarse así el mérito por el experimento científico del siglo, o de la historia.
Si el bosón se encuentra, como dije antes, se completaría el modelo estándar y la física cuántica ofrecería una explicación coherente del mundo subatómico e incluso del origen del universo. El bosón de Highs es la partícula que proporcionaría masa al resto de partículas de ese mundo subatómico tan poblado: quarks, muones, gluones, mesones, protones y hadrones (que son los que va a ser acelerados).
Encontrar el bosón de Higgs haría muy difícil la refutación de la teoría cuántica y su modelo estándar, que es una de las más contrastadas de la historia, pero que todavía despierta ciertos recelos por su carácter antiintuitivo, y también porque no ha podido ser unificada con la otra gran teoría de la física, la de la relatividad (que también ha sido contrastada, o si se prefiere falsada, una y otra vez).
Ahora bien, podría suceder que el bosón de Higgs no se encontrara. ¿Qué sucedería entonces?
La respuesta, como cuenta Estupinya, depende de si estamos hablando de no encontrar el bosón o de demostrar que no se puede encontrar el bosón, es decir, demostrar que no existe.

Uno de los aspectos más curiosos del estudio del mundo subatómico es que para intentar conocerlo se construyen cosas tan grandes (tan supraatómicas) como el acelerador europeo, que se extiende por dos países, Francia y Suiza.
Lo fascinante del asunto es que el acelerador de partículas de Estados Unidos podría encontrar, aunque es improbable, el bosón, pero no puede demostrar su no existencia. Sin embargo, el LCH europeo puede hacer las dos cosas: encontrar el bosón o bien demostrar que una partícula de tales características no existe en el rango de energías predicho por el modelo estándar.
Las consecuencias serían muy diferentes.
Si se encuentra el bosón de Highs, eso será un triunfo deslumbrante para el modelo estándar, la culminación de décadas de éxitos.
Si se demuestra que el bosón de Highs no existe ni puede existir, significará que hay que tirar a la basura el modelo estándar y que la física tendría que reinventarse. Sería una revolución teórica de proporciones descomunales, imprevisible. Habría que aprender a pensar de otra manera, imaginar hipótesis completamente diferentes a lo que el sentido común científico ha aceptado durante casi un siglo (un sentido común, por cierto, completamente alejado del sentido común cotidiano). Comenzaría una nueva época en la física, en la que casi cualquier hipótesis sería, no ya posible, pero sí pensable.

Un señor recorriendo los túneles del LHC
(27 kilómetros a 100 metros bajo tierra)
Estupinya explica que aunque la mayoría de los físicos cuánticos están deseando confirmar su teoría de manera casi definitiva (no hay nada definitivo en ciencia), hay otros muchos que se relamen ante la posibilidad de que el bosón de Higgs no exista:
En principio todos esperan y desean que el Higgs aparezca en los próximos años y confirme el modelo estándar, pero algunos reconocen que les alegraría incluso más que todo cayera por tierra y viviéramos una nueva gran revolución en el mundo de la física. Así la aventura se haría más interesante, y quizás podrían pedir financiación para más juguetitos con los que continuar el reto de descubrir la naturaleza más íntima de la materia.
No ocultaré que yo prefiero la segunda posibilidad: que se demuestre que el bosón de Higgs no existe.
Muchas más información en Apuntes científicos desde el MIT
Palabras, conceptos y cosas
En 1992 me planteé la siguiente pregunta:
“Si distinguimos entre palabras, cosas y conceptos, ¿no se solucionan muchos problemas del lenguaje? ¿es esto una coincidencia con el conceptualismo?”
Dos años después, en la Universidad, descubrí un texto de Schopenhauer que parecía tener relación con esa cuestión:
Leyendo La cuadruple raíz del principio de razón suficiente, de Schopenhauer, encontré algo que me gustó: la distinción entre palabras y conceptos. Reprocha Schopenhauer el uso de expresiones como “el Absoluto”, como si fueran conceptos. Creo que su crítica es acertada.
Ahora no estoy seguro de si es adecuado distinguir entre palabras conceptos y cosas, pero sigo creyendo que es útil distinguir de alguna manera entre lo que es un concepto creado a partir de la observación de la realidad y lo que es tan sólo una palabra, un flatus vocis, que dirían en la Edad Media (un sonido de la voz).
Absoluto, Bondad, Dios son sólo palabras, que no pueden ser empleadas en una discusión con carácter demostrativo (algo demasiado frecuente): no se puede decir, como hace un buen amigo mío: "Puesto que el concepto de Dios incluye que sea perfecto y por tanto bueno..." El concepto (mejor habría que decir "la palabra" Dios incluirá lo que uno quiera pero no sirve para demostrar nada, ni siquiera para construir un argumento coherente.
Átomo o molécula son cosas pero también en cierto modo conceptos; mientras que calor o frío no son cosas, sino conceptos. Que algo sea caliente o frío depende de quien lo perciba, pero no por ello es un concepto vacío.
Curiosamente, algunas palabras vacías, como Dios o Bondad pueden ser seguramente tratadas como conceptos si se plantean de una manera no dogmática, como posibilidades a estudiar, y, cuando eso se hace, es preferible prescindir de las mayúsculas: dios y bondad.
Personalidad
Hay personas que se parecen a todas horas a la peor versión de sí mismas.

Aburrimiento digital
Aunque parece que falta tiempo para que suceda, llegará un momento en el que el mundo digital alcanzará la etapa de cansancio, como sucedió, dice McLuhan, con la energía:
Al principio el efecto de la energía eléctrica fue la ansiedad. Ahora parece crear aburrimiento. Hemos atravesado las tres etapas de alarma, resistencia y cansancio que se dan en todas las enfermedades o tensiones de la vida, tanto individuales como colectivas.
Eso sucedió con la radio, el cine y la televisión, sí, pero creo que ahora estamos en los inicios de la etapa de resistencia, o tal vez en el final de la época de alarma en lo que se refiere al mundo digital e Internet. Así parece demostrarlo el miedo a lo digital en los videojuegos, en el mercado musical o el audiovisual, o el temor a los libros electrónicos, e incluso la reticencia que todavía hoy mantienen muchas empresas y publicitarios hacia el medio internaútico.
Pero avanzamos rapidamente hacia la etapa de cansancio. De ello hay varios síntomas, como la proliferación cada vez mayor de anuncios invasivos (en Youtube, en las ediciones digitales de los periódicos, casi en cualquier página) que empiezan a convertir la red en una segunda televisión. O la mezcla cada vez mayor de credulidad y estupidez, de fórmulas fáciles para explicar cualquier cosa y de discusiones en las que unos y otros ni siquiera se escuchan (o debería decir: "se leen").

Dios y el universo
Me pregunta MM en un comentario a mi entrada Un universo parpadeante:
¿Puedes explicar algo más esto?
"O como aquellos filósofos del cristianismo medieval que creían que Dios creaba literalmente el universo a cada instante. "
La respuesta es que la cosa tiene su origen en la noción misma de Dios creador (frente al vulgar demiurgo, que crea a partir de algo ya existente).
Puesto que Dios ha creado el mundo de la nada y puesto que la materia no puede existir sin Dios, entonces es necesario que Dios no sólo haya creado el universo, sino que además tiene que sostenerlo en su existencia. Si Dios se retira, ¡zas!, el universo se cae otra vez derechito a la nada.
Porque, si el universo no necesitase del soporte divino, entonces podría existir si Dios no existiera.
A ello se une que Dios es todo acto, no todo potencia, otra noción que tomaron los cristianos de los filósofos griegos. Lo que está en potencia es imperfecto, y eso obliga al perfecto Dios judeocristianoislámico a ser un acto continuo.
Estas ideas juntas o separadas hicieron que ya desde Agustín de Hipona, por lo menos, se insistiera en que el universo es sostenido a cada instante. También estaba de acuerdo Tomás de Aquino. Otros, creo que Ricardo de San Victor, o tal vez Hugo de San Victor, llevaron estas ideas más lejos, anunciando ideas complejas como el dualismo de Descartes, según el cual, existen dos sustancias completamente distintas, la res extensa y la res cogitans, materia y espíritu, completamente separadas.
El problema, claro es que si están separadas, ¿cómo se explica la relación entre nuestra alma y nuestro cuerpo?
Para explicarlo, Descartes se refuta a sí mismo y dice que ambas sustancias se comunican a través de la glándula pineal. Por eso yo escribí una frase cuyo significado se me había olvidado, pero que he recordado al escribir esta respuesta: "Para Descartes, Dios es una inmensa glándula pineal", porque Dios es el único puente existencial entre esas dos sustancias separadas.
Sin embargo, otros filósofos llevan las ideas de Descartes hasta su consecuencia lógica (prescindiendo de la útil glándula pineal), especialmente Geulincx, con su ocasionalismo, según el cual, el ser humano no puede hacer nada sin el concurso o participación de Dios.
Así evita Geulincx el peligro de afirmar que existe algo sin que Dios sea necesario.
La versión moderada del ocasionalismo nos lleva a la armonía preestablecida, en lo que Geulincx se anticipó a Leibniz: ni el espíritu influye en la materia ni la materia en el espíritu: tan sólo actúan de manera coordinada. Un tal De la Forgue, al que no he leído, también opinaba que Dios crea de forma continuada.
La versión extrema es que es solamente Dios quien actúa. Una variante interesante de esto es la Malebranche, que dice que somos pensamientos de Dios; otra el idealismo de Berkeley, que acaba concluyendo, con razonamientos poderosos, que sólo existe el espíritu.
Más recientemente, Chesterton se suma a la idea de Agustín, de Aquino (de quién escribió una biografía) o de Geulincx, y dice algo parecido relacionado con lo asombroso que es el que untren aparezca siempre en la estación Victoria después de pasar por el último túnel , en vez de aparecer en la selva amazónica: cada vez que el tren entra en el tunel, Dios decide que aparezca en la estación Victoria.
Además de todo esto, veo ahora en el Diccionario de filosofía de Ferrater Mora que entre los precedentes de las ideas ocasionalistas están: los Padres de la Iglesia, los estoicos, los as'aríes árabes y Ricardo de San Victor (no Hugo).
A ello se podría sumar, creo algún filósofo medieval curioso cuyo nombre no consigo recordar. Estoy tentado a decir que podría ser el gran Escoto Erígena, pero no sé si la memoria me engaña.
Se me ocurre también que todo esto tiene que ver también con la polémica Leibniz-Clarke (Newton se escondía tras Clarke), fascinante disputa acerca de si Dios crea el universo y después se desentiende y lo deja evolucionar sin más, o si interviene constantemente.

Un mundo con dos soles
En mi primer viaje a Argentina, en 1996, apunté en mi cuaderno de viaje una disquisición acerca de un planeta con dos soles:
Hacia las diez de la mañana (hora argentina), o tal vez antes, llegué a Buenos Aires.
Perder o ganar horas en estos viajes resulta emocionalmente asombroso, aunque ya no nos lo parezca desde un punto de vista lógico. A todo nos acostumbramos.
Durante el viaje pensé en qué sucedería si el planeta fuera iluminado por dos soles (o más).
Supongo que ello incidiría en este asunto de los husos (¿usos?) horarios.
Según como estuviese situado cada sol, habría variantes, a menudo muy complicadas. El planeta, por ejemplo, podría estar iluminado en una zona por uno u otro sol durante diez meses, y entrar en la zona de sombra o noche durante sólo dos meses, pero que serían de oscuridad continua.
Pero, claro, también influiría el tiempo de rotación del planeta en torno a uno de los soles, o de los dos, si esto es posible.
Añadamos a esto unas cuantas lunas o satélites y tendremos un calendario de una complejidad y variedad impresionante.
(24 de noviembre, 1996)
Seguramente muchos escritores de ciencia ficción se han ocupado de estos complejos asuntos, e incluso tengo la vaga sensación de haber leído hace muchos años alguna novela que trascurre en un mundo con dos soles (además del planeta Tattoine de La guerra de las galaxias).
Dos soles sobre la ciudad de Lima. Este fenómeno, llamado parhelio es confundido por los creyentes en fenómenos paranormales con ovnis o ideas semejantes.

Tres soles en Iowa. En realidad un parhelio con resplandor, fenómeno de refracción, en ambos lados
Es más frecuente imaginar un mundo con dos, tres o más lunas que con varios soles, y tal vez haya fotos de Marte en las que se ven sus dos satélites, Fobos y Deimos. Pero no sé si alguien se ha preocupado de los problemas de un calendario bisolar.

Esto parece una fotografía tomada desde el cielo marciano
También me repito la pregunta, quizá estúpida (propia de un ignorante como yo en casi cualquier cuestión especializada), que me hacía en mi cuaderno de viaje: ¿podría un planeta orbitar en torno a dos soles? Es decir, podría un planeta empezar a girar en torno a un sol y en un momento de su recorrido ser atraído por el otro sol y salirse de su órbita original?
Supongo que eso daría lugar a tremendos cataclismos. De ser así, y si los habitantes de ese planeta lograran sobrevivir a este intercambio de su planeta entre un sol y otro, como si fuesen la pelota que se roban dos niños caprichosos, tendrían sin duda una sofisticada e interesantísima mitología. Tal vez algunos serían partidarios del primer sol y otros del segundo.

Los husos horarios, que regulan los usos horarios.
¿Se verían también influidos por dos soles?

Un universo parpadeante
El mundo podría ser discreto, aunque nosotros lo veamos continuo, algo parecido a la distinción ente analógico y digital: en vez de átomos, quarks o fotones siempre divisibles, bits de información separados unos de otros.
Del mismo modo que vemos una película y nos parece estar presenciando una continuidad, a pesar de que esa continuidad está formada por fotogramas separados, podríamos vivir en un universo parpadeante sin saberlo.
Un mundo flotante y siempre en movimiento formado por impresiones pasajeras e impermanentes, a las que nuestra percepción, como en los 24 fotogramas del cine, da sentido. Algo semejante a lo que suele presentarse en la visión budista. O como aquellos filósofos del cristianismo medieval que creían que Dios creaba literalmente el universo a cada instante.

Herejías ortodoxas
Algunos autores judíos o heréticos han calificado al cristianismo y al Islam como dos herejías. Aseguran que contienen el germen de la herejía en su misma esencia. En ambos casos, la herejía procede de sus libros sagrados, los contenidos en el Nuevo Testamento y el Corán.
Jesucristo en ningún momento dice que sus seguidores deban seguir un nuevo libro o considerar como sagrados otros libros que no sean los del judaísmo tradicional. Nunca pone en duda los textos judaicos ni propone su reforma o cambio por otros. Lo que hace es criticar a quienes los interpretan mal o dictaminan sobre la doctrina.
Casi con toda seguridad Jesucristo era un fariseo, una secta que se oponía a la interpretación dominante entonces en el Templo. Pero fuera o no fariseo, eso no es importante, porque lo importante es que no hay nada que permita hablar de libros sagrados que no sean los ya admitidos. A Jesús, parece bastante obvio, le habría parecido uan herejía adorar otros libros. Si eso fuera lo que él hubiera deseado, sin duda lo habría dicho.
En cuanto al Corán, es sabido (los propios historiadores musulmanes lo dicen), que fue compilado unos 60 o 70 años después de Mahoma, unificando los distintos libros con enseñanzas de Mahoma que circulaban. Eso significa que el libro resultante no existía antes y que es una creación no de Mahoma, sino de los compiladores. Con lo que toda la insistencia en que el Corán es un libro eterno dictado a Mahoma carecería de sentido. El Corán que conocemos no puede ser el que se le dictó a Mahoma, a no ser que también le fuese dictado a los sabios que lo compilaron.
Naturalmente, los seguidores del Islam y del cristianismo tienen razones que oponer a estas interpretaciones que, sin embargo, parecen, no sé si verdaderas, pero sí bastante razonables, casi irrefutables.
La memoria del llanto
Me provoca un asombro sincero que muchas personas, entre ellas algunos grandes amigos, sean capaces de defender un rito tan cruel como es la fiesta de los toros. No puedo comprender cómo funciona la mente de una persona que salta alegremente por encima de la percepción indiscutible del sufrimiento de un animal para recurrir a argumentos más o menos ingeniosos o más o menos elaborados que permitan defender esa práctica: la tradición, la especie en vías de extinción, que el toro muere dignamente, que otros animales también mueren y sufren aunque no lo veamos.
Sé, como es obvio, que detrás de esa comprensión del espectáculo del sufrimiento de un animal están los prejuicios aprendidos, porque sé también que, hace un siglo o dos, algunos de los que defendían la esclavitud no lo hacían por crueldad pura y simple, sino porque creían que "el mundo era así", que era un mal inevitable y necesario. Lo mismo que les pasaba a quienes consideraban que no había nada cruel ni injusto en discriminar a las mujeres.
La fuerza del prejuicio y de la cultura aprendida es capaz de atravesar todas las capas de la inteligencia y la razón y de la emoción y la sensibilidad, permitiendo que alguien sea una persona sensible y justa en casi todo, excepto en esa pequeña parcela en la que la que un punto ciego o una zona oscura le impide seguir aplicando su capacidad de razonar y de percibir lo que tiene delante: en este caso, la crueldad, el dolor y el sufrimiento de un animal.
Después de varios artículos en defensa de la fiesta, alguno de ellos bochornoso, como el de Fernando Savater, que ha dejado de lado toda su capacidad de razonar y su sensibilidad ante cualquier otro tema al abordar el de los toros, El País ha publicado hoy uno en contra, firmado por Francisco González Ledesma. Lo reproduzco aquí íntegro, porque me parece extraordinario.
Perdonen si empiezo con una confidencia personal: yo, que soy contrario a los toros, entiendo de toros. Durante años, cuando me recogieron en Zaragoza durante la posguerra, traté casi diariamente con don Celestino Martín, que era el empresario de la plaza. Eso me permitió conocer a los grandes de la época: Jaime Noain, El Estudiante, Rafaelillo, Nicanor Villalta. Me permitió conocer también, a mi pesar, el mundo del toro: las palizas con sacos de arena al animal prisionero para quebrantarlo, los largos ayunos sustituidos poco antes de la fiesta por una comida excesiva para que el toro se sintiera cansado, la técnica de hacerle dar con la capa varias vueltas al ruedo para agotarlo... Si algún lector va a la plaza, le ruego observe el agotamiento del animal y cómo respira. Y eso antes de empezar.
Vi las puyas, las tuve en la mano, las sentí. El que pague por ver cómo a un ser vivo y noble le clavan eso debería pedir perdón a su conciencia y pedir perdón a Dios. ¿Quién es capaz de decir que eso no destroza? ¿Quién es capaz de decir que eso no causa dolor? Pero, claro, el torero, es decir, elartista necesita protegerse. La pica le rompe al toro los músculos del cuello, y a partir de entonces el animal no puede girar la cabeza y sólo logra embestir de frente. Así el famoso sabe por dónde van a pasar los cuernos y arrimarse después como un héroe, manchándose con la sangre del lomo del animal a mayor gloria de su valentía y su arte.
Me di cuenta, en mi ingenuidad de muchacho (los ingenuos ven la verdad), de que el toro era el único inocente que había en la plaza, que sólo buscaba una salida al ruedo del suplicio, tanto que a veces, en su desesperación, se lanzaba al tendido. Lo vi sufrir estocadas y estocadas, porque casi nunca se le mata a la primera, y ha quedado en mi memoria un pobre toro gimiendo en el centro de la plaza, con el estoque a medio clavar, pidiendo una piedad inútil. ¡El animal estaba pidiendo piedad...! Eso ha quedado en la memoria secreta que todos tenemos, mi memoria del llanto.
Me di cuenta, en mi ingenuidad de muchacho (los ingenuos ven la verdad), de que el toro era el único inocente que había en la plaza, que sólo buscaba una salida al ruedo del suplicio, tanto que a veces, en su desesperación, se lanzaba al tendido. Lo vi sufrir estocadas y estocadas, porque casi nunca se le mata a la primera, y ha quedado en mi memoria un pobre toro gimiendo en el centro de la plaza, con el estoque a medio clavar, pidiendo una piedad inútil. ¡El animal estaba pidiendo piedad...! Eso ha quedado en la memoria secreta que todos tenemos, mi memoria del llanto.
Y en esa memoria del llanto está el horror de las banderillas negras. A un pobre animal manso le clavaron esas varas con explosivos que le hacían saltar a pedazos la carne. Y la gente pagaba por verlo.
El que acude a la plaza debería hacer uso de ese sentido de la igualdad que todos tenemos y darse cuenta de que va a ver un juego de muerte y tortura con un solo perdedor: el animal. El peligro del toreo, además de inmoral como espectáculo, es efectista, y si no lo fuera, si encima pagáramos para ver morir a un hombre, faltarían manos y leyes para prohibir la fiesta.
Gente docta me dice: te equivocas. Esto es una tradición. Cierto. Pero gente docta me recuerda: teníamos la tradición de quemar vivos a los herejes en la plaza pública, la de ejecutar a garrote ante toda una ciudad, la de la esclavitud, la de la educación a palos. Todas esas tradiciones las hemos ido eliminando a base de leyes, cultura y valores humanos. ¿No habrá una ley para prohibir esa última tortura, por la cual además pagamos?
Perdonen a este viejo periodista que aún sabe mirar a los ojos de un animal y no ha perdido la memoria del llanto.
Francisco González Ledesma, El País, 3 de marzo de 2010
Jorge Wagensberg: ¿Esto no duele?"
¿Se acabará la fiesta de los toros?
Hay razonables esperanzas de que, al menos en Cataluña, se deje de practicar la fiesta de los toros. En un debate en el Parlamento Catalán, protaurinos y antitaurinos han expuesto sus argumentos. Entre los antitaurinos estaban dos personas que admiro mucho, el científico Jorge Wagensberg y el filósofo Jesús Mosterín.
Wagensberg ha dicho que "no es admisible un espectáculo que requiera el sufrimiento de un ser vivo" y ha mostrado espadas, pullas y banderillas, diseñadas "para que se claven" en la carne y la atraviesen.
Mosterín ha sido todavía más contundente:
Hemos salido de la edad de piedra porque hemos ido rompiendo con las tradiciones. Las corridas de toros y correbous son salvajadas universalmente abominadas. A los países que no somos africanos, nos escandaliza que se corte el clítoris a las mujeres. Y a todos los que no son de España, Francia, o México les escandaliza mucho que se siga haciendo un espectáculo público del sufrimiento de los animales".
Y ha dicho también:
"El maltrato a la mujer también es una tradición, pero se está combatiendo. También son tradición los secuestros en Colombia o en Palermo. La tortura es más grave incluso que la muerte. Y hacer de la tortura un espectáculo, es más grave aún".
Por su parte, el etólogo Jordi Casamitjana "describió los cuatro elementos en los que se descubre el sufrimiento del toro":
Los gestos, con la boca abierta y los ojos cerrados; la expresión facial que indica un sufrimiento fisiológico y cansancio"; la expresión verbal, con unos gritos que demuestran claramente el sufrimiento animal; y la no verbal, con gestos que denotan que, en su sufrimiento, el animal intenta huir.
Probablemente uno de los mejores momentos ha sido aquel en el que un diputado, Rafael Luna, se ha mostrado ofendido por las palabras de Mosterín:
Usted no es nadie para venir aquí a dar clases de moralidad y de ética. Usted acaba de insultar a un montón de catalanes, llamándoles salvajes y poco éticos.
A lo que Mosterín ha replicado:
Hay que evitar insultar a los catalanes y a los españoles identificándoles con una barbaridad tan execrable como las corridas de toros.
Lo que me recuerda a aquella certera respuesta de Thomas Henry Huxley en la polémica acerca de la teoría de la evolución de Darwin, cuando el obispo Wilbeforce le preguntó burlonamente si descendía del mono por parte de padre o de madre. Huxley respondió:
Antes preferiría ser familia de un simio que de un hombre como el propio obispo, que utiliza tan vilmente sus habilidades oratorias para tratar de destruir, mediante una muestra de autoridad, una discusión libre sobre lo que es o no verdad.
Ojalá que también la prohibición de la fiesta taurina salga adelante, del mismo modo que lo hizo la teoría de la evolución, a pesar de enfrentarse a todas las tradiciones y supersticiones anteriores.
Barbazul
Cuando leí el año pasado En el castillo de Barbazul, de George Steiner, me vino a la memoria este cuento inquietante y el efecto que produjo en mí, probablemente en la niñez.
Sin embargo, del cuento de Barbazul apenas recuerdo nada. Tan sólo que había algunas puertas, tal vez siete, y varias mujeres, quizá siete también. Y que Barbazul las mataba una tras otra.
Pero, a pesar de no recordar los detalles, sí conservo la percepción de que esa historia me impresionó muchísimo durante la infancia.
Se me aparece como indudable que ha sido una de las historias que más me ha trastornado, como si asociada a esa experiencia hubiese un gran descubrimiento, no sólo emotivo o emocional, como si aquel momento en que me estremecí con Barbazul también me hubiera revelado un secreto, una clave de mi educacion sentimental e intelectual.

Creo que ese contacto turbador con Barbazul no se produjo leyendo un cuento, sino viendo una película.
Steiner elige Barbazul como metáfora:
Como la última mujer de Barbazul, que no encontró la dramática verdad hasta que abrió todas las puertas del palacio, así el hombre occidental ha ido abriendo sucesivamente las puertas de la civilización y se halla ahora ante la última de ellas. ¿Qué hay detrás?
No sé si lo que Barbazul representa para mí tiene alguna relación con la pesimista visión de Steiner. Supongo que no.
Otras emociones de intensidad semejante las tengo asociadas al Cuento de Navidad, de Dickens, que ha sido quizá mi mayor aprendizaje en el terreno de la moral; y una película, que apenas recuerdo, Un fabuloso bribón. Sospecho que esa película me enseñó cómo debe vivir uno su vida, pero no estoy seguro. Tal vez me enseñó otra cosa.
Muchas de las emociones y aprendizajes emocionales más importantes de nuestra vida han venido a través de cuentos, películas que ya hemos olvidado, conversaciones perdidas para siempre, pequeños detalles que nos impresionaron pero que ahora ni siquiera recordamos o consideramos triviales.
Cuando hacemos memoria de todas esas cosas importantes a menudo intentamos buscar ejemplos más vistosos o prestigiosos, pero casi siempre inventamos, a veces sin quererlo, ese primer golpe sobre nuestra conciencia, aquello que nos hizo ver el mundo de manera diferente.
Intentaré, en algún momento, recuperar y explicar el privilegio emocional asociado a esas tres historias (Barbazul, Cuento de Navidad y Un fabuloso bribón), y descifrar cómo ha funcionado en mí su mecanismo emocional.

Están entre nosotros: Laszlo Toth
El físico Enrico Fermi, autor de la célebre Paradoja de Fermi acerca de la búsqueda de inteligencia extraterrrestre, un día se hallaba desesperado porque todo parecía indicar que los extraterrestres tenían que habernos visitado. “Pero, ¿dónde están?”, se preguntó en voz alta.
Leo Szilard le contestó: “Ellos ya están aquí. Pero se llaman a sí mismos húngaros.”
Szilard no hacía sino recoger el rumor que corría en los departamentos de Física teórica de Los Alamos: hace millones de años, los marcianos se vieron obligados a abandonar su planeta y llegaron a lo que hoy conocemos como Hungría.
Se adaptaron a la apariencia de los monos que encontraron, pero había en ellos tres características que era difícil ocultar: sus ganas de viajar (por eso hay húngaros por todo el mundo), su idioma (único y diferente de todos los de alrededor) y su inteligencia.
Edward Teller, marciano como el propio Szilard, ha confirmado en alguna ocasión lo que el imprudente Szilard hizo público. Como a Szilard, tampoco nadie creyó a Teller.
Sin embargo, el premio Nobel Leon Lederman volvió a revelar el secreto, a través de una investigación protagonizada por Sherlock Holmes y Watson. Según Lederman, los marcianos llegaron recientemente, a mitad del siglo XX, a nuestro planeta y se establecieron en Budapest, para después, bajo la apariencia de emigrantes, infiltrarse poco a poco en las mejores universidades y centros de investigación.
Nadie le creyó tampoco.
Nadie lo creerá cuando lea estas páginas dedicadas a los extraterrestres.
El primero de ellos es un renombrado artista del siglo XX...
Laszlo Toth
1. Sin piedad
1972, Ciudad del vaticano, 21 de mayo, domingo de Pentecostés.
Son las once y media de la mañana.
Un hombre se abre paso entre la multitud de peregrinos que esperan la bendición papal, esquiva a cinco guardias, se encarama a la balaustrada de mármol junto a la Pietá de Miguel Ángel y le asesta 15 golpes con un martillo de geólogo.
La virgen pierde un brazo, un ojo y parte de la nariz.
Mientras destroza la estatua, el hombre grita: "¡Soy Jesucristo, soy Jesucristo y he regresado de la muerte!".
Se llama Laszlo Toth. Es un geólogo australiano, pero nació en Hungría.
Laszlo Toth es arrestado. Le llueven los insultos: asesino, fanático, vándalo, nihilista. Se le juzga y condena a nueve años de prisión.
2. El artista criminal
Sin embargo, algunos artistas defienden a Toth, no porque crean que la condena es desmesurada, sino porque están de acuerdo con la acción de Toth.
Los artistas llaman acciones a las actividades artísticas que no se limitan a colgar cuadros en una pared. Por ejemplo: permanecer sentados durante horas en el escaparate de una tienda, no porque la tienda les pague como maniquí vivo, sino para denunciar la alienación del mundo actual. Se supone que la prueba de esa alienación es que un artista esté dispuesto a pasarse horas inmóvil, o que la gente se para a mirar a alguien que está dispuesto a hacer tal cosa, o que una institución ofrezca dinero al artista por hacer nada.
Para algunos artistas de la época, pues, lo de Toth no era una acción, sino una acción. Todavía hoy se reeivindica el gesto de Toth desde algunos sectores del mundo del arte. Karen Eliot, por ejemplo, habla elogiosamente de Toth y su "terrorismo cultural".
Esta es otra característica de los artistas del siglo XX y XXI: les gusta jugar con palabras que expresan violencia y destrucción. A menudo coquetean con la palabra y los símbolos del terrorismo. ¿Por qué?
Entre otras razones porque el terrorismo es una bestia negra para los Estados y para la burguesía y, por alguna extraña razón, un artista que se precie es un enemigo declarado del Estado y de la burguesía.
Así que, para llamar la atención del Estado y epatar a los burgueses, muchos artistas utilizar cualquier cosa, como aquellos artistas de inicios del siglo XX, los futuristas, que querían hundir Venecia. Luego se hicieron, en su mayoría, fascistas, tal vez porque era la manera más rápida de colaborar en la destrucción de arte y vidas. Precisamente, el nazi Goebbels, quizá queriendo hacerse no sólo un lugar en la historia del crimen sino también en la del arte, dijo aquella inolvidable frase: "Cuando oigo la palabra cultura, saco la pistola" .
Así que Toth hizo, con sus modestos medios, lo que soñara el colega nazi de Goebbels, Hitler: volar Paris, volar de un golpe la cultura francesa y todos sus símbolos; o lo que poco después se planteó en EE.UU: tirar las bombas atómicas sobre Kyoto, la antigua capital cultural de Japón.
3. La valiosa aportación de Toth
Pero, ¿cuál es la aportación de los martillazos de Toth a la cultura mundial?
Lo dice Karen Eliot:
"Él solo acuñó el principio básico del Mail Art: NO MÁS OBRAS MAESTRAS".
Esta es una muestra, dirán los mal pensados, de la calidad del arte actual: para crear una corriente artística basta con destruir una estatua.
El Mail Art no cree en las obras maestras, no quiere que haya comisarios o jurados en las exposiciones de arte y fomenta explícitamente el plagio en Festivales del plagio, entre otras cosas.
El asunto es interesante, pero ¿qué tiene que ver con los martillazos? Al parecer, la única relación real es que ambas cosas molestan a la burguesía y al establishment.
Eliot, en su defensa del inspirador del Mail Art, también se burla de los llantos de un profesor y sus alumnos al examinar los daños causados a la estatua, y enseguida dice que los golpes de Toth "fueron suaves".
El lector puede apreciar en esta imagen la suavidad de los martillazos y cómo, suavemente, cayó un brazo de la Virgen.

4. ¿El arte o la vida?
Toth golpeó la Pietá, de acuerdo, pero, enseguida aclara Eliot: los golpes no cayeron sobre carne, sino sobre mármol.
¿Por qué dice eso?
Porque ahora va a comparar a Toth con los que golpean la carne.
En efecto, en un alarde prodigioso de pensamiento alternante y manipulador, Eliot compara la maldad de Toth con la de Nixon y Kissinger, contemporáneos del artista.
Alude entonces Eliot al célebre dilema de si en el incendio de un museo salvarías una obra de arte o a una persona. El dilema se plantea, por ejemplo, de manera muy hermosa en Balas sobre Broadway, de Woody Allen.
Pero Eliot no menciona a Allen, sino a Giacometti, quien dijo que antes salvaría a un gato que un Rembrandt, cosa que todos entendemos perfectamente, porque es lo que haríamos casi todos, no por odio a Rembrandt, sino por amor a los gatos.
Pero lo que pocos entendemos es por qué el dilema ético "Salvar una vida/salvar una obra de arte" lleva a la conclusión: "Destruir las obras de arte".
5. La influencia de Toth
Poco después de la acción de Toth, otros artistas mostraron su solidaridad. Ken Friedman escribió un oratorio en honor de Toth y Don Novello tituló uno de sus libros Las cartas de Toth, aunque no en homenaje al artista australhúngaro, sino tan sólo por la sonoridad del nombre (tal vez también porque una teoría aforma que las cartas del Tarot proceden del Libro de Toth egipcio)
Incluso existe una escuela de arte llamada Laszlo Toth School of Art, que alaba al artista del martillo que "adaptó cierta escultura popular de Miguel Ángel a una sensibilidad más moderna".
Pero el que más se destacó en su amor a Toth fue Roger Dunsmore, que publicó un libro de poemas con el célebre verso: "¿Dónde estás Laszlo Toth, el del martillo suave?".
Es posible que el lector también se lo haya preguntado: ¿Cumplió Laszlo Toth su condena de nueve años?
No. Fue examinado por doctores y enviado a un hospital mental durante dos años. En 1975 fue deportado de Italia como "undesirable alien" (persona non grata). En Australia no fue detenido.
He intentado seguir las huellas de Toth, pero ni siquiera he conseguido la fotografía de Toth en la que golpea la Pietá.

6. Dos inmortales: Toth y la Pietá
¿Y qué le pasó a la Pietá, a su ojo, su nariz y su brazo?
Fue restaurada por Deoclecio Redig de Campos y ahora está tras un cristal protector que impide apreciar su belleza de cerca, como pude comprobar en mi visita al Vaticano no hace mucho.
Durante la restauración, se encontró en la palma izquierda de la Virgen una firma secreta de Miguel Ángel: una M.
Pero hay otra extraña coincidencia, pues Toth no fue el primero en destrozar una Pietá, sino que tuvo un ilustre predecesor: Miguel Ángel.
En efecto, Miguel ángel también destrozó una Pietá, la que hizo en Florencia, rompiendo a martillazos una de las piernas de Jesucristo.
¿Por qué lo hizo? Se dice que tal vez porque la colocación de la pierna de Jesucristo bajo el manto de la Virgen tenía una fuerte conotación sexual.
Toth ha conseguido lo que tal vez pretendía: pasar a la historia. También lo consiguió en la Antigüedad aquel que queriendo ser recordado incendió una de las Siete Maravillas del Mundo: el templo de Diana en éfeso. Se llamaba Erostrato.
Aunque Alejandro Magno reconstruyó el templo, años después unos vándalos mucho más organizados volvieron a destruirlo para siempre. Creo que no se conservan sus nombres.
7. Un enigma sin respuesta
Sin embargo, hay una pregunta a la que nadie ha dado respuesta. Laszlo Toth destrozó la Pietá de Miguel Ángel al grito: "Soy Jesucristo resucitado".
Pero, ¿por qué Jesucristo querría golpear a su madre?
¿Tal vez para vengarse de los golpes que Miguel Ángel le había causado?

El animal humano
Aunque ahora esté de moda decir que los animales son mejores que los humanos, sigo creyendo que el rasgo que permite distinguir a los humanos de la mayoría de los animales es el uso de la razón en detrimento del uso de la fuerza.
Lo que no impide, por supuesto, que demasiado a menudo se use la razón al servicio de ese rasgo animal que es el uso de la fuerza.

Google y la narrativa
Muchas de las nuevas aplicaciones desarrolladas por Google son una gran ayuda para la narrativa. Voy a proponer aquí algunas posibilidades.
Audiovisual
En Google Maps y Google Earth podemos ver el planeta entero con mucho detalle, incluso la fachada de nuestra propia casa (cuando se invente Google Inside podremos ver nuestra propia casa).
Además, en Google Earth podemos ver la luna e incluso Marte. Podemos sobrevolar el planeta con una cámara que nos muestra los acantilados de Dover o las montañas del Serengeti, la muralla china o los rascacielos de Shanghai.
Con todas esas imágenes gratuitas podemos construir una historia, por ejemplo añadiéndole una voz en off.
Si además tenemos un programa capaz de capatura lo que sucede en nuestra pantalla (como Camtasia) podemos construir una narración simplemente pasando de una pantalla a otra de Google Earth o Google Maps.
A esa narración podemos añadirle rótulos de todo tipo o una voz en off. Si no hablamos bien o no tenemos un amigo locutor a mano, podemos usar las voces automáticas de loquendo, que suenan casi humanas.
A veces podemos usar una imagen de un viandante, o de un automovil de Google Maps, o cualquier otro detalle, para integrarlo en la historia.
Es una manera de contar algo a coste cero (eso sí, hace falta tener un ordenador y conexión a internet).
Yo ya he hecho un audiovisual de la manera que he dicho (la típica historia de metanarrativa), pero hay muchas posibilidades.
Novela histórica
Google Earth y Google Maps llevan ya unos años funcionando, por lo que se abre una interesantísima vía a los novelistas: podemos ver cómo era una ciudad hace cinco años y situar allí nuestra novela. Las posibilidades para los escritores del futuro son evidentemente inmensas. No sólo los autores podrán documentarse viendo realmente cómo era aquello, sino que los lectores también podrán disfrutar de la novela recorriendo visualmente aquel mundo que ya no existe.
Al consultar ahora Gogle Earth descubro que esta idea se les ha ocurrido ya a la gente de Google (siempre han destacado por su creatividad) y ofrecen un Google Earth histórico.
Juegos de descubrimiento
Se pueden crear todo tipo de juegos aprovechando lo que podemos ver en Google Earth, de enigmas, de resolución de misterios... Hay que encontrar algún detalle escondido en el mundo real.
Es una actualización del juego que yo jugaba con mi hermana Natalia, buscando lugares en una vieja bola del mundo.
Descubrimientos
Y también se pueden hacer verdaderos descubrimientos.
Ya se han hecho varios, por personas que, observando en Google Earth irregularidades del terreno, han descubierto yacimientos arqueológicos.
En el relato "Un mundo distinto pero igual" de Recuerdos de la era analógica, propongo un desarrollo curioso de las posibilidades que nos da Google Earth y similares.
Mi vida (contada por Tonino) 2ªparte
Segunda parte del breve relato biográfico que me hizo Tonino en la presentación de Recuerdos de la era analógica en Valencia. En esta ocasión cuenta algunas de mis andanzas menos conocidas, con algunas revelaciones que tal vez sorprendan a quienes no me conocen bien.
Aprovecho para ofrecer algo más de información, hasta ahora privada, acerca de algunas de las cosas que cuenta Tonino con la prudencia e ingenio que le caracterizan.
Recuerdos de China

Atardecer en el pabellón del Jardín Yu de Shangai, junto al presidente de la República Popular China Liu Shaoqi.
En mi expresión se puede percibir claramente que yo estaba preocupado por la situación de Liu, quien pronto sería víctima de la cruel venganza de Mao Zedong, que le acabaría enviando a prisión, donde sufrió torturas y malos tratos hasta su muerte.

En una reciente visita a Beijing (Pekín), en la que aproveche para visitar a algunos de mis antiguos alumnos, que ahora viven en la capital.

Mi alumno Zhou Xiao me fotografió desde su ventana poco antes de despedirnos.
Mandala y Rayuela
Fragmento de una biografía de Cortazar en la que se explica, como dice Tonino, que efectivamente Rayuela se iba a llamar Mandala:
En ese mismo año aparece lo que sería su mayor éxito editorial y le valdría el reconocimiento de ser parte del boom latinoamericano Rayuela, la que se convirtió en un clásico de la literatura argentina. Según declaró en una carta a Manuel Antín en agosto de 1964, ese no iba a ser el nombre de su novela sino Mandala: "de golpe comprendí que no hay derecho a exigirle a los lectores que conozcan el esoterismo búdico o tibetano"; pero no estaba arrepentido por el cambio.

El primer párrafo de Rayuela

Cortazar preocupado tras una charla un poco tensa
Portada de Rayuela
¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.
La filofísica
Y, para terminar, el capítulo 68 de Rayuela, en el que se puede detectar la influencia de las teorías de mi padre acerca del peso atómico de las palabras, la filofísica. En este fragmento, por cierto, se menciona la editorial en la que he publicado Recuerdos de la era analógica, confirmando que como se dice en el primer párrafo de Rayuela, nada sucede por causalidad:
Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé!

Vínculos del pasado
En la Historia de Genji, podemos observar la influencia cada vez mayor del budismo en Japón (estamos en el año 1000), que convive con las doctrinas confucianas y la antigua religión autóctona de los kami (y tal vez algunos rasgos taoístas).
Del budismo, y su insistencia en que toda acción produce un efecto, incluso en vidas sucesivas, hay bastantes ejemplos, como éste, en el que Genji no logra explicarse por qué ama tanto a una mujer:
Cada noche en que la discreción le mantenía alejado de ella, se sentía tan mal que pensó en llevársela a Nijó, sin que le importara quién fuese ni la vergüenza que podría sentir a causa de los chismorreos. A su pesar, se preguntaba qué vínculo del pasado podría haber despertado una pasión tan devoradora y tan nueva para él.
Desde cierto punto de vista, como dije en Algunas aproximaciones la la noción de Karma, la doctrina de la reencarnación parece poder explicar de manera coherente fenómenos como un amor o un odio súbito hacia alguien a quien ni siquiera conocemos: ya lo odiábamos o lo amábamos en una vida anterior.
La doctrina del karma es, por cierto, una forma de causalismo (y tal vez materialismo) extremo.
Mi biografía por Tonino
En la presentación de Recuerdos de la era analógica en Valencia, Tonino trazó una breve biografía mía. Aunque suelo mantener discretamente ciertos aspectos de mi vida, en este caso dejaré que se hagan públicos en esta exposición de Tonino.
Esta es la primera parte de la biografía, en la que habla de mis padres.
Vuelve el fenómeno fan
Cualquiera que haya tenido la suerte o la desgracia de relacionarse con un fan se habrá dado cuenta de que la conversación sobre bases razonables resulta imposible. O se discute a grito limpio o se mantiene uno en silencio.
Si alguien opina que Bisbal es el mejor cantante de todos los tiempos, es evidente que sobra toda discusión; si alguien sostiene que la mayor injusticia de la historia de los Oscar es no haberle dado uno a Paul Naschy, resultaría temerario iniciar una polémica.
Los fans y los frikis, hoy en día tan populares que hasta organizan convenciones para presumir en masa de su rareza, se caracterizan porque razonan a golpes de emoción. Siguen a rajatabla aquel lamento de un ilustrado francés: "Nuestras razones son las esclavas de nuestras emociones".
Sin embargo, los fans y los frikis, aunque son numerosos (cada vez más numerosos) suelen ser tan sólo una gran minoría. Es cierto que cada vez hay más aficionados al fenómeno zombi, pero la mayoría de la población seguimos considerando que el género es un poco pobre, y que no ofrece muchas posiblidades a un buen actor para demostrar sus dotes interpretativas.
En el fondo, los fans y los frikis, que suelen ser jóvenes, son una respuesta al mundo de los adultos, en el que también sobran las seguridades y los planteamientos dogmáticos e irracionales: "Si vosotros tenéis tan pocas razones para opinar lo que opinais, ¿cómo me vais a discutir a mí que convertir a decenas de actores en zombis o regar la pantalla con unos litros de sangre sea arte y además del bueno?".
Pero a veces, pocas veces eso sí, el fenómeno fan se extiende a toda la sociedad. De repente descubres que estás rodeado por algo peor que los zombies: los fans.
Yo tuve, como decía al principio, la suerte o la desgracia de vivir un fenómeno fan hace muchos años: la época del marxismo dominante: el fanmarxismo. Lamentablemente, no era el de Groucho, sino el de Karl.
En aquella época todo el mundo era marxista, y los que no lo eran permanecían callados.
Como todos, yo también consulté las obras de Marx, Engels y Lenin, y, como pocos, además leí muchas de ellas. Encontré muchas cosas interesantes, y algunas muy razonables, pero cometí el error imperdonable de no convertirme en un acólito, en un fan. A mí me gustaba hablar del marxismo como quien habla de una teoría discutible en todos los sentidos: porque puede ser objeto de ciertas críticas y porque, sencillamente, se puede discutir acerca de ella.
Pero con los fans, como he dicho, no se puede conversar, ni siquiera discutir, sino que sólo se pueden intercambiar emociones, así que con los fans del marxismo resultaba del todo imposible intentar plantear argumentos mínimamente comprobables o contrastables: todo eran frases hechas, convicciones inquebrantables y dogmas indiscutibles.

El marxismofan, como es sabido, cayó con el muro de Berlín, así, de golpe, sin más discusión, y los fanmarxistas, que hasta entonces dominaban el cotarro, se diluyeron hasta hacerse casi imperceptibles.
Yo, como nunca fui fanmarxista, seguí disfrutando de ciertas ideas de Marx, como sigo disfrutando de otras ideas de John Stuart Mill o de Kropotkin. Y discutiendo, claro está, otras.
Hace unos años se produjo un cierto rebrote del fanmarxismo con el llamado movimiento antisistema, y se sabe que han intentado volver de nuevo a la primera línea tras la crisis, pero sin demasiado éxito, porque el mercado fan ya está lleno.
En efecto, ya existe un fenómeno fan masivo que domina de manera casi idéntica a como lo hacía el marxismo en sus buenos tiempos. Quizá incluso más.
No, no son los frikis o fans de los zombies: es el pensamiento mágico.
Hoy en día no te encuentras a personas que creen en Marx, Lenin, Engels o la Revolución de Octubre, sino a fans de la homeopatia, la acupuntura, la psicomagia o el fluir y recolocación de las energías.
Si cometes la tremenda imprudencia de decir que no hay, por el momento, ninguna verificación científica de la homeopatía, la acupuntura o el reyki, te expones a ser tachado de "escéptico", tremendo insulto al parecer, que los fans del pensamiento mágico han tomado de los creacionistas (que lo emplean en su lucha contra la teoría evolutiva).
También te pueden llamar "incrédulo", lo que resulta todavía más curioso, si tenemos en cuenta que la credulidad siempre ha sido definida como la creencia en cosas evidentemente falsas, o en ningun caso comprobadas:
crédulo, la.
(Del lat. credŭlus).
1. adj. Que cree ligera o fácilmente.
El no creer a pies juntillas en lo que dice cualquier persona que presume de manejar "las energías" o curar con una botella de agua (eso es la homeopatía desde el punto de vista de su creador), el no considerar que el que "mi cuñado se curó con la homeopatía", o que "a mí me quitaron un quiste con unos cristales de cuarzo" sea suficiente para otorgar validez científica a una hipótesis; en fin, el no hacer caso de charlatanes y brujos de feria, o el discutir la validez científica de hipótesis que todavía están sometidas a investigación, le convierte a uno hoy en día en escéptico e incrédulo, como en tiempos del fanmarxismo uno era un pequeñoburgués o directamente un fascista, por decir que el marxismo era una teoría política y no una verdad revelada.
Y así estamos viviendo este nuevo fenómeno fan, que tal vez dure diez o veinte años. El fanmarxismo duró quizá sesenta o setenta, pero el anterior brote de magicfan creo que se extendió a lo largo de unos mil quinientos años. Así que habrá que armarse de paciencia.
(Por cierto, cualquier semejanza que el lector detecte entre fanmarxistas y fanmágicos con los zombis no será accidental)

Los aurigas de la Ilíada
Como dije en el primer capítulo dedicado al auriga de la Bhagavada Gita india, el uso del caballo y del carro de guerra fue una contribución bélica de primer orden en diversas culturas.
En la Ilíada esto queda muy claro, no sólo porque el mito del caballo de Troya parece esconder un símbolo del papel fundamental de los caballos en esta guerra, sino también porque toda la obra está llena de combates en los que los héroes griegos y troyanos se enfrentan sobre carros de guerra. Los aurigas que conducen esos carros suelen ser mencionados por su nombre, como podemos ver cuando Agamenón se dirige en su carro a arengar a las tropas antes del combate:
Entonces no hubieras visto que el divino Agamenón se durmiera, temblara o rehuyera el combate; pues iba presuroso a la lid, donde los varones alcanzan gloria. Dejó los caballos y el carro de broncíneos adornos —Eurimedonte, hijo de Ptolomeo Piraída, se quedó a cierta distancia con los fogosos corceles—, encargó al auriga que no se alejara por si el cansancio se apoderaba de sus miembros mientras ejercía el mando sobre aquella multitud de hombres, y empezó a recorrer a pie las hileras de guerreros. A los dánaos, de ágiles corceles, que se apercibían para la pelea, los animaba…” (Ilíada, 4, 223)
Lo mismo hace, en el campo Troyano, Héctor, que se mueve entre el ejército con su carro, pero desciende de él para tener un contacto más cercano con sus guerreros:
Así habló Sarpedón. Sus palabras royéronle el ánimo a Héctor, que saltó del carro al suelo, sin dejar las armas; y blandiendo un par de afiladas picas, recorrió el ejército, animóle a combatir y promovió una terrible pelea. (Ilíada, 5, 493)
Pero a veces los papeles se invierten, porque el héroe principal maneja mejor los caballos que su acompañante, como sucede en el caso de Eneas y Pándaro:
Contestó el preclaro hijo de Licaón:
— ¡Eneas! Recoge tú las riendas y guía los corceles, porque tirarán mejor del carro obedeciendo al auriga a que están acostumbrados, si nos pone en fuga el hijo de Tideo. No sea que, no oyendo tu voz, se espanten y desboquen y no quieran sacarnos de la liza, y el hijo del magnánimo Tideo nos embista y mate y se lleve los solípedos caballos. Guía, pues, el carro y los corceles, y yo con la aguda lanza esperaré de aquél la acometida. (Ilíada, 5, 229)
La primera sorpresa con la que nos encontramos en la Ilíada, después de haber visto al auriga Krishna en la Bhagavad Gita, es que en las llanuras de Troya no sólo los héroes o los aurigas guían los carros de guerra, sino también los dioses. En este caso no se presentan bajo la apariencia de Krishna, sino como Atenea o como Apolo, que es, tal vez, el dios griego más semejante a Krishna.
Dioses contra humanos
En el canto V de la Ilíada, llamado Principalía de Diómedes, por ser éste el héroe que se lleva casi todo el protagonismo, vemos un enfrentamiento entre humanos y dioses que muestra que quizá no sea tanta la distancia que los separa.
En efecto, en muchas ocasiones vemos que los humanos se atreven a enfrentarse a los propios dioses y que, incluso, los dioses llegan a temerlos. Es un motivo mítico o mitema, o quizá habría que decir un fundamento de casi todas las religiones y mitologías, que analizo en mi libro Dioses contra humanos.
El griego Diómedes, en su afán de matar a Eneas, se enfrenta a la diosa que protege al troyano, Afrodita, e incluso la hiere en la mano.

Diómedes hiere a Afrodita, por Arthur Heinrich Wilhelm Fitger (1840-1909)
La diosa se refugia en el Olimpo y se lamenta, pidiendo venganza:
Me duele mucho la herida que me infirió un hombre, el Tidida, quien sería capaz de pelear con el padre Zeus.

Ingres,
Venus herida por Diómedes
Afrodita [Venus]
se lamenta ante Ares y le pide el carro de caballos
para regresar al Olimpo. La auriga es Iris.
Desciende entonces al combate el temible Apolo, pero su poder no intimida a Diómedes:
Diomedes, valiente en el combate, cerró con Eneas, no obstante comprender que el mismo Apolo extendía la mano sobre él; pues impulsado por el deseo de acabar con el héroe y despojarle de las magníficas armas, ya ni al gran dios respetaba. Tres veces asaltó a Eneas con intención de matarle; tres veces agitó Apolo el refulgente escudo. Y cuando, semejante a un dios, atacaba por cuarta vez, el flechador Apolo le increpó con aterradoras voces:
—¡Tidida [Diómedes, por ser hijo de Tideo], piénsalo mejor y retírate! No quieras igualarte a las deidades, pues jamás fueron semejantes la raza de los inmortales dioses y la de los hombres que andan por la tierra.
Diómedes permite entonces a Apolo que retire del combate a Eneas, pero no por ello renuncia a luchar. Al verlo, Apolo solicita la ayuda del propio dios de la guerra:
¡Ares, Ares, funesto a los mortales, manchado de homicidios, demoledor de murallas! ¿Quieres entrar en la liza y sacar a ese hombre, al Tidida, que sería capaz de combatir hasta con el padre Zeus? Primero hirió a Ciprina [Afrodita] en el puño, y luego, semejante a un dios, cerró conmigo.
La situación ahora se presenta difícil para Diómedes, que a veces nos recuerda a Arjuna y otras a su hermano Bhima, y es entonces cuando de nuevo es determinante la figura del auriga.
Atenea incita al combate a Diómedes
Del mismo modo que en un momento de duda de Arjuna, Krishna se le aparece como auriga para incitarle al combate, Atenea se presenta ante Diómedes. quien en ese momento rehuye la batalla, no a causa de dudas como las del pacifista Arjuna, sino porque ha sido herido:
Atenea, la diosa de ojos de lechuza, fue en busca del Tidida y halló a este príncipe junto a su carro y sus corceles, refrescando la herida que Pándaro con una flecha le había causado. El sudor le molestaba debajo de la ancha abrazadera del redondo escudo, cuyo peso sentía el héroe; y, alzando éste con su cansada mano la correa, se enjugaba la renegrida sangre. La diosa apoyó la diestra en el yugo de los caballos y dijo:
__¡Cuán poco se parece a su padre el hijo de Tideo! Era éste de pequeña estatura, pero belicoso.
Atenea no menciona descuidadamente a Tideo, pues éste fue el héroe al que ella protegió durante la guerra de los Siete contra Tebas, en la que lucharon los padres de los caudillos que asediaron Troya:
Ahora es a ti a quien asisto y defiendo, exhortándote a pelear animosamente con los troyanos. Mas, o el excesivo trabajo de la guerra ha fatigado tus miembros, o te domina el exánime terror. No, tú no eres el hijo del aguerrido Tideo Enida.
No es la primera vez que Diómedes tiene que sufrir la comparación con su padre, pues ya Agamenón empleó el mismo procedimiento para encender el ardor del que tal vez sea junto al propio Aquiles, el guerrero más temible del ejército griego.
En aquella ocasión, Diómedes contestó airado a Agamenón que la prueba de que él y su generación eran superiores a sus padres era el hecho mismo de que su padre fracasó en la conquista de Tebas, mientras que él participó en la victoria definitiva, cuando los llamados epígonos conquistaron la ciudad.
Otra prueba de su valor incomparable es que Diómedes acaba de herir a una diosa, Afrodita, que ha tenido que huir al Olimpo, implorando la ayuda de Apolo, y que finalmente ha acudido al combate, el dios de la guerra, con tal de frenar al héroe griego que se enfrenta a los dioses.
Tras los reproches de Atenea, Diómedes habla cortésmente a la diosa:
Te conozco, oh diosa, hija de Zeus, que lleva la égida. Por esto te hablaré gustoso, sin ocultarte nada. No me domina el exánime terror ni flojedad alguna; pero recuerdo todavía las órdenes que me diste. No me dejabas combatir con los bienaventurados dioses; pero, si Afrodita, hija de Zeus, se presentara en la pelea, debía herirla con el agudo bronce, Pues bien: ahora retrocedo y he mandado que todos los argivos se replieguen aquí, porque comprendo que Ares impera en la batalla.
Pero Atenea le dice que no se preocupe, pues ella le protegerá incluso cuando se enfrente a Ares, “ese loco voluble” que ha traicionado su promesa de ayudar a los griegos. Para demostrárselo, ella misma será su auriga en lugar de Esténelo:
Asió de la mano a Esténelo, que saltó diligente del carro a tierra. Montó la enardecida diosa, colocándose al lado del ilustre Diomedes, y el eje de encina recrujió a causa del peso porque llevaba a una diosa terrible y a un varón fortísimo. Palas Atenea, habiendo recogido el látigo y las riendas, guió los solípedos caballos hacia Ares el primero.
Pero, para no ser conocida por su primo Ares, Atenea se pone el casco de Hades, que la vuelve invisible. De este modo tiene lugar el combate entre el mortal Diómedes y el divino Ares:
Cuando Ares, funesto a los mortales, vio al ilustre Diomedes (…) Al hallarse a corta distancia, Ares, que deseaba quitar la vida a Diomedes, le dirigió la broncínea lanza por cima del yugo y las riendas; pero Atenea, la diosa de ojos de lechuza, cogiéndola y alejándola del carro, hizo que aquél diera el golpe en vano.

A su vez Diomedes, valiente en el combate, atacó a Ares con la broncínea lanza, y Palas Atenea, apuntándola a la ijada del dios, donde el cinturón le ceñía, hirióle, desgarró el hermoso cutis y retiró el arma. El broncíneo Ares clamó como gritarían nueve o diez mil hombres que en la guerra llegaran a las manos; y temblaron, amedrentados, aqueos y troyanos. ¡Tan fuerte bramó Ares, insaciable de combate!
Quizá haya una diferencia entre el comportamiento de Atenea como auriga de Diómedes y el de Krishna como auriga de Arjuna, pues Krishna se limita a conducir el carro y no interviene en el combate. Sin embargo, como se ve en la cita anterior, Atenea parece ayudar al menos a que la lanza de Diómedes dé en el blanco.
Pero la semejanza más interesante entre los aurigas divinos de la batalla de Kurushetra y la de Troya es que la misión fundamental de estos dioses es incitar a los guerreros al combate. Ya se verá más adelante la importancia de este detalle.
El auriga Hermes
También otro dios, Hermes, se convierte en auriga en la Ilíada cuando por orden de Zeus acompaña al desdichado Príamo a la tienda de Aquiles, para intentar recuperar el cadáver de su hijo Héctor. Tras fingirse uno de los servidores de Aquiles, se hace cargo del carro del anciano rey:
Y, subiendo el benéfico Hermes al carro, recogió al instante el látigo y las riendas a infundió gran vigor a los corceles y mulas. Cuando llegaron al foso y a las torres que protegían las naves, los centinelas comenzaban a preparar la cena, y el mensajero Argicida los adormeció a todos; en seguida abrió la puerta, descorriendo los cerrojos, a introdujo a Príamo y el carro que llevaba los espléndidos regalos (…) Y apeándose del carro, dijo a Príamo:
-¡Oh anciano! Yo soy un dios inmortal, soy Hermes; y mi padre me envió para que fuese tu guía. Me vuelvo antes de llegar a la presencia de Aquiles, pues sería indecoroso que un dios inmortal se tomara públicamente tanto interés por los mortales.”
Tras pronunciar esta enigmática última frase, que he puesto yo en cursiva, Hermes desaparece.
Continuará...

Sally Potter en la Filmoteca
El jueves 21 de enero moderaré un coloquio en la Filmoteca de Madrid con Sally Potter y su productor Michael Sheppard.

Tilda Swinton como Orlando

Swinton y el crítico Quentin Crisp en el papel de la reina Isabel I
Sally Potter es la directora de Orlando, la extraordinaria película basada en el libro de Virginia Woolf acerca de un hombre/mujer inmortal.

Sally Potter con Tilda Swinton, la protagonista de Orlando
También dirigió La lección de tango (donde también actuaba), Vidas furtivas y Yes. Su última película. Rage, es la primera de un director profesional, aunque sea de lo que se ha llamado cine independiente o experimental, que se ha estrenado en blogs y teléfonos móviles antes que en las salas de cine.

Jude Law en Rage
En Rage, Potter propone una manera nueva de hacer cine que se ha llamado naked cinema (cine desnudo) y que según algunos críticos es una guerra declarada al cine tradicional.


Antonio Penadés y Tonino presentan...
Recuerdos de la era analógica
Los tres primeros vídeos de la presentación de Recuerdos de la era analógica que tuvo lugar el día 15 de enero de 2010 en la Casa del Libro de Valencia. Pronto subiré más.
1. Nombres y anagramas
En cuanto al acróstico o anagrama que menciona Tonino: "Daniel Tubau= Tú el Buendía", hay que decir que es un anagrama imperfecto, pues falta una a y sobra una e. Me gustó mucho ese detalle, porque en la adolescencia me encantaba buscar anagramas de mi nombre, como Lien Tau Buda, que empleé como seudónimo en mi Breve historia del budismo. Pero nunca he encontrado uno tan bueno como el que Paul Eluard lanzó contra Dalí:
Salvador Dalí
Avida Dollars
Sobre este asunto de los anagramas, hemos seguido conversado Tonino y yo en Facebook. Reproduzco a continuación los diversos intercambios.
Daniel Tubau
José Antonio Lopez
Daniel Tubau
O cómo dirían en ciertos test: "¿Cuándo dejo usted de temer problemas con el alcohol?"
Lo que me pregunto es si una doble verdad también se convierte en una falsedad.
José Antonio Lopez
Daniel Tubau
Más comentarios (no todos relacionados con el anagrama) en:
2.Cambiante
Es cierto lo que dice Tonino acerca de mi afición a escaparme de diversos lugares. La razón fundamental, supongo, es que me aburren los hábitos, y que también me aburro de mí mismo haciendo la misma cosa mucho tiempo. Unos siente que acaba repitiendo las mismas cosas y recurriendo a fórmulas manidas.
Es por eso que cambio también el nombre de este blog cada dos o tres meses: se trata de una fobia que contraí en la adolescencia a ser etiquetado. Creo que el asunto lo explico más o menos bien en el ensayo El problema de la identidad, que publicaré pronto.
3. Griegos y Gore Vidal
No he leído el ensayo de Gore Vidal, ni nada más de este autor, excepto, creo, una autobiografía en el estilo inconfundible de los escritores americanos, que siempre se consideran a sí mismos (Norman Mailer, Truman Capote, Gore Vidal, John Updike) "el mejor escritor americano vivo", y que hablan tan mal de todos sus amigos (los otros escritores americanos que no son tan buenos) que uno no sabe si sorprenderse más por su rencor y su desprecio, sino por el hecho de que aceptaran mantener alguna vez cierta amistad con tales personas.
Pero he oído muy buenas críticas acerca de Creación, y tal vez ahora, tras la recomendación de Antonio Penadés, me anime a leerlo, aunque la novela histórica no es un género que me atraiga, porque siempre prefiero leer antes un libro de historia (para quien crea que digo esto con displicencia, debo advertir que considero esto un defecto mío, no una virtud: sé que hay extraordinarias novelas históricas).
Es cierto que ese momento histórico en el que culturas muy diversas conocieron un cierto esplendor intelectual siempre ha asombrado a los historiadores. Sospecho que fue Toynbee el primero en destacar esta coincidencia, aunque es probable que alguien lo hiciera antes que él (tal vez Spengler).
Sin embargo, hay que decir que ese momento histórico es un momento muy largo (quizá va desde el -700 al -300), y que muchas de las fechas son dudosas.
La cronología india, por ejemplo, resulta verdaderamente complicada y textos como el Mahabarata a veces se consideran del -2000 y otras del -300; del mismo modo, las fechas de Confucio (Kung zi), Lao Dan (autor del Lao zi) y Zhuang Zhou (autor del Zhuang zi), por ejemplo, son motivo de continua discusión. Lo mismo podemos decir de Homero y de Zoroastro, o de Moisés y de Abraham (que también podrían añadirse a esta eclosión cultural), y de casi de todos los demás: Mahavira, Budha, Gosala, Gongsun Long, etc..

Lao Dan o Lao zi (mestro Lao) camino de la India
Por otra parte, en los últimos lustros se empieza a dudar bastante de la falta de comunicación entre culturas como la China, la India, la persa, la mesopotámica, y la griega. Quizá no eran tan estancas como se ha solido creer y tal vez, por ejemplo, haya algo de verdad difusa en aquella leyenda que decía que el taoísta Lao zi se fue en su vejez a la India, montado sobre un buey.
Eso no impide que muchos nos hayamos sentido fascinados por esa época tan asombrosa y de la que, lamentablemente, apenas conservamos nada. Por ejemplo, de las cien escuelas de China, o de las decenas que se adivinan en las Upanisads de la India, sólo sobrevivieron unas pocas.
Antonio menciona a Ariodante Fuensanta, agradeciéndole la organización del acto, cosa que yo también hago desde aquí.

Fuensanta, que firma con el seudónimo Ariodante, es una lectora y crítica voraz, y con quien, a raíz de una recensión que hizo de Recuerdos de la era analógica, he iniciado una amistad que espero se prolongue, porque me quedé con ganas de hablar con ella con más tranquilidad.
Ahora que ya han pasado dos meses de la recensión que publicó en su página, creo que ya puedo reproducirla aquí.
Así que en una próxima entrada pondré aquí la recensión de Ariodante y aprovecharé para comentar algunos detalles interesantes.
Pero también puedes leerla en La hora azul, la página de Ariodante, donde también acaba de publicar una crónica de la presentación de Valencia: aquí.
Por cierto, sería interesante saber por qué su página se llama La mirada de Ariodante (no conozco bien esa ópera de Haendel para saber qué caracteriza a la mirada de ese personaje).

Recuerdos de la era analógica en Valencia
El viernes 15 de enero (mañana mismo) estaré en Valencia para presentar Recuerdos de la era analógica en La Casa del Libro. Como se dice en la imagen , en la presentación me acompañarán Tonino y Antonio Penadés y, además, Javier Baonza.
Entrevista en El planeta de los libros

Esta noche estaré en el programa de Radio Círculo El planeta de los libros, dirigido por Nieves Martín. Hablaremos de Recuerdos de la era analógica y de cualquier otro asunto que vaya saliendo.

La entrevista comenzará a las diez de la noche.
Puedes escucharlo en la radio convencional (100.4 FM) o a través de la página web de Radio Círculo.
La página de El planeta de los libros
Un experimento acerca de los prejuicios
(El guión de cine y los prejuicios 4)
Las entradas anteriores en los blogs del 2009 (barra lateral)
En mis clases de guión me gusta mostrar a los alumnos la existencia de los prejuicios y códigos aprendidos sin saberlo de una manera clara e intuitiva.
Ya en mis primeros cursos empecé, casi por azar, un experimento, que luego he repetido en cada nuevo curso, porque es una manera estupenda de demostrar como funcionan los prejuicios de manera casi inadvertida.
Suelo poner este ejercicio casi después de las presentaciones, antes de que me conozcan y sepan de mi afición a las bromas, trucos y paradojas.
Se trata, en este primer contacto, de que escriban de manera rápida y espontánea, y no para complacerme a mí, porque mi teoría es que cuando uno hace las cosas espontáneamente es casi seguro que lo que hace es seguir su intuición, es decir, sus instintos, es decir, sus prejuicios.
Luego justificaré esta asimilación entre intuición y prejuicios, que estoy seguro de que a muchos les habrá sonado un poco raro, y que muy poca gente acepta, si no es tras un largo debate, sobre todo en esta época en que vivimos, tan partidaria de la intuición.
El lenguaje del guión
El ejercicio consiste en convertir un texto que está en lenguaje literario a otro que esté en lenguaje cinematográfico.
Precisamente, se trata de mostrar cuál es la diferencia entre un texto literario y un guión de cine.
Porque si alguien, por ejemplo el alumno de un curso de guión, quiere escribir un guión, lo primero que tiene que hacer es aprender que un texto literario no tiene casi nada que ver con un guión.
Por eso les pongo este ejercicio y les digo: he seleccionado un texto literario, un fragmento de una novela, y ahora quiero que lo transforméis en un guión.
Texto neutro
Este es el texto:
“Caminé durante media hora y vi la casa. Llamé a la puerta pero nadie me respondió, así que entré. Caminé por un largo pasillo cubierto de estanterías y llegué a un salón. No había ninguna persona. En una mesita vi unas botellas. Me serví una copa y me senté. Llamaron a la puerta.
-Hola
-Hola.”
A mis alumnos les digo que imaginen que al día siguiente se tiene que grabar la escena descrita en ese breve texto, y que, por ello, tienen que explicar a su equipo de producción qué es lo que se necesita, es decir, que es lo que verá el espectador.
La indeterminación literaria
En el texto literario anterior hay muchas cosas que no se describen: cómo es la casa, dónde está, cómo es el salón. El texto sirve, pues, para mostrar lo diferente que es un texto literario y un guión.
En un texto literario, el lector lo pone todo: sitúa la casa en algún lugar, pone los muebles, imagina cómo es la puerta.
En el cine o la televisión las cosas son muy diferentes: hay una persona que se ocupa de localizar una casa concreta, otras personas, atrezistas y decoradores, colocan los sillones, la mesa con las bebidas, todos los objetos que luego el espectador verá.
En una novela puedes escribir que doscientas naves espaciales bombardean un asteroide, mientras los héroes de la historia huyen por los subterráneos. El lector ya se encargará de poner el asteroide, los subterráneos, las doscientas nabves espaciales y todo lo demás.
En el cine las cosas se complican extraordinariamente y a menudo lo que el guionista ha imaginado como un baile en un palacio con una orquesta y toda la nobleza reunida se tiene que convertir, por problemas de presupuesto, en dos personas descalzas bailando en la habitación de un hotel de carretera con un ipod.
Curiosamente, a veces ese cambio obligado mejora las cosas.
Así que esta es una diferencia esencial entre un texto literario y un guión: el texto literario llega directamente al lector, pero el guión pasa por intermediarios. El texto de una novela es la novela, pero el guión no es la película.
Un guión es una receta que tiene que ser cocinada, un manual de instrucciones que tienen que seguirse con cuidado, un mapa que permite orientarse, una formula que hay que interpretar.
En teoría semántica, un guión y una novela se definen de manera muy diferente: un guión se compone de símbolos que han de convertirse en otra cosa, pero el espectador no llega a ver esos símbolos, sino tan sólo su traducción por parte de un equipo de personas. Ve la película. Sin embargo, el lector de una novela se enfrenta a un sistema de símbolos que él mismo debe interpretar, sin intermediarios.
El guión no es la obra final
Es cierto que un escritor necesita un editor para que su libro se lea, pero es una intermediación casi accidental: hoy en día cualquier escritor puede ser leído directamente si sube sus textos a Internet, por ejemplo a un blog como éste.
La prueba de que un guión no es la película es que nadie se compra los guiones para leerlos, a no ser los estudiantes de cine o los cinéfilos empedernidos. Y lo que habitualmente se vende como el guión de una película no es el verdadero guión, sino una transcripción de la película.
Jean Claude Carriere demuestra de manera elocuente esa naturaleza del guión: ¿qué sucede el día final de un rodaje? Que todos se van a sus casas, dejando el suelo lleno de guiones tirados.
Nadie tira un libro después de leerlo, pero el guión, cuando ya esta hecha la película, muere. Carriere lo compara con el paso del gusano de seda a mariposa.
Volvamos al texto neutro y a todas esas cosas que no se describen claramente en el. ¿Cómo es la casa, la puerta, los protagonistas?
La indeterminación de la novela
En literatura se pueden producir errores como el de una novela de Dumas, no recuerdo si es en Los tres mosqueteros, en la que el héroe lucha con una espada, agarra un cofre con otra mano y extiende otra mano para sujetar una cuerda que le permitirá saltar al otro edificio.
Pocos lectores se dan cuenta de que hacen falta tres manos para lograr tal hazaña, pero en el rodaje de una película alguien se dará cuenta tarde o temprano de que no hay actores con tres brazos.
En State and main, de David Mamet, cuando el equipo llega a rodar a un pueblecito en el que hay un famoso molino molino, descubren que ya no hay molino, que se quemó años atrás. En una novela no habría pasado nada, pero en una película hay que irse a otro pueblo o construir otro molino.
En este vídeo de Prodigy se produce una situación similar (en las clases a veces creo necesario advertir que es un vídeo para adultos, no sé si también es conveniente hacerlo en una página web: se trata de la versión no censurada de Smack My Bitch Up)
Prodigy y el texto neutro
Bien, no sé si se te habrás dado cuenta de que en el texto neutro que puse antes, en el ejercicio que pongo a mis alumnos, no se revela en ningún momento el sexo del protagonista. Puede ser un hombre o una mujer.
“Caminé durante media hora y vi la casa. Llamé a la puerta pero nadie me respondió, así que entré. Caminé por un largo pasillo cubierto de estanterías y llegué a un salón. No había ninguna persona. En una mesita vi unas botellas. Me serví una copa y me senté. Llamaron a la puerta.
-Hola
-Hola.”
En una novela también puedes mantener secreta la identidad sexual del protagonista. En la excelente novela de Jeanette Winterson Escrito en el cuerpo, hasta casi la mitad del libro muchos lectores piensan que se trata de un hombre, simplemente porque se acuesta con mujeres y tiene un carácter asertivo y a veces agresivo, habitualmente asociado con lo masculino (con bastante razón, tal vez).
En inglés es fácil mantener esta ambigüedad, simplemente usando frases como “I was excited”, que puede querer decir "estaba excitado" o "estaba excitada".
En español es más difícil, pero se puede hacer, hay que escribir cosas como “Sentí una fuerte excitación”.
Pero en el guión de cine, esa ambigüedad no se puede mantener, porque inevitablemente veremos en la pantalla a un hombre o a una mujer. Excepto cuando usamos la cámara subjetiva, como el vídeo de Prodigy que he puesto un poco más arriba.
Pero, claro, cuando se usa la cámara subjetiva, cuando vemos a través de los ojos del personaje, enseguida sospechamos que pasa algo extraño, con lo cual la narración no fluye de manera despreocupada y natural. En Las paradojas del guionista cuento cómo Orson Welles intento hacer la primera película rodada en plano subjetivo de principio a fin, intentando adaptar El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad (en el capítulo La indeterminación en el cine).
Mantener la indeterminación sexual es muy sencilla en un texto literario y se puede dar el caso de un cuento en el que el lector imagine que el protagonista es un hombre o una mujer, sin llegar a saberlo nunca. En un mismo cuento, dos lectores pueden ver a un protagonista completamente diferente.
Pero en un guión tendremos que decidir si es hombre o mujer, porque el departamento de producción tendrá que contratar a un hombre o a una mujer, a alguien joven o mayor, guapo o feo, alto o bajo, gordo o flaco.
Por fin los prejuicios
El verdadero objetivo de mi ejercicio, aparte de mostrar las diferencias entre el lenguaje del cine y el de la novela era, como anticipé al inicio, mostrar los prejuicios de los que no somos conscientes.
Porque el resultado que siempre se obtiene al revisar los ejercicios y ver lo que los alumnos han imaginado al adaptar el texto literario a un guión es asombroso, especialmente en loq ue se refiere al protagonista de la historia:
85% hombre
10% mujer
5% indeterminado
El resultado es sospechosamente desequilibrado: el 85% de los alumnos leen el texto literario neutro e intuyen o "ven" que el protagonista es un hombre. Es un desequilibrio que, como es obvio, no puede ser casual. Lo curioso es que esa desproporción es casi la misma entre alumnos y alumnas.
Es una estupenda manera de mostrar que somos mucho más víctimas de lo que creemos de los prejuicios y códigos aprendidos.
Es también una primera muestra de que cuando creemos actuar espontáneamente e intuitivamente, lo hacemos en realidad instintivamente, como un perro de Pavlov ante un estímulo: al perro le tocan una campana y comienza a salivar aunque no haya comida delante. A nosotros nos dicen: “protagonista de una película” y respondemos: “hombre”.
Las paradojas del guionista
Antólogos, prólogos y errores
(Recuerdos de la era analógica en El Caldito 4)
La cuarta parte de la presentación con Juanjo de la Iglesia de Recuerdos de la era analógica. Debajo del vídeo he añadido algunos comentarios y correcciones. Los vídeos anteriores puedes encontrarlos en la columna lateral, dentro del blog Causas tenues.
Prólogos
Como comentamos al principio del vídeo, el libro tiene tres prólogos: uno escrito por Daniel Tubau en 2009, una nota de advertencia del editor de Evohé Javier Baonza, y un prólogo escrito en el 2412 por los antólogos.
Reproduzco aquí el prólogo de Javier Baonza en el que se habla de los errores del libro:
Nota del Editor
Este es un conjunto de textos que generan más dudas que certezas.
El lector tal vez encontrará que en este libro hay algunos errores,
equivocaciones y erratas. Sin embargo, hemos decidido no corregir ni tan siquiera los más evidentes ante el temor de ser nosotros
quienes nos equivoquemos y no el autor, los antólogos o los propios autores de los textos seleccionados. Además, el hecho de que sean un conjunto de textos de un futuro presentados en un pasado nos obliga a un acto de responsabilidad editorial, evitando cualquier tentación de corrupción textual y anteponiendo la literalidad
a cualquier otra consideración: scriptum manet.
Javier Baonza.
Donación de Constantino
Es un documento en el que el emperador Constantino donó al Papa Silvestre I la ciudad de Roma y le concedió ser el primer obispo de la cristiandad.

No fue Erasmo quien demostró que era una falsificación, como dije en la presentación, sino Lorenzo Valla. Sin embargo, ya antes de Valla algunos autores dijeron que la Donación era falsa, entre ellos el gran Nicolás de Cusa.


El libro se reproduce íntegro en el Archivo secreto vaticano
Stalin y la reinvención del pasado
Algunos ejemplos de cómo se reinventaba el pasado en la Unión Soviética de Lenin y Stalin.


Un colaborador de Stalin caido en desgracia desaparece


Un ejemplo impresionante de cómo lograr que los asistentes a un mitin de Lenin se multipliquen (más ejemplos en englishrussia)
En el prólogo escrito por los antólogos en el año 2412 se dice:
Hoy en día, la verdadera dificultad no consiste en predecir el futuro, sino el pasado
La idea tiene que ver, precisamente, con las manipulaciones históricas llevadas a cabo en la Unión Soviética, pues es una variación de la opinión de un historiador soviético:
It is not for nothing that a soviet historian once remarked that the most dificulty of a historian's task is to predict the past.
(No en vano ha dicho un historiador soviético dijo en una ocasión que la tarea más difícil para un historiador es predecir el pasado)
En este sentido hay que entender como una especie de venganza histórica o justicia poética que en el futuro se piense que fue Trotsky el que gobernó en Rusia y mató a Stalin.
Newton
Como dice Juanjo, Isaac Newton estaba muy interesado en cuestiones religiosas. No sólo era sociniano, es decir partidario de un Dios poderoso pero no omnipotente, sino que dedicó gran parte de sus estudios a interpretaciones semi cabalísticas de los textos bíblicos. De eso hablaba en una primera versión de mi libro La verdadera historia de las sociedades secretas, que luego no incluí en la edición definitiva. Copio aquí un fragmento de esa parte eliminada:
Newton, aunque es el padre de la ciencia moderna, estaba muy interesado en la teología y el esoterismo y es posible que si hubiese dedicado menos tiempo a esos temas le hubiera dado tiempo no sólo para crear la Física sino el resto de las ciencias, pues de sus 470 libros casi todos están dedicados a temas teológicos y esotéricos.

El cuento de Recuerdos de la era analógica en el que alguien emplea métodos semejantes a los de Newton en la interpretación de los textos sagrados es La nueva teología, que en realidad no está incluido en el libro, sino en otro libro publicado por Evohé: El camino de los mitos.
Satanás en Pérgamo
En el altar de Pérgamo se representa la Gigantomaquia, en la que Zeus y los Olímpicos luchan contra los gigantes.

Pero cuando vi en Berlín el altar, las colas de serpiente y las alas de los gigantes me recordaron inevitablente la rebelión de Satanás y un tercio de los ángeles contra Dios.

Me pregunté si los judíos habrían visitado aquel altar y si les pudo servir de inspiración para el tema de la rebelión de Satanás. El altar es tan extraordinario que en la época debió impresionar a cualquier visitante.
Ahora, al investigar un poco, he descubierto que no estaba tan desencaminado. Cuando en el Apocalípsis o Revelación Juan se refiere a la ciudad de Pérgamo, dice que allí está el trono de Satanás. Los expertos creen que se refiere precisamente a las imágenes del altar de Pérgamo.

Leto a punto de matar a un gigante
Un aspecto interesante es que la batalla contra los gigantes tuvo lugar en Flegra, que significa "tierra ardiente". Otro, que antes de esta terrible lucha, los Olímpicos se habían enfrentado, a los Titanes y que, tras vencerles encerraron en el Tártaro, un lugar muy parecido al Infierno. Allí siguen, como Satanás sigue en el Infierno.

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