

Daniel Tubau
Una predicción paradójica
Los meteorólogos predicen que este año nos espera un otoño bastante cálido.
Por otra parte, los propios meteorólogos predicen que esa predicción no es muy fiable porque las predicciones a corto plazo, "sobre todo en Europa", nunca los son.


Capítulo 3
¡Dios mío, otro americano no!
"Era demasiado tímido para hacerse justicia a sí mismo, pero cuando esta timidez natural era vencida, todos sus actos revelaban un corazón franco y afectuoso. Era hombre de entendimiento, y su educación lo había mejorado sólidamente"
(Jane Austen, Juicio y sentimiento, capítulo 3)
En el capítulo 1 de esta serie, que es como un culebrón o un ensayo por entregas, hablaba del autocontrol y en concreto de mi supuesto autocontrol. Negaba que yo me autocontrolase y decía por qué: no necesitaba hacerlo.
En el segundo capítulo hablé de William James y de su libro Las variedades de la experiencia religiosa.
¿Cuál es la relación entre el capítulo 1 y el 2?
Es algo que William James contaba acerca de Walt Whitman.
Walt Whitman era un poeta americano (estadounidense), también decimonónico. Está considerado como el más grande poeta de Estados Unidos y su personalidad resulta asombrosa en una época que asociamos a la austera y severa Reina Victoria, lo que David Stove llama el horror victorianorum.
Sin embargo, si miramos con más atención, descubriremos a unos cuantos personajes que no se ajustan a ese tópico victoriano (a lo mejor nos sorprendería la propia reina Victoria, quién sabe).
Muchos de estos personajes avictorianos son americanos, como Thoreau, autor de Walden e inspirador de la desobediencia civil (junto a La Boetie), hoy en día adorado por anarquistas y uno de los santos patrones del ciberspacio; Ambrose Bierce, autor del Diccionario del Diablo, mejor en mi opinión que el Diccionario de filosofía de Voltaire y el Diccionario de lugares comunes de Flaubert.
Quien quiera leer el Diccionario del Diablo de Bierce, puede hacerlo en este vínculo: Diccionario del diablo
Pongo algún ejemplo del diccionario de Bierce:
Abdicación, s. Acto mediante el cual un soberano demuestra percibir la alta temperatura del trono.
Aborígenes, s. Seres de escaso mérito que entorpecen el suelo de un país recién descubierto. Pronto dejan de entorpecer; entonces, fertilizan.
Y éste que le gustará a mi querido amigo Java Jenner:
Paraíso, s. Lugar donde los malvados cesan de perturbarnos hablando de sus asuntos personales, y los buenos escuchan con atención mientras exponemos los nuestros.
Otros americanos del siglo XIX e inicios del XX: Edgar Allan Poe, Herman Melville (autor de Moby Dick y Bartleby), Mark Twain... Podría seguir y no parar, porque los Estados Unidos en el siglo XIX y en el XX han dado a la cultura mundial un verdadero diluvio de delicias, no sólo MacDonalds y Bushes.
Volviendo a Whitman, lo cierto es que su personalidad resulta asombrosa incluso para el día actual. Creo que si hay alguien con el que se le puede comparar es con Aristipo el cirenaico, o con Francisco de Asís.
Whitman amaba con tanta pasión todo que no tuvo más remedio que escribir el Canto a mí mismo, que es quizá la más elocuente demostración de que el amor al universo y el amor a uno mismo no se oponen, sino todo lo contrario.
En fin, aquello que decía William James a propósito de Walt Whitman en realidad era algo que contaba un amigo del propio Whitman, llamado Bucke:
"Su distracción preferida parece que era pasear y dar vueltas solo, contemplando la hierba, los árboles, las flores, las perspectivas de luz, los aspectos cambiantes del cielo, escuchar los pájaros, los grillos y los cientos de sonidos naturales; era evidente que estas cosas le proporcionaban un placer mayor que a la gente corriente. Hasta que le conocí no se me había ocurrido que se pudiera obtener tanta felicidad de esas cosas, tal y como él la poseía. le gustaban mucho las flores -silvestres o cultivadas-, le gustaban todas; creo que admiraba las lilas y los girasoles tanto como las rosas. Tal vez no haya habido hombre alguno al que le agradaran tantas cosas y le desagradasen tan pocas como a Walt Whitman. Todos los objetos naturales poseían para él algún encanto; todo cuanto veía y sentía le complacía; (parecía y pienso que era verdad) que le gustasen todos los hombres, mujeres y niños que veía (aunque nunca le oí decir que le gustase alguno), pero cuantos le conocían se sentían amados y amaban a su vez a los demás. Jamás discutía ni se peleaba, y nunca hablaba de dinero. Siempre justificaba, unas veces en serio y otras en broma, a quienes hablaban de él duramente en sus escritos, y pensé a menudo que incluso gozaba con la oposición de su enemigos."
Un temperamento como este es el de un santo, un santo pagano y ateo, que ama al mundo con la misma intensidad que Francisco de Asís, pero sin ver a Dios detrás de todas esas cosas que ama.
Se puede sospechar, y a menudo se hace, y algunas veces con razón, si detrás de este santo pagano que es Walt Whitman, no se esconderá un hipócrita, un falso, alguien que controla sus emociones y sonríe falsamente al mundo.
Una duda que tal vez sea contestada en el próximo capítulo.
Mientras tanto, puedes leer algo de Whitman:
"Canto a mi mismo"
Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que me atribuyo, también quiero que os lo atribuyáis,
pues cada átomo que me pertenece
también os pertenece a vosotros.
Vago e invito a vagar a mi alma.
Vago y me tumbo a placer sobre la tierra,
para contemplar una brizna de hierba estival.
Mi lengua, cada molécula de mi sangre emanan
de este suelo, de este aire.
He nacido aquí, de padres cuyos padres
nacieron aquí y cuyos padres también nacieron aquí.
A los treinta y siete años de edad, en perfecta salud,
comienzo a cantar, deseando hacerlo hasta la muerte.
Que se callen los credos y las escuelas,
que retrocedan un momento,
conscientes de lo que son y sin olvidarlo nunca.
Me brindo al bien y al mal, dejo hablar a todos,
a la desenfrenada Naturaleza con su energía original.
Página con la obra completa de Whitman (en inglés)
Continuará...
El 12 de septiembre, participé en un curso breve de la Universidad a distancia (UNED) que se celebró en Tudela de Navarra. Me lo pasé estupendamente y aprendí mucho, porque también asistí a casi todas las clases de mis compañeros de curso. En mi ponencia traté el tema del cine y los prejuicios, que voy a transcribir en los próximos días en esta página, además de recordar las otras ponencias. Intentaré añadir vídeos que no se pudieron ver en la ponencia (era muy breve, apenas hora y media). Esta es la primera parte. He añadido algunas cosas que se me ocurren sobre la marcha, y que escribo en este color marron que ahora lees. La ponencia original en negro.
El guión de cine y los prejuicios (1)
Mi intención es definir en qué consiste un guión de cine, comparándolo con otro tipo de textos, fundamentalmente los considerados literarios, como las novelas y los cuentos. Intentaré responder a la pregunta: ¿se puede considerar que un guión es un texto literario? Y, si no es un texto literario, ¿entonces qué es?
Intentaré hacerlo desde una perspectiva diferente a la habitual, aproximándome a la naturaleza del guión a partir de un breve análisis de los prejuicios. Será casi una defensa de los prejuicios, tanto desde el punto de vista del espectador como del guionista.
Yo soy libre, vosotros no
Cuando tomamos una decisión solemos pensar que tenemos buenas razones para ello, que lo hacemos de manera racional.
Pero cuando se trata de las acciones de los demás, pensamos que las llevan a cabo porque han sido influidos por una campaña publicitaria, o porque siguen una moda. A no ser que hagan lo mismo que nosotros, porque entonces sí que nos parecen bastante racionales y razonables.
Del mismo modo, los aficionados a cada tipo de cine (o de televisión) creen que les gusta ese tipo de cine porque usan su libre albedrío y deciden por sí mismos, pero que los que prefieren otro tipo de cine lo hacen siguiendo modas.
También los guionistas solemos pensar que escribimos los guiones que nosotros hemos decidido escribir. Admitimos que seguimos directrices ajenas cuando tenemos que trabajar para ganarnos la vida y no nos queda más remedio, por ejemplo cuando nos contrata una productora de televisión y nos encarga el guión de una serie “a la española”, a pesar de que nosotros preferíamos escribir una como las americanas.
Eso es lo que nos gusta pensar, que tenemos nuestros propios gustos nacidos de nuestra voluntad. Sin embargo, lo cierto es que somos mucho más influidos de lo que nos gustaría reconocer por nuestra época, por lo que nos rodea y por un montón de prejuicios.
Los prejuicios
El problema de los prejuicios es que quien los tiene tampoco es consciente de que los tiene. Son los demás quienes piensan que la actitud de Fulano o sus ideas se basan en prejuicios. Fulano no tiene ningún problema, sino que vive feliz y satisfecho con sus ideas (que él no considera prejuicios).
Los prejuicios para el espectador de cine y para el guionista suelen nacer de manera inadvertida: son códigos aprendidos sin que nos demos cuenta de ello.
Después veremos algunos de estos códigos aprendidos, algunas de estas normas de las que no somos conscientes, pero que determinan que una película, casi de entrada, sin más examen previo, nos guste o no.
Pero antes pondré algunos ejemplos sencillos relacionados con el cambio del lenguaje cinematográfico, que muestran como esa apreciación aparentemente espontánea (“desprejuiciada”) del espectador de cine ha variado con el tiempo.
Evolución del lenguaje cinematográfico
Pensemos en el cine mudo. Hoy en día, a la mayoría de la gente el cine mudo le aburre. Hay que estar muy interesado en el cine y su historia para querer ver películas mudas. Si se estrenase una película muda , sería difícil que llenara los cines. Sería difícil que se llenara un solo cine.
El último director comercial que logró estrenar una película muda fue probablemente Mel Brooks, el director de El jovencito Frankenstein y también creador de El superagente 86.
Mel Brooks hizo Silent Movie, una película muda, o mejor dicho, sin diálogo, porque la película tenía una poderosa banda sonora que marcaba el ritmo.
Tal vez sea la película de Mel Brooks que menos éxito tuvo y los que la fueron a ver lo hicieron porque en la película aparecían los actores más famosos del momento, desde Paul Newman a Burt Reynolds o Liza Minnelli, interpretándose a sí mismos, o porque les llamó la atención una locura semejante… Tal vez por eso en España la tradujeron no como Película silenciosa o Película muda, sino como “La última locura de Mel Brooks”.
Códigos de la verosimilitud: sonido extradiegético
Por cierto, creo que es en esta película donde Mel Brooks muestra precisamente uno de esos códigos del cine que aceptamos a pesar de ser absurdos e inverosímiles, como la típica escena de Lawrence de Arabia en la que Peter O’Toole va sólo por el desierto y, sin embargo, suena una orquesta. ¿Dónde está la orquesta? Es lo que se llama sonido extradiegético o desde fuera de la acción.
Diegético: sonido justificado por la acción, por lo que pasa en la película (una muchacha conecta la radio y escuchamos un foxtrot, o un militar americano da al play de un radio cassete antes de bombardear un poblado vietnamita)
Extradiegético: sonido no justificado por la acción. Suena una orquesta en medio del desierto; se escucha el sonido de los proyectiles en un combate entre naves galácticas (en el espacio vacío no se trasmite el sonido). El segundo ejemplo, más que ser un caso de sonido extradiegético es un ejemplo de falsedad metafísica: el sonido de los proyectiles es el sonido que tendrían los proyectiles si nos saltamos las leyes de la física.
Brooks hace una escena similar con alguien, creo que Marty Feldman, caminando por el desierto, y suena también una orquesta. Entonces la cámara se mueve hacia un lado y allí, en medio del desierto, descubrimos a una orquesta entera tocando.
No sé si en Silent Movie sucede eso que he contado, pero Brooks hace un chiste similar en Alta ansiedad y otro en Sillas de montar calientes (Blazing Saddles), poco después de que nombren sherif a un condenado a la horca:
La escena es mucho más razonable que las habituales, con Count Basie en persona dirigiendo la orquesta que acompaña a la cabalgata del sheriff, pero el espectador no lo acepta como verosimil, mientras que sí se lo parece el que suene una orquesta o un violín o una guitarra en cualquier lugar.
Curiosamente, eso tal vez sea una herencia del cine mudo. Como las películas se proyectaban acompañadas por un pianista o una orquesta, el espectador se acostumbró a esa música, que entonces no le parecía irrazonable: ¿acaso no estaba allí mismo, en el cine, la orquesta?
Por cierto, yo suelo bromear diciendo que cualquier cosa que existe en el cine ya fue inventada en la época del cine mudo... excepto el sonido. Pero lo cierto es que también el sonido fue inventado por el cine mudo y se usaba casi exactamente como se usa hoy en las películas sonoras. Pero ese es otro asunto que no trataré aquí.
En cualquier caso, estamos tan acostumbrados a que suene música en el cine, sea cual sea la escena, que ni siquiera nos llama la atención: es un código aprendido y ya interiorizado.
Pero, volvamos al cine mudo como tal.
Continuará...
En Las paradojas del guionista pongo otros ejemplos de parodias y usos raros del sonido extradiegético, como el intento (frustrado) de Buñuel en Los olvidados.
Acciones en paralelo
Un excelente ejemplo de puesta en escena con dos acciones en paralelo (en primer y segundo término de la imagen) tiene lugar en la película de Woody Allen Balas sobre Broadway.
David Shayne es un dramaturgo que ha decidido dirigir su nueva obra personalmente, harto de que directores incompetentes y actores sin talento destrocen su texto.
El problema es que necesitan financiación y tienen que recurrir a un gangster llamado Nick Valenti. A cambio del dinero, Valenti exige que su amiguita, Olive, interprete un papel en la obra.
Este es el momento en el que David Shayne y el productor van a casa de Valenti a conocer a Olive.
Se desarrollan varios planos secuencia sucesivos en los que, además, tienen lugar acciones en paralelo.
Las dos acciones principales son las de Olive hablando con David y el productor en primer término, mientras que en segundo término vemos otra acción: Nick Valenti resolviendo un problema con otra banda mafiosa.
De este modo, sobre el personaje en dificultades (David Shayne, que no puede soportar la idea de contratar a Olive) se precipita no uno, sino dos desastres al mismo tiempo: conoce a Olive y se da cuenta de que es mucho peor de lo que imaginaba y, al mismo tiempo, se le cae encima el mundo mafioso y entiende qué le puede pasar a él si pone problemas a Olive en el futuro.
La acción paralela de Valenti resolviendo sus problemas se plantea ya antes de la llegada de Shayne y el productor, cuando el mafioso contesta varias veces al teléfono mientras Olive se queja; después, cuando ya están allí el dramaturgo y el productor, Valenti continúa con su acción mientras ellos hablan con Olive; finalmente, las dos acciones se unen en al despedida, cuando Shayne pregunta con ironía a Valenti qué clase de negocios tiene. Es en este momento cuando la acción secundaria, hasta entonces aparentemente ajena, se une a la trama principal de Shayne.
Es una excelente manera de explicar muchas cosas al mismo tiempo, en una escena que, por otra parte, es en sí misma brillante y divertida, por lo que el espectador no siente que le están dando información junto con la acción.
FICHA DE LA PELÍCULA
| Título | Balas sobre Broadway España Disparos sobre Broadway (Argentina) |
| Ficha técnica | |
|---|---|
| Dirección | Woody Allen |
| Producción | Robert Greenhut |
| Guión | Douglas McGrath Woody Allen |
| Fotografía | Carlo Di Palma |
| Montaje | Susan E. Morse |
| Vestuario | Susan Bode Amy Marshall |
| Reparto | John Cusack (David Shayne) Chazz Palminteri Jim Broadbent Dianne Wiest Jennifer Tilly (Olive Neal) Mary-Louise Parker Jack Warden Joe Viterelli (Nick Valenti) Debi Mazar |
| Datos y cifras | |
| País(es) | Estados Unidos |
| Año | 1994 |
| Género | Comedia |
| Duración | 98 minutos |
(Tomado de Wikipedia)
Berlín 1988-Berlín 2009
La semana pasada regresé a Berlín depués de 21 años. Como es obvio, lo que más ha cambiado es que ya no es una ciudad partida en dos.

Berlín Oriental, 1988
Tras la valla, la zona muerta, constantemente vigilada, y en la que resultaba fácil alcanzar a cualquiera que se quisiera fugar de la dictadura comunista. Al fondo, la Puerta de Brandeburgo y, tras ella, apenas visible, el muro de Berlín

Berlín Occidental, 1988
El muro de berlín y, detrás, la Puerta de Brandenburgo
Berlín 2009
Sin vallas ni muros. Sólo la plaza de Brandenburgo...
...y unos cuantos edificios alrededor de la Puerta.
Antes la Puerta de Brandenburgo se alzaba solitaria en medio de la inmensa avenida Unter den linden (Bajo los tilos). Una vez derribado el muro, la Puerta debió recuperar su antigua grandielocuencia. Por eso me parece muy bien que hayan permitido construir edificios alrededor, lo que ningunea el monumento y lo deja reducido a ser una simple puerta sin más. Una manera estupenda de acabar con un símbolo asociado inevitablemente con demasiados malos recuerdos.
El esclavo del esclavo
Es conocida la dialéctica del amo y el esclavo de la que hablaba Hegel, y en lo que tenía bastante razón: el amo es esclavo de su esclavo.
Algunos, tal vez incluso el propio Hegel, lo han entendido como un argumento que haría menos cruel la esclavitud, pero eso no es sino caer en una sencila falacia lógica, que muy a menudo menciona Nassim Nicholas Taleb en El cisne negro: conviene aclarar que el hecho de que el amo sea esclavo del esclavo no hace que el esclavo sea amo del amo, y mucho menos que el esclavo no sea esclavo.
Podemos entender la frase hegeliana a la manera de aquella otra que se dice en las Upanisads: el hijo es el padre del padre (por lo menos el primer hijo).
McLuhan actualizó la estupenda observación hegeliana (que creo haber leído en un autor anterior) cuando dijo que “modelamos nuestras herramientas y luego ellas nos modelan a nosotros”.
Los medios son extensiones de nuestro cuerpo, pero también, y en ello insiste McLuhan una y otra vez, nos limitan y nos encierran, nos redefinen y nos castran.
"Nada se sabe de lo que ellas puedan esperar, pero nosotras no tenemos por qué atenernos a sus espectativas."
(Jane Austen, Juicio y sentimiento, capítulo 2)
(Capítulo 1 en: Atroz autocontrol)
Estoy leyendo [en julio de 2004] un libro extraordinario: Las variedades de la experiencia religiosa, de William James.

William James pintando un cuadro
(por John Lafargue)
William James es ahora más conocido por ser el hermano de Henry James que por sí mismo.
Cuando los dos James vivieron (finales del XIX y principios del XX), sucedía lo contrario: William era considerado uno de los pensadores más importantes de su época, mientras que Henry no acababa de triunfar en la narrativa, y menos en el teatro. Son dos hermanos muy distintos, y según creo recordar, no apreciaban mucho cada uno las obras del otro.

Henry James (izquierda) y su hermano William
Desde hace muchos años, especialmente desde 1983, tengo a Henry James entre mis escritores favoritos. Ese año leí Los papeles de Aspern. De William había leído Lecciones de pragmatismo. Me caía muy bien y poco más.
William James aparece en los libros de filosofía como perteneciente y fundador de la corriente pragmática. Creo que a James le ha perjudicado mucho el que su nombre esté asociado al pragmatismo. En primer lugar, porque el pragmatismo es una escuela filosófica que suena a algo antiguo y, más todavía, porque es una escuela filosófica americana (estadounidense) y hoy en día mentar a Estados Unidos es como pronunciar el nombre del diablo [después de la elección de Obama, las cosas han cambiado un poco].
El antiamericanismo es una corriente de pensamiento tan habitual en España que es ya casi una tradición, como los toros. Supongo que se inició en 1898 con la Guerra de Cuba, pero es posible que ya antes se puedan encontrar ejemplos. Hacia 1991 más o menos, con motivo de la Primera Guerra del Golfo escribí un artículo contra la guerra en El Independiente (El País y el PSOE estaban a favor de la guerra) que se llamaba Proamericanismo visceral.
Comenzaba diciendo que me parecía absurdo el antiamericanismo visceral y que yo nunca había padecido esa curiosa enfermedad. Pero el grueso del artículo venía a intentar demostrar que el problema en ese momento no era el antiamericanismo visceral, sino el proamericanismo visceral [como acabo de decir, las cosas han cambiado].
Todo lo anti o pro visceral suele ser malo, a no ser que consideremos, como hizo mi padre Iván al ser acusado de antiamericano visceral, que la víscera en cuestión es el cerebro. Y es cierto que muchos médicos opinan que el cerebro es una víscera, pero no es la que suelen utilizar, me temo, los viscerales.
En definitiva, ese artículo llamado Proamericanismo visceral, que se podría haber publicado también, no sólo el 1991 sino en el 2003 referido a Aznar, Blair y compañía, me libra, espero, de cualquier sospecha acerca de mis opiniones respecto a la política actual de Estados Unidos [la de Bush hijo, claro].
Pertenecer a una escuela que suena a decimonónica y además se llama pragmática y además es americana es una losa demasiado pesada, y el pobre Wiliam James es ahora pasto de profesores de filosofía muy especializados, pero apenas es conocido por otro tipo de público, al menos en España. El segundo filósofo del pragmatismo americano, Charles Sanders Pierce, ha sido recuperado gracias a Umberto Eco, pero William James, por el momento, descansa a la sombra de su hermano Henry...
Continuará...
En el próximo capítulo:
¡¡Dios mío, otro americano no!!
Interpretar a Shakespeare
Después de leer Shakespeare, los fuegos de la envidia, de René Girard, mi intención era encontrar una constante en las obras de Shakespeare, una idea repetida que se diese en sus obras y que las explicase o iluminase, a la manera que lo hace Girard, quien aplica a Shakespeare el concepto de deseo mimético.
Como anoté en mi diario Cronos, mi tesis sería que en Shakespeare lo importante es la disparidad entre la imagen que de sí mismos tienen los personajes, en cuanto personajes sociales, y sus verdaderos pensamientos o sentimientos:
"Leyendo el libro sobre Shakespeare de René Girard me apetece desarrollar una tesis que también pretenda explicar todas las obras de Shakespeare (aunque lo haré un poco en broma). Para Girard, ese motivo común es el deseo mimético. Para mí, por el momento, porque tengo que pensarlo, es el conflicto entre la imagen que uno mismo tiene de sí mismo en cuanto ser social (marido, rey, honrado, traidor) y la que tiene en cuanto ser que desea cosas que no encajan con esa autoimagen.
Pero también el conflicto entre esa autoimagen y la imagen que uno cree que los demás tienen de él. A menudo, creo, el conflicto se produce porque el personaje se siente obligado a ir hasta el final para respetar la autoimagen frente a la imagen pública, o algo parecido. Intentaré ir escribiendo fichas a medida que leo a Girard y leo y releo a Shakespeare.
Después de volver a leer Los dos Hidalgos de Verona, veo razones para llevar adelante esta tesis o alguna parecida, pero también empiezo a pensar que la verdadera tesis revolucionaria para explicar a Shakespeare es la de que no existe una tesis tal. Incluso pienso que mi libro se podría titular: En defensa de Shakespeare.
(Cronos 2, 1999)
Es decir: En defensa de Shakespeare…contra sus interpretadores.
Aquello que me planteaba era una especie de divertimento, porque pienso que, en general, el valor de este tipo de hipótesis es poner en marcha la maquinaria interpretativa, pero no llegar a una conclusión que se pretenda demostrativa. Son sólo una excusa. Una estupenda excusa.
Pero al final no escribí ese libro, aunque ahora estoy escribiendo otro, también sobre Shakespeare, pero muy distinto.
Comentarios
La verdadera edad de piedra
La imagen que nos hacemos de las épocas pasadas es seguro que apenas coincide con lo que fueron en realidad. Especialmente cuando se trata de épocas que conocemos sólo a partir de testimonios arqueológicos entre los que no se incluyen textos.
Imaginamos una Grecia sobria al ver sus estatuas, olvidando que eran tan coloridas como los sarcófagos de los egipcios. Recientemente, la extraordinaria serie de televisión Roma nos ofreció una imagen insólita de la antigua Roma, llena de colores, de caos, de mezcla, como un reino oriental. Seguramente es más cercana a la realidad que la Roma grandielocuente de mármol, piedra y arena que casi siempre nos han ofrecido las películas.
Hace pocos años tuvimos una clara revelación de esa discrepancia entre el pasado y el pasado imaginado cuando se restauraron las pinturas de la Capilla Sixtina realizadas por Miguel Ángel, y salieron a la luz unas imágenes que contradecían todo lo que hasta entonces había sido "Miguel Ángel" en los libros de historia del arte.


Algunos compararon al nuevo (pero en realidad original) Miguel Ángel, sin duda de manera exagerada, con cromos, o con las revistas ilustradas de Tom de Finlandia, el célebre icono gay.

Pero de Miguel Ángel conservábamos no sólo las pinturas ennegrecidas por los siglos, sino también los testimonios de personas que le conocieron y describieron sus pinturas cuando fueron hechas, así que era posible reconstruir en parte al verdadero Miguel Ángel. Perop cuando, como dije al principio, no hay testimonios escritos, las cosas son muy diferentes y la distorsión perceptiva a menudo brutal.
Picasso, en sus conversaciones con Brassai, hace una interesante reflexión acerca de la Edad de Piedra:
¿Qué se conserva en la tierra? La piedra, el bronce, el marfil, el hueso, a veces la cerámica... Nunca objetos en madera, nada de telas, pieles... Lo cual confunde completamente nuestras ideas sobre los primeros hombres. No creo equivocarme al afirmar que los más bellos objetos de la Edad de Piedra eran de piel, de tela y sobre todo de madera. La Edad de Piedra debería llamarse la "edad de madera".
¿Cuántas, entre las estatuas negras, eran de piedra, de hueso, de marfil? ¡Es posible que una de cada mil! Y el hombre prehistórico no disponía de más marfil que las tribus negras. Incluso puede que menos... Debían de tener millares de fetiches en madera, todos desaparecidos.
Brassai le dice entonces que una de las cosas que mejor se conservan son las monedas. Y dice Picasso:
¡Es de locura la cantidad de monedas romanas que se encuentran! Se diría que todos los romanos tenían los biolsillos agujereados.
Números interesantes
En Yo soy un extraño bucle, Douglas Hofstadter se plantea cuáles son los números interesantes y descubre que:
el 0 es interesante porque multiplicado por sí mismo da 0
El 1 es interesante porque multiplicado por cualquier número da ese número
El 2 es interesante porque es el número par más pequeño
El 3 porque es el número de lados del polígono bidimensional más simple (el triángulo)
El 4 porque es el primer número compuesto
El 5 porque es el número de poliedros regulares
El 6 porque es el factorial de 3 (3×3x1) y también el número triangular de 3 (3+2+1)
Etcétera.
Supongamos, dice Hofstadter, que examinamos uno uno todos los números y llegamos al primer número no interesante, por ejemplo, el 62: entonces el 62 será interesante por ser el primer número que no es interesante.
A mí también me ha llamado mucho la atención la cualidad de interesante de los números, y he jugado a buscar lo interesante de cada número, no sólo desde el punto de vista puramente aritmético, sino desde el cultural, el filosófico o el metafísico. Por ejemplo:
- 0 es evidente que el número que señala lo que no es, la nada, es muy interesante.
- 1 el número del monismo y del monoteísmo, un sólo Dios, el principio de todas las cosas, lo Uno de Parménides, el monólogo
- 2 dualismo, maniqueísmo: el bien contra el mal, dos principios opuestos, el yin y el yang, el diálogo
- 3 trialismo; tesis, antítesis y síntesis hegeliana, la Trinidad cristiana, las tres sustancias de David de Dinant; Dios, materia, espíritu…
- 4 los cuatro puntos cardinales, los 4 jinetes del Apocalipsis, pluralismo, el paganismo de muchos dioses empieza aquí, el Tetragramaton, las cuatro letras del nombre de Dios, los cuatro puntos cardinales
- 5 cinco dedos en manos y pies, los cuatro puntos cardinales y el centro, los cinco libros del Pentateuco o la Torah, el pentagrama divino
- 12 doce meses, doce apóstoles, la docena de huevos, doce horas
Etcétera.
Hace años empecé a llenar una libreta con símbolos diversos relacionados con los números interesantes. Llegué a la conclusión de que la cultura que coleccionaba mayor cantidad de números interesantes era la china; dualismo del yin y el yang, los cuatro puntos cardinales y los siete (con el centro, arriba y abajo), algo relacionado con el ocho que no recuerdo, los 10.000 seres (sinónimo de número muy grande o infinito), los 64 hexagramas del I Ching, pero los trigramas del I Ching y los hexagramas del I Ching, y otros que no recuerdo porque no encuentro aquella libreta.
Por cierto, en un Post Scriptum al capítulo dedicado a los números interesantes, Hofstadter consulta dos libros sobre números interesantes y en ambos aparece el 62 como primer número no interesante, lo que parece hacerlo doblemente interesante.
He pensado un poco en el asunto del 62 y enseguida he descubierto que es un número muy interesante. ¿por qué?
Porque:
6+2 = 8, pero
6-2= 4
Es decir, no sé si es el primero, pero es un número en el que, al aplicarsele las operaciones de la suma y de la resta, se obtiene un número que dobla al otro resultado (8 es el doble de 4).
Y no sé si todavía lo hace más interesante el hecho de que 6×2=12, con lo cual obtenemos la serie 4…8..12. Curioso.
Quizá, además, se podría añadir que 6 elevado a 2 da como resultado 36, mientras que 6: 2=3, y 36:3=12 precisamente.
..
Mi número preferido siempre me pareció un número muy interesante. Creo que lo elegí precisamente para distinguirme de la mayoría de números interesantes que la gente elige (el 3, el 7, el 9, el 13, por ejemplo). Elegí el 11, creo que a los 11 años. Es un número muy interesante porque todos sus múltiplos hasta el primer cien son números con las dos cifras iguales (22, 33, 44...). A partir de la centena, cada siguiente suma de 11 da un número que se inicia con la cifra 1, como es lógico en las centenas, Pero la siguiente cifra es una unidad mayor que la tercera cifra:
11o (1 es una unidad mayor que 0)
121 (2 es una unidad mayor que 1)
132 (3 es una unidad mayor que 2)
143 (4 es una unidad mayor que 3)
Etcétera
Pero lo que es todavía más increíble: en 110 está el 11, en 209 las cifras suman 11, en el siguiente centenar obtenido por el 11 (308) también suman 11 (8+3=11), La cosa se repite con 407, 506, 605, 704, 803, 902. ¿Adivinas, lector, lo que sucede a partir de los millares?
Así que yo era feliz con mi número preferido, que a casi nadie gustaba a primera vista, excepto a los catalanes, que celebran su día nacional el 11 de septiembre. Los días nacionales son una de las cosas menos estimulantes que conozco, pero lo que arruinó mi larga relación con el número 11 no fue la Diada catalana del 11 de septiembre, sino los atentados del 11 de septiembre y del 11 de marzo. No me gustaba que alguien creyera que mi afición al 11 tuviera la más mínima relación con los fanáticos que cometieron los atentados. Y lo cierto es que el misticismo asociado al 11 desde entonces, no sólo por los seguidores de Al Qaeda, sino también por esos extraños suporters que siempre les salen a los fanáticos más extravagantes entre los grupos llamados antisistema, ha estropeado un poco mi fascinación por ese número.
Entrevista en Levante
Reproduzco aquí uan entrevista que me hizo hace algunos meses Alicia Toledo para el periódico Levante a propósito de mi libro La verdadera historia de las sociedades secretas.
El conocimiento que se tiene hoy en día de éstas sociedades secretas está muy condicionado por la literatura y el cine de consumo. ¿Hasta qué punto su imagen está influida, deformada...?
-No cabe duda de que, en efecto, la imagen de las sociedades secretas que se suele tener está muy distorsionada. No es extraño, puesto que la idea de que bajo nuestra aparente anodina sociedad cotidiana se esconda una sociedad secreta es uno de los argumentos más interesantes para el cine o la literatura.
El cine y las novelas contribuyen a dotar de un aura de misterio a estas sociedades...pero ¿hasta qué punto son éstas misteriosas?
- No todas las sociedades secretas son tan misteriosas como parece. Aunque suene como una perogrullada, para quienes pertenecen a algunas de ellas a veces hay poco secreto y no existe mucha diferencia con una empresa o una oficina cualquiera. Sin embargo, también es cierto que algunas sociedades secretas sí tienen una bien ganada aura de misterio, como los rosacruces, los asesinos del Viejo de la Montaña, los Clubs del Fuego Infernal o la Escuela de la Noche, de Walter Raleigh, a la que tal vez perteneció Shakespeare.
-Era su objetivo poner un poco de luz en todo esto?
Sí, uno de mis objetivos al escribir el libro era investigar la verdadera historia de las sociedades secretas, no dejándome llevar por la infinidad de falsas historias que circulan. Como digo en el libro, quizá la mía no sea la única posible historia verdadera de las sociedades secretas, pero, al menos, no se puede sumar a las mil y una historias falsas.
-Y sin embargo, ¿querer explicar la verdadera historia de algo que se anuncia como secreto no es, en cierta manera, una paradoja?
Sí que lo es, y esa era mi intención, ya que soy muy aficionado a las paradojas, porque creo que esconden más verdad de lo que parece. Es obvio que sólo se puede contar lo que se ha llegado a saber de las diversas sociedades secretas que aparecen en el libro. Y así lo he hecho: he intentado contar lo que se sabe, sin inventarme lo que no se sabe. Cuando una teoría u opinión resulta dudosa lo indico siempre en el libro.
-El libro mantiene un claro tono erudito y, al mismo tiempo, la escritura es muy clara en todo momento, directa, compartiendo dudas y buscando complicidades. ¿Ha sido complicado este equilibrio entre la erudición y la difusión?
No. Quizá porque este es el estilo en el que más me gusta escribir, una especie de ensayo riguroso pero al mismo tiempo ligero y ameno, recuperando el sentido original de la palabra ensayo, tal como lo entendía Michel de Montaigne: un ensayo es un intento, una investigación, no un tratado o un libro de texto.
-¿Cuál es la razón de ser de una sociedad secreta? La esencia?
Una de las cosas que he intentado mostrar en el libro es que, en contra de las explicaciones simplistas, cada sociedad secreta tiene orígenes, objetivos, métodos y secretos diferentes. En cada caso he intentado desentrañar un poco ese secreto, descubrir cuál era el conocimiento que realmente poseían, que muchas veces no coincide con aquel del que presumían.
-¿Y qué hay del conocimiento secreto que se supone que buscan todas éstas sociedades?
Como he dicho, cada sociedad buscaba o guardaba diferentes secretos. En el caso de los masones medievales se trataba de técnicas de construcción; en el de los templarios, aparte de otras cosas, de una concepción económica que en cierto modo anticipó el capitalismo. Otras sociedades secretas intentaban trasmitir un saber espiritual o una tradición religiosa, como los cátaros.
-¿Qué objetivos persigue una sociedad secreta? ¿Comparten objetivos comunes entre ellas?
No es frecuente que las sociedades secretas compartan objetivos, excepto en el caso de las revolucionarias, como los carbonarios, los comuneros o los masones de España e Italia, de las que no hablo en el libro. Sí es cierto que hay semejanzas entre algunas, como la de los rosacruces y los modernos masones, y tal vez entre los templarios y los asesinos. Lo que sucede más a menudo es que unas y otras sociedades secretas se enfrenten entre sí.
-Y sobre las motivaciones para entrar en ellas. ¿Difieren en cada caso o se pueden extraer rasgos comunes?
Existen algunos rasgos comunes entre quienes ingresan en una sociedad secreta, como el deseo de llevar una vida emocional y espiritualmente más intensa; o la intención de relacionarse con personas de un círculo social al que normalmente no podrían acceder.
-¿En qué contexto surge una sociedad secreta, por alguna inconformidad, necesidades espirituales no resueltas o por la necesidad humana de sentirse diferente?
Por todo ello, y también por la represión y la prohibición, que a lo largo de la historia han hecho que muchas personas tuvieran que ocultar su religión, su ideología o su manera de pensar acerca de ciertas cuestiones.
-Como fundador de la Sociedad Decepcionista ¿A quién le cerrarías las puertas?
Hace tiempo que la Sociedad Decepcionista no se reúne, lo que parece una confirmación de su primera ley: que todo es decepcionante. La segunda ley asegura que, si no fuera todo decepcionante, eso sería una conclusión decepcionante para la Sociedad Decepcionista, lo que probaría la primera ley. Lamentablemente, creo que las puertas de la Sociedad Decepcionista no volverán a abrirse.
-¿Podría dar unas pinceladas del abanico de sociedades secretas que han existido a lo largo de la historia? ¿Han existido todas ellas o algunas son mero fruto de la fantasía?
En mi libro, para no escribir más de mil páginas (me quedé cerca de las 400) tuve que prescindir de muchas sociedades secretas, como las conspirativas o las criminales (Mafia, Ku Klux Klan, etcétera). Me limité a la esencia de las sociedades secretas: aquellas que presumen de poseer un saber oculto. A pesar de ello, me ocupo de decenas de sociedades, entre las que se puede mencionar: los magos persas, los pitagóricos, los druidas, los sicarios, zelotes, terapeutas y esenios judíos; los cristianos en tanto que sociedad secreta, los mitraístas, los asesinos, los cátaros, los templarios, algunas sociedades secretas nazis, los masones medievales y los modernos, los cabalistas, los rosacruces, los clubs del Fuego Infernal y otras extravagantes sociedades secretas inglesas, como los Demoniacos, los Gormogones o el Club de los Bistecs; o la Golden Dawn o Aurora Dorada, a la que pertenecía Aleister Crowley, el llamado “hombre más málvado del siglo XX”. Casi todas las que aparecen en el libro han existido, aunque acerca de algunas de ellas se duda todavía, como en el caso de los fascinantes e influyentes rosacruces.
-¿Existen conexiones probadas entre las sociedades secretas de la Antigüedad o la Edad Media y las modernas?
Muy pocas. Una que es evidente e indiscutible es la que une a los masones medievales y los modernos masones.
-¿Se esconde la estafa en el caso de algunas sociedades secretas? ¿Cómo es que hay gente que cree ciegamente en lo que se le dice y se dejan timar de esta manera?
El secreto siempre puede favorecer la estafa, ya sea en una sociedad secreta o en un contrato bajo mano entre un alcalde y un constructor. Sí es cierto que muchos estafadores o aventureros se han servido de la influencia obtenida al ingresar en ciertas sociedades secretas. En el libro me ocupo de algunos célebres farsantes, como Casanova, el Conde de Saint Germain o Cagliostro, hacia los que confieso que siento mucha simpatía. Pero no sé por qué la gente se deja engañar, a veces por trucos verdaderamente burdos, pero es evidente que sucede bastante a menudo.
-En su libro habla de la relación entre el cristianismo primitivo y éste tipo de sociedades e incluso de qué Jesucristo pudo pertenecer a una de ellas...
Se ha discutido mucho acerca de la relación que pudo mantener Jesucristo (en caso de haber existido, claro) con alguna sociedad secreta judía. Es muy posible que varios discípulos de Jesús fueran sicarios, una especie de grupo terrorista enfrentado a Roma, como el propio Judas (“Iscariote quizá deriva de “Sicariote”). Pero también se ha señalado que Jesucristo, por su pacifismo, parece estar más cerca de los esenios.-¿Qué aportan las sociedades secretas a la vida pública?
Algunas de ellas han sido bastante influyentes en determinados momentos, como en el caso de los masones y la Constitución de los Estados Unidos. También fueron influyentes los asesinos, los templarios y los rosacruces (incluso aunque, en este último caso, no sea seguro que hayan existido). En muchos momentos las sociedades secretas han sido más permisivas que la sociedad dominante y han dado un ejemplo de tolerancia, pero no siempre.
-¿Internet es una herramienta a favor o en contra del hermetismo de estas sociedades?
Un buen investigador que use Internet y vaya más allá de los cien primeros resultados de una búsqueda en Google, podrá encontrar casi todos los secretos que muchas sociedades han mantenido ocultos durante siglos. Además, ahora en casi todo el mundo, exceptuando China y bastantes países musulmanes, son legales casi todas las sociedades secretas. Muchas de ellas también practican una política de puertas abiertas y trasparencia. A pesar de todo ello, existen ahora más sociedades secretas que nunca y la afiliación crece, en parte debido precisamente a Internet y a fenómenos como el de El código Da Vinci, que a pesar de atacar al Opus Dei, lo hizo más popular y contribuyó a que aumentaran las solicitudes para ingresar.
- Las paradojas del guionista. Reglas y excepciones en la práctica del guión (Alba Editorial) es su último libro. ¿La idea era desmontar los tópicos que rodean el mundo del guión?
En realidad Las paradojas es el libro anterior. En él, como en La verdadera historia de las sociedades secretas, intenté exponer de manera rigurosa las diversas teorías acerca del guión. Aunque tengo opiniones personales acerca de casi cualquier asunto, me gusta dejar al lector espacio suficiente para que pueda pensar por sí mismo y, por ello, explico lo mejor que puedo las normas para escribir un buen guión, pero también muestro las paradojas con las que un guionista acaba encontrándose tarde o temprano. En mi opinión, el guionista no debe huir de ellas, sino disfrutar y aprender con ellas. Aprender a vivir en medio de la paradoja.
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Vuelve el folletín de verano
Hace cinco años inicié en mi página un folletín de verano llamado Juicio y sentimiento. Quedó interrumpido, quizá en el momento más interesante, así que he decidido recuperarlo cinco veranos más tarde, y, ¿quién sabe?, tal vez continuarlo, si consigo recordar de qué quería hablar y recuperar el tono y el estilo empleados. Al menos lo incorporaré a la estructura de los blogs, pues estaba en páginas independientes que, supongo, muchos no visitaron.
Juicio y sentimiento
Oh, desocupado lector que en las horas del estío buscas en vano ese entretenimiento ameno que te permita solazarte sin avergonzarte, he aquí que lo has encontrado: un folletín como los de antes, ligero, emocionante y emotivo pero, al mismo tiempo, con esas gotas de sana erudición y vivaz ingenio capaces de darte temas de conversación para intercambiar con conocidos y desconocidos. Juicio y sentimiento. No te pierdas el próximo capítulo.
"Elinor, la hija mayor, tenía una firmeza de entendimiento y una frialdad de juicio que la hacían idónea para ser, aún a sus diecinueve años, la consejera de su madre... Tenía un grandísimo corazón; era afectuosa por naturaleza y de firmes sentimientos, pero sabía cómo gobernarlos. Las facultades de Marianne eran, en muchos aspectos, completamente idénticas a las de Elinor. Era juiciosa e inteligente, pero impaciente en todo; sus penas, sus alegrías podían no conocer la moderación. Era generosa, amable, interesante: lo era todo menos prudente."
(Jane Austen, Juicio y sentimiento, capítulo 1)
(Miércoles 28 de Julio de 2004, Barcelona )Mi padre opina que yo ejerzo sobre mí mismo un férreo control.
No sé cuál fue el origen de esta idea peregrina, pero he observado que no es el único que lo piensa. Sospecho que el mayor responsable de la propagación de esta idea entre mis familiares y mis amistades he sido yo mismo, al contar lo que opina de mí mi padre.
Estas cosas suceden: cuentas una idea disparatada que alguien tiene de ti, y al cabo del tiempo la gente sólo recuerda la idea que les contaste, pero olvida que era una idea disparatada. Por eso se dice: "Difama, que algo queda".
Así que, a menudo, me he tenido que defender de esa curiosa acusación que consiste en reprocharme que ejerzo sobre mí mismo un desmesurado autocontrol.
Autocontrol es una palabra que suena bien en determinados contextos, pero que en la mayoría de las ocasiones se emplea como sinónimo de hipocresía, falta de espontaneidad, represión, conservadurismo y falsedad. Así que mi padre y otras personas parece que me imaginan como una especie de olla a presión que lucha constantemente por no revelar sus verdaderos sentimientos y emociones, un esforzado optimista que mantiene la sonrisa en su cara, pero que en realidad está deseando gruñir o gritar; un reprimido que se muestra amable, pero que en su fuero interno desearía insultar o golpear.
He de decir que yo estoy, sin ninguna vacilación, a favor del autocontrol. Creo que es cierto lo que decía Aristóteles: una vida sin reflexión no merece ser vivida, y creo que es bueno lo que defendían muchos libertinos: el reinado de la razón y el cálculo de las pasiones. Creo también que si uno no aprende nada de la experiencia entonces es que pasa por el mundo como un tronco seco o como una roca, y que de nada le sirve el trabajo que la selección natural se ha tomado durante milenios para crear su cerebro. Creo también que quienes caen contínuamente en el exceso al beber, al drogarse o simpelmente al vivir no son por ello más sinceros y espontáneos, sino tan sólo más estúpidos, porque convierten el placer en displacer: no aprovechan más el placer, sino que lo cortan de raíz.
Una vez he dejado claro que creo en el autocontrol, puedo decir que no lo ejerzo sobre mí mismo.
Muchos dudarán de tal afirmación (a esos les responderé en su momento), mientras que otros quizá se pregunten: "Si estás a favor del autocontrol, ¿por qué no lo practicas?"´.
Buena pregunta. La respuesta es: porque no lo necesito. No necesito ejercer el autocontrol porque no tengo casi nada que reprimir en mí. No soy esa olla a presión en la que las emociones intensas bullen y los instintos permanecen encadenados en oscuras mazmorras. No me censuro, no me reprimo, no me controlo. A muchos, ya lo sé, esto no les parece posible. Voy a decirlo sin disimulo: no es un problema mío, sino suyo. Muchas personas no pueden creeer que un temperamento no sea dominado por toda clase de bajas pasiones, simplemente porque se miran a sí mismos y lo que ven les hace pensar que todos han de ser como ellos. Y lo cierto es que muchos son como ellos.
La anterior es una manera muy directa de describir a los demás, resulta casi insultante y presuntuosa al mismo tiempo. Podría hacerlo con más disimulo, pero se trataba precisamente de no ejercer el autocontrol, ¿no es cierto?
Mi tarea ahora consistirá en explicar por qué afirmo con tanta desfachatez y descaro que no ejerzo sobre mi mísmo represión, censura y autocontrol. Lo haré con ayuda de William James.
Continuará...
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Macluhan y la subjetividad
Una buena observación de McLuhan, que deberíamos recordar cada vez que, llevados por nuestra moralidad o nuestra ideología, nos olvidamos de observar las cosas y exponerlas con claridad, cegados por el único objetivo de dejar muy claro qué es lo que pensamos y cuál es nuestra posición moral o ideológica ante cualquier asunto que pase por delante:
Durante muchos años vengo observando que los moralistas suelen sustituir la ira por la percepción.
Lo que se completa con otra interesante observación suya:
Un punto de vista puede ser un lujo peligroso cuando ocupa el lugar de la comprensión y el entendimiento
Lo que recuerda aquello de Confucio de “pensar sin aprender es peligroso, aprender sin pensar inútil”.
En honor de McLuhan hay que decir que, segun se ve en la larga entrevsita que concedió a Playboy (”Una cándida conversación con el gurú de las nuevas tecnologías”), los análisis, descripciones y predicciones de McLuhan se desarrollaban en contra de sus propias opiniones personales. En Playboy confesó, tal vez por primera vez, que no le gustaba ese futuro que predecía.
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Signos sexuales
Los símbolos que indican usualmente los lavabos de hombres y mujeres suelen ser como estos:
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Es fácil darse cuenta de cuál es el lavabo para mujeres y cuál el de hombres. Sin embargo, para que resulte tan fácil reconocerlos, tenemos que contar con una paradoja que nace de un prejuicio: el muñeco con faldas es una mujer.
Sin embargo, empieza a verse hombres que visten falda, así que podemos imaginarnos un futuro en el que los hombres lleven falda con normalidad. Cuando eso suceda, esos símbolos dejarán de tener sentido. También es probable que en Escocia haya servicios en los que aparece un muñeco con falda en el baño destinado a los hombres que llevan kilt. Seguro que se han hecho muchas bromas jugando con ese equívoco.
Pero no me refería al prejuicio consistente en que los hombres no llevan falda, sino a uno mucho más llamativo, que aceptamos con normalidad: olvidamos que las mujeres sí llevan pantalones.
El muñeco con pantalones nos parece claramente un hombre, a pesar de que no hay ningún rasgo que lo identifique como tal, ni que lo distinga del otro muñeco (si no atendemos a la falda).
Así que nuestro cerebro opera de una manera prejuiciosa sofisticada y sutil al ver los letreros: el muñeco con falda indica mujeres, por lo tanto, el otro muñeco debe indicar hombres.
El significado del muñeco con falda no es: “Puesto que las mujeres llevan falda, éste es su lavabo”, sino “Puesto que los hombres no llevan falda, su lavabo es el del muñeco con pantalones”.
Supongo.
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La página noALT 002
Incluyo aquí la página noALT 002 desplegada. Tiene mucho que ver con el último capítulo noALT que publiqué hace unos días, el dedicado al asunto nuclear.
Prejuicios
En el año 2004 se publicaron varios artículos haciéndose eco de un experimento realizado en la Universidad de California. Los resultados son muy interesantes y confirman la tendencia que tenemos a ver la realidad en campos enfrentados, y cómo dejamos de observarla una vez que hemos tomado partido. A continuación, se reproduce la noticia acerca del experimento tal como fue publicada en la revista El Ciervo.
Los experimentadores colocan en la máquina a un votante convencido de Bush y le ponen una imagen del presidente.
El cerebro reacciona así: "Este es el mío, mira que bueno y guapo es".
Luego sale Kerry, el rival, y en el cerebro del paciente se activa una sección más racional, capaz de distinguir entre lo malo (sobre todo) y lo bueno del personaje.
O sea, que cuando ves a tu candidato la respuesta es emocional: este es el mío, que nadie lo toque, yo soy como él, todo lo hace bien." Y cosas así.
En cambio, cuando sale el otro, se activa la parte del raciocinio, de buscar por dónde flaquea. Qué curioso."
[EL MÍO ES UN AMOR
(artículo sin firmar, El Ciervo, mayo 2004)]
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¿Son tan distintos Bush y Kerry?
Como se ve, el experimento parece mostrar lo poco de fiar que somos como analistas políticos, pues parece muy difícil que nuestras opiniones se puedan separar de nuestra ideología y de nuestros deseos. La conclusión es que nuestros argumentos están motivados mas por el odio y el amor que por la razón.
Como decía un ilustrado francés: "Nuestras razones son las esclavas de nuestras pasiones". Primero decidimos que es lo que queremos pensar, y sólo después buscamos razones para justificar esa elección.
Nassim Nicholas Taleb pone un ejemplo de cómo funciona esa incapacidad de razonar:
El problema de la confirmación es un asunto omnipresente en nuestra vida moderna ya que en la raíz de muchos conflictos se halla el siguiente sesgo mental: cuando los árabes y los israelíes ven las noticias, perciben historias diferentes en la misma sucesión de hechos. Asimismo, demócratas y republicanos miran a partes distintas de los mismos datos y nunca convergen en las mismas opiniones.
Una vez que en la mente habita una determinada visión del mundo, se tiende a considerar sólo los casos que demuestren que se está en lo cierto. Paradójicamente, cuanta más información tenemos, más justificados nos encontramos en nuestras ideas.Es muy posible que la única vez que hayamos razonado sea aquella primera vez, tal vez en la adolescencia, en la que elegimos nuestro bando. A partir de entonces, adquirida ya la seguridad de nuestra ideología, nunca hemos necesitado volver a pensar de verdad.
Es evidente que si a una persona, la mera visión de un político le causa irritación, sarpullidos, alergia, ira incontenible, sus opiniones no resultarán muy fiables.
Una reacción emocional extrema es comprensible en un momento concreto, pero su persistencia en toda situacion impide cualquier posibilidad de entender algo acerca de la realidad, o de intercambiar opiniones de manera razonable con otras personas, excepto como compartirian una conversacion un par de magnetofonos (decia Ortega), o como la comparten dos hinchas del mismo equipo despues de un penalty "injusto".
Las reacciones instintivas y la razon son casi siempre incompatibles. Es por eso que no es recomendable legislar en un momento de gran excitacion social, por ejemplo, tras una serie de terribles asesinatos.
Cuando a Primo Levi, que habia estado prisionero en el campo de concentration de Auschwitz, se le pregunto como reaccionaba instintivamente ante una injusticia, el respondio: "Yo no respondo nunca instintivamente, y si lo hago, lo controlo".
Una cosa, en efecto, es sentir emociones y entusiasmos, algo del todo razonable, otra muy distinta intentar legislar o dictaminar en medio del entusiasmo.
El experimento, de todos modos, confirma la tendencia partidista que tenemos, pero no la explica. Muestra que los votantes de Bush ya han decidido que Bush es bueno y que Kerry es malo, asi que es lógico que se activen las zonas de sus cerebros relacionadas con la razon o con la emoción, según el caso. Pero el experimento no nos dice por qué han decidido con tanto ardor que Bush es un monstruo o un heroe.
Tras esa clave andan ahora muchos investigadores: si se consigue averiguar cómo meter dentro de un cerebro una opinión, quizá se descubra como conseguir algo que parece a menudo imposible: como sacar una opinión de un cerebro.
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Cosas que he aprendido de Demócrito
De Demócrito he aprendido tantas cosas que resulta difícil explicarlas. Quizá parezca extraño que se pueda aprender tanto de un filósofo del que sólo se conservan fragmentos, pero recuerdo cómo me impresionó la lectura de esos fragmentos de Demócrito cuando los leí en los tres tomos de la editorial Gredos dedicada a los filósofos presocráticos.
Me llamó la atención que Demócrito fuera, junto a Leucipo, el creador del atomismo, y que pasaran cerca de veinte siglos para que sus ideas fueran recuperadas por la ciencia moderna.
Billete griego con Demócrito y la representación del átomo
Naturalmente, se puede discutir si las teorías de Demócrito coinciden con el atomismo actual. Hay razones para considerar que el atomismo clásico coincide más con la Química que con la Física, pero lo importante, y lo que más me influyó no fue el acierto o no acierto de Demócrito, sino su método y su intención.
Porque de Demócrito aprendí que el mayor de los placeres es investigar, aprender y descubrir cosas nuevas.
Se cuenta una anécdota de Demócrito: una criada le dio a probar un higo y al notar un pronunciado sabor a miel, el filósofo corrió al huerto a investigar la causa. La criada se río y le dijo que no buscara más, porque la causa era muy sencilla: había sumergido el higo en un jarro de miel. Demócrito, yéndose de todos modos al jardín, dijo que investigaría el asunto como si no le hubiesen explicado la causa.
Esta anécdota se citaba como ejemplo de lo irrazonable que puede ser una persona obsesionada por encontrar la razón cualquier cosa, pero a mí me parece una simpática manera de mostrar que la pasión de investigar es un verdadero placer en sí misma. A menudo yo también he iniciado pequeñas investigaciones partiendo de una hipótesis que sabía falsa de antemano, tan sólo para ver hacia donde me llevaba la investigación. A veces, por cierto, siguiendo este método no se confirma la falsa hipótesis pero sí se descubren cosas interesantes en el camino.
En definitiva, de Demócrito aprendí el placer de buscar la causa de todas las cosas y no dejarse engañar o convencer por algo hasta no haberlo uno investigado por sí mismo. Ya dije en Cosas que he aprendido de Buda, que Buda decía algo semejante. Demócrito llegó a afirmar en una ocasión: “Prefiero encontrar una ley causal que ser rey de los persas”.
Aprendí también De Demócrito a interesarme por todas las cosas y a aplicar aquello que decía Protágoras (que al parecer conoció a Demócrito): “Soy humano y nada humano me es ajeno”. Demócrito comenzó su Pequeña Cosmología diciendo: “Voy a hablar de todo”. Yo, imitando también a Doré, que dijo “Lo ilustraré todo”, convertí en mi lema “Lo pensaré todo”, o, si se prefiere: “Pensaré acerca de todo”.
Demócrito por Velázquez
La bola del mundo y los libros son dos elementos con los que se
suele asociar a Demócrito, incansable investigador
También aprendí de Demócrito que el placer de la investigación es suficiente por sí mismo y que uno ya se siente más que satisfecho con lo que aprende, sin tener necesidad de presumir ni de que los demás se enteren de ello.
Porque aprendí también de Demócrito, creo, la modestia, pues me impresionaba la sencillez con la que dijo: “Fui a Atenas, pero nadie me conoció”. Atenas era en ese momento la capital cultural de la Hélade. Demócrito, tras su paso por Atenas regresó a su ciudad natal, Abdera, y allí siguió investigando. Hasta hace poco, he vivido en cierto modo un poco retirado, como vivió Demócrito en Abdera, pero la llegada de Internet me ha hecho más comunicativo.
Materialismo
Por otra parte, la observación de la realidad sin prejuicios me ha mantenido hasta el momento en el pensamiento materialista, para el que también fue un precursor Demócrito.
Podría cambiar de opinión, pero hasta ahora no he tenido la suerte de encontrar ningún argumento basado en algo observable (o al menos en algo razonable) a favor de alguna clase de espiritualismo. Así que sigo siendo materialista, aunque soy consciente de lo difícil que es definir hoy en día la materia.
Un sello griego también con Demócrito y el átomo
Por otro lado, soy también consciente de que Demócrito es posiblemente el fundador del reduccionismo, pues intentaba explicar toda la realidad mediante la combinación de los átomos y el vacío; como decía Van Melsen:
“Todo físico es un Demócrito, pues trata siempre de comprender la multiplicidad de los fenómenos mediante la interacción de la menor cantidad posible de elementos primordiales”
Y, sin embargo, yo no me considero reduccionista, a pesar de que admiro esta búsqueda de causas primeras de las cosas y de que creo que gracias al reduccionismo se han alcanzado los mayores logros científicos.
Tengo razones para pensar que el propio Demócrito no era reduccionista, pero sería complicado explicarlo aquí, aunque, en cualquier caso, soy consciente de que la cuestión del reduccionismo no está ni mucho menos resuelta a favor o en contra. Y estoy dispuesto a cambiar de opinión, cosa más plausible que en el caso del espiritualismo, porque los reduccionistas, al contrario que la mayoría de los espiritualistas (¿con la excepción de William James?), sí que intentan usar argumentos razonables y racionales.
Paradójicamente, al mismo tiempo que aprendí o me reafirmé en mi materialismo, también aprendí de Demócrito a no ser materialista en el sentido vulgar del término. Porque también creo como él que:
“Es conveniente que los seres humanos otorguen mayor significación al alma que al cuerpo, pues la perfección del alama corrige la inferioridad del cuerpo, mientras que la fuerza del cuerpo no mejora el alma en absoluto”.
Eso sí, recordando que para Demócrito también el alma es material: “Las sensaciones y los pensamientos son modificaciones del cuerpo”. Para él, por cierto, alma e intelecto eran sinónimos.
Me gusta mucho la teoría de Demócrito acerca de la realidad: “Todo es fruto del azar y la necesidad”, aunque sé que esta idea es compleja, como cualquier teoría acerca de la razón última del universo.
En otra ocasión dijo: “Unas cosas se producen por necesidad, otras por deliberación, otras por azar y otras por espontaneidad”. Esta es también una idea interesante, que comparto aunque sea de un modo confuso.
Empirismo e idealismo
En esas primeras lecturas de Demócrito tal vez me di cuenta por primera vez de la importancia tanto de los sentidos como del razonamiento, de lo empírico y de lo racional, alejándome tanto de los empiristas ingenuos como de los idealistas que piensan que sólo existe la mente. Demócrito lo expresó de manera genial en un juicio entre la razón y los sentidos, del que lamentablemente sólo se conservan breves pasajes:Después de haber dicho “por convención el color, por convención lo salado, pero en realidad existen sólo átomos y vacío”, Demócrito hace que los sentidos, dirigiéndose a la razón, hablen de este modo: “¡Oh, mísera razón, que tomas de nosotros tus certezas! ¿Tratas de destruirnos? Nuestra caída, sin duda, será tu propia destrucción”.
Demócrito, al parecer, llegó a elaborar una teoría del conocimiento de gran sutileza, al afirmar que lo visible, los fenómenos, eran necesarios para conocer lo oculto y que, al mismo tiempo, mediante la razón podíamos explicar cómo funcionan los sentidos y cómo se presentan ante ellos los fenómenos. Algo que, más que un circulo vicioso tal vez sea un círculo virtuoso.
Por cierto que para Demócrito (y esto parece mostrar su no reduccionismo) existían tres criterios para el conocimiento:
“Para la captación de lo invisible, los fenómenos… para la investigación el concepto… para lo que se debe rechazar o desear, la afección, pues es deseable lo que nos atrae y rechazable lo que nos repele”.
Convenciones y relatividad (que no relativismo)
También con Demócrito me di cuenta de la importancia de lo convencional: “Por convención el color, por convención lo dulce, por convención lo salado, pero en realidad existen sólo átomos y vacío”. También creía, anticipándose a las teorías más actuales, que el color como tal no existe en las cosas (algo que todavía mucha gente ignora).
Uno de los más bellos ejemplos de su defensa de lo convencional es su opinión acerca del lenguaje. Frente a pensadores como Platón que creían que el lenguaje es como es por naturaleza Demócrito señalaba razones tan sencillas como que una misma palabra puede tener dos significados diferentes; o que dos palabras diferentes podían significar lo mismo.
Pero también he aprendido de Demócrito a mantener un prudente escepticismo ante las soluciones encontradas, que siempre han de ser provisionales, recordando que “la verdad está escondida en lo profundo”. No es casual que también se considere a Demócrito uno de los precursores de la escuela escéptica. Hay varios fragmentos muy hermosos de Demócrito en este sentido. Por ejemplo aquel, que ya he mencionado, en el que desarrolla un juicio entre la razón y lo sentidos.
Curiosamente, aceptar lo convencional y relativo de todas las cosas, no hizo a Demócrito caer en esa filosofía llamada relativismo, que es la última moda del pensamiento occidental. A mí tampoco.
Se suele representar a Demócrito como antítesis de Heráclito.
Demócrito obtiene placer del conocimiento, Heráclito dolor.
Ética
También he aprendido de Demócrito que “quien comete injusticia es más desgraciado que quien la padece”, y que “bueno es no tanto el no cometer injusticia, sino el no tener intención de cometerla”.
Esas han sido reglas constantes a lo largo de mi vida, y aunque es evidente que he causado cierto dolor a otras personas, nunca ha sido mi intención hacerlo, y mucho menos he disfrutado con ello, ni siquiera con aquellos a los que podría considerar mis enemigos (muy pocos). Nunca me ha alegrado la desgracia ajena ni he tenido deseos de venganza (a no ser en los juegos y siempre de manera amigable).
También coincido con Demócrito en preferir un régimen democrático, con todos sus defectos, a cualquier tipo de dictadura:
“Es preferible la pobreza en una democracia a la llamada felicidad que otorga un gobernante autoritario, como lo es la libertad a la esclavitud”.
Quizá sea innecesario aclarar que esto se refiere a uno mismo, a la manera en la que uno prefiere vivir si puede elegir, pero no es ninguna justificación de la pobreza.
También comparto con Demócrito su rechazo a todo tipo de nacionalismo o etnicismo y me considero ciudadano del mundo:
“Toda tierra es accesible para el hombre sabio, pues la patria del alma buena es todo el universo”
Tal vez procede de él mi deseo de vivir muchos años, pues se cuenta que él llegó a los 109. Yo, por ahora, me conformó con 139.
Demócrito por Ribera
Mientras Heráclito llora al contempalr el mundo, Demócrito ríe
También he querido aplicar en la medida de lo posible lo que él llamaba Tritogenia:
“Tres son las consecuencias de ser sabio: deliberar bien, hablar sin error y obrar como se debe.”
Nunca he creído lo que dicen filósofos como Schopenhauer: que no tiene por qué haber correspondencia entre la teoría y la práctica de un filósofo.
También considero el crítico al que más hay que tener es nuestra propia conciencia. Esto, que fue obsesión para los estoicos, que decían aquello de “Piensa que ni siquiera estás solo cuando estás solo”, también lo dijo antes Demócrito:
“No hagas ni digas nada feo aunque estés solo; aprende a avergonzarte más ante ti mismo que frente a los demás”.
No sé si interioricé estas ideas de manera perfecta tras la lectura de Demócrito (y de los estoicos) o si surgieron en mí de otro modo, pero la verdad es que no tengo necesidad de esconder los malos pensamientos, porque me atrevo a decir que no los tengo.
También dijo Demócrito, y estoy de acuerdo: “Mejor es advertir los propios errores que censurar los ajenos”.
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También estoy muy de acuerdo en que la naturaleza del ser humano puede ser modificada por la enseñanza. Y por tanto me mantengo apartado como él del determinismo genético y confío en el valor inmenso de la educación:
“La naturaleza y la instrucción poseen cierta similitud, puesto que la instrucción trasforma al hombre y, al transformarlo, produce su naturaleza”
Rembrandt se retrató a sí mismo como "Demócrito joven"
También me gusta mucho su proposición acerca de qué es la felicidad, uno de los asuntos que más preocupa a todos los pensadores griegos y que hoy parece estar sólo en manos de cantamañanas de eso que se llama “autoayuda”.
Aunque me siento muy cercano a las teorías de Epicuro, que aprendió casi todo de Demócrito, y de Aristipo, la que más me convence es la del de Demócrito: la felicidad es el buen ánimo.
El buen ánimo (euthymia) se alcanzaría, según Demócrito, no ocupándose en exceso de los asuntos públicos ni de los privados, no tratando de alcanzar lo que supera las posibilidades y siendo moderado.
Lo llama también bienestar, el estado en el que el alma está serena y equilibrada, porque no le perturba ningún temor, ni el miedo a los dioses. Surge mediante la moderación del deleite y la armonía de la vida prestar poca atención a quienes envidiamos y admiramos.
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Pero el bienestar también se define por una palabra que puede parecer paradójica: intrepidez (athambia), porque consiste en un estado de alerta permanente “en la superficie del mar en calma”. No es una emoción o estado pasivo, sino activo, para ser capaz de resistir los golpes externos. Quien es justo es también valiente en sus juicios e intrépido, rectitud del juicio y valentía en la conducta se complementan.
Estas son algunas de las cosas que he aprendido de Demócrito. No son pocas, teniendo en cuenta que sólo quedan algunos fragmentos de este filósofo, al que Aristóteles consideró el mejor de entre quienes le precedieron, y cuyos escritos, según se cuenta, quiso quemar Platón.
Si quieres saber la curiosa historia de cómo murió Demócrito, visita mi página
MortalSi te interesa una comparación que hice hace muchos años entre la ética de Demócrito y la de Aristóteles, puedes leerlo en:
Ética de Demócrito y Aristóteles
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Las personas que se consideran de izquierdas son abrumadoramente contrarias a la energía nuclear.
Las personas que se consideran de derechas son abrumadoramente partidarias de la energía nuclear.
Sin embargo, no parece que la energía pueda ser de izquierdas o de derechas per se.
Las personas de izquierdas dicen que son contrarias a la energía nuclear porque es peligrosa.
¿Es que todas las personas de derechas son inmunes al miedo de que haya fugas o estalle una central nuclear, o que los residuos radioactivos afecten a la población?
Parece extraño, porque, porque, por muy firmes que sean las convicciones de una persona, una cosa es la ideología y otra el miedo.
Si pensamos en la típica caricatura del derechista, es decir en alguien que sólo piensa en su propio bienestar, no parece lógico que no le preocupe que haya centrales nucleares en su país. Si las centrales nucleares estuviesen en otro país, desde el que se importara la energía, entonces sería razonable que no le preocupara, porque tendría cero riesgo y muchos beneficios (recordemos que estoy hablando de la caricatura del derechista). Pero no sucede lo mismo si las centrales están cerca de donde él vive.
En el lado contrario, parece raro que ninguna persona de izquierdas piense que la extracción y el consumo de petroleo está causando daños al planeta mucho mayores que los de las centrales nucleares, y no que prefiera el riesgo controlado de una nuclear a los desastres causados por la contaminación petrolera.
¿Acaso no abundan entre el sector izquierdista quienes piensan que se está produciendo un calentamiento global, causando fundamentalmente por la contaminación resultante del petróleo? ¿No puede haber dudas acerca de si es más fácil destruir el planeta con petróleo que con centrales nucleares?
¿No existe ninguna persona de izquierdas que piense que para mantener nuestro nivel de vida y los derechos de los trabajadores, las pensiones y el estado de bienestar se necesita más energía que la que actualmente pueden proporcionar las energías naturales o incluso el petróleo?
¿O que sencillamente tema la dependencia del gas y el petróleo ajenos, cada vez más controlado por los rusos y otros estados potencialmente enemigos?
Quizá has pensado, querido lector, que en lo anterior mi intención era atacar o defender la energía nuclear. Probablemente te consideras de izquierdas o de derechas y desde el principio ya te habrás alineado en uno de los bandos.
Pero mi intención no era defender o atacar el uso de la energía nuclear, sino mostrar mi asombro ante la unanimidad de las etiquetas políticas: la falta de pensamiento propio de quienes inmediatamente se alinean con "los suyos", sea cual sea el asunto que se discute. De quienes piensan que sólo dos opiniones posibles: o esto o lo otro. Lo que yo llamo el pensamiento alternante.
Lo que quiero decir es que, a no ser que se me escape algún detalle, en el asunto de la energía nuclear hay poco que discutir desde un punto de vista ideológico: se trata de saber si la nuclear es una energía rentable pero al mismo tiempo fiable.
Quienes no crean que reuna esas dos condiciones podrán estar en contra de su uso, ya sean de izquierdas o de derechas.
Quienes crean que si es rentable y al mismo tiempo fiable podrán estar a favor, sin pensar en qué parte del espectro político se deben situar antes de opinar.
La sorpresa, agradable, es cuando uno se encuentra con un izquierdista partidario de la energía nuclear o con un derechista contrario a ella. Se equivoquen o acierten, casi siempre son los únicos que siguen pensando por sí mismos. Además de aquellos que, por supuesto, no están del todo seguros y, sencillamente, dudan.
El autor de la hipótesis Gaia, Lovelock, hace poco defraudó a sus seguidores porque defendió la energía nuclear como única forma de salvar el planeta.
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Gottlob Frege: sentido y referencia (Filocomic 2)
(1848-1925, nacido en Wismar, Pomerania, Alemania)
Gottlob Frege es uno de los creadores de la lógica moderna. Su objetivo como investigador era demostrar que las matemáticas se podían explicar mediante reglas lógicas. En su opinión, la lógica era la ciencia básica a partir de la cual se pueden y deben construir todas las demás. Es una variedad de reduccionismo llamado logicismo.
El filósofo británico Bertrand Russell le hizo un gran favor a Frege al llamar la atención de la comunidad pensante hacia sus trabajos, hasta entonces casi desconocidos. El joven Russell también acabó con los sueños del anciano Frege. Cuando se hallaba cerca de la confirmación de su teoría, recibió una carta de Russell, en la que le decía que había encontrado un fallo en sus teorías. Es la paradoja de Russell, la de las clases que se contienen a sí mismas (de eso hablaré en otra ocasión, cuando se me ocurra un chiste).
La respuesta de Frege fue que la paradoja de Russell hacía tambalear la aritmética:
“Frege quedó tan desasosegado por esta contradicción que dio de lado el intento de deducir la aritmética de la lógica, al cual, hasta entonces, había dedicado principalmente su vida”.
Tiempo después, un Russell ya mayor se encontraría con un discípulo que le puso en una situación semejante a la que él había causado a Frege. Se trata de Wittgenstein, pero tampoco hablaré de él en este momento.
Bertrand Russell poco antes o poco después de destrozar los sueños de un anciano
Uno de los hallazgos más interesantes de Frege no se ve afectado por la destrucción de su sueño logicista. Se trata de la distinción entre sentido y referente.
Una cosa es, dice Frege, el sentido de una expresión y otra su referente o referencia.
El ejemplo más célebre para entender esta idea es la comparación que propone Frege en Sobre sentido y referencia entre el lucero de la mañana y el lucero de la tarde.
Los antiguos griegos se habían dado cuenta de que por las mañanas, cuando todavía no es pleno día, aparecía una luz muy brillante en el cielo. También observaron que por la tarde, cuando el sol ya se ocultaba, se podía ver otra luz muy brillante. También descubrieron que esas luces no podían ser estrellas (cuerpos fijos en el firmamento, según se creía entonces), sino cuerpos errantes, como lo era la Tierra. Así que los llamaron planetas, es decir “errantes”.
Los dos luceros, el que se veía por la mañana y el que se veía por la tarde, eran planetas.
Dicho en la nueva terminología que propuso Frege a finales del siglo XIX, había dos sentidos, dos expresiones: “lucero de la mañana” y “lucero de la tarde” y cada una tenía su propio referente: la cosa que brillaba en la mañana y la cosa que brillaba en la tarde.
Sin embargo, alguien descubrió, tal vez después de un viaje a Egipto o Babilonia, que esas dos luces eran causadas por un mismo objeto: el planeta al que llamamos Venus. No se trataba, pues, de dos planetas, sino de uno solo.
Ahora, dice Frege, seguimos teniendo dos sentidos, el lucero de la mañana y el lucero de la tarde, pero sólo hay un referente, pues las dos expresiones se refieren al mismo objeto.
Es interesante darse cuenta de que, a pesar de tener el mismo referente, se puede tener distinto sentido y que el lucero de la mañana no es exactamente lo mismo que el lucero de la tarde.
Por ejemplo, si pensamos que:
lucero de la mañana= lucero de la tarde
Si fuesen lo mismo, ¿por qué parece adecuado decir “Ayer por la mañana vi el lucero de la mañana”, pero suena absurdo decir: “Ayer por la mañana vi el lucero de la tarde”.
Si fueran lo mismo, entonces sería verdad que “lucero de la mañana” tiene tantas letras como “lucero de la tarde”, pero eso no es cierto, pues “lucero de la tarde” tiene una letra menos.
Aquí nos detenemos, ahora que el lector ya puede entender el chiste de mi nuevo capítulo de Filocomic, porque, esta introducción sólo tiene un sentido: hacer comprensible un chiste. Ya sé que algún lector dirá que mal chiste es aquel que necesita tanta explicación previa. Probablemente tendrá razón.
El chiste, por cierto es una adaptación de un acontecimiento real. Sucedió en la cafetería de la Universidad Complutense, donde estudié Filosofía, un día en que estaba con mi amigo Manuel Abellá deseando desayunar. Aquí lo he adaptado a una muchacha en un bar.
FILOCOMIC 2
Sentido y referencia
(Gottlob Frege)
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Filosofía barata, y otros salones digitales de Rafael Aguilar
Hace tiempo que quería recomendar el salón digital de mi gran amigo Rafael Aguilar Filosofía barata. Lo hago ahora que él se me ha adelantado y me ha dejado entrar en una de sus salas con el primer capítulo de mi Filocomic.
En Filosofía barata encontrarás breves entradas relacionadas con la filosofía, divertidas e iluminadoras.
Además, Rafa tiene otro salón digital absolutamente delicioso dedicado a la fotografía, Titania, que recomiendo visitar.
Una foto de Titania (sin usar Photoshop para retocarla)
"Piensa en verde" (también en Titania)
Dentro de Titania, además de la colección principal, hay otras series...
Una de las fotografías de La ciudad no tiene fin, con el cielo impresionante de Madrid
Vídeos en Cosas que pasan cuando no está pasando nada. En la esquina inferior derecha se puede ver al autor, Rafael Aguilar
Fotografía de Detalles
En Confesiones de un comedor de palomitas en San Lorenzo de El Escorial (Rafael se alimenta fundamentalmente de palomitas, aunque a muchos les resulte difícil creerlo)
En la colección La soledad
En la colección Puerta
Aquí tienes los enlaces a Filosofía barata y a Titania, aunque también puedes encontrar los vínculos en el menú flotante lateral, dentro de la pestaña AMIGOS.
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Reduccionismo y teorías religiosas
Hace dos años encontré en una biografía de Leonardo Da Vinci, escrita por William Kemp, un párrafo interesante, que me hizo tomar unas notas saltinbanquis, de esas en las que uno divaga de acá para allá:
"Leonardo se proponía someter los “efectos” que él observaba en la naturaleza a un riguroso escrutinio, de modo que pudiera discernir sus “causas”, sus “razones” o sus “principios” básicos."
Es lo que se llama el programa reduccionista, el intento de encontrar unas pocas causas que expliquen una gran variedad de fenómenos. Como critico a menudo el reduccionismo, a muchos lectores puede parecerles que estoy en contra de este programa de investigación, pero no es así. El filósofo al que más admiro es precisamente el padre del reduccionismo: Demócrito.
Siento una tremenda admiración y fascinación hacia quienes encuentran las causas simples que se hallan bajo fenómenos complejos. Creo que mediante el reduccionismo podemos encontrar grandes respuestas y soluciones y podemos descubrir las causas de qué existan y funcionen cosas complejísimas, desde el ser humano al clima.
Pero encontrar las causas de que existan no significa siempre explicar mejor las cosas. Por mucho que nos ocupemos del movimiento de las partículas subatómicas, no explicaremos mejor por qué una tormenta se ha desviado, o por qué alguien ha golpeado a su mejor amigo.
Porque existen propiedades emergentes que surgen de la combinación de esos elementos mínimos.
De todos modos, aunque llegásemos a pensar que fuera posible que todo se pudiera traducir a movimientos de piezas mínimas, la explicación sería tan farragosa e incomprensible que no valdría la pena. Sería algo así como explicarle a alguien cómo funciona un programa de diseño informático en lenguaje máquina, es decir, sólo con ceros y unos.
Tengo que aclarar también que cuando digo que Demócrito es el fundador del reduccionismo, hay que matizar que ya había antecedentes, pues casi todos los filósofos que le precedieron seguían también en cierto modo un programa reduccionista y hablaban de los cuatro elementos de los que todo está compuesto, o ideaban una nueva causa, como el nous de Anaxágoras.
Incluso las explicaciones religiosas seguían el programa reduccionista: la multiplicidad de fenómenos de la naturaleza se explicaba por la intervención de un número limitado de dioses.
Desde este punto de vista, el monoteísmo reduce las causas a una: una única causa para todos los efectos (Dios).
Sin embargo, resulta dudoso que una sola causa pueda causar algo. Quizá, por ello, en la explicación religiosa del mundo resulte más correcto el dualismo, por ejemplo el de los maniqueos.
Lamentablemente también dudo que dos causas o elementos puedan crear algo. Seguramente, como escribí en un ensayo adolescente de metafísica, hacen falta tres elementos, o tal vez cuatro.
Por otra parte los dioses de la India serían un ejemplo de pluralismo extremo: el número de los dioses parece superar el número de las cosas.
Finalmente, el ejemplo máximo del pluralismo sería el panteísmo, que ve dioses en todas las cosas.
Con lo anterior se podría escribir algo interesante, porque, aunque el monoteísmo, el dualismo y el paganismo parecen más cerca de un programa científico (pues son más reduccionistas), el panteísmo podría usarse para ilustrar un programa científico que sin negar las causas básicas (la sustancia divina que hay en todo) al mismo tiempo cree que hay propiedades emergentes (los dioses concretos que están en todas partes).
En cualquier caso. Demócrito es, en el contexto de su época, un poco más pluralista, o menos reduccionista, pues aunque propone los átomos, también habla de diferentes tipos de átomos (ganchudos, lisos...) frente a los cuatro elementos tradicionales.
(2007)
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Un chiste de Epicarmo
Epicarmo fue un poeta siciliano. Había nacido en la isla de Cos, pero a los tres meses sus padres lo llevaron a Sicilia y vivió mucho tiempo en la ciudad de Siracusa.
Para Platón, era el mejor comediógrafo que había existido, y como autor su estilo era comparable al de Homero. Apenas quedan de él fragmentos. En una de sus obras, tal vez en una llamada Triakades,contaba la historia de dos personajes que se perseguían a causa de las deudas. Allí, según parece, se contaba el chiste que he adaptado en la primera entrega de una nueva serie de comic que empiezo hoy (Filocomic).
FILOCOMIC
Heráclito y su deudor
ComentariosSalones digitales en 2005
En un antiguo blog, Il Saggiatore, publique en 2005 una entrada en la que comparaba los weblogs (denominación que hoy ya no se estila) con los antiguos salones. Incluso anunciaba que el siguiente blog se llamaría Salón digital. Sin embargo, han pasado cuatro años hasta la inauguración de este Salón digital. Incluso me olvidé de la idea original, que he encontrado ahora navegando al azar por mis propias páginas. Recupero aquí dos entradas que publiqué en Il Saggiatore.
¿Son los weblogs como los antiguos salones?
Los weblogs son muchas cosas y no son ninguna. Pero es posible que sean, o que algunos weblogs sean, una actualización de los antiguos salones. Eso me parece fantástico, porque yo creo que mucha de la mejor filosofía no se hizo en las Universidades ni en los gabinetes de los pensadores sesudos.
Si una filosofía no se puede explicar en un salón, de manera más o menos entretenida, a un público atento, pero que también se distrae de vez en cuando mientras escucha, quizá sea una gran filosofía, pero seguramente quien la expone no es un gran filósofo.
Eso lo aprendí de Platón, pues también se aprenden cosas de Platón (a veces parece que Platón y Sócrates sólo perdían el tiempo en charlas inútiles, que tampoco está mal), cuando decía que el mejor médico es aquel que sabe hacerse entender por sus pacientes.
Pero tampoco hay que tomarse esto completamente a la letra, pues ahora se me ocurren excepciones o matices, para distinguir entre los pensadores creadores y los pensadores ejecutantes, como puede pasar con los músicos: un buen compositor no está obligado a ser un buen intérprete (y menos de todos los instrumentos para los que compone).
En fin, que los weblogs son como salones en los que uno tiene visitantes más o menos regulares y otros que aparecen de vez en cuando. Algunos visitantes charlan y cuentan cosas en este o aquel salón, y a veces tienen su propio salón en el que también reciben visitantes. Y hay conversaciones que se alargan y otras breves, quizá porque el tema no da más de sí o porque quien habla no es estimulante. Y en cada salón hay una sala principal, que es el weblog propiamente dicho, y otras dependencias más ocultas, algunas casi privadas, incluso algunas inesperadas. Y hay un anfitrión e invitados que presentan a otros invitados, y desconocidos que entran (con más facilidad sin duda que en los salones de antaño) y algunos echan un vistazo y se van y otros se quedan.
Es una metáfora interesante que desarrollaré en mi próximo salón o weblog y que, como habrás intuido, se llamará algo así como Salón digital o Salones Tubau o algo parecido.
(Il Saggiatore, 16 de diciembre de 2005)La segunda entrada relacionada con el asunto de los salones digitales la publiqué unos días más tarde, el 24 de diciembre de 2005:
Los salones digitales. Primera parte
Hace unos días comparé los weblogs y las páginas web con los antiguos salones. Creo que es una comparación interesante, que permite ver mejor el mundo web, al mirarlo desde un punto de vista diferente a la comparación habitual con un libro.
Esta es la verdadera utilidad de las metáforas y las comparaciones, porque casi todo nuestro conocimiento es metafórico: conocemos algo nuevo anclándolo a algo ya conocido.
Por eso en el delicioso libro indio Las preguntas de Milinda, en el que discuten el sabio budista Nagasena y el rey greco-indio Milinda (Menandro), cada vez que el griego tiene una dificultad para entender algo le dice al sabio: "Hazme una comparación".
Y el arhat Nagasena le hace una comparación tras otra, como aquella en la que muestra cómo es posible la transmigración de las almas si pensamos en un mismo fuego que pasa a otra vela antes de que la primera se extinga.
Pero también hay que saber que las comparaciones son sólo comparaciones, no semejanzas absolutas: nada es igual a otra cosa, porque, si fuera igual, sería la misma cosa.
Comparar las páginas web con los salones, los libros, las charlas de café o las tertulias, nos permite percibir cosas que de otro modo nos podrían pasar desapercibidas, pero también puede ser una trampa, porque puede ocultar las diferencias que existen entre cosas que catalogamos como semejantes.
Así que hablaré ahora de las semejanzas entre dos cosas distintas y de las diferencias entre dos cosas semejantes. Precisamente, una de las definiciones que más me gusta, y que tal vez sea mía, de la inteligencia es: "Encontrar lo diferente en lo semejante y lo semejante en lo diferente".
Las páginas web son como los libros porque en ellas hay letras, frases, párrafos, capítulos.
Las páginas web se diferencian de los libros, y se parecen a los antiguos rollos egipcios, griegos y romanos, porque tanto en webs como en rollos tiene sentido decir: "Como dije más arriba" o "Como diré más abajo", mientras que en los libros eso no siempre es verdad.
[La imagen del rollo y el texto pertenece a Cómo debe ser una página web, donde hablo de temas parecidos a los de está entrada].Páginas web y salones
Las páginas web se parecen a los salones por lo que dije hace unos días.
Ahora bien, como le dije hace unos días a Pilar en respuesta a un comentario (puedes leerlo aquí), en estos salones digitales uno entra sin llamar. No hay timbres, ni porteros en la puerta que te miren de arriba abajo y decidan si eres digno o no de entrar.
Pero es cierto que a veces las puertas están cerradas a cal y canto, porque no hay ningún modo de enviar un comentario. En ese caso, esas webs o weblogs no se parecen a un salón, sino a un monólogo que uno puede escuchar si le apetece, pero sin poder convertirlo en diálogo. Es como si uno hablase a solas en el salón de su casa pero pusiera unos altavoces en la fachada para que en la calle todos pudieran escuchar lo que se le va ocurriendo.
Dicho así, y dada la mala fama que tiene la palabra monólogo, la cosa suena bastante mal, pero al fin y al cabo, la historia de la literatura es la de un continuo monólogo en el que los monologuistas usan altavoces de papel, a veces encuadernados en tela.
El único problema del monólogo es cuando se emplea en un lugar inadecuado, es decir siempre que uno no está sólo, donde lo mejor, sin duda, es el diálogo.
Hay, sin embargo, otras variantes de monólogo públicas, por supuesto, como los mítines o las conferencias. Incluso hay un tipo de monólogo que casi parece diálogo: el de los líderes de las manifestaciones (que yo tengo el disgusto de escuchar todos los fines de semana porque en Madrid siempre suben por calle Atocha) que van diciendo a los demás manifestantes lo que tienen que decir. Y los demás lo dicen, al menos muchos de ellos, y, de algún modo, supongo, sienten que están dialogando. Pero eso no se diferencia demasiado a lo que decía la canción de François Hardy: "Yo soy tu ruido de fondo y tu mi pared."
Pero en las páginas web en las que no hay la posibilidad de enviar comentarios, a veces todavía queda un resquicio para la comunicación si la autora o el autor de la misma ha dejado su dirección de correo electrónico. En ocasiones, como en alguno de mis weblogs secretos, ni siquiera hay dirección de email, porque uno sabe que a través de la dirección de correo electrónico pueden ser encontrados esos weblogs.[Elimino un fragmento acerca de los comentarios en los blos, que resulta técnico e ilegible]
(...) Una de las características de los antiguos salones es que allí había ciertas costumbres: un día determinado se recibía a estos o a aquellos; había una hora en la que se servía el chocolate y se hablaba de cosas más ligeras y los visitantes lo sabían y contenían su trascendencia.
Aunque yo soy enemigo jurado de los hábitos, admito que mi página web puede ser un caos indescifrable. Es como si mi salón estuviera casi a oscuras y los visitantes tuvieran que orientarse dándose golpes con las sillas, perdiéndose en un laberinto de salas, sin saber como regresar a la principal o cómo llegar a una de la que han oído hablar. Por ello voy ordenando poco a poco esta mansión llena de salones, salas y saloncitos.
Termino con esta primera visita guiada a mi salón digital, que sospecho se está haciendo tan pesada al visitante como un recorrido completo a un museo, y quizá ya siente agujetas en sus neuronas.
Pero todavía hay mucho que decir sobre los salones digitales...Llegaron dos interesantes comentarios de mis amigos Jordi y Roser, que copio a continuación:
ROSER (Barcelona, 27 de diciembre de 2005)
A mí también me gusta mucho imaginar los salones Verdurin y similares como paraísos de la charla fructífera y placentera, pero los tiempos cambian... y yo veo que donde uno lee que la gente se reunía en grandes salones para "recibir" ahora hay que pensar en pequeñas sobremesas-copas-cenas en casa o fuera de ella, por ejemplo, con nuevas modas y modos, o en el resurgimiento de las coctelerías o barras de tapeo como "charladeros" oficiales, o el "te veo en el blog" que me mandó una amiga hace poco como gran novedad en nuestras conversaciones, ahora enriquecidas a través de la pantalla.
Ah! Y sobre los comentarios: Daniel, convéncete, ordenarlos es imposible; intentarlo, incluso imaginarlo, resulta útil como ejercicio... pero creo que es como cuando se ordenan los volúmenes de una biblioteca personal. O eres bibliotecario profesional y ves cada comentario como un elemento 100% clasificable o no hay manera, siempre terminan quedando unos libros por aquí y otros por allá a causa del mal de las sugerencias, desviaciones, ensueños etc. elementos que se aglutinan por magnetismo entre unos libros y otros creando recorridos laberínticos que... que son también valiosos e interesantes, no? A mí me gusta que haya un poco de emoción a la hora de visitar un blog, que entre unos comentarios y otros aparezcan temas que aparentemente no vienen a cuento...
Bueno, tan solo era un comentario... +JORDI (NYC, 9 de enero de 2006)
A mí lo que de verdad me gustaría es que todo esto pasase en un salón de verdad, con cafés y alcohol y humo y sillones y tumbonas y algo para picar. Veros a todos las caras y los movimientos de los brazos mientras explicais vuestras cosas. Poderos tocar el hombro cuando compartimos una risa.
Todavía soy muy del 19 tocando al 20. Este siglo 21 tan electrónico me parece una herramienta de trabajo excelente, pero me siento un poco incómodo. Como en la Barcelona de ahora. Si, la barceloneta esta mas limpia, pero dónde estan aquellos merenderos con las paredes pintadas de paellas a vivos colores comidos por la sal del mar?
ComentariosLa página noALT 007: Jerjes austrohúngaro
Como dije ayer, hacía mucho tiempo que no añadía nada nuevo a La página noALT. Para quien no la conozca, recuerdo aquí brevemente el origen del pensamiento noALT, o no alternante:
"En una noche romana Ana Aranda y Daniel Tubau pensaron en esa situación tan frecuente en la que a uno le obligan a elegir entre una cosa y otra: razón o pasión, realismo o fantasía, novela o ensayo, Rolling Stones o Beatles. Pensamos en cómo llamar a eso y tras barajar nombres como "pensamiento dicotómico o dialéctico" nos decidimos por "alternante". Suena un poco mal y suena mucho mejor "pensamiento alternativo", pero, claro, eso es quizá lo contrario de aquello a lo que nos queríamos referir. El pensamiento alternante ve el mundo como opuestos".
(Publicado originalmente en Turista en Madrid)
Por cierto, quiero aclarar aquí a qué me refería con lo de que el pensamiento alternativo es probablemente lo contrario del pensamiento no alternante (o no dogmático o dicotómico, si se prefiere). En primer lugar, quería decir lo obvio: alternativo y alternante son casi sinónimos: en ambos casos no se dice que existe una "alternativa", sino que existe "una" alternativa: sólo una. Por otra parte, las personas que se llaman a sí mismas "alternativas" suelen caracterizarse por un dogmatismo tan o más férreo que sus supuestos enemigos.
Jerjes y el Imperio austrohúngaro
Existe una paradoja que se encuentra en diversas culturas y momentos históricos. En mi Cuaderno austrohúngaro me referí a una versión moderna de esa paradoja:
"Otra de estas dualidades austrohúngaras, que cuenta en esta ocasión Paul Watzlawick, era curiosísima: al soldado o mando que desobedecía a sus superiores se le condenaba a un tribunal militar y probablemente a la pena de muerte, pero la mayor condecoración del imperio, la orden de María Teresa, se concedía a aquellos oficiales que hubieran obtenido una victoria al cambiar el curso de una batalla desobedeciendo las órdenes de sus superiores."
Ante este ejemplo, uno no sabe si se encuentra ante pensamiento alternante ("O esto o lo otro") o pensamiento no alternante ("Casi siempre existe una tercera posibilidad"). Porque, por un lado, el soldado u oficial que podía ganar la orden de María Teresa, no se enfrentaba a un dilema clásico alternante (con dos opciones claras) como:
Obedecer a sus superiores y perder la batalla
Desobedecer a sus superiores y ganar la batalla
Porque la segunda opción es más compleja:
Desobedecer a sus superiores y ganar la batalla y probablemente morir por desobedecer las órdenes... y tal vez ganar la orden de María Teresa.
Es decir, que siempre que sus cálculos sean correctos (y no pierda la batalla), el resultado es demasiado complejo, tentador y terrible al mismo tiempo. Si su deseo de fama es superior a su apego a la vida, podrá elegir la segunda opción (desobedecer a sus jefes), pero, si lo que prefiere es seguir viviendo, entonces, ¿qué elige? Tanto en la opción una (obedecer), como en la dos (desobedecer), existen muchas posibilidades de morir (ya sea durante la batalla o tras ella).
Parece que no hay más alternativas, pero, precisamente lo que muestra el pensamiento noALT, o no alternante, es que en la vida práctica sí existen casi siempre otras alternativas diferentes al par de opciones enfrentadas. Por ejemplo, obedecer pero lograr sobrevivir, o convertirse en desertor y sobrevivir en el terreno enemigo.
O tal vez no. El caso de los traidores que denunciaron a Viriato muestra que a veces suceden imprevistos en situaciones en las que la alternativa parece muy clara:
Si traicionas a Viriato...
Serás rico en Roma (si no eres descubierto)
O morirás a manos de Viriato (si eres descubierto)
La alternativa imprevista a este par de opuestos resulta ser:
"Si traicionas a Viriato morirás... a manos de Roma"... porque "Roma no paga a los traidores".
Viriato muerto tras la traición
Herodoto cuenta un ejemplo semejante al de la orden de María Teresa: cuando Jerges regresó a Asia Menor después de su derrota en la batalla de Salamina, una tormenta le sorprendió en Eion (Tracia):
"Jerjes llamó al capitán y le preguntó cómo podrían salvarse. Aquél le contestó que el buque estaba sobrecargado de gente y debía ser aligerado si se quería evitar el naufragio. Jerjes les pregunta a los nobles persas que le acompañaban si eran capaces de demostrarle la estima en que tenían la vida del Rey. Para demostrársela se arrojaron al mar y se ahogaron. Al llegar a Asia Menor, Jerjes honró primeramente al capitán con una corona porque le salvó la vida; pero luego le decapitó por haber causado la muerte a tantos nobles persas."
Es, como en el caso de la condecoración austriaca, una situación en la que no está muy claro si Jerjes se muestra como una persona coherente o como un déspota caprichoso. Precisamente el hecho de llevar la lógica a su extremo es quizá una definición del pensamiento alternante, que sólo funciona según dicotomías: si por tu causa han muerto mis nobles, debo matarte". Es la incapacidad de tener en cuenta el dato presente, la situación real: "Has matado a mis nobles, pero me has salvado la vida, que es lo que te pedí".
Porque tan importante para la civilización es aceptar seguir las reglas de un juego, como estar dispuesto a cambiar esas reglas si la realidad nos muestra algo imprevisto o contradictorio con dichas reglas.
Herodoto, por cierto, nos ofrece otro ejemplo persa, en el que se sigue la misma inflexible ley, a pesar de que en este caso nadie había salido verdaderamente perjudicado. El rey persa Cambises, furioso con el rey lidio Creso, ordenó que lo mataran. Pero sus servidores, que conocían el variable carácter de su amo, escondieron a Creso:
"No pasó, en efecto, mucho tiempo sin que Cambises deseara de nuevo la compañía y gracia de Creso; sabenlo los familiares, y le dan alegres la nueva de que tenían vivo a Creso todavía. «Mucho me alegro, dijo Cambises al oirlo, de la vida y salud de mi buen Creso; pero vosotros que me lo habéis conservado vivo no os alegrareis por ello, pues pagareis con la muerte la vida que le habéis dado.» Y como lo dijo lo ejecutó." (Herodoto, Historia)
Una tercera anédota nos hace dudar de si lo que mueve a los persas es la rigidez del sometimiento a la ley o el apego a la dignidad inviolable del soberano. En este caso es un ejemplo muy favorable al rey persa Jerjes.
Como se puede ver en la película recientemente estrenada 300, el rey Jerjes envió dos embajadores a los espartanos para exigirles que se sometieran a su imperio. Por toda respuesta, los espartanos mataron a los embajdores arrojándolos a un pozo.
Tiempo después, los espartanos se arrepintieron de lo que habían hecho, tal vez no por haber violado el derecho internacional, sino porque su acto ofendía a lo mismos dioses. Así que eligieron a dos de entre los más nobles de Essparta, Espertias y Bulis, y los enviaron a la corte de Jerjes. Su misión consistía en dejarse matar por el rey persa para compensar el asesinato anterior.
Cuando estuvieron ante Jerjes, y después de mostrarse ionsolentes no arrodillándose ante él, se dispusieron a ser ejecutados.
Jerjes los miró y ordenó que les dejaran marchar. Era cierto que los espartanos habían cometido un pecado y ofendido las reglas aceptadas por cualquier cultura civilizada, pero él, como rey de los persas, no cometería el mismo error, porque el rey de los persas respetaba las leyes, no se manchaba las manos con un crimen impío y, además, no tenía la intención de librar a los espartanos de sus remordimientos cometiendo un acto tan barbaro como el que ellos habían cometido.
Puedes ver otros capítulos noALT en: La página noALT
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De nuevo La página noALT
En 2004 estrené en esta web La página noALT. Hacía tiempo que no añadía ningún nuevo capítulo, en parte porque me daba pereza reaprender el programa de diseño Flash, con el que construí las págians noALT. Ahora tengo previsto incorporar nuevos capítulos y convertir los anteriores a formato de texto. Ello se debe a diversas razones, un poco técnicas, con las que no quiero aburrirte.
Por ahora, aquí está de nuevo el primer episodio noALT, en el antiguo archivo de flash, pero desplegado.
Puedes ver otros capítulos noALT, todavía en formato flash, en:
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Hipótesis mitológicas
Se puede aplicar el método de Kepler, que yo considero uno de los más interesantes y fecundos, al mundo mitológico.
Consiste en plantearse cualquier tipo de hipótesis, sin apenas prestar atención a la plausibilidad que pueda tener. A continuación, se defiende esa hipótesis como si ya supiéramos que ha sido comprobada, buscando todos los datos que la confirmarían. Una vez completamente desarrollada, se la somete a una dura crítica, intentando encontrar todo lo que pueda refutarla, y enfrentándola con datos nuevos que puedan ponerla a prueba.
Eso hacía Kepler al suponer que el sistema solar se podía explicar por cualquiera de los sólidos perfectos o platónicos. Intentaba encajar todos los datos y luego sometía la hipótesis a contrastación. De esta manera acabó encontrando, casi por descarte, la única figura que satisfacía la hipótesis aventurada y la rigurosa comprobación posterior: la elipse.
Intentaré aplicar el método kepleriano a la mitología griega: desarrollando diversas hipótesis, no por lo atractivas que me resulten, no porque algo me diga que son correctas, sino tan sólo, digamos, por capricho o por azar, porque sí, sin más. Pero intentaré también buscar con empeño lo que pueda demostrarlas… y después lo que pueda refutarlas.
Comenzaré, creo, con una interpretación absolutamente evemerista (los dioses y héroes son antiguos reyes o poblaciones) y con otra semisimbolista (Helena no es una mujer, sino un concepto, una idea, un objeto, una riqueza determinada…)
Creo que me centraré en la Guerra de Troya, pero tal vez elija el laberinto, aprovechando el extraordinario libro recientemente publicado por Marcos Méndez Filesi: El laberinto, historia y mito.
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La mitología, del marxismo a la magia
La mitología es uno de los terrenos en los que se puede observar con más claridad el cambio de paradigma que ha tenido lugar en las últimas décadas, al ser sustituido el marxismo, dominante hasta el año 1989, por la magia, que ha empezado a extender su influencia entre todo tipo de público desde finales del siglo XX, pero especialmente en los últimos años.
La influencia del marxismo se hizo notar en los estudios de mitología de una manera clarísima. Se buscaban causas materiales tras los mitos, razones económicas, rutas comerciales, etcétera. Esta influencia se percibía incluso en pensadores muy alejados del marxismo, que practicaban estudios de tipo más fenomenológico, psicologista o simbólico. A pesar de ser algunos de ellos enemigos declarados del marxismo, y a veces simpatizantes del fascismo, como Mircea Eliade, ni siquiera ellos podían librarse de su influencia: era eso que suele llamarse el "espíritu de los tiempos" o welstanchaung .
Pero ahora, caído el muro de Berlín y con él el marxismo, hay cada vez más escritores que introducen la magia en sus investigaciones mitológicas. No se trata tan sólo de que destaquen la importancia de la magia en el tema estudiado, sino que literalmente creen en ella. Así lo hace Peter Kingsley, por ejemplo, en su estudio acerca de Parménides (o Parmeneides):
“De la misma manera que nos gusta creer que somos nosotros quienes “hacemos los descrubrimientos”, también pensamos que “tenemos” sueños. Pero lo que no comprendemos es que algunas veces otros seres se comunican con nosotros a través de nuestros sueños, de la misma manera que intentan comunicarse a través de acontecimientos externos” (En los oscuros lugares del saber, 153).
Kingsley no está intentando mostrar ni explicar la visión de un griego que asiste a los rituales, no está intentando ponerse en su lugar: habla por él mismo. Es él quien opina que otros seres nos visitan a través de los sueños.
Curiosamente, a pesar de contarnos de vez en cuando su creencia en los ángeles o espíritus, Kingsley no nos habla (o no nos habla siempre) como un charlartán de feria: es un erudito temible y un estudioso que conoce a fondo sus fuentes. Un contraste curioso, sin duda.
Tal vez, dirá un pesimista, el caso de Kingsley es una muestra más de cómo los lunáticos se apoderan del método científico, con una técnica extraordinariamente semejante a la de los creacionistas.
Ellos, los creacionistas, los nuevos forofos de la magia, han aprendido de sus enemigos. Tal vez los científicos deberían aprender también algo de ellos: cómo resultar más cautivadores para audiencias no científicas o especialmente crédulas.
Se podría encontrar una comparación interesante con la interpretación de la música barroca: como es sabido, durante décadas se olvidó cómo se interpretaba la música barroca, especialmente la parte del bajo continuo.
Así que la música barroca se interpretaba casi siempre a la manera romántica (digamos, como lo hacia Karajan). Frente a esta interpretación barroca había otro modo muy frío, formal, mecánico. Eran las dos maneras de ver (o más bien de escuchar) la música barroca. Pero ambas eran érroneas. La manera romántica ponía en la música barroca sus propias ideas de una manera exagerada, mientras que la manera formal era aparentemente científica, pero perdía lo esencial, la vida que se suponía poseyó la música barroca. Después, poco a poco, empezó a investigarse cómo se interpretaba la música barroca. Se hizo, no leyendo una y otra vez las partituras, sino buscando detalles en cronistas de la época, desde Casanova a cualquier novelista que hubiese asistido a un concierto y hubiese contado qué hacían los músicos: pellizcar las cuerdas, golpear el violín con el arco...
Se rescato así una manera de interpretar que unía el rigor de la manera formal junto al ardor y vida de la manera romántica. A veces, incluso, con instrumentos originales, aunque ese es seguramente un detalle que no es imprescindible.
Me da la sensación, que en la mitología, pero también en la historia, la antropología, la psicología o cualquier otra ciencia humana, también existe un camino intermedio entre el vuelo mágico de los iluminados y el metro subterráneo de los científicos. Entre volar por el aire estrellándose continuamente con los edificios y caminar sólo alrededor de los cimientos.
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Falibilidad
De las hipótesis que podemos hacer hoy acerca de cualquier cuestión controvertida (historia, mitología, filosofía), sólo unas pocas podrán ser sometidas a examen. Porque muchas de esas hipótesis serán ambígüas, imprecisas, de díficil contrastación. Muy pocas podrán ser, en definitiva, refutadas o comprobadas de una manera clara.
Dentro de esas pocas hipótesis que puedan ser sometidas a una comprobación clara, o a una falsación popperiana si se prefiere, ese examen mostrará que en más del noventa por ciento de los casos nuestras hipótesis eran erróneas, o al menos incompletas o imprecisas. Tan sólo obtendremos algún que otro acierto en un mar de inexactitud.
Así que, lo mejor que podemos hacer es intentar que al menos esas hipótesis que ahora formulamos, condenadas a una casi segura refutación futura, sean al menos interesantes, y que causen cierto placer al que las lea y las examine.
ComentariosEl infierno de la repetición
Peter Kingsley, en su libro En los oscuros lugares del saber intenta convencernos de que el mundo moderno debe aprender lo que él cree es la lección de Parménides, y no buscar la novedad, sino la repetición, pues “no hay nada más repetitivo que el deseo de variedad”.
También Albert Camus nos intenta convencer en El mito de Sísifo de que la tarea absurda del héroe, que consiste en empujar eternamente una roca que siempre vuelve a caer, es compatible con la felicidad: “Hay que imaginarse a Sísifo dichoso”.
Más razonable parece considerar que, para esa precisa generalización a la que llamamos “los griegos”, el de Sísifo era el peor castigo que se podía imaginar, no porque fuera absurdo, no porque, como dice Camus, consista en no poder acabar nunca la tarea, sino sencillamente porque había que repetir lo mismo una y otra vez.
Porque para aquellos inquietos griegos nada había peor que repetirse. Toda la filosofía griega parece un intento de no repetir lo que dijo el filósofo anterior. Si Tales piensa que el origen es el agua, Anaxímenes dice que es el aire, Pitágoras responde que todo es número, Parménides postula sólo el Ser, y Demócrito y Leucipo imaginan infinitos átomos. Si Heráclito dice que todo fluye, Zenón jura que nada se mueve y que Aquiles nunca alcanzará a la tortuga. El esfuerzo imaginativo dio impresionantes frutos, aunque sólo se ha conservado una parte mínima de ellos. Aristóteles, haciendo balance de los siglos anteriores puede afirmar:
No hay idea, por absurda que sea, que no haya sido pensada ya por un filósofo.
Se acaba en ese momento la búsqueda de novedades, comienza el academicismo: las notas a pie de página a lo que los griegos dijeron en la época que suele ser llamada presocrática, pero que Mosterín llama prearistotélica, y que tal vez debiera ser llamada, sencillamente, prealejandrina, anterior a Alejandro Magno.
El de los griegos no es el único momento de la historia en el que se ha intentado pensar todo lo pensable. También se intentó en la India en la época en que se escribieron las Upanisads y se desarrollaron decenas de escuelas, de las que apenas recordamos ahora las seis darsanas o vías ortodoxas, yoga, sankya, vedanta, mimansa, vaisesika y niaya, y dos heterodoxas, el jainismo y el budismo, que tal vez sea anterior a Buda, del mismo modo que quizá el cristianismo que conocemos no es coetáneo, sino anterior y posterior a Jesucristo. De los fatalistas ajivikas, los materialistas, Maskarin Gosala y tantos otros, apenas nos quedan algunos nombres y ciertas anécdotas recopiladas por sus detractores.
También en China intentaron pensarlo todo en la época de los Reinos Combatientes, durante el período de las Cien Escuelas , que se redujeron a apenas cuatro o cinco tras la unificación y el fin del terrible primer gran emperador, quien con gusto las habría reducido a una o ninguna: confucianismo, taoísmo, legismo, un libro del moísmo y el recuerdo de la Escuela de los Nombres y de otras muchas que se han perdido.
La repetición mitológica
Se puede sospechar, ya lo he insinuado, que para los griegos ese deseo de novedad no se expresaba sólo en la filosofía, sino que ya estaba presente en la mitología. Y que ese deseo de novedad les hizo imaginar que las peores penas del infierno consistían en tener que repetir una y otra vez la misma cosa. Ixión girando eternamente en su rueda de fuego, Sísifo subiendo la roca por una colina para ver cómo la roca desciende de nuevo y debe volver a subirla; Tántalo intentando alcanzar los frutos que caen cerca de su boca, pero que siempre se elevan en el último momento, o deseando beber el agua que le cubre hasta el cuello, y que desciende cuando intenta mojarse los labios.
O el titán Prometeo, atado a una montaña del Cáucaso esperando al águila que le comerá las entrañas que eternamente vuelven a regenerarse para ser devoradas de nuevo.
En La Odisea se nos muestra con nitidez el espíritu griego: la búsqueda constante de novedad. El poeta Konstantino Kavafis, que era alejandrino no por la época, sino por haber nacido en la ciudad fundada por Alejandro, es para muchos el autor de la síntesis de La Odisea que se expresa en la frase: “lo importante no es la meta, sino el camino”. Sin embargo, ya los griegos y los romanos eran conscientes de esa moraleja que encerraba el largo poema de Homero. Propercio escribió los versos en los que Kavafis probablemente se inspiró:
Deja tus moradas y busca costas extranjeras,
oh joven: para ti nace un nuevo orden de cosas
No sucumbas al mal: te ha de renovar el Danubio extremo,
el bóreas helado, los tranquilos reinos del Egipto
que ven al sol levantarse y descender.
Y, más grande, que descienda Ulises en lejanas playas.Pero Tennyson anticipó el destino que esperaba a Ulisesal terminar su viaje y llegar de nuevo a Ítaca:
De poco sirve que como un rey perezoso,
junto a este hogar en calma,
entre riscos yermos, junto a una esposa anciana,
yo dicte e imponga leyes desiguales a una raza salvaje,
que acumula, y duerme, y come, y no me conoceConscientes del aburrimiento en que podía vivir un Ulises triunfante, los inquietos griegos imaginaron un nuevo viaje para su héroe, que cuenta el propio Homero, cuando el adivino Tiresias, al que Ulises visita en el Infierno, le dice lo que debe hacer tras matar a sus enemigos en Ítaca:
“Deberás partir con tu remo al hombro, y marchar hasta que encuentres gente que no conoce ni el mar ni los bellos remos, alas de los navíos. Te daré una señal bien segura; cuando suceda que te cruzas con otro viajero y éste te pregunte por qué llevas una pala para el trigo sobre tu hombro, allí deberás plantar tu remo en tierra”.
En ese lugar, suponemos, se estableció Ulises y, probablemente allí murió, antes de llegar a aburrirse de nuevo.Frente a esta concepción del infierno de la repetición, podemos encontrar una muy diferente en el helado norte.
La batalla eterna
Los germanos y escandinavos aseguran que los guerreros que mueren en combate resucitan en el Valhalla y participan allí en nuevas batallas. Feroces, sedientos de sangre, hieren y matan, son heridos y mueren, pero resucitan y asisten a banquetes y orgías, cuidados por las valkirias, que incluso les regeneran los brazos o piernas que han perdido en la batalla.
Al día siguiente regresan al combate, y así una y otra vez, día tras día, año tras año, preparándose para el combate final, el Ragnarok, el crepúsculo de los dioses, cuando tendrán que ayudar a Odín y sus compañeros en su lucha contra el lobo Fenris y la serpiente Midgard.
Es difícil imaginar una vida más agitada y monótona que la de estos guerreros que combaten casi eternamente. Para los griegos sería una de las formas del infierno, para los germanos es el paraíso de los héroes.
Los héroes griegos intentan huir de la guerra. Así lo hace Aquiles, disfrazándose de mujer, o Ulises, fingiéndose loco; los héroes germanos consideran que es vergonzoso morir de otra forma que no sea en el campo de batalla. Son dos maneras de ver el mundo, incluso el mundo heroico, que se pueden encontrar en otras culturas: los japoneses convirtieron en paradigma nacional a los guerreros y crearon la figura excesiva y cruel del samurai, pero los chinos piensan que con el hierro de mala calidad se hacen clavos y con las malas personas soldados. A veces esta oposición se da en una misma cultura, como en la España del siglo de oro que comparte al hidalgo que no se mancha las manos con nada terrenal y que es capaz de morirse de hambre, con el pícaro dispuesto a cualquier cosa para conseguir comer un mendrugo. También se dio en Grecia, entre el militarismo extenuante de Esparta y el resto de las ciudades griegas, que también combatían, pero no lo consideraban el mayor de los honores, sino más bien una maldición repetida, un castigo, y no un premio, que los dioses imponen a los hombres.
Por eso, cuando Arquíloco, tras combatir con los sayos, confiesa que ha abandonado su escudo, lo que hace es enfrentarse con verdadera valentía al dictamen de los belicosos espartanos: “Vuelve con tu escudo o sobre él [muerto]”.
Alguno de los sayos se ufana con mi escudo, que junto a un matorral
-instrumento excelente- abandoné mal de mi grado.
Pero salvé la ida; ¿qué me importa aquel escudo?
Váyase enhoramala, que ya me procuraré otro nuevo no inferior.
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El universo particular o la partícula universal
Existe una teoría de la física moderna que dice que el universo entero es una única partícula moviéndose a alta velocidad. Parece difícil creerlo, pero podemos encontrar un efecto semejante en el cine, donde vemos continuidad pero en realidad sólo hay imágenes estáticas, cuadros o fotogramas que parecen imitar la vida al ponerse en movimiento.
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Laszlo Toth
(Están entre nosotros)
1. Sin piedad
1972, Ciudad del vaticano, 21 de mayo, domingo de Pentecostés.
Son las once y media de la mañana.
Un hombre se abre paso entre la multitud de peregrinos que esperan la bendición papal, esquiva a cinco guardias, se encarama a la balaustrada de mármol junto a la Pietá de Miguel Ángel y le asesta 15 golpes con un martillo de geólogo.
La virgen pierde un brazo, un ojo y parte de la nariz.
Mientras destroza la estatua, el hombre grita: "¡Soy Jesucristo, soy Jesucristo y he regresado de la muerte!".
Se llama Laszlo Toth. Es un geólogo australiano, pero nació en Hungría.
Laszlo Toth es arrestado. Le llueven los insultos: asesino, fanático, vándalo, nihilista. Se le juzga y condena a nueve años de prisión.
2. El artista criminal
Sin embargo, algunos artistas defienden a Toth, no porque crean que la condena es desmesurada, sino porque están de acuerdo con la acción de Toth.
Hay que recordar que, desde los años sesenta del siglo XX, los artistas llaman acciones a las actividades artísticas que no se limitan a colgar cuadros en una pared. Por ejemplo: permanecer sentado durante horas en el escaparate de una tienda, no porque la tienda te pague como maniquí vivo, sino para denunciar la alienación del mundo actual. Se supone que la prueba de esa alienación es que un artista esté dispuesto a pasarse horas inmóvil, o que la gente se pare a mirar a alguien que está dispuesto a tal cosa, o que una institución ofrezca dinero al artista por hacer nada.
Para algunos artistas de la época, en consecuencia, lo de Toth no era una acción, sino una acción. Un hecho artístico en sí mismo. Todavía hoy se reeivindica el gesto de Toth desde algunos sectores del mundo del arte. Karen Eliot, por ejemplo, habla elogiosamente de Toth y su "terrorismo cultural".
Esta es otra característica de los artistas del siglo XX y XXI: les gusta jugar con palabras que expresan violencia y destrucción. A menudo coquetean con la palabra y los símbolos del terrorismo. ¿Por qué?
Entre otras razones porque el terrorismo es una bestia negra para los Estados y para la burguesía y, por alguna extraña razón, un artista que se precie es un enemigo declarado del Estado y de la burguesía. Así que, para llamar la atención del Estado y epatar a los burgueses, muchos artistas utilizar cualquier cosa, como hicieron aquellos artistas de inicios del siglo XX, los futuristas, que querían hundir Venecia. Luego se convirtieron muchos de ellos en fascistas, tal vez porque era la manera más rápida de colaborar en la destrucción de arte y vidas. Ya se sabe que el nazi Goebbels, quizá queriendo hacerse no sólo un lugar en la historia del crimen sino también en la del arte moderno, dijo aquella frase inolvidable: "Cuando oigo la palabra cultura, saco la pistola" .
Así que Toth hizo, con sus modestos medios, lo que soñara el colega nazi de Goebbels, Hitler: volar Paris, volar de un golpe la cultura francesa y todos sus símbolos; o lo que casi llegó a hacer poco después EE.UU: tirar las bombas atómicas sobre Kyoto, la antigua capital cultural de Japón.
3. La valiosa aportación de Toth
Pero, ¿cuál es la aportación de los martillazos de Toth a la cultura mundial?
Lo dice Karen Eliot:
"Él solo acuñó el principio básico del Mail Art: NO MÁS OBRAS MAESTRAS".
Esta es una muestra, dirán los mal pensados, de la calidad del arte actual: para crear una corriente artística basta con destruir una estatua.
El Mail Art no cree en las obras maestras, no quiere que haya comisarios o jurados en las exposiciones de arte y fomenta explícitamente el plagio en Festivales del plagio, entre otras cosas.
El asunto es interesante, pero ¿qué tiene que ver con los martillazos? Al parecer, la única relación real es que ambas cosas molestan a la burguesía y al establishment.
Eliot, en su defensa del inspirador del Mail Art, también se burla de los llantos de un profesor y sus alumnos al examinar los daños causados a la estatua, y enseguida dice que los golpes de Toth "fueron suaves".
El lector puede apreciar en esta imagen la suavidad de los martillazos y cómo suavemente cayó un brazo de la Virgen y su nariz.
4. ¿El arte o la vida?
Bien, Toth golpeó la Pietá, de acuerdo, pero, enseguida aclara Eliot: los golpes no cayeron sobre carne, sino sobre mármol.
¿Por qué dice eso?
Porque ahora va a comparar a Toth con los que golpean la carne.
En efecto, en un alarde prodigioso de pensamiento alternante, ese método que consiste en proponer alternativas absurdas, Eliot compara la maldad de Toth con la de Nixon y Kissinger, contemporáneos del artista.
Alude entonces Eliot al célebre dilema de si en el incendio de un museo salvarías una obra de arte o a una persona. El dilema, por cierto, se plantea, de manera muy hermosa en Balas sobre Broadway, de Woody Allen, cuando varios artistas bohemios discuten en un café qué harían si tuvieran que elegir ventre salvar al guardia de una biblioteca o el único ejemplar de las obras compeltas de Shakespeare.
Pero Eliot no menciona a Allen, sino a Giacometti, quien dijo que antes salvaría a un gato que un Rembrandt, algo que todos entendemos perfectamente, porque es lo que haríamos casi todos, no por odio a Rembrandt, sino por amor a los gatos.
Pero lo que pocos entendemos es por qué el dilema ético "Salvar una vida/salvar una obra de arte" y el amor a los gatos puede conducir a Karen Eliot a la conclusión: "Hay que destruir las obras de arte".
5. La influencia de Toth
Poco después de la acción de Toth, otros artistas mostraron su solidaridad. Ken Friedman escribió un oratorio en honor de Toth y Don Novello tituló uno de sus libros Las cartas de Toth, aunque no en homenaje al artista australhúngaro, sino tan sólo por la sonoridad del nombre.
Incluso existe una escuela de arte llamada Laszlo Toth School of Art, que alaba al artista del martillo que "adaptó cierta escultura popular de Miguel Ángel a una sensibilidad más moderna".
Pero el que más se destacó en su amor a Toth fue Roger Dunsmore, que publicó un libro de poemas con el célebre verso: "¿Dónde estás Laszlo Toth, el del martillo suave?".
Es posible que el lector también se haya preguntado lo que yo me pregunté al comenzar esta investigación: ¿Cumplió Laszlo Toth su condena de nueve años?
No. Fue examinado por doctores y enviado a un hospital mental durante dos años. En 1975 fue deportado de Italia como undesirable alien (persona non grata). En Australia no fue detenido.
6. Dos inmortales: Toth y la Pietá
¿Y qué le pasó a la Pietá, a su ojo, su nariz y su brazo?
Fue restaurada por Deoclecio Redig de Campos y ahora está tras un cristal protector que impide apreciar su belleza de cerca, como pude comprobar en mi visita al Vaticano no hace mucho.
Durante la restauración, se encontró en la palma izquierda de la Virgen una firma secreta de Miguel Ángel: una M.
Pero existe una extraña coincidencia digna de contarse, pues Toth no fue el primero en destrozar una Pietá, sino que tuvo un ilustre predecesor: Miguel Ángel.
En efecto, Miguel Ángel también destrozó una Pietá, la que hizo en Florencia, rompiendo a martillazos una de las piernas del Jesucristo moribundo en brazos de la Virgen.
¿Por qué lo hizo? Se dice que tal vez porque la colocación de la pierna de Jesucristo bajo el manto de la Virgen tenía una fuerte conotación sexual.
Toth, hay que admitirlo, consiguió lo que posiblemente pretendía: pasar a la historia. También lo consiguió en la Antigüedad aquel hombre que, queriendo ser recordado, incendió una de las Siete Maravillas del Mundo: el templo de Diana en éfeso. Se llamaba Erostrato.
Aunque Alejandro Magno reconstruyó el templo, años después unos vándalos mucho más organizados volvieron a destruirlo para siempre. Ellos, o al menos sus nombres, no han pasado a la historia.
7. Un enigma sin respuesta
Sin embargo, hay una pregunta a la que nadie ha dado respuesta. Laszlo Toth destrozó la Pietá de Miguel Ángel al grito: "Soy Jesucristo resucitado?"
Pero, ¿por qué Jesucristo querría golpear a su madre?
¿Tal vez para vengarse de los golpes que Miguel Ángel le había propinado en Florencia?
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Cómo tener un sexto sentido
La creencia en un sexto sentido abunda de manera asombrosa entre quienes han perdido el sentido común.
Los dioses discapacitados: herreros cojos
Es sabido que en muchas culturas, los herreros divinos son cojos. Es una extraña característica que comparte tanto el Hefesto griego como el Vulcano latino (Dios que, al parecer, no procedería del Hefesto continental sino del Velcano cretense).
En el mito tradicional griego se cuenta que cuando la diosa Hera vio a su hijo recién nacido, Hefesto, le pareció tan enclenque que lo arrojó desde la cima del Olimpo. No quería que nadie supiera que había dado a luz a un dios tan debilucho. Hefesto sobrevivió a esta terrible caída, y ni siquiera sufrió ningún daño, porque cayó en el mar y fue recogido y cuidado por las diosas Tetis y Eurinome. Agradecido, el muchacho construyó su primera fragua bajo el mar y empezó a fabricar joyas y herramientas para las amables diosas marinas.
Por tanto, parece que la causa de su cojera no fue esa caída, que hubiera matado a otro cualquiera (caer sobre el mar desde una altura considerable no es muy diferente a caer sobre tierra). Cuando en el Olimpo se supo que Hefesto era un gran herrero, se le permitió regresar junto a los dioses.
Hefesto regresa al Olimpo
Tiempo después, Hefesto vio cómo su padre Zeus colgaba de las muñecas a su madre Hera como castigo por que ella se las había apañado para dormir a su divino esposo, para así poder maltratar tranquilamente a Heracles (estaba celosa porque el héroe era hijo de Zeus con la mortal Alcmena).
Al ver a su madre colgada del cielo, Hefesto reprochó a Zeus su crueldad. Furioso, el padre de los dioses arrojó de nuevo a Hefesto desde el Olimpo . Esta vez la caída fue terrible, duró un día entero y acabó estrellándose en la isla de Lemnos. Se rompió las dos piernas, lo que justifica el epíteto con el que Homero suele referirse a el: “Hefesto, el ilustre cojo de ambos pies”
Gracias a la ayuda de los habitantes de Lemnos, Hefesto logró recuperarse, aunque se vio obligado a caminar con muletas de oro, que él mismo fabricó. Finalmente, Zeus le perdonó y le nombró herrero divino.
Esta es la historia de la minusvalía de Hefesto.
Otros herreros minusválidos
Pero Hefesto no es el único herrero de la mitología griega que tenía algún tipo de discapacidad física. Los cíclopes herreros, Brontes, Arges y Estéropes quizá no eran cojos, pero sí tenían un sólo ojo.
En opinión de Robert Graves y otros mitógrafos, como Marcos Méndez Filesi, los herreros divinos
“pueden haber sido lisiados deliberadamente para impedir que huyeran y se unieran a las tribus enemigas” (Graves, Los mitos griegos)
“En general, los personajes mitológicos vinculados con el mundo de los herreros suelen ser cojos, lo cual quizá esté relacionado con la costumbre de lisiarlos para que no se fueran a otro lugar” (Marcos Méndez Filesi, Dédalo y Völundr en El jardín de los dioses)
Es una explicación que resulta muy convincente a primera vista: los herreros fabrican armas y son indispensables para la defensa frente a los enemigos. Pero también son muy valiosos y pueden ser tentados por otros pueblos a cambio de grandes sumas de dinero, así que lo mejor es lesionarlos para que no puedan huír.
La perdiz coja
Otra explicación es que esta cojera podría tener que ver con la perdiz, que practica un extraño baile en el que se mueve de una lado a otro cojeando, al parecer para salvar a sus crías atrayendo hacia sí la atención de los depredadores, que ven más fácil capturar a una perdiz coja que a una cría inquieta. Cuando el depredador se acerca a la perdiz coja, ella levanta el vuelo, dejándole con un palmo de narices. Otra versión asegura que es la perdiz macho la que cojea cuando quiere seducir a una hembra: en realidad se sujeta un talón con el que golpeará a sus rivales.
Por cierto, hay otro herrero que es lanzado desde gran altura, Talos, que fue discípulo y rival de Dédalo, por lo que el futuro constructor del Laberinto, celoso del talento de su aprendiz, lo arrojó desde la Acrópolis. Talos no llegó a quedarse cojo, sino que murió, pero enseguida su alma remontó el vuelo en forma de perdiz, lo que es una sugerente asociación con la cojera.
A ello debemos añadir que Dédalo construyó un autómata de bronce llamado Talos, tal vez en recuerdo de su alumno. El autómata daba la vuelta cada día a la isla de Creta, para protegerla. Sólo tenía un punto débil, en el talón. Sin duda tampoco esto es casual, sobre todo si tenemos en cuenta que, según dice Graves, uno de los nombres de Talos era Tántalo (“cojeando” o “tambaleando”).
Señala Graves que mitos semejantes se encuentran en África Occidental o Escandinavia. Y es cierto, porque en los mitos germanos hay muchos personajes relacionados con la metaluia que tienen algín tipo de minusvalía, incluso el propio Odín. Otro es Wyland o Völundr, un herrero que había construido una joya tan prodigiosa que despertó la codicia del rey de Suecia:
Cuando Nídud, el rey de Suecia, se enteró de que existía un collar tan espléndido mandó a sus hombres que se lo trajeran. Aprovechando que Völundr había salido de su casa, los soldados entraron y encontraron el collar. Sin embargo, no se atrevieron a robarlo y se limitaron a llevarse una anilla. Al regresar, Völundr se dio cuenta de que faltaba una anilla pero pensó que, ya de vuelta, se lo habría llevado su mujer Álvit. Mientras la esperaba, se quedó dormido y los soldados le aprisionaron.
Para impedir que huyera, Nídud ordenó que le cortaran los tendones y que lo abandonaran en un islote enfrente de la costa llamado Sevarstad («El enclave del mar»). Además, se quedó con su espada y dio la anilla de oro a su hija Bódvild.
(Marcos Méndez Filesi, Dédalo y Völundr en El jardín de los dioses)En realidad no fue el rey, sino la reina quien impuso a Völundr el terrible castigo de dejarlo cojo, pero a partir de ese día el herrero tuvo que trabajar sólo para el rey Nídud y su corte (aunque acabó vengándose de todos ellos).
Otros herreros no son minusválidos, sino de pequeña estatura, como los nibelungos, pero no me ocuparé ahora de ellos, sino que les dedicaré una futura entrada.
La hipótesis de Mircea Eliade
Mircea Eliade dice que hay otros herreros cojos en culturas muy alejadas, como en Japón, donde encontramos dioses herreros como Ame no ma-hitostt no kami “la divinidad tuerta del cielo”, que se caracterizan por tener un sólo ojo sano y tener una sola pierna.
Pero Eliade no parece compartir la idea de que estos mitos de héroes cojos procedan de la costumbre de mutilar a los herreros para que no se escapen, sino que propone otra posible causa:
“Las invalideces de los personajes (tuerto, cojo, etc.) recuerdan probablemente mutilaciones relacionadas con la iniciación”.
Se trataría de un reflejo de las iniciaciones propias de las sociedades secretas de guerreros (mannerbunde).
La hipótesis de Toynbee
Pero frente a la hipótesis, que realmente resulta ingeniosa y elocuente, de que a los herreros se les lesionaba porque eran demasiado importantes como para permitir que pudieran unirse a los enemigos y fabricar armas para ellos; y frente a la teoría de Eliade acerca de las huellas de un rito iniciático, el historiador Alfred Toynbee, en su monumental Estudio de la historia, ofrece otra explicación. El mito de que los herreros tenían que ser cojos fue creado para que los minusvalidos no fueran eliminados o desterrados de la sociedad.
Hay que recordar que en lugares como Esparta se abandonaba o arrojaba a un barranco a los niños con discapacidades físicas o gran debilidad.
De este modo, el mito de los herreros tuertos y cojos podría pertenecer a la misma clase de mitos que el que traté en detalle en La utilidad de los mitos, al examinar un mito de los Nartos osetas en el que se explicaba por qué se dejó de practicar la costumbre de arrojar a los ancianos por un barranco. Se trata de mitos en los que en vez de justificarse prácticas crueles, se propone una manera más humana y civilizada de tratar a las personas más débiles.
No es este lugar (lo trataré en otro momento con detalle) para referirme a otro de estos mitemas (que no sé todavía cómo llamar, tal vez "mitos que salvan"), el del abandono de la costumbre de matar a los reyes o a los chamenes ancianos. Sólo mencionaré aquí algunas cosas que cuenta Frazer en La rama dorada, muy relacionadas con las minusvalías:
La costumbre de matar a los reyes tan pronto como sufrían algún defecto personal, se mantenía hace dos siglos en el reino cafre de Sofala. Ya hemos visto que estos reyes de Sofala eran considerados por su pueblo como dioses y de ellos impetraban la lluvia o el sol, según hiciera falta. Sin embargo, una ligera tacha corporal como la caída de un diente, por ejemplo, se consideraba causa suficiente para condenar a muerte a uno de estos hombres-dioses, según vemos por el siguiente relato de un antiguo cronista portugués: "Fue antiguamente costumbre de los reyes de este país suicidarse tomando un veneno cuando caía sobre ellos algún desastre o defecto físico natural, tales como impotencia, enfermedad infecciosa, pérdida de un diente frontal, por lo que quedarían desfigurados o sujetos a cualquiera otra deformidad o aflicción. Para poner término a tales defectos se mataban a sí mismos, diciendo que el rey debe estar libre de cualquier tacha o, si no, era mejor para su honor morir y buscar otra vida donde estuviera entero, pues allí todas las cosas son perfectas. Pero el Quiteve [rey] que reinó cuando yo andaba por aquellos lugares no imitó a sus predecesores en esto, siendo discreto y respetable como era, pues habiendo perdido un diente incisivo,ordenó que se proclamara por todo el reino para que todos fuesen sabedores de haber perdido un diente y que así pudieran reconocer al rey cuando le vieran sin él, y si sus antecesores se mataron ellos mismos por tales cosas, fueron muy necios y él no quería hacerlo; al contrario, estaría muy triste cuando, pasado el tiempo, llegara para él la muerte natural, pues su vida era muy necesaria a la conservación del reino para defenderlo de sus enemigos. Y recomendaba a sus sucesores que imitasen su ejemplo."
Y ante este estupendo ejemplo, comenta Frazer:
El rey de Sofala que se atrevió a sobrevivir a la pérdida de su diente delantero fue así un reformador intrépido semejante a Ergamenes, rey de Etiopía. Podemos conjeturar que la causa que incitaba a matar a los reyes de Etiopía, como en el caso de los reyes de los zulúes y de Sofala, era la aparición de alguna falta corporal o signo de decadencia y que el oráculo que los sacerdotes alegaban como autoridad para la ejecución regia indicaba las grandes calamidades que resultarían del reinado de un monarca que tuviese un defecto cualquiera en su cuerpo; de igual modo que un oráculo advertía a Esparta contra un "reino cojo" o sea el reinado de un rey cojo. (...) Aun hoy, el sultán de Wadai no debe tener ningún defecto corporal visible y el rey de Angoy no puede ser coronado si tiene solamente un defectillo tal como un diente roto, desenfilado o la cicatriz de una herida antigua. Según el Libro de Acaill y muchas otras autoridades, ningún rey que estuviera maculado por un sencillo defecto podía reinar en Irlanda, en Tara, y por esta causa el gran rey Cormac Mac Art, que perdió un ojo en un accidente, abdicó en seguida.
A la vista de estas bárbaras costumbres, que como se ve, no sólo afectaban a las gentes comunes, sino incluso a los reyes, una manera de proteger a los minusválidos, cojos, mancos, tuertos, enanos, era asegurar mediante un mito que eran especialmente sabios y útiles en las tareas de la fragua. Tal vez no pudieran participar en una batalla o colaborar en tareas que requirieran agilidad, pero sí eran perfectamente capaces de permanecer en la fragua incluso aunque sólo tuvieran una pierna.
Curiosamente, en otro de los poemas del Edda Mayor, el Hávamál (Los dichos de Har), que tiene un contenido ético bastante notable, también se defiende a los minusválidos:
El cojo cabalga, el manco a pastor,
el sordo en la lucha sirve;
mejor estar ciego que estar quemado.
¡A nadie aprovecha un muerto!
Del mismo modo que existen algunos mitos que parecen haber sido inventados para proteger a los viejos (ver de nuevo La utilidad de los mitos), hay otros que tal vez tienen su origen en el deseo de proteger a personas con discapacidades físicas. Uno de estos ejemplos podría ser el de los herreros divinos.
Confieso que la teoría de que tras estos mitos o mitemas (motivos míticos) se esconde un intento de proteger a quienes estaban condenados a ser arrojados por un precipicio o abandonados me parece muy hermosa, además de éticamente superior, por supuesto, a la que sostiene que les cortaban los tendones o les rompían las piernas para que no se escapasen. Pero mis gustos personales no sirven como demostración, por supuesto. Tal vez la teoría de Graves y Méndez Filesi, o la de Eliade, sean las correctas, o tal vez lo sean todas, incluída la de Toynbee, porque el desarrollo y evolución de cuaquier pueblo o cultura es demasiado complejo para redicirlo a una explicacon única más o menos ingeniosa y simplista.
Una última hipótesis
Sin embargo, es posible que la verdadera explicación sea incluso más sencilla que la de Toynbee o la de Graves, además de que explica las coincidencias de este mitema en culturas diversas y alejadas con mucha más facilidad.
No la he encontrado en ningún autor, a pesar que parece de sentido común, pero tampoco he leído ni siquiera un 10% de los libros sobre mitología.
Mi hipótesis es que se representa e imagina a los herreros tuertos, cojos o mancos porque el trabajo de herrero está expuesto a muchos accidentes. Es fácil que salte una chispa en un ojo, o clavarse o golpearse una mano o un pie. Es sabido, además, que los herreros solían taparse un ojo para protegerse de las lascas o chispas (se tapaban el que estaba en la trayectoria del golpe), con lo que era frecuente ver a herreros que parecían tuertos aunque no lo fueran.
Firmas en la Feria del Libro de Madrid 2009
"La nueva teología" (en El camino de los Mitos) Caseta Editorial Evohé. Día 5 de junio de 19h a 21h
![]()
La verdadera historia de las sociedades secretas (y Las paradojas del guionista).
Caseta ALBA Editorial. 6 de Junio 2009 de 19 a 21Curso de guión de programas y series de televisión
ECAM julio (página de la ECAM)
Psicomagia
Es cierto que la psicomagia a veces funciona. Pero también funcionan los termostatos, y nadie se convierte a la religión de los termostatos.
Si buscas el blog anterior:
...o el anterior al anterior:
Comentarios
Firmas en la Feria del Libro de Madrid 2009
El laberinto, historia y mito, por Marcos Méndez
Sábado 30 de mayo, de 18.00 a 21.00
La verdadera historia de las sociedades secretas![]()
(y Las paradojas del guionista).
Caseta ALBA Editorial. 6 de Junio 2009
"La nueva teología" en El camino de los Mitos. Caseta Editorial Evohé. Día 5 de junio de 18h a 21h
Regresa el Comentario al Zhuang zi
Después de muchísimo tiempo, he escrito una nueva entrada en el comentario al Zhuang zi. Quiero agradecer a quienes me han comentado o me han enviado mensajes diciéndome que les gustaba este comentario a uno de mis libros favoritos, que avanza tan lentamente, pero que espero no abandonar nunca definitivamente. Calculo que tardaré unos 15 años en comentar el Zhuang zi entero, aunque intentaré ser más regular a partir de ahora.
Entre esas personas, cuyo estímulo ha sido decisivo para seguir escribiendo el comentario, quiero mencionar aquí a:
Bibi González,
Manuel Diaz Acero
Daniel, darte las gracias por tu publicación
sobre Zhuang zi, del que estaba buscando
información. Me has entusiamado con tus
explicaciones.
César
Hola Daniel, muy buenos tus comentarios sobre el
Zhuang zi. Muchas gracias. Llevaba mucho tiempo
con ganas de leer este libro y gracias a tu
página me he enganchado totalmente. ¿Tienes
pensado seguir?
Tato
Excelente la página, cai en cuenta de cosas que solo habia rozado en mi vida! Muchísimas gracias daniel, estaria bueno que hicieras una especie de analisis del dao de jing en pinyin y en castellano, porque hay traducciones realmente desastrosas y la esencia solo se desprende del analisis minucioso. Es un trabajo... pero tal vez te interese, ya hay paginas en inglés con esto mismo. De vuelta, gracias por tu tiempo invertido en esta página.
Manuel Rivera
Daniel, tu página esta muy buena, concuerdo contigo respecto a la olímpicas pérdidas de tiempo de la filosofía occidental, pero gracia a eso sabemos valorar joyas sapienciales como el Zhuangzi. Bueno, sigue con este proyecto, no cejes, porque traducciones del Zhuangzi al español en internet, hay poquísimas, por no decir ni una salvo la tuya. Hay otras más impresas pero nunca tantas como en inglés, por ejemplo, lo que es una verdadera lástima. Bueno, adiós y que estés muy bien.
Matías Magliolini
Hola Daniel. Estube navegando en tu pagina y me
parecio bastante bueno el trabajo que estas haciendo
sobre el Zhuang Tzu.
Miguel Angel Villafuerte Kanemoto (Lima, Perú)
Te felicito y a la vez te agradezco por tu página Web en la que difundes el libro Zhuang Zi.
Ana Aranda
Me gusta mucho el articulo de Zhuang Zi, bravo, bravísimo.
Me encanta los textos-alt en plan nota al pie, son chulísimos. Por
cierto y por si quieres completarlo. La montaña Taishan
(Tai Shan) es una de las cinco montañas sagradas de China, pero creo
que es la más importante. Está en la provincial de Shandong, al este de China. Los emperadores subían a la montaña y realizaban ofrendas.
Creo que Mao también subió pero no como un turistilla sino
refrendando su poder y reafirmando que poseía el mandato del cielo.
Si no has leído los capítulos anteriores, visita la página Comentario al Zhuang zi o usa estos enlaces directos:
Libro I: Libre caminar
El nuevo capítulo, lo puedes leer también aquí a continuación:
Zhuang Zi
Libros interiores
Libro 1
Nei Pian
Capítulo 1
Libre caminar
Apartado 3
La calabaza de Hui Shi
Hui Zi dijo a Zhuang Zi: III
"El rey de Wei me dio una semilla de calabaza.
Cuando ésta creció, era tan enorme
que no servía ni de cántaro para agua:
¡imposible levantarla!
La partí para hacer cazos,
pero incluso éstos resultaban demasiado grandes.
Así que la rompí en pedazitos".Zhuang Zi respondió:
"No sabes hacer uso de lo grande.
Un hombre de Song inventó un bálsamo para manos cortadas.
Por generaciones, su familia lavaba y blanqueaba la seda.
Un forastero se interesó por la receta
y le ofreció cien piezas de oro.
El inventor dijo a su familia:
"Desde hace años, lavando seda
no ganamos apenas unas monedas
y en sólo una mañana podemos ganar cien piezas de oro.
¡Vamos pues a venderla!".
El forastero, después de adquirirla,
se la ofreció al rey de Wu;
éste, agradecido, le nombró general
de la flota contra Yue.
En pleno invierno consiguió una victoria
y como recompensa obtuvo un feudo.
El bálsamo para no agrietarse las manos,
a uno le sirvió para lavar la seda,
a otro para obtener un feudo.
Todo depende de la utilidad que se le dé.
Esa enorme calabaza que tenías,
en lugar de quejarte de sus defectos,
¿por qué no la usaste como balsa
para navegar por lagos y por ríos?
¡Desde luego que eres obtuso!".Hui Zi dijo:
"Tengo un gran arbol al que llaman ailanto,
de tan nudoso tronco y ramas tan retorcidas,
que escuadra, cuerda y compás no pueden medirlo.
Se yergue al borde del camino,
pero a ningún carpintero le interesa.
Igual que tus palabras, ¡tan grandes,
tan inútiles, que no sirven para nada!".
A lo que Zhuang Zi respondió:
"¿No has visto a la comadreja
cómo se agacha y se encorva
para atrapar a su presa?
¿Cómo salta hacia el este y el oeste,
hacia arriba y hacia abajo,
aunque un día caiga en la trampa
y acabe por morir en la red?
En cambio ese yak,
tan grande como una nube
que cubre los confines del cielo,
incapaz es de atrapar un ratón.
Este árbol, del que lamentas su inutilidad,
¿por qué no lo plantas en las extensas
llanuras de la nada?
Paséate bajo él y duerme bajo su sombra.
Nunca conocerá los golpes del hacha
ni sufrirá daño alguno.
Su estado es lo inútil.
¿Qué podría entonces perturbarlo?".(Xhuang Zi, Los capítulos interiores)
Hui Shi y la Escuela de los Nombres
El interlocutor de Zhuang zi es Hui zi. El maestro Hui se llamaba Hui Shi y nació en el estado de Song. Probablemente vivió entre el -370 y el -320. Era ministro del rey Hui de Wei, que es el rey al que se refiere en el diálogo que mantiene con Zhuang zi.
El rey Hui de Wei también era llamado "rey Hui de Liang", porque se vio obligado a trasladar literalmente todo su reino desde la provincia de Hubei a la de Da Liang.
Pero Hui zi no es importante por haber sido ministro de un rey, sino por ser uno de los filósofos más influyentes de la Escuela de los nombres (ming jia).
Como se cuenta en el capítulo 33 del Zhuang zi, los libros de Hui Shi llenaban cinco carretas”. La pena es que nos e ha conservado ninguno de ellos, ni siquiera el que tenía su nombre, el Hui zi.
Hay que tener en cuenta que el primer emperador que unificó China intentó destruir todos los libros. En gran parte lo consiguió, pues sólo se conservaron varios libros confucianos y algunos taoístas, como el Lao zi y el propio Zhuang zi, y otros pocos dispersos, como el Mo Di. Pero de las cien escuelas de pensamiento que se decía existían en la época de los Reinos Combatientes apenas quedó nada.
De la interesantísima Escuela de los Nombres, considerada de carácter logicista, apenas quedan seis breves capítulos de Gongsun Long, como el más célebre, en el que explica o demuestra por qué un caballo blanco no es un caballo; y algunas afirmaciones de otros filósofos, como el propio Hui Shi, del que se enumeran en el Zhuang zi varias paradojas: “Los huevos tienen plumas”, “Las ruedas al rodar no tocan el suelo” o “Un caballo bayo y un búfalo negro son tres”.
Lo más asombroso es que algunas de estas paradojas coinciden con las que planteaba el griego Zenón de Elea. Por ejemplo:
“La flecha que vuela rauda hay momentos en que no se mueve y momentos en que no está parada”
"A un palo de un pie de largo, si cada día le van quitando la mitad, en diez mil generaciones aún no se habrá terminado”.
En el Zhuang zi se considera a Hui Shi un talento desperdiciado, porque perdía el tiempo en paradojas y discusiones puramente dialécticas. Pero hay razones para sospechar que la imagen de Hui Shi y de toda la Escuela de los Nombres ha sido distorsionada. No resulta fácil creer que una persona que sólo pensaba en jugar con el absurdo llegara a ser ministro del rey de Wei.
Lamentablemente, la historia y las ideas de la Escuela de los Nombres resultan demasiado confusas y su conocimiento muy parcial. Tal vez algún día nos sorprenda algún descubrimiento arqueológico que nos permita conocerla más a fondo. Mientras tanto, sólo podemos hacer conjeturas. Yo las haré acerca de las sugerentes paradojas de Hui Shi cuando comente el capítulo 33 del Zhuang zi, lo que sucederá (si sigo a este ritmo en este comentario) dentro de muchos años.
Vuelvo al fragmento comentado.
La calabaza del rey de Wei (o de Liang)
El interlocutor de Zhuang zi (Hui Shi) se refiere al rey Hui de Wei, también llamado "rey Hui de Liang", porque se vio obligado a trasladar literalmente todo su reino desde la provincia de Hubei a la de Da liang.
El rey Hui le regalo a Hui Shi unas semillas de las que nació una calabaza gigantesca. Se calcula que pesaba unos 60 kilos. Hui se lamenta de que esa prodigiosa calabaza no le resultó de ninguna utilidad, pues era demasiado grande para trasportar líquidos. Ni siquiera le sirvió tras dividirla en pedazos.
Zhuang zi va a demostrar a Hui que se equivocó al despreciar la calabaza. Lo primero que hace es ponerle un ejemplo de una situación similar, en la que un hombre de Song que, poseía un ungüento para las manos se lo vendió a un extranjero.
El extranjero se fue con el ungüento al reino de Wu y se lo ofreció al rey. Se supone que gracias a ese ungüento los soldados de Wu vencieron a los de Yue, pues la batalla tuvo lugar en pleno invierno.
De este modo, el extranjero logró un feudo con el ungüento, mientras que al hombre de Song sólo le había servido para lavar seda.
Del mismo modo, dice Zhuang zi a Hui Shi, tú tenías una calabaza que podría haber sido un estupendo barco para navegar por los ríos, pero, en vez de darle ese uso, la destrozaste.
En estas dos historias se ve un aspecto del pensamiento de Zhuang zi que apenas es destacado por sus comentadores, pero que a mí me parece fundamental.
Habitualmente, se comentan este tipo de pasajes como muestras de la teoría que sostiene la virtud de ser inútil, o como un ejemplo de ingenio, o de paradoja. Esas interpretaciones son correctas, pero también es importante darse cuenta de que estos pasajes revelan la inteligencia práctica de Zhuang zi.
Al contrario de la imagen de los sabios taoístas ajenos al mundo y a sus pequeños problemas, Zhuang zi discute acerca de cómo emplear una calabaza o un ungüento para las manos, y no ofrece soluciones místicas o espirituales, sino materiales y muy prácticas.
Intentaré explicar este rasgo de Zhuang zi con mayor precisión, pero antes de continuar, le propongo al lector que resuelva un pequeño problema:

Trace sólo cuatro líneas (sin levantar el lapiz del papel), que atraviesen todos los puntos.
Cómo resolver problemas
En el pasaje comentado, a pesar de lo que dice Zhuang Zi al final "¡De dónde se colige lo obtuso de vuestras entendederas!", que puede despistar al lector, lo importante no es que el filósofo chino muestre lo tontos que son Hui Shi con su calabaza y el hombre de Song con su ungüento. Al fin y al cabo, si lo pensamos bien, al menos en el caso del fabricante de ungüento, su invento ha servido a su familia durante generaciones para lavar seda; y además también le ha proporcionado a la familia las cien monedas que le ha pagado el extranjero. Así que no está mal por un simple ungüento para las manos agrietadas.
El verdadero problema, tanto para el hombre de Song como para el amigo de Zhuang zi es que no han sabido aprovechar del todo lo que tenían. ¿Y por qué no lo han hecho?
La respuesta es: "Por culpa de los prejuicios".
Porque en pasajes como el comentado se muestra que esa inteligencia o creatividad tiene mucho que ver con los prejuicios, o mejor dicho, con la falta de prejuicios.
Regresemos al problema de los nueve puntos que planteé al lector. ¿Ha conseguido el lector resolverlo?
Quizá ni siquiera lo ha intentado. Es posible que se haya limitado a mirar el dibujo y haya continuado leyendo.
Tal vez algún lector un poco más inquieto haya intentado resolverlo de manera imaginaria, trazando las líneas en el aire. Eso quizá le haya hecho pensar que lo ha resuelto, así que le recomiendo que para asegurarse imprima el dibujo o lo copie con exactitud e intente resolverlo trazando realmente las cuatro líneas.
Lo interesante de este dilema es que resulta muy sencillo de resolver, pero que casi nunca es resuelto, al menos hasta que se ha intentado de una y mil maneras. Cuando pongo este problema de los nueve puntos a mis alunbos de guión, tardan en resolverlo o se acaban rindiendo.
La fuerza de las ideas
La dificultad para resolver el dilema de los nueve puntos, no está en el problema en sí, sino en la mente de quien intenta resolverlo, que ve más de lo que tiene delante.
En efecto, no ve tan sólo los nueve puntos, sino también una especie de cuadrado formado por esos puntos.
Pero ese cuadrado que limita los puntos es completamente imaginario. No existe.
Y sin embargo quienes intentan solucionar el problema no lo consiguen porque no quieren salirse de ese cuadrado imaginario.
La solución, en efecto, consiste en trazar las cuatro líneas sin tener en cuenta ese cuadrado imaginario:
Sin quererlo, sin ser conscientes de ello, nos ponemos límites, que a veces son bloqueos, otras tabúes, y en ocasiones tan sólo percepciones erróneas nacidas de nuestra experiencia o de nuestro deseo de comprender o explicar las cosas.
Cuando vemos nueve puntos en tres hileras perfectamente alineadas, eso nos recuerda un cuadrado. Cuando vemos una calabaza, por grande que sea, enseguida pensamos en usarla para trasportar líquido (además de para comérnosla, claro).
Nuestra experiencia, el conocimiento adquirido a lo largo de nuestra vida, demasiado a menudo se convierte en un freno a nuestra imaginación: las calabazas sirven para llevar bebida, las bombillas para iluminar, los cigarrillos para fumarlos...
Cuando Hui mira la calabaza que ha crecido gracias a las semillas que le ha dado el rey, está viendo no la calabaza concreta que tiene delante, sino la idea de calabaza.
Casi siempre vemos, en efecto, no las cosas, sino las ideas que nos hemos hecho sobre las cosas.
El filósofo Jean Piaget mostró que los niños no dibujan las cosas que tienen delante, sino las ideas que tienen acerca de esas cosas. Es por ello que dibujan todas las patas de una mesa o de un caballo, a pesar de que no las vean en la perspectiva elegida. De ahí la utilidad de pruebas como el dibujo de la familia, en el que descubrimos o contemplamos la idea que el niño tiene sobre su familia en función de las ausencias o presencias.
Los adultos también pensamos en función de nuestras ideas sobre las cosas, olvidándonos de mirarlas.
Miramos la idea que nos hemos hecho de una calabaza (incluidas sus utilidades posibles) en vez de la calabaza. Formamos, a partir de la observación y la experiencia, ideas, que podríamos llamar posjuicios.
Pero después esos posjuicios, nacidos a menudo de una observación y un juicio acerca de esa observación, se convierten en prejuicios para futuras observaciones semejantes.
El lavandero que inventó el ungüento para las manos logró darse cuenta de que su utilidad iba más allá de lo aparente: servía para lavar la seda (se supone que las manos quedan muy dañadas por este oficio) y con ello se podía obtener un beneficio extra. Eso fue un ingenioso posjuicio.
Pero ese posjuicio se convirtió a su vez en un prejuicio, en una idea ya concebida (preconcebida), que pudo evitar que descubriera otras utilidades para el ungüento.
De todos modos, hay que tener en cuenta que en el fragmento aparece un descendiente del inventor, y que parece más útil asegurar la prosperidad de sucesivas generaciones que obtener cien monedas (con más razón si ello significase la pérdida del derecho a usar el ungüento, cosa que ignoramos).
En cualquier caso, está claro que incluso las ideas ingeniosas que nos hacemos sobre las cosas, pueden ser un impedimento para el surgimiento de nuevas ideas. A menudo, incluso son un freno al desarrollo de nuestro pensamiento y nos llevan a la intolerancia y el dogmatismo, al aplicar constantemente nuestros prejuicios a las nuevas realidades con las que nos enfrentamos.
Muchos filósofos han luchado contra el encantamiento de los prejuicios, de los conceptos mentales y del lenguaje. Zhuang zi lo hace constantemente (lo veremos más adelante) y también lo hacía la Escuela de los Nombres al proponer sus extrañas paradojas.
En el siglo XX Alfred Korzibsky inventó un nuevo sistema filosófico, la Semántica General, que el definía como no-aristotélico. Uno de sus rasgos es mostrar cómo nuestra visión de la realidad es contaminada por el lenguaje que empleamos para describirla, y por los prejuicios que nosotros mismos creamos.
Volveré sobre el tema, pero aquí sólo añadiré una cita de mi ensayo El problema de la identidad, en el que explico la idea aparentemente paradójica de Korzibsky según la cual "comemos significados":
Cómo comemos significados
Se cuenta que Korzybski mostró de la siguiente manera a sus alumnos la dependencia de nuestras sensaciones respecto a nuestro lenguaje:
“Un día en que estaba dando clase, interrumpió la lección y se excusó, explicó que no había tenido tiempo de desayunar y les preguntó a los alumnos si no les molestaba que comiese unas galletas. Sacó un paquete de galletas envueltas en un papel blanco de su maletín. Empezó a comer galletas y ofreció alguna a los estudiantes de las primeras filas.
-¿Están buenas, verdad?” -dijo Korzibsky, mientras comía una segunda galleta.
Los estudiantes asintieron mientras masticaban vigorosamente. Entonces, Korzybski arrancó el papel que envolvía las galletas y mostró el paquete original, en el que había un gran dibujo de una cabeza de perro y las palabras “Galletas para perros”.
Los estudiantes miraron el paquete y quedaron asqueados. Dos de ellos casi no pudieron evitar vomitar, se llevaron las manos a la boca y corrieron fuera de la clase hacia los lavabos. - Ahora pueden ver, señoras y señores -dijo Korzybski- que las personas no sólo comen comida, sino también palabras. Y que el gusto de la comida es a menudo deudor del gusto de las palabras.
Es posible, aunque no se aclara en la cita, que al final Korzybski revelara que no se trataba de galletas de perro, sino de galletas para seres humanos envueltas en un paquete de galletas de perro. En ese caso, todavía quedaría más claro que comemos significados, porque unas simples palabras de Korzybski podrían cambiar de nuevo una percepción, ahora del asco al placer.
La broma de Korzybski nos permite darnos cuenta de que lo que hace a una galleta ser una galleta, a menudo no depende de sus ingredientes, sino de nuestra mente."
Todos estos asuntos fascinantes volverán a ser tratados con mucho más detenimiento en este comentario al Zhuang zi.
Volvamos al último fragmento del texto comentado. En él, Hui, muestra que no ha quedado en absoluto deslumbrado por lo que le ha contado Zhuang zi, sino que considera que ese tipo de soluciones ingeniosas parecen grandes y excelentes pero no tiene ninguna verdadera utilidad. Como un árbol nudoso y gigantesco. En su opinión, Zhuang zi es como ese árbol. Para responderle, Zhuang zi compara a la comadreja que salta de un lado a otro ágilmente, pero que acaba cazada en una trampa o atrapada en una red, con el yak, que es un animal grande y poderoso pero incapaz de cazar a un ratón.
¿A qué obedece esta comparación? Aquí no parece que se nos quiera decir que la pequeña comadreja es superior al yak, ni el poderoso yak a la comadreja: cada uno tiene sus virtudes, pero también cada uno tiene sus defectos y debilidades.
Del mismo modo, el propio Hui y su árbol de ailanto, podrían resultar de bastante provecho en un lugar en el que las grandes ramas del árbol dieran sombra. Allí, en ese país donde nada existe, el propio Hui podría vivir plácidamente bajo las ramas de su árbol. Probablemente Zhuang zi está aludiendo a la vida en la corte, donde los peligros son constantes.
En este discurso final de Zhuang zi, cuya intención final no resulta tan fácil de entender, se anticipa un asunto que será recurrente a lo largo de la obra, cuando dice que, en aquel lugar "el árbol no sufriría los golpes del hacha, ni cosa alguna lo podría maltraer".
Es la virtud de ser inútil, que encontraremos un poco más adelante.
Laberintos en Vigo
Hoy miércoles 19 de mayo, Marcos Méndez Filesi presentará en Vigo su libro El laberinto, historia y mito. El acto tendrá lugar hacia las seis de la tarde en el Club Faro de Vigo, así que si estás por allí, no te lo pierdas, porque seguro que será tan interesante como su libro.
(Ideas para una nueva economía)
Hace unos meses envíe un artículo para un premio (que no gané) de la revista El ciervo. Me parece que el artículo no merecía el premio, pero al menos sí contiene algunas ideas curiosas. Quizá sea interesante saber que fue escrito antes de la crisis que ahora estamos viviendo.
Derechos de autor universales
Los jóvenes antisistema quieren eliminar los derechos de autor. Yo pienso todo lo contrario. Pienso que los derechos de autor tendrían que aplicarse a casi todo. Voy a intentar explicarlo mediante un ejemplo sencillo.
Actualmente, por el capítulo de una serie de televisión cobran derechos de autor el director, el realizador, el guionista y el músico. Eso quiere decir que, cada vez que el capítulo se emite, esas cuatro personas cobran un porcentaje sobre los beneficios. Quienes quieren eliminar los derechos de autor tienen la extraña teoría de que la mejor manera de combatir los abusos del capitalismo es permitir que cada vez que cada vez que se emita el capítulo de esa serie, el canal de televisión, por ejemplo Tele 5 gane dinero, pero que no lo ganen quienes trabajaron en la serie. Da la impresión de que lo que quieren es defender los ingresos de los capitalistas “más capitalistas”, es decir, los directivos y accionistas de las cadenas de televisión, que cada vez que se emite ese capítulo ganan dinero a cuenta de la publicidad.
Yo creo que, en una economía más justa, no sólo deberían cobrar obtener beneficios los accionistas de las grandes empresas. Ni siquiera las cuatro personas que la SGAE considera autores (el director, el realizador, el guionista y el músico), sino todos los que han trabajado en la serie: los editores, los redactores, los iluminadores, los decoradores, los electricistas, los maquilladores y el personal de limpieza. Cada vez que se emita ese capítulo, todos ellos deberían cobrar un porcentaje proporcional a su participación en la obra en cuestión. Porque sin la participación de todos ellos esa obra no existiría.
Ese era el ejemplo sencillo: el capítulo de una serie de televisión. Ahora que el lector ya sabe por dónde voy, le diré que cuando una casa se vende o revende también debería cobrar un porcentaje sobre los beneficios el arquitecto que la diseñó, el maestro de obras, y cada uno de los obreros que han participado en su construcción. Y la misma idea se debería aplicar a todo, o al menos a todo aquello que puede genera un valor en el futuro.
Se me dirá que eso es imposible, que cómo se calculan esos porcentajes, que exigiría una tremenda burocracia, un papeleo incesante. En cuanto al cálculo de porcentajes es una cosa tan simple o tan difícil como los cuatro que ya se calculan. Es cierto que todos los que cobramos ese porcentaje al trabajar en una serie de televisión (los guionistas, los realizadores, los directores) nos preguntamos por qué el músico que ha escrito la sintonía cobra casi lo mismo que nosotros, si él sólo la ha escrito una vez y nosotros hemos trabajado, por ejemplo, en 65 programas. Es una desproporción que se debe al poder que los músicos tuvieron en la fundación de la sociedad que gestiona los derechos de autor (la SGAE). Ese desequilibrio habría que corregirlo, pero, con todos los errores y defectos más o menos evitables, vale la pena pararse a calcular un poco los porcentajes de todos los que crean algo, ya que eso va a proporcionar un beneficio a muchas personas, En cuanto al papeleo y la burocracia, la existencia de los ordenadores ha vuelto obsoletos ese tipo de argumentos. Del mismo modo que se puede calcular la declaración de Hacienda de millones de personas automáticamente, cada vez que se hiciera un trabajo bastaría con archivar el nombre de las personas que han colaborado en él y el porcentaje que les corresponde en caso de que la obra obtenga más beneficios en el futuro. El dinero se ingresaría directamente en su cuenta corriente.
De este modo también se evitaría el abuso que cometen muchas empresas cuando plantean a sus trabajadores aquello de “Tenemos ciertas dificultades… ahora hace falta un esfuerzo… y esto es lo que te podemos pagar, porque no tenemos para más”. El trabajador, claro, no tiene más remedio que aceptar, creyéndose o fingiendo creer las “dificultades” del pobre empresario. Pero meses después, ese empresario explota y reexplota la obra por la que pagó una cantidad miserable, obteniendo unos beneficios que no reparte (con los cuatro de la SGAE, guionista, director, realizador y músico reparte porque la ley le obliga a ello). En la nueva situación el trabajador podrá responder: “De acuerdo, acepto esto que me ofreces, pero cuando ganes más dinero, gracias a este esfuerzo que ahora hago yo, recibiré también mis beneficios”.
Porque, aunque es razonable que algunas personas cobren más que otras en función de su esfuerzo o de su participación decisiva, no creo que sea razonable que nadie cobre lo que cobra Bill Gates por ser presidente de Microsoft. Por que Gates no diseña ni programa personalmente cada uno de sus programas. Los miles de personas que trabajan para Microsoft deberían también cobrar un porcentaje de las ganancias obtenidas por los productos en los que han trabajado, no sólo los socios y accionistas, sino cualquier trabajador.
El creador de la palabra hiperenlace, Ted Nelson, lleva muchos años trabajando en un sistema de registro universal llamado Xanadú. Su intención es que pueda determinarse quién ha sido participado en casi cualquier cosa, tanto en el mundo real como en Internet. Parece difícil, pero quizá no estemos muy lejos.
Cuando eso sea posible, todos los trabajadores trabajaran sabiendo que lo que están haciendo no sólo les reportará el beneficio inmediato, sino que en el futuro podrá rendirles otros beneficios. No se tratará, por cierto, de cobrar más dinero a los usuarios, sino a las empresas. Es decir, una empresa que explote el trabajo de otras personas no podrá llevarse el 98% de los beneficios: tendrá que compartirlos con quienes han hecho posible que ese producto exista. Tendrá que repartir, digamos, un 30 o un 40% de sus beneficios. La riqueza generada seguirá circulando, pero no quedará en manos de las empresas y su curiosa teoría del dinero circulante: circula tan sólo de un despacho a otro.
Cuando eso suceda, espero ganar derechos de autor por haber dado la idea.
Diccionario de
La verdadera historia de las sociedades secretas
Comienzo a desarrollar la página dedicada a mi libro La verdadera historia de las sociedades secretas.
Además de alojar allí todo tipo de referencias bibliográficas que no pude incluir en la edición en papel (para que no fuera excesivamente extenso), añadiré otros contenidos que se quedaron fuera por diversas razones. También es mi intención incluir información complementaria acerca de muchos personajes y sucesos que sólo pude tratar por encima.
Lo primero que he iniciado es una especie de diccionario de personajes y cosas, que iré completando poco a poco.
He comenzado con Thelema, una palabra que aparece varias veces en el libro, relacionada con diversos personajes: Hermes Trimegisto y el Corpus Hermeticum, François Rabelais, John Toland, Francis Dashwood y Aleister Crowley. Por ahora, se trata tan sólo de unas notas apresuradas, pero ya iré mejorándolo en próximas fechas.
Thelema
(La verdadera historia de las sociedades secretas, 11,176, 282s, 311, 341-343)
La abadía de Aleister Crowley en la isla de Cefalú se llamaba Thelema (342).
Probablemente se inspiró en la abadía de Thelema que aparece en el Gargantúa de Rabelais (283) y es seguro que también conocía la abadía de Thelema de Francis Dashwood, y quizá la sociedad secreta de los Caballeros del Júbilo, de John Toland (282s), que también imitaba a Rabelais.
Sin embargo Crowley aseguraba que su filosofía de Thelema ("Haz lo que quieras y eso se convertirá en ley") le fue inspirada por algún espíritu durante un viaje a El Cairo.
Curiosamente, la palabra aparece en la Tabla Esmeraldina (ver), un misterioso escrito que suele asociarse al Corpus Hermeticum traducido por marsilo Ficino para Cosme de Medicis, pero que es, sin duda, anterior.
En las páginas 342 y 343, se intenta desentrañar la rocambolesca historia de Thelema, y se menciona también su relación con Agustín de Hipona.
(Ver también: Thelema, abadía de)
Existen tres abadías de Thelema relacionadas con los asuntos tratados en La verdadera historia de las sociedades secretas.
La primera es la que aparece en la obra Gargantúa, de François Rabelais.
La segunda, la que creó Francis Dashwood en Inglaterra.
La tercera, la de Aleister Crowley en la isla de Cefalú.
1. Abadía de Thelema (Théleme), de Rabelais
En su obra Gargantúa, Rabelais dice que Gargantúa construyó una abadía para su amigo el monje. El monje le pide que no sea una abadía como las demás, pues bastante dificultad tendría él para gobernar a los monjes si no sabe siquiera gobernarse a sí mismo.
La petición agradó a Gargantúa, quien le ofreció todas sus tierras de Télema, a orillas del Loira y a dos leguas del gran bosque de Port-Huault.
La abadía de Thelema se regirá justo al contrario que todas las demás: no tendrá muros, ni relojes, en ella ingresarán hermosas novicias, y también muchachos hermosos; cualquiera podrá entrar o salir de la reclusión cuando le apetezca y hombres y mujeres convivirán.

Gargantúa contempla la abadía de Thelema que ha construido para el monje
De las hermosas páginas dedicadas a la abadía inversa de Thelema, selecciono la parte que inspiró Francis Dashwood y Aleister Crowley.
"Toda su vida [la de los telemitas] estaba gobernada, no por leyes, estatutos o reglas, sino según su voluntad y libre albedrío. Se levantaban del lecho cuando les parecía bien, bebían, comían, trabajaban, dormían cuando les venía en gana. Nadie los despertaba, nadie los obligaba ni a beber, ni a comer, ni a hacer cualquier otra cosa. Así lo había establecido Gargantúa. En su regla no existía más que esta cláusula:
HAZ LO QUE QUIERAS
No es extravagante suponer que Rabelais leyera los escritos mágicos del Corpus Hermeticum traducidos por Marsilo Ficino, o bien la Tabla Esmeraldina, en la que aparece la palabra Thelema (voluntad).

François Rabelais
Algunos estudiosos de Rabelais, como Alicia Yllera, consideran que Rabelais tomó el nombre de un libro que se sabe llegó a leer, el misterioso Sueño de Polifilo, atribuido a Francesco Colonna, pero también a Luis Bautista Alberti. En esa obra, Thelemia es una de las ninfas que guía a Polifilo en su extraño viaje.

Reconstrucción de Thelema, edificio hexagonal
(Continuará...)
página de La verdadera historia de las sociedades secretas
Laberintos en los que perderse
He abierto al azar un libro en la página 217. Leo un breve titular: "Egeas y el onocentauro". Parece interesante. El autor del libro, Marcos Méndez Filesi nos cuenta que un tal Herman Kern, dotado de "minuciosa erudición" habla de una leyenda islandesa del siglo XIV en la que se cuenta de una manera confusa la historia de Teseo y el Minotauro. Pero, alto, ¿qué hace el Minotauro en Islandia?

Una de las cosas que descubrimos cuando leemos El laberinto, historia y mito, es que el Minotauro, Teseo, Dédalo y el laberinto no murieron con la cultura clásica de Grecia y Roma, sino que sobrevivieron en lugares tan insospechados como Islandia.
El mito islandes habla del hijo del rey Dagur de Siria, llamado Egeas, que viajó al reino del rey Soldan para casarse con su hija. Pero el rey le dijo que sólo le daría la mano de su hija si vencía al monstruo llamado Onocentauro.
Méndez Filesi termina de narrar este interesantísimo mito, en el que acaba apareciendo un laberinto, llamado Völundar Hús. Pero lo curioso es que el laberinto no es aquí el lugar en el que habita el Minotauro (aquí llamado Onocentauro, por una razón que también desvelará Méndez Filesi), sino la trampa con la que se le vence. Tal vez el lector interesado en la mitología ya habrá adivinado que ese héroe llamado Egeas es el Teseo clásico (confundido aquí con su padre Egeo). Pero no quiero contar más, porque es preferible que el lector de El laberinto, descubra por si mismo esta hermosísima historia y la habilidad de la hija del rey (que cumple aquí el papel de Ariadna) para salvar al héroe y vencer al monstruo.
Yo aquí sólo señalaré una curiosidad. Es evidente que el rey Soldan ocupa en esta fábula el lugar de Minos, pero ¿por qué se llama así?
Una similitud fonética nos hace pensar enseguida en la palabra "Sultán", título que no resulta extraño para un soberano que habita ni más ni menos que en Siria. Y lo cierto es que en esa época al sultán, también en los textos españoles, se le llama Soldan, pòr ejemplo en ese extraordinario libro que es El conde Lucanor:
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, para que podades bien consejar a todo omne que aya de casar su parienta, plazerme ía mucho que sopiéssedes lo qué contesçió al conde de Provençia con Saladín, que era soldán de Babilonia.
Quede aquí la cosa, porque hemos de volver al libro de Méndez Filesi, una verdadera delicia, que comienza con el mito de Teseo y el Minotauro, continúa con los laberintos romanos y celtas; recorre las asombrosas espirales de los laberintos viscerales sumerios; viaja por los misteriosos y cambiantes laberintos cristianos, góticos, masónicos, vikingos, escandinavos; continúa dando vueltas por los jardines laberínticos, investiga la relación entre los laberintos y el juego de la oca, los templarios y el camino de Santiago; se detiene y se enreda en los sagrados bosques de los alquimistas y magos... Y sigue y sigue girando espiral tras espiral, en una investigación entretenidísima y al mismo tiempo rigurosa e inteligente, hasta llegar a los últimos capítulos que parecen conducirnos a la salida del laberinto... o no.
El libro, extenso pero barato, profusamente ilustrado con algunas imágnes curiosísimas, ha sido editado en Alba Editorial. Y su información asombrosa todavía se complementa en la página web que el autor dedica al libro (en la que esperamos que pronto incluya un índice que se echa a faltar en el libro). Puedes visitar la página web con este enlace:
Las horas de los genios
Escribí hacia 1990 en un trabajo que hice sobre inteligencia artificial:
Todas las definiciones intentadas de la inteligencia no conducen a nada concreto. Decir que la inteligencia o el pensar es poseer semántica, significado, contenido, etcétera, es sustituir una incertidumbre por otra, pues tales conceptos son tan inaprehensibles como aquél que pretenden definir.
Intuitivamente nos parece fácil distinguir entre sintaxis y semántica, cantidad de información y contenido de la misma, pero más allá de la mera intuición, nos es imposible dar una definición de tales conceptos que nos permita trabajar sobre algo concreto. Cuando Maeterlinck nos habla de la inteligencia de las flores y las abejas, llegamos a pensar que quizá es tan legítimo atribuir inteligencia a los animales y a las plantas como atribuírsela al hombre. No obstante, persiste en nosotros la sensación de que existe una diferencia entre la inteligencia de las flores, o la de los termostatos (que defiende Minsky) y la inteligencia de los hombres.
Atribuir inteligencia a todo lo que existe, incluso a las piedras, acaba convirtiéndose en una propuesta vacía e inútil, porque una piedra no escribe libros ni una flor asiste a conciertos. Así que quizás habría que hablar de grados de inteligencia, usando el concepto inteligencia en un sentido muy laxo.
A no ser que creamos que existe un ente espiritual pensante que sobrevive y se encarna en nuestros cerebros, lo anterior nos lleva a la conclusión de que la semántica, el significado y el contenido son el resultado de una acumulación de sintaxis o información.
Pero quizá no sea la inteligencia lo que distingue a una máquina del hombre. Quizá lo sean los sentimientos.
Ahora estoy leyendo Fueras de serie, un libro de Malcom Gladwell en el que se argumenta, de manera muy convincente, acerca del rasgo común a todas esas personas que solemos considerar "genios". No se trata de la genética (adiós al fatalismo génico de Pinker, como era previsible), sino de cosas relacionadas con el medio y la educación y con algo tan sencillo como las horas dedicadas a un asunto. Todas esas personas dedicaron una cantidad de horas determinada a los asuntos en los que son consideradas geniales, desde Bill Gates a los Beatles, desde Mozart o Einstein. Para ser precisos: Gladwell habla de unas 10.000 horas.
O lo que es lo mismo, como dije en aquel trabajo: la acumulación de sintaxis acaba produciendo semántica. O dicho a la manera de Karl Marx: la cantidad acaba convirtiéndose en calidad.
¿Quien iba a decirle a Marx que una de sus leyes dialécticas se vería refrendada de esta extraña manera, a aquel Marx que se pasaba las horas, sin duda más de 10.000 en las bibliotecas de Londres?. Por cierto, una de las reglas de la técnica creativa del brainstorming es también marxista: "Lo que importa es la cantidad de ideas propuestas, no la calidad".
A mí también me gusta decirlo con otro ejemplo cuantitativo: cuando me preguntan si opino si la cultura griega es más interesante que la china, respondo que cuando tenga una biblioteca de libros chinos que ocupe casi dos estanterias, podré responder a esa pregunta con cierto conocimiento de causa.
O, como decía McLuhan: casi cualquier asunto se convierte en interesantísimo si se le dedican suficientes horas.
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Narciso y los mitos de los psicoanalistas
Freud, Jung y otros psicoanalistas y psicólogos recurrieron a los mitos griegos para poner nombre a ciertas características psicológicas: narcisismo, complejo de Edipo, complejo de Electra.
Pero es importante recordar que la mayoría de los héroes griegos de las enfermedades psicológicas freudianas no padecían los complejos o enfermedades a los que han dado nombre.
Edipo no se enamoró ni deseó sexualmente a su madre, sino, como mucho, a la reina viuda cuya verdadera identidad él no conocía.
Tampoco mató a su padre (cumpliendo literalmente aquello que decía Freud de que hay que "matar al padre"), sino que tan sólo mató a un hombre con el que tuvo una disputa en el camino a Tebas.
En cuanto a Narciso, Marshall McLuhan, discute la atribución de narcisismo que se le hace:
Es nuestra cultura narcótica y narcisista lo que nos ha hecho interpretar a Narciso como enamorado de sí mismo.
(Comprender los medios de comunicación)
Es probablemente cierto. Narciso no estaba enamorado de sí mismo, sino de ese joven que veía en el reflejo que le ofrecía el agua. Por eso se ahogó al intentar alcanzarlo. Podemos pensar que Narciso era tonto, pero no narcisista: si se amaba a sí mismo, le habría bastado con abrazarse y besar su cuerpo (que siempre llevaba consigo): no hacía falta lanzarse al agua.
Por otra parte, existía otra versión, tal vez inventada por Pausanias (quien consideraba absurdo el mito de Narciso) que decía que Narciso buscaba en el agua a su hermana gemela muerta.
La metamorfosis de Narciso (Salvador Dalí)
Dalí aseguraba que este fue el primer cuadro que pintó siguiendo su método paranoico-crítico. Además, tuvo ocasión de enseñárselo a Freud, quien se quedó impresionado por las explicaciones de Dalí, pues hasta entonces pensaba que los surrealistas eran más o menos locos sin demasiado interés. Dalí escribió un poema que debía ser leído mientras se contemplaba el cuadro. Probablemente no es casualidad que Dalí eligiera este mito, porque él mismo tenía una cuenta pendiente con un doble suyo: su hermano Salvador, nacido antes que él y muerto con sólo dos años.
En el mito de Narciso interviene el adivino Tiresias, uno de los personajes más interesantes de la mitología, que también está presente en la leyenda de Edipo. Curiosamente, Tiresias, representa el mismo papel en ambos mitos: advierte al héroe (a Narciso o a Edipo) que es mejor no conocer.
En el caso de Edipo, no conocer quién era ese hombre al que mató en el camino a Tebas; pero Edipo insiste hasta que Tiresias le muestra lo que no debería querer ver. La visión enloquece a Edipo: ha matado a su padre y se acuesta con su madre. Estaba ciego porque no veía, así que, ahora que por fin ve, se arranca los ojos. Sutilezas como estas, que pueden parecer casuales, asombran por la precisión con que se repiten en el sistema mitológico griego.
Porque, como dije antes, Tiresias interviene en la tragedia de Narciso, y también intenta evitarla al advertirle: "Tendrás una vida feliz siempre y cuando no veas tu rostro". Es una manera de invertir el consejo que la sacerdotisa de Delfos le dio a Sócrates: "Conócete a ti mismo". Tiresias le dice a Narciso: "No te conozcas a ti mismo".
Para hacer más complejo el mito, resulta que Narciso, que acabará viendo una repetición de sí mismo en las aguas del lago, es amado por una muchacha que también ha dado nombre a la repetición, en este caso no visual, sino sonora, la ninfa Eco. Eco ama a Narciso, pero él la desprecia. ¿Por qué? Unos dicen que por altanería, otros que porque era homosexual. Eso es coherente con el hecho de que Narciso se enamora de un muchacho: ese reflejo que ve en las aguas.
Según parece, fue Ovidio quien introdujo la historia de la ninfa Eco en el mito de Narciso, pues un mitógrafo anterior, Conon, decía que lo que en realidad sucedió es que un joven espartano llamado Aminias estaba enamorado de Narciso y que éste le dio una espada. Aminias entendió el mensaje y se mató con la espada. Fue para vengar su crueldad, que los dioses hicieron que Narciso se enamorara de su imagen y se ahogara en el lago al intentar besarse.
La flor del narciso se dobla sobre sí misma, como intentando mirarse en las aguas
Muy recientemente, la versión de Conon parece que ha quedado respaldada por un papiro encontrado en el basurero de Oxyrrinco (de allí salen casi las tres cuartas partes de papiros conservados). Pero ese texto, anterior en cincuenta años a Ovidio y tal vez escrito por Partenio, parece sugerir que Narciso se mató con su propia espada (aunque tal vez se trate de Aminias), y que de la sangre derramada nació la flor del narciso.
... god-like ...
... ...
He had a cruel heart, and hated all of them,
Till he conceived a love for his own form:
He wailed, seeing his face, delightful as a dream,
Within a spring; he wept for his beauty.
Then the boy shed his blood and give it to the earth
... to bear
(traducción inglesa del fragmento de Oxyrrinco)
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Mis relatos en El píxel de oro
Hace varios años, Marcos Méndez Filesi (el autor de El Laberinto, historia y mito) convocó la primera edición de El píxel de oro. Decidí enviar un cuento y tuve la suerte o el mérito de ganar el premio. En las siguientes dos convocatorias obtuve de nuevo el preciado galardón, y confío en que lo conseguiré de nuevo en la cuarta convocatoria, cuyo fallo todavía esperamos muchos con ansiedad.
El certamen del píxel de oro consiste en escribir inspirándose en uan fotografía seleccionada por Méndez Filesi, ajustándose a las siguientes reglas:
I) Tomando una imagen como referencia se debe redactar un cuento de extensión variable.
II) La integración de la imagen con el relato puede ser de la forma que sea. Desde un momento en concreto del relato hasta el motivo de la trama.
III) El relato puede abarcar desde un mero párrafo, lo que vendría a llamarse cuento haiku, a un sinfín de folios (los famosos cuentos largos o sagas interminables).
IV) Los relatos pueden ser individuales o colectivos (aunque un miembro del grupo tenga una lavadora particularmente estruendosa) y se pueden entregar tantos cuentos como se quiera.
V) Los relatos se enviarán por e-mail a mmfilesi@gmail.com en un archivo de texto (.doc, .txt, etcétera) a ser posible sin virus.
VI) Un jurado escogido al azar entre yo y yo mismo se encargará de otorgar el premio de cada convocatoria.
VII) El jurado aceptará todo tipo de sobornos por parte de los concursantes.
VIII) Como primer y único premio se otorgará el ya conocido mundialmente Píxel de oro.
Para ir despertando el entusiasmo, observen la fina calidad del Píxel de oro:
Página de El píxel de oro
He decidido alojar los relatos que he enviado a El píxel de oro en la página que he construido hace poco para mis libros y escritos, así que comienzo a subirlos ahora, empezando por la primera convocatoria, donde "Mi historia", firmado bajo el seudónimo Tomás Deniel, se alzó con el premio.
Mi historia (Tómas Deniel)
A quien corresponda:
Yo, señores, aunque soy pobre, también soy un sinvergüenza. Si me oyera mi madre, me daría una colleja, porque ella, además de pobre, era honrada. ¡Cómo si no tuviera uno bastante con ser pobre para encima no poder hacer cualquier cosa para dejar de serlo!
El caso es que he leído atentamente las reglas su concurso y he visto el premio y, claro, me han entrado ganas de participar. No por las reglas (que ya les he dicho que yo las reglas me las paso por salva sea la parte) sino por el premio.
Verán, yo nunca he tenido dinero, y menos todavía oro, ni siquiera un maldito empaste, porque ¿cómo voy a tener empastes de oro si sólo tengo agujeros donde antes había dientes?
Como les decía, he visto el premio, ese famoso píxel de oro que ustedes mencionan, pero del que yo no había oído hablar en la vida, y se me despertado la avaricia que, a decir verdad, nunca se me duerme.
¡Quiero ese píxel! Quiero tener por una vez algo que sea de oro. El problema es que yo no sé escribir cuentos, así que ya me dirán cómo conseguirlo (podrían haber hecho ustedes un concurso de cuentos para quienes no sabemos escribir cuentos).
Sin embargo, pienso que hay algo que ustedes deberían saber antes de conceder el premio. Algo que quizás les haga cambiar las reglas de concurso y darme a mí el píxel de oro.
Yo, señores, conozco al muchacho de la foto.
Resulta que hace diez o quince años, yo tenía un gran amigo con el que compartía lo poco que tenía, es decir, mi tiempo. Se llamaba Sebas.
Ni siquiera recuerdo cómo le conocí, porque lo recuerdo siempre a mi lado, pegado como una lapa. Jugábamos en las vías del tren a ver quien aguantaba más sin moverse, perseguíamos a las chicas que huían de nosotros, pegábamos a los más débiles y robábamos a los más tontos. Así, durante años. Todo cosas de poca monta.
Pero un día, estábamos yo y Sebas en las fiestas de carnavales, disfrazados para ver si así robábamos con más disimulo, y nos encontramos con un amigo de los dos, que se llamaba Pedro, como el bautista. Resulta que Pedro, que era pobre pero ahorrador, había comprado un anillo de oro para regalárselo a su novia.
Yo creo que ustedes son gente con imaginación, así que ya se habrán imaginado que en cuanto vimos el anillo, Sebas y yo quisimos tenerlo (si menciono esta vez primero a Sebas es porque a él le entraron ganas de tener el anillo antes que a mí).
El problema era que, claro, no le íbamos a cortar a Pedro la cabeza, como al bautista, pero sí el dedo, porque el muy imbécil en cuanto vio nuestras intenciones (mas que verlas las oyó) se puso el anillo en el dedo y no quiso quitárselo por más hostias que le dimos (y eso que no éramos curas).
Yo creo que debe ser cierto eso de que el oro vuelve a la gente majareta (o a lo mejor son los anillos) porque, en cuanto tuvimos el anillo y el dedo de Pedro no hubo manera de ponerse de acuerdo en el reparto.
Ya he dicho que soy un sinvergüenza, pero yo nunca había pegado a Sebas, y la verdad es que no me decidía. Al final, eso sí, me decidí, a lo mejor porque él, que siempre tuvo más carácter que yo, me acababa de arrear un guantazo de antología (de antología de guantazos, que también habrá). Le respondí con un puñetazo que le saltó dos dientes y le tumbó directo. Su cabeza se dio con el suelo y se quedó traspuesto.
Cogí el anillo, me lo guardé, y pensé qué hacer, porque de lo que estaba seguro era de que en cuanto el Sebas se despertara vendría a vengarse.
Así que, como estábamos al lado de las vías del tren, y todo el mundo sabía cómo nos gustaba jugar a “A ver quien se aparta primero”, le puse ahí y me fui: si Dios quería que se salvara, se despertaría antes de que pasara un tren.
Dios no quiso.
Esta es la historia de Sebas. En cuanto al anillo, resultó que no era de oro, sino de plomo forrado. ¡Perder así un amigo para nada!
Pues eso, esta es la historia del tipo que sale en la foto de su concurso, que no es el Sebas, porque el pobre se quedó cortado en tres, sino que soy yo mismo con la cara de pasmo con la que me quedé al descubrir que el puto anillo era de plomo.
No creen ustedes, señores, que, al menos para compensar lo del anillo, deberían darme a mí el píxel de oro?
Bueno, ¿qué les parece? Yo creo que mi historia es tan buena como la que más, y además me la he inventado de cabo a rabo: ya les dije que yo era pobre pero sinvergüenza. De hecho, soy tan sinvergüenza que ni siquiera soy pobre.
Por cierto, aunque me muero por tener el célebre píxel de oro, confío en que no será tan pequeño como parece.
Espero sus noticias, y espero que sean buenas.
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Utanapishti
No sé desde cuándo, pero me acabo de dar cuenta de que ha desaparecido de mi página cualquier enlace a una de mis primeras páginas web, Utanapishti.
Así que he recuperado ese enlace, que ahora puedes encontrar en el menú flotante lateral, dentro de la categoría "Páginas".
Utanapishti está dedicado al célebre tópico del viaje a Ítaca, que se expresa con tanta claridad en el hermoso poema de Kavafis Ítaca, pero que es muy anterior a él (no sólo porque sea el tema central de La Odisea, claro está, sino porque ya desde la Antigüedad se planteó el asunto de manera idéntica a como lo hizo Kavafis.
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Yogi Berra
Alguna vez había visto el nombre de Yogi Berra junto a una cita más o menos extravagante. Encontré varias de ellas en el ensayo de Nassim Nicholas Taleb El cisne negro, quien dice: "Casi todas las citas que no son de Yogi Berra son de personas de las que disiento".
Se trataba siempre de comentarios extraños, que bordeaban lo ridículo pero también lo genial; lo obvio con lo inesperado. Dudé si se trataba del oso Yogi o del algún personaje de ficción similar.
Decidí averiguarlo, y descubrí que Yogi Berra fue era un jugador de beisbol (ahora jubilado). Uno de los mejores de la historia.

Yogi Berra, vestido con el uniforme de los Yankees de New York, junto al mítico Babe Ruth
Pero, además de sus grandes marcas en la pista, Yogi Berra se hizo famoso por sus frases, llamadas "yoguismos" (yogi-isms):
"El juego no se acaba hasta que se acaba"
"En realidad yo nunca dije lo que dije"
“¿Para qué comprar una buena maleta si sólo se usa cuando viajamos?”
"Se pueden observar muchas cosas con sólo mirar"
“Allí se hace tarde más temprano”, sobre las malas condiciones del sol en el jardín izquierdo de un stadium.
"El beisbol es un noventa por ciento mental. La otra mitad es física."
“Uno da el 100% en la primera mitad del juego, y si eso no es suficiente, en la segunda mitad uno da lo que queda”.
Sobre entierros tiene dos buenísimos:
"Siempre voy a los entierros de los demás, porque de lo contrario ellos no vendrán al mío"
En una ocasión, la esposa de Yogi, Carmen, le dijo: “Yogi, tu eres de Saint Louis, vivimos en New Jersey y juegas béisbol en New York; ¿si te vas antes que yo, ¿dónde te gustaría que te enterraran?” Y Yogi le respondió: “¡Sorpréndeme!”.
Uno que recuerda aquello que decía el gato de Cheshire a Alicia:
"Si no sabemos hacia donde vamos, terminaremos en cualquier otro lugar"
Yogi Berra
_Minino de Cheshire: ¿Te importaría decirme, por favor, que dirección debo tomar desde aquí?
_
Eso depende en gran medida de adónde quieres ir.
_
No me importa mucho adónde...
_
Entonces da igual la dirección.
_
...con tal de que llegue a alguna parte –añadió Alicia a modo de explicación.
_
¡Ah!, ten la seguridad de que llegarás –dijo el Gato-, si andas lo bastante.
(Alicia en el País de las Maravillas, Lewis Carroll)

"Nunca se debe contestar a una carta anónima"
Yo buscaría al tipo que lo perdió y si es pobre se lo devolvería”, cuando se le preguntó que haría si encontrara un millón de dólares.
“Si usted no puede imitarlo, no lo copie”
“Carmen y yo hemos estado felizmente casados durante 40 años; ella ha sido feliz y yo estoy casado”.
Uno con el que me identificó, porque yo mismo lo he hecho a menudo:
“Sabía que tomaría el tren equivocado, así que me fui más temprano”.

"Cuando preguntaste qué hora era, ¿querías decir ahora?
"El futuro ya no es lo que era".
"Si el mundo fuera perfecto, no lo sería"

La semejanza entre el oso Yogi (Yogi Bear) y Yogi Berra no es casual. Hanna y Barbera llamaron así a su personaje pensando en el jugador de beisbol
“Ya nadie va allí porque siempre hay demasiada gente”.
“Nunca me culpo cuando no estoy bateando. Simplemente culpo al bate y si la cosa sigue cambio de bate. Después de todo, si yo sé que no es por mi culpa que no estoy bateando ¿para qué voy a enfadarme conmigo mismo?"
MUSEO DE LOS MUNDOS PARALELOS: Horror vacui y vacío
El Museo de los Mundos Paralelos se ha visto obligado a retirar temporalmente de su exposición Realidad y representación la obra "Peary conquista el Polo Norte", a causa de la polémica suscitada acerca de la relación entre verosimilitud y verdad. Aunque confiamos en la próxima recuperación de dicha obra, tenemos el placer de anunciar la inclusión de El golpe maestro del duende leñador, de Richard Dadd.
Puedes visitar el Museo (Museo de los Mundos Paralelos)
o la sala en al que se encuentra la obra (Horror vacui y vacío)
O bien conocer esta nueva obra leyendo lo que viene a continuación...
Horror vacui y vacío

El golpe maestro del duende leñador
Richard Dadd
(1855-1864 , óleo sobre lienzo)
(Copia del original conservado en la Tate Gallery de Londres)
Dadd, tras asesinar a su padre en 1843, siguiendo las órdenes del dios Osiris, y ser recluido en un centro psiquiátrico, empleó nueve años en pintar esta extraordinaria composición que ha sido considerada una de las obras más representativas del horror vacui.
La obra, sin embargo, ha estado sujeta a una continua controversia e interpretación. Se ha discutido su carácter autobiográfico, su oculta intención de crítica social e incluso, como han hecho Schiffer y Goldstein, su adscripción al género del horror vacui u horror al vacío.
Richard Goldstein, a partir de la lectura del poema que el propio Dadd dedicó a su cuadro, Elimination of a Picture & its subject--called The Feller's Master Stroke, concluyó que en el cuadro se expresa el vacío, no el horror vacui.
Anne Marie Schiffer se sumó a la tesis de Goldstein, añadiendo un punto de vista científico. En su opinión, el cuadro de Dadd debe ser considerado como una de las mejores expresiones del vacío, no sólo porque, como sostiene Goldstein, el artista llenó el lienzo de objetos y personajes como respuesta a su vacío existencial y su demencia interior, sino porque, más allá de las apariencias inmediatas, en ese cuadro, y en cualquier cuadro, casi todo es vacío.
Desde la perspectiva científica de Schiffer, hay que distinguir entre apariencia y realidad, entre el fenómeno (lo que vemos) y el númeno (lo que permanece oculto). Aparentemente existe lo sólido, en realidad el vacío está en todas partes:
"Todas las cosas están compuestas de átomos. A su vez los átomos están compuestos de núcleos y electrones. El núcleo es comparable a la cabeza de un alfiler en una catedral, los electrones motas de polvo que vuelan en el interior de la catedral. La gran diferencia es que en el átomo no hay catedral: el espacio equivalente a la catedral es tan sólo vacío. Cualquier objeto está compuesto en un 99,9 % de vacío.
Aunque llenemos el espacio de objetos y de materia, seguiremos teniendo tan sólo vacío, como intuyeron, antes que los propios físicos, los artistas del horror vacui."
Anne Marie Schiffer
(Consideraciones sobre el vacío en la pintura)
Los tópicos tópicos
Una de las frases que más se repiten para rebatir un argumento es decir: "Eso es un tópico". Esa refutación es precisamente un tópico. Porque que una cosa sea un tópico no significa que sea más o menos razonable.
Es verdad que un tópico es muchas veces un lugar común, algo que la gente repite sin pensar, y que cuando una persona sólo dice tópicos uno detrás de otro revela un pensamiento bastante pobre, poco inquieto, nada original, generalmente conformista, lleno de prejuicios, insulso.
DE acuerdo, pero eso no hace que la cosa sea más o menos cierta por su carácter tópico. Para referirnos a una persona que carece de pensamiento propio tal vez podemos decir: "Es un tópico andante", pero si lo que queremos es refutar un argunmento, no basta con decir que es un tópico. Hay que decir: "Es un tópico equivocado", "es un lugar común que no responde a ninguna realidad observable". O bien: "Eso es un tópico que simplifica en exceso las cosas".
Porque los tópicos no sólo pueden ajustarse perfectamente a la realidad, sino que pueden resultar de gran utilidad, como aquel tópico que asegura que si ves a un león en plena selva y sales corriendo es seguro que acabarás devorado por él. ¿Que es un tópico? Por supuesto que lo es, pero también es algo cierto en casi todos los casos (según parece, cuando ves a un león enfrente, lo mejor es no darle la espalda, para que él no pueda calcular con precisión la profundidad de tu cuerpo: puede imaginar que tu cuerpo continúa como una sólida pieza y eso te hará parecer más temible.
La palabra tópico viene de topos, "lugar", por lo que la traducción de tópico como "lugar común" es quizá la más adecuada. Un tópico es un lugar común, un sitio por el que transita a menudo nuestro intelecto. Por eso, seguramente, la explicación de los tópicos que hace Cicerón a Cayo Trebacio es una de las mejores, a pesar de que Cicerón no es considerado un gran filósofo (ese es probablemente un tópico injusto e incorrecto).
Cicerón comienza su explicación comparando los tópicos o lugares comunes intelectuales con los lugares materiales:
"Así como es fácil la invención de las cosas escondidas cuando está sabido y señalado el lugar, así cuando queremos buscar algún argumento, debemos conocer los lugares. Llama Aristóteles lugares a las fuentes de donde los argumentos se toman. Así, podemos definir el lugar: sitio o fuente del argumento."
Así, para buscar un argumento debemos buscarlo en un lugar, en un tópico, que será más o menos razonable, más o menos manido.
Nueva página de libros
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Potencia y acto en Shakespeare
Aristóteles afirmaba que todas las cosas, desde un objeto cualquiera, a una planta o un ser vivo tienen ciertas cualidades en potencia y ciertas cualidades en acto.
Un ser humano es, cuando nace, un ser humano en acto, eso está claro, pero no es todavía un ser inteligente. Por el momento lo es sólo en potencia. Es decir, se convertirá en un ser inteligente si crece y es educado convenientemente.
El lingüista Noam Chomsky considera que, nada más nacer, todo ser humano es un usuario del lenguaje en potencia, porque los seres humanos poseemos una gramática innata. Naturalmente, esa gramática innata debe hacerse efectiva, convertirse en acto, actualizarse. Los niños salvajes, criados lejos de la civilización, no tienen lenguaje; muchos de ellos, al ser encontrados y educados, nunca logran adquirir o manejar el lenguaje con la habilidad con la que lo manejamos los seres humanos criados en una cultura humana. Tal vez ello se deba a que los dos primeros años de vida de un bebé son fundamentales para el desarrollo: es cuando se establecen las conexiones neuronales. Es cuando la potencialidad de esa gramática innata debe actualizarse.
Para entender claramente la diferencia entre potencia y acto, pensemos en una piedra. Una piedra no es un ser inteligente en acto (espero que el lector esté de acuerdo), pero tampoco lo es en potencia. Por mucho esfuerzo que hagamos para pulir un poco a esa piedra, por mucho que la cuidemos, “eduquemos” y perfeccionemos, nunca será un ser inteligente.
Aristóteles se dio perfecta cuenta de ello y distinguió entre los seres inertes, como las piedras; los vegetativos, como las plantas, los sensibles o sensitivos, como los animales, y, finalmente, los seres inteligentes, como los humanos. Los seres humanos reúnen las cualidades de las plantas y de los animales, pero añaden la inteligencia, que, como ya hemos dicho, tenemos en potencia cuando nacemos, pero no necesariamente en acto. La inteligencia debe actualizarse, no sólo durante la infancia, sino probablemente a diario, aunque es fácil constatar que muchos seres humanos olvidan esta sencilla recomendación, incluso aunque hayan sido educados con esmero en su infancia y adolescencia.
Resulta curioso, por cierto, que Noam Chomsky haya construido su teoría de la gramática innata en abierta polémica con Aristóteles. Chomsky, en efecto, ataca la idea aristotélica de que al nacer nuestra mente es como una tabula rasa (una tableta no escrita), pero olvida que para Aristóteles los seres pensantes son distintos de los seres inertes, de los vegetativos e incluso de los animales: precisamente hay algo que los distingue de aquellos ya desde el nacimiento. Eso que distingue a los seres pensantes podría incluir sin ninguna dificultad una gramática innata o, en términos aristotélicos: una gramática en potencia, una tábula rasa que espera ser escrita.
Personajes en potencia y en acto
Los personajes de una historia (una novela, una obra de teatro, un guión) también son algo en potencia y algo en acto. Un personaje como Ricardo III puede ser, al comenzar la obra, rey de Inglaterra en potencia, pero, hasta que no elimine a la larga lista de candidatos se sitúan antes que él en el camino al trono, no podrá ser rey de Inglaterra en acto. Consciente de ello, Ricardo se propone actualizar esa potencialidad que él cree albergar. El camino de muerte que le lleva al trono es esa actualización y la trama de la obra.También puede suceder que un personaje no esté enamorado de otro en acto, pero que sí lo esté en potencia. Cuando, en Los dos hidalgos de Verona, Proteo conoce a Silvia, la amada de Valentín, sabemos, incluso antes de su encuentro, incluso antes de que Proteo viaje a Milán, que es un personaje que en potencia se puede enamorar de Silvia.
Naturalmente, cualquier personaje de la obra podría enamorarse de Silvia, pues ya hemos visto que incluso Ricardo el contrahecho, odiado y segundón Ricardo, puede llegar a ser rey. Lo cierto es que la mayoría de los personajes de Los dos hidalgos de Verona están en cierto modo enamorados de Silvia, desde Valentín y Proteo a Turio, desde los criados y bufones hasta el viudo Eglamur. Quizá incluso Julia. Todos ellos podrían enamorarse de Silvia (son silviaenamoradizos en potencia) pero no todos se enamoran de ella en acto.
Tres silviaenamoradizos intentan actualizar su deseo
Ahora bien, el paso de la potencia al acto en el amor hacia Silvia que más interesa a Shakespeare (y que más nos interesa a nosotros como espectadores) es el que tiene relación con Proteo. Porque sabemos que si eso sucediera se desataría la situación más conflictiva en todos los sentidos: la de los dos amigos, Proteo y Valentín, enfrentados a causa de una mujer.
Aunque cualquier personaje puede ser todo en potencia, y por tanto trasformarse en cualquier cosa o hacer cualquier otra, la sabiduría del narrador consiste en provocar el interés del espectador hacia ciertas posibilidades, ciertas potencialidades, ciertos cambios y trasformaciones en particular, y en saber convencer al espectador de que son inevitables. Eso es lo que hace Shakespeare, que nos conduce desde el principio de la obra a la sospecha de la futura transformación de Proteo, aunque no nos demos cuenta de ese manejo de manera consciente.
En primer lugar porque el protagonista se llama Proteo. Proteo es un personaje de la mitología griega, un dios marino que se trasformaba a voluntad. De él procede el adjetivo proteico, es decir, cambiante.
En segundo lugar porque Proteo, enamorado de Julia, ha consentido en dejar que su amigo Valentín se vaya solo a Milán (“Él va en pos del honor; yo del amor”), pero, poco después es obligado por su padre a establecerse también en Milán. Antes de irse, Proteo jura a Julia que siempre la amará:
PROTEO: “He aquí mi mano, en testimonio de mi constancia inalterable. Y cuando deje pasar un solo instante del día sin suspirar por ti, ¡que me castigue, Julia, una irreplarable desgracia por el olvido de mi amor!.”
Proteo, en definitiva, afirma que nunca cambiará, jura que está enamorado de Julia y que seguirá así por siempre, pero insiste tanto que despierta en nosotros la sospecha. Cuando Proteo nos dice que no cambiará, al mismo tiempo, Shakespeare nos está diciendo lo contrario.
Romeo y Proteo
Ya antes de Shakespeare se sabía que cuando un personaje insiste demasiado en algo eso suele ser un indicio de que está mintiendo, o de que, aunque no mienta, cambiará de opinión. Pero Shakespeare empleó este método con más frecuencia que otros autores.
Comparemos la situación de Proteo en Los dos hidalgos de Verona con la obra que es el paradigma del amor eterno, incluso más allá de la muerte, Romeo y Julieta. Al inicio de la obra encontramos a un Romeo enamoradísimo:
ROMEO: ¡Ay!... ¡Mísero de mí!... Mucho da que hacer aquí el odio, pero más el amor… Pluma de plomo, humo resplandeciente, fuego helado, robustez enferma, sueño en perpetua vigilia, que no es lo que es! Tal es el amor que siento sin sentir en tal amor amor alguno.
BENVOLIO: Dime, en serio, ¿de quién estás enamorado?
ROMEO: ¡Cómo? ¿Tendré que decírtelo sollozando?Muchos pensarán (¿cómo no hacerlo?), que Romeo se está refiriendo a Julieta, y que es por su afán de ver a Julieta por lo que aceptará ir a la fiesta de sus rivales, los Capuletos. Pero no es así:
BENVOLIO: En esa misma antigua casa de los Capuletos cena la encantadora Rosalina, a quien tanto amas, en unión de las más admiradas hermosuras de Verona.
En efecto, Romeo está enamorado, eternamente enamorado, pero no de Julieta, sino de Rosalina, a quien olvidará al conocer a Julieta, del mismo modo que Proteo olvidará a Julia al conocer a Silvia.
Para los seguidores del llamado “viaje del héroe” (sería interesante investigar si Shakespeare hace recorrer a sus personajes este viaje o no), una de la etapas iniciales consiste en que el héroe se niega a separarse de lo que tiene, de su cotidianeidad, del mundo en el que vive. La aventura consiste casi siempre en el paso del mundo ordinario o habitual al mundo extraordinario.
Romeo vive en el mundo ordinario de su amor a Rosalina, Proteo en el de su amor a Julia. Ese amor es para ellos su mundo ordinario, lo establecido, es el territorio que se debe abandonar para que comience la aventura, la historia que nos quiere contar Shakespeare.
Romeo, guiado por Benvolio y sus amigos, que quieren desenamorarle, entrará en un mundo extraordinario en el que nunca ha estado antes, el de sus enemigos jurados, los Capuletos. En la fiesta de los Capuletos, queriendo ver de nuevo a Rosalina, Romeo verá a Julieta.
Por su parte, Proteo abandonará Verona (que ha jurado hace un instante no abandonar nunca), para no alejarse de Julia, y viajará a Milán, donde ya le espera su amigo Valentín. En Milán, Proteo verá a Silvia, la mujer de la que se ha enamorado el antes escéptico Valentín.
El juego de la potencia y el acto
En cuanto al amigo de Proteo, Valentín, también se nos sugiere ese paso de potencia a acto antes de que suceda. Del mismo modo que la obra se inicia con los juramentos de amor de Proteo, en contraste Valentín se burla del amor de su amigo y asegura que él nunca se enamorará… Así que ya sabemos qué es lo que le va a suceder a Valentín, porque Shakespeare suele conducirnos de la potencia al acto haciendo que el personaje diga lo contrario de lo que va a suceder.
Recordemos, en efecto, que en Shakespeare los personajes a menudo no piensan lo que dicen, pero, aunque lo piensen, es frecuente que tampoco hagan lo que afirman que harán, sino todo lo contrario.
Así que después de ver las primeras escenas, tenemos indicios suficientes para saber que Valentin es un hombre no enamorado en acto pero sí un enamorado en potencia, y que Proteo es un enamorado en acto (de Julia), pero también un enamorado en potencia (de Silvia) y un desenamorado en potencia (de Julia).
Proteo es presentado a Silvia, lo que desactualiza rapidamente su amor eterno hacia Julia y convierte su amor en potencia hacia Silvia en acto puro
Naturalmente, Shakesperae no nos cuenta todo desde el principio: sabemos que Proteo o Valentín pasarán de la potencia al acto, pero no sabemos exactamente de qué manera.
Es fácil sospechar al principio que Valentín se enamorará de Julia, la mujer a quien ama Proteo. Pero no es eso lo que sucede cuando los dos amigos se separan. Lo primero que sucede es que Valentín actualiza su posibilidad de enamorarse, y se enamora de Silvia en Milán. Lo segundo, que Proteo desactualiza su amor por Julia, se desenamora de ella, en el mismo instante en que actualiza su amor por Silvia, porque “un clavo saca otro clavo” como dice Benvolio a Romeo en Romeo y Julieta, y Proteo a sí mismo en Los dos hidalgos de Verona:
“Así como un clavo saca a otro clavo, así también un nuevo amor me ha hecho perder la ilusión de mi amor primero” (II,IV)
Proteo conoce a Silvia y olvida a Julia al instante. ¿por qué lo hace? ¿Sólo por amor a Silvia? Quizá no, pero no es este lugar para discutir esa interesante cuestión. Por ahora nos basta con saber que Proteo, respondiendo por fin a su nombre, cambia, se transforma, convirtiendo las potencialidades sugeridas por Shakespeare, en actos.
Tambien las mujeres de la obra, Julia y Silvia se mueven entre la potencia y el acto en su pasión por Proteo y Valentín. Shakespeare nos hace dudar de si Silvia cederá o no al acoso amoroso de Proteo, y de si Julia podrá desenamorarse de Proteo.
Los dos hidalgos de Verona, es tal vez una obra menor en el índice shakesperiano, pero esconde algunos tesoros que no habría que descuidar, como este sabio y constante juego entre potencia acto.
A veces, sin embargo, un personaje puede permanecer inalterable toda la obra, como sucede a Elena y su amor a Beltrán en A buen fin no hay mal principio. Y como le sucede al propio Beltrán, tozudo como ella, en el rechazo a ese amor. Al final uno de los dos cambiará, y ese amor o desamor en potencia se actualizará. En el camino, Shakespeare nos mantendrá atrapados, dudando acerca de si ese cambio se va a producir y cómo. Es un buen ejemplo de cómo podemos utilizar los prejuicios y las expectativas del espectador a nuestro favor: para satisfacerlas o para defraudarlas.
Potencia, acto y tensión sexual
Si quisiéramos decir lo anterior en un lenguaje moderno y televisivo, podríamos considerar que el ejemplo más claro de este juego entre potencia y acto es la llamada “Tensión sexual no resuelta”. Ese truco narrativo que se da cuando dos personajes están siempre a punto de besarse (o a punto de pegarse o separarse), pero eso nunca sucede.
Esa situación está siempre en potencia, revoloteando en cada minuto, en cada nuevo encuentro, pero nunca se convierte en acto. Según parece, en Expediente X era un dogma de fe que nunca debía actualizarse la pasión entre los dos protagonistas, para no cometer el error de Luz de luna y ver caer la audiencia. Pero en Shakespeare esa actualización casi siempre sucede: Othelo mata a Desdémona, Hamlet al usurpador, Romeo se acuesta con Julieta, Macbeth es vencido por el bosque de Durhan y por un hombre no nacido de mujer.
En las obras que tienen un principio y un final (una obra de teatro, una película), las cosas casi siempre acaban pasando de la potencia al acto, al contrario que en las series de televisión o los comics de continuará. Pero es recomendable que no sucedan exactamente como uno se imagina que van a suceder: el desenlace de Los dos hidalgos de Verona es tan sorprendente que ha provocado continuas discusiones entre los expertos en Shakespeare. Al contrario que en obras de celos como El médico de su honra o El pintor de su deshonra, Otelo no termina con la muerte de los adúlteros o el castigo a los culpables, sino con una insólita reconciliación. Quien no conozca Los dos hidalgos de Verona, puede leerla y añadir su opinión y su perplejidad a tantas otras.
Cuando los personajes actúan
Ahora bien, cualquier persona sensata sabe que ella misma es unas cosas en potencia y otras en acto, aunque no haya leído nunca a Aristóteles. A menudo las cosas que esa persona es en potencia pasan por su mente cuando sueña, o cuando imagina situaciones en las que hace lo que en la vida real no se atreve a hacer. Muchas personas suelen referirse a una discusión con su jefe o con su amante afirmando:
Y, claro, voy y le digo: "A ver si te enteras de que...",
pero, en realidad, no han dicho eso: sólo han imaginado, con evidente placer, que se lo decían. Así que cuando les preguntamos. ¿De verdad se lo dijiste?, nos responden: "No, pero lo pensé".
Como espectadores, nos interesa mucho observar lo que un personaje es y adivinar o intuir lo que podría ser. Lo que dice y lo que desearía decir. Es algo que nos interesa también cuando nos convertimos en nuestro propio espectáculo, es decir, cuando nos observamos a nosotros mismos. Somos esto, pero podríamos ser aquello. Pocas veces, creo se ha expresado mejor el paso de la potencia al acto que en el poema de Pedro Salinas Perdóname por ir así buscándote:
Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor alguna vez.
Es que quiero sacar
de ti tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en lo alto como tiene
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan sólo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.
Y que a mi amor entonces le conteste
la nueva criatura que tú eres.A cualquier persona que le digan: “Eres esto, pero podrías ser esto otro”, o “Pareces ser esto, pero eres aquello”, la idea le parecera extremadamente razonable: todos sabemos que, efectivamente, somos más de lo que parecemos. Sin embargo, sólo los tontos se quedan satisfechos con ese dictamen y presumen de que su personalidad está escrita en las estrellas, en las líneas de la mano o en la mirada de un poeta.
Porque no se convierte uno en lo que puede ser mediante incienso, posturas más o menos extravagantes o la lectura de su signo zodiacal, ni siquiera tras una intensa meditación. Uno se convierte en eso que puede ser investigando, leyendo, observando, aprendiendo a pensar, conociendo a desconocidos, escuchando de verdad a los demás, descubriendo los propios prejuicios, acumulando, en definitiva, experiencias. Modelando y moldeando su ser. Porque, en casi todas las cosas, sólo somos en potencia lo que podríamos ser.
Si, además de serlo en potencia queremos serlo en acto, debemos, como es obvio, actuar. Al actuar, convertiremos lo que estaba en potencia en acto, pero no como quien saca los regalos de una caja, sino como quien fabrica sus propios regalos con materiales que encuentra aquí o allá.
Los adivinos dicen: “Eres otro: descúbrete a ti mismo”. Y muchos se creen que la cosa consiste en ponerse a escarbar. Pero si vivimos en un pozo lleno de arena, lo único que encontraremos será arena. Hay que salir del pozo y mirar hacia fuera. Mirar a lo que no somos nosotros. Eso es lo que nos permite pasar de la potencia al acto, porque, como bien saben los físicos, para que un sistema se mantenga vivo necesita extraer energía del exterior.
Actuar como los actores
Valentín es un enamorado en potencia, como todos los hombres, como todas las mujeres, como todos los seres humanos. Pero, además se enamora en acto. Eso es lo que nos ofrece la ficción: el espectáculo del paso de la potencia al acto. El arte, como ya entendieron los griegos, es un sustituto de la vida.
Vemos hacer a los actores lo que a nosotros nos gustaría hacer, hacer actuales esas potencialidades. Por eso los actores imitan a las personas y las personas imitan a los actores. Porque, de vez en cuando, a veces estimulados por lo que vimos hacer a un actor, también nosotros nos decidimos y actualizamos nuestras potencialidades.
He abierto un nuevo cuaderno digital dedicado a Shakespeare, en el que tengo la intención de juntar las entradas y textos publicados en mi web (¡ 78 según mi nuevo buscador!) dedicados a Shakespeare.
Puedes puedes acceder a ese cuaderno a través de:
El resto es literatura
o con este enlace directo:
William Shakespeare
ComentariosEl camino de los mitos
El año pasado descubrí una página web fascinante llamada La revelación. Está llena de artículos y secciones de mitología, que es probablemente el asunto que más me ha interesado a lo largo de mi vida (y me han interesado muchos asuntos).
En La Revelación, además de todos sus contenidos mitológicos y no mitológicos, tenían un concurso dedicado precisamente a relatos de tema mitológico, así que busqué entre mis cuentos alguno que pudiera encajar.
Resulta curioso, pero no he escrito casi nada con tema mitológico, excepto algunos intentos de imitar la Teogonía de Hesíodo y varias obras de teatro incompletas con personajes de la mitología lituana y finlandesa (y tal vez otras cosas que no recuerdo ahora). Pero es una confirmación más de esa paradoja según la cual apenas se suele escribir de las cosas que más nos importan.
El unico relato que parecía ajustarse a las bases del concurso era La nueva teología, uno de los cuentos de mi Antología del futuro. Así que lo desgajé de la colección, lo reescribí un poco, añadiendo las páginas que me faltaban para cumplir las exigencias del concurso, y lo envié.
Tuve la suerte de recibir el segundo premio, así como la inclusión del relato en la futura edición de un libro con los mejores relatos y poemas recibidos, editado por Ediciones Evohé. Pero lo mejor fue conocer a los que estaban detrás del concurso y de la editorial: Sandra, Barto, Javier, María...
La editorial se puso en marcha el año pasado con libos como El camino de los mitos 1 o El gato sobre la cacerola de leche hirviendo, de Manuel Valera, que parece muy interesante y del que hablaré pronto, porque lo tengo en mi lista de libros para leer en los próximos días (si por fin encuentro algo de tiempo libre).
En estos días se ha publicado El camino de los mitos 2, y se presentará el próximo jueves en la Casa del LIbro de Madrid (yo también colaboraré en esa presentación).
Es una edición cuidada y hermosa, con extraordinarios dibujos de Sandra Delgado.

(Aunque este año también pensaba presentarme al Premio El Camino de los Mitos 3, al final he tenido demasiado trabajo como para escribir un cuento que tenía pensado, pero lo guardaré para el año que viene).
Puedes visitar las páginas de...
ComentariosLa invención humana
Harold Bloom tituló uno de sus últimos libros Shakespeare o la invención de lo humano. En opinión de Bloom, Shakespeare no sólo fue un gran dramaturgo, sino también el creador del alma moderna. El ser humano contemporáneo es una criatura shakesperiana.
La idea fue ya adelantada, y Bloom así lo reconoce, por Oscar Wilde, ese frívolo diletante y paradójico que, como dice Borges, casi siempre tenía razón. Wilde decía que toda la época romántica se podía explicar como uan imitación de Hamlet: "El mundo se ha vuelto melancólico por culpa de una marioneta que se agita en el escenario." Y añadió: "No es el arte el que imita a la vida, sino la vida la que imita al arte, y en concreto al arte de William Shakespeare".
Tal vez tienen razón Bloom y Wilde, aunque olvidan que la vida de Shakespeare coincidió casi de manera exacta con los años en los que el carácter moderno se estaba desarrollando. Junto a Shakespeare, o incluso antes, vivieron y escribieron Montaigne y Maquiavelo, Selden y Cervantes, Rober Burton y Erasmo, y tantos otros.
Lo que me interesa aquí, sin embargo, no es esa discusión, sino el deseo de llevar la tesis de Bloom y Wilde todavía más lejos: la creación de lo humano se debe a la ficción. A la capacidad inventiva o, si se prefiere, a la imaginación. Al hecho de que un mono antropoide fuera capaz de ver no sólo lo que tenía delante, no sólo lo que está aquí, sino también lo que podrá tener delante mañana, e incluso lo que nunca ha visto ni verá.
Es mediante esa extraña percepción de lo ausente como se da el primer paso para que una cosa llegue alguna vez a existir. No sólo cuando alguien ve una rueda inexistente que luego construirá con esas maderas dispersas que tiene delante, sino cuando imagina que podría crearse un sistema político en el que los tiranos o el uso de la fuerza bruta no sean determinantes. La capacidad de ver lo que no se ve, de escuchar lo que no se oye, de paladear una mezcla de sabores que nunca se ha experimentado. Lo humano se produce precisamente cuando imitamos la ficción, lo que no existe, y la traemos al mundo real.
Del amor y Jose Castillo
(Cabecera de PUNTOMATIC)
Llevo un tiempo deseando recomendar la página de mi amigo Jose Castillo, pero siempre que empiezo a hacerlo, me desborda la incapacidad de elegir entre sus muchas entradas interesantes algunos fragmentos.
Quizá sea mejor enumerar algunas de las cosas de las que habla Jose:
Las novelas por entregas, y Dickens en particular, donde explica algunas claves narrativas.
Las manos de Paganini, donde examina lo que se sabe acerca de las misteriosas manos del legendario músico.
Húngaros o marcianos, un tema por el que Jose y yo estamos fascinados desde hace tiempo (tengo una página consagrada al asunto: Están entre nosotros).
Varias entradas acerca del interesante tema del autor juzgado, con ejemplos como Junger, Mishima o Borges.
Las últimas palabras, acerca del instante final y los problemas para deir algo interesante antes de morirse (¡extraordinarias las palabras de Fontenelle y las de Wilde!).
Entradas acerca de personajes tan interesantes como Max Beerbhom o Aubrey Beardsley.
Y, por supuesto, muchas entradas dedicadas a la música, el cine o la literatura.
Recientemente ha publicado una reflexión acerca del amor, de la que esperamos su continuación.
Puedes leer el blog de Jose Castillo con este enlace:
Habrás observado que escribo Jose, en vez de José: lo hago adrede, porque no me resulta natural escribir José, ya que yo, y todos los que le conocemos le llamamos Jose.
|Lo innato
Muchas veces se dice con admiración que alguien tiene una talento innato, o aquello de que para ciertas cosas "se nace pero no se hace". Yo nunca he sentido ese tipo de admiración, y la verdad es que me parece tan vulgar como la que se pueda sentir hacia un noble cuyo único mérito consiste en haber heredado un apellido de alguien que trescientos años atrás ganó una batalla. Por eso me resulta muy simpática aquella historia en la que a Napoleón le son presentados tres candidatos para ocupar un alto cargo. Todos son de la más alta nobleza y Napoleón escucha pacientemente los titulos de los que presume cada uno. Finalmente, los mira de arriba abajo y dice con desgana: "Conceded el cargo... al del bigote".
Lo innato no me llama nada la atención. Me puede seducir una belleza que tal vez sea innata, porque ha sido heredada de dos hermosos progenitores, pero quien posee esa belleza, ¿qué merito tiene?
Ninguno, a no ser que tenga ya cierta edad y se le pueda considerar responsable en cierta medida de su rostro. Como decía aquella sentencia: "Uno tiene la cara que le ha tocado a los veinte años y la que se merece a los cuarenta". Es probablemente cierto, y no es extraño que jóvenes que tenían un rostro insípido se conviertan en hermosos viejos, como Bertrand Russell o Walt Whitman.
Con más razón que a lo físico se puede aplicar todo esto al aspecto intelectual de una persona; cuando alguien me deslumbra, lo que pienso es:
"Una personalidad tan interesante no puede ser innata, no puede ser mera genética, ha tenido que ser construida, fabricada, modelada."
Y eso me causa una doble admiración.
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Ensayos teo-lógicos
Supongamos que existe Dios. Y supongamos que es todopoderoso y ha creado el Universo.
Puede parecer una hipótesis extravagante, pero eso es lo que creen la mayoría de los habitantes del planeta Tierra: cristianos, musulmanes y judíos.
Así, que aceptemos sin discusión que existe Dios y es todopoderoso.
En ese caso, todo lo que existe ha de tener una función. Nada es casual. Las hormigas han de jugar un papel en el plan divino, los plátanos también, los terremotos, el oro y el azufre. Todo.
Raimundo Sabunde intentó explicar la naturaleza desde el punto de vista de la razón divina. Quiso desentrañar o descifrar las razones de Dios. Montaigne refutó su intento en su Apología de Raimundo Sabunde, que es su ensayo más extenso y el de título más engañoso.
La Teo-lógica sería algo distinto de la teología, ciencia que pretende conocer la naturaleza y los designios de Dios; y de la Teodicea, que busca justificar el comportamiento de Dios, pero fundamentalmente desde un punto de vista moral, respondiendo a preguntas del tipo: "¿Cómo es posible que Dios sea bueno y el mundo tan horrible?", o "Por qué Dios no evita que dos pueblos que le adoran, y que aceptan la versión de la creación del mundo por ese Dios todopoderoso tal como se describe en el Génesis, se maten en Gaza?".
La Teo-lógica no buscaría esas respuestas morales, sino la explicación de la Naturaleza, por qué cada cosa es como es. Seguramente tendría puntos en común con la Teodicea tal como la concebía Leibniz, por ejemplo con su idea de que Dios creo el mejor de los mundos posibles (pero no el de los imaginables, detalle que muchos olvidan, entre ellos Voltaire en Cándido).
También habría puntos de conexión con la teleología aristotélica, es decir con las explicaciones no a partir de las causas, sino de los efectos. La razón de lo que sucede no se halla en el pasado, sino en el futuro. Esta ha de ser sin duda la lógica aplicada a un Dios todopodero: crea las cosas con una intención, para que se desarrollen hacia un objetivo final que les dará sentido.
O tal vez no, habría que pensarlo bien.
La Teo-lógica me interesa desde hace años, probablemente desde que leí el Ensayo de Teodicea de Leibniz, o incluso antes. Si no recuerdo mal, en una Enciclopedia del pensamiento filosófico escrita en francés, se proponía la idea de la Teo-logique.
Casi todas las ideas expuestas aquí las escribí en el número 4 de mi revista CRONOS (octubre de 1999). Espero este año desarrollar un poco más el asunto y actualizar la página dedicada a la religión y la mitología.Comentarios
(regresa a: danieltubau.com)




















































"La nueva teología" (en El camino de los Mitos) Caseta Editorial Evohé. Día 5 de junio de 19h a 21h






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