Regresa el Comentario al Zhuang zi
Después de muchísimo tiempo, he escrito una nueva entrada en el comentario al Zhuang zi. Quiero agradecer a quienes me han comentado o me han enviado mensajes diciéndome que les gustaba este comentario a uno de mis libros favoritos, que avanza tan lentamente, pero que espero no abandonar nunca definitivamente. Calculo que tardaré unos 15 años en comentar el Zhuang zi entero, aunque intentaré ser más regular a partir de ahora.
Entre esas personas, cuyo estímulo ha sido decisivo para seguir escribiendo el comentario, quiero mencionar aquí a:
Bibi González,
Manuel Diaz Acero
Daniel, darte las gracias por tu publicación
sobre Zhuang zi, del que estaba buscando
información. Me has entusiamado con tus
explicaciones.
César
Hola Daniel, muy buenos tus comentarios sobre el
Zhuang zi. Muchas gracias. Llevaba mucho tiempo
con ganas de leer este libro y gracias a tu
página me he enganchado totalmente. ¿Tienes
pensado seguir?
Tato
Excelente la página, cai en cuenta de cosas que solo habia rozado en mi vida! Muchísimas gracias daniel, estaria bueno que hicieras una especie de analisis del dao de jing en pinyin y en castellano, porque hay traducciones realmente desastrosas y la esencia solo se desprende del analisis minucioso. Es un trabajo... pero tal vez te interese, ya hay paginas en inglés con esto mismo. De vuelta, gracias por tu tiempo invertido en esta página.
Manuel Rivera
Daniel, tu página esta muy buena, concuerdo contigo respecto a la olímpicas pérdidas de tiempo de la filosofía occidental, pero gracia a eso sabemos valorar joyas sapienciales como el Zhuangzi. Bueno, sigue con este proyecto, no cejes, porque traducciones del Zhuangzi al español en internet, hay poquísimas, por no decir ni una salvo la tuya. Hay otras más impresas pero nunca tantas como en inglés, por ejemplo, lo que es una verdadera lástima. Bueno, adiós y que estés muy bien.
Matías Magliolini
Hola Daniel. Estube navegando en tu pagina y me
parecio bastante bueno el trabajo que estas haciendo
sobre el Zhuang Tzu.
Miguel Angel Villafuerte Kanemoto (Lima, Perú)
Te felicito y a la vez te agradezco por tu página Web en la que difundes el libro Zhuang Zi.
Ana Aranda
Me gusta mucho el articulo de Zhuang Zi, bravo, bravísimo.
Me encanta los textos-alt en plan nota al pie, son chulísimos. Por
cierto y por si quieres completarlo. La montaña Taishan
(Tai Shan) es una de las cinco montañas sagradas de China, pero creo
que es la más importante. Está en la provincial de Shandong, al este de China. Los emperadores subían a la montaña y realizaban ofrendas.
Creo que Mao también subió pero no como un turistilla sino
refrendando su poder y reafirmando que poseía el mandato del cielo.
Si no has leído los capítulos anteriores, visita la página Comentario al Zhuang zi o usa estos enlaces directos:
Libro I: Libre caminar
El nuevo capítulo, lo puedes leer también aquí a continuación:
Zhuang Zi
Libros interiores
Libro 1
Nei Pian
Capítulo 1
Libre caminar
Apartado 3
La calabaza de Hui Shi
Hui Zi dijo a Zhuang Zi: III
"El rey de Wei me dio una semilla de calabaza.
Cuando ésta creció, era tan enorme
que no servía ni de cántaro para agua:
¡imposible levantarla!
La partí para hacer cazos,
pero incluso éstos resultaban demasiado grandes.
Así que la rompí en pedazitos".Zhuang Zi respondió:
"No sabes hacer uso de lo grande.
Un hombre de Song inventó un bálsamo para manos cortadas.
Por generaciones, su familia lavaba y blanqueaba la seda.
Un forastero se interesó por la receta
y le ofreció cien piezas de oro.
El inventor dijo a su familia:
"Desde hace años, lavando seda
no ganamos apenas unas monedas
y en sólo una mañana podemos ganar cien piezas de oro.
¡Vamos pues a venderla!".
El forastero, después de adquirirla,
se la ofreció al rey de Wu;
éste, agradecido, le nombró general
de la flota contra Yue.
En pleno invierno consiguió una victoria
y como recompensa obtuvo un feudo.
El bálsamo para no agrietarse las manos,
a uno le sirvió para lavar la seda,
a otro para obtener un feudo.
Todo depende de la utilidad que se le dé.
Esa enorme calabaza que tenías,
en lugar de quejarte de sus defectos,
¿por qué no la usaste como balsa
para navegar por lagos y por ríos?
¡Desde luego que eres obtuso!".Hui Zi dijo:
"Tengo un gran arbol al que llaman ailanto,
de tan nudoso tronco y ramas tan retorcidas,
que escuadra, cuerda y compás no pueden medirlo.
Se yergue al borde del camino,
pero a ningún carpintero le interesa.
Igual que tus palabras, ¡tan grandes,
tan inútiles, que no sirven para nada!".
A lo que Zhuang Zi respondió:
"¿No has visto a la comadreja
cómo se agacha y se encorva
para atrapar a su presa?
¿Cómo salta hacia el este y el oeste,
hacia arriba y hacia abajo,
aunque un día caiga en la trampa
y acabe por morir en la red?
En cambio ese yak,
tan grande como una nube
que cubre los confines del cielo,
incapaz es de atrapar un ratón.
Este árbol, del que lamentas su inutilidad,
¿por qué no lo plantas en las extensas
llanuras de la nada?
Paséate bajo él y duerme bajo su sombra.
Nunca conocerá los golpes del hacha
ni sufrirá daño alguno.
Su estado es lo inútil.
¿Qué podría entonces perturbarlo?".(Xhuang Zi, Los capítulos interiores)
Hui Shi y la Escuela de los Nombres
El interlocutor de Zhuang zi es Hui zi. El maestro Hui se llamaba Hui Shi y nació en el estado de Song. Probablemente vivió entre el -370 y el -320. Era ministro del rey Hui de Wei, que es el rey al que se refiere en el diálogo que mantiene con Zhuang zi.
El rey Hui de Wei también era llamado "rey Hui de Liang", porque se vio obligado a trasladar literalmente todo su reino desde la provincia de Hubei a la de Da Liang.
Pero Hui zi no es importante por haber sido ministro de un rey, sino por ser uno de los filósofos más influyentes de la Escuela de los nombres (ming jia).
Como se cuenta en el capítulo 33 del Zhuang zi, los libros de Hui Shi llenaban cinco carretas”. La pena es que nos e ha conservado ninguno de ellos, ni siquiera el que tenía su nombre, el Hui zi.
Hay que tener en cuenta que el primer emperador que unificó China intentó destruir todos los libros. En gran parte lo consiguió, pues sólo se conservaron varios libros confucianos y algunos taoístas, como el Lao zi y el propio Zhuang zi, y otros pocos dispersos, como el Mo Di. Pero de las cien escuelas de pensamiento que se decía existían en la época de los Reinos Combatientes apenas quedó nada.
De la interesantísima Escuela de los Nombres, considerada de carácter logicista, apenas quedan seis breves capítulos de Gongsun Long, como el más célebre, en el que explica o demuestra por qué un caballo blanco no es un caballo; y algunas afirmaciones de otros filósofos, como el propio Hui Shi, del que se enumeran en el Zhuang zi varias paradojas: “Los huevos tienen plumas”, “Las ruedas al rodar no tocan el suelo” o “Un caballo bayo y un búfalo negro son tres”.
Lo más asombroso es que algunas de estas paradojas coinciden con las que planteaba el griego Zenón de Elea. Por ejemplo:
“La flecha que vuela rauda hay momentos en que no se mueve y momentos en que no está parada”
"A un palo de un pie de largo, si cada día le van quitando la mitad, en diez mil generaciones aún no se habrá terminado”.
En el Zhuang zi se considera a Hui Shi un talento desperdiciado, porque perdía el tiempo en paradojas y discusiones puramente dialécticas. Pero hay razones para sospechar que la imagen de Hui Shi y de toda la Escuela de los Nombres ha sido distorsionada. No resulta fácil creer que una persona que sólo pensaba en jugar con el absurdo llegara a ser ministro del rey de Wei.
Lamentablemente, la historia y las ideas de la Escuela de los Nombres resultan demasiado confusas y su conocimiento muy parcial. Tal vez algún día nos sorprenda algún descubrimiento arqueológico que nos permita conocerla más a fondo. Mientras tanto, sólo podemos hacer conjeturas. Yo las haré acerca de las sugerentes paradojas de Hui Shi cuando comente el capítulo 33 del Zhuang zi, lo que sucederá (si sigo a este ritmo en este comentario) dentro de muchos años.
Vuelvo al fragmento comentado.
La calabaza del rey de Wei (o de Liang)
El interlocutor de Zhuang zi (Hui Shi) se refiere al rey Hui de Wei, también llamado "rey Hui de Liang", porque se vio obligado a trasladar literalmente todo su reino desde la provincia de Hubei a la de Da liang.
El rey Hui le regalo a Hui Shi unas semillas de las que nació una calabaza gigantesca. Se calcula que pesaba unos 60 kilos. Hui se lamenta de que esa prodigiosa calabaza no le resultó de ninguna utilidad, pues era demasiado grande para trasportar líquidos. Ni siquiera le sirvió tras dividirla en pedazos.
Zhuang zi va a demostrar a Hui que se equivocó al despreciar la calabaza. Lo primero que hace es ponerle un ejemplo de una situación similar, en la que un hombre de Song que, poseía un ungüento para las manos se lo vendió a un extranjero.
El extranjero se fue con el ungüento al reino de Wu y se lo ofreció al rey. Se supone que gracias a ese ungüento los soldados de Wu vencieron a los de Yue, pues la batalla tuvo lugar en pleno invierno.
De este modo, el extranjero logró un feudo con el ungüento, mientras que al hombre de Song sólo le había servido para lavar seda.
Del mismo modo, dice Zhuang zi a Hui Shi, tú tenías una calabaza que podría haber sido un estupendo barco para navegar por los ríos, pero, en vez de darle ese uso, la destrozaste.
En estas dos historias se ve un aspecto del pensamiento de Zhuang zi que apenas es destacado por sus comentadores, pero que a mí me parece fundamental.
Habitualmente, se comentan este tipo de pasajes como muestras de la teoría que sostiene la virtud de ser inútil, o como un ejemplo de ingenio, o de paradoja. Esas interpretaciones son correctas, pero también es importante darse cuenta de que estos pasajes revelan la inteligencia práctica de Zhuang zi.
Al contrario de la imagen de los sabios taoístas ajenos al mundo y a sus pequeños problemas, Zhuang zi discute acerca de cómo emplear una calabaza o un ungüento para las manos, y no ofrece soluciones místicas o espirituales, sino materiales y muy prácticas.
Intentaré explicar este rasgo de Zhuang zi con mayor precisión, pero antes de continuar, le propongo al lector que resuelva un pequeño problema:

Trace sólo cuatro líneas (sin levantar el lapiz del papel), que atraviesen todos los puntos.
Cómo resolver problemas
En el pasaje comentado, a pesar de lo que dice Zhuang Zi al final "¡De dónde se colige lo obtuso de vuestras entendederas!", que puede despistar al lector, lo importante no es que el filósofo chino muestre lo tontos que son Hui Shi con su calabaza y el hombre de Song con su ungüento. Al fin y al cabo, si lo pensamos bien, al menos en el caso del fabricante de ungüento, su invento ha servido a su familia durante generaciones para lavar seda; y además también le ha proporcionado a la familia las cien monedas que le ha pagado el extranjero. Así que no está mal por un simple ungüento para las manos agrietadas.
El verdadero problema, tanto para el hombre de Song como para el amigo de Zhuang zi es que no han sabido aprovechar del todo lo que tenían. ¿Y por qué no lo han hecho?
La respuesta es: "Por culpa de los prejuicios".
Porque en pasajes como el comentado se muestra que esa inteligencia o creatividad tiene mucho que ver con los prejuicios, o mejor dicho, con la falta de prejuicios.
Regresemos al problema de los nueve puntos que planteé al lector. ¿Ha conseguido el lector resolverlo?
Quizá ni siquiera lo ha intentado. Es posible que se haya limitado a mirar el dibujo y haya continuado leyendo.
Tal vez algún lector un poco más inquieto haya intentado resolverlo de manera imaginaria, trazando las líneas en el aire. Eso quizá le haya hecho pensar que lo ha resuelto, así que le recomiendo que para asegurarse imprima el dibujo o lo copie con exactitud e intente resolverlo trazando realmente las cuatro líneas.
Lo interesante de este dilema es que resulta muy sencillo de resolver, pero que casi nunca es resuelto, al menos hasta que se ha intentado de una y mil maneras. Cuando pongo este problema de los nueve puntos a mis alunbos de guión, tardan en resolverlo o se acaban rindiendo.
La fuerza de las ideas
La dificultad para resolver el dilema de los nueve puntos, no está en el problema en sí, sino en la mente de quien intenta resolverlo, que ve más de lo que tiene delante.
En efecto, no ve tan sólo los nueve puntos, sino también una especie de cuadrado formado por esos puntos.
Pero ese cuadrado que limita los puntos es completamente imaginario. No existe.
Y sin embargo quienes intentan solucionar el problema no lo consiguen porque no quieren salirse de ese cuadrado imaginario.
La solución, en efecto, consiste en trazar las cuatro líneas sin tener en cuenta ese cuadrado imaginario:
Sin quererlo, sin ser conscientes de ello, nos ponemos límites, que a veces son bloqueos, otras tabúes, y en ocasiones tan sólo percepciones erróneas nacidas de nuestra experiencia o de nuestro deseo de comprender o explicar las cosas.
Cuando vemos nueve puntos en tres hileras perfectamente alineadas, eso nos recuerda un cuadrado. Cuando vemos una calabaza, por grande que sea, enseguida pensamos en usarla para trasportar líquido (además de para comérnosla, claro).
Nuestra experiencia, el conocimiento adquirido a lo largo de nuestra vida, demasiado a menudo se convierte en un freno a nuestra imaginación: las calabazas sirven para llevar bebida, las bombillas para iluminar, los cigarrillos para fumarlos...
Cuando Hui mira la calabaza que ha crecido gracias a las semillas que le ha dado el rey, está viendo no la calabaza concreta que tiene delante, sino la idea de calabaza.
Casi siempre vemos, en efecto, no las cosas, sino las ideas que nos hemos hecho sobre las cosas.
El filósofo Jean Piaget mostró que los niños no dibujan las cosas que tienen delante, sino las ideas que tienen acerca de esas cosas. Es por ello que dibujan todas las patas de una mesa o de un caballo, a pesar de que no las vean en la perspectiva elegida. De ahí la utilidad de pruebas como el dibujo de la familia, en el que descubrimos o contemplamos la idea que el niño tiene sobre su familia en función de las ausencias o presencias.
Los adultos también pensamos en función de nuestras ideas sobre las cosas, olvidándonos de mirarlas.
Miramos la idea que nos hemos hecho de una calabaza (incluidas sus utilidades posibles) en vez de la calabaza. Formamos, a partir de la observación y la experiencia, ideas, que podríamos llamar posjuicios.
Pero después esos posjuicios, nacidos a menudo de una observación y un juicio acerca de esa observación, se convierten en prejuicios para futuras observaciones semejantes.
El lavandero que inventó el ungüento para las manos logró darse cuenta de que su utilidad iba más allá de lo aparente: servía para lavar la seda (se supone que las manos quedan muy dañadas por este oficio) y con ello se podía obtener un beneficio extra. Eso fue un ingenioso posjuicio.
Pero ese posjuicio se convirtió a su vez en un prejuicio, en una idea ya concebida (preconcebida), que pudo evitar que descubriera otras utilidades para el ungüento.
De todos modos, hay que tener en cuenta que en el fragmento aparece un descendiente del inventor, y que parece más útil asegurar la prosperidad de sucesivas generaciones que obtener cien monedas (con más razón si ello significase la pérdida del derecho a usar el ungüento, cosa que ignoramos).
En cualquier caso, está claro que incluso las ideas ingeniosas que nos hacemos sobre las cosas, pueden ser un impedimento para el surgimiento de nuevas ideas. A menudo, incluso son un freno al desarrollo de nuestro pensamiento y nos llevan a la intolerancia y el dogmatismo, al aplicar constantemente nuestros prejuicios a las nuevas realidades con las que nos enfrentamos.
Muchos filósofos han luchado contra el encantamiento de los prejuicios, de los conceptos mentales y del lenguaje. Zhuang zi lo hace constantemente (lo veremos más adelante) y también lo hacía la Escuela de los Nombres al proponer sus extrañas paradojas.
En el siglo XX Alfred Korzibsky inventó un nuevo sistema filosófico, la Semántica General, que el definía como no-aristotélico. Uno de sus rasgos es mostrar cómo nuestra visión de la realidad es contaminada por el lenguaje que empleamos para describirla, y por los prejuicios que nosotros mismos creamos.
Volveré sobre el tema, pero aquí sólo añadiré una cita de mi ensayo El problema de la identidad, en el que explico la idea aparentemente paradójica de Korzibsky según la cual "comemos significados":
Cómo comemos significados
Se cuenta que Korzybski mostró de la siguiente manera a sus alumnos la dependencia de nuestras sensaciones respecto a nuestro lenguaje:
“Un día en que estaba dando clase, interrumpió la lección y se excusó, explicó que no había tenido tiempo de desayunar y les preguntó a los alumnos si no les molestaba que comiese unas galletas. Sacó un paquete de galletas envueltas en un papel blanco de su maletín. Empezó a comer galletas y ofreció alguna a los estudiantes de las primeras filas.
-¿Están buenas, verdad?” -dijo Korzibsky, mientras comía una segunda galleta.
Los estudiantes asintieron mientras masticaban vigorosamente. Entonces, Korzybski arrancó el papel que envolvía las galletas y mostró el paquete original, en el que había un gran dibujo de una cabeza de perro y las palabras “Galletas para perros”.
Los estudiantes miraron el paquete y quedaron asqueados. Dos de ellos casi no pudieron evitar vomitar, se llevaron las manos a la boca y corrieron fuera de la clase hacia los lavabos. - Ahora pueden ver, señoras y señores -dijo Korzybski- que las personas no sólo comen comida, sino también palabras. Y que el gusto de la comida es a menudo deudor del gusto de las palabras.
Es posible, aunque no se aclara en la cita, que al final Korzybski revelara que no se trataba de galletas de perro, sino de galletas para seres humanos envueltas en un paquete de galletas de perro. En ese caso, todavía quedaría más claro que comemos significados, porque unas simples palabras de Korzybski podrían cambiar de nuevo una percepción, ahora del asco al placer.
La broma de Korzybski nos permite darnos cuenta de que lo que hace a una galleta ser una galleta, a menudo no depende de sus ingredientes, sino de nuestra mente."
Todos estos asuntos fascinantes volverán a ser tratados con mucho más detenimiento en este comentario al Zhuang zi.
Volvamos al último fragmento del texto comentado. En él, Hui, muestra que no ha quedado en absoluto deslumbrado por lo que le ha contado Zhuang zi, sino que considera que ese tipo de soluciones ingeniosas parecen grandes y excelentes pero no tiene ninguna verdadera utilidad. Como un árbol nudoso y gigantesco. En su opinión, Zhuang zi es como ese árbol. Para responderle, Zhuang zi compara a la comadreja que salta de un lado a otro ágilmente, pero que acaba cazada en una trampa o atrapada en una red, con el yak, que es un animal grande y poderoso pero incapaz de cazar a un ratón.
¿A qué obedece esta comparación? Aquí no parece que se nos quiera decir que la pequeña comadreja es superior al yak, ni el poderoso yak a la comadreja: cada uno tiene sus virtudes, pero también cada uno tiene sus defectos y debilidades.
Del mismo modo, el propio Hui y su árbol de ailanto, podrían resultar de bastante provecho en un lugar en el que las grandes ramas del árbol dieran sombra. Allí, en ese país donde nada existe, el propio Hui podría vivir plácidamente bajo las ramas de su árbol. Probablemente Zhuang zi está aludiendo a la vida en la corte, donde los peligros son constantes.
En este discurso final de Zhuang zi, cuya intención final no resulta tan fácil de entender, se anticipa un asunto que será recurrente a lo largo de la obra, cuando dice que, en aquel lugar "el árbol no sufriría los golpes del hacha, ni cosa alguna lo podría maltraer".
Es la virtud de ser inútil, que encontraremos un poco más adelante.
Laberintos en Vigo
Hoy miércoles 19 de mayo, Marcos Méndez Filesi presentará en Vigo su libro El laberinto, historia y mito. El acto tendrá lugar hacia las seis de la tarde en el Club Faro de Vigo, así que si estás por allí, no te lo pierdas, porque seguro que será tan interesante como su libro.
(Ideas para una nueva economía)
Hace unos meses envíe un artículo para un premio (que no gané) de la revista El ciervo. Me parece que el artículo no merecía el premio, pero al menos sí contiene algunas ideas curiosas. Quizá sea interesante saber que fue escrito antes de la crisis que ahora estamos viviendo.
Derechos de autor universales
Los jóvenes antisistema quieren eliminar los derechos de autor. Yo pienso todo lo contrario. Pienso que los derechos de autor tendrían que aplicarse a casi todo. Voy a intentar explicarlo mediante un ejemplo sencillo.
Actualmente, por el capítulo de una serie de televisión cobran derechos de autor el director, el realizador, el guionista y el músico. Eso quiere decir que, cada vez que el capítulo se emite, esas cuatro personas cobran un porcentaje sobre los beneficios. Quienes quieren eliminar los derechos de autor tienen la extraña teoría de que la mejor manera de combatir los abusos del capitalismo es permitir que cada vez que cada vez que se emita el capítulo de esa serie, el canal de televisión, por ejemplo Tele 5 gane dinero, pero que no lo ganen quienes trabajaron en la serie. Da la impresión de que lo que quieren es defender los ingresos de los capitalistas “más capitalistas”, es decir, los directivos y accionistas de las cadenas de televisión, que cada vez que se emite ese capítulo ganan dinero a cuenta de la publicidad.
Yo creo que, en una economía más justa, no sólo deberían cobrar obtener beneficios los accionistas de las grandes empresas. Ni siquiera las cuatro personas que la SGAE considera autores (el director, el realizador, el guionista y el músico), sino todos los que han trabajado en la serie: los editores, los redactores, los iluminadores, los decoradores, los electricistas, los maquilladores y el personal de limpieza. Cada vez que se emita ese capítulo, todos ellos deberían cobrar un porcentaje proporcional a su participación en la obra en cuestión. Porque sin la participación de todos ellos esa obra no existiría.
Ese era el ejemplo sencillo: el capítulo de una serie de televisión. Ahora que el lector ya sabe por dónde voy, le diré que cuando una casa se vende o revende también debería cobrar un porcentaje sobre los beneficios el arquitecto que la diseñó, el maestro de obras, y cada uno de los obreros que han participado en su construcción. Y la misma idea se debería aplicar a todo, o al menos a todo aquello que puede genera un valor en el futuro.
Se me dirá que eso es imposible, que cómo se calculan esos porcentajes, que exigiría una tremenda burocracia, un papeleo incesante. En cuanto al cálculo de porcentajes es una cosa tan simple o tan difícil como los cuatro que ya se calculan. Es cierto que todos los que cobramos ese porcentaje al trabajar en una serie de televisión (los guionistas, los realizadores, los directores) nos preguntamos por qué el músico que ha escrito la sintonía cobra casi lo mismo que nosotros, si él sólo la ha escrito una vez y nosotros hemos trabajado, por ejemplo, en 65 programas. Es una desproporción que se debe al poder que los músicos tuvieron en la fundación de la sociedad que gestiona los derechos de autor (la SGAE). Ese desequilibrio habría que corregirlo, pero, con todos los errores y defectos más o menos evitables, vale la pena pararse a calcular un poco los porcentajes de todos los que crean algo, ya que eso va a proporcionar un beneficio a muchas personas, En cuanto al papeleo y la burocracia, la existencia de los ordenadores ha vuelto obsoletos ese tipo de argumentos. Del mismo modo que se puede calcular la declaración de Hacienda de millones de personas automáticamente, cada vez que se hiciera un trabajo bastaría con archivar el nombre de las personas que han colaborado en él y el porcentaje que les corresponde en caso de que la obra obtenga más beneficios en el futuro. El dinero se ingresaría directamente en su cuenta corriente.
De este modo también se evitaría el abuso que cometen muchas empresas cuando plantean a sus trabajadores aquello de “Tenemos ciertas dificultades… ahora hace falta un esfuerzo… y esto es lo que te podemos pagar, porque no tenemos para más”. El trabajador, claro, no tiene más remedio que aceptar, creyéndose o fingiendo creer las “dificultades” del pobre empresario. Pero meses después, ese empresario explota y reexplota la obra por la que pagó una cantidad miserable, obteniendo unos beneficios que no reparte (con los cuatro de la SGAE, guionista, director, realizador y músico reparte porque la ley le obliga a ello). En la nueva situación el trabajador podrá responder: “De acuerdo, acepto esto que me ofreces, pero cuando ganes más dinero, gracias a este esfuerzo que ahora hago yo, recibiré también mis beneficios”.
Porque, aunque es razonable que algunas personas cobren más que otras en función de su esfuerzo o de su participación decisiva, no creo que sea razonable que nadie cobre lo que cobra Bill Gates por ser presidente de Microsoft. Por que Gates no diseña ni programa personalmente cada uno de sus programas. Los miles de personas que trabajan para Microsoft deberían también cobrar un porcentaje de las ganancias obtenidas por los productos en los que han trabajado, no sólo los socios y accionistas, sino cualquier trabajador.
El creador de la palabra hiperenlace, Ted Nelson, lleva muchos años trabajando en un sistema de registro universal llamado Xanadú. Su intención es que pueda determinarse quién ha sido participado en casi cualquier cosa, tanto en el mundo real como en Internet. Parece difícil, pero quizá no estemos muy lejos.
Cuando eso sea posible, todos los trabajadores trabajaran sabiendo que lo que están haciendo no sólo les reportará el beneficio inmediato, sino que en el futuro podrá rendirles otros beneficios. No se tratará, por cierto, de cobrar más dinero a los usuarios, sino a las empresas. Es decir, una empresa que explote el trabajo de otras personas no podrá llevarse el 98% de los beneficios: tendrá que compartirlos con quienes han hecho posible que ese producto exista. Tendrá que repartir, digamos, un 30 o un 40% de sus beneficios. La riqueza generada seguirá circulando, pero no quedará en manos de las empresas y su curiosa teoría del dinero circulante: circula tan sólo de un despacho a otro.
Cuando eso suceda, espero ganar derechos de autor por haber dado la idea.
Diccionario de
La verdadera historia de las sociedades secretas
Comienzo a desarrollar la página dedicada a mi libro La verdadera historia de las sociedades secretas.
Además de alojar allí todo tipo de referencias bibliográficas que no pude incluir en la edición en papel (para que no fuera excesivamente extenso), añadiré otros contenidos que se quedaron fuera por diversas razones. También es mi intención incluir información complementaria acerca de muchos personajes y sucesos que sólo pude tratar por encima.
Lo primero que he iniciado es una especie de diccionario de personajes y cosas, que iré completando poco a poco.
He comenzado con Thelema, una palabra que aparece varias veces en el libro, relacionada con diversos personajes: Hermes Trimegisto y el Corpus Hermeticum, François Rabelais, John Toland, Francis Dashwood y Aleister Crowley. Por ahora, se trata tan sólo de unas notas apresuradas, pero ya iré mejorándolo en próximas fechas.
Thelema
(La verdadera historia de las sociedades secretas, 11,176, 282s, 311, 341-343)
La abadía de Aleister Crowley en la isla de Cefalú se llamaba Thelema (342).
Probablemente se inspiró en la abadía de Thelema que aparece en el Gargantúa de Rabelais (283) y es seguro que también conocía la abadía de Thelema de Francis Dashwood, y quizá la sociedad secreta de los Caballeros del Júbilo, de John Toland (282s), que también imitaba a Rabelais.
Sin embargo Crowley aseguraba que su filosofía de Thelema ("Haz lo que quieras y eso se convertirá en ley") le fue inspirada por algún espíritu durante un viaje a El Cairo.
Curiosamente, la palabra aparece en la Tabla Esmeraldina (ver), un misterioso escrito que suele asociarse al Corpus Hermeticum traducido por marsilo Ficino para Cosme de Medicis, pero que es, sin duda, anterior.
En las páginas 342 y 343, se intenta desentrañar la rocambolesca historia de Thelema, y se menciona también su relación con Agustín de Hipona.
(Ver también: Thelema, abadía de)
Existen tres abadías de Thelema relacionadas con los asuntos tratados en La verdadera historia de las sociedades secretas.
La primera es la que aparece en la obra Gargantúa, de François Rabelais.
La segunda, la que creó Francis Dashwood en Inglaterra.
La tercera, la de Aleister Crowley en la isla de Cefalú.
1. Abadía de Thelema (Théleme), de Rabelais
En su obra Gargantúa, Rabelais dice que Gargantúa construyó una abadía para su amigo el monje. El monje le pide que no sea una abadía como las demás, pues bastante dificultad tendría él para gobernar a los monjes si no sabe siquiera gobernarse a sí mismo.
La petición agradó a Gargantúa, quien le ofreció todas sus tierras de Télema, a orillas del Loira y a dos leguas del gran bosque de Port-Huault.
La abadía de Thelema se regirá justo al contrario que todas las demás: no tendrá muros, ni relojes, en ella ingresarán hermosas novicias, y también muchachos hermosos; cualquiera podrá entrar o salir de la reclusión cuando le apetezca y hombres y mujeres convivirán.

Gargantúa contempla la abadía de Thelema que ha construido para el monje
De las hermosas páginas dedicadas a la abadía inversa de Thelema, selecciono la parte que inspiró Francis Dashwood y Aleister Crowley.
"Toda su vida [la de los telemitas] estaba gobernada, no por leyes, estatutos o reglas, sino según su voluntad y libre albedrío. Se levantaban del lecho cuando les parecía bien, bebían, comían, trabajaban, dormían cuando les venía en gana. Nadie los despertaba, nadie los obligaba ni a beber, ni a comer, ni a hacer cualquier otra cosa. Así lo había establecido Gargantúa. En su regla no existía más que esta cláusula:
HAZ LO QUE QUIERAS
No es extravagante suponer que Rabelais leyera los escritos mágicos del Corpus Hermeticum traducidos por Marsilo Ficino, o bien la Tabla Esmeraldina, en la que aparece la palabra Thelema (voluntad).

François Rabelais
Algunos estudiosos de Rabelais, como Alicia Yllera, consideran que Rabelais tomó el nombre de un libro que se sabe llegó a leer, el misterioso Sueño de Polifilo, atribuido a Francesco Colonna, pero también a Luis Bautista Alberti. En esa obra, Thelemia es una de las ninfas que guía a Polifilo en su extraño viaje.

Reconstrucción de Thelema, edificio hexagonal
(Continuará...)
página de La verdadera historia de las sociedades secretas
Laberintos en los que perderse
He abierto al azar un libro en la página 217. Leo un breve titular: "Egeas y el onocentauro". Parece interesante. El autor del libro, Marcos Méndez Filesi nos cuenta que un tal Herman Kern, dotado de "minuciosa erudición" habla de una leyenda islandesa del siglo XIV en la que se cuenta de una manera confusa la historia de Teseo y el Minotauro. Pero, alto, ¿qué hace el Minotauro en Islandia?

Una de las cosas que descubrimos cuando leemos El laberinto, historia y mito, es que el Minotauro, Teseo, Dédalo y el laberinto no murieron con la cultura clásica de Grecia y Roma, sino que sobrevivieron en lugares tan insospechados como Islandia.
El mito islandes habla del hijo del rey Dagur de Siria, llamado Egeas, que viajó al reino del rey Soldan para casarse con su hija. Pero el rey le dijo que sólo le daría la mano de su hija si vencía al monstruo llamado Onocentauro.
Méndez Filesi termina de narrar este interesantísimo mito, en el que acaba apareciendo un laberinto, llamado Völundar Hús. Pero lo curioso es que el laberinto no es aquí el lugar en el que habita el Minotauro (aquí llamado Onocentauro, por una razón que también desvelará Méndez Filesi), sino la trampa con la que se le vence. Tal vez el lector interesado en la mitología ya habrá adivinado que ese héroe llamado Egeas es el Teseo clásico (confundido aquí con su padre Egeo). Pero no quiero contar más, porque es preferible que el lector de El laberinto, descubra por si mismo esta hermosísima historia y la habilidad de la hija del rey (que cumple aquí el papel de Ariadna) para salvar al héroe y vencer al monstruo.
Yo aquí sólo señalaré una curiosidad. Es evidente que el rey Soldan ocupa en esta fábula el lugar de Minos, pero ¿por qué se llama así?
Una similitud fonética nos hace pensar enseguida en la palabra "Sultán", título que no resulta extraño para un soberano que habita ni más ni menos que en Siria. Y lo cierto es que en esa época al sultán, también en los textos españoles, se le llama Soldan, pòr ejemplo en ese extraordinario libro que es El conde Lucanor:
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, para que podades bien consejar a todo omne que aya de casar su parienta, plazerme ía mucho que sopiéssedes lo qué contesçió al conde de Provençia con Saladín, que era soldán de Babilonia.
Quede aquí la cosa, porque hemos de volver al libro de Méndez Filesi, una verdadera delicia, que comienza con el mito de Teseo y el Minotauro, continúa con los laberintos romanos y celtas; recorre las asombrosas espirales de los laberintos viscerales sumerios; viaja por los misteriosos y cambiantes laberintos cristianos, góticos, masónicos, vikingos, escandinavos; continúa dando vueltas por los jardines laberínticos, investiga la relación entre los laberintos y el juego de la oca, los templarios y el camino de Santiago; se detiene y se enreda en los sagrados bosques de los alquimistas y magos... Y sigue y sigue girando espiral tras espiral, en una investigación entretenidísima y al mismo tiempo rigurosa e inteligente, hasta llegar a los últimos capítulos que parecen conducirnos a la salida del laberinto... o no.
El libro, extenso pero barato, profusamente ilustrado con algunas imágnes curiosísimas, ha sido editado en Alba Editorial. Y su información asombrosa todavía se complementa en la página web que el autor dedica al libro (en la que esperamos que pronto incluya un índice que se echa a faltar en el libro). Puedes visitar la página web con este enlace:
Las horas de los genios
Escribí hacia 1990 en un trabajo que hice sobre inteligencia artificial:
Todas las definiciones intentadas de la inteligencia no conducen a nada concreto. Decir que la inteligencia o el pensar es poseer semántica, significado, contenido, etcétera, es sustituir una incertidumbre por otra, pues tales conceptos son tan inaprehensibles como aquél que pretenden definir.
Intuitivamente nos parece fácil distinguir entre sintaxis y semántica, cantidad de información y contenido de la misma, pero más allá de la mera intuición, nos es imposible dar una definición de tales conceptos que nos permita trabajar sobre algo concreto. Cuando Maeterlinck nos habla de la inteligencia de las flores y las abejas, llegamos a pensar que quizá es tan legítimo atribuir inteligencia a los animales y a las plantas como atribuírsela al hombre. No obstante, persiste en nosotros la sensación de que existe una diferencia entre la inteligencia de las flores, o la de los termostatos (que defiende Minsky) y la inteligencia de los hombres.
Atribuir inteligencia a todo lo que existe, incluso a las piedras, acaba convirtiéndose en una propuesta vacía e inútil, porque una piedra no escribe libros ni una flor asiste a conciertos. Así que quizás habría que hablar de grados de inteligencia, usando el concepto inteligencia en un sentido muy laxo.
A no ser que creamos que existe un ente espiritual pensante que sobrevive y se encarna en nuestros cerebros, lo anterior nos lleva a la conclusión de que la semántica, el significado y el contenido son el resultado de una acumulación de sintaxis o información.
Pero quizá no sea la inteligencia lo que distingue a una máquina del hombre. Quizá lo sean los sentimientos.
Ahora estoy leyendo Fueras de serie, un libro de Malcom Gladwell en el que se argumenta, de manera muy convincente, acerca del rasgo común a todas esas personas que solemos considerar "genios". No se trata de la genética (adiós al fatalismo génico de Pinker, como era previsible), sino de cosas relacionadas con el medio y la educación y con algo tan sencillo como las horas dedicadas a un asunto. Todas esas personas dedicaron una cantidad de horas determinada a los asuntos en los que son consideradas geniales, desde Bill Gates a los Beatles, desde Mozart o Einstein. Para ser precisos: Gladwell habla de unas 10.000 horas.
O lo que es lo mismo, como dije en aquel trabajo: la acumulación de sintaxis acaba produciendo semántica. O dicho a la manera de Karl Marx: la cantidad acaba convirtiéndose en calidad.
¿Quien iba a decirle a Marx que una de sus leyes dialécticas se vería refrendada de esta extraña manera, a aquel Marx que se pasaba las horas, sin duda más de 10.000 en las bibliotecas de Londres?. Por cierto, una de las reglas de la técnica creativa del brainstorming es también marxista: "Lo que importa es la cantidad de ideas propuestas, no la calidad".
A mí también me gusta decirlo con otro ejemplo cuantitativo: cuando me preguntan si opino si la cultura griega es más interesante que la china, respondo que cuando tenga una biblioteca de libros chinos que ocupe casi dos estanterias, podré responder a esa pregunta con cierto conocimiento de causa.
O, como decía McLuhan: casi cualquier asunto se convierte en interesantísimo si se le dedican suficientes horas.
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Narciso y los mitos de los psicoanalistas
Freud, Jung y otros psicoanalistas y psicólogos recurrieron a los mitos griegos para poner nombre a ciertas características psicológicas: narcisismo, complejo de Edipo, complejo de Electra.
Pero es importante recordar que la mayoría de los héroes griegos de las enfermedades psicológicas freudianas no padecían los complejos o enfermedades a los que han dado nombre.
Edipo no se enamoró ni deseó sexualmente a su madre, sino, como mucho, a la reina viuda cuya verdadera identidad él no conocía.
Tampoco mató a su padre (cumpliendo literalmente aquello que decía Freud de que hay que "matar al padre"), sino que tan sólo mató a un hombre con el que tuvo una disputa en el camino a Tebas.
En cuanto a Narciso, Marshall McLuhan, discute la atribución de narcisismo que se le hace:
Es nuestra cultura narcótica y narcisista lo que nos ha hecho interpretar a Narciso como enamorado de sí mismo.
(Comprender los medios de comunicación)
Es probablemente cierto. Narciso no estaba enamorado de sí mismo, sino de ese joven que veía en el reflejo que le ofrecía el agua. Por eso se ahogó al intentar alcanzarlo. Podemos pensar que Narciso era tonto, pero no narcisista: si se amaba a sí mismo, le habría bastado con abrazarse y besar su cuerpo (que siempre llevaba consigo): no hacía falta lanzarse al agua.
Por otra parte, existía otra versión, tal vez inventada por Pausanias (quien consideraba absurdo el mito de Narciso) que decía que Narciso buscaba en el agua a su hermana gemela muerta.
La metamorfosis de Narciso (Salvador Dalí)
Dalí aseguraba que este fue el primer cuadro que pintó siguiendo su método paranoico-crítico. Además, tuvo ocasión de enseñárselo a Freud, quien se quedó impresionado por las explicaciones de Dalí, pues hasta entonces pensaba que los surrealistas eran más o menos locos sin demasiado interés. Dalí escribió un poema que debía ser leído mientras se contemplaba el cuadro. Probablemente no es casualidad que Dalí eligiera este mito, porque él mismo tenía una cuenta pendiente con un doble suyo: su hermano Salvador, nacido antes que él y muerto con sólo dos años.
En el mito de Narciso interviene el adivino Tiresias, uno de los personajes más interesantes de la mitología, que también está presente en la leyenda de Edipo. Curiosamente, Tiresias, representa el mismo papel en ambos mitos: advierte al héroe (a Narciso o a Edipo) que es mejor no conocer.
En el caso de Edipo, no conocer quién era ese hombre al que mató en el camino a Tebas; pero Edipo insiste hasta que Tiresias le muestra lo que no debería querer ver. La visión enloquece a Edipo: ha matado a su padre y se acuesta con su madre. Estaba ciego porque no veía, así que, ahora que por fin ve, se arranca los ojos. Sutilezas como estas, que pueden parecer casuales, asombran por la precisión con que se repiten en el sistema mitológico griego.
Porque, como dije antes, Tiresias interviene en la tragedia de Narciso, y también intenta evitarla al advertirle: "Tendrás una vida feliz siempre y cuando no veas tu rostro". Es una manera de invertir el consejo que la sacerdotisa de Delfos le dio a Sócrates: "Conócete a ti mismo". Tiresias le dice a Narciso: "No te conozcas a ti mismo".
Para hacer más complejo el mito, resulta que Narciso, que acabará viendo una repetición de sí mismo en las aguas del lago, es amado por una muchacha que también ha dado nombre a la repetición, en este caso no visual, sino sonora, la ninfa Eco. Eco ama a Narciso, pero él la desprecia. ¿Por qué? Unos dicen que por altanería, otros que porque era homosexual. Eso es coherente con el hecho de que Narciso se enamora de un muchacho: ese reflejo que ve en las aguas.
Según parece, fue Ovidio quien introdujo la historia de la ninfa Eco en el mito de Narciso, pues un mitógrafo anterior, Conon, decía que lo que en realidad sucedió es que un joven espartano llamado Aminias estaba enamorado de Narciso y que éste le dio una espada. Aminias entendió el mensaje y se mató con la espada. Fue para vengar su crueldad, que los dioses hicieron que Narciso se enamorara de su imagen y se ahogara en el lago al intentar besarse.
La flor del narciso se dobla sobre sí misma, como intentando mirarse en las aguas
Muy recientemente, la versión de Conon parece que ha quedado respaldada por un papiro encontrado en el basurero de Oxyrrinco (de allí salen casi las tres cuartas partes de papiros conservados). Pero ese texto, anterior en cincuenta años a Ovidio y tal vez escrito por Partenio, parece sugerir que Narciso se mató con su propia espada (aunque tal vez se trate de Aminias), y que de la sangre derramada nació la flor del narciso.
... god-like ...
... ...
He had a cruel heart, and hated all of them,
Till he conceived a love for his own form:
He wailed, seeing his face, delightful as a dream,
Within a spring; he wept for his beauty.
Then the boy shed his blood and give it to the earth
... to bear
(traducción inglesa del fragmento de Oxyrrinco)
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Mis relatos en El píxel de oro
Hace varios años, Marcos Méndez Filesi (el autor de El Laberinto, historia y mito) convocó la primera edición de El píxel de oro. Decidí enviar un cuento y tuve la suerte o el mérito de ganar el premio. En las siguientes dos convocatorias obtuve de nuevo el preciado galardón, y confío en que lo conseguiré de nuevo en la cuarta convocatoria, cuyo fallo todavía esperamos muchos con ansiedad.
El certamen del píxel de oro consiste en escribir inspirándose en uan fotografía seleccionada por Méndez Filesi, ajustándose a las siguientes reglas:
I) Tomando una imagen como referencia se debe redactar un cuento de extensión variable.
II) La integración de la imagen con el relato puede ser de la forma que sea. Desde un momento en concreto del relato hasta el motivo de la trama.
III) El relato puede abarcar desde un mero párrafo, lo que vendría a llamarse cuento haiku, a un sinfín de folios (los famosos cuentos largos o sagas interminables).
IV) Los relatos pueden ser individuales o colectivos (aunque un miembro del grupo tenga una lavadora particularmente estruendosa) y se pueden entregar tantos cuentos como se quiera.
V) Los relatos se enviarán por e-mail a mmfilesi@gmail.com en un archivo de texto (.doc, .txt, etcétera) a ser posible sin virus.
VI) Un jurado escogido al azar entre yo y yo mismo se encargará de otorgar el premio de cada convocatoria.
VII) El jurado aceptará todo tipo de sobornos por parte de los concursantes.
VIII) Como primer y único premio se otorgará el ya conocido mundialmente Píxel de oro.
Para ir despertando el entusiasmo, observen la fina calidad del Píxel de oro:
Página de El píxel de oro
He decidido alojar los relatos que he enviado a El píxel de oro en la página que he construido hace poco para mis libros y escritos, así que comienzo a subirlos ahora, empezando por la primera convocatoria, donde "Mi historia", firmado bajo el seudónimo Tomás Deniel, se alzó con el premio.
Mi historia (Tómas Deniel)
A quien corresponda:
Yo, señores, aunque soy pobre, también soy un sinvergüenza. Si me oyera mi madre, me daría una colleja, porque ella, además de pobre, era honrada. ¡Cómo si no tuviera uno bastante con ser pobre para encima no poder hacer cualquier cosa para dejar de serlo!
El caso es que he leído atentamente las reglas su concurso y he visto el premio y, claro, me han entrado ganas de participar. No por las reglas (que ya les he dicho que yo las reglas me las paso por salva sea la parte) sino por el premio.
Verán, yo nunca he tenido dinero, y menos todavía oro, ni siquiera un maldito empaste, porque ¿cómo voy a tener empastes de oro si sólo tengo agujeros donde antes había dientes?
Como les decía, he visto el premio, ese famoso píxel de oro que ustedes mencionan, pero del que yo no había oído hablar en la vida, y se me despertado la avaricia que, a decir verdad, nunca se me duerme.
¡Quiero ese píxel! Quiero tener por una vez algo que sea de oro. El problema es que yo no sé escribir cuentos, así que ya me dirán cómo conseguirlo (podrían haber hecho ustedes un concurso de cuentos para quienes no sabemos escribir cuentos).
Sin embargo, pienso que hay algo que ustedes deberían saber antes de conceder el premio. Algo que quizás les haga cambiar las reglas de concurso y darme a mí el píxel de oro.
Yo, señores, conozco al muchacho de la foto.
Resulta que hace diez o quince años, yo tenía un gran amigo con el que compartía lo poco que tenía, es decir, mi tiempo. Se llamaba Sebas.
Ni siquiera recuerdo cómo le conocí, porque lo recuerdo siempre a mi lado, pegado como una lapa. Jugábamos en las vías del tren a ver quien aguantaba más sin moverse, perseguíamos a las chicas que huían de nosotros, pegábamos a los más débiles y robábamos a los más tontos. Así, durante años. Todo cosas de poca monta.
Pero un día, estábamos yo y Sebas en las fiestas de carnavales, disfrazados para ver si así robábamos con más disimulo, y nos encontramos con un amigo de los dos, que se llamaba Pedro, como el bautista. Resulta que Pedro, que era pobre pero ahorrador, había comprado un anillo de oro para regalárselo a su novia.
Yo creo que ustedes son gente con imaginación, así que ya se habrán imaginado que en cuanto vimos el anillo, Sebas y yo quisimos tenerlo (si menciono esta vez primero a Sebas es porque a él le entraron ganas de tener el anillo antes que a mí).
El problema era que, claro, no le íbamos a cortar a Pedro la cabeza, como al bautista, pero sí el dedo, porque el muy imbécil en cuanto vio nuestras intenciones (mas que verlas las oyó) se puso el anillo en el dedo y no quiso quitárselo por más hostias que le dimos (y eso que no éramos curas).
Yo creo que debe ser cierto eso de que el oro vuelve a la gente majareta (o a lo mejor son los anillos) porque, en cuanto tuvimos el anillo y el dedo de Pedro no hubo manera de ponerse de acuerdo en el reparto.
Ya he dicho que soy un sinvergüenza, pero yo nunca había pegado a Sebas, y la verdad es que no me decidía. Al final, eso sí, me decidí, a lo mejor porque él, que siempre tuvo más carácter que yo, me acababa de arrear un guantazo de antología (de antología de guantazos, que también habrá). Le respondí con un puñetazo que le saltó dos dientes y le tumbó directo. Su cabeza se dio con el suelo y se quedó traspuesto.
Cogí el anillo, me lo guardé, y pensé qué hacer, porque de lo que estaba seguro era de que en cuanto el Sebas se despertara vendría a vengarse.
Así que, como estábamos al lado de las vías del tren, y todo el mundo sabía cómo nos gustaba jugar a “A ver quien se aparta primero”, le puse ahí y me fui: si Dios quería que se salvara, se despertaría antes de que pasara un tren.
Dios no quiso.
Esta es la historia de Sebas. En cuanto al anillo, resultó que no era de oro, sino de plomo forrado. ¡Perder así un amigo para nada!
Pues eso, esta es la historia del tipo que sale en la foto de su concurso, que no es el Sebas, porque el pobre se quedó cortado en tres, sino que soy yo mismo con la cara de pasmo con la que me quedé al descubrir que el puto anillo era de plomo.
No creen ustedes, señores, que, al menos para compensar lo del anillo, deberían darme a mí el píxel de oro?
Bueno, ¿qué les parece? Yo creo que mi historia es tan buena como la que más, y además me la he inventado de cabo a rabo: ya les dije que yo era pobre pero sinvergüenza. De hecho, soy tan sinvergüenza que ni siquiera soy pobre.
Por cierto, aunque me muero por tener el célebre píxel de oro, confío en que no será tan pequeño como parece.
Espero sus noticias, y espero que sean buenas.
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Utanapishti
No sé desde cuándo, pero me acabo de dar cuenta de que ha desaparecido de mi página cualquier enlace a una de mis primeras páginas web, Utanapishti.
Así que he recuperado ese enlace, que ahora puedes encontrar en el menú flotante lateral, dentro de la categoría "Páginas".
Utanapishti está dedicado al célebre tópico del viaje a Ítaca, que se expresa con tanta claridad en el hermoso poema de Kavafis Ítaca, pero que es muy anterior a él (no sólo porque sea el tema central de La Odisea, claro está, sino porque ya desde la Antigüedad se planteó el asunto de manera idéntica a como lo hizo Kavafis.
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Yogi Berra
Alguna vez había visto el nombre de Yogi Berra junto a una cita más o menos extravagante. Encontré varias de ellas en el ensayo de Nassim Nicholas Taleb El cisne negro, quien dice: "Casi todas las citas que no son de Yogi Berra son de personas de las que disiento".
Se trataba siempre de comentarios extraños, que bordeaban lo ridículo pero también lo genial; lo obvio con lo inesperado. Dudé si se trataba del oso Yogi o del algún personaje de ficción similar.
Decidí averiguarlo, y descubrí que Yogi Berra fue era un jugador de beisbol (ahora jubilado). Uno de los mejores de la historia.

Yogi Berra, vestido con el uniforme de los Yankees de New York, junto al mítico Babe Ruth
Pero, además de sus grandes marcas en la pista, Yogi Berra se hizo famoso por sus frases, llamadas "yoguismos" (yogi-isms):
"El juego no se acaba hasta que se acaba"
"En realidad yo nunca dije lo que dije"
“¿Para qué comprar una buena maleta si sólo se usa cuando viajamos?”
"Se pueden observar muchas cosas con sólo mirar"
“Allí se hace tarde más temprano”, sobre las malas condiciones del sol en el jardín izquierdo de un stadium.
"El beisbol es un noventa por ciento mental. La otra mitad es física."
“Uno da el 100% en la primera mitad del juego, y si eso no es suficiente, en la segunda mitad uno da lo que queda”.
Sobre entierros tiene dos buenísimos:
"Siempre voy a los entierros de los demás, porque de lo contrario ellos no vendrán al mío"
En una ocasión, la esposa de Yogi, Carmen, le dijo: “Yogi, tu eres de Saint Louis, vivimos en New Jersey y juegas béisbol en New York; ¿si te vas antes que yo, ¿dónde te gustaría que te enterraran?” Y Yogi le respondió: “¡Sorpréndeme!”.
Uno que recuerda aquello que decía el gato de Cheshire a Alicia:
"Si no sabemos hacia donde vamos, terminaremos en cualquier otro lugar"
Yogi Berra
_Minino de Cheshire: ¿Te importaría decirme, por favor, que dirección debo tomar desde aquí?
_
Eso depende en gran medida de adónde quieres ir.
_
No me importa mucho adónde...
_
Entonces da igual la dirección.
_
...con tal de que llegue a alguna parte –añadió Alicia a modo de explicación.
_
¡Ah!, ten la seguridad de que llegarás –dijo el Gato-, si andas lo bastante.
(Alicia en el País de las Maravillas, Lewis Carroll)

"Nunca se debe contestar a una carta anónima"
Yo buscaría al tipo que lo perdió y si es pobre se lo devolvería”, cuando se le preguntó que haría si encontrara un millón de dólares.
“Si usted no puede imitarlo, no lo copie”
“Carmen y yo hemos estado felizmente casados durante 40 años; ella ha sido feliz y yo estoy casado”.
Uno con el que me identificó, porque yo mismo lo he hecho a menudo:
“Sabía que tomaría el tren equivocado, así que me fui más temprano”.

"Cuando preguntaste qué hora era, ¿querías decir ahora?
"El futuro ya no es lo que era".
"Si el mundo fuera perfecto, no lo sería"

La semejanza entre el oso Yogi (Yogi Bear) y Yogi Berra no es casual. Hanna y Barbera llamaron así a su personaje pensando en el jugador de beisbol
“Ya nadie va allí porque siempre hay demasiada gente”.
“Nunca me culpo cuando no estoy bateando. Simplemente culpo al bate y si la cosa sigue cambio de bate. Después de todo, si yo sé que no es por mi culpa que no estoy bateando ¿para qué voy a enfadarme conmigo mismo?"
MUSEO DE LOS MUNDOS PARALELOS: Horror vacui y vacío
El Museo de los Mundos Paralelos se ha visto obligado a retirar temporalmente de su exposición Realidad y representación la obra "Peary conquista el Polo Norte", a causa de la polémica suscitada acerca de la relación entre verosimilitud y verdad. Aunque confiamos en la próxima recuperación de dicha obra, tenemos el placer de anunciar la inclusión de El golpe maestro del duende leñador, de Richard Dadd.
Puedes visitar el Museo (Museo de los Mundos Paralelos)
o la sala en al que se encuentra la obra (Horror vacui y vacío)
O bien conocer esta nueva obra leyendo lo que viene a continuación...
Horror vacui y vacío

El golpe maestro del duende leñador
Richard Dadd
(1855-1864 , óleo sobre lienzo)
(Copia del original conservado en la Tate Gallery de Londres)
Dadd, tras asesinar a su padre en 1843, siguiendo las órdenes del dios Osiris, y ser recluido en un centro psiquiátrico, empleó nueve años en pintar esta extraordinaria composición que ha sido considerada una de las obras más representativas del horror vacui.
La obra, sin embargo, ha estado sujeta a una continua controversia e interpretación. Se ha discutido su carácter autobiográfico, su oculta intención de crítica social e incluso, como han hecho Schiffer y Goldstein, su adscripción al género del horror vacui u horror al vacío.
Richard Goldstein, a partir de la lectura del poema que el propio Dadd dedicó a su cuadro, Elimination of a Picture & its subject--called The Feller's Master Stroke, concluyó que en el cuadro se expresa el vacío, no el horror vacui.
Anne Marie Schiffer se sumó a la tesis de Goldstein, añadiendo un punto de vista científico. En su opinión, el cuadro de Dadd debe ser considerado como una de las mejores expresiones del vacío, no sólo porque, como sostiene Goldstein, el artista llenó el lienzo de objetos y personajes como respuesta a su vacío existencial y su demencia interior, sino porque, más allá de las apariencias inmediatas, en ese cuadro, y en cualquier cuadro, casi todo es vacío.
Desde la perspectiva científica de Schiffer, hay que distinguir entre apariencia y realidad, entre el fenómeno (lo que vemos) y el númeno (lo que permanece oculto). Aparentemente existe lo sólido, en realidad el vacío está en todas partes:
"Todas las cosas están compuestas de átomos. A su vez los átomos están compuestos de núcleos y electrones. El núcleo es comparable a la cabeza de un alfiler en una catedral, los electrones motas de polvo que vuelan en el interior de la catedral. La gran diferencia es que en el átomo no hay catedral: el espacio equivalente a la catedral es tan sólo vacío. Cualquier objeto está compuesto en un 99,9 % de vacío.
Aunque llenemos el espacio de objetos y de materia, seguiremos teniendo tan sólo vacío, como intuyeron, antes que los propios físicos, los artistas del horror vacui."
Anne Marie Schiffer
(Consideraciones sobre el vacío en la pintura)
Los tópicos tópicos
Una de las frases que más se repiten para rebatir un argumento es decir: "Eso es un tópico". Esa refutación es precisamente un tópico. Porque que una cosa sea un tópico no significa que sea más o menos razonable.
Es verdad que un tópico es muchas veces un lugar común, algo que la gente repite sin pensar, y que cuando una persona sólo dice tópicos uno detrás de otro revela un pensamiento bastante pobre, poco inquieto, nada original, generalmente conformista, lleno de prejuicios, insulso.
DE acuerdo, pero eso no hace que la cosa sea más o menos cierta por su carácter tópico. Para referirnos a una persona que carece de pensamiento propio tal vez podemos decir: "Es un tópico andante", pero si lo que queremos es refutar un argunmento, no basta con decir que es un tópico. Hay que decir: "Es un tópico equivocado", "es un lugar común que no responde a ninguna realidad observable". O bien: "Eso es un tópico que simplifica en exceso las cosas".
Porque los tópicos no sólo pueden ajustarse perfectamente a la realidad, sino que pueden resultar de gran utilidad, como aquel tópico que asegura que si ves a un león en plena selva y sales corriendo es seguro que acabarás devorado por él. ¿Que es un tópico? Por supuesto que lo es, pero también es algo cierto en casi todos los casos (según parece, cuando ves a un león enfrente, lo mejor es no darle la espalda, para que él no pueda calcular con precisión la profundidad de tu cuerpo: puede imaginar que tu cuerpo continúa como una sólida pieza y eso te hará parecer más temible.
La palabra tópico viene de topos, "lugar", por lo que la traducción de tópico como "lugar común" es quizá la más adecuada. Un tópico es un lugar común, un sitio por el que transita a menudo nuestro intelecto. Por eso, seguramente, la explicación de los tópicos que hace Cicerón a Cayo Trebacio es una de las mejores, a pesar de que Cicerón no es considerado un gran filósofo (ese es probablemente un tópico injusto e incorrecto).
Cicerón comienza su explicación comparando los tópicos o lugares comunes intelectuales con los lugares materiales:
"Así como es fácil la invención de las cosas escondidas cuando está sabido y señalado el lugar, así cuando queremos buscar algún argumento, debemos conocer los lugares. Llama Aristóteles lugares a las fuentes de donde los argumentos se toman. Así, podemos definir el lugar: sitio o fuente del argumento."
Así, para buscar un argumento debemos buscarlo en un lugar, en un tópico, que será más o menos razonable, más o menos manido.
Nueva página de libros
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Potencia y acto en Shakespeare
Aristóteles afirmaba que todas las cosas, desde un objeto cualquiera, a una planta o un ser vivo tienen ciertas cualidades en potencia y ciertas cualidades en acto.
Un ser humano es, cuando nace, un ser humano en acto, eso está claro, pero no es todavía un ser inteligente. Por el momento lo es sólo en potencia. Es decir, se convertirá en un ser inteligente si crece y es educado convenientemente.
El lingüista Noam Chomsky considera que, nada más nacer, todo ser humano es un usuario del lenguaje en potencia, porque los seres humanos poseemos una gramática innata. Naturalmente, esa gramática innata debe hacerse efectiva, convertirse en acto, actualizarse. Los niños salvajes, criados lejos de la civilización, no tienen lenguaje; muchos de ellos, al ser encontrados y educados, nunca logran adquirir o manejar el lenguaje con la habilidad con la que lo manejamos los seres humanos criados en una cultura humana. Tal vez ello se deba a que los dos primeros años de vida de un bebé son fundamentales para el desarrollo: es cuando se establecen las conexiones neuronales. Es cuando la potencialidad de esa gramática innata debe actualizarse.
Para entender claramente la diferencia entre potencia y acto, pensemos en una piedra. Una piedra no es un ser inteligente en acto (espero que el lector esté de acuerdo), pero tampoco lo es en potencia. Por mucho esfuerzo que hagamos para pulir un poco a esa piedra, por mucho que la cuidemos, “eduquemos” y perfeccionemos, nunca será un ser inteligente.
Aristóteles se dio perfecta cuenta de ello y distinguió entre los seres inertes, como las piedras; los vegetativos, como las plantas, los sensibles o sensitivos, como los animales, y, finalmente, los seres inteligentes, como los humanos. Los seres humanos reúnen las cualidades de las plantas y de los animales, pero añaden la inteligencia, que, como ya hemos dicho, tenemos en potencia cuando nacemos, pero no necesariamente en acto. La inteligencia debe actualizarse, no sólo durante la infancia, sino probablemente a diario, aunque es fácil constatar que muchos seres humanos olvidan esta sencilla recomendación, incluso aunque hayan sido educados con esmero en su infancia y adolescencia.
Resulta curioso, por cierto, que Noam Chomsky haya construido su teoría de la gramática innata en abierta polémica con Aristóteles. Chomsky, en efecto, ataca la idea aristotélica de que al nacer nuestra mente es como una tabula rasa (una tableta no escrita), pero olvida que para Aristóteles los seres pensantes son distintos de los seres inertes, de los vegetativos e incluso de los animales: precisamente hay algo que los distingue de aquellos ya desde el nacimiento. Eso que distingue a los seres pensantes podría incluir sin ninguna dificultad una gramática innata o, en términos aristotélicos: una gramática en potencia, una tábula rasa que espera ser escrita.
Personajes en potencia y en acto
Los personajes de una historia (una novela, una obra de teatro, un guión) también son algo en potencia y algo en acto. Un personaje como Ricardo III puede ser, al comenzar la obra, rey de Inglaterra en potencia, pero, hasta que no elimine a la larga lista de candidatos se sitúan antes que él en el camino al trono, no podrá ser rey de Inglaterra en acto. Consciente de ello, Ricardo se propone actualizar esa potencialidad que él cree albergar. El camino de muerte que le lleva al trono es esa actualización y la trama de la obra.También puede suceder que un personaje no esté enamorado de otro en acto, pero que sí lo esté en potencia. Cuando, en Los dos hidalgos de Verona, Proteo conoce a Silvia, la amada de Valentín, sabemos, incluso antes de su encuentro, incluso antes de que Proteo viaje a Milán, que es un personaje que en potencia se puede enamorar de Silvia.
Naturalmente, cualquier personaje de la obra podría enamorarse de Silvia, pues ya hemos visto que incluso Ricardo el contrahecho, odiado y segundón Ricardo, puede llegar a ser rey. Lo cierto es que la mayoría de los personajes de Los dos hidalgos de Verona están en cierto modo enamorados de Silvia, desde Valentín y Proteo a Turio, desde los criados y bufones hasta el viudo Eglamur. Quizá incluso Julia. Todos ellos podrían enamorarse de Silvia (son silviaenamoradizos en potencia) pero no todos se enamoran de ella en acto.
Tres silviaenamoradizos intentan actualizar su deseo
Ahora bien, el paso de la potencia al acto en el amor hacia Silvia que más interesa a Shakespeare (y que más nos interesa a nosotros como espectadores) es el que tiene relación con Proteo. Porque sabemos que si eso sucediera se desataría la situación más conflictiva en todos los sentidos: la de los dos amigos, Proteo y Valentín, enfrentados a causa de una mujer.
Aunque cualquier personaje puede ser todo en potencia, y por tanto trasformarse en cualquier cosa o hacer cualquier otra, la sabiduría del narrador consiste en provocar el interés del espectador hacia ciertas posibilidades, ciertas potencialidades, ciertos cambios y trasformaciones en particular, y en saber convencer al espectador de que son inevitables. Eso es lo que hace Shakespeare, que nos conduce desde el principio de la obra a la sospecha de la futura transformación de Proteo, aunque no nos demos cuenta de ese manejo de manera consciente.
En primer lugar porque el protagonista se llama Proteo. Proteo es un personaje de la mitología griega, un dios marino que se trasformaba a voluntad. De él procede el adjetivo proteico, es decir, cambiante.
En segundo lugar porque Proteo, enamorado de Julia, ha consentido en dejar que su amigo Valentín se vaya solo a Milán (“Él va en pos del honor; yo del amor”), pero, poco después es obligado por su padre a establecerse también en Milán. Antes de irse, Proteo jura a Julia que siempre la amará:
PROTEO: “He aquí mi mano, en testimonio de mi constancia inalterable. Y cuando deje pasar un solo instante del día sin suspirar por ti, ¡que me castigue, Julia, una irreplarable desgracia por el olvido de mi amor!.”
Proteo, en definitiva, afirma que nunca cambiará, jura que está enamorado de Julia y que seguirá así por siempre, pero insiste tanto que despierta en nosotros la sospecha. Cuando Proteo nos dice que no cambiará, al mismo tiempo, Shakespeare nos está diciendo lo contrario.
Romeo y Proteo
Ya antes de Shakespeare se sabía que cuando un personaje insiste demasiado en algo eso suele ser un indicio de que está mintiendo, o de que, aunque no mienta, cambiará de opinión. Pero Shakespeare empleó este método con más frecuencia que otros autores.
Comparemos la situación de Proteo en Los dos hidalgos de Verona con la obra que es el paradigma del amor eterno, incluso más allá de la muerte, Romeo y Julieta. Al inicio de la obra encontramos a un Romeo enamoradísimo:
ROMEO: ¡Ay!... ¡Mísero de mí!... Mucho da que hacer aquí el odio, pero más el amor… Pluma de plomo, humo resplandeciente, fuego helado, robustez enferma, sueño en perpetua vigilia, que no es lo que es! Tal es el amor que siento sin sentir en tal amor amor alguno.
BENVOLIO: Dime, en serio, ¿de quién estás enamorado?
ROMEO: ¡Cómo? ¿Tendré que decírtelo sollozando?Muchos pensarán (¿cómo no hacerlo?), que Romeo se está refiriendo a Julieta, y que es por su afán de ver a Julieta por lo que aceptará ir a la fiesta de sus rivales, los Capuletos. Pero no es así:
BENVOLIO: En esa misma antigua casa de los Capuletos cena la encantadora Rosalina, a quien tanto amas, en unión de las más admiradas hermosuras de Verona.
En efecto, Romeo está enamorado, eternamente enamorado, pero no de Julieta, sino de Rosalina, a quien olvidará al conocer a Julieta, del mismo modo que Proteo olvidará a Julia al conocer a Silvia.
Para los seguidores del llamado “viaje del héroe” (sería interesante investigar si Shakespeare hace recorrer a sus personajes este viaje o no), una de la etapas iniciales consiste en que el héroe se niega a separarse de lo que tiene, de su cotidianeidad, del mundo en el que vive. La aventura consiste casi siempre en el paso del mundo ordinario o habitual al mundo extraordinario.
Romeo vive en el mundo ordinario de su amor a Rosalina, Proteo en el de su amor a Julia. Ese amor es para ellos su mundo ordinario, lo establecido, es el territorio que se debe abandonar para que comience la aventura, la historia que nos quiere contar Shakespeare.
Romeo, guiado por Benvolio y sus amigos, que quieren desenamorarle, entrará en un mundo extraordinario en el que nunca ha estado antes, el de sus enemigos jurados, los Capuletos. En la fiesta de los Capuletos, queriendo ver de nuevo a Rosalina, Romeo verá a Julieta.
Por su parte, Proteo abandonará Verona (que ha jurado hace un instante no abandonar nunca), para no alejarse de Julia, y viajará a Milán, donde ya le espera su amigo Valentín. En Milán, Proteo verá a Silvia, la mujer de la que se ha enamorado el antes escéptico Valentín.
El juego de la potencia y el acto
En cuanto al amigo de Proteo, Valentín, también se nos sugiere ese paso de potencia a acto antes de que suceda. Del mismo modo que la obra se inicia con los juramentos de amor de Proteo, en contraste Valentín se burla del amor de su amigo y asegura que él nunca se enamorará… Así que ya sabemos qué es lo que le va a suceder a Valentín, porque Shakespeare suele conducirnos de la potencia al acto haciendo que el personaje diga lo contrario de lo que va a suceder.
Recordemos, en efecto, que en Shakespeare los personajes a menudo no piensan lo que dicen, pero, aunque lo piensen, es frecuente que tampoco hagan lo que afirman que harán, sino todo lo contrario.
Así que después de ver las primeras escenas, tenemos indicios suficientes para saber que Valentin es un hombre no enamorado en acto pero sí un enamorado en potencia, y que Proteo es un enamorado en acto (de Julia), pero también un enamorado en potencia (de Silvia) y un desenamorado en potencia (de Julia).
Proteo es presentado a Silvia, lo que desactualiza rapidamente su amor eterno hacia Julia y convierte su amor en potencia hacia Silvia en acto puro
Naturalmente, Shakesperae no nos cuenta todo desde el principio: sabemos que Proteo o Valentín pasarán de la potencia al acto, pero no sabemos exactamente de qué manera.
Es fácil sospechar al principio que Valentín se enamorará de Julia, la mujer a quien ama Proteo. Pero no es eso lo que sucede cuando los dos amigos se separan. Lo primero que sucede es que Valentín actualiza su posibilidad de enamorarse, y se enamora de Silvia en Milán. Lo segundo, que Proteo desactualiza su amor por Julia, se desenamora de ella, en el mismo instante en que actualiza su amor por Silvia, porque “un clavo saca otro clavo” como dice Benvolio a Romeo en Romeo y Julieta, y Proteo a sí mismo en Los dos hidalgos de Verona:
“Así como un clavo saca a otro clavo, así también un nuevo amor me ha hecho perder la ilusión de mi amor primero” (II,IV)
Proteo conoce a Silvia y olvida a Julia al instante. ¿por qué lo hace? ¿Sólo por amor a Silvia? Quizá no, pero no es este lugar para discutir esa interesante cuestión. Por ahora nos basta con saber que Proteo, respondiendo por fin a su nombre, cambia, se transforma, convirtiendo las potencialidades sugeridas por Shakespeare, en actos.
Tambien las mujeres de la obra, Julia y Silvia se mueven entre la potencia y el acto en su pasión por Proteo y Valentín. Shakespeare nos hace dudar de si Silvia cederá o no al acoso amoroso de Proteo, y de si Julia podrá desenamorarse de Proteo.
Los dos hidalgos de Verona, es tal vez una obra menor en el índice shakesperiano, pero esconde algunos tesoros que no habría que descuidar, como este sabio y constante juego entre potencia acto.
A veces, sin embargo, un personaje puede permanecer inalterable toda la obra, como sucede a Elena y su amor a Beltrán en A buen fin no hay mal principio. Y como le sucede al propio Beltrán, tozudo como ella, en el rechazo a ese amor. Al final uno de los dos cambiará, y ese amor o desamor en potencia se actualizará. En el camino, Shakespeare nos mantendrá atrapados, dudando acerca de si ese cambio se va a producir y cómo. Es un buen ejemplo de cómo podemos utilizar los prejuicios y las expectativas del espectador a nuestro favor: para satisfacerlas o para defraudarlas.
Potencia, acto y tensión sexual
Si quisiéramos decir lo anterior en un lenguaje moderno y televisivo, podríamos considerar que el ejemplo más claro de este juego entre potencia y acto es la llamada “Tensión sexual no resuelta”. Ese truco narrativo que se da cuando dos personajes están siempre a punto de besarse (o a punto de pegarse o separarse), pero eso nunca sucede.
Esa situación está siempre en potencia, revoloteando en cada minuto, en cada nuevo encuentro, pero nunca se convierte en acto. Según parece, en Expediente X era un dogma de fe que nunca debía actualizarse la pasión entre los dos protagonistas, para no cometer el error de Luz de luna y ver caer la audiencia. Pero en Shakespeare esa actualización casi siempre sucede: Othelo mata a Desdémona, Hamlet al usurpador, Romeo se acuesta con Julieta, Macbeth es vencido por el bosque de Durhan y por un hombre no nacido de mujer.
En las obras que tienen un principio y un final (una obra de teatro, una película), las cosas casi siempre acaban pasando de la potencia al acto, al contrario que en las series de televisión o los comics de continuará. Pero es recomendable que no sucedan exactamente como uno se imagina que van a suceder: el desenlace de Los dos hidalgos de Verona es tan sorprendente que ha provocado continuas discusiones entre los expertos en Shakespeare. Al contrario que en obras de celos como El médico de su honra o El pintor de su deshonra, Otelo no termina con la muerte de los adúlteros o el castigo a los culpables, sino con una insólita reconciliación. Quien no conozca Los dos hidalgos de Verona, puede leerla y añadir su opinión y su perplejidad a tantas otras.
Cuando los personajes actúan
Ahora bien, cualquier persona sensata sabe que ella misma es unas cosas en potencia y otras en acto, aunque no haya leído nunca a Aristóteles. A menudo las cosas que esa persona es en potencia pasan por su mente cuando sueña, o cuando imagina situaciones en las que hace lo que en la vida real no se atreve a hacer. Muchas personas suelen referirse a una discusión con su jefe o con su amante afirmando:
Y, claro, voy y le digo: "A ver si te enteras de que...",
pero, en realidad, no han dicho eso: sólo han imaginado, con evidente placer, que se lo decían. Así que cuando les preguntamos. ¿De verdad se lo dijiste?, nos responden: "No, pero lo pensé".
Como espectadores, nos interesa mucho observar lo que un personaje es y adivinar o intuir lo que podría ser. Lo que dice y lo que desearía decir. Es algo que nos interesa también cuando nos convertimos en nuestro propio espectáculo, es decir, cuando nos observamos a nosotros mismos. Somos esto, pero podríamos ser aquello. Pocas veces, creo se ha expresado mejor el paso de la potencia al acto que en el poema de Pedro Salinas Perdóname por ir así buscándote:
Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor alguna vez.
Es que quiero sacar
de ti tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en lo alto como tiene
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan sólo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.
Y que a mi amor entonces le conteste
la nueva criatura que tú eres.A cualquier persona que le digan: “Eres esto, pero podrías ser esto otro”, o “Pareces ser esto, pero eres aquello”, la idea le parecera extremadamente razonable: todos sabemos que, efectivamente, somos más de lo que parecemos. Sin embargo, sólo los tontos se quedan satisfechos con ese dictamen y presumen de que su personalidad está escrita en las estrellas, en las líneas de la mano o en la mirada de un poeta.
Porque no se convierte uno en lo que puede ser mediante incienso, posturas más o menos extravagantes o la lectura de su signo zodiacal, ni siquiera tras una intensa meditación. Uno se convierte en eso que puede ser investigando, leyendo, observando, aprendiendo a pensar, conociendo a desconocidos, escuchando de verdad a los demás, descubriendo los propios prejuicios, acumulando, en definitiva, experiencias. Modelando y moldeando su ser. Porque, en casi todas las cosas, sólo somos en potencia lo que podríamos ser.
Si, además de serlo en potencia queremos serlo en acto, debemos, como es obvio, actuar. Al actuar, convertiremos lo que estaba en potencia en acto, pero no como quien saca los regalos de una caja, sino como quien fabrica sus propios regalos con materiales que encuentra aquí o allá.
Los adivinos dicen: “Eres otro: descúbrete a ti mismo”. Y muchos se creen que la cosa consiste en ponerse a escarbar. Pero si vivimos en un pozo lleno de arena, lo único que encontraremos será arena. Hay que salir del pozo y mirar hacia fuera. Mirar a lo que no somos nosotros. Eso es lo que nos permite pasar de la potencia al acto, porque, como bien saben los físicos, para que un sistema se mantenga vivo necesita extraer energía del exterior.
Actuar como los actores
Valentín es un enamorado en potencia, como todos los hombres, como todas las mujeres, como todos los seres humanos. Pero, además se enamora en acto. Eso es lo que nos ofrece la ficción: el espectáculo del paso de la potencia al acto. El arte, como ya entendieron los griegos, es un sustituto de la vida.
Vemos hacer a los actores lo que a nosotros nos gustaría hacer, hacer actuales esas potencialidades. Por eso los actores imitan a las personas y las personas imitan a los actores. Porque, de vez en cuando, a veces estimulados por lo que vimos hacer a un actor, también nosotros nos decidimos y actualizamos nuestras potencialidades.
He abierto un nuevo cuaderno digital dedicado a Shakespeare, en el que tengo la intención de juntar las entradas y textos publicados en mi web (¡ 78 según mi nuevo buscador!) dedicados a Shakespeare.
Puedes puedes acceder a ese cuaderno a través de:
El resto es literatura
o con este enlace directo:
William Shakespeare
ComentariosEl camino de los mitos
El año pasado descubrí una página web fascinante llamada La revelación. Está llena de artículos y secciones de mitología, que es probablemente el asunto que más me ha interesado a lo largo de mi vida (y me han interesado muchos asuntos).
En La Revelación, además de todos sus contenidos mitológicos y no mitológicos, tenían un concurso dedicado precisamente a relatos de tema mitológico, así que busqué entre mis cuentos alguno que pudiera encajar.
Resulta curioso, pero no he escrito casi nada con tema mitológico, excepto algunos intentos de imitar la Teogonía de Hesíodo y varias obras de teatro incompletas con personajes de la mitología lituana y finlandesa (y tal vez otras cosas que no recuerdo ahora). Pero es una confirmación más de esa paradoja según la cual apenas se suele escribir de las cosas que más nos importan.
El unico relato que parecía ajustarse a las bases del concurso era La nueva teología, uno de los cuentos de mi Antología del futuro. Así que lo desgajé de la colección, lo reescribí un poco, añadiendo las páginas que me faltaban para cumplir las exigencias del concurso, y lo envié.
Tuve la suerte de recibir el segundo premio, así como la inclusión del relato en la futura edición de un libro con los mejores relatos y poemas recibidos, editado por Ediciones Evohé. Pero lo mejor fue conocer a los que estaban detrás del concurso y de la editorial: Sandra, Barto, Javier, María...
La editorial se puso en marcha el año pasado con libos como El camino de los mitos 1 o El gato sobre la cacerola de leche hirviendo, de Manuel Valera, que parece muy interesante y del que hablaré pronto, porque lo tengo en mi lista de libros para leer en los próximos días (si por fin encuentro algo de tiempo libre).
En estos días se ha publicado El camino de los mitos 2, y se presentará el próximo jueves en la Casa del LIbro de Madrid (yo también colaboraré en esa presentación).
Es una edición cuidada y hermosa, con extraordinarios dibujos de Sandra Delgado.

(Aunque este año también pensaba presentarme al Premio El Camino de los Mitos 3, al final he tenido demasiado trabajo como para escribir un cuento que tenía pensado, pero lo guardaré para el año que viene).
Puedes visitar las páginas de...
ComentariosLa invención humana
Harold Bloom tituló uno de sus últimos libros Shakespeare o la invención de lo humano. En opinión de Bloom, Shakespeare no sólo fue un gran dramaturgo, sino también el creador del alma moderna. El ser humano contemporáneo es una criatura shakesperiana.
La idea fue ya adelantada, y Bloom así lo reconoce, por Oscar Wilde, ese frívolo diletante y paradójico que, como dice Borges, casi siempre tenía razón. Wilde decía que toda la época romántica se podía explicar como uan imitación de Hamlet: "El mundo se ha vuelto melancólico por culpa de una marioneta que se agita en el escenario." Y añadió: "No es el arte el que imita a la vida, sino la vida la que imita al arte, y en concreto al arte de William Shakespeare".
Tal vez tienen razón Bloom y Wilde, aunque olvidan que la vida de Shakespeare coincidió casi de manera exacta con los años en los que el carácter moderno se estaba desarrollando. Junto a Shakespeare, o incluso antes, vivieron y escribieron Montaigne y Maquiavelo, Selden y Cervantes, Rober Burton y Erasmo, y tantos otros.
Lo que me interesa aquí, sin embargo, no es esa discusión, sino el deseo de llevar la tesis de Bloom y Wilde todavía más lejos: la creación de lo humano se debe a la ficción. A la capacidad inventiva o, si se prefiere, a la imaginación. Al hecho de que un mono antropoide fuera capaz de ver no sólo lo que tenía delante, no sólo lo que está aquí, sino también lo que podrá tener delante mañana, e incluso lo que nunca ha visto ni verá.
Es mediante esa extraña percepción de lo ausente como se da el primer paso para que una cosa llegue alguna vez a existir. No sólo cuando alguien ve una rueda inexistente que luego construirá con esas maderas dispersas que tiene delante, sino cuando imagina que podría crearse un sistema político en el que los tiranos o el uso de la fuerza bruta no sean determinantes. La capacidad de ver lo que no se ve, de escuchar lo que no se oye, de paladear una mezcla de sabores que nunca se ha experimentado. Lo humano se produce precisamente cuando imitamos la ficción, lo que no existe, y la traemos al mundo real.
Del amor y Jose Castillo
(Cabecera de PUNTOMATIC)
Llevo un tiempo deseando recomendar la página de mi amigo Jose Castillo, pero siempre que empiezo a hacerlo, me desborda la incapacidad de elegir entre sus muchas entradas interesantes algunos fragmentos.
Quizá sea mejor enumerar algunas de las cosas de las que habla Jose:
Las novelas por entregas, y Dickens en particular, donde explica algunas claves narrativas.
Las manos de Paganini, donde examina lo que se sabe acerca de las misteriosas manos del legendario músico.
Húngaros o marcianos, un tema por el que Jose y yo estamos fascinados desde hace tiempo (tengo una página consagrada al asunto: Están entre nosotros).
Varias entradas acerca del interesante tema del autor juzgado, con ejemplos como Junger, Mishima o Borges.
Las últimas palabras, acerca del instante final y los problemas para deir algo interesante antes de morirse (¡extraordinarias las palabras de Fontenelle y las de Wilde!).
Entradas acerca de personajes tan interesantes como Max Beerbhom o Aubrey Beardsley.
Y, por supuesto, muchas entradas dedicadas a la música, el cine o la literatura.
Recientemente ha publicado una reflexión acerca del amor, de la que esperamos su continuación.
Puedes leer el blog de Jose Castillo con este enlace:
Habrás observado que escribo Jose, en vez de José: lo hago adrede, porque no me resulta natural escribir José, ya que yo, y todos los que le conocemos le llamamos Jose.
|Lo innato
Muchas veces se dice con admiración que alguien tiene una talento innato, o aquello de que para ciertas cosas "se nace pero no se hace". Yo nunca he sentido ese tipo de admiración, y la verdad es que me parece tan vulgar como la que se pueda sentir hacia un noble cuyo único mérito consiste en haber heredado un apellido de alguien que trescientos años atrás ganó una batalla. Por eso me resulta muy simpática aquella historia en la que a Napoleón le son presentados tres candidatos para ocupar un alto cargo. Todos son de la más alta nobleza y Napoleón escucha pacientemente los titulos de los que presume cada uno. Finalmente, los mira de arriba abajo y dice con desgana: "Conceded el cargo... al del bigote".
Lo innato no me llama nada la atención. Me puede seducir una belleza que tal vez sea innata, porque ha sido heredada de dos hermosos progenitores, pero quien posee esa belleza, ¿qué merito tiene?
Ninguno, a no ser que tenga ya cierta edad y se le pueda considerar responsable en cierta medida de su rostro. Como decía aquella sentencia: "Uno tiene la cara que le ha tocado a los veinte años y la que se merece a los cuarenta". Es probablemente cierto, y no es extraño que jóvenes que tenían un rostro insípido se conviertan en hermosos viejos, como Bertrand Russell o Walt Whitman.
Con más razón que a lo físico se puede aplicar todo esto al aspecto intelectual de una persona; cuando alguien me deslumbra, lo que pienso es:
"Una personalidad tan interesante no puede ser innata, no puede ser mera genética, ha tenido que ser construida, fabricada, modelada."
Y eso me causa una doble admiración.
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Ensayos teo-lógicos
Supongamos que existe Dios. Y supongamos que es todopoderoso y ha creado el Universo.
Puede parecer una hipótesis extravagante, pero eso es lo que creen la mayoría de los habitantes del planeta Tierra: cristianos, musulmanes y judíos.
Así, que aceptemos sin discusión que existe Dios y es todopoderoso.
En ese caso, todo lo que existe ha de tener una función. Nada es casual. Las hormigas han de jugar un papel en el plan divino, los plátanos también, los terremotos, el oro y el azufre. Todo.
Raimundo Sabunde intentó explicar la naturaleza desde el punto de vista de la razón divina. Quiso desentrañar o descifrar las razones de Dios. Montaigne refutó su intento en su Apología de Raimundo Sabunde, que es su ensayo más extenso y el de título más engañoso.
La Teo-lógica sería algo distinto de la teología, ciencia que pretende conocer la naturaleza y los designios de Dios; y de la Teodicea, que busca justificar el comportamiento de Dios, pero fundamentalmente desde un punto de vista moral, respondiendo a preguntas del tipo: "¿Cómo es posible que Dios sea bueno y el mundo tan horrible?", o "Por qué Dios no evita que dos pueblos que le adoran, y que aceptan la versión de la creación del mundo por ese Dios todopoderoso tal como se describe en el Génesis, se maten en Gaza?".
La Teo-lógica no buscaría esas respuestas morales, sino la explicación de la Naturaleza, por qué cada cosa es como es. Seguramente tendría puntos en común con la Teodicea tal como la concebía Leibniz, por ejemplo con su idea de que Dios creo el mejor de los mundos posibles (pero no el de los imaginables, detalle que muchos olvidan, entre ellos Voltaire en Cándido).
También habría puntos de conexión con la teleología aristotélica, es decir con las explicaciones no a partir de las causas, sino de los efectos. La razón de lo que sucede no se halla en el pasado, sino en el futuro. Esta ha de ser sin duda la lógica aplicada a un Dios todopodero: crea las cosas con una intención, para que se desarrollen hacia un objetivo final que les dará sentido.
O tal vez no, habría que pensarlo bien.
La Teo-lógica me interesa desde hace años, probablemente desde que leí el Ensayo de Teodicea de Leibniz, o incluso antes. Si no recuerdo mal, en una Enciclopedia del pensamiento filosófico escrita en francés, se proponía la idea de la Teo-logique.
Casi todas las ideas expuestas aquí las escribí en el número 4 de mi revista CRONOS (octubre de 1999). Espero este año desarrollar un poco más el asunto y actualizar la página dedicada a la religión y la mitología.Comentarios
(regresa a: danieltubau.com)






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