mundo analógico

Desnudo digital

Desnudo digital (Knowlton & Harmond) a partir de puntos obtenidos de una fotografía y aumentados en patrones comunes por el programa EXPLOR (1975)

 

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Diletante  DILETANTE

 

Craven y cuervo en 2009

Craven Daniel Tubau

Craven 2009

Más historietas de Craven

 

Shakespeare y los androides

Rutger Hauer

En Blade Runner, el androide Nexus (interpretado por Rutger Hauer) dice poco antes de morir:

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

Es una frase justamente célebre, que nos permite entender la furia de los androides, creados con un tiempo de vida limitado. Un tiempo de vida comparado con el cual el nuestro es casi la eternidad.

La frase, según parece, se le ocurrió al propio Rutger Hauer, pues no estaba ni en la novela de Philip K.Dick (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?) ni en el guión de la película.

Tiene un eco shakespereano evidente y recuerda en concreto a un pasaje de La tempestad:

PRÓSPERO
Te veo preocupado, hijo mío,
y como abatido. Recobra el ánimo.
Nuestra fiesta ha terminado. Los actores,
como ya te dije, eran espíritus
y se han disuelto en aire, en aire leve,
y, cual la obra sin cimientos de esta fantasía,
las torres con sus nubes, los regios palacios,
los templos solemnes, el inmenso mundo
y cuantos lo hereden, todo se disipará
e, igual que se ha esfumado mi etérea función,
no quedará ni polvo. Somos de la misma
sustancia que los sueños, y nuestra breve vida
culmina en un dormir. 

 

 

El problema de la Identidad

(Esta entrada ha sido eliminada debido a la próxima publicación de El problema de la identidad)

 

 

La Ley de Hofstadter

Douglas Hofstadter es el autor de una ley que lleva su nombre:

Ley de Hofstadter:

"Todo lleva más tiempo de lo que se piensa, incluso teniendo en cuenta la Ley de Hofstadter"

Una prueba del acierto de la Ley de Hostadter es una página que inicié hace varios años, en la que quería incluir diversas leyes, principios y normas más o menos paradójicas. Inicié la página con el llamado "Efecto Hawthorne" y prometí nuevas paradojas. Pasó el tiempo, e incluso entre tanto publiqué Las paradojas del guionista, donde enumero más de 40 paradojas relacionadas con el guión, pero la página de las paradojas siguió como el primer día.

Para que no trascurra un año más, hoy, apenas unos días antes del 2009, hoy recupero esa página e incluso le cambio el nombre. Se llamaba "Las paradojas de Mister Mister", porque no se me ocurrió nada mejor en ese momento (se trataba de un homenaje a Las paradojas de Mister Pond, de Chesterton, y un intento de paradoja con el juego " señor Señor", lamentable, es cierto). Como ahora tampoco se me ocurre nada mejor, lo llamaré simplemente Paradojas, pero espero cambiarlo en cuanto se me ocura algo mejor.

Puedes visitar la nueva página con este enlace:

Paradojas

 

El Decepcionismo

En la tapa interior de La verdadera historia de las sociedades secretas se puede leer:

Daniel Tubau es guionista y director de programas y series de televisión y autor de Las paradojas del guionista (Alba, 2007) Apasionado por la filosofía, la mitología, el comic y todo lo relacionado con la muerte, es también miembro fundador de la Sociedad Decepcionista.

Me han preguntado varias veces qué sociedad es la Decepcionista. El periodista Fernando Franco, del periódico Faro de Vigo, me dijo que había estado buscando información en Internet acerca de esa sociedad y que no había encontrado absolutamente nada. Esa es la prueba de lo secreta que es la Sociedad Decepcionista, tan secreta que ni siquiera sus miembros, excepto yo, saben que pertenecen a ella.

Cuando terminé el libro sobre las sociedades secretas pensé si podía añadir algo que me relacionase directamente con alguna de ellas. Puesto que siempre he seguido el precepto de Groucho Marx de no pertenecer a ningún club que me adimita como miembro, lo más cercano que encontré fue el Decepcionismo, un breve movimiento filosófico en cuyo desarrollo sí participé.

El Decepcionismo fue creado en una cafetería de el barrio de Argüelles de Madrid, junto a la calle de la Princesa, llamada, si recuerdo bien, El brillante. Allí estábamos un día del siglo pasado cinco amigos de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense, dos chicos y tres chicas. No sé por qué razón, pensamos en la posibilidad de crear una nueva tendencia filosófica. Tras pensar en diversas posibilidades, alguien propuso el Decepcionismo.

Enseguida empezamos a definir el decepcionismo, a describir sus rasgos fundamentales, a establecer incluso sus leyes. Apuntamos lo que se nos ocurría en papeles sueltos. Yo conservo uno de ellos (aunque ahora soy incapaz de encontrarlo), y sé que Blanca Gortari anotó en una carpeta azul bastantes cosas. Ignoro si existen más testimonios del Decepcionismo.

Una de las cosas más interesantes eran las leyes del Decepcionismo, que tal vez eran ocho, diez o doce, pero de las que yo sólo recuerdo tres, y ni siquiera estoy seguro de si mi recuerdo es preciso y exacto. Pero intentaré enumerar aquí esas tres leyes.

Las leyes del Decepcionismo

1ª Ley: Todo es decepcionante

2ª Ley: Si se diera el caso de que no todo fuera decepcionante, eso sería muy decepcionante.

3ª Ley: En el caso de que la segunda ley del Decepcionimo fuera cierta, ello confirmaría la verdad de la primera ley del Decepcionismo.

 

Las moscas, Hofstadter y los vampiros

Se acaba de publicar un nuevo libro de Douglas Hofstadter, el autor del legendario Godel, Escher, Bach, uno de los libros más anotados de mi biblioteca (algún día subiré algunos comentarios que escribí cuando lo leí). Ya habrá ocasión de comentar, supongo, muchas cosas de este nuevo libro, pero ahora quiero hablar tan sólo de la relación de Hofstadter con las moscas y consigo mismo.

Como sabrás, atento lector o lectora que generosamente me entregas tu tiempo, hace unos días publiqué una pequeña y modesta investigación acerca de cómo comunicarse con una mosca, concretamente con Roberta, una mosca a la que tuve el placer de conocer durante unos días.

Quizá te pareció que el asunto no valía la pena, aunque he recibido un simpático comentario (¿es tuyo?) que parece demostrar que no soy el único interesado en la cuestión.

Adorable, la historia de Roberta...
Realmente se querría comunicar contigo, pero simplemente no la supiste escuchar a tiempo. (comentario completo en Cómo comunicarse con una mosca-comentarios)

Ya somos dos interesados en la comunicación con las moscas. Tres, si contamos a Douglas Hofstadter.

En su deliciosa introducción a su suevo libro, Hofstadter dice prácticamente lo mismo que decía yo acerca de la relación con moscas, mosquitos y otros animales:

"Corto en rodajas un tomate y lo devoro sin el más leve sentimiento de culpa... Para mí un tomate es un ente sin alma, carente de consciencia o de deseos, y no tengo escrúpulo en hacer con su "cuerpo" lo que quiera. En realidad, el tomate no es más que ese cuerpo. Los tomates no sufren el problema de la "dualidad cuerpo-mente". (¡Espero, querido lector, que esté de acuerdo conmigo!)
  Del mismo modo, aplasto mosquitos sin remordimientos, pero suelo evitar pisar hormigas y cuando se cuela en casa algún insecto que no sea un mosquito), normalmente trato de capturarlo y echarlo fuera sin hacerle daño."

Como se ve, Hofstadter es tan incapaz como yo de matar a una mosca, aunque sí aplasta, y yo también, mosquitos.

Después cuenta Hofstadter su relación con seres vivos más grandes que las moscas o los mosquitos, como los cerdos, y las razones que le llevaron en distintos períodos de su vida a intentar diversos tipos de vegetarianismo (desde no comer carne terrestre, pero si marina, a no comer ningun tipo de carne). Es algo en lo que también coincido, pues yo también he vivido etapas casi idénticas, y por las mismas razones: el sufrimiento de los seres vivos, no la salud. Es posible que ahora, la infleuncia de Hofstadter me lleve a iniciar de nuevo el vegetarianismo, aunque tengo algunas dudas, relacionadas precisamente con la salud (creo gozar de mucha mejor salud desde que he vuelto a comer carne). Pero el tema de esta entrada son las moscas y otros insectos similares.

Hostadter dice que a menudo se planteaba, al ver un cerdo en la carnicería,

"quién había habitado esa cabeza, quién había vivido allí, quién había visto a través de esos ojos y oído a través de esas orejas, quién había sido realmente ese trozo de carne".

No creas que Hoftadter utiliza accidentalmente el "quién" para referirse a un cerdo: dedica un interesante apartado a la distinción entre los qués (cerdos, vacas, atunes, moscas) y los quiénes (personas, perros, gatos).

Pero Hofstadter no sólo ha preguntado eso en relación con los cerdos:

"Alguna vez me he planteado la misma cuestión cuando he aplastado una hormiga, una polilla o un mosquito (pero debo reconocer que no muchas). Mi instinto me dice que la pregunta de "quién habita en ese cuerpo" tiene menos sentido en estos casos. No onstante, la visión de un insecto parcialmente aplastado, retorciéndose en el suelo, siempre provoca en mí ciertos remordimientos"

Lo mismo, como sabes, me sucede a mí, y por eso intenté comunicarme con la mosca Roberta para salir de dudas (ahora lo intentaré con un ratoncitó llamado Shrenk, que pasará unos días en casa).

Todas estas disquisiciones pueden parecer un poco absurdas, vistas, claro está, desde nuestro punto de vista de seres humanos, pero, ¿qué sucede si aplicamos la lógica de los vampiros?

True Blood

En la serie True Blood de Alan Ball (American Beauty, Six Feets Under), los vampiros deciden salir a la luz (pero no a la luz del día) porque los japoneses han inventado una deliciosa sangre sintética. Ya no necesitan morder a los humanos para alimentarse (los vampiros no pueden comer ni beber nada, excepto sangre). Así que ahora muchos de ellos empiezan a preocuparse por no caer en la tentación de beberse a un humano: hay algo inmoral en ello, ya que pueden beber sangre sin matar o vampirizar a su propietario. Pero durante siglos, la lógica de los vampiros era no plantearse demasiado "quién habitaba en ese cuerpo". Los humanos éramos sólo qués no quiénes. Aunque tal vez algún que otro vampiro, de vez en cuando, al aplastar a un humano dejándole sin sangre, sintiera algún remordimiento.

True Blood

"Los amigos no dejan que los amigos se beban a los amigos"
HBO recomienda a los vampiros beber con moderación

Sobre el punto de vista de los vampiros escribí un pequeño cuento o ensayo llamado La lógica de los vampiros, que tal vez suba a la página que voy a dedicar a mis libros publicados y no publicados, pero que se retrasa por problemas con el programa Dreamweaver CS4.

 

 

Amistades y portadas de hace mucho tiempo

En una conferencia que di este verano en Ávila uno de mis colegas era Miguel Vázquez, con quien, en la comida posterior, acabamos encontrando amistades comunes. Los dos habíamos sido amigos de Dominique Forest, un extraordinario pintor, de quien ambos recordábamos con asombro un cuadro de un campo de espárragos pintado con lápices de colores. Los dos, y de nuevo Dominique, también habíamos estado relacionados con una revista llamada La matraca. Él, creo recordar, como director, yo como modelo de portada.

He encontrado esa vieja portada, en la que posamos juntos mi hermana Natalia y yo. La fotografía (y el retoque), creo que fueron hechos por el propio Dominique, que era amigo de mis padres, de quien recuerdo muchas cosas y a quien espero volver a ver pronto.

La matraca

Conferencias sobre las sociedades secretas

Copio aquí la excelente crónica de Fernando Franco que se publicó en el periódico Faro de Vigo a propósito de la conferencia que di en el Club Faro de Vigo.

La verdadera historia de las sociedades secretas

Tubau: "Hoy quizás hay más sociedades secretas que nunca, pero registradas"


"Si levantaran la cabeza muchos de los antiguos miembros de estas comunidades se avergonzarían al saber en qué han derivado; muchas sólo buscan ingresos"

"Hoy quizás haya más sociedades secretas que nunca pero, paradójicamente, no son secretas sino públicas porque están obligadas a registrarse por ley. Y de eso se puede deducir que no es la prohibición,a lo largo de la historia de estas sociedades, la razón de su existencia como tales ni la que les genera sus miembros". Esa fue una de las afirmaciones vertidas ayer por Daniel Tubau, guionista y director de programas y series de televisión, en su charla en el Club FARO sobre "La verdad oculta de las sociedades secretas".
  Presentado por el periodista de FARO Antonio Pinacho, más que hacer consideraciones prefirió Tubau dar muy variadas pinceladas de todo un magma de sociedades secretas que habrán existido o no a lo largo de la historia pero se han nombrado. Y empezó por abordar la diversidad de perspectivas con que podemos valorarlas.
  "Puede ser -dijo- una organización de cuya existencia no se supo, aunque sí mucho tiempo más tarde, como la de los cataros, herejía medieval. Están, por otro lado, las sociedades secretas que pudieron haber o no existido, como la de los rosacruces; o aquellas de las que siempre se habló pero se ha demostrado como falsa su existencia, como la de los Sabios de Sión, el Priorato de Sión, el Círculo Interior de los Jesuítas...Y, en cuarto lugar, las que no cabe duda de que existieron como la de los masones en las que el secreto, está, si acaso, en saber lo que hacen".

Tubau habló, como en su libro, de la esencia de estas sociedades, las que presumen de poseer un conocimiento secreto, algo que podría destruir o salvar a la Humanidad, por ejemplo: "Yo no hablo -afirmó- ni he escrito sobre las criminales (Mafia, Yakuza...), sobre las revolucionarias o políticas (carbonarios, comuneros, iluminados de Baviera...), sobre las conspirativas o racistas (Club Bildeberg, de la que mucho es inventado, Ku Klux Klan, Sociedad Thule...) o sobre las satánicas o sexuales".

   Pero de las que sí habló aunque pasando rápido por ellas por lo muchas que son para el tiempo de que disponía, fueron de otras como los citados rosacruces, los de la Escuela de la Noche, coetáneos de Shakespeare, las primitivas" mannerbunde" o sociedades de hombres, los sicarios, zelotas y esenios, la misma sociedad secreta cristiana de los primeros tiempos..."No todas las sociedades secretas persiguen los mismos objetivos -dijo-y hay diferentes motivaciones para entrar en ellas".

Leyó,por ejemplo,el juramento de los rosacruces:

"Nunca adscribir la orden a ningún demonio o espíritu sino sólo a Dios; rechazar vicios tales como la pereza, la incontinencia y la suciedad; asistir con todo su saber a aquellos que necesiten ayuda; no usar ese    conocimiento   para obtener poderes o autoridad..."

Dice Tubau que, aunque parezca decepcionante, no existe ninguna conexión probada entre las sociedades secretas de la Antigüedad o la Edad Media y las modernas, con la excepción de los masones medievales y los modernos, aunque en aquel tiempo eran gentes relacionadas con el mundo de la construcción y que   guardaban secretos relacionados con la misma. "Como   dice Eco, cuando se buscan conexiones se encuentran; pudiera haberlas pero no pueden ser documentadas".

Vergüenza

"Si levantaran sus cabezas miembros de algunas sociedades secretas en sus comienzos se avergonzarían de lo que han hecho con ellas o en qué han derivado. No se puede ocultar que muchas de las actuales tienen como primer objetivo obtener ingresos gracias a la incre­dulidad de sus adeptos.Y lo cierto es que consiguen grandes resultados a pesar de que estamos en una era científica. Pocas veces ha habido tanta credulidad como la hay ahora, salvo en la época renacentista". He ahí otra de las ideas de Tubau vertidas en el libro que acaba de sacar en la editorial Alba,"La verdadera historia de las sociedades secretas". Y desde  luego, piensa él para no confundir más y parafraseando a A.E. Waite: "la historia del ocultismo no debe ser escrita por ocultistas".

Entre cristianos, sicarios, esenios yzelotes
En su recorrido por las diversas sociedades esotéricas se paró en los llamados sicarios, esenios y zelotes, propias de! pueblo judío en la anti­güedad."Se especuló sobre si Jesucristo era de los sicarios, más belicosa, a la que sí pertenecía Judas, o la de los esenios, más pacífica, a los que Plinio el Viejo consideraba los más santos de todos los creyentes. Tengan en cuenta que el pueblo judío vivía en una zona fronteriza con varias culturas, como la egipcia, asiría, hitita... y eso hizo que se viera implicado en numerosas guerras con sus vecinos. , entre ellos habla de los sicarios, que cometían sus asesinatos no sólo contra los romanos invasores sino contra cualquier judío que consideraran tibio, y fueron considerados uno de los primeros grupos terroristas, serían como la facción extremista del movimiento zelote.que pre­decía la llegada del Reino de Israel y así se llamaba a Simón,uno de los discípulos de Cristo: el zelote".

Los maniqueos
Paseó su palabra también por los cristianos: "Durante unos 200 años -afirmó- tuvieron que vivir en secreto porque eran perseguidos. En sus inicios el cristianismo fué una religión en dificultades y los cristianos tenían conciencia de estar separados del resto de la sociedad gracias a su iniciación por el rito del bautismo. Enfrente tenían también a los mitraístas,que era la religión preferida por los soldados romanos".
Habló también de los maniqueos, que sostenían que existían dos principios cósmicos enfrentados; los gnósticos, cuya intención era buscar lo oculto tras lo aparente; los "asesinos" o ""hassasin" musulmanes, una secta de asesinos nacida al final del siglo XI; los cataros, que cuestionaban el poder de la Iglesia...

"Se habla -dijo- del conocimiento secreto que buscaban todas estas sociedades pero [ese conocimiento secreto] no suele coincidir con el que se cuenta. Y la mayoría de las historias son falsas".

He corregido algún error, inevitable al dar una conferencia, como el que cometí al confundir en un momento dado a los cátaros y los templarios en su relación el el rey de Francia y el Papa. También la cita de Eco, que no decía que cuando se buscan conexiones no se encuentran, sino que sí se encuentran. es decir, que es muy fácil encontrar conexiones entre casi cualquier coss, por ejemplo, dos sociedades secretas, cuando se desea encontrar tales conexiones. Podría matizar más cosas y otros errores que cometí, pero no vale la pena porque todo el mundo sabe que una conferencia no es un libro, que es fácil caer en inexactitudes e imprecisiones y que tampoco se le puede exigir al periodismo un rigor extremo, incluso cuando se cuenta con un periodista tan capacitado como Fernando Franco. Todo resumen, y las conferencias y el periodismo son esencialmente resúmenes, implica una cierta distorsión, que casi siempre (no es este el caso) es casi indistinguible de la mentira.

 

       Salvado por el terror

A los diecisiete años, yo era el perfecto ejemplo de eso que se llama un fracasado escolar. Había repetido tres veces 2º de bachillerato y había logrado convencer a mis padres de que no valía la pena intentarlo una cuarta vez. Lo cierto es que tampoco había aprobado los cursos de 5º a 8º de la educación general básica, y que sólo había logrado pasar a los cursos siguientes debido a que los profesores del colegio al que iba consideraban que no debía repetir y me pasaban de curso si les prometía estudiar al año siguiente. Yo lo prometía, claro, y no es que no lo intentase cumplir. De vez en cuando lo intentaba, pero enseguida renunciaba, porque las cosas que había que estudiar me parecían aburrídisimas, especialmente la asignatura de lengua. Tan sólo en 1º de bachillerato logré pasar de curso. No sé muy bien cómo, tal vez porque tuve una extraordinaria profesora de Latín, para la que hice un trabajo de mitología en el que sí puse verdadero interés. Le gustó mucho y, además de aprobarme, tal vez influyó en los otros profesores.

Aunque era un fracasado escolar, me gustaba mucho la mitología y era capaz de hacer cuadros genealógicos de cerca de 500 dioses griegos sin ni siquiera consultar un libro.

La pasión mitológica  se inició en mí una vez en la que recorría con mi madre la Cuesta de Moyano de Madrid (donde se venden libros de segunda mano) y me compró un libro llamado Diccionario Mitológico, que tal vez me atrajo porque en la portada se veía a un héroe luchando con un extraño monstruo con cabeza de toro. El libro era de Carlos Gaytán, y todavía lo conservo.

Diccionario Mitológico - Carlos Gaytán

Después, ya fascinado por la mitología, empecé a leer uno tras otro los deliciosos libros de Juan B.Bergua, especialmente su Mitología Universal, que usé tanto que quedó destrozado (también conservo ese ejemplar).

Mitología Universal - Juan B.Bergua

Junto a la mitología, me interesaban mucho todo tipo de temas de ninguna utilidad en el colegio (excepto en aquella clase de latín): los piratas, la muerte, los indios pieles rojas, Gengis Khan y los mongoles, los comics, la ciencia ficción, los diálogos de Platón, el cine... y los cuentos de terror.

Gracias a mi afición por los cuentos de terror conseguí mi primer trabajo: mi madre supo de un amigo que iba a lanzar una colección de cuentos de terror y le dijo que yo tenía algunos cuentos. Era verdad, porque desde los 14 años yo había escrito muchos cuentos y varios de ellos eran de terror. Uno de ellos era Monthy, un mal plagio de Egdar Allan Poe, que era mi escritor favorito.

Lamentablemente, yo pensaba, con toda la razón, que mis cuentos de terror eran muy malos, así que me puse a escribir otros un poco más elaborados. Los llevé a Jose Antonio Valverde y Luciano Valverde. Les gustaron y me pidieron más. Así publiqué unos diez cuentos en la Biblioteca Universal de Misterio y Terror de la Editorial Uve.

Biblioteca UNiversal de Misterio y Terror

Hace un tiempo descubrí que en algunas páginas de Internet se habla de esos libros de la editorial UVE y que se me incluye en listas de escritores lovecraftianos.

Los últimos de Yiddi

Mi cuento Los últimos de Yiddi en la Universidad Miskatónica lovecraftiana, un verdadero honor

 

En los últimos días, después de publicarse La verdadera historia de las sociedades secretas, decidí agrupar todos mis libros en una misma página, así que empecé a buscar cosas relacionadas con aquellos cuentos de terror. Entonces me encontré con una verdadera sorpresa: los libros no sólo habían sido publicados en España, sino también en Perú y en Chile, y tal vez en otros países de Latinoamérica. Además descubrí que para algunas personas aquella colección era un recuerdo muy especial todavía hoy. Y para mi sorpresa, incluso se mencionaba alguno de mis cuentos.

Biblioteca Universal de Misterio y Terror UVE

Portada de la colección peruana

 

Yo siempre he considerado que los míos eran cuentos muy malos, aunque les tengo bastante cariño a pesar de ello, y que su mayor defecto era que no daban miedo (el mayor pecado para un cuento de terror), pero me alegra que hayan asustado a alguien.

Así, el autor de Markowsky dice (que es peruano):

Los Ultimos de Yiddi (5): Escalofriante historia sobre un hombre que vuelve a su ciudad de origen a enfrentar una maldición que pesa sobre su linaje.

Y en un comentario en la misma página se puede leer una mención  aotro de mis cuentos:

...MMM AMIGO MARK...TE DEJO, YA QUE LAS FUERZAS NO ME ACOMPAÑAN YA, SIENTO QUE ESTOY SOÑANDO, YA NO SE QUE ES REALIDAD, ME SIENTO ATRAPADO....ME AHOGO...ESTOY LOCO O DIRIA QUE ESTOY ENCERRADO EN ALGUNA ESPECIE DE .....PORTADA?????

A lo que responde Markowsky:

ME HAS HECHO RECORDAR JUSTAMENTE EL CUENTO DE LA COLECCION LLAMADO LA BOTELLA DEL TIBET, Y TAMBIEN EL TEXTO DE NIETZCHE QUE DICE QUE NO MIRES LARGO TIEMPO AL ABISMO PUES EL ABISMO MIRARA DENTRO TUYO.

Y más adelante añade también Markowsky:

PARA NO SER INJUSTO EN MI ANTERIOR COMENTARIO ME FALTO MENCIONAR QUE OTRO RESALTANTE ESCRITOR LOVECRAFTIANO DE LA COLECCION ES DANIEL TUBAU CON LOS INTERESANTES CUENTOS LOS ULTIMOS DE YIDDI, EL PANTEON DE LOS UGARTE Y LA NARRACION DE JAMES BOSCOMBE.

Por otro lado, luego de tantos años (prácticamente mas de 30) no me explico como ninguna otra editorial se ha animado a una iniciativa similar a la de UVE, aunque reconozco que muchos de los escritores habituales de la colección eran conocidos guionistas o literatos en España (Me vienen a la memoria Juan Tebar, Carlos Saiz Cidoncha, Daniel Tubau, Pedro Montero, Jose Leon Cano, Nino Velasco, Alberto Insúa, Manolo Marinero, entre otros) que además realizaron muchos otros proyectos de interés en la época

La interesante y detallada entrada de Markowsky incluye la convocatoria del premio UVE, dotado con un millón de pesetas, lo que era una verdadera barbaridad en la época, para le que se clasificó mi cuento Los últimos de Yiddi y que casi ganó mi padrino, José Luis Velasco, quien también publicó muchos cuentos (estos sí que eran buenos), así como su esposa, Carmen Morales.

Puedes leer la entrada entera de Markowsky con este enlace:

Markowsky dice

 

 

Escribir sobre Shakespeare

Alguna vez he dicho que Shakespeare mejora a quienes escriben acerca de él, que Shakespeare hace interesantes a quienes le dedican su atención. Un día en que comentaba con mi padrino, José Luis Velasco, los placeres que me proporcionaba la lectura de Goethe, él me dijo: "¿Verdad que leer a Goethe engrandece?"

  Es cierto. No sólo algunas obras litrarias escritas por Goethe (como el Fausto, Las afinidades electivas o el Wilhem Meister), sino también sus libros de memorias (Poesía y verdad) o las Conversaciones, transcritas por Eckerman. No es extraño que a un temperamento en ciertos aspectos tan alejado de Goethe como era Nietzsche, le pareciera que esas Conversaciones eran el mejor libro que conocía.

Sin embargo, suele decirse que Eckerman era un mediocre. No sé si lo era realmente, porque algún mérito tiene ser capaz de contar tan bien lo que otro te cuenta.

Es un reproche que también se le hacía a Boswell, el biógrafo de Samuel Johnson y autor de la que suele considerarse la mejor biografía de la historia, La vida de Johnson (yo situaría en primer lugar la Historia de mi vida, de Casanova, o tal vez las memorias de Elias Canetti). Pero ahora los biógrafos ponen en duda la insipidez de Boswell y le consideran un personaje complejo e incluso fascinante, como puede comprobar quien lea sus Diarios londinenses, publicados no hace mucho.

  En cualquier caso, podemos pensar que a Boswell con Johnson y a Eckerman con Goethe les sucede algo parecido a lo que he dicho de Shakespeare: Johnson y Goethe también hacen mejores a quienes se ocupan de ellos. Como es evidente, si escribes acerca de alguien interesante, parte de lo que escribas pertenecerá a ese personaje,con lo que tienes garantizado un cierto porcentaje de interés, simplemente repitiendo lo que él dice. Si, además, eres capaz de seleccionar con cierto tino los pasajes a citar, y de escribir algunos comentarlos con un poco de agudeza, el resultado casi siempre será bueno, y a veces extraordinario.

  Es sin duda por ello que durante un año intenté leer todos los recuerdos y conversaciones relacionados con Goethe trascritos por sus contemporáneos (no sólo Eckerman), y es por ello que he leido más de diez, quizá veinte libros, de conversaciones con Borges. Es evidente que los temas acaban repitiéndose, pero a mí nunca me fatigan. Soy como el niño que pide que le cuenten el mismo cuento todas las noches: "Hábleme, Borges, eternamente del eterno retorno".

  Lo mismo sucede con Shakespeare, porque una de las cosas que más me gusta es leer libros sobre Shakespeare.

Siempre me descubren algo nuevo, porque la riqueza de Shakespeare parece inagotable e inabarcable. Del mismo modo que cada siglo, como decía, creo, Goethe (o tal vez Nietzsche), inventa a sus griegos, cada siglo, casi cada década, inventa a su Shakespeare, o lo lee de diferente manera, encontrando cosas que otros no vieron (quizá porque no les interesaba verlas, o porque no las buscaban).

Pero tambien hay que decir que aunque Shakespeare mejore a quienes lo tocan, no todos extraen de él la misma riqueza. El Prefacio a Shakespeare, escrito por Samuel Johnson, sigue siendo, a pesar de su brevedad, una de las mejores cosas que se han escrito sobre Shakespeare.

Samuel Johnson

Samuel Johnson

 

 Otros autores interesantes (entre los que he leído recientemente) que merecen ser citados son: James Shapiro (1599, un año en la vida de Shakesperare), que te hace desear que Shapiro escriba otro libro para cada año de la vida de Shakespeare, o Jan Kott (Shakespeare, nuestro contemporáneo), un ensayo extraordinario.

James Shapiro

James Shapiro

Jan Kott

             Jan Kott

 

 También me gustó mucho, auqnue no tanto cono los anteriores, El genio de Shakespeare, de Jonathan Bate, y me está esperando Interpretar a Shakespeare, de John Gielgud, y Shakespeare, una biografia, de Peter Acroyd, que se dice es la mejor biografía de Shakespeare.

Jonathan Bate

Jonathan Bate

Peter Ackroyd

   Peter     Ackroyd

JOhn Gielgud

           John Gielgud

 

Ahora recuerdo otra biografía que me gustó, la que escribió el que seguramente sigue siendo el mejor y traductor de Shakespeare, Astrana Marín, a pesar de las críticas que ha recibido y de las nuevas traducciones recientes que han cambiado el panorama y parecen haberlo desplazado a un lugar secundario.

Lusi Astrana Marín Luis Astrana Marín

 También hay muchas cosas intersantes en las conferencias sobre Shakespeare de W.H.Auden (Trabajos de amor dispersos) aunque no las he leído todas. Sin embargo, me decepcionó bastante el esperado y celebrado libro de Harold Bloom Shakespeare o la invención de lo humano, entre otras cosas porque Bloom dedica más tiempo a criticar a los otros estudiosos de Shakespeare que a hablar sobre Shakespeare: siempre parece como si todo lo que dice fuera una respuesta a las "bobadas" dichas por otros. Es, por cierto,una acttud muy distinta a la de Samuel Johnson (el crítico al que Bloom más admira, con razón, y a quien pretende imitar):

“Puedo afirmar con absoluta franqueza de todos mis predecesores lo que espero que se diga de mí en el futuro: que ninguno ha dejado de mejorar a Shakespeare y que no hay ninguno con cuya ayuda o información no esté en deuda... a todos los he tratado con la consideración que unos a otros no han tenido la prudencia de dispensarse”.

Bloom, al contrario que Johnson, a menudo parece utilizar a Shakespeare como a un arma arrojadiza contra los críticos rivales.

Harold-Bloom  Harold Bloom

Así que después de este repaso de autores que escriben sobre Shakespeare, tal vez habría que corregir la afirmación inicial y decir que lo que sucede es que las personas interesantes se interesan por Shakespeare (y que el propio Shakespeare contribuye sin duda a que aumenten esa calidad de interesantes) y que, después, algunas de ellas escriben además sobre Shakespeare, unas mejor y otras peor, pero siempre con Shakespeare muy cerca, como es obvio.

   En próximos días tengo la intención de repasar algunos de esos libros sobre Shakespeare y recuperar algunos comentarios que he publicado en otras páginas. También habrá ocasión de hablar de los nuevos traductores.

Sobre Shakespeare en Todo el resto es literatura:

Shakespeare según Johnson

McLuhan y Shakespeare

Además:

Una tragedia shakespiriana

Cómo comunicarse con una mosca

No es fácil. Puedes intentarlo. Sólo necesitas una mosca y mucha paciencia.

Hace varias semanas entró una mosca en mi casa. No es una metáfora. Me refiero a una mosca de verdad. Esos pequeños animales voladores que suelen ser de color negro.

Al principio me molestaba con su zumbido. Cuando las moscas empiezan a zumbar me resulta difícil concentrarme. Es un sonido muy molesto. Así que en cuanto una mosca se pone a zumbar dentro de mi casa, lo que hago es…

No, si has pensado que lo que hago es matarla, te has equivocado. Nunca mato a las moscas. No mato a ningún animal (incluyendo a las personas).  Siento un respeto casi religioso hacia los organismos vivos. Veo que algo se mueve cerca de mí, una mosca, una hormiga, una cucaracha, y la idea de detener para siempre ese movimiento, esa vida, me resulta muy desagradable. Así que soy de esos que llaman “incapaces de matar a una mosca”. 

Pero confieso que sí mato mosquitos. Lo hago porque son muy aficionados a mi sangre. Cualquier persona que duerma conmigo puede estar tranquila en lo que se refiere a los mosquitos, chinches y otros animales picadores: todos me picarán a mí. Supongo que mi sangre es muy dulce. La prueba de que no existen vampiros (humanos) es que nunca han venido a por mi deliciosa sangre. Cuando era pequeño tuve un amigo murciélago con el que conviví en mi habitación y al que acariciaba como a un gatito: tal vez se sintió atraído por mi sangre, pues pocos días antes me clavé un hierro oxidado en la rodilla.

Pero, excepto en los casos de autodefensa (como los mosquitos, que me provocan con sus picaduras heridas espantosas), intento no matar a ningún animal. Hace poco en un pueblo de pintores francés cercano al bosque de Fontainebleu observé cómo una avispa  se posaba en mi muñeca y no hice nada. Me mantuve completamente inmóvil, observándola con interés. Y me picó. Dicen que no pican si no las atacas, pero ésta me picó. Todavía tengo la marca cuatro meses después, y a veces siento un pinchazo en la muñeca, bajo la piel. Pero las moscas son diferentes. Es cierto que son muy molestas, pero no pican.

Como iba diciendo, cuando entra una mosca en mi casa y me molesta con su zumbido, lo que hago es… Echarla. Abro la ventana y la conduzco suavemente hacia el exterior, aunque ella se empeña en golpearse contra el cristal durante mucho rato.

En el caso de la mosca que entró en mi casa hace unas cuantas semanas, intenté que se fuera, pero no lo conseguí. Finalmente, al observar que su zumbido no era demasiado ruidoso, la dejé qudarse conmigo.

Sin embargo, demostró ser una mosca muy tozuda, pues siempre se posaba en mi cabeza o en la mesa, tentándome a darle un papirotazo o a capturarla con la mano. Debo decir que soy un experto en capturar moscas con la mano. No es fácil, pues la mosca, al sentir la corriente de aire de la mano al desplazarse, huye. Por eso hay que calcular hacia dónde huirá y mover hacia allí  la mano en el preciso instante en que ella desvía su vuelo.

Pero ni siquiera capturé a esta mosca, por temor a aplastarla sin querer.

No sé por qué, pero de repente me pregunté si aquella mosca, a la que comencé a llamar Roberta (recordando una canción de Pepino Di Capri), querría comunicarse conmigo.

Cuando he comentado esta ocurrencia a varias personas me han mirado de una manera extraña, como si fuera una pregunta insólita. Sin embargo, muchos se preguntan si podemos comunicarnos con los delfines, con los monos, los perros o los gatos. ¿Por qué no con una mosca?

Se supone que por el tamaño, pero basta con pensar en la complejidad de una única célula o un solo átomo, para darse cuenta de que en el pequeño cuerpo de la mosca puede habitar perfectamente la intención de comunicarse.

Enseguida me di cuenta de que comunicarse con una mosca es verdaderamente difícil. En primer lugar porque no compartimos un lenguaje común. No estoy muy seguro de si las moscas tienen aparato fonador, pero en caso de tenerlo, sin duda es muy diferente del nuestro. Es muy posible que tampoco tengan un lenguaje articulado. Pero lo que es seguro es que con sus oídos, si es que tienen (como se ve, soy un verdadero ignorante en fisiología de las moscas), de nuestra voz sólo captarán un ruido tremendo ininteligible.

El primer paso para establecer una comunicación con otro organismo es comprobar que ese otro organismo también puede (y quiere) comunicarse con nosotros. En el caso de las moscas, algo en su comportamiento parece indicar que desean comunicarse con los seres humanos. En efecto, las moscas siempre se acercan a nosotros, se posan en nuestros brazos, en nuestra cabeza, junto a nosotros. Buscan constantemente esa proximidad como si fuesen las almas de nuestros antepasados deseando acompañarnos, y tal vez decirnos algo muy importante.

Sin embargo, nuestra reacción habitual es matarlas. Pero ellas siguen viniendo. Parece que en este caso la selección natural no opera muy bien con las moscas pues, en vez de tener codificado genéticamente que acercarse a los seres humanos es peligroso, parecen tener codificado lo contrario.

Pero claro, se puede pensar, y así suele hacerse, que las moscas se acercan a nosotros porque les gusta nuestro sudor o nuestras células muertas, o la comida que tenemos cerca, o la luz con la que trabajamos.

Decidí comprobar si Roberta, la mosca que entró en mi casa, se movía sólo por el interés o realmente deseaba estar conmigo. Diseñé entonces un sencillo experimento: puse mucha comida en la cocina, incluyendo un plato con miel, y encendí la luz de la cocina. Allí estaba Roberta conmigo. Entonces, cuando ella estaba un poco lejos de mí, me fui sigilosamente a mi despacho. Me senté a trabajar sin ninguna luz artificial.

Al cabo de quizá un minuto, allí estaba Roberta, posada sobre la pantalla de mi ordenador (apagado), limpiándose las patitas, de la misma manera que lo hace un gato ronroneador al sentarse en nuestras rodillas.

Roberta permaneció conmigo tres, cuatro o quizá más días, a pesar de que yo tenía entendido que las moscas viven sólo dos o tres días. Pensé en hacerle una foto para ilustrar este artículo, pero lo fui dejando y ya no me queda de ella más que un recuerdo que se va haciendo difuso. Ni siquiera estoy seguro de si ahora podría reconocerla, porque el problema con las moscas es que resulta difícil distinguirlas. Tampoco es fácil ver sus expresiones faciales, si es que tienen expresiones faciales y rostro propiamente dicho. Eso es algo que dificulta muchísimo la comunicación, pues no sabes si sonríen, gruñen o cualquier otra cosa.  Conviene en consecuencia, entender las dificultades de mi experimento de comunicación con la mosca Roberta.

Naturalmente, soy consciente de que no se trata de un experimento científico y está sujeto a mucha controversia. No pretendo decir que me comuniqué con Roberta en ese momento, o en diversas situaciones en los siguientes días, pero la pregunta inquietante sigue ahí… ¿cómo comunicarse con una mosca?

mosca y caja

mosca y caja

mosca y caja

otras aventuras de MOsca y Caja en:

Mosca y caja Enciclopedia de filosofía de bolsillo Mosca y Caja

 

 

La verdadera historia de las sociedades secretas en Vigo

La semana pasada presenté en el Club Faro de Vigo mi libro La verdadera historia de las sociedades secretas, que acaba de publicarse. Además, Fernando Franco me hizo una entrevista y escribió también una crónica de la conferencia.

A continuación, reproduzco la entrevista, que no era sobre las sociedades secretas sino sobre temas diversos, y que ha quedado bastante simpática, lo que no es extraño porque Fernando Franco es un periodista excelente, además de un tipo verdaderamente amable e inteligente.

Lo cierto es que mi breve estancia en Vigo fue estupenda, con una organización eficaz y encantadora a cargo de Marisa Real, una gran presentación que me hizo Antonio Pinacho y un público que llenó la sala, que pareció seguir con interés la charla y que me hizo muchas preguntas al terminar. Un placer de principio a fin, incluida una cena deliciosa (el fin fue el regreso, porque debido a la niebla hubo que desviar el vuelo a Santiago y fue un poco cansado, pero eso sucede al parecer de vez en cuando).

Un ejemplo de la eficacia en la promoción es esta selección de anuncios que se fueron publicando en Faro de Vigo:

Faro de Vigo - La verdadera historia de las sociedades secretas

Anuncios que se publicaron en Faro de Vigo

Faro de Vigo - La verdadera historia de las sociedades secretas - Daniel Tubau Otro anuncio. Aquí junto a Antonio Pinacho, el presentador de la conferencia.

Crónica de la presentación

Daniel Tubau - Faro de Vigo

Como en este tamaño no hay quien lo lea, lo he recortado y ampliado.

Sociedades Secretas Daniel Tubau Sociedades Secretas Daniel Tubau

Sociedades SEcretas - daniel Tubau

Sociedades Secretas - Daniel Tubau
Sociedades Secretas Daniel Tubau

Sociedades SEcretas - daniel Tubau
Sociedades SEcretas Daniel Tubau

Sociedades Secretas Daniel Tubau

Dentro de unos días subiré la crónica de la conferencia.

 

Prohibid los placeres (John Milton e Iván Tubau)

De John Milton se suele decir que era ciego, puritano y que escribió El paraíso perdido. Es un resumen muy útil para ignorar quién era Milton.

Es cierto que era ciego, pero no siempre lo fue; es cierto que era puritano y partidario de Cromwell, pero no un fanático como lo fue el Lord Protector, y es cierto que escribió El paraíso perdido, pero también El paraíso recobrado, y otros muchos poemas y ensayos. Hoy imaginamos a Milton como a un ciego que nos mira a través de sus cuencas vacías, pero quienes fueron con él a la escuela le llamaban la damisela del College a causa de sus largos cabellos rubios y, según él mismo cuenta, a pesar de ser ciego, sus ojos azules parecían perfectamente sanos. También era republicano y escribió las primeras defensas del divorcio, que inició cuando su joven esposa de 17 años le abandonó, y de un libro extraordinario en defensa de la libertad de imprenta y de prensa, Areopagitica, que ha sido razonablemente comparado con otro delicioso y poderoso ensayo inglés, Sobre la libertad, de John Stuart Mill.

La breve síntesis de la vida de Milton, como suele suceder, nos oculta la personalidad del autor al que creemos definir. Es sin duda uno de los personajes más complejos e interesantes de la literatura clásica inglesa, que muchos (y yo debo incluirme) sólo conocen de una manera superficial, como una suma de resúmenes y síntesis.

En su Areopagítica, Milton dice a quienes quieren prohibirlo todo:

“Si pensamos en regular las prensas, para con ello enderezar los modales, deberemos regular toda casta de solaces y pasatiempos, todo aquello en que los hombres hallaren su deleite. No habría que oír música, ni debería ir canción al pentagrama o ser entonada, como no fueran dóricas y graves. Ni sin permiso debería espaciarse la danza, para guardar a nuestra mocedad de ademán, movimiento o porte de los que vuestro permiso no estimara honestos…”

Es un párrafo que me recuerda un hermoso poema de mi padre, Iván Tubau:

WALKMAN
Un barco, el mar
cuando anochece
- ¿cómo
decir cuando anochece que anochece

sin decir que anochece?-
y el saxo de John Coltrane estallando
directamente en tu celebro:
¿Queréis droga más dura?
¿Cómo es posible
que aún sean legales
el mar, la muerte lenta
del sol,
los barcos
grandes como el mundo,
Miles Davis
y la cinta magnética, los Aiwa
portátiles baratos, las pilas
de todos los timbres que vos apretás
y sobre todo
los demoniácos auriculares?
Prohibid
la música y el mar y los atardeceres:
dan placer.

 

 

La utilidad de los mitos

Los mitos, los ritos, la tradición, sirven casi siempre para justificar todo tipo de crueldades y de arbitrariedades. Costumbres castradoras y represoras que se justifican porque un héroe fundador, un dios creador o una estirpe arquetípica hicieron algo in illo tempore (en aquel tiempo).

Narraciones etnográficas, documentales y películas nos han contado ese terrible momento en el que los ancianos son abandonados entre los inuit (antes llamados “esquimales”). Hemos aprendido que son los propios viejos los que se entregan gozosos a ese sacrificio, para así ayudar a sus semejantes, puesto que dejan de ser una carga para ellos. Los expertos nos han explicado que esta macabra costumbre es parte del ciclo de la vida, de la lucha por la supervivencia. Con palabras que inevitablemente recuerdan a las teorías eugenistas nazis, nos han explicado que es un sacrificio necesario en una sociedad que tiene recursos limitados y en la que escasea la comida: la tribu debe sobrevivir aunque el individuo muera.

Tal vez tengan razón. O tal vez costumbres como estas son las responsables de que esas sociedades siguieran viviendo de ese modo siglo tras siglo. ¿Quién sabe?

Una costumbre semejante existía entre los sardos de Cerdeña, que sacrificaban a aquellos que cumplían 60 años. Todavía en el siglo XIX existían en Cerdeña personas que ayudaban a estos viejos a sacrificarse, y que eran llamdos los “Acabadores” (la palabra “accabadura” procedería del español “acabar”).

La fuga de Logan

La costumbre de matar a personas de 60 años ahora nos puede resultar tan incomprensible como el sacrificio de las personas que cumplen 30 años en la novela y la película de ciencia ficción La fuga de Logan, pero, según el historiador Silio Itálico también tenían esta costumbre los antiguos cántabros y vascos:

“Este pueblo está apegado a una extraña costumbre: cuando la debilidad del cuerpo les llega con las canas, interrumpen, desde lo alto de una roca, el curso de sus años, en adelante impropios para la guerra…”

Dumézil recuerda también algunos testimonios latinos acerca de los alanos (emparentados con los actuales osetas), en los que existía la misma costumbre:

“Estiman bienaventurado a quien pierde la vida en pleno combate. Los que se dejan envejecer (senescentes) o pierden la vida por una muerte accidental son objeto de crueles burlas, como degenerados y cobardes” (Amiano Macelino)

También Plinio y Pomponio Mela dicen que ente los alanos, antes que envejecer, los hombres se arrojaban al mar ceremonialmente desde lo alto de una roca. Ente los osetas actuales, escitas de origen iranio como los alanos, existen tradiciones semejantes:

“El Narto Urzymaeg envejecía, su fuerza se iba perdiendo (…) Fue a la gran plaza donde estaban sentados los jóvenes Nartos y les dijo:
– Desde mi infancia hasta mi vejez, no he escatimado mi ánimo a vuestro servicio. Pero soy viejo, ya no os sirvo de nada y mi vieja cabeza no consigue aportaros más que fastidios. Mañana temprano, fabricad un cofre sólido, metedme dentro y tiradlo al mar; me niego a acabar en el cementerio de los Nartos.”

Aunque al principio dudan, los Nartos acaban cumpliendo el deseo de Urzymaeg, quien, sin embargo, sobrevive y realiza otra hazaña, “después de la cual desconocemos su destino”.

Acostumbrados a lo inevitable, a lo necesario, que tales tradiciones nos enseñan, y al uso del mito para justificar prácticas crueles, sorprende encontrar entre los kabardos cherkeses (también osetas) una variante interesante, que se opone a la tradición de la occisión (abandono o asesinato de los viejos), y que inaugura un nuevo motivo mítico, que Dumézil llama el tema mítico de “Por qué los hombres de tal o cual sociedad dejaron un día de matar a los viejos”:

“Era entre los Nartos una vieja costumbre, cuando un hombre se debilitaba al grado de no poder ya sacar, con tres dedos, la espada de la vaina, ni subirse sólo a la silla de montar ni calzarse las botas, ni sosteneer el arco en la caza ni sostener el rastrillo o levantar un almiar de heno, ni aguantar el sueño al guardar un rebaño, meterlo en un canasto trenzado y llevarlo fuera del pueblo, hasta lo alto de la Montaña de la Vejez. Allí ataban al canasto grandes ruedas de piedra y lo hacían rodar por la cuesta empinada que conducía al precipicio.”

En una historia kabarda, el viejo al que le espera ese destino se llama Badan, y ya está decrépito. Su hijo Badaneqº’e, sin embargo, ama tanto a su padre que le apena la idea de arrojarlo dede el precipicio. Pero ocultando su pena, prepara el canasto y las piedras:

“– Padre, voy a hacer que mueras. No me aborrezcas: es la costumbre de los Nartos, perdóname.”

El pobre viejo no responde, lo que entristece aún más al hijo. Badaneqº’e lleva el canasto a la Montaña de la Vejez y lo lanza hacia el precipio, con su padre dentro. Pero el canasto se queda enganchado en un tocón, colgando sobre el abismo.

“El viento se puso a balancearlo y a agitar la barba blanca de Badan, al punto que el anciano se puso a reír.
–Padre, ¿de qué te ríes -preguntó Badaneqº’e.
Sin dejar de reír, Badan contestó:
–Me decía que cuando estés decrépito y tu hijo te eche a rodar d esde lo alto de la Montaña de la Vejez, a lo mejor tu canasto se engancha en el mismo tocón. ¿No es como para reírse?

La risa de su padre conmovió a Badaneqº’e, quien exclamó:

–¡Que los Nartos hagan conmigo lo que quieran, pero no te enviaré por el camino de la muerte!

El padre le responde:

–Si quieres saber la verdad, hijo mío, no hallo gran gusto en arrastrarme sin hacer nada en este mundo: una vida inútil es ciertamente peor que la muerte. Pero ¿en verdad ya no estoy en condiciones de servir a los hombres? Si no puedo ya trabajar, puedo pensar.

El hijo sacó a su padre del canasto, lo llevó a una cueva y allí lo instaló sobre un lecho de hierbas. Y le dijo:

–Padre, vive aquí en secreto, sin que nadie sepa de ti. De otra suerte, los Nartos se irritarían por esta violación de la costumbre. Cada semana te traeré de comer.

Así pasaron tres años. Durante ese tiempo, diversas calamidades sucedieron a los Nartos, pero en cada ocasión Badaneqº’e acudía a pedir consejo a su padre, quien le daba útiles consejos. Admirados por la sabiduría de Badaneqº’e los Nartos le preguntaron cómo había llegado a pensar tan buenas soluciones.

“Badaneqº’e confesó su falta y los Nartos abolieron la regla que les mandaba matar a los viejos”

Así que cuando nos digan que algo se hace por tradición y que cada cultura tiene sus propias leyes, podemos  recordar este hermoso relato que muestra que la inteligencia es universal y no local y, por tanto, se puede encontrar en personas de cualquier cultura. Y que uno de los rasgos de la inteligencia es precisamente oponerse a la tradición cuando sirve para justificar la crueldad.

 

Arte ascii typ3ewriter

Manual de Arte Ascii cuando todavía no se llamaba así, sino Keyboard Art(por las máquinas de escribir). Paul Hadley, 1948

INTERFERENCIAS
El cine (a veces) muestra más que la realidad

Casi siempre la realidad, digamos "el universo" es más grande que la narración. En teoría narrativa siempre se comienza por aquello de la historia frente a la narración. O incluso desde más atrás, desde la Historia a la historia y desde la historia a la narración.

Es un asunto complejo e interesante que no voy a tratar aquí. Simplemente me interesa ese asunto antes insinuado: el narrador selecciona una parte de la realidad y con esa parte hace su historia, que luego cuenta en lo que algunos llaman narración.

Homero no cuenta toda la guerra de Troya, sino sólo el último año, y dentro del último año no cuenta todo lo que sucedió, sino tan sólo la cólera de Aquiles. Esa es la razón por la que (cosa que sorprende a muchos que no han leído las obras de Homero), en la Ilíada ni siquiera se cuenta lo del famoso caballo de Troya.

Parece, pues, inevitable que el narrador recorte un pedazo de la realidad y renuncie a mostrarlo todo. Pero a veces el cine o el vídeo también muestra algo que no estaba en la realidad filmada. No me refiero a trucos ni a efectos especiales, a no ser que consideremos que lo que voy a mencionar es un efecto especial accidental.

Entre las cosas que suceden en la pantalla, o ante una cámara, que no suceden en la vida real están las bandas de interferencia que se ven en un aparato de televisión cuando es grabado (no sé si también cuando se emite en él la imagen que se está grabando, creando un circuito cerrado).

O el efecto móvil de los tejidos de muaré o de cuadritos pequeños. Por eso se recomienda que no se lleven vestidos de pata de gallo, o de cuadritos pequeños, o todo blanco o todo negro.

A mí lo más interesante me parece sin duda esas bandas de interferencia que, según creo recordar, expresan algún tipo de problema, fórmula o paradoja matemática. Creo que algo relacionado con un bucle de autorreferencia o algo parecido.

Si tú, lector atento, sabes a qué me refiero, escríbime un comentario y te lo agradeceré, al menos digitalmente.

Pero también me pregunto si podría encontrarse algo semejante en lo que la narración mostrase algo que no está en la realidad, pero ahora referido a la estructura. Un ejemplo trivial sería presenciar como sucesivos dos acontecimientos simultáneos, o verlos desde dos puntos de vista (como un accidente de coche, que se repite invertido en el montaje para ahorrar y fingir más espectacularidad).

 

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Diletante  DILETANTE

Prohibid los placeres (John Milton e Iván Tubau)

De John Milton se suele decir que era ciego, puritano y que escribió El paraíso perdido. Es un resumen muy útil para ignorar quién era Milton.

Es cierto que era ciego, pero no siempre lo fue; es cierto que era puritano y partidario de Cromwell, pero no un fanático como lo fue el Lord Protector, y es cierto que escribió El paraíso perdido, pero también El paraíso recobrado, y otros muchos poemas y ensayos. Hoy imaginamos a Milton como a un ciego que nos mira a través de sus cuencas vacías, pero quienes fueron con él a la escuela le llamaban la damisela del College a causa de sus largos cabellos rubios y, según él mismo cuenta, a pesar de ser ciego, sus ojos azules parecían perfectamente sanos. También era republicano y escribió las primeras defensas del divorcio, que inició cuando su joven esposa de 17 años le abandonó, y de un libro extraordinario en defensa de la libertad de imprenta y de prensa, Areopagitica, que ha sido razonablemente comparado con otro delicioso y poderoso ensayo inglés, Sobre la libertad, de John Stuart Mill.

La breve síntesis de la vida de Milton, como suele suceder, nos oculta la personalidad del autor al que creemos definir. Es sin duda uno de los personajes más complejos e interesantes de la literatura clásica inglesa, que muchos (y yo debo incluirme) sólo conocen de una manera superficial, como una suma de resúmenes y síntesis.

En su Areopagítica, Milton dice a quienes quieren prohibirlo todo:

“Si pensamos en regular las prensas, para con ello enderezar los modales, deberemos regular toda casta de solaces y pasatiempos, todo aquello en que los hombres hallaren su deleite. No habría que oír música, ni debería ir canción al pentagrama o ser entonada, como no fueran dóricas y graves. Ni sin permiso debería espaciarse la danza, para guardar a nuestra mocedad de ademán, movimiento o porte de los que vuestro permiso no estimara honestos…”

Es un párrafo que me recuerda un hermoso poema de mi padre, Iván Tubau:

WALKMAN
Un barco, el mar
cuando anochece
- ¿cómo
decir cuando anochece que anochece

sin decir que anochece?-
y el saxo de John Coltrane estallando
directamente en tu celebro:
¿Queréis droga más dura?
¿Cómo es posible
que aún sean legales
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