Cambiante

 

 

 

Cómo usar bien un deus ex machina

 

(El deus ex machina 4ª parte)

Capítulos anteriores en:  Las paradojas del guionista Daniel Tubau Las paradojas del guionista

 

Los teóricos del guión consideran que el deus ex machina es un artilugio que un buen guionista nunca debe usar. Es un truco fácil, una técnica para salir de un apuro narrativo, pero de una manera que sólo puede decepcionar al espectador inteligente. Tal vez tengan razón, aunque se pueden ofrecer algunos argumentos en defensa del deus ex machina.

En el capítulo anterior de este mini serial ya ofrecí una primera defensa del deus ex machina, aunque más bien me limité a defender a Eurípides, acusado, tal vez injustamente, de recurrir en exceso a ese truco fácil. En el próximo capítulo se ofrecerá una verdadera defensa del deus ex machina, pero ahora quiero mostrar un ejemplo de cómo se puede utilizar un deus ex machina y obtener un resultado extraordinario.

La película es El último (1924), de Murnau, con guión de Carl Mayer, que supuso para muchos el descubrimiento de lo que se podía hacer moviendo la cámara, en vez de obligar a los actores a moverse delante de un encuadre fijo.

Carl Mayer

 

Carl Mayer

Se suele considerar que El último es una película de Murnau, pero también lo es sin duda del guionista Carl Mayer, del director de fotografía Karl Freund y del actor Emil Jannings. Carl Mayer también colaboró en otros grandes clásicos del cine, El gabinete del doctor Caligari (Wiene), Amanecer (Murnau), Berlín, sinfonía de una ciudad, La calle (Grune) o Tartufo (Murnau). Murió en Londres cunado se preparaba para dirigir su primera película.

 

El último cuenta la historia del portero de un hotel, interpretado por Emil Jannings. Es un hombre de origen humilde que vive en un barrio de trabajadores, pero su empleo en un hotel de lujo y su espectacular uniforme hacen de él algo así como un general de los barrios pobres. Todos le admiran y él se pasea ufano, generoso pero soberbio, como un rey entre sus súbditos.

El último

 

Emil Jannings con su uniforme

 

Sin  embargo, la edad ya no le permite ocuparse de ciertas tareas que antes realizaba sin dificultad, como cargar con las grandes maletas y baúles de los huéspedes del hotel. Los propietarios del hotel decide que ya no puede seguir siendo el portero y le degradan, enviándole a ocuparse de los lavabos y quitándole su amado uniforme. De esta triste manera, que resulta verdaderamente trágica tal como Murnau y Mayer cuentan esta sencilla historia, es como debía acabar El último.

 

 


El primer desenlace de El último

 

Sin embargo, Murnau añadió un epílogo feliz a esta historia trágica. No está del todo claro si fue una decisión de Murnau, de Mayer, si fue sugerido por Emil Jannings o si los productores impusieron este nuevo final, preocupados por estrenar una obra de final tan dramático.

En cualquier caso, Murnau introdujo un deus ex machina increíble, que salva al degradado portero de su vida miserable en los lavabos: recibe la herencia de un millonario que había dispuesto en su testamento donar toda su dinero a la persona en cuyos brazos muriera. Y, precisamente, el millonario murió en los brazos de Jannings cuando este trabajaba en los lavabos. Tras enterearse de esta noticia asombrosa, el espectador puede contemplar cómo el portero celebra su fortuna gastando sin medida en el hotel donde antes trabajaba.

Si esto hubiese sido lo único que viese el espectador, cualquiera pensaría que era un final vergonzoso para una gran película, arreglado mediante uno de los más vulgares deus ex machina. Sin embargo, Murnau añadió un cartel a la película y con ello cambió todo.

Antes de conocer el contenido de ese cartel o letrero, hay que tener en cuenta que El último fue célebre no sólo por el movimiento de la cámara o los impresionantes decorados mitad reales mitad dibujados, también lo fue porque la historia se contaba sin los habituales carteles del cine mudo. Aquello era una proeza narrativa, que Mayer ya había intentado en películas anteriores.

Y aquí, tras más de una hora de película, tras ver la triste escena en la que un Emil Jannings destrozado se queda sólo en los lavabos, aparece ese único cartel.

 

El último

 


"Aquí nuestra historia debería terminar, porque en la vida real al desgraciado anciano poco le quedaría que esperar excepto la muerte.
  El autor se apiadó de él, sin embargo, y le proporcionó un muy improbable epílogo."

 

Es un extraordinario ejemplo de cómo usar un deus ex machina y, sin embargo, desactivarlo con un simple párrafo.

En efecto, en la vida real, como nos dice Murnau, las cosas acaban como él lo había contado, pero, ya que no se trata de la vida real, sino de una película, podemos imaginar un final feliz y asistir al triunfo final del portero.

Sin embargo, aunque veamos al portero celebrar su nueva fortuna, en todo momento sabemos que todo lo que estamos viendo es mentira, y ese alegre final nos resulta inesperadamente trágico.

 

El segundo desenlace de El último (fragmento)

 

El doble final de El último es también un buen ejemplo del problema de la verosimilitud, de cómo el espectador es capaz de distinguir dentro de una mentira (cualquier película es inevitablemente una mentira) lo verdadero de lo falso.

 

Mitología comparada

La mitología comparada es tal vez el asunto más interesante del mundo, en el que uno puede perder, o ganar, horas y horas de su vida. 

A mí me ha interesado mucho la mitología desde que en la adolescencia me pasaba las noches elaborando cuadros genealógicos o panteones de dioses, en los que llegué a juntar más de 500 dioses diferentes, en un entrecruzamiento de flechas y familias que al final siempre resultaba incomprensible.

Como es un tema tan absorbente, desde hace muchos años lo mantengo apartado, porque temo que su canto puede ser tan atractivo como el de las sirenas mitológicas.

Hace unos días mi amigo Marcos vino a remover un poco este interés dormido y ahora dudo entre dejarme seducir de nuevo o no.

Casi nunca he hablado en esta página de mitología, ausencia asombrosa que empezaré a remediar con prudencia. Empezaré por publicar en esta página algunos viejos textos y quizá inicie alguna nueva investigación.

La mitología comparada, por cierto, está llena de prodigiosas teorías que, con el pasar de los años, son rechzadas y olvidadas, así que, manteniéndome en la línea prudente de autores como W.C.Guthrie, intentaré no avanzar demasiadas hipótesis arriesgadas y mantenerme más bien en el terreno de la comparación fenomenológica, es decir, de la descripción de los fenómenos o ejemplos míticos semejantes.

Para empezar, voy a rescatar una sección de mi revista Esklepsis que se llamaba Seres Proteicos.

En el número 4 de Esklepsis publiqué el segundo capítulo de Seres proteicos, un breve texto dedicado a un misterioso personaje de la mitología celta (podría decirse irlandesa con más propiedad), Tuan McCairell.

 


Seres proteicos (1)

 

Tuan Mac Carell

El Leabar Ghabala (Libro de las invasiones) cuenta la historia de los distintos pueblos que llegaron a la isla de Irlanda desde el principio de los tiempos.

Los primeros pobladores desembarcaron poco antes del diluvio y fueron tragados por las aguas. Más tarde llegaron otros pueblos; casi todos ellos desaparecieron sin dejar rastro, quedando desierta de nuevo la isla.

El problema que se plantea con este tipo de relatos es: si la isla quedó desierta, ¿quién contó la historia de esos pobladores extinguidos?

Otra versión de las sucesivas invasiones de la isla propone una solución al problema: la existencia de un testigo que sobrevive a todas las extinciones.

El primer manuscrito en el que se encuentra esta explicación es del año 1100 (The Book of The Dun Cow), pero la historia que contienen sus páginas se remonta al siglo VI, cuando San Finnen llegó a Irlanda y fundó un monasterio en Mag-bile, Ulster.

San Finnen quiso visitar un día a un rico guerrero que vivía cerca del monasterio, pero no le dejaron entrar en su fortaleza hasta que el monje recurrió "al medio que la ley irlandesa ponía a disposición de los débiles para conseguir que los fuertes cediesen ante su demanda". Este medio era el ayuno.

Cuando el guerrero le recibió en su hogar, Finnen le preguntó quién era. El guerrero respondió:

"Soy originario del Ulster. Mi nombre es Tuan, hijo de Carell (en irlandés, Tuan mac Cairill); mi padre era hijo de Muredach Munderc. Este desierto lo he heredado de mi padre; pero hubo un tiempo en que me llamaban Tuan, hijo de Starn, hijo de Sera. Starn, mi padre, era hermano de Partolón."

El monje Finnen debió quedar muy asombrado, porque Partoón es considerado uno de los primeros pobladores de Irlanda tras el diluvio. Finnen pidió a Tuan que les contase la historia de Irlanda. Entonces dijo Tuan:

"Partolón, hijo de Sera, vino a establecerse en Irlanda. Había sido desterrado; le acompañaban veinticuatro hombres, cada uno de los cuales venía con su mujer. Sus compañeros no eran particularmente inteligentes. Vivieron en Irlanda hasta que llegaron a sumar cinco mil de la misma raza. Entonces les atacó una enfermedad mortal y todos perdieron la vida en el término de una semana; sólo un hombre sobrevivió. Porque es sabido que nunca sobreviene una mortandad sin que de ella escape alguien para contarlo. Ese superviviente único fui yo."

De este modo el relato soluciona aquel enigma de quién contó cómo llegó y cómo se extinguió la primera población de Irlanda. Durante el breve tiempo que Partolón y sus hombres permanecieron en Irlanda construyeron bastantes cosas, según se deduce por el relato de Tuan:

"Cuando me quedé solo fui de fortaleza en fortaleza, de roca en roca, para ponerme al abrigo del ataque de los lobos. Durante veintidós años no hubo en Irlanda más habitante que yo. Caí en la decrepitud y llegué a una vejez extrema. Vivía en las rocas desiertas pero ya no podía correr, y las cavernas me servían de asilo."

Fue entonces cuando desembarcaron en Irlanda los hombres de Nemed, hijo de Agnoman, que era tío del propio Tuan Mac Carell, aunque ese parentesco no pareció darle mucha confianza:

  "Lo vi desde lo alto de las rocas y me las ingenié para no ser descubierto. Mis cabellos y uñas eran largos; estaba decrépito, gris, desnudo, sumido en la miseria y el sufrimiento.

Tuan Mc Carell

 

Sin embargo, los problemas de Tuan se solucionaron de una manera asombrosa:

"Una noche me dormí y por la mañana desperté con una forma diferente: me había transformado en un ciervo. Había vuelto a encontrar mi juventud la alegría de mi espíritu, y canté versos sobre la llegada de Nemed y de su raza, así como sobre la metamorfosis que yo mismo acababa de sufrir."

Si antes Tuan no hizo ningún intento de acercamiento a los recién llegados, convertido en ciervo, resultaba mucho más peligroso:

"Eran poderosos guerreros que hubieran podido herirme cruelmente en el combate; pero sobre mi cabeza lucían dos cuernos armados de sesenta puntas."

Convertido en el jefe de los ciervos de Irlanda, Tuan vivió hasta que los descendientes de Nemed llegaron a ser "cuatro mil treinta hombres y cuatro mil treinta mujeres", momento en el que también murieron todos. Ahora Tuan era un viejo ciervo, cada vez más débil, pero entonces:

"Cuando estaba en la puerta de mi caverna -guardo clara memoria de ello-, la forma de mi cuerpo cambió y fui transformado en jabalí."

Tuan decidió celebrar en verso su nueva metamorfosis

"Hoy soy jabalí… soy rey, soy fuerte, venceré.
Hubo un tiempo en que formé parte de la asamblea que rehabilitó a Partolón.
¡Cuán agradable era el canto de mi brillante sentencia!
Agradó a las jóvenes, que, por cierto, eran muy bonitas.
Mi canto era a la vez bello y majestuoso.
Mi voz producía sonidos graves y dulces…
Mi paso era rápido y seguro en los combates.
Tenía un rostro encantador…
Y héme hoy aquí convertido en un negro jabalí".

A pesar de recordar con nostalgia su tiempo como hombre, Tuan enseguida se consoló al recobrar las fuerzas de la juventud, y se convirtió en rey de los rebaños de jabalíes de Irlanda. Ahora se había dado cuenta de que siempre que llegaba la vejez debía acercarse a su antigua casa del Ulster. También debía observar tres días de ayuno antes de la transformación. En diferentes formas pudo presenciar la llegada a Irlanda de Semión hijo de Stariat, de quien descienden los Fir Domnann, los Fir Bolgy y los Galiuin. Sintiéndose de nuevo viejo, regresó a su antigua casa y se sometió al ayuno:

"Al cabo de esos tres días mis fuerzas se habían agotado totalmente. Entonces fui metamorfoseado en un gran buitre, o, para decirlo de otra manera, en una enorme águila de mar. Mi espíritu recobró su alegría. Otra vez fui capaz de todo: devine curioso y activo, recorría toda Irlanda y estaba al tanto de cuanto pasaba.

Para celebrar su alegría, Tuan cantó de nuevo:

"Hoy buitre, ayer era jabalí…
Dios, que me ama, me ha dado esta forma…
Antes viví con una manada de cerdos salvajes.
Hoy formo parte de una bandada de pájaros…
Por una maravillosa decisión de la bondad divina
respecto de mí y de la raza de Nemed,
he aquí que esta raza está sometida a la voluntad de los      
                                                                              demonios
y yo, en cambio, vivo en la compañía de Dios.

Convertido en águila, Tuan vio llegar a Irlanda a Beothach, hijo de Iarbonel el profeta, de quien descienden los Tuatha De Danaan, un misterioso pueblo de dioses que dominó Irlanda, tan sabios que "es probable que el cielo haya constituido el punto de partida de su viaje: sólo así se explican su ciencia y la superioridad de su instrucción."

Todavía era un buitre Tuan cuando llegó la última raza colonizadora, la de los hijos de Mil, quizá los milesios, que se decía habían llegado desde Grecia a través de Galicia, y que vencieron a los propios dioses, a los Tuatha De Danaan.

Antes de su siguiente metamorfosis, Tuan ayunó nueve días, tras los que se despertó convertido en salmón. Sin embargo, los buenos tiempos de Tuan se estaban acabando. la vida como salmón resultaba muy dura, porque le perseguían los pescadores, las aves y otros peces.

Uno de esos pescadores me atrapo y me llevó a la mujer de Carell, rey de este país. Lo recuerdo muy bien. El hombre me puso en la parrilla y desperté el apetito de la mujer, que me comió entero, de tal suerte que me encontré en su vientre."

Este podría haber sido el final definitivo de Tuan, pero como sabemos que está hablando con el monje Finnen, algún asombro m´sa nos depara la historia:

"Recuerdo el tiempo que pasé en el vientre de la mujer de Carell, las conversaciones sostenidas en la casa y los acontecimientos que por entonces sucedieron en Irlanda."

Tuan, por supuesto, fecundó de alguna manera a la mujer y nació como niño humano, al que llamaron Tuan Mc Carell, puesto que era hijo de Carell.

Mac procede de maqos, hijo; es muy frecuente que los héroes irlandeses se llamen Mac, aunque actualmente solemos pensar que es un termino escocés; los escoceses fueron conquistados por los escotos, de ahí que empleen el mac y que su propia tierra se llame en cierto modo Irlanda (los escotos procedían de Irlanda).

Puesto que había presenciado todo lo sucedido en Irlanda desde los tiempos de Partolón, Tuan fue considerado un profeta. Casualmente todo ello sucedió ya en época de la cristiandad:

"Eso sucedió inmediatamente después de que San Patricio trajera la fe a Irlanda. Hubo muchas conversaciones, me bautizaron, y creí en el creador del mundo, grande y único rey de toda la creación."

Esta es la historia de Tuan y sus metamorfosis.

Al parecer, se trata de una leyenda pagana que después se quiso prolongar hasta la llegada del cristianismo a Irlanda. Lo que supuso la consiguiente prolongación de la vida de Tuan. Para probarlo, D'Arbois de Jubainville calcula la duración de la vida de Tuan:

Primera vez como hombre 100 años
  Como ciervo 80 años
  Como jabalí 20 años
  Como águila 100 años
  Como pez 20 años

Lo que son 320, a los que hay que añadir los que vivió por segunda vez como hombre. Si hemos de llegar hasta San Finnen (siglo VI), la vida de Tuan alcanzaría al menos los 1400 años.

 

Archivo azaroso

 

Me gustan mucho los métodos azarosos para estimular la imaginación. En la Biblioteca Nacional me gustaba caminar a ciegas entre los viejos archivos de madera, abrir uno sin mirar su contenido, separar unas cuantas fichas y entonces mirar. Anotar los títulos y signaturas de 4 o 5 libros y solicitarlos entonces al bibliotecario.

Es una manera de salir del círculo de lecturas, influencias y autores que nos gustan o nos interesan. De este modo se hacen descubrimientos muy interesantes. Creo que fue así como descubría Fritz Mauthner o a Jacob von Uexkhull. Con un método semejante encontré La nueva Filosofía de Oliva Sabuco.

También me gusta mucho releer textos que escribí hace tiempo y comentarlos. Descubrir si estoy de acuerdo con lo que dije, o si he cambiado de opinión. He discutido conmigo mismo durante años acerca del eterno retorno o de cualquier otra cosa.

Esta afición resultaba antes muy complicada, porque había que volver a escribir todo otra vez, o escribir en notas al margen y en anexos, que luego había que imprimir o enviar a la imprenta de nuevo. Algo así hacía Montaigne con sus ensayos, que nunca se cansaba de corregir o aumentar, y por eso hay diversas ediciones; recientemente, se ha publicado en la editorial Acantilado una versión que creo que es previa a las últimas correcciones, pero que algunos consideran preferible.

Con los ordenadores todo esto resulta mucho más sencillo, porque es posible corregir un texto sin tener que escribirlo de nuevo, o añadirle notas y comentarios sin necesidad de variar la parte original.

Eso es lo que voy a hacer en esta sección llamada Archivo azaroso, en la que rescato textos escritos hace tiempo, y los comento.

 

 

Definición de prejuicio (1994)

 

Sobre este tema se ha escrito mucho. Ya veremos las opiniones de Bacon, Leibniz y Descartes, por ejemplo.

 

Supongo que mi intención era examinar las interesantes descripciones y definiciones del prejuicio que dan estos tres autores, como los de Bacon: prejuicios de la tribu, prejuicios del teatro, etc.

 

Pero adelantaré una definición intuitiva -o apresurada, si se prefiere-:

“Prejuicio es aquello que se opina sin poder justificar por qué”.

Las dificultades de una definición como ésta saltan inmediatamente a la vista, pero la iré puliendo, analizando ejemplos concretos.

El primer ejemplo es el de una amigo que nos dice:

“No me gusta este autor, no he leído nada suyo, pero ni me interesa ni tengo intención de hacerlo”.

Supongamos que el autor en cuestión es, para citar a alguien conocido, Isaac Asimov, célebre en todo el mundo por sus libros de ciencia ficción y de divulgación científica.

Lo primero que observamos es el error lógico de tomar la parte por el todo: a nuestro amigo no le gusta Isacc Asimov y, sin embargo, no ha leído ningún libro suyo, incluso añade con malicia que ni siquiera tiene intención de hacerlo. ¿Cómo es esto posible? Posiblemente porque lo que sucede es que no le gusta Isaac Asimov como persona y por ello induce (o abduce) que tampoco le gustará cómo escritor.

Naturalmente, se trata de una inferencia muy arriesgada, pero todos hemos caído en ella alguna vez: por ejemplo cuando rechazamos leer a autores de conocida tendencia fascista o nazi.

Así, por ejemplo, es evidente que las personas interesadas en el surgimiento del nazismo -aunque no sean especialistas en el tema- deberían leer Mein Kampf (mi Vida) de Adolf Hitler. Pero pocas personas lo hacen (yo admito que no lo he leído, aunque sí tengo intención de leerlo).

 

Ahora sí que lo he leído, aunque no entero.

 

Pero volvamos a Asimov.

Ya he señalado uno de los primeros rasgos de los prejuicios: “tomar el todo por la parte” (metonimia).

Ahora bien, en el caso de Asimov y nuestro amigo, nuestra amistad con este último nos permite intuir que la metonimia es doble.

La metonimia esencial no es la que une a ‘Isaac Asimov persona’ con ‘Isaac Asimov autor’, sino la que conecta al ‘Isaac Asimov autor’ con la imagen pública de Isaac Asimov, o si se prefiere ‘Fama de Isaac Asimov’.

Porque, en primer lugar, parece claro que creer que se sabe cómo es una persona conociendo tan sólo lo que se publica acerca de ella -incluídas las entrevistas- es muy arriesgado. De eso tal vez hablarémás adelante.

 

No sé si se entiende bien este párrafo. Lo que quiero decir es que si uno no conoce personalmente a Isaac Asimov, sus opiniones acerca de él sólo pueden sustentarse en lo que ha leído acerca de Asimov en otros autores, en periódicos, en revistas, en biografías, etcétera. Con lo que la comparación real no se establece entre "Asimov como persona" y "Asimov como escritor", sino entre "Lo que uno cree saber de Asimov como persona o como famoso" y "Asimov escritor".

 

El problema es que nuestro amigo a lo mejor ni siquiera debe su prevención contra Asimov a la imagen pública de Asimov, sino que este prejuicio nace de la fama misma de que disfruta Asimov (de que disfrutaba, q.e.p.d.). Con ello, llegamos a uno de los motivos más comunes a tantos prejuicios: la fama.

La fama, como es sabido, produce dos movimientos contrarios en el espectador: admiración y desprecio. El desprecio está muy ligado a la envidia.

El envidioso, sin embargo, no se reconoce jamás, o casi nunca, como tal, y su desprecio hacia muchos personajes famosos es justificado por él con razones que, la mayor parte de las veces, son correctas. Porque lo cierto es que tal vez nadie merece la fama de la que disfruta.

¿Estoy diciendo, entonces, que el envidioso tiene razón?

No exactamente, porque la envidia no es algo que dependa de una supuesta coherencia lógica, sino que es fundamentalmente un sentimiento y, por ello, más que con los hechos, está relacionada con la ética o la moral, o quizá con el carácter. Es una pasión generalmente mediocre, tanto como su opuesto, la admiración desmesurada.

Pero volvamos a la fama. En muchas personas, y de esto puedo hablar por propia experiencia, se produce un sentimiento de aversión hacia personas o cosas populares, precisamente porque son populares. Uno se cansa de que todo el mundo se deshaga en elogios hacia una película y acaba perdiendo las ganas de ir a verla. Tal vez en ello juega su papel la envidia, aunque es discutible que la envidia pueda dirigirse contra una película.

 

Sin embargo, sí que puede haber en ello algo de envidia. Una envidia, dicho en términos psicoanalíticos, desplazada. Lo que molesta es la cantidad de elogios hacia una película que nosotros ni siquiera hemos visto. Se podría considerar que la película atrae una atención que deberíamos llevarnos nosotros, o al menos las películas recomendadas por nosotros. Parece un poco rebuscado, y sin duda lo es, pero creo que hay algo de verdad en esta dirección. Obsérvese, por ejemplo, que a menudo el hecho de que nos guste una película o una música determinada varía si hemos sido nosotros sus descubridores o si nos lo han contado cuando ya todos lo habían descubierto. Intentaré buscar algún ejemplo, puesto que es un asunto difícil de demostrar.

 

Por otra parte, criticar la admiración desmesurada y acrítica hacia diversos personajes puede confundirse con envidia, sin serlo realmente.

 

Ese otro sentimiento que no es la envidia tiene más que ver con el espíritu de contradicción. Yo he cometido muchos errores llevado por esta ciega pasión. He despreciado a pintores, películas, actores, escritores, políticos, artistas, etcétera, de los que no sabía nada.

Afortunadamente, he llegado a darme cuenta de lo injusto de esta actitud y he reconsiderado muchas de mis opiniones, alcanzando, si no un juicio más justo, sí un criterio más equilibrado, o al menos eso creo.

El problema es que en este sentimiento, como suele suceder en las pasiones humanas, se mezclan muchos factores: envidia y espíritu de contradicción ya han sido tratados, pero a ellos va asociada también la ligereza y la soberbia del juzgar sin conocer.

El espíritu de contradicción, en efecto, te lleva a opinar de las cosas sin conocerlas, y acabas comportándote como esos analistas que dicen a su paciente que no le conviene leer tal libro, aunque ellos, los analistas, tampoco lo hayan leído.

Ahora bien, alguien pensará: ¿no nos estamos desviando del tema de los prejuicios?

No, porque la envidia, la ligereza, el juzgar sin conocer y el espíritu de contradicción siguen encajando en la definición de prejuicio: “Aquello que se opina sin poder justificar por qué”.

Ahora bien, antes de continuar hay que precisar que en esta definición se ha de entender ‘justificar’ en su pleno sentido, y no como sinónimo de ‘explicar’. Porque uno puede explicar sus prejuicios y sus manías: “Le tengo manía a este hombre porque es gordo y fofo”, pero una explicación tal no parecerá justa y equilibrada a un testigo imparcial.

Ahora podríamos emplear diez o doce páginas [o pantallas] en discutir qué es la imparcialidad y quien puede juzgar y con qué criterio. También podríamos divertirnos un rato con argumentos como: “¿Es que acaso el que un tipo sea gordo y fofo no es un criterio tan válido como cualquier otro?”

Podría hacer todo eso, pero esa es una cosa que también acaba cansando. La verdad es que no sé cómo no se aburren los filósofos del lenguaje, los epistemólogos y los relativistas culturales, que se ven obligados a escribir cien páginas de auto-crítica y situacionismo para poder dar a la luz pública una idea que sólo ocupa tres páginas. O tres frases. Antes podía ser más entretenido, porque el relativismo era un bicho raro, pero ahora que se ha convertido casi en una tradición unánime…

 

Lamentablemente, el relativismo cultural todavía cuenta con muchos adeptos. Parece que el único que lo ataca es el Papa Ratzinger, que no es la mejor de las ayudas, desde luego. Por si esto fuera poco, cuenta con aliados entre la derecha extrema, católica o no, y entre los islamistas radicales. Yo entonces me sentía, y sigo sintiéndome, tan lejos de los relativistas como de los etnocentristas o lo-que-sea-centristas. En realidad, me parecen que son dos doctrinas muy parecidas, pues el relativismo es sólo etnocentrismo generalizado. Una muestra de ello es que los etnocentristas islámicos encuentran sus mejores aliados entre relativistas que se consideran de izquierdas, lo que resulta tan asombroso como vergonzoso.

 

En el párrafo acerca de epistemólogos, relativistas y filoetimólogos, he atacado los prejuicios bordeando yo mismo la línea del prejuicio, no sé si el lector se habrá dado cuenta. Parece, en efecto, que intento refutar el relativismo, la filosofía del lenguaje y la epistemología con argumentos similares al de “este tipo me cae mal porque es gordo y fofo”.

Sin embargo he intentado evitar el prejuicio…

 

Y aquí se acaba el texto bruscamente. Supongo que quería aclarar que no había caído en un prejuicio grosero, puesto que no me refería a ningún tipo de defecto más o menos casual de relativistas, filoetimólogos y epistemólogos, sino que tan sólo mostraba mi opinión sobre lo aburrido de sus libros. Otra cosa sería afirmar que las ideas de tales pensadores son incorrectas porque son aburridas.

 

Sin embargo, mi opinión era también un prejuicio porque es un juicio demasiado general (casi todos los juicios muy generales son prejuicios). Además, lo cierto es que hay muchos libros de epistemología que me parecen interesantísimos.

 

El nuevo siglo griego

 

La Antigüedad grecolatina nos ha dejado restos asombrosos y admirables en el mundo del arte, la literatura, la filosofía, la historia o la poesía. En realidad, en casi todos lo relacionado con la cultura, pues a los antiguos griegos les interesó casi todo y pensaron sobre casi todas las cosas.

Lo más asombroso, sin embargo, no es lo que nos han dejado, sino lo que se ha perdido: sólo conservamos una mínima parte de la cultura griega.

Es casi mareante pensar que podríamos tener, no siete obras de Esquilo o Sófocles, o diez o doce de Eurípides, sino quizá sesenta u ochenta de cada uno; que de otros autores ni siquiera conservamos una sola obra (en El banquete de Platón, por ejemplo, la reunión tiene lugar en la casa de Agatón, quien acaba de recibir el primer premio del certamen teatral que se celebraba regularmente en Atenas y era considerado un dramaturgo innovador); de Demócrito, fundador con Leucipo del atomismo, apenas nos quedan unos fragmentos de las decenas de libros que escribió; en fin, fragmentos también del resto de los llamados presocráticos, de los libros de Epicuro o Aristipo, de mucha de la ciencia y filosofía griega clásica y alejandrina; apenas unas decenas de estatuas originales, las ruinas de la Acrópolis, que en época tan reciente como finales del siglo XX fueron convertidas en lo que ahora queda (los griegos guardaron allí un polvorín que estalló en una ataque turco).

Aunque es quizá superior a cualquier otro, no es el único momento asombroso en la historia de la cultura mundial, aunque muchos así lo consideran al llamarlo "el milagro griego".

Hay razones para pensar que un fenómeno semejante se produjo en China en la época Zhou y en la de los Reinos Combatientes, al menos en lo que se refiere a la filosofía, la poesía, el arte y tal vez la música y la literatura. Lamentablemente, el primer emperador chino y fundador de la dinastía Qi ("Chi"), Shi Huang Di, destruyó todo cuanto pudo de esa época llamada "de las cien escuelas".

También pudo darse una explosión cultural comparable en la India, desde la época de los Upanisads hasta la expansión del budismo y el jainismo. Pero, también aquí, la ortodoxia vedanta acabó con los disidentes, con todas las escuelas materialistas de los carvaka, por ejemplo, e incluso con el budismo, que dominó la prodigiosa época del emperador Asoka, pero acabó desapareciendo de la India, con el regreso de las doctrinas ortodoxas basadas en los Vedas.

A los historiadores siempre les ha llamado la atención que estos tres fenómenos culturales, a los que tal vez habría que sumar el de Persia (el moderno Irán) tuvieron lugar en la misma época (entre el -700 y el -200 aproximadamente).

Otros ejemplos de épocas de gran riqueza cultural pueden encontrarse de nuevo Persia , en la época posterior a la conquista de Alejandro y anterior a la invasión árabe, una de las grandes civilizaciones menos conocidas; en algunos momentos y lugares del Islam; en las épocas Han y Tang de China, y en el conjunto, disperso en siglos y países, de la Europa medieval cristiana.

Pero hay que esperar al Renacimiento italiano para encontrar de nuevo una explosión comparable a la de los griegos, que inicia un cambio que ya dura cinco siglos. Desde entonces, primero en Europa y después en el resto del mundo las aportaciones a la cultura universal se han sucedido de manera asombrosa (época isabelina inglesa, siglo de oro español, gran siglo francés, la Ilustración, la kultur alemana, la cultura austrohúngara, la renovación Meiji de Japón, los escritores y músicos rusos de finales de siglo XIX e inicios del siglo XX, los Estados Unidos en el siglo XX...

Y, en general, el siglo XX en casi todo el mundo.

Creo que el siglo XX, a pesar de la negativa opinión, bastante extendida, que lo ve como un siglo de farsantes, será recordado dentro de unos cientos de años como una de las épocas más más creativas de la historia. Un nuevo siglo griego, en el que se iniciaron nuevos caminos asombrosos, no simplemente una repetición, a la manera renacentista o clasicista, de la época grecolatina.

En el siglo XX se aplicó por fin de manera general algo que ya se había intentado en la Francia de la Ilustración, el precepto que recomendara Goethe, adelantado de la universalización cultural que hoy vivimos: "No hay que ser como los griegos, hay que ser griegos."

Ahora la cercanía nos impide ver las cosas con claridad, pero estoy convencido de que dentro de cien o doscientos años el siglo XX será recordado como el momento en el que se originaron, se crearon y re-crearon muchísimas cosas.

Y probablemente, el siglo XXI también será un nuevo siglo griego, en el que la incorporación de antiguas o nuevas culturas y pueblos que han estado bastante apagados en los últimos siglos, como China, India, el llamado mundo musulmán y África, proporcionará placeres continuos a quien sepa y quiera degustarlos.

 

Sobre la usabilidad

 

Para los que no están familiarizados con el tema, diré que la usabilidad es una disciplina que se ocupa del estudio de las páginas web. No de lo que contienen, sino de cómo son y cómo deberían ser. Una página web “usable” es una página web que resulta útil y fácil de manejar por sus usuarios. Por el contrario, una página web con poca usabilidad es la que ofrece dificultades para la navegación o resulta confusa.

Hay muchos teóricos de la usabilidad. Desde hace ya varios años, como suele suceder gracias al legendario sentido práctico y al gusto por los negocios de los norteamericanos (EEUU), la usabilidad es una fuente de dinero, gracias a la cual muchos teóricos se han hecho millonarios.

Hacer dinero gracias a la usabilidad no significa que esta disciplina sea mejor o peor, y mi intención no es caer en el habitual argumento demagógico acerca del mercantilismo norteamericano. Lo menciono tan sólo porque considero que este aspecto influye de manera en las teorías de los expertos en usabilidad. Espero mostrarlo más adelante.

El más conocido de los gurús de la usabilidad es Jacob Nielsen. Advierto de nuevo que tampoco utilizo el término gurú con una intención despectiva: en Estados Unidos, ser un gurú es algo equivalente a ser un super experto en algo. Es un calificativo elogioso, aunque tenga un claro matiz irónico, pues, como dice George Steiner, en Estados Unidos, “donde la irreverencia es tan tradicional como la tarta de cerezas” apenas se encuentran “maestros” a la manera de los de la tradición europea, asiática, africana o del resto de América.

De hecho, la palabra maestro referida a un pensador o a un guía intelectual (”master”) tiene una connotación casi tan ridícula como gurú.

McLuhan, que era canadiense, fue el gran gurú de la modernidad en Estados Unidos, de lo que él llamaba la Galaxia Marconi, que venía a sustituir a la Galaxia Gutenberg; Syd Field y Robert McKee eran o son gurús de la teoría del guión; Negroponte y Esther Dyson fueron o son gurús del mundo digital.

Conseguir el título de gurú en Estados Unidos, a pesar de la connotación burlona, es el camino más corto al éxito y al dinero, pues junto a esa irreverencia legendaria, que tanto ha influido en el mundo moderno, en Estados Unidos muchísimas personas están dispuestas a comprar las fórmulas de los gurús como quien compra un coche o una casa.

Jakob Nielsen

Jakob Nielsen

Jacob Nielsen nació en Dinamarca, pero desarrolló su carrera en Estados Unidos, y fue allí donde se convirtió en gurú.

Nielsen fue muy influido por el legendario libro doble de Ted Nelson Computer Lib/Thinking Machines.

 

Los descubrimientos de Nielsen

Así que Nielsen es el gurú de la usabilidad. Un gurú de este estilo comparte ciertas características con los gurús tradicionales de la India: son gente que aparenta saber mucho, pero su conocimiento no procede directamente de lo que llamamos saber académico, sino más bien de su propia experiencia; en el caso de Nielsen, de la observación cuidadosa e inteligente. Un gurú suele señalar algo que estaba a la vista de todos, pero que nadie ha mirado con atención.

Nielsen, por ejemplo, observó que en la impresionante página de venta de la empresa de ordenadores Apple faltaba un pequeño detalle: un botón para comprar aquellos maravillosos productos. Ese es uno de sus grandes descubrimientos.

Puede parecer que se trata de un detalle trivial, pero lo cierto es que los detalles triviales a menudo son muy importantes, como intenté demostrar en mi ensayo: Lo único que importa es lo superfluo.

(Por cierto, da la impresión de que el acento en supérfluo no sería superfluo, sino conveniente, ya que la tendencia natural nos lleva a pronunciar “superfluo” como “superflúo”.)

Nielsen no se limitó a descubrir que a Apple le faltaba un botón para vender sus productos. Esa y otras muchas cosas las descubrió mediante uno de los mejores métodos que puede emplear un investigador: la observación.

Nielsen, en efecto, se dedicó a observar no lo que hacían los creadores de páginas web, sino lo que hacían los usuarios que visitaban esas páginas.

De este modo, descubrió que los que querían comprar un producto Apple se volvían locos intentando encontrar una manera de acceder al servicio de ventas, y que quienes entraban en la página por simple curiosidad no veían, como es obvio, un botón de venta que les incitase a plantearse la posibilidad de comprar algo. Pero también descubrió otras cosas, por ejemplo, lo fastidiosas que eran las animaciones realizadas con el programa Flash en una página web. Su conclusión fue que poner contenidos Flash en una página web era en un 99% malo. Eso hizo que la empresa creadora de Flash le contratase como consejero para la próxima versión del producto. Si no puedes vencer a tu enemigo, cómpralo.

Y, en efecto, una semana después de ser contratado por Macromedia, Nielsen escribió un artículo titulado: “Flash, 99% bueno”.

 

¿Quién descubre qué dónde?

Aquí es obligado un nuevo inciso: he leído en una página web que a menudo se dan normas de usabilidad sin mencionar a su creador, Jacob Nielsen. Sin duda es cierto, pero también se da la situación inversa: a menudo se atribuyen a Nielsen descubrimientos que no hizo él.

Puesto que es bueno evitar repetir tópicos, y con ello contribuir a su difusión, advierto desde este momento que las ideas acerca de la usabilidad que voy a mencionar no pertenecen necesariamente a Nielsen.

Sería demasiado arduo, y sin duda excedería mis fuerzas, averiguar en este momento quién fue el primero que dijo tal o cual cosa acerca de la usabilidad. Entre otras razones, porque muchas de estas ideas son de puro sentido común y, en consecuencia, pudieron ser muchos quienes las formularon. Como ya se ha insinuado antes, el mérito del descubrimiento científico casi nunca corresponde a la primera persona que lo pensó, sino a la primera que se detuvo en ello y examino a fondo esa idea, dándose cuenta de lo importante que era (la anterior es una observación que suelo atribuir a Henri Poincaré, pero tal vez me equivoco): así, por ejemplo, el descubridor de la actual teoría de la evolución se apellidaba Darwin, pero no se llama Erasmus, sino Charles. Erasmus pensó en la evolución, pero fue su nieto quien se planteó la idea con seriedad.

Otra característica que comparten los gurús de Estados Unidos y los de la india es que en ambos casos están muy seguros de lo que dicen, suelen hacer listas orales o escritas acerca de lo que se puede hacer o no hacer y hablan de manera extremada pero a mismo tiempo parece estar más allá de lo que dicen.

 

Los descubrimientos de Nielsen (y de otros expertos en usabilidad)

El método de Nielsen es sencillo. Consiste en sentar a un usuario frente a una página web y observar lo que hace. No hay que indicarle nada, está prohibido cualquier consejo. Que se las apañe como pueda.

Al observar a muchos usuarios dejados a su suerte en Internet, descubrimos varias cosas:

1. Que cuando en una página tienen que hacer más de tres clicks para encontrar lo que buscan, suelen desistir de seguir buscando. O al menos sienten cierta antipatía hacia esa página y la visitan menos.

2. Que si una página tarda más de 30 segundos en cargarse, la abandonan y buscan otra.

3. Con gran rotundidad Nielsen expone que lo habitual es que un usuario no lea con detalle ni siquiera una mínima parte de los textos de una página web. En su lugar, y por economía de tiempo, el usuario se limita a hojear la página por encima. Es decir, el usuario realiza un rápido barrido visual de cada página buscando elementos que llamen su atención.

4. Convienen resaltar palabras mediante negrita y cambios de color o de tamaño.

En este sentido los hipervínculos actúan como elementos de atracción visual pues se destacan del resto del texto.

5. Listas de elementos con viñetas o numeradas.

6. Estilo de pirámide invertida
La idea principal o conclusión del texto debe escribirse al principio del mismo para lograr interesar al usuario en la lectura del mismo. Después se debe continuar con los razonamientos generales que sustentan el argumento. Para terminar se pueden ofrecer enlaces a otras páginas donde se ofrecen más detalles como tablas de datos, resultados concretos o informaciones previas.

Este tipo de redacción se conoce como el ‘estilo de pirámide invertida’. Se trata de una secuenciación completamente opuesta a la utilizada tradicionalmente en los artículos científicos y académicos. De esta manera se asegura que el lector retiene lo más importante de la argumentación aunque no llegue a leer hasta el final del artículo o de la página

7. Brevedad y sencillez
Nielsen recomienda usar menos del 50% del texto usado habitualmente en una publicación escrita. Los usuarios se aburren con los textos largos. Los párrafos deben ser cortos, de dos o tres frases únicamente y muy directos en su estilo.

8. Títulos de sección y titulares breves intercalados (también llamados ‘ladillos’).

 

Los problemas de la observación

El método de Nielsen de la observación es bueno. El lo llama método heurístico, es decir empírico, es decir observacional, y ya lo he descrito antes. Es el mismo método que utilizaba Aristóteles: si queremos saber qué es la valentía, observemos cómo son esas personas a las que llamamos valientes, por ejemplo Alcíbiades de Atenas.

Ahora bien, aunque el método es bueno, es tan sólo un primer paso para otra cosa. Si nos limitamos simplemente a enumerar lo que hace Alcíbiades, tendremos un gran conocimiento de la vida de Alcíbiades y tal vez de su carácter, pero no habremos avanzado demasiado en nuestro conocimiento de qué es la valentía. Tendremos también que comparar el comportamiento de Alcíbiades con el de otras personas consideradas valientes hasta que podamos aislar las características comunes a esos actos llamados “valientes” e intentar averiguar por qué son valientes, y no temerarios o cobardes. Es muy posible que la conclusión que alcancemos sea que la gente se equivoca al llamar valiente a Alcíbiades y que este dirigente griego no era tan valiente, o que no siempre lo era.

Si aplicamos el método de la observación pura a otros terrenos, descubriremos que si entregamos a niños de cinco años los juguetes que hemos fabricado para ellos lo más probable es que los destrocen en poco tiempo. Eso nos llevará a una conclusión correcta: hay ciertos juguetes que no son adecuados para niños de cinco años, por ejemplo aquellos que tienen piezas pequeñas, porque se las pueden tragar. Pero no nos obliga a adoptar la conclusión: “Hay que hacer que todos los juguetes sean adecuados para niños de cinco años”.

En efecto, también podemos hacer juguetes para niños de ocho, diez o catorce años. Incluso podemos hacer juguetes para adultos.

Lo mismo se puede decir de la usabilidad.

Descubrir que la mayoría de los usuarios navega la mayor parte del tiempo haciendo tres clics y cambiando de página; que la abandona si tarda más de 20 segundos en cargarse; que sólo se lee las dos primeras líneas de cada cosa, etcétera, no quiere decir que debamos hacer que todos los contenidos de nuestras páginas sean accesibles mediante sólo tres clics; tampoco debe impedirnos hacer una página en la que la espera de 20 segundos o un minuto valga la pena; y, por supuesto, no nos obliga a escribir dos primeras líneas fascinantes y rellenar el resto con texto sobrante (el llamado lorem ipsum).

Como dice un experto web cuyo nombre lamentablemente no recuerdo, aunque todos queremos comer, preferimos hacerlo en un restaurante en vez de en una clínica. La comida de la clínica es perfectamente nutritiva. De hecho, ha sido preparada teniendo en cuenta las necesidades del enfermo, pero, a no ser que estemos enfermos, siempre preferiremos la comida casera o la de un buen restaurante.

Naturalmente, es un incentivo intentar que todo resulte lo más intuitivo y sencillo posible para el visitante. A todos nos gustaría que todo sucediese en un instante, y lo cierto es que el avance técnico dentro de poco permitirá que así sea.

Los expertos en usabilidad observan cómo se comportan los usuarios y nos dice que no debemos hacer nuestra página de ésta o aquélla manera porque el comportamiento de los usuarios es éste o aquel. En vez de mejorar, los malos hábitos se perpetúan.

Del mismo modo que con Internet, podríamos hacer un informe de usabilidad acerca de los hábitos televisivos. Obtendríamos el siguiente resultado: el espectador no ve todo de principio a fin, sino que hace zapping.

Conclusión: demos al espectador el zapping ya hecho; en vez de una película hagamos una sucesión de fragmentos de diferentes programas mezclados con fragmentos de anuncios.

En consecuencia, observar qué hacen los usuarios con las páginas web muchas veces se parece a observar qué hace un niño de tres años con la Crítica de la razón pura de Kant.

Con el agravante, como señala marcóticos en algún lugar de su página web de que el mundo de las páginas webs y los blogs sólo lleva unos cuantos años.

Imaginemos que habría pasado si en el desarrollo de cualquier medio o herramienta nos hubiésemos limitado a observar qué hacían con ella los usuarios: tal vez habríamos descubierto que muchos usaban un libro para equilibrar las patas de una mesa, así que podríamos llegar a la conclusión de que lo mejor era editar los libros completamente en blanco, porque para equilibrar una mesa las letras que contiene un libro no sirven para nada.

Naturalmente todo esto son exageraciones. No pretendo afirmar que los usuarios de páginas web son todos como niños de tres años, o como aquellos que consideran que la mayor utilidad del libro es equilibrar mesas. Pero sí que hay muchas maneras de usar la web y no todas consisten en vender y comprar, ni siquiera en conseguir más navegantes que las páginas rivales. Tampoco el modelo de los blogs es la única manera posible de publicar textos personales en una web.

 

¿De qué van las webs?

Ahora bien, resulta que los consejos de Nielsen y de los gurús de la usabilidad no se limitan a los aspectos más o menos técnicos, más o menos relacionados con el diseño casi formal o técnico de la página. También se ocupan del contenido. Y también en este aspecto nos piden que hagamos todas nuestras páginas para niños de cinco años.

Nos piden, por ejemplo, que pongamos la conclusión al principio y luego la demostración. Esta es la manera habitual del periodismo: el titular primero, después un breve lid en el que se resume la noticia o se señala el punto considerado más importante y, finalmente, el cuerpo de la noticia. De este modo, nos dicen los periodistas y los expertos en usabilidad, nos aseguramos de que el usuario, aunque no se lea el texto entero, sí se entere de la noticia o conozca al instante la idea que queremos trasmitir.

Javier Sampedro contaba en una entrevista que cuando se convirtió en periodista de temas científicos, lo primero que le enseñaron fue escribir “al revés”, es decir, poner al principio la conclusión.

Es un buen consejo, pero ¿es necesario que todas las páginas web sean como periódicos o como almacenes comerciales?

Un titular, el título de una entrada es generalmente informativo, y todos lo utilizamos, a no ser que sepamos que nuestros lectores están interesados en lo que contemos, sea lo que sea. Esos titulares y lids, en efecto, sirven para que alguien sepa de qué trata el asunto y pueda sentirse interesado en leer el texto, pero se convierte en una pérdida de tiempo, sobre todo para quien lo escribe, si acaba siendo lo único que lee el navegante. Se produce de este modo una especie de impaciencia en el lector y una necesidad de ser un brillante resumidor en el creador de la página.

Si observamos a un lector leyendo un libro de filosofía, descubriremos que, por ejemplo, se suele saltar las citas. Si debiésemos hacer caso del lector tipo, los libros de filosofía, de historia, de mitología, sólo serían colecciones de trivialidades, papilla intelectual para mentes perezosas. Afortunadamente existen lectores a los que les interesa seguir con atención las argumentaciones de los autores.

Es obvio que los titulares y los lids sirven para informar rápidamente al visitante o lector de si está aquí lo que está buscando, o de si se trata de un tema que le interese. Es un reclamo y un sistema de ordenación del que no podemos prescindir. Pero no es un sustituto de la cosa entera. Quien quiera información rápida o comprar algo, agradecerá estas breves señales, pero quien busque algo más, por ejemplo verdadera información, deberá aprender a no juzgar el todo por la parte, es decir, el texto completo por su resumen.

Lo cierto es que todos nos vamos acostumbrando a leer sólo los titulares, los lids, los resúmenes o las conclusiones, y nos evitamos las demostraciones, las argumentaciones, los desarrollos. Eso hace que la mayoría de la gente hable con una seguridad pasmosa de lo evidente que es esto o lo otro, pero que en realidad no sepan por qué esas cosas son tan evidentes.

 

De todo para todos

Ahora bien, si llevamos la comparación con los periódicos más lejos, descubrimos que en los periódicos no sólo hay noticias. También hay artículos y columnas de opinión, reportajes, e incluso artículos científicos. Un lector puede leer ciertos titulares y no interesarse por lo que viene después, pero también puede detenerse para leer dos páginas de un reportaje.

Por otra parte, los periódicos no son lo único que se imprime en papel. También hay revistas. Algunas revistas se dedican al cotilleo o choluleo, otras a la política, algunas dedican de manera monográfica más de cien páginas a un único tema (recuerdo ahora el excelente monográfico de La Vanguardia dedicado a Irán); incluso hay rigurosas revistas de ciencia, como Scientific American y Nature, y otras dedicadas a la literatura, desde las que se limitan a ser una especie de cotilleo literario, como Qué leer, a otras que examinan a fondo unos cuantos libros, como Libros.

Además, no sólo se imprimen periódicos y revistas en papel. También se imprimen libros.

Los libros a veces contienen cuentos o ensayos breves. Otras veces se trata de novelas, que pueden tener cien páginas o 1500. En ocasiones son tratados científicos o manuales para estudiantes.

En el otro extremo, también, existen otras cosas escritas en papel, como las hojas de publicidad o los fliers de las discotecas.

Todas estas cosas se imprimen en papel. El medio es el mismo y, por ello, quien quiera imprimir algo en papel, ha de adaptarse a las condiciones de ese medio: si imprime letras negras sobre fondo negro, será imposible leer nada; si publica un libro con un tamaño de letra diminuto, los lectores se lo pensarán dos veces antes de comprarlo. Si anuncia una revista de literatura y acaba siendo de cotilleo, algunos lectores se sentirán decepcionados y dejarán de comprarla.

Del mismo modo que hay periódicos, pero también revistas, libros, hojas de publicidad, y de la misma manera que en papel podemos encontrar desde cotilleo a información política, novelas, ensayos y tratados científicos, en una página web puede suceder lo mismo. No todo tiene por qué ser páginas de venta o propaganda, ni blogs en los que uno cuenta cronológicamente sus pequeños accidentes domésticos o sus opiniones tal como se le van ocurriendo sobre la marcha.

En lo que se refiere a páginas y blogs personales eso es lo mismo que si en un cuaderno de papel nos obligarán a escribir sólo de determinada manera, con tal o cual color, y que, además, nos dijeran qué cosas se pueden escribir y cuáles no, y en qué orden. Y lo cierto es que en muchos aspectos una página web está tan abierta a infinitas posibilidades y usos como la página de un bloc. Un blog, si se quiere, puede usarse simplemente como un bloc.

Ahora bien , como sucede con el papel, quien escriba para Internet debe tener en cuenta ciertas consideraciones, algunas obligadas, como la de no escribir blanco sobre blanco o negro sobre negro (en una de mis páginas hay, sin embargo, una excepción a esta norma); otras tan sólo recomendables, como respetar los estándares de navegación, por ejemplo, o que los vínculos aparezcan en azul. Precisamente los vínculos son una característica del medio de internet de la que carece el medio impreso y es bueno aprovecharse de ello.

En las Paradojas del guionista dediqué un capítulo a esta cuestión: “El medio es y no es el mensaje”. Un conocido lo leyó y me dijo: “Estoy completamente de acuerdo en lo que dices, el medio determina el mensaje”. Otro lector me dijo: “Estoy completamente de acuerdo, el medio es lo de menos, lo que importa es el mensaje.”

Mi intención no era ni una ni otra; mi intención era que el lector llegase a la conclusión que ya se anticipaba, como en un buen titular periodístico, en el título del capítulo: “El medio es y no es el mensaje”.

Si nos quedamos sólo con la primera parte o sólo con la segunda es que no hemos entendido nada.

Por eso, aunque pueda parecer que desprecio las opiniones del gurú de la usabilidad Jakob Nielsen, he de decir, que muy al contrario, las respeto y las estudio con atención. Después decido si quiero aplicarlas o no. En algunos casos me ayudan, pero en otros son inadecuadas para mis intenciones.

Lo cierto es que el propio Jakob Nielsen no aplica algunas de sus propias ideas en su página web, que es, por otra parte, una de las más antipáticas y poco apetecibles que existen desde el punto de vista del diseño y la usabilidad:

Página de Jakob Nielsen

“Sitio no todo lo usable que se desearía del que se supone que es el mayor experto en usabilidad. En primer lugar, el excesivo número de enlaces en la página principal, sin ningún índice que ayude a localizar los distintos grupos de enlaces. También se aprecia la excesiva longitud de la página, de unas tres pantallas siendo vista a una resolución de 1024×768. Y cuando se llega al final de la página, sorprendentemente no existe un enlace para volver a la parte superior. Por si esto fuera poco, en los datos de contacto que aparecen en la zona inferior ni siquiera se ha molestado en convertir su dirección de correo electrónico en un enlace que abra directamente nuestro programa de correo. Si accedemos a la sección que recoge los artículos escritos durante los últimos siete años en la columna conocida como Alertbox, podremos observar que aparecen todos amontonados. Realmente están ordenados por fecha, pero esto no queda lo suficientemente claro al aparecer en primer lugar el título del artículo.” (David Moner Cano y Jordi Sabaté Alsina, Usabilidad)

Puedes leer un artículo acerca del fascinante Ted Nelson, creador del hiperenlace, que alguien, tal vez yo mismo, publicará en nuestroS antepasadoS: teD nelsoN.

 

 

Fin de fiesta en el Baff y la Feria de abril de Barcelona

 

Tenía pendiente desde hace meses reproducir aquí un simpático comentario que pusieron en el blog del Baff del año 2007. El Baff es el Barcelona Asian Film Festival, al que acudo fielmente todos los años.

En los últimos días del festival, gracias a mi hijo Bruno, tuve el placer de conocer a los organizadores, después de varios años viéndonos las caras en las antesalas de los cines, y compartí con ellos una noche divertidísima en la Feria de abril de Barcelona.

 

EL BAFF Y LA FERIA DE ABRIL

 

El sábado se clausuró el BAFF 2007 en el espacio Movistar. Tras proyectar la película Don y ver que la fiesta que habíamos organizado no fue precisamente un éxito decidimos cambiar el cine por el flamenco. Y aprovechando que estábamos en el Fòrum, dónde también se celebraba la Feria de abril, nos adentramos en el increíble mundo de las Casetas y el Fino. En nuestra particular aventura nos acompañó el director Osamu Minorikawa (Life can be so wonderful) sin su traductor. A pesar de no entender español, ni inglés, podemos afirmar que el director japonés se mostró de lo más integrado en la cultura flamenca, demostrando tener mucho sentido del humor y del ritmo. Tres cuartos de lo mismo le pasó al músico Takeshi Nishimoto. Éste sí que hablaba inglés, con lo que la sensación de “Lost in translation” no era tan evidente. Bailó y bebió, sobre todo bebió, y sabemos de buena tinta que el domingo por la mañana se quedó dormido y estuvo a punto de perder el avión después de una noche de lo más “alegre”. Además descubrimos que el escritor Daniel Tubau es un espectador habitual del BAFF, y después de felicitarle por su más que recomendable libro “Las paradojas del guionista” le invitamos a acompañarnos en nuestra cruzada flamenca, también se arrancó por bulerías. En fin, que el folklore andaluz no está reñido con el cine asiático y que el BAFF en sí mismo es como una película de casualidades raras, entrañables y de personajes curiosos.

                             feria_cartel_2007.jpg

 

Excalibur, entre las leyes del mito y las del guión

 

El guionista William Goldman considera que el desenlace de la película Excalibur es uno de los peores que conoce:

“Ejemplo de un final mal pensado: Excalibur.
La película es la historia de una leyenda del ciclo artúrico y Excalibur, claro está, es la espada mágica de Arturo.
  Bueno pues ya estamos en los minutos finales y Arturo está mortal­mente herido. Yace ensangrentado mientras un caballero, Perceval, se arrodilla junto a él. Arturo le dice que coja Excalib ur, busque una super­ficie de agua en calma y lance en ella la espada. Perceval no quiere hacerlo. Arturo dice: “Hazlo”.
  Así pues, Perceval se va. Cabalga un poco y encuentra un precioso lago o algo por el estilo, se acerca con Excalibur en la mano, la levanta para tirarla y no puede hacerlo. Vernos el rostro de Perceval y su sufrimiento. Tiene que cumplir una orden.
  Arturo todavía no se ha muerto. “¿Qué tal?”, le pregunta. Perceval dice que no ha podido hacerlo. Arturo dice que tiene que hacerlo, porque algún día, cuando haya un rey digno de serlo, Excalibur surgirá de nuevo de las aguas para ser su espada. Otra vez Perceval que se monta en su caballo. Otra vez el precioso laguito o lo que sea. Duda, finalmente hace lo que le han dicho que haga y la espada mágicamente desaparece bajo la superficie. Ahora vuelve junto a Arturo, sólo que éste ya se ha muerto y se ha ido y flota ahora místicamente en el mar en una especie de barco. En ese momento empiezan a aparecer los títulos de crédito.

¿Qué es lo que está tan mal?, se pregunta Goldman. Y enseguida responde:

  “Lo que está mal es la primera ida y venida de Perceval, por no poder cumplir las órdenes y eso estropea enormemente el final de la película.
  Allí estaba yo sentado, hartito ya de la película, precisamente cuando más interesante e involucrado debía estar: Dios mío, el Rey Arturo se está muriendo.
  Y todo eso no hacía ninguna falta. Perceval podía haberle dicho a Arturo sus objeciones y Arturo podía haberle explicado que algún rey en el futuro pasaría por allí y la espada le estaría esperando, pero la primera vez. La primera ida y vuelta al laguito —que no ocupa mucho más de un minuto de tiempo de pantalla— me parece irritante y lo estropea todo.”

Podemos ver ese desenlace…

En opinión de Goldman este final rompe con todas las leyes del relato fílmico:

“Creo saber por qué incluyeron esa escena . Excalibur es un producto de mucho valor e incluso si un rey agonizante da una orden, el noble Perceval no puede cumplirla. En otras palabras, los creadores de la película querían resaltar la espada.
  Pero estamos en el final. Y si no hemos podido dejar claro en dos horas que Excalibur no es el arma de diario es que hay algo que no marcha.
  Esta misma secuencia podía haber funcionado perfectamente al prin­cipio de la película. En ese momento, la desobediencia de Perceval nos hubiera dicho algo que no sabíamos aún: Excalibur es la espada más valiosa del mundo. Pero decirnos algo que ya sabemos al final de la película es mortal de necesidad.
  El tiempo fílmico es la cosa más misteriosa del mundo: la misma escena debe escribirse de manera diferente dependiendo de su situación dentro de la narrativa, al principio, en medio o al final. Porque cuanta más información tiene el público, menos información hace falta darle. Y el poner las cosas cuando y donde sea necesario es uno de los com­ponentes básicos de la narrativa de talento.”

Tal vez Goldman tanga razón, desde el punto de vista de las leyes del guión, pero en defensa de Boorman hay que decir que el desenlace de su película es fiel a las leyes del mito, al menos a la leyenda de Arturo y a la misteriosa relación entre el rey y su espada.

Tal como lo cuenta Joël Grisward:

“Al anochecer de la batalla de Salesbières, sólo tres personajes siguen en pie: Lucan el Botellero, Girflet [Perceval en la película] , y Artur mortalmente herido. Se alejan juntos del lugar de la carnicería y, a caballo, se dirigen derechos al mar. Después de una noche de oraciones en la Negra Capilla, Artur, con un formidable apretón, asfixia a su copero. Desesperado, el viejo rey vuelve apartir en compañía de Girflet; a mediodía llegan al mar. Allí Artur ordena a su compañero fiel que vaya a arrojar su espada Escalibor en el lago situado sobre una elevación a poca distancia. Por dos veces Girflet se ingenia para engañar a su señor: tira primero al agua su propia espada, luego la vaina de Escalibor. El rey, depositario de un misterioso secreto, no se deja engañar. Girflet se ve obligado a obedecer: ve entonces una mano que sale del lago, se apodera de Escalibor, la blande tres o cuatro veces y desaparece. Al oír el relato de Girflet, Artur comprende que su muerte esta cerca. “

Bedivere lanzando la m?tica espada al agua. Ilustración de 1894.

Geifert, Bedivere o Perceval en el momento
de lanzar la espada al mar
(Ilustración de Aubrey Beardsley)

 

El tema mítico de la espada de Arturo es uno de los más interesantes y no sólo pertenece al mítico celta o medieval de la leyenda de Arturo, sino que se repite de manera asombrosa en otro pueblo indoeuropeo, el de los osetas, que son los descendientes de los escitas de la antigüedad grecolatina, de los que ya nos hablara Herodoto.

Grisward considera que el mito de un héroe oseta llamado Batraz no sólo coincide sino que explica el tema mítico de la espada en el lago:

“Ciertos elementos del relato han sido aclarados poco a poco, pero al parecer el suntuoso motivo de la espada arrojada al lago ha resistido hasta el presente cualquier intento de elucidación”.

Para demostrarlo. compara la clásica Mort Artur (Muerte de Arturo) con la Mort B atraz. Estamos en el momento en el que Batraz comunica a los Nartos su próxima muerte:

“Pero no podré morir en tanto que mi espada no haya sido arrojada al mar: así lo ha decidido el destino.” Los Nartos cayeron en una nueva desolación: ¿Cómo lanzar al mar la espada de Batraz? Resolvieron engañar al héroe, hacerle creer que su espada era tirada la mar y que le había llegado la hora de morir. Se acercaron pues al enfermo y le juraron que la condición del destino estaba cumplida. “¿Qué prodigios habéis visto cuando cayó mi espada al mar?” les preguntó. “Ninguno”, le respondieron los Nartos con embarazo. “Entonces es que mi espada no ha sido arrojada al mar; de otra manera, habríais visto prodigios”. Los Nartos tuvieron que resignarse. Desplegaron todas sus fuerzas, engancharon varios millares de animales. Por último, consiguieron arrastrar la espada de Batraz hasta la costa y la lanzaron al mar. En el acto se alzaron olas y huracanes, el mar hirvió y luego se puso color de sangre. Los Nartos cayeron en un asombro y un gozo sin límites. Corrieron a anunciarle a Batraz lo que habían visto. Convencido, exhaló el último suspiro.”

Como se ve, la vida de Batraz esta ligada a su espada, del mismo modo que la de Arturo:

“A la luz de este relato, la escena final de la Mort Artu adquiere una singular dimensión. Estamos en presencia del mismo esquema mítico y basta la lectura para persuadirnos de ello (…) Cuando Girflet, habiéndose al fin decidido arrojar la espada al lago, vuelve a contarle a Artur lo que ha visto, éste comenta que ya se figuraba que su fin estaba myuy cerca “…ce pensoie ge bien que ma fins aprouchoit durement”. A su presciencia de los prodigios (”pues sin gran maravilla no será perdida”; “car sanz grant merveille ne sera ele pas perdue”, el rey agrega en adelante la certeza de su muerte próxima.”

Grisward recuerda la teoría de Dumézil acerca de que B atraz sea un dios-espada y duda si se podría decir los mismo de Arturo. No está seguro de que se deba dar ese paso, pero si considera evidente esa solidaridad en la vida y en la muerte de Arturo y su espada.

Hay que tener en cuenta que Arturo, el rey Arturo, llega precisamente a ser quien es cuando extrae la espada de la roca, algo que sólo puede hacer él: es la espada quien le llama por primera vez para cumplur su destino.

Grisward concluye:

“…Sin duda el hábil narrador que es el romanticista de la Mort Artu ha enmascarado el sentido primitivo del mito (Artur sólo puede morir después de que Escalibor haya sido arrojada al agua) pero era suficientemente sensible a su belleza como para desear conservar el esquema, así fuera la precio de algunas imperfecciones.”

En definitiva, el autor de Mort Artu decidió ser fiel, como Boorman, a las leyes del mito, antes que a las leyes del relato medieval del ciclo artúrico, precedente de las novelas de caballerías.

 

Algunas consideraciones finales

Las leyendas de Arturo y Batraz están llenas de pequeños detalles interesantísimos, y su comparación resulta muy estimulan te. Podemos observar con cierto asombro que en el mito de Batraz los Nartos necesitan miles de caba llos para lograr mover la espada. Parece expresarse aquí claramente el motivo de esa solidaridad entre la espada y el héroe, que también aparece en Arturo, pero desplazada al origen de la leyenda, cuando Arturo es apenas un niño y logra sacar de la roca la espada, espada que hombres fortísimos ni siquiera han podido mover.

 

Ladyofthelake1.jpg

Hay que tener en cuenta que en el relato artúrico, la espada que Arturo extrae de la roca no es Excalibur, pues Excalibur le es entregada posteriormente por la dama del lago. Sin embargo, en todos los mitos se producen este tipo de desplazamientos y duplicaciones de ciertos motivos

Por otra parte, la muerte de Arturo, como es bien sabido, también sufrío una adaptación evidente al esquema cristiano medieval. La búsqueda del Grial que aparece en los relatos artúricos servirá para justificar las novelas de caballerías y las Cruzadas.

El Grial se supone que contenía la sangre de Cristo, y la asociación entre la figura de Arturo y Cristo es evidente. Un detalle curioso, e ingenioso, en la película de Boorman, y que sin duda es premeditado, se puede observar cuando Arturo yace en brazos de Perceval y el sol rojo del ocaso se convierte en un halo como el de un santo alrededor de la cabeza de Arturo.

 

Referencias:

 Dumézil, Georges: “Batraz y Cuchulain” (en Escitas y osetas)

  Goldman, Willian: Aventuras de un guionista en Hollywood



Aprovecho esta entrada para recomendar la nueva, elegante e interesantísima página de mitología de Marcos "Marcóticos", que puedes visitar con este enlace:


El jardín de los dioses

 

Marcos también me ha convencido de reavivar mi pasión por la mitología, asi que he empezado a escribir algunas cosas en mi propia página de mitología, que dedico casi específicamente a la mitología comparada:

Numen, mitología comparada

Las paradojas del guionista Daniel Tubau Página de Las paradojas del guionista

 

 

Gao Xingjian en la Alianza Francesa

 

Ayer, 27 de febrero de 2007, asistí en la Alianza Francesa de Madrid a una conferencia de Gao Xinjiang. Con él estaba el dramaturgo y director José Sanchís Sinesterra.

Una de los aspectos curiosos al comienzo de la charla es que Gao Xinjiang vivió durante la dictadura de Mao Ze Dong, mientras que en la misma época Sanchis Sinesterra vivía bajo la dictadura franquista. Para los dos, el teatro y la literatura, en especial procedente de Francia, fue una manera de mirar más allá de los sistemas ideológicos represores en los que vivían. Sin embargo, había también algunas diferencias, debidas al distinto signo de cada régimen. Así, por ejemplo, Bertolt Bretch representaba en España un estímulo contra las ideas franquistas y a favor de la libertad, mientras que en China era uno de los escritores alabados por el régimen. Del mismo modo, el método teatral de Stanislavsky fue seguido aquí para hacer un teatro alternativo, mientras que en China coincidía de nuevo con las ideas del régimen y era impuesto desde el poder.

Gao Xinjiang

Gao Xinjiang recibió el premio Nobel en 2000. Sus obras están prohibidas en China, vive en Francia y habla un excelente francés, ya desde la época maoísta, cuando traducía los escritos doctrinales del Partido Comunista, como él msimo contó.

Gao Xinjiang es un gran novelista (es su única faceta que conozco hasta el momento) pero también un músico y autor y director de teatro. Rechaza lo que él llamó "dictadura" y Sanchís Sinisterra "imperialismo" del Director de escena, figura que se ha apoderado del teatro, dándose a sí mismo, y dándosela los demás, una importancia desmesurada, que antes pertenecía al autor y a los actores. No queda sitio para nadie ante los montajes del director de escena, "el director se ha vuelto obeso" decía Sinisterra citando a alguien que no recuerdo. Se hipertrofia la puesta en escena en detrimento de la dramaturgia y la acutación.

Xinjiang tampoco se siente cómodo en la dicotomía entre actores que se convierten en el personaje buceando en su propia vida para encontrar emociones (método de Stanislavsky) ni ante el actor que, siguiendo la escuela brechtiana, se distancia del texto y muestra al espectador esta distancia. Cree que hay lugar para un tercer tipo de actor, el actor "neutro". Sanchis Sinisterra prefirió hablar de un actor lavado o limpiado, vaciado, para así poder dejar entrar al personaje. Algo que me recuerda aquella anécdota zen del estudioso occidental que visita a un maestro zen e intenta dar sentido y coherencia intelectual o metafísica a sus ideas. El maestro le sirve entonces un té, pero sigue echando té en la taza a pesar de que ya se desborda sobre la mesa. El estudioso le dice que pare, porque la taza ya está llena, y el maestro le responde algo así como: "Del mismo modo que en una taza llena ya no cabe más té, en su cabeza tampoco caben otras ideas si antes no se libra de todas esas preconcepciones o prejuicios de que rebosa".

SAnchís Sinisterra

José Sanchís Sinisterra

 

Insistieron en que el acto fundamental del actor es la escucha, escuchar y reaccionar, no sólo, dijo Xinjiang a lo que sucede sobre el escenario, sino también a lo que sucede en el teatro, pues en un teatro no se puede olvidar el público (si no, dijo, se trataría simplemente de cine). Citaron a Declan Donnellan como un buen director de escena, que deja hablar al texto y también a los actores. Tengo que decir que he visto sólo un montaje de Donnellan, el Cimbelino de Shakespeare y que me pareció extraordinario. Si todo el teatro fuese así, volvería a ser un asiduo. Precisamente, Sinisterra, si no recuerdo mal, dijo que lo que Donnellan decía es que el actor debe no buscar en sí mismo o distanciarse, sino apuntar a una diana, una diana que le provoca, claro está.

Ante la pregunta de un espectador italiano, Xianjiang estuvo de acuerdo en que los experimentos de Dario Fo y de otros directores y dramaturgos con los métodos de la Comedia del arte van precisamente en la línea de ese actor neutro que él busca: simplemente basta con darse cuenta de que los actores llevan máscaras y, por tanto, no muestran sus expresiones faciales: son el personaje. El otro montaje que recuerdo con mucho gusto últimamente era tamnbién uno de Strelli y la Comedia del arte. De nuevo, a riesgo de repetir tópicos (no siempre los tópicos son malos) hay que recordar que "persona" quiere decir lo que suena a través de la máscara. La máscara es el personaje (no sólo en el teatro); detras de ese personaje hay una persona, pero esa persona debe hablar a través de la máscara, del personaje.

También recordó Sinisterra que gracias a Becket, al que también elogió Xinjiang como creador del teatro moderno, se libró de muchas de las ideas del supuesto teatro revolucionario, opinando que el verdadero revolucionario del siglo XX fue Becket. Y los dos coincidieron en la gran pasión hacia Kafka, punto intermedio en el camino a Becket y el teatro del absurdo.

También dijo en un momento dado Sinisterra que ha costado librarse, y quizá todavía no se ha conseguido del exceso que se produjo en los años 60 del siglo pasado, cuando se consideraba que todo discurso era mentira y que la única verdad era el cuerpo ("y alegremente se despelotaban todos"). Ahora ya sabemos, o volvemos  a saber, que el cuerpo miente tanto como la palabra.

Cuando pidieron a Gao Xinjiang que definiera qué tenía su teatro de no becketiano y que aportaba en sí, Xinjiang deshizo la confusión y explicó que aunque él admire a Becket y haya aprendido mucho de él, su teatro es muy diferente. Le costó encontrar alguna definición, que prefirió dejar en manos de sus espectadores o críticos, y tan sólo se refirió a un rasgo para él fundamental, su teatro quiere mostrar el gusto de interpretar y da mucha importancia a los actores.

Sinisterra también contó que Stanislavsky en su última época se mostró distante del método que se le ha atribuido y que en una ocasión dijo a una actor o una actriz que dejase de buscar dentro de sí mismo porque "no encontraría nada", al menos nada relacionado con el personaje.

Un asistente a la conferencia se mostró sorprendido, creo que gratamente sorprendido, por esta observación que, como dijo Sinisterra, podría llevar a muchos adeptos del método a "hacerse el harakiri". Lo cierto es que yo ya había oído algo de esto (aunque Ana Aranda, que estaba conmigo, al principio lo puso en duda con humor), tanto por la lectura de la biografía de Elia Kazan, como por un libro recientemente publicado en español de Bogdanovich en el que habla de personas de Hollywood y del teatro a los que conoció (¿a quién no ha conocido Bogdanovich?). Uno de ellos es Stella Adler, la única americana que recibió lecciones del propio Stanislavsky y que con Strasberg dirigió el Actor Studio. Precisamente, la ruptura entre Strasberg y Adler se produjo porque ella no creía que fuese tan importante  hurgar en las propias emociones para entender las del personaje. Dice Bogdanovich:

"El método de enseñanza de Stella contrastaba directamente con el de Lee Strasberg (en su libro, Brando critica intensamente el modelo de Strasberg), que buscaba reflejar una "realidad del escenario" partiendo de la memoria del actor (especialmente recuerdos cuya sola evocación pudieran generar las emociones necesarias). Para los actores que se centran exclusivamente en esta técnica (que Stanislavsky no aprobaba en modo alguno), Strasberg se convirtió en una referencia."

 

Por el contrario:

"Adler insistía más bien en que el actor utilizara la imaginacion, se concentrase en la situación y las circunstancias del personaje específico. Según lo veía ella, gran parte del papel venía dictado por el propio texto y el estilo particular del autor, más que por el historial emocional del actor."

Stella Adler

A pesar de que todos coinciden en que no sólo era una gran profesora, sino también una magnífica actriz, Stella Adler sólo intervinó en tres películas de Hollywood.

 

Pero no es este lugar para hablar de esta interesante actriz y directora de actores que fue Stella Adler.

Volviendo a Gao Xinjiang, su presencia en España se debe a quetambién en el Instituto Francés y la Alianza Francesa se va a representar una de sus obras, Al borde de la vida. Una buena oprtunidad para conocer la faceta teatral de Xinjiang.

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Polémicas divinas

He mantenido en los últimos meses algunas discusiones teológicas bastante interesantes. Todo empezó con uan entrada que publiqué el 5 de diciembre de 2007...

Dice el Gaudapada Gita:

¿Cómo puede alguien creer que un ser inmortal puede cambiar su naturaleza y devenir mortal, mantener que lo inmortal —aunque le haya ocurrido esto— permanece sin cambio?

Es un argumento prácticamente irrebatible, al que los cristianos se tienen que enfrentar cuando definen a Dios como eterno y al mismo tiempo pretenden explicar su intervención en lo no eterno. Y creo que las respuestas de los cristianos son mera palabrería ante un callejón lógico sin solución.

Sin embargo, el propio Gaudapada no escapa a un reproche similar:  La ilusión de la ilusión.

Gaudapada fue un filósofo indio que anticipó las ideas de la escuela advaita vedanta de Shankara, que renovaron el hinduísmo, aprovechando los hallazgos del budismo, que tras dominar durante varios siglos la vida intelectual de la India, fue apartado de nuevo por las doctrinas ortodoxas basadas en los Vedas. Los Vedas son los primeros textos religiosos indios, generalmente himnos  a los dioses, y se supone que fueron escritos por los invasores arios que llegaron a la India tal vez hacia el año -1200.

Los Vedas fueron comentados en otros textos que se llaman Upanishads, y que tienen un contenido mucho más filosófico.

A su vez, los Upanishads fueron comentados en otros textos que se llaman karikas o comentarios. Gaudapada hizo un karika o comentario de uno de los Upanisads, el llamado Mandukya. Ese karika suele ser llamado Gaudapada Gita, algo que se podría traducir por la canción de Gaudapada o algo semejante.

Recibí una respuesta a mi opinión acerca del problema de los cristianos consistente en tener a un Dios eterno que sin embargo actúa e incluso se convierte en mortal (Jesucristo). El argumento de Gaudapada en el que señala ese problema probablemente se escribió no pensando en los cristianos, sino en los musulmanes, que ya habían llegado a la India o estaban cerca (Gaudapada vivió en el siglo VIII).

Esta es la respuesta, que procedía de una página cristiana:

¿Cómo puedes explicar que un ser que es eterno y que tiene los atributos de omnipotencia (todo lo puede), omnipresencia (está en todo los lugares siempre) y omniciencia (todo lo sabe), creador de todo, no [pueda] meterse en su obra de la forma de le plazca?
¿Acaso el autor de una novela no tiene la libertad de introducirse como un personaje en la historia que escribe?
Esto que vivimos y vemos lo invento Dios, ¿acaso el no puede hacer lo que quiera con las reglas de juego, que ni siquiera nosotros conocemos bien?.

 

Es un planteamiento interesante, aunque no se refiera estrictamente a lo planteado por Gaudapada o por mí.

Esto es lo que respondí:

Tu pregunta exigiría una larguísima respuesta. Sólo señalaré algunas cosas:
1) Según todos los teólogos cristianos, o la menos los más importantes, desde Agustín de Hipona a Tomás de Aquino, Dios es acto y en ningún caso potencia. Esa es una de sus cualidades, como las que citas de omnipotencia, omnipresencia y omniciencia. Pero el problema es que no se puede ser al mismo tiempo todo acto y al mismo tiempo cambiar.
2) El dilema lo intenta resolver cada teólogo a su manera, desde los ya citados a Escoto Erígena, y otros que son fascinantes en su intento de explicar lo inexplicable.
3) El problema llegó a su punto culminante tal vez en la discusión entre Leibniz y Clarke (tras el que se ocultaba Newton) acerca de si Dios intervenía o no intervenía en el mundo, por ejemplo a través de los milagros y la Revelación. El problema era grave, porque si Dios intervenía entonces, en primer lugar, el mundo no era perfecto y necesitaba de reparación constante (lo que va contra la omnipotencia, omnisciencia, etcétera de Dios).
Pero si no intervenía, entonces parecía que Dios era ajeno al mundo y su devenir (que es lo que significa vivir en la eternidad).
Newton, sin duda porque comprendía que era un problema insoluble (eternidad e intervención), era en secreto sociniano, es decir, creía que Dios no era perfecto, ni omnipotente y que sin duda era inmortal pero no vivía en la eternidad (no es lo mismo inmortalidad que eternidad, según los propios cristianos ortodoxos). Para Newton, Dios era muy muy poderoso, pero no omnipotente.
4) La comparación con el autor de la novela está bien (yo la hago a menudo, por ejemplo en:
            Nozick y la justificación del mal

            La autonomía de los personajes y Nozick

            Autores, dioses y hombres


Sin embargo, la analogía falla en un punto importante: el autor de una novela cuando se mete en su novela, cuando la escribe o cuando la corrige CAMBIA. No es el mismo que era antes de hacer esas cosas.
Y lo que Gaudapada y yo discutíamos era precisamente eso: la inmutabilidad y eternidad de Dios. Con lo que tu comparación sirve para darnos la razón.

En cuanto al último argumento, el de nuestra ignorancia, es demasiado débil para tenerlo en cuenta.
Estoy de acuerdo en que ignoramos muchas cosas, pero no vale como argumento decir eso, porque entonces yo te podría decir: ¿Cómo sabes que existe Dios?
Parece que eres capaz de saber que existe Dios, lo que me parece una verdadera hazaña, y al mismo tiempo no aceptar discutir acerca de él y de las cualidades que le das. De nuevo te pregunto ¿Cómo sabes que Dios tiene todas esas cualidades? ¿No te parece pretencioso saber qué es lo que define a Dios (en caso de que exista)?
Y tremendamente contradictorio con tu opinión de que yo o Gaudapada o Newton no podemos opinar del tema.

  En cuanto al último argumento, el de nuestra ignorancia, es demasiado débil para tenerlo en cuenta.
  Estoy de acuerdo en que ignoramos muchas cosas, pero no vale como argumento decir eso, porque entonces yo te podría decir: ¿Cómo sabes que existe Dios?
  Parece que eres capaz de saber que existe Dios, lo que me parece una verdadera hazaña, y al mismo tiempo no aceptar discutir acerca de él y de las cualidades que le das. De nuevo te pregunto ¿Cómo sabes que Dios tiene todas esas cualidades? ¿No te parece pretencioso saber qué es lo que define a Dios (en caso de que exista)?
  Y tremendamente contradictorio con tu opinión de que yo o Gaudapada o Newton no podemos opinar del tema.

De todos modos, agradezco mucho tu comentario.

Por cierto, el propio Gaudapada no se libra por su parte de caer en argumentos capciosos y palabreros (lo digo con todo respeto, pero creo que es la realidad) cuando tiene que defender su propio sistema. Puedes comprobarlo en: La ilusión de la ilusión

Más adelante se verá a qué me refiero con eso de que Gaudapada también utiliza argumentos capciosos. Pero antes, sigamos con la discusión, porque mi interlocutor, ese mismo día (5 de didciembre de 2007) me envió una nueva respuesta:

Cuando un autor entra como personaje en su novela, no cambia, al contrario se plasma en ella, sigue siendo él, se revela en su obra, no cambia, su naturaleza sigue siendo el mismo, y es mas ocurre algo interesante es capaz de cambiar su creacion sin ser cambiado en su naturaleza.
  Sobre el estudiar o tratar de explicar a Dios, no es que no crea que se puede hacer el intento, lo que insisto es que tengamos en cuenta que las conclusiones teologicas a las que podamos llegar, están faltas de muchos datos que son incomprensibles a la mente, datos que no tenemos a la mano y para el colmo nuestro prejuicio sobre el tema.
  Bien lo decia Kant, la verdad es incognocitiva, y es ahí donde está el gran don de los evangelios, si la verdad es inconogcitiva por eso es ella quien tiene que revelarse y lo hizo en Cristo.
  Es por ello que reza la Torá muy bien al decir: "Lo oculto pertenece a Dios y lo revelado a nosotros y a nuestros hijos."

La Torá son los libros sagrados de los judíos, no enteramente coincidnetes con el Antigüo Testamento de los cristianos.

Ese mismo día, volví a responder a mi corresponsal:

"Insisto en que un autor sí que cambia al escribir al meterse como personaje en una novela: cambia en cada línea que escribe, a cada momento que va escribiendo. La inmutabilidad de Dios impide ese cambio y más aún cosas como aquello de “Al séptimo día descansó” (¿descanso un Dios omnipotente?)
  Además, yo, como escritor o autor que soy, considero que ya no soy el mismo tras cada libro que escribo. Sería triste que no me cambiara el hecho de escribir un libro.
  Otra diferencia importante es precisamente que el personaje no cambia (El Don Quijote de Cervantes hace siempre lo mismo en su libro) mientras que nosotros, los seres humanos, sí que cambiamos (¿Nos reescribe Dios constantemente?). En cualquier caso la metáfora o analogía Dios-Autor con ser humano-autor puede ser más o menos precisa, pero, al fin y al cabo, las metáforas son sólo una manera de sugerir algo, pero nunca de demostrar algo.
  Respecto a lo de estudiar o explicar a Dios…
  Me temo que será una discusión difícil, porque deduzco que tú eres creyente. El problema al discutir con un creyente es que éste no busca la verdad, sino que quiere asentar una supuesta verdad ya aceptada de antemano por él: la creencia en su Dios.
En las discusiones yo prefiero buscar la verdad, aunque eso vaya en contra de mis teorías iniciales.
Creo, como decía Agustín, que en la discusión el que pierde, gana. Pero un creyente no está dispuesto a perder porque no busca honestamente la verdad que pueda surgir de la discusión.
Date cuenta simplemente de que tú pareces creer en Dios, y en ese Dios tan lleno de definiciones (omnipotente, omnisciente, etc) por la revelación de Cristo.
Pero para creer en la revelación de Cristo, primero hay que creer:
1) Que Cristo existió
2) Que lo que nos cuentan los evangelios es lo que Cristo dijo realmente.
3) Que la interpretación que se hace de los evangelios es fiable.
  Simplemente pensando en el tercer punto, basta con recordar que en el cristianismo ha habido multitud de sectas e interpretadores (ahora mismo hay al menos tres ramas fundamentales: ortodoxos, católicos y protestantes). No cabe ninguna duda, por ejemplo, de que las creencias actuales y las de los primeros cristianos no coinciden en casi nada.
  Así que no es tan sencillo saber a qué revelación debe hacer uno caso, porque no es Dios quien nos habla, sino sus interpretadores. ¿Por qué no creer, además, en la revelación de Mahoma o en la de Mitra o Zaratustra?
  En definitiva, discutir acerca de la verdad o no de la Revelación es igualmente complicado. Yo prefiero discutir con honestidad acerca de la verdad, de las pequeñas verdades a las que podamos acceder, sin usar prejuicios tales como la creencia en una revelación, puesto que: ¿Cómo pueden resultarle siquiera convincentes los argumentos basados en la Revelación a quien no cree o duda de esa Revelación?
  Si tú discutieras con un musulmán, él te diría lo mismo a ti que tú me dices a mí acerca de la Revelación, pero sustituiría el nombre de Cristo por el de Mahoma.

 

Así quedó la cosa durante más de tres meses, hasta que el 29 de marzo de 2008 llegó un nuevo mensaje, esta vez de alguien llamado Miguel:

   Me parece que confundes los conceptos, aparte de calificar de deshonestos a los creyentes, así, en general. El creyente no renuncia a buscar la verdad, porque debe creer tras el examen cuidadoso de la realidad, incluyendo lecturas de autores de todo tipo a lo largo de la Historia, y tras una continua meditación y deliberación interior. Por ello, no podrá tener certeza de las atribuciones de Dios por medio de la fe. Sólo una deliberación racional le podrá conferir esa certeza, o la contraria en su caso. La fe es una esperanza que uno decide abrazar voluntariamente, pero no veo porqué eso excluye el examen crítico previo de la realidad del mundo y la existencia humanas. Es plenamente compatible con una mente racional, como fue un excelente ejemplo Tomás de Aquino.
   Ah, y lo que creen los cristianos de ahora y los primitivos es básicamente lo mismo, pues creer en Dios omnipotente, la Trinidad, la Resurrección de Cristo y la vida eterna es el mismo Credo que hace 2.000 años, por mucho que muchas afirmaciones hayan sido matizadas o iluminadas.

Y esta fue mi respuesta:

Bueno, no sé si quedaba suficientemente claro por el contexto, así que lo aclaro aquí: en ningún momento he pensado o pienso que los creyentes,así en general, sean deshonestos, o que no puedan buscar la verdad, también así en general, o sobre los diversos temas particulares.
  Sólo me refiero a la discusión concreta acerca de Dios con un creyente de cualquier confesión. Ese asunto es lo que los psicólogos llaman un punto ciego: una región intelectual en la que uno deja de razonar de la manera en que lo hace normalmente. Les sucede también a las personas muy ideologizadas, o a las personas obsesionadas o enamoradas.
  Cuando uno discute, digamos, con un comunista fervoroso, o con un fascista acerca de sus ideas políticas, uno sabe que la discusión no va a ser acerca de la verdad de esto o aquello, sino acerca de todas las verdades que confirman y refuerzan su fe ideológica. Todos sabemos lo difícil que son esas discusiones, porque el esfuerzo por argumentar de manera razonable resulta absolutamente baldío, fatigoso y frustrante: no van cambiar de opinión aunque se queden sin una sola razón coherente.
   A eso me refería. Cuando uno habla con un católico, sabe que esa persona va a defender esto o aquello porque eso es lo que defienden los católicos, no porque él haya llegado a esas conclusiones por su propio razonamiento (o por la lectura objetiva de sus textos sagrados).
  Como decía Algazel, el que nace en un país cristiano se hace cristiano y el que nace en un país musulmán se hace musulmán, y defienden lo que les dicen que el cristianismo o el islam defiende.
  En cuanto al ejemplo de Tomás de Aquino, al que he leído con verdadero placer, si te soy sincero, pienso que es un talento desperdiciado, viéndose obligado a justificar y argumentar dogmas que a veces son verdaderos absurdos, indignos de su capacidad y su intelecto.  
  Pero como esa era la doctrina cristiana…

  En cuanto a que los cristianos de ahora y los de hace 2000 años crean lo mismo, bueno…
  Todos sabemos que se impuso en su momento una interpretación determinada del cristianismo, que probablemente no tenía mucho que ver con el mensaje de Jesucristo.
  Por poner un ejemplo, lo que mencionas de la Trinidad. No existe ninguna mención en todo el Nuevo Testamento a ese concepto tan artificial, que fue establecido, sino recuerdo mal, en el Concilio de NIcea, hacia el año 300 después de cristo.
  Es obvio que es una idea completamente contraria a las enseñanzas e Jesucristo, quien en ningún momento puso en duda de ninguna manera que Dios, como creían los judíos (y el era judío) era Uno, y una sola y única persona.
  Baste con ese ejemplo para mostrarte como un católico o un ortodoxo (puesto que la mayoría de los protestantes rechaza la Trinidad) tiene que defender cosas no buscando la verdad, sino buscando adecuarse a lo que decidieron unos señores más preocupados por el poder y por combatir a los arrianos (que no creían en la Trinidad) que por la búsqueda de la verdad o la coincidencia y el respeto a lo que pensaba su propio Mesías y Dios, Jesucristo.
   A cosas como estas me refería.

Y aquí se ha quedado la cosa por el momento. A lo largo de la polémica he dicho varias veces que Gaudapada (el culpable al fin y al cabo de todo este embrollo) caía en argumentos tan capciosos como el del Dios inmutable y mutable del cristianismo.  Lo de Gaudapada lo explico en La ilusión de la ilusión, texto que también tuvo respuestas (en paralelo con las del asunto de la eternidad que ya hemos visto):

  Como pasa en todas las doctrinas monistas o no dualistas, tampoco en el Gaudapada Gita (de la escuela advaita vedanta) se consigue explicar la ilusión.
   Sí, todo es ilusión (maya), no hay esto y lo otro, no hay ni siquiera Atman y Brahman, sino que todo es imaginario e ilusorio. Pero si es así, ¿cómo de algo no dual surge la ilusión? Es un problema idéntico al que ellos mismos critican en los que, como los cristianos, creen en un Dios eterno fuera del tiempo: ¿cómo puede intervenir lo eterno, que es siempre actual, en lo transitorio (y potencial) sin dejar de ser eterno?
  ¿Por qué en algo indiferenciado puede darse algo como la ilusión? ¿Acaso no es diferente la ilusión de [aquello que] es sólo real y no ilusorio? Las respuestas a esta cuestión son en las doctrinas indias semejantes a las cristianas: pura verbosidad, enredo y palabrería.

Llegaron dos comentarios de Tintín:

"…sino que todo es imaginario e ilusorio. Pero si es así, ¿cómo de algo no dual surge la ilusión?…."

Ttodo no es imaginario ni ilusorio. Lo Real no es maya ni ilusión. La ilusión está en nuestra percepción de lo Real y no en lo Real. Por lo tanto de lo no dual no surge la ilusión.

Por cierto, ¿es verdad que Gaudapada era en origen un budista? esto es lo que sostienen algunos autores. Por otra parte, desde sus inicios, las otras escuelas filosóficas indias siempre han acusado al vendanta de ser un budismo disfrazado.

Respondí así a los dos comentarios:

Respuesta al primer comentario de Tintin:

  Primero debo aclarar que hablo de lo dual sólo en relación con la doctrina advaita del no dualismo.
  Pero el que esa doctrina sea más o menos plausible o no, no significa necesariamente que también sea correcto o incorrecto el dualismo.
   A veces el materialismo, por ejemplo, puede ser llamado monismo, pero otras, quizás con más razón, pluralismo. Pero raramente se lo podrá llamar dualismo (en el sentido de distinción espíritu/materia). El materialismo no es que elija la materia frente al espíritu, sino que niega el espíritu. Con esto quiero decir que los advaita no dualistas no se enfrentan primeramente a una doctrina semejante al materialismo, sino más bien a algún tipo de dualismo que cree en la distinción espíritu/materia. Por ejemplo el maniqueísmo persa, el cristianismo o el Islam. No sé exactamente a qué dualistas se enfrentaba exactamente Gaudapada, aunque por las fechas en que vivió, no resulta improbable que tuviese en el punto de mira a los musulmanes, puesto que el Imperio Persa ya había sido borrado del mapa por los árabes unos cien años antes.
  Después de esta larga aclaración, debo decir que no sé a qué te refieres exactamente. Creo que dices que lo ilusorio no tiene su origen en lo no dual, sino que es tan sólo una mera percepción errónea: no hay ilusión en lo Real, lo que, por ello, puede seguir siendo no dualista sin contradicción. 
   Bueno, suena bien, pero creo que el problema permanece: la ilusión (o nuestra percepción errónea) también pertenece a lo Real. Es parte de lo real (si no fuese así, seríamos dualistas).
   En consecuencia, esa realidad no dual nos causa a nosotros y a nuestra percepción y, en definitiva, causa esa ilusión. La pregunta permanece: ¿por qué de algo único e indiferenciado surge la percepción de una diferencia?, ¿por qué surge la percepción de una ilusión?
   La pregunta, por supuesto, podría ir más lejos: ¿por qué de algo único e indiferenciado surge siquiera una percepción?

Respecto al segundo comentario de Tintin:

  Sí, se dice que Gaudapada fue primero budista, y él se muestra elogioso con los budistas y los respeta. Pero dada la época (hacia el 800 dC) y que los budistas habían sido expulsados de la India, parece inevitable que se volviese a los diversos vedismos (y vedantismos) que querían recuperar el prestigio de todos modos perdido ante una doctrina como el budismo, que, aunque vencida, había demostrado ser capaz de crear una metafísica mucho más sutil y, por supuesto, una ética infinitamente superior a las escuelas basadas en los Vedas.

Queda por recordar los textos que cito acerca del autor y los personajes. Son estos:

1995:
   Dice Nozick, en Ficción, respecto al problema del mal, que no juzgamos que el autor de una novela sea intrínsecamente malo por hacer sufrir a sus personajes.
   No si los personajes no sufren realmente. ¿Fue, dice Nozick, el padre de Hamlet realmente asesinado?
  La analogía con un mundo ficticio y un sufrimiento ficticio es evidente, y puede acercarnos al Bhagavad Gita, pero nosotros sí existimos realmente…

Aquí tenemos otro Gita, esta vez el más famoso, La Bhagavad Gita o Canción del Bienaventurado, que es una parte del larguísimo Mahabarata. Pero para entender a qué me refería con lo de Nozick, escribí un comentario:

  En lo anterior me refiero a varias cosas, aunque lo haga de manera sintética, y por tanto confusa.
  Hay una comparación implícita entre el autor de una novela y sus personajes y el autor del universo (Dios) y los hombres. Lo que yo discuto es un aspecto crucial en esta comparación entre autores y Autores: el hecho de que sus criaturas sufren realmente.
  En la Bhagavad Gita también se plantea la muerte y el sufrimiento de los hombres como aparentes, lo que sirve para justificar toda la crueldad que se le exige al príncipe Arjuna.

En la Bhagavad Gita, en efecto, Krishna se aparece al guerrero Arjuna, que duda si iniciar un combate contra sus propios parientes. El dios le convence de que en la mecánica del universo esa guerra (y todas las guerras) son necesarias, incluso buenas. Es un poema hermosísimo con un propósito moral detestable.

En otro texto también me refería a ese breve y estimulante ensayo de Robert Nozick llamado Ficción:

1993:
La agudeza de Nozick en Ficción continúa en la discusión acerca de si el autor aprende acerca de sus personajes a medida que escribe. Recuerdo todas esas frases de escritores que parecen quejarse de que sus personajes acaban cobrando vida propia y creando la novela al margen de los deseos del autor.

En un comentario aclaraba también esto:

1994:
Últimamente ha habido una pequeña polémica entre Cela y Javier Marías. Cela decía que los personajes enseguida tomaban el control, Marías que dejar que los personajes tomen el control es ser un escritor demasiado débil. Yo creo que más que tomar el control, cuando escribes algo sobre la marcha, sin rígidos esquemas previos, no es que los personajes tomen el control: es que la coherencia interna lo exige. Del mismo modo que cuando juegas al ajedrez o a cualquier otro juego con unas reglas, las variantes pueden ser infinitas, pero siempre dentro de la legalidad.

Este es un tema sobre el que se suelen montar grandes polémicas entre los escritores, en las que parece haber una especie de reproche moral a quienes se dejan dominar por sus personajes. Pero yo creo que ambas cosas son posibles: dominar a tus personajes y dejarte dominar por ellos (entendido de la forma en que lo acabo de explicar, pero también, si se quiere, de una forma incluso más posesiva). Es uno de esos temas en los que se forman dos bandos enfrentados sin que haya una verdadera razón para ello.

Y había un tercer texto relacionado con Nozick y los personajes:

1993:

  Creo que Nozick, en Ficción, propone aquello que creo haber escrito: el primero (el primer autor) crea al segundo, éste al tercero, etc., hasta llegar al último, que crea al primero. Supongo que es algo que habrán pensado muchos antes que yo.

   También imaginé una variante: los hombres crean a los dioses literalmente, mediante su fe. Y esos dioses a su vez crean a los hombres.

Y aquí acaba el asunto despertado por Gaudapada, que parece un gran incitador, pues ya en el blog anterior a este mantuve una conversación acerca de la ilusión (y pensaba en Gaudapada al iniciarla). Puedes leerla con este enlace:

La ilusión de la ilusión

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Continúa en Humo


 

 

 

 

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        Los swifities de King Los swifities de King
        Fritz Mauthner La doble etimología de Mauthner
         Noam Chomsky  La ambigüedad de Chomsky y Pinker
         Charles Perrault El narrador intruso de Perrault

Otras páginas de juegos:
Cadáveres exquisitos Cadáveres exquisitos

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El mundo intermedio
   
Kyoka y el casamiento

Lichtenberg Lichtenberg     
      Aforismos      
      Lichtenberg      
      Breve semblanza de Lichtenberg      
       Las figuras de Lichtenberg
       Aforismos de Lichtenberg 2
       Lichtenberg      
       Lichtenberg: más sobre el optimismo      
       Placer y dolor      
       Fin de Mazda con Lichtenberg      
       El salmo 90      
        La regla de oro de Lichtenberg      
       El hombre en la ventana

Mauthner y Wittgenstein Fritz Mauthner     
   Mauthner y Wittgenstein     
   Proust y Mauthner     
   El juego de Mauthner
McPherson
     
   Ossian
Robert Musil
     
   Escritos póstumos publicados en vida     
   Un principio de la más excelsa crítica

 

Pedro Olalla
Atlas de Grecia Mitológica.

Karina Pacheco
La voluntad del molle     
Pániker
     
El cuaderno amarillo de Pániker
Charlotte Perkins Gillman
     
Dellas     
Pitigrilli
     
Plutarco     
Plutarco el charlatán     
Marcel Proust
     
El espejo y Proust      
Proust, coincidencias      

Kenneth Rexroth.

Ijara Saikaku
Amores de un vividor      
Arno Schmidt
     
La república de los sabios     
Arthur Schnitzler

Antal Szerb
     
El viajero bajo la luz de la luna
Una tragedia shakesperiana William Shakespeare
     
McLuhan y Shakespeare     
Una tragedia Shakesperiana     
Shakespeare según Johnson

Tassoni     
Las dedicatorias de Tassoni

Ludwig Wittgenstein     
   Mauthner y Wittgenstein

Liu Zongyuan     
Un prólogo de Liu Zongyuan
Stephan Zweig
El legado de Europa

Lo.

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