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"Por tanto, siempre que se ha dicho algo que no es verdad, no se debe mostrar desprecio y despreocupación porque es una mentira, sino considerar cuál de las cosas dichas por ti, de tus ocupaciones o relaciones, ha ofrecido el parecido para la calumnia, y guardarse cuidadosamente de esto y evitarlo."

Plutarco, Cómo sacar provecho de los enemigos

 

Dove si grida non e vera sciencia

Máscaras

Máscaras

 

Zhuang zi 3

Después de mucho tiempo, continuó con el comentario al Zhuang zi. Todavía estamos en el primero de los libros interiores, aunque ya cerca del final.

Este tercer comentario es un texto muy largo, del que ahora publico sólo la primera parte. Aunque trata de un libro chino y salen muchos nombres chinos difíciles de recordar, no creo que eso deba desalentar a los no familiarizados con el mundo chino. En realidad hablo de casi todo, de la modestia y la soberbia, de la política, de las paradojas, de los cretenses, de la Biblia, de la felicidad o de Casanova. Y también, de vez en cuando, del Zhuang zi.

Si quieres leer los capítulos anteriores, puedes hacerlo con este enlace:

Zhuang zi Comentario al Zhuang zi

Zhuang Zi
Libros interiores

Nei Pian (libro 1)

Capítulo 1
Libre caminar

Apartado 2

Los disparates de Jieyu

"Jianwu comentó a Lian Shu:
"He oído a Jie Yu,
y sus palabras me causan pavor.
Son palabras grandiosas pero no reales,
tan lejanas que jamás retornan,
como la Vía Láctea sin contornos,
tan inconmensurables que ignoran
todas las cosas del mundo".
Y Lian Shu le preguntó qué decían esas palabras.
"Decían que en la misteriosa montaña Gushe
viven unos seres divinos
cuya blanquísima piel brilla como el hielo.
Tan tímidos y dulces como jóvenes doncellas.
No comen los cinco cereales,
beben rocío y respiran viento.
Cabalgan sus dragones
por encima de las nubes
y se dirigen más allá de los Cuatro Mares.
Concentrando su espíritu,
pueden curar enfermedades
y hacer que maduren las cosechas.
Yo, de todas estas locuras,
no creo ni una sola palabra".
Entonces Lien Shu le respondió:
"¡Claro! ¡Cómo un ciego iba a apreciar ornamentos y colores!
¡Cómo un sordo iba a escuchar campanas y tambores!
No sólo el cuerpo puede no ver y no oír.
No sólo los ojos enceguecen.
No sólo ensordecen los oídos.
Así también la inteligencia
ciega y sorda puede estar,
como lo muestran tus palabras.
Un hombre de tal Virtud
funde los Diez Mil Seres
en su Unidad primera.
Y aunque el mundo se lo exija,
¿cómo va él a dignarse
gobernar sobre la tierra?
A un hombre así nada puede herirle.
Aunque las olas lleguen al Cielo,
él no se ahogaría.
Aunque por una gran sequía
se disuelvan piedras y metales,
se calcinen tierras y montañas,
las llamas no le alcanzarían.
Tan sólo de su cuerpo convertido en polvo
los grandes Yao y Shun renacerían.
¡Para qué iba él a ocuparse
de las cosas del mundo!".

Como aquel hombre de ong
que quiso vender sombreros en la ciudad de Yue.
Pero sus habitantes, de cabeza rapada
y cuerpo tatuado, no los necesitaban.

O como Yao, que instauró el orden
y la paz por todas partes,
y cuando visitó a los Cuatro Sabios
del Monte Gushe, al norte del río Fen,
olvidó su imperio para siempre. “

Las dos caras del taoísmo

Jianwu y Chen Wu dialogan acerca de las fabulosas historias que suele contar un tal Jieyu:

"En la misteriosa montaña Gushe
viven unos seres divinos
cuya blanquísima piel brilla como el hielo.
Tan tímidos y dulces como jóvenes doncellas.
No comen los cinco cereales,
beben rocío y respiran viento.
Cabalgan sus dragones
por encima de las nubes
y se dirigen más allá de los Cuatro Mares.
Concentrando su espíritu,
pueden curar enfermedades
y hacer que maduren las cosechas."

Eso son sólo locuras, exclama Jianwu, pero su compañero, Chien Wu, le responde con desprecio:

"¡Claro! ¡Cómo un ciego iba a apreciar ornamentos y colores!
¡Cómo un sordo iba a escuchar campanas y tambores!
No sólo el cuerpo puede no ver y no oír.
No sólo los ojos enceguecen.
No sólo ensordecen los oídos.
Así también la inteligencia
ciega y sorda puede estar,
como lo muestran tus palabras."

Chien Wu no se limita aquí a comparar a su amigo con un ciego o un sordo, que no pueden ver los colores o escuchar los sonidos (esa sería la comparación habitual), sino que va más allá. Lo que dice es que la vista y el oído sirven para ver y oír, pero también para volvernos ciegos y sordos:

“No sólo los ojos enceguecen.
No sólo ensordecen los oídos. “

Y lo mismo puede suceder con la inteligencia: no sólo es tonto el que carece de inteligencia, sino el que queda atontado por su uso.

Son opiniones que volveremos a ver en el Zhuang zi, y que podrían conducirnos fácilmente a la idea de que para entender algo nuevo antes debemos desaprender lo que ya sabemos. Algo que recuerda a una célebre anécdota de de la escuela subitista del zen:

“En la escuela subitista (…) llegas al conocimiento a través del desconocimiento, dejando atrás las cosas que sabes. En este sentido creo que se debe interpretar el encuentro de Nan-In con el profesor universitario. El maestro zen le sirve té en un bol y derrama su contenido. El profesor dice:
_ El bol ya está lleno. Se derrama...¡Ya no cabe más té!
Nan-In le contesta:
_Su mente es como un bol. Esta llena de opiniones y de especulaciones ¿Cómo quiere entender el zen, si antes no vacía el bol de su mente?”

El buddhismo, Ramón N. Prats

Chien Wu dice algo parecido a su amigo Jenwu: le está diciendo, en definitiva, que todas esas cosas que cuenta Jieyu acerca de hombres extraordinarios que cabalgan en el viento sobre dragones no son creíbles para alguien que se deja llevar por sus prejuicios intelectuales acerca de lo posible y lo imposible. La razón ha cerrado la mente de Jenwu para entender la verdad.

Esto parece una defensa de lo que actualmente se llama poderes paranormales, y lo cierto es que en el Zhuang zi y en el Lao zi se menciona a menudo a personajes capaces de hacer las cosas más extravagantes y milagrosas.

No es extraño que surgiera una interpretación del taoísmo que derivó en verdadera alquimia y magia. En ella se buscaba la inmortalidad a través de la mezcla de extraños componentes, la práctica del sexo o complejos rituales.

Por otra parte, entre los expertos hay diversas opiniones acerca de los orígenes del taoísmo y algunos consideran que podría ser una derivación de antiguas prácticas chamánicas, entre las que estarían el desdoblamiento corporal, la levitación, etcétera.

Junto a ello hay un taoísmo que no cree en la existencia de esos seres extraordinarios, o al menos no les da mucha importancia. Y muy a menudo el Zhuang zi y el taoísmo defienden más la sencillez y la vida retirada que la obtención de poderes mágicos. Esta contradicción será una constante a lo largo de la historia del taoísmo.

Una tercera interpretación podría basarse en el análisis textual, para intentar averiguar cuánto hay de magia en los textos originales y cuanto son adiciones posteriores para dotar de más prestigio al texto. Pero yo no me siento capacitado para emprender tal tarea. Quizá en el futuro algún descubrimiento arqueológico nos ofrezca nuevos datos.

Una cuarta posibilidad, que quizá no hay que descartar completamente, es que las menciones a milagros y hazañas extraordinarias deban tomarse casi como metáforas, como una manera de esconder algo sencillo de manera grandielocuente. Porque lo cierto es que resulta un poco contradictorio que junto a la burla constante a todos aquellos que quieren ordenar el mundo, como el emperador Yao, o acumular riqueza y poder, o impartir lecciones de sabiduría, se utilicen ejemplos de sabios que también se caracterizan por tener poderes especiales y milagrosos.

Eso, al menos para un temperamento moderno, parece desactivar los discursos burlones del Zhuang zi: ¿se trata de darnos cuenta de lo vano de toda esa ansia de poder, riqueza y sabiduría porque es algo en sí mismo vano, o sólo porque es muy poca cosa comparado con lo que puede conseguir el sabio taoísta? Si se trata de esta segunda interpretación, es casi imposible no caer en la paradoja de concluir que también estos sabios taoístas buscan algo vano y efectista: volar por el aire sobre dragones.

Y lo cierto es que el Zhuang zi nos da continuamente razones para aceptar una u otra interpretación, con lo que el tema reaparecerá muchas veces en este comentario.

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De nuevo sabios y emperadores

Chen Wu continúa diciendo a su amigo que esos hombres de los que habla Jieyu son tan perfectos que no se ocupan del gobierno del mundo, tarea, que, como ya se ha visto en los apartados anteriores del Zhuang zi, es trivial y vana.

Chen Wu compara a su amigo con

"...aquel hombre de Ong
que quiso vender sombreros en la ciudad de Yue.
Pero sus habitantes, de cabeza rapada
y cuerpo tatuado, no los necesitaban."

Hay que entender, me parece, que el fabricante de gorros se sentía muy orgulloso de su obra y de pronto descubrió lo inútil de tantos esfuerzos.

Pero también podría entenderse en el sentido contrario: aquellos que no tienen necesidad de gorros, no pueden apreciarlos, del mismo modo que Jenwu no aprecia las historias que cuenta Jieyu, ni un ciego apreciar los colores o un sordo las campanas y tambores.

Las dos interpretaciones son interesantes y las diferentes traducciones que utilizo a veces parecen indicar una y a veces la otra.

Chen Wu también trae a colación el caso del emperador Yao,  quien, después de poner paz y orden en el mundo, fue  a visitar "a los Cuatro Sabios del Monte Gushe" y "olvidó su imperio para siempre".

¿Por qué lo olvidó? ¿Porque descubrió algo que lo superaba o porque entendió que todo ese imperio era, como diría el Eclesiastés “sólo vanidad”?

“Engrandecí mis obras, me edifiqué casas, planté viñas, me hice huertos y jardines, y planté en ellos toda clase de árboles frutales. Me hice estanques de aguas para regar con ellas un bosque donde crecieran los árboles. Adquirí siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa. También tuve mucho ganado, vacas y ovejas, más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén. Acumulé también plata y oro para mí, y tesoros preciados de reyes y de provincias. Me proveí de cantantes, tanto hombres como mujeres; de los placeres de los hijos del hombre, y de mujer tras mujer. 9 Me engrandecí y acumulé más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén, y en todo esto mi sabiduría permaneció conmigo. No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni rehusé a mi corazón placer alguno; porque mi corazón se alegraba de todo mi duro trabajo. Esta fue mi parte de todo mi duro trabajo.
Luego yo consideré todas las cosas que mis manos habían hecho y el duro trabajo con que me había afanado en hacerlas, y he aquí que todo era vanidad y aflicción de espíritu. No había provecho alguno debajo del sol.”

Eclesiastés, 2, 5

Supongo que en otro momento habrá ocasión de comparar el que posiblemente es el más hermoso de los libros bíblicos con las ideas del Zhuang zi y el taoísmo, en muchos aspectos coincidentes.

La modestia y la soberbia

Aquí también se menciona a los cuatro maestros que conoció el emperador Yao. Según Preciado, estos maestros podrían ser:

Wang Ni, Nie Que, Bo Yi y Xu You

Ya conocemos a Xu You, aquel sabio que renunció, con una modestia soberbia, el trono que le ofrecía Yao. Como allí hablé de él y de otros modestos sabios soberbios de manera un poco crítica, ahora me gustaría matizar un poco lo que dije, porque yo mismo presumo, a veces soberbiamente, de mi modestia. Y lo curioso es que creo que lo hago con razón.

¿Se puede presumir de modestia sin dejar de ser modesto?

En mi opinión sí.

Imaginemos que observamos el comportamiento habitual de una persona y llegamos a la conclusión de que puede ser calificado como “modesto”. Si ahora alguien nos pregunta:

_¿Es modesta esa persona?

Responderemos:

_Sí lo es.

Y luego podría tener lugar el siguiente diálogo:

_¿Estaría justificado que esa persona se calificara a sí misma como modesta?
_Por supuesto. Puesto que además de ser una persona modesta, posee la inteligencia suficiente y la capacidad de observación necesaria para darse cuenta de que su comportamiento es modesto.
_Entonces esa persona podría parecer presuntuosa en su modestia, al considerarse como tal. ¿No es eso una paradoja?
_No lo es. La paradoja sería que dijese. “No soy modesto”. En tal caso sería, en primer lugar, hipócrita, puesto que diría lo contrario de lo que cualquiera puede observar, de lo que observa él mismo y de lo que en realidad piensa. Pero, además, sería posiblemente más inmodesto al pretender añadir a su modestia habitual la modestia de no reconocerse modesto.
_Eso significa que no hay manera de escapar de cierta contradicción o paradoja tanto si se reconoce modesto como inmodesto.
_ La mejor respuesta que puede dar es: “Mi única soberbia es la modestia.”

Dicho de otro modo, una persona es prudente, como decía Aristóteles si suele hacer cosas prudentes. Pero si un día se muestra imprudente, eso no impide que lo sigamos considerando prudente.

Ahora bien, si esa persona continúa haciendo cosas imprudentes, al final cambiaremos nuestra opinión sobre ella, porque como decía Aristóteles: “Somos lo que hacemos”.

Del mismo modo podemos considerar que alguien es un buen político en general, pero que ha realizado una mala acción política en un caso particular. La incapacidad de separar estas posibilidades es probablemente una de las causas del dogmatismo político: defendemos a nuestro político preferido haga lo que haga, porque tememos que si le criticamos en cualquier pequeño detalle, entonces estaríamos dejando de considerarle un buen político.

Un sabio que vive modestamente, puede describirse a sí mismo como modesto de una manera modesta: “Soy modesto”; pero también puede caer en cierta soberbia momentánea si, ante la insistencia de alguien que le quiere ofrecer algo, se irrita y exclama: “para que quiero eso que me ofreces si ya tengo todo” (lo que no le convierte automáticamente en una persona soberbia).

También puede ir pregonando a los cuatro vientos en toda ocasión su modestia, y limpiarse las orejas al río, como dicen que hizo Xu Yu tras escuchar la propuesta del emperador Yao.

Y sólo entonces habrá buenas razones para considerar que ese sabio es tan soberbio como el emperador, y que Diógenes el cínico es más soberbio que Platón al pisar ruidosamente las soberbias alfombras de Platón.

Esta distinción puede verse de manera más clara todavía si pensamos en la célebre paradoja de Epiménides el cretense.

Epiménides el cretense dice:

“Todos los cretenses son mentirosos”.

La paradoja es evidente: si todos los cretenses son mentirosos entonces también lo es Epiménides puesto que es cretense.

Pero eso significa que nos está mintiendo al decirnos que “los cretenses son mentirosos, con lo que no es verdad que los cretenses sean mentirosos, etcétera, etcétera.

Esta es quizá la paradoja más célebre de la historia y ha aparecido durante siglos en los libros de historia. Sin embargo, no es una verdadera  paradoja. ¿Por qué? Porque podemos imaginar una situación en la que la frase de Epiménides resulta coherente y no contradictoria.

Imaginemos que “no todos” los cretenses sean mentirosos. Unos son mentirosos y otros no lo son.

Desde este punto de vista, si Epiménides fuese uno de los cretenses mentirosos su frase sería perfectamente razonable, puesto que dice “TODOS los cretenses son mentirosos” y la realidad es: “ALGUNOS cretenses son mentirosos” (entre ellos Epiménides).

Resulta curioso que esta disolución de la paradoja de Epiménides, el mostrar que en realidad no se trata de una verdadera paradoja a pesar de su apariencia, coincida con lo que seguramente tenía en mente Epiménides. Epiménides es uno de los Siete Sabios legendarios de Grecia y ayudó a Solón en Atenas en una ocasión difícil. Según parece estaba muy decepcionado con sus compatriotas cretenses y se lamentaba de que eran muy mentirosos, pero no se incluía a sí mismo entre esos cretenses mentirosos. Se dice que estaba tan furioso con la manera de ser cretense que el verso más famoso suyo es el que cita San Pablo en la Epístola a Tito: "¡Cretenses, siempre embusteros, vientres torpes!"

Para escapar a la disolución de la más célebre de las paradojas, se ha intentado modificarla para que no aparezca la palabra “todos”.

Por ejemplo, alguien dice: “Miento”.

No es momento para entrar a fondo en el análisis de esta paradoja corregida, pero, recordando lo de la modestia y la inmodestia, lo de la prudencia y la imprudencia de Aristóteles, nos tenemos que preguntar: ¿Qué significa “Miento”?”.

¿Significa “Miento siempre”?

¿ “Miento a veces”?

¿ “Miento en  en el momento exacto en que digo “Miento”"?

Queda para el lector el desarrollo del asunto y su comparación con aquel que puede decir “Soy modesto siempre”, “Soy modesto casi siempre” o “Soy modesto en el momento en el que digo “Soy modesto”.

En definitiva, se puede ser modesto (o se puede ser feliz), aunque se tenga de tanto en tanto un rasgo de inmodestia o de tristeza.

Un desvío hacia la felicidad

La descripción de alguien como feliz o modesto puede referirse a su comportamiento habitual o a un momento concreto. 

Cuando alguien dice "Soy feliz", generalmente está diciendo “Estoy siendo feliz”. Sólo, en contadas ocasiones, lo que quiere decir es: “Soy feliz en general en mi vida”, y en ciertos momentos lo que quiere decir es "Mi vida ha sido feliz".

Ahora bien, antes de calificar la vida de alguien como feliz o infeliz debemos recordar lo que Solón le dijo a Creso:

"De nadie puede decirse que su vida sea feliz hasta que se haya visto su final... Antes de que uno muera no puede llamársele feliz, sino, todo lo más, afortunado"

Carlos García Gual
Los siete sabios y tres más

Creso, feliz entre su inmensas riquezas no hizo mucho caso, pero tiempo después "su hijo Atis murió en un trágico accidente". Luego se enfrentó al persa Ciro y perdió su reino. Ciro lo condenó a morir quemado:

"Cuando estaba arriba, a punto de arder, Creso dio un suspiro y gritó el nombre de Solón por tres veces, entre sollozos."

Esto nos haría concluir que la vida de Creso no fue feliz, sino fuera porque cuando Ciro oyó los gritos de Creso quiso saber a qué se debían. Creso se lo explicó y el persa se conmovió, le perdonó y le convirtió en su consejero. Así que, finalmente, podemos pensar que Creso tuvo una vida feliz.

Los biógrafos, que siguen en esto a Solón, suelen interpretar la vida de alguien en función de su desenlace, y así consideran, por ejemplo, de manera casi unánime que la vida de Casanova fue infeliz porque murió olvidado y despreciado como bibliotecario del Dux de Bohemia.

Una hermosa refutación de esta tendencia biográfica sería la de la vida de Wittgenstein, que cualquier biógrafo calificaría de infeliz, si no fuera porque al parecer sus últimas palabras fueron: “Diles que fui feliz”.

(Según otra versión, dijo: "Díganles que tuve una vida maravillosa")

Otra refutación nos la proporciona el propio Casanova cuando, abandonado y despreciado en el castillo del dux de Bohemia, escribe:

"Hay gente que dice que la vida no es más que un tejido de desgracias; lo cual viene a decir que la existencia es una desgracia; mas si la vida es una desgracia, la muerte será todo lo contrario: la felicidad, puesto que es lo opuesto a la vida.
Esta consecuencia puede parecer indiscutible. Pero los que así hablan son sin duda pobres o enfermos, porque si gozaran de buena salud, si tuvieran el bolsillo bien repleto, alegría en el corazón, Cecilias, Marianas y la esperanza de algo mejor todavía, ¡oh!, seguro que cambiaban de parecer. Yo los considero una raza de pesimistas que no puede haber existido más que entre filósofos indigentes y teólogos mauleros o atrabiliarios.
  Si existe el placer y sólo se puede gozar de él estando vivo, la vida es dicha. Existen desgracias, yo sé algo de eso; pero la existencia misma de esas desgracias prueba que la suma de la felicidad es mayor. Entonces, porque en medio de un montón de rosas se encuentren algunas espinas, ¿hay que ignorar la existencia de tan hermosas flores? No; es una calumnia contra la vida el negar que son un bien. Cuando estoy en una habitación oscura, me agrada infinitamente ver, a través de una ventana, un horizonte inmenso frente a mí."

Giacomo Casanova, Memorias

El loco Jieyu

Hasta ahora hemos hablado de los disparates de Jieyu, pero no sabemos casi nada de él. Resulta que conocer a algunos aspectos de su biografía nos permite interpretar de otra manera sus disparates.

Según Iñaki Preciado Jieyu es el sobrenombre de un tal Lu Tong, un eremita del estado de Chu durante la época de Confucio:

"Era labrador y se fingía loco para que no le nombrarán para un cargo. El rey de Chu se enteró de que era un sabio, y le ofreció cien monedas de oro y cuatro carruajes de cuatro caballos para que le sirviera, pero él rehusó. Cogio sus pertenencias y, acompañado de su mujer, se fue a tierras lejanas, y  ya no se supo de él".

Así que resulta que Jieyu, al que se califica de loco, es otro de esos sabios que rechazan los cargos y los honores, incluso si vienen de manos del rey. ¿Por qué lo hace?

¿Por una modesta vanidad? ¿Porque tiene más cosas, o más importantes que las que le ofrecen?

No, la razón es más sencilla, pero también más interesante.

En el capítulo VII del Zhuang zi  encontramos juntos a Jieyu y a su defensorde antes, Jenwu:

“Jenwu fue a ver a Jieyu. Jieyu dijo:
— ¿Qué te decía Chung Shih el otro día?  
Jenwu dijo:
— Me dijo que el soberano de los hombres debería desarrollar sus propios principios, patrones, ceremonias y reglamentos, y entonces no habrá nadie que deje de obedecerle y sea transformado por ellos.
El loco Jieyu dijo:
 — ¡Esto es una virtud falsa! ¡Tratar de gobernar al mundo así es como tratar de caminar sobre el océano, perforar un río para atravesarlo, o hacer que un mosquito cargue una montaña! Cuando el sabio gobierna, ¿gobierna lo que está afuera? Primero se asegura a sí mismo, luego actúa. Se cerciora absolutamente de que las cosas pueden hacer lo que se supone que hagan, eso es todo. El pájaro vuela alto hacia el cielo donde puede escaparse de las flechas atadas. El ratón de campo cava profundamente en la colina sagrada donde no tendrá que preocuparse acerca de los hombres que cavan y los espantan con humo. ¿Tienes acaso menos sentido común que esas dos pequeñas criaturas?”

Aquí ya empieza a vislumbrarse la otra interpretación del taoísmo, o al menos del Zhuang zi, la realista y práctica, que se confirma en otro pasaje del Libro IV, en el que aparece Confucio:

“Cuando Confucio visitó el estado de Chu, Jieyu, el loco de Chu, pasó por delante de su puerta gritando:
— ¡Fénix, fénix, cómo falló su virtud!
No puedes esperar el futuro; no puedes perseguir el pasado.
Cuando el mundo está en orden, el sabio sobrevive.
En épocas como la presente, a gatas si escapamos de la penalidad.
La buena suerte es liviana como una pluma, pero nadie sabe cómo sostenerla. La desgracia es pesada como la tierra, pero nadie sabe cómo salirse de su camino.
¡Déjalo ya! ¡Deja de enseñar virtud a los hombres!
¡Peligroso, peligroso, trazara los demás el camino a seguir!
¡Tonto, tonto, no arruines mi caminata!
Yo sigo veredas tortuosas. No estorbes mis pasos.”

Según Álex Ferrara, este pasaje está basado en un texto de las Analectas de Confucio. Y, efectivamente, si leemos el capítulo llamado Wei zi, encontramos casi lo mismo:

“Un loco de Chu llamado Jieyu pasó al lado de Confucio cantando y dijo: “¡Fénix! ¡Ay, Fénix!, ¿por qué flaquea tu virtud? Ya no se puede reprochar nada al pasado, pero aún puede prevenirse el futuro. ¡Abandona! ¡Abandona! Los que aceptan cargos públicos están ahora amenazados!”. Confucio bajó del carruaje con la intención de hablar con él, pero el loco apresuró su paso y Confucio no consiguió hablarle”

(Analectas Wei Zi (XVIII, 5).

De repente los disparates de Jieyu dejan de serlo: son tiempos peligrosos para quien acepta un cargo. Acercarse al poder, ya sea para criticarlo o adularlo, es el camino más rápido a una muerte temprana.

La actitud de Jieyu, fingirse loco para escapar de cualquier cargo, cobra un tremendo sentido cuando se conoce un poco cuál era la situación en lo que hoy llamamos China en la Época de los Reinos Combatientes. A ello se dedicará el próximo apartado, tras el cual podremos seguir examinando el asunto de las relaciones entre los sabios y los poderosos.

 

Melvin contra E.T.

Hace poco conocí en Terrasa a una chica llamada Irene que me contó la historia de un proyecto que se llama Melvin contra E.T.

Se trata de un documental que cuenta el fascinante caso del dibujante Joaquín Blazquez, quien creó en una historieta a un personaje llamado Melvin.

Al ver su parecido con E.T., cualquiera pensaría que se trata del alter ego malo del extraterrestre de Spielberg, o que el creador de Melvin se vio sometido a una demanda de plagio por parte del poderoso Spielberg. Sin embargo, sucedió todo lo contrario, porque Melvin fue creado antes que E.T. y fue Joaquín Blazquez quien intentó que Spielberg reconociera que lo había copiado. Al parecer, Spielberg ni siquiera contestó a Blazquez.

La versión oficial de la creación de E.T. dice que fue imaginado por el dibujante Carlo Rambaldi, a partir de su dibujo Mujer del Delta, que luego fue modificando siguiendo el deseo de Spielberg de que se pareciera a Einstein y al poeta Carl Sandburg.

Carl Sandburg

Pero también es posible que Rambaldi hubiese leído la historieta de Blázquez.

Seguro que estas dudas y muchas otras se plantean en el documental que prepara el equipo de La caja Negra, que promete ser muy interesante, porque se sigue no sólo el asunto del supuesto plagio, sino la triste vida de un Blazquez obsesionado por que le reconocieran la idea original de E.T..

En la Caja Negra tienen una página web dedicada al proyecto, tan completa que incluso incluye el comic de Blazquez en pdf.

Puedes visitarla con este enlace:

Melvin contra E.T.

 

The Host y la verosimilitud

En el apartado Las leyes del relato de Las paradojas del guionista se dice:

"El mismo espectador que acepta como verosímiles los viajes a la velocidad de la luz, un instituto para magos que existe en un plano paralelo al mundo ordinario o una extraña civilización llena de orcos, hobbits y elfos, no aceptará algo tan sencillo como que un hombre normal y corriente pueda arrojar a su enemigo al otro lado de la Quinta Avenida con sólo la fuerza de su brazo (75)."

Ahora bien, la cosa cambia si ese hombre normal y corriente ha recibido una descarga de rayos gamma y, en realidad, es la Masa.

Escenas de ese tipo se pueden ver en la adaptación cinematográfica de La Masa hecha por Ang Lee, y las aceptamos porque estamos viendo "una película de superhéroes".

the hulk

Las películas de superhéroes tienen sus propias leyes de verosimilitud, que no coinciden con las de las películas realistas, como se explica en Las leyes del relato y en todo el capítulo Realidad y ficción.

Las películas de monstruos, o "con bicho" también tienen sus leyes, que no son las mismas del realismo, ni tampoco exactamente las de los superhéroes.

En las películas con bicho el único personaje que puede hacer lo que hacen los superhéroes y los supervillanos es el bicho. Los demás personajes se ajustan a las normas de un mundo realista en que las personas no pueden volar, ni trepar por las paredes ni lanzar bolas de fuego. A pesar de ello, los protagonistas son capaces de hacer cosas que ningún ser humano corriente podría llevar a cabo. Es difícil creer que nadie, por muy entrenado que esté, pueda sobrevivir a un monstruo como el de Alien, pero Sigourney Weaver lo consigue, porque los monstruos también se ajustan a las reglas y esperan más de la cuenta para liquidar a sus enemigos, dando así una oportunidad al héroe de escapar.

En la película coreana The host aparece un monstruo. Como se dice en la campaña promocional: "Primero fue Tiburón, después Alien, ahora llega The host". El espectador está, pues, advertido de que va a ver una película en la que las leyes de la verosimilitud aplicables al realismo no van a respetarse. Aquí sucederán cosas semejantes a las de Tiburón o Alien: la verosimilitud esperada es la del cine de bichos.

the host

Sin embargo, The host resulta inverosímil a muchos espectadores, cuyas expectativas quedan defraudadas. Y esto sucede porque la película es demasiado verosímil.

El error de la campaña de promoción ha sido crear la sensación de que se trataba de otra típica película de monstruos al estilo de Tiburón o Alien, en la que los héroes se ajustan con bastante exactitud a las leyes de la verosimilitud heroica: son ágiles, capaces de lanzar un arpón y clavárselo al monstruo a mucha distancia, tienen siempre balas en los rifles, o al menos, si se quedan sin balas, el monstruo se despista un instante; también tienen pequeñas debilidades, por ejemplo cierta afición al alcohol o al miedo, pero su compartamiento en acción es especialmente diestro.

the host

Si pensamos en Sigourney Weber en Alien, la recordamos con la mandibula apretada y la mirada fija, sudorosa pero decidida, con una clara apostura de heroína. No sucede lo mismo en The host. La familia protagonista es un desastre, se mueven como personas normales, torpemente; se equivocan una y otra vez, son estúpidos; las cosas raramente les salen de la manera prevista, no siempre les quedan balas y no siempre el monstruo se despista.

El monstruo también es un poco torpón. Es cierto que tiene una agilidad prodigiosa y se mueve en el agua con soltura, pero en tierra firme a veces se tropieza y corre como si fuera un gigantesco bebé, desacompasada y pesadamente. Bong Joon-ho se preocupó especialmente de que su aspecto fuera el de una posible mutación, rechazando los primeros bocetos en los que la criatura tenía un aspecto más monstruilmente agraciado.

the host

Lo que Bong Joon-ho parece haberse propuesto en The host es responder a la siguiente pregunta: "¿Qué sucedería si un monstruo nacido de una mutación provocada por la torpeza humana apareciera en el mundo real?".

Sucedería, por ejemplo, que el monstruo no aparecería de manera sorpresiva, justo cuando el espectador estuviese ansioso y preparado para llevarse una sorpresa, sino que se presentaría a plena luz del día y delante de mucha gente; también podría suceder que la incompetencia de las autoridades fuese más peligrosa que el monstruo. Sucedería, en definitiva, que si una familia más bien tirando a torpe decidiese perseguir al monstruo, tendría que apañárselas de cualquier manera para conseguir un mapa del alcantarillado y las armas necesarias; y sucedería que a veces los responsables de sus desgracias serían ellos mismos.

Pero la novedad de The host no consiste tan sólo en contar los problemas que encontraría una persona, y no un personaje de película de bichos, que se enfrentase a un monstruo semejante. Eso es algo a lo que la segunda mitad del siglo XX nos ha acostumbrado con decenas de antihéroes, tanto en la literatura, como en el cine o el comic. Stan Lee y Jack Kirby transformaron en los años 60 y 70 el comic de superhéroes al crear personajes como Spiderman o Los Cuatro Fantásticos.

En las primeras aventuras de Spiderman, con guión de Stan Lee y dibujos de Steve Ditko, el superhéroe tenía terribles enemigos como el Lagarto, Octopus o el Duendecillo Verde, pero lo que verdaderamente interesaba al lector eran los problemas personales de Peter Parker, el muchacho que se escondía tras la personalidad de Spiderman: su vida con tía May, sus dilemas amorosos con Mary Jane y Gwen, sus problemas con su editor Jonah Jameson.

Lee y Kirby acentuaron aquella interesante esquizofrenia que ya se intuía en Superman y Clark Kent, pero que no había sido bien aprovechada. Posteriormente, esta manera de presentar a los héroes se ha convertido en un nuevo género, con obras tan extraordinarias como Watchmen o Miracle Man.

Así que The host no es tan original en este sentido, el de mostrar desde un punto de vista más realista los problemas de los héroes, pero sí lo es en la manera de contarlo. La diferencia fundamental reside en el estilo. Cuando el inseguro, tímido y torpe Peter Parker se pone el traje de Spiderman, todo cambia: desde ese momento se comporta como un verdadero superhéroe, agil, fuerte y capaz, aunque de vez en cuando sus pensamientos nos revelen que no todo era tan brillante como parecía.

spiderman

En esta página de Spiderman, Peter Parker se preocupa por los celos de Gwen, como cualquier muchacho, pero cuando "llega el momento de la acción" se pone el traje ajustado se convierte en un héroe. El traje, ya se sabe, transforma a un caballero y a un superhéroe.

Lo mismo sucede con las películas de monstruos: aunque nos muestren las debilidades de los héroes, cuando llega el momento de la acción, las cosas empiezan a suceder de manera diferente. La cámara magnifica sus movimientos, los estiliza, y todo sucede de una manera extrañamente sincronizada entre los héroes y los bichos.

Bong Joon-ho no hace eso. Mantiene la coherencia de estilo en todo momento, lo que no quiere decir que la película no sea tan deslumbrante desde el punto de vista técnico y estético como su obra maestra Memorias de un asesinato. Pero prescinde de los artificios del género y sólo los utiliza para burlarse de ellos, para seguirlos durante un instante y luego dar la vuelta hacia otro lado. Nunca olvida que su intención es mostrar qué sucedería en el mundo real, con personas reales, si un monstruo mutante llevara el caos y el miedo a Seul. Y tampoco deja de lado el humor o la crítica política, ni siquiera en los más terribles momentos.

Esa es su gran apuesta y lo que hace a The host una película distinta, pero también es su gran debilidad para muchos espectadores, pues estamos demasiado acostumbrados a la falsa verosimilitud de las películas de monstruos de Hollywood, en las que las cosas suceden siempre de manera épica y donde el humor apenas tiene cabida, excepto como bromas tópicas entre los personajes.

A esta decepción contribuye una campaña promocional que crea falsas expectativas, de las que es difícil librarse incluso a pesar de que Bong Joon-ho decide enseñarnos al mostruo enseguida, de manera casi casual y a plena luz del día, quebrando la primera regla de las películas de monstruos: la aparición inicial debe ser sorprendente y aterradora, y debe tener lugar tras una tensa e intrigante espera.

Así que una película puede resultar poco verosímil precisamente porque intenta contar las cosas de manera verosímil, pero sin ajustarse a la verosimilitud convencional propia del género de las películas de monstruos.

the host

También se le reprocha a Bong Joon-ho usar el humor y el ridículo en los momentos menos adecuados, como en el primer funeral por las víctimas del monstruo. Sin embargo, es esta mezcla de tragedia y comicidad, de lo sublime y lo banal, de lo emocionante y lo chistoso lo que caracteriza a muchas grandes obras narrativas, las que van más allá del tópico y de las reglas convencionales. A Shakespeare también se le reprochaba:

"Los admiradores de este gran poeta nunca encuentran menos motivos para satisfacer sus expectativas de excelsitud que cuando aquél parece totalmente decidido asumirlos en la zozobra y ablandarlos con emociones tiernas recurriendo al declive de la grandeza, a los peligros de la inocencia o a los sufrimientos del amor. Nunca pasa mucho tiempo sin que un chiste fácil o un equívoco vulgar interrumpa sus momentos delicados y conmovedores. Tan pronto se pone en movimiento, se contiene, reprimiendo o destruyendo con repentina frialdad el terror o la piedad que estaban naciendo en el espíritu."

Samuel Johnson, Prefacio a Shakespeare

La campaña de promoción debería incidir más en la novedad que supone The host, no porque sea un nuevo escalón en las películas con bicho, la siguiente etapa tras Tiburón y Alien, sino porque es una manera nueva de contarlo.

Al ver The host uno se hace consciente de las convenciones que dominan su experiencia estética, de los códigos que nos condicionan inevitablemente. Por otra parte, como se explica en la paradoja del libro Antes del principio siempre hay algo, la errónea campaña de promoción muestra que a veces es mejor no tener expectativas que tener expectativas erróneas

The host no respeta las convenciones del género, del mismo modo que Memorias de un asesinato no respetaba las del género policíaco y, tal vez por ello, se podría decir que no es una película "con bicho" aunque haya un bicho en ella.

La página de Las paradojas del guionista

 

 

 

El Píxel de Oro 4ª edición

Marcóticos, La Cuarta Pared, la Pixelteca y varios weblogs como La metamorfosis, han convocado la cuarta edición del concurso El píxel de oro. He pensado probar suerte e intentar llevarme el cuarto píxel consecutivo. No sé si lo conseguiré, porque la competencia es cada vez más dura. Pero aquí está el relato que envié y la fotografía que marcóticos propone como punto de partida...

 

Los maniquís

_Hola... hola... ¿hay alguien ahí?

_Parece que el novicio ya se ha despertado.

_Sí, ya iba siendo hora.

_¿Quién está hablando? ¿Quiénes sois vosotros?

_Vaya pregunta. Somos los que somos.

_Pero es que no os veo, aquí sólo hay cuatro maniquís, no hay ninguna persona.

_Bueno, eso depende de cómo definas la palabra “persona”. Su etimología es “suena a través”, y no estoy seguro de que nosotros sonemos a través de nada

_No fatigues al novicio con tus etimologías. ¿No ves que acaba de llegar?

_Tienes razón... Nosotros somos estos seis maniquís.

_Sí, claro, y yo me lo creo. Si vosotros sois los maniquís, ¿quién soy yo?

_Tú eres el séptimo maniquí, por supuesto.

_¿Qué?  No puede ser... Es cierto que hay un séptimo maniquí. Ahora lo veo, ahora me veo... Esto debe ser un  sueño.

_Sí, algunos lo llaman el sueño eterno.

_¿Queréis decir que estoy muerto?

_Bueno, así es como suelen definir tu estado actual los que pretenden estar vivos.

_Pero, entonces, entonces... ¿he muerto? Sí, claro, ahora recuerdo el accidente... ¿Cómo quedó mi coche después del golpe?

_Mucho mejor que tú: podrán repararlo.

_De acuerdo, estoy muerto. Es posible,  porque la verdad es que después de un accidente como aquel...

_Me parece que el novicio comienza a aceptarlo....

_Pero no entiendo qué hago aquí. No puede ser que la otra vida consista en convertirse en un maniquí.

_¿Y qué tiene de malo? Se acabaron los dolores de estómago...

_...las jaquecas...

_...cualquier dolor, porque ya no tenemos carne que pueda sangrar, ni huesos que se puedan romper, ni nervios que se exciten, ni cerebro para experimentar el dolor...

_También se acabó ir corriendo de un lado a otro, porque aquí te llevan siempre a todas partes...

_...y  además consigues ropa gratis, aunque no siempre del mejor gusto.

_Por cierto, llevamos ya mucho tiempo desnuditos en este escaparate.

_Pues sí, es que no se ponen de acuerdo en las tendencias de esta temporada.

_Esperad, esperad un poco. ¡Os he pillado! Decís que somos maniquís, ¿verdad?

_Pues sí, es una forma de describirnos bastante adecuada, dadas las circunstancias.

_Decís que somos maniquís sin dolor de cabeza, de dientes, de estómago, pues ¿cómo vamos a tener dolor de estómago si no tenemos estómago?

_Eso es...

_Y, claro, cómo vamos a tener dolor de dientes sin dientes...

_Ya lo ha entendido...

_¿Y cómo vamos a hablar sin tener boca?, ¿eh, listos?

_Ya empezamos...

_No te enfades con él, a todos nos pasó lo mismo al principio.

_Es verdad, en fin, habrá que explicárselo todo.

_¿Explicarme el qué?

_Vamos a ver. ¿Tú crees en Dios?

_Pues, yo, la verdad es que tenía ciertas dudas. Yo creo, o creía, no sé, en “algo”. No en ese Dios con barba blanca...

_¿En una especie de energía, ¿verdad?

_Pues sí...

_ En “algo que está ahí y que en cierto modo cuida de ti”.

_¡Eso es!

_Pues estás de enhorabuena, chaval, porque eso es lo que hay.

_¿De verdad?

_Si, una especie de energía que cuida de nosotros.

_¡Vaya, qué bien! Pero lo que no entiendo es por qué esa especie de energía nos ha convertido en maniquís.

_¡Y dale! ¡Qué manía con los maniquís! ¿Es que te gustaba más ser persona, lleno de enfermedades, cansancio y todo tipo de sufrimientos?

_No, no es que me guste más, pero, no sé, la naturaleza se ha tomado el trabajo de hacernos evolucionar desde las bacterias hasta los primates...  Y me parece terrible descender ahora a un trozo de cartón piedra inanimado.

_Vamos a ver. ¿No habíamos quedado en que existía esa “energía que nos cuida”, es decir, Dios?

_Sí, pero...

_Pues entonces olvídate de la Naturaleza, que ni falta que nos hace.

_¡Eh, alto! eso no puede ser, incluso los creyentes creen que hemos evolucionado de alguna manera.

_Vamos a ver. Ahora que sabes que Dios existe (porque nosotros te lo hemos dicho), vas y decides que tenían razón los del diseño inteligente.

_Claro. Si Dios existe, no creo que se quede al margen y no controle la evolución.

_¿Y para qué querría Dios controlar la evolución?

_Pues para que algún día surgieran sobre la Tierra seres pensantes como nosotros... La verdad es que la evolución resulta más razonable si tiene un objetivo al que llegar. Del mismo modo que un reloj es fabricado por un diseñador, también el mundo es supervisado por Dios.

_¡Serás insensato! ¿Es que tú te crees que un Dios omnipotente tiene necesidad de tantos aparatejos?

_¿Qué quieres decir?

_Pues que un Dios omnipotente no necesita que haya una boca para que un alma hable. Por cierto, esa es la palabra que preferimos en vez de maniquíes: alma. O “espíritu”, si te resulta más cómodo.

_¿Es que no te das cuenta de que, si Dios quiere, puede poner un alma en una piedra, en una botella de vino... o en un maniquí?

_Puede ser, pero ¿por qué encerrarnos en estos cuerpos inanimados?

_En realidad las almas no estamos en estos maniquís ni en ningún lugar material, tan sólo los usamos porque nuestra vivencia en cuerpos nos ha hecho adquirir ciertas costumbres: como la creencia en la personalidad individual.

_Sí, eso facilita la comunicación entre nosotras. El vicio corporal es difícil de desterrar.

_Ahora que lo decís, creo que tenéis razón. ¿Para qué iba a necesitar Dios pasarse milenios controlando la evolución, si puede insuflar un alma en cualquier cosa? Sin duda, Dios también podría hacer funcionar un reloj pintado en la pared, sin necesidad de ningún mecanismo.

_Claro, por algo es todopoderoso, ¿no te parece?

_Pero, entonces, todos los creyentes que creen en el diseño inteligente...

_Están equivocados, por supuesto, como todos los que pretenden conocer a Dios. ¿Es que tú te crees que es fácil conocer los designios de “algo que es como una energía que nos cuida”?

_Entonces, ¿para qué sirve la evolución?

_Ni idea. Creemos que es la manera en la que la materia se entretiene.

_A las almas nos tiene sin cuidado lo que haga la materia.

_Sin embargo, las almas habitan en los seres humanos.

_¿Tú crees? Eso no es seguro. A nosotras nos da la impresión de que la mayoría de los seres humanos son sólo mecanismos sin alma.

_Sí, un conjunto de válvulas y relés hechos de carne.

_Es cierto que, por alguna razón que ignoramos, a algunas almas les gusta meterse dentro de los seres humanos, pero los cuerpos pueden vivir sin nosotras.

_Sólo son materia organizada, pero nosotras somos parte de esa “energía que controla el universo”.

_Bueno, eso es una sospecha, tampoco estamos seguras. Pero sí está claro que Platón tenía razón al decir que cuando las almas se meten en los cuerpos olvidan que son almas.

_Nacer es morir.

_Y morir es en cierto modo nacer, porque al quedarte sin cuerpo no te queda más remedio que acordarte de que eres un alma.

_Muy bien, supongamos que tenéis razón. Pero si somos parte de la energía que controla el universo, o sea, de Dios, ¿por qué no nos hemos unido a él y seguimos habitando un trozo de materia tan vulgar como estos maniquíes?

_Al parecer estamos en el limbo.

_¿El limbo es este escaparate?

_Sí, aquí, en estos maniquís vamos percibiendo poco a poco lo que somos realmente, sin todas esas distracciones de los cuerpos humanos. Podemos dedicarnos a ser almas todo el tiempo.

_Hay que suponer que en algún momento ya no tendremos necesidad de   habitar en algún tipo de materia, como la de estos maniquís.

_De hecho, ahora mismo una de nosotras se ha ido, seguramente para siempre.

_¿Qué queréis decir?

_Que ya no somos siete almas en un escaparate: uno de los maniquís ahora es sólo materia vacía. El de la peluca.

_¿Y dónde se ha ido?

_Tal vez se ha unido a la energía que controla el universo.

_La verdad es que desde hace un tiempo estaba como ausente. Hoy ni siquiera se ha dignado a hablar contigo.

_Sí, últimamente estaba muy descarnada, o desacartonada.

_Y nosotras, ¿cuándo nos iremos?

_Probablemente cuando ya nada de lo material nos interese. Porque nosotras todavía estamos muy preocupadas por algunas cosas terrestres...

_¿Cómo cuáles?

_Como las tendencias que se van a llevar la próxima primavera...

_¿Creéis que volverán los tonos pastel?

 

Si quieres leer más relatos de El píxel de oro en sus cautro ediciones, o si quieres concursar:

El píxel de Oro 4 El píxel de Oro (en Marcóticos)

 

 

La mirada crítica y el poema Instantes

Hace un tiempo hablé del poema Instantes, que se atribuye a Borges, al parecer erróneamente. Lo transcribo aquí de nuevo:

Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
En la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido, de hecho
tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría
más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería
más helados y menos habas, tendría más problemas
reales y menos imaginarios.
Yo fui una de esas personas que vivió sensata y profilácticamente
cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría de tener
solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos;
no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin termómetro,
una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas;
Si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres
y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.

Pegado de <http://www.rompecadenas.com.ar/instantes.htm>

Más abajo puedes encontrar enlaces a esos comentarios y a un texto muy divertido en el que se persigue al autor de Instantes como en una novela detectivesca.

Uno de los aspectos que me parecen más interesantes de todo esto es ver el cambio de opinión del lector según sea Borges o no el autor.

En primer lugar hay que decir que el poema gustó a muchos lectores que no eran aficionados a Borges, personas que raramente habían apreciado la poesía de Borges, por parecerles difícil de comprender. Instantes era un poema de Borges distinto, era un poema que se entendía perfectamente. Su autor, de manera sencilla, incluso simple, se lamenta de lo mal que ha vivido la vida y explica cómo la viviría si tuviera una segunda oportunidad. Algunos de sus versos incluso parecían escritos para quienes gustan de la poesía que suele llamarse cursi, y no es raro encontrar Instantes en páginas web con dibujos de aspecto infantil, con pierrots soñadores y muchachas de mejillas sonrosadas.

Un ejemplo de página en la que aparece Instantes

 

Pero, ¿cómo reaccionaron los seguidores de la obra de Borges ante un poema tan poco borgiano?

Lo cierto es que la mayoría no se dio cuenta de que era un poema poco borgiano. ¿Por qué?

Bueno, era un poema sencillo y simple, es cierto, pero ¿y si Borges lo escribió así adrede?. Su sencillez parecía esconder una vitalidad semejante a la de las Hojas de Hierba de Walt Whitman, y ya se sabía que Borges había traducido a Whitman y lo admiraba. Por otra parte, el poema era una especie de refutación de la vida artificiosa, higiénica, distante, literaria. De esa vida que supuestamente había vivido Borges. Instantes era una llamada a la naturalidad y la sencillez, así que era del todo razonable que estuviese escrito de forma sencilla y directa.

Entre otros argumentos, se podría añadir que a Borges siempre le habían gustado los navajeros, los compadritos, toda esa gente que vivía en los arrabales. Y también que Borges, en sus últimos años, ya ciego, pareció aplicar los consejos de Instantes: se le veía feliz recorriendo el mundo, conociendo a gentes nuevas, charlando aquí y allá. Se le veía sonreír e incluso reír a carcajadas junto a Maria Kodama. ¿Se estaba aplicando su propia receta de Instantes?

Así que podíamos admirar Instantes sin sentir remordimientos, parecía  simple... pero era de Borges.

Sin embargo, el chasco llegó cuando alguien, creo que María Kodama fue la primera, dijo que el poema no era de Borges, y que él nunca escribiría una cursilería semejante:

"Lo más notable es comprobar que esa misma gente que no aprueba la publicación de las tres obras mencionadas [El tamaño de mi esperanza, El idioma de los argentinos, Inquisiciones], frente al poema “Instantes” o “Momentos” de la escritora norteamericana Nadine Stair, atribuido falsamente —quiero creer que por ignorancia— a Borges, esa gente, repito, nada dijo ni del estilo ni del contenido de esos versos. Aunque resulte infantil el lenguaje empleado y totalmente contradictorio el mensaje transmitido por el poema, con respecto a los principios que Borges sustentó hasta el fin de su vida.
Se llegó al horror de leer y enseñar en instituciones oficiales, y atribuyéndolo siempre a Borges, ese poema sin valor literario."

Pegado de <http://www.rompecadenas.com.ar/almeida.htm>


La conclusión es que Borges podría haber escrito:

Si pudiese volver a vivir otra vez mi vida
no escribiría "Instantes"

 

Esta revelación trajo dos consecuencias principales:

a) Los admiradores no borgianos de Instantes presentaron el poema de la siguiente manera:

Instantes ( ¿de Borges?)

Tal vez alguno pensó: "Ya decía yo que era demasiado bonito para ser de Borges"

b) Los borgianos declararon que ya les parecía a ellos que el poema no podía ser de Borges: "Era demasiado bonito para ser de Borges".

La conclusión es que el poema continúa en el panteón de lo bonito, pero ha caído del estante reservado a las grandes obras, en el que había entrado de la mano de su supuesto autor, Borges.

Creo que los que admiraban el poema "aunque fuese de Borges", se han mostrado más coherentes y menos hipócritas. Les gustaba entonces, les sigue gustando ahora.

Por el contrario, quienes apreciaban el poema porque era de Borges, ahora podrán decir que siempre lo supieron, pero es difícil creerles, porque ya se sabe lo engañosa que es la memoria a la hora de reconocer que nos hemos equivocado.

Por otra parte, hablaré dentro de unos días de esta facilidad para explicar las cosas una vez que han pasado o se conocen. Lo que en filosofía se llama "Post hoc  ergo propter hoc" (Una vez sucedido algo, demuestro que tenía que haber sucedido"), pero hay que recordar ahora que este tipo de presunciones, en las que todo resulta evidente una vez que se sabe la respuesta, quedan desarmadas con datos tan chocantes como que el propio Borges reconoció que el poema lo había escrito él.

En efecto, ya he contado en otro lugar que en una ocasión Elena Poniatowska le leyó a Borges el poema Instantes y otro poema en el que se lamentaba también de la vida poco sencilla y vigorosa que había llevado y él dijo que sus sentimientos ya no eran los que había expresado en esas líneas. El otro poema es El remordimiento

He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan.

Mis padres me engendraron para el juego
humano de las noches y los días,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
la sombra de haber sido un desdichado.

Este poema suena más a Borges, aunque algunas líneas nos hace dudar, como la insólita: "Que los glaciares del olvido/me arrastren y me pierdan". Sin embargo, no hay dudas de su autoría: lo publicó en el diario La Nación al día siguiente de la muerte de su madre.

Hay que admitir que la idea esencial del poema es muy semejante a la de Instantes: como expresa el título, el arrepentimiento por no haber sabido vivir la vida. En contra de lo que decía María Kodama, el mensaje del poema El remordimiento tampoco parece corresponderse con  "los principios que Borges sustentó hasta el fin de su vida."

El primer error, tal vez, sea considerar que Borges sólo fue capaz de sostener un único conjunto de principios (sea eso lo que sea) a lo largo de su larga vida.

Ahora bien, ahora que habíamos descubierto que Instantes no está tan lejos de Borges como parecía, resulta que Iván Almeida nos dice que probablemente Elena Poniatowska  se inventó el pasaje de la entrevista en el que recita a Borges los dos poemas. Así que Borges nunca escuchó recitar Instantes, ni lo consideró como suyo.

Recientemente se ha publicado una exhaustiva biografía de Borges, en la que, al parecer, se rechaza la imagen habitual de Borges, que lo presenta como un hombre frío y artificioso (imagen en la que yo nunca he creído). Tal vez en ese libro se aclare el misterio de Instantes. ¿Y si resultase que Borges sí es el autor o versionador del poema? ¿Tendríamos que volver a cambiar de opinión?

Ahora bien, sea quien sea el autor del poema, lo interesante es cómo nuestra percepción del arte varía en función de nuestras expectativas, de nuestras ideas previas y de nuestros prejuicios. Nadie es inmune a eso, aunque a todos nos gusta presumir de neutralidad. Como dije en una entrada acerca de la película coreana The Host, el mero hecho de esperar una película de monstruos hace que se ponga en marcha nuestro patrón de verosimilitud monstruil y que no aceptemos fácilmente que nos den otra cosa.

En el siglo XIX toda Europa quedó conmovida por los poemas del bardo escocés Ossian, recopilados por el folklorista McPherson. Se tradujeron a las principales lenguas, incluido el español, y se sucedieron los elogios a esta antigua poesía rescatada del olvido, que muchos compararon con las grandes obras clásicas. Goethe dijo que prefería Ossian a Homero.

Al cabo de los años, McPherson fue incapaz de mostrar el origen de esos cantos y se acabó concluyendo que los había escrito él. De la noche a la mañana, McPherson perdió todo su crédito y los poemas de Ossian pasaron a ser considerados una vulgar imitación de los clásicos. Los expertos, por supuesto, dijeron que ya les parecía ellos que...

El absurdo de todo esto no es que los expertos sean fácilmente engañables.

Eso no me parece grave, me parece razonable, a todos se nos puede engañar fácilmente: cuando Bioy Casares leyó El acercamiento de Almotásin, de Borges, encargó el libro a una librería inglesa.

Un lector de mi Museo Paralelo ha buscado en vano la copia exacta que Picasso hizo de Las señoritas de Avignon varios años después de pintar el original.

Esto no son muestras de simpleza por parte de Bioy Casares o de mi lector, sino de ingenio fabulador por parte de Borges o de mí mismo. El libro imaginado por Borges y la copia del cuadro de Picasso no existieron, pero deberían haber existido y, en cierto modo, existen, porque su interés no s elimita a la broma o engaño.

También existe en estos dos ejemplos una disposición al juego por parte de quienes buscaron el libro y el cuadro que resulta más interesante que la actitud de aquellos que, escarmentados por este tipo de fraudes, piensan que alguien tan extravagante como Ireneo no puede haber existido nunca, sino que es una invención de Borges.

Todo eso no es lo absurdo, lo absurdo es que una obra que sin duda tiene virtudes, como los poemas de Ossian, se caiga del estante de la gran literatura y ya no interese a nadie, tan sólo porque en la portada del libro no aparece "Ossian" como autor, sino "McPherson".

Más que buscar con mil ojos el posible fraude para evitar ser engañado, quizá sea preferible aplicar aquello de que arte es aquello que se mira con interés, y pecar antes de ingenuidad que de agudeza crítica. Si nos ponen delante un verso escrito por algún oscuro poeta de la época isabelina y nos dicen que es de Shakespeare, es casi seguro que encontraremos más cosas interesantes que si nos dicen quién es su verdadero autor.

Y también sucede el caso inverso: en una ocasión yo dirigía un programa en el que había un guionista que construía unas historias demasiado enrevesadas, así que llegamos al acuerdo de que yo le mandaría siempre una sinopsis o argumento detallado para que la historia se desarrollara de manera coherente. Un día, sin embargo, yo le envié una sinopsis detallada pero él me envío el guión antes de recibirla. Alguien me trajo el guión y me dijo: "Se lo reenviamos y le decimos que lo escriba siguiendo la sinopsis, ¿verdad? ". Respondí que no, que antes de hacer tal cosa primero tenía que leer el guión que había enviado, intentando olvidar las expectativas y la opinión que tenía de los anteriores guiones. Lo leí, me gustó y no fue necesario reescribirlo.

Al enfrentarse a una obra de arte, o casi a cualquier cosa, es bueno mezclar dos consejos: el de los escépticos que decían que hay que poner en suspenso el juicio, y el de Oscar Wilde que recomendaba entregarse absolutamente a la obra de arte. Sólo así se puede lograr que ciertas hermosas cosas atraviesen los filtros y compuertas de nuestra sensibilidad. A menudo encontraremos algo que no ha puesto allí el autor y no será difícil encontrar rastros de Shakespeare en Fletcher, incluso en las obras en que no colaboraron.

Un tercer consejo consiste en recordar lo que decía Casanova en sus Memorias: "En una posada española tienes lo que llevas"; y, en consecuencia, llevar con nosotros todo lo que podamos al contemplar lo que se nos ofrece.

Por un lado, hermosa paradoja, olvidar lo que sabemos para vencer nuestros prejuicios y expectativas, por el otro no olvidar nada y ponerlo al servicio de nuestra atención y del placer, esperar encontrar, en definitiva más de lo que realmente podemos obtener.

Me parece mucho más interesante meter la pata y con ello disfrutar un poco más que no equivocarse nunca y limitar nuestros estímulos a lo ya admitido como sublime o interesante. Cito de nuevo un fragmento de Musil en el que muestra que es mejor encontrar algo bueno en lo supuestamente malo que lo malo en cualquier cosa (¡que es algo tan fácil!).

 

Robert Musil
UN PRINCIPIO DE LA MÁS EXCELSA CRÍTICA

"Hace patente más genio encomiar una obra de arte de mediana calidad que una excelente. Al ser humano la belleza y la verdad le saltan a la vista en primerísima instancia; y así como las frases más sublimes son las más fáciles de entender (sólo lo minucioso es de comprensión ardua), igualmente lo bello gusta fácilmente; únicamente el disfrute de lo defectuoso y amanerado requiere esfuerzo. Una obra de arte lograda contiene lo bello con tanta pureza, que resulta la evidencia misma para cualquiera que esté en su sano juicio; en la medianía, por el contrario, está lo bello mezclado con tantos elementos casuales o incluso contradictorios, que para purificarlo de ellos hace falta un discernimiento mucho más penetrante, una sensibilidad más fina y una imaginación más vivaz y experimentada; en una palabra, más genio. (…) Cuán conmovedora es la invención en más de un poema: sólo que tan desfigurada por el lenguaje, las imágenes y los giros lingüísticos, que suele ser menester un sensorio infalible para descubrirla. (…) Por tanto, quien alaba a Schiller y Goethe no me prueba con ello, como cree, su extraordinaria y refinada sensibilidad para la belleza; pero a quien aquí y allá le complacen Gellert y Cronegk, ése —aunque solamente acierte en una de sus afirmaciones— me hace intuir que posee inteligencia y sensibilidad —y por cierto que ambas en rara medida.

(Escritos póstumos publicados en vida, 75s)

Pegado de <http://www.danieltubau.com/weblog/weblog_13_tsurezuregusa.asp>

 

Lo mismo que decía, precisamente, Borges: "Incluso el libro más malo puede ser salvado por una línea."

Si tu opinión acerca del poema Instantes, ha oscilado levemente al leer los argumentos  a favor y en contra de la autoría de Borges, te sucede lo que a mí, y lo que a cualquier persona: nuestra atención hacia una obra y nuestra percepción de la belleza o de lo interesante es influida por conceptos ajenos a la obra misma. La honestidad no consiste en negar tales influencias y en jurar y perjurar que somos neutrales y objetivos, sino en ser consciente de esas influencias e intentar conseguir que condicionen pero no determinen nuestro juicio.

Y, ya desde mi propio punto de vista personal, me gusta más ser influido para apreciar algo que para detestarlo.

 

He escrito varias veces acerca del poema Instantes:

El poema Instantes de Borges, en el weblog Ubicuo

¿Quién escribió Instantes?, en el weblog Jardín eléctrico

Si quieres ver la copia de Las señoritas de Avignon:

Museo de los Mundos Paralelos

The Host y la verosimilitud

 

 

Máscaras

Filosofía del lenguaje

 

Máscaras

 

Jecucristo descristianizado

1. Jesús, el hombre

Como es sabido, Jesucristo se llamaba Jesús, Josué o Jeshua. El apodo de Cristo viene del hebreo Mesías, "aceite", que en griego se dice Krismas. Al que se unge con aceite, el ungido, se le llama Χριστός , (Christos), que en latín da Cristus.

Así que Jesús es el ungido, el Cristo, Jesucristo. Y de ahí viene el nombre de cristianismo, que adoptaron los seguidores del profeta para distinguirse de otras sectas judías de la época.

No hay testimonios históricos que confirmen que existió un profeta llamado Jesús, ni que tal profeta fuese crucificado por los romanos. Existe una mención en un escritor no cristiano, en Flavio Josefo, pero los expertos consideran que es apócrifa y que fue interpolada posteriormente a su redacción.

Los religiosos hebreos ortodoxos, que según los Evangelios incitaron a los romanos a crucificar a Jesús, tampoco lo mencionan, excepto en esta referencia del Talmud, que no es seguro que se refiera al Jesús de los cristianos:

" En Sanhedrín, 43a. se dice que Yeshu fue colgado "la víspera de Pascua", por haber practicado la hechicería y por incitar a Israel a la apostasía. Se menciona incluso el nombre de cinco de sus discípulos: Matthai, Nakai, Nezer, Buni y Todah."

Pegado de <http://es.wikipedia.org/wiki/Jes%C3%BAs_de_Nazaret>

Saulo de Tarso que vivió en la época de Jesús en Jerusalén, no llegó a conocerle, lo que también resulta curioso.

Saulo, por cierto, fue en sus inicios un perseguidor implacable de los cristianos, hasta que un día, camino de Damasco, se cayó del caballo y escuchó la voz de Dios que le dijo:

_Saulo, ¿por qué me persigues?.

_¿Quién eres?, preguntó Saulo.

_Soy el Dios de los cristianos. Saulo se unió entonces a sus antiguos enemigos y se hizo llamar Pablo.

Algunos estudiosos, como Doherty creen que El autor del Evangelio de Marcos se inventó la figura de Jesús.

Así que existen muchas dudas acerca de la existencia de Jesús.

Según parece, el Jesús histórico no llevaba barba. Caravaggio lo representó imberbe, del mismo modo que se le representó durante los primeros siglos del cristianismo.

El argumento más poderoso a favor de que existió es el efecto que causó en sus seguidores y el hecho de que algunos de ellos sí son personajes históricos a los que conoció el propio Pablo (los apóstoles).

Otro argumento es que aunque los primeros cristianos tenían muchos opositores, me parece (pero no estoy seguro) que ninguno de ellos les acusaba de inventarse a su Mesías. Los judíos ortodoxos negaban que fuera el Mesías esperado y consideraban su mensaje una herejía, pero no creo haber leído nunca que negasen su existencia. Habría que investigar en los textos judíos para saber si es así o no. Este es otro argumento a favor de la existencia de un profeta llamado Jesús, pero no de ninguno de los hechos que nos cuentan los apóstoles.

En contra de este argumento está el hecho de que la polémica con los cristianos tuvo lugar varias décadas después de la supuesta muerte de Jesús y que quizá ya nadie se acordaba de si existió éste o aquel profeta. Eso confirmaría que, en caso de existir, no llamó mucho la atención, que es lo mismo que indica el estruendoso silencio de las fuentes de la época acerca de Jesús.

En cualquier caso, si aceptamos que existió un profeta llamado Jesús, podemos pensar que era el Mesías y el Hijo de Dios, e incluso Dios mismo. Eso sin somos cristianos.

Si no somos cristianos, podemos considerar a Jesús del mismo modo que los cristianos consideran a Buda o a Mahoma, como personajes históricos.  No cabe ninguna duda acerca de la existencia de Mahoma, y pocas acerca de la de Buda. Aunque un cristiano no crea en Buda o en Mahoma en tanto que profetas o líderes religiosos, le pueden interesar sus acciones como hombres.

En mi opinión, si Jesús fue, en definitiva, no un Dios sino un hombre como cualquier otro, éso implica que no fue un hombre como cualquier otro. De haber sido un hombre, sería un pensador interesante y un moralista digno de ser admirado.

Se daría así la paradoja de que la elevación de Jesús a Dios vivo ha eliminado de la historia de los grandes pensadores al pensador Jesús, porque ningún mérito puede tener un hombre que es un Dios encarnado. En cierto modo, si aceptamos que Jesús existió, deberíamos librarle de los cristianos, descristianizarlo, quitarle el aceite con el que le ungieron y ver a la persona que vivió y murió hace 2000 años.

Es cierto que parece imposible examinar a Jesús sin verlo como Jesucristo, puesto que él mismo se consideraba Mesías e hijo de Dios. Eso es lo que dicen los cristianos, claro, pero ¿lo pensaba él?

Es posible. hay argumentos a favor y en contra.

Pero eso no significa nada para quienes no lo creemos: a lo largo de la historia ha habido mucha gente que pensaba que eran especiales por alguna razón y nosotros no aceptamos tal pretensión. Mahoma puede ser estudiado como un jefe militar, un gobernante, un dirigente, al margen de sus pretensiones religiosas. Podemos considerar sus virtudes y sus defectos, o simplemente sus actos, del mismo modo que podemos examinar los de Augusto, Gengis Khan, Napoleón, Lenin, Stalin, Mao o Hitler, al margen de sus  desvaríos personales acerca de su propia naturaleza y de su “misión” en la tierra.

En el caso de Jesucristo, este examen es más fácil y más difícil al mismo tiempo, precisamente por la duda que persiste acerca de si existió o no.

En primer lugar, habría que delimitar el terreno de estudio. Si suponemos que Jesús existió, entonces los textos en los que se conservan sus ideas son fundamentalmente los cuatro evangelios: Marcos, Juan, Mateo y Lucas. Quizá habría que tener en cuenta algunos de los evangelios apócrifos, incluido el que ahora está tan de moda: el evangelio de Judas, pero especialmente el de Tomás.

Sin embargo, no creo que la elección de los Evangelios en el Concilio de Nicea se ajustase a la broma de Voltaire: "Los pusieron todos sobre una mesa, agitaron la mesa y los cuatro que quedaron encima se convirtieron en la ortodoxia". A mí me gustaba pensar eso, pero me parece que los cuatro evangelios son los más antiguos (excepto quizá el de Tomás) y que otros, como el de Judas, son poco de fiar, por tratarse de elaboraciones posteriores.

Tampoco podemos confiar demasiado, por muy interesantes que sean, en las Epístolas de San Pablo. Pablo de Tarso, antes llamado Saulo, no conoció a Jesús y aunque sí conoció a varios de los apóstoles, él mismo dice que su revelación no le vino a través de ellos, sino directamente a través de Jesucristo.  También resulta extraño que Pablo hable tan poco acerca de lo que los apóstoles le contaron de Jesús: si yo fuera un cristiano me pasaría las horas interrogando a quienes le conocieron y guardando como un tesoro cualquier nueva información acerca de lo que Jesús pudo decir o hacer. ¿Acaso no se basa la religión cristiana en la idea de que Dios se hizo hombre para revelar a la humanidad en persona su mensaje? La Revelación y la Encarnación para los cristianos no son un acontecimiento más, sino un momento único que marca un antes y un después en la historia del mundo.

Por cierto que Pablo de Tarso es también otro interesante pensador desde el punto de vista de un no creyente, al que parece imposible descristianizar, pues es casi casi el fundador real del cristianismo.

Tampoco podemos contar, para conocer al Jesús no cristiano, con los Hechos de los Apóstoles, donde se cuenta la vida de los apóstoles una vez que Jesús ha muerto, porque todo eso está escrito desde la premisa de que Jesús era hijo de Dios y porque son también textos muy posteriores.

En fin, si seguimos con nuestra hipótesis de que Jesús existió y de que no era Dios, que es probablemente la hipótesis más razonable acerca de esta figura, tenemos que eliminar unas cuantas nociones que pertenecen a Jesucristo, el Hijo de Dios, pero no a Jesús, el hijo del hombre:

La virginidad de María
La descendencia de la casa de David.
La visita de los Reyes Magos.
La persecución de los niños por Herodes.
La resurrección

A partir de aquí se puede hacer un recorrido por las ideas de Jesucristo, que nos lo mostrarán, me parece, como un pensador destacado, un precursor de ideas como los derechos humanos, al menos de la igualdad entre todos los seres humanos, fuesen judíos, romanos o paganos, ricos o pobres, y tal vez incluso de la igualdad entre hombres y mujeres. Sería una tarea interesante juntar sus ideas de manera semejante a cómo se hace con los filósofos griegos presocráticos, agrupando lo que los diversos autores dicen que Jesús dijo, y con una sección con los fragmentos probablemente auténticos. Probablemente alguien lo ha hecho ya, pero yo lo voy a hacer por mi cuenta. Pero antes me referiré a Jesús como profeta.

Continuará...

 

Pronto abriré una página dedicada a la religión, Ensayos de Teología. Mientras tanto, estos son algunos enlaces:

Un artículo que envié a un premio de la revista El Ciervo (y que no ganó)

Lo uno y lo plural

Un texto publicado en mi revista Esklepsis:

Tan cerca y tan lejos: el cristianismo

Una sección de Cosas que he aprendido de...

Cosas que he aprendido de... Jesucristo

Acerca de la polémica reciente:

El evangelio de Judas
(en Al este del este)

Las debilidades de los argumentos basados en una Revelación

Los argumentos de la Revelación


Debilidades de los argumentos teológicos basados en la transmisión

La tradición y su transmisión

Aquí puedes ver a Jesucristo gracias a Internet

Ilusiones ópticas divinas (Dios en la red)
(en Al este del este)

 

 

Hana y la verdad verosímil

Estos días he estado en el Festival de Cine de las Palmas de Gran Canaria y he podido ver la filmografía completa de el director japonés Hirozaku Kore Eda, además de su última película, Hana. He escrito algo sobre la película que tiene relación con lo que se dice en el capítulo La verdad verosímil de Las paradojas del guionista:

"Realidad y verosimilitud no siempre coinciden, a veces la realidad no es verosímil y a veces lo verosímil no es real"

Lo que The Host, del coreano Joon Bong-Ho es al cine de monstruos, Hana lo es al cine de samuráis. La semejanza entre estas dos películas tiene que ver con la verosimilitud, pero también con la verdad.

Pocas cosas son más difíciles de entender que lo verosímil. Como se puede ver en el capítulo Realidad y ficción, la realidad y lo verosímil no siempre coinciden, y cosas muy verosímiles en la ficción pueden no suceder nunca en la realidad, y a la inversa. 

The Host y Hana tienen que ver con  la verosimilitud porque todo lo que vemos nos parece posible, no hay nada ante lo que digamos, "esto no podría suceder". Es una verosimilitud no sólo relacionada con las leyes del relato, sino con las de la realidad.

En The Host, por supuesto, hay algo inverosímil: el monstruo mutante. Pero, una vez aceptado el monstruo, todo lo demás es razonable. En Hana ni siquiera tenemos que aceptar un monstruo. Tan sólo hay samuráis.

hana kore eda

Todos sabemos que los samuráis existieron, por supuesto, pero estamos acostumbrados a pensar en ellos como en personajes semejantes a los caballeros de la tabla redonda, como los héroes de las leyendas artúricas. Sin embargo, los samuráis de Hana se comportan como los protagonistas de The host, es decir, como personas normales. Por ejemplo, como personas que actúan como estereotipados samuráis; es decir, haciendo el ridículo, porque la casta de los samuráis era una casta ridícula. Lo era no sólo en las épocas de decadencia, como esta época Edo de Hana, en la que ya no hay conflictos en los que los guerreros puedan hacer valer su dominio de las artes de matar, sino en cualquier época. Lo que pasa es que lo ridículo, sobre todo en el mundo militar, se confunde a menudo con lo sublime.

Se puede sentir afición por las historias de samuráis o por muchas ideas del zen, como quien siente interés por los piratas o por el satanismo, pero otra cosa muy distinta es creer que se puede ser pirata o satanista sin crueldad, o pensar que los samuráis no eran otra cosa que extorsionadores de campesinos y sostenedores del despotismo. O ignorar que el zen es una variante del budismo dhyana indio y del chan chino, adaptado y en parte construido a la medida de los intereses militaristas de Japón.

hana kore eda

El cine de vaqueros en el que los soldados del Séptimo de Caballería eran héroes que se enfrentaban a los malvados pieles rojas, acabó desapareciendo y películas como Soldado azul empezaron a mostrar historias menos verosímiles para quienes se habían acostumbrado a los tópicos, pero más cercanas a la verdad histórica. Poco a poco los niños empezaron a preferir "hacer de indio" que de "vaquero". Esto todavía no ha sucedido con los samuráis. En la imagen se puede ver la batalla de Little Big Horn, en la que murió el general Custer, que pasó de ser un soldado épico a convertirse en un asesino cruel y bastante ridículo, algo, según parece, más cercano a la realidad.

 

Hana hace lo que no suelen hacer las películas de samuráis, porque muestra lo que eran: una casta guerrera, mitad mafiosa mitad fascista, amantes fanatizados de la muerte y de la fidelidad al señor o daimyo

Por eso, la verosimilitud de Hana, que nos muestra lo rancio, lo grotesco y lo inhumano de la vida de los samuráis tiene también que ver con la verdad, o al menos con la huída de la mistificación. Eso puede hacer que muchos aficionados al mundo de los samuráis consideren Hana poco verosímil, precisamente porque las cosas no suceden como en esa falsa verosimilitud a la que nos hemos acostumbrado. También la verosimilitud de los caballeros andantes del ciclo artúrico quedó tocada cuando Cervantes escribió Don Quijote de La Mancha.

 

Verosimilitud y sentido común

En Hana la verosimilitud también nace al ver reflejado el sentido común en la pantalla. Cuando los sociólogos o los historiadores nos dicen que en la Edad Media todos creían en Dios y en la divinidad de los reyes, y que pensar en que alguien fuera ateo es un vulgar anacronismo, sospechamos que eso no puede ser del todo cierto. Que al menos alguna persona entre mil debió percibir lo que se escondía  tras el decorado, la tramoya de ese teatro de fanatismo religioso. Al menos algún campesino pensaría que todo aquello era un invento para que los curas y los nobles vivieran bien a costa de su sumisión. Quizá no se atrevieran a decirlo en público, y sin duda nunca se atreverían a escribirlo, pero creer que todo el mundo pensaba lo que los historiadores al servicio de los poderosos nos han contado que pensaban, es algo tan contrario al sentido común que no resulta creíble.

Es cierto que podemos aceptar, como nos aseguran los relativistas culturales, que muchos aztecas y mayas corrían alegremente a que les arrancasen el corazón, o que hubo miles de japoneses que se suicidaron sin dudarlo a la mayor gloria del emperador, porque los suicidios de terroristas  nos recuerdan cada día que alguien puede aceptar voluntariamente perder la vida por una ideología, una religión, por fanatismo o por simple desesperación. Pero también sospechamos que muchos de ellos lo hacen obligados, y que más de uno intenta escapar a tan absurdo destino.

Aunque nos resulte creíble que muchos acepten voluntariamente inmolarse o ser inmolados,  también nos resulta creíble que algunos de los cautivos de los mayas intenten escapar, como sucede en Apocalypto, de Mel Gibson, o que varios soldados japoneses intenten evitar un suicidio impuesto por sus superiores, como se ve en Cartas desde Iwojima, de Clint Eastwood.

En Hana, los samuráis no están idealizados, lo que no se explica sólo por un propósito de verosimilitud, sino que es también una verdad moral y una decisión ética por parte de Kore Eda.

Se dirá que estos son valores extracinematográficos que no tiene sentido considerar al hablar de una película, pero una película es mucho más que sus valores cinematográficos. La exageración panfletaria y manipuladora de algunas películas ha hecho que muchos rechacen cualquier intención o contenido político y social en el cine, pero esa es una reacción exagerada, como espero demostrar en otras entradas.

Kore Eda se caracteriza precisamente por hacer girar su cine, ya se trate de documentales o de películas de ficción, alrededor de su pensamiento ético, social y político, sin caer en el panfleto o la manipulación:

hana kore eda August without him: la vida del primer enfermo de SIDA que lo declaró públicamente en Japón

Without memory, la vida de una persona que ha perdido la memoria episódica a causa de una medida sanitaria injusta

hana kore edaNadie sabe, en la que los protagonistas son cuatro niños abandonados por su madre; algo todavía frecuente en Japón cuando una mujer encuentra un nuevo marido que le exige abandonar a sus hijos.

I just want to be Japanese, en la que Park es un coreano que fue alistado a la fuerza en el ejército japonés y que, terminada la guerra, pierde la nacionalidad adquirida y se convierte en un ciudadano invisible.

Sin embargo... en la que un funcionario tiene que elegir entre sus convicciones y los intereses del gobierno para el que trabaja.

distance kore eda Distancia, en la que varios familiares de adeptos de la secta El arca de la verdad, que asesinaron a más de cien personas, se reúnen en el lugar donde aquellos vivieron.

Casi todas las películas de Kore Eda tienen algo de documental y alguna relación con acontecimientos concretos, incluso, como admite Kore Eda, Maborosi, en la que la protagonista es una mujer que no consigue entender por qué su marido se suicidó, algo también hasta cierto punto frecuente en Japón.

hana kore eda

Kore Eda con uno de los actores de Hana

En contra del tópico que dice que nunca hay que trabajar con niños ni con animales, a Kore Eda le encanta trabajar con niños

 

 

Contra la venganza

Hana es la primera película de Kore Eda enteramente de ficción. La única alusión a un hecho concreto es una historia que circula en paralelo a la trama principal que tiene que ver con la famosa leyenda de los 47 ronin, un clásico de la literatura y la cultura japonesa basado en un hecho real.

47ronin

El famoso Mifune en una versión de Los 47 ronin

 

Los 47 ronin eran servidores de Lord Asano, al que Lord Kira engañó en una ceremonia, incitándole a desenvainar en presencia del shogun (lo que significaba la condena a muerte). Asano tuvo que hacerse el seppuku (切腹) o harakiri (腹切) y perdió todas sus posesiones. Sus servidores quedaron sin señor y los samuráis se convirtieron en ronin (esclavos sin señor). Decididos a vengarse de Kira, esperaron pacientemente hasta que un día lograron entrar en su palacio y decapitarle. Fueron capturados y obligados a hacerse el seppuku, pero su acto de venganza les restituyó el honor, tanto a ellos como a sus familiares .

47ronin

La mirada de Kore Eda acerca de este asunto es también desmitificadora y burlona, precisamente porque la de los 47 ronin es una historia de lealtad, fidelidad y venganza, bastante parecida a las historias del honor del teatro clásico español, que hoy nos parecen, con toda razón, vestigio de una época bárbara. Sin embargo, en Japón, muchos admiran todavía la supuesta hazaña de los 47 ronin y acuden a su tumba a depositar ofrendas.

ronin

Las tumbas de los 47 ronin

 

 

Contra la venganza

Una de las motivaciones principales de Kore Eda para hacer Hana fue oponerse a la idea de matar o morir por venganza:

"Es algo que me preocupa mucho. Llegué a esa reflexión tras el 11-S y el comienzo de la guerra de Irak. Lo que sucede es que aposté porque la película tuviese un tono de comedia, porque me fascina conseguir una sonrisa del público. Pero el tono de comedia no impide que mi preocupación sobre la venganza llegue al espectador."

Canarias 7 (18/03/2007)

 

hana kore eda

De frente, uno de los más famosos actores japoneses, Tadanobu asano, que en Hana hace un papel pequeño pero importante, el del hombre del que ha de vengarse el protagonista. De perfil, oculto tras la máscara, el protagonista, Sozaemon, interpretado por Junichi Okada

Pero, junto a esta crítica de la idea de venganza, Kore Eda aprovecha para desmitificar no sólo a los 47 ronin y en general a los samuráis, sino también a los pobres. En Hana, los pobres también se comportan como personas, no como pobres de película. Como personas que, además, por supuesto, son pobres. Ni son bestias sometidas a sus instintos ni almas bondadosas e ingénuas. Porque una cosa es tan mentira como la otra.

Los pobres pueden ser, desde el punto de vista de un sociólogo, o según lo que reflejen las encuestas y las estadísticas, de esta o aquella manera, y los ricos de aquella otra, pero unos y otros son también personas; y las personas, o al menos algunas de ellas, se comportan de manera compleja. Muchos pobres y muchos ricos, quizá la mayoría, dicen lo que se espera de ellos, pero otros son capaces de darse cuenta de la farsa e intentar escapar de ella, como le sucede al protagonista de Hana y a algunos de sus compañeros.

Por otra parte, es casi una novedad ver una película de samuráis en la que no se derrama sangre y esa es una de las cosas que confirma que Kore Eda es diferente a la mayoría de los directores japoneses, quienes a pesar de sus virtudes, que no son pocas, no acaban de salir del estereotipo de lo cinematográficamente japonés: gusto por la violencia, obsesiones sexuales que bordean lo patológico, sadismo y masoquismo, comportamientos a menudo difíciles de entender, etcétera. Kore Eda, quizá sin pretenderlo de manera explícita, muestra que todo eso es un estereotipo y que lo seres humanos no somos tan distintos, a pesar de que las diferencias culturales a veces nos hagan creer que los detalles y las diferencias anecdóticas son nuestra esencia, y que un japonés es un tipo fundamentalmente raro (que es lo mismo que los japoneses deben opinar de los españoles).

Curiosamente, existen muchas semejanzas en la historia de Japón y España: una glorificación de lo militar (que no se da en China, por ejemplo) con figuras como los monjes guerreros, los samuráis y los hidalgos españoles y de códigos como el del honor, la fidelidad y la venganza, propios de épocas despóticas en las que no existen individuos sino siervos; ni ciudadanos, sino súbditos. Es cierto que

"la verosimilitud no es una relación entre el discurso y la realidad, sino entre el discurso y aquello que los lectores o espectadores creen que es verdad. Ese otro mundo de ficción es el de las ideas acerca de lo que es real que tienen los espectadores. Si en una película de Hollywood aparece un español rubio, alto y con ojos azules, poco importa que esa persona exista en la realidad: los espectadores no creerán que sea español. Del mismo modo, tampoco los españoles aceptarán a un sueco bajito y moreno. A menudo, salirse del tópico significa correr el riesgo de que el espectador se ponga a pensar sobre un detalle en el que nosotros no queríamos que se detuviera, y empiece a plantearse si nuestra inverosímil historia es verosímil."

( Las paradojas del guionista, 98)

Pero aunque eso sea cierto, tal vez estamos demasiado acostumbrados a pensar que todos los japoneses son mitad samurái mitad monje zen, que es una idea tan simplista y ridícula como considerar que en todo español hay un monje soldado, un hidalgo venido a menos o un torero. Así que no es mala idea que empecemos a olvidarnos de personajes acartonados también al pensar en Japón.

 

HANA

Dirección y guión: Hirokazu Kore-eda.
País: Japón.
Año: 2006.
Duración: 127 min.
Género: Drama.
Interpretación:
Junichi Okada (Aoki Sozaemon)
Rie Miyazawa (Osae)
Tadanobu Asano (Jubei Kanazawa)
Arata Furuta (Sadashiro)
Teruyuki Kagawa (Hirano)
Susumu Terajima (Terasaka)
Seiji Chihara (Tomekichi)
Ryuhei Ueshima (Otokichi)
Yuichi Kimura (Magosaburu)
Tomoko Tabata (Onobu).
Producción: Shiho Sato y Nozomu Enoki.
Fotografía: Yutaka Yamazaki.
Montaje: Hirokazu Kore-eda.
Diseño de producción: Toshihiro Isomi y Masao Baba.
Vestuario: Kazuko Kurosawa.
Estreno en Japón: 3 Junio 2006.

Pegado de <http://www.labutaca.net/films/44/hana.htm>

 

 

VÍNCULOS

las paradojas del guionista La página de Las paradojas del guionista

La página de Kore Eda (en japonés)

La página de Hana (en japonés)

Sobre la verosimilitud, se puede ver también The host y la verosimilitud, que tiene que ver con el capítulo de Las paradojas del guionista "Las leyes del relato."

Acerca del Lejano Oeste y su verdadera historia se puede leer Enterrad mi corazón en Wounded Kne, un extraordinario libro de Dee Brown. Para la relación entre el zen y el budismo con el bushido o arte de la guerra y el militarismo japonés es muy recomendable El arte japonés de la guerra, de Thomas Cleary.

Puede verse una muestra de que la historia de los 47 ronin y sus valores morales, en mi opinión bastante destestables, son admirados todavía en 4+1 en japón

 


Vecchio frak, de Domenico Modugno

Domenico Modugno es, quizá junto a Mina, el mayor artista de la canción italiana, que ya es mucho decir porque la lista de competidores es inmensa. Pero Modugno tiene algo que le hace únic, algo que es difícil definir pero fácil de percibir con sólo oírle.


Dos símbolos de Italia: Modugno y la vespa

 

Conocido en todo el mundo por Nel blu di pinto di blu (Volare), Modugno consiguió mezclar la potencia y la grandielocuencia de la canción napolitana, con el estilo melódico de los años sesenta y setenta. Sus canciones suelen trasmitir una energía descomunal y contagiosa. En Vecchio frac, sin embargo, el tema impone ciertas restricciones al entusiasmo. Cuenta la historia de un hombre vestido de frac que se pasea tras una fiesta y se suicida.

La canción, compuesta en 1955 se basa, al parecer, en el caso real de un joven de la nobleza romana. También se dice que la inspiración vino de un cortometraje de Riccardo Pazzaglia en el que se veía la vida de los barrenderos romanos que al amanecer limpiaban las calles. En un momento dado, pasaba por el encuadre un hombre de expresión triste que parece regresar de una fiesta. El hombre desaparece por un ángulo y entonces la cámara muestra, junto a la pala del barrendero una pajarita (papillon en italiano),  que debe ser la misma de la que habla Modugno:

"e sul candido gilet un papillon un papillon di seta blu" (y sobre el blanco chaleco una pajarita de seda azul)

No me atrevo a traducir una canción como esta, pero al menos contaré qué es lo que cuenta para quienes no entiendan italiano:

"Es de noche, los cafés ya han cerrado y las calles están vacías y silenciosas, el río corre lento bajo el puente y la luna brilla en el cielo mientras duerme la ciudad. Un viejo frac camina solo. Lleva un sombrero de copa, dos gemelos de diamante, un bastón de cristal y una gardenia en el ojal. Sobre el chaleco blanco una pajarita de seda azul. Se acerca lentamente, con aspecto ausente, soñador y melancólico. No se sabe de dónde viene ni a dónde va, de quién será este viejo frac. Va diciendo Bonne nuit, buonanotte a todas las farolas y a un gato enamorado. Y ahora llega la aurora, se apagan los faroles y se despierta poco a poco la ciudad. La luna ya casi se oculta pero a su luz todavía se ve en el río un sombrero de copa, una flor, un frac, que descienden dulcemente hasta el mar. ¿De quién será este viejo frac? Adiós, adiós, al viejo mundo, al recuerdo del pasado, a un sueño nunca cumplido y a su primer y último amor."


Puedes escuchar la canción al mismo tiempo que lees la letra:

Domenico Modugno
(Polignano a Mare, Bari, 9 de enero de 1928/ Lampedusa, 6 de agosto de 1994)


pegado de <http://www.domenicomodugno.it/pagine/canzoni/sopra.php?id=152>

 

E' giunta mezzanotte si spengono i rumori
si spegne anche l'insegna di quell'ultimo caffè
le strade son deserte, deserte e silenziose
un'ultima carrozza cigolando se ne va
il fiume scorre lento frusciando sotto i ponti
la luna splende in cielo dorme tutta la città
solo va un vecchio frac
Ha un cilindro per cappello due diamanti per gemelli
un bastone di cristallo la gardenia nell'occhiello
e sul candido gilet un papillon un papillon di seta blu

Si avvicina lentamente con incedere elegante
ha l'aspetto trasognato malinconico ed assente
non si sa da dove viene ne' dove va
di chi mai sara' quel vecchio frac?
bonne nuit, bonne nuit bonne nuit
bonne nuit buonanotte
va dicendo ad ogni cosa ai fanali illuminati
ad un gatto innamorato che randagio se ne va

E' giunta ormai l'aurora si spengono i fanali
si sveglia a poco a poco tutta quanta la città
la luna si è incantata, sorpresa e impallidita
pian piano scolorandosi nel cielo sparirà.
Sbadiglia una finestra sul fiume silenzioso
e nella luce bianca galleggiando se ne van
un cilindro, un fiore, un frac
Ha un cilindro per cappello due diamanti per gemelli
un bastone di cristallo la gardenia nell'occhiello
e sul candido gilet un papillon un papillon di seta blu

Galleggiando dolcemente e lasciandosi cullare
se ne scende lentamente sotto i ponti verso il mare
verso il mare se ne va
di chi sarà, di chi sarà quel vechio frac
adieu adieu adieu adieu vecchio mondo
ai ricordi del passato ad un sogno mai sognato
ad un abito da sposa primo ed ultimo suo amor.

(Pegado de http://www.tempusvitae.it/headlines/articolo_view.asp?ARTICOLO_ID=444)

 

Más canciones en

La Discoteca Mortal

La fuente de Duchamp según Goethe y Guitton

Hace unos días hablé con mi amigo Marcos de la célebre "Fuente" de Marcel Duchamp. Le sorprendió que yo declarase sin dudarlo que era una obra de arte que me gustaba especialmente. Y que añadiese que ello no se debía a las mil y una interpretaciones que se han hecho a la que hace poco fue considerada como la obra de arte más influyente del siglo XX, por delante de Las señoritas de Avignon o la Marilyn de Warhol). Porque, aparte de todo lo que se puede decir de ella, la fuente me gusta en el tradicional sentido en el que gustaba el arte: me parece hermosa.

Quiero escribir algunas cosas acerca de Duchamp (que por cierto estará representado en el Museo de los Mundos Paralelos), pero como temo mi tendencia a escribir entradas interminables, intentaré hacerlo en textos breves que luego uniré, supongo.

Al leer el libro de Jean Guitton Aprender a vivir y a pensar, he encontrado dos cosas que mi mente saltarina ha relacionado, quizá de modo improcedente, con la obra de Duchamp. Son estas:

"Jamás he considerado mi acción y toda mi obra de otro modo que simbólicamente, y era para mí bastante indiferente saber si hacía jarras o fuentes".

Goethe

Aquí, por cierto, de manera audaz, me permito interpretar "simbólicamente" en el mismo sentido en que Reuleaux, creador de una simbología para describir los diferentes tipos de máquinas, decía:

"En una máquina de vapor, el vapor no forma parte de la máquina"

Lo explicaré con más cuidado un día de estos.

La segunda cosa que he encontrado en Guitton relacionada, o relacionable, con Duchamp es esto:

"Es una ventaja la que presenta la Biblia para los judíos y para los cristianos. El libro está cerrado, terminado para siempre. A partir de ese momento el espíritu está liberado de toda tentación de investigar más lejos e ir más allá. Y como este libro, bajo sus formas múltiples y abigarradas , es para los creyentes la Última Palabra, será en verdad necesario que se ejerciten en descubrir en él la indefinida refracción de un solo Pensamiento.
(...) Imitad este método con las obras profanas; les comunicaréis algo sagrado. Leed un pasaje y cerrad el libro. Inmediatamente eso os hace pensar que en alguna otra parte el mismo escritor ha dicho algo bastante comparable: ¿qué lazo, que similitud, qué relación íntima hallaré entre ambos?"

Hermosa propuesta, que aplicamos siempre que leemos las obras de Shakespeare sabiendo que las escribió Shakespeare; o cuando vemos una película de Hitchcock siguiendo el criterio de Truffaut de que la obra más floja de un buen director es más interesante que la mejor obra de un director mediocre.

Pero no son estas las únicas ni las más importantes consecuencias de lo que dice Guitton. Hablaré de ello en otro momento, e intentaré mostrar la profundidad de esas ideas y tal vez también refutar a Guitton y a Truffaut.

 

Si te interesa saber en qué sentido Reuleaux decía lo de la máquina de vapor, puedes leer el ensayo

Por qué el mundo digital no es digital

 

 

De nuevo los 47 (o 46) ronin

En la Hana y la verdad verosimil mencioné la historia de los 47 ronin. Es una de las leyendas de Japón, que ejemplifica la fidelidad al señor o daimyo.

La historia sucede en el período Tokugawa, una época bastante pacífica, en la que el emperador fingía que gobernaba desde Kyoto, aunque todos sabían que el verdadero gobierno estaba en Edo, que hoy llamamos Tokyo, en manos del shogun Tsuyanoshi. En año nuevo, el shogun enviaba regalos al emperador y en marzo el emperador respondía con sus propios regalos.



El shogun Tsuyanoshi

 

En 1701, el shogun envió a dos daimyos o señores feudales a recoger los regalos del emperador. Uno de ellos era Naganori Asano, conocido también como Takumi no Kami. Pero como estos dos daimyos tenían poca experiencia en el complicadísimo protocolo de la corte japonesa, el shogun hizo que les acompañara un oficial llamado Kotsuké no Suké, o Señor Kira, para enseñarles cómo debían comportarse.

Pero Kira, el consejero, se sintió tan ofendido porque Asano no le llevó ningún regalo el día que se conocieron, que se dedicó a humillarle en público y en privado. Es una curiosa reacción, puesto que se supone que la tarea de Kira consistía precisamente en enseñar a Asano las normas de protocolo, y entre ellas debía estar la que dice que hay que entregar regalos al maestro de protocolo. Por eso Borges cuenta la historia titulándola El incivil maestro de ceremonias Kotsuké no Suké.

Según la versión de Borges en su Historia Universal de la infamia quien dice seguir a Mitford, el consejero se burló durante dos meses de Asano, pero él no respondió a las provocaciones. Finalmente, un día en el consejero Kira y el caballero Asano se hallaban en el palacio del emperador:

"La cinta del zapato del maestro se desató y éste le pidió que la atara. El caballero lo hizo con humildad, pero con indignación interior. El incivil maestro de ceremonias dijo que, en verdad, era incorregible, y que sólo un patán era capaz de frangollar un nudo tan torpe. El señor de la Torre sacó la espada y le tiró un hachazo. El otro huyó, apenas rubricada la frente por un hilo tenue de sangre..."

Jorge Luis Borges, El incivil maestro de ceremonias Kotsuké no Suké

Desenvainar un arma en el palacio imperial era un crimen castigado con la pena de muerte. Asano tuvo que hacerse el seppuku, suicidio seguido de decapitación, y sus samuráis o "criados con armas", se convirtieron en ronin, es decir, samuráis sin señor. Obligados a deambular de aquí para allá sin honor, se juramentaron para vengar a su señor.

Durante más de un año esperaron la ocasión propicia, pero Kira desconfiaba y no les daba ocasión. Oishi, el más importante de los ronin, se degradó públicamente, frecuentando los lupanares más infectos y revolcándose literalmente en el barro tras infames borracheras, hasta que Kira acabó por pensar que sus enemigos ya no eran peligrosos.

Fue entonces cuando una noche los 47 ronin entran en el palacio del señor de Kira, lo buscan, lo encuentran escondido, le ruegan que se suicide haciéndose el seppuku, él se niega, ellos le decapitan. Los que sobreviven escapan con la cabeza de Kira, que colocan sobre la tumba de su señor Asano, restituyéndole así el honor. Después se entregan voluntariamente.

Los ronin en el palacio de Kira (Kotsuké no Suké)

Cuando el shogun escuchó la historia de esta paciente venganza, se conmovió, pero no puede perdonarles, porque han desobedecido las leyes. Decide que mueran con honor, no como criminales, sino como samuráis. Todos se suicidan felices, abriéndose salvajemente el vientre, sabiendo que después les decapitarán.

Esta es la historia, pero hay otros muchos detalles. Uno de los más interesantes es que uno de los 47 ronin sobrevivió. Se llamaba Terasaka y murió pasados los ochenta años. Se ha discutido mucho sobre él. En opinión de algunos, fue un cobarde que huyó, y por eso, aseguran, hay que hablar de 46 ronin en vez de 47. Según otros, fueron los compañeros de Tersaka los que le pidieron que sobreviviera para contar su hazaña, como sucedía también en la historia de los trescientos espartanos, al menos tal como lo cuenta el comic 300, de Frank Miller, y la película basada en él.

Kore Eda propone en su última película, Hana, una explicación más sutil, y quizá también más creíble, de la actitud de Terasaka. Pero nunca se sabe, porque los fanáticos serviles (como los espartanos y los samuráis son capaces de cualquier cosa). Pero recientes investigaciones, nos dice Henry D.Smith II en The trouble with Terajima, parecen poner en cuestión los nobles motivos de los 46 samuráis que mataron a Kira.


El gran actor, y habitual de Kore Eda, Susumu Terajima, interpreta en Hana al ronin Terasaka

 

 

 

Tadamori, más listo que Asano

En el Heiki monogatari, una de los grandes clasicos de Japón junto al Genji monogatari, se cuenta una historia que recuerda a las de los 47 ronin, pero en la que su protagonista muestra más ingenio que Asano, el daimyo que tuvo que suicidarse por desenvainar en el palacio imperial.

La historia trascurre varios siglos antes de la de los 47 ronin, cuando los emperadores todavía gobernaban, aunque con extrañas fórmulas: a menudo el emperador retirado mandaba más que su heredero.

En premio por haber erigido una sala en honor al emperador, en la que colocó mil estatuas de Buda, el emperador Toba (1107-1123) permitió al plebeyo Tadamori el acceso al Palacio Interior, un privilegio reservado a muy pocos. Los cortesanos, escandalizados por tener entre ellos a un descendiente de guerreros, planearon asaltar a Tadamori en el palacio imperial.

Tadamori luchando con ¿un demonio?
(por Utagawa Kunisada)

 

Al enterarse de los planes de sus rivales, Tadamori dijo:

"Yo no soy un funcionario civil, sino que nací en el seno de una familia de samuráis. Sería una afrenta para mí y para los míos ser víctima de una deshonra. Me defenderé. Además hay una sentencia antigua que reza: "Sirve a tu señor cuidándote a ti mismo".

Y esto fue lo que hizo Tadamori:

"Entró en el Palacio Interior habiendo ocultando bajo su armadura de gala una gran daga. Después se dirigió a una parte de la sala en donde las lámparas daban escasa luz. Sacó lentamente la daga y la elevo por encima de su cabeza. El filo del arma brillaba a contraluz como un destello de hielo. Los cortesanos, al verla, sintieron temor y no osaron dar un paso."

Además, junto a Tadamori se presentó su criado Iesada, quien "bajo una casaca de caza de color azul palido llevaba una armadura ligera atada con cordones verde brillante y una gran espada". Iesada "guardaba su puesto con dignidad en el pequeño jardín frente al Palacio Interior", atento por si su amo necesitaba su ayuda.

Al ver al criado armado en el jardín, el jefe de la División de Archiveros ordenó a un oficial del sexto rango que le echara:

— ¡Tú, el de la casaca de caza sin escudo de armas, el que esta al lado de los canalones junto a la cuerda de los cascabeles! ¡Se habrá visto tal insolencia! Te ordenamos que te retires.

Pero Iesada respondió:

—Aguardo aquí porque he oído que mi señor, el gobernador de Bizen, a cuyo servicio ha estado todo mi linaje, va a ser atacado esta noche. Quiero ser testigo de tal incidente; y a fe mía que por nada del mundo he de moverme de aquí.

Ante esta firme postura, los nobles pensaron que sería imposible llevar adelante su plan y renunciaron a asaltar a Tadamori. Pero cuando se inició la ceremonia y Tadamori tuvo que salir a bailar, los cortesanos aprovecharon para burlarse de él cantando cancioncillas con crueles juegos de palabras. Tadamori logró contener su ira y salió al jardín. Se detuvo entonces en la puerta y le entregó su espada a una criada, asegurándose de que todos lo vieran. Cuando Iesada le preguntó si había sucedido algo malo, Tadamori, que conocía el carácter irascible de su criado, le respondió que todo había ido bien.

Cuando acabó la ceremonia, los cortesanos acudieron junto al emperador y se quejaron:

—Siempre ha sido de ley en la Corte tener licencia imperial para asistir a un banquete oficial con armas, o para salir y entrar libremente con escolta. Todo eso en aras de la cortesía y el respeto a la tradición. Sin embargo, Tadamori ha apostado en el jardín a un guerrero armado con la excusa de que se trata de un criado de su casa; y se ha presentado al banquete con una daga en la cintura. Estos dos hechos resultan ofensivos y son sendas muestras de desacato, por lo que no deben quedar impunes. Rogamos, por tanto, a Su Majestad que inmediatamente se despoje a Tadamori de su rango de noble y se le desti-tuya de su cargo oficial.

El Emperador mandó llamar a Tadamori y le pidió que explicara su conducta.

—En primer lugar -respondió Tadamori-, ignoraba que mi fiel criado estuviera de guardia en el jardín. Pero, Majestad, habia corrido el rumor de que yo iba a ser atacado y ese antiguo vasallo de mi familia sin duda lo oyó y secretamente ha debido de seguirme hasta aquí para salvarme de una afrenta. Su conducta yo no pude evitarla puesto que no la conocía. Sin embargo, si Su Majestad declara que tal prueba de lealtad es un delito, ¿debo entonces castigar a mi criado?
En segundo lugar, con respecto a la daga, yo se la he entregado a la sirvienta de la Sala Principal. Ruego a Su Majestad que la mande llamar y, después de comprobar si se trata de una daga verdadera o no, podrá pronunciarse Su Majestad sobre mi culpabilidad o inocencia.
Tal habló Tadamori. El Emperador mandó llamar a la sirvienta y traer la daga. Cuando se dignó examinarla, comprobó que su funda estaba lacada de negro, pero que la hoja de la daga era de madera, aunque la recubría una lámina plateada."

El Emperador dijo entonces:

—Tienes razón y has obrado bien. Para no ser atacado, has llevado una daga pero, sabiendo que después podrias ser denunciado por portar armas, la daga era de madera y has fingido llevar una verdadera. En verdad que tu actitud es admirable y tu proceder ejemplar. En cuanto a que tu criado te aguardara en el jardín, ¿acaso no es tal la actitud que se debe esperar de un samurái como el? No me parece, por consiguiente, que Tadamori deba ser castigado."

"De esa manera -concluye el narrador-, en lugar de ser reprendido, Tadamori fue alabado por su astucia."

 

 

¿Harakiri o seppuku?

A menudo surge cierta confusión acerca del harakiri y el seppuku. Era común hasta hace poco llamar harakiri a esa especie de suicidio ritual que consiste en clavarse una espada en el vientre y después ser decapitado por un compañero o un verdugo.



Un gran escritor actuando como un imbécil: Yukio Mishima durante su fracasada rebelión y poco antes de hacerse el seppuku o harakiri

 

También es frecuente pensar (yo lo pensaba) que la diferencia entre el seppuku y el harakiri es que el primero consiste precisamente en que, además del suicida, hay un ayudante que le corta la cabeza después. Sin embargo, al parecer el harakiri y el seppuku son la misma cosa: suicidio seguido de decapitación. Lo curioso es que las dos palabras se escriben con los mismos caracteres, aunque en distinto orden.

腹切 hara-kiri

切腹 seppuku

 

Sin embargo, los japoneses prefieren emplear la palabra seppuku, porque harakiri les suena vulgar y grotesca, que es, me atrevo a decir precisamente lo mismo que el acto al que se refiere: sacarse las tripas y decapitarse posteriormente (por mano ajena, claro está).



Es curioso porque en Francia hay una revista de humor "bestia y malvado o deplorable" que se llama precisamente Harakiri, como si supieran que es una palabra más para reírse que para conmoverse.

 

En el Heike monogatari se cuenta el origen del harakiri o seppuku, que inventó un célebre guerrero y prodigioso arquero al ser herido y ver que sus enemigos le habían vencido:

"Minamoto Yorimasa, una vez que estuvo en el interior del templo, llamó a Watanabe Chiojitsu Tonau y le ordenó:
_Córtame la cabeza.
Pero Tonau, afligido por esta orden, se mostraba incapaz de cortar la cabeza a su señor, aún vivo. Así que, con lágrimas amargas, le dijo:
_Señor, yo no soy capaz de hacer tal cosa. Pero os prometo hacerlo después de que os quitéis la vida.
_¡Claro! Te entiendo -replicó Yorimasa; y, volviéndose al poniente, entonó diez veces el "Busco abrigo en Amida"[Namu Amida Butsu] en voz alta. Después, recitó con infinita tristeza un poema de despedida: esto decían los versos:

Planta enterrada
que jamás floreció.
así de triste
mi vida fue; y sin dar
fruto, ahora se muere.

Tras decir estas palabras, se clavó la punta de su espada en el vientre y echó el cuerpo hacia delante para ser bien penetrado y exhalar así el último aliento.

 

Y el narrador comenta:

"Ante un momento así es muy difícil tener ánimo para componer y recitar un poema, pero este hombre, que tenía afición a la poesía desde su juventud, fue fiel a ella hasta los últimos instantes finales de su vida. Tonau, con lagrimas en los ojos, recogió la cabeza de su señor y la envolvió junto con unas piedras. Atravesó disimuladamente las filas enemigas y, una vez que hubo llegado al río Uji, la hundió en las profundidades de sus aguas."

yorimasa

El actor Arashi Kitsusaburô II en el papel de Minamoto Sanmi Yorimasa

 


Yosho Yamamoto, el monstruo de la fidelidad

En Elogio de la infidelidad presenté al samurái Yosho Yamamoto como ejemplo de fidelidad.

Como últimamente he escrito bastante acerca del código de honor japonés o bushido, he seleccionado algunos fragmentos del capítulo en el que hablaba de Yamamoto ("El monstruo de la fidelidad") y he añadido algunos detalles nuevos.

yamamoto


Yosho Yamamoto era un samurái que escribió hacia 1710 un libro llamado Hagakure (Oculto entre las hojas). El libro es una contínua celebración de la muerte y la violencia, a pesar de los paños calientes que intenta poner el prologuista de la edición en español, quien dice:

“Toda la grandeza de los samuráis se halla en el hecho de que alcanzaron tal vacuidad de sí mismos que eran capaces de matar sin odio y de morir sin miedo”.

Veamos algunos ejemplos de la grandeza de Yamamoto:

“Los hombres se vuelven cobardes y débiles, la prueba de ello está en que, hoy en día, raros son los que tienen la experiencia de haber cortado la cabeza de un criminal con las manos atadas a la espalda. Cuando se les pide ser el asistente del que va a suicidarse ritualmente, la mayoría considera que es más hábil evadirse e invoca excusas más o menos válidas.”

Más adelante, insiste, lamentándose de lo lechuginos y blandos que se han vuelto los jóvenes:

“A la edad de cinco años, a petición de Jin’emon, su padre, Yamanoto Kichizaemon, mató a un perro con un sable; a la edad de quince años tuvo que ejecutar del mismo modo a un criminal. Era la costumbre de la época. Es así cómo el Señor Katsushige, todavía muy joven, mandado por el Señor Naoshige, ejecutó a más de diez condenados sucesivamente. Esta práctica era muy corriente en las clases altas desde hacía mucho tiempo pero ahora ni siquiera los hijos de las clases inferiores proceden a este tipo de ejecución y ello es una negligencia grave. Decir que se puede vivir sin haber tenido el mérito de matar a un condenado, pues se trata de un crimen, de una vileza y de una mancilla, no es más que una excusa.”

Y si alguien piensa que Yamamoto es uno de esos teóricos que no aplican sus propios preceptos, que siga leyendo:

“El año pasado, fui a un lugar de ejecuciones llamado Kase para comprobar la firmeza de mi mano y he encontrado que era una buena cosa. Me encontré muy bien. Pensar que es impresionante es señal de cobardía.”

Yamamoto era un gran partidario de la fidelidad en todos los sentidos:

“Se debe entender que una mujer es fiel a un solo hombre. Sus sentimientos van a una sola persona de por vida. Si ello no es así, es lo mismo que sodomía o prostitución.”

Algo no muy distinto de lo que se pensaba en España hace unas décadas (y que algunos todavía piensan). Yamamoto, por cierto, también coincide con Ulises u Otelo, quienes exigían fidelidad a sus esposas, pero no se sentían obligados a actuar de la misma manera.



El celoso Yago poniendo celoso a Otelo
Shakespeare da a entender en varios pasajes que la animadversión de Yago hacia Otelo se debe precisamente a que el moro se ha acostado con su esposa.

 

Sin embargo, para Yamamoto, la fidelidad sexual o amorosa no es la fidelidad más importante; por encima de ella está la fidelidad al señor, al daimyo:

“Un samurái sólo lo es verdaderamente en la medida que no tiene otro deseo que morir rápidamente —y volverse puro espíritu— ofreciendo su vida a su amo, en la medida en que su preocupación constante es el bienestar de su daimyo, al que rinde cuentas continuamente, sin cesar.”

En otro pasaje sintetiza la idea:

“Si se debiera resumir en pocas palabras la condición del samurái, yo diría que en primer lugar es la devoción en cuerpo y alma a su amo.”

Aunque resulte sorprendente, todavía existe otra fidelidad o lealtad más importante que la que se tiene con el daimyo:

“La absoluta lealtad respecto de la muerte debe ser puesta en práctica todos los días. Debemos comenzar cada amanecer meditando tranquilamente, pensando en el último momento e imaginando las diferentes maneras de morir: muerto por una flecha, por un cañonazo, atravesado por un sable, sumergido por las olas, saltando en un incendio, golpeado por el rayo, aplastado por un terremoto, cayéndonos desde un risco, víctima de una enfermedad o súbitamente.”

Pero Yamamoto lo dice todavía más claro:

“La vía del samurái es la pasión de la muerte. Incluso diez hombres son incapaces de desviar a un hombre animado de tal convicción. No se pueden llevar a cabo grandes hazañas cuando se está en una disposición anímica normal. Hay que volverse fanático y desarrollar la pasión de la muerte (....) La lealtad y la piedad filial son algo suplementario en la Vía del samurái; lo que uno necesita es la pasión por la muerte. Todo el resto vendrá por añadidura de esta pasión.”

Puedo asegurar al lector que no he elegido los pasajes más truculentos de Hagakure. El libro de Yamamoto es tan insensatamente cruel que, como dice Yoel Hoffman, "hasta los señores feudales del Japón consideraron el Hagakure demasiado radical y lo prohibieron varias veces". Es algo que sucede a menudo, los poderosos fomentan el servilismo, el fanatismo, la crueldad, el culto a la fuerza y la obediencia ciega y a veces algunos discípulos se les van de las manos, como cuando deciden ser más fieles a la muerte que a sus señores.

Sin embargo, también he de confesar algo: junto a toda esa sangre, esa crueldad y ese fanatismo, en Hagakure hay unas cuantas cosas sensatas. Yamamoto era un hombre inteligente y, aunque resulte difícil de creer, sensible. Yamamoto, en definitiva, aplicó su talento de una manera enfermiza a una idea perversa, pero que era considerada razonable por la sociedad en que se educó. Una sociedad fanatizada produce fanáticos.

Yamamoto es un ejemplo claro y contundente de una de las peores cosas que se esconden tras el concepto de fidelidad o lealtad: la obediencia ciega.

 

Hana y la verdad verosímil Hana y la verdad verosimil

JapónCuaderno de Japón

Más sobre la pelíicula 300 en La cuarta pared

 

 

Comentarios a los comentarios

 

Marcóticos y los derechos de Autor

[A propósito de... blazquez Melvin contra E.T.]

Marcóticos envió un divertido mensaje a propósito del supuesto plagio que Spielberg hizo en E.T. de una criatura creada por el dibujante español Blázquez:

"Aprovecho el caso Blázquez-ET para denunciar otro caso de espeluznante plagio. Ya es hora de que alguien diga la verdad, basta de mirar a otro Lado, el cual, todo sea dicho, se siente un tanto observado. Bueno, el asunto es el siguiente: todos estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, al que no pagamos derechos de autor. ¡Basta de tanta injusticia! A partir de hoy, cada vez que nazca una criatura, que se envíe un euro al Cielo (es mejor mandarlo directamente, y no mediante sus intermediarios del Vaticano porque se lo quedan). "

 

Librepensador añadió:

"Un euro para Dios. Estupendo lo tuyo sobre los plagios y Dios, Marcóticos. iba a mandarle el euro a Dios pero los del cielo dicen que hay que hacerlo por tarjeta de crédito, dando el número. He renunciado porque, la verdad, de esa gente no me fío ni un pelo."

No puedo si no estar de acuerdo con lo que dice Marcóticos y apoya Librepensador, pues Dios no sólo es el autor de la idea, sino que creó con sus propias manos los modelos originales en el Jardín del Edén en versiones masculina y femenina. Y de esos modelos originales se han seguido editando sin cesar copias y más copias encuadernadas en piel. Ahora bien, quizá los derechos de Autor ya han caducado, pues según la cuenta bíblica han pasado ya unos seis mil y pico años (según la cuenta científica muchos más).

O tal vez debemos entender que el temido día del Juicio Final es el del Ajuste de Cuentas Final, es decir, el momento en el que tendremos que pagar sus derechos de Autor a Dios, porque de no hacerlo, no seremos reeditados nunca más, o , si acaso, lo seremos eternamente pero en unas condiciones literalmente infernales.

Ante tantas dudas, animo desde aquí al querido marcóticos a que nos lo cuente todo con todo detalle en un cuento.

 

 

En Recuerdos de la era analógica incluí un cuento que tiene cierta relación con el asunto que plantea Marcóticos de pagar derechos de Autor a Dios.

 

El Registro

Caso QT 6.0 contra S.R.
       
   Informe 28012 EM 300/27659876545691002867//33701739
SL 548661038 RGT 450678296

Exposición:

El demandante, QT 6.0, acusa al demandado, S.R., de haber utilizado varios gestos ya registrados por él:

“S.R. enarcó las cejas, sonrió elevando suavemente su labio en su lado izquierdo, miró hacia el cielo, suspiró y dijo adiós”.


Resolución

No se da una sucesión necesaria y suficiente, por tratarse tan sólo de cinco items, todos ellos de dominio público, y no haber un sexto item, tal como contempla la ley de plagio.


No obstante,
es cierto que la repetición de estos cinco items, asociados a otra sucesión semejante, también propiedad del demandante, mueven cuando menos a la consideración de plagio involuntario (ver caso Harrison 20-272)

 

Caso A.R. contra Trivial Language

Informe 22238 SA 3973/000096489927884938//99327893
SL 63972765 XZV 973026930- 2ª parte

 

Exposición:

El demandado, alega no poseer ingresos suficientes para pagar los derechos de las conversaciones que mantiene. En consecuencia, no pudiendo hacer frente a las deudas con las empresas enumeradas en el Anexo 3, todas ellas propiedad de la Corporación TRIVIAL LANGUAGE, solicita ser declarado en quiebra intelectual.

 

Propuesta de Conciliación:

La corporación TRIVIAL LANGUAGE, en atención  a la escasa cultura del demandado y ahora solicitante A.R. y, entendiendo que el plagio sistemático que el sujeto hace de infinidad de sus items registrados, concretamente de gestos, frases hechas y opiniones políticas, es involuntario, accede a conceder una amnistía intelectual a A.R., pidiendo, en contrapartida, el derecho a usar la imagen del demandado y solicitante en sus futuras campañas publicitarias, petición que el demandante acepta, asumiendo que su imagen previsiblemente será denigrada y su persona humillada.


Resolución:
Se llega a un compromiso pendiente de acuerdo comercial antes de la fecha límite fijada por este Tribunal, entre la primera parte (el demandado A.R.), y la segunda parte (la Corporación TRIVIAL LANGUAGE), la cual Corporación, además, se compromete a proveer a A.R. de una cantidad suficiente de items gratuitos como para que éste pueda desenvolverse con naturalidad en la vida social inferior.

 

Caso El ESTADO contra BLANK ENTERPRISES 

Informe 39178 SL 1745/9764893709125970558//77854389
SL 90096745 RKT 006540067- 6ª parte

 

Exposición:

Habiendo el Estado revocado las licencias temporales obtenidas por Blank Enterprises, y habiendo esta empresa solicitado nuevas licencias, desoyendo la advertencia recibida por parte de las Autoridades, el Fiscal Superior del Estado solicita sean anulados todos los derechos de registro temporales de Blank Enterprises.

 

Argumentación:

El Estado considera que la concesión de licencias de registros temporales haría imposible el funcionamiento mismo de la sociedad en todos sus niveles. Puesto que la dimensión espacial ya se halla registrada en su totalidad conocida y sólo permanece un 7% de items como de dominio público permanente, considera el Estado que abrir el derecho de registro a la dimensión temporal impediría que el Estado pudiese dictar leyes, incluso aquellas referidas a cuestiones de registro, puesto que dichas leyes podrían haber sido registradas en todas las dimensiones, particularmente en la temporal, que es la única que permite un funcionamiento independiente del Estado.

 

Se invoca:

El ejemplo del estado de Nueva New Jersey, en el que la promulgación de nuevas leyes supone a las arcas públicas un desembolso constante de dinero a favor de la empresa NEW RIGHTS, poseedora de una acumulación de registros legislativos que cubre los próximos 25 años, y que, en consecuencia, ha llevado a la paralización misma del estado de Nueva New Jersey.

 

En consecuencia:

Para evitar que se repita una situación semejante, el Estado invoca la claúsula de Catástrofe Social Inminente (por la que ha de abonar derechos de registro a Blank Enterprises) y solicita la anulación de cualquier licencia temporal presente y futura solicitada por Blank Enterprises o cualquier otra Asociación, Empresa, Grupo de presión, Asociación Individual o Corporación.

 

Se invoca:

El ejemplo del caso Fisk 223, en el que la Corporación de Estados falló en contra de la pretensión de Registro Universal, puesto que ello hacía imposible el desenvolvimiento financiero de la sociedad y suponía la anulación automática de todos los registros particulares, que quedarían subsumidos en el Registro Universal Absoluto, al ser considerado el Universo en su totalidad como un item registrable individual.

 

Se invoca  finalmente:

La Paradoja de Harris o del registro registrado, que permitiría registrar el Registro como tal y supondría, de ser aplicada a la letra, un pago de derechos infinito por un solo item registrado.

 

Se prevé:

La resolución se presentará en seis días, debiéndose decidirse antes una demanda previa interpuesta por el Estado contra Blank Enterprises ante su negativa a cederle temporalmente los derechos de su claúsula de Catástrofe Social Inminente, argumentando que ello llevaría a la disolución de la propia empresa, al serle aplicada dicha claúsula.

 

 

Collage en emedialab

Me gusta mucho el cartel que han hecho en el emedialab de Málaga para promocionar un curso de guión que daré allí el mes que viene.

Cartel emedialab

 

 

Promesas incumplidas cumplidas/Mirando hacia atrás

Hace unos meses me referí a los argumentos contra el diseño inteligente:

"Por mi parte, creo que cosas como la cuántica o las supercuerdas hacen más difícil la creencia en Dios; es decir, no creo que la mejor manera de demostrar a Dios sea a través de argumentos como el diseño inteligente, pero hablaré de eso en otro momento, para no desvelar un cuento que quiero escribir para el concurso El píxel de oro de este año."

http://www.danieltubau.com/weblog/weblog_25_ubicuo.html#yyoquese

Ahora que Marcóticos ya ha publicado el cuento del píxel de oro, puedo desarrollar el argumento.

Si no has leído el cuento, mejor leelo antes con este enlace:

    Los maniquís

     

El diseño inteligente contra Dios

Pues bien, como se dice en el cuento, el argumento del diseño inteligente no contribuye a probar la existencia de Dios, sino más bien todo lo contrario.

Richard Dawkins escribió recientemente un excelente artículo en contra de las teorías del diseño inteligente para probar la existencia de Dios, Por qué es prácticamente seguro que Dios no existe. Allí ofrece el siguiente argumento:

"Nosotros explicamos nuestra existencia combinando el principio antrópico y el principio de selección natural de Darwin. Esta combinación proporciona una explicación completa y profundamente satisfactoria de todo lo que vemos y sabemos. La hipótesis divina no sólo es innecesaria. No es en absoluto parsimoniosa. No solamente no necesitamos a Dios para explicar el universo y la vida. Dios aparece en el universo como algo flagrantemente superfluo. Por supuesto, no podemos demostrar la inexistencia de Dios, como tampoco podemos demostrar la inexistencia de Thor, las hadas, los duendes y el Monstruo Espagueti Volador. Pero, al igual que ocurre con esas otras fantasías que no podemos desmentir, podemos decir que Dios es muy, muy improbable."

Pegado de <http://www.sindioses.org/sociedad/diosnoexiste.html>

Es un buen argumento, que se resume en: "Dios resulta supérfluo". Es una actualización de la respuesta que le dio Laplace a napoleón cuando éste le preguntó por qué no aparecía Dios en su explicación científica del universo:

"Sire, no he considerado esa hipótesis."

Pero a mí me resulta igual de convincente un argumento casi inverso (pero compatible con el de Dawkins y laplace):

Si existe Dios, son el universo y toda su complejidad los que resultan superfluos.

Es, en efecto, supérfluo que un Dios omnipotente diseñe el universo con todo detalle, controle la evolución del cosmos desde un Big Bang inicial hasta la acumulación de polvo estelar en forma de galaxias y estrellas, que vigile o module su posterior enfriamiento en planetas, que supervise el surgimiento de la vida y que revise los complicados y lentos pasos de la evolución. Un Dios todopoderoso no actuaría así, sino que haría lo que se nos describe en el Génesis:

" En el principio creó Dios los cielos y la tierra.Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. 
Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 
Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. 
Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día. 
Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. 
E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así.
Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.  “El primer día Dios creó... el segundo día..."

Y así hasta el séptimo día en que descansó.

No sé si un Dios todopoderoso necesita descansar, pero sí está claro que no necesita fabricar la compleja y enrevesada maquinaria del cuerpo humano: si Dios lo deseara podríamos estar perfectamente huecos y no tener ningún órgano, como sin fuéramos maniquís. Estar huecos y, sin embargo, pensar, ver, escuchar y sentir.

Sostener otra cosa es ponerle límites al poder divino. En realidad la materia misma es superflua, innecesaria: ¿por qué iba a crear un Dios omnipotente la materia? Más razonable parece la idea del padre Malebranche, que pensaba que todo el universo y nosotros mismos éramos los pensamientos de Dios: porque ¿existe alguna diferencia entre lo que Dios piensa y lo que Dios crea?

En consecuencia, la complejidad de nuestra existencia, lejos de probar la existencia de un relojero divino que pone en marcha toda esa maquinaria, más bien prueba que, en caso de existir un relojero divino, entonces o bien es un chapucero y en modo alguno todopoderoso (algo así sostenía en secreto Newton). O bien se complace en perder su tiempo y el nuestro con detalles innecesarios, en largas evoluciones, en catástrofes y nuevos inicios.

Además, ese Relojero tendría un extraño temperamento que no sabría si calificar de sádico o masoquista: por un lado se preocupa de poner todo el superfluo mecanismo material en funcionamiento y, por otro lado, predica a través de sus mesías, profetas y libros religiosos que todo eso no es importante, que es incluso sucio y repugnante, que lo único importante es el alma o el espíritu. Entonces, ¿por qué no creó tan sólo almas puras?

    Por otra, parte, la asunción de que existe un Dios omnipotente y un diseñador divino tiene otra importante consecuencia moral, que quizá ya he comentado en alguna ocasión. Esta consecuencia es la inversión de la célebre frase de Dostoievsky que asegura “Si Dios no existe, todo vale”.

Los ateos orgullosos proclamaban la frase dispuestos a quemar el mundo en ausencia de ese Dios que, según Nietzsche, había muerto, mientras que los creyentes la recordaban para alertar de las consecuencias de la no existencia de Dios: el caos, el desorden, la inmoralidad, el crimen sin castigo.

Pero más bien se debería afirmar lo contrario:

“Si Dios existe, todo vale”

Es decir, si las cosas, tanto las materiales como las morales, fuesen sólo producto del trabajo de la naturaleza y de la decisión de los seres humanos, lo que valga o no valga dependerá de la naturaleza y de los seres pensantes. En la naturaleza no vale todo, sino sólo lo que sigue ciertas leyes que la propia materia impone; en biología, por ejemplo, sólo lo que se ajusta a las leyes de la selección natural, aquellos organismos que mejor se adaptan al medio y que son premiados con más descendencia: los peces tropicales se mueren en el Polo Norte.

Por el contrario, si existe un Dios omnipotente, entonces nada en la naturaleza es necesario, sino que depende del capricho de ese Dios. Un ser humano podría tener un hijo que fuera un canguro, y en un manzano podría florecer filetes de ternera con guarnición.

Del mismo modo, en el mundo moral, si las cosas no dependen de la reflexión y del consenso, de la razón, del sentido común o del deseo de ser felices y justos, sino que están a expensas, de nuevo, de los caprichos de un Dios omnipotente, entonces todo vale, porque Dios decide no mediante una razón universalizable y comprensible, sino siguiendo una lógica que a nosotros nos resulta inaccesible e incomprensible. Ejemplos de su caprichoso razonar sería: dotar de alma a los niños y permitir que mueran de hambre antes siquiera de que hayan podido usar el supuesto libre albedrío que les ha concedido, hacer llover en el océano y no en los lugares de África que necesitan agua.

Todo vale si Dios existe. Por otra parte, ese Dios omnipotente se caracteriza por su incapacidad de dar un mensaje único e inteligible, hasta el punto que las religiones que intentan descifrar sus palabras se matan entre ellas. Dios, esté dónde esté y sea cual sea su naturaleza, no acaba de ponerse de acuerdo consigo mismo y ha mandado demasiadas revelaciones al mundo, muchas de ellas contradictorias.

Si existiera un Dios omnipotente, no podríamos ni siquiera entender la naturaleza (puesto que no habría otras leyes que las elegidas por Dios en cada instante), ni alcanzar conclusiones morales (puesto que para eso tendríamos que conocer la voluntad de Dios). Si hay leyes naturales que podemos comprender, entonces como dice Dawkins, Dios es superfluo; pero si existiera un Dios omnipotente, entonces esas leyes serían superfluas. Y da la sensación de que sí hay leyes.

 

Cómo veo mi muerte (y cómo ve la suya mi padre)

He tenido el placer de ver publicado un texto mío en el último número de la revista El Ciervo. Se trata de uan revista cristiana a la que estoy suscrito, que admiro mucho y de la que he aprendido y aprendo muchas cosas. Está escrita por gente que escucha a los demás y que emplea argumentos y no demagogía o insultos. Un placer.

Personas sensibles y razonables que intentan ser justos y equilibrados en sus opiniones, y supongo que también en sus actos. A pesar de lo mal vista que está, yo creo en la bondad. Tal vez no en eso que llaman el buenismo, pero si en la bondad, que siempre me recuerda, como es inevitable, a Antonio Machado: "Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno".

Y tampoco por ser buenos, tolerantes o razonables dejan de ser críticos, sobre todo con la jerarquía católica. Pero también son capaces de rectificar si se equivocan. Por ejemplo, ellos (y yo también), sentíamos un gran temor a que Ratzinger se convirtiera en Papa. Yo escribí alguna entrada alarmada en un weblog, ellos publicaron artículos. Ahora, si queremos ser honestos, tanto ellos como yo, debemos reconocer (y así lo hemos hecho) que hasta el momento Ratzinger no ha sido tan malo como esperábamos. Nos ha sorprendido y lo admitimos. Tal vez cambiaremos de opinión en el futuro, ¿quién sabe? Cuando uno intenta razonar sin prejuicios, da más placer observar la realidad, y a veces quedar sorprendido, que forzarla para que se ajuste a nuestras ideas.

 

Pues bien, en El ciervo le pidieron a mi padre un texto acerca de cómo veía su muerte, y mi padre les propuso que yo también podía escribir uno. Los dos escribimos sobre el asunto, y nos han puesto juntos.

     

     

Syndromes and a century, de Weerasethakul Apichatpong

Syndromes and a Century

Syndromes and a Century, de Weerasethakul Apichatpong,  es una película que no facilita las cosas al espectador. La vi en el Festival de cine de Gran Canaria y en el coloquio posterior a la película, alguien del público dijo que no soportaba los planos que se mantienen sin ninguna razón, que no sirven para nada.

Una mujer replicó que a ella no le había pasado eso, sino que le había gustado tanto que deseaba verla otra vez.

El director de sonido, que estaba allí junto a uno de los actores,  explicó que la longitud de una toma es un asunto subjetivo y que cada espectador puede ver de distinta manera un mismo plano que se mantiene más tiempo del habitual, mirar lo que le interesa, fijarse en este detalle o aquel otro.

Probablemente los dos bandos tienen razón.

A mí me sucedió en la segunda parte de la película lo mismo que al primer espectador: no entendía por qué ciertos planos vacíos e inmóviles se mantenían durante un tiempo que acababa haciéndose interminable. Eso provocó que, finalmente, la película me  resultase aburrida, incluso tediosa. Sin embargo, el estilo de Syndromes and a Century  es muy semejante al de la anterior película de Apichatpong, Tropical Malady, que me gustó mucho.

Tropical Malady, de Weerasethakul Apichatpong

Tropical Malady

Tal vez Tropical no me aburrió porque era una especie de pesadilla que mostraba extraños lugares, selvas espesísimas, gentes sudorosas y semidesnudas, humo, frutas lujuriosas, soldados perdidos en los bosques, mundo onírico y real. No sucede lo mismo en Syndromes, que es costumbrista y se desarrolla en su mayor parte en un hospital.

Así que yo podría haber mantenido la opinión de la espectadora y el sonidista si se discutiese acerca de Tropical Malady en vez de acerca de Syndromes. Pero, como no se trataba Tropical, me pareció más razonable la opinión del primer espectador.

Cuando una película descuida los métodos tradicionales y las formas narrativas habituales, se arriesga a resultar interesante para un número muy reducido de espectadores. En el selecto grupo de espectadores de Syndromes (asistentes a  un festival de cine interesados en cine asiático) me temo que fuimos más los que nos aburrimos.

Al día siguiente leí una crítica de la mujer que defendió la película, en la que reconocía que a veces resultaba tediosa. Ya no parecía tan entusiasmada como el día anterior y se  veía obligada a advertir que la película no sería muy adecuada para quien no soportase un largo plano en el que aparentemente no sucede nada.

A veces uno tiene la sospecha de que algunos directores emplean un determinado estilo de realización a propósito para ser premiados en los festivales y ser elogiados por cierta crítica. La verdad es que se puede vivir bastante bien como cineasta sin tener éxito de público, pero teniendo prestigio en Europa. Eso le sucede a Woody Allen, que sobrevive como cineasta gracias a Europa, algo que nos llena de placer a quienes nos gusta Allen.

Pero algunos críticos parecen interesados en elogiar casi de manera mecánica todo aquello que se aleje del gusto mayoritario, probablemente porque eso les hace sentirse más listos. Reaccionan como perros pauvlovianos si reciben un mismo estímulo (planos largos, lenguaje críptico, desorden temporal narrativo), pero creo que tiene razón José Luis Guerín al negarse a este tipo de respuestas automáticas:

"Eso es algo que yo veo claro como profesor de cine: no puedo dar clases como si fueran la transmisión de una serie de recetas para puesta en escena o guión, porque lo que funciona y es útil para un cineasta puede ser un desastre para otro. Cada película debe observarse como un organismo singular, único y complejo."

Pegado de
<http://www.jorgecarrion.com/tertuliaEntJoseLuisGuerin.htm

Las tomas larguísimas, clavadas en un escenario vacío, las historias contadas de manera casi críptica, que el espectador sólo entiende si alguien antes o después le explica lo que el director ha querido decir, la necesidad de un desciframiento y la inevitavbilidad del tedio es algo que llegó a estar muy de moda en los años sesenta y setenta del siglo pasado, como señala V.F.Perkins en El lenguaje del cine:

"Ivor Montagu  opina en Film Word que el cine de masas es como el bingo y los bolos que constituyen el atletismo de los no atletas". Para él, aquellos que aspiran "a un alimento más sólido, deben sufrir a veces los rigores de los duros bancos que mantiene despiertos sus sentidos".

Perkins dice que no conoce:

"Declaración más sucinta, en términos cinematpográficos, de la vieja idea de que la virtud se halla en las penalidades y que todo lo que es agradable debe considerarse con reticencia.
Naturalmente, el punto de vista que considera el arte como una forma de flagelación excluye la aceptación de una diversión sin esfuerzo. El cine sólo valdrá la pena cuando sirva de test intelectual… hasta un cierto punto, el volumen de actividad intelectual que de un modo patente es necesario para comprender un film se ha convertido en una norma para valorar su calidad... Cuanto mayor es el éxito de un film, menores son sus posibilidades de ganarse la aprobación de aquellos cuyo principal placer en el cine procede de la gratificación intelectual; debe ser inaceptable para aquel que lo que quiere son peliculas que adulen su coeficiente de inteligencia, permitiéndole descifrar satisfactoriamente "el mensaje"."

Perkins, que es uno de los teóricos del cine más equilibrados que conozco, no se tira de cabeza hacia el otro lado, hacia el desprecio a cualquier análisis intelectual, sino que razona de forma elocuente:

  "No hay duda de que el ejercicio mental es uno de los placeres del cine. La caza del sentido es un pasatiempo agradable, aunque no nuestra única satisfacción legítima. El valor de las películas no procede únicamente, o principalmente, de su similitud con esos crucigramas en los que las claves son lo bastante difíciles para que su solución sea gratificadora, pero no tan difíciles como para frustrar del todo al solución".

Me parece, en efecto, que algunos críticos selectos caen en el error de no distinguir entre un uso interesante o no, adecuado o no de las técnicas heterodoxas, como si el hecho de usarlas fuese suficiente. Pero del mismo modo que el llamado cine comercial uno puede apreciar una película y detestar otra a pesar de tener una factura semejante, en el cine dirigido a un público menos masivo el uso de una técnica determinada no califica la película como buena o mala, interesante o no.

Perkins termina diciendo que para críticos como Montagu, "el placer en el dolor parece más defendible que el placer en el placer" y suponen que para que algo sea interesante "debe ser al mismo tiempo un poco aburrido o desagradable".

Syndromes and a century

 

Syndromes y el aburrimiento

A mí me fastidia la tendencia del cine de Hollywood a dividir un diálogo en montones de planos y contraplanos frenéticos o intensos, rostros salteados vistos desde todos los puntos de vista y en todos los tamaños posibles, pero la manera en que Apichatpong mantiene deliberadamente la cámara en un mismo encuadre, como si se tratará de cine mudo, sin permitirse apenas una sola alegría, tampoco me convence. Al menos en Syndromes, pues en Tropical Malady no me molestó. Se supone que eso es más realista y neutral, y ya sabemos, por supuesto, que lo hace adrede: no es que no sepa que en los años 20 y 30 se aprendió que se podía mover la cámara. Lo que Apichatpong nos dice es: "Yo planto la cámara y no condiciono al espectador, no dirijo su atención ni le manipulo mediante el cambio de plano o el montaje".

Eso, que puede tener algo de razonable si pensamos en lo manipulador que puede llegar a ser el montaje, acaba siendo tan poco realista o neutral como el montaje más ideológico. Porque la de Apichatpong es también, en definitiva, una manera de significarse del director, de mostrar la parte técnica que hay detrás de lo que vemos.

Porque lo cierto es que, cuando una conversación nos interesa, queremos acercarnos más y oírla mejor y, precisamente por eso, admitimos y deseamos que la cámara se acerque coincidiendo con el aumento de nuestro interés. Es un lenguaje aprendido, por supuesto: podríamos seguir viendo el cine como se veía en sus inicios, como si se tratara de teatro grabado, por ejemplo. Pero, aunque sea un código aprendido, nos cuesta ver el cine de aquella antigua manera, porque sabemos que ahora el cine nos puede acercar las cosas hasta nuestra butaca.

El director y el montador consiguen, mediante la realización y el montaje que algo nos interese, y entonces satisfacen a nuestras expectativas mostrándonos eso que queremos ver. 

Cuando Apichatpong nos muestra a dos personas hablando en un sofá o en la mesa de un restaurante, también elige el lugar que vamos a ver y el punto de vista. Él tampoco es neutral: nos está diciendo que en ese lugar pasa algo importante. Nosotros, por un movimiento instintivo del todo natural, queremos observar eso que nos propone con más atención, pero él se mantiene alejado y distante, como si el cámara fuese un tímido invitado de un coctel que no se atreve a acercarse a esas dos personas que tanto le interesan. De este modo, dota a la escena de una tonalidad, siempre distante, a veces fatigosa, que unifica y tiñe toda esa improvisación que al parecer Apichatpong permite en sus rodajes: porque su camarógrafo es el único que nunca se permite la más mínima variación. La película, que comienza resultando muy sugerente, acaba muriendo en la lentitud.

A propósito de la neutralidad y dejar en libertad al espectador, quizá en un futuro no muy lejano, el espectador podrá realmente seleccionar el foco de su interés, haciendo un zoom o un travelling,  o pasando por corte de un plano general a un primer plano. El director lo grabará literalmente todo, incluso las habitaciones que no se ven en el plano, y cada espectador redirigirá su propia y personal película. Incluso llegará un día en que el espectador sencillamente se moverá por allí, sin necesidad de pantalla, acercándose o alejándose de lo que suceda en un salón del oeste, en un pueblo japonés o en una nave espacial. Cuando ya no hablemos de películas sino, como proponía Ted Nelson, de virtualidades, tal vez acabaremos participando en la acción y creándola sobre la marcha y el director podrá presumir de manipular sólo mínimamente al espectador. Finalmente, todo ocurrirá en el interior de nuestras cabezas y el mundo exterior será como el mundo material para el Dios de Malebranche: sólo pensamiento. Pero volvamos al presente.

No se trata tan sólo de un problema de distancia, de ver de lejos las cosas que nos interesan, sino también de intención. Una conversación, cuando es vivaz, puede mantenerse sin un solo corte (podemos comprobarlo a menudo en las películas de Woody Allen) pero, si se trata de ver desde lejos algo que ya es en sí tedioso, es casi imposible no acabar aburriéndose. Podemos llegar a entender o soportar no entender cosas aparentemente difíciles, pero la sensación de aburrimiento no depende de nuestra voluntad intelectiva. Por interesante que sea un discurso, desearemos que termine de una vez si dura seis horas o si el orador es tedioso. Aunque yo también intento preparar mis clases para que resulten entretenidas, entiendo que de vez en cuando un alumno dormite mientras yo hablo en una clase que dura cuatro horas.

Al parecer, Syndromes es una película cargada de significados: los extractores de aire son serpientes budistas; la variación de los colores entre la primera y la segunda parte tienen una explicación psicológica o social, porque muestran dos momentos diferentes en la vida de los protagonistas, etecétera.

La historia, que en la primera parte parece tener algún tipo de sentido comprensible, acaba derivando hacia situaciones difíciles de entender. Se supone que pasan cuarenta años en la película, pero eso no es fácilmente perceptible para el espectador, al menos para el espectador occidental, menos habituado al envejecimiento de muchos rostros asiáticos y a las modas tailandesas de vestuario o peinado de hace décadas. Naturalmente hay algunas claves aquí y allá, y en una segunda visión es seguro que se entenderán muchas cosas que pasan inadvertidas.  Es una de esas películas que se entiende mejor leyendo una  entrevista al director que viéndola. Evidentemente toda experiencia artística puede ser enriquecida con el análisis, la comparación o el estudio, y a menudo nos sucede que salimos del cine pensando que no nos ha gustado la película, hasta que alguien nos explica algo que no percibimos o no entendimos, y entonces, de repente, cambiamos de opinión y pasamos a admirar la película. Pero no creo que ese sea el caso de Syndromes.

Lamentablemente, la intención de Apichatpong en Syndromes  es llenarla de significados y darnos las menos pistas posibles para entenderlos.

Parece que es un relato autobiográfico y que una parte son los recuerdos de la madre y otros los del padre, pero la información necesaria para entender todo esto se proporciona con cuentagotas. Sospechamos algo al ver una misma escena contada dos veces, y es interesante darse cuenta de que una misma conversación (el primer encuentro entre la madre y el padre de Apichatpong), no transcurre en el mismo lugar, y que no todo el diálogo coincide.

¿Quiere esto decir que el director ha querido mostrar lo poco fiables que son nuestros recuerdos, que la madre recordaba ciertas cosas y el padre otras? Podemos imaginar que los padres de Apichatpong le contaron el mismo recuerdo con ciertos detalles diferentes. Es cierto que modificamos a lo largo del tiempo nuestros recuerdos, como se muestra en aquel "I remember It Well", la famosa escena de Gigi en la que Maurice Chevalier y Hermione Gingold recuerdan el día en que se conocieron y no se ponen de acuerdo en nada: ni en el vestido que llevaba ella, ni en quién habló primero, ni siquiera en dónde sucedió todo. ¿Pretende Apichatpong decirnos lo mismo, pero en vez de a través de un diálogo mostrándonos las dos versiones de una misma historia?.

Si es así, resulta ingenioso, pero ¿no habría resultado mejor si se entendiese durante la película? ¿Para qué esconder un hallazgo como ese? ¿Es preferible reservar eso para los expertos, para los críticos destripadores, en vez de ofrecérselo a todo el público?

El público percibe, por supuesto, que hay escenas que se repiten, aunque no se repiten exactamente de la misma manera, pero eso sólo le provoca extrañeza: si no ha leído el libro de instrucciones o alguien le ha avisado de antemano, imaginará cualquier cosa.

Para quienes no conocíamos los datos necesarios para entender Syndromes, las conclusiones tal vez sean muy diferentes. La sensación que yo obtuve a medida que avanzaba la película es que no se trataba de un simple hospital, sino más bien de un hospital psiquiátrico, y que los doctores y enfermeros en realidad estaban locos. Algo así como una variante del cuento de Poe El sistema del Profesor Tarr y del doctor Fetter, en el que los locos ocupan el lugar de sus médicos. Pero no parece que tenga nada que ver con ello, lo que nos hace dudar de si los médicos tailandeses no se comportan, aunque estén cuerdos, de un modo un poco extraño.

En el llamado cine de autor, o cine de festival, existe la tendencia a ocultar una información básica, lo que impide que el espectador corriente perciba algo que sólo podrá entender quien posee esa información. Dudo que eso mejore la obra y creo que más bien es una maniobra vanidosa y un poco pedante.

Tropical Malady era fascinante, aunque tampoco se entendiera mucho, porque no hay por qué entenderlo todo, pero Syndromes, en mi opinión, carece de esa fascinación y lo críptico del argumento queda agravado por la lentitud de la realización. Tal vez sea un poco injusto, pero es inevitable recordar lo que decía Billy Wilder: "Hay quienes creen que ser lentos y oscuros es ser profundos".

 

 

Comentarios a los comentarios

Perth sobre Como veo mi muerte legible

Perth me sugiere lo siguiente:

"Entero y legible.
Hola Daniel, para todos aquellos que no comulgan con "El Ciervo" o no quieran mandar sus eurillos a Dios (un saludo a Marcóticos), pero aspiran igualmente a un trozo de cielo, te sugiero que escanees (¡arghh!) TU artículo y lo ofrezcas entero y legible a tus fieles. Saludos in/condicional. Perth."

Se refiere a los dos artículos publicados por Iván y por mí en la revista El ciervo, que puse en una entrada anterior y que, al parecer no hay quien lea. Aquí están con buena y legible letra :

EL PADRE (Iván Tubau)

Cómo veo mi muerte

En septiembre me jubilan como funcionario. Soy realista: tengo más cerca la muerte que la escuela primaria. Pero fue ahí, a los 11 años, cuando me asaltó con intensidad terrible la idea. O el miedo. Es usual. Piensas en eso cuando entras en la adolescencia, cuando descubres que morir no es solo cosa ajena: tú también  morirás.

 Al entrar en la vejez (es mi caso) toca volver a planteárselo. Aunque tus alifafes no sean los de un enfermo terminal, sabes, lo diré como Esther Tusquets, que el trozo de bocata que te queda ya ha menguado mucho. Como la piel de zapa balzaquiana, añado. Mis ardides de adolescente para huir de la angustia metafísica son la idea núcleo de las memorias que publiqué en 2002. Por eso se titularon Matar a Victor Hugo. No puedo sintetizar aquello en la extensión que indican vuestras suaves consignas de cristianos. Me atendré al estricto aquí y ahora y al yo que planteáis: cómo veo mi muerte.

Dejar de creer en Dios y por tanto en una eternidad del yo paradisíaca o infernal me fue útil. Había descubierto que la vida eterna (el simple intento de imaginar la eternidad) me angustiaba mucho más que la idea de morir. De ahí, supongo, que simpatizase pronto con las filosofías búdicas o taoístas, que desde el ateísmo consideran deseable la desaparición total del yo y no su eternidad con o sin reencarnación. Al revés que los tres monoteísmos del Libro. Que por cierto, ahora mismo, dejadme decirlo, siguen siendo causa o coartada de miles de  muertes violentas, como a lo largo de toda su funesta historia.

Veo ahora sin miedo ni deseo mi muerte. Aunque me gustaría alcanzar los 96 años de mi abuela Bellmunta. O incluso los 101 de Francisco Ayala, tan pimpantes en apariencia. Dejo pues el qué y me concentro en el cómo, en el modo de morir. Epicuro le decía a Meneceo: “No te angustie la muerte: cuando tú estás, ella no está; cuando ella esté, tú ya no estarás.” Lástima que sea mentira. Sobre todo en su caso, si como apuntan las hipótesis murió de cáncer: el cáncer, que es la vida eterna de la célula, significa la muerte ensartada cada día en la vida que te queda. No quisiera pues morir de cáncer de estómago, como mi abuelo Martí; ni como un vegetal inmóvil sufriente, como mi madre, ocho meses después de una hemorragia cerebral; ni con demencia senil como mi abuela María o su prima hermana, María también; ni con alzheimer como mi hermana, Mariona.

No soy original. Quisiera morir como los más, si les preguntan, dicen que quieren morir. Muerte súbita lo llaman los cardiólogos. A una edad provecta. Sin sufrir. Sin aviso: ahora estás, ahora ya no. La víspera de un día sin periódicos, como Lorenzo Gomis (aunque en mi caso sin ir directo al cielo). O como mi amigo Velasco, que con 60 años se durmió plácidamente y cuando por la mañana su mujer fue a despertarle ya tocó un cadáver. O mejor aún como el insigne músico Ataúlfo Argenta, que en un acto sexual al parecer mercenario simultaneó lo que los franceses llaman la petite mort con la otra. Muertes egoístas, porque menuda faena para quienes quedan. Pero si esas personas son materialistas, como yo mismo, pueden consolarse: el muerto al hoyo y el vivo al bollo.

EL HIJO (Daniel Tubau)

Cómo veo mi muerte

En la adolescencia decidí que iba a vivir 139 años. No se trataba de una cifra casual: quería conocer tres siglos, el XX, el XXI y el XXII. Si voy  a vivir 139 años, todavía me queda mucho tiempo antes de que la muerte empiece a preocuparme.

Descartes también quería vivir mucho tiempo, aunque se conformaba con cien años. Pero la reina Cristina de Suecia le convenció para que le diera clases de filosofía, y Descartes murió de frío en aquel lejano reino a los cincuenta años. Sin embargo, antes del viaje a Suecia, Descartes le confesó a un amigo que ya había encontrado el remedio contra el temor a la muerte: “Ahora me da igual morirme”.

Lo mismo me sucede a mí: ya no me preocupa la muerte. Sigo deseando  alcanzar los 139 años, e incluso la vida eterna, pero ya no me inquieta morir en cualquier momento. Lo que me preocupa no es la muerte, sino disfrutar de la vida: no discutir, no deprimirme por nimiedades, amar y respetar a los demás, descubrir cosas nuevas, recibir también un poco de amor y, en definitiva, ser feliz, cosa que consigo muy fácilmente. Algo me hace sospechar que vivir así me hará más fácil morir.

Por otra parte, deseo morir lentamente, porque soy una persona muy curiosa y me gustaría experimentar también esa situación, y no que me sobrevenga sin enterarme. 

 

Kathia sobre Apichatpong censurado

Comenta Kathia:

"Según la revista francesa "Les Cahiers du Cinéma", la película de Apichatpong ha sido censurada en Thaïlandia. Aquí os dejo un enlace directo:
http://www.cahiersducinema.com/"
Kathia

La película censurada es Syndromes and a Century, de la que hablé hace poco. Ante las exigencias de la censura, Apichatpong ha decidido no aceptar y retirar la película de las salas. He intentado averiguar qué escenas eran las que la censura quería cortar, pero no lo he encontrado. La verdad es que me cuesta imaginar qué escenas pueden provocar un problema cn la censura, tal vez tenga que ver con ofensas a la religión budista o algo político. Intentaré encontrar más información.

He firmado la carta de apoyo a Apichatpong, que tú también, si quieres, puedes firmar en:


  http://www.PetitionOnline.com/nocut/

Y aquí está el texto de Apichatpong en el que habla del asunto:

Syndromes and a Century



Pour la libération du cinéma thaïlandais Je suis attristé par ce qui est arrivé à mon film. Toutefois, le problème n’est pas d’obtenir la sortie de SYNDROMES AND A CENTURY dans les salles thaïlandaises. Je n’ai pas l’intention d’utiliser cette occasion pour promouvoir mon travail. Mais le moment est venu de réfléchir sérieusement au fonctionnement de notre loi sur la censure, afin que les prochaines générations de cinéastes ne soient pas confrontées aux mêmes problèmes que nous, et que le public thaïlandais obtienne une véritable liberté de choix.
Il est temps que nous débattions pour savoir si les films, avant d’être distribués, devraient être vu par le Conseil bouddhiste, l’Ordre des médecins, les syndicats enseignants, les syndicats ouvriers, l’armée, les défenseurs des animaux, le groupent des chauffeurs de taxi, les représentants de pays étrangers, etc. Ou s’il ne serait pas plus simple d’instaurer directement un état fascite dans notre pays, afin qu’on puisse ensuite vivre tranquillement sans perdre de temps à parler de démocratie.
Le système du Bureau de la censure thaïlandais a besoin d’être examiné. Sa composition et son efficacité doivent être mis en question, et nous devrions décider ensuite si les lois doivent êtrre modifiées.
Je voudrais vous demander de réfléchir aux pratiques dans notre pays, et de nous donner votre avis sur
http://www.petitiononline.com/nocut/petition.htmlEnsuite, cette pétition sera transmise au gouvernement thaïlandais. Votre soutien compte dans notre combat pour l’un de nos droits les plus élémentaires : la liberté.
Avec gratitude pour votre attention, et mes meilleurs sentiments.
Apichatpong Weerasethakul
(Traduction : JM Frodon)

"I am saddened by what has happened to my film. However, this is not the venue to try to make SYNDROMES AND A CENTURY shown in Thai theaters. It is not my intention to use this opportunity to promote my work. But, it is time to seriously think about what is going on with our censorship laws, so that the next generation of filmmakers will not face the same problems as us, and so that the Thai audiences can truly achieve a freedom of choice.
It is time we discuss whether all films, before being released, should be seen by the Buddhist council, doctors council, teachers council, labor council, the army, pet lovers group, taxi union, representatives from other foreign countries etc ? Or, is it easier to turn our nation into a Fascist state so that we can live in harmony and don’t have to waste time talking about democracy ?
The system of the Thai Board of Censors needs to be evaluated. Their members’ relevancy and efficiency needs to be questioned, and we should decide whether the laws should be changed.
I would like to ask you to reflect on the censorship practices in our country and to provide us with advice at http://www.petitiononline.com/nocut/petition.html
Later on, this Petition will be submitted to the Thai government. Your support will be a great contribution to our fight for one of our most basic rights - that of freedom.
I am grateful for your time and your participation. Thank you very much.

Apichatpong Weerasethakul

 

 

Ogro sobre Borges, Cortazar, el kitsch y los relojes

Ogro envió hace unas semanas un comentario a mi página Ubicuo (el weblog anterior a este) que no quisiera que se perdiera, porque era muy interesante. Lo transcribo aquí y añado un enlace a la entrada de Ubicuo a la que se refiere, y también el anuncio al que hace referencia, que he podido encontrar gracias a Youtube

Salud.
Aunque mi comentario pueda considerarse anacrónico -pues hace referencia a ese texto sobre lo borgiano, antiguo ya-, no quería desperdiciar la oportunidad de citar un ensayo que viene al pelo y me parece altamente ilustrativo, en estos tiempos en los que uno no sabe si abrazar el bushido o continuar aferrado al judeocristianismo que nos guía, Vírgenes y Joselito incluidos. Se trata del conocido "Apocalípticos e integrados" de Umberto Eco. En el contexto de un análisis de la "Cultura de Masas", dice el semiota:
"No solamente surge la vanguardia como reacción a la difusión del Kitsch, sino que el Kitsch se renueva y prospera aprovechando continuamente los descubrimientos de la vanguardia" (...)
Se me ocurre que el adjetivo "kitsch" podría cuadrar con el poema "Instantes". Se acusa a su autor precisamente de eso, según cuentas, pues "Instantes" es demasiado "bonito" (demasiado manido quizás) para ser de Borges, para ser "vanguardista".
"En este sentido, la situación antropológica de la cultura de masas se configura como una continua dialéctica entre propuestas innovadoras y adaptaciones homologadoras, las primeras continuamente traicionadas por las segundas: con la mayoría del público que disfruta de las segundas, creyendo estar disfrutando de las primeras" -concluye Eco- (pág 107).
En estos días se puede ver en televisión un anuncio publicitario que, para vender una marca de coches, habla sobre un reloj que posee a quien lo lleva. Quizás no desvele nada nuevo si digo que la voz del anuncio pertenece a Julio Cortázar y que el texto está extraido del "Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj", de su libro "Historias de cronopios y de famas".
Sin embargo, creo que es éste el contexto propicio para resaltar esa relación bidireccional (esa dialéctica) entre vanguardia y kitsch, mediante la cual las propuestas innovadoras se reinsertan en contextos diversos (como el publicitario) y nadie osa adjudicar a un escritor de vanguardia (como Borges) un poema tan poco poético, tan poco vanguardista.
Desde mi obtuso entender, se produce un batiburrillo de ideas y propiedades intelectuales en el que intervienen los librepensadores, que tratan de mantenerse siempre por delante, siempre vanguardistas (aunque resulte imposible y haya que renunciar a la autoría de los malos textos) y los publicistas que -como Spielberg o los buitres- tratan de beneficiarse económicamente publicando aquello que parece funcionar.
No sé qué pensaréis, pero ahí queda. Va por ustedes.

 

El anuncio (la voz es la del propio Cortazar)

 

 

Vínculo a las entradas acerca del poema Instantes, de Borges

Borges e INstantes El poema Instantes de Borges y varios enigmas (Ubicuo)

1 ¿Quién escribió Instantes? (Jardín eléctrico)

La mirada crítica e Instantes de BorgesLa mirada crítica y el poema Instantes (Anacrónico)

 

 

Viaje al Oeste

Viaje al Oeste es una novela china muy célebre (en China) y larguísima. Más de 2000 páginas en la edición de letra un poco pequeña de Siruela.

Aunque a veces me he oído decir que no me gustan las novelas largas, si me observo con atención enseguida me doy cuenta de que esa es una de mis mentiras más llamativas acerca de mí mismo.

Mis libros de cabecera han sido durante años las...

Memorias de Casanova, que ocupan entre 3000 y 5000 páginas (ahora lo estoy leyendo en su idioma original, francés)

...las Mil y Una Noches, que seguramente sobrepasan las 2000

...los Ensayos de Montaigne, que son una especie de novela mitad ensayística mitad autobiográfica que debe tener al menos 1500 páginas

...los Diálogos de Platón, que sin duda pasan de las 1000, y más si les añadimos las interminables e interesantísimas notas

...el Genji Monogatari, de Murasaki Sikibu, unas 2000 páginas

...En busca del tiempo perdido, de Proust, digamos que 3000 páginas como poco

...La Rama Dorada de Frazer (unas 850)

...La Diosa Blanca, de Robert Graves (¿700?)

...las Historias de Herodoto, entre 1000 y 1500

...la Biblia (1500)

...el Heike Monogatari (850)

...la Historia de la decadencia y ruina del Imperio Romano, de Edward Gibbon (¿3000?)

...El hombre sin atributos (¿2000?), de Robert Musil

...Las variedades de la experiencia religiosa, de William James (700)

...La estructura de la teoría de la evolución, de Stephen Jay Gould (1400)

...la Historia General de la Piratería, de Ángeles Masiá de Ros (700)

...Enterrad mi corazón en Wounded Knee, de Dee Brown (600)

...La educación sentimental, de Flaubert (¿600?)

...y otras que ahora no recuerdo, entre ellas largas historias o enciclopedias filosóficas, históricas y mitológicas.

El Viaje al Oeste es una más de estas lecturas que parecen interminables, y que a veces se prolongan durante años (como las Memorias de Casanova, con las que llevo más de diez años en sus dos versiones), proporcionando un placer continuo, tal vez semejante al de ver cómo crecen tus hijos o cómo tus amigos se hacen viejos. El libro probablemente no cambia a lo largo de esos añós, excepto porque el papel empieza a amarillear, pero el lector, es decir tú o yo, sí va cambiando. De esto se puede hablar mucho, pero lo dejo para otra ocasión.

Viaje al Oeste, conocido popularmente como "Las aventuras del rey mono", es un libro de aventuras y no hace falta que te diga quién es su protagonista.

Wu Kung el rey mono

Es un mono, en efecto, pero también aparecen un cerdo y un caballo, y un monje budista, y muchos demonios, y el taoísta Lao Dan, autor de Dao De Qing [Tao Te King o Lao Zi], y Buda y un montón de dioses.

No sé si te has dado cuenta de que en mi página hay una pequeña mascota que se llama Wu kung. La pongo aquí para que la veas, pero suele estar más abajo, junto a los comentarios.

 

adopt your own virtual pet!

Wu Kung es uno de los nombres del rey mono.

 

 

Cosmogonía china

La novela Viaje al Oeste, que aparentemente sólo cuenta las aventuras de un monje budista y sus amigos (un mono, un caballo, un cerdo), parece esconder también algunos significados esotéricos (es decir secretos u ocultos), relacionados con el budismo, y un no disimulado ataque a sus rivales taoístas.

Es posible, o al menos a mí me lo parece, que exista una tercera lectura que contradice esa interpretación religiosa.  Pasa como con las Rubayyat del poeta persa Omar Jayyam: para unos son una muestra de ateísmo, para otros de lo contrario, de fervorosa relifiosidad.  Yo prefiero la primera interpretación en ambos casos, porque las explicaciones esotéricas religiosas me parecen casi siempre vulgares y triviales, excepto en el caso de Francisco de Asís, porque su amor a Dios es todo menos una metáfora.

Es curioso que los chinos, que tanto han escrito y pensado sobre tantas cosas, le dedicaran tan poca atención a la mitología, en la que ni de lejos pueden competir con los 5000 dioses y héroes  de los griegos o los cinco millones (por decir un número) de los indios. Y hay que tener en cuenta, además que muchos de sus dioses son una importación de la India, como las diferentes formas de Buddah, los bodisattvas, y casi todos los cielos y paraísos que aparecen en las aventuras del rey mono. En el comienzo de Viaje al Oeste se cuenta el origen del universo según la cosmogonía china.

La escritura dice: «En el principio sólo existía el Caos. El Cielo y la Tierra formaban una masa confusa, en la que el todo y la nada se entremezclaban como la suciedad en el agua. Por doquier reinaba una espesa niebla que jamás logró ver ojo humano y a la que Pan-Ku consiguió dispersar con su portentosa fuerza. Lo puro quedó entonces separado de lo impuro y apareció la suprema bondad, que esparce sus bendiciones sobre toda criatura. Su mundo es el de la luz. Quien a él se acerca descubre el camino que conduce al reino del bien. Mas el que quiera penetrar en el secreto del principio de cuanto existe debe leer La crónica de los orígenes.»

Es una cosmogonía que recuerda a la griega de Hesíodo:

En primer lugar existió el Caos, después Gaia la de amplio pecho, sede siempre segura de todos losInmortales que habitan la nevada cumbre del Olimpo. [En el fondo de la tierra de anchos  caminos  existió  el  tenebroso Tártaro.] Por último, Eros, el más hermoso entre los dioses inmortales, que afloja los miembros y cautiva de todos los dioses y todos los hombres el corazón y la sensata voluntad en sus pechos.
  Del Caos surgieron Erebo y la negra Noche. De la Noche a su vez nacieron el Éter y el Día, a los que alumbró preñada en contacto amoroso con Erebo.
  Gea alumbró primero al estrellado Urano con sus mismas proporciones, para que la contuviera por todas partes y poder ser así sede siempre segura para los felices dioses. También dio a luz a las grandes Montañas, deliciosa morada de diosas, las Ninfas que habitan en los boscosos montes. Ella igualmente parió al estéril piélago de agitadas olas, el Ponto, sin mediar el grato comercio."

"Sin mediar el grato comercio" quiere decir que Gaia tuvo a muchos de sus hijos sin intervención masculina, es decir, por partenogénesis.

Pero la cosmogonía china de Pan Ku se parece mucho más a la del orfismo, atribuída al músico Orfeo, porque, aunque no se mencione en el fragmento que he citado de Viaje al Oeste, en el origen también había un huevo cósmico.

Mito cosmogónico órfico:
"Al principio existía el Caos, y la Noche, y el negroErebo y el inmenso Tártaro. Pero no existía la tierra, ni el aire, ni el cielo: y en el infinito seno del Erebo la Noche de negras alas engendró, en primer lugar, un huevo llevado por el viento, del que, según el ciclo de las estaciones, surgió elatractivo Eros, con dos alas de oro en su brillante espalda, como dos vertiginosos torbellinos. Este, uniéndose de noche al Caos alado en el inmenso Tártaro, hizo surgir nuestra estirpe y fue el primero que la dio a luz.

Pan Ku


Una imagen un poco chapucera de Panku, con su huevo, que aquí se fusiona con la idea del ying y el yang, no sé si muy correctamente

 

Museo de los Mundos Paralelos

Una nueva obra del Museo de los Mundos Paralelos, que queda inaugurado definitivamente.

Puedes verla a continuación o visitarla en la página del Museo:


Museo de los Mundos Paralelos         Museo de los Mundos Paralelos



Henry Moseley y el realismo extremo

Henry Moseley: Espectro de alta frecuencia

Espectro de alta frecuencia
Henry Moseley
(1913, fotocopia sobre papel reciclado)

.

 

Moseley y Braque, dos maestros pioneros

 

"Aunque Moseley no presenta una obra completamente original, sino que se apoya en precedentes ilustres, como las tablas que creara Mendeleev en 1868 y 1871, se puede afirmar que Espectro de Alta Frecuencia es no sólo su obra maestra, sino también una de las más importantes del siglo XX y, por supuesto, la más alta cima del realismo extremo."

Martín Bartolomé, "Del realismo ingénuo al realismo extremo" (en Arte del siglo XX)

 

La coincidencia temporal entre Moseley y otros grandes artistas de principios del siglo XX no es casual, porque lo que hace Moseley con su Espectro de Alta Frecuencia es dar un gran paso adelante en relación con Mendeleev, un paso tan significativo como el que diera su colega Braque respecto a Cezanne, cuando comenzó copiando sus paisajes de L’Estaque y acabó desembocando en el cubismo, tras dejar también en el camino el fauvismo al que se había adherido en 1908.

Braque, Picasso y Moseley ocupan un lugar único en la historia del arte porque llevaron a su fin lógico el germen contenido en las obras de sus respectivos maestros, Cezanne y Mendeleev.

 

 

Tendencias realistas de las vanguardias del siglo XX

"Tanto el cubismo como el realismo extremo son tendencias realistas, aunque el cubismo se limita a ser puramente descriptivo."

Martín Bartolomé, "Del realismo vulgar al realismo extremo" (en Arte del siglo XX)

Como nos recuerda Martín Bartolomé, Matisse fue el primero que definió el cubismo de Picasso y Braque como "un realismo descriptivo".

Un cuadro cubista -nos dice Matisse- no muestra la imagen parcial de una cosa en un instante determinado, por ejemplo un rostro de perfil, sino que describe varios aspectos del objeto al mismo tiempo: vemos los dos ojos en un rostro de perfil porque sabemos que un rostro tiene dos ojos.

Picasso: Dora con gato

Picasso, Retrato de Dora Marr (1941), un ejemplo de lo que Matisse llamaba "realismo descriptivo"

 

Muchos han intentado encontrar el origen del cubismo en el arte infantil, y es cierto que existe esa relación, aunque casi siempre ha sido mal entendida.

No se trata de que los cuadros cubistas se parezcan a los dibujos infantiles, porque, si somos sinceros, hay que admitir que pocos niños podrían dibujar un cuadro cubista (y tal vez pocos cubistas podrían dibujar como un niño). La semejanza entre unos y otros se halla en la intención, no en la apariencia: tanto los cubistas como los niños no reflejan la realidad, sino que la describen o, si queremos ser más precisos, la explican.

Los niños, en efecto, no dibujan cosas, sino conceptos e ideas, pintan todas las piernas y brazos de una persona, y todos sus ojos, ya estén de frente o de perfil, todas las patas de una silla y de una mesa porque, aunque no las vean, saben que existen. Pese a que la perspectiva elegida oculte una de las patas, ellos la dibujarán porque saben que está ahí.

Museo de los mundos paralelos

El test de la familia dibujado por una niña

Los terapeutas explican que en este dibujo se expresa una relación de celos. La autora, de ocho años, es la mayor de dos hermanas. Aparentemente, se ha eliminado a sí misma del dibujo; sin embargo, al ser preguntada, explica que ella es la niña que aparece junto a los padres: la eliminada ha sido su hermana.

 

El célebre test de la familia puede revelar algo acerca de la conciencia del niño precisamente porque el niño dibuja lo que piensa: tal vez su padre cena con ellos todos los días, pero, si su relación es distante, para el niño será como si ese padre no existiera, así que lo elimina de su dibujo.

Piaget demostró sobradamente, en sus estudios de pedagogía infantil, que los niños no dibujan lo que ven, como suele creerse, sino lo que piensan.

Esa es la verdadera semejanza entre el arte de los niños y el de muchos movimientos vanguardistas como el cubismo. Características que también se encuentran en el arte de los pueblos primitivos, los locos o los artistas medievales: todos ellos pintaban ideas. Por eso vemos más grande a un príncipe que a un plebeyo, aunque esté más lejos, puesto que el príncipe es más importante en la jerarquizada Edad Media.

 Todos los artistas descriptivos, locos, niños, primitivos y vanguardistas  pintan lo que saben que existe (o lo que creen que existe), no lo que se ve en un momento determinado y desde una perspectiva limitada. Para eso ya existe la fotografía.

 

 

Más alla del realismo descriptivo

Cuando la pintura y la escultura estaban a punto de alcanzar el sueño del arte griego y renacentista, duplicar la realidad, la fotografía convirtió en inútil su esfuerzo.

El artista renacentista, célebre por su desmesura y ambición, se conformaba, sin embargo, con un propósito modesto: sólo quería reflejar la realidad visible desde un único punto de vista, el de la posición y la perspectiva elegida en cada caso concreto. Es un realismo que desde su origen está castrado, limitado, no muy distinto del de alguien que afirmara que la realidad es como se ve a través de unas gafas de cristales azules o amarillos.

Sin embargo, la definición de Matisse del arte cubista como "realismo descriptivo" es ambigua, y a veces resulta difícil entender su verdadero sentido, porque parecería que también puede aplicarse al arte del Renacimiento, o incluso al hiperrealismo del siglo XX, que recuperó para el gran arte el sueño representativo de un único punto de vista y un único instante en el que las cosas parecen haberse quedado inmóviles para que el pintor las pinte: personas, animales, objetos mecánicos e incluso el mismo cielo.

Madrid desde Torres Blancas

Antonio López, Madrid desde Torres Blancas

Un ejemplo de realismo ingénuo, descriptivo o de un único punto de vista. En este caso el punto de vista es el que se obtiene en el emblemático edificio de Sáenz de Oiza "Torres Blancas", en la Avenida de América de Madrid, desde donde Antonio López miraba la ciudad. Al contrario que un fotógrafo, que puede captar el instante, el pintor hiperrealista se ve obligado a inventar un único cielo a partir de la observación de centenares de cielos cambiantes a lo largo de decenas de días de trabajo.

 

A comienzos del siglo XX, el paradigma del realismo ingénuo se resquebrajó. Braque fue más allá del reflejo servil de lo percibido y convirtió en realidad  pictórica lo que ya vislumbrara Cezanne: “Todo es un cilindro o un cubo”. Moseley, por su parte, desarrolló en 1913 la intuición de Mendeleev de que era posible representar los elementos de la naturaleza de una manera periódica.

Braque, Picasso y Moseley ofrecieron una imagen de la realidad más exacta que la que proporciona la fotografía, que en definitiva comparte las limitaciones de perspectiva del arte renacentista.

Ahora bien, el cubismo se limita a representar las formas básicas que se hallan bajo lo aparente, sin alcanzar nunca la esencia. Mendeleev y Moseley van más allá y buscan y encuentran el origen de toda esa diversidad que contemplamos, el númeno kantiano, la cosa en sí. Los cubistas tan sólo nos muestran algunas facetas de lo que es una percepción continua e infinita, mientras que Moseley nos permite ver lo que hace posible todas las perspectivas.

Moseley va más allá de la dicotomía entre el realismo ingénuo del instante (renacentista o hiperrealista) y el realismo descriptivo explicativo del cubismo: no representa la apariencia inmediata o un único punto de vista, pero tampoco se limita a sumar perspectivas, instantes o apariencias.

El realismo extremo es el más ambicioso de los realismos: intenta mostrar la esencia que se oculta tras la apariencia. No muestra las facetas de un diamante, ni siquiera un diamante concreto, sino "el diamante", su arquetipo.

Moseley  no pretende hacer un retrato de la realidad, mirarla a través de una ventana o ponerla ante un espejo, ni siquiera girar en torno a ella para mostrar al mismo tiempo diferentes puntos de vista, o penetrarla como en la holografía de rayos x, sino descubrir y mostrar su esencia, el substrato que explica la existencia misma del espejo y de aquello que se pone delante del espejo. ¿Qué mayor realismo que el que desvela los elementos de la naturaleza, el númeno esencial que se halla bajo las apariencias o fenómenos? ¿Qué artista podría superar a aquel que consigue lo que Aristóteles definió como la máxima tarea del arte, imitar la naturaleza?. No una  perspectiva, no un punto de vista, no una imagen parcial, sino la naturaleza misma.

Cezanne Le viaduc a L'estaque

ARRIBA: Paul Cezanne: Le Viaduc à l’Estaque 

ABAJO: Georges Braque: Le viaduc de l'Estaque


Braque L'estaque

Hay que admitir que el maestro Cezanne vislumbró con más claridad que sus discípulos cubistas el camino que sólo sabrían recorrer Mendeleev, Moseley y sus sucesores, pues ¿acaso no dijo que todo eran cubos o cilindros? No andaba muy desencaminado, aunque su concepción se asemeja más a la de los átomos ganchudos de Demócrito que a la física moderna. En definitiva, tanto para Cezanne como para Demócrito, Mendeleev o Moseley todo se reduce a elementos químicos, todo son átomos o electrones, o fotones, o quarks... Todo son cubos o cilindros.

 

 

Maestros y discípulos

Nacido en Rusia en 1834, Dmitri Mendeleev ofreció en 1866 una particularísima representación de los 63 elementos conocidos, que tituló "La tabla periódica". Para ello tomo como motivo central la masa atómica, anticipándose y superando a Beguyer de Chancourtois y Newlands. Un año después Lothar Meyer presentó una obra semejante, pero en la que ya no pudo mostrarse como pionero.

 

Dmitri Mendeleev

Mendeleev, el maestro superado

Boceto de la tabla de Mendeleev

    Un primer boceto de Mendeleev en el que ya se adivinan los trazos más significativos de su obra maestra.

Tanto Moseley como Braque y Picasso contaron con nuevas técnicas y herramientas para llevar a cabo la hazaña de superar a sus maestros, por ejemplo, los rayos X. Moseley, como es sabido, demostró que, tal como había intuido Barkla, la longitud de onda de los rayos X característica de cada elemento disminuye al aumentar el peso atómico.

Moseley estudió de manera sistemática el espectro de líneas producidas por los rayos X sobre 38 elementos. Para explicar ciertas irregularidades, asignó un número a cada elemento, especificando su posición en la tabla periódica. Eso le permitió establecer una relación entre la frecuencia de rayos X y el número atómico, que es conocida como "Ley de Moseley". De este modo se corrigieron ciertas inconsistencias de las tablas de Mendeleev que empañaban su belleza. Moseley fue también el primero que ordenó los elementos en función de su número atómico, en vez de su peso atómico. Inició una tendencia que todavía hoy imitamos y admiramos.

De este modo, en 1913, Moseley pudo desarrollar la visión que había tenido Mendeleev, que era posible ordenar los elementos de la naturaleza de una manera periódica, pero sustituyó el peso por el número atómico, lo que hizo que los elementos encontraran su orden definitivo.

Consiguió de manera sencilla no sólo mostrar lo que en aquel momento se podía conocer, sino también lo que se conocería en el futuro, señalando los huecos que otros artistas llenarían, utilizando técnicas novedosas. Todos los que le conocieron admiraban su capacidad innovadora y su temperamento artístico, que dio origen a grandes avances.

 

MoseleyEdward Moseley

Henry Moseley (1887-1915)

Lamentablemente, la obra precoz de Moseley no tuvo continuación, pues murió en combate en los Dardanelos, en el trascurso de la Primera Guerra Mundial. Ello hizo que el Gobierno británico decidiese desde ese momento que los artistas y los científicos no participasen en las tareas bélicas.

 

Hay que señalar, por otra parte, que la obra de Moseley no pierde nada al ser reproducida, cosa que sí les sucede a las creaciones cubistas, que es necesario ver in situ para apreciar como se merecen.

El Espectro de alta frecuencia de Moseley no pierde ni un ápice de su belleza y su verdad, ya sea percibido en un museo, en una placa de oro, en una fotocopia como la que alberga el Museo de los Mundos Paralelos, o en la pantalla de un ordenador. También en esto Moseley fue un pionero, anticipándose a la muerte de la obra de arte como objeto único, y proporcionando el más bello ejemplo de las intuiciones de Walter Benjamin en La obra de arte en la época de la reproducción mecánica al que, por cierto, también se anticipó.

"Incluso en la reproducción mejor acabada falta algo: el aquí y ahora de la obra de arte, su existencia irrepetible en el lugar en que se encuentra. En dicha existencia singular, y en ninguna otra cosa, se realizó la historia a la que ha estado sometida en el curso de su perduración. También cuentan las alteraciones que haya padecido en su estructura física a lo largo del tiempo, así como sus eventuales cambios de propietario. No podemos seguir el rastro de las primeras más que por medio de análisis físicos o químicos impracticables sobre una reproducción; el de los segundos es tema de una tradición cuya búsqueda ha de partir del lugar de origen de la obra."

Walter Benjamin, "Discursos interrumpidos" (La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica)

 

ESpectro de Moseley

 

Espectro de MOseley

Dos versiones del Espectro de alta frecuencia que conservan toda la belleza y sentido del original, en contra de la opinión de Benjamin

Mendeleev y Moseley no descubrieron nuevas combinaciones cromáticas o nuevos colores, pero sí que estos nuevos elementos debían existir en la naturaleza; no intentaron reproducir aquello que eran incapaces de mostrar, pero señalaron el camino a otros artistas que lo lograrían. Años después, en efecto, se encontraron los elementos anunciados. ¿Pueden los cubistas presumir de algo semejante?

Venus holográfica

Venus holográfica, de autor desconocido

La holografía también nos ofrece, como el cubismo, al mismo tiempo la vista de perfil, la vista de frente, incluso el interior y el exterior si se combina con los rayos X, como en las obras de Van Roops y la escuela neoflamenca. Es otra variante del realismo descriptivo, pero la más completa, y la que explota hasta el final las limitadas posibilidades de este paradigma.

 

 

Verdad y belleza

La obra pionera de Moseley se anticipó a su tiempo, pero tuvo la misma mala fortuna que su autor: no sobrevivió a la Primera Guerra Mundial. Al reanudarse la vida pacífica, Europa quiso olvidarse del realismo, tanto del cubista como del extremo, y miró hacia otro lado, hacia un arte más ligado al espectáculo y el negocio o hacia tendencias de irracionalismo psicológico, como el surrealismo.

Los artistas realistas siguieron trabajando en dos campos separados, acatando aquella célebre dicotomía de las dos culturas. Pocos se dieron cuenta de que esa fractura estaba ya superada y que las categorías platónicas que distinguían Verdad y Belleza habían dejado de tener sentido, como bien proclamó Einstein: “Si una teoría científica no es bella, entonces es falsa”.

Pero pocos, como Paul Valery, entendieron el cambio de paradigma inevitable:

"Ni la materia, ni el espacio, ni el tiempo son, desde hace veinte años, lo que han venido siendo desde siempre. Es preciso contar con que novedades tan grandes transformen toda la técnica de las artes y operen por tanto sobre la inventiva, llegando quizás hasta a modificar de una manera maravillosa la noción misma del arte."

                                                  Pièces sur l’art (“La conquête de l’ubiquité”)

 

emc2

Einstein-Pryzynsky, Belleza (1937)

 

Y así, aunque durante décadas persistió la brecha entre belleza y verdad, a finales del siglo XX y comienzos del XXI algunos artistas crearon, en la estela de Moseley, obras que incluso superaron al original, cuando el realismo extremo regresó al primer plano.

El origen del mundo BRown

Jeremy Brown, El origen del mundo (1988)

A finales del siglo XX, muchos artistas reinterpretaron los clásicos, mostrando que si la realidad cambia, también debe hacerlo el arte. Jeremy Brown vio el clásico de Courbet en su primera exposición pública en París en 1977 y ofreció su reinterpretación coincidiendo con la muestra de la obra de Courbet en Nueva York en 1988.

El origen del mundo Courbet

El origen del mundo (1866) según la versión decimonónica de Gustave Courbet

 

 

Los amigos Brown

Los amigos (1989), otra obra de Jeremy Brown


 

Mosca

Mosca

Una de las más hermosas obras de realismo extremo, que muestra también la caducidad del concepto de autoría. La obra, minuciosa y detallista hasta el extremo, fue llevada a cabo por un grupo de artistas reunidos en el "Berkeley Drosophila Genome Project"

 

El desarrollo del estilo realista extremo, que condujo a la total identificación entre verdad y belleza dio origen a muchos tratamientos diferentes, pero complementarios, y todos ellos válidos del bello tema periódico de Mendelev/Moseley. En la exposición temporal Ciencia, Arte, Verdad y Belleza, que tendrá lugar en próximas fechas en el Museo de los Mundos Paralelos, se ofrecerán algunos ejemplos significativos de las más de 700 variaciones fundamentales intentadas por artistas y científicos de diversos mundos.

 


Puedes visitar el Museo de los Mundos Paralelos:

Museo de los Mundos Paralelos Museo de los Mundos Paralelos

Allí encontrarás, además de Los indiscernibles, otras tres obras del recorrido Realidad y representación:

1 Picasso y los indiscernibles


La novia en el fotógrafo Dagnan Bouveret y el realismo pictofotográfico


Que no debes confundir con:

La novia en el fotógrafo François Klein y el menardismo

 

 

Hace unas semanas puse aquí unos textos en los que mi padre y yo contábamos cómo vemos nuestra muerte.

Hace unos días llegó un comentario de Max en el que contaba la manera en la que veía él su propia muerte.

Hace unas horas pensé que sería una buena idea dedicar una página entera a este tema, en la que tú también puedes participar.

Hace unos minutos subi esa página, que se llama, precísamente, Cómo veo mi muerte y que dirige Cuervo, tal vez envidioso de la Discoteca Mortal de su amigo Craven.

En apenas un segundo puedes visitar esa página si haces click en este enlace:

Cómo veo mi muerte   Cómo veo mi muerte

Pero si no te sobra tiempo, al menos puedes descubrir aquí mismo cómo ve Max su muerte:

Max

Max

Cómo veo mi muerte

Decidí hace tiempo que iba a vivir 80 años. Y últimamente, habiéndome zampado ya más de la mitad del bocata, he decidido ampliar la cosa hasta los 100. (Estas decisiones son gratis).

Para mí, la muerte es el fin del mundo. Ya sé que no es el mundo el que se acaba, sino uno mismo el que se acaba para el mundo. El mundo sigue dando vueltas con una escalofriante indiferencia. Sigue amaneciendo, siguen cayendo chaparrones, la gente sigue enamorándose. Como buen egoísta, soy el centro de mi biografía y no tengo las habilidades necesarias para verme desde fuera y disfrutar de una visión más general y generosa. Total, el fin del mundo. Y, claro, la cosa se presenta de un modo un pelín trágico para un egoísta miope: seguirá habiendo días hermosos sin mí. ¿No es terrible? Visto cómo es la mecánica universal, la única esperanza radica en perder el deseo de contemplar días hermosos, o admitir que uno ya no tiene cuerpo para bailar.

Sobre el modo concreto de morir, a mí me gustaría actuar como director de escena de ese pasaje hacia la extinción. Me gustaría decidir cuándo, cómo y dónde. Yo creo que la muerte, como la enfermedad, nos enseña a convivir con ella, a aceptarla. Y estoy convencido de que, aunque ahora me parezca inconcebible, llegará el momento en que resultará, si no apetecible, sí llegará a ser el desenlace natural y oportuno del chou. En ese momento, me gustaría tomar alguna sustancia, rica, rica y con fundamento, que me facture al no ser con una sonrisa en los labios.

Este es el guión más importante que se puede escribir, ¿no?

    Max es el autor de La oficina imaginaria

 

 

 

La represión de la libertad de expresión ha conocido diversas etapas en la china comunista, todas ellas terribles. Una de ellas, en 1956, fue el Movimiento de las Cien Flores, durante el que Mao alentó la crítica bajo el lema "que se abran cien flores y compitan cien escuelas". Muchos intelectuales se pronunciaron abiertamente contra el Partido y el propio Mao. Una vez conocidos los opositores, Mao pudo eliminarlos sin piedad o enviar a más de 700.000 a centros de reeducación.

Recuerda Link que Cao Guanlong contaba, en una historia publicada en 1980, que  en los años de Mao y especialmente durante la Revolución Cultural, una persona podía ser perseguida o detenida por hablar con su vecino acerca de su gato. La palabra gato (mao) se dice casi igual que la del Líder Supremo (Mao), aunque variaba ligeramente en el tono. Si un policía confundía un tono con el otro, podía tomarse como un insulto y complicarte seriamente la vida. Seguramente se trata sólo de una parodia, pero no parece un reflejo ni mucho menos distorsionado de las paranoias de Mao Zedong.

Tras la muerte de Mao y la represión de la revolución de Tiananmen por su sucesor Deng Xiao Ping, la censura ha adoptado un disfraz menos sanguinario, pero todavía omnipresente.

Perry Link publicó en 2002 un interesante artículo acerca de la manera en la que el Partido Comunista Chino reprime a los disidentes e impide las voces discordantes con el régimen.

Link proponía allí una imagen que ha resultado muy celebrada, la de una anaconda enroscada en una lámpara.

anaconda

Link compara en su artículo el comunismo chino con el soviético y señala ciertas diferencias. Los soviéticos, por ejemplo, publicaban listas de palabras que estaba prohíbido emplear en los periódicos y se destinaba a una amplia burocracia para que supervisara tales órdenes.

Los dirigentes chinos prefirieron una censura menos precisa y, por ello, más difícil de esquivar. Nunca estaba ni está del todo claro qué es lo que se puede decir y lo que se debe evitar.

La vaguedad de las acusaciones contra los disidentes hace que estos nunca estén seguros del terreno que pisan. Link señala varias ventajas de la indeterminación.

Por un lado, una acusación vaga asusta a más gente. Si yo soy un estudiante chino que resido en el extranjero y veo que la estudiante Gao Zhan fue arrestada al regresar a China, pero no sé exactamente de que ha sido acusada, entonces el motivo puede ser virtualmente cualquier cosa. De este modo, uno comienza a autocensurarse. La vaguedad, dice Link, sirve para intimidar a un gran número de personas a la vez.

Por otra parte, la indeterminación hace que una misma ley o situación pueda ser interpretada de diferentes maneras por el Partido. La propia Constitución china da pie a interpretaciones diametralmente opuestas: se afirma en ella que los ciudadados tienen libertad de expresión, de reunión y de prensa, pero enseguida se dice que el control por parte del Partido Comunista es inviolable, así como que el llamado pensamiento marxista-leninista-maozedongista, la dictadura del proletariado y el sistema socialista son indiscutibles.

"¿Quién puede decir que significa exactamente "contaminación espiritual", "liberalismo burgués" o el resto de conceptos que el Partido utliza para definir el mal comportamiento social. ¿Es llevar el pelo largo una contaminación espiritual?, ¿Cómo de largo? ¿Por qué en los años ochenta algunas personas con el pelo largo fueron castigadas y otras no?"

Por eso, dice Link en su célebre artículo, la censura del gobierno chino no se parece a un tigre devorador de hombres o a un dragón que escupe fuego, sino a una anaconda agazapada en una lámpara:

"Normalmente la gran serpiente no se mueve. No tiene por qué. No tiene ninguna necesidad de establecer claramente sus prohibiciones. Su constante y silencioso mensaje es: "Tú mismo decides" (...) La noción estalinista de "ingeniería del alma" no puede compararse ni de lejos con la sutileza conseguida por los comunistas chinos en el terreno de la ingeniería psicológica (...) De este modo, vemos hasta qué punto la anaconda en la lampara puede proteger su poder."

Incluso los extranjeros que visitan China no tienen claro qué es lo que pueden contar... si es que quieren recibir un nuevo visado en el futuro. Por eso no es extraño, supongo, que historiadores como Gernet o Short mantengan una ambigüedad en ocasiones vergonzosa en sus libros, y que incluso lleguen a considerar un mal necesario el período maoísta, algo que más o menos coincide con la visión que quiere trasmitir el régimen actual: por una parte son herederos de uno de los peores enemigos de Mao (su sucesor Deng Xiao Ping) y han renegado de todas las ideas de Mao, excepto el poder del Partido Comunista, pero, por otro lado, saben que lo único que actualmente justifica su poder dictatorial es el culto póstumo a Mao.

Cualquier sinólogo extranjero sabe que no puede alejarse mucho de este dogma no escrito si quiere seguir gozando de la posibilidad de viajar a China y consultar sus archivos. El propio Link admite que se ve obligado a autocensurarse, porque no sabe si la anaconda ya le ha visto y está esperando su próximo movimiento.

Si quieres leer (en inglés) el artículo de Link:

The anaconda in the chandelier

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