o  


Ubicuo

 

 

Escrito en el agua

El cuaderno anterior se llamaba Escrito en el agua.

El título aludía al epitafio que John Keats pidió que inscribieran en su lápida: "Aquí yace uno cuyo nombre fue escrito en el agua".

'Here lies One Whose Name is writ in Water'

La tumba de John Keats en Roma

Los amigos de Keats Severn y Brown añadieron al epitafio un lamento por la manera en que sus contemporáneos habían menospreciado al poeta, pero después se arrepintieron de no haber respetado la voluntad de su amigo.

Junto a la tumba de Keats está la de
Severn y, entre ambas, la del hijo de Severn

No sé de dónde tomó la frase Keats. Probablemente era una idea clásica que Keats aplicó de una hermosa manera para mostrar lo transitorio de la vida de los seres humanos, porque ya en el Fedro de Platón dice Sócrates: "El que posea la ciencia de lo justo, de lo bello y de lo bueno no escribirá en el agua lo que tan solícitamente sabe y quiere".  Su saber no será un acto inútil, frágil y perecedero.

En varios de los últimos cuadernos he jugado con esta idea, como en Pasajero  o en Mundo flotante, que expresa la misma idea de Keats, aplicada por los budistas a todo lo que existe. Pero también me refiero en Mundo flotante y Escrito en el agua a todo ese campo semántico de la red, internet y los ordenadores, en donde se navega por las olas o corrientes eléctricas y no se está en ninguna parte, o en todas al mismo tiempo.

En Escrito en el agua inicié varios textos que quedaron incompletos y que espero terminar ahora en ubicuo. Como aquello del problema de la identidad.


Para los amantes del metalenguaje: en la fotografía que da inicio al cuaderno, "Escrito en el agua" está, efectivamente, escrito en el agua

Para aquellos a los que les guste constatar que a veces la realidad es más extraña que la ficción: la fotografía que refleja mejor aquél anochecer en el lago Balaton, es la segunda. La otra está manipulada y muestra algo que nunca existió.

Si quieres leer Escrito en el agua: Escrito en el agua

 

EL PROBLEMA DE LA IDENTIDAD

¡Antes de leer esta entrada es imprescindible leer los capítulos anteriores!

Capítulo primero:
La joven de Edo
Capítulo segundo: Las preguntas de Milinda
Capítulo tercero: El barco de Teseo
Capítulo cuarto: (Un paréntesis: Teseo y la identidad)

TODOS LOS CAPÍTULOS JUNTOS EN:

El problema de la identidad

En los capítulos anteriores...

En un cuento japonés dos jóvenes cuidaban de unas plantas. Una de las plantas moría, pero el joven plantaba semillas antes de que la planta muriese y volvía a tener una planta semejante. El otro joven tenía un bambú que se moría, pero también conseguía una planta idéntica gracias a un esqueje que había plantado poco antes.
La pregunta es: ¿se trata de las mismas plantas? ¿Son plantas diferentes?

En el segundo capítulo viajábamos a la India, donde encontrábamos al rey grecoindio Milinda (Menandro) y al sabio Nagasena. Los dos discutían acerca de qué es una persona o qué es un carro. ¿Es el carro sus piezas? ¿Es sus piezas en un orden determinado? El viaje ahora nos lleva a la Grecia legendaria en busca de más respuestas (o más preguntas).

El tercer capítulo trascurría en la Grecia legendaria, donde encontrábamos el barco de Teseo. Si a un barco le cambiamos una a una las piezas, ¿seguirá siendo el mismo barco? Si con las piezas que le quitamos construimos otro barco idéntico: ¿Cuál de los dos barcos es el barco original?

El cuarto capítulo era un paréntesis acerca del héroe Teseo, donde se mostraba que el famoso héroe quizá no era nada de lo que parecía ser, que sus padres no eran quienes él creía, que su nombre era otro. ¿Puede alguien ser la misma persona si le quitamos casi todo lo que le define?

5. ¿Quién es Helena de Troya?

Cuando Troya fue saqueada por los griegos, Menelao recuperó a su esposa Helena, a causa de la que había muerto tanta gente, y se la llevó de regreso a Esparta. Fue un curioso comportamiento, pues la costumbre que se seguía con las esposas infieles era matarlas, y, además, casi todo el mundo pensaba que Helena no fue raptada, sino que huyó con Paris por su propia voluntad.

Helena y paris
Helena y Paris en la versión de Jacques Louis David
Aunque Helena fue raptada por el joven Troyano, casi todos
piensan que la esposa de Menelao amaba a Paris. Helena de
Troya es el símbolo de la pasión y el sexo, frente a las virtudes de la
castidad y la fidelidad de Penélope, quien esperó a su esposo Ulises
durante veinte años en Ítaca resistiendo el acoso de sus pretendientes.

También se decía que, durante el sitio de Troya, Aquiles había logrado pasar una noche con ella. Por si esto fuera poco, cuando murió Paris, Helena se casó con otro de los hijos del rey de Troya: Deífobo, con el que vivió hasta que los griegos conquistaron la ciudad. A ello hay que añadir los amores que tuvo, cuando era casi una niña, con su primer raptor, Teseo.

A pesar de que muchos caudillos griegos exigieron un escarmiento a la voluble Helena, Menelao perdonó a su esposa y se la llevó con él en su regreso a Esparta.

Helena y Menelao

Helena huye del victorioso Menelao y parece implorar ayuda a un arbusto sagrado (¿un olivo de Atenea?). Pero la intención de Menelao no parece ser matar a Helena, pues ya ha dejado caer la espada. Tal vez al verla de nuevo olvidó sus deseos de venganza. Este dibujo parece contradecir una versión que recoge Robert Graves: "Algunos dicen que Helena misma le hundió una daga en la espalda a Deífobo , y que esta acción, y la vista de sus pechos desnudos, debilitó de tal modo la resolución de Menelao, quien había jurado: «¡Ella morirá!», que arrojó su espada y la condujo a salvo a las naves." (Los mitos griegos)

Sin embargo, los rumores acerca del comportamiento de Helena en Troya eran atronadores. Afortunadamente, alguien (hay que imaginar que el ingenioso Ulises) ideó una solución que actualmente se emplea mucho para combatir los rumores: propagar un rumor contrario: Helena nunca había estado en Troya.

La cosa resultaba difícil de creer porque la guerra había durado diez años y cientos de troyanos y aqueos habían visto a Helena en la ciudad sitiada. Pero la imaginación griega no se detenía ante detalles tan nimios. Según el rumor hábilmente propagado, Paris no había raptado a Helena, sino a una réplica exacta, hecha de nubes.

"Hay un antiguo medio de purificación para aquellos que se han equivocado hablando de los dioses. Homero no lo conoció, pero Estesícoro se sirvió de él. Privado de la vista por haber hablado mal de Helena, no despreció, como Homero, la causa de su desgracia, sino que, hombre inspirado por las Musas, apenas se dio cuenta de lo que ocurría, cantó:

He hablado con mentira, Helena pura
Decir de ti cual dije fue tramoya
pues de embarcar te libró la cordura
¿Cómo pudiste, pues,  nunca ir  a Troya?


(Platón, Fedro)

Imaginemos que la gente llegara a creerse esa historia: si Paris se había llevado una falsa Helena a Troya, todavía quedaba una pregunta: ¿dónde estaba la verdadera Helena?

La respuesta era: en el país del misterio para los antiguos griegos, Egipto. Cuando la falsa Helena fue raptada, aseguraban los rumorólogos, la diosa Hera ordenó a Hermes que llevara a la verdadera Helena a la corte del rey egipcio Proteo.

En conclusión: Helena pasó los diez años que duró la guerra de Troya en Egipto, resistiendo el acoso del hijo del rey Proteo, Teoclímeno, a semejanza de lo que hacía la fiel y admirada esposa de Ulises, Penélope, en Ítaca.

Cuando Menelao regresó de Troya con la falsa Helena, se detuvo en el reino de Proteo, justo a tiempo de salvar a la verdadera Helena del último acoso de Teoclímeno. Los dos esposos se reconocieron y la falsa Helena se disolvió para siempre.

Se podrían hacer muchas preguntas acerca de la verdadera identidad de Helena, de si una Helena que pasa diez años en Egipto es “Helena de Troya”, de la naturaleza de esa Helena ficticia, madre de varios hijos, y sobre todo, de cómo distinguir el original de la copia. Se podrían hacer muchas preguntas. Y se van a hacer.

Algunas preguntas

El relato japonés La joven de Edo nos obligaba a preguntarnos qué elemento, qué parte o qué componente de una cosa es el que permite decir que esa cosa sigue siendo la misma cosa.

En la conversación entre Milinda y Nagasena se discutía si un objeto o una persona puede definirse por sus elementos o cualidades y cuáles son los elementos o cualidades que le hacen ser lo que es.

En la historia del barco de Teseo se trataba de saber si algo sigue siendo lo mismo cuando se sustituyen sus elementos por otros elementos semejantes.

En las tres historias se plantea un mismo problema, el de la identidad, pero podemos distinguir dos aspectos diferentes:

¿Cómo podemos decir que una cosa es lo que es?

¿Qué es un almendro?, ¿qué es un carro?, ¿qué es un individuo?

¿Qué nos permite decir que una cosa es la misma cosa a pesar de los cambios?

El almendro que el jardinero entrega a Nobuyoshi, ¿es el mismo almendro que el muchacho le enseña un año después? El barco de Teseo sin ninguna de sus piezas originales, ¿es el barco de Teseo?

Tanto en el caso del barco de Teseo como en el del almendro japonés, la identidad parece estar relacionada con el cambio. Cambio en el tiempo y en el espacio, o en ambos a la vez. Pero podemos plantear una situación que parece ajena al tiempo y el espacio.

Continuará...

 

Obra poética

Quise escribir un poema

pero me distrajo el amor

Otro día inicié un verso

y entonces sonó el teléfono

Junté seis palabras en septiembre

y eran las mismas en mayo

Una noche, por fin, soñé un poema completo,

como aquel inglés afortunado,

pero yo lo olvidé entero

 

De estos y otros ejemplos se compone

mi obra poética no escrita

que sin duda supera el número 1000

pues es raro el día en que olvido

dejar de escribir un poema

6 de septiembre de 2006

 

Las confesiones de Grass

Hace unos días, el escritor alemán Gunter Grass reveló que durante la Segunda Guerra Mundial perteneció a las SS nazis. Hasta entonces, Grass había declarado que sólo había sido soldado en el ejército regular.

He leído más de una decena de artículos acerca del "caso Grass". Muchos comienzan mostrando su asombro por la polémica suscitada, como Vargas Llosa o Marcóticos (Marcos Méndez). Yo, sin embargo, como le sucede a Carlos Castilla del Pino, no me asombro por ello. Me parece un tema suficientemente interesante y complejo como para dedicarle tiempo y argumentos. Es, en definitiva lo que hace el propio Vargas Llosa en su excelente artículo que es también una contribución más a "las proporciones desmesuradas" que ha tomado el asunto.

Creo que muchos de los análisis del tema son interesantes y que es bueno que se planteen problemas semejantes. Pero no voy a hablar aquí acerca de lo que opino, ya que sería un texto demasiado largo, si quisiera tener en cuenta los principales aspectos surgidos en la polémica. Tal vez lo haga en próximos días en relación a asuntos concretos.

Sin embargo, ya he expresado en parte mi opinión, al menos acerca del sentido fundamental de la polémica, en un comentario a un texto de Marcóticos, que se me ha adelantado en su weblog. Así evito repetirme y aprovecho para recomendar y poner un enlace a la página de marcóticos, que este mes se llama Diabolo Mundi.

Diábolo Mundi (Marcóticos) (comentario nº3 )

 

Los nuevos espectáculos

He sabido que el Metropolitan Opera House va a trasmitir óperas en directo a todo el planeta. Cualquiera podrá asistir a un estreno en New York esté donde esté, como quien presencia un partido de fútbol. Además, estas óperas no se emitirán por la televisión, sino en cines y teatros.

Me parece una excelente idea, que ya era posible hace muchos años, pero que facilitan los avances tecnológicos y la digitalización progresiva de todo lo audiovisual. ¿Por qué apenas se ha considerado esta posibilidad de trasmitir la cultura en directo como se hace desde hace décadas con el deporte?

Tal vez por ese sentimiento de obra única, de momento irrepetible, de privilegio, que es parte del glamour del teatro o los conciertos. El cambio que se va a producir se debe seguramente a que la facilidad que dan los formatos digitales para que cualquiera acceda rápidamente a cualquier cosa grabada, hace que el espectador tenga un ánsia constante de novedades. Hace no mucho tiempo, el cine era (junto al fútbol) el plato fuerte de las cadenas de televisión, que anunciaban sus estrenos como gancho para atraer audiencias. Pero hoy en día cualquier película que pueda emitir un canal de televisión puede conseguirse no ya sólo en un video club, sino antes de su estreno y antes del pase televisivo (que tiene que esperar un tiempo, tras el estreno en cines) a través de Internet o en el top manta.

El proyecto del Metropolitan Opera House ofrece ciertas ventajas a las empresas que lo comercialicen: como es en directo, será muy difícil piratearlo. Sí, es cierto que un experto informático podría recibir la señal y reenviarla gratis a quien quisiera, pero eso supondrá una merma ínfima en los ingresos del espectáculo.

Supongo que el proyecto consistirá en un primer pase en cines y teatros y, semanas o meses después, su emisión por televisión, seguida de su comercialización en formatos caseros.

Aunque no habría ningún impedimento en que estos espectáculos se trasmitieran desde el principio a través de la televisión o el ordenador (sin pasar por cines o teatros), a mí me parece mucho más interesante que se conviertan en acontecimientos sociales y contribuyan a que las salas de cine puedan sobrevivir. Se trataría de verdaderos "estrenos mundiales", no en el sentido actual excluyente ("Estreno mundial en París de algo que se verá más tarde en otros lugares"), sino de estreno mundial porque se verá en directo en muchos lugares del mundo.

En 1994, John Perry Barlow publicó un célebre artículo Vender vino sin botellas, en el que anticipaba algunos de los problemas que las nuevas tecnologías iban a provocar a las leyes del copyright y los derechos de autor. Una de sus conclusiones era que en el futuro no se podría controlar la difusión de todo aquello que está sometido a derechos de autor: música, libros, comics.

Las empresas discográficas ya han comprobado que Perry Barlow tenía razón y que es imposible impedir que se multipliquen las copias piratas de cualquier disco. En realidad, eso es algo que ya sucedía antes. Yo recuerdo que en 1987 vi en la isla Mauricio cientos de copias piratas de discos. Se trataba de cassetes y resultaban tan baratos como los cedés del top manta. Aunque cualquiera podía copiar un disco en una cinta virgen de cassete (yo copié cientos durante años) se supone que no resultaba tan fácil o tan manejable como los cedés y los mp3, y que tenían una calidad muy inferior.

Un inciso: en realidad, hasta hace bien poco, era más fácil manejar una cinta de cassete que un cedé. Resultaba más sencillo copiar desde cualquier tipo de soporte: vinilo, radio, voz; se podían borrar y regrabar (los cedés regrabables nunca han funcionado muy bien). En cuanto al sonido, no está del todo claro si el cedé fue un avance o un retroceso en calidad. Durante años pensé que los amantes del vinilo eran una especie de secta que se negaba al avance tecnológico, pero ahora tengo mis dudas, como explicaré en una futura entrada. Sólo recientemente, con la memoria sólida portátil (por ejemplo el iPod), parece mejorarse la usabilidad de las antiguas cintas de cassete, aunque es discutible si también su calidad, al menos en formatos comprimidos como el mp3.

Tras la crisis sufrida por las discográficas, ahora la amenaza se dirige al cine, que contempla aterrado el aumento de gigabites y terabites en los ordenadores y los soportes informáticos, y la progresiva calidad de las pantallas en alta definición (hasta ahora, sin embargo, también más ficticia que real).

Es evidente que en poco tiempo todo lo que se ha hecho, toda la filmografía mundial, ciirculará por internet, por los quioscos y por el top manta, y las cadenas de televisión y las empresas distribuidoras necesitarán nuevos materiales que vender, aunque exponiéndose a esa inmediata copia pirata. Lo único que se salva de eso es el directo, como ya supuso también Barlow:

"Un modelo ya existente para la transmisión futura de la propiedad intelectual es la ejecución en tiempo real, un medio que en la actualidad sólo se usa en teatro, música, conferencias y enseñanza. A mi juicio, el concepto de ejecución se ampliará hasta incluir casi toda la economía de la información, desde los culebrones hasta los análisis bursátiles. En estos casos, el intercambio comercial se parecerá más a la venta de entradas para un espectáculo continuo que a la compra de distintos paquetes de lo que se muestra".

Con el proyecto del Metropolitan, que sin duda será seguido por otros teatros, salas de ópera y locales de concierto, parece que las empresas han encontrado una manera de obtener dinero, ahora que su fuente de ingresos principales está en crisis. Supongo que es una buena noticia, porque también hace falta dinero para montar una obra de teatro o una ópera y si los autores, creadores, cantantes e intérpretes no obtuvieran ningún dinero, difícilmente podrían seguir trabajando.

La iniciativa del Metropolitan, pues, parece anunciar un futuro muy parecido al pasado, en el que la música regresará en directo, pero no soluciona el problema de los creadores a los que no les guste el directo: por ejemplo un músico que detesta actuar, o un escritor que quiere escribir novelas, pero no hacerlo en directo ni ganarse la vida dando conferencias o lecturas de su obra.

Hasta ahora, esas personas, los escritores, los músicos, obtenían (y todavía obtienen) sus ingresos de los derechos de autor. Porque lo que se paga con los derechos de autor no es sólo, como a menudo se dice, una especie de impuesto o canón, sino que el autor obtiene tiempo para seguir trabajando: los ingresos directos por un libro son tan ínfimos que es imposible dedicarse a escribir a tiempo completo, incluso contando con los derechos de autor (a no ser que se trate de un bestseller). Ese es un problema que todavía no está solucionado y que enfrenta a dos bandos con buenos argumentos: los partidarios de la libre circulación de la información y los partidarios de los derechos de autor. Porque incluso el supuestamente  rebelde John Perry Barlow, después de hablar de lo bueno que es compartir la información sin sacar nada a cambio, acaba su artículo diciendo: "No obstante, debo confesar que cuando Wired me envía un cheque a cambio de haber «colgado» temporalmente el artículo en sus páginas, soy el único que lo cobra..."

Y si no fuera así, es difícil que Barlow u otras personas pudieran dedicar demasiado tiempo a reflexionar sobre este fascinante futuro que se acerca.

Pero tal vez la solución a ese debate libertad/derechos de autor vendrá por otro lado: la publicidad. Los autores de libros y música obtendrán sus ingresos no por el pago de los usuarios, sino por el de las empresas que se anuncien en los lugares de descarga de libros o música.  O quizá venga de alguna especie de copyright informático, que es algo en lo que se supone lleva trabajando desde hace muchos años uno de los precursores del mundo de Internet, Ted nelson.

barlow

John Perry Barlow es un tipo de pensador que se da bastante en EEUU. Se declara libertario (libertarian) pero ha sido durante décadas partidario del partido Republicano, e incluso cargo electo y asesor de Dick Cheney, el vicepresidente de Bush. Los libertarios de EEUU son partidarios del libre mercado sin apenas ninguna restricción por parte del Estado, que no debe inmiscuirse en la libertad de los ciudadanos, ya sea que quieran fumar o llevar armas. Recientemente, Barlow se ha pasado al Partido Demócrata, tras ser detenido por hallarse en posesión de varios cigarrillos de marihuana. Antes de convertirse en un teórico del ciberespacio, era más famoso por pertenecer al legendario grupo Grateful Dead. Pertenece también a la Electronic Frontier Fundation.

Para leer los dos artículos más célebres de Barlow:

Vender vino sin botellas

Declaración de independencia del ciberespacio

Un texto que escribí sobre Ted Nelson en:

Nuestros antepasados: teD nelsoN

 

CUATRO APUNTES SOBRE EL MUNDO DIGITAL

1. El código (digital) morse

Voy a proponer una analogía para distinguir lo digital de lo analógico: el código morse.

El código morse está compuesto de rayas y puntos. Si yo escribo:

      -.---

Esto, en código morse significa: “No”.

La “n” se escribe             -.

La “o” se escribe             ---

Así que si veo una raya, un punto y tres rayas, sé que me están diciendo “No”.

Si alguien me manda el siguiente mensaje morse:

_._ _ _

o este otro:

pruf toc pruf pruf pruf

¿Qué me estará diciendo?

Efectivamente, en ambos casos me estará diciendo: “No”.

Es decir, da igual cómo sean las rayas y los puntos: grandes pequeñas, negras, azules, trasmitidas por radio o en una pantalla del ordenador.

Da igual cuáles sean las características analógicas concretas de un mensaje en código morse, que se reciban sonidos más fuertes o suaves, que haya más o menos tinta en las rayas y los puntos o que sean hermosas o feas, gruesas o delgadas. Al que recibe un mensaje en morse sólo le interesa distinguir entre dos signos diferentes: rayas o puntos. Nada más.

El lenguaje morse ni siquiera está constituido por rayas y puntos. En vez de rayas y puntos, podemos trasmitir un mensaje en morse con volutas de humo grandes o pequeñas, como hacían los indios con hogueras (aunque ellos no se comunicaban en lenguaje morse), o como podrían hacerlo dos personas para ligar en una discoteca con el humo de un cigarrillo.

¿Está Bogart fumando o trasmitiendo un mensaje?

También podemos trasmitir un mensaje en morse con palmadas, golpes en una mesa, gritando “¡Raya! y gritando “¡Punto!”, etcétera.

SEñales de humo

Indios trasmitiendo un mensaje digital, por ejemplo: "El general Custer se acerca", y varios analógicos, el más importante para el propio Custer: "Hay indios cerca y ya nos han visto". Pero tal vez Custer pensó que era sólo humo y no percibió ni la información digital que los indios estaban trasmitiendo ni la analógica contenida en el hecho mismo de la trasmisión.

2. El puño (analógico) del código morse

Malcom Gladwell cuenta en Inteligencia intuitiva una historia interesantísima acerca del código morse y sus cualidades analógicas.

El código morse es uno de los mejores ejemplos de un lenguaje digital con dos valores, rayas y puntos (se podría quizá añadir un tercer valor: la pausa entre palabras).

Sin embargo, aunque para quienes trasmiten y reciben mensajes en morse sólo importan las rayas y los puntos, en algunas ocasiones existe información analógica de gran importancia en un mensaje, es loque se llama "el puño morse".

El puño morse permite distinguir a las personas que trasmiten en morse. Es el estilo de cada emisor, su voz como dice Gladwell.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en Gran Bretaña se creó una división de personas llamadas interceptores, cuya misión era interceptar los mensajes que trasmitía el ejército alemán. Aunque los alemanes trasmitían en un doble código (el morse y otro secreto) y los ingleses tardaron en descifrar el segundo código, había mucha información, según cuenta el historiador Nigel West (seudónimo de un político llamado Rupert Allason):

"Invariablemente, aparte del texto cifrado, había preámbulos e intercambios ilícitos: "¿Qué tal estás hoy?, ¿Cómo está tu novia? ¿Qué tiempo hace en Munich? Así que vas rellenando fichas con esa información..."

Ahora bien, esto sigue siendo un mensaje digital en código morse, accesible a los británicos por la torpeza de quienes trasmitían los mensajes. Pero, incluso sin esos mensajes personales, había información relevante en la voz o el estilo de los operadores alemanes.

Resulta que los interceptores, generalmente mujeres, dice Gladwell, eran capaces de distinguir el estilo de los diferentes trasmisores alemanes y eso servía para obtener información acerca de los movimientos de tropas alemanas en las que estaba destinado cada operador.

"Los interceptores eran tan precisos al dtectar las características de los operadores de radiotrasmisión alemanes que podían literalmente seguirlos por toda Europa... Si un operador estaba con su Unidad trasmitiendo desde Florencia y tres semanas después lo localizabas en Linz, eso te permitía saber que la unidad se había desplazado desde el norte de Italia al frente oriental... Y en un momento de crisis, cuando alguien del Alto Mando te pregunta: "¿Puedes asegurar sin error posible que este cuerpo de la Luftwafe está cerca de Tobruck y no en Italia?", puedes responder: Sí, éste operador es Oscar, estamos completamente seguros".

Ese estilo o voz de los operadores no era buscado a propósito por ellos, sino que aparecía en todos sus mensajes, del mismo modo que en nuestra firma hay ciertos rasgos que permiten a un experto saber que es falsa o auténtica, incluso aunque a nosotros nos parezca, como me sucede a mí, que es distinta cada vez que la hago.

Gladwell establece un paralelo entre el puño de morse y las investigaciones de Gottman, quien hace entrevistas a parejas y detecta, más allá de los mensajes aparentes que se envían unos a otros, otra información subterránea que le permite saber si esa pareja va a entrar en crisis en un futuro más o menos cercano.

Pero ese es otro asunto, que trataré en otra ocasión.

 

3. El medio no es el mensaje en el mundo digital

Una de las diferencias más importantes entre lo digital y lo analógico es que en lo digital no interesa el soporte, el medio, el canal por el que se trasmite la información, sino tan sólo el mensaje, la información misma: si es un punto o un raya en el código morse, si es una línea quebrada o una línea continua en el I Ching, si es un uno o un cero en el lenguaje binario.

Cuando recibimos un mensaje en código morse, lo único que nos interesa es distinguir las rayas de los puntos. Da igual que junto a esas rayas y puntos existan un montón de datos tales como el grosor de las rayas y puntos, su color o el ruido de fondo.

El biólogo Jacob von Uexkhul decía que  a una esponja no le interesan los cientos de datos que le rodean, pues para las esponjas sólo existen dos datos: lo que me toca y lo que no me toca. De ello depende su supervivencia. También para nosotros, en ocasiones, nuestra supervivencia puede depender de entender un mensaje en código morse.

Titanic

El Titanic lanzó cohetes pidiendo ayuda, pero el capitán del Californian los interpretó como algo casual y, con una lámpara de destellos, deletreó una pregunta en código Morse. El Titanic no respondió, de modo que el capitán del Californian se volvió a acostar. El problema no fue que no se entendiesen los mensajes, sino que los capitanes ni siquiera entendieron que se trataba de mensajes.

A diferencia de lo que sucede en el mundo de los lenguajes digitales, en los lenguajes analógicos el soporte, el canal y el medio sí son importantes, porque en lo analógico no está claro dónde acaba y dónde empieza la información.

En un mensaje en morse sólo necesitamos saber si un signo es una raya o un punto, pero al ver a un amigo podemos tener la sensación de que nos está diciendo algo con la mirada o con el rictus de su boca, o quizá en la entonación de ese "Hola" con que nos ha saludado. O tal vez quiera decir algo el que haya llegado a la cita antes de tiempo, o su aspecto descuidado, o que no nos haya estrechado la mano como suele hacerlo habitualmente. En una comunicación semejante, tenemos que ser más listos que el capitán del Californian y no sólo leer los mensajes, sino también darnos cuenta de que algo puede ser un mensaje.

Cuando Sherlock Holmes llega a la escena del crimen no se limita a leer un mensaje binario en código morse, sino que tiene que filtrar de la infinita información que tiene delante la que es relevante y la que no lo es para descubrir al criminal. Por eso, en Estudio en escarlata, Holmes sorprende a Watson al decirle que no tenía ni idea de que la tierra fuera redonda: "No sé en qué puede servirme ese dato en mis investigaciones criminales".

holmes

Holmes y Warton buscan información relevante para resolver el caso del caballo Silver Blaze: "¡Datos, necesito datos, no puedo construir una casa sin ladrillos!".

Aunque no podemos saber cuánta información hay en un disco analógico de vinilo, sí sabemos cuanta información contiene un disco digital, cuantos ceros y unos contiene exactamente. Si yo manipulo un disco digital (un CD o un DVD) no puedo extraer de él más información que la que ya contenía. Quizá puedo mejorar el disco añadiéndole más información, por ejemplo, duplicando ciertas pistas de sonido, pero al hacerlo estoy creando otro cedé o poniendo algo que no estaba en el CD original.

Sin embargo, sí puedo extraer información inédita de una grabación digital, como se hizo con las cintas originales de Elvis Presley, recuperando de ellas una calidad que en la época en que se grabaron no era posible extraer. Pero no se añade nada a la grabación original, sino que se consigue recuperar lo que nunca se pudo oír, excepto por quienes estaban presentes en la grabación. Es algo semejante a lo que a veces se dice cuando vemos en persona a alguien que hemos visto en el cine o en una fotografía: "El cine no le hace justicia, es incapaz de captar su belleza en persona", que es lo que pensaba Woody Allen de Margaux Hemingway cuando hizo Manhattan.

 

4. El mundo digital, ¿es digital?(un error muy común)

Cuando se habla del mundo digital (como Nicholas negroponte en El mundo digital), uno se refiere a los ordenadores, internet o soportes como el cedé y los deuvedés, es decir toda esa fauna tecnológica que se dedica a procesar, elaborar y reelaborar la información. Y es habitual dar por supuesto que las características de este nuevo y asombroso mundo están indisolublemente ligadas a su carácter digital. Sin embargo, se produce con ello un error que se comete frecuentemente y que consiste en confundir un momento histórico de la tecnología con los resultados que se obtienen con esa tecnología.

Porque hay que darse cuenta de lo que con tanta agudeza señaló Reuleaux:

“En una máquina de vapor, el vapor no forma parte de la máquina”.

reuleaux

Franz Reuleaux, uno de los padres de la cinemática, quien definió una máquina como “una combinación de partes resistentes, cada una de las cuales se especializa en una función y todas operan bajo el control humano, para utilizar la energía y realizar trabajos”. Además, creó una simbología para describir los distintos tipos de máquina.

Que es lo mismo que dice Georges Ifrah:

“La estructura de un ordenador es independiente de la tecnología que en él se emplea”

Es decir, consideramos como inevitable o necesario lo que es accidental: el que los ordenadores sean digitales hoy, no significa que deban serlo siempre. Se podría parafrasear a Reuleaux diciendo:

"En un ordenador digital lo digital no forma parte del ordenador".

La máquina de vapor funciona con vapor. El ordenador funciona con electricidad y silicio por un lado y mediante un lenguaje digital por otro, pero ni la electricidad, ni el silicio ni el lenguaje digital son lo esencial en el ordenador: lo esencial es, al igual que sucede en la máquina de vapor, otra cosa. ¿Y cómo llamamos a esa cosa?

Para acercarnos de manera intuitiva al asunto podemos llamarlo el código, la estructura, el mapa, el plano, tal vez la receta. Algunos preferirán decir el algoritmo, que no es mala denominación, aunque ofrece también un resquicio al equívoco.

Por usar otra comparación que quizá aclare el asunto. Los elementos que constituyen una máquina de vapor pueden ser simulados en un programa de ordenador. Es decir, podemos construir una máquina de vapor virtual, en la que sustituimos los manómetros, los émbolos y los chorros de vapor por imágenes que los representan. Si proporcionamos la información necesaria a esta máquina virtual, funcionará igual de bien que una máquina de vapor real o tradicional, y si la conectamos a una fuente de energía adecuada podemos hacer que haga lo mismo que haría una máquina de vapor tradicional, por ejemplo, poner en marcha los telares o hacer que avanzara un barco.

Incluso podríamos hacer que nuestra máquina virtual funcionase literalmente con vapor, que las entradas y salidas de vapor le proporcionasen la energía necesaria: en vez de enchufar el ordenador a la red,m podríamos enchufarlo a los mecanismos que suele usar una máquina de vapor. No sólo eso, para rizar el rizo, podríamos hacer que nuestro ordenador fuera por completo analógico en vez de digital. Hiciéramos lo que hiciéramos, la estructura básica del ordenador podría ser la misma.

Es algo parecido a lo que sucede con la topología las propiedades invariantes de figuras geométricas o sólidos siempre que no sean rasgados o agujereados.

Una taza y una rosquilla, que parecen tan diferentes, son sin embargo la misma superficie topológica, llamada toro o, de manera más familiar, donut.

Del mismo modo, la ciencia de los ordenadores o sistemas procesadores de información estudia aquellos sistemas que tienen una estructura semejante, sin atender a la diferente manera, medios o materiales con los que se presenta o plasma esa estructura.

Epílogo a las cuatro últimas entradas

La última y las tres entradas anteriores son fragmentos de un texto largo que escribí hace tiempo llamado Por qué el mundo digital no es digital. El texto dio lugar a una larga polémica en la que participaron Iván, Marcóticos, Ángels, Cafeína y Java Jenner. He corregido varias veces la versión original y tengo la intención de reescribirlo entero por entregas dentro de un tiempo, pero mientras tanto, voy poniendo aquí textos nuevos que pueden resultar interesantes para quienes conocen la polémica o en sí mismos. Por cierto, lo publicado aquí a veces no coincide exactamente con lo publicado en Por qué el mundo digital no es digital.

Si quieres leer ese pequeño ensayo acerca del mundo digital (ya tan cambiado que está lleno de novedades incluso para quienes ya lo conocen) puedes hacerlo con este enlace:

¿Por qué el mundo digital no es digital?

Si quieres seguir toda la polémica digital desde sus inicios, incluyendo la lectura de las Apostillas Digitales:

Cuaderno del Mundo Digital

El asunto del puño de morse, que da un matiz muy interesante a lo que escribí sobre la digitalidad del morse, lo leí en Inteligencia Intuitiva, de Malcom Gladwell, un libro que empecé  a comentar en el cuaderno Escrito en el agua:

Inteligencia intuitiva

Acerca de la topología, escribí un primer texto de una serie todavía pendiente en el cuaderno Mundo Flotante:

La topología

 

 

¿Qué hace falta para que exista algo?

Nada.

Según algunas de las teorías físicas actuales, para que exista algo no hace falta nada.

Hace tiempo, los teólogos tenían un argumento con el que intentaban refutar a los materialistas: según los científicos, el origen del universo se halla en el Big Bang inicial, la explosión de la que surgió todo lo que existe. Pero, preguntan los teólogos: ¿y qué había antes de esa explosión inicial?

Puesto que el Big Bang dio origen al universo, antes del Big Bang no había nada. De eso se concluye, dicen algunos teólogos, que Dios existe, puesto que algo o alguien tuvo que hacer posible esa creación de materia de la nada. Ese algo, concluyen, es Dios.

Este argumento teológico del Dios que crea ex nihilo, a partir de la nada, el universo, es propio del juedeocristianismo, aunque hay otras religiones que tienen ideas semejantes. La respuesta clásica a este argumento teológico es: ¿Y quien ha creado a Dios? Pregunta que conduce a otra respuesta previsible: "A Dios no lo ha creado nadie, pues existe desde la eternidad. Y en la eternidad no hay antes ni después."

El siguiente paso para quienes no creen en ese Dios creador es decir: "Pues si Dios puede existir siempre, entonces el universo también."

Y así se puede seguir un buen rato con argumentos y contra argumentos, por ejemplo: "De acuerdo, Dios está en la eternidad [es un decir, porque Dios tampoco está], pero, si ha creado el mundo, entonces existe un antes y un después de la creación del mundo. Eso significa que Dios ha tenido que actuar, hacer algo, para crear el mundo, con lo cual no se mantiene inmutable en la eternidad, que es lo que deben hacer los seres perfectos, pues sólo lo imperfecto cambia."

La más extendida de las cosmogonías de la antigua Grecia consideraba que no hacía falta un Dios creador, porque el universo existe desde siempre: "Ante todo fue el Caos...", dice la Teogonía de Hesiodo.

Aunque el caos a menudo se toma por un Dios, parece claro que significa fundamentalmente lo indeterminado, lo que no tiene forma. La creación del universo a partir de la nada no es que no se les ocurriese a los griegos, es que la juzgaban absurda. Como explicaba el poeta Lucrecio en Sobre la naturaleza:

"Jamás obra alguna se engendró de la nada, por obra divina... Pues si las cosas salieran de la nada, cualquiera podría nacer de cualquiera, nada necesitaría semilla; del mar podrían surgir de repente los hombres, de la tierra la familia escamosa, y las aves brotarían del cielo; el ganado y demás animales, bestias salvajes de toda especie, ocuparían, naciendo al azar, desiertos y cultivos; ni los frutos en los árboles se mantendrían en su forma, sino que cambiarían: todo podría producirlo todo."

Ahora bien, los cosmólogos actuales parecen querer refutar a la vez a los teólogos y a los materialistas como Lucrecio, y consideran que antes de que existiera la materia no había, o mejor dicho había nada.

Y resulta que esa nada fluctuó en su misma nadería o algo parecido, y ahí se originó la materia.

Yo confieso que soy más bien partidario de que el universo siempre ha existido que de la idea de que no ha existido. Con las dos opciones llegamos a paradojas irresolubles (creo que esta era una de las antinomias de la razón de Kant), pero a mí me resulta un poco más sencillo pensar en algo que se extiende infinitamente hacia atrás en el tiempo que en la posibilidad de que haya un comienzo lleno de nada del que surja algo. Pero mi opinión no tiene ningún peso dados mis pobres conocimientos físico-matemáticos.

Hubo un tiempo en el que no hacía falta saber tanto para opinar sobre el origen del universo. En el caso de los griegos y los indios ese tiempo fue aproximadamente hacia el año -700, donde abundaron los cosmólogos. En mi caso, ese tiempo se remonta a mi adolescencia, cuando me pasaba las horas intentando hallar la explicación del universo, convencido de que lo conseguiría. Ahora también me pregunto por esa explicación, pero estoy un poco menos convencido de mis posibilidades de encontrarla (y sé que si la encuentro será porque alguien me la comunicará cuando la encuentre).

Escribí varios ensayitos sobre el asunto, que no solían pasar de las tres páginas. Recuerdo que uno de ellos se llamaba Demostración de que el universo sólo puede existir si hay al menos tres cosas. Con cosas   me refería seguramente a algo semejante a lo que en filosofía se llama sustancia. El ensayo era interesante porque pretendía mostrar que con sólo dos cosas (o con una sola cosa) no puede existir nada, ni siquiera esa cosa. Después, satisfecho de mi desmotración fui un poco más lejos y escribí otro texto llamado Demostración de que para que algo pueda ser percibido tienen que existir al menos cuatro cosas (ahora dudo de si eran cuatro o cinco, tendré que pensarlo, o buscar el ensayo).

Sin embargo, después me enteré de que existía una teoría, también sostenida por algún científico reputado, pues los científicos (como los filósofos de los que hablaba Aristóteles), han pensado cualquier teoría por extravagante que sea; una teoría, decía, que sostenía que el universo entero no es otra cosa que una única partícula moviéndose a supervelocidad. Eso parecía refutar aquel ensayo mío, pero era una teoría tan interesante, que me pareció estupendo.

Hace unos años, cuando empecé a hacer animaciones con el programa Flash, me planteé la idea de mostrar de manera virtual que esa hipótesis era perfectamente plausible. No lo hice, porque se me olvidó o porque me pareció un poco complicado, pero tal vez lo haga un día de estos. Sin embargo, hace unos días, Roser ha puesto en su página algo que permite ver ese universo creado por una partícula. Bueno, en realidad por cuatro partículas, pero se podría hacer con sólo una.

Si visitas la página, podrás ver que las partículas dejan un rastro. Ese rastro nos podría hacer pensar en una imagen congelada, que se trata de muchas partículas, pero son sólo cuatro (de hecho, sospecho queel programador ha creado el programa con una sola partícula que ha cuadruplicado en forma especular).

Es algo parecido a lo que pasa cuando hacemos una fotografía en alta velocidad y se ve el rastro de los coches que pasan, como en estas fotos que hicimos en un reciente viaje a Granada Luis, Rafa, Marcos y yo.

Todo esto es muy compatible con las teorías de la física, como he dicho antes, y también con el budismo, que dice que somos sólo algo que fluye, sin estabilidad (de ahí el título de mi página Mundo flotante); o con Heráclito y su panta rei (todo fluye). También H.G.Wells plantea de manera muy hermosa cómo la velocidad a la que percibimos modifica nuestra percepción, cosa que se puede ver en la película Koyanitqasi.

Así que, para que exista algo, puede necesitarse nada, lo que no me acaba de convencer, o una cosa o dos, porque hay que suponer que necesitamos una partícula y el espacio en el que se mueve. Otra cuestión es si ese espacio es a pesar de no ser. Si existen sólo átomos y vacío, como decía Demócrito, o si el espacio para que la partícula se mueva tiene que tener también partes diferenciadas (como si fuera una red o retícula), pero esa es otra cuestión que también tiene argumentos y contrargumentos.

Puedes ver cómo cuatro partículas crean un universo con este enlace:

Line to experimental

 

 

LA IDENTIDAD: CAPÍTULO SEXTO

¡Antes de leer esta entrada es imprescindible leer los capítulos anteriores!

Capítulo primero:
La joven de Edo
Capítulo segundo: Las preguntas de Milinda
Capítulo tercero: El barco de Teseo
Capítulo cuarto: (Un paréntesis: Teseo y la identidad)
Capítulo quinto: ¿Quién es Helena de Troya?

TODOS LOS CAPÍTULOS JUNTOS EN:

El problema de la identidad

En los capítulos anteriores...

En un cuento japonés dos jóvenes cuidaban de unas plantas. Una de las plantas moría, pero el joven plantaba semillas antes de que la planta muriese y volvía a tener una planta semejante. El otro joven tenía un bambú que se moría, pero también conseguía una planta idéntica gracias a un esqueje que había plantado poco antes.
La pregunta es: ¿se trata de las mismas plantas? ¿Son plantas diferentes?

En el segundo capítulo viajábamos a la India, donde encontrábamos al rey grecoindio Milinda (Menandro) y al sabio Nagasena. Los dos discutían acerca de qué es una persona o qué es un carro. ¿Es el carro sus piezas? ¿Es sus piezas en un orden determinado?

El tercer capítulo trascurría en la Grecia legendaria, donde encontrábamos el barco de Teseo. Si a un barco le cambiamos una a una las piezas, ¿seguirá siendo el mismo barco? Si con las piezas que le quitamos construimos otro barco idéntico: ¿Cuál de los dos barcos es el barco original?

El cuarto capítulo era un paréntesis acerca del héroe Teseo, donde se mostraba que el famoso héroe quizá no era nada de lo que parecía ser, que sus padres no eran quienes él creía, que su nombre era otro. ¿Puede alguien ser la misma persona si le quitamos casi todo lo que le define?

En el quinto capítulo buscamos a Helena de Troya y descubrimos que la mujer que estuvo en Troya era sólo un fantasma, un duplicado de la verdadera Helena, que se había quedado en Egipto. Cuando Menelao regresa de la guerra con la falsa Helena, descubre a una segunda Helena al pasar por Egipto. ¿Quién es Helena de Troya?

6. La torre de Smullyan

Raymond Smullyan es un lógico estadounidense especializado en libros de juegos y enigmas, como Alicia en el país de la lógica o La dama o el tigre. También ha publicado dos libros con problemas de ajedrez. Pero no se trata de los problemas habituales de ajedrez.

En un problema tradicional de ajedrez, el lector mira una posición en el tablero y tiene que descubrir cómo ganar la partida o cómo lograr una ventaja determinante. Son preguntas que miran hacia el futuro. A Smullyan le interesa más mirar hacia el pasado y preguntar: "¿Qué ha sucedido en esta partida?".

Dice Smullyan que un amigo de la escuela le incitó a crear su primer problema de ajedrez retrospectivo en el año 1925. Más tarde supo que un pequeño grupo de ajedrecistas ya había desarrollado el asunto “en Inglaterra y Europa”.

Smullyan, en definitiva, nos muestra un tablero de ajedrez y nos pide que reconstruyamos el pasado. ¿Cómo se ha llegado a esta posición?.

Smullyan

Raymond Smullyan, gran lógico y matemático, además de mago y músico

Sherlock Holmes es el protagonista de uno de los libros de ajedrez retrospectivo, de Smullyan.

El famoso detective inglés y su ayudante Watson recorren el mundo resolviendo problemas de ajedrez. En una ocasión se enfrentan a un problema fascinante por sus implicaciones filosóficas que, precisamente, tiene mucho que ver con la identidad. Es un problema cuya solución, dice Holmes, se encuentra en “algún lugar en el límite entre el ajedrez, la lógica, la filosofía, la lingüística, la semántica y la ley”.

Como Watson no está muy al tanto de la historia del ajedrez, Holmes le cuenta la evolución de la regla de coronación de peones. La antigua regla decía que un peón que alcanza la octava casilla puede convertirse en cualquier pieza, con excepción de un peón o un rey. Lo que no especificaba la regla era que el peón tuviera que convertirse en una pieza de su mismo color. La regla fue modificada, concluye Holmes, cuando en un torneo un jugador ganó la partida cambiando su peón blanco por un caballo negro.

Imaginemos, dice el detective, un problema planteado según la vieja regla, es decir: "Cuando un peón corona puede pedir la pieza que quiera y del color que prefiera".

ajedrez

El peón blanco corona en H1 y pide torre negra

La pregunta es: ¿puede enrocar el rey negro?



Antes de continuar, Holmes también recuerda a Watson cuáles son las reglas del enroque. El enroque está permitido siempre y cuando:

(1) Ni el rey ni la torre hayan movido.

(2) el rey no esté en jaque.

(3) el rey no pase por ninguna casilla en jaque.

Las condiciones (2) y (3) se cumplen: el rey no está en jaque, pues ninguna pieza blanca le amenaza. En caso de moverse, tampoco pasaría por una casilla amenazada por piezas blancas.

La única duda es si se cumple la primera condición: no sabemos si el rey o la torre se han movido a lo largo de la partida.

Holmes y Watson preguntan a los jugadores, que todavía están allí, y se enteran de que ni el rey ni la torre negros se han movido de su sitio en toda la partida.

Volvamos a la última jugada.

ajedrez

El peón blanco llegó a la octava casilla y promocionó, pidiendo torre negra (H1).

Ahora es el turno de las negras: ¿pueden enrocarse?

Me atrevería a decir -aventura Holmes- que la torre coronada todavía no tuvo tiempo de mover, de ahí que el negro pueda enrocar”.

Watson responde:

Yo me atrevería a asegurar lo contrario. Diría que la torre negra fue sacada del tablero cuando fue comida; y devuelta al tablero cuando se la repuso por medio de la coronación. Así que diría que la torre sí movió”.

Pero, pregunta Holmes, ¿es en realidad la misma torre?

La pregunta queda en el aire y así acaba la primera parte del libro y del problema.

Sherlock Holmes

Sherlock Holmes jugando al ajedrez.
Apenas hay tres o cuatro menciones al ajedrez en las historias de Holmes. En El caso del comerciante de colores retirado, el detective dice: “El sobresalir en ajedrez es signo de una mente intrigante”.
En El caso de la piedra de Mazarino, hay un párrafo que parece tener relación con la aventura que cuenta Smullyan: "Holmes le miró fijamente como un experto jugador de ajedrez que medita acerca de que pieza pedir en la coronación".

Nominalismo y platonismo

En la segunda parte, Holmes y Watson se encuentran, durante un viaje en barco, con el lógico Fergusson (tal vez alter ego de Smullyan).

Fergusson dice:

El problema va más allá de lo que parece a simple vista. El verdadero problema, tal como yo lo veo, es cómo definir exactamente la noción de pieza.”

Watson admite que él identifica la pieza con un objeto físico tangible: “¿Que más podría ser una pieza de ajedrez si no es un objeto físico?”

Parece que vamos a asistir a una nueva conversación entre Milinda y Nagasena cuando intentan averiguar qué es un carro.

Fergusson explica que Watson (que piensa que la torre se ha movido), es nominalista. Por el contrario, él y Holmes son platónicos, al pensar que la torre negra no se ha movido.

Para Fergusson y para Holmes la "pieza" no es un objeto físico:

El objeto físico que se maneja es sólo un símbolo de la pieza. La pieza en sí es una entidad matemática idealizada”.

El platónico Fergusson plantea entonces un nuevo problema al nominalista Watson:

Supongamos que durante una partida alguien quitara un peón blanco de su casilla y lo reemplazara por otro peón blanco del juego de ajedrez. ¿Usted diría que el peón movió?”

Watson admite que su respuesta sería “no", pero se defiende diciendo que la torre negra ya había sido comida y que había estado fuera del tablero por algún tiempo, para luego ser colocada nuevamente por medio de la coronación: “En esas circunstancias, la torre sí movió”.

Fergusson replica que podemos imaginar que el peón blanco del problema coronó al comerse a la torre negra, pero que ni siquiera tocó a la torre: simplemente, el jugador retiró el peón blanco del tablero y anunció: "Pido torre negra", dejando la torre donde estaba, sin ni siquiera tocarla.

Frege

El lógico Gottlob Frege, a quien representa el personaje de Fergusson. Frege señalaba la diferencia entre sentido y referente: el 'lucero de la mañana' y el 'lucero de la tarde' son dos maneras de referirse a un mismo referente: el planeta Venus. Un día, en el restaurante de la Facultad de Filosofía, pedí un café con leche. Como tardaban en traérmelo, le comenté a mi amigo Manuel: "Le he dicho al camarero una proposición dotada de sentido, pero no he obtenido el referente".

¿Qué es una torre de ajedrez?

Fergusson tiene mucha razón cuando dice que el problema trasciende las propias reglas del ajedrez e invade los terrenos de la lógica, la filosofía, la lingüística y la semántica. ¿Qué es lo que hace a una pieza de ajedrez ser lo que es?

Evidentemente, en primer lugar una convención. Las torres podrían tener forma de murciélagos y, sin embargo, cumplir la misma función sobre el tablero. Cualquier aficionado al ajedrez se ha visto en alguna ocasión en la necesidad de utilizar un botón o un tapón de corcho para sustituir una pieza perdida.

Ahora bien, admitida esa inevitable convención, y una vez definidas las piezas y elegidos sus modelos físicos (torres, álfiles, caballos...), no acaba de quedar claro si el rey negro se puede enrocar o no con esa torre elegida por su rival al coronar su peón.

Una posible solución es comparar lo que les sucede a las piezas en el tablero con lo que en lingüística se llama estructura profunda y estructura superficial de un enunciado.

Del mismo modo que la expresión “¡No!” en un contexto determinado es la estructura superficial de un enunciado cuya estructura profunda puede ser “No cojas ese cazo con las manos desnudas, pues está caliente”; quizá se podría decir que la acción de retirar el peón, dando a entender que se ha comido la torre blanca y se ha pedido la torre negra, es la estructura superficial del acto implícito que consiste en mover el peón en diagonal, retirar la torre, colocar el peón en H1, retirarlo del tablero, volver a coger la torre negra y colocarla de nuevo en H1.

Recurriendo, pues, a la estructura profunda de la acción, quizá sea lícito decir que la torre negra sí ha movido.

Dicho de otra manera, cuando Fergusson pone a Watson el ejemplo de alguien que quita un peón del tablero y coloca otro igual en su lugar, Watson podría responder que esa acción no puede considerarse parte integrante de la partida.

Si transcribimos la partida para conservarla y poder reproducirla en el futuro, nunca pondremos que uno de los jugadores cambió uno de sus peones por otro. Eso no ha sido una acción perteneciente a la partida, sino un gesto externo, no muy distinto de quitar una mota de polvo del tablero o centrar una pieza correctamente en su casilla. Las reglas especifican que si un jugador quiere colocar bien una pieza debe decir en voz alta: "Compongo". De este modo queda claro que esas operaciones no son parte de la partida..

Sin embargo, la coronación del peón blanco sí sería un acto de la partida. ¿Cómo se transcribiría? Recordemos que se trata de anotar las jugadas para que cualquiera pueda reproducir lo que fue la partida. Pues bien, el hecho de que se hubiera tocado o no la torre negra no afectaría a la partida. Simplemente se escribiría: PxT,Tn. (que significa: "El Peón se come a la Torre, el jugador pide Torre negra).

Cuando, a continuación, el jugador negro pretendiera enrocar, se le podría enseñar la transcripción y demostrarle que ha habido un momento en la partida en el que no había torre negra. El negro perdió sus dos torres. Por tanto, no se puede enrocar.

Pero la torre negra, ¿qué torre negra es?

El rey negro debe enrocarse con una de sus dos torres negras y las dos han desaparecido del tablero.

La prueba de que la torre negra que pide el jugador que promociona es otra torre negra (no una de las dos originales) es que cuando un peón promociona no está pidiendo una torre de las que participan o han participado en la partida, sino una torre que se halla en una reserva exterior (e ideal) de piezas promocionables.

¿Por qué?

Porque si no fuese así, un peón no podría pedir una tercera torre cuando ya hubiera dos en el tablero, y tampoco una segunda reina. Y las reglas del ajedrez no impiden que haya más de una reina o más de tres torres, caballos o alfiles sobre el tablero, siempre que las piezas extra sean resultado de la promoción de peones.

Chaturanga

En el chaturanga indio, que se considera el origen del ajedrez, cuando un peón promociona no puede pedir una tercera torre, sino que sólo puede elegir una pieza que haya sido ya retirada del tablero. T

Aún así, se podría argumentar que el negro no quiere enrocarse con ninguna de sus dos torres, sino con una tercera torre negra: la que ha pedido su rival, porque en las reglas oficiales del ajedrez tampoco se especifica que el rey deba enrocarse con sus dos torres originales.

En definitiva, ¿qué es lo que hace a una torre negra de ajedrez ser una torre negra de ajedrez?

En la China de los Reinos Combatientes, donde florecían las escuelas filosóficas, uno de los filósofos más interesantes no se preguntó por la identidad de las torres negras, pero sí por la de los caballos blancos. Se llamaba Gongsung Long.

Quien quiera saber la historia del ajedrez retrospectivo, o al menos en relación con Raymond Smullyan, puede leerla en Juegos de ajedrez y los misteriosos caballeros de Arabia.

 

Un dilema de Ondina

Ondina me ha enviado el siguiente mensaje:

Hola querido. Tengo un pequeño juego para tí. El otro día en una cena con amigos se suscitó una cuestión ¿se pueden unir entre sí nueve puntos dispuestos en un área cuadrangular de 3 x 3 trazando cuatro líneas y sin que éstas se corten entre si? No sabemos si es muy difícil pero posible, o si la formulación es incompleta (como tú sabes mucho de estas cosas, a lo mejor conoces el problema, la formulación correcta y/o la solución).
Lo reperesento más abajo por si no queda clara la explicación:
. . .
. . .
. . .

¿Cómo lo ves? es que la persona que lo planteó lleva años intentando resolverlo, sin éxito. E invito a quien quiera a intentarlo. Besitos, Ondina

Da la casualidad de que este es uno de los dos problemas que suelo poner en mis clases. Pero yo lo conozco con otra formulación:

problema de los nueve puntos: cómo unir nueve puntos en ttres filas de tres sin levantar el boli dle papel y con sólo cuatro llíneas rectas
Debes unir los nueve puntos con sólo cuatro líneas rectas y sin levantar el bolígrafo del papel.

Si alguien conoce la solución, puede enviar un mensaje desde comentarios.

Aprovecho para recomendarte la página de Ondina:

Enlace a Las mareas de la memoria Las mareas de la memoria

 

Dos novedades

He puesto dos novedades tecnológicas en la página. La primera es un nuevo buscador. Funciona mucho mejor que el anterior y creo que con él se encuentra cualquier cosa. Tan sólo no permite por el momento buscar entre los comentarios, pero tengo la intención de agrupar todos los comentarios anteriores al cuaderno actual en un mismo documento. De este modo, también se podrá buscar en los comentarios.

Con el buscador, pues, es posible encontrar cualquier cosa publicada en esta página. Si detectas algún fallo, te agradecería que me lo dijeras, para corregirlo (es fácil si se sabe dónde está el problema o qué cosa no se encuentra).

También he puesto junto al lugar en el que puedes leer o enviar comentarios una herramienta automática que lista los últimos comentarios llegados.

Puedes usar el buscador y enviar o leer comentarios con los iconos de la barra flotante en el lado izquierdo, pero aquí te pongo dos enlaces directos.

 

Buscador Comentarios

 

 

Más papista que el Papa

Las palabras de Benedicto XVI en Ratisbona me parecen muy acertadas. En ellas se declara partidario de una fe razonable y rechaza de manera tajante el uso de la fuerza para propagar la religión. ¿Qué más se le puede pedir a un Papa que establecer de manera nítida que no se debe emplear la fuerza para asentar las ideas?

Según parece, Ratzinger siempre ha sido pacifista. Durante la Segunda Guerra Mundial, no quiso alistarse en las juventudes hitlerianas y fue inscrito por las autoridades en contra de su voluntad y la de su familia. Recientemente, Günter Grass, intentando justificar por qué él sí se alistó (y no en las Juventudes Hitlerianas, sino en las SS), ha contado que en el campo de prisioneros donde estuvo tras la derrota de Alemania, conoció a un tal Joseph, que no parecía interesado por las chicas, al contrario que él y sus compañeros, y ha insinuado que podría tratarse del Papa. Ha olvidado decir que Ratzinger, llegó a ese campo de prisioneros tras desertar del ejército alemán, jugándose literalmente la vida al regresar a su pueblo antes de que acabara el conflicto (los desertores eran condenados a muerte).

Hace unos cuantos meses, publiqué en el cuaderno Intruso, varias entradas dedicadas a la agonía del Papa Juan Pablo II y a la elección de un nuevo pontífice. Allí me mostraba partidario de Martini, y absolutamente contrario a la elección de Ratzinger. No sé si me equivoqué, porque todavía es pronto para saberlo, pero ganó Ratzinger.

La intervención de Benedicto XVI en Ratisbona se acerca en importancia doctrinal a enciclicas como aquella legendaria Pacem in terris de Juan XXIII, y no estaría mal que esta llamada a la no violencia fuera su próxima encíclica, porque la de Ratisbona es tan sólo una lección magistral dada por Ratzinger en la Universidad en que fue profesor.

Es un texto muy bien razonado, muy inteligente, muy ameno, destinado a una audiencia también razonable e inteligente. Yo no estoy de acuerdo en algunas cosas: ¿cómo iba a estarlo, siendo ateo y más próximo, si fuese creyente, al protestantismo que al catolicismo?. Pero ha sido un placer leerlo y espero comentar dentro de unos días algunas cuestiones interesantes.

Unos le reprochan haber hablado como un profesor, en vez de como... ¿el elegido de Dios en la tierra? Yo le agradezco que rehúya la grandielocuencia de su antecesor Juan Pablo II y vuelva a hablar como una persona normal, como aquel Juan XXIII o el brevísimo Juan Pablo I.

Se dice que Ratzinger ha errado al escoger un ejemplo concreto para criticar el uso de la violencia, ese diálogo de Miguel Palaeólogo acerca de la expansión violenta del Islam:

"En el séptimo coloquio (controversia) editado por el profesor Khoury, el emperador toca el tema de la «yihad» (guerra santa). Seguramente el emperador sabía que en la sura 2, 256 está escrito: «Ninguna constricción en las cosas de la fe». Es una de las suras del periodo inicial en el que Mahoma mismo aún no tenía poder y estaba amenazado. Pero, naturalmente, el emperador conocía también las disposiciones, desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán, acerca de la guerra santa. Sin detenerse en los particulares, como la diferencia de trato entre los que poseen el «Libro» y los «incrédulos», de manera sorprendentemente brusca se dirige a su interlocutor simplemente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia, en general, diciendo: «Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba». El emperador explica así minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo irracional. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. «Dios no goza con la sangre; no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Por lo tanto, quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas… Para convencer a un alma razonable no hay que recurrir a los músculos ni a instrumentos para golpear ni de ningún otro medio con el que se pueda amenazar a una persona de muerte…».

A mí no me parece en absoluto inadecuado el ejemplo, y creo que está especialmente bien elegido teniendo en cuenta que este Miguel Palaeólogo gobernaba en lo que hoy es Turquía, que es precisamente el próximo viaje del Papa, y observando que si hay una religión hoy en el mundo que no ha desterrado la violencia de la lista de métodos legitimos de expansión es el Islam (o ciertas corrientes extremistas del Islam).

Probablemente, la elección de la cita no es casual: les está diciendo a los turcos: ahora sois musulmanes, pero antes fuisteis cristianos y dejásteis de serlo por la violencia y la conquista. Y está recordando que hace unos meses un sacerdote católico fue asesinado en Turquía (por un joven irritado por las caricaturas de Mahoma).

Algunas de las reacciones en contra de la cita de Ratzinger tienen su origen en una deformada visión del Islam, que parece querer presentarlo como una religión siempre tolerante y pacífica. La cultura islámica ha aportado muchísimas cosas a la cultura mundial, pero no la expansión pacífica de la religión.

Mahoma, como los propios musulmanes repiten con orgullo, fue un conquistador. Las tierras que ocuparon los musulmanes no fueron convencidas mediante una predicación pacífica, a la manera de Buda o Jesucristo, sino mediante la espada y la violencia. Los musulmanes acabaron con todos los reinos cristianos del norte de África (entre ellos Egipto) y conquistaron también los territorios del Imperio Romano de Oriente (que era cristiano), incluyendo a los armenios y el Bizancio de los Palaeólogos, que fue conquistado definitivamente en 1453. En el oriente, destruyeron para siempre el Imperio persa y conquistaron lo que hoy es Pakistán e incluso la India. A todo ello añadieron Grecia, que conservaron hasta 1831.

La alusión de Miguel Palaeólogo a la violencia del Islam no puede ser rebatida sin negar la historia misma del Islam, y ningún musulmán sensato lo haría, aunque muchos nos intenten convencer una y otra vez que Yihad significa “esfuerzo”, no guerra ni violencia (la pena es que no consiguen convencer a todos los musulmanes). Las reacciones violentas al discurso del papa, el asesinato de una monja, la quema de iglesias, son una curiosa argumentación por parte de los musulmanes ofendidos por ser calificados de violentos.

Sor Leonella, la monja asesinada. Sus últimas palabras a Sor Marcia fueron: "Perdono, perdono, perdono..."

Ahora bien, se dice que Ratzinger se olvidó de mencionar que la religión cristiana también ha utilizado la violencia en su expansión. Es un reproche acertado, y sin duda el discurso papal habría sido casi perfecto con referencias a la violencia con la que el cristianismo se impuso a sus propios súbditos desde su adopción como religión del Imperio Romano; durante la larga Edad Media, o los intentos de conquista de las Cruzadas (que apenas consiguieron nada) y a la brutal conquista de América a manos de monjes y soldados.

La omisión de esos crímenes del cristianismo tiene posiblemente una explicación, que no es sólo la del interés de Ratzinger en no atacar su propia religión, sino, creo, el de destacar que hoy en día los católicos no creen en la violencia como medio legítimo para extender su fe, mientras que muchos musulmanes sí lo consideran adecuado. No sólo la violencia, sino la coacción y la prohibición. No se trata tan sólo de que en muchos países musulmanes se tenga a los súbditos sometidos a un control de conciencia semejante al de la Inquisición española (sin hogueras, pero todavía con condenas a muerte, lapidaciones y latigazos), sino de que en esos lugares está prohíbida cualquier disensión. En muchos países musulmanes está literalmente prohíbido predicar otra religión que no sea la cristiana, y en lugares como Arabia Saudí ni siquiera pueden abrirse iglesias y uno puede ser condenado a muerte por hacer proselitismo cristiano.

Sin embargo, en España, Italia o Estados Unidos se pueden abrir mezquitas y los musulmanes pueden predicar y convertir a los cristianos. Hace poco, un converso al Islam de origen español decía que el Papa envidiaba que los cristianos se convertían al Islam y no sucedía lo contrario. ¿Y cómo puede suceder lo contrario bajo amenaza de muerte, persecución o gravísima discriminación? En el Líbano, un país en el que los cristianos eran casi mayoría (todavía hoy son un 30%) se forzó una guerra continua y se produjo un exilio masivo (el 80% de los exiliados son cristianos) del que apenas se habla en comparación con la tragedia de sus vecinos palestinos.

Benedicto XV, un Papa que luchó contra la guerra y contra el integrismo católico. Muchos piensan que es por esta razón que Ratzinger escogió su nombre.

Pero una de las consecuencias más graves que he visto en las reacciones al discurso del Papa es considerar que ha sido inoportuno, que ha echado leña al fuego, que ha sido, en definitiva irresponsable. Pero ¿es que existe alguna manera de criticar al Islam sin que un grupo de fanáticos se lancen a la calle a matar y destruir?

Parece que poco a poco todos nos vamos acostumbrando a aceptar que no se puede argumentar con los musulmanes, que no hay que provocarles porque se enfadan por cualquier cosa (y es cierto que algunos de ellos se enfadan por cualquier cosa). Parece que los radicales se han hecho con el control de la situación, o al menos del protagonismo en los medios, y que ahora se juzga como provocador que alguien exprese una opinión, pero no se juzga una provocación o un crimen que una monja sea asesinada o que un grupo de fanáticos haga morir a doscientas personas en Madrid. Se le exigen palabras de disculpa al Papa y no se les exige a las autoridades religiosas de los países musulmanes una condena explícita y una disculpa por las muertes causadas en nombre de su religión (entre los muertos de Nueva York, Madrid y Londres, por cierto, también había muchos musulmanes).

A esto, a esa ligazón con la violencia de la que el Islam todavía no ha podido librarse, es a lo que se refería Ratzinger. Y quizá conviene recordar, para quienes digan, con toda razón, que también usa la violencia el cristiano Bush que el anterior Papa Juan Pablo II se mostró públicamente en contra de la invasión de Irak por EEUU, y que también lo hizo Ratzinger, afirmando que la invasión "no tiene justificación moral", y añadió: "El concepto de guerra preventiva no aparece en el Catecismo de la Iglesia Católica".

Naturalmente, se pueden encontrar muchos defectos al discurso del Papa (aunque conviene primero leerlo detenidamente y entenderlo, cosa no imposible si se dejan a un lado los prejuicios), como a todo discurso. Pero lo grave del asunto no es que el Papa haya expresado su opinión, o la de Miguel Palaeólogo, sino que hoy, como en tiempos de Bizancio, expresar una opinión pueda tener consecuencias mortales.

"En la actualidad resulta difícil debatir a propósito del islam y de sus relaciones con el Otro, con Occidente. Como asimismo a un musulmán tranquilo y sereno le resulta difícil hablar de libertad de cultos, de laicidad -o peor aún- de ateísmo. Llegados a este punto, el factor de la intolerancia se inmiscuye y paraliza el debate; es un auténtico problema entre los musulmanes. En Egipto se ha matado a librepensadores que dudan..." (Tahar Ben Jelloun, Islam vulnerable)

Los más perjudicados no son, sin embargo, los cristianos o los ateos, sino los propios musulmanes. Magdi Allam experto en temas musulmanes del Corriere della Sera, ha dicho:

“¿Porqué los musulmanes, sobre todo los llamados moderados, no se levantan con tanto ahinco contra los verdaderos y eternos profanadores del islam, los terroristas islámicos que masacran a los propios musulmanes en nombre del mismo Dios".

Lección magistral de Ratzinger en Ratisbona

Si quieres leer lo que escribí acerca de la agonía de Juan Pablo II y la elección de Ratzinger:

La agonía del papa
Papas
Fumata blanca
Ratzinger Papa

Si quieres leer cosas que he escrito sobre el Islam:

Otro Islam

 

Discusión sobre la discusión

Últimamente ha habido dos grandes debates: el del pasado nazi de Günter Grass y el del discurso de Benedicto XVI en Ratisbona. Yo también he publicado, aquí y en la página de marcóticos, algunas opiniones acerca de esos temas. Han sido dos discusiones interesantes, en las que he aprendido muchas cosas. Así que aprovecho para decir que en contra de lo que algunos amigos míos piensan, a mí sí me gusta la discusión.

Es cierto que no me gusta discutir si eso significa enfadarse con otras personas, y siempre rehúyo cualquier enfrentamiento o discusión en el sentido de "pelea". Pero la discusión en el buen sentido me encanta, así que voy aprovechar el asunto del discurso del Papa para explicar cómo es esa manera de discutir que me gusta.

Ante todo, lo que se resume en la frase que tantas veces he citado:


"La discusión es la única batalla en la que el que pierde gana"

agustín de Hipona
Agustín de Hipona


Si se trata de una discusión en la que las partes implicadas intentan encontrar la mejor respuesta a una pregunta, o la mejor solución a un problema, está claro que quien pierde gana, porque ha dejado atrás su ignorancia o su postura errónea y h