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El nombre de este cuaderno está dedicado a mi amigo Meriwan, que tiene un restaurante que se llama ESTE O ESTE

ESTE O ESTE en la calle Malasaña de Madrid

Meriwan es kurdo. Vivía en el kurdistán kurdo y hace muchos años escribía allí en una revista o periódico artículos de política y filosofía, pero también sabía divertirse. Un día me contó una historia muy interesante acerca de eso y de los problemas que tuvo alguna vez con los típicos comisarios políticos que hay en todas partes, esos que se dedican a decir a los demás lo que tienen que pensar y qué decir, los gestores de la rebelión.

Un día, Meriwan vino a España en un viaje larguísimo a través de Irak, Turquía y Europa y se estableció en Madrid. Con él vino, o tal vez un poco después, su amigo Alan. Al principio nos veíamos por la noche en discotecas y afters o de mañanita regresando a casa, pero después Meriwan abrió un restaurante en el que podemos encontrarnos a horas más sobrias.

Es un restaurante asombroso. Nada más entrar te encuentras con John Coltrane...

Coltrane, uno de los más filosóficos músicos de jazz

...pero enseguida quedas rodeado por Modigliani...

...y el primer filósofo: Albert Camus.

Camus en trasparencias

Pero es en el salón principal, al fondo, donde te encuentras con la gran sorpresa...

La pared más filosófica de ESTE O ESTE.
Puedes intentar adivinar todos los nombres

Con una pared así enfrente, es evidente que la conversación deriva fácilmente hacia la metafísica, la filosofía, la política, el arte o la religión.

Habrás observado que todos los personajes pertenecen a eso que se ha llamado Occidente, lo que resulta bastante llamativo precisamente en Occidente, donde se tiende a glorificar, al menos en los ambientes de izquierda, lo que viene del Este (China, Japón, India, Islam) o del Sur (Sudamérica, África, incluso el sur de Europa) y a despreciar todo lo occidental y norteño. Sin embargo, Meriwan promete compensar el desequilibrio con algunos orientales.

Pronto contaré más en detalle por qué he llamado esteoeste a este cuaderno digital, pero por ahora puedo decir que lo he hecho porque comparto la manera de ver el mundo de Meriwan, que mantiene con el nombre de su restaurante (ESTE O ESTE) una ambigüedad estimulante, lejos de esas clasificaciones simplistas entre este/oeste, oriente/occidente, norte/sur, y que se atreve a poner un salón lleno de filósofos, varios de ellos muy polémicos. Porque otra de las virtudes de Meriwan es que habla de lo que le interesa, de la filosofía, la religión, la política, la música, las discotecas, la metafísica, la música, las emociones o las mujeres, con entusiasmo, sinceridad, profundidad y sencillez, que es la única manera razonable de hablar de todas estas cosas y de cualquier otra cosa, sin dejarse llevar por las corrientes al uso o las fatigosas poses irónicas o soberbias tan frecuentes.

Ionesco en la barra, una primicia que me mostró Alan

Alan y Guilhem tras la barra un día que Meriwan estaba enfermo (no es que estén borrosos porque están de incógnito: es culpa del mal fotógrafo)
Autor de la foto: Daniel Tubau

(3 de marzo de 2005)

Diccionario sencillo de pensamiento político simple

OKUPACIÓN

Sistema para conseguir una casa gratis sin pedirle dinero a los padres. Es una idea que no suele ocurrírsele a los que realmente necesitan casa, como los pobres.

Publicidad no solicitada que cierta gente (a menudo emparentada con nosotros) hace de todos esos locales y viviendas que son nuestros pero que no necesitamos habitarmos ni dejamos habitar a quienes lo necesitan.

(4 de marzo de 2005)

 

¿Qué culpa tiene la rosa?

La rosa es uno de esos símbolos literarios o imágenes poéticas tan manoseados que se han convertido casi en un cliché. "No la toquéis más, así es la rosa", decía Juan Ramón Jiménez, tocando, también él, de nuevo la rosa en un poema. Alguien dijo una vez: "El primero que comparó los labios de su amada con una rosa era un genio, el último es un imbécil".

Pero hay aquí una interesante observación que hacer: ¿qué culpa tiene la rosa? ¿es que la rosa no sigue siendo una hermosa imagen, un reflejo o réplica de los labios amados?

La mejor defensa de la rosa que yo conozco, aparte de la de Juan Ramón Jiménez, que es más una súplica o un mandato, es la de Chesterton.

Chesterton decía que aunque la rosa sea un símbolo muy viejo, cada nueva rosa es joven en las manos del amante o del poeta que la compara con los labios de su amada. De este tipo de defensa es la de los poemas Fábula de la rosa y origen del mundo, que puse en el weblog Pasajero. También lo es lo que escribí junto a la fotografía de un bello atardecer en la ciudad de Colonia de Uruguay: aunque se dice despectivamente"Era un atardecer de postal" hay que recordar que primero fueron los atardeceres y después las fotografías de atardeceres. Muchas personas parecen incapces de disfrutar de la belleza porque les recuerda los comentarios sobre la belleza.

Pero la desactivada rosa cobra de nuevo fuerza si, repitiendo en esencia la comparación, varíamos levemente el contexto. Por ejemplo si quien compara la rosa y los labios es una mujer hablando de un hombre, o de otra mujer. O si esa rosa alude no sólo a los labios o las mejillas de una mujer. O si es un hombre hablando de otro hombre. Al variar levemente la comparación, al romper el hábito, la rosa parece cobrar nueva vida y renovarse. Podemos sospechar que en la película de Ang Lee Brokeback Mountain parte de su fuerza se debe a que el amor entre hombres resulta menos tópico en el cine que el que se da entre hombres y mujeres. Cuando la hosexualidad vaya perdiendo su carácter inevitablemene combativo, la rosa homosexual también acabará convertida en un tópico sin vida. Pero este no es el asunto importante al que me quiero referir cuando pregunto: ¿Qué culpa tiene la rosa?

Volvamos a Chesterton e imaginemos a un joven que vive al margen de toda la literatura rosácea que nosotros conocemos y de sus metáforas. Por ejemplo a un joven de Babilonia o un joven de un lugar remoto y aculturizado. Este joven descubre un día que los labios de su amda y las rosas son semejantes: las rosas le recuerdan los labios que tal vez ya besó y los labios le recuerdan las rosas que se abren dóciles a sus caricias. Este joven compara rosas y labios. Nosotros, conociendo quién es y dónde vive, descubrimos que la manida metáfora ya no nos lo parece tanto, que le perdonamos la comparación que no perdonaríamos a nuestro vecino de la gran ciudad. Hay un delicioso relato que leí en una antología de literatura hebrea que compré hace poco en Buenos Aires. En ese relato, que trascurre en Palestina hacia finales del siglo XIX un judió procedente de Europa viaja con una mujer desconocida en un coche. El chófer es también judío, aunque ha vivido siempre en Palestina y, creyendo que el turista americano no habla Idrish, no para de insultar en voz alta al hombre y decirle a la mujer lo mucho que la ama, comparando sus labios con rosas, sus dientes con perlas y sus senos con palomas. Y allí está el turista, simulando no entender nada, molesto por los insultos pero fascinado por el discurso exhuberante del conductor, y nosotros, los lectores, con él.

Es decir, que un mismo poema o discurso cambia sin cambiar y con las mismas palabras es diferente, porque lo cierto es que para los seres humanos las cosas en sí no existen, o no pueden ser percibidas, sino tan sólo, como decía Leibniz, las relaciones entre las cosas. Un poema raramente se lee desde una posición neutral y a ese chófer analfabeto palestino (porque entonces a los judíos de Palestina se les llamaba todavía palestinos) le permitimos lo que no permitiríamos a un poeta Premio Nobel, como Neruda.

Neruda ya no puede hablar sólo de rosas o de labios, sino de metalenguaje:

"Puedo escribir los versos más tristes esta noche...", dice, y después de este preámbulo dirigido a nuestro juicio crítico, ya se puede permitir la sucesión de tópicos: "escrinbir, por ejemplo «La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

Lo que no suele perdonárse a un autor es que no conozca su tradición y se le exige que además demuestre que la conoce, incluso aunque no venga a cuento.

Wittgenstein hablaba del valor de uso del lenguaje, pero en la poesía y las metáforas lo que se aplica es "el valor de lo usado": mientras más usado menos permitido.

Me atrevo a creer, en contra de la opinión común de los expertos que esta exigencia es en gran parte un error. Que uno, como lector, debe ser capaz de abstraerse de muchos de los dogmas y prejuicios de su tradición cultural y que a menudo suponen una pérdida mayor para la sensibilidad la ironía y el metalenguaje que la ignorancia. Pero es una opinión que no quiere ser dogmática, de alguien que ama también el metalenguaje y que considera que el poema metalingüístico de Neruda es también muy hermoso, aunque a veces el metalenguaje está tan o más manoseado que la rosa.

(5 de marzo de 2005)

Vínculo a la La fábula de la rosa y origen del mundo en Pasajero

vínculo al atardecer de Colonia

La rosa de Neruda

El poema de Neruda, tan conocido que muchos ya no aprecian su belleza:

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo

(5 de marzo de 2005)

 

Confuciofobia

Mi amigo Luis Rodríguez me ha enviado un enlace muy bueno a la página de Basta ya!, una asociación de víctimas del terrorismo de ETA a la que pertenece el filósofo Fernando Savater. Allí hay una divertidísima broma, precisamente de Savater. Puedes verla con el enlace que pongo más abajo, pero la reproduzco también aquí porque esto de los vínculos a menudo deja de funcionar y se cambian o se pierden definitivamente las cosas:

¡Basta Ya!  

Confunciófobos airados (cartel de la Revolución Cultural)

 

Confuciofobia

FERNANDO SAVATER

Les recuerdo brevemente en que consiste la confuciofobia, una de las plagas devastadoras de nuestra época atroz: es el odio que algunos sienten por los chinos seguidores de Confucio. La confuciofobia es frecuente en aquellos países en que los confucianos ponen bombas en trenes y vagones de metro, derriban rascacielos con aviones suicidas, secuestran rehenes y los degüellan ante las cámaras de video, amenazan de muerte a quienes hacen caricaturas de Confucio y pretenden modificar la legislación para que se acomode a sus prejuicios religiosos. Es decir: no la hay en ninguna parte. ¿No resulta chocante?

El próximo día hablaremos de otra plagas no menos terribles: la islamofobia, la yankifobia, la catalanofobia, la abertzalefobia y la hidrofobia. También procuraremos describir a grandes rasgos los parajes urbanos dónde suelen abundar.

Continuará...

En la página de Basta Ya también puedes consultar muchos documentos interesantes para entender lo que pasa en Euskadi desde un punto de vista que es en mi opinión esencialmente correcto y muy necesario, aunque esta asociación tiene la virtud de no practicar el pensamiento único, así que uno puede estar más o menos de acuerdo con unos u otros textos.

Después de estar en Argentina justo cuando se disolvían, entre aplausos de todo el mundo (menos de los torturadores y asesinos), las Madres de Mayo, que durante años fueron tachadas de locas (y no sólo por los torturadores y asesinos) asombra la insensibilidad de muchas personas de izquierda hacia lo que ha pasado en el País Vasco durante los últimos 20 o 25 años. Ahora que quizá se ponga en marcha un proceso que lleve al fin de ETA, estamos en una situación delicada en la que la destructiva oposición del PP y de otras organizaciones de víctimas del terrorismo no nos debe hacer perder la perspectiva y creer, como algunos parecen creer, que este es un conflicto en el que los dos bandos son iguales: por un lado están los asesinos y por otro las víctimas, como en Argentina estaban por una lado los asesinos y torturadores y por otro los desaparecidos. En este sentido es muy bueno el artículo Pentimento de Savater, publicado en El País, que también puedes leer en la página de Basta Ya.

Confuciofobia en ¡Basta Ya!

¡Basta Ya!

Pentimento en ¡Basta Ya!

(6 de marzo de 2005)

 

Jorge Drexler, Marcos y Roser

Cuando estaba en Uruguay, hace una o dos semanas, pensaba escribir algo acerca de uno de los uruguayos que más me gustan: Jorge Drexler. Y mi intención era poner aquí dos canciones suyas.

Jorge Drexler con el Oscar por Al otro lado del río

Una carambola de cooincidencias ha hecho que se me hayan adelantado Roser y Marcóticos en sus weblogs.

Resulta que, hace ya mucho tiempo, mi amiga Ana fue a un cocierto de Drexler en Madrid y me habló maravillas de las canciones de su último disco; poco después estaba paseando una noche por Lisboa con mi hijo Bruno cuando nos llevamos la sorpresa de encontramos a Uri, que no es otro que el hermano de Bruno. Al día siguiente, Bruno, Uri, un amigo de Uri y yo, decidimos hacer una excursión en coche a Sintra. En el trayecto, Uri puso el disco de Drexler, y me gustó tanto que Uri me lo regaló. Meses después, en otro viaje, ahora al sur con mis amigos Marcos Marcóticos, Luis Rodríguez y Rafa Titania, tanto Raga como yo llevamos el disco de Drexler para escucharlo en el trayecto, disco que le gustó mucho a Marcos. Poco después puse una canción de Drexler en el weblog Il Saggiatore, Milonga del moro judío y poco después me fui a Argentina y Uruguay. En Uruguay caí en la cuenta de que Drexler es uruguayo y pensé en escribir otra entrada dedicada a una canción de Drexler, Todo se transforma. Pero lo fui retrasando porque allí no podía subir la canción a la página. Y ahora, antes de poder cumplir mi propósito en Madrid, veo que Marcóticos ha puesto la letra de la canción en su página:

Jorge Drexler

Jorge Drexler
Álbum: Eco

Todo se transforma

Tu beso se hizo calor,
luego el calor, movimiento,
luego gota de sudor
que se hizo vapor, luego viento
que en un rincón de La Rioja
movió el aspa de un molino
mientras se pisaba el vino
que bebió tu boca roja.

Tu boca roja en la mía,
la copa que gira en mi mano,
y mientras el vino caía
supe que de algún lejano
rincón de otra galaxia,
el amor que me darías,
transformado, volvería
un día a darte las gracias.

Cada uno da lo que recibe
y luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma.

El vino que pagué yo,
con aquel euro italiano
que había estado en un vagón
antes de estar en mi mano,
y antes de eso en Torino,
y antes de Torino, en Prato,
donde hicieron mi zapato
sobre el que caería el vino.

Zapato que en unas horas
buscaré bajo tu cama
con las luces de la aurora,
junto a tus sandalias planas
que compraste aquella vez
en Salvador de Bahía,
donde a otro diste el amor
que hoy yo te devolvería......

Cada uno da lo que recibe
y luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma.

Tomado de Marcóticos

...y poco después, Roser ha planteado el pequeño juego de canciones que expresen estas carambolas que tan bellamente cuenta Drexler. Y la propia Roser pone una canción semejante de Silvio Rodríguez:

Respuesta a Marcóticos

El siempre sugerente, interesante y muy a menudo incluso divertido Marcóticos cita una canción de Drexler, en Drexler en Marcóticos y se me ha ocurrido imitarle citando otra que desde mi subjetividad tiene alguna relación; además, me gustaría invitaros, a conocidos y extraños, a seguir la rueda.

Ahí va la mía:

Escaramujo , de Silvio Rodríguez

¿Por qué la tierra es mi casa?
¿Por qué la noche es oscura?
¿Por qué la luna es blancura
que engorda como adelgaza?
¿Por qué una estrella se enlaza
con otra, como un dibujo?
Y ¿por qué el escaramujo
es de la rosa y el mar?
Yo vivo de preguntar:
saber no puede ser lujo.

El agua hirviente en puchero
suelta un ánima que sube
a disolverse en la nube
que luego será aguacero.
Niño soy tan preguntero,
tan comilón del acervo,
que marchito si le pierdo
una contesta a mi pecho.
Si saber no es un derecho,
seguro será un izquierdo.

Yo vine para preguntar
flor y reflujo.
Soy de la rosa y de la mar,
como el escaramujo.

Soy aria, endecha, tonada,
soy Mahoma, soy Lao-Tsé,
soy Jesucristo y Yahvéh,
soy la serpiente emplumada,
soy la pupila asombrada
que descubre como apunta,
soy todo lo que se junta
para vivir y soñar:
soy el destino del mar:
soy un niño que pregunta.

Yo vine para preguntar
flor y reflujo.
Soy de la rosa y de la mar,
como el escaramujo.

Tomado de En busca del fuego

Así que esto me regresa a Drexler y a su canción, que puedes escuchar un poco más abajo, y a cómo juego yo al juego de Roser, recurriendo de nuevo a Drexler con otra de sus canciones.

Porque resulta que todo el disco de Drexler es como una hermosa carambola, en la que las canciones hablan unas con otras, en un juego de referencias muy preciso, lleno de detalles que el oyente va descubriendo escucha tras escucha, como ese sonido como de rebobinado con que se inicia Todo se transforma.

Lo mejor será que escuches primero Todo se transforma...


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Es una lástima que no me haya sido posible unir Todo se transforma con la siguiente canción Guitarra y vos, porque en el disco suenan sin transición, como esa continuidad de los cuerpos de los amantes a la que alude en otra de las canciones, Fusión. Es decir, Todo se transforma se transforma en Guitarra y vos, que puedes escuchar ahora:


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Guitarra y vos

Jorge Drexler

Que viva la ciencia,
Que viva la poesía!
Que viva siento mi lengua
Cuando tu lengua está sobre la lengua mía!
El agua esta en el barro,
El barro en el ladrillo,
El ladrillo está en la pared
Y en la pared tu fotografia.

Es cierto que no hay arte sin emoción,
Y que no hay precisión sin artesania.
Como tampoco hay guitarras sin tecnología.
Tecnología del nylon para las primas,
Tecnología del metal para el clavijero.
La prensa, la gubia y el barniz:
Las herramientas de un carpintero.

El cantautor y su computadora,
El pastor y su afeitadora,
El despertador que ya está anunciando la aurora,
Y en el telescopio se demora la última estrella.
La maquina la hace el hombre...
Y es lo que el hombre hace con ella.

El arado, la rueda, el molino,
La mesa en que apoyo el vaso de vino,
Las curvas de la montaña rusa,
La semicorchea y hasta la semifusa,
El té, los ordenadores y los espejos,
Los lentes para ver de cerca y de lejos,
La cucha del perro, la mantequilla,
La yerba, el mate y la bombilla.

Estás conmigo,
Estamos cantando a la sombra de nuestra parra.
Una canción que dice que uno sólo conserva lo que no amarra.
Y sin tenerte, te tengo a vos y tengo a mi guitarra.

Hay tantas cosas
Yo sólo preciso dos:
Mi guitarra y vos
Mi guitarra y vos.

Hay cines,
Hay trenes,
Hay cacerolas,
Hay fórmulas hasta para describir la espiral de una caracola,
Hay más: hay tráfico,
Créditos,
Cláusulas,
Salas vip,
Hay cápsulas hipnóticas y tomografias computarizadas,
Hay condiciones para la constitución de una sociedad limitada,
Hay biberones y hay obúses,
Hay tabúes,
Hay besos,
Hay hambre y hay sobrepeso,
Hay curas de sueño y tisanas,
Hay drogas de diseño y perros adictos a las drogas en las aduanas.

Hay manos capaces de fabricar herramientas
Con las que se hacen máquinas para hacer ordenadores
Que a su vez diseñan máquinas que hacen herramientas
Para que las use la mano.

Hay escritas infinitas palabras:
Zen, gol, bang, rap, Dios, fin...

Hay tantas cosas
Yo sólo preciso dos:
Mi guitarra y vos
Mi guitarra y vos

Yo encuentro cierta ambigüedad en Drexler cuando dice "MI guitarra y vos". A veces parece decir: "Mi guitarra y vos (tú), pero otras veces más bien parece decir "Mi guitarra y voz", lo que permite interpretar la canción de al menos dos maneras (además, el vos puede ir dirigido a la persona amada o a un niño, como parece querer decir la voz infantil que suena al final). Pero tal vez no fuera esa la intención de Drexler.

Si en Todo se transforma se seguían esas carambolas que nos llevaban de un lado a otro de una manera deliciosa, reencontrándonos sandalias y euros en los trenes o en las bodegas de La Rioja, en Guitarra y vos se enumeran algunas de las herramientas transformadoras y muchas de las cosas que hay en ese mundo en perpétua transformación, en el que todo es pasajero y flotante. El juego de referencias continúa, por ejemplo con otra de mis canciones preferidas del disco, Polvo de estrellas, que, creo, tiene mucho que ver con uno de mis cuentos favoritos de Edgar Allan Poe: El poder de las palabras, en el que se expresa de manera impresionante la idea de que todo se transforma y aquello que decía Goodman de que las palabras crean mundos.

Pero de esa canción quizá haya tiempo para hablar en otra entrada.

Si quieres escuchar La milonga del moro judío, de Jorge Drexler y leer algunos comentarios acerca de la canción, puedes hacerlo al final de esta entrada de Il Saggiatore: Gandhi

La página oficial de Jorge Drexler

 

SampelZink: el Dios invisible

Puedes leer más historietas en SampelZink

Y muchas más historieta y dibujos si miras al final de está página: comic

 

Coches de Colonia de Sacramento

En la ciudad de Colonia del Sacramento, en Uruguay, hay muchos coches antiguos, algunos de ellos muy bien conservados.


Si haces click en las fotos puedes ver más grandes estos coches

 

Syriana, de Stephen Gaghan

A menudo nos ponen en  la disyuntiva de elegir entre lo sencillo y lo complejo. Si nos decantamos  por la sencillez, como suele ser mi caso, ello parecería implicar que cualquier cosa compleja deja de merecer la pena. Pero esa sería una conclusión sin duda precipitada (...)

(Sigue leyendo en Syriana, de Stephen Gaghan)

 

La ideología como refugio

Los ateos o agnósticos solemos considerar que la religión es un simple refugio en el que uno encuentra respuestas fáciles para asuntos difíciles. Una protección contra la zozobra provocada por la duda y la incertidumbre, un modo de evitar la angustia.

Me parece que también muchos incrédulos tienen un refugio semejante en la ideología. En una ideología sencilla en la todo se resuelve simplemente por la posición que uno ocupa, por el espacio que comparte con los suyos.

A los nuestros se les supone siempre, y por definición, buena intención. Cuando no resuelven las cosas es siempre por las insidias de los otros, pero ellos nunca son responsables de nada, no son culpables de aceptar un soborno, sino víctimas del que les ha sobornado, no son provocadores, sino que responden a las provocaciones, siempre actúan en legítima defensa frente al ataque y acoso irracional del otro, y si son crueles o injustos es porque los otros les han obligado a serlo. Todo encaja perfectamente, todo se explica y los nuestros son absueltos siempre.

A mí este tipo de consuelos no me valen ni en la religión ni en la política, y desconfío de las unanimidades clamorosas que comparten los creyentes.

Como es obvio, no sentirme arropado por una banda ideológica me crea una gran inseguridad, la misma que la de aquel que quiere explicar la realidad sin recurrir a Dios. Una inseguridad que se nota en mi propio discurso y en las charlas que mantengo con otros más seguros de su posición en el mundo: yo mismo percibo que no soy capaz de articular bien lo que pienso, entre otras cosas porque no lo tengo claro, porque pienso cosas diferentes según la circunstancia, porque no tengo una respuesta mimética ante cada situación imaginable, sino que intento examinar las particularidades de cada caso.

Frente a este pensamiento cauteloso que intento practicar, a menudo me encuentro un pensamiento claro y dicotómico, unas simpatías sin discriminación hacia todo lo propio, una antipatía invencible hacia lo que se sitúa en el campo contrario, en el terreno enemigo, una seguridad tan firme en las propias convicciones que me siento inerme, entre otras cosas porque el discurso alternante ("o esto o lo otro") intenta siempre atribuirme una posición que no quiero defender, pero que parecería que debo aceptar, simplemente porque no asumo y discuto esa otra posición tan segura de sí misma.

Y no es aventurado afirmar que quienes buscan su refugio en la religión son preferibles, al menos desde un punto de vista lógico, a quienes lo buscan en la ideología: al menos saben que lo único que tienen es la fe, mientras que los otros creen que, además, tienen razones.

(escrito en Uruguay en febrero de 2006)

Más cosas sobre el pensamiento alternante y maniqueo en La página noALT

CORREO: danieltubau@gmail.com

 

On connaît la chanson: un enigma resuelto

Hace mucho tiempo, en el weblog Angkor Bit publiqué una entrada en la que hablaba de una canción que cantaba Chris Montez. La canción era "I wish you love"

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[Tal vez tengas que esperar un poco hasta que se carguen los
archivos de audio. Puedes navegar por otros lados mientras]

Después venía la misma canción, pero en una versión muy distinta, cantada por Marlene Dietrich...

marlene dietrich

[He desactivado los botones verdes ]

Si quieres escuchar esta delicia entera, incluyendo la presentación que hacía Marlene, en la que explica que es una canción de amor, pero que ella se la dirige no a un amante, sino a un niño (tal vez su hija):


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Y entonces proponía al lector que intentase averiguar de qué canción eran la de Montez y la de Dietrich versiones. Nadie contestó nunca, aunque lo pregunté varias veces en diferentes weblogs (en una especie de concurso llamado Esto me suena). Así que ahora me respondo a mí mismo. Aquí está la respuesta.


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Que reste-il de nos amours
(¿Qué queda ya de nuestros amores? )

Charles Trenet (letra) Léo Chauliac (música)


Ce soir le vent qui frappe à ma porte
Me parle des amours mortes
Devant le feu qui s' éteint
Ce soir c'est une chanson d' automne
Dans la maison qui frissonne
Et je pense aux jours lointains

{Refrain:}
Que reste-t-il de nos amours
Que reste-t-il de ces beaux jours
Une photo, vieille photo
De ma jeunesse
Que reste-t-il des billets doux
Des mois d' avril, des rendez-vous
Un souvenir qui me poursuit
Sans cesse

Bonheur fané, cheveux au vent
Baisers volés, rêves mouvants
Que reste-t-il de tout cela
Dites-le-moi
+
Un petit village, un vieux clocher
Un paysage si bien caché
Et dans un nuage le cher visage
De mon passé

Les mots les mots tendres qu'on murmure
Les caresses les plus pures
Les serments au fond des bois
Les fleurs qu'on retrouve dans un livre
Dont le parfum vous enivre
Se sont envolés pourquoi?

{au Refrain}

La canción, casi irreconocible en sus dos versiones en inglés, es una de las más hermosas de entre las decenas de canciones extraordinarias de Charles Trenet.

Trenet, que murió en 2001 casi con noventa años, fue uno de los grandes cantantes franceses, quizá el más grande junto a Edith Piaf. Jacques Brel le admiraba y decía que él no habría nunca cantado de no haber sido por Trenet.

Charles Trenet

Una foto insólita de Trenet, que casi siempre salía riendo y feliz, como su himno Y'a de la joie

Charles Trenet

Una imagen más habitual en Trenet.

En las películas de François Truffaut a menudo suenan canciones de Trenet, y a la letra de Que reste t-il pertenece el título de su película Los besos robados (Baisers volés).

La entrada original de Esto me suena en Angkor Bit

 

¡¡He ganado el píxel de oro!!

No sé si conoces el concurso El píxel de oro, que organiza marcóticos en su página. En la tercera edición había mucha competencia, pero finalmente he logrado alzarme con el codiciado premio, que puedes ver aquí:

.

Admira el píxel de oro (bastante ampliado)

Aunque parezca asombroso, he ganado por tercera vez consecutiva el píxel de oro, pues también me alcé con el premio en las dos ediciones anteriores.

El píxel de oro 2005 exigía escribir un relato a partir de la siguiente foto:

El libro de los condenados

Cuando llegue el Día el Juicio Final todos los seres humanos se presentaran ante el trono de Dios. Los muertos saldrán de sus tumbas y se unirán a los vivos para ser escrutados por los ojos terribles del Altísimo. Entonces Él abrirá el Libro de los condenados y leerá los nombres de aquellos que verán transcurrir la eternidad en el infierno.

Yo soy quien ayuda a Dios en su tarea. Yo escribo los nombres de los condenados en el libro del Señor, en este libro que nunca se acaba y en el que siempre puedes encontrar una página en blanco.

He escrito ya millones de nombres en mi tarea de siglos. He anotado los nombres de todos los que han pecado, de hecho, de palabra o de pensamiento, contra Dios o su Iglesia; contra quienes han blasfemado o negado su Grandeza, contra quienes han puesto en duda su bondad.

He anotado el nombre de una mujer que no se reunirá nunca en el Cielo con su amado porque perdió la virginidad antes de casarse por los lazos sagrados, el de los hijos que no verán nunca a su padre porque fueron concebidos en pecado, el de un sabio que vivió cristianamente pero no conoció la revelación de Cristo porque nació trescientos años antes de la Encarnación, el de un devoto que se unió a una secta herética por odio a la Inquisición, el de un campesino que maldijo a su amo, el de dos mujeres que se amaron con el amor más puro pero más prohibido.

Confieso que a menudo dudé cuando tuve que escribir algún nombre. Sí, al redactar la lista de los condenados, he dudado de Su bondad. Y he anotado mi nombre en el libro de Dios, porque yo tampoco soy digno de Él.

Puedes leer los relatos de los otros concursantes en este enlace:
El píxel de oro 2005

En próximos días pondré aquí mis otros dos relatos.

Por cierto, sería interesante que marcóticos nos dijera de quién es esta hermosa estatua, yo diría que polaca o checa.

 

Carlos Gardel en la pared

Carlos Gardel es el ídolo máximo de Argentina, lo que ya es mucho decir en un país lleno de ídolos. Sin embargo, ha tenido sus altibajos en el panteón. Cuando estuve allí hace nueve años, Gardel y el tango en general no estaban tan de moda como ahora.

Yo, como casi todos los argentinos, me rindo también ante Gardel, y aunque sé que hay otros grandes cantantes de tango, creo que su voz tiene algo que no tiene ninguno, y que sobrevive a las malas grabaciones de su época.

Algunos han intentado explicar este misterio de Gardel, que "cada día canta mejor" recurriendo a que Charles Romuald Gardès nació un 11 de Diciembre de 1890 en Toulouse, Francia, y que su madre era francesa, o a que tal vez era uruguayo y nacido en Tacuarembó, o a explicaciones más enrevesadas.

En una pared de Buenos Aires vi esta imagen de Gardel:

gardel

Si quieres ver más plantillas de Buenos Aires: Plantillas en Buenos Aires

 

Cerebro de hombre, cerebro de mujer 

Hace unos días se publicó un artículo en El País con este título y se anunciaba en destacado:

"Numerosos estudios han buscado las diferencias cerebrales entre los dos sexos pero las evidencias son poco concluyentes".

La cosa parecía reforzar otra información que creo que obtuve en un libro de Stephen Jay Gould: que una investigadora había investigado las investigaciones que se han hecho en los últimos 50 años y que la conclusión es que ninguno de esos estudios permite hablar de una diferencia significativa entre la manera de pensar de hombres y mujeres (y menos que las diferencias halladas se deban a la genética).

Tras un titular tan prometedor, el autor o autora (M.Pérez Oliva) cuenta un curioso experimento:

"El experimento se hizo en 2002 y lo dirigió una mujer, Melisa Himer. Se puso al alcance de individuos de ambos sexos de muy corta edad juguetes de marcado sesgo sexista: un camión y una pelota, una muñeca y una sartén. Se supone que, si no existen condicionantes culturales, ambos sexos correrán indistintamente hacia cualquiera de los juguetes. Pero -¡oh, sorpresa!- no es así: a tan tierna edad, los sujetos de sexo masculino muestran una clara predilección por el coche y la pelota, y los del sexo femenino, por la muñeca y la sartén. Un tercer grupo de juguetes absolutamente neutros apenas tiene éxito. ¿Por qué, si no han tenido tiempo de contaminar sus preferencias con roles sexistas, se comportan tan sexistamente en su elección?".

Pero hay una sorpresa:

"El conferenciante, Alberto Ferrús, no tiene respuesta. Pero tiene una sorpresa para el auditorio: la siguiente diapositiva muestra a los sujetos de la investigación: ¡son monos!"

Para mí lo más asombroso del experimento no es que los machos eligieran el camión y la pelota, y que las hembras prefirieran la muñeca y la sartén. Lo increíble es que monos de tan corta edad supieran para qué sirve un camión o una sartén, una pelota y una muñeca, y que además se dieran perfecta cuenta de que un camión es para machos y una sartén para hembras. Y que no se les ocurriera a los machos liarse a sartenazos, pues pocas cosas hay más parecidas a un arma que una sartén, o que no intentarán violar a la muñeca o pegarse con ella como si fuera uno de sus congéneres (hay que suponer que la muñeca no tenía sexo, como es habitual). Y que las hembras supieran que la sartén es una cosa que se pone en el fuego para preparar la comida y que la pelota no es un juego inocente, sino eso que tienen los machos humanos cada domingo en vez de cabeza.

No tengo por qué dudar del experimento, aunque la historia de la ciencia está llena de animales que hacían cosas asombrosas, como el caballo Hans, y que en realidad no hacían más que lo que percibían que sus amos o sus investigadores deseaban que hicieran. Y tampoco pretendo negar la inteligencia de los animales, que creo que es muy superior a lo que se suele considerar, sobre todo en especies como los delfines, los animales domésticos o los cuervos (recientemente un cuervo hembra asombró a la comunidad cinetífica porque era capaz de fabricar herramientas). Pero este no es un asunto de inteligencia animal, sino algo realmente enrevesado.

Ahora bien, supongamos que es verdad que los monos hembras y machos son diferentes. ¿Y qué? Los defensores del reduccionismo genético insisten en unas diferencias que justificarían cosas como la que se dice en otro destacado del artículo de El País:

"Ciertos centros de élite de EE UU se plantean aplicar medidas de segregación educativa".

Y es cierto, que cada vez son más los que defienden separar a niños y niñas en las clases. Han descubierto que las niñas se sienten más relajadas si no hay agresivos niños cerca y que los niños también estudian más si no se ponen en marcha sus hormonas ante la visión de las niñas.

Si siguen investigando, también descubrirán que los hijos de emigrantes se sienten más a gusto entre hijos de emigrantes, los catalonahablantes con catalonahablantes, los castellanohablantes con castellanohablantes, los tímidos con los tímidos y los pobres con los pobres. Un esfuerzo más y reinventaremos el sistema de castas.

También es posible que se descubra que los niños homosexuales se sienten más a gusto si no hay otros niños cerca y que a las niñas homosexuales les sucede lo mismo, así que tendrán que hacer clases mixtas mezclando a homosexuales varones con niñas hereosexuales y a niñas homosexuales con niñas heterosexuales. Pero ni siquiera en estos casos está claro que todos se sintiesen realmente a gusto.

Pero otra de las conclusiones de esta noticia, que, se suponía, iba a defender que no se han encontrado esas diferencias entre el cerebro masculino y femenino, es:

"Este estudio se ha hecho 20 años después de que fracasaran los experimentos educativos que defendían que, para promover la igualdad, los niños debían jugar con muñecas y las niñas con camiones. Era una buena idea, pero fue un rotundo fracaso porque no tenía base científica y eso mismo puede estar ocurriendo ahora con otras ideas", dijo Ferrús."

Aquí la cosa tiene todavía más gracia, porque el tal Ferrus habla alegremente de "fracaso". ¿De qué fracaso habla? ¿es que ahora no hay más igualdad entre hombres y mujeres que hace veinte años? No sé si eso se debe a que se ha incentivado a las niñas a jugar con camiones o no, aunque no sé tampoco por qué esa obsesión en considerar que los camiones tienen más relación con los machos que con las hembras. Puedo entender lo de la muñeca, por aquello de que las mujeres se quedan embarazadas y dan a luz y los hombres no. Pero, ¿los hombres dan a luz camiones?

Cuando yo era pequeño y viajaba en coche con mi padre, jugaba a hacer estadísticas con los coches que adelantábamos: contaba cuantos señores con bigote había, o con barba, o sin bigote ni barba. También contaba cuantas mujeres conductoras había. Había muy pocas. Poquísimas. Ahora, cuando vuelvo a jugar a ese juego, descubro que hay muchos menos hombres con barba, poquísimos con bigote y muchas mujeres, casi tantas como hombres. No me he fijado mucho en los camiones pero no creo que haya ningún problema especial para que sean conducidos por mujeres. Por otra parte, las estadísticas demuestran de manera abrumadora que las mujeres conducen mejor que los hombres, porque tener menos accidentes es conducir mejor, así que no parece que el gen camionero se haya codificado muy bien en el cerebro de los machos (incluídos los monos según el experimento).

Pero todo esto son detalles y chistecillos, pues, afortunadamente, el artículo de El País acaba diciendo que los dos investigadores opinan que no se deben aplicar medidas educativas basándose en esas supuestas diferencias:

"Para empezar, las diferencias cerebrales entre los miembros del mismo sexo suelen ser superiores a las que hay entre los dos sexos", sostuvo la profesora Barral. Luego todo es muy relativo y además hay mucha ideología"

"Aunque existen diferencias cerebrales, ninguna de ellas justifica las acciones que en su nombre se toman", sostuvo con vehemencia Alberto Ferrús. Por la misma razón, no deberían adoptarse decisiones de políticas de igualdad sin una sólida base científica: "Si hay un ámbito tintado de intereses acientificos, ése es el de las diferencias sexuales en el cerebro y el comportamiento", sostuvo. "Efectivamente, esas diferencias existen y tienen consecuencias en los comportamientos. Pero si se quiere conseguir que la sociedad sea igualitaria, no se debe tratar igual a quienes son diferentes". Ferrús indicó que determinados centros educativos de élite de Estados Unidos están considerando seriamente volver a la segregación en determinados aspectos educativos "porque se han dado cuenta de que es la única forma eficaz de que surja el liderazgo entre las mujeres y no se reproduzca el fenómeno de inhibición en presencia del macho. Es un tema abierto, pero habría que reflexionar sobre ello".

Es decir que para corregir un problema (la agresividad del macho y la consiguiente inhibición de las hembras), lo que se propone es aplicar lo que durante siglos y siglos se aplicó en el Occidente cristiano y que tan buenos resultados dio, o una versión modernizada de la segregación musulmana. No sé si eso tendrá resultados positivos para las mujeres, pero estoy casi seguro de que será desastroso para los hombres. Más bien, en mi opinión, habría que intentar imbuír a los hombres de muchas de esas virtudes hoy consideradas femeninas (como conducir con prudencia o no ser tan agresivos), no porque sean femeninas, sino porque son razonables.

morphin

Sobre este asunto he escrito muy a menudo, pues es uno de mis favoritos (la crítica al sexismo), así que no repito aquí lo que he dicho ya en muchos lugares, ni mi opinión de que está búsqueda de diferencias, aunque tuviese un éxito rotundo, tendría muy poca importancia. Tan sólo, a la espera de reúnir los textos afines en algún cuaderno (por ejemplo en un Cuaderno feminista), pongo este enlace a una entrada a propósito de otro estudio en el que se concluía lo que dije antes, que no se han encontrado tales diferencias: Los hombres son de la Tierra y las mujeres... también.

Un mensaje de Karina sobre Perú y el fascismo

Tenía pensado publicar hoy una entrada que escribí hace dos meses acerca de un tema relacionado con lo que cuenta aquí Karina. Pero creo que es más importante lo que ella misma cuenta, así que pospongo esa entrada.

"Queridos amigos:

Un gran abrazo en medio de la efervescencia de una campaña electoral. Ahora bien, les ruego transmitir el peligro que se cierne sobre mi país no sólo con la crecida de una derecha bien carcamal, sino también con la de un nuevo aventurero en la política peruana, Ollanta Humala. Manipulando la ira ciudadana frente a continuos desengaños en la política, este militar, preparado durante seis meses en la Escuela de las Américas (de la CIA) en Panamá, algo que no ha podido esconder, como sí, parcialmente, su participación en "operaciones" violatorias de los derechos humanos en los años noventa, hoy pretende pintarse como el revolucionario de los pobres con un discurso nacionalista y patriota de última hora (no existía, no dijo ni mu cuando Fujimori regalaba las empresas del Estado en los años noventa).
Les transmito esta preocupación porque sé bien que en Europa hay toda una panda de imbéciles, empezando por Gaspar Llamazares, que creen que apoyar a este individuo es apoyar a una izquierda revolucionaria de boquilla sin detenerse a analizar las barbaridades que viene planteando, ni la gente corrupta y oportunista que le acompaña. Paralelamente, en el Perú, hay otra panda y bastante grande de idiotas que sin recapitular en el error que cometieron en 1990 confundiendo a Fujimori con un salvador frente a la derecha, hoy apuesta por Humala creyendo en sus palabras y no en los horribles hechos de su trayectoria militar.
Ollanta Humala pertenece a un clan familiar que se cree designado por la providencia para salvar al país y el jefe del clan, su padre, hace unos días señaló que ojalá su hijo salga elegido para liberar de la cárcel a los"héroes" de la guerra contra el terrorismo, pero también a Abimael Guzman, líder de Sendero Luminoso, otro carnicero que en su momento se creyó salvador de la patria a costa de aplicar los mismos métodos que los jemeres rojos en Camboya (dando lugar a una represión militar igualmente terrorífica en la que participó su hijito).
Más reciente, ayer la madre de Humala, que recuerda tanto a la mujer de Mao, en medio de un mitin reiteró algo que su hijo adelantó hace varios meses pero que no había vuelto a pronunciar por su propia boca de nuevo: que hay que fusilar a todos los homosexuales para moralizar al país. Algo que sí repite Humala en todos los discursos de ayer y hoy es que hay que fusilar a todos los corruptos, algo que pega en una sociedad cansada de la corrupción, pero que vulnera todo compromiso contra la pena de muerte.
En mi partido, hay tres candidatos a Congreso y parlamento Andino que pertenecen a la comunidad de gays, travestis y lesbianas y acaban de pedir garantías ante las autoridades ya que con ese mandato de parte de aquella tropa de "patriotas" se empiezan a sumar agresiones contra este colectivo, de por sí terriblemente discriminado y maltratado en un país tan machista como el Perú.
Si hay quien no crea en esto, ver por favor www.socialista.org.pe   o el único diario no capturado por la derecha: www.larepublica.com.pe.
No hay que ser de esa derecha carca como para preocuparse de este peligro. Desde los grandes medios de comunicación la campaña se ha polarizado para ayudar a la candidata enmascarada del Opus Dei (de Unidad Nacional), pero el tiro les ha salido por la culata, y en ese plan mucha gente se olvida de otras opciones políticas más claras y progresistas, y no sólo me refiero al Partido Socailista en el que yo milito.
Por favor, adviertan a quien desde en Europa lo ve todo blanco y negro en América Latina que apoyar estas opciones como salvadoras es un error catastrófico para un país en el que no viven.
Gracias.
Un abrazote: Karina

 

Otro Islam es posible

Llevo un tiempo publicando cosas bajo este encabezado y ahora he decidido juntarlas en una página.

Sin embargo, tengo que aclarar que esto de "Otro Islam es posible" es una simplificacion vergonzosa. Poner a Omar Jayyam bajo el Islam o a Ibn Warraq es tan absurdo como decir "Otro cristianismo es posible" y poner como ejemplo de ello a Johan Sebastian Bach o a Bertrand Russell.

russell

Bertrand Russell escribió Por qué no soy cristiano y Warraq Por qué no soy musulmán. Russell no tuvo que usar seudónimo porque el cristianismo ya no tenía en su mano los instrumentos de la represión y la muerte.

Lo que llamamos Islam o mundo musulmán o mundo árabe es una entelequia como otra cualquiera, que agrupa a decenas de países muy diferentes: basta con pensar que uno de sus extremos está en Pakistán o Indonesia y otro en Marruecos. Pero, además, resulta que muy pocos de esos países son árabes: no lo es Irán, no lo es Turquía y lo e,s con muchísimos reparos Marruecos, en el que es mayoría la población bereber.

Lo único en común de todos estos países es que tienen la mala suerte de estar muy condicionados por la religión musulmana. No sólo porque la religión musulmana sea mala en sí, que lo es como lo es la cristiana y probablemente cualquier religión que exiga a sus fieles fe y obediencia y además pueda imponer sus dogmas, sino porque, además, ese carácter musulman oculta todo lo que de particular tienen muchos de esos países y que, en muchos casos precede y fue destruido por los árabes de Mahoma.

Alguien pensará que esto es una muestra de etnocentrismo cristiano u occidental o algo parecido, así que lo mejor será citar estas palabras de un persa (iraní) con el que conversó Ernzesberger en su viaje a Irán:

"Siempre nos confundís con los árabes. Islam, islam, islam, no puedo oírlo más. Irán ya existía desde mucho antes que el arcángel Gabriel revelara su sabiduría a los profetas. El Corán es algo importado por los conquistadores musulmanes. ¿Qué es Irak, qué es Jordania? ¡Son países que ha inventado el Foreign Office de Londres! En cambio, nosotros ya sabemos desde hace dos mil años quiénes somos. Pero vosotros no queréis saber nada de eso. Para nosotros, Occidente es un anhelo al que nunca correspondéis. Vuestros medios de comunicación social sólo muestran todo aquello que odiáis."

Y en efecto, Irán no tiene nada que ver con los árabes, excepto porque su cultura de más de dos milenios fue casi por entero destruída por ellos. Es una triste historia, la caída del último rey persa, Yazdigerd III, al que los chinos de la dinastía Tang no pudieron o no quisieron ayudar y que murió exiliado en la capital china, Changán. ¿Y qué decir de Egipto que vivió siglos bajo los faraones y casi un milenio entre Grecia y Roma? ¿Y Turquía, en la que se desarrollaron decenas de culturas, entre ellos los hititas y gran parte de la civilización griega?

Llegará un momento, y espero que sea pronto, en que todos esos países se quitarán de encima el peso muerto del Islam, como se lo quitaron los reinos cristianos de Europa hace no mucho. Pero, mientras tanto, lo que todos ellos tienen en común es esa simplista denominación, y por eso la empleo.

Enlace a Otro Islam

 

Algo habrán hecho

Alice Domon y Léonie Duquet

Así se llama un libro de Elena Cabrejas y un guión de mi amiga María Cabrejas, del que no puedo decir más, porque todavía no se ha hecho la película, pero sí puedo decir que tiene que ver con la dictadura argentina y con esa frase con la que algunos justificaban las desapariciones: "Algo habrán hecho". Doble crimen ideológico, porque muchas de las víctimas no habían hecho absolutamente nada y porque el hacer algo, por ejemplo haber asesinado, no justifica la tortura ni el terrorismo de Estado ni la pena de muerte.

María también es autora junto a Fernado Nogueira de un impresionante documental que se llama Missionnaire, protagonizado por Yvonne Pierron, una monja francesa, que era amiga y compañera de Alice Domon y Leonie Duquet, ambas asesinadas por la dictadura militar. Recientemente se descubrió el cadáver de Leonie y quedó probado que habían sido asesinadas por los militares, pues la dictadura fingió que habían sido secuestradas por los montoneros, grupo guerrillero que sirvió a los militares como excusa para hacerse con el poder e iniciar su reinado de terror.

Precisamente el hecho de que se tratase de monjas francesas y españolas, que eran conocidas por ayudar a los pobres y a los discriminados, hizo que muchos comenzasen a dudar de la versión oficial y que algunos dejarán de repetir aquello de "Algo habrán hecho".

Y aprovecho para anunciar desde aquí a quien pueda leerme en Buenos Aires que precisamente esta semana, el 30 de marzo se proyectará Misionaire en un acto con motivo de cumplirse 30 años del golpe militar. Es una buena oportunidad para no perderse este documental extraordinario.

3 0 º  A n i v e r s a r i o    d e l    G o l p e

Dos Proyecciones del film de la única monja francesa sobreviviente

1) En elCentro Cultural Recoleta, en la Muestra:

“30 años, 30 mil desaparecidos, 30 películas“
El Jueves 30 de Marzo, 14.30 hs.

Organiza: Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken 

2) Se exhibe permanente un extracto del film en la Web:
“1976-2006: 30 años del Golpe Militar en Argentina”

Missionnaire


Un espacio de arte múltiple en Internet, para promover la participación de la comunidad en una gran sala global en la que artistas, instituciones y público en general interactuarán en la construcción de una memoria colectiva. 

Auspician: Archivo Nacional de la Memoria (Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación), Instituto de Investigación de género (Facultad de Filosofía y Letras, UBA), Laboratorio de Investigación (Facultad de Arquitectura y Diseño, UBA), Decanato Artes Visuales IUNA, Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Memoria abierta, Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires. 


Como se dice más arriba, puedes ver un fragmento del documental con este enlace:

Missionnaire

Y si quieres ponerte en contacto con los responsables de Missionnaire:     missionnaire_doc@yahoo.com.ar 

 

¿Fin del terrorismo de ETA en España?

El grupo terrorista vasco ETA ha declarado un alto el fuego permanente en España. Eso hace pensar que han decidido dejar de asesinar a los que consideran sus enemigos. Hay que suponer que también se acabarán los chantajes, las extorsiones y la violencia en las calles, y que podrán regresar al País Vasco muchas personas amenazadas y vivir como personas normales quienes han tenido que salir a la calle durante años con escolta ante la amenaza de muerte.

Todos sabemos que ahora se inicia una larga negociación, que será muy difícil, y que no está garantizado que ya se hayan acabado las muertes (el IRA, después de su alto el fuego definitivo, todavía asesinó), pero parece que sí, que podemos ver la luz al fondo del tunel.

No voy a opinar mucho más acerca de este asunto (ya lo he hecho a menudo en esta página y en otras), pero aquí tienes un enlace en el que puedes leer una interesante entrevista al filósofo español Fernando Savater, digno heredero de Bertrand Russell, y una de las personas que han arriesgado su vida (él estaba amenazado de muerte por ETA) por defender la libertad en Euskadi.

Fernando Savater

Fernándo Savater: Entrevista digital en El País.

 

Ambigüedad en un cuento infantil

En estos días estoy leyendo muchos cuentos infantiles, esta semana de Perrault. Me gustan mucho, especialmente La bella durmiente, del que espero hablar cuando haga una pequeña investigación. Pero en uno de ellos he encontrado algo muy interesante relacionado con la ambigüedad. Antes de contarlo, es necesario recordar algunas cosas que dije en mi página de juegos, Cibernia.

En Cibernia hay un juego que se llama El juego de la ambigüedad, y que yo pongo bajo la admonición de dos santos patrones: Noam Chomsky y Steven Pinker.

Puedes ver toda la historia visitando Cibernia, pero resumo aquí lo fundamental.

El juego de la ambigüedad es un juego que sale mucho en los libros de lingüística. Se trata de frases en las que algo no está muy claro, frases que resultan inevitablemente ambiguas.

Steven Pinker, que estudió con Chomsky, se refiere en su libro Cómo funciona la mente a frases ambiguas como:

“Hildegard quiere casarse con un culturista”

¿Hildegard quiere casarse con un culturista en particular o frecuenta los gimnasios buscando uno?

“Cada 45 segundos un hombre sufre un golpe en la cabeza en España”

¡Pobre tipo!


El juego, como se ve, consiste en escribir frases ambiguas con componentes equívocos e indefinidos: cuando decimos "un hombre", podemos querer referirnos a un hombre en concreto, como nuestro amigo Juan Hernández, o a "cualquier hombre", o un hombre indeterminado.

Otra frase ambigua sería:

“Un hombre besa a una mujer cada cinco segundos"

¿Cómo podemos medir o calcular la ambigüedad de esta frase?

Se podría decir, quizás, que la ambigüedad de una frase se mide por el número de posibles interpretaciones a que da lugar. Mientras más interpretaciones, más ambigüedad.

En el caso anterior podríamos entender:

a) Un hombre (concreto) besa a una mujer (concreta)
b) Un hombre (cualquiera) besa a una mujer (concreta)
c) Un hombre (concreto) besa a una mujer (cualquiera)
d) Un hombre (cualquiera) besa a una mujer (cualquiera)

Quizá en el juego no debamos limitarnos a la cantidad y podamos buscar también frases absolutamente ambigüas, en las que no sepamos quién (uno, varios o todos) hizo qué, cuándo lo hizo, etcétera. Como en el clásico de los libros de lingüística de Noam Chomsky:

"Ayer vi a Juan mientras corría"

¿Quién corría, Juan o yo?

Entonces proponía que quien quisiera mandase frases. llegaron algunas muy ingeniosas, como:

Desde que me dijeron que debía amar a Dios por encima de todas las cosas, cuando paso por debajo de un puente le detesto

Que es una frase realmente ingeniosa (a mí me costó darme descifrar su ingenio).

O esta otra frase de 1+:

Al partir, me quedé triste.

Y aclara 1+ que no sabe si por la despedida o por lo que vio dentro. Supongo que se refiere a lo que vio fuera: es decir, o le entristeció dejar aquello o le entristeció ver lo que le esperaba.

Aunque, sí, es posible que también se pueda entender por lo que vio dentro, por lo que había allí, más que por el hecho de la despedida. Y tal vez podríamos añadir un cuarto sentido: ¿no dice la frase que en realidad no se fue, sino que se quedó: "al partir, me quedé"?

Yo tenía la intuición, y así lo dije en mi weblog Memex, que intuía que existían frases todavía más ambigüas:

¿Podemos imaginar frases, ideas o temas en los que nosotros mismos que las usamos no sepamos su significado?.
Parece imposible, o casi.
Adelanto una posible respuesta, pero que no me acaba de complacer del todo.
Si a mí Pedro me dice: “Ayer vi a Juan mientras corría”, yo sé que ayer sucedió algo relacionado con Pedro y Juan, pero no sé exactamente qué: sé que corría Juan o que corría Pedro, pero no cuál de los dos.
Pero lo que yo planteo es si hay algún tipo de ambigüedad más profunda. La verdad es que no estoy seguro de qué es lo que busco exactamente, aunque tengo la sensación de que si encontrase un ejemplo lo reconocería al instante.

Pues, bien, ahora, al leer Pulgarcito he encontrado una frase que me parece extraordinaria por su ambigüedad. la cosa tiene lugar cuando, después de ser abandonados en el bosque por sus padres y conseguir regresar gracias a las piedras que deja Pulgarcito en el camino, los padres, se disponen a abandonbarlos de nuevo. Pulgarcito les oye y decide ir a buscar más piedras al río, pero entonces:

"Pero descubrió que sus padres habían cerrado con doble llave la puerta de la casa, y no pudo salir."

¿Dónde está la ambigüedad en esta frase?

En lo siguiente: Pulgarcito se levanta y se dispone a salir de la habitación. Entonces descubre que la puerta está cerrada. Pero, atenció, no descubre que sus padres la han cerrado: simplemente descubre que alguien la ha cerrado. Puede haber sido su madre, o puede haber sido su padre, o pueden haber sido los dos, o uno de ellos con el consentimiento del otro. O tal vez no ha sido ninguno de los dos. A lo mejor ha sido el alcalde del pueblo, o unos ladrones que acaban de degollar a los padres y han encerrado a los hijos a la espera de degollarlos también. Es el autor del cuento el que sabe que los padres han cerrado la puerta, pero el personaje no lo sabe a ciencia cierta. Aquí el autor se ha despistado y ha atribuido al conocimiento del personaje lo que sólo sabe él. En realidad, tenía que haber escrito:

Pero Pulgarcito descubrió que la puerta estaba cerrada con doble llave. Y es que su padre la había cerrado.

O algo parecido.

Pues bien, este tipo de ambigüedades se dan constantemente en las novelas, ya se trate de un autor omnisciente o del llamado flujo de conciencia del personaje. Es un tema tan interesante que le he dedicado un juego en Cibernia, que se llama El juego de Perrault.

Puedes jugar (con ejemplos reales a ser posible) visitando Cibernia.

Cibernia

 

Otra galería digital: Formentera

Tengo diseminadas por la red unas cuantas galerías digitales, que ahora estoy ordenando en los menús en forma de paneles de iconos que hay al final de esta página. Aprovecho también, a medida que las voy sacando de nuevo a la luz, para añadir algún comentario o nuevas fotos, como en esta dedicada a Formentera y un texto nuevo que copio aquí:

Los indios de los Estados Unidos

formentera

Mi anillo de los pieles rojas, mi pulsera de cuerda y mi piedra favorita.

Mi estancia en Formentera coincidió con mi fascinación por los indios de los Estados Unidos. Me impresionaron algunos libros que tenía mi padre, como Los Nez Percé, que cuenta la emocionante historia de esta tribu y de su último caudillo, el Gran Jefe Joseph en su huída hacia el Canadá. O el cheyenne Woquini o Roman Nose (Nariz Romana), que tenía un tocado mágico que le hacía invulnerable a las balas, pero que perdió su poder porque una esclava blanca le sirvió la comida con un utensilio de metal.

mano
Roman Nose de los cheyennes

Y Roman Nose, no recuerdo si en la batalla de Litle Big Horn o tal vez en Sand Creek, tuvo que reiniciar sus ritos de encantamiento, pero sus guerreros le reclamaban en el campo de batalla y no tuvo más remedio que dirigirse al combate a pesar de no contar todavía con la protección de su tocado y sabiendo, por tanto, que se dirigía a la muerte. Y así fue: en su primera cabalgada una bala le alcanzó.

Pero el libro que más me impresionó fue Enterrad mi corazón en Wounded Knee, de Dee Brown.

Galerías de fotos: Formentera

 

Chun su Kim, poseído por Dostoievsky

Chun Su Kim es un poeta coreano que murió hace dos años. Se le considera el poeta contemporáneo más importante de Corea.

chun su kim

Le interesaba mucho la literatura y la filosofía europeaa, por ejemplo la fenomenología de Husserl, pero también se sentía dividido entre Marx y Freud, entre el ser individual y el ser social. Este conflicto me resulta curioso, porque yo también me hallo a menudo dividido entre las dos cosas, pero yo las identifico con el confucionismo (ser social) y el taoísmo (ser individual), o con el gran camino (mahayana) y el pequeño camino (hinayana) budistas.

A veces es más fácil encontrar algo próximo a la intimidad mental en lo distante que en lo cercano, posiblemente porque lo cercano está lleno de ruido mediático y es difícil llegar a escucharlo con atención. Chun-su Kim buscaba en Europa y yo busco en Asia. También Goethe encontró en el persa Hafiz esa voz cercana.

Chun-su Kim también estaba poseído por Dostoievsky, y en esto sí coincido con él, porque no puedo negar que la lectura de Dostoievsky ha supuesto varias veces para mí un verdadero golpe, y al recordar esas sensaciones, he logrado sobreponerme al ruido mediático que hoy en día rebaja cuanto puede a Dostoievsky, empezando por Nabokov, que le debe más, en mi opinión, de lo que quiere reconocer. Creo que este desprecio a Dostoievsky y a otros muchos autores se debe en gran parte a una intolerancia realista que traslada al terreno de la ficción lo que son razonamientos muy válidos en la vida cotidiana, pero que no tienen por qué trasladarse a otros terrenos con tanta dureza e intransigencia. A mí me gusta decir que albergo suficientes sensibilidades para apreciar todo tipo de cosas, al margen de lo que mi juicio crítico desencadenado pueda después dictaminar sobre ellas. Algo semejante a lo que decía Samuel Johnson del cerebro isabelino (puedes leerlo más adelante).

Poseído por Dostoievsky es un libro que podría parecer absurdo a primera vista, pues se trata de poemas escitos por los personajes de Dostoievsky. Literatura sobre la literatura, mitomanía, poesía intelectualista, un camino muy arriesgado que suele acabar en el pastiche. Pero hay excepciones muy hermosas, como algunos poemas de Kavafis con personajes griegos o romanos, algunos cuentos de Karel Kapeck en los que dialogan, en alguna especie de cielo literario, dioses o personajes clásicos; muchos de los deliciosos diálogos de los muertos de Luciano en los que aparecen dioses, gobernantes y filósofos; o Ancho mar de los Sargazos, de Jean Rhys, en la que se cuenta la historia del misterioso personaje de la novela de Charlotte Bronte Jane Eyre, Antoinette Cosway, la primera esposa de Rochester, la loca que vive encerrada en la buhardilla de Thornfield Hall.

También me recuerda esta obra de Chun-su Kim a la Antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters, en la que todos los poemas son epitafios de los muertos de un cementerio. Tanto en la obra de Lee Masters como en esta de Chun-su Kim el placer aumenta a medida que lees poemas y tu mente, de manera casi inconsciente, va descubriendo nexos entre unos y otros. Y, junto a ello, una sensación de recorrer un lugar, más semejante a la que se experimenta con la lectura de una novela que con la lectura de poemas.

CON TODO MI RESPETO A MI MAESTRO STAVROGIN

Con una planchuela enrojecida al fuego
puebo achicharrarme el costado.
Con un cuchillo me levanto las uñas de la mano
y también las uñas de los pies.
¿Cuánto podré aguantar?,
mido la altura de mi imaginación.
Demasiadas palabras y demasiados problemas,
es la metafísica de la torre de babel
que yo sacudo.
Digo derrúmbate, derrúmbate
hasta que se derrumbe.
Sin embargo, como le sucedió a un poeta,
una espina verde de la primavera tardía
se me clava. Finalmente me mata.

Esta es la realidad.
Un corpezuelo físico compuesto de siete partes de agua,
¿qué haré con esta vergüenza,
maestro?

A punto de suicidarse,
su estúpido discípulo Kirilov.

A NATASHA

Natasha,
el crimen
es un escabeche
que se hace poniendo carne y sangre en sal.
El setenta por ciento es sal.
Petersburgo, como un poema de Baudelaire,
huele a sodio por todas partes.
Después de lanzarme a las ruedas de un coche de caballos,
yo también pude saberlo:
aún en el dolor de muelas hay placer.
¿Por qué Sonia, pese a que vendió su cuerpo,
se convirtió en un ángel?
Añorando la luz,
esperamos ahora la noche.

El príncipe Valkovski,
un holgazán que no hizo nada en esta vida.

3 de abril de 2006

Poseído por Dostoievsky fue publicado por la editorial Bassarai, con traducción de Sun-me Yoon y Seung-kee Kim (www.bassarai.com)

Mas sobre Corea en mi Cuaderno de Corea

 

Samuel Johnson y los críticos prematuros

Este texto de Samuel Johnson, creo que lo publiqué en un cuaderno anterior, pero ahora lo rescato de mi página El espejo (textos con los que coincido) porque tiene que ver con algo que dije en la entrada anterior.

“Hay muchos, y el afán de conservar mis amistades no me permite citar nombres, que acuden al teatro con la crítica ya escrita. Entre ellos se cuentan los que abusan de algo tan razonable como es sin duda la verosimilitud. Pero, ¿acaso no exige el disfrute de la ficción una cierta cesación de la exigencia de verosimilitud? No sería más conveniente que imitáramos a los niños y suspendiéramos el juicio como escépticos antiguos cuando vamos al teatro?
El temperamento crítico es sin duda elogiable, y gracias a la necesidad que de él tiene nuestra sociedad yo me puedo permitir contar con el apoyo de suscriptores que sostienen mis empeños literarios, pero el placer casi siempre está reñido con el juicio severo. Presumo yo más bien de poseer en un solo cráneo dos cerebros: un cerebro isabelino que se entrega a Shakespeare sin hacerse preguntas que no sean las qué el mismo me quiere sugerir y otro cerebro, que vive en el presente, en este siglo de plomo y academias, y que observa escondido, pero que no interviene hasta que ha llegado su momento.”

3 de abril de 2006

Más textos con los que coincido en El espejo

 

A Cannes

Para Ana, que está en Cannes.

cannes

Carlos Berlanga "A Cannes"
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Pensar para no pensar

Pienso luego existo es una de mis seciones favoritas de la revista El ciervo. No sé quién la escribe, creo que son varios, pero siempre cuentan cosas interesantes. En el último número se refieren a una investigación:

"No te sientes a preguntarte por qué", canta Bob Dylan. Ahora varios estudiosos le dan la razón. Por ejemplo, uno de la universidad de Texas, que pidió a dos grupos de personas que valoraran cómo les iba con su pareja. A unos les animaron a pensar una lista de pros y contras y que luego puntualizaran la relación; a los otros simplemente les pidieron que puntuaran su relación sólo a partir de su primera impresión.
Los que valoraron sólo según la primera impresión son los que acertaron. Según la conclusión de los autores "demasiado análisis puede confundir a la gente sobre lo que sienten. Intentar explicar lo inexplicable nos lleva a que se separe el agua del mar y que aparezcan nuestros entimienos ocultos como pececitos saltando". Es una metáfora complicada, pero se entiende.
Además, el autoanálisis es especialmente malo si nos sentimos deprimidos. Según Susan Nolen-Hoeksma, de la Universidad de Yale, rumiar sobre los problemas que uno tiene cuando está triste empeorá las cosas.
Como soluciones, los psicólogos recurren a Aristóteles, que decía: "llegamos a ser justos mediante la práctica de actos justos, a dominarnos mediante el ejercicio del autocontrol y valientes mediante actos de valentía". Así, si nos disgusta algo de nuestra vida la solución no es sentarse a preguntarnos cómo deberíamos ser, sino ponernos manos a la obra.
En otro estudio -y ya es el último- se dio la posibilidad a los participantes de hacer una buena acción. Al acabar la mayoría se consideraba mejor persona; a menos que se les preguntara por qué habían hecho esa buena acción. La conclusión certera del psicólogo Timothy D.Wilson es: El truco es salir de nuestra rutina y ser buenos con los demás sin pensar mucho en por qué lo hacemos. Nuestra bondad nos hará más felices".
Está bien que la ciencia confirme cosas simples y bonitas."
(El ciervo, abril de 2005)

Alguna persona se sorprende cuando digo que no hay que exagerar en el análisis o la reflexión, que muchas veces lo razonable es dejar de razonar. Me ha pasado especialmente en situaciones sentimentales y tiendo incluso a pensar que cuando se reflexiona demasiado acerca de los problemas de relación entre dos personas eso significa que el problema se ha convertido ya en insoluble.

A veces se quiere discutir todo, aclarar todo, entender cada gesto, cada detalle, cada malentendido, pero eso es casi siempre enfermizo y a menudo peligroso. La mayoría de las cosas hay que hacerlas sin más reflexión previa. Y muchas de las cosas que sentimos quizá tengan explicación pero es casi imposible que la encontremos (y entonces encontramos una solución inventada).

La terapia antigua, por ejemplo la freudiana, consideraba que para solucionar un problema había que resolver sus causas, sacar a la superficie el trauma originario y enfrentarse a él hasta lograr superarlo. La terapia breve de Watzlawick y otros sostiene justo lo contrario, que para cambiar la manera de pensar uno tiene que cambiar la manera de actuar: " Think little and learn by doing".

Claro, parece absurdo, ¿cómo voy a cambiar mi manera de actuar si mi problema es que no puedo actuar de otra manera debido a mi manera de pensar? Pero no es absurdo. Como creo que ya he hablado de esto, y creo que hablaré en ese ensayo que prometí escribir acerca de la naturaleza humana, lo dejo aquí. (Por cierto, Mi admirado Jesús Mosterín se me ha adelantado y ha publicado La naturaleza humana).

Sobre lo de actuar y no pensar he escrito varias veces. Por ejemplo:

El criterio y los prejuicios, en Monadolog.

Kakania, en el Cuaderno Austrohúgaro

NEXOS 20031209, en Nexos

 

Somos lo que hacemos: Shaquille O'Neal

En relación con la entrada anterior, cito esto de mi próximo libro, que espero se publique hacia septiembre:

"El jugador de baloncesto Shaquille O’Neal admitía que su entrenador Phil Jackson le había convencido de algo que decía Aristóteles: "Somos lo que hacemos". Somos lo que hacemos, no lo que pensamos que somos o lo que decimos que somos. Mientras que Kobe Bryant, el rival de O’Neal en el equipo, afirmaba una y otra vez que él era la pieza fundamental, O’Neal, simplemente, mostraba quién era cada vez que salía a la pista. Al final, según la mayoría de los aficionados, O’Neal dejó claro que era él la pieza fundamental en el equipo.
El entrenador Phil Jackson, en efecto, había leído bien la Poética de Aristóteles:

"En razón de su carácter, los hombres son de tal o tal modo; pero son felices o lo contrario en razón de sus acciones. En consecuencia, los personajes... reciben su carácter en razón de sus acciones".

Michel Chion dice que mientras que en la novela conocemos al personaje por lo que el narrador dice sobre él, en el cine lo conocemos por su conducta, por sus acciones: "el cine, psicológicamente hablando, sería conductista". Este es, pues, uno de los lemas más repetidos: "El personaje es lo que hace, no lo que dice".

 

Argumentos de Autoridad

Estoy de acuerdo con el autor o autora del comentario de El Ciervo que he citado e la entrada anterior y también estoy de acuerdo con lo resultados del experimento. Quizá parezca extraño que diga que estoy de acuerdo, porque con los resultados de un experimento no se está de acuerdo o no, sino que se aceptan o no. Pero intentaré aclararlo.

En las tesis doctorales de humanidades y en muchos ensayos los autores recurren a las citas, entre otras razones, porque no suele estar bien visto que uno dé sus opiniones personales sin más, sino que tiene que mostrar que eso que piensa ya lo ha pensado alguien y, por tanto, es una opinión respetable (bajo esto subyace el dictamen de que una persona que presenta una tesis no es todavía una persona respetable). Tengo entendido que no se opina del mismo modo en el mundo anglosajón, donde se premia eso que se llama pensamiento original. Bertrand Russsell y G.E.Moore aceptaron como tesis doctoral de Wittgenstein su Tractatus Logico Pilosophicus, en el que, creo recordar, hay dos o tres citas nada más. Supongo innecesario aclarar que yo prefiero el método anglosajón. Precisamente porque una tesis es una de las primeras cosas que hace uno en su vida intelectual, no tiene mucho sentido exigírsele tanto rigor y que sepa si cualquier cosa que opina ya ha sido opinada por otro. Otra cosa es que, una vez que uno va sabiendo más cosas, oculte a propósito sus fuentes y sus inspiradores, como siguió haciendo Wittgenstein, y como también hizo Descartes. A cambio de ese rasgo de soberbia, hay que reconocer que es más entretenido leer las Investigaciones lógicas de Wittgenstein y los libros de Descartes que los de autores más honestos.

Pero las tesis se consideran un trabajo de investigación, no de creación, lo que, insisto, tal vez sea un error, porque son pocas las tesis que se han convertido en libros interesantes, siendo casi todas un trabajo tremendo para un momento efímero de gloria o aburrimiento (su lectura).

En cualquier caso, las citas cumplen en las tesis el papel de los experimentos en las ciencias llamadas duras. Decir que Fulano ha dicho tal cosa (y citarla) es algo parecido a decir que en el Instituto Max Planck se hizo en 1983 un experimento.

Pero desde hace unos cuantos años, el proceso se ha invertido. Ahora hay pocos filósofos o pensadores que sean universalmente respetados y ya no se puede citar impunemente como antes a Marx, Sarte, Camus, Merleau Ponty, Russell, Jaspers, Marcuse o Habermas. Parece que lo que se llamaba el argumento de autoridad ha desaparecido de la escena. Pero más que desaparecer, ha cambiado. Ahora, ya no sólo en el mundo científico, sino en el terreno de las humanidades el argumento de Autoridad son los experimentos.

En tal experimento se ha descubierto tal cosa; los investigadores del Fermi Lab han mostrado claramente tal otra; un laboratorio ha concluido que...

No es que yo esté en contra de la ciencia y de los experimentos, que me fascinan, pero creo que en el terreno de las humanidades, de la sociología, la psicología o la moral se exagera su importancia. Hay experimentos para todo, igual que hay refranes para todo.

Son tantos los experimentos que se hacen a lo largo de un año en el mundo que puedes encontrar un experimento para apoyar cualquier postura que se te ocurra. Hay, por ejemplo, experimentos que demuestran que el tabaco es muy beneficioso para los pulmones.

Recurrir sin más a los resultados de este o aquel experimento no es muy diferente a decir que Fulano opina tal cosa y Mengano tal otra. Es un método válido, pero siempre que no se olvide que en general se trata sólo de apoyos circunstanciales, no de soluciones definitivas a los problemas morales, sociales, psicológicos, políticos y filosóficos.

Si nos fijamos en el experimento anterior, yo estoy de acuerdo con sus resultados como quien está de acuerdo con una opinión, pero no me conformaría con los datos del experimento para sostener la opinión de hay que detener el análisis y pensar menos. Porque el experimento desnudo no nos dice casi nada: también podemos interpretar que los que reflexionaron más sobre la relación con su pareja a lo mejor llegaron a percibir defectos o virtudes en su relación que se les escapaban en una mirada apresurada, pero que tal vez eran problemas o virtudes reales que pronto empezarían a aparecer en el trato real. O tal vez no.

Pero, para moderar el ataque a la razón que quizá algunos podrían detectar en la entrada anterior, yo diría que no hay que exagerar y que, como decía Aristóteles, también es cierto que "Una vida sin reflexión no merece ser vivida". No se trata de no reflexionar, sino de hacerlo de manera adecuada y en el momento adecuado, lo que los griegos llamaban el kairós.

 

Regresan las persianas de Natalia Tubau

Desaparecieron debido a las reformas inacabables en esta página, pero ya han regresado. Tienes un enlace más abajo en OTROS MUNDOS, pero también puedes acceder directamente con este: Persianas de Natalia Tubau.

 



Diccionario sencillo de pensamiento político simple

La K

La K es la letra revolucionaria por antonomasia, a pesar de que en la palabra Revolución no haya ninguna K ni pueda ponerse, pues Revolukión suena un poco extraño. Pero, allá donde aparezca una C o una Q con sonido K, cámbiela:

Kaos, anarkía, okupacion, komunismo, kultura, kontrakultura, Euskadi (en este caso su empleo es académicamentre correcto).

Incluso se puede emplear la K no sólo en palabras sueltas, sino en cualquier lugar en que se pueda sustituir una C o una Q sin merma del sonido:

"Sin embargo muchos kreen ke lo ke se forma en una guerra es anarkia, y estan muy ekivocados, eso no es anarkia..."

El único lugar en el que no conviene poner una K es en capital o capitalismo. ¿No es cierto que el Kapitalismo parece menos malo que el capitalismo? Reserve sus Kas para los amigos y aliados.

Ejemplo Real:

"Sin embargo muchos kreen ke lo ke se forma en una guerra es anarkia, y estan muy ekivocados, eso no es anarkia... para nada. Una guerra es el producto del capitalismo, una guerra es el producto de los gobiernos. Mientras ke la anarkia no es producto de eso, la anarkia es el producto de la razon de ser libres e iguales."

Tomado de Autonomía, autogestión, anarkía... Rebelión!

La K es también una letra muy querida por los socios fundadores del Ku Klux Klan, que tomaron su nombre de la palabra griega Kyklos (Kuklos), que significa "Circulo"y le añadieron Clan, pero cambiando la C por una K.

Aunque la asociación comenzó siendo una especie de club de bromistas (de ahí su curioso nombre) acabó derivando en una organización terrorista que perseguía y asesinaba a los negros. Se reunían en Klaverns, mezcla de "clan" y "cavern" (caverna), llamaban a sus reuniones Klonvocation y a su libro sagrado Kloran. Siempre que podían usaban la K, y mejor todavía KL.

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Verosimilitud

Decía el célebre crítico Samuel Johnson en una cita que puse hace unos días:

“Hay muchos, y el afán de conservar mis amistades no me permite citar nombres, que acuden al teatro con la crítica ya escrita. Entre ellos se cuentan los que abusan de algo tan razonable como es sin duda la verosimilitud. Pero, ¿acaso no exige el disfrute de la ficción una cierta cesación de la exigencia de verosimilitud? No sería más conveniente que imitáramos a los niños y suspendiéramos el juicio como escépticos antiguos cuando vamos al teatro?
El temperamento crítico es sin duda elogiable, y gracias a la necesidad que de él tiene nuestra sociedad yo me puedo permitir contar con el apoyo de suscriptores que sostienen mis empeños literarios, pero el placer casi siempre está reñido con el juicio severo. Presumo yo más bien de poseer en un solo cráneo dos cerebros: un cerebro isabelino que se entrega a Shakespeare sin hacerse preguntas que no sean las qué el mismo me quiere sugerir y otro cerebro, que vive en el presente, en este siglo de plomo y academias, y que observa escondido, pero que no interviene hasta que ha llegado su momento.”

Y decía Iván en un comentario:

"Samuel Johnson, de quien tantas cosas me gustan, empezando por aquello del patriotismo como último refugio de los canallas (scoundrels), epíteto que a veces yo sustituyo por "pobres de espíritu", que me parece más acorde con lo que es un patriota.
Pero no estoy de acuerdo, en cambio, con eso que le atribuyes tú, algo así como que ante la ficción conviene que suspendas un poco tu exigencia de verosimilitud. Al contrario. Es la ficción (novela, teatro, cine) la que necesita ser verosímil. La realidad (que es lo que refleja el periodismo, sobre todo el menos embustero, que es el televisual) lo que necesita es veracidad. Lo contrario de la verosimilitud, que como su nombre indica quiere decir mentira que aparenta ser verdad, vero símil, es decir falsificación.

Esto ahora lo dice mucho Arcadi, que supongo que pasa para muchos por ser el padre de tan brillante contraposición. Pero basta buscar en Periodismo oral, que publiqué en 1993 (aunque la que circula es la cuarta o quinta reimpresión) para comprobar que yo lo dije primero.

No obstante, desde Cercas (que a Arcadi le parece el ejemplo supremo de lo que no se debe hacer) lo que se lleva en literatura es mezclar autobiografía (con el pasado visto desde el presente de modo explícito) y recursos de ficción relativa. Ejemplos recientes, lo de Todó en catalán (El mal francès) y lo de Gim en castellano (Interludio azul). O lo que yo empecé a escribir en febrero en el Mar Menor, antes de que se publicara lo de Todó y lo de Gim. Siempre me adelanto pero llego tarde.
En fin: ya lo había descubierto Stendhal, no solo en la Vie d'Henry Brulard."

No sé muy bien cuál es el motivo de discrepancia.

Lo verosímil, vero simil, como tú, Iván, indicas por si hubiera duda, es lo que imita la verdad.

En el periodismo se exige lo veraz, como tú también indicas.

A la ficción lo que se le aplica es la verosimilitud.

Por supuesto, esa es la idea que casi todos compartimos, antes de Arcadi, antes de tu extraordinario libro Periodismo cultural (quizá yo la adquirí allí por primera vez), y antes de Stendhal y su Henry Brulard: ya lo pensaba Aristóteles.

También, por supuesto, lo sabía Samuel Johnson. Pero si él ataca las nociones comunes de verosimilitud no es por ignorancia, sino más bien por todo lo contrario.

En realidad, Samuel Johnson decidió defender a Shakespeare contra sus enemigos más insistentes: los verosímiles (Hitchcock también habla a menudo en su entrevista con Trufaut de "nuestros amigos los verosímiles").

Tuvo tanto éxito Johnson, que dio inicio a un nuevo culto: la bardolatría, el culto a Shakespeare.

Los verosímiles, entre ellos Voltaire, reprochaban a Shakespeare no serlo: en su teatro había cosas que no parecían verdad.

En la ficción se aplica la verosimilitud a menudo: se intenta que lo que se ve parezca verdad. Al periodismo le corresponderá, como tú dices intentar ser veraz. Ahora bien, resulta, dice Johnson, que el teatro de Shakespeare no es verosímil: hay cosas que no parecen verdad.

Decían los críticos, en palabras de Johnson:

"Si el espectador advierte que el primer acto se desarrolla en Alejandría, no podrá creer que el segundo suceda en Roma... sabe con certeza que él no ha cambiado de lugar y que ese lugar no puede haber cambiado por sí solo; que lo que era una casa no puede convertirse en una pradera, y que lo que fue Tebas jamás podrá ser Persépolis."

Johnson dio una respuesta a los partidarios de la verosimilitud que se ha hecho célebre:

"Lo cierto es que los espectadores no pierden nunca el buen juicio y saben, desde el primer acto hasta el último, que el escenario es sólo un escenario y que los actores son sólo actores... ¿Por qué es absurdo admitir que un espacio pueda ser primero Atenas y luego Sicilia si siempre se ha sido consciente de que no es ni Sicilia ni Atenas sino un teatro moderno?"

Es decir, el espectador no exige en el teatro la misma veracidad o verosimilitud (luego aclaro esto) que le puede exigir a un periodista o a un amigo que le cuenta algo que sabe "de muy buena tinta", sino que rebaja esa exigencia.

Pero los verosímiles siempre aparecen y reaparecen con su exigencia de que parezca que las cosas son verdad. El movimiento Dogma 95, liderado por Lars Von Triers, también busca que el cine recupere la verosimilitud perdida, por ejemplo con su exigencia de usar cámara en mano. Con algunas de sus normas caen, sin embargo en inverosimilitudes mayores, porque lo inverosímil es que los personajes vean las cosas como las ve una cámara en mano: nuestro cerebro posee unos estabilizadores de imagen asombrosos y no vemos las cosas saltando todo el rato. Se me dirá que claro, pero que lo que Dogma quiere mostrar es que aquello no es la realidad sino, la realidad tomada por una cámara. A eso la réplica es todavía más contundente: ninguna realidad se desarrolla de esa manera cuando hay una cámara delante. Los actores fingen que no está la cámara y, si de lo que se trata es de ser verosímil, con eso estamos exigiendo la mayor de las inverosimilitudes. En fin todo, esto se puede enredar más: "Es que nosotros sabemos que el actor finge y el actor sabe que nosotros sabemos que el actor finge", pero aquí nos adentramos, no en el campo de la defensa de la inverosimilitud, sino en el del ingenio dialéctico.

El texto que cité es un comentario de Johnson a Boswell en la célebre Vida de Johnson, considerada la mejor biografía de la historia, en el que comentan precisamente el párrafo discutido.

Ahora bien, y sólo como apunte, porque esto nos mete en un terreno muy interesante pero complejo: la verosimilitud no es algo que exista en alguna especie de cielo platónico y que podamos coger así como así y decir: mira aquí tienes un trozo de verosimilitud y aquí un trozo de veracidad. Lo verosímil es lo que parece verdad. A veces parece verdad y además lo es. La noción de verdad de Tarski es:

"La hierba es verde" es verdad si y sólo si la hierba es verde.

[Me perdonarás, Iván, que en este caso haya puesto comillas, porque son imprescindibles].


Tomás de Aquino

Tomás de Aquino opinaba casi lo mismo que Tarski: "Veritas est rectitudo rei intelecto" ("La verdad es la adecuación entre la cosa y el pensamiento"), fundamentando así el sano realismo cristiano (que sólo exime a su Dios del examen o adecuación).

Si yo digo a una amiga que he ido a un prado vecino y he visto que la hierba era verde, mi afirmación le parecerá verosímil. Si se acerca al prado, comprobará que, efectivamente, la hierba era verde y que yo no sólo he dicho algo verosímil sino que además he sido veraz.

Ahora bien, si le digo que en ese prado la hierba es roja, como en la novela de Boris Vian, mi amiga pensará que lo que le digo no es verosímil. Y, si se acerca al prado comprobará que, como ella sospechaba, no era verdad, era inverosímil, y además falso. Ahora bien, puede suceder que alguien haya pintado la hierba de rojo y que mi amiga descubra que mi inverosímil frase era sin embargo veraz.

Hay que tener en cuenta que lo verosímil, y eso nos lleva a lo que quiere decir Johnson en su frase, no se refiere casi nunca a la correspondencia entre lo que mostramos o pensamos y la realidad, sino a la correspondencia entre ciertas convenciones más o menos implícitas y eso que se muestra.

Si en una película aparece un soldado diciendo que es un ejército no nos lo creemos: Vemos que allí no hay un ejército, sino un soldado. Sin embargo, si en el teatro aparece un soldado y dice lo mismo, lo aceptamos, porque eso forma parte de las convenciones de verosimilitud del teatro. Por eso dice Shakespeare en su prólogo a Enrique V:

"Pero todos vosotros, nobles espectadores, perdonad al genio sin llama que ha osado llevar a estos indignos tablados un tema tan grande. Este circo de gallos, puede contener los vastos campos de Francia? ¿O podríamos en esta O de madera hacer entrar solamente los cascos que asustaron al cielo en Agrincourt?".

Afortunadamente, esa inverosimilitud (eso es lo que dice Johnson y lo que digo yo), puede ser olvidada si el público pone algo de su parte y acepta jugar al juego que se le propone. Por eso continúa diciendo Shakespeare:

"Suplid mi insuficiencia con vuestros pensamientos. Multiplicad un hombre por mil y cread un ejército imaginario. Cuando os hablemos de caballos, pensad que los veis hollando con sus soberbios cascos la blandura del suelo, porque es vuestra imaginación la que debe hoy vestir a los reyes, transportarlos de aquí para allá, cabalgar sobre las épocas, amontonar en una hora los acontecimientos de numerosos años."

No confundamos la exigencia de la verosimilitud con la presencia o la comprobación de la verdad. Un periodista es veraz, y en tanto que veraz será verosímil (aunque todos sabemos que ni siquiera es tan sencillo, porque cosas muy veraces no parecen en absoluto verosímiles).

Por otra parte, hay en todo el argumento un error conceptual que no he querido aclarar antes para no resultar confuso. Es esa idea de que el periodismo debe ser veraz y la ficción sólo verosímil.

Es cierto, pero sólo si se expresa con precisión.

El periodista ha de ser veraz. Esa es una norma de su oficio, creo que las llamáis normas deontológicas.

Un testigo en un juicio también ha de ser veraz, porque, si no lo es, puede ser procesado por falso testimonio (el periodista raramente se ve expuesto a este peligro).

El escritor de ficción no tiene por qué ser veraz. Le basta casi siempre con ser verosímil.

Ahora bien, una cosa es todo esto que se le exige a los periodistas, a los testigos y a los novelistas, y otra cosa muy distinta, lo que las cosas le parezcan al espectador o lector. Cuando yo leo un artículo de un periodista contándome algo que ha pasado en Afganistán, no sé si es veraz o no, sólo sé si me parece verosímil o inverosímil. Lo mismo opino del testimonio de un acusado: no puedo certificar que es veraz (si así fuera para qué diablos se necesita su testimonio), sólo puedo opinar que resulta verosímil, y en ciertos casos, el abogado contrario puede mostrar que además de verosímil es verdad, o que no lo es: por ejemplo aportando una prueba incontrovertible que también sea incompatible con ese testimonio. Incluso cuando juzgo una obra de pura ficción, a menudo aplico el criterio de la verosimilitud, a pesar de que sepa que es todo mentira desde el principio, y puedo llegar a decir: "me resulta absolutamente inverosímil que este personaje diga esto después de lo que dijo en la escena anterior."

En resumen, una cosa es lo que se le exige a un periodista o a un novelista y otra cosa es lo que nos parezcan sus productos. Y en este sentido tan verosímil o inverosímil nos puede parecer una crónica de Arcadi Espada que pretenda ser veraz, como una novela de ciencia ficción que nunca lo pretende.

Ya se ha dicho, sin embargo, que eso de la verosimilitud hay que cogerlo con pinzas, depende de demasiados aspectos, que no voy a enumerar ahora. Pero es que incluso la exigencia de verosimilitud es discutible: Alicia en el País de las maravillas no es verosímil en ningún momento, ni siquiera en los términos más generosos de la verosimilitud literaria, y ello no impide que sea, una de las obras maestras de la literatura universal, al menos en mi opinión, pero también en la de gentes amantes de la verosimilitud como el científico y cazador de inverosimilitudes paranormales Martin Gardner, quien muestra que cosas de apariencia inverosímil, como que dos niños doblan cucharas con la fuerza de su mente, son, además de inverosímiles, falsas.

Las cosas que nos muestran los periodistas, los testigos y los autores de ficción nos pueden parecer más o menos verosímiles. Otra cosa es que, además, sean veraces. Yo no apostaría mi cabeza (perdón por la frase hecha) exclamando al leer una crónica periodística llegada desde Afganistán: "¡Esto es verdad!"; como mucho diría "Esto es muy verosímil", y así nadie podría exigirme el pago en caso de que se comprobara que era mentira.

Y ojo, que dejamos casi sin tratar uno de los aspectos más problemáticos del asunto: a veces la realidad no es verosímil y a veces un testimonio veraz de esa realidad parece inverosímil.

Termino sin la certeza de haber atinado en mi respuesta, porque mi duda acerca de a dónde disparas me hace temer que quizá ni tú, por un lado, ni Johnson y yo por el otro, estemos apuntando a la misma diana.

Otra cosa es que tu exigencia de verosimilitud para la ficción sea cercana a la que tienes para el periodismo. Tal vez te refieras a eso, y en ese caso se puede discutir, y de hecho se hace muy a menudo, acerca de la exigencia de verosimilitud que cada cual le pone a su placer como espectador, que es a lo que se refiere Johnson (y yo a través de él).

 

Cuaderno austrohúngaro: El lago Balaton

El lago Balaton

El Balaton es el lago más extenso de Europa. Está en Hungría. Fue un balneario célebre por sus aguas termales en la época del Imperio Austrohúngaro. Durante la época comunista se convirtió en lugar de vacaciones para la élite del Partido Comunista. Ahora se alquilan esas casas a los turistas. Todavía quedan restos de aquello o de una democratización mal hecha en forma de playas privadas, sistema que supongo (pero no lo sé) habrá sido adoptado por las mafias remanentes, a la espera de que una ley de costas libere el lago (como se hizo en España después de la muerte de Franco) y lo haga de uso público.

Lago Balaton

Lago Balaton

Como el lago es muy extenso, hay muchas ciudades o pueblos a su alrededor y una reserva natural impresionante. Y también es fácil viajar en bicicleta y pararse a tomar un baño (esta vez sin pagar) en playas más o menos improvisadas.

Puedes ver algunas fotos del lago Balatón con este enlace:

El lago Balaton

Más entradas del Cuaderno austrohúngaro

 

Monogamía y adulterio: lo viejo y lo nuevo

Dice Steven Pinker en La tabla rasa, el buen salvaje y el fantasma en la máquina:

"La mente tiene más de una parte, por lo que un impulso puede compensar otro e impedir que este se haga con el control del comportamiento. Junto a las motivaciones para hacer daño, mentir, cometer adulterio y competir por el estatus, el cerebro humano alberga motivaciones para evitar el castigo, la condena, la pérdida de reputación y de autoestima..."

Cometer adulterio es una de las cosas indeseables de la naturaleza humana, según Pinker. Y, por si queda duda, lo repite, al considerar la monogamia, como parte del "lado oscuro de la naturaleza humana":

"Existen muchas vías por las que la guerra y la violencia podrían remitir a pesar de la persistencia de la naturaleza humana. Algunas de ellas son el aprendizaje de la historia y el uso de medidas compensatorias, las mediaciones, los contratos, las estrategias disuasorias, el establecimiento de leyes efectivas, la monogamia y la limitación de las desigualdades. Todos esos son métodos humildes y contrastados por el tiempo que reconocen la naturaleza humana y su lado oscuro".


Más de cien años antes, en 1892, William James decía en Los ideales de la vida :

"Si decís que es absurdo que podamos amar a varios al mismo tiempo, os haré observar que es un hecho cierto que ciertas personas poseen una infinita capacidad de amorosidad y de interés por la vida de los otros, gracias a la cual conocen una porción mayor de verdad que si su corazón fuese menos grande. El defecto del amor recíproco entre dos personas no es su intensidad, sino su exclusivismo y sus celos. Dejad estos a un lado y veréis que el ideal que os estoy anunciando, aún cuando no sea posible practicarlo en la actualidad, no contiene nada intrínsecamente absurdo."

No sé si es más asombrosa la clarividencia de James o el conservadurismo de Pinker.

William James

William James en Brasil en 1869

 

esteoeste y la geografía emocional

Aparte de las razones relacionadas con el nombre del restaurante de Meriwan, que expliqué en la primera entrada de este cuaderno digital, he elegido esteoeste como nombre de esta página porque se presta al equívoco, a varios equívocos.

Me gusta que todo lo que escribo, al menos todo lo que escribo públicamente, se preste a un mínimo equívoco, que no se pueda reducir a un lema, un programa, un propósito demagógico, propaganda, panfleto, directriz o proclama.

Que el lector sea tan libre como yo intento serlo. Prefiero correr el riesgo de ser malinterpretado o sobreinterpretado antes que el de ser interpretado de una manera cerrada.

Por supuesto que me gusta expresar con claridad lo que pienso, pero no con más claridad de la necesaria, no la claridad del blanco y negro. Quiero decir qué es lo que pienso yo, pero no decirle al lector qué es lo que debe pensar él.

Sigo el precepto de Budha, quien decía que no había que creer en nada con fe ciega, en nada que uno mismo no hubiera experimentado, investigado o acerca de lo que no hubiera reflexionado por su propia cuenta, ni siquiera, decía, había que creer en lo que él, Sidharta Gautama, decía.

Esteoeste puede ser leído de varias maneras. Puede ser este/oeste o puede ser este o este, o puede ser lo que indica tal como yo lo he escrito: esteoeste, una manera de fundir dos direcciones o sentidos que parecen opuestos. Mientras que es posible decir noreste, noroeste, sureste y suroeste, no hay manera de indicar el norsur o el esteoeste, que siempre se oponen.

No pretendo refutar las brújulas y los mapas y acepto esa topología y geografía de las coordenadas, pero sí reniego de esa otra geografía emocional que se basa en la distinción norte/sur y este/oeste (oriente/occidente). El sur pobre, el norte rico, el oeste, materialista, el este espiritual.

Todo eso son indignos cachivaches intelectuales. No sólo porque también hay excepciones a esa dicotomía norte/sur y este/oeste, sino porque, aunque fuesen verdad esas oposiciones (a veces lo son), acaban sirviendo tan sólo para simplificar la realidad y para provocar o aumentar los enfrentamientos reales o ficticios.

Me gustó en su momento que Benedetti o Serrat dijeran que el sur también existe, porque convenía llamar la atención sobre un sur olvidado, pero el hallazgo ha acabado convirtiéndose en un tópico autocomplaciente.

Tampoco me gustan los etnocentrismos hoy al uso, y en etnocentrismo incluyo cualquier etnocentrismo europeo o estadounidense, pero también al etnocentrismo musulmán (quizá el más agresivo en estos momentos) o a los indigenismos que postulan una lucha no por los derechos de los seres humanos individuales, sino por los de las tribus, las etnias o lo que sea. Toda lucha por la libertad y la justicia ha de ser, creo, la que busca la igualdad de hombres, mujeres, norteños, sureños, negros, blancos o indígenas.

 

Q'enqo

Ahora que se acaba de celebrar la primera vuelta de las elecciones en Perú, con un resultado preocupante, pongo aquí una entrada del Cuaderno de Tahuantinsuyu, dedicada a las ruinas incas de Q'enqo.

Q'enqo está muy cerca del Cusco, un poco más allá de Saqssaywaman. Llegamos allí a caballo y nuestro guía nos contó cosas muy interesantes.

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Con Carlitos cerca de Q'enqo

En primer lugar, nos dijo, que hay un Q'enqo grande y un Q'enqo chico. Del Q'enqo chico no recuerdo nada ahora, excepto que está a unos 150 metros del grande. Según dice Anglés, estos lugares no se llamaban así en época incaica, sino que el nombre lo recibieron en época republicana.

Q'enqo, cerca del Cusco

Nuestro guía nos contó que Q'enqo era un santuario inca, y que la gran piedra que domina el lugar era un puma gigantesco que los españoles destrozaron.

También nos enseñó una gruta donde se practicaba el sacrificio de las llamas. En tiempo de los incas, aquella gruta no era tan oscura, pues en una de las paredes había un gran disco solar que reflejaba la luz del sol hacia el interior de la gruta. Primero se le ataban las patas en una gran mesa de piedra, y luego se tendía al animal en otra gran masa pétrea, donde se le cortaba la cabeza. Después llevaban la sangre de la llama a una canaleta, la vertían allí y si, al llegar a una bifurcación, caía hacia el abismo, sería un mal año, pero si caía hacia la izquierda, hacia una especie de tinaja de piedra, sería un buen año.

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Nuestro guía nos mostró la figura de una llama, la de un puma y la de un cóndor, grabadas en las piedras. La de la llama parecía evidente que se debía a una rotura accidental del terreno; la del puma parecía haber sido hecha recientemente (había rocas blancuzcas, huella de golpes recientes); tan sólo la del cóndor parecía un resto auténtico, aunque no estoy seguro de que se tratase de un cóndor: también podía ser el pie de una estatua.

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Lo siguiente que vimos fue el lugar donde se probaba a las vírgenes. La mujer ponía los pies sobre dos poyetes de piedra. Si su orín caía justo en un pequeño agujero, era virgen, si caía fuera, no lo era y, por tanto, no podía casarse con un señor principal. Le pregunté al guía qué hacían a la mujer si no era virgen, ¿la mataban? "No, la dejaban, pero no podía casarse con ese señor principal".

qenqo

Victor Anglés dice que las figuras cercanas a la canaleta son dos: un ave y un mamífero parecido a un castor. En cuanto al prueba vírgenes, lo lama gnomon lítico del Intiwatana u observatorio. Es decir, una especie de observatorio astronómico.

Dice también Anglés que Q'enqo fue un lugar, muy importante y que probablemente estaba allí la tumba de Pachacutec. Durante el incanato tal vez se llamó Mant'ojlla o Mantocalla.

(1997)

Puedes leer más entradas del viaje al Cusco y Perú en el Cuaderno del Tahuantinsuyu

 

Steven Pinker y la naturaleza humana. Intro

Llevo un tiempo anunciando que voy a escribir algo acerca del libro de Pinker La tabla rasa. Es un libro muy largo, así que voy posponiendo su lectura. Sin embargo, Iván me regaló un librito en el que Pinker resume sus tesis, que es el que voy a comentar aquí. Como también voy a escribir un libro de divulgación acerca de ideas como los memes y el gen egoísta de Dawkins, los campos morfogenéticos de Sheldrake o la sociobiología en sus diferentes variantes (como Wilson y Dawkins), es decir teorías que interpretan la ciencia sin llegar a ser del todo paracientíficas, reservo para entonces, la lectura de La tabla rasa. Aunque el librito es breve (apenas 60 páginas) me ha llevado comentarlo casi otras tantas.

Por dos razones: para exponer con honestidad las tesis de Pinker sin deformarlas, y para hacer que, aparte de mis opiniones críticas, no se trate de una mera repetición del libro. Por eso, he añadido algunos detalles. En cualquier caso, es sólo un primer vistazo a un tema complejo. Me gusta usar la web para ir investigando y he descubierto que es un buen método para quitarme de encima momentáneamente cosas que, manteniéndolas en privado, nunca termino, aunque no sé si eso resultará poco atractivo o confuso para los lectores. Si te aburre el tema, te lo saltas (la navegación en esta página es muy sencilla: sólo hay que usar los vínculos que flotan a la izquierda para regresar a los iconos de las imágenes, o para visitar otras páginas que no sean esteoeste).

En los próximos días iré añadiendo a esta página más cosas relacionadas con el tema (no sé si se convertirá esto durante un tiempo en monotemático, aunque intentaré poner otras cosas para desengrasar, como dice Juan de Pablos).

Steven Pinker y la naturaleza humana

Steven Pinker

Steven Pinker suele escribir libros voluminosos, por ejemplo, Cómo funciona la mente (850 páginas). Su último libro, La tabla rasa, también tiene muchas páginas, unas 700.

Hace unos meses cometí el error de hablar del libro de Pinker sin leerlo. Eso me supuso una justificada respuesta del autor de la recensión que me había servido para opinar acerca del libro de Pinker.

Enlace al primer comentario acerca de La tabla rasa en el weblog Il Saggiatore: La tabla rasa. Con este enlace también puedes leer el comentario que me envió Joan Carles Martorell, de la revista Redmagacine y mi rectificación.

Si en sus libros anteriores se adivinaba, bajo la apariencia neutra de las descripciones científicas, la posición de Pinker en algunas cuestiones polémicas para las que la ciencia no tiene una respuesta definida, en La tabla rasa, al parecer, quedan más claras sus ideas personales.

Porque el de Pinker no es un libro científico, ni siquiera un libro de divulgación científica, sino que pertenece al muy honorable género de la filosofía científica, que ha dado obras maestras como ¿Qué es la vida?, de Erwin Schrödinger, El azar y la necesidad, de Jacques Monod, o aquel extraordinario poema científico filosófico que es Sobre la naturaleza, del poeta latino Lucrecio. Y, desde un punto de vista más heterodoxo, el delicioso poema cosmológico Eureka, de Edgar Allan Poe.

La tabla rasa es, en el sentido anterior, un libro ideológico, un libro que propone una tesis y pretende demostrarla, o al menos dar fuertes argumentos en favor de esa tesis.

En realidad, es muy difícil escribir un libro de divulgación científica que no esté impregnado de la filosofía del autor. Más difícil todavía si se trata de un libro de neurología o biología. ¿Por qué? Porque estos temas pueden influir en la sociedad de manera directa. Ya nadie hace del copernicanismo una cuestión ideológica, aunque en su momento hubo persecuciones e incluso ejecuciones por asuntos como la circulación de la sangre o la pluralidad de los mundos.

Hoy se acepta que la Tierra no es el centro del Universo y que la sangre circula por el cuerpo, y no se discute más del asunto. Ni siquiera los defensores del diseño inteligente defienden que la tierra sea plana como, al parecer, se dice en la Biblia. Y son pocos ya los que sostienen que nuestro planeta fue creado en seis días exactos. Todavía quedan, eso sí, quienes discuten el evolucionismo pero, aunque tienen bastante fuerza en Estados Unidos y en casi todos los países musulmanes, en el resto del mundo son mirados como lunáticos. Incluso el Vaticano del conservador Ratzinger acepta la teoría de la evolución y rechaza el creacionismo.

EL VATICANO Y EL CREACIONISMO

Puedes encontrar información acerca de la postura oficial o semioficial del Vaticano en este artículo de Wired: Vatican don't knock science. También puedes leer una conferencia muy interesante pronunciada hace bastantes años (en 1998) por Józef Mirosław ŻYCIŃSKI, arzobispo de Lublin (Polonia), quien tampoco comparte las ideas del creacionismo y da muy buenos argumentos en contra de la irracionalidad de teorías como las de Fritzoj Capra (autor de El tao de la física):
El diálogo ciencia-fe en el contexto de las cuestiones filosóficas de la física actual .

En cuanto al Islam su opinión sobre el evolucionismo es cercana al creacionismo, pues se suelen interpretar literalmente los textos sagrados, como se ve en este comentario de Carl Sagan:
"La esfericidad de la Tierra. Si se acepta la verdad literal de todas las palabras de la Biblia, la Tierra tiene que ser plana. Lo mismo ocurre con el Corán. Por tanto, declarar que la Tierra es redonda equivale a decir que uno es ateo. En 1993, la autoridad religiosa suprema de Arabia Saudí, el jeque Abdel-Aziz Ibn Baaz, emitió un edicto, o fatwa declarando que el mundo es plano. Todo el que crea que es redondo no cree en Dios y debe ser castigado. No deja de ser irónico que la lúcida evidencia de que la Tierra es una esfera, reunida por el astrónomo grecoegipcio del siglo II Claudio Ptolomeo, fuese transmitido a Occidente por astrónomos musulmanes y árabes. En el siglo IX bautizaron al libro de Ptolomeo en el que se demuestra la esfericidad de la Tierra como el Almagesto, "el más grande". (Carl Sagan, El mundo y sus demonios) ". Tomado de la web Mgar

Evolucionismo

Se puede suponer que la razón por la que ya nadie defiende la teoría geocéntrica, y sin embargo sí hay todavía muchos que cuestionan la evolución es que la teoría geocéntrica ha sido refutada de manera clarísima y se ha mostrado que la tierra e incluso el Sol son un pequeño rincón de un universo inmenso, mientras que la teoría de la evolución de las especies propuesta por Darwin todavía no ha acumulado tantas pruebas: se considera que hay muchas pruebas indirectas pero sólo una o dos verificaciones directas, la última obtenida hace poco en el Tibet.

Más información en: Tibet, evolución en marcha

Lo mismo que sucede con el evolucionismo darwiniano se puede aplicar a las teorías que explican la naturaleza humana desde un punto de vista puramente material: el alma todavía se les resiste. No porque no logren encontrar el alma, sino porque hay demasiados misterios por explicar en el funcionamiento del cerebro humano y, por ello, los defensores del alma todavía pueden resistir en un pequeño rincón los embates de la ciencia moderna.

La conclusión de este planteamiento parece ser que a medida que nuevos descubrimientos confirmen las teorías en discusión sucederá lo mismo que con el geocentrismo, y que los últimos restos de superstición serán desterrados. Este es uno de los objetivos de Steven Pinker, Richard Dawkins y otras personas que pertenecemos a una organización llamada The Brights, que considera que se debe adoptar en ciencia un punto de vista puramente naturalista, es decir que en las explicaciones científicas acerca de la realidad, ya se trate del universo o de la mente humana, sólo se deber recurrir a explicaciones naturales, no sobrenaturales. El naturalismo es una tendencia filosófica que tiene grandes defensores, como Ernest Nagel, y que es más interesante y abarcadora que el materialismo puro y duro: los materialistas son naturalistas, pero los naturalistas no tienen por qué ser materialistas, al menos si se interpreta materia en el sentido decimonónico, que la física actual ha diluido. Por otra parte, una cosa es la explicación científica del universo y otra cosa son los posibles planteamientos metafísicos, que yo no creo que se deban proscribir, como sostenía el Círculo de Viena a principios del siglo XX y también parece sostener Pinker. Es por esta y otras razones que tengo ciertas reticencias hacia esa organización The Brights, a la que pertenezco.

No hay que confundir, de todos modos, este naturalismo con la falacia naturalista, de la que se hablará más adelante.

En cuanto a la aceptación del evolucionismo por los creyentes más ortodoxos, la situación es un poco más compleja que en el caso del geocentrismo, pues el geocentrismo estaba ligado a la creencia en Dios de una manera accidental. Una vez que la Biblia no se interpreta literalmente, nada obliga a creer que la Tierra sea el centro del Universo desde el punto de vista cristiano, pero si prescindimos del alma o de la acción divina, la creencia en un Dios como el de los cristianos, judíos y musulmanes, casi deja de tener sentido.

Cómo leer La tabla rasa sin leerla

Aunque Pinker, como ya he dicho, escribe libros muy voluminosos, en esta ocasión ha tenido la amabilidad con sus lectores más perezosos de resumir las tesis de La tabla rasa en un librito de apenas 60 páginas, en realidad una conferencia anterior a La tabla rasa editada ahora por Paidós en su excelente colección de libros breves asterisco.

La tabla rasa, el buen salvaje y el fantasma en la máquina

En ese librito se concentra todo el contenido ideológico y filosófico que, hay que suponer, estará más diseminado entre descripciones científicas en La tabla rasa.

Según tengo entendido, en La tabla rasa Pinker recicla muchos de los argumentos de Cómo funciona la mente, así que se puede suponer, creo que sin mucho temor a equivocarse, que la suma de Cómo funciona la mente (aparato científico) y el librito al que me estoy refiriendo (aparato filosófico) da como resultado La tabla rasa.

No sólo eso, en este librito (no digo esto en tono despectivo, sino que me refiero a sus pocas páginas), Pinker nos facilita la labor de averiguar quiénes son exactamente sus enemigos, porque aparecen ya en el título: La tabla rasa, el buen salvaje y el fantasma en la máquina.

Para quien no esté familiarizado con la historia de la filosofía estos pueden parecer extraños enemigos. Pinker retrasa su presentación casi hasta la mitad del libro (y yo también la retrasaré aquí), porque antes traza un dibujo de la ciencia moderna en relación con el estudio de la mente.

Las nuevas ciencias de la mente

En primer lugar, precisamente, menciona lo que sucedió cuando fue abandonada la teoría geocéntrica y se unieron definitivamente el mundo sublunar y el supralunar.

Antes del triunfo del copernicanismo y de los descubrimientos de Galileo y Kepler, se pensaba, siguiendo la física de Aristóteles y Ptolomeo, que había dos mundos separados y con leyes diferentes, uno humano e imperfecto, la Tierra, y otro divino y perfecto, el de las esferas supralunares. Newton, dice Pinker, demostró "que había un único conjunto de leyes que describían tanto las fuerzas que empujaban una manzana hacia el suelo como las que mantenían a la luna en órbita alrededor de la Tierra".

CopernicoKeplerGalileoNewton

Copérnico, Galileo, Képler y Newton

La cosmología de Ptolomeo y Aristóteles situaba a la Tierra en el centro de una sucesión de esferas cristalinas. La última de estas esferas era la de las estrellas fijas, mientras que las otras eran las de los planetas del Sistema Solar. Se suponía que lo que hacía girar estas esferas era el Primer Motor Inmóvil, que fue identificado con el Dios cristiano.

esferas cristalinas

Como esta concepción necesitaba de Dios para mantener en movimiento el cosmos, los teólogos pensaron que la refutación de este modelo comprometía la creencia en Dios.

la nueva cosmología

La nueva cosmología permitió escapar del mundo perfecto de las esferas cristalinas

También cayó, dice Pinker, el muro que separaba un presente estático y un pasado creativo ("Y Dios creó el mundo en seis días"): Lyell demostró que el planeta había cambiado y seguía haciéndolo; Harvey que el cuerpo humano funciona "a partir de principios mecánicos; Wöhler que la vida está hecha no de una sustancia mágica y sutil sino de "compuestos ordinarios sometidos a las leyes de la química". Darwin, que la diversidad de la vida "podía ser el resultado de un proceso físico de selección natural entre replicadores." Finalmente, Mendel y Watson y Crick, "que ese proceso de replicación se podía explicar en términos físicos."

Pero, dice Pinker, "todavía queda una enorme fractura en el conocimiento humano":

"Biología o cultura, naturaleza o sociedad, materia o mente, ciencias o artes y humanidades, son dicotomías que conservan su respetabilidad."

Ahora bien, Pinker nos da enseguida la buena nueva: "Tal vez no sea por mucho tiempo".

¿Y quien demolerá este muro? La acción conjunta, de cuatro ciencias: la ciencia cognitiva, la neurociencia, la genética del comportamiento y la psicología evolutiva, que "aspiran nada menos que a aportar una explicación científica del comportamiento humano" (18).

Veamos, incluso con más brevedad que Pinker, lo que cada una de estas ciencias aporta para derribar ese último muro.

1. La ciencia cognitiva

Hasta la década de 1950 se consideraba que la física usaba causas en sus explicaciones, mientras que las ciencias del comportamiento humano usa razones. Pero en esa década se produjo una revolución cognitiva que unificó la psicología, la lingüística, la informática y la filosofía de la mente bajo una nueva y poderosa idea: que la vida mental podía explicarse en términos físicos a partir de los conceptos de información, computación y retroalimentación.

2. La neurociencia

Esta ciencia estaría reemplazando la creencia en un alma inmaterial y sustituyéndola por lo que Crick llamó la "hipótesis asombrosa": que todos los aspectos del pensamiento y el sentimiento humano "son manifestaciones de la actividad fisiológica del cerebro".

Es posible que el lector se quede tan asombrado como yo de descubrir que eso es una "hipótesis asombrosa": para muchos lo que desde hace tiempo resulta asombroso es creer en un alma inmaterial, o al menos sostenerlo desde el punto de vista científico. Pero ya se verá que esto forma parte de la manera de argumentar de Pinker.

3. La genética del comportamiento

"Todo el potencial para el aprendizaje y la experiencia compleja que distingue a los humanos de otros animales reside en el material genético que contiene el óvulo fertilizado".

Propuesta que tampoco resulta asombrosa, sino de sentido común desde hace tiempo, así que Pinker desarrolla un poco el alcance de su propuesta: "muchos detalles que distinguen a una persona de otra tienen raíces genéticas", como muestran dice, las experiencias con gemelos.

4. La psicología evolutiva

Finalmente, la psicología evolutiva sostiene que el cerebro es un producto de la evolución de la misma manera que lo es el ojo y que la teoría de la selección natural es indispensable para entender el cerebro.

Un ambicioso polemista

Ahora bien, Pinker puntualiza que la ansiada nueva explicación que aspiran alcanzar estas cuatro ciencias unidas "no se propone como alternativa a otras explicaciones más tradicionales en términos de aprendizaje, experiencia cultura o socialización".

Esta es una curiosa aclaración, porque neutraliza las ambiciosas expectativas despertadas unas páginas más atrás, cuando decía que se iba a demoler el último muro.

El lector, ante este bandazo, se queda un poco perplejo, pero conviene que se acostumbre, porque esta es una de las muestras de la manera de proceder habitual de Pinker. Cualquiera le puede citar en defensa de su tesis, aquí es moderado, allí radical, ahora afirma esto, luego lo niega: basta con cambiar el número de página de la cita, pues Pinker es un polemistas egoísta que quiere defender todos los puntos de vista y no dejarle ninguno a sus rivales.

Los lectores más biológicamente radicales se quedarán satisfechos con la promesa de demolición de la página 9; los más moderados, con la muestra de tolerancia de la 19.

Unas páginas después, Pinker también se quiere quedar con dos calificativos opuestos: reduccionista y no reduccionista.

¿Es Pinker reduccionista?

Resulta, en efecto, que Pinker ha sido acusado a menudo de reduccionista. El reduccionismo es una tendencia, o un vicio filosófico, que consiste en reducir la explicación de asuntos complejos a dos o tres elementos, a veces a uno sólo. De este tipo de explicaciones son "Todo es sexo" (Freud), "Todo es ansia de poder" (Adler) o "Todo es economía" (Marx).

Naturalmente, lo anterior también es reduccionista, pues reduce las complejas teorías de estos tres pensadores a una única cosa, aunque también es cierto que ellos alentaron en gran parte esta simplificación: no sólo en la política funcionan las ideas simples y los mensajes cortos, también en ciencia y en filosofía: si un pensador quiere tener éxito mediático, debe ser capaz de hacer teorías que se resuman en un lema.

El reduccionismo de Pinker, según sus críticos, consistiría en reducir al ser humano a la biología, pero ya hemos visto en la página 19 que parecía rechazar las ideas reduccionistas ("o cultura o biología") que él mismo había propuesto en la página 9. Aquí intenta aclarar la cuestión:

"No se trata del reduccionismo estúpido que pretende explicar la Primera Guerra Mundial en términos de partículas subatómicas, sino del reduccionismo en el buen sentido que sostiene que los procesos elementales que se dan a un cierto nivel pueden explicarse en términos de interacciones más complicadas a un nivel inferior".

Ahora bien, con esto Pinker no nos dice mucho, porque el meollo del asunto está en qué significa la palabra "explicar". Es decir, si explicar significa describir las causas o si tan sólo es un sinónimo de "describir" lo que hay bajo la superficie. Puede parecer que es sólo una cuestión lingüística, pero no lo es: es la clave de toda la discusión.

Un ejemplo del reduccionismo económico y de la diferencia entre explicar y describir: el hecho de que en casi cualquier relación humana subyacen aspectos económicos no explica, o no explica siempre, por qué se han casado dos individuos. Podemos decir que Juan tenía más posibilidades de casarse con una mujer de su misma clase social que con una de una clase muy superior o muy inferior, pero ¿por qué con esta mujer concreta? O lo que es todavía más claro: ¿qué pasa si, como a veces sucede, Juan se casa con una mujer de una clase muy inferior? En este segundo ejemplo, enseguida se pierde el carácter explicativo y se acentúa el carácter puramente descriptivo de lo económico: "Juan es de clase media y María del lumpem proletariado" es una descripción, no una explicación, y podemos sospechar que cualquier explicación economicista de este suceso sería reduccionismo de ese que Pinker llama "estúpido". Ahora bien, también sería estúpido, como dice Pinker, no recurrir a ciertas informaciones económicas para intentar explicar, o al menos entender mejor, particularidades tan llamativas como que en una sociedad determinada más del 90% de las personas se casen con individuos de su misma clase social.

Tras defenderse de la acusación de reduccionismo, Pinker establece lo que parece la tesis de su libro: hay quienes intentan resistir de manera acientífica al avance de estas cuatro ciencias en su proyecto de demolición del último muro.

Hay que señalar, por si el lector no lo ha advertido ya, que Pinker también considera de su propiedad todos los descubrimientos científicos: quienes piensan distinto de él, aunque sean científicos, es porque no quieren admitir lo que la ciencia les muestra. Por contra, quienes apoyan sus opiniones e interpretaciones de los datos científicos son todos ellos verdaderos científicos. Es difícil encontrar un planteamiento más manipulador que este que Pinker establece desde el principio de su investigación.


Los enemigos

En la lista de sus enemigos, Pinker primero menciona algunos nombres, como el de Lewontin, Rose y Kamin y su libro No está en los genes, quienes usaron "formas inusuales de argumentación científica, como citas falseadas e insinuaciones sobre la vida sexual de sus oponentes". A ellos se unen los "radicales de siempre y los comisarios de la corrección política", y ni más ni menos que "el azote de las izquierdas", Tom Wolfe. Finalmente, "más a la derecha", Andrew Ferguson. No se puede negar el talento de Pinker en la creación de un buen reparto de villanos para su obra, pero enseguida viene el plato fuerte, porque la nueva ciencia se opone ni más ni menos que al SSSM. El Standar Social Science Model. El Modelo Estándar de las Ciencias Sociales.

¿Y qué sostiene el SSSM? Pues precisamente las tres ideas que dan nombre al libro de Pinker: la tabla rasa, el buen salvaje y el fantasma en la máquina. Así que ha llegado el momento de conocer a estos tres enemigos.

La tabla rasa

Es la doctrina de Locke, quien la tomó en cierto modo de Aristóteles: "la mente humana es infinitamente plástica y toda su estructura procede del esfuerzo y la socialización".

Como ejemplo de esta doctrina pone el célebre desafío del conductista John B. Watson:

"Dadme a doce niños sanos, bien formados, y un mundo ajustado a mis especificaciones para criarlos, y garantizo que puedo tomar a cualquiera de ellos al azar y formarlo para convertirlo en cualquier tipo de especialista que yo escoja: médico, abogado, artista, comerciante, y sí, también mendigo y ladrón, con independencia de sus talentos, predilecciones, tendencias, habilidades, vocaciones y de la raza de sus antepasados (John B. Watson, Behaviorism, 1925).

El buen salvaje

"Es la doctrina de Jean Jacques Rousseau, según la cual el mal no tiene su origen en la naturaleza humana, sino en nuestras instituciones sociales."

El ejemplo más claro de esta idea es para Pinker la Declaración de Sevilla de 1986, en la que 20 científicos sociales y varias academias declaran con apoyo de la UNESCO que:

"Es científicamente incorrecto decir que hemos heredado una tendencia a hacer la guerra de nuestros antepasados animales... o que la guerra o cualquier otro comportamiento está genéticamente programado en nuestra naturaleza humana."

El fantasma en la máquina

El tercer enemigo es lo que Gilbert Ryle describió como la creencia de que somos algo aparte de la biología, "libres para escoger nuestras acciones y definir por nuestra cuenta significados, valores y objetivos".

Esta idea, dice Pinker, parecía asociada a la religión y a su noción de alma (ese sería el fantasma en la máquina), pero Pinker dice que es frecuente que desde un punto de vista no religioso y a menudo científico se hable de un "yo" un "nosotros", un "tú", una "persona" que de algún modo flota libre de la genética y que puede actuar a placer, limitado sólo por las circunstancias de su entorno".

Pues bien, estas tres ideas conforman el Modelo Estándar de las Ciencias Sociales. Hay que admitir, dice Pinker, que este modelo surgió

"como reacción legítima contra muchos hechos lamentables del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX [yo añadiría la segunda mitad también], como el racismo, la eugenesia coercitiva la opresión de la mujer, el maltrato de niños y el Darwinismo social [que sostiene que en la sociedad deben sobrevivir los más fuertes]".

Es meritorio que el SSSM surgiera para combatir aquello, pero eso no impide, dice Pinker, darse cuenta de que los preceptos del SSSM se están viendo refutados por la ciencia.

Sin embargo, muchos temen que puesto que la defensa de la dignidad y los derechos humanos se basan en las ideas del buen salvaje, la tabla rasa ("Todos los hombres nacen iguales ante la ley") y el fantasma en la máquina, si estas ideas se rechazan caeremos en la justificación de la discriminación o cosas peores. Pinker cree que es un error basar las doctrinas éticas en tales erróneas ideas y dedica unas cuantas páginas, o unos cuantos minutos en su conferencia original, a disipar esos temores.

Aunque existan diferentes estructuras innatas, eso no justificaría la discriminación y la opresión. En primer lugar, dice, porque todo parece confirmar que apenas hay diferencias en la especie humana. Ahora bien, podría descubrirse que hay variaciones genéticas entre diferentes pueblos y razas: "Sería absurdo declarar imposible este resultado sólo porque sería incómodo en caso de ser cierto".

Tiene razón Pinker, aunque no veo justificado su empleo de la palabra raza, que no puede ser aplicada propiamente a los seres humanos, que se pueden dividir (de manera un poco simplista de todos modos), en tres grupos: melanodermo, xantodermo y leucodermo (piel negra, amarilla y blanca).

Dice Pinker que si esas diferencias existieran alguien podría estar tentado, por ejemplo las empresas, de investigar que grupos son más rentables, quizá porque son más resistentes o menos enfermizos, y que así se podría producir una terrible discriminación y que personas de ciertos grupos no serían contratadas, o tendrían más difícil el acceso al trabajo.

La refutación de este temor por parte de Pinker es curiosa porque dice que este es uno de esos casos en los que estamos dispuestos "a sacrificar algo de libertad económica y de eficiencia a cambio de un bien general".

Digo que es una refutación curiosa porque no está claro a quién engloba ese "estamos". Por una parte, empresas y gobiernos han usado ya los tests de inteligencia para seleccionar a su personal.

En segundo lugar porque es completamente ingenuo pensar que datos científicos en este sentido no serían utilizados de manera todavía más radical. A quienes decimos estas cosas se nos suele acusar de exagerados, incluso de apocalípticos, pero basta observar la historia del siglo XX para ver qué hacen las personas que consideran que hay razones científicas para sostener que existen "razas inferiores". Y no me refiero sólo a los nazis: el uso de los test de inteligencia ha provocado discriminaciones a lo largo del siglo XX, especialmente en EEUU, y ha llevado incluso a la esterilización de los considerados anormales (que, según los baremos de hoy, no serían considerados como tales).

Por otra parte, un aspecto crucial en este asunto es que es muy fácil obtener resultados que se adapten a lo que se busca, sobre todo en este tipo de cuestiones tan difusas asociadas a la inteligencia o las capacidades. Los test de inteligencia demostraron en su momento la inferioridad de los negros, pero esos mismos test demostraron años después que el coeficiente de los negros se había elevado en apenas unas décadas y que los "amarillos", antes despreciados, eran los más inteligentes. Mostraron también que las personas de un grupo étnico resultaban ser menos inteligentes si se les hacía el test nada más llegar a Estados Unidos en vez de unos años después. ¡Eso sin duda tiene que haberse dado por mutación genética acelerada porque por la simple evolución parece imposible!

Estos resultados, por cierto, son un argumento en favor de la importancia del medio y la educación, esos conformadores o modificadores de la naturaleza humana que Pinker considera deben ceder su terreno a las explicaciones biologistas, pero no adelantemos acontecimientos.

Alfred Binet
Alfred Binet, que creó los test de inteligencia C.I. (coeficiente de inteligencia) no aceptaba que lo que medían sus test fuera la inteligencia. Diseñó su test para detectar a alumnos con problemas escolares y siempre criticó la idea de que "el que nace tonto, tonto se muere" y se quejó de los profesores que no hacían caso a sus alumnos menos capaces y decían frases del tipo: "Este niño nunca llegará a nada.... no tiene condiciones... carece de toda inteligencia". Y decía Binet: "Algunos pensadores recientes parecen haber respaldado moralmente estos veredictos lamentables al sostener que la inteligencia de un individuo constituye una cantidad fija, que no puede aumentar. Debemos protestar y oponernos a este pesimismo brutal; debemos empeñarnos en demostrar que carece de todo fundamento". El propio Binet se dedicó a dar clases especiales a alumnos que habían sido calificados como poco inteligentes y llegó a la conclusión de que la inteligencia no es una cantidad fija y heredada: "En este sentido práctico, el único de que disponemos, afirmamos que la inteligencia de estos niños se desarrolló".

C.C.Brigham, impulsor de los cupos para la inmigración basados en los test de inteligencia en EEUU se retractó públicamente y dijo que los resultados relativos a las diferencias raciales "resultan insostenibles". Reconoció que los test habían medido no la inteligencia innata, sino el grado de familiaridad con la lengua y la cultura norteamericanas. Las primeras aplicaciones del test de Binet en los muelles de Nueva York mostraron que más del 80 por ciento de los inmigrantes judíos, húngaros, italianos y rusos eran débiles mentales. En la década de los años 30 del siglo XX muchos judíos intentaron emigrar a EEUU pero fueron rechazados a causa de los cupos establecidos por los test de inteligencia.

[Lo cuenta Jay Gould en El pulgar del panda, libro dedicado al abuso de la biología con fines sociales].

Hombres y mujeres

Especialmente combativo es Pinker con quienes niegan las diferencias entre hombres y mujeres, que saltan a la vista, pues "basta con mirar un libro de anatomía ilustrada para darse cuenta de las diferencias biológicas entre hombres y mujeres". Además, dice, no hay que confundir equidad con identidad:

"Nos encontramos en la extraña situación de que hay quien sostiene, bajo una dudosa concepción del feminismo, que las mujeres son idénticas a los hombres en lo que se refiere a la promiscuidad, a la infidelidad, al gusto por la pornografía y a la violencia".

Quizá al lector de Pinker le sorprenda esta curiosa lista en la que parecen considerarse idénticamente malas cosas como la infidelidad, la promiscuidad, el gusto por la pornografía y la violencia. Tal vez este aparente puritanismo de Pinker sea sólo un espejismo, pero pronto tendremos ocasión de comprobar que no es así. Al margen de que esas diferencias sean ciertas o no (posiblemente lo son en lo que se refiere a la agresividad), el lector puede advertir, de todos modos, qué frecuente es usar este tipo de argumento, que se podría traducir por: "Fíjese que nos llaman machistas por decir que las mujeres son mejores que los hombres, porque no son tan promiscuas, infieles, pornoconsumidoras y agresivas". Algo no muy diferente del paternalismo machista antiguo que decía que de discriminar a las mujeres nada: "Nosotros las ponemos en un altar", o como el argumento de muchos islamistas que dicen que el velo y taparse de arriba abajo sirve precisamente para proteger a las mujeres.

Finalmente, Pinker llega al mayor de los miedos ante los nuevos descubrimientos:

"El descubrir que en nuestros genes hay cosas como la propensión a la violencia, la guerra, la violación, el clasismo, la explotación, la xenofobia y la búsqueda de estatus y la riqueza los convertiría en naturales y por tanto buenos".

Y, en consecuencia, los seres humanos seríamos malos por naturaleza y estaría justificado el darwinismo social: el dominio de los fuertes, la eliminación, discriminación o segregación de los débiles. Es preferible, dicen quienes no comparten el darwinismo social, que el ser humano sea bueno y que sea la "sociedad" la culpable:

"La versión lunática de este argumento es la Declaración de Sevilla que considera que cualquier insinuación de un aprensión biológica hacia la dominación, la violencia y la guerra es "científicamente incorrecta".

Eso es un un ejemplo, dice Pinker de lo que Moore llamaba la falacia naturalista: que todo lo que es natural es bueno.

Y es cierto que a menudo se ha caído y se cae en la falacia naturalista, pero, en mi opinión, Pinker cae en otra falacia lógica: que consiste en decir que puesto que la Declaración de Sevilla afirma que no es científicamente correcto decir que "estamos programados para la guerra", entonces es científicamente correcto asegurar que "estamos programados para la paz". Es lo que se llama falacia de la afirmación del antecedente o de negación del consecuente. Es probablemente la falacia que más fácilmente se comete, sin saberlo siquiera, en cualquier discusión.

A veces la falacia se puede plantear en términos parecidos, invirtiendo el antecedente y el consecuente: si yo digo que no me gusta que Stalin ordene matar a Trotsky, eso no significa que me guste que Trotsky quiera matar a Stalin.

Otro ejemplo: si yo digo que tengo que alabar a Dios siempre que pase por encima de un puente, eso no significa que deba despreciarlo cuando paso por debajo de un puente.

Pero, aunque sea para defender un planteamiento falaz, aquí Pinker escribe sus mejores páginas al negar la idea del buen salvaje según la cual el ser humano era bueno antes de que llegase la sociedad a fastidiarlo todo:

"Algunos libros recientemente publicados por antropólogos, biólogos e historiadores que se han preocupado de estudiar los hechos... demuestran que todo eso no es más que romanticismo barato: la guerra ha sido siempre un infierno".

Después da varios ejemplos que muestran que, a pesar de las apariencias, el riesgo de ser asesinado, violado o maltratado en las sociedades modernas es proporcionalmente mucho menor que en las sociedades de nuestros antepasados o en las más atrasadas de la actualidad.

Por otra parte, también es falso que lo natural sea bueno y encantador: al contrario, como ya sabía el propio Darwin, la naturaleza, vista desde un punto de vista moral es a menudo atroz y repugnante.

Observar el comportamiento de las avispas Ichneumon, que atrapa presas y las paraliza vivas, dejándolas en su nido para que las coman sus larvas, hizo declarar a Darwin: "No puedo creer que un Dios benéfico y omnipotente haya creado deliberadamente a las icneumónidas con la intención expresa de que se alimenten con los cuerpos vivos de las orugas."
(citado por Richard Dawkins en El gen egoísta)
Icheneumon
La avispa ichneumon

 

Pinker cita en este sentido a Daly y Wilson:

"Matar al propio antagonista es la técnica más básica de resolución de conflictos y nuestros antepasados la descubrieron mucho antes de llegar a ser personas".

Ahora bien, Pinker dice que el miedo a que si admitimos que la violencia es innata entonces la estamos considerando, si no buena, al menos sí inevitable, no debe asustarnos, puesto que el cerebro humano es complejo, y también es un sentimiento universal en las sociedades humanas:

"El rechazo a la violencia, la violación y el asesinato, y el uso de mecanismos para reducirlos, entre ellos leyes, castigos, reparaciones y mediaciones".

En estas páginas finales, cualquiera que no esté de acuerdo con las tesis de Pinker, debe al menos reconocer su gentileza, porque es ahora cuando, en su afán por acaparar todos los argumentos y posturas, procede a refutarse a sí mismo.

En primer lugar por la frase citada, donde Pinker admite que la violencia es tan innata, natural o universal como su opuesto, con lo que la Declaración de Sevilla parece que podría decir sin problema:

"Es científicamente correcto decir que estamos programados para la paz".

¿Seguiría siendo tan lunática la Declaración de Sevilla si dijera exactamente lo que Pinker acaba de decir? No sé qué respondería Pinker a esto, porque resulta muy difícil saber que es exactamente lo que opina (o que es lo que no opina).

Sin embargo, en mi opinión, lo que dice la Declaración de Sevilla está bien dicho y esa alternativa propuesta un poco más arriba sería también incorrecta. Lo que es científicamente incorrecto es decir tanto que la violencia es innata como decir lo contrario. No porque sea falso. En realidad, se puede considerar que ambas cosas son innatas y heredadas, es más se puede sugerir, con bastantes buenas razones, que la especie humana es más violenta que otras especies y que podría serlo menos, seguramente sin menoscabo de su inteligencia o capacidad para crear grandes culturas o civilizaciones.

Pero los científicos que firmaron la Declaración de Sevilla no se están refiriendo a la corrección o incorrección de un resultado científico, sino a sus usos como argumento para la discriminación. En este sentido es como cualquier persona sensata entiende la Declaración.

Se puede leer la Declaración de Sevilla en la web y, si se hace cuidadosamente, se verá que Pinker manipula su sentido en las citas, convirtiendo un discurso razonado y razonable en un simple eslogan. Naturalmente es más fácil luchar contra un eslogan.

Pero Pinker continúa con su auto-refutación al decir sin dudar:

"Otro hecho empírico evidente es que la condición humana es perfectible. A pesar de todos sus horrores, los últimos siglos han visto la desaparición de la guerra, la esclavitud, la conquista, la venganza de sangre, el despotismo, el sometimiento de la mujer, la discriminación, el fascismo y el leninismo de vastas regiones de la tierra que los habían sufrido durante décadas, siglos o milenios. Incluso en los peores momentos, las tasas de asesinatos en las ciudades americanas eran veinte veces más bajas que las registradas entre muchos pueblos de cazadores recolectores".

Como es evidente, ni Pinker ni el más optimista de los evolucionistas puede pretender que estos cambios se deban a una modificación o evolución del genoma humano en los últimos siglos, que ha de seguir teniendo sus instintos violentos y no violentos, así que la única causa razonable de ese cambio sólo puede ser la educación y el aprendizaje, es decir lo que no se hereda directamente.

Pero Pinker todavía intenta salvar el barco genético al decir que las estrategias que han corregido estos errores se deben a constatar ese lado oscuro de la naturaleza humana. Aquí se desliza de nuevo una cierta dialéctica un bastante tramposa, porque es evidente que casi todo el mundo es y ha sido muy consciente desde hace mucho tiempo, siglos incluso, de ese lado oscuro de la naturaleza humana. Eso no lo discute nadie, ni siquiera los firmantes de la Declaración de Sevilla que escriben su texto precisamente para luchar contra uno de esos puntos oscuros de la naturaleza humana: el uso de razones científicas para justificar la guerra o la violencia.

Y termina Pinker con un razonamiento llamativo: en realidad, la identificación de una naturaleza humana universal podría ser el argumento más poderoso contra el totalitarismo: el reconocimiento de que "todos los seres humanos tienen una aspiración innata a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad."

"La doctrina de la tabla rasa, que justifica el desprecio de los deseos expresos del pueblo por considerarlos producto de un tiempo y un lugar específicos, y legitima por tanto la reconstrucción desde arriba de la sociedad, es el sueño de cualquier totalitarista."

Este es un argumento que casi resulta ininteligible en tanto que argumento. Si alguien cree en la doctrina de la tabla rasa (ya veremos después si tales ejemplares existen) eso no tiene por qué llevar al desprecio de los deseos o la voluntad de los votantes porque sean producto de un tiempo y lugar específicos: ¿por qué iban a pensar tal cosa?

En segundo lugar, si alguien piensa eso, pensará que lo mismo les sucede a los que quieren reconstruir la sociedad: también sus ideas son producto de un tiempo y lugar determinados.

El sueño de cualquier totalitarista es más bien el contrario: se siente legitimado para reformar la sociedad porque pertenece a una raza superior, porque es un individuo genéticamente superior a los demás. Otra cosa es la propaganda que esos totalitaristas puedan hacer para conservar el poder, pero no hace falta recordar que Lenin, Stalin y Mao fomentaron el culto al gran hombre como pocas veces se ha visto en la historia de la humanidad (el otro gran ejemplo del siglo XX son Hitler y Mussolini, que sí afirmaban expresamente ser seres superiores). Pero ¿de qué otra manera, más allá de la retórica populista se puede justificar el culto al líder de los países comunistas?.

Pero a Pinker todavía le quedan por examinar algunos miedos: uno de ellos es que si todo esta en la naturaleza humana, la responsabilidad se diluye, no podemos cambiar lo que está inscrito en nuestros genes.

Pinker argumenta que no tiene por qué ser así:

"La mente tiene más de una parte, por lo que un impulso puede compensar otro e impedir que este se haga con el control del comportamiento. Junto a las motivaciones para hacer daño, mentir, cometer adulterio y competir por el estatus, el cerebro humano alberga motivaciones para evitar el castigo, la condena, la pérdida de reputación y de autoestima..."

Y en efecto, es fácil estar de acuerdo con Pinker en que existen esas motivaciones. Lo difícil es no darse cuenta, como le pasa a él una y otra vez, de que todas esas "motivaciones" se resumen en aquel segundo opuesto del par biología o cultura": la cultura.

Es decir, la comprensión de que la mente humana es capaz de violencia pero también de paz y acuerdo. La comprensión de que, sea cual sea el componente biológico del ser humano, la cultura y la modificación del medio ambiente, la educación y el cambio de estímulos sobre un cerebro (incluso la intervención directa o modificación de su naturaleza) son la mayor influencia que puede conducir al ser humano hacia el camino de la no violencia. Es decir, la cultura contra la biología. Es decir, la Declaración de Sevilla.

 

Quod erat demostrandum

Con lo que queda demostrada la tesis... contraria a Pinker.

Llevado por su deseo de manejar todos los argumentos, incluidos los de sus rivales, Pinker ha acumulado bastantes razones en contra de su tesis inicial, que pretendía tan polémica y que acaba resumiéndose en una suma de lugares comunes y clichés no muy novedosos, porque se vienen sosteniendo desde hace siglos con argumentos de todo tipo, racistas, historicistas, teológicos, místicos o, actualmente, científicos: que hombres y mujeres son diferentes, que hay que seguir la naturaleza, que uno es lo que es, que hay personas más capacitadas que otras desde su nacimiento, que no se puede dar la misma educación a todos y que no se puede reformar a los delincuentes.

Me detendré en algunos aspectos de la demostración de Pinker y algunas de sus falacias argumentativas.

Pinker insiste una y otra vez en que hay cosas que no se deben hacer ni promocionar socialmente porque se oponen a la naturaleza humana. Ese argumento no es otro que el que el propio Pinker denostó con energía: la falacia naturalista. Porque que algo sea natural no tiene por qué ser bueno. Y no sólo eso, Pinker considera la naturaleza humana de una manera simplista, como si fuera algo estático y ya definido, idéntico en todos los seres humanos, sin variaciones, sin propensiones, fácil de aislar e identificar. También hace uso abundante del argumento "bueno, si es para mí; malo si es para mis rivales": cuando algo le parece correcto en la sociedad actual argumenta que en eso estamos siguiendo la naturaleza humana. Cuando no le parece correcto es que es algo contrario a la naturaleza humana. ¿No había dicho él mismo que debíamos oponernos a la falacia naturalista?

Por otro lado, Pinker dice que no debemos oponernos a lo que la ciencia nos revele, por desagradable que sea, pero después dice que lo que la ciencia nos revele no tiene por qué influir en nuestras consideraciones morales, lo que parece chocar con su tesis inicial.

He leído varias críticas de Estados Unidos que le reprochan su incoherencia cuando dice que los intelectuales "tienen que tener cuidado para que sus ideas no se usen para propósitos malvados" y le preguntan: ¿Y cómo pueden hacerlo? Escondiendo esas ideas, ocultando los hechos?" (que es una cita literal del propio Pinker). Muchos de estos lectores dan el paso que Pinker no da y proponen todo tipo de discriminaciones basándose en los supuestos nuevos resultados que la ciencia ofrece.

 

Los dos bandos

Otra falacia de Pinker es, como ya dije antes, reducir la cuestión a dos bandos:

1) Aquí hay dos bandos enfrentados: los que están dispuestos a aceptar los descubrimientos de la ciencia y no dejarse llevar por prejuicios acientíficos.

2) Aquellos que rechazan esos descubrimientos y quieren esconderlos, ya sea por razones religiosas o morales.

Pero la situación esta muy lejos de ser tan sencilla. Son muchos quienes quieren aceptar los descubrimientos de la ciencia pero que:

a) No están de acuerdo en la interpretación de muchas de esas investigaciones. Incluso a veces dudan, y con razón, de que ciertas investigaciones sean de fiar desde el punto de vista de la exigencia científica.

b) Piensan que la ciencia llega a conclusiones contrarias a las de Pinker.

c) Dudan (como hace el propio Pinker) de que se puedan aplicar tal cual las conclusiones biológicas al mundo humano.

d) Constatan que sea cual sea la naturaleza humana, se puede modificar por la cultura.

Y muchas más variantes.

La postura de Pinker es a menudo muy difícil de entender, porque no acaba de expresar de manera clara qué es lo que pretende. Yo he releído cuatro o cinco veces un párrafo de Cómo funciona la mente en el que expone su opinión en contra de los "evolucionistas culturales" y no he acabado de entender dónde está el motivo de disensión. Lo transcribo aquí, intentando no sacarlo de contexto:

"Las personas no adivinan qué es adaptativo para ellas o sus genes; sus genes les dan pensamientos y sensaciones que fueron adaptativos en el medio donde los genes fueron seleccionados. La otra extensión de la adaptación, en apariencia inocua, es el cliché de que "la evolución cultural se ha hecho cargo de la evolución biológica"... La premisa de la evolución cultural es que existe un único fenómeno -el avance del progreso, el ascenso del hombre, desde los simios hasta Armagedón- que Darwin explicó sólo hasta cierto punto. Mi opinión es que los cerebros humanos evolucionaron por un conjunto de leyes, las de la selección natural y la genética, y que en la actualidad interactúan entre sí según otro conjunto de leyes, las de la psicología cognitiva y social, la ecología humana y la historia. Pero la remodelación del cráneo y el ascenso y caída de los imperios puede que tengan pocas cosas en común".

A mí me parece que Pinker está diciendo más o menos lo mismo que los evolucionistas culturales, una vez que despojamos a estos de la máscara un ridícula ("desde los simios hasta Armagedón") que les ha puesto Pinker. Y en esa máscara está probablemente el mayor defecto de la manera de argumentar de Pinker.

 

La creación de un monstruo

Una de las mejores armas de todo buen polemista es crear un monstruo, un enemigo a su medida, hecho de despojos de lo peor de sus enemigos. Este método, semejante al del Doctor Frankenstein, da como resultado una criatura de aspecto temible pero completamente inofensiva, al menos desde el punto de vista intelectual.

En el Elogio de la fidelidad, yo mismo creé un monstruo:

"El monstruo de la fidelidad

Este capitulo se titula así porque en él voy a presentar a un monstruo. Lo que se llama, en el mundo de la discusión, un monstruo. Voy a dar la oportunidad de exponer sus razones a uno de los defensores de la fidelidad, pero no he elegido a un rival moderado y razonable, sino a uno que espanta.
Este es un método que utilizan desde hace siglos los filósofos y los polemistas. Consiste en elegir al peor de tus enemigos y dejarle hablar: su sinrazón acaba dándote a ti la razón, su falta de argumentos te llena a ti de ellos. ¡Dios mío –exclamará el lector– si eso es lo que piensan los defensores de la fidelidad, seamos infieles!
Como se ve, soy consciente de que estoy haciendo trampa."
...

En el mundo anglosajón creo que se llama a esto de crear un monstruo, o un enemigo a la medida, "golpear a un espantapájaros".

Los enemigos de Pinker son, como no, ciertos intelectuales, porque como es sabido el enemigo preferido de los intelectuales como Pinker son siempre los intelectuales. Esos intelectuales de Pinker defienden ideas que son sólo caricaturas.

Las ideas del buen salvaje de Rousseau, por ejemplo, son objeto de burlas desde hace décadas en los círculos filosóficos. Naturalmente que tienen defensores, porque cualquier idea imaginable tiene defensores (ahí tenemos el ejemplo de los creacionistas) pero en el terreno de la filosofía es considerada una idea descartada desde hace tiempo. También los historiadores y los antropólogos, como supongo que Pinker mostrará con abundantes ejemplos en La tabla rasa, han desbaratado ya el mito del buen salvaje y de la sociedad comunista primitiva. Yo mismo he escrito a menudo acerca del asunto y comparto el rechazo que muestra Pinker.

EL BUEN SALVAJE

Si en el futuro se nos aportase algún tipo de prueba, podríamos reconsiderar nuestra postura en contra de este mito, por ejemplo si se mostrara de algún modo que, efectivamente, los primeros homínidos eran pacíficos y que, de alguna manera, ya sea porque la evolución lo favoreció o por el surgimiento de la cultura, llegó la violencia al mundo humano. Pero por el momento no hay ningún indicio de tal cosa y el ser humano, según lo que se sabe, ha sido casi siempre tan violento como ahora, seguramente más, si exceptuamos el siglo XX, en el que tal vez se hayan batido todos los registros de barbarie y guerra. Eso sí, también ha habido paz, o paz relativa, durante largos períodos, por ejemplo en China.

En cuanto a la doctrina de la tabla rasa, nadie la mantiene de la manera en que Pinker lo expone. Nadie piensa que el cerebro humano sea una tablilla de cera vacía, porque entonces no se podría explicar por qué los monos o las cucarachas no escriben la Crítica de la razón pura y nosotros sí.

En cuanto al fantasma en la máquina, es cierto que lo sostienen muchos cristianos, judíos y musulmanes, pero excepto en Estados Unidos en las filas del influyente creacionismo, y en los lugares en los que grupos religiosos o políticos impiden la libre discusión, los científicos, aunque sean creyentes, dejan de lado la hipótesis del fantasma en sus investigaciones. La mayoría de los que se oponen a las ideas de Pinker son tan ateos y creen tan poco en el alma como él o como yo, pero él presenta la situación como si enfrente sólo tuviera a creyentes fanatizados.

Y respecto a los partidarios de la importancia del medio frente a la de los genes, es cierto que tienen bastante influencia, y yo añadiría que es una suerte que la tengan, porque mientras que la influencia del gen en el comportamiento todavía está sujeta a muchísima controversia, la del ambiente y la educación está fuera de toda duda razonable, cosa que el mismo Pinker admite, como ya hemos visto.

Para atacar esta evidencia (que él mismo a menudo defiende), Pinker utiliza ejemplos de delincuentes que no pudieron ser reformados o investigaciones con gemelos que muestran hasta que punto los genes nos influyen. Pero esta es una manera de argumentar que consiste en hacer ley de lo extraordinario. Por supuesto que hay muchos delincuentes que no se pueden reformar (y en algunos casos por razones genéticas), pero eso no nos impide constatar que la educación y la organización social han reducido de manera impresionante la violencia de millones de personas, como el propio Pinker reconoce cuando quiere atacar el mito del buen salvaje. Insisto en que Pinker da las mejores razones para justificar y hacer razonable el celo que ponen los ambientalistas en su tarea: ¿no ha dicho que las probabilidades de ser asesinado en Estados Unidos son muy inferiores a las que tenían nuestros antepasados de las cavernas o la Edad Media? Sin duda también sabe cómo aumenta el riesgo en las favelas de Brasil respecto a los barrios ricos.

Ahora bien, a pesar de que quienes creen en la importancia del ambiente sobre el comportamiento, tienen influencia, los que suelen atraer la atención de los medios desde hace bastante tiempo, son los deterministas genéticos. Hace poco una investigadora se quejaba de que nadie quería publicar los elocuentes resultados que mostraban que no había diferencias esenciales en las capacidades de hombres y mujeres (o que, al menos, no existía ni un sólo estudio que confirmase tal cosa), pero que estaban ansiosos por publicar cualquier pequeño y dudoso experimento que señalase alguna diferencia. También he leído en una página web que cuando se ofreció a Neewsweek publicar la Declaración de Sevilla, la revista rechazó la oferta y respondió: "Pero avísenme cuando se descubra el gen de la violencia".

El determinismo genético está de moda, hasta el punto que ,como decía recientemente un periodista, ahora la excusa no es "la sociedad me ha hecho así", sino "la naturaleza me ha hecho así". Los genes son el último y brillante modo de eludir la responsabilidad.

El comportamiento de una persona está condicionado, sin duda, por muchos factores, y uno de ellos es la propia voluntad y la responsabilidad individual, pero, desde luego, si hay que llevar a un tribunal a los responsables de ciertos comportamientos sociales, antes que a los genes yo llevaría sin dudarlo a las sociedades basadas en la injusticia. Una cosa es pensar que un asesino es responsable de lo que hace, pero eso no impide pensar también que la violencia en las favelas de Brasil tiene mucho que ver con la pobreza y la discriminación. Resulta, que, según he visto en una recensión de La tabla rasa, esto mismo lo dice Pinker:

"No es sorprendente que cuando los afroamericanos son sacados de los vecindarios de clase baja no son más violentos o delincuentes que los adolescentes blancos".

El autor de la recensión, Louis Menand (uno de esos intelectuales del New Yorker) dice: "Bueno, eso debería darnos una pista", y cita la conclusión de Pinker:

"Con la violencia, así como con otras muchas cosas, la naturaleza humana es el problema, pero la naturaleza humana es también la solución."

Y concluye Menand con agudeza:

"Esa es otra manera de decir que está en la naturaleza humana socializar y ser socializado, que es, en definitiva, exactamente el punto de vista de los intelectuales"

Acuerdos y desacuerdos

Estoy de acuerdo en muchas de las cosas que dicen personas como Pinker acerca de la importancia de la biología, aunque prefiero oírselas decir a Damasio, por ejemplo. No se trata de una cuestión de simples matices, sino de eso que Pinker llama reduccionismo estúpido.

Esos reduccionismos estúpidos parecen una constante en la ciencia, sobre todo en las ciencias más débiles, como la psicología, la sociología o la antropología. El conductismo, que reinó durante décadas en la psicología científica también decía muchas cosas acertadas, y en bastantes cuestiones era una teoría preferible a sus rivales, pero hoy ha sido abandonada e incluso despreciada, por ejemplo por Chomsky y por Pinker (que fue behaviorista, por cierto). Y con razón, porque de ser una teoría interesante y sujeta a discusión se convirtió en un dogma que quiso explicar demasiado y proscribir todo lo que le incomodaba.

Es eso lo que creo que está sucediendo con el determinismo genético o la llamada sociobiología: dentro de unos cuantos años, tal vez dentro de unas cuantas décadas, nos daremos cuenta de que era otro exceso teórico.

Y el problema de los excesos teóricos es que a menudo conducen a lugares poco deseables, como mostraron las lobotomías en el siglo XX o al aplicación de los test de inteligencia para sostener el racismo y el clasismo. A veces, y quien diga que esto es exagerar es que no sabe nada de la historia del siglo XX, conducen directamente al infierno.

Yo puedo confiar en las buenas intenciones de Pinker, pero no confío en absoluto en las de muchos de los que pueden aplicar las ideas del sociobiologismo y los descubrimientos científicos acerca de las supuestas diferencias entre grupos o sexos. Descubrimientos, insisto, que son todavía muy discutibles y sometidos a controversia: de nuevo basta pensar en el ejemplo de las test de inteligencia y en como incluso sus creadores se arrepintieron años después.

Cuando leo eso que dice Pinker del método OCEAN de clasificar las personalidades humanas en cinco dimensiones, no puedo evitar recordar los antiguos caracteres de Teofastro y todo aquello de los cinco temperamentos (biliosos, etcétera), o la frenología, el factor g de Spearman y otras curiosidades que ya están en los museos de lo grotesco y me atrevo a predecir el mismo destino para OCEAN.

Según la clasificación OCEAN, la gente es en diversos grados o abierta a la experiencia o nada curiosa, consciente o indirecta, extrovertida o introvertida, agradable o discutidora, neurótica o estable. Las cinco dimensiones se refieren al acrónimo OCEAN. Esas cinco dimensiones son en parte heredadas. Puede parecer un esquema simplista, pero Pinker se muestra entusiasta: "La mayoría de los 18.000 adjetivos que se aplican a la personalidad en un diccionario pueden ser englobados por esas cinco dimensiones." Una buena muestra de reduccionismo... ¿estúpido?

 

El descubrimiento del evolucionismo

También es falaz la manera en la que Pinker expone el asunto del evolucionismo aplicado al cerebro, como si la idea de que el cerebro es producto de la evolución se les hubiese ocurrido a los sociobiólogos hace veinte años, o a Chomsky cuando propuso su gramática generativa. Como detalle curioso, William James decía, (¡antes de 1900!)

"En el fondo de nuestra naturaleza persisten, no disfrazados ni disminuidos, los fundamentos biológicos de nuestra conciencia (Los ideales de la vida, 25)."

No vale la pena multiplicar los ejemplos, pero basta recordar las opiniones de Lorenz, Popper, Kreuzer y otros, quienes decían que quizá los a priori kantianos, por ejemplo los conceptos de espacio y tiempo, son a posteriori evolutivos: es decir tenemos esos a priori porque han sido beneficiosos desde el punto de vista evolutivo.

En cuanto a otro de los enemigos de Pinker, la Declaración de Sevilla, que él califica de "lunática", si se lee atentamente se puede comprobar que no sostiene nada demasiado distinto de lo que dice Pinker en sus momentos más ecuánimes, no en los de ocasional radicalismo (que son los que más influyen en sus lectores, por cierto).

Una batalla ganada antes de empezar

Una de las más claras conclusiones que se saca de la lectura de La tabla rasa, el buen salvaje y el fantasma en la máquina es que con enemigos así, ¿quién no gana una discusión? Es muy fácil luchar contra dos cadáveres y un fantasma.

ALGUNAS PREGUNTAS Y ALGUNAS RESPUESTAS

1. ¿Existe una naturaleza humana?

Por supuesto. Eso no lo duda nadie. Los seres humanos son diferentes, muy diferentes al resto de los animales, y es evidente que esa diferencia se debe a la evolución y, más en concreto que muchas de las características del cerebro son producto de la evolución, como lo es el sofisticado ojo.

Algunos sociobiólogos hablan como si ellos fuesen los descubridores de algo tan elemental desde Darwin. Decía Jay Gould:

"Si un sociobiólogo es aquel que considera que la evolución biológica influye de alguna manera en el comportamiento humano, entonces me parece que todo el mundo (salvo los creacionistas) es sociobiólogo."

Gould explica que el término sociobiología nació cargado de ideología, y como una propuesta concreta, no como una nueva ciencia, que ya existía y se llamaba biología del comportamiento.

Sucede que ahora la sociobiología parece haberse adueñado de todo el campo semántico. Estupendo, en este caso todos somos sociobiólogos, pero no todos estamos de acuerdo con ciertos sociobiólogos. Cuando E.O. Wilson dijo del marxismo: "Teoría excelente, especie equivocada", estaba utilizando los resultados de la investigación científica con un fin político, que es, precisamente, lo que Pinker rechaza y reprocha a sus enemigos. Está diciendo que el marxismo no es una teoría aplicable a la sociedad, no por sus debilidades internas, sino porque no es compatible con la naturaleza humana. Está aplicando la falacia naturalista.

Por cierto, Wilson era el mayor experto mundial en hormigas, no en seres humanos: ¿tenía verdadera autoridad científica para hacer tal afirmación referida a la especie humana, o era como un cura católico que opina acerca del panteón hindú?

[Supongo que es innecesario aclarar que no estoy diciendo que el marxismo sea correcto (ni soy ni he sido nunca marxista).]

 

2. ¿La naturaleza humana es y sólo es biológica?

Este es el punto fundamental del debate. Si identificamos la naturaleza con la biología, entonces, de manera tautológica, diremos que sí, que la naturaleza humana es sólo biológica. Pero si la entendemos como aquello que define al ser humano y su comportamiento, entonces tenemos que añadir la cultura, la socialización, el ambiente, la educación, como factores tan o más influyentes que el biológico.

Y en este punto, aunque parezca absurdo después de tantos debates, son los más cercanos a la sociobiología radical los que acaban cediendo el terreno y admiten que la naturaleza humana no es sólo biológica. Casi siempre terminan sus libros diciendo que a pesar de todo ese componente biológico, el ser humano tiene la capacidad de sobreponerse a él. Algunos ejemplos:

Richard Dawkins en El gen egoísta:

"Tenemos el poder de desafiar a los genes egoístas de nuestro nacimiento y, si es necesario, a los memes egoístas de nuestro adoctrinamiento... Somos costruídos como máquinas de genes y educados como máquinas de memes, pero tenemos el poder de rebelarnos contra nuestros creadores. Nosotros, sólo nosotros en la Tierra, podemos rebelarnos contra la tiranía de los replicadores egoístas".

Jacques Monod en El azar y la necesidad:

"El hombre sabe al fin que está solo en la inmensidad del universo de donde ha emergido por azar. Igual que su destino, su deber no está escrito en ninguna parte. Puede escoger entre el Reino y las Tinieblas".

Jesús Mosterín, que en esta cuestión se mantiene casi siempre en un equilibrado término medio:

"Yo no dejo de ser libre por haber recibido una educación, ni tampoco por el hecho de que mi comportamiento tenga tendencias genéticas. Ninguna de esas tendencias es determinista".

Steven Pinker en Cómo funciona la mente:

"Si el cerebro no ha cambiado con los siglos, ¿de qué modo la condición humana puede haber mejorado? Parte de la respuesta, a mi entender, es la alfabetización, el saber y el intercambio han socavado ciertos tipos de explotación".


Todos, en definitiva, vienen a actualizar la frase de Aristóteles: "la naturaleza del ser humano es no tener naturaleza".

Porque Aristóteles sabía perfectamente que el ser humano tenía naturaleza, y que esa naturaleza era diferente de la de los animales y las plantas: al alma vegetativa y animal añadía la intelectiva. Pero también advertía que mientras que las plantas y los animales están bastante sujetos o atados a su naturaleza innata, el ser humano no lo está tanto: puede redefinir su naturaleza, modificarla hasta cierto punto, potenciar ciertos aspectos, reprimir otros, crear algo inesperado.

 

La verdadera discusión

Si resulta que los dos bandos admiten, cuando llega la hora de la verdad, lo que dice el otro, ¿dónde está el problema? ¿De qué se está discutiendo? Esta es una de esas polémicas que cuando se apagan con el paso de los años, asombran: ¿de qué diablos discutían?

Se está discutiendo, fundamentalmente, de política.

Los culturalistas, por llamarlos de algún modo, es decir, los que no niegan la influencia genética, pero concentran su atención en la influencia del ambiente, de la educación o de la cultura pueden opinar diversas cosas, más allá de las caricaturas de Pinker:

a) Dudan de la fiabilidad de ciertos resultados científicos. A su favor tienen los errores constantes cometidos por los biologistas y por aquellos que estaban dispuestos a modificar y a cuantificar la inteligencia humana en los últimos siglos: los test, la eugenesia, las lobotomías. Pensar que ahora no se cometerán errores semejantes es lo que en inglés se llama un whishful thinking. Confundir los deseos con realidades, a veces por ingenuidad y a veces por intereses sexistas, racistas y clasistas.

b) Dudan, en concreto, de que la inteligencia humana y otras capacidades sean cosas cuantificables y que, en cualquier caso, como se ha dicho en el punto anterior, se puedan cuantificar sin error hoy en día. Como dice Menand, Pinker ha convertido a eso que se llama "naturaleza humana" en una abstracción semejante a "Dios" o "la ley natural", poniéndola por encima de los individuos.

c) Sostienen que la medición estadística de ciertas propensiones biológicas sólo es eso, una propensión estadística. La realidad a la que se aplican esas propensiones es mucho más compleja y no se pueden trasladar los datos así como así.

d) Dudan en particular de que la sociedad la deban regir los "más inteligentes", "más capaces" o "mejor dotados genéticamente", sean lo que sean esas cosas tan huidizas. Un sencillo repaso a la historia permite descubrir que la sociedad raramente ha sido regida por los más inteligentes, por ejemplo. Y no siempre con consecuencias negativas: personas muy inteligentes y capaces han sido desastrosos gobernantes.

d) Piensan que el sociobiologismo radical es una actualización con ropajes científicos más actuales de las ideas de Spencer en el siglo XIX acerca de la supervivencia del más apto. Y constatan que los supuestos resultados obtenidos en los laboratorios se suelen utilizar como refuerzo para la discriminación.

e) Muchos sociobiólogos radicales utilizan sus argumentos para combatir las ayudas para la educación de grupos sociales marginados. Todo esto tiene mucha relación con el abandono progresivo de las políticas sociales en EEUU, iniciadas por Rooselvelt, retomadas en los años sesenta del siglo XX por Kennedy y expresadas explícitamente en la Constitución de los Estados Unidos, que estaban ligadas a la idea de que los seres humanos somos básicamente iguales.

f) Y también saben que el sociobiologismo y el genetismo se usan para atacar la igualdad entre hombres y mujeres. Ya lo hizo E.O.Wilson cuando dijo que las diferencias entre los sexos muestran que "incluso con educación idéntica y con igual acceso a todas las profesiones, los hombres están llamados a jugar un desproporcionado papel en la vida política, en los negocios y en la ciencia." Pinker a menudo insinúa, aunque no con tanta claridad, lo mismo. Curiosamente, en lo que parece un argumento en favor de la importancia del ambiente, ambos fueron profesores en Harvard. No parece casual, porque también el rector de Harvard causó recientemente una polémica al opinar que las mujeres estaban genéticamente menos capacitadas para ciertas carreras (Pinker acudió en su ayuda).

Ahora bien, ¿es que alguien ha podido detectar mediante estudios con sujetos en laboratorio que lo que sostiene Wilson es una verdad científica? ¿Es que alguien no ha constatado ya mirando a su alrededor que las mujeres cada vez juegan un papel más importante en los negocios, en la política y en la ciencia (donde antes apenas sí existía algún ejemplo, aparte de las reinas), y eso que la sociedad está muy muy lejos de ofrecer iguales oportunidades a hombres y mujeres? ¿Nadie ha comparado la situación de la mujer y su incorporación a todo tipo de tareas cuando Wilson empezó a decir eso y la situación actual? Un dato: en 1975, que es cuando Wilson inició su discurso sociobiológico, en EEUU, el 47% de las mujeres con hijos menores de 18 años trabajaba. Ahora trabaja el 70,7%: una buena remontada frente al 94% de los hombres (hay que tener en cuenta que hace 70 o 100 años el porcentaje de mujeres trabajadoras debía estar por debajo del 10%).

g) Piensan que Pinker utiliza los datos científicos de manera parcial: cuando le conviene algo es natural, cuando no le conviene no lo es. Lo que le gusta se explica por algún tipo de ventaja evolutiva; lo que no, es una aberración. Pero sus argumentos, como sucede con las interpretaciones de la biología sirven para explicar cualquier cosa imaginable. Al fin y al cabo, lo explican todo y son irrefutables. Como dice, Menand, Pinker explica la democracia, la libertad reproductiva de la mujer o el arte como productos de la evolución (el arte moderno sería una aberración antinatura según su punto de vista).

Es evidente que, si uno quiere, puede encontrar en la evolución o en la naturaleza humana cualquier cosa.

 

 

Fotos del Tahuantinsuyu: el Wayna Pichu

Aunque todo el mundo conoce el Machu Pichu, pocos, fuera de Perú, han oído hablar del Wayna Pichu (yo lo descubrí allí).

Wayna Pichu

El Wayna Pichu es esa gran montaña que siempre se ve en las fotografías tomadas desde el Machu Pichu.

 

Wayna Pichu

La figura del Wayna Pichu es tan fácilmente identificable (casi siempre con las ruinas de Machu Pichu delante) que es algo así como el Monte Fuji de Perú.

Wayna Pichu

Del mismo modo que el monte Fuji aparece en decenas de cuadros japoneses, como las famosas 36 vistas del Monte Fuji de Hokusai y las otras 36 de Hiroshige, supongo que también habrá muchas representaciones del Wayna Pichu, aunque yo no conozco ninguna, excepto las que se ven en las paredes de los restaurantes peruanos.

El monte Fuji de Japón

 

La más conocida de las 36 vistas del Monte Fuji de Hokusai. La ola es tan impresionante que algunos no reparan en las barcas de los pescadores o en el monte Fuji allá a lo lejos

Una de las 36 vistas del Fuji de Hiroshige, pintor que influyó mucho en Van Gogh

Wayna Pichu

Con Karina, autora de todas las fotos, y el Wayna Pichu al fondo



Wayna Pichu

 

Si quieres ver más fotos del Machu Pichu, el Wayna Pichu, el Cusco y todo el Tahuantinsuyu, puedes hacerlo en Cuaderno del Tahuantinsuyu y el Cusco, una nueva galería de fotos que he abierto. Allí también se pueden ver estas fotos a mayor tamaño.

Además, puedes leer textos relacionados con Perú y los incas en el Cuaderno del Tahuantinsuyu.

Izumi Kyoka y el mundo intermedio

Izumi Kyoka es un escritor japonés que vivió entre 1873 y 1939.

Kyoka influyó directamente en Kawabata y fue admirado por Yukio Mishima.

Kyoka tenía una interesante teoría acerca del momento que hay entre el día y la noche (y entre la noche y el día), que cuenta en su Tasogare no aji (El gusto o sabor de la media luz).

Me parece que en español no hay una palabra que sirva al mismo tiempo para el amanecer y el atardecer. En inglés se emplea twilight para el atardecer o crepúsculo y dawn para amanecer o aurora, pero creo que twiligth tiene también un sentido un poco más amplio, al poder ser traducido por "media luz" o algo parecido. Si me refiero a cómo se dice en inglés es tan sólo porque estoy leyendo el texto de Izumi en una traducción inglesa. Yo usaré "media luz" o "mundo intermedio" para referirme a lo que menciona Kyoka.

Decía Izumi que mucha gente consideraba que era lo mismo el atardecer y el anochecer (twilight y dusk en la traducción inglesa), pero que eso era un error:

"Cuando hablamos de anochecer, la sensación del color de la noche, del color de la oscuridad es dominante. Sin embargo, atardecer no es ni el color de la noche ni el de la oscuridad. Y tampoco es una sensación de día ni de luz."

Para Kyoka, el atardecer no es día ni noche, pero tampoco una mezcla de ambos. Y lo mismo sucede con el amanecer. Ambos momentos, el que está entre la noche y el día, y el que está entre el día y la noche, tienen en común una sutileza en las sombras:

"Considero un gran error que la gente piense que no hay otros mundos que el de la noche y el día. Yo creo que hay sin duda un mundo singular, sutil e intermedio. He estado pensando que este gusto o percepción de la media luz, esta percepción del amanecer y el atardecer es algo que me gustaría mostrar al mundo."

Es decir, hay día, noche y el mundo intermedio o de la media luz.

Kyoka pensaba que esta percepción de un tercer mundo intermedio no se limitaba a añadir una tercera posibilidad a la dicotomía día/noche, sino que se aplicaba a más cosas:

"Creo que sucede algo parecido en relación con todas las cosas del universo, entre las que se hallan mundos más sutiles. Por ejemplo, la gente considera el bien y el mal de una manera semejante al día y la noche, pero entre ese bien y mal, existe un espacio más sutil que no deberíamos dejar destruir, que no debemos dejar que desaparezca. En el momentáneo espacio de moverse entre el bien y el mal, los seres humanos desarrollan singulares sentimientos y formas... He estado pensando que me gustaría mostrar con mis trabajos un mundo de singularidad intermedio, un gusto por la singularidad intermedia, que no está ni en los extremos del bien o el mal, lo correcto o lo incorrecto o el placer o el dolor".

Creo que es interesante lo que dice Kyoka, y lo es más todavía para los aficionados al mundo y a la historia japonesa, pues Kyoka vivió en la era Meiji (1868-1912), que es precisamente una época intermedia, de media luz, entre el japón feudal del Shogun y el Imperial que entonces se inició.

El Japón de la Restauración Meiji es un mundo lleno de sombras complejas y sutiles, de matices, de dudas, de cambios y de miedos, y quizá por ello fascinante. Mientras que China en esa misma época no pudo transformarse y entró en una grave crisis acosada por sus conflictos interiores y las amenazas exteriores de los países occidentales, Japón consiguió, en muy poco tiempo, convertirse en una potencia mundial, participando incluso en el saqueo y rapiña del inmenso territorio chino.

Para ello tuvo que abolir el feudalismo y la clase de los samuráis, proclamar una constitución en 1889, crear un sistema parlamentario bicameral, y al mismo tiempo divinizar al emperador, que hasta entonces era un títere en manos de los shogunes. Y crear una religión de estado basada en el antiguo shintô. Todo esto, y mucho más, fue hecho en apenas treinta años.

Cuando las sombras sutiles de ese mundo intermedio desaparecieron, tal vez hacia 1902, lo que se pudo ver fue a Japón situado en pie de igualdad con las temidas y voraces potencias occidentales:

"Se había acostumbrado a pensar en Japón como un país bárbaro, aunque sólo florecieran en él artes pacíficas. Y Occidente le concede la categoría de civilizado cuando extermina sin piedad a la población de Manchuria".

(Kakuzo Okakura, El libro del té)

Los textos de Kyoka los he tomado del libro de Gerald Figal Civilization and Monsters: Spirits of Modernity in Meiji Japan. Aunque Kyoka es considerado uno de los escritores más importantes de la literatura japonesa, creo que en español no se ha traducido ningún libro suyo, pero seguro que están a punto de aparecer varios.

 

Kyoka y el casamiento

Hace unos días comparaba a Steven Pinker y William James en relación al tema del adulterio y la fidelidad. Kyoka, en un texto escrito probablemente a finales del siglo XIX o principios del XX, también resultaba (como James) más progresista que el rancio pensamiento actual:

"Suicidio de amantes, fuga de amantes, expulsión del hogar paterno, son todas expresiones del amor; habría que considerarlas venturosas y dignas de felicitación y regocijo para sus protagonistas. Pero, para la sociedad, son tan sólo hechos lamentables. El casamiento tiene lugar sólo por la ceremonia, por la expresión escrita, no porque haya amor. Se encuentran el varón y la mujer, y elevan sus copitas, sólo eso. Si la persona todavía no se ha casado, tiene libertad en el amor.
Reza el refrán "En el amor no hay jerarquías". No obstante, si alguien ama a alguien, otro sentenciará que eso está mal. Una vez que se casa, la mujer no es ya una dama sino un tipo dentro del género femenino, llamado esposa. Otros ya no podrán amarla, no porque no puedan sino porque la sociedad no lo permite. Se le imposibilita a ella amar. Vale decir que el casamiento reconocido por la sociedad es una penalidad cruel, perversa, que somete al amor y la mujer. Lo aplasta y quita libertad.

"Siempre se ha dicho que una mujer hermosa tiene vida desdichada: lo que sucede es que la sociedad la condiciona de ese modo. Si no existiera eso que designan como casamiento, ¿qué mujer bella tendría una vida desdichada? ¿Acaso luchas, pérdidas, desilusiones, suicidios, padecimientos, todas estas palabras terribles no son consecuencias del casamiento?

"Repito: lo que nosotros, los seres humanos, llamamos Amor que sustenta la vida no es algo que pueda lograrse con el matrimonio. Los seres humanos hacen de la muerte un dolor absoluto. Y así como no se debe morir contento por la patria, lo mismo sucede con el casamiento. Tantos inocentes no deberían, cumpliendo esta ceremonia de celebración, sacrificar su vida por la sociedad"

Enlace a la comparación entre Pinker y William James:

El texto de Izumi Kyoka lo he encontrado en Hotel Celine

martes 18 de abril

 

El resto es literatura

He subido una página dedicada a la literatura, llamada El resto es literatura. Allí iré poniendo textos un poco más sosegados que los que publico en estas páginas, en las que escribo de corrido y sin pensar demasiado. Supongo que eso a menudo se nota, y para mal, y por eso insisto en que lo que aquí escribo es algo que está entre una charla de café y una reflexión ligera. En El resto es literatura, los textos están un poco más pensados, pero sin exagerar tampoco. Al principio pensé llamar a esa página, y como homenaje a su primer huésped (Goethe) El diwan digital de oriente y occidente, pero lo desestimé, precisamente porque podía parecer pretencioso y pedante.

A menudo, esos textos serán ampliaciones de cosas publicadas aquí, y además los iré corrigiendo y mejorando (cosa que no hago con esto, excepto faltas de ortografía y detalles sin importancia). Puedes leer el primer texto que he puesto allí, acerca de Goethe, visitando El resto es literatura, pero también leyendo la siguiente entrada de esta misma página (allí está mejor maquetado, supongo).

El resto es literatura

 

Algunos retratos de Goethe

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Sereno, con una leve melancolía que ya no es la del joven que inició el movimiento romántico, sino la del hombre que ha regresado a la época clásica y se siente como en casa entre los restos del gran arte de la Antigüedad. Apoyado sobre las venerables ruinas, casi como una madame Recamier en una chaisse longue, con una mano casi sensual que descansa junto a la rodilla, mientras que la otra se deja caer, pero sin abandonarse del todo, mostrando en el índice la voluntad vigilante del hombre que es consciente de todo lo que hace y que dirige su vida con paso firme, proporcionando incluso a la posteridad la imagen que desea se conserve de él.

La mirada y el gesto de los labios muestran al mismo tiempo seguridad en sí mismo y disposición a escuchar a los demás, una tolerancia movida por la misma cortesía y sentido de la oportunidad que le hace usar una capa para proteger su vestimenta de las incomodidades del viaje y el polvo inevitable de las ruinas.

En el cielo, algunas nubes oscuras que se alejan y comienzan a ser vencidas por el azul limpio y claro que, precisamente, rodea su cabeza y casi parece nacer de ella, como una metáfora de su cortesía de escritor y filósofo: la claridad y la sensatez..

Como único detalle fuera de tono puede señalarse el sombrero de ala ancha, mal calzado en su cráneo poderoso, lo que quizá se deba más a un error del pintor que al descuido de su propietario.

Goethe quiso dejar esta imagen a la posteridad en un momento muy importante de su vida: durante su viaje a Italia, que fue la confirmación de que su espíritu era clásico y no romántico.

Es una imagen muy distinta de la que de él tenían muchos de sus contemporáneos, no sólo en sus inicios, cuando era el más destacado romántico del movimiento Sturm und Drag, sino incluso después de que se alejará y renegara del romanticismo.

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El joven Goethe romántico

En su Viaje a Italia todavía se adivinan pasiones subterráneas, que su discreción le obliga a censurar, pero también le vemos entusiasmarse una y otra vez, ansioso por aprender de todo y de todos, más discípulo que maestro, pero, al mismo tiempo, celoso de su intimidad, de su independencia, reacio a regresar a Alemania, porque ello le obligará a retomar cargos y deberes. Intrépido e incluso temerario en su visita al Vesubio.

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Busto de un Goethe de 32 años (1881) que a mí me
recuerda, y que tal vez imita, a un Voltaire joven, pero
también a un joven atleta grecorromano melancólico

 

Retrato de un retrato

Antes he hecho una larga descripción del retrato que Tischbein hizo de Goethe. Describí el cuadro por dos motivos: primero, para mostrar que se puede hacer una descripción bastante convincente y que, al mismo tiempo, esa descripción puede ser fundamentalmente falsa.

Es un procedimiento que se emplea a menudo: se elige una fotografía, un retrato o un paisaje, el que más se ajusta a nuestros intereses, y se convierte en símbolo y arquetipo de la persona o cosa representada. Todo lo que vamos describiendo parece probar nuestra opinión, pero en realidad sólo seleccionamos lo que coincide con ella.

En vez de decir que el cielo en el cuadro de Tischbein parece abrirse paso entre las nubes tormentosas a partir de la cabeza de Goethe, bien podría haber dicho que es la tormenta la que se precipita sobre Goethe, amenazando con sumergirlo en las tinieblas, lo que se acentúa por la presencia de las ruinas, y sobre todo las ruinas del castillo, que remiten a la época romántica, amenazas de las que no podrá protegerle esa capa de viajero que ya ni siquiera le cubre entero, pues una pierna impaciente asoma y la mano sobre la rodilla parece dispuesta, en un gesto decidido, a apartar a un lado el manto y liberarse; del mismo modo que la cabeza parece querer liberarse del artificio del sombrero, ya apenas sujeto en un equilibrio imposible.

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Una imagen más sencilla del Goethe
italiano en un dibujo hecho también por
Tischbein y que le muestra, sin duda,
de manera más fiel, alejado de la pose.

Es facil retorcer cualquier imagen, dirigiendo toda la luz de nuestro análisis al punto que más nos conviene. Es lo mismo que hacen los astrólogos cuando trazan la carta astral de Napoleón: "Saturno en el ascendente marca la guerra y el éxito, pero Urano en la casa Doce señala el riesgo de una ambición sin límites; Venus junto a Marte en Piscis indican infidelidades de alguien muy próximo..."

Una vez que conocemos algo, es sencillo interpretar todo lo que vemos en función de nuestros ya adquiridos prejuicios.

 

El Goethe póstumo

Pero la imagen actual de Goethe no se corresponde exactamente con la que él quiso dejar a la posteridad en su viaje a Italia, sino con la de un hombre ya en la vejez. La del árbitro de la cultura de Weimar, el amigo de nobles y poderosos, el maestro al que acuden todos los filósofos, poetas y literatos de Alemania.

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Es una imagen más fácil de ridiculizar, con el pecho cargado de medallas y condecoraciones, la piel blanda y rosada como la de un lechón. Esta es la imagen de Goethe que la posteridad de sus enemigos ha elegido. Un hombre del sistema, que prefería la injusticia al desorden. El hombre que se pasaba las tardes hablando con Eckerman y con los príncipes.

Lejos está ya el Goethe que provocó el suicidio de decenas de jóvenes que leyeron su Werther, el libro que Napoleón siempre llevaba encima.

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Goethe con la mano en el pecho, tal vez contando
los latidos de su corazón tras leer la carta que
sostiene en la otra mano.

 

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Cualquiera pensaría, viendo está imagen de Goethe
a los 44 años, y también la anterior, que Goethe imitaba a
Napoleón, pero en todo caso sucedería lo contrario.

 

Lejos de ese Goethe gran señor de Weimar queda ya el infatigable viajero y el científico inquieto, el actor y el seductor. Lejos el joven de treinta y cinco años que contempla la silueta del rostro de una mujer y que, de nuevo, apoya un brazo y deja caer una mano casi lánguida.

Goethe

Y, sin embargo, hay algo que coincide en todas las imágenes de Goethe, tal vez los ojos tan abiertos, que nunca se cansan de mirar un poco más lejos, que revelan que él también es Fausto, pero que él no llegará a entregar su alma al diablo de la conformidad diciendo: "¡Detente, instante!".

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Goethe y sus personajes, entre ellos Fausto

 

Las imágenes de Goethe

Tal vez sea una frase apócrifa, pero se dice que lo último que Goethe dijo en su lecho de muerte fue: "¡Luz, más luz!".

Sí, probablemente la frase no esconde el sentido oculto que algunos han querido buscarle, quizá fue simplemente una petición de luz en un cuarto en el que sus poderosos ojos ya no veían más que sombras, o un último intento por no ser sumergido definitivamente por la sombra.

Las imágenes, los retratos, y en su caso son muchos, congelan un momento en la vida de Goethe, pero pueden ser también engañosos.

Hay que recordar que un Goethe maduro parece renunciar a casi todo, y más que nada a la pasión, y para certificarlo escribe Las afinidades electivas. Pero años después, ya casi anciano, olvida todos sus propósitos sensatos, se enamora como quizá nunca antes lo estuvo, y escribe La elegía de Marienbad. De pronto le vemos de nuevo, sin condecoraciones, como un anciano vestido a la manera del joven Shelley.

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Goethe no fue nunca previsible en vida y casi siempre escondió su juego. Tan sólo la muerte permitió que lo clasificaran aquí o allá. Parecía compartir la doctrina de los ilustrados romanos de la época final de la República, como César y Cicerón. Eran todos ateos en privado, pero consideraban, como después lo hicieron Robespierre y Napoleón, que esas creencias o falta de creencias había que mantenerlas en privado, casi en secreto.

Goethe, que fue casi sin ninguna duda un panteísta toda su vida, se mantuvo casi siempre discreto en las cuestiones religiosas. Pero tampoco se le puede acusar de hipócrita, pues al menos no hizo proselitismo de aquello en lo que no creía. Nunca escribió loas a los príncipes a la manera de la Henriada de Voltaire. Pudo haber sido una fuerza formidable al servicio de la Revolución, por la que sintió simpatías en su momento ( "los levantamientos revolucionarios de las clases bajas son consecuencia de la injusticia de los grandes"), si no hubiese sido porque la sucesión de acontecimientos que llevaron desde la Revolución hasta el Terror, enfrió el entusiasmo de cualquier persona sensata que no estuviera sedienta de sangre, incluído el marqués de Sade, al que Robespierre condenó por moderantismo.

Pero, incluso estando al servicio de los poderosos en su vejez, siempre mostró tolerancia y curiosidad por lo que era distinto. Admiró El sobrino de Rameau, de Diderot, como arma contra el nacionalismo y el catolicismo de los románticos. Él fue el responsable, con su Diwan de oriente y occidente, del interés por los poetas persas y árabes, y especialmente por Hafiz, que el gusto moderno occidental ha olvidado en favor de Jayyam. Se interesó por todas las culturas sin excepción y se entusiasmó en su vejez clásica por el mayor de los héroes románticos, Byron, al que en no pudo conocer, como habían previsto, a su regreso de Grecia, porque Byron no regresó. Convirtió a Byron en un personaje de su último Fausto, Euforión, y volvió, en cierto modo, a ser romántico en su vejez, tal vez por su amor a la acción, que para él lo era todo.

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La imprevisibilidad de Goethe, su antipatía ante cualquier idea simple, y especialmente hacia el nacionalismo, ha hecho imposible que Goethe pueda ser utilizado por nadie. Los nazis pudieron apropiarse con facilidad del salvaje Nietzsche, pero no pudieron sumar al sensato Goethe a sus aliados intelectuales. En el diccionario del nazismo, Goethe apenas ocupa un párrafo incómodo, porque no pudieron dejar fuera a la personalidad más poderosa que ha dado Alemania, pero tampoco pudieron encontrar casi nada que coincidiese con sus ideas. Goethe, en su universalismo, fue varias veces traidor a su patria.

V

Goethe a los 83 años, el último año de su vida

Goethe fue siempre un ciudadano del mundo y un europeo en una época en la que Europa todavía estaba inmersa en continuas guerras civiles. En su nombre es muy difícil instaurar ningún tipo de régimen intolerante, nacionalista o dogmático, ni siquiera uno que se basara en la europeidad, porque Goethe miró, y muchó, más allá. Por eso, entre las muchas imágenes de Goethe, una de las que más me gusta es aquella en la que se le ve mirando la calle desde una ventana italiana.

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Goethe en Roma, por Tischbein

Goethe no es, como se repite a menudo, ni el mejor escritor, ni el mejor filósofo ni el mejor científico de Alemania, pero es la figura más deslumbrante por su curiosidad insaciable, faústica. Y tal vez una de las más incomprendidas, porque es difícil entender o llegar a querer a alguien que nos mira casi siempre desde un pedestal.

Para entender a Goethe, hay que pasar por encima de muchas de las imágenes que él dejó, a propósito o sin querer, a la posteridad. Y también hay que olvidarse de las preferidas de quienes lo situaron en un pedestal o lo derribaron de él.

 

Con Goethe en Viena

Bajo el pedestal de Goethe, en Viena

 

Globalización, deslocalización y paradojas

La globalización, universalización, mundialización o como se quiera llamar, es un proceso del que ahora somos muy conscientes, pero que se inició hace bastante tiempo. Es uno de los requisitos que se supone conducirán tarde o temprano al viejo sueño de un planeta unido, con un gobierno mundial, en el que todos seamos ciudadanos con los mismos derechos. Es algo que parece estar verdaderamente lejos, pero también es cierto que, con todos sus defectos, se han dado algunos pasos últimamente, con la ONU, la Unión Europea, el Mercosur, las organizaciones económicas asiáticas, la Unesco, y cierta legislación internacional que promueve (aunque no siempre consigue) el respeto a algunas reglas de convivencia entre los países.

Desde hace unos años, parecen haberse apropiado de la globalización las empresas del llamado capitalismo salvaje y, como suele suceder, se ha producido, por reacción, la demonización del término. Pero esa mala globalización siempre ha existido también, incluso cuando no era tan fácil viajar de un lado a otro del planeta. La diferencia es que ahora hay más información y más posibilidades para denunciar a quienes lo hacen: ese es el mejor efecto de la globalización actual.

McLuhan decía que la televisión de EEUU era la mejor ayuda a la revolución, porque permitía que en cualquier lugar del mundo cualquiera viese que se podía vivir mejor y que no estaba en la naturaleza de las cosas la miseria o el hambre: "Nosotros también queremos eso".

No es extraño que se produzcan estas resistencias ante la globalización, ante un proceso que implica empezar a olvidarse de las naciones y de las particularidades locales, de las tradiciones y de todo eso a lo que uno se agarra para sentir que ocupa un lugar en el mundo, enfrentado a los que ocupan otro lugar. Similares resistencias provocó durante cientos de años la idea de Europa, que hoy parece de sentido común, y los diferentes países prefirieron mantener sus supuestas identidades aunque fuese a costa de la vida de millones de personas en continuas guerras. Todavía hoy en la Unión Europea hay tanto nacionalismo de naciones grandes y reconocidas como tales (Francia, Italia, Inglaterra) y de naciones pequeñas no reconocidas como tales (Cataluña, Padania, Córcega, Euskadi) que el peligro de la vuelta atrás no ha desaparecido.

La América hispana también intentó la unión transnacional desde los primeros días de la independencia, pero al final se quedó atrás, especialmente de Estados Unidos, que fue quien lo hizo mejor, logrando unir el territorio con una sola guerra civil.

Es difícil imaginar un mundo futuro más justo que el que vivimos si no es un mundo más globalizado, pero también es cierto que podemos imaginar muchos mundos futuros unidos pero también terribles. El filósofo Bertrand Russell ya vio hace muchas décadas la inevitabilidad de esa globalización bajo un Imperio Mundial, pero temió que ese imperio comenzase siendo una tiranía.

Dos intentos, el de China y el de la Unión Soviética, que llegaron a dominar más de la mitad del planeta, confirmaron sus presentimientos. La política exterior de EEUU también ha mostrado los peores rasgos de un imperio violento, pero ha carecido del control absoluto que alcanzaron Rusia y China sobre extensísimos territorios.

Sin embargo, aunque el mundo ya está de hecho globalizado, y apenas hay posibilidad de ir hacia atrás que no sea a peor, todavía queda muchísimo para conseguir llegar ni siquiera a un imperio maligno universal, no digamos a uno más benigno, a uno que ni siquiera se llame Imperio, sino sencillamente Gobierno Mundial.

El imperio Soviético se desmoronó en pocos años tras la caída del muro de Berlín, y algo parecido puede sucederle a China, con lo que la unión del mundo, o al menos la aplicación internacional de los derechos humanos, se retrasaría todavía más.

China ha progresado mucho económicamente desde que murió Mao Zedong y asumió el poder Den Xiao Ping, el verdadero creador de la China moderna. Al parecer, en los últimos veinte años se ha conseguido sacar de la pobreza a varios cientos de millones de personas, y se ha estabilizado el crecimiento de su población, pero es muy difícil saber si este proceso va a continuar, pues las desigualdades y la pobreza del campo son, al parecer, pavorosas, hasta tal punto que el gobierno ha centrado sus esfuerzos en mejorar sea como sea el nivel de vida del campo, ante la amenaza de las temidas revoluciones campesinas, que tan a menudo han derribado a las dinastías chinas.

También parece evidente que la dictadura china no logrará mantenerse demasiado tiempo en un país en el que millones de sus ciudadanos viven en un entorno de capitalismo de mercado, pero sin libertad de expresión, de prensa o de asociación. Los últimos dirigentes del Partido Comunista ya se están jubilando y, lo que es más significativo, dirigentes históricos del Partido escribieron recientemente una petición de apertura política.

Pero, lo importante del momento actual es que China vuelve a mirar de nuevo hacia el exterior, abandonando el encierro voluntario de la época de los últimos emperadores manchúes Quing (Ching) y del maoísmo. Y ahora China mira al exterior tanto como lo hizo la inquieta dinastía Tang, hasta el punto que el verdadero árbitro de la globalización y el causante de muchos de los males de la deslocalización que se achacan a EEUU son en realidad China y otros países asiáticos. Porque la deslocalización de empresas no depende tanto de la empresa que se traslada, sino del país que la acoge y de las leyes salariales y laborales de ese país.

China paga miserablemente a sus trabajadores, incluso para los estándares de vida chinos, y sus trabajadores apenas tienen ningún derecho, excepto el de trabajar más de doce horas al día. Con una fuerza de trabajo semejante, no hay competencia posible y es muy difícil tomar medidas contra eso desde los países de origen de las empresas deslocalizadas, porque si las empresas no se deslocalizan simplemente son eliminadas por la competencia directa de las empresas chinas, que producen todavía más barato.

Así es como prácticamente ha desaparecido la empresa del juguete de Alicante (el llamado Valle del Juguete, a semejanza de Silicon Valley), que sólo sobrevive gracias a la estrategia de comprar licencias de imagen (por ejemplo de películas de Hollywood o clubes de fútbol) y luego encargar los juguetes a las empresas chinas (o trasladar allí sus fábricas).

En Uruguay, la industria del calzado se quejaba de que era literalmente imposible competir con los productos chinos, puesto que un zapato chino costaba menos que el cuero necesario para fabricarlo en Uruguay.

Las medidas antideslocalización, que prohíben el traslado de parte de la producción a terceros países, sólo pueden funcionar si al mismo tiempo existen aranceles que castiguen fuertemente a los productos llegados de esos terceros países. De no ser así, los productos de las empresas que no se han deslocalizado no podrían competir con los llegados de fuera. Pero las políticas arancelarias de Europa y Estados Unidos son muy injustas con los países pobres, que difícilmente pueden competir si su producción es gravada de ese modo, y se ven entonces obligadas a entregar sus productos a bajo precio a los países ricos para que estos la revendan bajo sus propias empresas. Algo que acaba siendo más injusto que la deslocalización.

Porque también se puede pensar que la deslocalización de las empresas europeas y estadounidenses perjudica a los trabajadores de estos países, pero favorece a los de los países pobres, que reciben sueldos más altos de los que les pagan sus propias empresas, y poco a poco elevan su nivel de vida y sus derechos laborales, como ha sucedido en Corea del Sur. Muchas de las empresas que ahora se deslocalizan de España, ya se habían deslocalizado hace veinte o treinta años de EEUU o Alemania, para alborozo de los españoles.

A medida que el nivel de vida se va elevando, las empresas se trasladan a lugares con más explotación y menos derechos laborales. La deslocalización destruye y crea al mismo tiempo puestos de trabajo y sirve también, paradójicamente, para distribuir un poco mejor la riqueza mundial:

"Los países menos desarrollados que a finales de los 80 sólo recibían 37.000 millones de dólares de IDE (Inversión Directa Extranjera) recibieron en 2002 más de 160.000 millones, es decir, cuatro veces más."

(Los mitos de la deslocalización)

También las empresas alemanas emigran a los países vecinos recién incorporados a la Unión Europea, lo que perjudica a los trabajadores alemanes, pero favorece a los de esos países.

A veces ni siquiera se mueven las empresas, sino que lo hacen los trabajadores, que emigran a los países ricos en busca de trabajo y que reciben peores sueldos o realizan trabajos que no quieren hacer los del lugar.

El miedo al fontanero polaco que llegaba a Francia a quitar el trabajo a los franceses fue una de las razones más importantes del "No" francés a la Constitución Europea. Los polacos, al principio ofendidos por esta campaña, supieron luego darle la vuelta, con un anuncio en el que decían que el fontanero polaco regresaba a Polonia e invitaba a los franceses a visitar su país, mucho más acogedor.

Me quedo en Polonia
Venid todos

Todo esto provoca problemas económicos de una complejidad tal, que yo me considero absolutamente incapaz de analizar. Uno de ellos es que las empresas deslocalizadas pueden también evadir impuestos, al no tener que pagar ni aquí ni allí (aquí, por que la empresa ya no está, o no contrata a tantos trabajadores; allí, porque no hay obligación de pagar casi nada), con lo que eso representa para la carencia de fondos para pensiones y seguridad social. La solución a este efecto perverso de la globalización es más globalización, es decir, una legislación económica internacional que, como sucede con el capital circulante, tampoco conozca fronteras.

"[En el informe del FMI sobre las perspectivas económicas mundiales para 2006 y 2007] son destacables dos características. La primera, que por fin los países pobres son los más beneficiados por el crecimiento, lo que reduce las distancias entre el Primer y el Tercer Mundo. Sin duda, ello es una consecuencia positiva de la globalización."

(Ángel Laborda: "Previsiones del FMI", El País 23 de abril de 2006)

Mientras esa legislación internacional llega (o mientras se aplica, pues en parte ya existe), algunos aprovechan todas las ventajas de un capitalismo a la antigua usanza, que no puede ser controlado por los estados, para enriquecerse a veces a costa de países enteros. Otros, que luchan contra esta injusticia, malgastan su mejor munición apoyando nacionalismos o indigenismos, o retomando ideas de revolución que no dieron más resultado en el siglo XX que aumentar el sufrimiento de la humanidad.

Los más sensatos, en mi opinión, intentan acelerar la globalización, por ejemplo con la creación del Tribunal Internacional de La Haya, que pueda juzgar a cualquier criminal proceda de donde proceda, o con la propuesta de una ley internacional de no prescripción de los crímenes, que impida que los dictadores puedan blindar su retirada, o los militares escapar a los cargos por crímenes de guerra. Otros ejemplos: la internacionalización de los derechos humanos y la promoción de la igualdad de la mujer, que es discriminada de gravemente casi en la mitad del mundo; la exigencia a países como China de que aplique jornadas de trabajo razonables y conceda derechos laborales a sus trabajadores; la legalización de los trabajadores inmigrantes, como se ha hecho en España recientemente y está a punto de hacerse en EEUU.

Y, sin ninguna duda, la aplicación de medidas de educación, infraestructuras, industrialización y creación de empleo que permitan que el aumento de la riqueza no se quede en las capas altas sino que llegue a las clases más desfavorecidas: el derrame que se produjo en Corea del Sur y en otros países asiáticos no se está produciendo en Latinoamérica, donde hay casos de países muy desarrollados (Chile) o con un fuerte crecimiento en los últimos años, como Perú (un 21% durante la etapa de Toledo), que no han conseguido disminuir el porcentaje ni la brecha social entre pobres y ricos.

Esa es una tarea que no depende de las empresas, cuyo único objetivo es ganar dinero, sino de los gobiernos, que son quienes tienen que establecer una legalidad que permita a las empresas ganar dinero respetando los derechos laborales básicos y el medio ambiente, y que impida también que la riqueza se acumule en pocas manos y no se reinvierta ni sirva para desarrollar el país. A África ni siquiera llegan industrias deslocalizadas para buscar la mano de obra más barata del planeta porque no existen las infraestructuras de trasporte e industria necesarias ni la estabilidad política suficiente.

 

 

La evolución de la guerra

En el siglo XIX el mundo se globalizó de manera casi absoluta, tal vez por primera vez en la historia todo el planeta quedó conectado en una primera aldea global, en la que las noticias no corrían tan rápidamente como en la de McLuhan, pero en la que lo que pasaba en un lugar afectaba de alguna manera a cualquier otro en pocos meses.

Las víctimas de esta globalización decimonónica fueron casi todos los países del mundo a manos de las potencias occidentales, como los países asiáticos y especialmente el colosal imperio chino, que fue saqueado de una manera escandalosa por Francia, Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Holanda y Portugal. España e Italia llegaron tarde a coger su parte del pastel y quedaron fuera del reparto.

Inglaterra, Alemania, Rusia, Francia y Japón
se reparten China

Japón, como ya dije en una entrada anterior, decidió imitar a los colonizadores y se convirtió también en colonizador y en una potencia a respetar después de su victoria sobre Rusia en 1904, en la que muchos consideran la primera guerra moderna, guerra terrible, de fango y trincheras, que sería imitada por los europeos diez años después. Las ideas imperiales de Japón y el culto al emperador inspiró movimientos de culto a la personalidad semejantes en Europa. Al mismo tiempo, Japón fue influido por la exacerbación del nacionalismo fascista.

De nuevo los japoneses, tal vez inspirados por los soviéticos de Lenín y Stalin, dieron hacia 1930 ejemplo de como masacrar a poblaciones enteras en las matanzas de Nanjin. En las primeras décadas del siglo XX un nuevo tipo de guerra y de manera de gobernar, un gusto desmesurado por la violencia, un desprecio por el enemigo como pocas veces se ha visto en la historia, se extendió por todo el mundo, desde la Rusia comunista a la Alemania nazi, la Turquía de Ataturk, la China maoísta o, posteriormente, la Camboya de los jémeres rojos.

Ya había tenido lugar un salto cualitativo similar en las guerras cuando Francisco I invadió Italia y decidió usar armas de fuego. Los nobles italianos se escandalizaron ante tamaña afrenta a las reglas de cortesía en una guerra decente, y se negaron a adoptar la nueva tecnología. Fueron aplastados de manera tan absoluta que a partir de entonces todos los estados se olvidaron de las antiguas normas. Lo mismo había sucedido tiempo atrás con la ballesta, arma indigna para los caballeros.

Lo cierto es que la guerra y los instrumentos para matar siempre se han globalizado de maravilla. Cuando hace 4000 años alguien inventaba una nueva aleación para fabricar espadas más resistentes, en pocos años la novedad se extiende a miles de kilómetros. Muchos de estos inventos proceden de China y sus vecinos bárbaros: el estribo, la ballesta, la pólvora.

Los españoles, en una guerra de liberación considerada gloriosa por muchos, añadieron más horror a la guerra. Napoleón invadió España, el rey de España se rindió y abdicó. Era lo habitual: si el rey y sus generales se rinden, se acabó la guerra. Pero los españoles decidieron no rendirse e inventaron o reinventaron la guerrilla y el terrorismo moderno. Organizaron grupos armados que combatían al ejército regular francés: su crueldad era tan extrema que los soldados franceses estaban aterrorizados, porque caer en manos de la guerrilla podía significar cualquier cosa, por ejemplo ser despellejado vivo. Esta fue la primera derrota de Napoleón, que por primera vez no consiguió dominar un país ya conquistado. La segunda la sufrió contra otro país que rehuía el enfrentamiento militar y destruía todo en su retirada: Rusia.

Populacho (de la serie Los desastres de la guerra, de Goya)

Las guerras empezaron a convertirse en otra cosa y cada vez se vio más implicada la población civil. En la primera guerra mundial murieron millones por mantener una trinchera y poblaciones enteras fueron bombardeadas. El ataque sobre la población civil se recrudeció en la Segunda Guerra Mundial, que conoció avances pavorosos en la industria de la muerte. El desenlace final fue la bomba atómica.

Tras el espanto de la bomba atómica, el mundo ha contenido el aliento durante sesenta años temiendo que llegara el que parece el siguiente paso lógico en esta escalada militar: la guerra atómica. Durante las décadas de la Guerra Fría era tanto el temor a la destrucción mutua universal que nadie utilizó sus bombas atómicas. Pero desde hace unos años, este temor parece haberse relajado y al mismo tiempo que aumentan los países que poseen la bomba atómica, y con elllo el riesgo, también empieza a entrar en los cálculos el uso de bombas atómicas en una guerra. Da la impresión de que el tabú está comenzando a resquebrajarse. Hay muchos que consideran que no es tan grave que Irán o Corea del Norte fabriquen bombas atómicas, puesto que ya las tienen Pakistán, India, Israel, varios países europeos. Dirigentes habitualmente moderados en política exterior, como Chirac, hacen pública la posibilidad de usar el arma atómica para que alguien (¿quién?) le oiga.

¿Nos estamos acercando al siguiente episodio en la historia de la guerra?

 

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