PASAJERO

CORREO: danieltubau@gmail.com
(domingo, enero 22, 2006)
Pasajero es un weblog que he iniciado en Buenos Aires.
Su nombre se debe a que pasajero es en Argentina lo que en España se dice "viajero". Un hotel para viajeros es un hotel para pasajeros.
Pero también juega con toda la riqueza semántica de la palabra pasajero y en especial con la idea de que es un weblog de transición a mi próxima página web, que ya no será un weblog.
Esa página web se llamará esteoeste, y en una próxima entrada explicaré por qué.
La imagen que encabeza este weblog es del bandeonista Aníbal Troilo en una pared de Buenos Aires (gracias a Pilar por el dato).
En el cuaderno Escrito en el agua (julio y agosto de 2006), contado más cosas relacionadas con el título de este cuaderno Pasajero:
Escrito en el agua: cuaderno pasajero
(miércoles 25 de enero de 2006)
Además de este weblog Pasajero, he abierto una página dedicada a los plantillazos y stencils de Buenos Aires.
Los plantillazos son esas pinturas que se ponen con plantilla y que cada vez se ven más en las ciudades. Es una variante elaborada de las pintadas.
Plantillazo de uno de los más famosos artistas
callejeros:
el Dr.Hoffman (tal vez no sea él el
autor, sino que se trate
de un homenaje de sus
admiradores).
El Dr.Hoffman a
menudo firma
con este logo sus propias plantillas
Hay otro tipo de arte callejero que son los papeles recortados y pegados en las paredes. Es el método más respetuoso con la ciudad, pero
quizá no tanto con los árboles (pero tampoco dramaticemos, que no se va
a acabar con el Amazonas por unos cuantos papeles en varias ciudades, y
supongo que usarán papel reciclado, ¿o no?).
No sólo pondré plantillas y stencils, sino también algunas pintadas y murales.
Fragmento de un impresionante mural en una calle de Buenos Aires. El agujero en la cabeza del policía antidisturbios es una tubería que el dibujante ha aprovechado para hacer más inquietante al personaje.
No me limito allí a reunir las fotos, sino que también las comento a veces.
Es en cierto sentido un weblog de opinión, que es subjetivo y no neutral. Aunque, eso sí, los únicos intereses a los que sirve, son los míos, no los de ningún grupo, organización o similar.
Puedes ver Plantillas en Buenos Aires con este enlace:
Plantillas de Buenos Aires
Si quieres ver plantillas y stencils de Madrid, en Contraindicaciones han dedicado varias entradas en un repaso deslumbrante:
Plantillazos
Stencils en Florencia
Una impresionante campaña contrapublicitaria de stencils: Te gusta lo que ves
Todos estos enlaces pertenecen a Contraindicaciones.
En mi página de plantillas se pueden enviar comentarios, pero espero que no lleguen al tono insultante de los que se reciben en Contraindicaciones. En tal caso, los cerraría. No sé porque este tema y todos los temas relacionados con eso que se llama anti-sistema, rebelión y revolución degeneran siempre en discusiones agresivas, dogmáticas y demagógicas (¡vaya ejemplo si así se quiere cambiar al sociedad!).
Naturalmente, si los comentarios se saliesen de madre, los eliminaría. Supongo que no pasará, porque estoy fuera del circuito ultra-combativo e intento mantenerme medianamente anónimo.
El innatismo de Chomsky
El innatismo de Chomsky
El innatismo de Chomsky no es exactamente igual al de Descartes.
Descartes pensaba que tenemos ideas innatas, como la idea de Dios.
Chomsky piensa que tenemos un lenguaje innato. O al menos una gramática innata. Chomsky pensaba -y supongo que sigue pensando- que no era posible explicar las capacidades lingüísticas del ser humano mediante un sencillo mecanismo de imitación.
Esa era la tesis del conductismo acerca del lenguaje: imitamos el comportamiento de otros miembros de nuestra especie. Entre esos comportamientos está reír, caminar sobre dos piernas, en vez de a cuatro patas, o emitir sonidos por la boca que se asocian a ciertos objetos o actos: gritamos el nombre de un objeto y nos dan ese objeto (por ejemplo, un chupete), o incluso conseguimos que ese objeto venga a nosotros (por ejemplo, nuestro padre con el chupete, o él como único objeto).
La teoría conductista puede parecer tentadora a primera vista, pues se pueden hacer muchas cosas simplemente imitando, pero no consigue explicar el complejo funcionamiento del lenguaje humano y el de un hablante, quien no se limita a imitar, sino que puede ser creador de nuevas formas, por ejemplo, frases que nunca ha escuchado.
Así que Chomsky postuló, frente al conductismo, otra teoría: que poseemos una gramática innata.
Esa gramática innata no la habría puesto Dios en nuestro cerebro, sino que sería un producto de la evolución. Era el resultado del desarrollo evolutivo darwiniano.
En consecuencia, la teoría de la gramática innata de Chomsky se opone a las teorías conductistas acerca del lenguaje como lo haría cualquier innatismo, como el innatismo de Descartes, según el cual esa gramática la ha puesto Dios en nuestro cerebro; o como el innatismo de las ideas de Platón, quien opinaba que poseemos ideas que aprendimos en el mundo ideal en el que viven las almas. Entre esas Ideas de Platón, habría, hay que suponerlo, una gramática que nos permitiría aprender el lenguaje concreto del ser humano en el que nuestra alma se ha encarnado, e incluso todos los conceptos matemáticos, como se ve en el célebre pasaje en el que Sócrates muestra cómo un esclavo iletrado posee, sin embargo, toda la matemática: le basta con recordarla.
Quede claro, pues que el innatismo de Chomsky no depende de Dios, como el de Descartes, ni de un Mundo Arquetípico, como el de Platón. El innatismo de Chomsky es un producto de la evolución. Es decir, es un a priori en nuestro cerebro, pero que ha surgido a posteriori en nuestra historia como especie, como los a priori kantianos que algunos consideran también a posterioris evolutivos.
Innatismo y tabula rasa
Sin embargo, aunque el innatismo de Chomsky sostiene que ya tenemos algo en nuestro cerebro desde que nacemos (una gramática) no se debe pensar por ello que las teorías rivales al innatismo necesariamente sostengan que el cerebro es una tabula rasa, una superficie virgen sin nada escrito en ello. Esa es una parodia que usan los chomskyanos para conseguir rápidamente que sus enemigos parezcan grotescos. Pero lo cierto es que incluso los conductistas sabían que el cerebro humano no es igual que el cerebro de otras especies animales y, aunque no consideraban mensurables los llamados estados internos (como las emociones o los sentimientos no expresados de manera observable). También experimentaban directamente sobre el cerebro, como en el caso del célebre perro de Pavlov o en las operaciones, a menudo bordeando el crimen, en las que se extirpaba una parte del cerebro del paciente para modificar su comportamiento.
En realidad, la idea del cerebro como tabula rasa no la propuso Aristóteles para postular que el cerebro era equivalente a una tablilla de cera sin grabar: si así fuera, las tablillas de cera se podrían haber hecho con el dominio del planeta en vez de los seres humanos. En realidad, Aristóteles usó esa imagen para oponerse al innatismo de Platón, a la teoría que sostiene que tenemos, ya desde el nacimiento, todo el conocimiento en nuestra mente y que, por lo tanto, lo único que debemos hacer es recordarlo.
Lo cierto es que son muy pocos los que han pensado que el cerebro es una tabula rasa, a no ser los innatistas teológicos estrictos, es decir, aquellos que piensan que existen dos sustancias, alma y cuerpo y que todas las funciones mentales superiores pertenecen a ese alma que penetra en el cuerpo y el cerebro y lo anima: anima (vida) es la palabra de la que deriva alma, etimología todavía presente en el castellano: el monte de las ánimas.
Sólo desde la creencia en un alma separada del cuerpo podemos considerar que el cerebro es literalmente una tabula rasa hasta que el alma se derrama en él como vino en una copa.
Pero ya he dicho que el innatismo de Chomsky se separa de los
innatismos anteriores en que considera que el origen de esa gramática
innata es puramente material y naturalista: un resultado de la
evolución.
¿Qué es lo que ofrece la teoría de Chomsky?
La teoría de Chomsky ofrece una manera de explicar por qué los seres humanos son capaces de aprender el lenguaje.
No sé si la teoría de Chomsky es correcta o no. Sería muy interesante
descubrir que lo es y que poseemos una gramática innata. Eso daría
lugar a interesantes planteamientos acerca de la evolución y de la
organización cerebral. Sin embargo, hay que insistir en el hecho de que
la de Chomsky no es otra cosa que una teoría no comprobada. En lenguaje
estrictamente científico, se trata sólo de una hipótesis, no de una
teoría.
Ahora bien, en el estado actual de la investigación, considero que la
hipótesis de la gramática innata es innecesaria. No resulta
indispensable para explicar por qué somos capaces de aprender y manejar
un lenguaje y, además, tiene una inquietante cercanía con otras teorías
innatistas que no he mencionado todavía, teorías que puede parecer que
explican algo, pero que lo único que hacen es describir. Por ejemplo,
la teoría de los arquetipos de Jung.
Más innatismos
Jung observó que hay ciertos esquemas mentales que se dan en todas las
culturas. Ello le llevo a preguntarse, al igual que hizo Chomsky respecto
al lenguaje: ¿cómo es posible que personas de culturas muy diferentes
compartan estos esquemas comunes y que incluso puedan adquirirlos seres
humanos criados al margen de toda aculturación?.
La respuesta es practicamente indéntica a la de Chomsky: existe un inconsciente colectivo en el que se hallan esas figuras o arquetipos.
Hay que suponer que esos arquetipos comunes, al igual que la gramática de Chomsky, se transmiten por vía genética (¿de qué otro modo podría trasmitirse si no?), pero aquí la posibilidad de contrastar la teoría es tan imprecisa como en el caso de Chomsky.
¿Cómo podríamos comprobar que existen esos arquetipos? Podríamos hacer una lista de esos arquetipos y ver si efectivamente se dan en todas las culturas, comprobar que existen también en una persona sin contacto con ninguna cultura. Lo mismo, se supone, se podría hacer con la gramática de Chomsky.
En ambos casos seguramente encontraremos, al final de nuestra investigación, tanto los arquetipos como la gramática. ¿Por qué? Porque posiblemente no los encontramos porque estén en el cerebro sino porque estén en la naturaleza de las cosas.
Yendo de lo más sencillo a lo más complejo. Imaginemos que yo digo que a lo largo de la evolución el ser humano aprendió a distinguir entre las direccciones izquierda/derecha, norte/sur y arriba/abajo porque eso era vital para su supervivencia como especie. El que no sabía distinguir una cosa de otra no era capaz de subirse a un árbol (arriba) y era devorado por los lobos.
Pero si ahora digo que mi hipótesis es correcta puesto que, de hecho, sabemos distinguir entre esas direcciones, estoy cometiendo una falacia argumentativa. En realidad, parece más lógico pensar que cualquier animal bien adaptado para la supervivencia será capaz de distinguir tales direcciones sencillamente porque observando la realidad con cierta atención es fácil darse cuenta de que trepando a un árbol uno se libra de los lobos: no hace falta conocer conceptualmente la diferencia entre “arriba” y “abajo”.
Pasemos a un ejemplo un poco más complejo: las categorías de Aristóteles, que son: sustancia, cualidad, cantidad, relación, acción, pasión, lugar, tiempo, situación, hábito externo.
Hay discusión acerca de qué pretendía Aristóteles con estas categorías: ¿son cosas realmente existentes, cosas que podemos decir de las cosas aunque no estén propiamente en ellas, o son, sencillamente, predicados aplicables a las cosas?
Sean lo que sean, es claro que son muy útiles y que es una manera interesante de entender el mundo aplicarle las categorías de Aristóteles y plantearnos si existen otras que él no mencionó. Es decir, podemos intentar encontrar más posibles predicados o accidentes de las cosas. Veremos que resulta difícil encontrar más: Aristóteles era un buen observador.
Pero creo que también sería una falacia argumentativa decir que el hecho de que en todas las culturas haya una manera equivalente de referirse a las cualidades de las cosas (aunque no estén tan sistematizadas como en las categorías aristotélicas), prueba que hemos adquirido las categorías gracias a la evolución o que son figuras o ideas de un inconsciente colectivo o algo semejante.
Un último ejemplo: a pesar de la tremenda variedad de historias dramatizables posibles, cuando alguien ha intentado hacer una lista de argumentos básicos no ha encontrado demasiados. Gozzi encontró 36 argumentos posibles en los que se podía clasificar cualquier narración conocida. Goethe se lo contó a Schiller y Schiller, incrédulo, dijo que encontraría más variantes: sin embargo, encontró menos que Gozzi. ¿Debemos, por ello decír que el cerebro humano está incapacitado para encontrar más de 36 argumentos porque estos argumentos son parte de un inconsciente colectivo o de una especie de narratividad innata al ser humano? No veo por qué: parece más bien absurdo.
Pero insisto, aunque fuese cierto que todas esas cosas, la gramática, los arquetipos, las ideas de Platón, la gramática de Chomsky, o los 36 argumentos de Gozzi fuesen innatos, ¿cómo se comprueba eso?
Respuesta 1: Si encontramos una nueva categoría que no es concebible por el cerebro humano
¿Pero cómo concebir una categoría no concebible? Parece difícil.
Respuesta
2: Mostrando que los animales no manejan el lenguaje como los seres
humanos y concluyendo que ello prueba que la evolución no les ha
llevado a desarrollar una gramática
Tampoco
les ha llevado a desarrollar las 36 situaciones de Gozzi, pero eso no
hace más innatas las 36 situaciones. Tampoco los animales son capaces
de cosas mucho más sencillas que manejar una gramática o una
narratividad innata: ni siquiera se les ocurre vestirse con las pieles
de otros animales.
Respuesta
3: Se supone que para que esa gramática sea innata debe tener algunas
características que deberían existir en todos los lenguajes y que otras
características no pueden existir en ningún lenguaje humano.
¿Es,
de nuevo, comprobable una tesis semejante o siquiera planteable de
alguna manera comprensible? Por ejemplo, esa gramática innata debería
hacer que todos los lenguajes tuvieran unas características comunes, y
a veces se esgrime eso como una prueba de que existe tal característica
innata: la semejanza entre todos los lenguajes. Pero, en mi opinión,
esas semejanzas no van más allá de la enumeración de cosas tan de
sentido común o implícitas en la naturaleza de las cosas como pueden
ser las categorías de Aristóteles o los arquetipos de Jung, donde a
menudo se exageran los rasgos comunes y se olvidan o apartan las
diferencias, considerándolas “triviales”. Por ejemplo, en el llamado viaje del héroe.
EL VIAJE DEL HÉROE
Imaginemos que queremos contar una historia sin recurrir a arquetipos de ningún tipo ni a las tradiciones culturales de la humanidad. Tenemos, como sucedía con las categorías de Aristóteles, un número más o menos reducido de posibilidades.
Número:
un sólo protagonista // dos protagonistas // Tres o más protagonistas
(un grupo) // Protagonista colectivo (una masa)//Protagonista abstracto
(un concepto o idea)
Relación entre ellos: amor //odio //amor y odio //indiferencia
Cómo empieza la historia: bien //mal //indeterminado
Cómo termina la historia: bien //mal //indeterminado
En cada categoría hay diversas posibilidades, más de las que he puesto aquí, pero no serán demasiadas de todos modos.
Es de la combinatoria entre esas posibilidades de donde surge la casi infinita variedad de historias, del mismo modo que de las 32 piezas en un tablero de ajedrez que se mueven sobre 64 casillas surgen millones y millones de posibles partidas de ajedrez. O del mismo modo que de unas pocas reglas gramaticales y de un alfabeto de 24 letras surgen millones de frases diferentes. ¿Es también innato el ajedrez? ¿Es también innato el alfabeto?
Por otra parte, las
diferencias entre los diferentes idiomas hacen que esas supuestas
reglas universales no parezcan ser gran cosa. En el mundo hay lenguas
que son ideográficas, pictográficas, alfabéticas, fonéticas, etcétera
(tampoco aquí hay demasiadas variantes posibles) pero después hay
lenguas que no se ajustan a ninguna de estas categorías, como el chino,
que es a la vez pictográfica, ideográfica, conceptográfica, fonética y
no fonética, no alfabética, etcétera, hasta el punto que es más sensato
decir que no es ninguna de estas cosas y que en realidad los caracteres
chinos no son ni pictogramas ni ideogramas, ni fonogramas, sino que son
sinogramas, es decir “chinogramas”. Y no sólo eso, además los verbos
chinos no tienen tiempo y tampoco hay artículos.
Para existir una
gramática innata, asombran tales diferencias: ¿no será que cualquier
posible lenguaje es creable, pensable y manejable por un cerebro
suficientemente desarrollado (también, eso sí, gracias a la evolución)?.
Es decir: ¿Hace falta una gramática innata o, más bien, cualquier gramática puede ser manejada por un organismo lo suficientemente complejo?.
Es bastante evidente que hay algo en el funcionamiento del cerebro humano que nos hace capaces de manejar el lenguaje como no lo hacen, según parece, otras especies animales. También somos capaces de hacer otras cosas que no hacen otros animales, como vestirnos con sus pieles, pero no parece necesario que tengamos de manera innata en nuestro cerebro la instrucción “vestirse con la piel de otros animales”, a pesar de que es casi seguro que cualquier ser humano sería capaz de hacerlo, incluso aunque fuese abandonado al poco de nacer en el bosque y criado por lobos.
El ser humano es un extraordinario procesador de información: es capaz de obtenerla, manejarla y transformarla. Tal vez le hagan falta ciertas cosas adquiridas a lo largo de la evolución (¿la capacidad de planear el futuro?), pero, por el momento, la hipótesis de que entre esas cosas esté una gramática no me parece incontestable. Más bien me parece una de esas ideas a las que se les puede aplicar la navaja de Occam: no hay que multiplicar innecesariamente los entes.
31 de enero de 2006
El cerebro de cualquier persona adulta contiene más cosas de las que puede manejar.
La cantidad de información que el cerebro de cualquier ser humano acumula en veinte o treinta años de vida es tan inmensa que ni él mismo podría preparar un catálogo mínimo de lo que tiene. Hace veinte años escribí un brevísimo cuento:
EL HOMBRE QUE RECUERDA
Un joven imaginado por nosotros vive veinte años en el mundo y,
trascurrido este tiempo, se encierra en una habitación de paredes
blancas. En este aposento no entra la luz del sol ni se adivina la
oscuridad nocturna. Hay tan sólo, si es posible imaginarlo, una
claridad no definida, neutra, que no produce sombra alguna. El hombre
no saldrá jamás del lugar donde queremos verle, se somete a nuestros
deseos y renuncia a seguir viviendo. Su tarea, la única, será recordar
sus años de libertad, sus momentos de libre albedrío. Para ello le
concedemos sesenta, cien años si los requiere.
La intención de este cuento era mostrar que ese hombre no tendría tiempo suficiente para recordar esos 20 años de vida, ni siquiera a lo largo de 100 años. Hay que tener en cuenta que su misión es recordar absolutamente todo.
Y no podría recordar 20 años ni siquiera en cien años debido a diversas razones que ahora ni yo mismo recuerdo (no terminé el cuento), pero entre ellas porque el mundo del pensamiento no es el mundo de las cosas, sino el de las relaciones entre las cosas y porque, hablando de manera estricta, no conocemos las cosas reales, existan o no, sino sólo la relación que establecemos entre nuestra mente y algo exterior a ella. Es decir, de nuevo relaciones, como bien decía Leibniz.
Como
es obvio, la idea que tenemos de nuestra propia mente es también una
relación entre datos de observación recibidos por ella y gracias a
ella. No conozco a nadie que lo haya dicho mejor que Demócrito en su
juicio entre la razón y los sentidos, del que sólo posemos unos
fragmentos:
"Después de haber dicho "por convención el color, por convención lo
dulce, por convención lo salado, pero en realidad sólo existen átomos y
vacío", Demócrito hace que los sentidos, dirigiéndose a la razón,
hablen de este modo: "¡Oh, mísera razón que tomas de nosotros tus
certezas! ¿Tratas de destruirnos? Nuestra caída, sin duda, será tu
propia destrucción"
(citado por Galeno, De medicina empirica, fr.1259,8.)
De todas las cosas que un cerebro contiene, las que más influyen en su manera de pensar son las primeras que aprendió.
Nuestro aprendizaje va de lo conocido a lo desconocido. Los nuevos conocimientos se asientan sobre los antiguos y es casi imposible que podamos conocer algo realmente nuevo, algo que no tenga relación con algo que ya sabemos. Como ya se dijo antes, el conocimiento de las cosas es conocimiento de relaciones y también relacionamos lo nuevo con lo antiguo. Incluso lo que consideramos puramente nuevo se relaciona con lo antiguo: es distinto que aquello.
Decía Jenófanes: lo conocido es la base de lo desconocido.
La consecuencia de esto es que nuestros primeros conocimientos son la base sobre la que se apoyan los posteriores, que están muy condicionados por ellos.
Del mismo modo que cuando aprendemos mal una palabra, después nos cuesta aprenderla bien, también nos resulta muy difícil librarnos de nuestros prejuicios incluso aunque seamos conscientes de ellos y los despreciemos.
Por un movimiento intuitivo del todo natural, nuestro cerebro se pone a trabajar con los parámetros a los que está habituado.
Esto, que es un hecho de la conciencia individual, se puede fácilmente trasponer a la conciencia social o colectiva. Para decirlo sin que parezca que se trata de una especie de cerebro social: las sociedades establecidas intentan resolver los problemas recurriendo a métodos que han funcionado antes. Cuando el método no parece funcionar, les da por romperlo todo.
Lo mismo hacemos las personas: ante una dificultad que no podemos resolver por los cauces habituales caemos en la depresión, la ira, la desesperación o el nihilismo. O la ironía.
Uno de los mayores problemas de lo seres humanos es su deseo de tener claras las cosas.
Nuestro deseo de tener claras las cosas puede deberse a diversas causas, que aquí se van a enumerar, o tal vez a ninguna de ellas. Tampoco resulta de vital importancia descubrir su origen, sino que es mucho mejor darse cuenta de que tal cosa sucede. Newton no sabía cuál era la causa de la gravedad, pero sí sabía que esta fuerza existía y supo explicar cómo actuaba.
Pues bien, el origen de ese ansia de tener las cosas claras puede deberse a una estrategia de supervivencia biológica de la especie, o puede deberse simplemente a que nuestros padres y en general los adultos nos educaron durante la infancia con dicotomías simples: "Esto es bueno, esto es malo, haz esto, no hagas esto".
Posteriormente, seguimos aplicando este método y nuestra mente coloca en categorías más o menos estancas las cosas que va aprendiendo. Preferimos tener un enemigo claro al que podemos insultar que la incertidumbre de llegar a entendernos con él, porque eso podría hacer que se tambalearan nuestras seguridades y nuestro ordenado mundo mental.
De esta manera establecemos barreras infranqueables que nos separan de ciertas personas, como si se tratara de seres de otro planeta o de otra especie con la que la comunicación es imposible. Pero no somos tan distintos de ellos.
La escritura supone un cambio en nuestra manera de relacionarnos con la realidad porque permite que nos observemos a nosotros mismos.
Y las páginas web, los weblogs y en general todo el procesamiento de información gracias a los computadores nos permite contemplarnos mejor que antes.
También nos permite acceder de manera rápida a nuestras propias ideas, que podemos guardar y ordenar mejor que en nuestro propio cerebro.
En efecto, cuando guardamos nuestras ideas en nuestro cerebro biológico, esas ideas no se quedan allí tal como las dejamos, sino que evolucionan y se desarrollan. No es que tengan vida propia. Lo que sucede es que nuestro cerebro trabaja por su cuenta en un plano no consciente o no inmediatamente consciente. Prefiero no utilizar aquí ningún térrmino concreto, como subconsciente, preconsciente o inconsciente. Términos que están asociados a teorías con las que no estoy seguro que coincidan mis ideas.
Lo importante es que nuestro cerebro trabaja en un plano que no es siempre inmediatamente perceptible por nuestra conciencia habitual. Esto se puede comprobar de diversas maneras.
Cogemos un libro de fotografías de un tema que nos guste. Por ejemplo, de artistas de cine.
Miramos una a una las fotografías y apuntamos el nombre de cada artista. Probablemente habrá algunos de los que no nos acordaremos.
Cambiamos de tema y nos olvidémonos del álbum.
Al cabo de unas horas o de unos días, tomamos de nuevo el álbum. Descubriremos que, sin siquera pensar en ello, en cuanto vemos las fotos, nos vienen a la memoria nombres que en la ocasión anterior no habíamos recordado. También seremos capaces, en muchos casos de adivinar cuál será la siguiente fotografía, aunque en su momento no le hayamos dado a nuestro cerebro la orden consciente de percibir y memorizar ese orden.
Se pueden hacer muchas experiencias similares a esta que prueban que el cerebro trabaja por su cuenta.
Se habla de la Red mundial o Internet como una especie de conciencia colectiva. No es el tema que me interesa en este momento. Yo sólo quiero hablar del almacenamiento de información en computadores o páginas de la Red como si se tratara de un cerebro supletorio.
Cuando uno escribe en una página web y no se limita a dejar ahí las entradas y olvidarse de ellas, sino que regresa, las relee y establece nuevos nexos entre cosas nuevas y antiguas, está actuando de manera semejante a como lo hacen nuestras neuronas todos los días.
En realidad lo está haciendo de manera doble. Por un lado, todo trabajo en el ordenador de acumulación de datos y de establecimiento de nexos está efectuándose en paralelo en el interior de nuestro propio cerebro. Es una especie de trabajo duplicado.
Ahora bien. No somos plenamente conscientes de los nexos que se establecen entre nuestras neuronas cuando digerimos información. No podemos, por el momento, observar esos nexos y catalogarlos. No podemos decir que tal o cual conocimiento pasa de esta a aquella neurona a través de un axón concreto.
Pero sí podemos trazar un mapa y reconstruir los nexos que hemos establecido en nuestra página web (e incluso con páginas web externas).
La metáfora de la telaraña o red mundial no es del todo adecuada, puesto que en una telaraña aunque haya muchos hilos estos suelen estar en una estructura ordenada y no se establecen conexiones siguiendo patrones caóticos. Excepto cuando las arañas son sometidas a alucinógenos y empiezan a tejer de manera verdaderamente caótica.
La metáfora adecuada sería tal vez la de las neuronas, si es que fuese cierto que cualquier neurona del cerebro puede conectarse con cualquier otra, lo que no es seguro. En la red mundial, es posible establecer en principio una conexión entre dos puntos cualesquiera mediante un enlace directo, se encuentren donde se encuentren.
Esto supera a las neuronas, aunque las neuronas, por el momento superan a cualquier sistema creado por el hombre en capacidad de almacenamiento y procesado.
Sucede, sin embargo que la fusión entre neuronas e información computacional está cada vez más cerca. La duda es cómo se producirá esta fusión y qué condicionará a qué. Las neuronas a los bits o los bits a las neuronas. La posibilidad de una policía del cerebro a través de la conexión por microchips biológicos parece cercana, y quizá sea difícil escapar a ella.
Lo que sí parece seguro es que en el futuro desaparecerán los teclados, las pantallas y cualquier otro artilugio de hardware como ahora lo conocemos.
Sí, quizá sigan existiendo, pero resultarán innecesarios: tendremos toda esa información directamente acoplada al cráneo, o ni siquiera eso: podremos acceder a ella de manera eléctrica, aunque esté alojada externamente. Algo parecido a la telepatía. Quiero decir con ello que nos bastará pensar en que queremos consultar un dato para acceder a ese dato. Podremos navegar por internet sin teclear y sin mirar a una pantalla física: lo veremos todo dentro de nuestra cabeza. No creo que falte mucho para eso.
A quien le parezca algo difícil de creer debería reflexionar en qué es lo que hacemos cuando pulsamos las teclas de un teclado. En milésimas de segundo pensamos: “Voy a apretar la tecla a y luego la r y luego la t y luego la e".
Y efectivamente, no sólo lo pensamos, sino que además mandamos esa instrucción a nuestro cuerpo, que aprieta cuatro teclas. El lector puede detenerse un momento a pensar en lo complejísimo que resulta algo aparentemente tan sencillo como escribir arte en el teclado de un ordenador.
Parece infinitamente más sencillo pensar en la palabra arte sin más y verla aparecer en la pantalla. De hecho, ya existe la comunicación verbo/ordenador sin teclado ni ratón , sólo con el pensamiento. Naturalmente, hace falta un chip o un electrodo conectado al cerebro, pero a partir de ahí, la persona puede manejar el ordenador sólo pensando. Pensando, sin mover las manos ni la boca, puede hacer que el ordenador abra un nuevo documento o lo cierre, o escriba SÍ o escriba NO. Esto es sólo el principio.
El final de ese camino será que podremos contemplar todo lo que tenemos en el cerebro como quien lo contempla en la pantalla de un ordenador. Y también se producirá, al menos en una primera fase una especie de fusión entre nuestros datos externos, los de nuestro ordenador o nuestra página web y los del cerebro.
Esto sin duda tendrá mucha importancia en el tratamiento de lo que hoy se consideran enfermedades mentales o psicológicas y me atrevo a predecir que algunas de las ideas de Freud serán recuperadas, pero por un camino bastante inesperado para los propios psicoanalistas. Ahora el psiconanálisis, con razón, está en horas muy bajas, casi agonizando, pero algunas de las intuiciones de Freud podrán ser aplicadas de nuevo, pero no de la manera mística en que fueron aplicadas en el siglo XX y a la que él contribuyó o no supo resistirse, y se recuperará su validez original lamentablemente desperdiciada por aprendices de brujo que no disponían de las herraneintas necesarias para o caer en la magia.
Naturalmente, esta fusión será la llave de la inmortalidad, pero ciertos fenómenos químicos hacen todavía dudar de si tal inmortalidad será realmente personal.
Acerca de este asunto del control cerebral de ordenadores he publicado un cuento llamado Vidas vicarias, que puedes leer en Escrito en el agua (julio y agosto de 2006):
Escrito en el agua: Vidas vicarias
¿Qué mejor que este hermoso poema de Iván Tubau para una página llamada Pasajero
Na praia de Troia
Estou de passagem: amo o efémero.
Eugénio de Andrade
"Quien diga que nunca pagó por tanta belleza, miente".
Marina Pino
Toda la arena de la playa es blanca.
Es blanco y no se acaba el mar azul.
Son blancas las montañas de la costa
y el horizonte donde muere el sol.
Es blanca la memoria de la nada,
blanco el amor como la muerte blanca,
blanco el instante en el que naces y mueres
en una playa portuguesa blanca.
Son blancos los océanos, la tarde,
el universo entero, el pensamiento
del pasajero efímero que ama
los otros mundos que hay en este mundo.
No es otra cosa Dios que arena blanca
y en cada grano están todos los dioses.
No hay mañana ni ayer, todo es la raya
blanca infinita del puro presente.
Esta playa es la piel de las mujeres
que habitan tu cerebro, las manzanas
del verano, el arroz, las aceitunas negras,
y el gusto de aquel queso blanco.
Todo es belleza blanca y te penetra
y ya eres tú belleza nada más,
un canto incandescente fecundado
por el gozo de ser óvulo y fin.
Todo es belleza blanca y no es posible
atisbar tal delicia impunemente.
Muriendo pagas por haber vivido
un instante, es decir la eternidad.
"Una noche, Zhuang Zhou soñó que era una mariposa, revoloteando feliz y contenta de serlo. Pero no sabía que era Zhou. De pronto, Zhuang Zhou se despertó, sorprendido de ser él mismo. Ya no sabía si era una mariposa que soñaba ser Zhuang Zhou o Zhuang Zhou que soñaba ser una mariposa."

Más historietas de Mosca y caja

En Sudamérica hay trece países.
Puedes intentar reconocerlos en este mapa.
"El comercio de los hombres considéralo como medio maravillosamente adecuado al desarrollo del entendimiento, como igualmente la visita de países extranjeros, y no para aprender en ellos cosas baladíes, sino para frotar y limar nuestro cerebro con el de los demás: para conocer el espíritu y las costumbres de los países que se recorren."
(Montaigne)
Que Sudamérica esté cambiando no es noticia. Precisamente el problema fundamental de Sudamérica es que siempre está cambiando: cambia todo para que nada cambie.
Pero la buena noticia es que ahora podría estar cambiando hacia la estabilidad y al mismo tiempo hacia políticas progresistas y no dependientes de Estados Unidos. Aquí me voy a referir sólo a Sudamérica, y no a todos los países que la integran y voy a hacerlo manejando la poca información obtenida en las últimas semanas en Argentina y Uruguay (y la que ya traía conmigo, claro está), por lo que este es un repaso altamente discutible. Sin embargo, intento mantenerme en los límites que marca una mínima objetividad en el manejo de los datos. Otra cosa son mis opiniones personales en las que el componente subjetivo, inevitablemente, será mucho mayor. No pretendo decir que así son las cosas, sino que yo, en este momento, las veo así (más información o mejores argumentos me harán sin duda variar algunas consideraciones. Afortunadamente, como decía un escritor checo que leí hace poco, cualquiera que lea esto tiene la posibilidad de contrastar lo que digo y encontrar más información (puesto que al menos tiene acceso a Internet). La propia opinión no se fabrica, o no debería hacerse así, leyendo a los que piensan como nosotros o los que repiten lo que ya sabemos, sino buscando el contraste y la diferencia.
En este momento gobiernan distintas variantes de la izquierda en Brasil (Luiz Ignacio Lula Da Silva), Uruguay (Tabaré Vázquez), Argentina (Nestor Kirchner), Chile (Michele Bachelet), Bolivia (Evo Morales) y Venezuela (Hugo Chavez). Otros añaden a Ecuador.
Hay tantas diferencias entre ellos, que apenas hay semejanzas.
En Uruguay y Chile se trata de una izquierda de corte socialista y en general menos personalista o populista. En Argentina, Kirchner es peronista, pero un peronista converso, reciente, no muy convencido, afortunadamente, de las esencias de ese peronismo que nunca acaba de irse de Argentina, pero que ahora está diluido. Parece bastante pragmático en el buen sentido y su gobierno más responsable de lo que ha sido en los últimos años cualquier gobierno argentino. Se le ve haciendo verdaderos esfuerzos por solucionar muchos problemas. ¨((Un día después de escrito lo anterior, he escuchado una entrevista en la que un periodista llamado Rodrígo García explicaba que Kirchner se caracterizaba por un gobierno cesarista de un sólo hombre, lo que consideraba un caso único, pues, decía, hasta Perón tenía consejeros, como el infame López Rega. Sonaba todo bastante razonable y eso me hace estar más vigilante respecto a Kirchner, de quien tampoco me gusta como lelva el problema de las papeleras con Uruguay. También decía García que Kirchner es un adicto al trabajo, lo que parece cierto, porque se le ve continuamente aquí o allá en reuniones todo el rato)).
Tabaré Vázquez, de Uruguay, me parece, por lo poco que he podido conocer en estos días, un gran presidente. Está activando los procesos por los desaparecidos durante la dictadura, lleva las tensas relacionaes actuales con Argentina con moderación, va a implantar un seguro sanitario y el impuesto sobre la renta personal, que no existe.
En Bolivia, el triunfo de Evo Morales ha sido una gran noticia porque significa el reconocimiento explícito de la población india, que incluso hoy en día sufre tremendas discriminaciones en casi toda latinoamérica, incluso en los países, como Bolivia, en los que es mayoría. Su línea política no está todavía muy clara, porque acaba de asumir y hasta ahora lo único que ha habido ha sido gestos más o menos llamativos, como elogiar encendidamente el régimen chino ¡y la iraní!. Además, por supuesto, de la dictadura cubana.
En Venezuela gobierna Chávez, quien tiene la pretensión, y lo está consiguiendo a medias, de convertirse en jefe espiritual de la región y heredero de las esencias revolucionarias de Fidel Castro. Es el típico demagogo que aparece una y otra vez en la tele hablando de lo divino y de lo humano, poniendo siempre la mano en el hombro a los otros presidentes en cualquier reunión, como diciendo: “yo soy el que lleva la voz cantante” y hablando continuamente de la lucha contra el imperio, mientras, en paralelo, va haciéndose con todos los resortes del poder de Venezuela y acallando toda posible oposición. A su favor tiene la torpeza de algunos opositores y de Estados Unidos, que intentaron un golpe de Estado que le sirvió de excusa para afianzarse más en el poder y que dejó en mal lugar a quienes defienden la democracia y acusan de golpista al propio Chávez. El último error de la oposición venezola es, en mi opinión, renunciar a presentarse a las elecciones, lo que no hará sino legitimar a Chávez, que ya gobierna un parlamento exclusivamente chavista (una maniobra semejante de la oposición progresista iraní facilitó el triunfo del actual y temible presidente, reforzado, como no, por EEUU y sus amenazas sin sentido).
Precisamente Chávez es, en mi opinión, uno de los mayores impedimentos a que latinoamérica realmente cambie. Tiene en sus manos el poder que le dan fuentes de petroleo inmensas y las subidas constantes del precio del barril, que distribuye generosamente a cambio de influencia política (y seguramente no sólo a cambio de eso), que parece extenderse por el momento de manera preferente hacia Bolivia. Al parecer, ha convencido a Evo Morales para que refuerce su ejército (adivinen quién le suministrará los nuevos pertrechos) y ha propuesto la construcción de un gasoducto que vaya desde Venezuela a Argentina, en opinión de algunos, como el ex presidente Raúl Alfonsín ("Deberíamos dejar de delirar con el disparate de tender un gasoducto desde Venezuela"), para quedarse con una parte importante del beneficio del gaseoducto que, según parece, sería verdaderamente razonable: el que partiría de Bolivia hacia Argentina o cualquiera de sus vecinos. Uno de los signos preocupantes que llegan de Venezuela es que está intentando comprar aviones a quien se los quiera vender (Brasil y España), con la excusa de usarlos “contra el narcotráfico” aunque por ahora no puede comprarlos por el veto de Estados Unidos. A su vez, ha firmado ya con Evo Morales contratos para vender armas a Bolivia. Sus relaciones con Colombia son muy tensas.
En Brasil, Lula llegó al poder en alas de muchas esperanzas que no se han visto cumplidas porque, en primer lugar las cosas no se arreglan tan rápido, y en segundo lugar debido a los continuos escándalos de corrupción que dejan en mal lugar a quien proponía, antes que nada, honradez y acabar con la pobreza sin llevarse el dinero. También ha dado Lula ciertas muestras de autoritarismo, como una pretendida ley de prensa que prohíba en el futuro airear más casos de corrupción. Pero, a pesar de estar en horas bajas, y a pesar de que yo creo que está directamente implicado en esa corrupción que él ha descargado en sus ministros y colaboradores, parece que ganará las próximas elecciones. Y yo creo que, a pesar de todo, es bueno que las gane (aunque he de confesar que no estoy suficientemente informado como para saber si existe una opción mejor). En cualquier caso, Brasil es una de las grandes potencias emergentes en este comienzo del siglo XXI (las otras son India, Rusia y, por supuesto, China) y el verdadero motor de la región, mal que le pese a Chávez.
Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay pertenecen al Mercosur, una organización en la que, como es lógico, llevan la voz cantante los dos grandes: Argentina y Brasil. Precisamente en este momento hay muchas quejas por parte de los dos pequeños, Uruguay y Paraguay porque no perciben que su pertenencia al Mercosur les sirva de nada. Uruguay incluso está tanteando la posibilidad de firmar un tratado de libre comercio (ALCA) con Estados Unidos, siguiendo el ejemplo de Chile, que ha firmado tres tratados de libre comercio con Estados Unidos, la Unión Europea y China. Y no le va nada mal. Incluso amplios sectores de la izquierda uruguaya se plantean seriamente la posibilidad de ese tratado con EEUU, por la sencilla razón de que es hacia allí hacia donde se dirige el mayor volumen de exportaciones. En realidad, creo, lo más razonable sería que todos los países firmasen tratados de libre comercio unos con otros y que Europa y Estados Unidos, por ejemplo, levantasen los aranceles con que gravan las exportaciones de los países menos desarrollados: por ejemplo, los tratados de libre de comercio de EEUU incluyen la protección de 300 productos (precisamente los que podría vender Uruguay, así que no acaba de verle la utilidad segura a un ALCA con EEUU). Pero yo no sé suficiente economía para tener del todo claro estas cosas.
Pero también parece que los dos grandes del Mercosur, y especialmente Brasil, han decidido tomar en serio su responsabilidad y aluden de manera explícita al papel que jugó durante años Alemania en la Unión Europea. Pero, claro, la diferencia es que Brasil tiene que ayudar a Paraguay y Uruguay pero tiene millones de pobres en sus propias fronteras.
Frente al Mercosur y el ALCA (con Estados Unidos), Chávez propone, desde la llamada República bolivariana de Venezuela, el ALBA, unión de los países bolivarianos, aunque por el momento Venezuela se ha semi integrado en el Mercosur.
En casi toda Sudamérica, cualquier referencia a la revolución es una garantía para recibir el voto de mucha gente, sobre todo de los más pobres, y quien más quien menos, todos los dirigentes hacen de vez en cuando concesiones a esta galería, incluído Kirchner. Quienes apenas caen en esta retórica son Bachelet (Chile) y Tabaré Vázquez (Uruguay), con especial mérito por parte de la primera, pues su padre fue un militar asesinado por la dictadura de Pinochet y tanto ella como su madre fueron detenidas y posiblemente torturadas (su madre seguro, ella nunca habla de lo que le sucedió).
Quedan otros países, como Colombia, gobernada por la derecha y sumida en la locura de las guerrillas y los paramilitares; Ecuador, con un gobierno, al parecer (no tengo información) cercano a la izquierda, Paraguay, Guyana, Surinam y Guayana Francesa (no creo que nadie incluya a las Malvinas/Falkland en la lista de espera de ningún Mercosur).
Y, por supuesto el otro gran país de la región: Perú.
En la actualidad gobierna en Perú Alejandro Toledo, que también es indio, por cierto, y que se supone que es de centro (más a a izquierda cuando compitió con la candidata de la derecha, más a la derecha desde que gobierna). Toledo también ha resultado decepcionante, a pesar de que, según creo, hay indicadores de mejoras económicas en Perú.
El problema es que Perú es el quizá el país políticamente más inestable de la zona, hasta el punto que se dice que nunca puede ganar el favorito a las elecciones, sino un recién llegado en el último momento. Esperemos que en las próximas elecciones gane un recién llegado pasable, porque los candidatos con más posibilidades actuales dan miedo, como Ollanta Humala, primero o segundo en las encuestas tras la derechista Lourdes Flores, y subiendo. Ollanta se llama así por un célebre héroe inca (del que hablé por cierto, en mi Cuaderno del Tahuantinsuyu: Ollantaitambo)Humala es un militar que intentó un golpe de Estado contra Fujimori, golpe que al parecer era sólo una cortina de humo para que escapar el torturador Montesinos. También participó casi sin ninguna duda en masacres de indios durante la época del salvaje terrorismo de Sendero Luminoso y el no menos salvaje antiterrorismo del Estado. Prometió que sólo entraría en Chile encima de un tanque y era hasta hace poco declaradamente fascista, aunque ahora se ha subido al carro de Hugo Chávez, quien le ha apoyado públicamente, poniéndole también su mano en el hombro en presencia de Evo Morales y provocando un conflicto diplomático con Toledo, calentado a fuerza de bravatas de macho por parte, sobre todo, de Chávez, quien ya se ha peleado publicamente con los presidentes de Colombia, México y Perú.
Otro de los candidatos peruanos es Alan García, que fue presidente de Perú hace muchos años y que regresó en las anteriores elecciones después de los escándalos de todo tipo que enturbiaron su gobierno. Alan García fue en su momento otra de esas “grandes esperanzas” de la izquierda (también lo fue entonces para mí) que se convirtieron en decepción. En realidad, dada la situación actual en Perú, es casi imposible colmar las esperanzas que se depositan en uno u otro candidato y la decepción es segura, así que habría que empezar a pensar en esperar un poco menos: tan sólo ir dando pasos de manera estable en la dirección adecuada, porque la estabilidad por la estabilidad tampoco vale para nada (por ejemplo si es una dictadura como la de Fujimori).
Si olvidásemos su anterior gobierno (él declaró que había aprendido mucho de sus errores y no quería volver a repetirlos), Alan García podría ser un candidato pasable, si no fuera porque tiene en los primeros lugares de su candidatura a un conocido torturador (acaba de dimitir Rafael Belaúnde del partido de Toledo, precisamente por esta razón).
La otra candidata con más posibilidades es Lourdes Flores, de derechas. Hay otros partidos a la izquierda de los que no sé mucho, pero alguno de ellos suena muy bien según me lo cuenta mi amiga Karina, como el Partido Socialista, con una candidata declaradamente lesbiana, Susel Paredes, famosa por ayudar a las mujeres maltratadas ya los trabajadores e indígenas discriminados y explotados. La pena es que no parecen tener muchas posibilidades, pero tal vez podrían ser esa sorpresa de última hora habitual. Ojalá.
Algunos de los gobernantes de los países de Latinoamérica sulen ser llamados, por los propios latinoamericamos, “populistas”. Como se sabe, la definición de populista es bastante complicada, pero podemos quizá decir, para entendernos, que un populista es aquel político que suele estar, o al menos eso proclama, al margen del sistema (también Bush en su primera elección tenía rasgos populistas clarísimos); alguien que personaliza en sí mismo toda la acción política, que se considera por encima de las leyes y del Estado de derecho, reformándolo a su antojo cuando llega al poder, que vertebra toda la sociedad en torno a su proyecto político y que usa todos los mecanismos de la demagogia, el dinero, y la compra directa o indirecta de apoyos e influencia.
Un ejemplo perfecto es Berlusconi en Italia; otro, no tan extremo, el segundo mandato de Aznar en España; otros, Menem en Argentina, Fujimori en Perú y Chávez en Venezuela. La única diferencia es que, afortunadamente, la estructura de la Comunidad Europea y la existencia de grupos poderosos de comunicación de oposición y de un estado de derecho fuerte, no permite a Aznar o Berlusconi hacerse con un control absoluto, aunque Berlusconi ha estado cerca de tenerlo. Chávez lo tiene ya o está a punto de conseguirlo.
Excepto en el caso Venezuela (y tal vez Colombia y otros países cuya situación no conozco apenas, o el Perú que salga de las próximas elecciones), el populismo puro y duro no se puede aplicar a Kirchner, ni a Lula ni a Bachelet, ni a Tabaré Vázquez, ni siquiera, en mi opinión, a Evo Morales, aunque habrá que esperar un poco para ver su actuación política. Sí es cierto que todos ellos tienen rasgos a veces preocupantes: en Argentina, por ejemplo, una polémica reforma legislativa que prepara Kirchner, el extraño procesamiento político al Intendente (Alcalde, aunque no tengo clara la equiparación) de Buenos Aires, Ibarra, con motivo de la tragedia de la discoteca Cromagnon, un proceso promovido desde la derecha y la izquierda radicacal (Ibarra es de centro izquierda) ante el silencio de los kirchneristas, o el manejo de la crisis con Uruguay a propósito de la instalación de unas papeleras en la frontera; otros rasgos propios del populismo es la presencia constante de los líderes en todas partes: comparecencias semanales en la tele: Lula los lunes en Café con el presidente, Chávez en Aló Presidente y continuamente en programas en los que recibe llamadas de personas con problemas que él soluciona al instante (es un decir), saltándose todos los trámites burocráticos y llamando personalmente a quien corresponda: un periodista de Clarín cuenta que en tres días, Chávez hablo 14 horas en vivo por la televisión, seis de ellas seguidas ante la Asamblea Nacional.
Las clases más desfavorecidas, los pobres, eso que los demagógos llaman “pueblo”, como parece lógico apoyan a los líderes populistas o las soluciones autoritarias: aunque parezca increíble, el apoyo a Humala crece entre los más pobres, aquellos a los que asesinó en su momento; mientras que en Chile, el partido más afín a la dictadura (UDI) obtiene grandes apoyos en los barrios pobres, y en Argentina la nostalgia peronista pervive especialmente entre los más pobres. Lamentablemente, en contra de lo que piensa mi amigo Max, la salvación raramente está en la tropa, en los pobres, que son siempre los más fáciles de manipular.
Pero en el asunto del populismo, una de las sorpresas llegó hace unos días desde Estados Unidos. El delegado para asuntos de Latinoamérica, Shannon, declaró que en “el populismo no tiene por qué ser necesariamente malo” y especificó que en el caso de Evo Morales significaba la llegada beneficiosa al poder de poblaciones hasta ahora discriminadas. Con razón un periodista argentino se indignó: ahora que nosotros tenemos claro que el populismo sí es malo, viene Estados Unidos a decirnos lo contrario de lo que siempre ha dicho. Pero ya digo que, en este momento, yo no comparto la primera parte de la afirmación de Shannon, pero sí la segunda: el populismo es malo, siempre lo es, pero la llegada al poder de los discriminados durante siglos es buena.
Habría que aclarar, y lo haré en una futura entrada con más detalle, que Evo Morales no es el primer indígena que llega a la presidencia en Latinoamérica, que ha tenido antecedentes incluso en Bolivia y en México: Porfirio Díaz era indio, aunque dictó leyes que discriminaban a sus compatriotas. También es indio Alejandro Toledo, presidente de Perú. Pero Evo Morales tiene la intención declarada de acabar