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1 de marzo de 2005
Epicuro decía que la ausencia de dolor ya era placer, incluso consideraba que era el mayor de los placeres. No es extraño, si tenemos en cuenta que, según parece, Epicuro soportó mucho dolor físico a lo largo de su vida.
Eso pensaba mientras iba caminando feliz por la calle y preguntándome por qué tanta gente se queja cuando no está enferma. Y en estas sanas reflexiones, recordé una cita de uno de mis filósofos favoritos, que ya incluí en Esklepsis 2 y en el weblog Wordls, y que aquí tienes de nuevo:
Hay gente que dice que la vida no es más que un tejido de desgracias; lo cual viene a decir que la existencia es una desgracia; mas si la vida es una desgracia, la muerte es todo lo contrario: la felicidad, puesto que es lo opuesto a la vida. Esta consecuencia puede parecer indiscutible. Pero los que así hablan son sin duda pobres o enfermos, porque si gozaran de buena salud, si tuvieran el bolsillo bien repleto, alegría en el corazón, Cecilias, Marianas y la esperanza de algo mejor todavía, ¡oh!, seguro que cambiaban de parecer. Yo los considero una raza de pesimistas que no puede haber existido más que entre filósofos indigentes y teólogos mauleros o atrabiliarios.
Si existe el placer y sólo se puede gozar de él estando vivo, la vida es dicha. Existen desgracias, yo sé algo de eso; pero la existencia misma de esas desgracias prueba que la suma de la felicidad es mayor. Entonces, porque en medio de un montón de rosas se encuentren algunas espinas, ¿hay que ignorar la existencia de tan hermosas flores? No; es una calumnia contra la vida el negar que son un bien. Cuando estoy en una habitación oscura, me agrada infinitamente ver, a través de una ventana, un horizonte inmenso frente a mí.
Giacomo Casanova
Y lo más asombroso es que cuando Casanova escribió esta frase vivía amargado, enfermo, débil, olvidado y anciano en el Castillo del Dux de Bohemia, donde era objeto de las burlas y los desprecios y sólo de tanto en tanto se le exhibía como mono de feria para que recordara sus pasadas hazañas amorosas y el resto de sus aventuras, como la fuga de los Plomos, sus viajes a España, Inglaterra, Turquía o Rusia, o su época de embustero místico.
Casanova
He escrito antes que Casanova es uno de mis pensadores favoritos. En realidad habría sido preferible escribir, en vez de pensador, "Vividor", si vividor se entendiese como aquél que sabe vivir, que sabe utilizar bien la vida. Pero vividor tiene un significado demasiado especializado.
Casanova era un vividor en los dos sentidos, pero hay otros vividores que son un desastre en cuanto a saber vivir, del mismo modo que hay vividores en el sentido al que yo quería referirme que viven una vida tranquila, moderada y muy alejada de la de Casanova. Así que, como era un término confuso, he preferido no emplearlo y reservar la confusión para esta entrada que ahora lees.
Me parece, en definitiva, que no existe ninguna palabra adecuada para definir a ese que sabe vivir la vida (sea cuál sea la manera en que la vive). La más aproximada es "sabio".
Pero tú me dirás, y si no lo dices tú ya lo digo yo: "Cómo si se pudiera definir qué es saber vivir la vida". Y yo te respondo: "No se puede definir, pero mi opinión es la misma que la de Casanova: si alguien al que no le falta salud ni le está sucediendo una desgracia completa no consigue disfrutar de la vida casi a cada instante, entonces podrá ser inteligente, listo, o lo que sea, pero no será un verdadero sabio".
No es que haya que ser un sabio, por supuesto, se trata sólo de palabras de referencia que hay que tomar cum grano salis (sin mucho rigor), pero ser un amargado sin motivo, o un cenizo o un triste, es una de las cosas más tontas que se puede ser. ¿Demasiado intolerante quizá? Posiblemente, pero es sólo una opinión.
La moda ceniza
Amargados y cenizos han existido siempre. Un ejemplo temprano es Aquiles, el héroe de Troya.
No hay, sin embargo, que confundir a un cenizo con alguien que sufre. Edipo no era un cenizo y Prometeo tampoco, porque si te encadenan a un monte y un águila te devora las entrañas por toda la eternidad es de lo más razonable lamentarse.
Quizá en otro momento me dedique a buscar ilustres cenizos en la historia y en la literatura, pero por el momento diré simplemente que en mi opinión la moda ceniza llegó a hacerse universal y se impuso con el Romanticismo del siglo XIX.
La época romántica tuvo muchas cosas buenas, la mejor que se acabó, pero también tuvo unas cuantas malas. La peor seguramente fue esa manera de vivir la vida intensa e intensamente amargada: dos o tres minutos de entusiasmo y una eternidad de lamentaciones. Algo así como la borrachera y la resaca elevadas a categoría existencial.
Quizá he sido muy optimista al decir que la época romántica acabó, porque me parece que si ha acabado debe de haber sido hace sólo quince o veinte años y da la impresión de que ya está volviendo. Pero vuelva o no, lo que ya nunca se ha ido es la actitud ceniza y amargada, fundamentalmente pesimista, que domina a cualquier persona culta que se precie. En otro lugar intentaré demostrar por qué también el cinismo y algunas variantes del escepticismo son actitudes en esencia románticas.
El primer Romántico
Creo que ya me referí en un weblog anterior a lo que dice Harold Bloom en Shakespeare o la invención de lo humano: que Shakespeare es el creador de nuestra personalidad actual.
El propio Bloom cita a alguien que se dio cuenta antes de eso: Oscar Wilde, quien dijo que el mundo se había vuelto melancólico porque una marioneta (Hamlet) estaba triste.
Y Hamlet, que es uno de los personajes más impresionantes de la literatura, es también, cómo negarlo, un cenizo. Es muy posible que gran parte del movimiento romántico surja directamente de Hamlet.
Casanova filósofo
Bertrand Russell, después de filosofar durante al menos 50 años, admitía que quizá la filosofía era un género literario. La cosa suena un poco epatante a primera vista, pero seguramente es más cierta que falsa.
Si por filosofía entendemos los sistemas o teorías filosóficas que aparecen en los diccionarios de filosofía (cartesianismo, spinozismo, hegelianismo, kantismo, idealismo berleleyano, monadología leibniciana) resulta difícil no darle la razón a Russell.
Muchos de estos sistemas son deliciosos pero encierran una curiosa paradoja: mirados desde fuera parecen absolutamente absurdos, pero si te metes en ellos todo acaba teniendo una lógica aplastante, como en una buena novela o película en la que planteas unas premisas y las desarrollas de manera lógica. Al final, no es que seas dominado por los personajes, es que la lógica de la historia que tú mismo has creado te va obligando a dirigirte a ciertos sitios y a alejarte de otros. Lo mismo sucede con muchos de estos sistemas filosóficos: puestas en marcha unas premisas, las conclusiones se siguen de manera inevitable, aunque te lleven a un lugar en el que apenas puedas ya poner pie en la realidad.
Y lo que es más importante (la verdadera paradoja del asunto), con cada uno de estos sistemas llegas a un lugar diferente, pero siempre de manera razonable y siempre se dice que ese lugar es la única verdad.
No es a esta filosofía especializada y sistemática a la que me refiero al calificar a Casanova de filósofo, sino a un sentido más ligero, semejante al empleado en la época ilustrada, o incluso en la Grecia clásica. Y para mí, más importante.
Ahora tengo en la punta de la lengua la palabra que define al vividor en el sentido de "aquel que sabe vivir la vida", pero sería mejor tenerla en la punta de los dedos para que saltase al teclado y pudiese escribirla. Como no es así, si a ti se te ocurre, puedes enviarme un mensaje:
Y con esto acabo por hoy con Casanova y con este estreno de Intruso, en el que tú no lo eres.
2 de marzo de 2005
Liu Zongyuan es un poeta de la dinastía Tang. Vivió entre el año 773 y el 819. Aunque ocupó cargos importantes, acabó siendo desterrado, algo que les sucede a casi todos los poetas chinos que conozco. Era muy amigo de otro importante poeta, Han Yu. Lo que más les hacía discutir era la filosofía o la religión. A Zongyuan le gustaba el confucionismo, creo, pero defendió el budismo frente a Han Yu. El budismo había llegado a China desde la India y se había convertido en una de las tres doctrinas. La otra era el taoísmo.
[Hablo de la Tres Doctrinas en La página Tang]
Liu Zongyuan no es uno de mis poetas favoritos chinos, aunque uno de sus poemas es breve y extraordinario, pero sólo he leído en inglés y no me atrevo a traducirlo. Lo cierto es que sólo he leído cuatro o cinco de sus poemas, así que es posible que cambie de opinión cuando conozca más.
Es un personaje que me interesa mucho. Fue un ensayista muy célebre en su época. Creo que en español todavía no se ha traducido casi nada de este tipo de textos chinos de la época Tang (ensayos, diarios, notas), que sospecho serán tan deliciosos como, por ejemplo, el Tsurezureguza del japonés Kenko Yoshida.
Octavio Paz tradujo algunos breves textos de la época Tang. Uno de ellos es este de Liu Zongyuan, un prólogo a ocho de sus poemas. Leerlo hace desear más cosas de este autor:
Al sur del río Kouan hay un arroyo que se desliza
hacia el este y desemboca en las aguas del Siao. A consecuencia de mi estupidez,
incurrí en un castigo, perdí mi rango de funcionario y me vi
desterrado en los bordes del Siao. Me gustó el arroyo. A dos o tres
leguas de su curso encontré un paraje que me pareció hermoso
y decidí quedarme en la región. Instalado cerca del arroyo,
pregunté por su nombre; los lugareños no lo sabían con
precisión y discutieron entre ellos. Me vi obligado a darle yo mismo
un nombre. Lo nombré: Arroyo Estúpido.
En las márgenes del Arroyo Estúpido compré una
pequeña colina, que llamé Colina Estúpida. A
sesenta pasos al noroeste de la Colina Estúpida se halla
un manantial. También lo compré y le puse por nombre: Fuente
Estúpida. La Fuente Estúpida tiene seis bocas;
las seis dan a un terreno plano al pie del monte. Desde allí el
agua desciende hacia el sur formando, sinuoso y pacífico, el Canal
Estúpido. Más adelante, piedras y tierra cierran el
paso al agua, que se inmoviliza en el Estanque Estúpido. Al
este del Estanque Estúpido se halla la Sala Estúpida; al
sur de la Sala, el Pabellón Estúpido. En
el centro del estanque se alza la Isla Estúpida. Hermosos árboles
y rocas de forma extraña completan el paisaje. El paraje entero
se llama Estúpido.
El agua es la alegría del sabio. Entonces, ¿por qué este
arroyo ostenta el denigrante nombre de Estúpido? Su corriente
es caprichosa y sus aguas escasas: no sirve para irrigar los campos. Su
fondo es de arena y piedras, su curso rápido: las barcazas no podrían
navegarlo. En fin, es solitario y escondido, poco profundo y estrecho.
Los dragones del aire y del agua lo olvidan; y no tiene fuerzas
para engendrar nubes o hacer caer la lluvia. Es inútil. Y en esto
se me parece. Por eso es perfectamente lícito castigarlo con el
nombre Estúpido.
A pesar de que el arroyo no tiene ninguna utilidad, sus aguas reflejan
a todos los seres del mundo. Es puro y claro, límpido y tranquilo.
Murmura y resuena como el metal y las piedras sonoras. El hombre estúpido,
feliz y en paz, lo ama. Se mira en él y no desea abandonarlo.
En desacuerdo con el mundo que me rodea, consuelo mi pena con la literatura.
Contemplo la naturaleza, observo sus humores, me abismo en sus minucias y en
sus grandezas, cambio con sus cambios. Quieto en mi escondite, lejos del mundo,
canto al Arroyo Estúpido, en mis estúpidos cantos. Así,
he grabado en las rocas del manantial estos ocho poemas estúpidos.
Espero seguir averiguando más cosas de Liu Zongyuan y conseguir los ocho poemas estúpidos.
Doppel
Quizá no conoces al personaje que aparece al inicio de esta página junto a Craven y Cuervo. Se llama Doppel y en algún momento aparecerá en Craven.
leafar_01 me ha enviado un mensaje a comentarios en el que me dice: "Acabo de descubrir tu cuaderno de Mauricio, es impresionante, me encanta. No se si lo acabas de subir o es una esas cosas que siempre han estado ahí y que se descubren sin querer. Bueno solo felicitarte por la exposición."
Muchas gracias leafar_01. La verdad es que los dibujos no eran gran cosa, pero mejoraron mucho al ser escaneados y reproducidos en la pantalla del ordenador. Nestor Almendros dice que algo parecido sucede con el cine y el grabado:
"El cine es una forma de arte generosa. A través de los objetivos se produce sobre la emulsión fotográfica algo así como una transfiguración. Todo parece más interesante en una película que en la realidad. Es un proceso en cierto modo similar al arte del grabado. Se toma un trozo de linóleo, se traza en él con una herramienta cualquier dibujo, se entinta, se imprime sobre el papel y el resultado suele tener un interés. El mismo dibujo hecho directamente en el papel carecerá por completo de valor. La reproducción realza de alguna manera el trabajo. Del mismo modo hay como una forma de magia en el cine: la cámara potencia la realidad"
Lo mismo sucede con esos dibujos que hice en Mauricio y La Reunión y con las viñetas de Craven que dibujo: en el papel no valen nada, pero mejoran mucho al escanearlas (algunas las dibujo directamente en el ordenador y, curiosamente, suelen quedarme peor).
El caso es que cuando estuve en la isla Mauricio con Cathy viajábamos con dos extraordinarios pintores, Christophe y Eric, y mientras ellos pintaban a lo grande, yo iba haciendo dibujitos en una libreta. Tres de los dibujos me gustan mucho: Punch, Máscaras en un sueño y Mi amigo va por el mal camino. El álbum al que se refiere leafar_01, que efectivamente lleva mucho tiempo en esta página puedes verlo con este enlace:
En algún momento convertiré ese álbum a mi propio formato (como esta página) y explicaré cosas curiosas relacionadas con los dibujos.
En Esklepsis 2 cuento algunas cosas de ese viaje y alguno de los sueños o pesadillas que están detrás de algunos de los dibujos. Acabo de hacer una versión web de ese Esklepsis 2, con enlaces directos a cada artículo, como éste:
Cuaderno de viaje: Mauricio y La Reunión
|Comentarios de Iván y Marcos
leafar_01 envió su comentario a la antigua página de comentarios, que mañana retiraré, aunque mantendré una página con todos los comentarios recibidos desde el inicio de esta página. Puedes ver que en el lateral hay ahora dos botones para comentarios. El que vale es uno como el que he puesto justo encima de esta entrada.
Por cierto, Iván y Marcos han enviado dos interesantes comentarios que mañana comentaré (siempre comento los comentarios o al menos los menciono, como ves). Pero un horario férreo que me atenaza de martes a jueves me impide seguir hoy y hablar también de todas las cosas interesantes que pone ahora casi a diario Marcos en su página: Marcóticos .
Por cierto, puedes enviar mensajes a cualquier comentario de estos que pongo en las entradas, porque aunque la cosa sea de hace tiempo, yo recibo una notificación cada vez que llega un nuevo comentario.
Estoy buscando un método para que tú puedas saltar directamente de comentario a comentario y de weblog a weblog sin tener que ir mirando entrada a entrada.
La república de los sabios
4 de marzo de 2004
En el Colegio siglo XXI, en el que estudié cuatro cursos y suspendí cuatro cursos (pero nunca repetí), tenía una profesora de literatura que se llamaba María Antonia Parcet que siempre nos decía que cuando terminásemos un libro redactáramos una ficha. Creo que es un buen consejo, que me parece tardé en seguir.
Pero creo que esas fichas deben incluir sobre todo cosas que nos han interesado o ideas que se nos han ocurrido al leerlo. Y también es conveniente hacer un breve resumen, porque así es fácil recordar el libro tiempo después.
La verdad es que yo hago eso de manera ocasional. A veces me hago veinte o treinta resúmenes y comentarios y después me paso varios meses sin hacer ninguno. Pero cuando reviso viejas libretas encuentro, gracias a esa costumbre que me recomendó mi profesora, cosas interesantes que casi había olvidado.
Por ejemplo, en una libreta de 1997 he encontrado un resumen de La república de los sabios, de Arno Schmidt. Leí este libro porque me lo recomendó mi amigo Juanjo.
Copio aquí algunos pasajes de la ficha que hice:
"Es el año 2008, después de una guerra atómica que ha borrado literalmente del mapa a Alemania (sólo quedan 124 alemanes) y a Japón. El mundo está dividido entre rusos y americanos y una tierra de nadie. El narrador es un periodista americano que obtiene el permiso para visitar una isla artificial, que se desplaza por el océano mediante hélices, llamada la República de los sabios.
En la isla hay diversas especies mutantes: los centies o centauros (el narrador tiene un hermoso y tórrido romance con una centie) , arañas gigantes y unas mariposas que en realidad son caras humanas voladoras, que succionan la leche de las mujeres y el semen de los hombres. La isla acoge a todos los artistas de un mundo en tensión, pero también está dividida en zonas de influencia: rusos, americanos y neutrales, fundamentalmente hindúes.
Los rusos hacen transplantes de cerebros de sabios en cuerpos atléticos; los americanos practican la hibernación para que la gente viva 400 años.
El narrador es ácido, irónico y libidinoso. Un editor-anotador a menudo le critica y asegura que este tipo de libros sólo se pueden publicar en lenguas muertas. El libro, con esta doble visión entre el autor y el editor, resulta extraño, tanto como el mundo en el que transcurre y los personajes que se relacionan con el narrador. Me gustó mucho".
He sabido que Schmidt tiene algo que ver con Musil, que escribió un ensayo biografía dedicado a Poe al parecer muy extraño, y que escribió La escuela de los ateos , que no sé si es ensayo o novela. No sé si me di cuenta al leerlo de que seguramente esconde una metáfora que ahora me parece bastante trasparente: que la isla a la deriva es Berlín occidental.
Coincidencias
5 de marzo de 2005
Un coleccionista de arte francés vive en su castillo rodeado de cuadros valiosísimos que ha reunido a lo largo de toda su vida.
En un pequeño pueblo del cinturón del maíz de Estados Unidos, conocido por su religiosidad puritana, un granjero ruega todas las noches a Jesucristo que llegue el día del Juicio Final.
Una noche el castillo del millonario francés arde. Esa misma noche el granjero se despierta y siente que el Juicio Final ha llegado...
Tal vez estás pensando en la relación que existe entre las dos historias, la del granjero y la del millonario francés. Sin embargo, la única relación soy yo, el narrador.
Algo así (lo he citado de memoria) cuenta John Fowles en El mago. Tenemos la tendencia irreprimible de trazar nexos y establecer relaciones, de justificar nuestros comportamientos y los de los demás. De dar razón de todas las cosas que observamos. Pero casi todas nuestras brillantes explicaciones son tan arbitrarias como las que establecemos entre dos hechos cualesquiera cuya única relación es, por ejemplo, una coincidencia temporal. Y esperamos también la conclusión de un argumento para que de pronto todo él cobre sentido, así que nos sorprende encontrar que no existe tal conclusión.
Reweb log
Un cuaderno digital anterior a este que ahora lees se subtitulaba"Weblog del pasado".
Era una pequeña ingeniosidad de esas que a veces pongo y que seguramente pasan inadvertidas porque son casi chistes privados. Esta página está llena de detalles así, aunque intento que no sean demasiados para que el texto no parezca críptico o cargante. Por ejemplo, los nombres que elijo para cada nuevo cuaderno suelen tener una explicación más o menos enrevesada. ¿Por qué se llama este cuaderno Intruso? Se admiten apuestas:
>¿Por qué intruso?<
¿Y por qué se llamaba aquel cuaderno "weblog del pasado"?
Porque cuando yo escribo esto que ahora tú lees lo hago en el presente, pero cuando tú lo lees es ya el pasado. Incluso, como decía, creo, Robert Desnos: ·El momento en que escribo ya está lejos".
Los romanos escribían, me parece, en tiempo pasado porque sabían que el receptor leería la carta desde el futuro: "Estaba escribiéndote en mi villa de Termi y hacía frío; vi que se acercaba Lucilio y... ", en vez de: "Estoy escribiéndote en mi villa de Termi y hace frío, veo que se acerca Lucilio y... ".
Por cierto, ayer Marcos me leyó por teléfono un hermosísimo fragmento de una de las cartas de Séneca a Lucilio para convencerme de que saliera a bailar, pero me mantuve firme en mi encierro pese a esa y otras excelentes razones. Pero intentaré conseguir esa carta. O, si quieres, Marcos, pon el fragmento aquí:
>Lucilio<
Así que todo es pasado: "El presente es el futuro que se desliza en el pasado".
En fin, que todo esto viene a cuento de la nueva sección que voy a abrir, que se llama Reweb log, otra de esas ingeniosidades inocentes. Se llama Reweb log porque va a ser un repaso, una revisión, una relectura de los cuadernos digitales anteriores. Y también porque es es como mirar hacia atrás y recuerda la palabra Rewind (rebobinar).
En la revista Esklepsis tenía una sección que se llamaba Mirando hacia atrás, en la que también hacía eso: releer los antiguos números de la revista. Es algo que me gusta mucho, volver sobre cosas ya dichas, matizarlas, cambiar de opinión, discutirlas, discutir también conmigo mismo e ir resolviendo cosas que han quedado en el aire.
Y son muchas las cosas que han quedado en el aire en esta página, donde siempre digo que ya haré tal o cual cosa y después pasan meses y no he hecho nada. Pero me gusta recordar una anécdota del guionista de comic Chris Claremont.
Claremont es el guionista de al mejor etapa de X Men (antes llamados en España La patrulla X). Un día el jefe de la editorial Marvel, Jim Shooter, le llamó a su despacho y le dijo que había muchas quejas de los lectores porque había un montón de misterios y de cosas pendientes de resolver en los X Men: que si Jean Grey estaba muerta o no, que qué sucedió en Escocia cuando se enfrentaron al Juggernaut, el asunto de la madre de Rondador Nocturno, etcétera. Shooter le pidió que resolviera todos esos misterios, pero Claremont le respondió:
__Caramba, Jim, pensaba que tu lo sabías.
__¿El qué tendría que saber?
__Que nunca hay que darles lo que quieren.
Eso es lo que hago yo, no contigo, por supuesto, sino conmigo mismo: nunca me doy lo que quiero, o al menos no todo lo que quiero. me gusta no ser capaz de manejarlo todo, tener más intereses que tiempo para dedicarme a ellos, leer más libros de los que puedo terminar, aprender más cosas de las que puedo dominar, tener un millón de asuntos pendientes. Esa es la razón del nombre de otro de mis cuadernos: La vorágine, que tomé de un libro de Ántal Szerb, pero que yo aplico en un sentido positivo. Allí mismo lo dije:
"La Vorágine, esa sensación
extraña de la que habla Antal Szerb es una buena definición
de esto. Es como un desagüe en el que van cayendo las cosas pero en
el que, por un instante, se mantienen en los bordes del fluido, para después
desaparecer y caer a algún lugar en el que un archivero paciente intenta,
sin éxito, ordenarlas.
De vez en cuando, el archivero sube al piso superior y trae alguna de las cosas
que ha encontrado abajo, que es de nuevo colocada en el desagüe y de nuevo
vuelve a caer. Algo así debe ser nuestro propio cerebro, en el que,
como ilusos, pensamos que existe un orden, un orden semejante al de las clasificaciones,
los abecedarios y las enciclopedias, pero es un orden que seguramente se basa
en ignorar todo lo que va contra él, todo lo que no acaba de ajustarse.
Al pulir una tabla le arrancamos las protuberancias, que a veces son lo más
interesante".
[La vorágine, 1 de noviembre de 2004]
Estos cuadernos digitales son como un cerebro supletorio o un disco externo de mi memoria, que incluso funciona en cierto sentido mejor que mi disco interno, porque es más fácil de revisar. Aquí voy metiendo cosas y más cosas, de manera más o menos caótica, dirigidas a un lector indeterminado (a veces no tan indeterminado) pero sobre todo dirigidas a mí mismo, que soy su principal destinatario (de ahí que el tono pueda sonar a menudo indecentemente egocéntrico: no lo es tanto si se piensa que a menudo estoy hablando no de tú a tú, sino de mí a mí).
Por cierto, una amiga, a la que echo de menos, me preguntaba hace tiempo cuál era el leit motiv, el macguffin o el hilo conductor de esta página: quizá sea esto que acabo de contar.
Pues eso, que voy releyendo los cuadernos anteriores y retomo cosas pendientes, porque también me gusta de vez en cuando acabar algo, o volver a sacarlo a la luz, iluminarlo por un momento con la atención consciente y volver a lanzarlo a esa vorágine o desagüe.
En su excelente weblog, que es uno de los clásicos de la red, Jose Antonio Millán tiene algo parecido, un "Tal día como hoy" en el que retrocede hacia sus weblogs de años atrás. Por cierto, él mismo acentúa "José", que es la norma, pero la mayoría de los Josés en realidad se llaman Jose, sobre todo si se llaman Jose Miguel, Jose Ramón o Jose Antonio. Nadie dice José Antonio. Y sin embargo se escribe José, obligándote, si quieres atenerte a lo escrito a una pronunciación casi extravagante. Qué extraño.
El primer Rewind nace precisamente de una relectura de La vorágine y está dedicado a Proserpina.
Rewind log 041004 (La vorágine)
Proserpina y el pasado
El 4 de noviembre de 2004, tras una impresionante hipótesis de cómo se podía trasmitir un mensaje a mayor velocidad que la luz, quebrantando así todas las leyes físicas conocidas (pero que no parece haber impresionado a nadie), decía:
"En la próxima ocasión cumpliré la
promesa hecha a la atenta proserpina en Seingalt, diario secreto y
explicaré cómo es posible ver el pasado, pero no viajar al
pasado".
LA VORÁGINE, 4 de
noviembre de 2004
Esto nos lleva a Seingalt diario secreto:
Hawking y el viaje en el tiempo
Stephen Hawking, el célebre físico experto en agujeros negros
ha perdido una apuesta. Resulta que hizo una apuesta hace años con otro
físico. El otro físico opinaba que no era posible viajar en el
tiempo gracias a los agujeros negros. Hawking opinaba que sí. Ahora,
treinta años después, Hawking ha llegado a la conclusión
de que no es posible ese viaje en el tiempo y lo ha reconocido públicamente.
Me alegro porque yo nunca he creído en la posibilidad del viaje en el
tiempo, ni con agujeros negros ni sin ellos. Creo que es posible ver el pasado
(por ejemplo, la muerte de César), pero no viajar al pasado. Como
dije en una entrada reciente, podré probar esta afirmación
mía, después del verano, espero, pues debo haberlo escrito en
alguna parte.
COMENTARIOS
Estaremos pendiente de esta promesa.
Proserpina
SEINGALT, DIARIO SECRETO (22
de julio de 2004)
(No he conseguido encontrar esa otra entrada reciente a la que aludo en Seingalt, diario secreto)
Pues bien, Proserpina, voy a explicar cómo se puede ver el pasado. No se trata de una explicación ingeniosa del tipo: pues ya estás viendo el pasado si relees los weblogs anteriores o si ves un documental.
Eso es, ciertamente, ver el pasado, pero me refiero a ver el pasado que no ha sido filmado ni registrado y verlo como si fuera una película.
Ver, por ejemplo, realmente a Julio César cruzando el Rubicón, o a Napoleón en Waterloo, o a Arquímedes poco antes de que un soldado romano lo matara mientras trazaba círculos en la arena.
No es un método inventado por mí, sino que lo he leído en algún sitio, creo, y es perfectamente científico.
Resulta que todos los objetos emiten ondas, el sonido y la imagen viajan en el espacio. Podemos oír, por ejemplo emisiones de radio que tuvieron lugar hace décadas, cientos de años o milenios.
La película Contacto empezaba precisamente de esta manera: en otra civilización llegaban las primeras imágenes televisivas, decenas de años después, pues se supone que todas esas ondas están viajando por el espacio. Esas imágenes les daban a los extraterrestres una idea no muy buena de nuestro planeta, porque eran el discurso inaugural de Hitler en los Juegos Olímpicos de Berlín.
Bueno, pues, aunque no se trate de imágenes televisivas, parece que cualquier imagen está viajando también por el espacio. Por ejemplo, el Sol que vemos no es el Sol actual, sino el de hace ocho minutos, porque ese es el tiempo que tarda en llegar su luz a la Tierra (la luz viaja a 300.000 km/s, así que eso te permite calcular a qué distancia está el Sol).
Dice una canción de Radio Futura: "Miro una estrella brillar/y al llegar a mí su luz/ puede haberse apagado ya".
Quizá el Sol ya no existe y tardaremos ocho minutos en saberlo, porque la luz es lo más rápido del Universo (a no ser que sea cierta mi demostración de cómo trasmitir un mensaje más rápido que la luz)
Lo único que hay que hacer para ver esas imágenes es situarse en un punto en el que su luz no haya llegado todavía, y entonces (quizá con un aparato decodificador adecuado) podremos ver como en una película la sucesión de acontecimientos, por ejemplo a Julio César cruzando el Rubicón.
El problema de este método es que, puesto que lo que más rápido viaja en el Universo es la luz, ¿Cómo vamos a poder situarnos en un punto en el que no haya llegado una luz que se emitió hace 2000 años?
La solución de meterse por un atajo tal como un agujero negro o un agujero de gusano, parece descartada, como se vio antes a propósito de la apuesta de Hawking.
La única solución por el momento tendría que ver con el espaciotiempo einsteniano o algún tipo de teoría que contemple el espacio como una esfera o hiperesfera.
Si perseguimos a un rayo de luz que da vueltas a la Tierra nunca lo alcanzaremos, pero si nos quedamos parados o giramos en sentido contrario, nos toparemos con él.
Así que lo que tenemos que hacer es viajar en sentido contrario al que viajan esas imágenes que queremos ver y esperar a que lleguen (confiando en que la hiperesfera del Universo no sea demasiado grande, incluso para la luz).
Poe, mucho antes de todas estas cosas escribió un hermosísimo cuento llamado El poder de las palabras (The power of words) en el que mostraba, de una manera semejante, de qué manera las palabras crean literalmente mundos. Léelo si puedes.
6 de marzo de 2005
Iván ha enviado un comentario muy interesante acerca de lo de escribir siempre desde el pasado. Si no lo has leído ya, puedes leerlo:
La entrada a la que se refiere el comentario de Iván:
Los comentarios automáticos que ahora pongo de vez en cuando tienen varias ventajas: cada vez que llega un comentario, recibo una notificación en mi correo, así que puedes enviar un comentario incluso a weblogs anteriores a este. Por ejemplo a Monadolog, que es donde sustituí mi antiguo sistema de comentarios por este nuevo. Además, puedo manejar fácilmente todos los comentarios, editarlos, importarlos o exportarlos en un momento. Y además, como acabo de hacer un poco más arriba, puedo poner un enlace directo al comentario. El sistema está en fase de experimentación constante, y espero pronto hallar una buena manera que te permita acceder a todos los comentarios como lo hago yo (pero sin usar mi clave, claro, y sin poder modificarlos). Ya he pensado un método, pero todavía no estoy seguro de que no haya otro mejor. También echo de menos que cuando se abre un comentario no haya una manera automática de regresar a la entrada a la que pertenece ese comentario. Pero espero que pronto este tipo de cosas se podrán hacer fácilmente. Supongo que todas estas cuestiones técnicas te aburren, así que aquí lo dejo. Simplemente pongo aquí un enlace directo a los comentarios que llegaron a Monadolog:
>Comentarios a Bondad e inteligencia<
En la columna de la izquierda puedes también acceder a los antiguos comentarios, que he agrupado en una sección llamada INTERACTIVIDAD.
7 de marzo de 2005
El prólogo de Cervantes a Don Quijote es una verdadera delicia. En él se parodia los prólogos al uso en los que se incluían todo tipo de recomendaciones por parte de gente célebre: literatos, condes y duques, amigos del autor o expertos en la materia:
"Sólo quisiera dártelo
monda y desnudo, sin el ornato de prólogo, ni de la innumerabilidad
y
catálogo de los acostumbrados sonetos, epigramas y elogios que al principio
de los libros suelen
ponerse. Porque te sé decir que, aunque me costó algún
trabajo componerlo, ninguno tuve por
mayor que hacer esta prefación que vas leyendo."
Es algo parecido a lo que se hace hoy en día en la contraportada de muchos libros, especialmente los de Estados Unidos, en los que siempre hay frases como: "Un libro imprescindible para cualquier interesado en la historia del requesón" (Peter Larre, Los Angeles Times), "John Smith es el gurú de los equilibristas sobre longaniza y su libro es la Biblia en la materia" (Brandan Fraser, The New York Times), "Mi vida cambió después de leer Cómo montárselo con un hamster (Jane Fanda).
Es también semejante a lo que sucede con la colección amarilla de Anagrama, en la que absolutamente todos los libros que publican son "la mejor novela en décadas".
Así que Cervantes, cuenta en su prólogo que está un poco avergonzado porque no tiene conocidos de importancia que puedan avalar su libro con sus sonetos y recomendaciones. Tampoco tiene su Don Quijote citas de autores célebres:
"...sin acotaciones en las márgenes y sin anotaciones en el fin del libro, como veo que están otros libros, aunque sean fabulosos y profanos, tan llenos de sentencias de Aristóteles, de Platón y de toda la caterva de filósofos..."
Pero un amigo le dice que no debe preocuparse porque eso se puede solucionar fácilmente. Y le da unos buenos y divertidos consejos que puedes leer tú mismo.
En cuanto a los sonetos y recomendaciones, en muchos libros los escribían expertos en la materia, por ejemplo, grandes estrategos o militares si era un libro acerca de la guerra, o teólogos y religiosos si era un libro acerca de Jesucristo. Así que en el Quijote, que trata de caballeros andantes, lo razonable es que sean gentes de esa profesión quienes escriban los sonetos. Y así Cervantes ofrece una ristra de sonetos escritos por Amadis de Gaula, Don Belianís de Grecia y Orlando Furioso dirigidos a Don Quijote. Pero también se incluyen dedicatorias de célebres escuderos destinados a Sancho Panza, o de doncellas que se dirigen a Dulcinea del Toboso. Incluso hay versos elogiosos escritos por caballos célebres y dedicados a Rocinante, como éste que es célebre por la frase de la metafísica y el hambre:
Diálogo entre Babieca y Rocinante
SONETO
B. ¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado?
R. Porque nunca se come, y se trabaja.
B. Pues ¿qué es de la cebada y de la paja?
R. No me deja mi amo ni un bocado.
B. Anda, señor, que estáis muy mal criado,
pues vuestra lengua de asno al amo ultraja.
R. Asno se es de la cuna a la mortaja.
¿Queréislo ver? Miraldo enamorado.
B. ¿Es necedad amar?-R. No es gran prudencia.
B. Metafísico estáis.-R. Es que no como.
B. Quejaos del escudero.-R. No es bastante.
¿Cómo me he de quejar en mi dolencia, si el amo y Escudero o mayordomo son tan rocines como Rocinante?
Hay quien se queja, como Javier Marías hace unas semanas, por la celebración del cuarto centenario de Don Quijote. Decía Marías que acabaríamos hartos de Don Quijote.
No sé por qué. Si alguien se cansa de leer u oír cosas de Don Quijote, lo único que tiene que hacer es dejar de leer lo que está leyendo o de oír lo que está oyendo, o de ver, que es lo más frecuente, lo que está viendo (la televisión).
Que se ponga de moda Don Quijote durante un año a mí me parece estupendo. Me encantan este tipo de modas. Por ejemplo, me encanta que se ponga de moda el budismo, o Alejandro Magno, o China, porque eso significa que se van a publicar muchos libros sobre el budismo, China o Alejandro Magno, que de otro modo nunca llegaría a ser accesibles. Me parece fabuloso que se ponga de moda el cine asiático porque me gusta muchísimo y la única manera de ver mucho cine asiático es que esté tan de moda que resulte rentable estrenarlo, doblarlo o subtitularlo, que aparezcan películas en los vídeo clubs o que se hagan ciclos dedicados a él, como el delicioso Baff (Barcelona Asian Film Festival).
Supongo que la moda tiene cosas malas, pero también tiene bastantes cosas buenas, como esta que acabo de decir. La celebración del quinto centenario del descubrimiento de América por Colón trajo consigo la publicación de extraordinarios libros, como los que patrocinó el propio organismo del Quinto Centenario, pero también de códices mayas, libros de historia, etcétera. Después, cuando pasó la moda, los precios de todos esos libros bajaron y ahora los encuentras de saldo. Así que lo mejor, parece, es que algo se ponga de moda y después pase de moda.
La mala moda
Una de las cosas malas de la moda es que a veces quienes las siguen se convierten en verdaderos intolerantes y consideran que la realidad coincide punto por punto con la moda. Ayer hablaba con una chica que no se creía que no tengo móvil. Por más que insistí, ella decía que era absolutamente imposible que una persona en el siglo XXI no tuviera móvil.
Aunque la moda de los móviles es muy reciente se ha impuesto de tal modo que se ha convertido en lo único posible. Yo no tengo móvil porque no le veo casi ninguna utilidad y sí unos cuantos inconvenientes.
Utilidad: Para salir de noche y llamar a los amigos que están en otra discoteca. (Hay otras, pero esta es la principal de uso frecuente)
No utilidad:
1. Cuando estoy fuera de casa me gusta ir a mi aire, pensando en mis cosas y el móvil me parece una interrupción muy molesta.
2. Si estoy con otra persona me parece muy desagradable que suene el móvil y ponerme a hablar con otra persona que no está allí mientras espera tontamente la que sí esta allí.
3. El teléfono es el medio de comunicación que menos me gusta (excepto para conversaciones eróticas)
4. No me gusta ir hablando por la calle con el móvil. Me da vergüenza y me parece bastante ridículo (pero tal vez sea una cuestión de costumbre).
5. Es fácil perder el móvil, con lo que te gastas dinero tontamente.
6. Si tienes móvil te gastas muchísimo más dinero en facturas de teléfono.
7. No me gusta que nadie me tenga controlado, ni en el trabajo ni en la vida cotidiana.
8. Cuando tienes móvil, tu vida se organiza de una manera absurda como si fueras un ejecutivo agresivo, resolviendo a todas horas cosas diversas: citas, trabajos, conversaciones banales ("Estoy en el super, ¿compro lechuga rizada o coles de Bruselas", "Estoy saliendo del avión, llego en media hora", "Parece que no salen las maletas, no calientes todavía la comida", "Ahora estoy en la cola de los taxis").
9. Relacionado con lo anterior, creo que el móvil contribuye casi tanto al estrés como conducir en coche por la ciudad.
Así que esta es una moda que no me gusta y no me apetece seguir.
Además, me molesta que se haya puesto tan de moda el móvil porque ha frenado la moda de las agendas electrónicas: todo el mundo quiere tener un móvil y ya no se venden agendas electrónicas. El mercado se ha estancado directamente por culpa del móvil (comparten el mismo nicho ecotecnológico), con lo que, al no estar de moda, no se investiga en ellas y no se abaratan tampoco. En mi opinión, una agenda electrónica es mejor que un móvil de lejos. Puede tener: cámara de fotos e incluso grabar vídeo, puede servir para escuchar música, para leer miles de libros y llevarlos siempre encima, para llevar todos tus archivos, para conectarte a Internet en cualquier parte, para escribir y tomar notas que se conservan digitalmente (lo que facilita su búsqueda posterior). Y, por supuesto, también tiene teléfono móvil (aunque yo no lo usaría).
La esperanza es que pronto se producirá la fusión entre móvil y agenda: es decir, los móviles se convertirán en agendas electrónicas cuando ya hayan vendido todo lo vendible (cámara, muñequitos digitales, musiquitas, escuchar mp3, etcétera). Cuando eso suceda me compraré un móvil.
Más sobre móviles
Por cierto, que no me gusten los móviles no significa que no me guste la tecnología. Adoro la tecnología.
Y algo más sobre móviles
Hace tiempo, en la antigua productora en la que trabajaba, había un jefe que siempre que entraba conectaba el móvil y hablaba o fingía que hablaba. De este modo llegaba a su despacho sin tener que saludar a nadie.
Ahora en mi nuevo trabajo observo que los jefes hacen lo mismo: siempre entran hablando por el móvil. Qué curioso. Sin embargo, los no jefes no lo hacen. Supongo que es un signo de jerarquía.
Seguro que a Marcos esto le interesa por lo del análisis institucional: el estudio de los métodos para marcar la jerarquía.
Otro comportamiento bien curioso que vengo observando es que los jefes también se saludan entre ellos como si se conocieran de toda la vida y muy campechanamente, aunque se acaben de conocer. Cosa que no hacen con los empleados.
También hablan muy alto, llaman a los empleados a gritos para que acudan al despachos y se pasean con el móvil por toda la sala hablando también muy alto. Ese, por cierto, es uno de los mayores defectos del móvil: con el teléfono fijo al menos se tenían que quedar en su mesa.
>Comentarios a este día o a lo que tú quieras<
En estos días combino la lectura del libro que me regaló Iván, Traite d'Athéologie, de Michel Onfray, La yihad , de Gilles Kepel y La maladie de l'islam, de Adelwahab Meddeb.
Aunque el Tratado de Ateología también está dedicado al judaísmo y al cristianismo, los tres tratan fundamentalmente del Islam.
Meddeb es un poeta y escritor tunecino. En su opinión, el fanatismo y la intolerancia, como decía Voltaire, fueron la enfermedad del catolicismo, el nazismo la enfermedad de Alemania y el integrismo la del Islam. Esa enfermedad ha hecho, dice, que se transformase "una tradición fundada en el principio de la vida y el culto al placer en una lúgubre carrera hacia la muerte".
Dice Meddeb que la decadencia del Islam viene de muy lejos y que ya desde el siglo XVII el mundo islámico dejó de hacer aportaciones a la ciencia. Aunque el colonialismo y Estados Unidos se han aprovechado de esa debilidad, es una simpleza pensar que la han causado directamente.
Es un placer leer en un escritor tunecino este tipo de argumentos, porque son muchos los que piensan que los países musulmanes son una pobre víctima de Occidente, cuando en realidad son más que nada víctima de sí mismo. A veces se podría pensar, incluso, si no será Estados Unidos víctima de Arabia Saudi y no a la inversa: ¿Quién maneja, o al menos ha manejado hasta hace poco, a quién?
Cambios en el mundo musulmán
Últimamente llegan buenas noticias de los países musulmanes: Siria se va a ir del Líbano, los palestinos han celebrado elecciones y se está avanzando hacia la creación de un estado palestino, en Irak se han celebrado elecciones con una alta participación dadas las circunstancias, Arabia Saudi va a celebrar elecciones municipales (así cayó la monarquía de Alfonso XIII) y está tomando medidas bastante claras en contra del terrorismo islámico y del fomento del radicalismo.
Gilles Kepel escribió La yihad antes del atentado del 11 de septiembre y parece que la conclusión de este libro monumental (700 páginas) es que el Islam estaba en declive, a pesar de que las apariencias parecían señalar lo contrario. El atentado del 11 de septiembre y la guerra de Irak parecían negar su tesis, pero quizá ahora las cosas están regresando al punto que estaban, lo que es un alivio.
Pero claro, en cualquier momento se puede venir todo abajo de nuevo: basta con que se produzca un atentado bestial en Estados Unidos o Inglaterra o que Estados Unidos decida invadir Irán o Siria.
Creo que el proceso de paz reanudado en Israel prueba lo que he venido diciendo durante mucho tiempo: que el primer interesado en que Palestina tenga un estado es Israel y que la Intifada desatada por Arafat fue un crimen contra el proceso de paz que no ha servido para nada, excepto para que murieran cientos de personas, niños, mujeres, hombres, civiles y soldados. Todo porque Sharon se paseó un día por Jerusalén.
En cuanto Mazen ha podido garantizar mínimamente su intención de acabar con los grupos terroristas palestinos, Israel ha iniciado con firmeza las negociaciones y el calendario de su retirada. Hace tiempo, leí una entrevista a un político israelí que decía que ellos no podían pedir al gobierno palestino que acabase con el terrorismo en un plazo determinado, pues sabían que eso no era nada fácil, pero que lo que sí exigían es que hubiese clara intención de hacerlo. El hecho de que por una vez Israel no haya respondido de manera violenta y criminal al terrible atentado sufrido hace unos días es una muestra de esa voluntad negociadora y de la presión diplomática de Estados Unidos.
Sé que hay quien prefiere que las cosas vayan mal en Oriente Próximo, que la democracia nunca funcione en Irak, que a Israel le pongan bombas, que no cambien las cosas en Líbano ni en Irán, que nada, en definitiva, favorezca a Estados Unidos o a Bush. Yo prefiero, sin embargo, que haya democracia y paz en Irak y que se extienda a cuantos países musulmanes pueda, especialmente a Irán (que es un país que amo), que Siria se vaya del Líbano, que Palestina tenga un estado y desaparezca de una vez Hezbolá y todos los grupos terroristas que usan a los palestinos como excusa. Prefiero que Bush pase a la historia como el presidente que consiguió cerrar el conflicto entre Israel y Palestina.
Eso no le hará menos culpable por la guerra de Irak.
El hecho de que si se establece la democracia en Irak ello podría significar un apoyo a Bush me trae sin cuidado, yo pienso en los iraquíes, no en Bush. Alguien dirá: pero eso justificará la guerra de Irak. No. Una cosa es que la democracia en Irak se explique en el futuro porque antes hubo una guerra, y otra cosa es que eso justifique la guerra. Todos sabemos que las conquistas y las guerras napoleónicas extendieron las ideas de la Revolución Francesa por toda Europa, entre ellas los derechos humanos, pero eso no hace menos culpable a Napoleón de todos sus asesinatos. También el imperialismo de Atenas extendió la democracia por muchos lugares, pero eso no justifica sus crímenes (que pueden verse en La guerra del Peloponeso de Tucídides).
Explicar no es justificar.
Por otra parte, si Irak se convierte en un estado chiita radical y fanático a la manera de Irán, la causa también será la guerra emprendida por Bush y en este caso, sí será un buen argumento contra la guerra, porque la relación causa-efecto puede ser incluso más directa que en la otra hipótesis. Pero prefiero la otra alternativa, francamente.
Del mismo modo, suceda lo que suceda, también se podría decir que todo es consecuencia del atentado del 11 de septiembre, lo que sería en gran parte cierto también, pero no justificaría tampoco el atentado.
Hay que pensar en lo que hay ahora en Irak y en las posibilidades, no en lo que ha sucedido. El norte del país, la zona kurda, está en una situación bastante buena, la formación de un gobierno chiita moderado (eso parece Sistani) puede ser un buen contagio para Irán, y el mayor problema es la integración de los sunitas y el abandono del país por parte de todos los grupos criminales y, en un futuro cercano, también de Estados Unidos (pero creo que si EE UU se va ahora se produciría una guerra civil).
No hay que fiarse de los curas
Cuando Jomeini se hizo con el poder en Irán, éramos muchos los que pensábamos que era un tipo estupendo y simpático, incluso atractivo: con su mirada profundísima, sus cejas espesas y su larga barba. Él mismo, desde su exilio en París, siempre hablaba de democracia, tolerancia y derechos humanos. Pero enseguida se vio que todo era una farsa criminal y cruel que ha durado ya montones de años en Irán y ha sido una verdadera desgracia para el mundo musulmán. También muchos hemos confiado hasta hace bien poco en Jatamí, el presidente de Irán, que es también cura, aunque de turbante blanco, pero parece que nuestras esperanzas no tenían razón de ser. Creíamos que no tomaba medidas más enérgicas por temor a un golpe de Estado de los curas de turbante negro dirigidos por Jamenei y el ejército, pero estamos empezando a pensar que ha dejado pasar el momento de las reformas (cuando el 70 u 80 % de los iraníes le votaron confiando en sus promesas de cambio) y que es un tapado de los ayatolás y el ejército (los únicos que quieren que el régimen se mantenga). Naturalmente, la política de Estados Unidos ha favorecido a los curas (da la impresión que EE UU prefiere que el régimen no cambie, pues es su mayor apoyo exterior, aunque parezca lo contrario)
Sistani, el máximo líder chiita de Irak, parece muy moderado y tolerante. Es también atractivo, de mirada profunda y barbudo. Espero que esta vez sea tolerante cuando mande. Pero no hay que fiarse de los curas cuando se dedican a la política.
O quizá sea la barba: esas espesas barbas y bigotes tras las que se esconden las caras. También abundaban en Europa y otros lugares en épocas de intolerancia. Barbudos eran Marx, Engels, Bakunin, Lenin, Castro, bigotudos Nietzsche, Bismarck, Stalin, Hitler... ¿tendrá algo que ver? Pero no, porque Mussolini, Franco y Mao se afeitaban todos los días.
El cuaderno amarillo de Pániker
9 de marzo de 2004
Hace ya mucho tiempo que Iván me recomienda leer los libros de Salvador Pániker, y especialmente el Cuaderno amarillo. De vez en cuando los he ojeado (¿hojeado?) y me han interesado mucho. Pero me decidí a leerlo después de un intercambio electrónico epistolar con E...
Ahora, pues, leo a Pániker, al que yo mismo recomendé antes de haberlo leído (pero sí hojeado).
Es un libro tan interesante que podría ponerme a comentarlo casi página a página. Una de las cosas buenas que tiene es que le hace sentirse a uno menos original o raro, porque son muchas, muchísimas, las coincidencias. Hace poco tuve este mismo placer de leer a alguien con el que coincido mucho con dos libros de Hayakawa (un discípulo del legendario Korzibsky), que ya comentaré aquí.
Es posible, claro, que uno piense que un autor es inteligente e interesante siempre que coincida con sus ideas. Como decía Swift:
"Una magnífica observación, digo, cuando leo un pasaje de un autor cuya opinión coincide con la mía. Cuando diferimos, entonces dictamino que es él quien está equivocado"
Algunas coincidencias con Pániker fáciles de sintetizar (porque otras son más difusas o inabarcables en una cita):
“Proverbio inglés a tener en cuenta: “Si consientes que un problema te deprima, lo habrás convertido en dos problemas”. Y yo añadiría: siendo el segundo problema –la depre- infinitamente más grave que el primero.”
Esto lo digo a menudo en todas partes, y siempre añado también la coletilla que añade Pániker. Lo curioso es que juraría que el origen, o uno de los orígenes de la idea es el budismo, pero Pániker es medio budista y no dice nada de ello. Tal vez también esté en algún estoico, en Epícteto o en Séneca.
Siente Pániker un gran aprecio hacia Jesucristo que yo comparto: escribí sobre el asunto en Cosas que he aprendido de.... Jesucristo y los cristianos.
Y esto que cuenta me pasó muy parecido hace unos años:
"Anteayer también había misa, y yo me coloqué, de pie, en la última fila. De pronto, hacia el final de la ceremonia, un hombre joven que estaba delante de mí se volvió tendiéndome la mano. Tiene que ver (creo) con el darse la paz, y me pareció un buen gesto: simbólico, eficaz, una reminiscencia de las catacumbas. Todavía quedan cristianos de buena fe. Yo mismo recé, no al dios cristiano sino al dios-lo-que-fuere. O lo-que-no-fuere. La vida volvía a parecerme absurda sin la referencia absoluta. El desamparo, la soledad, mis hijos enfermos, la desaparición final, todo se concentraba en un punto imaginario de perplejidad y petición. Petición de nada. El caso es que recé y me sentí un poco más equilibrado".
También entré en una Iglesia, me senté, escuché la misa, recé al dios cristiano, y al final varias señoras y señores me dieron la paz, estrechándome la mano suavemente y sonriendo. Yo también sonreí. Me pareció un rito encantador y emocionante.
Tal vez algo semejante a esto fue lo que hizo que Chesterton se convirtiera al catolicismo. Según cuenta, entró en una iglesia de Francia y escuchó un sermón absolutamente disparatado. Eso le hizo concluir que si algo tan absurdo había sobrevivido dos mil años, sólo podía ser la verdad.
Privacidad y publicidad
He tomado hoy de Pániker esto de poner siglas para refirme a personas que no sé si quieren que las mencione por su nombre, como E...
Es una costumbre que me recuerda a las novelas antiguas, como el Adolphe de Constant, o la Memorias de Casanova. Pániker pone una, dos o tres letras en mayúsculas. Yo recupero el sistema clásico de los puntos suspensivos.
Escribir en un lugar más o menos público como este plantea dudas, porque excepto algunos casos (Iván, Marcos, Ana, Bruno) en los que creo que puedo mencionar los nombres, no estoy muy seguro de si debo hacerlo o no. Mi amigo J... me dijo que le dio mucha vergüenza leer aquí su nombre. No es que no le gustase pero se sintió raro, así que ya no lo menciono. Aunque no voy a decir nada malo de nadie aquí, eso es muy subjetivo y alguien se puede sentir molesto por un comentario más o menos inocente. Un amigo se molestó por un comentario que hice acerca de algo que él opinaba y, aunque él no me lo pidió, eliminé el comentario del weblog.
La verdad es que yo soy mucho más discreto que Pániker, quien menciona a todo sus amigos por su nombre y usa iniciales para referirse a sus amantes o algunos casos comprometidos. Claro, en un diario uno puede contarlo todo, pero Pániker después los publica.
Una de las diferencias entre él y yo es que yo no soy capaz de describir con unos pocos trazos precisos a otra persona, como hace él a menudo. Aunque eso demuestra un gran poder de observación, creo que también implica una gran simplificación: reduce a una persona a unos rasgos más o menos accidentales, elegidos en un momento en particular y que dan la impresión de liquidarla (biográficamente) en un instante. Y claro, el mundo y las personas no son tan sencillas. La prueba es que a menudo nuestra opinión acerca de una persona, de un libro o de una película cambia con el tiempo.
Hace poco leí algo de Rohmer donde decía que no consigue entender las cosas negativas que dijo acerca de Monsier Verdoux, de Chaplin, que ahora le parece extraordinaria.
Pero, claro, es inevitable describir algo o a alguien de vez en cuando, definir esto o lo otro, avanzar una idea. Pero yo intento que siempre ese tipo de comentarios sean entendidos como algo concreto referido a algo también concreto, no como una definición general o una enmienda a la totalidad. Por eso, no me gusta calificar las películas nada más salir del cine porque da la impresión que ese juicio tan general anula cualquier otro matiz o cualquier otro comentario y hace que la película sea vista como un todo indivisible. Y a veces me gustan trozos de películas, me provocan emociones increíbles aunque desde un punto de vista cinematográfico la película no valga nada. Pero si decimos, y sobre todo al charlar con otra persona, "qué película tan mala", parece como si cerrásemos ya cualquier posibilidad de recorrer algunos rincones buenos de esa película.
Monsieur Verdoux
He leído unas cuantas cosas acerca de Monsieur Verdoux, de Chaplin escritas por Bazin, Truffaut, Rohmer o Renoir y también he visto la película, que no voy a calificar ahora porque me contradiría a mí mismo.
Está bien: me ha encantado.
Ya dije en una ocasión, en un comentario a Soñadores y las dicotomías a las que tan aficionado es Umberto Eco, que yo estoy más cerca de los orgásmicos que de los analistas. Por eso, prefiero decir: "Me ha encantado"o "Es delicioso" antes que: "El planteamiento inicial es muy sugerente, pero tiene un defecto de forma imperdonable".
Pero, como no creo en esas dicotomías, también me gusta analizar las cosas de vez en cuando. No hay contradicción, excepto si creas una situación en la que hay que elegir "o esto o lo otro". Se puede disfrutar sin analizar y disfrutar también del análisis. Hay un tiempo para todo.
Pero se trata casi siempre de una cuestión de medida: el análisis excesivo acaba siendo previsible, trivial y aburrido. No hay por qué tener una opinión y un juicio de valor para cada cosa que nos pasa por delante.
Monsieur Verdoux tuvo muchos problemas en el momento de su estreno (1947). Se desató una feroz campaña de prensa contra Chaplin, se le acusó de actividades antiamericanas y cinco años después se tuvo que exiliar de Estados Unidos. Lo que más molestó fue que el asesino Verdoux dice en el juicio que admite haber matado a algunas viudas ricas, pero que los países fabrican armas que sirven para matar a millones y nadie los juzga:
" Wars, conflict...it's all business. One murder makes a villain; millions, a hero. Numbers sanctify!
"Guerras, conflictos... todo es negocio. Un asesinato y eres un villano; millones y un héroe. Los números santifican!"
Zhuang Zi dice algo parecido en Desvalijadores de arcas: "Quien roba una hebilla sufre pena de muerte, quien roba un estado se convierte en un gran señor feudal".
Chaplin y los situacionistas
Una de las cosas más estúpidas que hicieron los letristas de Debord (luego internacional letrista, luego, situacionistas) fue un boicot a Chaplin en 1952, cuando llegó a París para presentar Candilejas.
Sabotearon a gritos su conferencia y distribuyeron un manifiesto llamado No más pies planos, en el que se decía: "Las luces de los focos han derretido el maquillaje del así llamado brillante mimo y dejado al descubierto el viejo rostro intransigente" o "Creemos que la expresión más apremiante de la libertad es la destrucción de ídolos, especialmente cuando se presentan hablando en nombre de la libertad de otro", que es precisamente lo que hacían ellos.
Este tipo de acciones en las que se convierte a una persona, Chaplin, en un objeto manipulable para el propio autobombo es una de las cosas que menos me gustan y no entiendo a quienes admiran esas acciones ególatras y triviales de Débord y sus acólitos, que supuestamente denuncian la sociedad del espectáculo y son quienes más lo practican.
Tras esa acción, los letristas se separaron y Debord fundó la Internacional Letrista y a partir de entonces se dedicó a expulsar a los miembros de sus diversas organizaciones, hasta que se quedó literalmente como único miembro y se autodisolvió. En 1994 se suicidó. Uno de los problemas de Debord era que el puesto de gurú de la época ya estaba copado por Sartre, así que ha tenido que esperar hasta hace unos años y a la caída de todas las teorías políticas rivales para que sus recetas filosóficas se pusieran de moda, aunque influyó en mayo del 68 y en el punk a través de McLaren.
¿Quizá parece que no me cae bien Debord? Cierto, pero también tiene cosas buenas y esto no es una descalificación global... ¡Qué difícil es no contradecirse!
Dice Swift:
"Si un hombre compilase tosas sus opiniones sobre el amor, la política, la religión, la enseñanza y demás asuntos, empezando por las de su juventud y siguiendo hasta la vejez, ¡vaya paquete de inconsistencias y contradicciones resultaría finalmente!."
5 de marzo de 2005
En la China de la época Tang (618-906) era costumbre escribir poemas en cualquier momento y por cualquier motivo. El dominio de la poesía era una de las exigencias más estrictas en los exámenes al funcionariado y había decenas de miles de funcionarios. En la Recolección de la Poesía Tang hecha en el siglo XVIII, se reunieron 48.900 poemas de 2.200 poetas, y se considera que eso era sólo un diez por ciento de lo que se escribió.
También en el Japón del año 1000, muy influido por la China Tang y Song, era habitual intercambiarse poemas, como puede verse en el delicioso Libro de la almohada, de Sei Shonagon, o en el Romance de Genji (1010), de Murasaki Shikibu, las obras casi iniciales de la literatura japonesa, ambas escritas por mujeres, pero también en el anterior (935) Diario de Tosa, escrito por un hombre que se hace pasar por mujer (ya explicaré por qué otro día)
Entre tantos poemas, no todos eran buenos (sea lo que sea un buen poema): la mayoría eran poemas de ocasión y sólo algunos eran excelentes. Creo que en Japón el sentido crítico era más agudo que en China, tal vez porque a menudo los japoneses se han tomado casi siempre mucho más en serio lo que en China era más ligero y divertido. El Ch'an chino, que era una mezcla de budismo dhyana indio, taoísmo y tal vez incluso algunas gotas de confucionismo, además del buen humor chino, se convirtió en Japón en el zen, muy interesante también, pero mucho más seco, austero, estricto y sufridor (además de una filosofía puesta al servicio del naciente militarismo japonés).
Sé que existen, pero yo no he encontrado en mis lecturas de textos chinos (tal vez demasiado escasas) observaciones acerca de sí aquí falta una sílaba o si se ha elegido mal la comparación entre el otoño y el ala de un cuervo, observaciones puntillosas que sí se leen en los textos japoneses.
Todo me gusta, pero no ocultaré que prefiero la manera china. Sí recuerdo ahora algunas críticas del chino Bai Juyi a Du Fu, en las que dice que a Du Fu le falta denuncia social en sus poemas (que tampoco es una observación puntillosa o lingüística, por cierto).
El otro día, cuando estaba en la estación sur de autobuses, se me pasó por la cabeza un poema y lo escribí tal cual. Me di cuenta enseguida de su imperfección formal, pero así son los poemas de ocasión, digo yo, no ejercicios de precisión, sino lo mínimo para que sean legibles. Y se me ocurrió poner en esta página una sección en la que cada cual podrá mandar sus poemas de ocasión. Pueden ser anónimos y, por supuesto, queda apartado cualquier juicio crítico negativo acerca de los poemas recibidos (si lo hay, borraré el comentario).
Este es el poema que me fue dictado cuando subía por las escaleras mecánicas rodeado de gente presurosa:
En la mañana cientos de personas
y las voces agudas de los móviles que
como pequeños animales
sacuden los bolsillos de sus amos
Y este es el enlace para los poemas de ocasión (que pueden ser haikus, tankas, verso libre, cuartetas, sonetos...)
<Poemas de ocasión>
A partir de mañana, este enlace estará también en la columna lateral. Por cierto, si quieres enviar un comentario a cualquier general, tienes un enlace en esa misma columna lateral, en la sección INTERACTIVIDAD.
Pedí a Marcos que me enviará el texto de Séneca a Lucilio del que hablé hace unos días y lo hizo. Puedes leerlo aquí:
...O en su página: Marcóticos
"Je suis l'autre", escribió Gerard de Nerval al verse en un daguerrotipo. Yo soy el otro.

También Borges escribió Borges y yo:
Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas.
Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para
mirar el arco de un zaguán y la puerta cancela; de Borges tengo noticias
por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario
biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía
del siglo XVII, las etimologías, el sabor del café y la prosa
de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso
que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar
que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir para que
Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me
cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero
esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya
no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición.
Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo
algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco
a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre
de falsear y magnificar.
Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la
piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en
Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en
sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra.
Hace años yo traté de librarme de él y pasé de
las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito,
pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas.
Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del
otro.
No sé cuál de los dos escribe esta página.
Cuando leo el Cuaderno amarillo de Pániker sospecho que tampoco es él quien aparece en sus páginas. A veces se adivina que Pániker no es siempre tan preciso y reflexivo como aparece en su libro. Se nota cuando su amante JX le dice:
__Eres como un viejo niño; nunca pensé que
fueras tan zalamero; te creía más despegado.
__¿Qué quiere decir más despegado?
__ Pues más amurallado en ti mismo"
O cuando le dice, también JX, en otra ocasión:
"Me encanta que seas también frívolo y que no te parezcas en nada a esos profesores eruditos que te dan el latazo"
Pero al leer su libro, uno no puede evitar hacerse una idea de Pániker como alguien que pone una distancia intelectual en su manera de experimentar la vida, una prevención un poco aséptica.
Seguramente es inevitable, porque una cosa es vivir y otra muy distinta contarlo. Elegir una palabra u otra para describir un acontecimiento complejo ya es una castración de lo vivido: se ilumina tanto una zona concreta, que algo que quizá sólo era una cosa más entre muchas otras (por ejemplo una emoción entre muchas) cobra un protagonismo desmesurado e injusto. Por eso, las mejores cosas de nuestra vida tal vez se pueden escribir, pero no describir (al menos sin con ello reducirlas a algo demasiado simple).
Yo y el otro
Yo tampoco soy el que aparece en esta página, aunque algunas personas puedan creerlo. Aquí estoy yo y está otro distinto de mí. También a mí, como a Borges, me parece que el que aparece en esta página comparte mis gustos y aficiones pero de un modo algo vanidoso. Es cierto que él es en muchas cosas más listo que yo, pues yo a menudo olvido incluso lo que opino de algo, o que un asunto ya había quedado resuelto y vuelvo a dudar. El propio Pániker lo dice de su Cuaderno:
"Releo lo escrito estos últimos días y decido una vez más que lo que voy anotando en este diario son mayormente tanteos, conjeturas, indicios de verdades que finalmente se me escapan"
Hay que tener en cuenta que todo lo que hay aquí son fragmentos, escritos en momentos en lo que me apetece escribir. Y me apetece escribir a menudo, todos los días escribo o en este cuaderno eléctrico y digital o en otros cuadernos, pero cuando escribo suelo plantearme a mí mismo novedades, de tal modo que escribir es meterme en asuntos medio desconocidos, descubrirme mientras escribo o investigar algo nuevo, añadir experiencias a mi vida y raramente contar las experiencias ya vividas.
Confieso que también soy muy torpe en lo biográfico, así que quizá he convertido mis defectos en virtudes y por eso lo rehuyo. Hace un tiempo lo intente con una especie de diario privado que se llamaba Cronos, en el que me propuse contar con toda sinceridad lo que me iba sucediendo, lo que opinaba de mis amigos, etcétera. Y la verdad es que ese diario, del que me autoedité 11 o 12 números, es interesante, pero gran parte de él impublicable. No sólo porque alguien se podría ofender al leer algo que digo sobre él, sino porque yo mismo me doy cuenta de que muchas de esas cosas que digo son demasiado romas, esquemáticas, y que ni siquiera las pienso; y, lo que es más asombroso, ni siquiera las pensaba entonces. Pero, en la urgencia de explicarse por escrito, uno tantea y a menudo se queda con lo primero que su mente de ese momento le ofrece. Deje de escribir Cronos porque me asustaba esa precisión de mí mismo y de mis opiniones.
Pero hay muchos momentos de mi vida en los que no escribo. Esos momentos y esas maneras de vivir no están aquí: falta eso de mí en esta página y en cualquier cosa que escriba. Naturalmente, puedo escribir acerca de esos momentos, pero al hacerlo ya los convierto en cosas literarias, ya es una explicación demasiado precisa de algo impreciso y espontáneo.
Hace tiempo me di cuenta que existe el peligro de convertir la vida en literatura. Tengo pendiente escribir un breve ensayo sobre el asunto, porque creo que es una tendencia que acecha a quienes escribimos, pero también a quienes no escriben pero leen mucho (o ven muchas películas). Fabricar la vida como una obra de arte. Alguien decía: hay que hacer de la vida una obra de arte (creo que era Mussolini). Yo no estoy de acuerdo. La vida es la vida y el arte es el arte, como decía Shakespeare en un momento de vida terrible, aunque a veces se parezcan.
Porque es cierto que la vida se parece a algo que hemos leído o a una película que hemos visto y es inevitable hacer comparaciones. Y a veces también el arte se parece de manera asombrosa a la vida, por eso no es extraño que Oscar Wilde dijera que la mayor tragedia de su vida era la muerte de Julien de Rubenstierre (protagonista de una novela). Arte y vida aprenden uno de otro. Pero a veces también no se parecen en nada, supongo.
Sea como sea, creo que no hay que convertir la vida en literatura. Creo que la hinchazón literaria (o cinéfila) acaba ahogando la vida y pienso, como Chesterton, que una rosa puede ser un símbolo viejo y manoseado pero que una rosa en la mano de un joven es una nueva rosa inesperada, como en el poema de Bárcenas:
EL LECTOR CIEGO
En la ciega estancia el lector ciego
Descifra una a una las figuras
Y en cada gesto da comienzo
De nuevo a la literatura
No tiene esta obra otros caracteres
Que aquellos que con agua se escriben
Pero en sus precisos límites habitan
La rosa, las perlas, el oro y las palomas
Se repite la eternidad en esta hora
Y se crea también por vez primera
La rosa es y ya no es la rosa
Copia y original a cada instante
Tal vez por eso, por el temor a convertir la vida en literatura, soy muy discreto, mucho más discreto que Pániker en cuestiones personales o biográficas, aunque también creo, por otro lado, que es él quien tiene razón al ser indiscreto. Porque en su libro están muchas cosas que de otra manera son fáciles de olvidar: uno teme manosearlas y acaba perdiéndolas.
Habla Pániker mucho de sexo, y yo apenas hablo, a pesar de que el sexo es una de las cosas más importantes de mi vida. Yo sin sexo es como si no fuera yo: mi manera de vivir esta ligada al sexo casi a cada instante y sin embargo el sexo está ausente de esta página. Claro que tampoco esta página es exactamente un retrato mío, sino un lugar donde escribo de lo que me apetece; pero, claro, no de todo lo que me apetece: sé que va a ser leído y me autocensuro.
Lo cierto es que tampoco escribo mucho de sexo y de erotismo en mis escritos privados, lo que es una pena, porque hay cosas de mí que ya no sé si siempre han sido as&i