Monadolog
"Incluso
es preciso que cada mónada sea diferente de cualquier otra.
Pues jamás hay en la naturaleza dos seres que sean completamente iguales
uno al otro y en los que no sea posible encontrar una diferencia".
G.W Leibniz, Monadología
Cuaderno digital
La monadología de Leibniz y Leafar_01
14 de enero de 2005
Sigo una propuesta que me envío Leafar_01 en
un comentario, que todavía iniciaba ayer (¡meses después!)
la página de comentarios, para dar un
nuevo nombre a este cuaderno digital.
Leibniz es un filósofo alemán que nació en
1646 y murió en 1716. Una de sus obras más famosas es la Monadología.

Una imagen rara de Leibniz, que
siempre suele aparecer con grandes pelucas
Leibniz escribió muchísimo, tanto que
todavía
sólo se ha editado
una pequeña parte de sus obras, pues tenía la costumbre de
guardar todo lo que escribía, incluso las pequeñas notas y
papelitos. Yo creo que es una costumbre excelente y que hay que resistirse
al impulso de romper o tirar las cosas que no nos gustan. Una de las cosas
de las que más me arrepiento es la de haber tirado los originales
de mis primeros cuentos y no haber hecho una copia de un cuento sobre los
mormones que entregué a
una editorial y que no se llego a publicar, por lo que lo perdí, según
parece, de manera definitiva. No era un gran cuento, pero me encantaría
tenerlo. Tampoco tengo completo uno de mis cuentos favoritos, El hombre
que no fue, pues perdí una página y he tenido que reinventarla
con una segunda versión
del cuento, que ahora me gusta menos que la primera. De ese cuento sé que
tiene una copia algún amigo de hace tiempo, así que todavía
hay esperanza.
En fin, que si guardas todo y te resistes a los accesos
destructores de modestia-presunción, después, cuando pasan
los años, esos escritos que has guardado son útiles por varias
razones.
Te sirven para comprobar que en un momento
de tu vida pensaste determinada cosa, a pesar de que
tu memoria te diga lo contrario. Eso puede ayudar a que te muestres
más modesto al ver tus errores y la facilidad con que uno puede cambiar
de opinión.
Creo que la razón fundamental que nos lleva a mentirnos
a nosotros mismos cuando aseguramos "siempre he pensado eso" es que nuestra
manera de pensar se va modificando mediante pequeñísimos cambios, casi imperceptibles.
Cambiamos de opiniones como cambiamos de células: un día nos despertamos
y ya no tenemos ninguna célula de las que teníamos hace siete años, y
tampoco quizá ninguna opinión coincidente. Quien no ha cambiado nunca de
opinión es sencillamente porque no ha pensado nunca.
Otra razón por la que conviene guardarlo todo
es casi contraria a la anterior: puedes buscar en lo que escribiste hace
años ideas
que mantenías y sigues manteniendo, para demostrar, por ejemplo, que
no has cambiado de opinión por razones egoístas e interesadas,
sino que ya opinabas eso antes. Por ejemplo, si te parece que el sentimiento
de rebeldía durante
la juventud es a menudo una reacción casi instintiva debida a que
no participas del juego y del reparto social todavía, puede parecer
que lo dices porque no eres joven, pero si encuentras un texto en el que
dijiste eso cuando tenías 16 años, entonces ya no se puede
considerar que sea una opinión que
varía en función de tus intereses o de tu edad. Yo tengo un
texto escrito hacia los 19 años (autobiográfico aunque escrito
en tercera persona) en el que decía: "Nunca
le habían gustado los jóvenes,
incluso cuando era uno de ellos". Así queda claro que ya opinaba
eso entonces. [Ya explicaré por qué no me gustaban los jóvenes,
que parece una opinión
en exceso dogmática, pero creo que no lo es].
Otra razón para guardarlo todo es que muchas de esas
cosas resultan entretenidas después. Leibniz dice en uno de los autorretratos
que escribió que le encantó leer algunas cosas que había escrito a los catorce
años.
Además, el escribir las cosas y guardarlas
te permite desarrollarlas y avanzar sobre ellas. Cuando
yo mismo me editaba ejemplares caseros de escritos míos, aprovechaba
para añadir
notas con mis opiniones actuales. A cada edición nuevas notas. Es
el placer de discutir uno consigo mismo.
Seguiré hablando de Leibniz en este cuaderno dedicado
a él.
Por qué a un joven no le gustaban los jóvenes
Decía en ese escrito de juventud: "Siempre
detestó a los jóvenes, incluso cuando era uno de ellos".
No he encontrado el texto, aunque espero que aparezca
pronto, pues estoy digitalizando mis libretas y hojas sueltas.
Pero he encontrado
una variante que escribí en 1996 en el ensayo Casanova, Segundo
acto, que escribí, con el seudónimo Paula Dems, como una
variante de la novela de Schnitzler Casanova, último acto y
que sólo leyó Marcos y me dijo que era "lo peor que había
escrito nunca", pero creo que lo dijo porque no le gustó la conclusión. Allí decía:
"Ya se sabe que hay que adaptarse a los usos sociales
y vivir cada edad según las normas de esa edad: primero hay que
ser y actuar como niños, después como adolescentes, más
tarde como jóvenes, en su momento como adultos y, por fin, como
viejos. En cada edad lo suyo. ¿No dicen los sabios de Grecia que
nada hay más ridículo que un anciano que se comporta como
un joven?"
En contra de esa opinión común (y de
los sabios de Grecia también) a mí no me gustaban ni me gustan
los "jóvenes" en
cuanto que representantes del arquetipo "joven",
ni los adultos, ni los viejos, ni las mujeres ni los hombres,
ni los jefes, ni los subordinados, ni los izquierdistas ni
los derechistas, ni los homosexuales, ni los heterosexuales,
ni los bisexuales siquiera. No me gusta que uno se adapte a un estereotipo.
Cuando iba a la Universidad podía bromear acerca
de un profesor, pero no en tanto que "estudiante enfrentado
a profesor", sino en tanto que me refería a ese profesor en particular desde
mi punto de vista también particular.
Cuando era estudiante, me expulsaron de varias clases
en el Instituto porque defendí a una profesora de inglés frente
a mis compañeros, los alumnos: ella lo interpretó
mal y pensó que mi defensa era irónica. Ahora como profesor,
tampoco participio ni comparto las bromas que hace el gremio profesoral
acerca de los alumnos.
También he podido, en esta adaptación
general al estereotipo, ver cómo a menudo gente a la que conocía
desde hacía tiempo se convertía casi de la noche a la mañana
en "señores" y "señoras": el día
anterior eran personas y ahora son señores. Asombroso.
Will Eisner
Hace unos días murió Will Eisner, a
consecuencia de complicaciones después de que le implantaran un cuadruple
bypass. Tenía 87 años.
Will Eisner es considerado por muchos como el autor
más importante e influyente de la historia del comic. Probablemente
con razón.
Durante años dibujó las historietas
de un héroe enmascarado llamado Spirit, en las que fue introduciendo
nuevas maneras narrativas y nuevas técnicas. Ahora se está editando
por primera vez en español en unos álbumes caros pero muy buenos.
Todavía no ha llegado a la época que yo considero mejor, en
la que sus deseos narrativos podían ser convertidos en realidad gracias
a un dominio del dibujo impresionante, pero está a punto, así que
espero que se edite hasta el final, porque varias veces se ha intentado sin
llegar más que a unas pocas aventuras.

Eisner dibujó impresionantes primeras
páginas para las historietas de Spirit, en las que el título de la colección
(Spirit) jugaba siempre un papel gracioso o interesante, como en este caso
absolutamente deslumbrante
Hace ya varias décadas, Eisner regresó al
mundo del comic. Al publicar Contrato con Dios inauguró un
nuevo género (aunque siempre se puede encontrar algún precedente)
al que él mismo dio nombre: la novela gráfica. Se
trata de comics que cuentan historias tan complejas o tan interesantes como
las de una obra literaria (como dice Bruno, lo interesante no siempre tiene
por qué ser complejo) y dirigidas a un público adulto (que
no quiere decir necesariamente mayor de edad).
Después, Eisner siguió publicando extraordinarias
novelas gráficas, como El edificio o Fagin el judío,
en la que cuenta la historia de Oliver Twist desde el punto de vista del
judío Fagin y que es una hermosa manera de entender lo que ha sido
el antijudaísmo, incluso en alguien como Dickens que no era realmente
antisemita: como cuenta el propio Eisner, Dickens se arrepintió del
estereotipo que había creado e intentó borrar toda alusión
a que Fagin era judío, más exactamente, cualquier identificación
entre la maldad de Fagin y el hecho de ser judío, pero no pudo. Por
ello, Oliver Twist también tuvo una lamentable influencia en la propagación
de los tópicos antijudíos, que todavía hoy padecemos
(y padecen, sobre todo, los judíos).
Will Eisner también dio clases y escribió varios
libros de teoría del comic muy buenos, como El comic y el arte
secuencial, que es una joya.
En las aventuras de Spirit hay, en mi opinión,
verdaderas obras maestras, no del comic, sino de la narración en general.
Muchas películas siguen argumentos que Eisner contó en tan
sólo siete páginas. Tal vez no inventó muchos de ellos,
pero los mostró de una manera muy difícil de superar.
He leído en una de las necrológicas
que Orson Welles pudo ser influido por Eisner cuando hizo Ciudadano
Kane. Es una idea que siempre me ha tentado y me alegra que alguien
lo diga (no me acuerdo quién era). Pero también se produjo
la influencia en sentido contrario: el propio Orson Welles protagonizó una
aventura de Spirit. No la he conseguido por ahora, pero sí la
primera página. Lástima que en ella no aparece la caricatura
de Orson Welles.

Leafar 01 inaugura los comentarios
Sólo Leafar_01 podía conseguir desplazar
al propio Leafar_01 del primer puesto en los comentarios de esta página.
Y lo ha hecho con unos interesantes comentarios acerca de la fotografía,
a raíz de ideas que comentó Marcos en marcóticos y
yo mismo en La vorágine de fin de año (que he añadido
ahora a La vorágine a
secas, el cuaderno anterior a este).
Puedes leer los comentarios de Leafar_01 pinchando
en la columna de la izquierda, donde pone "Comentarios"
El primer Craven del año
Pronto subiré el Craven que he dedicado a Will
Eisner. Pero antes, y como delicioso final a este primer día del 2005
y a este primer día del nuevo cuaderno digital Monadolog,
el primer Craven del 2005: me lo ha enviado Nuria y es también un
homenaje al cine, en concreto a Casablanca y a sus guionistas, los
hermanos Epstein. Puedes verlo aquí y pronto también en Craven
visto por...

La dinastía Tang y el hipervínculo
Lunes 17 de enero de 2005

Leibniz se había trazado la norma de "no despreciar
cosa alguna" y en todo lo que leía procuraba aprovechar el hallazgo
feliz antes que demorarse en censurar fallas.
(Ezequiel Martínez
de Olaso)
Mi primera página web no fue esta que lees,
sino una que hice en 1999 dedicada a la dinastía Tang. Nunca la subí a
la red, seguramente por qué no tenía ni idea de cómo
hacerlo, pero la hice porque me fascinaban las posibilidades del hiperenlace
Ortega y Gasset tenía en su despacho
varias mesas con decenas de libros abiertos en cada una de ellas. Cuando
escribía un ensayo, iba recorriendo con su libreta el despacho,
mirando los libros y copiando las citas o documentándose.
Internet te permite
hacer búsquedas rápidas que facilitan mucho el trabajo y te ahorran mucho
dinero en mesas. Puedes consultar centenares de libros. Por ejemplo, las
obras completas de Shakespeare en Rhymezone.
Si buscas algo que dijo Shakespeare acerca del vino
de Canarias solo tienes que poner "canary" y obtienes 5 resultados, como
éste:
SIR TOBY BELCH: O knight thou lackest a cup of canary: when did I
see thee so put down?
SIR ANDREW: Never in your life, I think; unless you see canary put me down. Methinks sometimes I have no more wit
than a Christian or an ordinary man has: but I am a
great eater of beef and I believe that does harm to my wit.
Y además la indicación de a qué obra y verso pertenecen.
Junto a esta facilidad de búsqueda impresionante,
que en pocos años incluirá todos los libros editados que no estén sujetos
a derechos de autor, es decir casi toda la literatura mundial hasta hace
70 años, internet y el mundo digital ofrecen ese hipervínculo al que me refería:
puedes ampliar la información con vínculos que te llevan a otro documento
y regresar fácilmente a dónde estabas.
Es cierto que al construirse el estandar
de navegación de la red mundial no se hizo muy bien y que precursores como Ted Nelson todavía se lamentan porque no se ha aprovechado realmente lo
que el mundo digital y el hipervínculo ofrecen y que es distinto al mundo
de papel, pero,
de nuevo, las posibilidades son inmensa.
También lo es el que uno pueda corregir,
modificar o cambiar de lugar decenas de páginas en un momento. Yo empecé
tres o cuatro novelas usando diversas máquinas de escribir, pero no terminé
ninguna. Creo que la causa fue que para corregir una novela usando una
máquina de escribir, tienes que teclearla entera otra vez. A la segunda
corrección se acaba muy cansado.
Hay quien dice que se ha perdido profundidad debido
a esta facilidad de corrección y de documentación. Hace poco
leí un artículo
que criticaba a los googleeruditos que llenan sus escritos de argumentos
copiados y pegados en una búsqueda rápida en Google, pero que
no leen realmente nada a fondo. La crítica tiene en parte razón
y es verdad que en la red hay montones de páginas y foros llenas de
datos, citas y argumentos que sus autores (los que los han copiado) ni siquiera
entienden, porque ignoran el contexto.
Es cierto, pero yo creo que sucede eso en Internet
y sucedía con los libros. Es algo que no depende de los medios sino de la
mente de quien los usa. Unos lo harán mejor, otros peor, unos nos gustarán
más, otros menos. Lo de siempre, quizá multiplicado, pero nada más. Todos
cometemos errores y deformamos, tergiversamos y citamos mal lo que opinan
otros. Se debe intentar evitar hacerlo, pero no se puede evitar de manera
cien por cien garantizada, porque entonces uno no escribiría nada nunca.
Hay erudición deliciosa, como la de Susan Sontag, y hay erudición insoportable.
Lo que sí se debe y se puede evitar, creo, son los
insultos, las actitudes soberbias y despectivas, que, !ay¡, son tan frecuentes
en la red como en el mundo literario del papel.
Otra de las ventajas de Internet es que puedes corregir
y señalar los errores que cometen otros (en tu opinión) y los
que tu mismo cometes. Creo que en poco tiempo se empezarán a producir
bastantes descubrimientos en muchos terrenos de la crítica y de la
historia gracias a la facilidad de encontrar cualquier palabra que se quiera
buscar en un libro. Por ejemplo, en el terreno de la crítica literaria,
de la datación y de la autentificación
de obras. Y creo que habrá algunas sorpresas interesantes.
Por cierto, en
esta tarea de escanear todo lo que se ha escrito, que Google también
ha iniciado junto a la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos (la mayor
del mundo) y otras, creo que se debería hacer una ley que obligara
a los monasterios a permitir que se escanearan todos sus documentos y que
se examinaran con rayos láser, para descubrir textos antiguos (los monjes
reciclaban, por ejemplo, una obra de teatro de Eurípides para escribir
una receta de cordero a las cerezas).
También se deberían hacer públicos todos los fondos
del Vaticano, que deben esconder verdaderas maravillas.
Además se deberían poner en al red todos los textos
sumerios, asirios, etcétera, escritos en arcilla o papiros y que se guardan
en los sótanos de los museos. Porque Internet, precisamente, permitiría que
se tradujeran todas esas tablillas desde los domicilios particulares de gente
interesada en mucho menos tiempo del que se emplea ahora. De este modo, los
textos estarían al alcance de cualquiera y la obra original no sería dañada.
En fin, todo esto era a propósito de que he
subido la página web que hice en 1999 dedicada a la dinastía
Tang. Y la he subido tal cual, simplemente dividiéndola en mis dos
columnas habituales. Lo único
que he cambiado es la biografía de Bai Juyi, mi poeta Tang favorito,
que he ampliado un poco (pero que ampliaré más).
La página era, ya lo dije, de uso personal,
y esta llena de errores y cosas a medias, pero a medida que vaya corrigiendo
cosas o poniendo nuevas entradas, las iré anunciando aquí,
como hago con el Cuaderno Austrohúngaro, por ejemplo.
La dinastía Tang
Leibniz, los antiguos y los modernos
18 de enero de 2005
En La Vorágine inicié
una Brevísima
historia de la decadencia de la lengua filosófica francesa,
con un texto de Braudillard.
Voy a añadir un segundo capítulo, pero antes, vale la pena leer un fragmento
de una de las autobiografías de Leibniz en el que se lamenta
de la manera de escribir de sus contemporáneos. Por cierto, Leibniz escribió
muchas de sus obras en francés, que era entonces la lengua cultural de
Europa junto al latín.
Me parece una coincidencia interesante
que Leibniz y yo comenzáramos a leer autores antiguos antes que modernos.
Eso quizá ayuda a uno a darse cuenta de que una cosa es un texto difícil
en el que vale la pena pasar tiempo para entenderlo porque tiene sentido
y otra cosa muy distinta es un texto ilegible porque se ha escrito para que
sea ininteligible.

"Y quiso la casualidad que se encontrara primero
con los antiguos. En un comienzo le fue imposible comprenderlos, pero
gradualmente pudo hacerlo hasta que por último consiguió dominarlos
plenamente. Y como todo el que camina bajo los rayos del sol adquiere
poco a poco un tinte bronceado, aunque haga incluso otra cosa, así había
llegado él
a adquirir un cierto barniz no ya sólo en la expresión
sino también en los pensamientos. Por eso al frecuentar los escritores
más modernos se le hacía insoportable su estilo enfático
e hinchado, característico de quienes no tienen nada que decir,
y que entonces predominaba en las escuelas, como también
le resultaban insoportables los centones heteróclitos de los simples
repetidores de ideas ajenas. Ante esa falta de gracia, nervio, vigor
y utilidad para la vida de esos escritos, cabía pensar que sus
autores escribían
para un mundo diferente (al que llamaban República de las Letras
o Parnaso).
En efecto, tenía plena conciencia de que
tanto los pensamientos vigorosos, vastos y elevados de los antiguos, que
parecían
cernirse sobre la realidad, como asimismo la vida humana en su total
desarrollo que se veía reflejada en una especie de cuadro
complejo, acertaban a infundir sentimientos muy distintos en los espíritus.
Pensaba sin embargo que todo ello era el resultado de un modo de expresión,
claro, fluido y a la vez conforme con la realidad. Y le concedió tanta
importancia a esa unidad diferenciada de claridad y conformidad que
a partir de entonces se impuso dos axiomas: buscar siempre la claridad
en las palabras y en los demás signos del espíritu,
y buscar en las cosas la utilidad. Después aprendió que
el primer aspecto constituía
ón."
Breve historia de la decadencia de la lengua filosófica
francesa. Capítulo 2. Félix Guattari
Félix Guattari solía escribir con Deleuze, pero este
texto increíble le pertenece sólo a él:
"Aquí se observa perfectamente que no
existe ninguna correspondencia bi-unívoca entre los eslabones lineales
significativos o de arqueo-escritura según los autores y esta catálisis
maquinal multidimensional, multirreferencial. La simetría de escala,
la transversalidad, el carácter
pático no discursivo de su expansión: todas estas dimensiones
nos llevan más allá de la lógica del tercio excluso
y nos invitan a renunciar al binarismo ontológico que ya hemos denunciado
anteriormente".
Se me dirá que es un fragmento sacado de contexto,
pero ¿es posible imaginar un contexto razonable para un discurso como éste?
Y lo curioso es que a lo mejor yo estoy de acuerdo
con lo que sostiene Félix Guattari: parece rechazar las fáciles dicotomías
entre posturas enfrentadas, que es lo que yo hago en La
página noALT (pero
allí sólo me permito una rareza léxica, lo de pensamiento alternante).
No se trata de que no se puedan usar palabras raras,
nuevas o precisas, que a veces son imprescindibles en un argumento complejo:
se trata del abuso desmesurado y pomposo. Aparte de otras consecuencias peores
de este tipo de lenguaje, de las que hablaré pronto.
Baff, cine asiático en Barcelona
18 de enero de 2004
En abril del años pasado estuve en el Festival de
Cine Asiático de Barcelona (Baff) y vi unas cuantas películas
deliciosas. Hice una página dedicada al Baff donde pensaba hablar de todo
lo que vi, pero después sólo comenté tres películas. Espero, antes de
que se celebre la próxima edición, subir algo más. Por el momento, he actualizado
el enlace en el lateral. También puedes visitar la página desde aquí:
Baff
PASTECCA ATACA DE NUEVO
18 de enero de 2004
Siempre que voy a un restaurante y el mantel es de
papel me pongo a hacer dibujitos. Es una costumbre que he aprendido de mi
padre Iván.
Una noche en qué cenábamos Bruno y yo con Iván en
el restaurante pakistaní Shalimar de Barcelona, Pastecca
(Iván) improvisó en unos segundos sobre el mantel uno de sus personajes.
Se lo pedí como regalo de año nuevo:
Por cierto, no estaría nada mal que el robot de Pastecca
se encontrara con Cravenalguna vez. Puedes ver más dibujos de Pastecca
en:
Pastecca
Somos lo que comemos
20 de enero de 2005
"Has de saber que tus
perfecciones futuras guardarán relación con los cuidados que prodigues
aquí para alcanzarlas"
Leibniz, Un
sueño
Leibniz se refiere al otro mundo cristiano, pero
la idea se podría aplicar perfectamente a la reencarnación budista.
Pero
yo prefiero aplicarlo a esta vida terrenal. Aristóteles decía que somos
lo que hacemos: se podría también decir que seremos lo que hacemos.
Nosotros
nos fabricamos día a día, así que, si queremos gustarnos en el futuro,
deberíamos ir proporcionándonos cosas interesantes ahora.
También se podría
aplicar el dicho "Somos lo que comemos" no a la comida material, sino también
a la intelectual y espiritual: dependiendo de los estímulos que nos proporcionemos
obtendremos unos u otros resultados.
Creo que somos, o al menos deberíamos
ser, no sujetos pasivos en un laboratorio conductista, a la espera de
que lancen estímulos sobre nosotros, sino sujetos activos cognitivos, que
buscamos los estímulos y a menudo incluso los creamos.
Glamour To Kill
Ayer fui a buscar un buen estímulo en la Sala Arena:
el concierto de Glamour
To Kill.
Glamour To Kill es un grupo formado por Luis
Miguélez, Juan Tormento y Antonio Glamour. Viven en Berlín y al parecer tienen
mucho éxito en Alemania. Ya me había gustado el disco de Miguélez
y MacNamara hace dos o tres años y me alegra que haya cada vez más
grupos, discos y conciertos como ellos.
Según creo, GTK despierta muchas polémicas, del tipo
de "eso está ya más visto...", "son unas petardas", "una copia mala de..."
y todas esas cosas que se dicen en estos casos.

La portada de su disco de remixes de Clone
Fashion,
su canción más conocida
A mí me encantó el concierto, poderoso, intenso y
sexual, y me gustaron ellos. Los teloneros también estuvieron
muy bien, aunque no he averiguado cómo se llaman.
El cadáver lorem ipsum
20 de enero de 2005
Lorem
ipsum es un texto de relleno (dummy text) que se utiliza para
rellenar páginas de prueba para ediciones, por ejemplo para revisar
el aspecto del tipo de letra elegido para un libro. Se podría
rellenar con palabras repetidas sin más, pero eso no suele parecerse
a un texto de verdad.
Así que
se utiliza este texto que empieza por las palabras "lorem ipsum" y
que tiene palabras cortas, largas, signos de puntuación, etcétera.
No distrae al que revisa el diseño de la edición de la
página
(ya sea en la red o impresa) y le permite fijarse en la tipografía
sin distraerse por lo que cuenta el texto.
El
texto lorem ipsum lo utilizan muchos programas de informática,
especialmente de la marca de Aldus o Adobe, pero también en los
de Corel y en los de Lotus (si no recuerdo mal). Así que es un
texto muy popular, hasta el punto de que ha dado nombre a los textos
de relleno: un "lorem
ipsum".
Es
frecuente que la primera vez que uno se encuentra con un "lorem
ipsum" intente
leerlo, porque parece a primera vista latín. Pero enseguida se
da cuenta de que no significa nada, pues la
palabra lorem con que empieza ni siquiera sale en los diccionarios
de latín.
Entonces, ¿quién
invento el lorem ipsum?.
La
historia es muy curiosa y sorprendente y contradice algunas de las cosas
que acabo de decir en los párrafos anteriores.
Al
parecer se usa ya desde el 1500 y fue uno de los textos de relleno que
se utilizaron en las primeras ediciones impresas en Europa tras el descubrimiento
de Gutemberg. Después, en los años sesenta, se popularizó muchísimo
porque lo usaban en las plantillas de Letraset, esas letras que se pegaban
en el papel frotándolas con el bolígrafo o lapiz.

Algunas
hojas de Letraset
Finalmente, lorem
ipsum llegó a los ordenadores en forma
de texto de relleno para programas de edición como Aldus Pagemaker,
que durante un tiempo fue el principal programa de edición digital.
Incluso hay programas generadores de lorem ipsum: tú pides cinco
líneas o cinco párrafos y el programa te las suministra
al instante.
Un generador de lorem ipsum
Aquí no funciona, pero puedes verlo en acción
en:
loremipsum
Otro generador de lorem ipsum más
completo
Como
se ve, el lorem ipsum ha sobrevido hasta nuestros días
en la Galaxia Gutemberg (todavía se usa en las imprentas), ha pasado
quizá de puntillas por la Galaxia Marconi y ha resucitado en la
Galaxia Internet o Digital o Computacional.
Pero
sigue en pie la pregunta: ¿quien inventó el texto?
Según
parece, un tal Robert MacClintock leyó atentamente el texto y
se dio cuenta de que, aunque incluía extrañas palabras,
sí era
un texto latino. Rastreó entonces el texto en la literatura latina,
tarea inmensa que se facilitó porque una de las palabras empleadas
en el lorem ipsum es latina pero poco usual: consectetur. De
este modo encontró la fuente original del lorem ipsum: varios
pasajes de De Finibus, Bonorum et Malorum. Liber Primus, de
Marco Tullio Cicerón, (106-45 BC): De los fines, buenos y
malos, libro primero.
Resulta
entonces que sí es un texto latino. Y además es un texto
clásico. Ni más ni menos que de Cicerón. Escrito
en el 45 antes de Cristo, una época muy agitada, que también
dio a la posteridad el calendario juliano (de Julio César), que
es el origen del que tenemos ahora.
Los
diversos pasajes del lorem ipsum se corresponden, pues, con algunas modificaciones,
con varios pasajes del libro de Cicerón. Lo que más despistó a
quienes pensaron que no era latín es, como dije, la palabra lorem,
tan rara, pero resulta que se trata de una palabra cortada: quien eligió el
texto lo cortó de cuajo. Lorem es dolorem (dolor).
La
primera frase del lorem ipsum en el texto original de Cicerón
diría
algo así como: "No hay nadie que ame el dolor por si
mismo, que lo busque y lo persiga sólo en cuanto que dolor".
El
texto más o menos completo del lorem ipsum y los fragmentos
de Cicerón
de los que procede se puede encontrar en:
El lorem ipsum
Sin embargo,
aunque el texto original pertenece a Cicerón, quienes lo usan
a menudo lo modifican, ya sea por razones técnicas, por ejemplo
porque necesitan algunas palabras menos para ajustar una página,
ya sea por simple capricho o ganas de jugar.
Modificar
el lorem
ipsum es una de las bromas habituales de los editores, que cambian
una que otra palabra, escriben vocablos inventados o se envían
mensajes ocultos en medio de páginas y páginas de lorem
ipsum. A veces se trata de mensajes ofensivos o de contenido sexual,
por lo que los editores tienen que tener cuidado con el lorem ipsum que
utilizan, no sea que le manden unas pruebas de impresión a un
convento y en el lorem ipsum haya blasfemias o párrafos del
marqués
de Sade escondidos.
Algunos
ejemplos de textos de lorem ipsum modificados se
pueden ver en:
Ejemplo 1
Ejemplo 2
Para
terminar por ahora con la historia del lorem ipsum,
hay que advertir que la teoría de MacClintock no es del todo fiable,
pues según dice Cecil Adams, el descubridor del origen del
lorem ipsum no pudo mostrarle ningún texto o manuscrito con lorem ipsum anterior
a los textos de Letraset (1961), a pesar de que asegura haber visto
dichos textos.
Así que tal vez la utilización
del lorem ipsum no
se remonte a los orígenes de la imprenta.
Cecil
Adams cuenta esto en:
Cecil Adams
Lo anterior pertenece a mi página Un
cadáver exquisito,
pero como estaba en un enlace en un rincón tal vez no lo hayas leído.
Si quieres saber qué es un cadáver exquisito, o leer los
que he puesto allí
o participar en el cadáver lorem
ipsum, visita:
Un cadáver exquisito

Y puedes enviar una sugerencia para un próximo cadáver
exquisito. Sólo tienes que pulsar en comentarios (mira en la columna de
la izquierda) y proponer un inicio (en el tema del comentario
pon la palabra cadáver).
Pronto pondré ese cadáver en una página con comentarios
automáticos.
Un ángel en una libreta
viernes 21 de enero de 2005
Al escanear una libreta de 1997 encontré este
dibujo apresurado de una mujer voladora, tal vez un ángel.

Una trágica escena shakesperiana
martes 25 de enero de 2005
No es una tragedia shakesperiana porque la haya escrito
Shakespeare, sino porque le ocurrió al propio Shakespeare. Lo he leído en Coherencia
de la paradoja, de Bernardo Ezequiel Koremblit.
"El poeta se había uncido al yugo matrimonial
con una mujer mucho mayor que él (Ana Shakespeare), y las lenguas
serpentígeras
y la murmuración viperina del condado de Stratford aseguraban que
lo había hecho por su fortuna...
Shakespeare tenía el consuelo de pensar que su mujer, según
se maledecía con públicos susurros, había tenido doce
pretendientes antes que él, y él resultaba así el
trece de la mala suerte, pero, aún así, esta compensación
no lavaba su pecado de haberse casado sin amor.
Shakespeare conoció después
a Nan Davenant, cálida, sensual, enamorada, rugiente como el océano
cuando hacía el amor y lúcida como la centella cuando conversaba,
bella e inteligente (propietaria de una hostería en Oxford y madre
del poeta Davenant) que también acariciaba el clavicordio y el laúd
con la misma minuciosidad y laboriosidad con que acariciaba a Shakespeare.
Cuando el poeta y esta mujer ardiente y ardida se hallaban refugiados en
una casa de Grendon, a cuya puerta hacía centinela Richard Cowley,
actor de la compañía de Shakespeare que interpretaba los
bufones, apareció la esposa del poeta.
Ana Shakespeare enfrentó a
los amantes y se acercó a Dan Davenant: "No crea usted, señora,
que he venido para quitarle a Will; el mismo día de mi matrimonio
comprendí que nunca sería realmente mío, que necesitaba
esferas más elevadas..." Después de otras declaraciones,
dijo Ana Shakespeare: "Devuélvanos a Will por dos días
solamente. ¡Todo va tan mal allí, en casa!... Sin él
estamos perdidos".
Shakespeare, alarmado, preguntó por su padre
enfermo y por otros detalles que le inquietaron. La escena, silenciosa
y trágica, se prolongó con el silencio de la esposa, el mutismo
del poeta y la mudez de la amante, hasta que Ana, amarga y filosamente,
cortó la
atmósfera intensa como San Jorge la cabeza del dragón: "Puesto
que no queda otro remedio, te daré yo la estocada. ¡Ayúdame,
no sé cómo decirlo!... ¡Oh, Will! La mano de Dios te
devuelve a casa, no por mí ni por tu padre, y ni siquiera por tu
madre, tan vieja y quebrantada... Will: hace cinco días, enterramos
a nuestro muchachito".
(Esta escena ha sido relatada por Longworth
Chambrun, quien recibió la versión del diálogo por
Cowley, el actor que cuidaba la puerta del refugio de los amantes, y el
hijo de Ana y William Shakespeare, llamado Hemnet, murió el 11 de
agosto de 1596).
El poeta se desplomó sobre la mesa y Nan
Davenant se inclinó agachándose
hasta el piso: humildemente y en silencio anudó un lazo del zapato
de Ana, y al levantarse murmuró mecánicamente las palabras
que precedieron a su salida de la habitación: "Todo ha concluido,
Will. Quiera Dios guiar tus pasos hacia tu hogar y conducirme al mío.
He comprendido la lección. Vuelvo a mi casa no para reunirme con mi
marido ni con los amantes que la maledicencia me atribuye, sino para velar
y cuidar a mi hijo. Hombres y mujeres tenemos dos papeles que desempeñar
en la comedia humana: Dios nos ofrece uno de ellos, el diablo nos tienta
con el otro, y la gracia o el azar determinan la elección. Ana, hermana
mía: al venir aquí decidiste mi destino. Separémonos...
Me voy a ver a mi hijo; tú, a la tumba del tuyo... y Will llevará la
carga que el genio ha posado sobre sus hombros".
Cuando Nan Davenat
salió, Shakespeare, apoyándose como un ciego en los brazos
del bufón Rick Cowley deletreó estas palabras: "Tú,
a quien el azar ha hecho testigo de esta escena, olvídala para siempre;
no debes recordar la debilidad de tu pobre amo... Recuerda solamente aquello
que nosotros, los actores, olvidamos con facilidad: ¡cuan distinta
es la vida real de los artificios de la escena!".
Realismo pictofotográfico en el Museo de los
Mundos Paralelos
26 de enero de 2005
Al revisar la última versión que hice del Museo de
los Mundos Paralelos, me he dado cuenta de que es absolutamente ilegible.
No hay quien entienda los textos.
Resulta que los escribí intentando parodiar
la manera en la que escriben los críticos de arte, los galeristas y muchos
artistas, pero la parodia acabó siendo tan infumable como el original.
Nadie tuvo la amabilidad de decírmelo, quizá porque
se sentían intimidados por un texto tan poco amable, así que me he tenido
que dar cuenta yo mismo, que suelo reservar mis más duras críticas precisamente
para mí mismo.
En fin, que he reiniciado el Museo y que creo que
ahora está mucho mejor (aunque quizá me dé cuenta qué esta vez tampoco dentro
de unos meses).
Ahora, aunque sigo imitando, pero con más
suavidad, el estilo discursivo de los artistas plásticos y sus expertos,
creo se entienden las cosas crípticas de la versión anterior
y se desarrollan algunas sugerencias que quizá resultaban imposibles
de percibir antes. Si te gusta, agradeceré
tus comentarios. Si no te gusta, también, porque me ahorrarás
tener que tratarme mal a mí mismo y porque el Museo, al fin y al cabo
es algo más o menos
público.
Por ahora sólo hay un cuadro actualizado: La
novia en el fotógrafo, de Dagnan-Bouveret.
El Parque de las Estatuas
jueves 27 de enero de 2005
En mi Cuaderno
austrohúngaro hablé del Parque de las
Estatuas de Budapest. Ahora he subido una página a este parque, en al que
iré poniendo las fotografías de todas las estatuas.
Parque de las Estatuas
¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, BRUNO!!
Guadalupe Posadas, Daniel Tubau, Cuervo y Craven le
dicen a Bruno...
¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS!!!

EL CRITERIO Y LOS PREJUICIOS
domingo 30 de enero de 2005
Hace unos días un
amigo me preguntaba si es que yo no tenía criterio. Le extrañaba
que me gustaran cosas tan dispares como las que a veces elogio en esta página.
En especial la música, ¿cómo me podía
gustar al mismo tiempo Barbara, Bebe, Brel, Bach, Biolay, Fangoria, Javier
Solis, Mina, Gino Paoli, Casbah 73, Elvis, Nick Drake, Os Mutantes, los
Stones y los Beatles, Prince,
¡algunas canciones country!, el flamenco, el glam, las sayas peruanas,
David Bowie, los fados portugueses, Lou Reed, Velvet Underground, algunas
cumbias, el punk, Chris Montez, Kraftwerk, Soft Cell, algo de AC-DC, Frank
Sinatra, Charly García
y Sui Generis, el rock, el pop, la psicodelia, algo de hip hop y de rap,
la música disco,
el funk, los boleros, las rancheras, el blues y la música india, etcétera,
etcétera.
Y lo mismo sucede con la literatura, la pintura, la
arquitectura o lo que sea. Me puede gustar un ilustrado y un romántico, un
clasicista y un clásico, un arcaico y un moderno, y encuentro buenas razones
en discursos e ideas de grupos, filosofías e ideologías que se consideran
antagónicas. Me conmueven poemas chinos, españoles, persas, franceses, estadounidenses
o griegos, y lo mismo me da que pertenezcan a una corriente o a otra: poesía
de la experiencia, poesía metafísica, simbolista, conceptual...
Mi respuesta es que no. No tengo criterio. Intento
no tenerlo.
Tener criterio es casi siempre sinónimo de
tener prejuicios, es decir ideas previas que tergiversan e impiden experimentar
con naturalidad las cosas. Creo, como Oscar Wilde, que el arte exige una
entrega por parte del espectador, una rendición plena, al menos transitoria,
a la obra contemplada, a la experiencia concreta.
En mis sueños de perfección (que duran poco, porque
detesto la perfección) me gusta imaginarme como el hombre sin prejuicios.
Naturalmente, sé que es imposible. Todo nuestro modo
de percibir el mundo depende de lo que hemos aprendido y lo que sabemos.
Yo tengo cientos de prejuicios de persona del siglo XX y XXI que no tenía
un babilonio del año mil antes de nuestra era y que no tendrá un habitante
del siglo XXV.
Además, sólo podemos entender lo desconocido a partir
de lo conocido. Lo nuevo a partir de lo antiguo. Todo nuestro conocimiento
es en cierto modo metafórico y comparativo.
Eso es cierto,
pero hay dos maneras de utilizar el conocimiento: una es construyendo una
casa en la que encerrar nuestra manera de pensar. Un casa que tenga, en
el mejor de los casos, una ventana a través de la que mirar el mundo
que hay fuera.
La otra
manera se podría comparar con la construcción de puentes: un puente que
nos permite caminar sobre el abismo que nos separa de eso que vislumbramos
allá a lo lejos. O, como decía Stevenson en un hermosísimo poema, también
se puede comparar con la construcción de faros. Faros que nos permiten
acercarnos a la costa oscura sin que se nos rompa el barco.
Quienes miran desde la ventana adaptan lo que ven
a ese estrecho marco y lo perciben todo desde esa seguridad de sus ideas
ya hechas, deforman la obra que ven, ajustándola a su esquemas. Es
como el mito griego del bandido Procusto, que obligaba a los viajeros a
tenderse en una cama: si sobraba cama, les estiraba el cuerpo hasta descoyuntarlos;
si la cama era más pequeña que ellos, les cortaba la parte
sobrante. Así
actúan muchas personas cuando opinan o cuando ven algo nuevo: lo adaptan
a su lecho de Procustro (así se llama en filosofía
a esta deformación
de los hechos).
A menudo se
juzgan las cosas antes siquiera de conocerlas, como hacen quienes
opinan categóricamente de libros o películas que ni han leído
ni han visto. Y lo mismo sucede con sus ideas políticas, personales
o emocionales. Sus opiniones son siempre previsibles porque ya las tienen
claras antes de plantearse la cuestión concreta sobre la que opinar.
Hace poco hablaba con Iván, mi padre, acerca
de esas personas que viajan siempre con su pack completo de ideas: siempre
dicen lo mismo y siempre sabemos qué es lo que van a decir acerca
de cualquier cosa. Tienen un juego completo de ideas que lanzan en cualquier
situación, no se advierte nunca ninguna modificación en sus
criterios: siguen diciendo lo mismo acerca de cualquier cosa pase lo que
pase (tan sólo a veces aplican un ligero maquillaje a la exposición
de ideas ya demasiado insostenibles).
Watzlawick advierte también de esa actitud
que ante una determinada situación se interroga antes que nada. "¿Qué debo
sentir?" o "¿Dónde me debo situar?" en vez
de "¿Qué debo pensar?". Y, efectivamente, en vez
de pensar, se sitúan
allá donde se sitúan los suyos, y van , como decía
Séneca, "no
a donde hay que ir, sino a donde se va".
Pero uno debe estar dispuesto, creo yo, a replantearse
sus ideas casi a cada momento, y sobre todo debe darse cuenta de cuáles
son sus prejuicios más repetidos, porque suelen ser los más
inadvertidos. Situaciones o acontecimientos que parecen casi idénticos,
no lo son si se observan con cuidado y, por ello, casi nunca valen las respuestas
automáticas y aprendidas.
Uno debe ser imprevisible para sí mismo y para los demás, no
por un ansia de extravagancia u originalidad (que también fatiga),
sino por el simple hecho de que cuando uno se plantea realmente las cosas
a menudo encuentra respuestas inesperadas.
¿De ello se debe deducir que me gusta todo,
puesto que no tengo criterio?. No, por supuesto, aunque
creo que sí me gustan muchas más cosas de lo que suele ser
habitual, porque no descarto casi nada de antemano, ni me avergüenzo
de que me gusten cosas que "no me deberían gustar". Y también
a veces no me gustan cosas que cualquiera diría que me tendrían
que gustar, "conociéndome".
En definitiva, el pensamiento
propio se demuestra no por el catálogo de nuestras aversiones y preferencias,
sino por la manera en la que las tomamos o las dejamos. Es una manera de
ser, no una colección de ideas o gustos. Por eso es tan agradable
encontrar a personas que realmente opinan y piensan por sí mismos, incluso
aunque no estemos de acuerdo con ellas.
EL HOMBRE QUE NO FUE
Al escribir la entrada anterior, una rara asociación
de ideas me ha llevado a un cuento que escribí hace muchos años: El
hombre que no fue. Como lo escribí en el siglo XX, lo he puesto en la
página de Baalberit el archivero.
El hombre que no fue
Pero aquí añado una nota de 1997, porque trata un tema
muy interesante:
Sobre El hombre que no fue [1997]
Este cuento ha sido uno de los
más importantes para mí. Tan
importante como Monthy o Estación Término, por ejemplo. Emocionalmente
importante. No sabría explicar muy bien por qué, pero sí puedo
responder a una pregunta que me he hecho a mí mismo al advertir que
me es muy difícil decir cuál es el cuento más importante
de todos los que he escrito (no estoy hablando de calidad literaria).
Porque
sucede que hay muchos cuentos que son el cuento más importante. ¿Y
cómo es eso posible, si la categoría 'cuento más importante'
sólo puede incluir un elemento?
Este asunto me preocupó y tarde
en dar con la solución, que vino a mí como una iluminación:
de pronto supe que tenía la respuesta, aunque también supe
que no sería fácil convertirla en un discurso coherente (cada
vez pienso menos eso de que sin lenguaje no es posible pensar).
La respuesta es que todos esos cuentos que se pueden incluir en la categoría
más importante lo son para distintas personas. Es decir: vuelvo a
mi viejo tópico (y no sólo mío) de que yo soy y no soy
todos esos hombres, jóvenes y niños que he sido. De este modo
es fácil entender que El hombre que no fue ha sido el cuento
más
importante para uno de esos yoes que me han precedido, y que Estación
Término o El instante Inevitable lo ha sido para otro,
y Dama
de corazones y seis de pic para otro. De este modo, que no tiene nada
que ver con la mística
y sí con la física y la biología más rigurosa,
se entiende la coexistencia en un sólo ente (eso sí, cambiante),
y en veces sucesivas, del grado mayor de intensidad emocional que he llamado
cuento más importante. De este modo también se puede entender
que es posible haber amado más que a ninguna a varias mujeres y haber
sentido que el momento más importante de la vida ha tenido lugar muchas
veces.
Después, claro está, el yo actual pone sus propias emociones
en el juego e intenta decir cuál es el cuento más importante
de todos los que lo han sido alguna vez, pero lo único que podrá hacer
este yo actual es elegir su propio cuento más importante, no decidir
cuál lo ha sido con más intensidad, veracidad, razón
y sentido.
Lamentablemente, no conservo el original escrito a mano de El
hombre que no fue y, además, en la primera versión mecanografiada
que conservo, falta la última página. Eso me ha obligado a
reescribir un nuevo final, utilizando una segunda versión, más
extensa que escribí años después. Creo que, más
o menos he recuperado la intención y muchas de las palabras del final
original. Si algún día encuentro esa página
o el manuscrito original, modificaré el cuento en una próxima
edición.
En cuanto a esa segunda versión, no sabría decir si es mejor
o peor que la primera: yo prefiero (también por razones sentimentales),
la primera.
En El hombre que no fue son descritas muchas personas que conocí a
manera de arquetipos, pero no voy a decir cuáles. Tampoco daré una
explicación del cuento (que parece innecesaria) ni trataré el
asunto de otros elementos autobiográficos (tal vez lo haga en otra
edición).
Enoch Soames (con el que en un momento dado se compara a Elson) es el personaje
de un cuento de Max Beerbohm, que leí en la excelente y tremendamente
estimulante Antología de la Literatura Fantástica,
de Borges/Ocampo/Bioy Casares. Ese cuento, titulado Enoch Soames,
me gustó muchísimo
y también lo menciono en Jerome Perceval, el
crítico voraz.
Otra posible influencia, más lejana e indirecta, puede ser El
hombre de la multitud, de Poe.
Eso de que el lector puede añadir lo que quiera a la lista (entiéndase
de un modo retórico) lo propuso alguien (también de un modo
retórico, no como sucede ahora en Internet, donde el concepto de creación
y autoría puede realmente a menudo llegar a diluirse), tal vez Walt
Whitman (...).
CHARLOTTE PERKINS GILMAN Y DELLAS
2 de febrero de 2005
Charlotte Perkins Gilman nació el 3 de julio de 1860
en Hartford, Conneticut.
Es considerada una escritora feminista, aunque ella
misma rechazaba con muy buenas razones esa etiqueta. Pero también hay buenas
razones para aplicársela, del mismo modo que podemos llamar a Mark Twain
un escritor abolicionista, puesto que estaba en contra de la esclavitud.
Perkins Gilman también estaba en contra de la esclavitud o servidumbre de
la mujer y es lógico que aparezca en la lista de quienes a finales del siglo
XIX y principios del XX lucharon por los derechos de las mujeres. Del mismo
modo que consideramos que también Bertrand
Russell y John Stuart Mill eran feministas (o que lo soy yo mismo). Cualquier
persona razonable debería haberlo sido, pero la verdad es que muchas personas
inteligentes y razonables no sólo no se unieron a una de las mayores revoluciones
sociales que nunca han tenido lugar, sino que combatieron en su contra. Esa
es seguramente una buena muestra de cómo los prejuicios pueden afectarnos
sin que siquiera seamos conscientes de que se trata de prejuicios.

Charlotte Perkins Gilman
Tiene cierto parecido
con
mi madre Vicky
(y conmigo)
Perkins Gilman escribió una novela utópica llamada Dellas (Herland). Recuerdo que hace muchos años mi madre
se propuso escribir una novela o un guión acerca de una sociedad en la que
sólo existían mujeres. Los hombres se habían extinguido por alguna razón
y las mujeres se reproducían por partenogénesis, es decir, sin participación
del varón.
Hoy en día eso ya no es una teoría utópica, sino que
es perfectamente posible que a partir de un óvulo pueda nacer un ser humano,
sin necesidad de semen. No estoy seguro de que se haya conseguido hacer lo
mismo sólo con semen, creo que no.
Las mujeres de Dellas o Herland , como en
la utopía de mi madre, se reproducen por partenogénesis. No hay hombres allí
desde que fueron exterminados 2000 años antes (no por las mujeres, sino a
causa de una guerra). Es una sociedad aislada y protegida del mundo, que
recuerda un poco el Erewhom de Samuel Buttler.
Las mujeres tiene
sólo hijas por alguna extraña razón genética. Han prescindido de casi todos
los animales domésticos, como los perros, puesto que atacan a las niñas,
pero tienen a los gatos (hay gatos hembras y machos), a los que han educado
para que no cacen a los pájaros. Además, practican un cierto control de
la población debido a la escasez de alimento y han desarrollado una agricultura
intensiva y repoblado los bosques con sólo árboles frutales.
Son vegetarianas,
practican la incineración, no creen en divinidades castigadoras patriarcales
sino en una difusa Diosa madre, e insisten más en la educación que en
la genética, una educación flexible y tolerante, fundada sobre todo en juegos
y diversiones y no en el esfuerzo o el castigo.
Las mujeres de Dellas tienen una cierta organización
pero no parece demasiado rígida: hay unas guardianas, robustas
y que han pasado ya de los cuarenta, están las niñas que son, no literalmente,
pero si psicológicamente, hijas de todas las habitantes de Dellas ("cada
niña tiene dos millones de madres") y están las jóvenes. Estudian toda la
vida y no una sola cosa, sino todo tipo de cuestiones, evitando la especialización.
Son todos estos aspectos con los que yo coincido casi
por completo, así que es una buena sociedad utópica, incluso para alguien
como yo que soy contrario a las utopías. Además, Dellas es
una de las pocas utopías que no se mantiene con el recurso a la fuerza o
la violencia, característica casi obligada en todas las sociedades utópicas,
no sólo las del mundo real, sino incluso las de la ficción, como la Utopía de
Tomas Moro o la República de Platón.
Un aspecto curioso de Dellas es que allí
no existe el sexo, la atracción y el acto sexual. Perkins Gilman lo dice
explícitamente y también deja claro que las habitantes de Dellas no son lesbianas.
Tampoco existen sentimientos como los celos y
es curioso que en un momento de la obra se dice que a las mujeres de Dellas no
les interesan las historias del mundo exterior (que les cuentan tres hombres
que llegan allí) en las que los celos son el argumento principal. A mí
me sucedió lo mismo cuando vi hace poco Closer: no entendía
el absurdo comportamiento de los personajes, lo que me hacía difícil identificarme
o preocuparme por sus problemas. Es algo semejante a lo que pasa al leer
las obras de Calderón que tienen que ver con el concepto del honor, que
hoy a todo el mundo le parece tan absolutamente ridículo como a mí me parecen
también las historias que se basan únicamente en la idea de los celos y
las infidelidades como si fuera algo tremendo o algo que tuviera que ver
con el amor.
En Dellas hay amor, pero no hay sexo y tampoco
celos. Perkins Gilman sugiere que el sentimiento de los celos tiene mucha
relación con el sexo, pero ninguna con el amor, lo que es hasta cierto punto
razonable. Pero quizá tampoco tengan que ver los celos con el sexo, sino
con el sentido de posesión o cosas peores, que es uno de los rasgos quizá
más propiamente masculinos, pero que también comparten muchas mujeres. Otro
día hablaré de la interesantísima y lúcida distinción que hace
Perkins Gilman de lo femenino, lo masculino y lo humano.
Para mí, la ausencia de sexo es casi el único rasgo
negativo de Dellas, pero tal vez sea ese un prejuicio del que yo
no he sabido librarme y que no siento por el momento ninguna necesidad
de abandonar, pues en el sexo sólo veo placer y maravilla.
En el estupendo prólogo a Dellas escrito
por Elizabeth Rusell, se añaden algunos defectos más a la obra, como cierto
racismo, común en la época. Es cierto, pero se muestra muy atenuado en comparación
con otras opiniones vergonzosas de autores de la misma época (en general
las feministas también eran antiesclavistas). En cuanto a opiniones cercanas
a las teorías eugenésicas o de lucha por la vida en el sentido de Spencer
o de Galton, yo no lo he visto tan claro: aunque es
cierto que se habla de "supermadres" (a semejanza de los superhombres nietzchianos),
también hay una pasaje en el que se dice de manera explícita que es más importante
sin duda la educación que la genética.
En cualquier caso, se trata de una novela de ciencia
ficción o utópica, no de un ensayo propiamente dicho, que plantea una situación
insólita, por lo que tampoco se puede atribuir a la autora todas las opiniones
o situaciones en las que se encuentran sus personajes.
Estoy ahora leyendo también un ensayo de Perkins Gilman
llamado A manmade world, our androcentric culture (Un
mundo hecho a la medida del hombre, nuestra androcéntrica cultura),
que me está gustando mucho y en el que Perkins Gilman argumenta de manera
muy poderosa en contra de la discriminación sexual y del sexismo.
La propia Charlotte Perkins Gilman fue víctima de
esa discriminación, pues al sufrir depresiones tras el nacimiento de su hija
Katherine, visitó a un médico que le recomendó no leer nada, no escribir
nunca y permanecer el resto de su vida fundamentalmente al cuidado de la
casa y de su hija. El remedio fue peor que la enfermedad y Perkins Gilman
acabó hundiéndose en una depresión tremenda que reflejó en su novela El
papel pintado amarillo: que era lo único que veía allí encerrada en
casa.
Pero después se divorció de su marido
y se casó con
George Houghton Gilman, quien estaba a favor según parece de la igualdad
de la mujer y que ayudó siempre a su esposa, convertida desde entonces
en escritora y polemista. Editaba una revista mensual de 32 páginas
llamada The Forerunner en la que ella era la autora de todos los contenidos:
artículos, novelas por entregas, información y supongo que
también ilustraciones,
pues también era dibujante y profesora de dibujo.
En 1932 le diagnosticaron un cáncer incurable y poco
tiempo después se suicidó:
"Ninguna aflicción, dolor, desventura o «pena
del corazón» puede
excusar el poner fin a la propia vida cuando todavía nos queda alguna
capacidad de servicio. Pero desaparecida ya toda posibilidad de ser útiles,
y ante la certeza de una muerte inevitable e inminente, el más elemental
de los derechos humanos es escoger una muerte rápida y fácil
en vez de una lenta y horrible agonía... yo he optado por el cloroformo
frente al cáncer."
Pronto contaré algunas cosas del ensayo de Perkins
Gilman A man made world.
Arthur Schnitzler
3 de febrero de 2005
Hay años en
los que uno descubre a un escritor y lo devora. Recuerdo con mucha claridad
cuando descubrí a Poe en la adolescencia, y cuando descubrí a Henry James
al leer Los papeles de Aspern (aunque ya conocía Otra
vuelta de tuerca); también recuerdo el año de Lem, y el de Primo Levi
y el de Sófocles, Esquilo y Eurípides. El año pasado y este serán sin duda
los del descubrimiento de Musil.
En 1997 descubrí a Arthur Schnitzler. Creo
que primero leí La Ronda, Anatol y los ensayos y
aforismos en Madrid y luego, en Buenos Aires, La señorita
Elsa, Hacia la nada y Casanova último acto.
Pero tal
vez sucedió al revés y descubrí a Schnitzler durante
el medio año que pasé
en Buenos Aires, porque mis recuerdos más intensos están
asociados a La
señorita Elsa, que encontré en una librería de
viejo de Buenos Aires y que leí en algún lugar del barrio
de San Telmo. Por un feliz azar, poco después empezaron a traducirse
al castellano todas las obras de Schnitzler, y más todavía
cuando se estrenó la última película de Stanley Kubrick,
basada en un relato de Schnitzler.
A mí me parece que las novelas y relatos de
Schnitzler son extraordinarios y siempre creí que fue un autor muy
respetado en su época,
pero que cayó en un largo olvido con la ascensión de los nazis
en Alemania y la anexión de Austria (Schnitzler era austriaco y judío).
Por eso me ha sorprendido, al leer un estupendo ensayo de Reich Ranicki,
descubrir que aunque Schnitzler tuvo un momento de gloria, en el que Thomas
Mann llegó
a considerarle el escritor más importante de la lengua alemana (o
de Austria, no recuerdo) junto a Gerhart Hauptman, después fue conociendo
un declive constante y pasó a ser considerado una especie de reliquia
del pasado que hablaba de cosas que ya no le interesaban a nadie. ¿Y
cómo es posible
que Schnitzler pasará entonces de moda y hoy sea uno de los escritores
en lengua alemana de su época menos pasado de moda?
Reich Ranicki da algunas buenas razones para
explicar esta paradoja, que tienen que ver con lo que sucedió en
Europa a partir de la primera guerra mundial. El mundo, y Europa en particular,
se llenó de demagogos, de revolucionarios y de violentos que querían
establecer sociedades utópicas en la tierra, que querían purgar
a la sociedad de judíos,
burgueses o comunistas y donde no había ya espacio para el pensamiento
independiente. Había que unirse a los grupos para derribar y construir.
Hoy todo eso es
lo que nos parece caduco, todo ese nacionalismo, todo ese racismo, esa
búsqueda de la supervivencia y el dominio de los más fuertes, de líderes
carismáticos a los que las masas siguen como ovejas al matadero (que es
a dónde fueron).
Dice Reich Ranicki que Schnitzler estaba en contra
del didactismo en literatura, al contrario que Bretch, y que decía: "Creo
que mi oficio es crear personas, y lo único que debo demostrar es la multiplicidad
del mundo". Es obvio que con ideas como estas no se pueden fabricar proclamas
fáciles ni lemas incendiarios como los que fabricaba Bertolt Bretch, quien
en una ocasión se puso a gritar durante la representación de una obra de
Schnitzler contra esa "morralla caduca".
En fin, que en una época como aquella, en la que tu
mejor amigo te podía denunciar en aras de la causa,
en la que los tibios eran considerados traidores por unos y por otros y en
los que todas las soluciones pasaban por el uso de la violencia, Schnitzler
no tenía sitio. En 1927 escribió:
"Una cierta parte de la población está siempre
dispuesta, en determinadas condiciones, a dejarse dominar por pasiones
tales como al bestialidad, la rapiña y la sevicia y no hay que excluir
en absoluto del panorama de posibilidades el que a pesar del relativo carácter
apacible de los austriacos, estos no se dejen inducir, llegado el caso,
a actos de brutalidad y crueldad".
Diez años después, Austria era anexionada por la Alemania
nazi entre el entusiasmo de la mayoría de su población.
Reich Ranicki cuenta cosas muy interesantes acerca
de Schnitzler, como que se sentía muy inseguro de todo lo hacía y que se
consideraba un escritor mediocre. El mismo admitía: "Mi esencia en todo:
el diletantismo", que es más o menos lo que yo considero de mí mismo, pero
la diferencia es que Schnitzler sufría mucho por eso y yo no sufro nada
(pero quién sabe, tal vez tenga una crisis en el futuro).
Le era imposible
centrarse en un proyecto y solía estar ocupado en varias cosas a la vez:
"Soy capaz de mirar al fondo, pero no de bajar a él". Creo que Schnitzler
es una buena muestra de que la opinión de un escritor sobre sí mismo no
es nada de fiar, porque a mí y a muchos más nos parece que Schnitzler es
un escritor que a menudo ha bajado hasta el fondo, como en La
señorita Elsa o El Teniente Gustl, y que siempre
es profundo, a pesar de que, como dice Reich Ranicki, todo lo que dice se
entienda. No es nunca un escritor oscuro y es siempre un escritor delicioso. La señorita Elsa es un breve relato deslumbrante en un obsesivo
e ininterrumpido monólogo interior, que fue elogiado por Freud porque reflejaba
de la manera más clara el flujo de conciencia (Freud consideraba a Schnitzler
su doble). Y es cierto, porque realmente parece uno meterse en la
mente de otra persona, de Elsa, con todas sus contradicciones, los pensamientos
triviales que se mezclan y asaltan la conciencia en medio de la peor de las
angustias, la atención que capta detalles insignificantes, el flujo casi
paralelo de ideas mezcladas que acceden a la conciencia.
Se dice que otra
manera de entender cómo funciona la mente humana es imaginarla como algo
parecido al comienzo de La pasión según San Mateo,
de Bach, y es cierto, pero en la obra de Schnitzler (también en El
teniente Gustl)
hay más verosimilitud, porque la conciencia bachiana, la suma de voces
que se superponen en una respiración constante y creciente tiene un orden
del que nuestra conciencia generalmente carece. A mí La
Pasión según San Mateo me recuerda más a los momentos de entusiasmo emocional e intelectual,
a un entusiasmo que se mantiene y crece sin parar y en el que todo parece
apoyarse en lo anterior.
Bertolt Brecht
No voy a decir que la obra de Bretch se haya convertido
en morralla, como el decía de la Schnitzler, porque creo que no es así y
porque muchas cosas suyas me siguen entusiasmando, a pesar de
su didactismo y a pesar del mal ejemplo que dio en su propia vida.
Se atribuye a Bretch aquello tan famoso:
Primero
vinieron a por los judíos
y como nosotros no éramos judíos, no hicimos nada.
Después vinieron a por los comunistas
pero como tampoco éramos comunistas, no hicimos nada.
Luego vinieron por los socialistas
y más tarde a por los gitanos,
pero como tampoco éramos socialistas ni gitanos,
tampoco hicimos nada.
Al final vinieron a por nosotros
y ya fue demasiado tarde para hacer algo”
Digo que se le atribuye, porque acabo de descubrir
al buscar el poema en la red, que el autor es un pastor suizo Martin Niemoller.
Pero, en cualquier caso, Brecht opinaba de manera
semejante a Niemoller y combatió el fascismo y la represión y defendió a
los explotados y perseguidos. Pero tras la Segunda Guerra Mundial aceptó el
puesto de director en el Berliner Ensemble y se convirtió en escritor al
servicio del régimen
comunista policíaco de Alemania Oriental. Cuando en 1953 los
obreros desencadenaron protestas contra el régimen impuesto por los soviéticos
en las que murieron cientos de manifestantes y policías, Brecht acusó a
los obreros de agentes del capitalismo y apoyó las detenciones de millares
de personas y las ejecuciones de más de cien civiles.
Bretch colaboró con este régimen, él
que dijo o popularizó lo que decía Niemoller: "Primero
vinieron a por los judíos,
pero como yo no era judío..." Sin embargo, parece que en privado
decía
verdaderas salvajadas contra el régimen policial que defendía
en público, un tipo de inmoralidad intelectual semejante al que hace
poco denunció Susan Sontag refiriéndose a Gabriel García Márquez y Fidel
Castro.
Una curiosidad acerca de la RDA
Alemania Oriental tenía probablemente
el mayor archivo de datos sobre sospechosos que jamás ha existido,
pues se conservan 600.000 fichas, que cualquiera puede consultar en la biblioteca
dirigida por Joachim Gauch. Los informantes eran cientos de miles, hay quien
dice que toda la población fue espía alguna vez: quienes leen sus fichas
descubren que la Stasi (la policía
secreta) conocía
incluso la marca de su ropa íntima y que el informante era su propio
marido y por eso quienes visitan el Museo de Gauch rompen matrimonios y amistades
de toda la vida.
PERKINS GILMAN Y LO HUMANO
[1]
6 de febrero de 2004
Hace unos días hablé de Charlotte Perkins
Gilman y de su novela utópica Dellas (Herland).
Dije entonces que aunque es lógico considerarla una escritora feminista,
sin embargo ella tenía buenas razones para no aceptar esa etiqueta. Esas
buenas razones no las da en Dellas, sino en su ensayo A manmade world, our
androcentric culture (Un mundo hecho a la medida del hombre, nuestra cultura
androcéntrica).
El ensayo empieza de manera deslumbrante
hablando acerca de las ovejas. No se considera razonable que nos comportemos
como ovejas, es decir que sigamos fielmente a nuestros líderes. Como decía
Séneca: "El hombre sabio ha de ir a donde hay que ir no a dónde se va, como
hacen las ovejas".
Pero Perkins Gilman explica que las
ovejas no piensan por sí mismas porque:
"This instinct, we are told, has been developed by
ages of wild crowded racing on narrow ledges, along precipices, chasms, around
sudden spurs and corners, only the leader seeing when, where and how to jump.
If those behind jumped exactly as he did, they lived. If they stopped toexercise
independent judgment, they were pushed off and perished; they and their judgment
with them".
"Este instinto, se nos dice, fue desarrollado
a lo largo de años de vida en laderas escarpadas, barrancos, estrechos
balcones sobre precipicios, con inesperadas esquinas y obstáculos,
de tal modo que sólo
el líder [la oveja que iba delante] sabía dónde y
cómo pisar. Si las que
iban detrás hacían exactamente lo mismo, sobrevivían.
Si se paraban a ejercitar su pensamiento independiente, caían y
perecían, ellas y su pensamiento
con ellas"
Después habla Perkins Gilman de otros animales,
como los carneros, las cabras, los búfalos y los antílopes
y de los vocablos que se emplean en inglés para describirlos: cuando
tienen cuernos es un sustantivo masculino. En castellano creo que no se da
una correspondencia tan exacta, o tal vez sí. Pero lo más interesante
no es eso, sino que esos cuernos suelen ir unidos a unos instintos beligerantes,
agresivos y violentos. No es que se trate de una relación de causa
efecto ni de un chiste fácil acerca de los cuernos, sino que da la
impresión
de que la agresividad se da más en los machos, mientras que en las
hembras se observa casi siempre lo que se llama instinto maternal.
Hasta aquí Perkins Gilman parece dirigirse
hacia las ideas sexistas basadas en al biología tan de moda hoy en día,
o anticiparse a ellas, pues ella escribió
su ensayo a principios del siglo XX.
Sin embargo, enseguida dice: "En nuestra especie todo
esto cambia". Se insiste tanto, dice, en las diferencias entre los hombres
y las mujeres, que se piensa poco en qué consiste ser "humano".
¿Hay algo que caracterice a los hombres y a
las mujeres en tanto que humanos, del mismo modo que se puede decir que existe
algo que caracteriza a las ovejas en tanto que ovejas y no en tanto que ovejas
machos y hembras?
No sé si se entiende bien la pregunta. Como
hemos visto, las ovejas no piensan por sí mismas (ya sean machos o
hembras) a excepción
de la que va delante. Esa es una característica "ovejil".
Sin embargo, en los tigres no observamos ese comportamiento, sino más
bien el contrario: cada tigre suele ir solo y raramente o nunca forma grupos,
como hacen, por ejemplo, los leones. Esa es una característica "tigril".
Pero tanto las ovejas hembras como las tigras (¿o
tigresas?) tienen instintos maternales. Esa parece ser una característica
de los individuos femeninos, sea cual sea la especie a la que pertenecen.
Entre los seres humanos, parecen darse también
esas características de agresividad masculina e instinto maternal
femenino (obviamente por instinto "maternal" me refiero al cuidado
de los hijos), pero, aparte de esa coincidencia (que luego se discutirá): ¿los
humanos nos parecemos más
a los/las ovejas o a las/los tigres?.
Esa es una pregunta que me interesa mucho y he dado
ya algunos ejemplos de ese interés en está página y en estos cuadernos digitales.
Desde el punto de vista teológico, una fuerte
objeción
contra la opinión que sostiene que la crueldad humana es necesaria
porque así tenemos libre albedrío es que quizá podríamos
tenerlo también sin necesidad
de parecernos tanto a los tigres.
Tal vez no hay por qué parecerse
a las ovejas, pero ¿no podía Dios haber elegido un modelo intermedio
entre las ovejas y los tigres? Por ejemplo, los elefantes, que comen hierba
y, según
tengo entendido no son especialmente agresivos, pueden colaborar entre ellos
y con otras especies y parecen tener una inteligencia bastante notable. O
mejor todavía, podía habernos creado a semejanza de los extraordinarios
delfines.
Como dice William Blake en su poema Tiger que
tantas veces he citado:
¿Qué martillo, qué cadena?
¿En qué horno se forjó tu cerebro?
¿En qué yunque? ¿Qué osadas garras
ciñeron su terror mortal?
Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas,
Y bañaron los cielos con sus lágrimas,
¿Sonrió al contemplar su obra?
¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo?
[El poema completo en El
tigre de Blake]