c El criterio y los prejuicios___El hombre que no fue ¡FELIZ CUMPLEAÑOS, BRUNO! La página del Museo de las Estatuas Realismo Pictofotográfico en el Museo de los Mundos Paralelos Una tragedia shakesperiana Un ángel desnudo Somos lo que comemos___Glamour To Kill___Un cadáver exquisito Leibniz y la filosofía ilegible__Breve historia de la decadencia de la lengua filosófica francesa:Guattari__Pastecca ataca de nuevo La dinastía TANG Monadolog, Leafar y Leafar__Will Eisner__POr qué a un joven no le gsutaban los jóvenes__Comentarios de Leafar_01__El Craven de Nuria

c Punto__Comentarios sobre los comentarios Una familia de artistas Una familia de artistas Maniqueismo razonable__Comentarios__Wang Wei__El método de Poincaré__La Biblia atea__Million Dollar Baby Bondad e inteligencia Perkins Gilman y lo humano 2__Nietzsche y Aristóteles y el feminismo__Cuando los dioses hacían de hombres__Tratado de Ateología__Platón y Nietzsche La Constitución Europea     Aristóteles en Toledo Charlotte Perkins Gilman y lo humano Arthur Schnitzler__Bertolt Brecht__-Una curiosidad de la RDA Charlotte Perkins Gilman y Dellas (Herland)

Monadolog

 

"Incluso es preciso que cada mónada sea diferente de cualquier otra. Pues jamás hay en la naturaleza dos seres que sean completamente iguales uno al otro y en los que no sea posible encontrar una diferencia".

G.W Leibniz, Monadología

Cuaderno digital

 

La monadología de Leibniz y Leafar_01

14 de enero de 2005

Sigo una propuesta que me envío Leafar_01 en un comentario, que todavía iniciaba ayer (¡meses después!) la página de comentarios, para dar un nuevo nombre a este cuaderno digital.

Leibniz es un filósofo alemán que nació en 1646 y murió en 1716. Una de sus obras más famosas es la Monadología.

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Una imagen rara de Leibniz, que siempre suele aparecer con grandes pelucas

Leibniz escribió muchísimo, tanto que todavía sólo se ha editado una pequeña parte de sus obras, pues tenía la costumbre de guardar todo lo que escribía, incluso las pequeñas notas y papelitos. Yo creo que es una costumbre excelente y que hay que resistirse al impulso de romper o tirar las cosas que no nos gustan. Una de las cosas de las que más me arrepiento es la de haber tirado los originales de mis primeros cuentos y no haber hecho una copia de un cuento sobre los mormones que entregué a una editorial y que no se llego a publicar, por lo que lo perdí, según parece, de manera definitiva. No era un gran cuento, pero me encantaría tenerlo. Tampoco tengo completo uno de mis cuentos favoritos, El hombre que no fue, pues perdí una página y he tenido que reinventarla con una segunda versión del cuento, que ahora me gusta menos que la primera. De ese cuento sé que tiene una copia algún amigo de hace tiempo, así que todavía hay esperanza.

En fin, que si guardas todo y te resistes a los accesos destructores de modestia-presunción, después, cuando pasan los años, esos escritos que has guardado son útiles por varias razones.

Te sirven para comprobar que en un momento de tu vida pensaste determinada cosa, a pesar de que tu memoria te diga lo contrario. Eso puede ayudar a que te muestres más modesto al ver tus errores y la facilidad con que uno puede cambiar de opinión.

Creo que la razón fundamental que nos lleva a mentirnos a nosotros mismos cuando aseguramos "siempre he pensado eso" es que nuestra manera de pensar se va modificando mediante pequeñísimos cambios, casi imperceptibles. Cambiamos de opiniones como cambiamos de células: un día nos despertamos y ya no tenemos ninguna célula de las que teníamos hace siete años, y tampoco quizá ninguna opinión coincidente. Quien no ha cambiado nunca de opinión es sencillamente porque no ha pensado nunca.

Otra razón por la que conviene guardarlo todo es casi contraria a la anterior: puedes buscar en lo que escribiste hace años ideas que mantenías y sigues manteniendo, para demostrar, por ejemplo, que no has cambiado de opinión por razones egoístas e interesadas, sino que ya opinabas eso antes. Por ejemplo, si te parece que el sentimiento de rebeldía durante la juventud es a menudo una reacción casi instintiva debida a que no participas del juego y del reparto social todavía, puede parecer que lo dices porque no eres joven, pero si encuentras un texto en el que dijiste eso cuando tenías 16 años, entonces ya no se puede considerar que sea una opinión que varía en función de tus intereses o de tu edad. Yo tengo un texto escrito hacia los 19 años (autobiográfico aunque escrito en tercera persona) en el que decía: "Nunca le habían gustado los jóvenes, incluso cuando era uno de ellos". Así queda claro que ya opinaba eso entonces. [Ya explicaré por qué no me gustaban los jóvenes, que parece una opinión en exceso dogmática, pero creo que no lo es].

Otra razón para guardarlo todo es que muchas de esas cosas resultan entretenidas después. Leibniz dice en uno de los autorretratos que escribió que le encantó leer algunas cosas que había escrito a los catorce años.

Además, el escribir las cosas y guardarlas te permite desarrollarlas y avanzar sobre ellas. Cuando yo mismo me editaba ejemplares caseros de escritos míos, aprovechaba para añadir notas con mis opiniones actuales. A cada edición nuevas notas. Es el placer de discutir uno consigo mismo.

Seguiré hablando de Leibniz en este cuaderno dedicado a él.

 

Por qué a un joven no le gustaban los jóvenes

Decía en ese escrito de juventud: "Siempre detestó a los jóvenes, incluso cuando era uno de ellos". No he encontrado el texto, aunque espero que aparezca pronto, pues estoy digitalizando mis libretas y hojas sueltas.

Pero he encontrado una variante que escribí en 1996 en el ensayo Casanova, Segundo acto, que escribí, con el seudónimo Paula Dems, como una variante de la novela de Schnitzler Casanova, último acto y que sólo leyó Marcos y me dijo que era "lo peor que había escrito nunca", pero creo que lo dijo porque no le gustó la conclusión. Allí decía:

"Ya se sabe que hay que adaptarse a los usos sociales y vivir cada edad según las normas de esa edad: primero hay que ser y actuar como niños, después como adolescentes, más tarde como jóvenes, en su momento como adultos y, por fin, como viejos. En cada edad lo suyo. ¿No dicen los sabios de Grecia que nada hay más ridículo que un anciano que se comporta como un joven?"

En contra de esa opinión común (y de los sabios de Grecia también) a mí no me gustaban ni me gustan los "jóvenes" en cuanto que representantes del arquetipo "joven", ni los adultos, ni los viejos, ni las mujeres ni los hombres, ni los jefes, ni los subordinados, ni los izquierdistas ni los derechistas, ni los homosexuales, ni los heterosexuales, ni los bisexuales siquiera. No me gusta que uno se adapte a un estereotipo.

Cuando iba a la Universidad podía bromear acerca de un profesor, pero no en tanto que "estudiante enfrentado a profesor", sino en tanto que me refería a ese profesor en particular desde mi punto de vista también particular.

Cuando era estudiante, me expulsaron de varias clases en el Instituto porque defendí a una profesora de inglés frente a mis compañeros, los alumnos: ella lo interpretó mal y pensó que mi defensa era irónica. Ahora como profesor, tampoco participio ni comparto las bromas que hace el gremio profesoral acerca de los alumnos.

También he podido, en esta adaptación general al estereotipo, ver cómo a menudo gente a la que conocía desde hacía tiempo se convertía casi de la noche a la mañana en "señores" y "señoras": el día anterior eran personas y ahora son señores. Asombroso.

 

Will Eisner

Hace unos días murió Will Eisner, a consecuencia de complicaciones después de que le implantaran un cuadruple bypass. Tenía 87 años.

Will Eisner es considerado por muchos como el autor más importante e influyente de la historia del comic. Probablemente con razón.

Durante años dibujó las historietas de un héroe enmascarado llamado Spirit, en las que fue introduciendo nuevas maneras narrativas y nuevas técnicas. Ahora se está editando por primera vez en español en unos álbumes caros pero muy buenos. Todavía no ha llegado a la época que yo considero mejor, en la que sus deseos narrativos podían ser convertidos en realidad gracias a un dominio del dibujo impresionante, pero está a punto, así que espero que se edite hasta el final, porque varias veces se ha intentado sin llegar más que a unas pocas aventuras.

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Eisner dibujó impresionantes primeras páginas para las historietas de Spirit, en las que el título de la colección (Spirit) jugaba siempre un papel gracioso o interesante, como en este caso absolutamente deslumbrante

Hace ya varias décadas, Eisner regresó al mundo del comic. Al publicar Contrato con Dios inauguró un nuevo género (aunque siempre se puede encontrar algún precedente) al que él mismo dio nombre: la novela gráfica. Se trata de comics que cuentan historias tan complejas o tan interesantes como las de una obra literaria (como dice Bruno, lo interesante no siempre tiene por qué ser complejo) y dirigidas a un público adulto (que no quiere decir necesariamente mayor de edad).

Después, Eisner siguió publicando extraordinarias novelas gráficas, como El edificio o Fagin el judío, en la que cuenta la historia de Oliver Twist desde el punto de vista del judío Fagin y que es una hermosa manera de entender lo que ha sido el antijudaísmo, incluso en alguien como Dickens que no era realmente antisemita: como cuenta el propio Eisner, Dickens se arrepintió del estereotipo que había creado e intentó borrar toda alusión a que Fagin era judío, más exactamente, cualquier identificación entre la maldad de Fagin y el hecho de ser judío, pero no pudo. Por ello, Oliver Twist también tuvo una lamentable influencia en la propagación de los tópicos antijudíos, que todavía hoy padecemos (y padecen, sobre todo, los judíos).

Will Eisner también dio clases y escribió varios libros de teoría del comic muy buenos, como El comic y el arte secuencial, que es una joya.

En las aventuras de Spirit hay, en mi opinión, verdaderas obras maestras, no del comic, sino de la narración en general. Muchas películas siguen argumentos que Eisner contó en tan sólo siete páginas. Tal vez no inventó muchos de ellos, pero los mostró de una manera muy difícil de superar.

He leído en una de las necrológicas que Orson Welles pudo ser influido por Eisner cuando hizo Ciudadano Kane. Es una idea que siempre me ha tentado y me alegra que alguien lo diga (no me acuerdo quién era). Pero también se produjo la influencia en sentido contrario: el propio Orson Welles protagonizó una aventura de Spirit. No la he conseguido por ahora, pero sí la primera página. Lástima que en ella no aparece la caricatura de Orson Welles.

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Leafar 01 inaugura los comentarios

Sólo Leafar_01 podía conseguir desplazar al propio Leafar_01 del primer puesto en los comentarios de esta página. Y lo ha hecho con unos interesantes comentarios acerca de la fotografía, a raíz de ideas que comentó Marcos en marcóticos y yo mismo en La vorágine de fin de año (que he añadido ahora a La vorágine a secas, el cuaderno anterior a este).

Puedes leer los comentarios de Leafar_01 pinchando en la columna de la izquierda, donde pone "Comentarios"

 

El primer Craven del año

Pronto subiré el Craven que he dedicado a Will Eisner. Pero antes, y como delicioso final a este primer día del 2005 y a este primer día del nuevo cuaderno digital Monadolog, el primer Craven del 2005: me lo ha enviado Nuria y es también un homenaje al cine, en concreto a Casablanca y a sus guionistas, los hermanos Epstein. Puedes verlo aquí y pronto también en Craven visto por...

 

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La dinastía Tang y el hipervínculo

Lunes 17 de enero de 2005

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Leibniz se había trazado la norma de "no despreciar cosa alguna" y en todo lo que leía procuraba aprovechar el hallazgo feliz antes que demorarse en censurar fallas.

(Ezequiel Martínez de Olaso)

Mi primera página web no fue esta que lees, sino una que hice en 1999 dedicada a la dinastía Tang. Nunca la subí a la red, seguramente por qué no tenía ni idea de cómo hacerlo, pero la hice porque me fascinaban las posibilidades del hiperenlace

Ortega y Gasset tenía en su despacho varias mesas con decenas de libros abiertos en cada una de ellas. Cuando escribía un ensayo, iba recorriendo con su libreta el despacho, mirando los libros y copiando las citas o documentándose.

Internet te permite hacer búsquedas rápidas que facilitan mucho el trabajo y te ahorran mucho dinero en mesas. Puedes consultar centenares de libros. Por ejemplo, las obras completas de Shakespeare en Rhymezone.

Si buscas algo que dijo Shakespeare acerca del vino de Canarias solo tienes que poner "canary" y obtienes 5 resultados, como éste:

SIR TOBY BELCH: O knight thou lackest a cup of canary: when did I see thee so put down?
SIR ANDREW: Never in your life, I think; unless you see canary put me down. Methinks sometimes I have no more wit than a Christian or an ordinary man has: but I am a great eater of beef and I believe that does harm to my wit.

Y además la indicación de a qué obra y verso pertenecen.

Junto a esta facilidad de búsqueda impresionante, que en pocos años incluirá todos los libros editados que no estén sujetos a derechos de autor, es decir casi toda la literatura mundial hasta hace 70 años, internet y el mundo digital ofrecen ese hipervínculo al que me refería: puedes ampliar la información con vínculos que te llevan a otro documento y regresar fácilmente a dónde estabas.

Es cierto que al construirse el estandar de navegación de la red mundial no se hizo muy bien y que precursores como Ted Nelson todavía se lamentan porque no se ha aprovechado realmente lo que el mundo digital y el hipervínculo ofrecen y que es distinto al mundo de papel, pero, de nuevo, las posibilidades son inmensa.

También lo es el que uno pueda corregir, modificar o cambiar de lugar decenas de páginas en un momento. Yo empecé tres o cuatro novelas usando diversas máquinas de escribir, pero no terminé ninguna. Creo que la causa fue que para corregir una novela usando una máquina de escribir, tienes que teclearla entera otra vez. A la segunda corrección se acaba muy cansado.

Hay quien dice que se ha perdido profundidad debido a esta facilidad de corrección y de documentación. Hace poco leí un artículo que criticaba a los googleeruditos que llenan sus escritos de argumentos copiados y pegados en una búsqueda rápida en Google, pero que no leen realmente nada a fondo. La crítica tiene en parte razón y es verdad que en la red hay montones de páginas y foros llenas de datos, citas y argumentos que sus autores (los que los han copiado) ni siquiera entienden, porque ignoran el contexto.

Es cierto, pero yo creo que sucede eso en Internet y sucedía con los libros. Es algo que no depende de los medios sino de la mente de quien los usa. Unos lo harán mejor, otros peor, unos nos gustarán más, otros menos. Lo de siempre, quizá multiplicado, pero nada más. Todos cometemos errores y deformamos, tergiversamos y citamos mal lo que opinan otros. Se debe intentar evitar hacerlo, pero no se puede evitar de manera cien por cien garantizada, porque entonces uno no escribiría nada nunca. Hay erudición deliciosa, como la de Susan Sontag, y hay erudición insoportable.

Lo que sí se debe y se puede evitar, creo, son los insultos, las actitudes soberbias y despectivas, que, !ay¡, son tan frecuentes en la red como en el mundo literario del papel.

Otra de las ventajas de Internet es que puedes corregir y señalar los errores que cometen otros (en tu opinión) y los que tu mismo cometes. Creo que en poco tiempo se empezarán a producir bastantes descubrimientos en muchos terrenos de la crítica y de la historia gracias a la facilidad de encontrar cualquier palabra que se quiera buscar en un libro. Por ejemplo, en el terreno de la crítica literaria, de la datación y de la autentificación de obras. Y creo que habrá algunas sorpresas interesantes.

Por cierto, en esta tarea de escanear todo lo que se ha escrito, que Google también ha iniciado junto a la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos (la mayor del mundo) y otras, creo que se debería hacer una ley que obligara a los monasterios a permitir que se escanearan todos sus documentos y que se examinaran con rayos láser, para descubrir textos antiguos (los monjes reciclaban, por ejemplo, una obra de teatro de Eurípides para escribir una receta de cordero a las cerezas).

También se deberían hacer públicos todos los fondos del Vaticano, que deben esconder verdaderas maravillas.

Además se deberían poner en al red todos los textos sumerios, asirios, etcétera, escritos en arcilla o papiros y que se guardan en los sótanos de los museos. Porque Internet, precisamente, permitiría que se tradujeran todas esas tablillas desde los domicilios particulares de gente interesada en mucho menos tiempo del que se emplea ahora. De este modo, los textos estarían al alcance de cualquiera y la obra original no sería dañada.

En fin, todo esto era a propósito de que he subido la página web que hice en 1999 dedicada a la dinastía Tang. Y la he subido tal cual, simplemente dividiéndola en mis dos columnas habituales. Lo único que he cambiado es la biografía de Bai Juyi, mi poeta Tang favorito, que he ampliado un poco (pero que ampliaré más).

La página era, ya lo dije, de uso personal, y esta llena de errores y cosas a medias, pero a medida que vaya corrigiendo cosas o poniendo nuevas entradas, las iré anunciando aquí, como hago con el Cuaderno Austrohúngaro, por ejemplo.

La dinastía Tang

Leibniz, los antiguos y los modernos

18 de enero de 2005

En La Vorágine inicié una Brevísima historia de la decadencia de la lengua filosófica francesa, con un texto de Braudillard. Voy a añadir un segundo capítulo, pero antes, vale la pena leer un fragmento de una de las autobiografías de Leibniz en el que se lamenta de la manera de escribir de sus contemporáneos. Por cierto, Leibniz escribió muchas de sus obras en francés, que era entonces la lengua cultural de Europa junto al latín.

Me parece una coincidencia interesante que Leibniz y yo comenzáramos a leer autores antiguos antes que modernos. Eso quizá ayuda a uno a darse cuenta de que una cosa es un texto difícil en el que vale la pena pasar tiempo para entenderlo porque tiene sentido y otra cosa muy distinta es un texto ilegible porque se ha escrito para que sea ininteligible.

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"Y quiso la casualidad que se encontrara primero con los antiguos. En un comienzo le fue imposible comprenderlos, pero gradualmente pudo hacerlo hasta que por último consiguió dominarlos plenamente. Y como todo el que camina bajo los rayos del sol adquiere poco a poco un tinte bronceado, aunque haga incluso otra cosa, así había llegado él a adquirir un cierto barniz no ya sólo en la expresión sino también en los pensamientos. Por eso al frecuentar los escritores más modernos se le hacía insoportable su estilo enfático e hinchado, característico de quienes no tienen nada que decir, y que entonces predominaba en las escuelas, como también le resultaban insoportables los centones heteróclitos de los simples repetidores de ideas ajenas. Ante esa falta de gracia, nervio, vigor y utilidad para la vida de esos escritos, cabía pensar que sus autores escribían para un mundo diferente (al que llamaban República de las Letras o Parnaso).
En efecto, tenía plena conciencia de que tanto los pensamientos vigorosos, vastos y elevados de los antiguos, que parecían cernirse sobre la realidad, como asimismo la vida humana en su total desarrollo que se veía reflejada en una especie de cuadro complejo, acertaban a infundir sentimientos muy distintos en los espíritus. Pensaba sin embargo que todo ello era el resultado de un modo de expresión, claro, fluido y a la vez conforme con la realidad. Y le concedió tanta importancia a esa unidad diferenciada de claridad y conformidad que a partir de entonces se impuso dos axiomas: buscar siempre la claridad en las palabras y en los demás signos del espíritu, y buscar en las cosas la utilidad. Después aprendió que el primer aspecto constituía ón."

 

Breve historia de la decadencia de la lengua filosófica francesa. Capítulo 2. Félix Guattari

Félix Guattari solía escribir con Deleuze, pero este texto increíble le pertenece sólo a él:

"Aquí se observa perfectamente que no existe ninguna correspondencia bi-unívoca entre los eslabones lineales significativos o de arqueo-escritura según los autores y esta catálisis maquinal multidimensional, multirreferencial. La simetría de escala, la transversalidad, el carácter pático no discursivo de su expansión: todas estas dimensiones nos llevan más allá de la lógica del tercio excluso y nos invitan a renunciar al binarismo ontológico que ya hemos denunciado anteriormente".

Se me dirá que es un fragmento sacado de contexto, pero ¿es posible imaginar un contexto razonable para un discurso como éste?

Y lo curioso es que a lo mejor yo estoy de acuerdo con lo que sostiene Félix Guattari: parece rechazar las fáciles dicotomías entre posturas enfrentadas, que es lo que yo hago en La página noALT (pero allí sólo me permito una rareza léxica, lo de pensamiento alternante).

No se trata de que no se puedan usar palabras raras, nuevas o precisas, que a veces son imprescindibles en un argumento complejo: se trata del abuso desmesurado y pomposo. Aparte de otras consecuencias peores de este tipo de lenguaje, de las que hablaré pronto.

 

Baff, cine asiático en Barcelona

18 de enero de 2004

En abril del años pasado estuve en el Festival de Cine Asiático de Barcelona (Baff) y vi unas cuantas películas deliciosas. Hice una página dedicada al Baff donde pensaba hablar de todo lo que vi, pero después sólo comenté tres películas. Espero, antes de que se celebre la próxima edición, subir algo más. Por el momento, he actualizado el enlace en el lateral. También puedes visitar la página desde aquí:

Baff

 

PASTECCA ATACA DE NUEVO

18 de enero de 2004

Siempre que voy a un restaurante y el mantel es de papel me pongo a hacer dibujitos. Es una costumbre que he aprendido de mi padre Iván.

Una noche en qué cenábamos Bruno y yo con Iván en el restaurante pakistaní Shalimar de Barcelona, Pastecca (Iván) improvisó en unos segundos sobre el mantel uno de sus personajes. Se lo pedí como regalo de año nuevo:

 

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Por cierto, no estaría nada mal que el robot de Pastecca se encontrara con Cravenalguna vez. Puedes ver más dibujos de Pastecca en:

Pastecca

 

Somos lo que comemos

20 de enero de 2005

"Has de saber que tus perfecciones futuras guardarán relación con los cuidados que prodigues aquí para alcanzarlas"

Leibniz se refiere al otro mundo cristiano, pero la idea se podría aplicar perfectamente a la reencarnación budista.

Pero yo prefiero aplicarlo a esta vida terrenal. Aristóteles decía que somos lo que hacemos: se podría también decir que seremos lo que hacemos.

Nosotros nos fabricamos día a día, así que, si queremos gustarnos en el futuro, deberíamos ir proporcionándonos cosas interesantes ahora.

También se podría aplicar el dicho "Somos lo que comemos" no a la comida material, sino también a la intelectual y espiritual: dependiendo de los estímulos que nos proporcionemos obtendremos unos u otros resultados.

Creo que somos, o al menos deberíamos ser, no sujetos pasivos en un laboratorio conductista, a la espera de que lancen estímulos sobre nosotros, sino sujetos activos cognitivos, que buscamos los estímulos y a menudo incluso los creamos.

 

Glamour To Kill

Ayer fui a buscar un buen estímulo en la Sala Arena: el concierto de Glamour To Kill.

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Glamour To Kill es un grupo formado por Luis Miguélez, Juan Tormento y Antonio Glamour. Viven en Berlín y al parecer tienen mucho éxito en Alemania. Ya me había gustado el disco de Miguélez y MacNamara hace dos o tres años y me alegra que haya cada vez más grupos, discos y conciertos como ellos.

Según creo, GTK despierta muchas polémicas, del tipo de "eso está ya más visto...", "son unas petardas", "una copia mala de..." y todas esas cosas que se dicen en estos casos.

 

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La portada de su disco de remixes de Clone Fashion,
su canción más conocida

A mí me encantó el concierto, poderoso, intenso y sexual, y me gustaron ellos. Los teloneros también estuvieron muy bien, aunque no he averiguado cómo se llaman.

 

El cadáver lorem ipsum

20 de enero de 2005

Lorem ipsum es un texto de relleno (dummy text) que se utiliza para rellenar páginas de prueba para ediciones, por ejemplo para revisar el aspecto del tipo de letra elegido para un libro. Se podría rellenar con palabras repetidas sin más, pero eso no suele parecerse a un texto de verdad.

Así que se utiliza este texto que empieza por las palabras "lorem ipsum" y que tiene palabras cortas, largas, signos de puntuación, etcétera. No distrae al que revisa el diseño de la edición de la página (ya sea en la red o impresa) y le permite fijarse en la tipografía sin distraerse por lo que cuenta el texto.

El texto lorem ipsum lo utilizan muchos programas de informática, especialmente de la marca de Aldus o Adobe, pero también en los de Corel y en los de Lotus (si no recuerdo mal). Así que es un texto muy popular, hasta el punto de que ha dado nombre a los textos de relleno: un "lorem ipsum".

Es frecuente que la primera vez que uno se encuentra con un "lorem ipsum" intente leerlo, porque parece a primera vista latín. Pero enseguida se da cuenta de que no significa nada, pues la palabra lorem con que empieza ni siquiera sale en los diccionarios de latín.

Entonces, ¿quién invento el lorem ipsum?.

La historia es muy curiosa y sorprendente y contradice algunas de las cosas que acabo de decir en los párrafos anteriores.

Al parecer se usa ya desde el 1500 y fue uno de los textos de relleno que se utilizaron en las primeras ediciones impresas en Europa tras el descubrimiento de Gutemberg. Después, en los años sesenta, se popularizó muchísimo porque lo usaban en las plantillas de Letraset, esas letras que se pegaban en el papel frotándolas con el bolígrafo o lapiz.

 

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Algunas hojas de Letraset

 

Finalmente, lorem ipsum llegó a los ordenadores en forma de texto de relleno para programas de edición como Aldus Pagemaker, que durante un tiempo fue el principal programa de edición digital. Incluso hay programas generadores de lorem ipsum: tú pides cinco líneas o cinco párrafos y el programa te las suministra al instante.

Un generador de lorem ipsum

Number of words
 

Aquí no funciona, pero puedes verlo en acción en:

loremipsum

Otro generador de lorem ipsum más completo

?????e???A ??????
paragraphs
words
bytes
lists
Start with 'Lorem
ipsum dolor sit amet...'

 

Como se ve, el lorem ipsum ha sobrevido hasta nuestros días en la Galaxia Gutemberg (todavía se usa en las imprentas), ha pasado quizá de puntillas por la Galaxia Marconi y ha resucitado en la Galaxia Internet o Digital o Computacional.

Pero sigue en pie la pregunta: ¿quien inventó el texto?

Según parece, un tal Robert MacClintock leyó atentamente el texto y se dio cuenta de que, aunque incluía extrañas palabras, sí era un texto latino. Rastreó entonces el texto en la literatura latina, tarea inmensa que se facilitó porque una de las palabras empleadas en el lorem ipsum es latina pero poco usual: consectetur. De este modo encontró la fuente original del lorem ipsum: varios pasajes de De Finibus, Bonorum et Malorum. Liber Primus, de Marco Tullio Cicerón, (106-45 BC): De los fines, buenos y malos, libro primero.

Resulta entonces que sí es un texto latino. Y además es un texto clásico. Ni más ni menos que de Cicerón. Escrito en el 45 antes de Cristo, una época muy agitada, que también dio a la posteridad el calendario juliano (de Julio César), que es el origen del que tenemos ahora.

Los diversos pasajes del lorem ipsum se corresponden, pues, con algunas modificaciones, con varios pasajes del libro de Cicerón. Lo que más despistó a quienes pensaron que no era latín es, como dije, la palabra lorem, tan rara, pero resulta que se trata de una palabra cortada: quien eligió el texto lo cortó de cuajo. Lorem es dolorem (dolor).

La primera frase del lorem ipsum en el texto original de Cicerón diría algo así como: "No hay nadie que ame el dolor por si mismo, que lo busque y lo persiga sólo en cuanto que dolor".

El texto más o menos completo del lorem ipsum y los fragmentos de Cicerón de los que procede se puede encontrar en:

El lorem ipsum

Sin embargo, aunque el texto original pertenece a Cicerón, quienes lo usan a menudo lo modifican, ya sea por razones técnicas, por ejemplo porque necesitan algunas palabras menos para ajustar una página, ya sea por simple capricho o ganas de jugar.

Modificar el lorem ipsum es una de las bromas habituales de los editores, que cambian una que otra palabra, escriben vocablos inventados o se envían mensajes ocultos en medio de páginas y páginas de lorem ipsum. A veces se trata de mensajes ofensivos o de contenido sexual, por lo que los editores tienen que tener cuidado con el lorem ipsum que utilizan, no sea que le manden unas pruebas de impresión a un convento y en el lorem ipsum haya blasfemias o párrafos del marqués de Sade escondidos.

Algunos ejemplos de textos de lorem ipsum modificados se pueden ver en:

Ejemplo 1

Ejemplo 2

Para terminar por ahora con la historia del lorem ipsum, hay que advertir que la teoría de MacClintock no es del todo fiable, pues según dice Cecil Adams, el descubridor del origen del lorem ipsum no pudo mostrarle ningún texto o manuscrito con lorem ipsum anterior a los textos de Letraset (1961), a pesar de que asegura haber visto dichos textos.

Así que tal vez la utilización del lorem ipsum no se remonte a los orígenes de la imprenta.

Cecil Adams cuenta esto en:

Cecil Adams

 

Lo anterior pertenece a mi página Un cadáver exquisito, pero como estaba en un enlace en un rincón tal vez no lo hayas leído. Si quieres saber qué es un cadáver exquisito, o leer los que he puesto allí o participar en el cadáver lorem ipsum, visita:

Y puedes enviar una sugerencia para un próximo cadáver exquisito. Sólo tienes que pulsar en comentarios (mira en la columna de la izquierda) y proponer un inicio (en el tema del comentario pon la palabra cadáver). Pronto pondré ese cadáver en una página con comentarios automáticos.

 

Un ángel en una libreta

viernes 21 de enero de 2005

Al escanear una libreta de 1997 encontré este dibujo apresurado de una mujer voladora, tal vez un ángel.

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Una trágica escena shakesperiana

martes 25 de enero de 2005

No es una tragedia shakesperiana porque la haya escrito Shakespeare, sino porque le ocurrió al propio Shakespeare. Lo he leído en Coherencia de la paradoja, de Bernardo Ezequiel Koremblit.

"El poeta se había uncido al yugo matrimonial con una mujer mucho mayor que él (Ana Shakespeare), y las lenguas serpentígeras y la murmuración viperina del condado de Stratford aseguraban que lo había hecho por su fortuna... Shakespeare tenía el consuelo de pensar que su mujer, según se maledecía con públicos susurros, había tenido doce pretendientes antes que él, y él resultaba así el trece de la mala suerte, pero, aún así, esta compensación no lavaba su pecado de haberse casado sin amor.

Shakespeare conoció después a Nan Davenant, cálida, sensual, enamorada, rugiente como el océano cuando hacía el amor y lúcida como la centella cuando conversaba, bella e inteligente (propietaria de una hostería en Oxford y madre del poeta Davenant) que también acariciaba el clavicordio y el laúd con la misma minuciosidad y laboriosidad con que acariciaba a Shakespeare. Cuando el poeta y esta mujer ardiente y ardida se hallaban refugiados en una casa de Grendon, a cuya puerta hacía centinela Richard Cowley, actor de la compañía de Shakespeare que interpretaba los bufones, apareció la esposa del poeta.

Ana Shakespeare enfrentó a los amantes y se acercó a Dan Davenant: "No crea usted, señora, que he venido para quitarle a Will; el mismo día de mi matrimonio comprendí que nunca sería realmente mío, que necesitaba esferas más elevadas..." Después de otras declaraciones, dijo Ana Shakespeare: "Devuélvanos a Will por dos días solamente. ¡Todo va tan mal allí, en casa!... Sin él estamos perdidos".

Shakespeare, alarmado, preguntó por su padre enfermo y por otros detalles que le inquietaron. La escena, silenciosa y trágica, se prolongó con el silencio de la esposa, el mutismo del poeta y la mudez de la amante, hasta que Ana, amarga y filosamente, cortó la atmósfera intensa como San Jorge la cabeza del dragón: "Puesto que no queda otro remedio, te daré yo la estocada. ¡Ayúdame, no sé cómo decirlo!... ¡Oh, Will! La mano de Dios te devuelve a casa, no por mí ni por tu padre, y ni siquiera por tu madre, tan vieja y quebrantada... Will: hace cinco días, enterramos a nuestro muchachito".

(Esta escena ha sido relatada por Longworth Chambrun, quien recibió la versión del diálogo por Cowley, el actor que cuidaba la puerta del refugio de los amantes, y el hijo de Ana y William Shakespeare, llamado Hemnet, murió el 11 de agosto de 1596).

El poeta se desplomó sobre la mesa y Nan Davenant se inclinó agachándose hasta el piso: humildemente y en silencio anudó un lazo del zapato de Ana, y al levantarse murmuró mecánicamente las palabras que precedieron a su salida de la habitación: "Todo ha concluido, Will. Quiera Dios guiar tus pasos hacia tu hogar y conducirme al mío. He comprendido la lección. Vuelvo a mi casa no para reunirme con mi marido ni con los amantes que la maledicencia me atribuye, sino para velar y cuidar a mi hijo. Hombres y mujeres tenemos dos papeles que desempeñar en la comedia humana: Dios nos ofrece uno de ellos, el diablo nos tienta con el otro, y la gracia o el azar determinan la elección. Ana, hermana mía: al venir aquí decidiste mi destino. Separémonos... Me voy a ver a mi hijo; tú, a la tumba del tuyo... y Will llevará la carga que el genio ha posado sobre sus hombros".

Cuando Nan Davenat salió, Shakespeare, apoyándose como un ciego en los brazos del bufón Rick Cowley deletreó estas palabras: "Tú, a quien el azar ha hecho testigo de esta escena, olvídala para siempre; no debes recordar la debilidad de tu pobre amo... Recuerda solamente aquello que nosotros, los actores, olvidamos con facilidad: ¡cuan distinta es la vida real de los artificios de la escena!".


Realismo pictofotográfico en el Museo de los Mundos Paralelos

26 de enero de 2005

Al revisar la última versión que hice del Museo de los Mundos Paralelos, me he dado cuenta de que es absolutamente ilegible. No hay quien entienda los textos.

Resulta que los escribí intentando parodiar la manera en la que escriben los críticos de arte, los galeristas y muchos artistas, pero la parodia acabó siendo tan infumable como el original.

Nadie tuvo la amabilidad de decírmelo, quizá porque se sentían intimidados por un texto tan poco amable, así que me he tenido que dar cuenta yo mismo, que suelo reservar mis más duras críticas precisamente para mí mismo.

En fin, que he reiniciado el Museo y que creo que ahora está mucho mejor (aunque quizá me dé cuenta qué esta vez tampoco dentro de unos meses).

Ahora, aunque sigo imitando, pero con más suavidad, el estilo discursivo de los artistas plásticos y sus expertos, creo se entienden las cosas crípticas de la versión anterior y se desarrollan algunas sugerencias que quizá resultaban imposibles de percibir antes. Si te gusta, agradeceré tus comentarios. Si no te gusta, también, porque me ahorrarás tener que tratarme mal a mí mismo y porque el Museo, al fin y al cabo es algo más o menos público.

Por ahora sólo hay un cuadro actualizado: La novia en el fotógrafo, de Dagnan-Bouveret.

 

El Parque de las Estatuas

jueves 27 de enero de 2005

En mi Cuaderno austrohúngaro hablé del Parque de las Estatuas de Budapest. Ahora he subido una página a este parque, en al que iré poniendo las fotografías de todas las estatuas.

Parque de las Estatuas

 

¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, BRUNO!!

Guadalupe Posadas, Daniel Tubau, Cuervo y Craven le dicen a Bruno...

¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS!!!

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EL CRITERIO Y LOS PREJUICIOS

domingo 30 de enero de 2005

Hace unos días un amigo me preguntaba si es que yo no tenía criterio. Le extrañaba que me gustaran cosas tan dispares como las que a veces elogio en esta página. En especial la música, ¿cómo me podía gustar al mismo tiempo Barbara, Bebe, Brel, Bach, Biolay, Fangoria, Javier Solis, Mina, Gino Paoli, Casbah 73, Elvis, Nick Drake, Os Mutantes, los Stones y los Beatles, Prince, ¡algunas canciones country!, el flamenco, el glam, las sayas peruanas, David Bowie, los fados portugueses, Lou Reed, Velvet Underground, algunas cumbias, el punk, Chris Montez, Kraftwerk, Soft Cell, algo de AC-DC, Frank Sinatra, Charly García y Sui Generis, el rock, el pop, la psicodelia, algo de hip hop y de rap, la música disco, el funk, los boleros, las rancheras, el blues y la música india, etcétera, etcétera.

Y lo mismo sucede con la literatura, la pintura, la arquitectura o lo que sea. Me puede gustar un ilustrado y un romántico, un clasicista y un clásico, un arcaico y un moderno, y encuentro buenas razones en discursos e ideas de grupos, filosofías e ideologías que se consideran antagónicas. Me conmueven poemas chinos, españoles, persas, franceses, estadounidenses o griegos, y lo mismo me da que pertenezcan a una corriente o a otra: poesía de la experiencia, poesía metafísica, simbolista, conceptual...

Mi respuesta es que no. No tengo criterio. Intento no tenerlo.

Tener criterio es casi siempre sinónimo de tener prejuicios, es decir ideas previas que tergiversan e impiden experimentar con naturalidad las cosas. Creo, como Oscar Wilde, que el arte exige una entrega por parte del espectador, una rendición plena, al menos transitoria, a la obra contemplada, a la experiencia concreta.

En mis sueños de perfección (que duran poco, porque detesto la perfección) me gusta imaginarme como el hombre sin prejuicios.

Naturalmente, sé que es imposible. Todo nuestro modo de percibir el mundo depende de lo que hemos aprendido y lo que sabemos. Yo tengo cientos de prejuicios de persona del siglo XX y XXI que no tenía un babilonio del año mil antes de nuestra era y que no tendrá un habitante del siglo XXV.

Además, sólo podemos entender lo desconocido a partir de lo conocido. Lo nuevo a partir de lo antiguo. Todo nuestro conocimiento es en cierto modo metafórico y comparativo.

Eso es cierto, pero hay dos maneras de utilizar el conocimiento: una es construyendo una casa en la que encerrar nuestra manera de pensar. Un casa que tenga, en el mejor de los casos, una ventana a través de la que mirar el mundo que hay fuera.

La otra manera se podría comparar con la construcción de puentes: un puente que nos permite caminar sobre el abismo que nos separa de eso que vislumbramos allá a lo lejos. O, como decía Stevenson en un hermosísimo poema, también se puede comparar con la construcción de faros. Faros que nos permiten acercarnos a la costa oscura sin que se nos rompa el barco.

Quienes miran desde la ventana adaptan lo que ven a ese estrecho marco y lo perciben todo desde esa seguridad de sus ideas ya hechas, deforman la obra que ven, ajustándola a su esquemas. Es como el mito griego del bandido Procusto, que obligaba a los viajeros a tenderse en una cama: si sobraba cama, les estiraba el cuerpo hasta descoyuntarlos; si la cama era más pequeña que ellos, les cortaba la parte sobrante. Así actúan muchas personas cuando opinan o cuando ven algo nuevo: lo adaptan a su lecho de Procustro (así se llama en filosofía a esta deformación de los hechos).

A menudo se juzgan las cosas antes siquiera de conocerlas, como hacen quienes opinan categóricamente de libros o películas que ni han leído ni han visto. Y lo mismo sucede con sus ideas políticas, personales o emocionales. Sus opiniones son siempre previsibles porque ya las tienen claras antes de plantearse la cuestión concreta sobre la que opinar.

Hace poco hablaba con Iván, mi padre, acerca de esas personas que viajan siempre con su pack completo de ideas: siempre dicen lo mismo y siempre sabemos qué es lo que van a decir acerca de cualquier cosa. Tienen un juego completo de ideas que lanzan en cualquier situación, no se advierte nunca ninguna modificación en sus criterios: siguen diciendo lo mismo acerca de cualquier cosa pase lo que pase (tan sólo a veces aplican un ligero maquillaje a la exposición de ideas ya demasiado insostenibles).

Watzlawick advierte también de esa actitud que ante una determinada situación se interroga antes que nada. "¿Qué debo sentir?" o "¿Dónde me debo situar?" en vez de "¿Qué debo pensar?". Y, efectivamente, en vez de pensar, se sitúan allá donde se sitúan los suyos, y van , como decía Séneca, "no a donde hay que ir, sino a donde se va".

Pero uno debe estar dispuesto, creo yo, a replantearse sus ideas casi a cada momento, y sobre todo debe darse cuenta de cuáles son sus prejuicios más repetidos, porque suelen ser los más inadvertidos. Situaciones o acontecimientos que parecen casi idénticos, no lo son si se observan con cuidado y, por ello, casi nunca valen las respuestas automáticas y aprendidas. Uno debe ser imprevisible para sí mismo y para los demás, no por un ansia de extravagancia u originalidad (que también fatiga), sino por el simple hecho de que cuando uno se plantea realmente las cosas a menudo encuentra respuestas inesperadas.

¿De ello se debe deducir que me gusta todo, puesto que no tengo criterio?. No, por supuesto, aunque creo que sí me gustan muchas más cosas de lo que suele ser habitual, porque no descarto casi nada de antemano, ni me avergüenzo de que me gusten cosas que "no me deberían gustar". Y también a veces no me gustan cosas que cualquiera diría que me tendrían que gustar, "conociéndome".

En definitiva, el pensamiento propio se demuestra no por el catálogo de nuestras aversiones y preferencias, sino por la manera en la que las tomamos o las dejamos. Es una manera de ser, no una colección de ideas o gustos. Por eso es tan agradable encontrar a personas que realmente opinan y piensan por sí mismos, incluso aunque no estemos de acuerdo con ellas.

 

EL HOMBRE QUE NO FUE

Al escribir la entrada anterior, una rara asociación de ideas me ha llevado a un cuento que escribí hace muchos años: El hombre que no fue. Como lo escribí en el siglo XX, lo he puesto en la página de Baalberit el archivero.

El hombre que no fue

Pero aquí añado una nota de 1997, porque trata un tema muy interesante:

Sobre El hombre que no fue [1997]
Este cuento ha sido uno de los más importantes para mí. Tan importante como Monthy o Estación Término, por ejemplo. Emocionalmente importante. No sabría explicar muy bien por qué, pero sí puedo responder a una pregunta que me he hecho a mí mismo al advertir que me es muy difícil decir cuál es el cuento más importante de todos los que he escrito (no estoy hablando de calidad literaria).
Porque sucede que hay muchos cuentos que son el cuento más importante. ¿Y cómo es eso posible, si la categoría 'cuento más importante' sólo puede incluir un elemento?
Este asunto me preocupó y tarde en dar con la solución, que vino a mí como una iluminación: de pronto supe que tenía la respuesta, aunque también supe que no sería fácil convertirla en un discurso coherente (cada vez pienso menos eso de que sin lenguaje no es posible pensar).
La respuesta es que todos esos cuentos que se pueden incluir en la categoría más importante lo son para distintas personas. Es decir: vuelvo a mi viejo tópico (y no sólo mío) de que yo soy y no soy todos esos hombres, jóvenes y niños que he sido. De este modo es fácil entender que El hombre que no fue ha sido el cuento más importante para uno de esos yoes que me han precedido, y que Estación Término o El instante Inevitable lo ha sido para otro, y Dama de corazones y seis de pic para otro. De este modo, que no tiene nada que ver con la mística y sí con la física y la biología más rigurosa, se entiende la coexistencia en un sólo ente (eso sí, cambiante), y en veces sucesivas, del grado mayor de intensidad emocional que he llamado cuento más importante. De este modo también se puede entender que es posible haber amado más que a ninguna a varias mujeres y haber sentido que el momento más importante de la vida ha tenido lugar muchas veces.
Después, claro está, el yo actual pone sus propias emociones en el juego e intenta decir cuál es el cuento más importante de todos los que lo han sido alguna vez, pero lo único que podrá hacer este yo actual es elegir su propio cuento más importante, no decidir cuál lo ha sido con más intensidad, veracidad, razón y sentido.
Lamentablemente, no conservo el original escrito a mano de El hombre que no fue y, además, en la primera versión mecanografiada que conservo, falta la última página. Eso me ha obligado a reescribir un nuevo final, utilizando una segunda versión, más extensa que escribí años después. Creo que, más o menos he recuperado la intención y muchas de las palabras del final original. Si algún día encuentro esa página o el manuscrito original, modificaré el cuento en una próxima edición. En cuanto a esa segunda versión, no sabría decir si es mejor o peor que la primera: yo prefiero (también por razones sentimentales), la primera.
En El hombre que no fue son descritas muchas personas que conocí a manera de arquetipos, pero no voy a decir cuáles. Tampoco daré una explicación del cuento (que parece innecesaria) ni trataré el asunto de otros elementos autobiográficos (tal vez lo haga en otra edición).
Enoch Soames (con el que en un momento dado se compara a Elson) es el personaje de un cuento de Max Beerbohm, que leí en la excelente y tremendamente estimulante Antología de la Literatura Fantástica, de Borges/Ocampo/Bioy Casares. Ese cuento, titulado Enoch Soames, me gustó muchísimo y también lo menciono en Jerome Perceval, el crítico voraz.
Otra posible influencia, más lejana e indirecta, puede ser El hombre de la multitud, de Poe.
Eso de que el lector puede añadir lo que quiera a la lista (entiéndase de un modo retórico) lo propuso alguien (también de un modo retórico, no como sucede ahora en Internet, donde el concepto de creación y autoría puede realmente a menudo llegar a diluirse), tal vez Walt Whitman (...).

 

CHARLOTTE PERKINS GILMAN Y DELLAS

2 de febrero de 2005

Charlotte Perkins Gilman nació el 3 de julio de 1860 en Hartford, Conneticut.

Es considerada una escritora feminista, aunque ella misma rechazaba con muy buenas razones esa etiqueta. Pero también hay buenas razones para aplicársela, del mismo modo que podemos llamar a Mark Twain un escritor abolicionista, puesto que estaba en contra de la esclavitud. Perkins Gilman también estaba en contra de la esclavitud o servidumbre de la mujer y es lógico que aparezca en la lista de quienes a finales del siglo XIX y principios del XX lucharon por los derechos de las mujeres. Del mismo modo que consideramos que también Bertrand Russell y John Stuart Mill eran feministas (o que lo soy yo mismo). Cualquier persona razonable debería haberlo sido, pero la verdad es que muchas personas inteligentes y razonables no sólo no se unieron a una de las mayores revoluciones sociales que nunca han tenido lugar, sino que combatieron en su contra. Esa es seguramente una buena muestra de cómo los prejuicios pueden afectarnos sin que siquiera seamos conscientes de que se trata de prejuicios.

 

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Charlotte Perkins Gilman
Tiene cierto parecido con
mi madre Vicky (y conmigo)

 

Perkins Gilman escribió una novela utópica llamada Dellas (Herland). Recuerdo que hace muchos años mi madre se propuso escribir una novela o un guión acerca de una sociedad en la que sólo existían mujeres. Los hombres se habían extinguido por alguna razón y las mujeres se reproducían por partenogénesis, es decir, sin participación del varón.

Hoy en día eso ya no es una teoría utópica, sino que es perfectamente posible que a partir de un óvulo pueda nacer un ser humano, sin necesidad de semen. No estoy seguro de que se haya conseguido hacer lo mismo sólo con semen, creo que no.

Las mujeres de Dellas o Herland , como en la utopía de mi madre, se reproducen por partenogénesis. No hay hombres allí desde que fueron exterminados 2000 años antes (no por las mujeres, sino a causa de una guerra). Es una sociedad aislada y protegida del mundo, que recuerda un poco el Erewhom de Samuel Buttler.

Las mujeres tiene sólo hijas por alguna extraña razón genética. Han prescindido de casi todos los animales domésticos, como los perros, puesto que atacan a las niñas, pero tienen a los gatos (hay gatos hembras y machos), a los que han educado para que no cacen a los pájaros. Además, practican un cierto control de la población debido a la escasez de alimento y han desarrollado una agricultura intensiva y repoblado los bosques con sólo árboles frutales.

Son vegetarianas, practican la incineración, no creen en divinidades castigadoras patriarcales sino en una difusa Diosa madre, e insisten más en la educación que en la genética, una educación flexible y tolerante, fundada sobre todo en juegos y diversiones y no en el esfuerzo o el castigo.

Las mujeres de Dellas tienen una cierta organización pero no parece demasiado rígida: hay unas guardianas, robustas y que han pasado ya de los cuarenta, están las niñas que son, no literalmente, pero si psicológicamente, hijas de todas las habitantes de Dellas ("cada niña tiene dos millones de madres") y están las jóvenes. Estudian toda la vida y no una sola cosa, sino todo tipo de cuestiones, evitando la especialización.

Son todos estos aspectos con los que yo coincido casi por completo, así que es una buena sociedad utópica, incluso para alguien como yo que soy contrario a las utopías. Además, Dellas es una de las pocas utopías que no se mantiene con el recurso a la fuerza o la violencia, característica casi obligada en todas las sociedades utópicas, no sólo las del mundo real, sino incluso las de la ficción, como la Utopía de Tomas Moro o la República de Platón.

Un aspecto curioso de Dellas es que allí no existe el sexo, la atracción y el acto sexual. Perkins Gilman lo dice explícitamente y también deja claro que las habitantes de Dellas no son lesbianas.

Tampoco existen sentimientos como los celos y es curioso que en un momento de la obra se dice que a las mujeres de Dellas no les interesan las historias del mundo exterior (que les cuentan tres hombres que llegan allí) en las que los celos son el argumento principal. A mí me sucedió lo mismo cuando vi hace poco Closer: no entendía el absurdo comportamiento de los personajes, lo que me hacía difícil identificarme o preocuparme por sus problemas. Es algo semejante a lo que pasa al leer las obras de Calderón que tienen que ver con el concepto del honor, que hoy a todo el mundo le parece tan absolutamente ridículo como a mí me parecen también las historias que se basan únicamente en la idea de los celos y las infidelidades como si fuera algo tremendo o algo que tuviera que ver con el amor.

En Dellas hay amor, pero no hay sexo y tampoco celos. Perkins Gilman sugiere que el sentimiento de los celos tiene mucha relación con el sexo, pero ninguna con el amor, lo que es hasta cierto punto razonable. Pero quizá tampoco tengan que ver los celos con el sexo, sino con el sentido de posesión o cosas peores, que es uno de los rasgos quizá más propiamente masculinos, pero que también comparten muchas mujeres. Otro día hablaré de la interesantísima y lúcida distinción que hace Perkins Gilman de lo femenino, lo masculino y lo humano.

Para mí, la ausencia de sexo es casi el único rasgo negativo de Dellas, pero tal vez sea ese un prejuicio del que yo no he sabido librarme y que no siento por el momento ninguna necesidad de abandonar, pues en el sexo sólo veo placer y maravilla.

En el estupendo prólogo a Dellas escrito por Elizabeth Rusell, se añaden algunos defectos más a la obra, como cierto racismo, común en la época. Es cierto, pero se muestra muy atenuado en comparación con otras opiniones vergonzosas de autores de la misma época (en general las feministas también eran antiesclavistas). En cuanto a opiniones cercanas a las teorías eugenésicas o de lucha por la vida en el sentido de Spencer o de Galton, yo no lo he visto tan claro: aunque es cierto que se habla de "supermadres" (a semejanza de los superhombres nietzchianos), también hay una pasaje en el que se dice de manera explícita que es más importante sin duda la educación que la genética.

En cualquier caso, se trata de una novela de ciencia ficción o utópica, no de un ensayo propiamente dicho, que plantea una situación insólita, por lo que tampoco se puede atribuir a la autora todas las opiniones o situaciones en las que se encuentran sus personajes.

Estoy ahora leyendo también un ensayo de Perkins Gilman llamado A manmade world, our androcentric culture (Un mundo hecho a la medida del hombre, nuestra androcéntrica cultura), que me está gustando mucho y en el que Perkins Gilman argumenta de manera muy poderosa en contra de la discriminación sexual y del sexismo.

La propia Charlotte Perkins Gilman fue víctima de esa discriminación, pues al sufrir depresiones tras el nacimiento de su hija Katherine, visitó a un médico que le recomendó no leer nada, no escribir nunca y permanecer el resto de su vida fundamentalmente al cuidado de la casa y de su hija. El remedio fue peor que la enfermedad y Perkins Gilman acabó hundiéndose en una depresión tremenda que reflejó en su novela El papel pintado amarillo: que era lo único que veía allí encerrada en casa.

Pero después se divorció de su marido y se casó con George Houghton Gilman, quien estaba a favor según parece de la igualdad de la mujer y que ayudó siempre a su esposa, convertida desde entonces en escritora y polemista. Editaba una revista mensual de 32 páginas llamada The Forerunner en la que ella era la autora de todos los contenidos: artículos, novelas por entregas, información y supongo que también ilustraciones, pues también era dibujante y profesora de dibujo.

En 1932 le diagnosticaron un cáncer incurable y poco tiempo después se suicidó:

 

"Ninguna aflicción, dolor, desventura o «pena del corazón» puede excusar el poner fin a la propia vida cuando todavía nos queda alguna capacidad de servicio. Pero desaparecida ya toda posibilidad de ser útiles, y ante la certeza de una muerte inevitable e inminente, el más elemental de los derechos humanos es escoger una muerte rápida y fácil en vez de una lenta y horrible agonía... yo he optado por el cloroformo frente al cáncer."

Pronto contaré algunas cosas del ensayo de Perkins Gilman A man made world.

 

Arthur Schnitzler

3 de febrero de 2005

Hay años en los que uno descubre a un escritor y lo devora. Recuerdo con mucha claridad cuando descubrí a Poe en la adolescencia, y cuando descubrí a Henry James al leer Los papeles de Aspern (aunque ya conocía Otra vuelta de tuerca); también recuerdo el año de Lem, y el de Primo Levi y el de Sófocles, Esquilo y Eurípides. El año pasado y este serán sin duda los del descubrimiento de Musil.

En 1997 descubrí a Arthur Schnitzler. Creo que primero leí La Ronda, Anatol y los ensayos y aforismos en Madrid y luego, en Buenos Aires, La señorita Elsa, Hacia la nada y Casanova último acto.

Pero tal vez sucedió al revés y descubrí a Schnitzler durante el medio año que pasé en Buenos Aires, porque mis recuerdos más intensos están asociados a La señorita Elsa, que encontré en una librería de viejo de Buenos Aires y que leí en algún lugar del barrio de San Telmo. Por un feliz azar, poco después empezaron a traducirse al castellano todas las obras de Schnitzler, y más todavía cuando se estrenó la última película de Stanley Kubrick, basada en un relato de Schnitzler.

A mí me parece que las novelas y relatos de Schnitzler son extraordinarios y siempre creí que fue un autor muy respetado en su época, pero que cayó en un largo olvido con la ascensión de los nazis en Alemania y la anexión de Austria (Schnitzler era austriaco y judío). Por eso me ha sorprendido, al leer un estupendo ensayo de Reich Ranicki, descubrir que aunque Schnitzler tuvo un momento de gloria, en el que Thomas Mann llegó a considerarle el escritor más importante de la lengua alemana (o de Austria, no recuerdo) junto a Gerhart Hauptman, después fue conociendo un declive constante y pasó a ser considerado una especie de reliquia del pasado que hablaba de cosas que ya no le interesaban a nadie. ¿Y cómo es posible que Schnitzler pasará entonces de moda y hoy sea uno de los escritores en lengua alemana de su época menos pasado de moda?

Reich Ranicki da algunas buenas razones para explicar esta paradoja, que tienen que ver con lo que sucedió en Europa a partir de la primera guerra mundial. El mundo, y Europa en particular, se llenó de demagogos, de revolucionarios y de violentos que querían establecer sociedades utópicas en la tierra, que querían purgar a la sociedad de judíos, burgueses o comunistas y donde no había ya espacio para el pensamiento independiente. Había que unirse a los grupos para derribar y construir.

Hoy todo eso es lo que nos parece caduco, todo ese nacionalismo, todo ese racismo, esa búsqueda de la supervivencia y el dominio de los más fuertes, de líderes carismáticos a los que las masas siguen como ovejas al matadero (que es a dónde fueron).

Dice Reich Ranicki que Schnitzler estaba en contra del didactismo en literatura, al contrario que Bretch, y que decía: "Creo que mi oficio es crear personas, y lo único que debo demostrar es la multiplicidad del mundo". Es obvio que con ideas como estas no se pueden fabricar proclamas fáciles ni lemas incendiarios como los que fabricaba Bertolt Bretch, quien en una ocasión se puso a gritar durante la representación de una obra de Schnitzler contra esa "morralla caduca".

En fin, que en una época como aquella, en la que tu mejor amigo te podía denunciar en aras de la causa, en la que los tibios eran considerados traidores por unos y por otros y en los que todas las soluciones pasaban por el uso de la violencia, Schnitzler no tenía sitio. En 1927 escribió:

"Una cierta parte de la población está siempre dispuesta, en determinadas condiciones, a dejarse dominar por pasiones tales como al bestialidad, la rapiña y la sevicia y no hay que excluir en absoluto del panorama de posibilidades el que a pesar del relativo carácter apacible de los austriacos, estos no se dejen inducir, llegado el caso, a actos de brutalidad y crueldad".

Diez años después, Austria era anexionada por la Alemania nazi entre el entusiasmo de la mayoría de su población.

Reich Ranicki cuenta cosas muy interesantes acerca de Schnitzler, como que se sentía muy inseguro de todo lo hacía y que se consideraba un escritor mediocre. El mismo admitía: "Mi esencia en todo: el diletantismo", que es más o menos lo que yo considero de mí mismo, pero la diferencia es que Schnitzler sufría mucho por eso y yo no sufro nada (pero quién sabe, tal vez tenga una crisis en el futuro).

Le era imposible centrarse en un proyecto y solía estar ocupado en varias cosas a la vez: "Soy capaz de mirar al fondo, pero no de bajar a él". Creo que Schnitzler es una buena muestra de que la opinión de un escritor sobre sí mismo no es nada de fiar, porque a mí y a muchos más nos parece que Schnitzler es un escritor que a menudo ha bajado hasta el fondo, como en La señorita Elsa o El Teniente Gustl, y que siempre es profundo, a pesar de que, como dice Reich Ranicki, todo lo que dice se entienda. No es nunca un escritor oscuro y es siempre un escritor delicioso. La señorita Elsa es un breve relato deslumbrante en un obsesivo e ininterrumpido monólogo interior, que fue elogiado por Freud porque reflejaba de la manera más clara el flujo de conciencia (Freud consideraba a Schnitzler su doble). Y es cierto, porque realmente parece uno meterse en la mente de otra persona, de Elsa, con todas sus contradicciones, los pensamientos triviales que se mezclan y asaltan la conciencia en medio de la peor de las angustias, la atención que capta detalles insignificantes, el flujo casi paralelo de ideas mezcladas que acceden a la conciencia.

Se dice que otra manera de entender cómo funciona la mente humana es imaginarla como algo parecido al comienzo de La pasión según San Mateo, de Bach, y es cierto, pero en la obra de Schnitzler (también en El teniente Gustl) hay más verosimilitud, porque la conciencia bachiana, la suma de voces que se superponen en una respiración constante y creciente tiene un orden del que nuestra conciencia generalmente carece. A mí La Pasión según San Mateo me recuerda más a los momentos de entusiasmo emocional e intelectual, a un entusiasmo que se mantiene y crece sin parar y en el que todo parece apoyarse en lo anterior.

 

Bertolt Brecht

No voy a decir que la obra de Bretch se haya convertido en morralla, como el decía de la Schnitzler, porque creo que no es así y porque muchas cosas suyas me siguen entusiasmando, a pesar de su didactismo y a pesar del mal ejemplo que dio en su propia vida.

Se atribuye a Bretch aquello tan famoso:

Primero vinieron a por los judíos
y como nosotros no éramos judíos, no hicimos nada.
Después vinieron a por los comunistas
pero como tampoco éramos comunistas, no hicimos nada.
Luego vinieron por los socialistas
y más tarde a por los gitanos,
pero como tampoco éramos socialistas ni gitanos,
tampoco hicimos nada.
Al final vinieron a por nosotros
y ya fue demasiado tarde para hacer algo”

Digo que se le atribuye, porque acabo de descubrir al buscar el poema en la red, que el autor es un pastor suizo Martin Niemoller.

Pero, en cualquier caso, Brecht opinaba de manera semejante a Niemoller y combatió el fascismo y la represión y defendió a los explotados y perseguidos. Pero tras la Segunda Guerra Mundial aceptó el puesto de director en el Berliner Ensemble y se convirtió en escritor al servicio del régimen comunista policíaco de Alemania Oriental. Cuando en 1953 los obreros desencadenaron protestas contra el régimen impuesto por los soviéticos en las que murieron cientos de manifestantes y policías, Brecht acusó a los obreros de agentes del capitalismo y apoyó las detenciones de millares de personas y las ejecuciones de más de cien civiles.

Bretch colaboró con este régimen, él que dijo o popularizó lo que decía Niemoller: "Primero vinieron a por los judíos, pero como yo no era judío..." Sin embargo, parece que en privado decía verdaderas salvajadas contra el régimen policial que defendía en público, un tipo de inmoralidad intelectual semejante al que hace poco denunció Susan Sontag refiriéndose a Gabriel García Márquez y Fidel Castro.

 

Una curiosidad acerca de la RDA

Alemania Oriental tenía probablemente el mayor archivo de datos sobre sospechosos que jamás ha existido, pues se conservan 600.000 fichas, que cualquiera puede consultar en la biblioteca dirigida por Joachim Gauch. Los informantes eran cientos de miles, hay quien dice que toda la población fue espía alguna vez: quienes leen sus fichas descubren que la Stasi (la policía secreta) conocía incluso la marca de su ropa íntima y que el informante era su propio marido y por eso quienes visitan el Museo de Gauch rompen matrimonios y amistades de toda la vida.

 

PERKINS GILMAN Y LO HUMANO [1]

6 de febrero de 2004

Hace unos días hablé de Charlotte Perkins Gilman y de su novela utópica Dellas (Herland). Dije entonces que aunque es lógico considerarla una escritora feminista, sin embargo ella tenía buenas razones para no aceptar esa etiqueta. Esas buenas razones no las da en Dellas, sino en su ensayo A manmade world, our androcentric culture (Un mundo hecho a la medida del hombre, nuestra cultura androcéntrica).

El ensayo empieza de manera deslumbrante hablando acerca de las ovejas. No se considera razonable que nos comportemos como ovejas, es decir que sigamos fielmente a nuestros líderes. Como decía Séneca: "El hombre sabio ha de ir a donde hay que ir no a dónde se va, como hacen las ovejas".

Pero Perkins Gilman explica que las ovejas no piensan por sí mismas porque:

"This instinct, we are told, has been developed by ages of wild crowded racing on narrow ledges, along precipices, chasms, around sudden spurs and corners, only the leader seeing when, where and how to jump. If those behind jumped exactly as he did, they lived. If they stopped toexercise independent judgment, they were pushed off and perished; they and their judgment with them".

"Este instinto, se nos dice, fue desarrollado a lo largo de años de vida en laderas escarpadas, barrancos, estrechos balcones sobre precipicios, con inesperadas esquinas y obstáculos, de tal modo que sólo el líder [la oveja que iba delante] sabía dónde y cómo pisar. Si las que iban detrás hacían exactamente lo mismo, sobrevivían. Si se paraban a ejercitar su pensamiento independiente, caían y perecían, ellas y su pensamiento con ellas"

Después habla Perkins Gilman de otros animales, como los carneros, las cabras, los búfalos y los antílopes y de los vocablos que se emplean en inglés para describirlos: cuando tienen cuernos es un sustantivo masculino. En castellano creo que no se da una correspondencia tan exacta, o tal vez sí. Pero lo más interesante no es eso, sino que esos cuernos suelen ir unidos a unos instintos beligerantes, agresivos y violentos. No es que se trate de una relación de causa efecto ni de un chiste fácil acerca de los cuernos, sino que da la impresión de que la agresividad se da más en los machos, mientras que en las hembras se observa casi siempre lo que se llama instinto maternal.

Hasta aquí Perkins Gilman parece dirigirse hacia las ideas sexistas basadas en al biología tan de moda hoy en día, o anticiparse a ellas, pues ella escribió su ensayo a principios del siglo XX.

Sin embargo, enseguida dice: "En nuestra especie todo esto cambia". Se insiste tanto, dice, en las diferencias entre los hombres y las mujeres, que se piensa poco en qué consiste ser "humano".

¿Hay algo que caracterice a los hombres y a las mujeres en tanto que humanos, del mismo modo que se puede decir que existe algo que caracteriza a las ovejas en tanto que ovejas y no en tanto que ovejas machos y hembras?

No sé si se entiende bien la pregunta. Como hemos visto, las ovejas no piensan por sí mismas (ya sean machos o hembras) a excepción de la que va delante. Esa es una característica "ovejil". Sin embargo, en los tigres no observamos ese comportamiento, sino más bien el contrario: cada tigre suele ir solo y raramente o nunca forma grupos, como hacen, por ejemplo, los leones. Esa es una característica "tigril".

Pero tanto las ovejas hembras como las tigras (¿o tigresas?) tienen instintos maternales. Esa parece ser una característica de los individuos femeninos, sea cual sea la especie a la que pertenecen.

Entre los seres humanos, parecen darse también esas características de agresividad masculina e instinto maternal femenino (obviamente por instinto "maternal" me refiero al cuidado de los hijos), pero, aparte de esa coincidencia (que luego se discutirá): ¿los humanos nos parecemos más a los/las ovejas o a las/los tigres?.

Esa es una pregunta que me interesa mucho y he dado ya algunos ejemplos de ese interés en está página y en estos cuadernos digitales.

Desde el punto de vista teológico, una fuerte objeción contra la opinión que sostiene que la crueldad humana es necesaria porque así tenemos libre albedrío es que quizá podríamos tenerlo también sin necesidad de parecernos tanto a los tigres.

Tal vez no hay por qué parecerse a las ovejas, pero ¿no podía Dios haber elegido un modelo intermedio entre las ovejas y los tigres? Por ejemplo, los elefantes, que comen hierba y, según tengo entendido no son especialmente agresivos, pueden colaborar entre ellos y con otras especies y parecen tener una inteligencia bastante notable. O mejor todavía, podía habernos creado a semejanza de los extraordinarios delfines.

Como dice William Blake en su poema Tiger que tantas veces he citado:

¿Qué martillo, qué cadena?
¿En qué horno se forjó tu cerebro?
¿En qué yunque? ¿Qué osadas garras
ciñeron su terror mortal?

Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas,
Y bañaron los cielos con sus lágrimas,
¿Sonrió al contemplar su obra?
¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo?