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003 TXT ZHUANG ZI
LIBROS INTERIORES
LIBRO 1 Nei Pian (En placentera libertad)
TEXTO 003 Lo mismo es distinto
III. Hui zi dijo a Zhuang Zi: "El
rey de Wei me hizo presente de una semilla de calabaza gigante. La planté,
creció y dio por fruto una calabaza en la que cabían hasta cincuenta
azumbres.
No se podía usar entera para echar en ella líquidos, pues su
solidez no permitía levantarla; ni tampoco servía cortarla para
hacer dos recipientes, que por su tamaño no cabrían en lugar
alguno. Pese a su grandor, no veía que pudiera ser de ningún
provecho: así que la he hecho pedazos».
A lo que Zhuang zi dijo: -«A fe que no sabéis hacer uso de las
cosas grandes. Hubo un hombre en Song que sabía aderezar un ungüento
con el que las manos no se agrietaban por el frío. Durante generaciones
su familia había tenido por oficio lavar seda. Oyó hablar de
él un forastero, y fue a ofrecerle cien monedas'' por su receta. Reunióse
la familia para deliberar: "Durante generaciones -dijeron- hemos estado
lavando seda. Y con ello sólo hemos ganado unas pocas monedas. Ahora,
en un momento, podemos ganar un ciento. ¡Vendámosla. pues,!.
Así que el forastero obtuvo la receta, y con ella se fue a Wu y pidió
audiencia al rey. En ese tiempo Yue estaba atacando a Wu. y el rey le puso
al mando de sus tropas. Entablóse un gran combate naval en pleno invierno
y Yue sufrió una decisiva derrota. El rey de Wu, en premio, le otorgó
como feudo una parte del territorio conquistado. El remedio contra las grietas
era el mismo: mas al uno sirvió para ganar un feudo y al otro sólo
para lavar seda: lo que se entiende por el diferente uso que de él
se hizo. Vos teníais una calabaza de cincuenta azumbres, y ¿por
qué no la habéis atado con cuerdas para hacer de ella una suerte
de flotador con que navegar por lagos y ríos'? Y no que os habéis
estado lamentando de que por su demasiado tamaño no había donde
ponerla. ¡De donde se colige lo obtuso de vuestras entendederas!».
Hui zi hablando con Zhuang ti dijo:
«Tengo un árbol, grande sobremanera, al que todo el mundo llama
ailanto. Su gran tronco está lleno de nudos, que no se le puede acomodar
cuerda y tinta; y tampoco compás y escuadra a sus retorcidas ramas.
Está al borde del camino, mas no hay carpintero que lo considere. Tales
son las razones que enseñáis: grandes por demás y sin
provecho, y todo el mundo se concierta a la hora de rechazarlas».
A lo que Zhuang zi dijo: «¿Por ventura no habéis visto
a la comadreja? Se agazapa y aguarda el paso de algún animalillo; brinca
hacia el este, brinca hacia el oeste sin importarle lo quebrado del terreno;
y así hasta que cae en una trampa o muere dentro de una red. Y ahora
considerad el yak, cuyo gran cuerpo semeja esa nube que oculta el cielo. Es
poderoso animal, mas incapaz de cazar un ratón. En cuanto a vos, con
vuestro árbol grande, os lamentáis de que no tiene provecho.
Pero, ¿por qué no lo plantáis en el país donde
nada crece, en la desolada vastedad? Así podríais pasear sosegadamente
junto a él, y tumbaros debajo con todo regalo. Y el árhol mismo
no sufriría los golpes del hacha, ni cosa alguna lo podría maltraer.
El no ser de ningún provecho, ¿por qué habría
de ser ocasion de tanto embarazo y cuidado?»