SALVADORES: LOS RECIÉN LLEGADOS

 

En los sueños y utopías, siempre hay una casta, un raza, etnia o clase social, un grupo o una asociación que salvará a la humanidad y contruirá un mundo más justo y más bueno. Siempre suele ser el grupo que todavía no ha tenido la posibilidad de intentarlo: los cristianos, los protestantes, los comunistas, los homosexuales, los negros, los obreros, los campesinos, los fascistas, los liberales.

Cuando lo intentan lo hacen más o menos igual que quienes lo han intentado antes, a menudo peor, porque los sueños ee convierten fácilmente en pesadillas y las utopías en distopías.

En todos los lugares, pero en algunos más que en otros, llega un momento, por ejemplo, en el que se desconfía tanto de los políticos profesionales que se prueba con los que están fuera del sistema. El resultado pocas veces es bueno, a menudo es malo y bastantes veces es horrible: Fujimori, Ronald Reagan, Chávez, Menem, Perón, Mussolinni, Hitler...

Pero esa tentación es constante: el salvador que viene de fuera, el hombre que no pertenece al sistema y por tanto está limpio de corrupción. En Estados Unidos esta figura es un mito nacional, uno de los dos o tres estereotipos fundamentales de su cultura: el selfmade man (hombre hecho a sí mismo) el vaquero que dicta sus propias leyes y tiene sus propias pistolas, el no-político que no pertenece a los "corruptos políticos profesionales" de Washington.

Es un mito tan poderoso que incluso el actual presidente, George W.Bush se presentó con esa imagen de recién llegado a la política... ¡a pesar de que su padre había sido Presidente de EE.UU y su hermano era Gobernador de Florida.

Cuando el recién llegado, el puro, alcanza el poder, ¿qué hace? Lo que hacen los demás políticos en el mejor de los casos, algo nuevo en el peor de los casos.

Suelen saltarse las leyes de defensa de la privacidad, las garantías constitucionales, como hace Bush, instauran estados de excepción, se apoderan de toda la prensa y medios de comunicación, aplican la censura o expulsan a periodistas del país, como quiso hacer Lula hace poco.

Para ellos, las leyes son papeleo burocrático, que se pueden saltar porque "el pueblo reclama medidas rápidas y contundentes".

En los países ahora mayoritariamente islámicos, hace 40 o 50 años la solución milagrosa era el marxismo-leninismo. El experimento ha dado resultados tan desastrosos que se ha buscado un nuevo milagro: el Islam. Espero que este nuevo y sangriento esxperimento dure tan poco como el anterior y que sea más una moda pasajera que una esencia. Ya sólo les queda probar la democracia y los derechos humanos, que no garantiza paraísos, pero sí mundos más habitables.

Ahora que ya casi todos han probado su utopía: los fascistas, los nazis, los comunistas, los islamistas, el último sueño son las mujeres. Como dicen algunos sociólogos en una jerga rimbombante: "el auténtico sujeto revolucionario".Una y otra vez se presenta la futura sociedad gobernada por mujeres como una sociedad justa y pacífica.

El ejemplo de cada vez más mujeres gobernantes ha mostrado, sin embargo, que no son tan diferentes de los hombres: unas lo hacen bien, otras regular y otras mal.

Como aviso a los sueños utópicos vale el ejemplo de la general Janis Karpinski, implicada en torturas en Irak. Karpinski es  un ejemplo entre muchos otros de mujeres soldado que han demostrado que lo que importa no es lo que se tiene entre las piernas, sino lo que se tiene en las manos: las supuestas diferencias entre hombrtes y mujeres quedan anuladas cuando se tiene un arma en la mano.

Y esto, me temo, es sólo el comienzo: Istrael fue un país pionero con la incorporación de mujeres al ejército. Los palestinos, que parecen querer imitar a su verdugos en todo, han inventado las mujeres suicidas (parece que pronto habrá niños suicidas, no es broma).

Dentro de poco, uno empezará a temer tanto a una mujer desconocida que se te acerca por una calle oscura como se teme a un hombre.

Recomendación: tampoco te fíes porque sí de las mujeres. Piensa que la sociedad y la política la hacen hombres y mujeres, no arquetipos salvíficos. Yo creo que hombres y mujeres son iguales, aparte de diferencias biológicas obvias que se irán, quizá, también diluyendo en el futuro, y muchas diferencias debidas a la educación: somos iguales, para lo bueno y para lo malo.


 

Vuelve a danieltubau.com

 

NI SUEÑOS

NI PESADILLAS