El resto es literatura                                                         La epopeya de Gilgamesh

 

Gilgamesh

 

Página de Daniel Tubau

 

LA EPOPEYA DE GILGAMESH

 

Dos hombres y un destino: Gilgamesh y Enkidu

Gilgamesh y Canetti

Gilgamesh se va de viaje

De nuevo Gilgamesh

El diabolus ex machina

La siembra de Gilgamesh

La paradoja de Gilgamesh

El mapa de Gilgamesh

LITERATURA MERSOPOTÁMICA

Cuando los dioses hacían de hombres

 

 

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Numen Daniel Tubau   Numen. Mitología comparada

 

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Dos hombres y un destino: Gilgamesh y Enkidu

Dos hombres y un destino, la película de George Roy Hill con guión de William Goldman y con Robert Redford y Paul Newman en los papeles protagonistas, es uno de los ejemplos más conocidos de las tramas de amistad: dos amigos (a veces más) que emprenden un viaje juntos.

Estas historias a menudo acaban mal, como en Dos hombres y un destino o Thelma y Louise, de Ridley Scott, que es en cierto modo una variación del guión de Goldman, pero ahora protagonizado por dos amigas.

Es un tipo de aventura, como dice John Truby en Anatomy of story, que se remonta a Gilgamesh y su gran amigo Enkidu.

Truby no llega  a comparar la epopeya de Gilgamesh con el guión de Goldman, pero creo que existe al menos una coincidencia interesante.

La epopeya de Gilgames está protagonizada por el rey Gilgames de Uruk. Esto queda claro desde el título. Sin embargo, su rival, y luego amigo, Enkidu no es un personaje secundario, sino casi de la misma importancia.

Dice Truby que en las historias de compañeros (buddy stories), uno de los dos debe jugar un rol más importante que el otro, del mismo modo que sucede en las historias de amor. Esto, como todas las reglas generales, es discutible, y se podrían encontrar ejemplos en contra, desde Stan Laurel y Oliver hardy (el Gordo y el Flaco) a las ya mencionadas Thelma y Louise.

En el caso de Dos hombres y un destino, la intención de Goldman era desde el principio que Butch y Sundance estuvieran a la misma altura, que fueran ambos protagonistas. No un héroe y su colega, sino dos héroes o dos colegas.

El problema en aquel momento era que Paul Newman era una gran estrella de Hollywood, mientras que Robert Redford era casi un desconocido. Eso hacía temer a Goldman y al director George Roy Hill que todo el mundo pensara que Redford era tan sólo "el amigo del protagonista".

Para resolver este prejuicio inevitable del público, el director y el guionista decidieron aprovecharse de otro prejuicio, otro código que los espectadores obedecemos sin saberlo: el protagonista suele salir en la primera gran escena.

Así que Goldman presentó a Paul Newman al principio de la película, pero sin permitirle lucirse, y a continuación escribió una gran escena para Redford: una larga secuencia de una partida de cartas en el típico salón del oeste, llena de tensión y primeros planos de Redford. Cuando el espectador había quedado ya deslumbrado por Redford, Goldman y Roy Hill permitían que entrara Paul Newman en el salón.

A partir de ese momento, al espectador no le quedaba duda alguna de que no estaba viendo una película de Paul Newman en la que salía Robert Redford, sino una película de Paul Newman y Robert Redford.

Con el paso de los años, la fama de Newman y Redford se ha convertido casi en equivalente, e incluso ha habido temporadas en las que Redford fue más famoso. Eso tal vez crea ahora un cierto desequilibrio en Dos hombres y un destino, pues Redford, al fin y al cabo se ha quedado con la escena de lucimiento inicial, lo que hace que el espectador pueda pensar que Redford es el verdadero protagonista.

La última vez que la vi, sí me pareció que el papel principal era levemente de Redford, pero muy levemente. Porque, en realidad, Dos hombres y un destino es uno de esos ejemplos que niegan la regla de Truby que afirma que en las películas de amistad uno de los dos debe ser más protagonista. Creo que Butch Cassidy y Sundance Kyd son como el Gordo y el Flaco o como Thelma y Louise: los dos protagonistas de la historia.

En cuanto a La epopeya de Gilgames es un relato del que se conservan diversas versiones en distintos idiomas. La más importante es la versión ninivita, que podría haber sido escrita por un tal Sinleke unnenni.

Fuese Sinleke o cualquier otro, es curioso observar que al principio de la narración, al autor parece preocuparle algo parecido a lo que hizo que Goldman le diese a Redford la primera escena de lucimiento: Gilgames, no sólo daba nombre al relato, sino que había sido un rey legendario y, además, se había acabado convirtiendo en Dios inmortal. Sin duda todos los oyentes, al menos en las primeras etapas del relato, ya conocían a Gilgames como un gran héroe, pero apenas sabrían nada de ese tal Enkidu.

En consecuencia, cualquier oyente o lector de la epopeya pensaría inevitablemente que Enkidu jugaba un papel secundario. Para evitarlo, en la primera tablilla, tras un prólogo de acción introductorio, que también recuerda al de muchas películas, en el que Gilgames aparece como un rey tiránico y malvado al que hay que poner freno, Enkidu se apodera del protagonismo y disfruta varias escenas de lucimiento, en las que no falta el sexo con una cortesana, e incluso su transformación de bestia en ser humano, provocada precisamente por su aventura con la prostituta. A partir de ese momento, Enkidu será casi un igual de Gilgames, no un simple secundario.

A diferencia de Dos hombres y un destino o Thelma y Louise, en la Epopeya de Gilgames no mueren los dos héroes al mismo tiempo, y eso hace que Gilgames se haga finalmente con el protagonismo.

William Goldman cuenta sus problemas con la excesiva fama de Newman al escribir Dos hombres y un destino en Aventuras de un guionista en Hollywood.

La paradoja del hombre, Gilgamesh, que buscó en vano la inmortalidad y, sin embargo, acabó convirtiéndose en dios inmortal es un aspecto interesante de la epopeya, del que he hablado en la entrada La paradoja de Gilgamesh.

 

 

Gilgamesh

El Diabolus ex machina

La expresión diabolus ex machina es la contraparte del conocido deus ex machina, del que he hablado a menudo tanto en el libro como  en la página (Defensa del deus ex machina) de Las paradojas del guionista.

El deus ex machina es la intervención inesperada de algo o alguien que no tiene nada que ver con lo que se está contando, que aparece de improviso como un conejo de la chistera del mago, para solucionarle la vida a los personajes o al guionista o narrador.

Lo que hace el diabolus ex machina es, por supuesto, lo contrario: cuando ya todo parece solucionado, cuando estamos ya casi en el final feliz y el mal ha sido vencido, entonces una circunstancia inesperada, imprevisible y fortuita viene a estropearlo todo.

El primer ejemplo de diabolus ex machina se encuentra en la primera obra literaria de la humanidad, La epopeya de Gilgamesh, que es también mi favorita, lo que podría llevarnos a conclusiones muy pesimistas respecto a la evolución narrativa en los últimos cuarenta siglos, pero creo que es sólo casualidad.

La epopeya sumeria y asirio babilonia cuenta el fracaso del rey de Uruk, Gilgamesh, ya casi en el desenlace de la historia, al intentar obtener la inmortalidad. Cuando se dispone a regresar frustrado a Uruk, el barquero Utanapishti, que es una extraño personaje, que en algunos aspectos recuerda a Noé, o más bien habría que decirlo a la inversa, pues es evidente y aceptado que el mito del diluvio de Noé imita al de Utanapishti, le dice:

"Gilgamesh, tu viniste hasta aquí
    con gran dolor y fatiga:
¿Qué te voy a dar cuando regreses a tu país?
   Voy a revelarte
un misterio
A comunicarte
     un secreto de los dioses

Se trata de una planta
   con la raíz semejante a la del Falso-Jazmín,
Y cuyas espinas son como las de la zarza
     listas para pincharte las manos.
Si consigues hacerte con ella,
habrás encontrado la vida prolongada.

Claro, no es lo mismo que la eternidad que acaba de perder, pero al menos sí podrá prolongar su vida y recuperar la vitalidad. Y quizá, quién sabe intentar de nuevo acceder a aquella inmortalidad perdida. Gilgamesh no lo duda un instante y se sumerge hasta el fondo del mar:

Donde encontró la planta.
    Se apoderó de ella pese a los pinchazos

Entonces, el héroe, feliz y satisfecho tras todas las penurias que ha sufrido, le dice a su barquero UrShanabi:

"UrShabnabi, ésta es la planta
    Contra el miedo a la muerte:
Con ella,
   se puede recobrar la vitalidad.
Voy a llevarla a Uruk, de los cercados,
   donde para probar su eficacia
haré que la tome un viejo:
Porque su nombre es:
  "El viejo rejuvenece"
Luego la tomaré yo mismo,
para recuperar mi juventud.

Después de recorrer trescientos kilómetros, Gilgamesh y UrShanabi acampan:

Al ver Gilgamesh
   un pozo de agua fresca,
Entró en él
     para bañarse
Pero al olor de la planta
    una serpiente
salió furtivamente de su madriguera
   y se la llevó
De regreso
   se quitó una piel.

La serpiente es ese diabolus ex machina que, cuando ya todo parece conducir al feliz desenlace, roba a Gilgamesh la planta de la juventud: el mito explica así la razón por la que las serpientes cambian de piel.

El desenlace feliz se ha convertido en trágico de manera imprevista.

Gilgamesh, entonces se sentó
   y lloró
Y las lágrimas resbalaban por sus mejillas.
Tomó la mano de UrShanabi el Barquero
   y le dijo:
"¿Para quién se agotaron mis brazos?
¿Para quién la sangre de mi corazón
se ha derramado?

 

EL DIABOLUS EX MACHINA

2. La siembra de Gilgamesh

En El primer diabolus ex machina me referí al que tal vez sea el primer ejemplo conocido de diabolus ex machina: el que se emplea en el desenlace de la Epopeya de Gilgamesh.

Sin embargo, tal vez fui un poco injusto, porque una lectura atenta de la obra en sus diferentes versiones en acadio, asirio y otras lenguas semitas, o en hitita, hurrita y otras lenguas indoeuropeas, nos revela que diversos autores intentaron evitar el diabolus ex machina de la epopeya mesopotámica.

Como tal vez hayas adivinado ya, la manera de evitar un diabolus ex machina es la misma que se emplea para evitar un deus ex machina: escribir hacia atrás (la paradoja número 21 de mi libro Las paradojas del guionista). Es decir, "sembrar", situar a lo largo del relato ciertos detalles, escenas, situaciones que preparen al espectador para aceptar lo que va a suceder.

En el caso de la epopeya de Gilgamesh, ese desenlace en el que Gilgamesh pierde la flor de la juventud al bañarse en un pozo no es tan casual como parece, pues la afición de Gilgamesh por hacer pozos es una constante a lo largo del relato.

Así, en la Tablilla de Sippar, datada hacia el -1700 y que al parecer era un ejercicio escolar, se cuenta cómo Gilgamesh emprende su viaje en busca de la inmortalidad, a pesar de que el dios solar Samas le dice que no podrá lograrlo (esto ya es sembrar) y se  menciona su afición a cavar pozos:

Cavó pozos Gilgamesh
que antes no había;
bebía las aguas,
seguía los vientos.

Samash se inquietó; se inclina hacia él
y le dice a Gilgamesh:
"Gilgamesh, ¿a dónde vas dando vueltas?
¡La vida que buscas no la encontrarás!"

Shamash

Tablilla en la que aparece el dios Shamash. Es tentador imaginar que los dos personajes que aparecen en lo alto manejan la rueca del destino y de la vida, pero se trata del signo solar del Dios.

También en la aventura que emprende Gilgamesh y Enkidu para enfrentarse al monstruoso Huwawa en el bosque de los cedros, una y otra vez Gilgamesh cava pozos de agua fría, se supone que para tener agua para el viaje:

De cara a Samash
cavaron un pozo
echaron agua fría en los odres

(tablilla IV:5)

Y cuando llega el fatal desenlace en el que una culebra se lleva la flor de la juventud el propio Gilgamesh expresa claramente que su error ha sido bañarse en el pozo:

"¡Cuando abrí el pozo
dejé tirados mis pertrechos!
¿Qué puedo reconocer que me sirva de señal?

Se refiere Gilgamesh a que, además, la marea ha subido "veinte leguas dobles" y ya no es posible saber dónde dejó la flor y dónde la serpiente la robó.

Es muy probable que la necesidad, costumbre o manía de excavar pozos, tenga algún sentido mitológico, quizá relacionado con el dios solar Samash, o quizá porque la culebra que habita en las pozas de agua fría represente a una deidad enemiga. Marcos Méndez recordaba en un comentario reciente que también en el Jardín del Edén de Adán y Eva una serpiente es la causante de que los seres humanos pierdan la inmortalidad.

Sé que un tal Civil ha estudiado el asunto de los pozos de agua a fondo, pero no he podido consultar su investigación.


Gilgamesh

De nuevo Gilgamesh

 

Se ha publicado hace poco en español una nueva edición/traducción de La epopeya de Gilgamesh. Su autor es Joaquín Sanmartín, basándose en al edición crítica del texto acadio realizada en 2003 por A. R. George. Y cuenta, según dice mi admirado Carlos García Gual, con profusión de interesantes notas.

La epopeya de Gilgamesh es mi libro favorito de todos los tiempos, como bien saben quienes me conocen o quienes visitan esta página con regularidad.

Se considera que la Epopeya de Gilgamesh es la primera narración de ficción de la historia (el I Ching chino es quizá anterior, pero es más bien un ensayo).

Cuenta la historia de Gilgamesh, rey de Uruk, que tal vez vivió hacia el año -2700.

No se sabe quién fue el autor de este libro, del que se conservan restos en diferentes idiomas, pero sí se sabe que un tal Sinleke Unnunni fue el autor o al menos el copista de la versión ninivita.

Hay libros que se pueden comprar varias veces, porque siempre son distintos. Mi padre compra ediciones de los Rubayats de Omar Jayyam (yo también tengo cuatro o cinco: hablo de eso en Esklepsis 1) o del Libro del Dao de Lao Zi.

Cada traducción de esos libros es un poco diferente y ofrece cosas nuevas. Pero el caso de La epopeya de Gilgamesh es todavía más interesante, porque cada nueva edición añade fragmentos recientemente descifrados, con lo que la historia se va completando poco a poco. Es curioso que la historia más vieja del mundo sea también la más nueva y cambiante.

Gilgamesh

La última edición que compré de Gilgamesh (he leído otras después en Internet) es la editada por Jean Bottero. La leí en un viaje delicioso que hice con mis amigos Luis y Marcos a Portugal. Espero con verdadera ansiedad leer esta nueva edición, que no me compro todavía porque tengo que trabajar en un libro.

Precisamente en el libro que estoy escribiendo acerca del guión hablo de vez en cuando de Gilgamesh, pero hay un apartado que muy interesante que no sé si acabaré incluyendo en el libro, así que la trascribo en la siguiente entrada.

(23 de junio de 2005)

 

Gilgamesh se va de viaje

Gilgamesh

Gilgamesh y el toro celeste por Ana Aranda

La epopeya de Gilgamesh es mi libro favorito de todos los tiempos, creo. Ya he dicho alguna vez que lo bueno que tiene este libro tan antiguo es que siempre es nuevo, porque poco a poco se van descrifrando nuevos fragmentos arqueológicos y el relato se va completando. No sé si algún día estará del todo completo, pues todavía quedan bastantes lagunas.

La última versión que leí fue la de Jean Bottero, en 1999, cuando viajé con Luis y Marcos a Lisboa. Mañana inicio otro viaje con rumbo y destino desconocido con Marcos, Luis, Rafael, Bacti... y Gilgamesh, en una reciente versión que he guardado hasta este momento. En aquella ocasión descubrí muchos cuervos en Gilgamesh y en Lisboa, ¿qué descubriremos en este viaje? Ya se verá.

(1 de diciembre de 2005)

Comentarios

 

 

Gilgamesh y Canetti

En un reciente viaje con tres amigos al sur me llevé de nuevo el libro en el que se cuenta el primer viaje: la Epopeya de Gilgamesh.

Curiosamente, en un viaje anterior a Portugal en el que llevaba el mismo libro, pero en otra edición, encontré al cuervo de Gilgamesh, que es también el primer cuervo literario conocido (y antepasado directo del cuervo de Noé), en Lisboa.

Cuervo de Lisboa

En el escudo de Lisboa se ve un barco con
dos cuervos. No tiene que ver con la
historia de Noé ni con la de Gilgamesh,
sino con al de un santo cristiano

Siempre encuentro algo en Gilgamesh, porque casi todo empieza con él: el primer viaje, el primer cuervo, la primera amistad, la primera aventura de amor homosexual, la primera dicotomía entre naturaleza y civilización, la primera interpretación de los sueños, la primera tentativa de escapar a la muerte, y tantas otras cosas que se pueden encontrar por primera vez en la Epopeya de Gilgamesh, por la sencilla razón de que es también la primera narración conocida y, en cierto sentido, aunque esté escrita en verso, la primera novela.

En este viaje al sur sólo leí algunas páginas de la nueva versión de la Epopeya de Gilgamesh, editada en Trotta, pero en cuanto regresé a Madrid encontré una asombrosa coincidencia relacionada con Gilgamesh en la segunda parte de la biografía de Elías Canetti, La antorcha al oído:

                  canetti

  Descubrí el poema de Gilgamesh, obra que como ninguna otra ha influido en mi vida, en su sentido más íntimo, su fe, su energía y sus expectativas. El lamento de Gilgamesh por la muerte de su amigo Enkidu me conmovió profundamente:

"Por él he llorado día y noche,
No consentí que lo sepultaran,
por si mi amor despertaba a mi amigo.

Lo he llorado siete días con sus noches
Hasta que el gusano invadió su cara,
Desde que murió, no he vuelto a encontrar vida,
Y errante voy por la estepa, como un salteador."

  Luego viene su expedición contra la muerte, su peregrinación por las tinieblas de la Montaña Celestial y por las Aguas de la Muerte hasta que encuentra a su antepasado Utnapishtim, salvado del diluvio, a quien los dioses concedieron la inmortalidad. Por él quiere saber cómo se llega a la vida eterna. Es cierto que Gilgamesh fracasa y muere. Pero esto no hace más que corroborar en nosotros la necesidad de su expedición.
  De este modo he podido sentir la incidencia de un mito en mi propia persona; como algo que durante el medio siglo transcurrido desde entonces he pensado y repensado de muchas maneras, dándole vueltas de un lado a otro en mi interior, pero que ni una vez he puesto en duda. Capté como unidad algo que en mí ha continuado siéndolo. Me es imposible criticarlo. La cuestión de si creo o no en semejante historia, no me afecta; ¿cómo podría decidir frente a la sustancia más específica de la que estoy compuesto, si creo en ella? Pues no se trata de repetir como un loro que, hasta la fecha todos los hombres han muerto, sino sólo de decidir si uno se resigna a aceptar la muerte o se rebela contra ella. Rebelándome contra la muerte he adquirido un derecho al brillo, riqueza, miseria y desesperación de cualquier experiencia. He vivido inmerso en esta rebelión infinita. Y si bien el dolor de los seres queridos que con el tiempo he ido perdiendo no es inferior al de Gilgamesh por su amigo Enkidu, tengo una ventaja única sobre el hombre-león: que me importa la vida de cada ser humano y no sólo la de mis seres más próximos."

De esta atracción hacia Gilgamesh y la inmortalidad que comparto con Canetti da fe mi página Utanapishti, y también una frase de Joseph Glanwill que encontré en Ligeia de Poe y que he llevado conmigo desde hace años:

"El hombre no se doblega a los ángeles, ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad".

Sobre Gilgamesh publicó varias entradas Ana Aranda en su breve blog Los demás somos nosotros. Allí está el hermoso dibujo que ella hizo de Gilgamesh y que he puesto varias veces en mis páginas.

Gilgamesh

Gilgamesh luchando con el toro celeste
(por Ana Aranda)

También he hablado de Gilgamesh en mis blogs, cuadernos y ezines.

En Monadolog: Cuando los dioses hacían de hombres

En Esklepsis 3: Los libros perdidos

En Las afinidades electivas: De nuevo Gilgamesh y La paradoja de Gilgamesh que, refuta en parte la idea de que Gilgamesh fracasó.

Y en Il Saggiatore: Gilgamesh se va de viaje.

La paradoja de Gilgamesh

 

Jean Bottéro, uno de los mayores expertos en la mitología mesopotámica y autor de la más elogiada edición de La epopeya de Gilgamesh, termina su libro con una interesante nota:

  Podría haber, en esta obra, ya desde su primer boceto con la Versión antigua, una paradoja que nadie, creo, ha destacado hasta la fecha: frente a este Gilgamesh que busca, con tanto esfuerzo, una vida sin fin y que regresa a su casa, a fin de cuentas, con las orejas gachas, aniquilada toda esperanza y resignado a seguir, con entusiasmo aparente, su destino de mortal, nos encontramos con que su nombre aparece siempre acompañado del signo cuneiforme de la «estrella» que, según las reglas de esta escritura, lo coloca entre los seres divinos. Dicho de otro modo, esto revela, al menos, que editores, correctores, copistas y lectores sabían perfectamente bien, durante todo el largo caminar de Gilgamesh, de su deseo frustrado, de su agotamiento y de su derrota, que después de su fallecimiento, tal y como lo explica la leyenda sumeria de su muerte, había sido «divinizado», y que había obtenido, por tanto, de hecho, esta inmortalidad por cuya obtención tanto se había afanado aquí abajo.

Así que, desde el principio de la historia los lectores u oyentes ya conocían el desenlace, porque sabían que Gilgamesh era un Dios, del mismo modo que los espectadores del teatro griego sabían que pasaría al final de la obra, porque casi todas las obras se basaban en mitos conocidos.

Bottéro, sin embargo, resuelve así la aparente paradoja de un relato casi de intriga pero cuya solución ya se conoce:

  La paradoja sólo es aparente, porque si bien autores y usuarios de la Epopeya lo sabían, también sabían que Gilgamesh, durante su vida, era imposible que previera o siquiera esperara lograr este inusitado regalo, en relación con el cual los dioses se habían mostrado siempre tan avaros, porque los definía separándolos radicalmente de los seres humanos. No sólo las diversas versiones de la epopeya, sino también antes de ellas, las leyendas sumerias lo consideran un hombre como los demás, aunque lo describan como superior a todos... La Epopeya habría perdido todo su sentido, toda su fuerza de convicción si Gilgamesh no hubiera sido, a todos los niveles, no sólo hombre sino, por decirlo así, más hombre que ninguno.

Es lo mismo que sucede, y sucedió desde el principio, con la historia de Jesucristo: todo el mundo sabe que al final resucitará, porque todos los cristianos saben que Jesucristo es Dios. También los niños conocen el desenlace cuando piden a sus padres que les cuenten otra vez la misma historia.

Pero, aunque el receptor de la historia lo conozca y quien la cuenta también lo sepa, como lo sabe un cristiano que explica a otro cristiano la historia de su Dios hecho hombre, hay una lógica interna de los personajes, una lógica del relato que exige que el propio Jesucristo no conozca el desenlace, o que al menos llegue a dudar si es o no hijo de Dios, como cuando exclama: “Padre, ¿por qué me has abandonado?”

 

 

Cuando los dioses hacían de hombres

 

Cuando los dioses hacían de hombres

 

Este es uno de esos libros deliciosos que me gusta tener en papel. Uno de los libros por los que merece la pena gastarse el dinero. Casi todo libro lo merece, creo, pero es muchos son tan caros que ya sólo compro de segunda mano o de bolsillo (afortunadamente, el mercado de bolsillo en España está mejorando mucho). Es un libro dedicado a la mitología mesopotámica.

La edición está a cargo del legendario Samuel Noah Kramer (autor de esa maravilla llamada La historia empieza en Sumer), y del que es hoy quizá el mayor experto en Mesopotamia, Jean Bottéro. Como se dice en la contratapa, en este volumen se recoge el corpus más completo de textos mitológicos mesopotámicos.

No se incluye el Poema de Gilgamesh (quizá mi libro favorito de toda la historia), no sé si porque es demasiado extenso o porque no se considera puramente mitológico. Y la verdad es que es innecesario, porque la mejor edición que conozco, también a cargo de Bottéro, se editó en esta misma editorial (Akal) hace no mucho.

Pero hay ni más ni menos que 51 textos, entre ellos el Enuma Elish o Poema de la Creación y el también fascinante Poema de Erra. Espero que este nuevo estímulo me haga subir a estas páginas entradas relacionadas con Mesopotamia, como ya dije cuando leí la colección de mitos sumerios editada por Federico Lara Peinado.

Hace dos años, por cierto, unos arqueólogos alemanes aseguraron haber encontrado la ciudad de Uruk, donde reinaba Gilgamesh e incluso su tumba. No he sabido más del asunto, porque supongo que a causa de la guerra (Uruk estaba en Irak) todo quedó paralizado. O a lo mejor fue una falsa noticia.

 

El mapa de Gilgamesh

En una de mis primeras páginas web, había un mapa con enlaces a las diferentes secciones :

mapa

Ese mapa es el de dos ríos.

Son el Tigris y el Eúfrates, que es por donde vivió Gilgamesh (en Uruk, que, dicen, ha sido descubierta hace poco). Pero el mapa está puesto del revés y por eso no resulta tan reconocible.

 

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