Secleb

"Dícese de aquella palabra que se usa para referirse a las palabras que no existen en ningún idioma conocido".

 

Está página está dedicada a secleb, una idea que nació en el weblog Mundos flotante. Aquí se reproducen todas las entradas y comentarios relacionados con secleb, así como los hallazgos de secleb en Internet.

 

De cómo apareció secleb

Secleb apareció de casualidad, al rescatar de mis ediciones privadas un comentario al libro de Michel S.Gazzaniga El cerebro social.

Dice Michel S. Gazzaniga:

"Cómo es posible que el cerebro pueda reconocer casi instantáneamente que "secleb" no es una palabra de nuestro idioma? El vocabulario de una persona puede estar compuesto por 250.000 palabras, "Secleb" podría ser una de ellas, ya que posee todos los elementos fonémicos y grafémicos característicos de una palabra; con todo, nos hemos dado cuenta de inmediato de que no es una palabra de nuestra lengua. ¿por qué no ha sido necesario que el cerebro consultase su diccionario palabra por palabra antes de tomar una decisión?".

Me preguntaba yo entonces: ¿Y si sí lo ha hecho?"

Más adelante dice Gazzaniga:

"¿Por que un humano (un cerebro humano) trabaja más rápido cuanto más sabe, mientras que un artefacto (un ordenador) cuantos más conocimientos tiene más lento trabaja? ".

Apunté al margen:

Esto es muy interesante y cierto. Cuando un ordenador está cerca de llenar su capacidad de memoria se enlentece. Le podemos añadir más memoria para que recupere su ritmo normal. Esto no parece ser el caso del cerebro, a no ser, hipótesis descabellada tal vez, que la propia información que proporcionamos al cerebro se convierta también de algún modo en nutriente del cerebro. Otra teoría más plausible sería que la información abriese más y más módulos de memoria, de tal modo que el cerebro aumentase su capacidad a medida que aumenta también su información. Sería interesante encontrar una metáfora o comparación de algo que actúe igual que el cerebro, es decir que aumente su eficacia cuando aumenta su complejidad (sin limitarnos a la mera suma de energía externa de los ordenadores).

NOTA 15 de noviembre de 2000:
Pero sigo preguntando lo mismo: Gazzaniga dice que el cerebro no tiene necesidad de consultar su tremendo diccionario, pero quizá sí lo haga. Quizá sí que lo consulte. De hecho, resulta difícil explicar de otra manera por qué el cerebro sabe al instante que secleb no es una palabra castellana.


gazzaniga
Notas de 1997 y 2000 a Michel S. Gazzaniga:
El cerebro social
, 192ss

Ahora, en septiembre de 2005 sigo pensando lo mismo. Gazzaniga da por sentado que el cerebro no repasa su vocabulario de 250.000 palabras para decidir que "secleb" no estaba allí archivada como palabra válida, pero hay razones para pensar que sí lo hace. Cuando usamos un corrector de textos en un ordenador, las palabras son reconocidas al instante como correctas o incorrectas. Es evidente que el ordenador lo hace por comparación con las que tiene almacenadas en su memoria. De este modo encuentra que Secleb no está ahí.

No sé cuántas palabras puede tener un corrector de estilo de un procesador de texto, pero pensemos en Google, que puede acceder en instantes a millones de palabras y reconocer que "Secleb" no existe ni en español ni en ninguno de los idiomas que maneja: he hecho la prueba y Google no ha encontrado ni un sólo documento con "secleb".

[Publicado en Mundos flotantes, 6 de septiembre de 2005]

 

Definición de SECLEB

"Dícese de aquella palabra que se usa para referirse a las palabras que no existen en ningún idioma conocido".

Y con este acto, me apropio la definición de una nueva palabra, que a partir de ahora espero que Google encuentre.

Gracias a mí Secleb existe en la Red. Decía Goodman que las palabras crean mundos, así que los constructores de palabras estamos creando nuevos mundos. Y la verdad es que resulta bastante fácil.

No sé si a alguien se le habrá ocurrido la idea de crear nuevas palabras, pero de vez en cuando crearé alguna nueva, poniéndola en circulación mundial al escribirla en esta página.

[Quizá Google todavía no encuentre Secleb, pero seguro que tras su próximo rastreo de fin de mes sí]

 

Paradoja

Quizá te has dado cuenta al leer la entrada anterior que una paradoja acecha. ¿Sabes cuál?

 

 

La paradoja de secleb

Ana me ha enviado un correo a propósito de lo que dije acerca de la palabra secleb.

El correo de Ana es tan interesante que lo reproduzco aquí:

La definición de SECLEB es divina, me encanta. Creo que la paradoja está en esta definición: "Secleb es aquella palabra que se usa para referirse a las palabras que no existen en ningún idioma conocido". Pero además Secleb es una palabra que no existe en ningún idioma conocido. Tiene una doble función. Si no me equivoco Secleb podría ser un ejemplo de la paradoja de Russel. Seblec podría ser un elemento de un conjunto que se contiene a sí mismo.
Tenemos un conjunto de palabras que no existen en ningún idioma conocido con varios elementos, que podrían ser Sivanvi, ostrasli, uslekax… Pero además tenemos un conjunto con las palabras que se usan para referirse a las palabras que no existen en ningún idioma conocido con un elemento: Secleb.
La paradoja de Russell ha sido expresada en este ejemplo que parece más sencillo: «El barbero de esta ciudad, que afeita a todos los hombres que no se afeitan a si mismos, ¿se afeita a sí mismo?»
Secleb es aquella palabra que se usa para referirse a las palabras que no existen en ningún idioma conocido. ¿Secleb es un secleb?

Yo no había pensado en la paradoja de Russell de manera consciente, pero sí, parece que secleb es un habitante de ese mundo. El asunto es tan interesante, que dentro de poco haré una entrada dedicada a la paradoja de Russell.

Ana pone el ejemplo del barbero que afeita a todos los que no se afeitan a sí mismos en el pueblo... ¿se afeita a sí mismo?

Es un ejemplo excelente que me recuerda además un texto breve de Mark Twain en el que cuenta que al llegar a un pueblo supo que sólo había dos barberos y que todo el mundo se cortaba el pelo con uno o con el otro. Uno de los barberos estaba desgreñado, tenía trasquilones y cortes en la cara. El otro tenía un corte de pelo excelente. Mark Twain, naturalmente, decidió cortarse el pelo y afeitarse en el barbero desgreñado y lleno de trasquilones y cortes.

Volviendo a la paradoja de Russell, él hablaba de:

  • Los conjuntos que se contienen a sí mismos
  • Los que no se contienen a sí mismos
  • El conjunto de los conjuntos que no se contienen a sí mismos.

¿Este último conjunto se contiene a sí mismo?

Paradojas semejantes, pero que no son realmente la paradoja de Russell, son palabras como esdrújula, que es esdrújula, o pentasílaba que es pentasílaba, mientras que monosílaba no es monosílaba.

Pero el caso de secleb como dice Ana, sí parece pertenecer al mundo de las paradojas de Russell, o hallarse muy cerca o incluso ir más lejos. Porque secleb es una palabra cuya definición es: "Aquella palabra que se usa para referirse a palabras que no existen en ningún idioma conocido". Es decir, podemos decir que probablemente cretnyas es un secleb, pero que madre no lo es. El problema, como bien dice Ana, es si secleb es un secleb.

Lo era sin duda hace unos días, pero ¿lo sigue siendo ahora? Porque hace unos días secleb no aparecía en Google y ahora sí aparece. O eso parece...

En realidad, secleb no ha sido creada por mí, sino por Michel S. Gazzaniga, como puedes leer en la primera entrada, y por ello secleb ya aparecía antes que en Google en el libro de Gazzaniga El cerebro social. Por tanto existía en inglés (en el libro de Gazzaniga) y en español al menos. Si somos estrictos y acatamos las normas de la Academia de la lengua, tal vez se podría decir que secleb no existía en español, pero sí en inglés, porque los anglosajones siguen la sana costumbre de considerar palabras existentes todas aquellas que han aparecido impresas.

Sí, me dirás, entonces también son palabras de la lengua inglesa iasy o lomon, porque alguna vez alguien habrá publicado en algún libro easy y lemon con esas faltas de ortografía.

¿Y yo qué te respondo a esto?

Pues nada, porque no sabría que decir. Ahí está el busilis. Casi nunca hay soluciones definitivas a nada, pero es posible que, incluso en el español cotidiano, existan palabras que creemos correctas y que proceden de un error que los primeros gramáticos (como el célebre Nebrija) no advirtieron.

Y vuelvo a Gazzaniga. No he leído su libro en el original inglés, así que es posible que él pusiera una palabra que no existe en inglés pero que sí existe en español y que, entonces, secleb pertenezca al traductor.

En cualquier caso, aunque seguramente Gazzaniga o el traductor pueden presumir de ser autores de la primera aparición de secleb impresa, he sido yo quien la ha definido por primera vez. Y también quien la ha puesto en la red mundial (o al menos en la red mundial conocida por Google).

 

 

La otra paradoja de Secleb

Pero yo pensaba en otra paradoja relacionada no directamente con secleb sino con las palabras que son seclebs...

Decimos que cretnyas es un secleb: una palabra que no existe en ningún idioma conocido. Pero, el acto de decir que cretnyas es un secleb, ¿no hace que cretnyas deje de ser un secleb?

A lo mejor podemos hablar de los secleb conocidos y de los secleb no conocidos...

 

Secleb y Sapastruja

Me ha llegado otro mensaje acerca de SECLEB. Aunque ha llegado por correo privado, supongo que no molestará a su autor que lo mencione. Se llama Juan Hernández Porfirio.

Juan dice que la propia palabra secleb evoca “cosas ignotas, obscuras y luminosas y lugares lejanos”, y que lo del barbero le recordó otras dos paradojas “que mencionó Borges”:

"LA PARADOJA DEL MENTIROSO. Se atribuye a Epiménides haber afirmado: "Todos los cretenses son mentirosos". Sabiendo que él mismo era cretense, ¿decía Epiménides la verdad?

La Paradoja del Cocodrilo y la Mujer: Un cocodrilo le arrebató un bebé a una mujer y le dijo: Cocodrilo: ¿Voy a comerme a tu niño?. Responde correctamente y te lo devolveré ileso".

 

La paradoja del mentiroso

En cuanto a la paradoja de Epiménides el mentiroso, es también una de las favoritas de Ana.

Es la paradoja por antonomasia, la que se ha puesto de ejemplo a lo largo de la historia una y otra vez. Por eso, resulta doblemente paradójico que en realidad no sea una verdadera paradoja.

La afirmación de Epiménides, en efecto, a pesar de las apariencias no tiene nada de paradójico.

No lo explico aquí por si alguien quiere pensarlo, pero lo diré dentro de unos días.

Por cierto, Epiménides era tal vez un mentiroso, pero también era uno de los llamados siete sabios de la Antigüedad, que en realidad eran al menos 17.

En cuanto a la historia del cocodrilo, también puedes pensar la respuesta.

Lo que no sé es como llegó Juan a mi página. ¿Busco SECLEB en Google? Sería interesante saberlo.

Y también es interesante que su weblog tenga un extraño nombre: Sapastruja, que, como secleb, sólo aparece en Google en páginas relacionadas con la suya (4 o 5).

Sapastruja parece un weblog verdaderamente bueno, aunque acabo de darle tan sólo una ojeada. Puedes visitarlo con este enlace: Sapastruja.

Secleb y la Biblioteca de Babel

Borges es uno de mis autores favoritos. He leído seguramente todos sus libros, algunos de ellos varias veces y también muchos dedicados a analizar su obra, entrevistas, conferencias. Pero Borges apenas ha aparecido en mi página. Es una ausencia que comienza a ser corregida con esta entrada, gracias a secleb.

Borges no sólo es una delicia inagotable por sus cuentos y ensayos, sino que es uno de esos autores que hacen interesantes a todos o casi todos sus comentadores. Ya me he referido alguna vez a esto, pero aplicándoselo a otros autores igual de estimulantes y contagiosos, como Shakespeare, Platón, Einstein o Goethe. Muchos desprecian a Eckerman, el confidente de la vejez de Goethe, pero pocos consideran que sus Conversaciones no son una lectura extraordinaria (incluído Nietzsche).

Los biógrafos de Borges tampoco pueden evitar escribir libros interesantes. Es obvio que casi todo el mérito pertenece a Borges: sólo de vez en cuando surge un Samuel Johnson capaz de aportar tanto al comentario sobre Shakespeare como el propio Sahkespeare.

No sé si has leído el cuento de Jorge Luis Borges La biblioteca de Babel. Si no lo has hecho, sería estupendo que lo leyeras antes de continuar con esta entrada:

Jorge Luis Borges: La biblioteca de Babel

Doy por supuesto que ya lo has leído y continúo.

La biblioteca de Babel fue escrito en 1941 y ha sido tal vez uno de los más interpretados por lectores y expertos en Borges. Internet rebosa de artículos y páginas dedicadas a La Biblioteca de Babel.

Una de las razones es que existen ciertas semejanzas evidentes entre la Red o Internet y la Biblioteca imaginada por Borges. Pero también hay diferencias.

"El universo (que otros llaman la Biblioteca)...

La Biblioteca de Babel, de forma hexagonal, contiene un número que parece infinito de libros, pero que quizá sólo es inconcebible para nuestras mentes, que se pierden mucho antes de llegar a imaginar diez mil seres:

"A cada uno de los muros de cada hexágono corresponden cinco anaqueles; cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página, de cuarenta renglones; cada renglón, de unas ochenta letras de color negro".

Si a este dato se le añade el límite de los símbolos empleados...

"Todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto".

...se puede calcular la cifra:

"Así, cada libro tiene 410 páginas (al revés, 014, número recurrente en Borges. ¿Casualidad?). Cada página tiene 40 renglones, es decir 164000 renglones en un libro. Cada renglón tiene 80 letras, esto es, hay 1.312.000 letras en un libro. Ya que sólo pueden utilizarse 25 símbolos, el número total de posibilidades es de 251.312.000 (número, aunque vastísimo, no infinito)".

Cálculos realizados por SANTIAGO GALLEGO FRANCO en Borges el cuentista

251.312.000.

Un número descomunal, pero no infinito. Aunque me asalta la duda de si a ese número no habría que sumarle muchos más, puesto que Borges, o el pobre desdichado que en su cuento "fatiga los hexágonos de la Biblioteca", dice que los libros están escritos en todos los idiomas que existen (¿se supone que transcritos a 22 caracteres y tres signos de puntuación concretos?).

Eso significa que un libro que contenga los mismos caracteres podría estar escrito en dos idiomas; que en un libro en el que encontremos la palabra "sin" debamos leer lo que esta palabra significa en español (lo opuesto a "con"), pero que en otro libro la lectura correcta será su significado anglosajón: "pecado", y en otro su sinificado en griego (sin, significa precisamente "con", como en simpatico, "con pathos").

Pero tal vez esas interpretaciones pertenezcan al lector, y la combinación de caracteres, líneas y páginas sea sólo una para todos los idiomas y combinaciones de idiomas. Por este camino tal vez llegaríamos a plantear que bastaría un sólo libro para contener todos los libros: en algún idioma posible cualquier significado posible será expresado por cualquier combinación de signos.

Sin embargo, no voy a ir por ese camino que, en mi opinión, prohíbe explícitamente el relato de Borges. Esa interpretación tal vez se acerque más a algunas sugerencias de los místicos árabes acerca del Corán.

Lo que ahora me interesa del asunto es la relación inesperada entre secleb y la Biblioteca de Babel.

Digo inesperada, porque, aunque es evidente que existía cierta relación entre secleb y la Biblioteca de Babel y que yo leí el cuento de Borges hace quince años o más, en el momento de definir secleb hace unos días yo no era consciente de esa relación. La sorpresa vino cuando revisé las últimas novedades en Google acerca de secleb.

Como dije en el artículo inicial, cuando escribí secleb en mi página por primera vez, el día 6 de septiembre de 2005 , no había en Google ninguna página en la que se hablase de secleb.

Pero al buscar secleb en Google ayer, día 19 de septiembre, he encontrado cinco páginas con la palabra secleb. Tal como preví, la primera de ellas era mi propia página:

borges

Otras dos páginas parecen referirse no a secleb directamente, sino a una combinación de dos abreviaturas: SECleb y SECLEb.

Otra de las páginas resulta especialmente intrigante porque secleb aparece como una dirección de correo electrónico. Ya he escrito a esa persona y espero los resultados.

Pero la página más interesante que aparece en Google al poner secleb es esta:

borges

Sí, es una página de uno de los libros de la Biblioteca de Babel. Como es lógico, secleb es una de las palabras que tiene que aparecer en los libros de la Biblioteca imaginada por Borges, porque es una combinación de ese abecedario de 22 letras, punto, coma y espacio. ¿Quiere decir algo secleb en el libro babélico en el que aparece o es sólo una mera combinación de letras?

Lo curioso es que cuando viajas al vínculo de la biblioteca de Babel encuentras, en efecto, una página de ese libro e incluoso te indican la posición exacta del libro en los hexágonos sin fin:

You are in hexagon 227652, -129486, 341339 and you are reading the two hundred twenty-eighth page of the twentieth book of the ninth shelf.

Novena estantería, libro veinte, página doscientos veintiocho...

Sin embargo, en la página (en esa página 228), no aparece la palabra secleb.

Así que me pregunto por qué secleb es reconocida como una palabra de la Biblioteca pero por qué no se corresponde la referencia: ¿algún bibliotecario descuidado intercambió dos libros?

También me hago otra pregunta: antes no aparecía secleb en Google, ni siquiera en esa Biblioteca de Babel digital, ¿por qué aparece ahora? ¿Aparece porque yo la puse en Internet?, ¿por simple casualidad?, ¿porque ese libro no era accesible?

 

BORGES BABEL BUILDER

Ofrece un cálculo quizá más correcto que el que mencioné antes acerca de la cantidad de libros que hay en la Biblioteca de Babel:


borgesbalbel

Y también te da la posibilidad de construir tu propia Biblioteca, con formas distintas al hexágono, con cualquiera de los cinco sólidos platónicos.

The Library of Babel (La biblioteca de Babel), es la página en la que están, se supone, todos los libros de la Biblioteca de Babel. De ser cierto, la Biblioteca estaría contenida en Internet, en vez de a la inversa. Esta Biblioteca parece haber sido construida por los constructores del Borges Babel Builder. El enlace a la página en la que puede verse la Biblioteca de Babel y leerse el cuento de Borges en inglés es este: The LIbrary of Babel. Pero si lo que quieres es consultar un libro, puedes hacerlo con este enlace: Página del libro en al que debería aparecer secleb.

Acerca de las semejanzas y diferencias entre la Red o Internet y la Biblioteca de Babel, un artículo escrito por Christopher Rollason en respuesta a otro de Ignacio Ramonet: Borges, Libray of Babel and the Internet

Acerca del Corán como libro eterno (como la Biblioteca de Babel) y ciertas interpretaciones, escribí hace años un cuento llamado La nueva teología, del que hablaré próximamente, también en relación con secleb.

 

Googlehacking y secleb

El googlehacking es un juego que se inventó hacia 2002 y que consiste en hacer una búsqueda en Google de DOS PALABRAS y conseguir un único resultado. Parece que es cada vez más difícil encontrar un googlehacking, pero a mí me da la impresión de que no es tan difícil: basta con encontrar una palabra que tenga pocos resultados y entonces añadirle otra palabra que sepas que sólo está en esa página. Por ejemplo: puedes encontrar un googlehacking si escribes en Google:

secleb daniel

Y me pregunto si secleb (¿te acuerdas de secleb?) puede ser un googlehawking de los buenos (una sola palabra un sólo resultado) porque, aunque aparecen varios resultados, excepto el que remite a mi página es él único que trata realmente de secleb.

Los otros secleb que aparecen en Google son la palabra secleb en direcciones de correo y en la Biblioteca de Babel Blogoborgiana, que sospecho que funciona de la siguiente manera: rastrea cualquier palabra nueva que aparezca en Google y la añade en su biblioteca.

Eso explicaría que secleb no apareciese en la Biblioteca de Babel la primera vez que probé, pero sí la segunda.

 

 

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