Daniel Tubau
UVE
Biblioteca Universal de Misterio y Terror
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| "Los últimos de Yiddi" | "La botella del Tíbet" | "El panteón de los Ugarte" | "El vampiro del abuelo" |
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| "Muerte bajo el arco" | "Viaje al más allá" | "La narración de James Boscombe" |
Salvado por el terror
A los diecisiete años, yo era el perfecto ejemplo de eso que se llama un fracasado escolar. Había repetido tres veces 2º de bachillerato y había logrado convencer a mis padres de que no valía la pena intentarlo una cuarta vez. Lo cierto es que tampoco había aprobado los cursos de 5º a 8º de la educación general básica, y que sólo había logrado pasar a los cursos siguientes debido a que los profesores del colegio al que iba consideraban que no debía repetir y me pasaban de curso si les prometía estudiar al año siguiente. Yo lo prometía, claro, y no es que no lo intentase cumplir. De vez en cuando lo intentaba, pero enseguida renunciaba, porque las cosas que había que estudiar me parecían aburrídisimas, especialmente la asignatura de lengua. Tan sólo en 1º de bachillerato logré pasar de curso. No sé muy bien cómo, tal vez porque tuve una extraordinaria profesora de Latín, para la que hice un trabajo de mitología en el que sí puse verdadero interés. Le gustó mucho y, además de aprobarme, tal vez influyó en los otros profesores.
Aunque era un fracasado escolar, me gustaba mucho la mitología y era capaz de hacer cuadros genealógicos de cerca de 500 dioses griegos sin ni siquiera consultar un libro.
La pasión mitológica se inició en mí una vez en la que recorría con mi madre la Cuesta de Moyano de Madrid (donde se venden libros de segunda mano) y me compró un libro llamado Diccionario Mitológico, que tal vez me atrajo porque en la portada se veía a un héroe luchando con un extraño monstruo con cabeza de toro. El libro era de Carlos Gaytán, y todavía lo conservo.

Después, ya fascinado por la mitología, empecé a leer uno tras otro los deliciosos libros de Juan B.Bergua, especialmente su Mitología Universal, que usé tanto que quedó destrozado (también conservo ese ejemplar).

Junto a la mitología, me interesaban mucho todo tipo de temas de ninguna utilidad en el colegio (excepto en aquella clase de latín): los piratas, la muerte, los indios pieles rojas, Gengis Khan y los mongoles, los comics, la ciencia ficción, los diálogos de Platón, el cine... y los cuentos de terror.
Gracias a mi afición por los cuentos de terror conseguí mi primer trabajo: mi madre supo de un amigo que iba a lanzar una colección de cuentos de terror y le dijo que yo tenía algunos cuentos. Era verdad, porque desde los 14 años yo había escrito muchos cuentos y varios de ellos eran de terror. Uno de ellos era Monthy, un mal plagio de Egdar Allan Poe, que era mi escritor favorito.
Lamentablemente, yo pensaba, con toda la razón, que mis cuentos de terror eran muy malos, así que me puse a escribir otros un poco más elaborados. Los llevé a Jose Antonio Valverde y Luciano Valverde. Les gustaron y me pidieron más. Así publiqué unos diez cuentos en la Biblioteca Universal de Misterio y Terror de la Editorial Uve.

Hace un tiempo descubrí que en algunas páginas de Internet se habla de esos libros de la editorial UVE y que se me incluye en listas de escritores lovecraftianos.

Mi cuento Los últimos de Yiddi en la Universidad Miskatónica lovecraftiana, un verdadero honor
En los últimos días, después de publicarse La verdadera historia de las sociedades secretas, decidí agrupar todos mis libros en una misma página, así que empecé a buscar cosas relacionadas con aquellos cuentos de terror. Entonces me encontré con una verdadera sorpresa: los libros no sólo habían sido publicados en España, sino también en Perú y en Chile, y tal vez en otros países de Latinoamérica. Además descubrí que para algunas personas aquella colección era un recuerdo muy especial todavía hoy. Y para mi sorpresa, incluso se mencionaba alguno de mis cuentos.
Portada de la colección peruana
Yo siempre he considerado que los míos eran cuentos muy malos, aunque les tengo bastante cariño a pesar de ello, y que su mayor defecto era que no daban miedo (el mayor pecado para un cuento de terror), pero me alegra que hayan asustado a alguien.
Así, el autor de Markowsky dice (que es peruano):
Los Ultimos de Yiddi (5): Escalofriante historia sobre un hombre que vuelve a su ciudad de origen a enfrentar una maldición que pesa sobre su linaje.
Y en un comentario en la misma página se puede leer una mención aotro de mis cuentos:
...MMM AMIGO MARK...TE DEJO, YA QUE LAS FUERZAS NO ME ACOMPAÑAN YA, SIENTO QUE ESTOY SOÑANDO, YA NO SE QUE ES REALIDAD, ME SIENTO ATRAPADO....ME AHOGO...ESTOY LOCO O DIRIA QUE ESTOY ENCERRADO EN ALGUNA ESPECIE DE .....PORTADA?????
A lo que responde Markowsky:
ME HAS HECHO RECORDAR JUSTAMENTE EL CUENTO DE LA COLECCION LLAMADO LA BOTELLA DEL TIBET, Y TAMBIEN EL TEXTO DE NIETZCHE QUE DICE QUE NO MIRES LARGO TIEMPO AL ABISMO PUES EL ABISMO MIRARA DENTRO TUYO.
Y más adelante añade también Markowsky:
PARA NO SER INJUSTO EN MI ANTERIOR COMENTARIO ME FALTO MENCIONAR QUE OTRO RESALTANTE ESCRITOR LOVECRAFTIANO DE LA COLECCION ES DANIEL TUBAU CON LOS INTERESANTES CUENTOS LOS ULTIMOS DE YIDDI, EL PANTEON DE LOS UGARTE Y LA NARRACION DE JAMES BOSCOMBE.
Por otro lado, luego de tantos años (prácticamente mas de 30) no me explico como ninguna otra editorial se ha animado a una iniciativa similar a la de UVE, aunque reconozco que muchos de los escritores habituales de la colección eran conocidos guionistas o literatos en España (Me vienen a la memoria Juan Tebar, Carlos Saiz Cidoncha, Daniel Tubau, Pedro Montero, Jose Leon Cano, Nino Velasco, Alberto Insúa, Manolo Marinero, entre otros) que además realizaron muchos otros proyectos de interés en la época
La interesante y detallada entrada de Markowsky incluye la convocatoria del premio UVE, dotado con un millón de pesetas, lo que era una verdadera barbaridad en la época, para le que se clasificó mi cuento Los últimos de Yiddi y que casi ganó mi padrino, José Luis Velasco, quien también publicó muchos cuentos (estos sí que eran buenos), así como su esposa, Carmen Morales.
Puedes leer la entrada entera de Markowsky con este enlace:
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