Prohibid los placeres (John Milton e Iván Tubau)

De John Milton se suele decir que era ciego, puritano y que escribió El paraíso perdido. Es un resumen muy útil para ignorar quién era Milton.

Es cierto que era ciego, pero no siempre lo fue; es cierto que era puritano y partidario de Cromwell, pero no un fanático como lo fue el Lord Protector, y es cierto que escribió El paraíso perdido, pero también El paraíso recobrado, y otros muchos poemas y ensayos. Hoy imaginamos a Milton como a un ciego que nos mira a través de sus cuencas vacías, pero quienes fueron con él a la escuela le llamaban la damisela del College a causa de sus largos cabellos rubios y, según él mismo cuenta, a pesar de ser ciego, sus ojos azules parecían perfectamente sanos. También era republicano y escribió las primeras defensas del divorcio, que inició cuando su joven esposa de 17 años le abandonó, y de un libro extraordinario en defensa de la libertad de imprenta y de prensa, Areopagitica, que ha sido razonablemente comparado con otro delicioso y poderoso ensayo inglés, Sobre la libertad, de John Stuart Mill.

La breve síntesis de la vida de Milton, como suele suceder, nos oculta la personalidad del autor al que creemos definir. Es sin duda uno de los personajes más complejos e interesantes de la literatura clásica inglesa, que muchos (y yo debo incluirme) sólo conocen de una manera superficial, como una suma de resúmenes y síntesis.

En su Areopagítica, Milton dice a quienes quieren prohibirlo todo:

“Si pensamos en regular las prensas, para con ello enderezar los modales, deberemos regular toda casta de solaces y pasatiempos, todo aquello en que los hombres hallaren su deleite. No habría que oír música, ni debería ir canción al pentagrama o ser entonada, como no fueran dóricas y graves. Ni sin permiso debería espaciarse la danza, para guardar a nuestra mocedad de ademán, movimiento o porte de los que vuestro permiso no estimara honestos…”

Es un párrafo que me recuerda un hermoso poema de mi padre, Iván Tubau:

WALKMAN
Un barco, el mar
cuando anochece
- ¿cómo
decir cuando anochece que anochece

sin decir que anochece?-
y el saxo de John Coltrane estallando
directamente en tu celebro:
¿Queréis droga más dura?
¿Cómo es posible
que aún sean legales
el mar, la muerte lenta
del sol,
los barcos
grandes como el mundo,
Miles Davis
y la cinta magnética, los Aiwa
portátiles baratos, las pilas
de todos los timbres que vos apretás
y sobre todo
los demoniácos auriculares?
Prohibid
la música y el mar y los atardeceres:
dan placer.

 

 

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Las personas que se consideran de izquierdas son abrumadoramente contrarias a la energía nuclear.

 

nuclear

 

Las personas que se consideran de derechas son abrumadoramente partidarias de la energía nuclear.

Nucelar sí

 

Sin embargo, no parece que la energía pueda ser de izquierdas o de derechas per se.

 

greca

Las personas de izquierdas dicen que son contrarias a la energía nuclear porque es peligrosa.

¿Es que todas las personas de derechas son inmunes al miedo de que haya fugas o estalle una central nuclear, o que los residuos radioactivos afecten a la población?

Parece extraño, porque, porque, por muy firmes que sean las convicciones de una persona, una cosa es la ideología y otra el miedo.

Si pensamos en la típica caricatura del derechista, es decir en alguien que sólo piensa en su propio bienestar, no parece lógico que no le preocupe que haya centrales nucleares en su país. Si las centrales nucleares estuviesen en otro país, desde el que se importara la energía, entonces sería razonable que no le preocupara, porque tendría cero riesgo y muchos beneficios (recordemos que estoy hablando de la caricatura del derechista). Pero no sucede lo mismo si las centrales están cerca de donde él vive.

greca

En el lado contrario, parece raro que ninguna persona de izquierdas piense que la extracción y el consumo de petroleo está causando daños al planeta mucho mayores que los de las centrales nucleares, y no que prefiera el riesgo controlado de una nuclear a los desastres causados por la contaminación petrolera.

¿Acaso no abundan entre el sector izquierdista quienes piensan que se está produciendo un calentamiento global, causando fundamentalmente por la contaminación resultante del petróleo? ¿No puede haber dudas acerca de si es más fácil  destruir el planeta con petróleo que con centrales nucleares?

¿No existe ninguna persona de izquierdas que piense que para mantener nuestro nivel de vida y los derechos de los trabajadores, las pensiones y el estado de bienestar se necesita más energía que la que actualmente pueden proporcionar las  energías naturales o incluso el petróleo?

¿O que sencillamente tema la dependencia del gas y el petróleo ajenos, cada vez más controlado por los rusos y otros estados potencialmente enemigos?

grecagrecagrecagreca

 

Quizá has pensado, querido lector, que en lo anterior mi intención era atacar o defender la energía nuclear. Probablemente te consideras de izquierdas o de derechas y desde el principio ya te habrás alineado en uno de los bandos.

Pero mi intención no era defender o atacar el uso de la energía nuclear, sino mostrar mi asombro ante la unanimidad de las etiquetas políticas: la falta de pensamiento propio de quienes inmediatamente se alinean con "los suyos", sea cual sea el asunto que se discute. De quienes piensan que sólo dos opiniones posibles: o esto o lo otro. Lo que yo llamo el pensamiento alternante.

Lo que quiero decir es que, a no ser que se me escape algún detalle, en el asunto de la energía nuclear hay poco que discutir desde un punto de vista ideológico: se trata de saber si la nuclear es una energía rentable pero al mismo tiempo fiable.

Quienes no crean que reuna esas dos condiciones podrán estar en contra de su uso, ya sean de izquierdas o de derechas.

Quienes crean que si es rentable y al mismo tiempo fiable podrán estar a favor, sin pensar en qué parte del espectro político se deben situar antes de opinar.

La sorpresa, agradable, es cuando uno se encuentra con un izquierdista partidario de la energía nuclear o con un derechista contrario a ella. Se equivoquen o acierten, casi siempre son los únicos que siguen pensando por sí mismos. Además de aquellos que, por supuesto, no están del todo seguros y, sencillamente, dudan.

 

LOvelock

El autor de la hipótesis Gaia, Lovelock, hace poco defraudó a sus seguidores porque defendió la energía nuclear como única forma de salvar el planeta.

 

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