Carta a Bruno
Quien diga que la hora de hacer filosofía no le ha llegado aún o que se le ha pasado es como quien dijera que están ya muy maduros o demasiado verdes los higos del estío.
Convendrá iniciar ejercicios que hagan fuerte y flexible a la vez la musculatura mental que fabrica felicidad
Empieza por pensar que no existe la muerte; ella nunca estará mientras tú estés, cuando ella estés ya te habrás ido tú. Si no aspiras a vida inmortal hallarás cada día el placer de vivir. No es preferible el rojo de veinte mil cerezas a la fragancia leve del queso blanco tierno ni es mejor el mayor festín primaveral que la primera cereza de abril. Lo cual no significa que menos sea más. Si el precio es alto, poco es demasiado. Se obtiene fácilmente lo que es más natural, lo vano con frecuencia sale bastante caro. Si aprendes a gozar del ágape frugal, un banquete lujoso también te hará feliz. Alcanzar el placer es el fin de un mortal. No fiestas y festines cada día y doncellas y donceles, corderos, peces, vinos y dulces, sino el cálculo sobrio, prudente y afinado. No es posible el placer sin prudencia serena ni sería prudente vivir sin el placer. Te reñirán los dioses, te dirá ese creyente: No te han traído al mundo para buscar placer. No existe ningún dios, te dirá aquel ateo: Todo está permitido, no hay por qué calcular. No es para complacer a los dioses lejanos, Bruno, que te aconsejo prudencia y mesura, Sino para que aprendas así A exprimir con deleite moroso Los más intensos zumos de tu propio placer.
Será por otra parte conveniente Pensar que existen dioses, pero no Tal como los concibe el pueblo llano. Para el hombre común resulta extraño Todo aquello que no se le parece, y los dioses son harto diferentes, puesto que nunca mueren ni han nacido. Pasan su vida eterna disfrutando de la inmensa fortuna de ser dioses. ¿Cómo van a perder un tiempo tan precioso mirando si un mortal obra como es debido? En estos pensamientos y otros de igual calado debes ejercitarte, Bruno, todos los días, y nunca, ni despierto ni cuando te abandones al dulce sueño de los justos, serás turbado: vivirás como viven los dioses mortales entre gente mortal.
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Carta a Bruno
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