CUADERNOS POLÍTICOS
En está página hay textos políticos que he publicado en los diferentes weblogs o cuadernos digitales y en otros lugares.
Los textos se ordenan por temas en esta columna lateral.
Sólo tienes que pinchar en el que te interese para verlo al instante en la columna de la derecha.OTRA IZQUIERDA ES POSIBLE
1. La paradoja de la izquierda
2 . ¿Dónde está la izquierda?
3 . La paradoja de la izquierda resuelta
4. La piratería
LA LENGUA DE LA SERPIENTE
Discusión 1
Discusión 2
Liberales y marxistas
La lengua de la serpiente
¿Dónde está la serpiente?
11 TÓPICOS DE LA NUEVA CULTURA ALTERNATIVA
1. La revolución
2. La alienación
3. La muerte del autor
4. La autorganización
5. Los hackers
6. Software libre
7. La violencia
8. El espectáculo
9. El pensamiento único
10. Antiglobalización
11. El Estado
ESTADOS UNIDOS
Allez Amstrong!!
Wiliam james y el antiamericanismo
Agudo, irónico, mordaz e incisivo
Americanos
Sueño europeo y pesadilla americana
La suavidad de las costumbres
Otra derecha es posible (en EE UU)
La bomba sobre Kyoto
Elliot Weinberger y el antiamericanismo
Qué diría Mathew hoy y Brasil
Serenidad
Estados Unidos belicistas
Bush
Bibliotecas Públicas
Mitos USA
Epílogo
VARIOS
Zapatero
Otra
izquierda es posible
1. La paradoja de la izquierda
1) El 90% de la gente que se considera de izquierdas
no es en realidad de izquierdas, sino de derechas.
2) El 90% de la gente que se considera de derechas es, efectivamente, de derechas.
3) El 90% de la gente que no se considera ni de izquierdas ni de derechas
es de derechas.
4) En el mundo se hacen a menudo cosas de izquierdas.
La paradoja concluye con este enigma:
¿Cómo es posible que siendo el 90% de las personas de izquierda,
el 90% de las de derecha y el 90% de las de "ni izquierda ni derecha"
de derechas se hagan cosas de izquierdas?
Supongo que estás tan intrigada o intrigado como yo. Como lo estaba yo hasta que, poco a poco, comencé a ver la luz y entendí cómo era posible tal cosa.
Pero también es posible que quieras negar la mayor, es decir que te preguntes por qué diablos he afirmado que el 90% de la gente de izquierdas es de derechas.
Esta es una reacción habitual ante la paradoja que no debe alarmarte: le pasa a mucha gente la primera vez que la oye. Es muy posible que incluso pertenezcas a ese 90% de gente de izquierdas derechista y no lo sabes. Claro, es improbable que pertenezcas a ese exiguo (y quizá muy optimista 10% de izquierdistas de izquierda).
Publicado en el diario digital Wordls
Republicado en SEINGALT, diario secreto.
2.¿Dónde está la izquierda?
miércoles, julio 07, 2004
"Lo único malo de los izquierdistas es que están en el lado equivocado: a la derecha"
En OTRA IZQUIERDA ES POSIBLE 2 conté la paradoja de la izquierda. La paradoja de la izquieda dice, entre otras cosas, que el 90% de las personas de izquierdas en realidad son de derechas. Esa es una afirmación muy arriesgada, que hay que probar. Aquí está la prueba
SEMIOMETRÍA POLÍTICA
Aquí se muestra un mapa semántico de lo que yo creo que DEBERÍA
SER la izquierda.
A la izquierda de tu pantalla las cosas "de izquierdas".
A la derecha las de derechas (o al menos las de NO-IZQUIERDA)
MAPA SEMÁNTICO IZQUIERDA/DERECHA
IZQUIERDA// DERECHA
derechos humanos//no derechos humanos
abolición de la pena de muerte//pena de muerte
igualdad de derechos//no igualdad
derechos de los presos//tortura
igualdad hombre mujer//discriminación de la mujer
no violencia//justificación de la violencia como arma política
democracia//dictadura
laicismo//intervención de la religión en la política
libertad de prensa//censura de prensa
libertad de movimientos//Prohibición de salir/entrar en el país
libertades sexuales//Persecución de la homosexualidad
no violencia//asesinatos en masa
Sería prematuro averiguar si la izquierda del siglo XXI se sitúa
a la derecha o a la izquierda de esta pantalla, pero si examinamos lo que
hizo la izquierda en el siglo XX, no hay manera de escapar a la evidencia:
la mayoría de los izquierdistas apoyaron con entusiasmo muchas de las
cosas del lado derecho.
Se da la terrible paradoja de que una persona de derecha moderada del siglo XX tiene menos de que arrepentirse que cualquier persona llamada de izquierdas por las cosas que apoyó. La izquierda del siglo XX ha estado del lado de los dictadores, de la violencia, de regímenes que perseguían y persiguen a los homosexuales, de la censura absoluta de prensa y del asesinato de cientos de miles de personas. Naturalmente nunca dirán que apoyan o apoyaron esas cosas, como un aficionado a los toros nunca admitirá que le gusten los toros porque le guste ver sufrir a un animal. Buscarán todo tipo de razones para justificar lo injustificable y seguirán avergonzándonos a los pocos que nos consideramos de izquierdas y, además, estamos a la izquierda .
Comentarios en el diario SEINGALT
Anonymous said...
Me encanta este galimatías de la izquierda que esta a la derecha o
la derecha que es de derechas. ¿Qué pasa con los que se consideran
de centro? Quizá no me puedas responder a esta pregunta porque no conozco
a nadie que se considere de centro.
Proserpina
Liber (Daniel Tubau) said...
Hubo un tiempo, anónimo anonymous, en el que casi todo el mundo se
consideraba de centro. Lo cierto es que ahora tanto el PSOE como el PP luchan
por eso que se llama el espacio de centro, porque no creo que en España
ganara las elecciones un partido que se declarara explícitamente de
izquierda total o de derecha total. A pesar de que Aznar, en mi opinión
era de derechas, de pura derecha, no de centro. Y también lo es Rajoy,
creo. Pero ambos disimulaban su derechismo (Aznar, en la segunda legislatura,
cada vez menos).
Pero estas cosas varían mucho con el tiempo. Hoy la derecha acepta
el divorcio sin problemas, incluso la homosexualidad, y sólo pone reparos
a la adopción por homosexuales. Hace 25 o 30 años, y no digamos
en época de Franco, un homosexual declarado no podría entrar
en el PP, ahora hay juventudes gay en el PP. Las cosas, afortunadamente, cambian.
Yo me considero de izquierdas, pero si el centro es estar alejado de los extremismos,
sobre todo los extremismos violentos, ser de centro parece ser lo mejor. Hace
años la izquierda casi en pleno justificaba las dictaduras comunistas
(excepto los anarquistas) y la derecha justificaba a Franco o a Pinochet.
El centro no justificaba a unos ni a otros. En esa época, y a veces
en esta, era más fácil coincidir con un centrista que con un
izquierdista si se trataba de derechos humanos, libertad y condena a la pena
de muerte, por ejemplo (a pesar de que yo entonces, como casi todos, creía
que los centristas eran fascistas disfrazados, ¡qué error, qué
inmenso error!).
3. LA PARADOJA DE LA IZQUIERDA AL FIN RESUELTA
sábado 18 de septiembre de 2004
Hace mucho tiempo (diario digital WORDLS) hablé de la paradoja de la izquierda. La paradoja comienza con la polémica afirmación que asegura que el 90% de las personas, ya sean de derechas o de izquierdas, son de derechas.
Esa no es una verdadera paradoja, sino una simple constatación. La constatación parte de un prejuicio previo que quizá no sea del todo justo: yo considero que si una persona defiende ciertas cosas no puede ser calificada de izquierdas. La pena de muerte, por ejemplo.
No se puede ser "medio de izquierdas" si uno está a favor de la pena de muerte o de la discriminación de la mujer. Se podría ser de izquierda si uno defendiese que se debe pagar un porcentaje más o menos elevado de impuestops para garantizar las ayudas del Estado a quienes más lo necesitan o si varias personas defienden diferentes maneras de proteger los derechos de las mujeres. Pero si uno apoya la pena de muerte, la prohibición de salir de un país o la discriminación de la mujer, entonces, es mi opinión, eso no es ser de izquierdas. Ahora bien, si el lector admite este prejuicio mío (En ¿Dónde está la izquierda? doy más ejemplos de cosas que NO pueden ser de izquierdas, todavía se preguntará "Y cuál es la paradoja?
La paradoja es que si el 90% de la población es de derechas, ¿por qué se hacen a veces cosas consideradas de izquierdas? ¿No se deberían hacer sólo cosas de derechas?
La solución a la paradoja creo que es fácil de entender, pero tal vez resulta difícil de explicar. Lo intentaré usando varios ejemplos.
Se hacen cosas de izquierdas porque aunque la mayoría de la gente no puede ser considerada de izquierdas por una o varas opiniones en particular, sin embargo, puede tener muchas otras opiniones que sí son de izquierdas. Lo interesante del asunto es que uno puede ser de izquierdas cuando mira hacia un lado y de derechas si mira al otro.
Pondré algunos ejemplos para aclarar: he conocido a muchos izquierdistas que estaban en contra de la pena de muerte Aprovecho, antes de seguir, para aclarar que no considero que "izquierdista" sea un término despectivo, como lo consideraba Lenin: "El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo". Yo me considero plenamente izquierdista.
Pues bien, casi todos o todos los izquierdistas que he conocido eran contrarios a la pena de muerte. Es difícil ser de izquierdas y no estar en contra de la pena de muerte.
Sin embargo, he conocido a muchos izquierdistas que estaban en contra de la pena de muerte excepto... en Cuba o en la Unión Soviética.
Quizá a alguien le parezca que exagero, pero a quien le parezca tal cosa quizá debería recordar que recientemente el premio Nobel portugués Saramago dejó de apoyar a Cuba y lo dijo públicamente en un artículo que, creo, se titulaba Hasta aquí hemos llegado. La causa del alejamiento de la Revolución Cubana fue las condenas aplicadas a varios intelectuales. No fueron condenas a muerte, sino a cárcel. Sin embargo, Saramago no consideró necesario alejarse de la Revolución todas aquellas veces en las que en Cuba se aplicó la pena de muerte.
Como Saramago, he conocido a muchas personas de izquierdas que justificaban, minimizaban o miraban hacia otro lado cuando la pena de muerte se aplicaba en Cuba y en la Unión Soviética.
Y sin embargo, estas personas estaban total y radicalmente en contra de la pena de muerte.
Cuando hace años escribí un artículo en El Independiente contra la pena de muerte en Cuba, no creas que me felicitaron los izquierdistas contrarios a la pena de muerte. No. Todo lo contrario. Uno de ellos, por ejemplo, le dijo a mi madre: "No sabía que tu hijo se hubiera hecho de derechas".
Así que, aunque uno defienda la pena de muerte en este o aquél lugar concreto, puede rechazarla en el resto del mundo, con lo que la abolición de la pena de muerte puede avanzar en algunos países. Por ejemplo en Turquía, que ha tenido que abolirla para poder aspirar a entrar en Europa.
Una de las grandes paradojas del mundo actual es precisamente que la ONU acoge a decenas de países en los que no se respetan los derechos humanos (China, Rusia, muchos países musulmanes, EE UU), en los que la mujer sufre discriminación (casi todos los países musulmanes), en los que se utiliza la violencia y la guerra para resolver problemas políticos (EE UU, China, Rusia, muchos países musulmanes), en los que se aplica la pena de muerte (EE UU, China, muchos países musulmanes) y, sin embargo, en líneas generales, las resoluciones de la ONU son progresistas, abolicionistas, propugnan la igualdad y combaten la guerra. Todos esos países, cuando votan, piensan que las medidas que menos les gustan se aplicarán en los otros países y aceptan, aunque sea a regañadientes, ciertos controles (Tribunal de La Haya, control de armas nucleares, protocolo de Kyoto, etcétera). De esta forma, en un mundo lleno de países injustos se aplica, paradójicamente, algo de justicia. Mandeville, en el que se ha considerado "el libro más malvado de la historia", La fábula de las abejas, dice que todos los actos aparentemente buenos de los seres humanos están movidos por el egoísmo, la ambición o el propio interés. Se podría replicar que tal vez es cierto, pero que el egoísmo particular a menudo es sacrificado cuando se pertenece a un grupo, tal vez precisamente a causa de otro egoísmo: no verse fuera de ese grupo. Y a menudo se aplican justas medidas porque se aplican a otros y no se cae en la cuenta de que al final se habrán de aplicar también a uno mismo.
Pronto pondré más ejemplos de esta paradoja aplicada a otros asuntos.
Otra
izquierda es posible
4. La piratería
martes, julio 06, 2004
Casi todos estamos de acuerdo en que las grandes empresas ganan demasiado dinero. Por eso, casi todos estamos de acuerdo en que la piratería no es un problema tan grave para las grandes empresas. Que DISNEY obtenga un 20% menos de beneficios no nos parece preocupante.
Pero olvidamos los verdaderos problemas de la piratería industrial, la manera en la que la piratería afecta no a las grandes empresas, sino a todos los ciudadanos en general y en particular a unos cuantos.
A LOS CIUDADANOS
1. Un país como España tiene Seguridad Social, pensiones para
los ancianos y otras muchas ventajas sociales de las que NO disfrutan la mayoría
de los países del mundo, ni siquiera EE.UU
2. Esos beneficios o ayudas sociales son posibles porque los trabajadores pagamos impuestos. Una parte de nuestro sueldo se le entrega al Estado. Gran parte de ese dinero se dedica a financiar programas de ayuda social tales como la propia Seguridad Social.
3. Si no se pagan impuestos, no hay dinero para ayudas sociales
4. LAS EMPRESAS PIRATAS NO PAGAN IMPUESTOS.
El dinero que ganan las empresas piratas no existe legalmente. Es un dinero que se va directamente a empresas, muchas de ellas GRANDES EMPRESAS, que no lo declaran. El control, que se puede ejercer sobre un dinero "inexistente" es nulo. Puede destinarse a armas, asesinatos, guerras o lo que sea, pero sin la más mínima posibilidad de control.
LOS TRABAJADORES
1. Hablamos de la explotación que se hace a los emigrantes, con contratos
basura, sueldos ridículos, Seguridad Social inexistente.
Casi todos estamos en contra de este abuso.
2. Las empresas piratas no hacen ningún contrato a sus trabajadores,
quienes no cotizan a la Seguridad Social, no pueden demostrar que han estado
trabajando durante dos o tres años en un empresa "inexistente",
deben soportar condiciones de trabajo de verdadera explotación, horarios
de más de 14 horas diarias y ninguna posibilidad de denunciar a sus
explotadores. Muchos de esso sueldos consisten en el pago de una deuda mafiosa
a quienes les trajeron a España.
Creo que estas son dos buenas razones para no estar a favor de la piratería. [Otra cosa es bajar archivos de Internet: no se gana dinero ilegalmente ni se explota a nadie. Como mucho, se perjudica a las ventas de una empresa a la que no compras el producto. Son cosas distintas].
En definitiva, son dos preguntas sencillas:
1. ¿Estamos a favor de que una empresa pirata gane millones de euros
que no declara a Hacienda, por lo que no contribuye al mantenimiento y mejora
de los Servicios Sociales?
2. ¿Estamos de acuerdo en que haya empresas que explotan a sus trabajadores
y que son literalmente incontrolables desde el punto de vista legal?
Si estamos de acuerdo en ambas cosas, entonces no somos personas de izquierdas, sino que somos lo que se llama ULTRALIBERALES: creemos en el mercado que se auto-regula, en que cada uno se las apañe como pueda por sí mismo, en no ayudar a los pobres ni a los trabajadores explotados, etcétera.
Creemos, como los ULTRALIBERALES que debe reinar la ley del mercado, la ley del más fuerte y que los trabajadores han de estar a merced de las empresas.
Como no soy ultraliberal, no estoy a favor de la piratería industrial.
Comentarios recibidos en SEINGALT, diario secreto:
Anonymous said...
Creo que en este artículo haces de forma implícita una
distinción importante. Hablas de piratería industrial, es decir,
de montar un negocio ilegal y contratar gente ilegal, etc,etc. Pero sé
que, en cambio, estas a favor del flujo de la cultura y de la piratería
individual, es decir que las personas puedan bajarse su música y escucharla.
Como siempre hemos hecho todos con las cintas magnéticas.
Proserpina
Liber (Daniel Tubau) said...
Así es. Una cosa es que combatamos a las grandes empresas ayudando
a otras grandes empresas que además son mafiosas y no contribuyen al
estado social; otra cosa es que cada uno tenga acceso a cuanta más
cultura mejor. Desde este punto de vista, habría que conseguir que
los derechos de autor no durarán más de 50 años, que
es un plazo razonable para que las editoriales y los herederos sacasen cierto
beneficio. Recuerdo ahora el caso de Anthony Burgess: le diagnosticaron un
cáncer y que moriría en menos de tres años. Se puso a
escribir como un loco para dejar libros con derechos de autor a su esposa.
Ese es un deseo razonable que se puede proteger, pero no más allá
de 50 años. Incluso quizá 25 años sería mejor:
lo justo para que los herederos o las editoriales obtengan sus beneficios,
pero dejando libres las obras a la sociedad tras un plazo más que razonable.
25 años me parece más que suficiente. En Europa se adoptaron
los 70 años de la legislación alemana, la más restrictiva.
Por cierto, Burgess (el autor de La naranja mecánica), no
murió en tres años sino que vivió al menos 25 más.
Publicado en el cuaderno digital Seingalt
Sí, ha llegado la hora, no de atacar, sino de contraatacar.
Dejamos que los piratas se acercaran peligrosamente al barco confiando en los vientos favorables, pero hemos entrado en el mar de los Sargazos y la calma chicha nos ha detenido en aguas muertas. Los piratas han lanzado escalas y garfios y se han lanzado el abordaje. Caminan por el puente de mando ufanos de su fuerza, confiados en hacerse con la nave. Pero todavía no nos han arrojado al mar y algunos nos hemos decidido a enfrentarnos a los feroces bucaneros antes de que hundan el barco y a nosotros con él.
Tras esta épica veraniega, comienzo.
Creo que ha llegado el momento de discutir unas cuantas cosas que no me gustan y que ahora voy a enumerar aquí con mucha rapidez. Sé que discutir algunos de estos asuntos me puede traer problemas no con mis enemigos, no con los piratas, sino con la propia tripulación.
Voy a decir a qué me refiero, unas cuantas cosas que vienen molestándome y que me molestan más desde el momento en que constato que parece que el raro soy yo por pensar lo contrario d elo que se suele pensar.
Como en la fábula de Poe, los locos se han hecho con el manicomio.
Uno: todas esas tonterías acerca de si hombres y mujeres son diferentes, todos esos clichés de hombres que no entienden a las mujeres y de mujeres que no entienden a los hombres, de mujeres que no saben leer planos y hombres que no saben hacer dos cosas a la vez, de hombres que son de Marte y mujeres que son de Venus. Voy a defender que hombres y mujeres somos básicamente iguales, ahí es nada.
Dos: que la política no consiste solo en hacer manifestaciones, insultar a los políticos de derechas, burlarse de sus madres, de sus bigotes o de sus acentos, firmar manifiestos, etcétera. No voy a atacar todas esas cosas (pero sí algunas), pero sí voy a intentar mostrar que política se hace también de otras maneras menos aparentemente políticas, pero quizá más efectivas. Entre otras cosas, voy a defender a los hippies frente a los progres y voy a afirmar que ayuda más a la humanidad quien escribe un poema de amor que quien queriendo salvarla elogia a personas como Castro, Lenin, Sartre, el Che Guevara o el Subcomandante Marcos. Toma ya.
Tres: que los homosexuales se están convirtiendo hoy
en día en personas tan represivas e intolerantes como lo han sido tradicionalmente
los heterosexuales. Que ahora encuentras casi a más gente cerrada y
conservadora entre los homos que entre los heteros. Y que parece que uno se
puede comportar como un cretino, en concreto como una cretina de los años
50, si es homosexual: decir simplezas una tras otra, pasarse el rato cotilleando,
ser supermalvada e insultante. En definitiva, que voy a defender que lo único
razonable, sensato y decente es ser bisexual (si es que uno ha de ser algo).
Cuatro: que uno no es un tipo raro, tiquismiquis, meapilas,
buenazo, angelote, ingenuo, pichafloja o lo que sea por no gustarle poner
a parir a los demás a lo largo del día. Que aburrirse con una
conversación que gira en torno a los defectos ajenos no es la postura
de un elitista inmaculado que no se mezcla con el mal del mundo, sino una
elección legítima de la manera en la que se quiere vivir y,
además, la más razonable.
Quinto: ¡Atención, que esto es fuerte! Que en la mejora de la humanidad en los últimos doscientos años, desde 1789 hasta ahora, la llamada izquierda ha hecho tanto bien y tanto daño como la llamada derecha y que estaría encantado de poder encontrar una tercera vía que me librase de elegir entre la derecha (que nunca me ha tentado) o una izquierda que tiene poco de que presumir y mucho de que arrepentirse, pero que como sé que las terceras vías acaban siempre siendo de derechas, no sé qué hacer, como un católico honrado que no sabe a dónde mirar para no ver la sangre que se ha derramado en su nombre. Pero que hay que dejarse ya de zarandajas y llamar criminal al criminal, sin más excusas románticas para decir que no es sangre, sino salsa ketchup lo que todo el mundo ve. Y, por supuesto, quien denuncia todas estas cosas, es decir en este caso yo, NO ES POR ELLO DE DERECHAS, sino que son los otros los que NO SON DE IZQUIERDAS.
Seis: Por el momento, esto, en próximos Discusión
anunciaré más temas.
De pronto, al llegar a esta línea, me he dado cuenta de que el título original de esta sección (¡Al ataque!) suena un poco bélico y puesto que a mí no me gusta nada lo militar, sobre todo las ropas militares que se ponen los antimilitaristas y los comandantes y subcomandantes, he cambiado lo de ¡Al ataque!, y lo he llamado Discusión, que tiene menos gracia pero también menos connotaciones desagradables.
He medido mucho mis afirmaciones en esta declaración de hostilidades para no verme después comprometido a defender después argumentos dudosos. Pero prometo ser mucho más arriesgado en los textos concretos y a veces, por ello, cometeré más de un error. Pero esto es un weblog de verano. Ya habrá tiempo para corregir. Escribo, como quien dice, de corrido, como quien habla en una conversación más o menos acalorada.
(Publicado en el diario digital
Continuo con los temas que voy a discutir. Enumero algunos más:
SIETE: Voy a sostener que el nacionalismo es de derechas, más de derechas que cualquier derecha. Que es, simplemente, racismo disfrazado. Que la defensa de personas que viven en una ciudad o en una región o del derecho a hablar un idioma determinado no tiene por qué ligarse al nacionalismo, sino que es, y ha de ser siempre planteada como una lucha contra injusticias no como un combate entre naciones, razas o culturas una contra otra. Que las naciones deben desaparecer poco a poco, en vez de aumentar, y que esto no tiene nada que ver con acabar con la diversidad, sino sólo con acabar con la diversidad de los uniformes militares y los trapos sangrientos de colores (=banderas).
OCHO: Que el futuro más razonable para el mundo es un mundo globalizado. Un mundo con una justicia universal en el que los tiranos de cualquier lugar puedan ser juzgados, en el que los derechos humanos sean respetados en todos los países, en el que mujeres y hombres tengan los mismos derechos, en el que se erradique la pobreza de todas las naciones y haya médicos y cobertura sanitaria para quienes lo necesiten y en el que la pena de muerte y la tortura sean abolidas. En definitiva, que el resto del mundo pueda tener lo que tenmeos en muchos de los países de Europa. Y esto no se consigue con una vuelta al pasado y a las raíces, ni a métodos artesanales, sino con un paso hacia el futuro, la técnica, la industria y la investigación. Lo mismo que en lo del nacionalismo, esto no significa acabar con la diversidad, sino acabar con las diversas formas de pobreza y de injusticia.
Nueve: Que el relativismo cultural
esconde casi siempre una defensa de la injusticia bajo un supuesto respeto
a las culturas. Pero que la respuesta al relativismo no es tampoco la injusticia
del etnocentrismo. Y que, precisamente, el relativismo no es otra cosa que
etnocentrismo generalizado.
Aquí voy a defender con brevedad como un speakerweb
de verano, que muchos de los llamados liberales han hecho más por la
humanidad que casi todos los teóricos de la izquierda más o
menos marxista. Afirmo que es más importante leer a John Stuart Mill
para luchar por al libertad que a Marx, afirmo que sus escritos siguen siendo
actuales, útiles y estimulantes para un pensamiento de izquierdas (de
lo que yo considero izquierda, claro), mientras que los de los marxistas aparecen
ya como lo que realmente han sido casi siempre: palabrería seudocientífica
de gentes que se creen en posesión de verdades reveladas, Naturalmente
que bajo esa palabrería hay un montón de buenas ideas y de estupendos
propósitos, pero casi todos ellos ni siquiera les pertenecen.
He aprendido mucho de Marx y Engels, pues eran tipos muy inteligentes pero,
como suele suceder con los filósofos que construyen sistemas filosóficos,
la mayoría de sus ideas dependen de ese sistema, con lo que una vez
que cae el sistema cae con él su contenido. Lo mejor, ahora, sería
renunciar, por fin, al cientifismo de Marx y editar sus mejores ideas en forma
de breves fragmento o aforismos: Perlas marxistas.
Es muy posible que gran parte de su análisis de la sociedad sea correcto,
pero ese análisis debe ser incluido, con menos ruido y furia, en las
disciplinas de la economía, al política y la economía
política, junto a otros teóricos como David Ricardo, Malthus,
Keynes, etcétera, muchos de ellos liberales. Quitarle, en fin, el halo
de Mesías o Profeta. Claro, puede que también sea cierto que
algunas de sus ideas acerca de cómo llegar al socialismo sean válidas,
puesto que el marxismo, como el cristianismo ya ha defendido todo: esto y
lo contrario. No en vano, el ultimo intento de salvar a Marx consistió
en recuperar los llamados Manuscritos, textos de carácter más
filosófico, precisamente porque en ellos aparecía un pensador
menos dogmático y en teoría menos inhumano, que permitió
mostrar aquello que se llamaba el lado humano o humanismo, que tanto despreciaba
Sartre: El existencialismo no es un humanismo, y que lo hacía más
compatible con el cristianismo y con los nuevos vientos de mayo del 68. Pero
fue en vano.
Hace muchos años, yo diría que antes de la caída del
Muro de Berlín (1989), cerca de la estación de metro de Bilbao
o de Alonso Martínez, discutía con Marcos (Si a Marcos le quitas
la o queda Marcs).Acababa de escribir un trabajo polémico para él
a partir de otra discusión anterior: él decía que Tucídides
era progresista y yo decía que era conservador. Mi tesis, desarrollada
en esa investigación, para la que leí muchos libros además
de a Tucídides completo) le convenció y no quiso escribir un
trabajo para refutarme.
Entonces, en un tono similar al que inició el otro tema, hablamos de
Marx y de lo que quedaba de Marx. De lo que se podía aprovechar. Para
Marcos todavía quedaba bastante, para mí, casi nada. ¿Entonces
que hacemos con Marx?, me preguntó. “Tirarlo a la basura”
le respondí.
Eran momentos más duros que estos en el tema del marxismo (ya averiguaré
el año por el trabajo de Tucídides), que aunque iba perdiendo
poder todavía era la filosofía dominante en el mundo intelectual.
Felipe González era marxista o acaba de dejar de serlo. Mi respuesta
fue una respuesta polémica a propósito, porque yo también
en esa época era moderado en la expresión de mis odios y afectos
(lo que no quiere decir que sea siempre moderado en mis odios y afectos, a
veces no). Y fue polémica porque de pronto me sentí impulsado
a ser radical, molesto por tantos años de agobio marxista con su ciencia
política y su gregarismo, porque estaba harto de todas las instrucciones
que nos daban acerca de lo que había que hacer y de lo que había
que pensar, lo que había que gritar y lo que había que justificar
(quizá ya no tan claramente a Stalin, pero si a Lenin, por ejemplo,
cosa que todavía hace mucha gente, lo que muestra que estos ensayos
de verano no son tan innecesarios).
Yo no creo que haya que tira a nadie al basura, y tampoco a un libro. Ni lo
creo ahora ni lo creía entonces y , si mi memoria no me traiciona,
creo que enseguida dije que era sólo una manera de hablar (es muy posible
que escribiera esa conversación ese mismo día, así que
ya lo buscaré).
Ante la insistencia de marcos en que quedaban muchas cosas buenas de Marx,
le dije que del mismo modo que en el caso de Tucídides, haría
una investigación y un trabajo contra Marx, y que él hiciera
otro a favor. Empecé a tomar notas ya leer y releer libros de Marx,
Engels y los marxistas, pero lo dejé a medias, porque quería
hacer algo demoledor pero absolutamente convincente, y eso requería
mucho trabajo. Ahora me arrepiento de no haberlo llevado a cabo, porque, hay
muy pocos escritos que se ocupen seriamente de refutar a Marx. Lo único
que encuentras son panfletos de la derecha o de la izquierda (anarquistas
y comunistas heterodoxos) que suelen consistir más en una serie de
descalificaciones que en un estudio razonado.
Lo mejor acerca del tema es posiblemente la tercera parte de La Sociedad Abierta
y sus enemigos. Este es un libro que está prohibido citar entre la
izquierda, como en la época dorada de la Rusia Soviética estaba
prohibido leer el 1984 de Orwell, El dios desnudo, de Howard Fast o Del cero
al infinito de Arthur Koestler.
La sociedad abierta y sus enemigos es uno de los libros que mejor defiende
la libertad y una sociedad más justa, atacando a Platón; Hegel
y Marx. Pero resulta que Popper, otro peligroso liberal como Mill, era de
derechas, al menos en sus últimos 30 o 40 años, y su nombre
es anatema entre las filas de la izquierda, a pesar de que sus ideas son a
veces la mejor arma contra la derecha, contra el conservadurismo y contra
los propios liberales, y a favor de la libertad y una sociedad abierta, en
la que, precisamente, una izquierda justa podría imponer pacíficamente
sus ideas. Popper en ese delicioso libro es tan hermoso y útil como
lo es John Stuart Mill en Sobre la libertad.
Sin embargo, al no haber hecho ese trabajo en su momento, cuando el marxismo
todavía era un gigante que abatir, ahora ya resulta difícil
ponerse a la tarea, pues el gigante ha caído. Tal vez se incorpore
de nuevo, pero mi sensación ahora es como la de Swann en En busca del
tiempo perdido, cuando quiere saber si Odette le era infiel o no y supone
que lo sabrá cuando Odette ya sea definitivamente suya y el amor se
haya diluido con los años y y también los celos, pero ese deseo
tan grande de saber si aquella noche ella, estaba sola o no, resulta que también
se diluye llegado el momento: “Pero este problema tan interesante, que
iba a poner en claro en cuanto se le acabaran los celos, perdió precisamente
toda suerte de interés en cuanto dejó de estar celoso (A la
sombra de las muchachas en flor, 114) e incluso se le diluyó a Swann
el deseo de vengase de Odette cuando ya no la amara: “Con el amor se
fue el deseo de demostrarle que ya no había amor” (116). Es como
lo que cuenta Iván en Matar a Victor Hugo: prometió vengarse
años después de un jefe que le maltrató, pero, cuando
tuvo la oportunidad de vengarse ya no tenía ningún deseo de
hacerlo y al Iván de ahora le resultaban indiferentes las promesas
de aquel joven Iván. Quienes o creemos en al venganza ye n al saña
con los caídos, obtenemos mucho menos placer cuando el monstruo está
a mercede de nuestros golpes que cuando tenemos que golpearle para salvar
nuestra vida (al menos nuestra vida mental). Ahora que ha llegado el día
(desde hace años) en que el marxismo ya no nos domina, ni siquiera
tengo anhelos de señalar a todos aquellos que justificaron tantas atrocidades,
pero sé que a veces hay que hacerlo, para no dar pie a malentendidos,
y como solían decir ellos: “para hacer justicia a las víctimas”.
A sus víctimas.
Barcelona, julio de 2003
La
lengua de la serpiente
Un hermoso símbolo
Una amiga de mi madre me regaló en una acalorada discusión a los postres de una cena un hermoso símbolo, en el que me siento representado.
Hablábamos de esto y lo otro, de Irak, de Euzkadi, de Irlanda, de Israel, de Palestina, y ella me dijo:
__Pero es que tú oscilas, te ondulas de un lado a otro.
Me di cuenta de que tenía razón: yo me ondulaba de un lado a otro. Y sin embargo, tenía también la sensación de moverme siempre en la misma dirección.
__ Sí, le dije, me ondulo, pero si te fijas bien, verás que este movimiento sinuoso y ondulante tiene algo siempre en común: “No matarás”. Siempre estoy contra los que matan, contra los asesinos, sean de un lado o de otro, contra la justificación del crimen. Así que es un movimiento ondulante pero muy firme y nada ambiguo: donde está la muerte no estoy yo.
La imagen que me vino a al cabeza es fácil de adivinar: la serpiente.
Una serpiente que va esquivando a los que asesinan y a los que entienden y justifican el asesinato, la tortura, la pena de muerte, la violencia.
Quiso después la casualidad, que al día siguiente en la Biblioteca Nacional me dieran un sobre de azucar y en el sobre de azucar viese esta imagen:
Por último, recordé que cuando se reformó el cielo astrológico, incorporando uno o dos nuevas constelaciones y símbolos, la serpiente y la ballena a mí me correspondiese precisamente Ophiochus, la serpiente.
Y con esta hermosa imagen de la serpiente, que hago mía, me doy una excusa para escribir un nuevo texto de la sección ¡Discusión! que parecía hibernada, y que a partir de ahora se llamará: “La lengua de la serpiente”.
El primer asunto que trataré será precisamente donde estoy yo: Dónde está la serpiente. Muy pronto en esta página.
Publicado en Erewhom Digital, 6 de diciembre de 2003
No tengo demostraciones científicas de mis ideas, porque no las hay. Como decía Bertrand Russell, hoy tan injustamente olvidado, al final tenemos casi siempre que recurrir a la fe para justificar nuestras ideas.
Es cierto, a la fe y a buenas razones, como hacía él. Pero claro, los que dicen que todo es opinable (yo también lo digo) dirán que quién dice cuando una razón es buena o mala. Pues yo les voy a dar una pista para distinguir buenas razones:
“Buenas razones son aquellas que se niegan a escuchar aquellos que no siguen razones sino dogmas"
Otra pista:
“Una buena razón es aquel argumento que, al no poder ser refutado con argumentos relacionados con él, obliga a que el aludido desvíe la conversación hacia un tema en el que en general todos están de acuerdo, pero que no aclara nada la cuestión.”
Un ejemplo de esto es el argumento
del mal mayor: siempre hay un mal mayor que aquél al que no se quiere
prestar atención;
¿Bush mata iraquíes?
Más mataba Sadam…
¿Hay pena de muerte en Cuba?
Más pena de muerte hay en Estados Unidos…
¿Hay pena de muerte en Estados
Unidos?
Más pena de muerte hay en China…
¿Se paga poco por diez horas
de trabajo de lunes a viernes?
Hay lugares dónde no se paga nada porque no hay trabajo…
Etcétera.
Ya dije en Un hermoso símbolo que yo, como la serpiente, esquivo la muerte y la justificación del asesinato. Creo que a menudo hay que recordar qué es lo que sucede en el otro bando, pero nunca para justificar lo que hace el nuestro. Aunque soy una persona por lo general moderada, hay un asunto que, como dice mi hijo Bruno, me hincha literalmente la vena, la vena de la frente. Me gustaría que no sucediera así porque siempre me ha gustados era apasionado, pero nunca he querido pasar por exaltado. Pero no puedo evitarlo. Ese asunto es la justificación ideológica del asesinato y la injusticia. La vena se me hincha en proporción directa a lo que yo quiera a la persona justificadora. Si se trata de un desconocido, me suele dejar indiferente.
En la adolescencia aprendí que
la izquierda luchaba por la justicia y que su fin era una humanidad libre.
Llevé el razonamiento ingenuamente hasta sus últimas consecuencias
u concluí que si uno era de izquierdas no podía justificar la
pena de muerte, ni la tortura, ni el asesinato, ni e abuso y la explotación.
Mi ingenuidad pronto fue castigada al constatar que la mayoría de la
gente de izquierdas no llevaba el razonamiento hasta sus conclusiones lógicas
e inevitables y que justificaban la pena de muerte, la tortura, el asesinato
el incluso la masacre si sus autores eran los de su bando.
Desde entonces, tozudamente, me he
seguido considerando de izquierdas, a pesar de tener que avergonzarme decenas
de veces al oír a mis supuestos aliados justificar todo tipo de crímenes,
al escuchar a personas esencialmente buenas desarrollar sutiles razones
para aceptar el asesinato . Tengo que ser sincero y he de confesar que
he conocido a gente de derechas, a fascistas e incluso a nazis y que pocas
veces les he visto justificar el crimen con la ligereza y el desparpajo
con el que lo hacen tantísimos izquierdistas.
Cuando te opones a tales justificaciones, te miran como si fueras un lunático
o un derechista, cuando yo siempre identifiqué a la derecha con la
inhusticia, el uso de la fuerza, la coacción y, a menudo, el crimen.
Una conclusión temprana que saqué tras mis primeras decepciones fue que yo era verdaderamente de izquierdas y que eran ellos los que eran de derechas: los que adoran a los caudillos vestidos de militares, los que entienden a Stalin como una reacción contra la presión occidental, los que piensan que los millones de muertos de Camboya son culpa de los Estados Unidos, los que se alegran de que mueran cada día ciudadanos iraquíes y soldados americanos, los que justifican a un terrorista palestino que se convierte en bomba humana en un restaurante, los que consideran al IRA una especie de organización romántica que lucha (o luchaba) por la libertad de Irlanda, los que excusan a ETA y a quienes excusan a ETA. La lista es interminable.
Alguno ya estará pensando: pero te olvidas de los del otro lado. Ese es el argumento del mal mayor, que también puede ser llamado: no te metas con mi equipo, que eso favorece al contrario (es lo que le dijo Sartre a Camus para no criticar a Stalin).
Le respondo que no, también esquivo como la serpiente a los asesinos y justificadores del otro lado. Simplemente sucede, y esto es lo más triste de esta triste historia, que escucho una y otra vez a los que justifican aquello otro y sólo muy raramente a quienes defienden a Sharon, Bush, Aznar y compañía. Apenas escucho justificaciones del nazismo y del fascismo (que además están perseguidas por la ley) mientras que continuamente he oído y todavía oigo justificaciones del comunismo soviético, maoísta, etcétera (que no son perseguidas por ninguna ley).
Es muy duro escuchar cómo se justifica alegremente el asesinato.
Me gustaría pensar, como hace mi amigo Juanjo, que la humanidad, a pesar de sus tropiezos, avanzará hacia la justicia y el fin de la violencia: “¿Realmente alguien pensaba que la esclavitud era razonable?”
Ojalá sea así y en el futuro se asombren de que alguien tuviera alguna vez que discutir cosas tan evidentes: “¿Pero realmente alguien no opinaba eso?”
Si yo discuto cuando se tratan esos asuntos es por una especie de sentido de la responsabilidad para conmigo mismo que me hace imaginar que alguien me pregunte: “¿Y tú que decías cuando justificaban todo eso?”. No me gustaría responder: “Nada. Me quedaba callado.”
Tampoco quiero que nadie piense que porque yo sea de izquierdas acepto todas esas cosas que aceptan tantas personas de izquierdas. Quizá aquella primera conclusión que me hizo dictaminar que yo era de izquierdas y ellos no fue un error, porque ¿quién soy yo comparado con miles, cientos de miles de izquierdistas que no opinan como yo? Sé que no soy de derechas, pero es cierto que no está claro que tenga derecho a llamarme de izquierdas si no coincido con la mayoría de las personas de izquierdas.
Como la serpiente, de nuevo, me muevo de un lado a otro, esquivando los crímenes de unos y otros.
11 tópicos de la nueva cultura alternativa
tópico, ca.
(Del gr. topos).
1. adj. Perteneciente o relativo a determinado lugar.
2. adj. Perteneciente o relativo a la expresión trivial o muy empleada.
…
4. m. Ret. Expresión vulgar o trivial.
5. m. Ret. Lugar común que la retórica antigua convirtió en fórmulas o clichés fijos y admitidos en esquemas formales o conceptuales de que se sirvieron los escritores con frecuencia. U. m. en pl.Familiarmente, tópico, idea hecha, lugar común, idea que se dice sin reflexión, argumento repetido y simplista.
1. La revolución
2. La alienación
3. La muerte del autor
4. La autorganización
5. Los hackers
6. Software libre
7. La violencia
8. El espectáculo
9. El pensamiento único
10. Antiglobalización
11. El Estado
Es una palabra que parecía haber desaparecido del discurso político, pero que ha regresado y que abunda en el mundo de Internet: 12.700.000 resultados en Google para “Revolution”.
Quienes hablan de la revolución ¿a qué se refieren?
No suelen ser muy explícitos. Suelen hablar de lo que va a destruir la revolución, pero pasan de puntillas acerca de lo que sucederá después, o aluden a abstracciones y generalidades con tan poco sentido como la palabra en cuestión. En una época mucho más revolucionaria que esta de ahora, donde la palabra aparecía cada dos o tres frases y en la que sólo se podía ser o revolucionario o fascista, escribí un ensayo perplejo acerca de la revolución, en el que me preguntaba lo mismo que me pregunto ahora: ¿qué habrá después?”
Ahora sigo preguntándome las mismas cosas, aunque sé que a veces es peor que te expliquen qué significa revolución y qué vendrá después.
Se supone que revolución significa un cambio radical del orden establecido, porque, si no se trata de un cambio radical y brusco, parece mejor decir “cambio” o “reforma”. Ahora bien, un cambio, una reforma o una revolución no significan nada en sí mismos, sino que deben dar las razones para proponer esa transformación y la alternativa que proponen (de una manera lo menos vagorosa posible).
Todo teórico de la Revolución emplea el término alienación una y otra vez, aunque su sentido tampoco está del todo claro.
Etimológicamente, el término viene del latín alienatio, alienationes, que procede de alien, que quiere decir otro.
Un alienígena es un extranjero, un extraño y, por ello ha derivado hasta ser equivalente a extraterrestre, lo que quizá dice mucho a favor del avance de la humanidad, que ya no considera extraños al resto de los terrestres.
Ahora bien, en el lenguaje político (y también en el psicológico) un alienado no es un emigrante, sino aquel que es extranjero respecto a sí mismo, aquel que está fuera de sí, enajenado (en-ajeno).
El uso político de la palabra se remonta, como no, a Hegel, quien habla de la conciencia que se siente separada de sí misma, desgarrada, dividida, desunida. El alienado, para dejar de serlo, ha de autorrealizarse, volver a su ser.
“Hay que poner cabeza abajo a Hegel”, dijo Marx.
Es decir: hay que convertir lo que Hegel llama “espíritu” en “materia”.
Marx, pues, convirtió en materialistas las lucubraciones espiritualistas hegelianas. No diré nada acerca de lo que esta operación provocó en las teorías de Marx y en la reinterpretación de Hegel.
El caso es que esta conciencia fuera de sí o alienada, se daba para Marx fundamentalmente en el trabajo, pues el trabajador realiza un trabajo que no le pertenece y que no le desarrolla como persona, sino que más bien le anula.
Sin entrar a discutir lo correcto del análisis marxista o el empleo del término alienación por los psicólogos, lo cierto es que usualmente el término se emplea de una manera mucho más laxa: hay gente alienada o sociedades alienadas, y es a esa gente alienada a la que nuestra teoría, proyecto o revolución va a desalienar.
En definitiva, están alienados aquellos a quienes queremos desalienar y son alienadores nuestros enemigos, puesto que alienan a nuestros alienados.
Nosotros mismos, en tanto que revolucionarios imperfectos, estamos también un poco alienados.
Una insistencia constante de la nueva cultura alternativa es la insistencia en la muerte del autor. Quiero escribir un texto más largo acerca del asunto que llamaré: “Un retorno a la Edad Media: la muerte del autor”.
En la Edad Media tampoco gustaban los autores: los únicos autores que firmaban sus obras eran Dios y el Rey, y las obras de arte se hacían a mayor gloria de Dios.
La verdad es que toda la polémica en torno a los artistas, si sí o si no, me resulta aburrida. No me interesa decirle a la gente si ha de llamar a éste o a aquél artista o genio, o lo que sea.
Personalmente, no creo en la teoría del genio. Pero también observo que quienes dicen que todos somos artistas son los únicos que salen en los periódicos y en los catálogos de las exposiciones. Por lo general, quienes se desviven porque todo el mundo se exprese y participe en la obra común después no dejan hablar a nadie.
Debord decía que ellos, los situacionistas, no estaban allí para hablar sino para que hablaran los demás, para que participaran todos, pero después echaba uno a uno a todos los que no estaban de acuerdo con él, hasta que se quedó solo en la Internacional Situacionista. Supongo que cuando se quedó sólo al fin hubo quorum.
También Mao Ze Dong ídolo del archienemigo de Debord, Sartre, dijo: “Nos hemos equivocado: que se abran todas las flores, queremos escuchar a todos los que no están de acuerdo, a todos los que no opinan como el Gran Timonel, a los que tienen otra opinión acerca de la revolución”. Se abrieron las flores, opinaron a todos y a todos se los cargó.
Lars Von Thiers también va fundando escuelas y capillas dogmáticas y habla de la muerte del director (sinónimo para él de autor), que, sin embargo, está más vivo que nunca, al menos en su caso, donde es imposible no darse cuenta que él, el director, está detrás de todo en todo momento.
La muerte del autor también tiene que ver con la muerte de los derechos de autor, del copyright y cosas semejantes. Pero no está del todo claro que eso vaya a beneficiar a las personas, a los usuarios y a los creadores, sino que su utilidad a menudo parece destinada a las grandes empresas. Si los autores de música o ficción en televisión, por ejemplo, no cobran derechos, ello no revierte en el usuario, sino fundamentalmente en las empresas, que ganan millones sin hacer nada y sin pagar a nadie: en vez de repartir el dinero, se lo quedan todo. Yo puedo, por ejemplo, hacer una página web porque hago otros trabajos que me dejan tiempo suficiente, pero si quisiera dedicarme tan sólo a las cosas que me gustan, me temo que tendría que cobrar por ello. ¿De qué otra manera podría hacerlo?
Ya sé que aquí presento el asunto de manera muy esquemática, pero a veces lo de la muerte del autor es una propuesta que sólo pueden hacer quienes tienen garantizadas sus fuentes de subsistencia por otro lado. Si alguien trabaja, por ejemplo, en una empresa que hace DVDs interactivos y sólo gana un 1% de los beneficios, más bien parece que habría que hablar de resucitar al autor, no de matarlo.
Una cosa es no creer en el mito del artista, del autor o del genio, y otra cosa pensar que si alguien fabrica sillas que se venden ha de cobrar por su trabajo, mientras que si alguien escribe libros que se venden ha de hacerlo “por amor al arte” y dejar que su empresa se lo lleve todo, o que los usuarios disfruten gratis algo que quizá le ha llevado meses llevar a cabo. Creyendo ser antielitistas, muchos de los que hablan de la muerte del autor son más elitistas: sólo serán autores los que tengan la subsistencia garantizada por herencia, chollo, chanchullo o lotería. Estoy a favor de la difusión máxima de la cultura, lo que a menudo implica el uso de la piratería, pero hay que considerar la diferencia entre reducir la cuenta de beneficios de Microsoft en unos cuantos millones y proponer que los creadores del futuro dejen de cobrar. No sé, sinceramente, cuál es la solución, tal vez algo parecido al Xanadú de Ted Nelson. Sospecho que lo iremos descubriendo poco a poco.
La autorganización es algo muy bueno, tan bueno como los brainstormings como método de trabajo, pero yo nunca he presenciado ninguna de las dos cosas. Bueno, algún brainstorming verdadero sí que he visto.
Exagero, ya lo sé: hay procesos autorganizativos en la naturaleza muy interesantes, y también posiblemente en la Red, sin embargo, dudo mucho de su eficacia en tanto que autorganizados.
Me acuerdo de las Asambleas del instituto, donde se hablaba de autorganización y de que todos debían colaborar. Siempre estaban dominadas por unos cabecillas y en cuanto alguien se salía del discurso ortodoxo o dudaba realmente de algo, se le anulaba e inutilizaba en un momento al grito de “Fascista, Fascista”, grito que incluso se lanzaban los revolucionarios unos a otros: el que lo decía antes ganaba.
No creo demasiado en los sistemas autorganizados. Creo que es sólo una metáfora para describir una manera de organizar las cosas: en vez de enviar los correos de uno en uno, se mecaniza el proceso; en vez de recibir cartas de lectores y participantes e irlas colocando en un foro, se automatiza, los lectores envían sus valoraciones y esas valoraciones van ordenando las aportaciones también de manera automática, etcétera. Una manera de organizarse que puede ser mejor que otras y que saca más partido a las nuevas tecnologías. Una manera que también puede favorecer organizaciones menos jerarquizadas, o mejor jerarquizadas, o en absoluto jerarquizadas, como puede ser un foro, las listas de correo u otras ideas que menciona Aitor en Del absolutismo a la sociedad autorganizada.
Mi única pega es que me parece exagerado hablar de absolutismo y me parece también que la llamada autorganización tiende a menudo, si no al absolutismo, si a cierto totalitarismo: yo no me fiaría de un fenómeno autorganizado para regular la sociedad ni las relaciones personales. En otro momento diré por qué.
Los hackers existen porque existen las grandes empresas. Son parte de la maquinaria, como diría Marx, pero no lo saben.
En realidad, todos somos parte de la maquinaria, pero lo bueno es que muchos lo sabemos mientras que otros lo ignoran.
Claro, ellos dirán que lo que quieren es estropear la maquinaria, que son la arena que detiene la máquina, saboteando servidores, etcétera, pero lo único que hacen es contribuir de manera directa a que la maquinaria crezca, y desarrolle sistemas de seguridad, controles policiales, etcétera.
Pero, ¿por qué un hacker se cree con derecho a sabotear y a determinar a quien hay que sabotear, a qué empresas hay que joder aunque ellos signifique joder también a millones de usuarios anónimos?
Los hackers acumulan mucho conocimiento y poder, que no sólo es una presión y una amenaza para las empresas sino para todo usuario que no piense como ellos. Una cosa es hacer un crack de un producto de consumo masivo, otra muy distinta infectar con virus los ordenadores o bloquear páginas que pueden resultar útiles o necesarias a muchas personas.
Muchos de los hackers se reconvierten en pocos años a ese capitalismo del que echan pestes, como hicieron tantos marxista-leninistas, trotskistas, maoístas y situacionistas. Suelen tener que hacerlo cuando ya sus padres o el Estado a través de Universidades, Becas, etcétera deja de subvencionarles y no pueden seguir pasando dieciocho horas al día delante de un ordenador. Esto último suena demagógico, lo sé, pero creo que es verdad. Si los hackers y los expertos informáticos pueden conseguir chips de silicio de última generación, CDs y DVDs baratos, etcétera, es gracias a la gran demanda que abarata los precios, y la gran demanda se debe a que Windows gana millones vendiendo sistemas operativos, y otras empresas vendiendo ordenadores. No se debe a los usuarios de código abierto ni al software libre, ni a los hackers.
Es bueno que exista gente al margen de las grandes empresas que sepa de informática para que el conocimiento no dependa de las grandes empresas y es bueno que los Estados tomen parte y protejan este conocimiento, pero a menudo también se acaba creando una élite de expertos, de listos, de imprescindibles, que dicen a los demás lo que tienen y no tienen que hacer.
[Esta entrada motivo una airada respuesta por parte de un
amigo. Ello me llevo a investigar a fondo el tema y escribí un larguísimo
(pero creo que interesante) texcto acerca de lso hackers y su historia. Puedes
leerlo aquí:
Los hackers (PDF)
Los hackers (WORD)]
Es un tema complejo, en el que es fácil meter la pata.
Me gusta el software libre, pero no creo que pueda convertirse en un principio absoluto la afirmación que dice que todo el software ha de ser libre. Si el software libre se impone, lo más probable es que desaparezcan las empresas millonarias como Microsoft. Si desaparecen nadie podrá pagar a todos los trabajadores que trabajan en ellas. La burbuja informática explotará y ¿qué pasará?
El mayor perjudicado será el propio usuario. Porque lo cierto es que si el usuario común puede usar un ordenador personal por un precio asequible es gracias a Gates, Jobs y otros (Microsoft, Apple, etc), no gracias a los hakers y a Linux. Incluso muchos de los que defendemos el sistema operativo Linux, no lo usamos, porque es poco intuitivo, o al menos lo era hasta hace poco: últimamente se está volviendo más fácil porque Linux dispone cada vez de más dinero (y más gente que trabaja sin cobrar también, tal vez en Universidades financiadas por el Estado y las grandes empresas informáticas).
Algunos idealizan a Macintosh y a Jobs, que siguen manteniendo una imagen de rebeldes, a pesar de ser la segunda empresa informática (en cuanto a sistemas operativos). Pero si Mac sobrevive es gracias a Windows, que posee el 25% de las acciones de la empresa.
No digo que deba permitirse todo a las grandes empresas. Al contrario, hay que controlarlas, ponerles multas cuando se salten la ley (como ha hecho la Comunidad Europea).
Creo también que hay que tomar medidas concretas para liberar software y que las administraciones públicas y los Estados deberían usar sistemas como el de Linux siempre que se pueda y no pagar a Gates por Windows. También me gustaría que se hiciera un buscador libre para no depender de Google (como parece que se está considerando ahora en Europa) y sistemas operativos rivales, como se va a hacer en Asia entre Japón, China y Corea. Pero, si es posible hacer ese sistema operativo asiático es no sólo por al inversión del Estado, sino de las empresas de China, la economía mundial que crece a un ritmo más rápido, Corea y Japón.
Pensar que de golpe y porrazo todas las empresas deben emplear sus recursos gratuitamente y por el bien común, sin sacar ningún benefició, es una simpleza. Tampoco se van a juntar, me temo un millón de chinos para trabajar gratuitamente en un sistema libre. Se intentó con Freedows y creo que no se consiguió. Me encantaría que sucediera y en la medida de lo posible ayudaría a una cosas así, pero mientras tanto, vivamos en el mundo real, donde es posible hacer bastantes cosas. Una de ellas es ir pasando al uso común y libre las cosas más necesarias: un sistema operativo, un buscador, etcétera. Las empresas buscarán entonces otra fuente de negocio con cosas más perfeccionadas y así sucesivamente.
Por alguna razón que no logro entender, la violencia ejerce una atracción increíble entre los alternativos. Siempre ha sido así, seguramente, pero ahora parece volver, después de mucho tiempo y se hacen frecuentes las alusiones a actos culturales violentos, terrorismo cultural, acción directa, etcétera.
Un amigo tenía una página anti-Bush en la que había que disparar contra iraquíes inocentes o algo parecido. Era un juego, no era real, su objeto era denunciar la política bélica criminal de Bush, por supuesto. Los iraquíes eran sólo píxeles en una pantalla. Pero el caso es que no pude disparar. Cuando se lo conté a mi amigo, él se alegró por mi reacción. Yo me alegré de que él se alegrara. Tampoco pude disparar en una exposición en la que se proponía disparar (virtualmente) contra los transeuntes.
Pero, ¿cuánta gente reacciona como yo?
No sé explicar muy bien cuál es la diferencia con otros juegos de disparos, a los que he sido aficionado y a los que todavía juego de vez en cuando. La diferencia debe ser que esos otros juegos están completamente descontextualizados: es imposible pensar que estas disparando a seres humanos o a una representación de seres humanos, del mismo modo que en la máquina de marcianitos no piensas que te están pronunciando a propósito de cómo habría que recibir a una cultura extraterrestre que nos visitara. Por más que he disparado en montones de máquinas o que he sido aficionado a películas de tiros, nunca he sentido ganas de disparar a nadie. Sin embargo, desde hace unos veinte años, muchas películas violentas no me gustan. Y no me gustan porque siento que en ellas no sólo se cuenta un argumento más o menos violento, sino que se toma partido a favor de la violencia. Es una cosa difícil de precisar, ya lo sé, pero la violencia y el arte, cuando se unen me causan bastante repelús, aunque supongo que habrá buenas excepciones (como era el delicioso Circo Aligre).
Creo que el uso artístico de la violencia, la trivializa, nos hace más comprensivos con ella, más tolerantes con los actos violentos, que empezamos a considerar desde una perspectiva puramente estética, como han hecho siempre los fascistas. También los revolucionarios del siglo XX, triunfantes o no, casi siempre estuvieron fascinados por la violencia. Yo creo, por el contrario, que usar la violencia es caer en lo mismo que se combate. Mientras más carga teórica tiene el uso de la violencia, ya sea violencia virtual o real, ya sea a favor o en contra de la propia violencia, más me desagrada.
Muertas casi todas las ideologías que hicieron furor en el siglo XX, parece que sólo han sobrevivido Debord y el situacionismo, como prueba el hecho de la constante descripción de esta sociedad en que vivimos como sociedad del espectáculo (¡como si las pirámides de Egipto no hubieran sido un espectáculo proporcionalmente superior a cualquiera de los actuales!). La idea es buena, de acuerdo, pero el chiste ya está gastado y tampoco se puede estirar mucho más.
No voy a entrar en detalles, pero lo más sorprendente es que quienes más hablan de espectáculo y de que estamos alienados por el espectáculo son precisamente los que más usan del espectáculo para lanzar sus propuestas.
Para hacer eso, claro está, tienen una justificación teórica y retórica clásica: combatir al enemigo con sus propias armas. Pero a veces pienso que combatir la trivialidad con trivialidad sólo genera más trivialidad. Repetir lemas simples como si fueran verdades reveladas para luchar contra la alienación que se denuncia es sólo rebajar el nivel de la cultura y las posibilidades de triunfo de cualquier cambio real.
El pensamiento único es un término que tal vez inventó o reinventó el director de Le Monde Diplomatique, y que no es una mala idea: se refiere a quienes consideran que sólo hay una manera posible de organizar la sociedad y que opinan quienes proponen cambios son meros ilusos. Pero lo de pensamiento único se ha convertido en una especie de arma arrojadiza que se emplea contra todos aquellos que no piensan lo que sí piensan los garantes del término pensamiento único. Por lo que he observado, quienes más repiten los mismos pensamientos y los mismos tópicos, sin pararse casi nunca a reflexionar sobre las cosas, son precisamente los que denuncian el pensamiento único. No encontrarás más pensamiento único en ningún otro lado
Hace algunos años, se puso de moda hablar de la globalización y criticarla. Ya dije entonces que el único mundo que me parecía justo era un mundo globalizado: globalización de los recursos, de los derechos humanos, de la libertad, de la democracia, de la igualdad entre hombres, mujeres y gentes, de los tribunales que puedan perseguir a los tiranos como Pinochet, a los terroristas, a los que provocan una guerra movidos por intereses petrolíferos, de la Seguridad Social, etcétera.
Unos años después, este pensamiento evidente ha sido adoptado por muchos de los antiglobalizadores y hablan de esta globalización positiva, pero todavía hay algunos que parecen creer en un mundo en el que haya ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda y que defiende proyectos cuyo lema fundamental es la antiglobalización.
El Estado es el monstruo infame, el causante de todos nuestros males.
Me permito reproducir aquí un correo privado de Ivan Tubau, que es más elocuente de lo que yo pudiera ser:
“Traducción sobre la marcha lo más literal posible (l'Empire de la morale p.254):
“A partir de ahí pone a punto [Lenin] su famoso y fumoso El Estado y la revolución, que anuncia el socialismo al cual solo se llegará a costa de la destrucción del Estado. Cincuenta años después los comunistas franceses aún gargarizarán con eso. ¡Como si el Estado no fuese la institución social más civilizada de todos los tiempos! Pues mira por dónde eso es lo que hay que destruir. Para volver a "una forma de salvajismo", le cito, y todo ello en beneficio de una sociedad totalmente imaginaria.”
Comentario mío [de Iván] a pie de página con marcador verde (lectura 2001): "Voilà! Absolument d'accord! Viva el Estado de derecho, viva Garzón, viva Borrell, viva el impuesto progresivo implacable sobre patrimonios, muera Dios.”
Sé que en todo esto habré cometido muchos errores de los que me arrepentiré y que deberé rectificar. Estoy dispuesto a ello. Pero he querido ser claro, decir las cosas sin pomposidad y con la mayor sinceridad posible. En estos asuntos, donde abunda la retórica, las vaguedades, el lenguaje de expertos pseudocientífico, las flores hipnóticas hechas de palabras incendiarias, las consignas y las iluminaciones, conviene ser un poco más preciso . Sé que yo no le he sido, debido a la precipitación, pero espero ir siéndolo poco a poco cada vez más, desarrollando cada tema en detalle.
En todos los lugares, pero en algunos más que en otros, llega un momento, por ejemplo, en el que se desconfía tanto de los políticos profesionales que se prueba con los que están fuera del sistema. El resultado pocas veces es bueno, a menudo es malo y bastantes veces es horrible: Fujimori, Ronald Reagan, Chávez, Menem, Perón, Mussolini, Hitler...
Pero esa tentación es constante: el salvador que viene de fuera, el hombre que no pertenece al sistema y por tanto está limpio de corrupción. En Estados Unidos esta figura es un mito nacional, uno de los dos o tres estereotipos fundamentales de su cultura: el selfmade man (hombre hecho a sí mismo) el vaquero que dicta sus propias leyes y tiene sus propias pistolas, el no-político que no pertenece a los "corruptos políticos profesionales" de Washington.
Es un mito tan poderoso que incluso el actual presidente, George W.Bush se presentó con esa imagen de recién llegado a la política... ¡a pesar de que su padre había sido Presidente de EE.UU y su hermano era Gobernador de Florida!.
(en Ni sueños ni pesadillas: Salvadores recién llegados)
Negroponte en El mundo digital dice que las bibliotecas públicas las inventó Jefferson. No sé si se refiere sólo a Estados Unidos o a todo el mundo, pero, de ser cierto, esta sería otra gran contribución de los Estados Unidos a la civilización.
(en nexos)
...Pero forma y fondo se emplean a menudo con un sentido más preciso y se dice aquello de nulle etica sine estetica: no hay ética sin estética, que por aquello de que hay que probarlo todo, algunos han invertido: nulle estetica sine etica:nohay estética sin ética.
¿Qué significa esto? Que cualquier elección estética implica una ética. O que cualquier elección ética es en sí misma estética. De esto habla muy bien Kierkegaard en Temor y Temblor, y quizá haya ocasión de comentarlo en otro momento. Pero yo creo, a riesgo de pasar por mamarracho, que el caso del poblado de África Central [un poblado en elq ue se mueren de hambre y necesitan ayuda urgente] y el medio de trasporte elegido para hacer llegar esa ayuda muestra que la estética es absolutamente indiferente si de lo que se trata es de conseguir que la gente del poblado no se muera de hambre. Lo mismo da que lleve los víveres un helicóptero de Coca Cola y que los reparta el propio Bush.
Siento alejarme también en esto del pensamiento único, cuyos principales representantes son los que siempre hablan de pensamiento único.
Y tras sacar de nuevo los pies del tiesto, diré que lo de forma y fondo viene a cuento de que leyendo un weblog acerca de las características técnicas de los weblog, un colaborador dice que lo de estar todo el rato intentando poner un efectito aquí o allá acaba haciendo que al final no pongas nada de contenido. Eso me parece no sólo razonable, sino además cierto. Se pierde tanto tiempo en detalles menores que uno prefiere pasarse al bando de los defensores del fondo y hacer un weblog con texto plano, sin efectos ni tipos de letras, sin imágenes, sin nada. Pero tampoco hay que pasarse...
Para los que se hayan inquietado por mi anterior mención a Bush, diré que no sólo estuve y estoy contra la guerra de Irak, sino también contra Bush y la política estadounidense. Me alegro de que se haya capturado a Sadam, pero no de que eso haya subido la popularidad del que quizá haya sido el peor presidente de Estados Unidos en el siglo XX y sin duda el peor del siglo XXI, lo que no es difícil (pero esperemos que el siguiente no le supere).
Me permito, como hizo hace unos días Elvira Lindo, en estas fechas de regalos, pedir a los Reyes o Santa Claus poder criticar a unos y a otros sin que ni unos ni otros me consideren partidario del otro bando. Es curioso porque Lindo dice que le gustan mucho los Estados Unidos (no la política actual de EE.UU), como dije yo también hace unos días en Nexos.
Para dejar un poco más clara la cuestión, he escrito un breve autoretrato de carácter político. Pronto se podrán leer algunos autorretratos que escribí hace años (más completos), cuando suba Esklepsis a mi página web.
...Por otra parte, China, Corea del Sur y Japón se han unido para crear un sistema operativo que pueda competir con Windows. La Comunidad Europea quiere desarrollar una alternativa a Google y posiblemente también a Windows . El mundo quiere tener alternativas que no le hagan quedar a merced de unos Estados Unidos belicistas y muy poco de fiar.
En El hombre que pudo reinar, llevada al cine en una película extraordinaria por John Huston, con una actuación inolvidable de Sean Connery y de Michael Caine, dos aventureros ingleses buscan un lugar mítico relacionado con las conquistas de Alejandro en la India. El actor Christopher Plummer interpreta al propio Rudyard Kipling.
Sean Connery es reconocido por los descendientes de Alejandro como un Dios. En vez de aprovechar las riquezas encontradas, se dispone a convertirse en lo que en historia de las religiones se llama un héroe civilizador.
En ambas historias hay un planteamiento más complejo de lo que se piensa acerca de la cultura y de la obligación de trasmitirla. Rudyard Kipling consideraba que Inglaterra era la cultura más desarrollada en ese momento y que era una de sus obligaciones transmitirla a otros pueblos.
Naturalmente, esta opinión nos resulta hoy en día demasiado etnocentrista, eurocentrista y anglocentrista. Imperialista y colonialista. Pero tal vez no es peor que las opiniones de los relativistas culturales, que piensan que esa imposición intercultural no se ha de producir, pero que sí se debe aceptar la imposicion intracultural: es decir que cada cultura ha de tener su propio tirano.
Por si alguien no se ha dado cuenta, todo esto tiene que ver con el atentado del jueves pasado.
Ayer hablaba con unos amigos que parecían justificar el atentado echando la culpa a Estados Unidos de todo. Ya he hablado en esta página de las culpas de Estados Unidos y de la culpa de España en la guerra de Irak, pero los culpables del atentado son quienes pusieron las bombas.
Mis amigos proponían que dejásemos tranquilos a los pueblos dominados por el Islam, que les dejásemos gobernarse por sí mismos. Suena bien, pero es una gran mentira y una mentira inmoral.
Cuando en España había una dictadura con fuertes rasgos católicos, muchos deseábamos que el resto del mundo, y particularmente Europa, hiciese todo lo posible por sacarnos de ella. Muchos incluso fueron partidarios de una invasión, y son frecuentes los reproches desde la izquierda y la derecha moderada a Estados Unidos y a Europa tras la Segunda Guerra Mundial por no desalojar a Franco. Desalojar a Franco, casi seguro, sólo habría sido posible invadiendo España.
En mi opinión, es vergonzoso que ahora nosotros consideremos que no debemos intentar contribuir a que los países islámicos se conviertan en democracias, a que en ellos se respeten los derechos humanos, a que las mujeres sean iguales a los hombres, a que la religión deje de intervenir en la política.
No es un choque de civilizaciones. Es un choque entre tiranos y oprimidos. Pensar que no debemos influir en ellos es tratar a quienes viven en los países musulmanes como a menores de edad, es mucho más paternalista que la postura contraria y es, en definitiva, respetar y alabar a los tiranos, a las dictaduras y a los fanáticos, no a los pueblos y a las personas.
Si podemos y debemos intentar cambiar lo que creemos erróneo en Estados Unidos, del mismo modo deberíamos comportarnos con los países islámicos. Si alabamos a Michael Moore por sus críticas a Bush, ¿no va siendo hora de que mencionemos alguna vez a sus equivalentes en el mundo musulman?.
Por supuesto que muchos de esos pueblos apoyan a sus tiranos: aunque a muchas personas les cueste admitirlo, también en España se apoyaba a Franco y lo más probable es que Franco hubiese ganado cualquier referendum legal que se hubiese planteado durante su mandato. No con el 99% de los votos de sus referendums trucados, pero sí con un 60 o 70%.
Pronto iré subiendo aquí cosas de autores musulmanes que se oponen a la intervención de la iglesia en la política (de la iglesia musulmana).
Por ejemplo de Ibn Warraq que ha escrito Por qué no soy musulmán, de manera semejante a como Bertrand Russell escribió Por qué no soy cristiano, pero con la importante diferencia de que Ibn Warraq es un seudónimo obligado, cosa a la que no se vio forzado Russell.
Los europeos nos hemos librado de la tutela religiosa, y algunos, como los españoles, muy recientemente. ¿Por qué no pueden hacerlo también los musulmanes?
Mientras tanto, hago aquí algunas aclaraciones necesarias, pues sé que estos planteamientos depiertan el pensamiento alternante (la supuesta necesidad de elegir entre uno y otro bando: "si estás contra estos estás con los otros" y a la inversa), y la trivialización comparativa, es decir, el truco de mencionar a otros que hacen cosas peores para así excusar a quienes hacen algo mal.
Las aclaraciones son: no soy partidario del imperialismo, ni del colonialismo, ni del etnocentismo, ni del eurocentrismo, ni de invadir a nadie.
Estados Unidos ha seguido a menudo y especialmente en los últimos tiempos políticas criminales, pero eso no puede servir para justificar a los asesinos del otro lado. Exigir a Estados Unidos una política que contribuya a la pacificación mundial no impide que se exija también al mundo musulman negar cualquier apoyo al terrorismo.
Estados Unidos puede ayudar muchísimo a que el terrorismo decrezca, es cierto, pero eso no hace menos culpables y sanguinarios a los terroristas.
Podría ahora hacer más aclaraciones, pero me fatiga. Si alguien no está de acuerdo con algo de lo que he dicho y me cree cómplice de alguna injusticia, que me escriba y haré las aclaraciones habituales, me temo.
Pocas veces digo aquello de "siento haber tenido que...", porque siempre suele ser una formalidad hipócrita. Ahora no puedo evitar decirlo con sinceridad: siento haber dado este sermón, pero me he creído obligado a hacerlo para atacar el mal antes de que crezca más y para no ser cómplice de ambigüedades y justificaciones que considero crueles e injustas.
No me gusta mucho hablar de política en un lugar de uso público, porque creo que es facilísimo equivocarse y meter la pata y porque no me gusta hacer proselitismo de ningún tipo ni dar sermones. Ojalá los acontecimientos vayan serenando este mundo, este país y, en consecuencia, este weblog.
(en el weblog Memex)
Estos días he discutido con dos personas acerca del mismo tema: las medidas adoptadas en Brasil contra los turistas estadounidenses, en reciprocidad o represalia por las medidas que los estadounidenses adoptan con los turistas brasileños (con todos los turistas).
Con las dos personas con las que he discutido, el fondo de la cuestión ha sido el mismo: a ellos les parecía estupendo lo que hacía Brasil y a mí me parecía un sin sentido. Antes de ver Soñadores, yo mismo dije a una de esas personas que responder a la humillación con la humillación, a lo policial con lo policial y al fascismo con el fascismo no es mi ideal de la lucha contra la humillación, lo policial y el fascismo. Me parece que Matthew dice lo mismo al final de la película, así que me sorprende que quienes elogian lo que dice Matthew no vean la semejanza entre ambas situaciones.
Es fácil darse cuenta ahora de cuál era la postura correcta hace 35 años (en 1968), pero creo que no es tan difícil ver el paralelismo con lo que sucede en Brasil. Si Estados Unidos adopta una postura que consideramos denigratoria y abusiva, difícilmente me puede parecer que esté bien que Brasil adopte esa misma política denigratoria y abusiva.
Otras personas se han mostrado inmediatamente indignadas por la supuesta reciprocidad brasileña y han imaginado, como yo, a turistas de carne y hueso humillados en una aduana, no en leyes y símbolos. Algunas personas se han dado cuenta del error y han rectificado fácilmente.
Si no menciono ningún nombre aquí es porque hacerlo
sería abusar de una posición de poder, la de alguien que tiene
a su disposición una página web. Así que si alguno de ellos
quiere responder, anónimamente o no, puede hacerlo, porque aquí es
posible que yo haya simplificado, tergiversado o, sencillamente, no expresado
sus argumentos en defensa de la reciprocidad brasileña.
En Libertalia 7 de enero de 2004
Elliot Weinberger y el antiamericanismo
Eliot Weinberger es un escritor estadounidense al que quiza algunos amigos recuerden por aquel poema de Wang Wei con el que iniciamos un juego que quedó interrumpido y que reanudaré en esta página web. Pero ahora quiero poner aquí otro texto de Weinberger en el que habla de política y de la situación de los Estados Unidos. Creo que en este tema las opiniones coinciden y yo no soy nada original pensando que el mayor peligro para la humanidad proviene hoy en día de Estados Unidos: es lo mismo que piensa la mayoría de los europeos según una reciente encuesta. Me parece que Weinberger resume en este artículo muy bien la tremenda situación actual de EE.UU, que se ha convertido en un país peligroso, sin legalidad y dispuesto a aplicar el terror para cumplir sus intereses. Hace diez años escribí un artículo para El Independiente, que se llamaba "¿Antiamericansimo visceral?", en el que me preguntaba si la oposición a la Guerra del Golfo de Bush padre y a la política estadounidense podía ser considerada antiamericanismo visceral. Yo nunca he sido un antiamericano visceral, porque admiro sinceramente muchas cosas de los Estados Unidos y nunca me gustaron los antiamericanos viscerales, pero si por América entendemos el Gobierno de los Estados Unidos y su política exterior, me temo que es difícil no ser hoy en día antiamericano. ¿Y además visceral? No lo sé, pero como dice Iván Tubau, mi padre, hay que recordar que el cerebro es una viscera.
¿Qué está sucediendo en Estados Unidos?
(en Libertalia, 8 de enero de 2004)
Así que Toth hizo, con sus modestos medios, lo que soñara el colega nazi de Goebbels, Hitler: volar Paris, volar de un golpe la cultura francesa y todos sus símbolos; o lo que poco después se planteó en EE.UU: tirar las bombas atómicas sobre Kyoto, la antigua capital cultural de Japón.
(en Lazslo Toth, están entre nosotros)
Otra derecha es posible (en EE UU)
EE UU, TRISTE LIDERAZGO
El siglo XX ya va quedando lejos y podemos contemplarlo con detenimiento y distancia. Seguramente ha sido el siglo más terrible y sangriento hasta ahora. Dos guerras mundiales, millones de muertos en el holocausto nazi, en la Rusia soviética y en la China maoísta, la mayor hambruna de la historia conocida (también en China), la bomba atómica, decenas de dictaduras en todo el planeta, el resurgir de un Islam intolerante.
Si comparamos ahora aquel terrible siglo XIX con el XX, es casi seguro que salga ganando el XIX, lo que demuestra que las cosas pueden ir a peor.
En cuanto al siglo XXI que acaba de empezar, en lo que se refiere a conflictos bélicos no puede compararse a ninguno de los dos anteriores. Las actuales guerras de Irak y Chechenia, con todo su horror, palidecen al compararlas con las guerras Irán-Irak o Rusia-Afganistán, que causaron millones de muertos.
El mundo, sin embargo, parece haber empeorado en los últimos años, tras la gran alegría que fue la caída del muro de Berlín y el fin del comunismpo soviético: fundamentalismo islámico, la pobreza y la muerte por el SIDA y conflictos más sangrientos pero menos comentados en África, la guerra de Irak y la de Chechenia.
Es triste que en el siglo XXI el país que más ha hecho por empeorar el mundo haya sido EE UU, que es quien más podría hacer por mejorarlo. Triste liderazgo y terrible ejemplo por parte del poder mundial dominante.
En un momento en el que hay tanto que hacer por África, por los países sometidos a los curas islamistas y por conseguir que China cambie pacificamente de régimen, es terrible ver a EE UU siempre tan decididamente en el lado equivocado, intentando una y otra vez apagar incendios con gasolina, iniciando guerras crueles, saltándose los derechos humanos y aplicando políticas dignas de un país fascista, contribuyendo, en definitiva a la radicalización de un mundo ya muy radicalizado (el islámico) y que se halla en un equilibrio peligrosamente inestable.
Por eso es tan importante que gane Kerry las próximas elecciones, pues aunque los Demócratas estadounidenses no se puede decir que sean la izquierda, al menos son otro tipo de derecha.
COMENTARIOS
Anonymous said...
Por lo menos Kerry está en contra de la pena de muerte, creo que ni
siquiera Al Gore está en contra.
Proserpina
Liber said...
Sí, esa es una noticia realmente espectacular, porque una de las mayores
vengüenzas de Estados Unidos es que exista la pena de muerte. Si desapareciese
en EE UU sería un paso de gigante para que fuese abolida poco a poco
en el resto del planeta, sobre todo en China.
No sé, Gore, creo que estaba en contra, o quizá eludía
pronunciarse. Me parece que rechazó la carrera como Gobernador para
evitar firmar condenas demuerte. Clinton, sin embargo, es un asesino, que firmó condenas
de muerte, incluso lo hizo durante la campaña presidencial para demostrar
su fortaleza. Repugnante. Y hay quien le considera de izquierdas o progresista.
(en Seingalt)
José Enrique Varona, un filósofo cubano que vivió entre 1849 y 1933 decía:
"El hombre no se moraliza con mandatos; suavícese el medio natural y social en que se desenvuelve y se suavizarán sus costumbres, y su inteligencia será el reflejo de esos sentimientos más humanos y por consiguiente más morales".
Esto es tan cierto, creo yo, que hay que evitar siempre que se pueda el ejemplo brutal y asocial: la guerra, la disputa enconada y sangrant