APOSTILLAS DIGITALES
Alguien me preguntó y yo respondí.
P: ¿De qué no se discute en Por qué el mundo digital no es digital?
R: En ese ensayo yo no pretendía discutir si era mejor lo digital o lo analógico.
P: De acuerdo. Ese no era el asunto que se discutía. ¿Me podrías decir ahora qué es lo que no se afirma en Por qué el mundo digital no es digital?
R: No se afirma que todo (el Universo) sea al fin y al cabo analógico y que, en consecuencia, lo digital también es analógico.
P: Eso es lo que parecían creer Luis y Marcos o Luis o Marcos.
R: Sí, pero yo decía eso como de pasada, sin relacionarlo directamente con el asunto tratado.
P: Entonces, permíteme otra pregunta, ¿de qué diablos se discute?
R: Se discute lo que se dice al principio del propio ensayo con bastante claridad: si el mundo al que pertenecen los ordenadores, los productos multimedia, los teléfonos móviles, la interactividad, los cedés, deuvedés y otros soportes digitales, Internet y las intranets, toda la cultura algorítmica, los mundos o programas virtuales, las play-station, las autopistas de la información, la fibra óptica, la televisión por cable, los programas de simulación, todo el software informático y tantas otras cosas que han cambiado el mundo en los últimos 25 años... En fin, si es correcto englobar todo eso y el mundo al que han dado origen bajo la denominación Mundo Digital.
P: Entonces, ¿tu ensayo no es acerca de realidad o acerca de la tecnología propiamente dicha?
R: No. Es más bien un ensayo socio-cultural o algo semejante. Tiene que ver más con el marketing que con la tecnología.
P: ¿A qué te refieres exactamente? ¿Podrías poner una comparación?
R: Por supuesto: los libros de Marshall Mc Luhan en los que Marshall proponía que el mundo que nació con la imprenta había sido sustituido por otro. Y llamaba al anterior Galaxia Gutemberg y al nuevo Galaxia Marconi.
P: ¿Y qué libros eran esos?
R: Los más famosos La Galaxia Gutemberg, Comprensión de los medios y El medio es el masaje.
P: ¿Podrías decirnos algo más de McLuhan?
R: Sí. Aparece en la película de Woody Allen Annie Hall. Resulta que Alvy (Woody) está con su novia Annie (Diane Keaton) en la cola de un cine. Detrás de ellos está otra pareja y el hombre le está echando un rollo a la chica acerca de McLuhan. Alvy no puede aguantar más y le dice al pesado que McLuhan no dice lo que él dice que opina. El otro le responde que se lo va a decir a él, que es ni más ni menos que Profesor Titular de Historia de la Comunicación en la Universidad de Tal y Tal. Pero Woody insiste en que McLuhan no opina eso y, ante la tozudez del otro, Alvy sale de plano un segundo y vuelve a entrar con el mismísimo McLuhan del brazo. Y MacLuhan se dirige al profesor de Tal y Tal en la Universidad de Tal y Tal y le dice: "Usted, joven , no tiene ni idea de mis teorías". Ese es McLuhan, el auténtico Marshall en persona.
P: Ah, muy divertido, pero, ¿me podrías decir qué sostiene exactamente McLuhan? Yo tenía entendido que es el que dijo aquello de "El medio es el mensaje", pero tú has mencionado un libro que se llama El medio es el masaje. ¿es otra broma como la de Woody Allen?
R: Pues no, no es una broma, al menos no de Woody Allen, pero no te puedo decir más acerca de McLuhan porque ese no es el tema del ensayo que estamos intentando aclarar.
P: De acuerdo. Ya me ha quedado más o menos claro que tú no discutes en ese ensayo si es mejor lo digital o lo analógico y que tampoco te preocupa el asunto de si a fin de cuentas todo es analógico porque el universo es analógico. A ti lo que te interesa, por lo que veo, es ponerle una etiqueta a ese mundo que vendría a sustituir a la Galaxia Marconi que se inventó McLuhan para sustituir a la Galaxia Gutemberg.
R: Así es, yo no podría haberlo dicho mejor. Por eso dije antes que el ensayo tenía mucho que ver con el marketing.
P: Pero, ¿son tan importantes las etiquetas?
R: ¿Tan importantes como qué? Yo creo que no son muy importantes y que incluso casi siempre es mejor prescindir de ellas, pero también es un asunto entretenido con el que pasar el rato y aprender cosas.
P: Pero no te jugarías la vida por una etiqueta...
R: Por supuesto que no, ni uno solo de mis cabellos. Ni siquiera me dedicaría a discutirlo durante años, como suelen hacer los expertos con temas mucho más banales. Como ves, yo mismo digo mundo digital sin ningún problema. Y la verdad es que tampoco tengo una alternativa más convincente para esa denominación.
P: ¡Vaya! Pero eso es como tirar una piedra y esconder la mano.
R: Algo así. Sólo quería mostrar que a veces se habla del mundo digital y de lo digital sin saber exactamente qué es lo que se está diciendo.
P: No veo muy claro qué es lo que pretendías al escribir el artículo.
R: Bueno, a menudo una buena investigación enseña más por los lugares que recorre que por el lugar al que llega.
P: ¿Podrías darme algún ejemplo?
R: El amor y Occidente, de Denis de Rougemont. La tesis que sostiene acerca de la idea de amor en la Edad Media, del amor cortés, es muy discutible, los datos que maneja no siempre son fiables o correctos, pero el libro es una delicia y aprendes mucho de él, aunque no estés de acuerdo con casi nada.
P: ¿Podrías ponerme otro ejemplo?
R: La Diosa Blanca, de Robert Graves. Es uno de los libros que más me han enseñado, pero no comparto su idea fundamental, la que movió a Graves a escribirlo. Y cuando, como el otro día en un chat, me encuentro a alguien que sostiene dogmáticamente la tesis de Graves me asombra como una cosa tan interesante puede quedar reducido a algo tan trivial.
P: No te voy a preguntar sobre cuál es la tesis de La diosa blanca, porque entonces reduciríamos el libro a algo trivial, ¿no?
R: Pues sí, así lo creo, al menos en este momento. La tesis o demostración debería ser en muchos casos sólo el McGuffin de una investigación.
P: Caramba, esa es una cita para cinéfilos. ¿Puedes aclararlo? O espera, mejor no lo hagas, si alguien quiere una aclaración, que escriba un email a dtubau@hotmail.com.
R: Buena idea. Así potenciamos la interactividad.
P: Volvamos al ensayo acerca del mundo digital. La conclusión, si me lo permites, es que tú pretendías discutir la denominación acuñada por Negroponte para definir lo que viene tras la Galaxia Marconi.
R: Eso es, aunque tal vez lo propuso alguien antes que Negroponte. Siempre hay un precedente de todo, o de casi todo. McLuhan decía que sus ideas eran sólo un complemento a las de Albert B.Lord.
P: ¡Qué modestia tan poco frecuente! de todos modos, esto de las etiquetas, Galaxia Gutemberg, Galaxia Marconi, Mundo Digital, tiene algo que ver con los paradigmas de Khun, ¿no?
R: Sí. Kuhn diría que hemos dejado el paradigma Marconi o el paradigma analógico para adoptar el Paradigma Digital. Para Kuhn, la Gran Ciencia, propone explicaciones globalizadoras y generales bajo cuyo paraguas se desarrolla la pequeña y la mediana ciencia: paradigma aristotélico, copernicano, galileano, newtoniano, relativista-cuántico, etc. Algo parecido se podría decir respecto a las galaxias comunicativas: oralidad, escritura, imprenta, electrónica y la actual, que tal vez unifique todas las anteriores y las englobe, del mismo modo que la física newtoniana es un subconjunto de la relativista: fenómenos a bajas velocidades.
P: Bueno, bueno, como sigas navegando de aquí para allá, vas a tener que hacer unas Apostillas a las Apostillas.
R: Tienes razón, regresemos al ensayo.
P: Al releerlo he visto que una de las cosas que intentas explicar es la relación entre digital y binario.
R: Sí, porque me parece que poca gente lo tiene realmente claro.
P: Al parecer, uno de tus amigos que criticaba el ensayo y que está muy informado la verdad, pensaba que un sistema hexadecimal no era digital.
R: Así es. Lo que pasa es que eso lo dijo en una noche de farra y no sé si el otro testigo lo recordará. Lástima no haber tenido una grabadora.
P: Bueno, pero esa es una confusión frecuente, la de identificar lo digital con lo binario, con los ceros y los unos.
R: Si, así es, no es tan grave, pero sí es erróneo. Lo binario es digital, pero lo digital no es necesariamente binario.
P: Comparabas esa confusión con lo mal que suele entenderse la teoría de la evolución.
R: Sí, me pareció una buena comparación. Casi todo el mundo hala de la evolución darwiniana como si fuera lamarquiana. Creen que las jirafas tienen el cuello largo de tanto estirarlo generación tras generación.
P: ¿Y no es así?
R: Me temo que tú tampoco lo tienes muy claro. No, no es así, al menos según la teoría darwinista hoy aceptada. Lo que en realidad sucede es que en una población de jirafas, si la comida escasea y sólo está en las ramas más altas, entonces las jirafas con el cuello más largo se alimentan mejor. Como se alimentan mejor, sobreviven y tienen más hijos que las otras.
P: ¡Ajá! Y así, de este modo, se favorece la característica cuellilarga.
R: Sí, pero es sólo un ejemplo del mecanismo darwiniano, pero quizá la historia evolutiva de las jirafas no haya sido exactamente así.
P: Claro, cualquiera comprueba una cosa así.
R: Con las jirafas es difícil, pero con unas mariposas o polillas de Manchester sí se pudo observar.
P: ¿Me lo puedes contar?
R: Antes de la Revolución Industrial había en Manchester árboles más o menos blancos y abundaban las mariposas más o menos blancas. Pero, con el humo de las fábricas, los árboles se pusieron más o menos negros y las mariposas ahora eran más o menos negras. Cuando se puso remedio a la contaminación y los árboles volvieron a ser más o menos blancos, las mariposas volvieron a ser más o menos blancas.
P: Pero eso parece demostrar la evolución lamarquiana: las mariposas se trasformaron de blancas a negras y de nuevo a blancas.
R: No, lo que sucede es que siempre hay una pequeña población mariposas del otro color. Pero esa población no prospera porque su color contrasta con el de los árboles y son devoradas por los pájaros, que las ven fácilmente.
R: Claro, y cuando los árboles cambian de color, las víctimas de los pájaros son las otras y las que antes caían fácilmente ahora empiezan a prosperar y tener descendencia. En fin, que las mariposas no cambiaban haciendo un esfuerzo para ir modificando su color poco a poco hasta hacerlo pasar de negro a blanco recorriendo todas las gamas de grises.
P: Entonces es igual de absurdo todo eso que se dice de que el hombre del futuro tendrá la cabeza muy grande para albergar un cerebro hiperdesarrollado y no tendrá dedos en los pies porque ya no sirven nada.
P: Claro, porque no hay ninguna selección natural que favorezca a los que tengan más o menos dedos de los pies. Nadie sobrevive por eso.
R: No. Además, nuestra sociedad se opone a las fuerzas de la selección natural digamos naturales: protegemos a los inválidos, a los deficientes y a los débiles. Afortunadamente, no somos como los animales.
P: Vaya, es una pena que la evolución no sea lamarquiana, ¿no?
R: ¿Por qué lo dices?
P: Bueno, tú tienes un cuento que plantea las ventajas de la evolución lamarquiana: Saint Germain (en Recuerdos de la era analógica). Por cierto, tú mismo en ese libro hablas del futuro como de un futuro digital.
R: Así es. Pero no exactamente por las mismas razones a las que me refiero en Por qué el mundo digital no es digital. De todos modos, si la evolución fuese lamarquiana, es decir, si se heredaran los caracteres adquiridos, también habría muchos inconvenientes.
P: ¿Por ejemplo?
R: Si alguien perdiese una pierna y después tuviese un hijo, su hijo nacería con una sola pierna.
P: De acuerdo. Volvamos a tu ensayo. La conclusión es que se trata de una cuestión de etiquetas, de nomenclatura.
R: Exacto. Si hay que poner un nombre a esta Galaxia que parece haber sustituido o absorbido a la breve Galaxia Marconi... ¿Es Galaxia o Mundo Digital un nombre adecuado?
P: esa es la pregunta. Y tu respuesta es que no lo es. ¿Por qué?
R: Porque la característica básica de este nuevo mundo no es el hecho digital.
P: No lo sé, pero casi todas las cosas que has citado antes son digitales.
P: Sí, muchas lo son, pero tampoco tienen por qué ser necesariamente digitales. Lo digital es un accidente de la técnica. Muy útil, de una utilidad impresionante cuando se empareja con el método algorítmico, pero no resulta imprescindible. Dentro de pocos años, muchas de estas cosas quizá ya no estén en soportes digitales.
P: Bueno, eso es sólo tu opinión, que me parece bastante arriesgada.
R: Sí que lo es, mi opinión y arriesgada. Pero, no viene tampoco al caso. Lo que yo quería decir, en definitiva, es que definir todo esto como mundo digital es lo mismo que si McLuhan hubiese definido la Galaxia Marconi como la Galaxia Eléctrica o Electrónica: casi todos los fenómenos de la Galaxia Marconi se producían gracias a la electricidad y la electrónica.
P: Ahora entiendo un poco mejor lo que quieres decir, pero, ¿crees que la Galaxia Marconi es un buen nombre?
R: Creo que no, tampoco lo es. De hecho, McLuhan entiende lo de Marconi como sinónimo de Electrónica.
P: Así que, por lo que veo, tú habrías discutido cualquier denominación.
R: Así es. Creo que ahí está el busilis. El asunto es no aceptar las cosas tal como vienen, sino aprender de ellas.
P. Y, por cierto, si hubiese que poner un nombre a esta Galaxia, un nombre de persona, como Gutemberg o Marconi. ¿Cuál sería el más adecuado?
R: Supongo que Galaxia Turing o, tal vez, Galaxia Bush.
P: ¿Por George Bush? ¡Qué horror!
R: No, por Vannevar Bush. Si quieres saber algo más acerca de Vannevar Bush y de Turing, pronto se publicará algo en Nuestros Antepasados, supongo.
P: Me alegro, porque me gustó mucho lo que publicaron acerca de Ted Nelson. Al principio pensé que era un ensayo-ficción. Pero es todo verdad, ¿no?
R: Sí, al menos todo lo que sucede hasta el presente. Yo del futuro no sé nada.
P: Bueno, no sé si se habrán aclarado mucho las cosas con estas Apostillas.
R: Quizá no, pero algo hemos aprendido, aunque no sea acerca del mundo digital.
P: me gustaría preguntarte otra cosa. Del mismo modo que la física newtoniana se puede considerar una parte de la relativista y por eso todavía se enseña en las escuelas a pesar de haber sido refutada, podemos pensar que lo que McLuhan llamaba Galaxia Electrónica o Marconi es una parte del Mundo digital de Negroponte?
R: Puede ser, pero yo creo más bien que ambas cosas son sólo subconjuntos de un conjunto más grande para el que todavía no tenemos nombre, del mismo modo que las personas que vivían en el Renacimiento no se llamaban a sí mismos renacentistas, pues el término fue inventado mucho más tarde.
P: Para terminar. Debo hacerte un reproche. Me parece asombroso que en un ensayo acerca del mundo digital no menciones ni una sola vez a Negroponte. Es una soberbia como la de Wittgenstein en el Tractatus o la de Descartes en El discurso del método.
R: Es un reproche muy justificado. Lo único que puedo decir es que aunque conocía a Negroponte y sabía que era el nuevo McLuhan, no sabía o no recordaba que precisamente su libro se titulaba El mundo digital. Es poco creible, pero es cierto.
P: Te creo, pero podrías haber hecho una breve investigación antes de escribir el ensayo. Para eso está Internet, ¿no?
R: Pues sí, pero mi intención era escribir un ensayo lo más honesto posible y quería evitar eso que se llama la creación de un monstruo.
P: Sé que hablas de eso en tu Elogio de la infidelidad, pero ¿a qué te refieres exactamente?
R: A que los ensayistas a menudo se documentan no con el propósito de aprender o de informar al lector, sino tan sólo para buscar los puntos débiles de sus enemigos. Seleccionan las frases más adecuadas a sus intereses, sacan de contexto otras, neutralizan las más peligrosas y al final, digamos que entre parches y remiendos construyen un monstruo, que dice lo que ellos quieren que diga y que es tan tonto como el monstruo del doctor Frankenstein. Por ejemplo, lo hace Wittgenstein en una de las pocas veces que cita a otro, cuando liquida la teoría del lenguaje agustiniana citando las Confesiones, cuando la verdadera teoría del lenguaje de Agustín, bien desarrollada y argumentada se halla en otros textos, sobre todo en Del Maestro.
P: Ya, ya conozco el método. Resulta difícil no utilizarlo de algún modo cuando se polemiza.
R: Sí, es cierto. Pero el monstruo tiene otras utilidades. Por ejemplo, si lo golpeas, aquellos lectores que sostienen ideas parecidas al monstruo no se sienten tan aludidos: es otro el que recibe los golpes. En segundo lugar, a todo el mundo le gusta cargarse a una institución.
P: Claro, si pones ahí delante a alguien al que se suele llamar profeta o gurú, pocos se identificarán con él, aunque piensen lo mismo, y disfrutarán viendo como cae del pedestal.
R: Eso es. Cuando escribí el ensayo no busqué un enemigo, no expuse las opiniones de quienes defienden el mundo digital, sino que pasé directamente a la refutación.
P: Yo creo que ese es un mal método. Es como las películas que van directamente al grano, sin presentarte a los personajes: empiezan a pasarles desgracias y a ti te importa un pimiento porque esos tipos no significan nada para ti.
R: Te doy la razón de nuevo. Yo quise ser elegante y eso me hizo ser confuso. Es como aquello que decía Chesterton: "Leemos que el coronel McAlister ha muerto y esa es la primera noticia que tenemos de que alguna vez hubiera nacido".
P: Claro. Leemos la negación del mundo digital y apenas nos hemos enterado de que alguien lo hubiera afirmado.
R: El caso es que al pensar en rescribir el ensayo para aclarar la confusión, quise ser más didáctico y busque información por Internet acerca del mundo digital. Y me di de bruces con El mundo digital de Negroponte. Eso me hizo plantearme una investigación más a fondo, pero al final me he decidido por estas Apostillas Digitales sin más.
P: Pero también hablarás de Negroponte.
R: Sí, cuando me lea su libro. Además desde hace tiempo sigo con muchísimo interés su intento de hacer un ordenador que sea como una hoja de periódico.
P: Y también hablarás de aquello de que pensar es en cierto modo digitalizar.
R: También.
P: Bueno, pues dame una conclusión para estas Apostillas.
R: Se ve que eres periodista moderno. La conclusión o el titular deberías darlo tú. Pero bueno, aquí va la conclusión: El mundo digital es digital tan sólo debido al soporte. Ni siquiera es todo digital, porque la televisión no lo es, ni siquiera la trasmisión de la señal por un modem que convierte la señal binaria en ondas y luego la reconvierte en bits de nuevo. Por otra parte sería absurdo considerar que vivimos en un mundo al que sólo pertenecen las cosas digitales, porque eso nos obligaría a no incluir los periódicos, ni la televisión, ni la conversación con un amigo, ni una exposición de arte.
P: Sí, creo que eso nos llevaría a muchas paradojas, ¿no?
R: Claro. Al ver una instalación de arte en la que hubiera esculturas, paneles impresos, catálogos de papel, televisores y ordenadores, estaríamos entrando y saliendo del mundo digital según mirásemos la escultura o según consultásemos el ordenador.
P: Incluso se puede decir que aunque el soporte sea digital y el mensaje también lo sea lo que se reciba pueda ser analógico.
R: Por supuesto, esa es una hermosa paradoja, a la que ya aludí en mi página cuando puse aquella ilustración de indios "enviando un mensaje digital y varios analógicos".
Ver en: http://www.danieltubau.com/7junio.aspSi yo veo la Mona Lisa de Leonardo en la pantalla de un ordenador no sólo veo lo que está escrito en ceros y unos en el lenguaje del ordenador. Veo muchas cosas que no se hallan en esos ceros y unos, por ejemplo, la semejanza entre esa sonrisa y la de una persona a la que echo de menos. Una de las grandes mentiras que se dicen por ahí es la de que digitalmente sólo se puede traducir información digital. Espero que mi propio ensayo no haya sido entendido así en algunos momentos, pues no era esa mi intención.
P: Yo no lo he entendido así: lo que tú dices es que un mensaje digital sólo trasmite digitalmente lo que se quiere trasmitir digitalmente y que siempre se sabe cuánta información ha sido codificada. Lo demás lo añade el receptor o la misma naturaleza de las cosas, digamos.
R: Dilo tú, porque yo no sé si lo diría. Lo que quiero decir es que por paradójico que resulte, nosotros codificamos un mensaje de manera digital, pero lo que se recibe no es un mensaje digital, sino analógico. No estamos recibiendo un mensaje en morse, las rayas y los puntos, los ceros y los unos que constituyen la Mona Lisa, sino la imagen de la Mona Lisa. Por eso puse en el ensayo una ilustración de la Mona Lisa digital hecha de ceros y unos, para mostrar esa doble paradoja.
P: Pero entonces, tú pareces decir que una cosas es un mensaje digital y otra cosas es un soporte digital.
R: Bien dicho. Un mensaje digital se puede enviar con aparatos analógicos, por ejemplo, se puede trasmitir un mensaje en morse con silbidos graves o agudos. Pero también se puede enviar un mensaje analógico con aparatos y soportes puramente digitales. Por ejemplo, envías una reproducción del David de Miguel Ángel con un pie de foto que dice "La belleza".
P: Desde luego, ese sería un mensaje enviado digitalmente pero con un contenido analógico casi infinito. En cualquier caso, de esto hablarás en otro ensayo que tiene que ver con un trabajo que escribiste hace muchos años: Semántica y sintaxis en Inteligencia Artificial.
P: ¿Y tú cómo lo sabes?
R: Llámalo intuición