"Os entrego este librito para que os miréis
en él como en un espejo y no para que con él miréis
a otros como a través de un monóculo".
Lichtenberg
Presentación
Es un placer
Cuando, en un libro que examino al azar,
Encuentro a un personaje que es como
yo.
Tachibama
Akemi, Placeres solitarios
Pu Song Li decía en uno de sus cuentos que nada hay más delicioso que encontrar en un libro a un personaje o a un autor que opina lo que nosotros.
En la revista Esklepsis tenía una sección que se llamaba El espejo, en la que ponía textos de otros autores.
Buscaba esas coincidencias de las que habla Akemi y Pu Songli.
Robert Smullyan dice algo parecido:
"A mí también me gusta encontrarme personajes como yo, y por ello cuando encuentro a personajes que adoran encontrarse a personajes como yo, encuentro a personajes como yo".
Este espejo se irá llenado de textos ajenos que me resultan muy cercanos.
16 de junio de 2004
Aristóteles
Juzgamos de distinta manera según la amistad
De la Retórica de Aristóteles este texto elocuente y preciso:
"Pues el juicio no será, desde luego, el mismo si se debe deliberar acerca de las opiniones de un amigo, o si se debe, por el contrario, aplicar nuestro veredicto sobre un enemigo. Así que cuando los oradores deliberan acerca de la malicia de un amigo, o bien opinan rectamente en la materia juzgada, pero encuentran atenuantes a la acción, o bien aplican un nuevo criterio que les permita aparecer como sensatos, imparciales y honrados pero, al mismo tiempo, salvar al amigo. Ahora bien, sucede que si el sujeto de la disputa es un enemigo, olvidan entonces quienes juzgan los atenuantes que antes encontraron tan fácilmente, e incluso descubren razones que agravan el caso y que antes no consideraron ni siquiera dignas de mencionar."
(Retórica, Gredos, II,22.7)
Plutarco
Los charlatanes
"Los charlatanes piensan que son todos de su misma
naturaleza y creen que sólo existe aquello de lo que ellos tienen
noticia. No advierten, cuando obran así, que ellos conocen mucho menos
de lo que creen, pues los discretos huyen de ellos como del heraldo
jonio, que amaba tanto su oficio que incluso anunciaba los secretos
de la ciudad a los enemigos.
Se cuenta que Faleris de Hímera era tan charlatán que su amigo
Antípatro el estoico nunca le refería sus hazañas
amorosas, por temor a su indiscrección.
Un día en que, durante un banquete, Antípatro no pudo contener
su lengua "en el cerco de sus dientes" y refirió una de sus últimas
andanzas, Faleris, que estaba allí, intervino y dijo:
_No creo tal cosa de ti, Antípatro, sino que afirmo que es una invención
causada por el vino puro.
_¿Y por qué no lo crees, Faleris?, le preguntó alguien.
-Porque no conozco ninguna otra historia semejante que le haya sucedido
a Antíatro.
_Y no conocerás ninguna más si cuentas ésta, le respondió Antípatro."
(Plutarco, De Garrulitate, II,17 )
Más sobre este texto y sobre Plutarco en: Love at First Byte
Robert Musil
Cuerpo y espíritu
"Cualquier observador capaz de prestar un poco de atención a sus semejantes y que esté dotado de un sentido del olfato comparable a ese interés, habrá podido notar más de una vez que, entre aquellos que son aficionados a los asuntos intelectuales, se da una falta de afición inversa a ocuparse de su otro yo, de ese cuerpo físico que sostiene su espíritu. Parecería como si el esfuerzo empleado en alimentar su espíritu, o tal vez el ardor con el que se entregan a las musas, les hiciera sudar de manera desmesurada e incontrolable. O tal vez sucede que pertenecen a una extraña secta cuyo lema es Mens sana in corpore putrido."
(en Escritos póstumos publicados en vida, 57)
Esta cita de Musil la publiqué en el cuaderno Tsurezuregusa, donde hablaba de los Escritos póstumos de Musil
Más sobre Musil en los Cuadernos austrohúngaros, en la entrada dedicada a Kakania
Samuel
Johnson
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El crítico prematuro
“Hay muchos, y el afán de conservar
mis amistades no me
permite citar nombres, que acuden al teatro con la crítica ya
escrita. Entre ellos se cuentan los que abusan de algo tan
razonable como es sin duda la verosimilitud. Pero, ¿acaso no
exige el disfrute de la ficción una cierta cesación de la
exigencia de verosimilitud? No sería más conveniente que
imitáramos a los niños y suspendiéramos el juicio como
escépticos antiguos cuando vamos al teatro?
El
temperamento crítico es sin duda elogiable, y gracias a la
necesidad que de él tiene nuestra sociedad yo me puedo
permitir contar con el apoyo de suscriptores que sostienen
mis empeños literarios, pero el placer casi siempre está
reñido con el juicio severo. Presumo yo más bien de poseer
en un solo cráneo dos cerebros: un cerebro isabelino
que se entrega a Shakespeare sin hacerse preguntas que no
sean las qué el mismo me quiere sugerir y otro cerebro, que
vive en el presente, en este siglo de plomo y academias, y que observa escondido,
pero que no interviene hasta que ha llegado su momento.”
Thomas Hardy
La vida
“Del mismo modo que un libro se organiza en palabras, frases, párrafos y capítulos, así parece organizarse nuestra vida. El sueño parece marcar una pausa obligada entre un día y otro, a manera de breves capítulos o largos párrafos. Henry Knight, acostumbrado a no conformarse con las apariencias más inmediatas, se había dado cuenta de que esa división artificial de los días no era tan importante. Había capítulos que duraban varios días y resultaban mucho más significativos: “Henry Knight duda si publicar en The Present o en The Spectator”, “Henry Knight descubre a Elfride”, “Henry Knight descubre que ama a Elfride”."
(Thomas Hardy: Un par de ojos azules)
17 de junio de 2004
Sobre Hardy en danieltubau.com:
Un
par de ojos azules
Marcel Proust
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Del deber
De Marcel Proust un texto acerca de la idea de sacrificio, esfuerzo, deber y todo eso, que es tan bueno como mi favorito en ese asunto, el de Smullyan acerca del esfuerzo, que pronto pondré en la página.
"Como aquellos vividores que llegan a la
conclusión de que existen dos mundos escindidos, en uno de los cuales
se hallan los placeres, las locuras de juventud, la aventura y la seducción,
mientras que en el otro habitan el trabajo, el esfuerzo, la responsabilidad
y el deber. Y se ofrecen a sí mismos la única posibilidad de
vivir en un mundo o en el otro, renunciando acaso hoy a los placeres que se
les ofrecen, con lo que sienten que pierden algo que era suyo y que estaba
a su disposición, pero, al mismo tiempo, se confirma de este modo para
ellos lo acertado de su renuncia, que se demuestra a sí misma en esta
sensación de pérdida.
Pero también pueden recaer de nuevo o precipitarse, tras un
intento fallido y por una vez más _que siempre es la última_,
movidos muchas veces por el deseo de no decepcionar a sus amigos, o con el
propósito de negarse a sí mismos que ya no son jóvenes,
a ese mundo de los placeres desordenados, cuyas horas trascurren casi siempre
de noche. Allí, en esa elección, en el mundo del vicio, se entregan
con la misma convicción y empeño que emplearon en el otro, el
mundo del placer, con el mismo tesón que gastaron en el mundo del deber,
pero sin evitar, e incluso buscando, los remordimientos, la ocasión
constante para lamentar el paso que han dado, para sufrir con anticipación
por cada nuevo movimiento que, llevándoles en una nueva dirección,
les aleja del otro camino. "Debería estar allí", se
dicen, y se repiten promesas de reforma que postergan día a día,
pero que les atormentan en cada una de sus horas, que amargan el dulzor obtenido
en cada placer, que parecen reprocharles cada nuevo gesto, cada nueva pequeña
alegría, cada nueva jornada en ese mundo del que saben, a pesar de
la embriaguez momentánea, que hay que huir.
Lo harán finalmente, aunque la espera se prolongue, y
serán redimidos, casi siempre por unos hijos, por un amigo que fue
demasiado lejos y se detuvo antes que ellos, o por una mujer que parece estar
allí en el preciso instante en el que ya todo parecía perdido,
el que ya el camino de regreso se les ocultaba, de tal modo que no resulta
fácil saber si su redención se ha producido por la intervención
de un ángel salvador o si encontraron al ángel salvador porque
ya empezaban a redimirse. Pero, por esa gratitud del ahogado al que la mano
de un desconocido ha salvado en el último instante, y poco le importa
que la mano sea la de un criminal o la de un santo, ellos asocian su nueva
fe y su nuevo estado a la persona que creen les ha salvado pero a la que seguramente
ellos han colocado allí, porque había llegado el momento de
ser salvados y regresar a la otra orilla.
Pero ahora, cuando cruzan a uno o al otro lado, al mundo del deber
o al del placer, nunca consideran que exista la posibilidad de transportar
consigo los pertrechos del mundo al que renuncian, al que sólo conservarán
en su memoria como la tierra de promisión o como el cautiverio de Egipto
del que han sido liberados pero que, en cierto modo, siguen añorando,
como el liberto romano que al comprar su libertad compraba también
un mundo de decisiones y responsabilidades que le hace añorar aquel
otro en el que no era libre pero todo era más fácil."
(Proust, A la sombra de las muchachas en flor, 157ss)
(Las alas de Ícaro, 15 de julio de 2003)
16 de junio de 2004