ESKLEPSIS 3

Escepticismo
(AmadoNervo/Ortega y Gasset)

Eclecticismo

Martin Gardner

Pórtico

Bertrand Russell: Para qué he vivido

Al lector


Mirando hacia atrás


Excéntricos

John Stuart Mill

Seres Proteicos

Proteo

Rubén Anés

Aforismos

Cita de... Goethe


Cuadernos Ególatras

El cuestionario de Proust

Cita de... Chuang Tzu


Cita de... Charles Sanders Pierce


Imposibilidades de Dios

...que no hay otro Dios

Ajedrez/Poesía

Dos poemas de Borges

Los libros perdidos

Tritogenía (Demócrito)

La percepción del dolor


Cita de... Casanova


La Galería Mortal

Séneca y Quevedo

El álbum de Pandora

Sextina Amicitiae

Tractatus Metaphilosophicus

Lidia Baurgant

Del Talmud


Leyes

Spinoza/Maier

El espejo

Scheler

Consejos para apreciar
una obra de arte
(René Berger)

La mitad oculta
Hipatia

Museo de entes filosóficos
El demonio de Laplace

Cita de... Tausk

Cuaderno de viaje
Irlanda

Fontanelle
El emperador Constantino


Libros
Darwin- Autobiografía
Okakura- El libro del té
Machen: La colina de los sueños

Apoyo Mutuo 1
Presentación
¿Por qué Apoyo Mutuo?
Esbozos esclépticos
Primer esbozo escléptico: Pirrón de Elis
Apoyo Mutuo a Esklepsis 1

 

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Equívoco en

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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ESKLEPSIS 3

 

Puedes saltar directamente a los artículos o secciones con los vínculos de la columna de la izquierda.

 

Número 3

Julio 1997

 

(2004) He añadido y seguiré añadiendo comentarios a esta edición en red.


 

ESCEPTICISMO

 


En cuanto nos volvemos incapaces del menor altruismo, nos volvemos escépticos y, si se ofrece, ateos, para tener el derecho de rebajar a Dios y a los hombres al nivel de nuestra miseria y de nuestra vida.
(Amado Nervo)

 

ECLECTICISMO

Manifiesto del Instituto de Ecléctica General


1. Se admitirá en el instituto sólo a los eróticos anales que tengan fuertes impulsos de coleccionar, preservar y clasificar ideas filosóficas.
2. El axioma básico del Instituto será que todos los sistemas filosóficos coinciden en lo fundamental… Bajo diferencias superficiales de color, forma, textura, olor, los sistemas son manifestaciones de una materia unificada, simple, básica.
10. A los miembros del Instituto les está prohibido formular "juicios de valor" sobre cualquier cuestión estética o moral. Todas las culturas deberán considerarse igualmente buenas, y todas las artes igualmente bellas.
14. ...Los miembros del Instituto deberán cultivar el hábito de finalizar sus frases con un "pero", para sugerir que todas las expresiones tienen una parte anversa, trasera, tan auténtica, bella y buena como la delantera.
15. Se destinarán fondos adicionales para una investigación más intensiva de los efectos catárticos de la formación en Ecléctica General sobre los neuróticos y psicóticos, cuyos rígidos dogmatismos e incapacidad para afrontar actitudes alternativas constituyen causas importantes de su estreñimiento mental.

Martin Gardner

 

PÓRTICO

Bertrand Russell

Para qué he vivido

 

Tres pasiones simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

He buscado el amor, primero, porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad en que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han imaginado santos y poetas. Eso era lo que buscaba y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que -al fin- he hallado.

Con igual pasión he buscado el conocimiento. He deseado entender el corazón de los hombres. He deseado saber por qué brillan las estrellas. Y he tratado de aprehender el poder pitagórico en virtud del cual el número domina al flujo. Algo de esto he logrado, aunque no mucho.

El amor y el conocimiento, en la medida en que ambos eran posibles, me transportaban hacia el cielo. Pero siempre la piedad me hacia volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo ardientemente aliviar el mal, pero no puedo, y yo también sufro.
Ésta ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad.

 

AL LECTOR:

Tengo más libros de Bertrand Russell que de cualquier otro filósofo. Este pensador, que durante mucho tiempo ha sido considerado el mayor filósofo del siglo XX, ahora parece que comienza a descender en el escalafón. Es raro encontrar referencias a sus libros en los filósofos actuales.

He aprendido mucho leyendo sus libros y mis opiniones son en muchos casos tan semejantes a las suyas que incluso las diferencias que nos separan, en todo lo que no sean cuestiones de gusto, estoy seguro de que se habrían resuelto a su favor o al mío en caso de que pudiese haberlas discutido con él.

Soy muy aficionado a todo tipo de juegos: ajedrez, parchís, naipes, billar, y detesto las trampas. Alguien, tal vez mi madre, logró inculcarme desde pequeño que la victoria en el juego sólo es dulce y real si es consecuencia de seguir las normas aceptadas por todos los participantes. No vale la pena ganar si la victoria no es consecuencia del respeto a las reglas (reglas que se han aceptado libremente).

Con pocas personas puedo estar seguro de poder mantener una discusión de manera semejante a lo que he descrito para los juegos, es decir: aceptando previamente ser vencido o vencer sólo por el peso de las razones, no por el de los prejuicios, la oratoria o el dogma. Bertrand Russell es una de esas personas.

En cuanto al texto de Russell que he seleccionado para este Pórtico, se halla al comienzo de sus Memorias. El texto elegido podría motivar un comentario acerca de la supuesta incompatibilidad entre razón y pasión, pero basta con las palabras de Russell para entender que eso no son sino sandeces.

 

MIRANDO HACIA ATRÁS

Natalia me reprocha que la revista es muy ególatra. ¡Evidentemente! Eso es algo que creí que estaba claro desde el principio. Si no fuese una revista ególatra, si no fuese una revista que sólo se ocupa de mí y de mis gustos, de mis caprichos y de mis vicios, o no existiría o imprimiría varios cientos de ejemplares. Eso es lo que ESKLEPSIS es, no otra cosa. Así que no puedo corregir ese defecto, pero sí intento aplicar ese reproche de Natalia a otros escritos, creo que con resultados positivos.

En cuanto a la vida cotidiana, creo que no soy ególatra, o al menos no más allá del hecho de reconocer que lo soy inevitablemente como lo es cualquier persona, porque no se puede tener conciencia y no hacer, para bien o para mal, que el mundo entero se refiera a ella.

Enrique Zacagnini me preguntó por qué no vendía la revista y lanzaba una tirada respetable. Le respondí que no creía, y sinceramente no lo creo, que interesara a casi nadie, pues se tiene que producir una coincidencia de intereses bastante notable para que la revista pueda resultar agradable a alguien. Algunas cosas podrán interesar a algunos lectores, otras interesarán a otros y, sin duda las más, sólo me interesarán a mí. Por ejemplo: los textos de Montaigne del Pórtico 2 son para mí muy importantes, pero así, elegidos por su coincidencia con sentimientos o ideas mías, y puestos uno detrás de otro sin más aclaración, dudo que resulten de interés para alguien, si es que alguien se ha tomado la molestia de leerlos.

 

Precisamente porque la tiranía de la opinión es tal que hace de la excentricidad un reproche, es deseable, a fin de quebrar esa tiranía, que haya gente excéntrica. La excentricidad ha abundado siempre donde ha abundado la fuerza de carácter; y la suma de excentricidad en una sociedad ha sido generalmente proporcional a la suma de genio, vigor mental y valentía moral que ella contiene. El mayor peligro de nuestro tiempo se muestra bien en el escaso número de personas que se deciden a ser excéntricas. John Stuart Mill (Sobre la libertad)

 

serEs pRotEicos

Con Proteo, personaje de la mitología griega, se debe iniciar esta sección que lleva su nombre. También podía haberse llamado Las Metamorfosis, pero el asunto que me interesa es más limitado que el que ocupó a Ovidio, lo que es una suerte.

En la mitología, y especialmente en la griega, se pueden encontrar decenas de personajes que se transforman en plantas, animales, estrellas o cualquier otra cosa imaginable. Pero en Seres proteicos sólo me quiero ocupar de aquellos que tienen el poder de trasformarse continuamente. Es decir, que en cierto modo, su naturaleza consiste en esta facultad cambiante. Por ello, no se hablará de aquellos personajes que se transforman en animales, constelaciones o flores como escarmiento, premio o símbolo de su destino.

PROTEO

Proteo es un mítico rey de Faros, una pequeña isla junto al Delta del Nilo, que sin embargo contaba con el mayor puerto de la Europa de la Edad de Bronce. Mítico no significa necesariamente imaginario.

Era tan sabio que conocía la respuesta a cualquier pregunta. Pero también era muy testarudo y se negaba a compartir su sabiduría. La única manera de conseguir su colaboración era atraparle y no soltarle hasta que diese la respuesta pedida. Lamentablemente, esa no era tarea fácil, pues Proteo tenía el poder asombroso de cambiar de forma continuamente.

Muchos héroes se propusieron atrapar a Proteo para que respondiese a sus preguntas. Aristeo, según cuenta Virgilio, quiso que le dijera por qué habían muerto sus abejas melíferas. Fue Cirene, prima de Proteo, quien recomendó a Aristeo atase al dios marino para obligarle a responder. Así lo hizo Aristeo y, sorprendiendo a Proteo mientras dormía la siesta, logró atraparlo a pesar de su transformaciones. Pero Graves opina que la presencia de Proteo en la historia de Aristeo es un ejemplo del empleo irresponsable del mito por parte de Virgilio.

Para Graves, Proteo es otro nombre de Nereo, el anciano del mar. Se le representa en la pintura de un ánfora primitiva con la cola de pez y un león, un ciervo y una víbora saliendo de su cuerpo.

Según Graves, las transformaciones de Proteo en La Odisea indican las estaciones a través de las cuales el rey sagrado iba del nacimiento a la muerte.

Por otra parte, y dejando a un lado todas estas interpretaciones, en la Antigüedad se contaba un curiosa variante de una leyenda conocida: Helena, la esposa de Menelao y causa de la guerra de Troya, no fue raptada por Paris sino que éste se llevó una Helena fantasma, quedando la verdadera Helena en Egipto o Faros con el rey Proteo.

En Odisea IV 351, Menelao cuenta a Telémaco, hijo de Ulises, su encuentro con el anciano del océano cuando regresaba de Troya a Esparta. Se hallaba entonces el caudillo aqueo en la isla de Faros, frente a Egipto, pero no podía hacerse a la mar por falta de viento.

Tras veinte días retenidos allí:

"cierta deidad apiadada buscó mi remedio. Fue la hija del Viejo del Mar, el insigne Proteo, la que llaman Idótea"

Menelao sospecha que algún dios quiere impedir que sus naves prosigan el viaje, pero ignora de qué deidad se trata y cuál es el motivo de su ira. Entonces Idótea le dice:

"Suele andar por aquí cierto anciano del mar, infalible, el egipcio Proteo, inmortal que conoce los fondos del océano sin fin; Posidón por vasallo lo tiene y es el padre que a mí me engendró" .

Y añade:
"Si fueras tú capaz de cogerlo en celada y rendirlo a tu arbitrio, de tu ruta te habría de decir si será corta o larga y en qué modo podrás regresar sobre el mar rico en peces.
Asimismo, ¡oh retoño de Zeus!, sabrás, si lo inquieres, tanto el bien como el mal ocurrido en tus casas al tiempo que tú andabas ausente en la larga y penosa jornada"


Después, Idótea le explica a Menelao cómo puede atrapar a su escurridizo padre:


"Una vez que le viereis dormido, llegada es la hora: en alerta poned vuestra fuerza y vigor, sujetadle aunque más se resista y procure escaparse tomando mil figuras diversas. Vereislo cambiado de pronto en reptil que se arrastra en el suelo, después convertido ya en hoguera violenta, ya en agua; vosotros seguidle sin cesar estrechando, apretad cada vez con mas brío; mas, después que él os hable con propias palabras y vuelva a tomar la figura en que estaba al dormirse, absteneos de mayores violencias, soltad al anciano y al punto, noble prócer, pregúntale tú qué deidad te persigue y en que modo podrás regresar sobre el mar rico en peces".

Menelao y su hombres se ponen encima pieles de foca y se unen al rebaño que cuida Proteo:


"Por la siesta surgió de las aguas el viejo: a la vista de sus focas robustas se puso a contarlas pasando por mitad y empezó por nosotros, ajeno en su alma del engaño tramado, y al fin acostóse entre ellas. Dando gritos saltamos entonces los cuatro y las manos le lanzamos encima. No puso el anciano en olvido sus ardides: cambióse primero en león melenudo, en serpiente después, en leopardo y en cerdo gigante, luego de ello en corriente de agua y en árbol frondoso. Sin respiro apretábamos todos con ánimo entero y, rendido por fin el anciano perito en intrigas maliciosas, volviéndose a mí, preguntó de este modo: '¿Qué deidad te ha ayudado a tramar, oh retoño de Atreo, tal celada que así me has cogido? ¿Qué buscas con ello?'"

Rendido ya Proteo, Menelao le pregunta varias cosas, a las que el cambiante dios responde obediente. Tras lo cual: "sumergiose en las olas marinas". Aunque gracias a la ayuda de Proteo, Menelao puede regresar a su patria, no se dice que encontrase a la verdadera Helena junto a Proteo.

 

AFORISMOS

Rubén Anés

1. RAZÓN Y EXPERIENCIA. La razón es autónoma de la experiencia del mismo modo que lo es un automóvil respecto de las herramientas con que fue construido.

2. PREGUNTAS Y RESPUESTAS. La inteligencia de una persona no se puede conocer oyéndole hablar, sino oyendo sus respuestas a nuestras preguntas.

3. DIOS Y EL HOMBRE. Un tema en la Revista de Filosofía y teología: "La imagen de Dios en el hombre".

Ante determinadas religiones, especialmente las orientales, más bien cabe preguntarse por la imagen del hombre en Dios.

4. LOS FILOETIMÓLOGOS. ¡Cuántos grandes cabalistas podrían salir de las filas de los filoetimólogos!

5. MI INTERÉS POR LA RELIGIÓN. Mi interés por la crencia religiosa es tan raro o sospechoso como el interés de los creyentes por la incredulidad y el ateísmo, que no es un hecho tan infrecuente.

6. EL DIOS DE MALEBRANCHE. Para Malebranche, Dios no es sino una inmensa glándula pineal cartesiana común a todas las almas.

7. EL MUNDO DEL SENTIDO COMÚN. Aunque no se pueda concluir que el mundo real sea tal como aparece al sentido común, ello no excusa intentar explicar cómo es posible el mundo del sentido común.

8. TODO O NADA. Antes soy más partidario de que exista todo de que que no exista nada.

 

Goethe

Puede decirse sin temor a equivocarse que cada individuo, al haber venido al mundo diez años antes o diez años después, hubiese sido por sus medios de acción y sus formas exteriores, una cosa muy distinta de lo que es"

 

 

CUADERNOS EGÓLATRAS

El cuestionario de Proust

Estando un verano en casa de mi tía Mariona en Cadaqués, si no recuerdo mal, leí en el semanal del periódico ABC una sección llamada El cuestionario de Proust. Esa sección, que todavía hoy, creo, continúa, después de quince años, se inició precisamente aquel día, por lo que, como se trataba del cuestionario de Proust, había que ofrecer a los lectores las respuestas que el propio Proust dio a este cuestionario.

Que yo leyese un sábado o un domingo el ABC y me detuviese en el nombre de un escritor al que apenas conocía, parece una de esas casualidades significativas que asombran a los supersticiosos. Pero este tipo de casualidades son hechos estupendos por el simple hecho de que se recuerdan: nos parecen raros, simplemente porque hemos olvidado un montón de sucesos que hubo en nuestra vida tan inhabituales como aquellos que recordamos, pero menos estupendos. Supongo.

El cuestionario consiste en varias preguntas de todo tipo, pero relacionadas más o menos con el carácter, los gustos, las manías del encuestado. Aquel verano respondí a las preguntas del cuestionario y volvía hacerlo en años posteriores. Lamentablemente, no me ha sido posible averiguar las fechas en que respondí a cada cuestionario, información, por otra parte, que sólo puede interesarme realmente a mí.

En el número 2 de Apoyo Mutuo se podrán ver las respuestas de Proust a dos cuestionarios semejantes. Uno de ellos lo rellenó en un álbum inglés de su amiga Antoinette Faure (hacia 1885). Hacia 1890 rellenaría un cuestionario similar, esta vez en un álbum con las preguntas en francés. Casi cien años después respondía yo al primero de esos cuestionarios, ahora rebautizados como El cuestionario de Proust, aunque en la época del autor de La recherche debían ser pasatiempos habituales, que tal vez se incluían en Libros de Pandora.

 

LOS CUESTIONARIOS

Tras cada pregunta vienen las respuestas de los cuatro cuestionarios, respondidos en diversas fechas.
Cuestionario 1º: 1981
Cuestionario 2º: después de 1982
Cuestionario 3º: después de 1983
Cuestionario 4º: junio 1997

 

1. El principal rasgo de mi carácter:


(1º) La necesidad de escribir cosas que no siento más que en la letra impresa
(2º) La inseguridad. El que prime lo mental sobre lo pasional
(3º) La curiosidad, la facilidad de interesarme por las cosas más diversas
(4º) La curiosidad insaciable, la facilidad de interesarme por las cosas más diversas. La necesidad de novedades

 

2. La cualidad que deseo en un hombre:


(1º) Ídem. Proust: Encantos femeninos
(2º) Tranquilidad. Belleza
(3º) La belleza
(4º) Honestidad. Poseer opiniones propias

 

3. La cualidad que prefiero en una mujer:


(1º) Independencia, belleza, buena conversación
(2º) Alegría. Singularidad
(3º) La ternura, la seducción, lo insólito
(4º) Lo insólito. El buen humor, que sea capaz de enfrentarse a los hombres emocional e intelectualmente.


4. Lo que más aprecio en mis amigos:

(1º) Que piensen como yo y sean francos
(2º) Que no me hagan cómplice. Que me escuchen
(3º) Que me escuchen
(4º) Que su compañía me estimule, que sean capaces de mezclar la diversión y la intimidad emocional

 

5. Mi principal defecto:


(1º) Ídem Proust: No saber ni poder "querer"
(2º) El abandono de lo mío y el no abandonarme a los demás
(3º) La presunción. La proclamación de cosas que después no realizo
(4º) Falta de ambición

 

6. Mi sueño de dicha:


(1º) Ídem Proust: Amar
(2º) Amar sin sufrir
(3º) Tener lo que desee en el momento preciso
(4º) Tener tiempo, mucho más, para hacer muchas cosas que ahora no puedo hacer

 

7. Cuál sería mi mayor desgracia:


(1º) Ser enterrado
(2º) No encontrar a nadie cuando lo necesite.
(3º) Perder el tiempo, no estar satisfecho de mi vida
(4º) Perder el tiempo, no estar satisfecho de mi vida

 

8. Qué quisiera ser:


(1º) Suicida
(2º) Nada en especial
(3º) Amigo de mis amigos, un poco misterioso
(4º) Inmortal. El hombre cambiante (antes quería ser el hombre invisible).

 

9. Dónde desearía vivir:


(1º) En una isla desierta con un gato y un mono.
(2º) En la ciudad, en una casa amplia
(3º) En una ciudad y en otras a la vez
(4º) En el lugar que me apeteciese en cada momento

 

10. El color que prefiero:


(1º) Verde anaranjado.
(2º) El negro
(3º) El negro
(4º) El negro

 

11. La flor que prefiero:


(1º) sin contestar
(2º) Prefiero las plantas
(3º) Prefiero las plantas
(4º) Prefiero las plantas: Hierbaluisa

 

12. El pájaro que prefiero:


(1º) El azor, el pato salvaje
(2º) El cuervo
(3º) El cuervo
(4º) El cuervo

13. Mis autores preferidos en prosa:


(1º) Edgar Poe, Champavert
(2º) Poe, Boris Vian, Nerval, James
(3º) Poe, Hoffmansthal, anónimos
(4º) Poe, Montaigne, James, Nerval, Conrad, Casanova, los trágicos griegos, Platón. Por encima de todos: Shakespeare

 

14. Mis poetas preferidos:


(1º) Machado, Khayam
(2º) Khayam, Poe
(3º) Poe, Wordsworth
(4º) Jayyam, Kavafis, John Donne, Catulo.

 

15. Mis héroes de ficción:


(1º) El protagonista de "Noelia" (uno de mis cuentos).
(2º) Melmoth, Sherlock Holmes
(3º) Sherlock Holmes
(4º) Sherlock Holmes

 

16. Mis heroínas favoritas de ficción:


(1º) Noelia, Ligeia (de Poe)
(2º) Ernestina [Sade]
(3º) Berenice (Poe)
(4º) Ligea (Lampedusa), Silvia Scarlett.

 

17. Mis compositores preferidos:


(1º) Wagner, Bethoven en la Novena Sinfonía.
(2º) Chopin, Albinoni.
(3º) Wagner, Chopin, Albinoni
(4º) Bach, Vivaldi, Albinoni, Couperin, Tchaikovsky.

18. Mis pintores predilectos:

(1º) Breghel el Viejo, El Bosco
(2º) Leonardo, El Bosco, Mucha, Beardsley
(3º) El Bosco, Erté, Mucha
(4º) El Bosco, Leonardo, Miguel Ángel.

 

19. Mis héroes de la vida real:


(1º) Vidoq, Robert Louis Stevenson
(2º) William Beckford
(3º) Garibaldi, Alejandro Magno
(4º) Casanova, Cyrano de Bergerac, Demócrito

 

20. Mis heroínas históricas:


(1º) sin contestar
(2º) Catalina de Rusia
(3º) Una pirata china
(4º) Louise Brooks, Lou Andreas Salomé

 

21. Mis nombres favoritos:


(1º) Dammit
(2º) Adrián
(3º) Adrián
(4º) Adrián

 

22. Qué detesto más que nada:


(1º) El complejo de superioridad
(2º) El olvido
(3º) La falta de elegancia en el comportamiento moral
(4º) La indiferencia ante el dolor, la justificación de la crueldad

 

23. Qué caracteres históricos desprecio más:


(1º) No me interesa contestar
(2º) La simpleza, los simples
(3º) Ninguno en particular. El asesinato de Calígula
(4º) Los dictadores, la justificación del dolor o de la explotación

 

24. Qué hecho militar admiro más:


(1º) Ninguno y no haberme presentado voluntario.
(2º) Las conquistas de Alejandro
(3º) No haberme presentado voluntario. La victoria de Alejandro sobre Darío
(4º) La deserción

 

25. Qué reforma admiro más:


(1º) No contestada
(2º) No contestada
(3º) No contestada
(4º) La realizada por la socialdemocracia sueca

 

26. ¿Qué dones naturales quisiera tener?:


(1º) Seducción
(2º) Seducción, encanto
(3º) Habilidad
(4º) Pelo en la cabeza, una voz hermosa

27. Cómo me gustaría morir:


(1º) No contestada
(2º) En el momento elegido por mí. Envenenado (con rapidez)
(3º) De ninguna manera. Me daría igual
(4º) Me gustaría no morir. Si no hay más remedio, lenta y conscientemente

 

28. Estado presente de mi espíritu:


(1º) Relajado, sin ansias
(2º) Cambiante, algo decaído
(3º) Depresivo, exaltado
(4º) Cambiante, apasionado y escéptico.

 

29. Hechos que me inspiran más indulgencia:


(1º) No contestada
(2º) La insistencia
(3º) Los que no son falsos o vulgares (?)
(4º) Los que proceden de la ignorancia. Pero de la verdadera ignorancia, no de la de aquellos que ignoran cuanto les inquieta. Los que proceden del miedo

 

30. Mi lema:


(1º) Ninguno
(2º) No recuerdo
(3º) Ninguno
(4º) Podría ser sapere aude ("atrévete a saber"), tal vez

 

ZHUANG ZI

Quien se conduce como sabio y evita los modales del sabio, ¿dónde irá que no sea bienquisto?

 

Charles Sanders Peirce

"La cuestión psicológica consiste en averiguar cuáles son los procesos por los que atraviesa la mente. Pero la cuestión lógica radica en saber si al conclusión que se alcance, al aplicar ésta o aquella máxima, estará o no estará de acuerdo con los hechos"

 

Imposibilidades de DIOS

Se trata de argumentos acerca de Dios. Conviene aclarar que estos argumentos a veces se basan en el concepto de Dios como ser omnipotente, es decir son una consecuencia de la lógica misma de la definición de la idea "Dios", mientras que en otras ocasiones se refieren no al concepto, sino a situaciones en las que un ser aparentemente omnipotente es declarado o declara ser Dios, como en la que se examinará más adelante.

Es decir, por un lado podemos plantearnos si hay alguna manera de saber si existe algo en la realidad que se corresponda con el concepto de Dios y ver las dificultades que se plantearían para averiguarlo. Por otro lado, podemos admitir como hipótesis que efectivamente existe Dios entendido como ser omnipotente y ver las dificultades que esto también plantea.

 

Primera Imposibilidad de Dios


Dios no puede demostrar que es Dios

Este argumento me parece de una lógica aplastante, pero debo admitir que no a todo el mundo se lo parece. Se lo conté a mi amigo Juanjo y estuvimos discutiendo durante una hora, mientras saboreábamos pescado frito en el puente de Ventas, junto a la M-30. Tampoco convenció a mi amiga Margarita.

Creo que no logré convencerlos porque confundieron lo que es un argumento acerca de una situación hipotética con un argumento hipotético acerca de un concepto. Este concepto es Dios.

Para evitar esa confusión, hay que entender este argumento en sus justos términos y en su precisa formulación. Dice así:

Imaginemos que un ser poderosísimo se presenta ante los hombres, o ante un sólo hombre al que quiere convencer. Este Ser afirma que él es el ser más poderoso del universo, el que lo ha creado y el que puede devolverlo a la nada. El hombre se muestra escéptico, así que este presuntuoso ser le hace alguna demostración: detiene el sol, seca los mares, traslada al hombre a una galaxia remota, elimina la violencia del comportamiento humano. Prueba tras prueba, el hombre va cediendo en su escepticismo: ahora no le cabe ninguna duda de que ese ser es poderosísimo. Pero, ¿es el ser más poderoso que existe? "Sí, lo soy", responde el ser, "conozco el universo hasta el último confín y no existe otro ser que me sea superior" .

De acuerdo, conoce todo el universo, pero, ¿Cómo asegurar que ese universo no es sino una mota de un universo mucho mayor gobernado por otro ser más poderoso? Quizá el primer ser poderoso ha querido que el segundo ser poderoso no sepa de su existencia. Es como un tiburón en un acuario que afirma ser el animal más poderoso porque ha recorrido todos los confines del acuario.

Por mucho que el ser poderosísimo intente convencer al hombre y afirme que no hay nada más allá de él, no puede demostrar que no hay un ser por encima de él que lo ha creado a él y al universo y que incluso ha puesto en él la peregrina idea de que es el ser más poderoso que existe.

Este es el argumento. Una vez expuesto, examinaré la razón por la que Juanjo y Margarita no quedaron convencidos. Como habrá observado el lector, no he empleado la palabra Dios para definir a ese ser poderosísimo. Porque la palabra Dios suele llevar asociada la siguiente consecuencia: Dios es omnipotente. Es una consecuencia en modo alguno necesaria, como muestra el ejemplo del Dios de los socinianos, que es poderosísimo pero no omnipotente.

Si se entiende por Dios un ser omnipotente y se formula el argumento diciendo que Dios se aparece a un incrédulo, entonces, puede suceder, y de hecho sucede, que en vez de discutir esa situación hipotética en la que un hombre se encuentra con un ser que se pretende Dios omnipotente, se discute acerca de un concepto hipotético: el de Dios omnipotente. Todo esto recuerda el célebre argumento de Anselmo y la réplica del monje Gaunilo.

Podemos comparar la aparición de ese ser omnipotente con la de un caballo con un cuerno en su frente. Si decimos que un caballo con un cuerno en su frente se presenta a un hombre y le intenta convencer de que es un unicornio, se plantean dudas similares: puede tratarse de una mutación genética de laboratorio. puede ser un caballo al que se le ha insertado un cuerno, fijándolo en su cráneo, puede incluso tratarse de un sueño o de una alucinación. Así, podemos discutir los pros y los contras de la pretensión de ese caballo con un cuerno que se pretende unicornio. Pero en el planteamiento no afirmamos ni negamos desde el principio ni que se trate de un unicornio ni tampoco que sea tan sólo un caballo con un cuerno en la frente. Si me refiero a él como un caballo con un cuerno en la frente es porque esa es la apariencia de los unicornios, pero no estoy diciendo que efectivamente se trate de un caballo con un cuerno: podría ser realmente un unicornio. Ahora bien, si mi planteamiento fuese: "Un unicornio se presenta a un hombre", da la impresión, no necesariamente buscada, de que estoy admitiendo desde el principio que se trata efectivamente de un unicornio. Lo mismo sucede con Dios. El problema, no del argumento en sí, sino de la comprensión del mismo, parece tener relación con el lenguaje y el metalenguaje, los diferentes niveles y metaniveles que se observan, por ejemplo, en los cuadros de Escher.

Es decir: el planteamiento se hace en un nivel determinado: una situación hipotética en la que a un hombre se le aparece un ser poderosísimo que afirma ser Dios (el ser más poderoso que existe). Esto es todo lo que hay.

El problema surge cuando saltamos a un metanivel en el que metemos la definición de Dios como ser omnipotente. Ahora ya no planteamos una situación hipotética en la que todo son dudas, sino que, por el contrario, partimos de nuestro concepto hipotético de Dios (hipotético en cuanto que no sabemos si se corresponde con algo que existe) y con él nos trasladamos a esa situación hipotética en la que un ser se aparece a un hombre y le dice que es Dios.

Ahora bien, incluso si iniciamos el argumento en ese meta-metanivel, creo que el argumento sigue siendo bueno. Si partimos de la idea de que efectivamente existe un ser omnipotente que ha creado el mundo, ni siquiera este ser omnipotente puede tener la certeza demostrativa de que efectivamente lo es. Dicho de otra manera: no puede existir un ser omnipotente, porque de existir, este ser omnipotente podría demostrar que lo es, lo cual no es posible. Una manera realmente curiosa de formular un argumento que tal vez sea equivalente al teorema de incompletitud de Godel, que afirma que ningún sistema formal se puede demostrar a sí mismo.

Podría seguir argumentado, pero dejo tiempo para hipotéticas respuestas.

NOTA: Cuando ya había escrito este artículo, releyendo El Hacedor, de Borges, encontré un poema que dice exactamente lo mismo que yo sostengo. Me parece improbable pero no imposible que mi opinión proceda de su poema, que ofrezco al lector a continuación, en la sección de Ajedrez de este mismo número (me refiero al soneto II).

 

 

AJEDREZ/POESÍA

Jorge Luis Borges

I

En su grave rincón, los jugadores
Rigen las lentas piezas. El tablero
Los demora hasta el alba en su severo
Ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
Las formas: torre homérica, ligero
Caballo, armada reina, rey postrero,
Oblicuo alfil y peones agresores

Cuando los jugadores se hayan ido,
Cuando el tiempo los haya consumido,
Ciertamente no habrá cesado el rito.

En el oriente se encendió esta guerra
Cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.

 

II

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
Reina, torre directa y peón ladino
Sobre lo negro y lo blanco del camino
Buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
Del jugador gobierna su destino,
No saben que un rigor adamantino
Sujeta su albedrío y su jornada.
También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
De negras noches y de blancos días.

Dios mueve al jugador y éste, la pieza.
¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza
De polvo y tiempo y sueño y agonía?

 

LOS LIBROS PERDIDOS

Un día, al salir de la Facultad de Filosofía, iba caminando con mi amigo Manuel Abellá hacia Argüelles. Discutíamos de muchos asuntos limítrofes unos a otros, de los que sólo recuerdo algunos. Uno de ellos era si la selección de grandes autores que se ha hecho a lo largo de la historia y en concreto la actual, era de fiar.

Es decir, las opiniones acerca de los libros que constituyen la cima, el Canon, el Olimpo de la literatura han ido cambiando con el tiempo. Si leemos un libro de crítica literaria de cualquier siglo anterior al nuestro, nos quedamos sorprendidos por las presencias y las ausencias. En el siglo XVIII, Samuel Johnson era considerado uno de los mayores escritores ingleses, hoy nadie lo lee, aunque sí se lee todavía, supongo, su Vida, contada por Boswell, que muchos consideran la cumbre del género biográfico (con permiso de las Memorias de Casanova). Voltaire pensaba que Shakespeare era un autor mediocre; la Henriada de Voltaire era para muchos de sus contemporáneos su mejor obra, mientras que hoy los críticos están de acuerdo en que es casi ilegible. "Ce que Malherbe écrit dure éternellement", decía Malherbe, considerado el poeta francés con un mayor dominio del lenguaje pero que hoy, tal vez por la poca implicación personal de sus versos, apenas interesa a nadie.

En otro momento me ocuparé de estos cánones y de mi propio Canon, pero ahora sigo con aquella conversación.

Teniendo en cuenta las razones anteriores, Manuel opinaba que la selección del tiempo ha sido en general justa y que si existe algún gran poeta o escritor ahora ignorado, tarde o temprano se le hará justicia. Con esto metemos ya el futuro en la discusión, con lo cual ésta se hace insoluble.

Sin embargo, tras examinar el asunto anterior, propuse a Manuel un asunto que a menudo me ha preocupado y que va contra esa idea de la justicia del tiempo: las obras de arte que se han perdido, en concreto los libros. Los dos o tres incendios de la Biblioteca de Alejandría, la destrucción de la cultura persa por los musulmanes, la quema de los libros por el emperador chino Qin Shi Huang Di.

Manuel decía que difícilmente se habrá perdido gran cosa, que lo que ha desaparecido no sería, de conservarse, comparable en calidad a lo que sí se ha conservado.

No me mostré de acuerdo con este argumento y ni entonces ni ahora me resulta fácil comprender cómo alguien, y alguien tan inteligente como Manuel, puede opinar tal cosa. Hasta el siglo XX no se conocía una obra extraordinaria de la literatura universal: El libro de Gilgamesh. Si hoy podemos leerlo es porque las culturas mesopotámicas escribían en materiales que resisten el paso del tiempo. Si hubiesen escrito en corteza o papiro, lo más probable es que nunca pudiésemos leer las aventuras de Gilgamesh. Los miles de libros de las bibliotecas de Alejandría, de Antioquía, de los persas, que fueron destruidos por las llamas, de los mayas, destruidos por los españoles, ¿acaso no albergarían alguna obra maestra, algo digno de compararse con lo que hoy se conserva? Pensar que eso es imposible es creer en una especie de genio protector del arte, de un destino que se ocupa de que sólo perezca en las llamas lo indigno de sobrevivir, y que se las apaña para que lo que vale la pena haya sido escrito en materiales que resistan el paso del tiempo. Yo no creo en tal abstracción.

En fin, de muchos de esos libros perdidos hoy no nos quedan sino referencias dispersas. En ocasiones sabemos que existieron libros, como en las bibliotecas de Alejandría, pero ignoramos incluso sus títulos; en otros casos, como en muchos autores griegos y latinos, tenemos los títulos, breves resúmenes, fragmentos que se han encontrado en citas de otros autores o en papiros casi ilegibles. En Los libros perdidos, intentaré reconstruir alguno de esos libros, ofrecer un atisbo de ese inmenso continente desaparecido. Comenzaré con un libro de Demócrito de Abdera.

Demócrito es un filósofo hacia el que siempre he sentido una especial predilección. Aunque me gustan muchas de sus ideas, esta simpatía obedece en parte a causas sentimentales. Me gusta su modestia (al menos en comparación con otros filósofos), la variedad de sus intereses y su talante investigador y curioso. Es considerado, junto a su maestro Leucipo, el creador de la teoría atómica: la idea de que las cosas que vemos están compuestas de partes tan pequeñas que resultan invisibles para la vista. Pero, como he dicho, le interesó casi cualquier tema y escribió muchos libros, que se han perdido y de los que sólo quedan fragmentos.

Suda, que no se sabe si es el nombre de un autor o el de una colección o antología, dice que escribió dos libros y cartas, pero Diógenes Laercio afirma que Trasilo ordenó los libros de Demócrito de la misma manera que los de Platón, es decir, en tetralogías. De ser esto cierto, al menos habría escrito ocho libros. Pero el propio Laercio da una lista de varias decenas de libros, que se puede ver más adelante.

Un autor que vivió después del siglo II d. de C. llamado Bolo de Mendes o Bolo Democriteo, "un mistificador que toma del atomismo sólo aspectos parciales, mezclándolos con concepciones pitagóricas y mágicas", hace complicada la atribución de algunas obras al propio Demócrito.

Pero en la clasificación que da Diógenes Laercio se cuentan 72 obras de Demócrito. Leer los títulos produce una sensación casi mareante, al imaginar todo lo que se ha perdido. Son estos:

[1] Pitágoras
[2] Sobre la disposición de ánimo del sabio
[3] Sobre el Hades
[4] Tritogenia
[5] Sobre la valentía o Sobre la virtud
[6] El cuerno de Amaltea
[7] Sobre el buen ánimo
[8] Apuntes morales
[9] Bienestar
[10] Gran Cosmología
[11] Pequeña cosmología
[12] Sobre los planetas
[13] Cosmografía
[14] Sobre la naturaleza, libro y.
[15] Sobre la naturaleza del hombre, libro II o Sobre la carne,
[16] Sobre el intelecto,
[17] Sobre los sentidos,
[18] Sobre los sabores,
[19] Sobre los colores,
[20] Sobre las diferentes estructuras <de los átomos>,
[21] Sobre los cambios de forma,
[22] Libros probatorios
[23] Sobre las imágenes o Sobre la previsión
[24] Sobre razonamientos, criterio, tres libros
[25] Aporías
[26] Cuestiones celestes
[27] Cuestiones atmosféricas
[28] Cuestiones sobre la superficie de la tierra
[29]Cuestiones sobre el fuego y sobre los objetos en combustión
[30] Cuestiones sobre los sonidos
[31] Cuestiones sobre semillas, plantas y frutas
[32] Cuestiones sobre animales, tres libros
[33] Cuestiones diversas
[34] Sobre la piedra imán
[35] Sobre el conocimiento diferencial o Sobre la tangencia del círculo y la esfera
[36] Sobre geometría
[37] Cuestiones geométricas
[38] Números
[39] Sobre las líneas inconmensurables y los sólidos, dos libros
[40] Proyecciones
[41] El gran año o Astronomía, calendario astronómico
[42] Certamen de la clepsidra
[43] Descripción del cielo
[44] Geografía
[45] Descripción de los polos
[46] Tratado sobre los rayos
[47] Sobre ritmos y armonía
[48] Sobre poesía
[49] Sobre la belleza de las palabras
[50] Sobre las letras eufónicas y cacofónicas
[51] Sobre Homero o Sobre la corrección del lenguaje y los dialectos
[52] Sobre el canto
[53] Sobre las palabras
[54] Vocabulario
[55] Prognosis
[56] Sobre el régimen o Dietético
[57] Juicio de los médicos
[58] Cuestiones sobre los días favorables y desfavorables
[59] Sobre agricultura o Geórgico
[60] Sobre pintura
[61] Sobre táctica
[62] Sobre combates con armas pesadas
[63] Sobre los escritos sagrados de Babilonia
[64] Sobre los <escritos sagrados> de Méroe
[65] Descripción de las costas del océano
[66] Sobre la historia
[67] Doctrina caldea
[68] Doctrina frigia
[69] Sobre la fiebre y sobre la tos provocada por enfermedad
[70] Cuestiones jurídicas
[71] Sobre problemas de trabajos de arte
[72] Cartas

A esta lista habría que añadir otros libros que no aparecen en ella, pero que cita Diógenes Laercio y sin embargo no son mencionados en la recopilación de los fragmentos de Demócrito de Gredos (a pesar de remitirse también a Diógenes Laercio). No he añadido todos, pues algunos de los títulos podrían ser variantes de un mismo libro:
[73] De los humores
[74] De la diversidad de las arrugas
[75] De la inmutación de las arrugas
[76] Corroborativos para preservar de las arrugas y aun quitarlas
[77] Del espectro o de la providencia
[78] Tres reglas acerca de la peste
[79] De las cosas ambiguas
[80] Causas promiscuas
[81] Causas de las cosas intempestivas y tempestivas
[82] Causa legítima y legal

He elegido uno de estos libros Tritogenia, para realizar un experimento curioso: rastrear qué fragmentos, de los que se conservan de Demócrito, podrían pertenecer a este libro. Mi primera intención era ofrecer aquí un breve resumen, siempre hipotético claro, de varios de los libros de Demócrito, pero enseguida me di cuenta de que eso me ocuparía montones de páginas. Me limitaré a un sólo libro. Tampoco voy a penetrar en profundidades de interpretación, que están de más en una revista que sólo tantea de un modo diletante, como es ESKLEPSIS. Dedicaré a eso y al resumen del resto de los libros de Demócrito un lugar propio. En cuanto a la atribución de la obra, Diels opina que la obra pertenece a Demócrito, Lortzing que no.

Tritogenia

El nombre significa "nacida tres veces" y es un epíteto de Atenea. Dice Diógenes Laercio: "esto significa que de ella surgen las tres cosas que abarcan todo lo humano."

Gracias a algunos fragmentos se puede intuir de qué trataba este libro. Fundamentalmente de los sabios y de la sabiduría, pues Demócrito "consideró sabiduría a Atenea tritogenia" .

Tal vez el libro se iniciaba con la observación de que "a menudo la palabra tiene mayor poder de persuasión que el oro (fr.698)". La consecuencia será que "muchos son los que actuando de la manera más despreciable hacen gala de los más bellos discursos (fr.700)." No se da, pues, una correspondencia entre lo que se dice y lo que se hace: "Falsos e hipócritas son quienes todo lo hacen con palabras, pero nada de hecho" (fr.701). Así, vemos enfrentados, en primer lugar, el lenguaje con la acción, de una manera recíproca: "Un excelente discurso no disimula una mala acción, ni una buena acción es perjudicada por la blasfemia de un discurso (fr.702)."

El hombre de bien se mide por sus actos, no por sus palabras, como también diría siglos más tarde Jesucristo ("Por sus obras los conoceréis"), por lo que "es preciso abocarse a las obras y a las acciones virtuosas, no a los discursos (fr.887)"

Ahora bien, ni siquiera las buenas obras nos permiten conocer al hombre virtuoso: "Es posible distinguir un hombre digno de confianza de otro despreciable no sólo por sus acciones, sino también por sus intenciones (fr.900)".

De ahí que "bueno es, no tanto el no cometer injusticia, sino el no tener intención de cometerla (fr.894)" .Es decir, una el que una acción sea buena en sí misma, no significa que también lo sea su autor, y a la inversa, "detestable no es quien comete injusticia, sino quien lo hace deliberadamente (fr.921)".

Ya tenemos, pues, los tres elementos a los que alude la palabra tritogenia, pensamiento, palabra y acción, que a menudo no coinciden: un buen acto puede ser realizado con una mala intención, y un bello discurso puede servir como justificación para una mala acción o para ocultar los verdaderos propósitos. Hay que evitar la disonancia entre estos tres elementos, de tal modo que las consecuencias de ser sabio serán: "Deliberar bien, hablar sin error y obrar como se debe (fr.830)." Es decir, la correspondencia entre palabra, pensamiento y acción, que en la India tiene un paralelo exacto en la doctrina de la satyagraha, si no recuerdo mal.

Tal vez el fragmento 699 pertenece también al libro Tritogenia: "La palabra es la sombra de la acción", pero la interpretación exacta de esta sentencia es difícil.

Hay otro fragmento de significado dudoso que podría pertenecer al libro Tritogenia: "Acerca de las malas acciones deben evitarse incluso los discursos (fr.703)."

Es posible que se refiera a que el hecho mismo de hacer conocida una mala acción es pernicioso, pues, puede alentar a otros a cometer acciones semejantes. O también podría estimular a algunos a repetirlas por el mero hecho de la atención que reciben por su mala acción como ese hombre que quemó un famoso templo griego con la intención de pasar a la posteridad. Cosa que consiguió, aunque yo ahora no consigo recordar su nombre.

Por último, el hombre virtuoso debe serlo también en la intimidad de su propia conciencia: "Nadie debe avergonzarse más ante los demás que ante sí mismo, ni obrar mal ni cuando nadie lo ve ni cuando lo ven los demás. Hay que avergonzarse ante todo ante sí mismo y establecer esta ley en el alma, de modo de no hacer nada impropio" (fr.1101). Y añade Demócrito: "No hagas ni digas nada feo aunque estés solo, aprende a avergonzarte más ante ti mismo que frente a los demás (fr. 784)".

LA PERCEPCIÓN DEL DOLOR

Las señales de dolor se trasmiten desde las terminaciones nerviosas a la médula espinal por medio de, al menos, dos tipos de fibras: A Delta y C.
Las fibras A Delta están especializadas en sensaciones punzantes. Las fibras C, en sensaciones de quemazón y aquellas que implican un dolor continuado. En la médula espinal, ambos tipos de fibras pasan a través de una región denominada el tracto de Lissauer y terminan en las neuronas de la médula. Estas sensaciones (punzantes y de quemazón) entran en el cerebro por dos caminos: el del dolor punzante y el de la quemazón. Ambos caminos atraviesan el tálamo, pero el camino del dolor punzante está localizado más adelante, en el cortex somatosensorial, mientras que el camino del dolor producido por quemazón trasmite no sólo señales hacia arriba, hacia el interior del cortex, sino también lateralmente, hacia el hipotálamo y otras regiones de la base del cerebro. Es por ello que podemos localizar más fácilmente el dolor producido por algo punzante, mientras que los dolores producidos por quemazón o los continuos suelen ser más penosos, puesto que activan más el sistema nervioso.
En cualquier caso, la sensación efectiva de dolor parece estar causada tanto por la estimulación de las regiones basales del cráneo, especialmente el tálamo, como por la del cortex somatosensorial. Es decir, el dolor depende del cerebro y del sistema nervioso central. Por ello, si hubiese estimulación pero nada ocurriese en el cerebro, no habría dolor y, sin embargo, si no hubiese estimulación exterior pero sí ocurriese algo en el cerebro, sí habría dolor. Gracias a esto actúa la anestesia: se impide que el estímulo externo tenga efectos relevantes sobre el sistema nervioso central.
(Paráfrasis de John Searle: Mentes, Cerebros y Ciencia, 23ss)

 

Casanova

Nada hay que sea ni que pueda ser más caro al ser racional que la vida. A pesar de esto, los hombres sensuales, aquellos que buscan el gozar mejor de ella, son los que con más perfección ejercen el arte difícil de hacerla pasar rápidamente y abreviarla. No es que su intención sea acortarla, puesto que desearían perpetuarla en el placer; pero quieren que el goce haga insensible su curso, y tienen razón, con tal de que no falten a sus deberes propios. Sin embargo, no debe el hombre figurarse que no tiene más deberes que los que halagan sus sentidos; cometería un grave error, del que acabaría por ser víctima. Creo que mi autor predilecto, Horacio, se equivocaba cuando le decía a Floro:
Nec metuam quid de me judicet heres,
quod non plura datis inveniet
(No temeré el juicio que haga mi heredero de mí/porque habrá encontrado que no he aumentado mis bienes).
El más dichoso de los hombres es aquel que sabe obtener la mayor cantidad de felicidad sin ir nunca en contra de sus deberes, y el más desgraciado, aquel que ha abrazado un estado en el que se encuentra sin cesar en la triste obligación de prever."


LA GALERÍA MORTAL


 

"MORIRÁS. Esto es la naturaleza del hombre, no pena. Morirás. Con esta condición entré; de salir. Morirás. Derecho es de gentes devolver lo que recibiste. Morirás. Peregrinación es la vida; cuando has caminado mucho, forzoso es volver. Morirás. Entendí decías alguna cosa nueva. A esto vine, esto hago, a esto me llevan todos los días. La Naturaleza al nacer me puso este término, ¿de qué me puedo quejar? A esto me obligué. Morirás. Necedad es temer lo que no puede impedirse. Esto no lo evita quien lo dilata. Morirás. Ni el primero ni el último. Muchos murieron antes de mí. Todos después. Morirás. Este es el fin del oficio humano. ¿Qué soldado viejo se enojó de que le licenciasen? Adonde va el mundo voy yo. ¿Pues ignoro yo que soy animal racional mortal? Con esta condición se engendra todo. Lo que empezó se acaba. Morirás. ¿Por qué es molesto lo que se hace una vez? Conozco el caudal por ajeno, no por mío. Finalmente yo hice este concierto con el acreedor de que no puedo quejarme. Morirás. Mejor lo hicieron los dioses, pues nadie me puede decir que moriré que no sea mortal". SÉNECA


"Séneca, porque siendo ya muy viejo y teniendo el cuerpo muy enflaquecido con la larga abstinencia despedía muy lentamente la sangre, se hizo cortar también las venas de piernas y tobillos.. Y sirviéndose de su elocuencia hasta en aquel último momento de su vida...dictó muchas cosas". "...Durándole todavía el espacio y dilación de la muerte, rogó... que le trajesen el veneno ya de antes prevenido, que era el que solían dar por público juicio los atenienses a sus condenados... Y lo tomó, aunque sin ningún efecto, por habérsele ya res- friado los miembros, y cerrado las vías por don- de pudiese en- trar la violencia en él. A lo último, haciéndose meter en el aposento donde había un baño de agua caliente, y rociando con ella a sus criados que le estaban más cerca, añadió: "Este licor consagro a Júpiter liberador". Metido de allí en el baño, y rindiendo el espíritu con aquel vapor, fue quemado su cuerpo sin pompa o solemnidad alguna, como antes lo había ordenado en su codicilo"

 

"MORIRÁS. Fuera verdad entera si dijeras has muerto y mueres; lo que pasó lo tiene la muerte, lo que pasa lo va llevando. Morirás. Desde que nací lo sé, por eso lo espero y no lo temo. Morirás. No dices bien: di que acabaré de morir y acertarás, pues con la vida empecé la muerte. Morirás. Me dices lo que sé y callas lo que no sé, que es el cuándo. Morirás. Con todos hablas y todos te sacarán verdadero y tu vida a ti propio. Morirás. Si he vivido bien, empezaré a vivir; si mal, empezaré a morir. Morirás. No me alborotará hacer lo que todo han hecho y lo que todos harán. Morirás. Primero me lo dijo la Naturaleza. Morirás. Es vana amenaza, pues ninguno es tan necio que rehuse lo que hace; no hay hora que no muera. ¿Por qué he de temer lo que hago? ¿Por qué he de rehusar llegar adonde me llevo? Morirás. No viviré con esperanza de descansar, sino esperaré morir. Morirás. Con el propio contento que quien navega llega al puerto y quien peregrina a su patria. Morirás. Y los apetitos y vicios, si muero mozo, y las enfermedades y miserias, si muero viejo. Morirás. y si muero dichoso, la envidia que me tienen, y si desdichado la que yo tengo. Morirás. Y los cuidados y los desvelos si soy rico, y el desprecio y las calamidades si soy pobre. Morirás. Si hablas con el cuerpo, no lo puedo excusar por la naturaleza; si con el alma, te pueden desmentir las virtudes y las gracias. Morirás. Si hubiera alguno a quien no lo pudieras decir, me entristecieras. Morirás. No podré de otra manera seguir a muchos y ser seguido de todos. Morirás. No hay otro camino para pasar a vida sin muerte. Mientras lo dijeres a todos no podrás mentir, y no hay en todos uno en quien no puedas mentir, si le dijeres que vivirá". QUEVEDO

 

 

EL ÁLBUM DE PANDORA

Leí algo acerca de los álbumes de Pandora en un libro que tenía que corregir para la editorial Mondadori. Se trataba de un estudio sobre Rembrandt, si no me equivoco. Se decía que en la época era frecuente tener un álbum de Pandora, es decir, un libro con hojas en blanco. El libro se iba llenando con dibujos o regalos: una flor seca que han besado los labios del amante, una cinta de tela con la que ella ataba su cabello.

Tal vez en el libro se explicaba que Rembrandt tenía un Libro de Pandora en el que dibujaban sus amigos pintores, o tal vez, al contrario, algunos de sus dibujos se han conservado en los libros de los que fueron sus amigos. No me acuerdo.

Es fácil darse cuenta que el álbum de Pandora es una versión amable de la célebre caja de Pandora de la mitología griega, que aprovecho para recordar ahora.

El titán Prometeo había robado a Zeus el fuego y se lo había entregado a los hombres. Además, Prometeo había logrado capturar todos los males y los había encerrado en una vasija para que no acosasen a los seres humanos. Para vengarse, Zeus encargó a Hefesto, el herrero divino, que fabricase una mujer semejante a las diosas. Esta mujer fue llamada Pandora: Atenea la vistió, las Gracias la llenaron de joyas, las Horas la cubrieron de flores, Afrodita le dio su belleza y, por último Hermes le confirió la maldad y la falta de inteligencia. Lo que no sé es si con el don de Hermes se quiere significar que Pandora era malvada y tonta o si lo son todas las mujeres.

Después de dar vida a la figura, Zeus envió a esta primera mujer como regalo a Epimeteo, hermano de Prometeo.

Pese a los consejos de su hermano, Epimeteo, que tampoco era muy listo, se casó con Pandora.

Evidentemente, lo mismo sucede en el Génesis con Eva, la curiosidad de Pandora le llevó a abrir la vasija en la que Prometeo había encerrado todos los males, que se escaparon y se extendieron sobre la tierra. Sólo quedó dentro la esperanza, que con sus consejos falaces y sus pobres consuelos, impide a los hombres suicidarse.

Pero hay otra versión, de un autor optimista, según la cual en la vasija había puesto Zeus los bienes, como presente a la humanidad. Al abrir la caja Pandora, los bienes escaparon hacia el Olimpo, excepto la esperanza.

Todo lo anterior me sirve para explicar en qué consiste esta sección: recuerdos de mis amigos, no necesariamente regalos que me hayan hecho. Pero empezaré con un presente que hice yo a un amigo.

Se trata de un tipo de poema bastante complejo y en completo desuso llamado sextina, aunque tengo la duda de si Gil de Biedma llegó a escribir una.

El poema se compone de seis sextetos y un terceto final. Ahora bien, las últimas palabras de los versos de cada sexteto son siempre las mismas, pero ordenadas de diferente manera.

La palabra que estaba al final del primer verso es la que pasa a ser la primera en el siguiente, mientras que la primera del primer verso se convierte en la segunda. El resto igual: la quinta pasa a tercera y la segunda a cuarta; mientras que la cuarta pasa a tercera y la tercera a cuarta.

Además de esto, en el terceto final se han de utilizar las seis palabras, dos en cada verso (se supone que una en cada hemistiquio). Es más fácil ver esta combinatoria en el poema que explicarla. De todos modos, en la siguiente tabla se puede ver la estructura de una sextina, con las palabras de final de verso que yo mismo empleé en mi primera sextina:

verso1 verso 2 verso3 verso4 verso5 verso6

Llamé a esta sextina, que escribí en gran parte tumbado sobre la hierba en el Parque del Retiro, Sextina amicitiae, es decir; sextina de amistad.

SEXTINA AMICITIAE
A Manuel Abellá

Será esta la primera sextina
que componga de ingenio mi arte
buscando el feliz hallazgo oculto
de algún modo en la métrica prisión
en que voluntario me encerró amistad
y en que mantiéneme paciencia.

Si virtud teologal es la paciencia
obra divina ha de ser esta sextina
que ha de redimirme por amistad
y en alquimia de técnica y arte
permitirme escapar de la prisión
hallando el camino ahora oculto.

Muchas dificultades, no lo oculto,
podrían acabar con mi paciencia
y cerrarme en del oprobio la prisión
quedando en el limbo la sextina
de las inconclusas obras de arte
que a buen puerto no llevó amistad.

Mas si sudor es lo que exige amistad
no han de dejar mis versos oculto
que mayor esfuerzo por el arte
no se encontrará ni más paciencia
que la que da carne a esta sextina
cubriendo su esqueleto que es prisión

Otra peor y más terrible que prisión
desgracia sería perder la amistad
por no saber componer una sextina,
aunque mi temor yo no oculto
de que esta de Job la paciencia
no haga olvidar la falta de arte

Como el titán Prometeo dando el arte
de hacer fuego padeció prisión
soportando el suplicio con paciencia
por tener de los hombres la amistad
dejo yo un álbum de Pandora oculto
que esperanza convirtió en Sextina.

En fin, no oculto que esta mi sextina
hija es de paciencia y no de arte
de días prisión y castigo de amistad.

TRACTATUS METAPHILOSOPHICUS

En el que se demuestra el carácter plural, necesariamente plural de la realidad, por reducción al absurdo de las tesis monista y dualista

1. Cuando había una sola cosa, no había nada.

2. De la Nada o del Todo primigenio nacieron dos cosas.

3. Había entonces, tras la división, lo Lleno y lo Vacío.

4. Mientras existió lo lleno y lo vacío, no acaeció nada.

5. En una realidad dual no puede acaecer nada.

6. Por tanto, cuando hay dos cosas no hay, en realidad, ninguna cosa. No puede existir una realidad dual.

7. De la Trinidad -tres cosas- nace el Tiempo, el Espacio y la Realidad.

8. La Nada sólo desapareció cuando hubo tres cosas.

9. Cuando hubo tres cosas, hubo colores. Antes no pudo haber colores y, como no pudo haber colores, no hubo nada. Nunca pudieron existir sólo dos cosas.

10. Como nunca pudieron existir dos cosas, nunca pudo existir una cosa.
11. Conclusión: la Realidad siempre ha sido, es y será plural, pues si no lo fuese, no sería nada.

(12) El número mínimo de la pluralidad ha de ser, necesariamente, tres.

 

Del Talmud

Delante de un cadáver sólo se puede hablar de lo que se relaciona con el muerto.

Enseña a tu lengua decir no sé, para no incurrir en aparentes falsedades

Quien mata a un hombre mata el mundo

Se ha enseñado que dijo Abá Biniamin: Si les otorgaran a los ojos el poder de verlo todo, ninguna criatura podría resistir la vista de los demonios.

Dijo Abnai: "Son más que nosotros, y nos rodean como a la colina el campo.y
Dijo el rabí Huná: Cada uno de nosotros tiene millares de ellos a la izquierda y decenas a la derecha.

Dijo Rabá: Ellos son los causantes del amontonamiento en la reuniones en las que se enseña la Tora; son los causantes de la debilidad en las rodillas; son los causantes de que se gaste la ropa de los rabíes, porque se rozan continuamente con ellos; son los causantes de las magulladuras de los pies.

¿Cuánto es un instante?
- El tiempo en que tardo en decir 'instante?

Se han creado en el mundo 903 formas de muerte, porque dice lo escrito:"las consecuencias (totsaot) de la muerte", y ése es el valor numérico de totsaot.

El hombre que vive de su trabajo es más grande que el temeroso de Dios, porque del hombre que teme a Dios se dice: "Bienaventurado seas", mientras que del hombre que vive de su trabajo se dice "Bienaventurado seas y te irá bien".

LEYES

LEY DE SPINOZA:

"Si los hechos se hallan en conflicto con una teoría, o hay que cambiar la teoría o hay que cambiar los hechos"
(Baruch Spinoza)

LEY DE MAIER:

"Si los hechos no se ajustan a la teoría, hay que prescindir de ellos"
(N.R.F.Maier)

 

EL ESPEJO

"La obra de Scheler se caracteriza por una extraña pareja de cualidades: claridad y desorden. En todos sus libros, sin arquitectura, se habla casi de todas las cosas. Conforme leemos, advertimos que el autor no puede contener la avalancha de sentido que se le viene encima... Es una caso curiosísimo de superproducción ideológica"
José Ortega y Gasset

 


1. Acercarse a la obra de arte sin prejuicios ni opiniones previas.
2. Mirar la obra con atención.
3. Regular la atención con miras a considerar la existencia estética de la obra con exclusión de cualquier otra, o sea: tomar conciencia de los objetos no ya en cuanto objetos, sino en cuanto formas, y de éstas, no ya en cuanto configuración exterior de los objetos, sino en cuanto relaciones plásticas.
4. Tomar conciencia de los colores, no ya en cuanto impresiones producidas en el ojo por la luz que reflejan los cuerpos en la naturaleza, sino en cuanto medios de expresión plástica.
5. Tomar conciencia de la superficie del cuadro, no ya en cuanto soporte, lugar neutro destinado a recibir cualquier representación, sino a la manera en que la gama constituye el espacio musical en cuanto espacio plástico.
6. Recordar siempre que el valor estético debe su existencia a su realización plástica y sólo a ella. El valor estético no existe ni en lo abstracto ni en lo absoluto. Es inseparable de las obras mediante las cuales se manifiesta.
7. Asegurarse de que la emoción que se experimenta (por las palabras en que se expresa), que el juicio que se pronuncia (por las palabras en que se formula) se refieren justamente a la obra considerada en su sola perspectiva estética

 

 

LA MITAD OCULTA

HIPATIA
(muerta en 415 d.C.)

Hija del matemático Teón, era una filósofa neoplatónica de Alejandría, que al parecer escribió obras matemáticas, astronómicas y filosóficas. Maestra de Sinesio, quien se convirtió al cristianismo. Acusada de conspirar contra el obispo Cirilo, fue lapidada por una multitud de cristianos. Otros autores cuentan que le arrancaron la carne a trozos con conchas de mar.

 

MUSEO DE SERES FILOSÓFICOS

EL DEMONIO DE LAPLACE

Señoras y señores, bienvenidos a la sala demoníaca. Aquí podrán contemplar a todos los seres infernales y también al que los gobierna a todos. Pero ahora pueden pasear sin miedo: todavía no ha llegado el momento de conocer a esa criatura temible. A su izquierda, pueden ver a un ser mucho más amable, el demonio de Laplace.

Pierre Simon de Laplace nació en 1749 y murió en 1827. Fue astrónomo y matemático. Aunque era de familia pobre, consiguió el apoyo de D'Alembert y pudo aportar grandes avances a la ciencia, por ejemplo demostró que la luna se estaba acelerando más de lo que se suponía, advirtió y explicó anomalías en el movimiento de Júpiter y Saturno. Sus contribuciones a la astronomía se recogen en su obra monumental La mecánica celeste. Pero, además, como matemático, se interesó por el cálculo de probabilidades. En su libro Ensayo Filosófico sobre las probabilidades, imaginó a una criatura muy especial. Aquí, en esta placa, pueden ver su descripción:

"Una inteligencia que en un momento determinado conociera todas las fuerzas que animan a la naturaleza, así como la situación respectiva de los seres que la componen, si además fuera lo suficientemente amplia como para someter a análisis tales datos, podría abarcar en una sola fórmula los movimientos de los cuerpos más grandes del universo y los del átomo más ligero; nada le resultaría incierto y tanto el futuro como el pasado estarían presentes ante sus ojos".

Pues bien, ahí lo tienen, pueden acercarse para ver de cerca a esta criatura abstracta, pero hagan lo que hagan, recuerden que él ya sabe lo que harán. Todos nosotros entramos en sus cálculos, pues es el demonio del determinismo.

Observo en algunos de ustedes cierta incredulidad, pero permítanme que les recuerde las razones que llevaron a su creador a concebir a esta inteligencia que, desde entonces, ha sido conocida como el demonio de Laplace.

No hay efecto sin causa. Leibniz decía que tiene que haber un principio de razón suficiente, es decir que para que una cosa llegue a existir, ha de haber una causa que la produzca. Quizá ustedes no puedan siempre explicar por qué ha sucedido algo, pero el que ustedes ignoren la causa no significa que esa causa no exista. Si un vaso se estrella contra el suelo y se rompe en mil pedazos, antes ha de haber caído desde una cierta altura, ¿no es cierto? Creer lo contrario, decía Leibniz, sería caer en el azar ciego de los epicúreos.

Quizá algunos de entre ustedes conozcan algo de física cuántica, y entonces podrían poner en duda que todo este determinado en la naturaleza, pero tengan en cuenta que la física de la época de Laplace concebía la naturaleza a la manera de una mesa de billar. Aquí tenemos precisamente una mesa de billar, en la que nuestro demonio suele entretenerse. Como ven hay tres bolas, dos blancas y una roja. Una de las bolas blancas tiene un punto negro, que permite distinguirla de la otra. Si ustedes golpean una de las bolas blancas, ésta dependiendo de la dirección y de la fuerza del golpe, se moverá sobre la mesa y, si tienen suerte, golpeará a otra bola. Ese golpe hará que las dos bolas que han chocado se muevan y, si tienen suerte, lograrán que la primera bola que han golpeado toque no sólo a la segunda, sino también a la tercera. Habrán conseguido un punto. Felicidades.

Pues bien, estarán de acuerdo conmigo en que todos esos movimientos de las bolas sobre la mesa dependen de la forma y tamaño de la bola, de las irregularidades de la mesa y de las características del golpe que ustedes hayan dado a la primera bola. Les invito a echar una partida contra el demonio de Laplace, pero les advierto que no podrán ganarle. ¿por qué? Porque él conoce todos los datos con exactitud, sabe el efecto que tendrá, en cada posible posición de las bolas sobre el tablero, uno u otro golpe. Y sabe cómo dar esos golpes, porque también conoce con precisión cómo funcionan todos sus músculos. Y si falla alguna vez, también sabe que fallará por alguna razón. ¿No se animan? Lo comprendo. ¿prefieren entonces acompañarle a la próxima sala? Allí, si está determinado que así suceda, podremos ver a otro demonio determinista.

 

Victor Tausk


"Me gustan sólo las personas libres, las que mantienen su independencia con respecto a mí. Porque los que se me someten, me obligan a su vez a depender de ellos; y entonces yo me vengo e incurro en culpabilidad ante aquellos que se portaron bien conmigo (...) Quiero irme abriendo camino conforme a las necesidades de mi naturaleza, sin abrigar falsas emociones o sentimientos ambiguos. El tipo de vida que ahora llevo es el más idóneo para alcanzar el fin que me he propuesto: soy independiente, puesto que nadie depende de mí, y no puedo ser esclavo, ya que no soy amo."

 

El 12 de julio de 1994, llegué a Dublín. No había planeado el viaje y ni siquiera sabía dónde iba a dormir esa noche. Me gusta viajar de esta manera, decidiendo en el último momento qué hacer. Ese mismo día, en 1690, Jacobo II el Católico y sus aliados franceses fueron derrotados en la batalla de Boyne. La fecha es celebrada todos los años por los protestantes, que vencieron bajo el mando de William de Orange.

Dormí aquella noche en Dublín, en una habitación compartida con otros cinco viajeros, todos alemanes, que me demostraron que el célebre orden alemán es un tópico que quizá sólo se aplica en los cuarteles.

Al ver una tienda de alquiler de bicicletas, pensé que no estaría mal alquilar una y dirigirme al sur. Hacía varios años que no cogía una bicicleta, así que, cuando vi que tenía que recorrer 161 kilómetros decidí que sería mejor tomar un tren hasta Cork y luego un autobús hasta Bantry, donde alquilaría la bicicleta. Ya había decidido hospedarme en Reenmore Farmhouse, un lugar de Bed&Breakfast del pequeño pueblo de Ahakista. ¿Por qué? Porque había leído en una Guía que la casa se hallaba en mitad de un paisaje totalmente salvaje y que "para nuestros lectores románticos resulta un sitio maravilloso".

 

 

En el viaje en tren leí La rosa secreta y Leyendas de Hanrahan el Rojo, de William Butler Yeats.

Bantry, un lugar muy afrancesado, me gustó mucho; Cork, una ciudad bastante grande, me recordó a un pueblo mediterráneo. A pesar de que está lejos del mar, cuando caminas por algunas de sus calles en pendiente, tienes la sensación de que a la vuelta de la esquina te vas a encontrar el mar.

Pude alquilar sin problemas la bicicleta en Bantry, pero el camino hasta Ahakista resultó toda una aventura, sobre todo porque me picó un mosquito en un ojo, con lo que quedé tuerto durante bastantes horas.

Establecido ya en Ahakista, pasé el resto de las vacaciones viajando en bicicleta por toda la península de Maiden. Me levantaba temprano, desayunaba en Reenmore, lo que me servía como comida para todo el día, y me lanzaba a la carretera en una y otra dirección, deteniéndome de vez en cuando en los pubs de la carretera, jugando a los dardos con los habituales, por ejemplo con una hermosa muchacha a la que encontré sola en su bar, o sentándome en los acantilados, bañándome en las calas. Cuando me detenía en algún pueblo, aprovechaba para escribir lo que llamé Baikzouts (Bike Thoughts: pensamientos en bici).

 

En la Bahía de Dunmanus me invitaron a participar en una competición de pesca (quedamos los últimos, aunque no por mi culpa) y llegamos hasta la última roca en el mar, creo que The Bull, más allá de la cual sólo se extiende interminable el océano. Cenando en el restaurante Shiro's de Ahakista, contemplando un paisaje extraordinario y degustando una de las mejores comidas japonesas que he probado, escribí varios jaikus.

También estuve en la isla de Cape Clear, que es un lugar privilegiado para los expertos en ornitología y adonde viajan los estudiantes de gaélico, pues sus ciento cuarenta y seis (ciento cuarenta y ocho según el capitán del barco) habitantes lo hablan allí mejor que en ningún lugar de Irlanda. Se cuenta también que un nativo de esta isla llevó el cristianismo a Irlanda un siglo antes de San Patricio. Este hombre, que viajó a Roma y regresó a su isla, era un O'Driscoll (también lo era el capitán). Se dice que los O'Driscoll son descendientes de los milesios (los hijos de Mil), que llegaron desde Galicia, según las leyendas en el año 1699 a. de C.

Otro día comencé a pedalear por unos montes y me perdí, apareciendo, en la Bahía de Bantry, concretamente en lo más alto del monte Knockhoolteenagh, a 734 metros sobre el nivel del mar.

No puedo contar todo lo que hice, y menos aún todo lo que sentí en ese viaje a Irlanda, así que transcribiré un sueño que tuve cuando ya estaba a punto de regresar a España.

 

SUEÑOS EN IRLANDA

En uno de estos días en Irlanda, me desperté en mitad de la noche y recordé lo que estaba soñando. Me alegré mucho, pues hace ya demasiado tiempo que no recuerdo mis sueños, y me propuse escribir el sueño al despertar.

Como sucede tantas veces, cuando desperté ya no recordaba el sueño, sólo sabía que había sido una historia muy interesante.

Algo parecido me ha sucedido hoy. Aunque me esforcé, en aquel primer despertar en mitad de la noche, en fijar un poco más el sueño. Sé que yo y tal vez alguien más viajábamos a una isla o algo parecido. Que nos internábamos en la selva y regresábamos a la casa con dos cadáveres de soldados orientales. Y que entonces yo quería irme de allí, pero el encargado me decía que la cartilla que teníamos estipulaba claramente que había que traer cinco o diez cadáveres antes de poder irse. Así que me dedicaba a meterme en la selva en busca de más muertos. En realidad, tenía más bien que buscar vivos, y entonces matarlos.. También servían los cadáveres de leones y otros animales.

Pero lo más interesante del sueño, que incluía un cambio de escenario, empezaba después. Lamentablemente, no recuerdo ni un sólo detalle de toda esa parte.

Después, ya medio despierto, tuve uno de esos curiosos sueños que uno crea cuando ya casi ha escapado al abrazo de Morfeo.

Soñé que iba con Víctor y dos chicas en un coche. Yo iba en el asiento de atrás con una de las chicas (al parecer, acabábamos de conocernos) y la otra chica iba delante, con Víctor.

No sé cómo, pero salió precisamente el tema de los sueños como motivo de conversación. Yo decía que una de las cosas que más me intrigaba era que los sueños no se guardan en la memoria, excepto si son recordados nada más despertar. Parecen hallarse, en efecto, en una memoria de alcance ultracorto, y desaparecen si no son trasladados a la memoria cotidiana. Mis compañeros no aparecían muy asombrados por el asunto, pero yo insistí en que si los sueños se conservasen en la memoria, nuestros recuerdos serían de una variedad impresionante, aunque tal vez nos resultaría difícil distinguir el sueño de la vigilia.

El coche iba rápido y la conversación continuó hasta que alguien me preguntó: "Bueno., ¿y qué?" "pues, respondí, imagínate que cuando morimos, en el momento de la agonía, comenzamos a recordar todos nuestros sueños."

Más tarde, íbamos buscando un lugar que ya no recuerdo, típico de los tiempos de Jaime (por eso, también he pensado que no era Víctor, sino Jaime quien conducía). Yo pasaba mi brazo sobre los hombros de la chica, que era morena, guapísima, y que llevaba un traje negro de tela muy fina y ajustada a su cuerpo, y ella deslizaba su cabeza por mi brazo hasta que nuestros labios se tocaban. Nos besábamos y empezábamos a meternos mano; después buscábamos un lugar en el que hacer el amor, porque a las cinco Víctor y yo teníamos que volver al trabajo y ya eran las cuatro. Etcétera.

 

FONTANELLE

"El Emperador Constantino, creyendo haber aumentado el número de los cristianos, lo único que hizo fue disminuir el de los seres humanos"

 

LIBROS

Charles Darwin
Autobiografía
Alianza Cien, Madrid.1993

Autobiografía de Darwin, escrita para sus hijos. El autor se muestra contenido y ecuánime en sus opiniones acerca de los demás y de sí mismo, y parece revelar una integridad que otras veces he visto en los científicos, al opinar acerca de su obra y sus méritos.

Dice que influyó en su vocación científica la lectura de dos obras: Personal Narrative (Relato íntimo) de Humboldt e Introduction to the study of natural philosophy de sir J.Herschel. Como libros favoritos y de viaje tenía La excursión, de Coleridge, y El Paraíso perdido de Milton. Le parece maravillosa la obra de C.K.Sprengel El secreto de la naturaleza descubierto, y admirable una obra de G.Bell sobre las expresiones.

Cuenta también sus disputas con Fitz-Roy en el Beagle, una de ellas a propósito de la esclavitud "que él defendió y alabó, cosa que yo abominaba", insiste en el asunto al criticar duramente a Carlyle, cuyas opiniones sobre la esclavitud "eran repugnantes".
Hay una opinión acerca del avance de la ciencia que suele atribuirse a Einstein y también a Kuhn, pero que Darwin formuló antes:

"Me recordó [Lyell] que hacía muchos años, cuando discutíamos sobre la oposición de la vieja escuela de geólogos a sus nuevos criterios, yo le había dicho: "qué bueno si todos los científicos murieran a los sesenta años, ya que después es seguro que rechazarían toda nueva doctrina".

Ello significa que para que un nuevo paradigma, en terminología kuhniana, llegue a imponerse plenamente, se tienen que morir de viejos los defensores del antiguo paradigma. Pero no siempre es así, creo.

Su resumen del asunto de la prioridad con Wallace es muy sincero, admitiendo que el ensayo de aquél contenía "una teoría exactamente igual a la mía".

Dos consejos muy buenos:
(1) "Durante mucho años he seguido también una regla de oro, a saber, que siempre que me topaba con un dato publicado, una nueva observación o idea que fuera opuesta a mis resultados generales, la anotaba sin falta y enseguida, pues me había dado cuenta por experiencia de que tales datos e ideas eran más propensos a escapárseme rápidamente de la memoria que los favorables".
(2) "Es beneficioso demorar la publicación de un libro pues "tras un largo intervalo, una persona puede criticar su propia obra casi tan bien como si fuera de otro".

Sobre su manera de escribir, dice:
"Parece que hay una especie de fatalidad en mi mente, que me induce a empezar expresando de forma equivocada o torpe mis afirmaciones o proposiciones. En otro tiempo solía pensar las frases antes de escribirlas, pero desde hace varios años he descubierto que ahorro tiempo garabateando páginas enteras con la mayor rapidez posible y con malísima letra, abreviando la mitad