Cuaderno de
TAHUANTINSUYU
Capitales mundiales en el Cuzco
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7 de junio de 2005
Tahuantinsuyu, las cuatro regiones
reunidas.
tahua: cuatro
ntin: sufijo plural con una idea de unión entre sí.
suyu: parcialidad, en sentido amplio de región".
María Rostworowski de Díaz Canseco
"No sabemos si la palabra Tahuantinsuyu,
las cuatro regiones reunidas entre sí, que contiene una idea de integración,
fue usada y conocida antes de la conquista española, porque aparece
a partir del final del siglo XVI"
María Rostworowski de Díaz Canseco
Llegué a Cuzco, también llamado Cusco, también llamado Qosco, también llamado Qosqo, el 13 de diciembre de 1997, invitado por mi amiga Karina.
Cuzco fue la capital de la antigua civilización inca, que, como es sabido, fue destruida también por los españoles.
Allí pasé al menos dos semanas y, como suelo hacer siempre que viajo, anoté unas cuantas cosas en un cuaderno e hice algunos dibujitos. Pondré aquí algunas de las cosas de ese cuaderno, las que me parezcan más interesantes. El cuaderno, al que pronto haré una página propia está dedicado a Karina, por supuesto, que ahora está allí, en Tahuantinsuyu.
Capitales mundiales en el Cusco
[Cuaderno de Tahuantinsuyu]
El Cuzco, que se considera a sí misma "Capital arqueológica del Continente Americano" (tal vez con bastante razón), alberga no sólo la Capilla Sixtina de América, en Aldahuyllas, sino, probablemente, más capitales mundiales por kilómetro cuadrado que cualquier otro lugar.
Oropesa es la "capital mundial del pan" y así lo anuncia en los carteles, aunque en dura competencia con Urcos. Saylla es la capital mundial del chicharrón; Lanchara la capital mundial del durazno (melocotón) y Olla presume de ser la capital mundial de la danza.
Hay muchas más capitales mundiales en el Cuzco, pero sin duda la más llamativa es un pequeño pueblo cerca de San Jerónimo que se enorgullecer de ser "la capital mundial de productos nutritivos para animales".

Un fragmento
de los impresionantes frescos de la Capilla
Sixtina de América, en Aldehuelas: "Ay que ardiendo
quedo, ay que ya no puedo".
Curiosamente, días después de escribir lo anterior, encontré este párrafo en un libro de Marca Auge sobre los no-lugares:
En Francia, todo conglomerado urbano aspira a ser el centro de un espacio significativo y de por lo menos una actividad específica. Si Clon era la capital de la gastronomía, Hieras puede llamarse "capital de la cuchillería", Digo"capital de la cerámica" y Jamé "cuna del pollo de granja". Estos gloriosos títulos figuran hoy a la entrada de las ciudades".
Tras visitar la Capilla Sixtina de América, la catedral de Aldahuyllas (de la que hablaré en otro momento), Karina y yo fuimos a ver otra iglesia con murales en Huaro. Al llegar vimos al encargado hablando con un extranjero. Al salir de la iglesia le ofrecimos llevarle a Canincunca en nuestro coche (conducía Karina), pues él también quería ir allí. Se llamaba Otto y era alemán de Westfalia.
En Canincunca visitamos la Iglesia y luego el cementerio. Los tres éramos muy aficionados a los cementerios y a la muerte, pero Ottó, además, estaba haciendo una tesis acerca de la muerte en la Colonia. Al parecer también en Cuzco, nos dijo Otto, había otra necrófila que investigaba algo relacionado con los cementerios. Otto realizaba sus investigaciones fundamentalmente en el archivo de Cuzco, donde ante sus pedidos de libros le decían. "Vuelva otto día".
De regreso a Cuzco, paramos en Oropesa, en una chicharronería junto a una estación de tren abandonada, cuando el sol ya se estaba ocultando en un bellísimo aterdecer.
Comimos chicharrones (cerdo asado, pero no las típicas cortezas), bebimos unas cervezas Cuzqueñas y pasamos una tarde divertidísima jugando al sapo.

El sapo de Oropesa
¿Quién gano?

Aquí se ve al campeón, Otto, al fondo
Es duro para personas tan competitivas (pero sólo en el juego) como Karina y yo, pero ganó Otto: tres de cuatro partidas.

Atardecer en Oropesa