
Inteligencia intuitiva y Malcom Gladwell
Los siguientes apartados se refieren al libro de Gladwell Inteligencia Intuitiva (Blink). Al final de cada apartado se remite al lugar en el que publiqué originalmente el texto. Sin embargo, los textos, tal como aparecen aquí pueden haber sufrido modificaciones respecto a los originales.
Inteligencia intuitiva, de Malcom Gladwell
Este es uno de esos ensayos cuya lectura te convence completamente en favor de una tesis. Sólo tiene un pequeño defecto: la tesis que demuestra es la contraria a la que el autor pretende defender. Tras la lectura, a uno le queda perfectamente claro que nunca hay que fiarse de la inteligencia intuitiva.
Lo curioso del asunto es que el propio autor parece darse cuenta de esta fatal trampa a la que le van conduciendo sus razonamientos. Sospecho que a lo largo de su investigación se dio cuenta de que se estaba cambiando de bando, pero también sospecho que sus editores le dijeron algo así como:
"Querido Malcom, si pretendemos vender muchos libros [y es evidente que alguno de sus editores o el mismo pretendió en algún momento tal cosa], no podemos sacar un libro que se llame: "Inteligencia reflexiva". A nadie le interesa un libro que le diga que para pensar bien hay que pensar con calma. Lo que la gente desea es que le digan que lo primero que se le ocurre es la verdad."
El objetivo, al parecer, se consiguió, y el libro se convirtió en un bestseller. Tan sólo de tanto en tanto, podemos escuchar al pobre Malcom diciendo lo que de verdad la investigación le ha revelado: "Mi intención es enseñar a controlar los juicios rápidos y a sacar beneficio de ellos", dice, pero después siempre disuelve estas recomendaciones en loas a la intuición.
Después de las anteriores consideraciones, se pensará que no me ha gustado el libro y que tampoco creo en la inteligencia intuitiva. Impresión errónea en ambos casos.
El libro me ha parecido interesantísimo. Gladwell es periodista del New Yorker, quizá la más prestigiosa revista literaria de EEUU, pero su libro no tiene eso que Charlie Kauffman describe en Adaptation como "la garra desmedida del New Yorker".
De nuevo sospecho que los editores de Inteligencia Intuitiva le cortaron las garras para que resultase apto para un público masivo. Gladwell tampoco parece un buen investigador, pero sí un buen periodista. Sigue el lema de Mark Twain, que tanto le gusta a mi padre: "Ve, mira y escucha, y cuéntalo".
Gladwell va a muchos lugares, observa y escucha a muchas personas y después lo cuenta. Y lo cuenta muy bien. Pero nada más. No tiene el empuje de un buen ensayista o de un investigador, capaz de sacar consecuencias de lo que está contando. A menudo plantea una cuestión interesante pero la deja morir sin desarrollarla un poco más.
Da la impresión de que Gladwell tenía dos o tres temas relacionados con la inteligencia intuitiva, y que se le ocurrió la posibilidad de unirlos en un libro. Pero seguramente no era suficiente y hubo que añadir algunas cosas más, ya no tan bien hiladas, porque un bestseller de ensayo no puede tener menos de 200 páginas.
Eso hace que la investigación, que al principio se desarrolla de manera interesante, acabe un poco deslavazada, con algunos capítulos poco justificados, como el que dedica a un músico que tiene éxito entre los expertos a la primera impresión, pero no entre el público. Uno se pregunta si ese músico no será un amigo suyo y su inclusión una labor de promoción encubierta.
De todos modos, ya digo que como periodista Gladwell es magnífico, que sabe contar lo que ve, pero como ensayista deja mucho que desear. Sus crónicas son muy adecuadas, una a una, para el New Yorker, pero no para un libro que pretende defender una tesis de manera convincente (y que, como ya he dicho, acaba probando la contraria).
La mejor manera de leer el libro de Gladwell es olvidarse de sus propósitos explícitos y disfrutar de sus crónicas como si estuviéramos leyendo números atrasados del New Yorker. Y después, si uno quiere (y yo quiero) proponer hipótesis y elaborar teorías acerca de lo leído. Como toda esta teoría que acabo de desarrollar acerca de Gladwell y sus intenciones, que quizá es completamente errónea. Tal vez él no pretenda en ningún momento lo que yo le atribuyo.

Una historieta acerca de una conferencia que dio Gladwell. Gladwell escribió antes de Inteligencia Intuitiva otro bestseller de ensayo The tipping Point, acerca de Cómo las pequeñas cosas pueden marcar una gran diferencia. Puedes escuchar una conferencia suya muy interesante con este enlace: IT Conversations. En esa conversación y en las críticas de The Tipping Point, descubro varias de las ideas que Gladwell desarrolla en Inteligencia intuitiva. Eso me hace por un lado confrmar mis hipótesis y por otro refutarlas.
[Imagen tomada de Alphachimp, donde puedes encontrar muchas más estupendas historietas ]
Quedaba en el aire la cuestión de si creo que existe la inteligencia intuitiva, lo que en el título original se describe con más precisión: Blink, the power of thinking without thinking (Parpadeo, el poder de pensar sin pensar).
La respuesta es que sí creo que existe la inteligencia intuitiva, pero pienso que es una cosa muy distinta de lo que se suele considerar, por ejemplo cuando se dice aquello de "intuición femenina" (que no es sino una tradición machista de decir que las mujeres no son capaces de reflexionar).
El de la inteligencia intuitiva es uno de los temas que más me interesan desde hace mucho tiempo, y creo haber llegado a un control bastante bueno de mi propia inteligencia intuitiva, pensamiento no consciente o como se quiera llamar.
Sigo en esto las opiniones que expresara el gran matemático Henri Poincaré a principios del siglo XX, quien consideraba que nuestro cerebro no sólo se limita a ordenar en segundo plano (en el plano no consciente), sino que también es capaz de crear. Actualmente sus ideas se están recuperando y hay buenas razones para pensar que son correctas.
A mí me gusta decir de tanto en tanto algo que ya no estoy seguro de si se me ocurrió a mí o a John Searle: "El cerebro puede trabajar por su cuenta sin nuestra ayuda consciente, del mismo modo que nuestro estómago no necesita que le ayudemos a hacer la digestión".
Publicado en Escrito en el agua (2006) en la entrada Inteligencia intuitiva
El puño (analógico) del código morse
Malcom Gladwell cuenta en Inteligencia intuitiva una historia interesantísima acerca del código morse y sus cualidades analógicas.
El código morse es uno de los mejores ejemplos de un lenguaje digital con dos valores, rayas y puntos (se podría quizá añadir un tercer valor: la pausa entre palabras).
Sin embargo, aunque para quienes trasmiten y reciben mensajes en morse sólo importan las rayas y los puntos, en algunas ocasiones existe información analógica de gran importancia en un mensaje, es lo que se llama "el puño morse".
El puño morse permite distinguir a las personas que trasmiten en morse. Es el estilo de cada emisor, su voz como dice Gladwell.
Durante la Segunda Guerra Mundial, en Gran Bretaña se creó una división de personas llamadas interceptores, cuya misión era interceptar los mensajes que trasmitía el ejército alemán. Aunque los alemanes trasmitían en un doble código (el morse y otro secreto) y los ingleses tardaron en descifrar el segundo código, había mucha información, según cuenta el historiador Nigel West (seudónimo de un político llamado Rupert Allason):
"Invariablemente, aparte del texto cifrado, había preámbulos e intercambios ilícitos: "¿Qué tal estás hoy?, ¿Cómo está tu novia? ¿Qué tiempo hace en Munich? Así que vas rellenando fichas con esa información..."
Ahora bien, esto sigue siendo un mensaje digital en código morse, accesible a los británicos por la torpeza de quienes trasmitían los mensajes. Pero, incluso sin esos mensajes personales, había información relevante en la voz o el estilo de los operadores alemanes.
Resulta que los interceptores, generalmente mujeres, dice Gladwell, eran capaces de distinguir el estilo de los diferentes trasmisores alemanes y eso servía para obtener información acerca de los movimientos de tropas alemanas en las que estaba destinado cada operador.
"Los interceptores eran tan precisos al dtectar las características de los operadores de radiotrasmisión alemanes que podían literalmente seguirlos por toda Europa... Si un operador estaba con su Unidad trasmitiendo desde Florencia y tres semanas después lo localizabas en Linz, eso te permitía saber que la unidad se había desplazado desde el norte de Italia al frente oriental... Y en un momento de crisis, cuando alguien del Alto Mando te pregunta: "¿Puedes asegurar sin error posible que este cuerpo de la Luftwafe está cerca de Tobruck y no en Italia?", puedes responder: Sí, éste operador es Oscar, estamos completamente seguros".
Ese estilo o voz de los operadores no era buscado a propósito por ellos, sino que aparecía en todos sus mensajes, del mismo modo que en nuestra firma hay ciertos rasgos que permiten a un experto saber que es falsa o auténtica, incluso aunque a nosotros nos parezca, como me sucede a mí, que es distinta cada vez que la hago.
Gladwell establece un paralelo entre el puño de morse y las investigaciones de Gottman, quien hace entrevistas a parejas y detecta, más allá de los mensajes aparentes que se envían unos a otros, otra información subterránea que le permite saber si esa pareja va a entrar en crisis en un futuro más o menos cercano.
Pero ese es otro asunto, que trataré en otra ocasión.
Publicado en Ubicuo (2006) en la entrada Cuatro apuntes sobre el mundo digital
Prejuicios intuitivos
Un test muy interesante que mide los prejuicios hacia los negros, las mujeres o los homosexuales es el IAT, o TAI (Test de Asociación Implícita), que se puede hacer por Internet. Malcom Gladwell, el autor del libro Blink, inteligencia intuitiva, dice que descubrió sentir prejuicios hacia los negros, a pesar de poder ser considerado él mismo de raza negra.
Este párrafo pertenece a una entrada publicada en Jardín eléctrico: Defensa de lo políticamente correcto
Ensayo pulp y el juicio intuitivo
...Eso que llaman en Estados Unidos "ensayo pulp", libros en los que se tratan temas interesantes pero se pasa sobre ellos como Dios sobre la superficie de las aguas, a cierta distancia, sin llegar a desarrollar las posibilidades reales del asunto.
Hace un tiempo mostraba mis dudas acerca de un libro muy interesante de Malcom Gladwell que incurría en este pecado divino, pero hace unos días descubrí en una página web que Gladwell es uno de los más conocidos practicantes del ensayo pulp. Eso me aclaró por qué Gladwell se detenía casi siempre cuando el asunto se ponía más interesante y me hizo darme cuenta de que lo que yo llamo mis ensayos ligeros (como el Elogio de la infidelidad) no están muy lejos del ensayo pulp.La ventaja del ensayo pulp es que te permite desarrollar asuntos interesantes sin enfrascarte tanto en ellos que no hagas otra cosa; o, lo que es peor, sin posponerlos para cuando tengas más tiempo, como he hecho yo últimamente.
Otra ventaja es que son estimulantes porque, al dejar las cosas a medias y mezclar asuntos muy diversos, le permiten al lector pensar por sí mismo, por lo menos al lector que no se conforma con las generalidades o leyes apresuradas que se suelen extraer en tales ensayos.
En cierto modo hay que leerlos al revés, a menudo obteniendo conclusiones contrarias a las que propone el autor, al menos eso es lo que me sucedió a mí con el libro de Gladwell a favor de la inteligencia intuitiva: me di cuenta de lo importante que era no dejarse llevar por el juicio intuitivo.
Estos párrafos pertenecen a una entrada dedicada al ensayo pulp (Un poco de ensayo pulp) publicada en El arte malabar
El método de Kepler
Leer el libro Inteligencia Intuitiva de Malcom Gladwell me sirvió para renovar mi admiración hacia el método de Képler, que consiste en que cuando inicias una investigación debes dejarte llevar por cualquier idea que se te pase por la cabeza o aceptar cualquier teoría insensata o caprichosa (como se hace en los modernos brainstormings o tormentas de ideas), pero que luego debes someter los resultados al juicio del razonamiento lógico y preciso, y al del experimento o la observación.
Este es el primer párrafo de una entrada dedicada a Képler (El método de Kepler) publicada en El arte malabar
Intuición y discriminación
Me gusta mucho esto que dice Paul Roazen en su fascinante libro Freud y sus discípulos:
"Jean Paul Sartre ha observado que el judío en particular ha aprendido a desconfiar de la intuición y de la empatía, por considerarlas formas de magia que no se prestan a la discusión racional, con lo que legitiman la discriminación entre los hombres. Por el contrario, la inteligencia es una facultad universal, a disposición, en grados variables, de todos"
Esta observación tan interesante de Roazen/Freud muestra de manera clara lo importante que es distinguir entre la intuición como, digamos, método creativo y la intuición como método demostrativo o de validación de un conocimiento.
La intuición es una manera estupenda de poner ideas y sensaciones ante nosotros. Otros métodos son hojear libros, ver películas, escuchar a los demás, asistir a conferencias, leer periódicos, revistas y páginas web, escuchar la radio, etcétera. Incluso se podría decir que la intuición es algo parecido a sintonizar un programa de radio que se emite desde nuestro interior, escucharnos a nosotros mismos.
El problema es que no podemos aceptar sin más lo que dicen los diversos comentaristas de los programas de radio, y lo mismo ocurre con esos mensajes que nos llegan desde nuestro interior: pueden ser un buen estímulo, pero también son una buena suma de prejuicios.
Porque la intuición consiste fundamentalmente en usar los prejuicios.
Funciona porque a veces los prejuicios funcionan. Porque a veces los prejuicios se basan en observaciones previas y son, en cierto sentido, posjuicios.
Si estamos en un semáforo y vemos que nos corresponde en tanto que peatones cruzar la calle, lo lógico es que lo hagamos, aunque veamos que se acercan coches. Ahora bien, si uno de esos coches va a una velocidad desmesurada, nuestra intuición nos puede decir que es mejor no cruzar la calle.
¿Cómo ha llegado la intuición a esa conclusión que tal vez nos ha salvado la vida? Seguramente porque ha comparado la velocidad del coche, con la de otros que hemos presenciado en ocasiones anteriores, pero, además, porque asociamos una gran velocidad con el peligro, del mismo modo que el fuego con la sensación de quemarse. Ahora bien, tal vez nos equivocamos y el coche tiene unos frenos ABS impresionantes que le permiten detenerse antes de llegar al semáforo.
Hay ocasiones en las que la intuición, es decir, los prejuicios, nos salvan la vida, pero hay otras en las que nos la complican y empobrecen.
Eso sucede cuando juzgamos a alguien por su aspecto físico, cuando aplicamos la sensación que nos causa alguien que nos parece feo o desagradable a sus cualidades como persona o a su moralidad.
Igual de intuitivo triste y mediocre es juzgar a las personas por su profesión, por su edad, por su demarcación política general (derecha/izquierda), por el lugar en el que han nacido y, por supuesto, por su sexo, sus gustos sexuales, el color de su piel o su supuesta raza o etnia.
En todos estos casos funcionan la intuición y los prejuicios a toda marcha. El propio Malcom Gladwell en su defensa de la intuición que hace en Inteligencia intuitiva, da a menudo buenos argumentos en contra de ella, como cuando dice que en un test que sirve para medir los prejuicios raciales, su resultado fue que tenía prejuicios contra los negros. Lo curioso del asunto es que el propio Gladwell, según explica él mismo, puede ser considerado, según los cánones oficiales (y tan intuitivos como prejuiciosos) negro.
Lo mismo, volviendo a lo que Sartre decía del pensamiento judío, puede aplicarse a la empatía. Estoy convencido de que la empatía es uno de los rasgos psicológicos más imprescindibles para una personalidad rica y sana. Pero es obvio que la empatía muy a menudo es dominada precisamente por la intuición y los prejuicios: sentimos empatía por los que son como nosotros o como a nosotros nos gusta que sea la gente, y no la sentimos hacia los extraños, distintos, raros, desagradables, etcétera.
Afortunadamente, también creo que la empatía y la intuición pueden ser educadas (salvo casos clínicos como el que cuenta Antonio Damasio en su delicioso El error de Descartes), robándole influencias sobre ambas cosas al puro instinto animal, que es, probablemente, la fuente original de intuición y prejuicios. Sin embargo, como es obvio, todo lo que puede ser modificado por la educación puede serlo para bien y apra mal, desarrollando prejuicios intuitivos y empatías supuestamente espontáneas. Los judíos, como señala Sartre/Roazen han sido a lo largo de la historia tal vez las principales víctimas de los prejuicios intuitivos (y todavía lo son, especialmente en España) y de la empatía (la falta de empatía). De ahí su desconfianza ante tales cosas.
Pero este asunto da para mucho y me he prometido escribir breve, al menos de vez en cuando, porque quiero facilitar la vida a mis lectores y arreglar un poco la navegación de mi página.
No creo necesario aclarar que no creo que exista un pensamiento judío por naturaleza. Tanto Roazen como Sartre, como yo, nos estamos refiriendo a la tradición del pensamiento judío, que tiene, es cierto, unos rasgos definidos, aunque variables y múltiples, que lo hacen muy interesante, por ejemplo en lo que se ha dado en llamar, con bastante acierto, humor judío, desde Groucho Marx, Jerry Lewis y Woody Allen a Franz Kafka (!¡) y Saul Bellow.
En blogs anteriores he escrito bastante acerca de la intuición, con motivo del libro de Malcom Gladwell Inteligencia intuitiva (Blink, the power of thinking without thinking), y todavía tengo algunos comentarios pendientes, pues ni siquiera he llegado a explicar por qué me parece que el libro de Gladwell, en vez de demostrar, como es su intención, el poder de la inteligencia intuitiva logra justo lo contrario, al menos para un lector que sepa leer entre líneas (es decir, que no se deje llevar por la intuición). Ahora he agrupado todo lo referido a Gladwell en una nueva página que estreno hoy: Cuadernos de filosofía. Poco a poco la iré llenando y organizando.
Edgar Allan Poe y la intuición
Frente a aristotélicos y baconianos, Poe defiende el valor de la intuición como método para el descubrimiento científico: la verdadera ciencia realiza sus más importantes avances por saltos aparentemente intuitivos. Admite, no obstante, que la intuición no es sino la convicción que surge de “esas inducciones o deducciones cuyos procesos son tan oscuros que escapan a nuestra ciencia, eluden nuestra razón o desafían nuestra capacidad de expresión”.
Ahora bien, la prueba de una proposición intuitiva se encuentra en la perfecta consistencia de la teoría resultante: “Una perfecta consistencia no puede ser sino una verdad absoluta”.
Este fragmento pertenece a un artículo acerca del ensayo Eureka de Poe (El cosmólogo Edgar Allan Poe), publicado en el número 1 de mi revista Esklepsis.
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