El corredor ciego

Página de cine
Baff 2004
Del 30 de abril al 8 de mayo se celebró en Barcelona la sexta edición del Baff, Barcelona Asian Film Festival, dedicado al cine asiático.
Películas japonesas, coreanas, tailandesas, malayas, indias, chinas y taiwanesas, entre otras. No sé si otros años se han proyectado películas de la parte occidental de Asia (Irán, Irak, Siria, ¿Turquía?, Arabia Saudí, etcétera), pero lo cierto es que todas las películas eran, creo, de eso que intuitivamente imaginamos cuando pensamos en Asia: lo que empieza a partir de Pakistán o la India más o menos.
Cada año, el Baff elige un país como invitado especial. En esta ocasión era Taiwan. El cine chino tiene al menos tres ocasiones de resultar invitado: como China, como Taiwan y como Hong Kong
He visto más de 20 películas y me han gustado prácticamente todas. No sé si mi criterio coincidiría con el del jurado o el del público asistente porque, casualmente, las dos películas elegidas por el jurado y por el público no las he visto: Shara (premio del jurado) y Primavera, verano, otoño, invierno y primavera (premio del público).
En cuanto a la crítica, sólo he leído algunas publicadas por José Antonio Melero en supernovapop, y no coincido ni en la que más le gusta (Goodbye Dragon Inn) ni en la que menos le gusta (Kakuto), sino más bien al contrario. Así que iré diciendo lo que he visto en el Baff, pero sin ninguna pretensión de sentar cátedra o dictaminar.
Como le decía hace poco a mi amiga Rosi, me parece que entre los aficionados al cine hay un deseo exagerado de dar indiscutibles veredictos (absolutorios o condenatorios), de ofrecer balances completos de una película, de decidir, en fin, si es buena o mala de una manera incontestable.
Como suele suceder en las llamadas ciencias blandas (las que no tienen capacidad predictiva, no hacen experimentos o las no son deductivas: economía, lingüística, historia, sociología, crítica), la falta de criterios objetivos de evaluación hace que enseguida se caiga en dogmas de opinión.
Al igual que muchos terapeutas (especialmente los psicoanalistas), algunos expertos en cine no sólo dicen cuál es su opinión, sino que insinúan que su opinión es "La opinión", y que quien piense lo contrario casi no es digno de tener opinión.
Por ello, en el trato con expertos en cine, uno acaba por preferir no opinar, simplemente para no sentirse como un delincuente intelectual, o como un idiota integral.
Así que no voy a hacer crítica de cine, sino tan sólo contar algunas de las cosas que he visto en el Baff, que me han interesado o que me han gustado o disgustado, sin pretender que los demás deban coincidir con mis gustos..
Anime classics 1 (1924-1928)
El Baff 2004 dedicó varias sesiones a los clásicos del anime.
Anime es la palabra japonesa para referirse a los dibujos animados.
Anime no es una palabra japonesa, ni siquiera anglosajona (animation/anime) sino francesa: dessin animé (dibujo animado).
En el ciclo Anime Classics, dividido en seis sesiones, se proyectaron algunos de los primeros dibujos animados japoneses que se conservan. Se trataba de una ocasión única, porque muchos de estos animes ni siquiera se han podido ver en Japón en las últimas décadas.
Historia del anime
Aunque los primeros animes que se conservan son de 1924, se sabe que ya existían en 1917.
Se considera que el primer anime fue creado por Oten Shimokawa, quien dibujó la aventura Mukuzo Imokawa el portero, pintando directamente con tinta negra sobre el celuloide. No se conserva ninguna de sus obras.
En los siguientes meses de 1917, Imokawa hizo más cortometrajes, todos de cinco minutos de duración.
Al mismo tiempo, Seitaro Kitayama hizo las primeras adaptaciones animadas de cuentos tradicionales japoneses, como el protagonizado por Momotaro, del que hablaré más adelante.
Cuando se proyectaban estas películas, eran comentadas por un narrador o benshi.
En 1924 varios animadores crearon estudios de animación caseros y Sanae Yamamoto creó el célebre anime Obasuteyama (La montaña en la que las ancianas son abandonadas) que es el más viejo anime conservado.
No se proyectó esa obra en el Baff. pero sí varias de ese mismo año, como (La liebre y la tortuga) que es el célebre cuento de la carrera entre la liebre y la tortuga.
En estas piezas cortas (la más larga dura 16 minutos) se puede ver cómo evoluciona la técnica y como las primeras obras, de movimientos un poco torpes, se van refinando, y cómo se logra poco a poco una animación más continua.
Se puede observar fácilmente que muchas de estas obras consistían en un fondo o paisaje fijo sobre el que se desplazaban muñecos hechos de piezas sueltas (cabeza, pies, brazos y piernas). Lo que se hacía era mover las piezas y grabar las distintas posiciones. Naturalmente se hacían varias caras y cuerpos diferentes para cada personaje: mirando a un lado, al otro, escorzos diversos, de frente y de espaldas, que luego se podían combinar.
Creo que de todas las piezas, la que más me gustó fue Bunbukuchagama, (La tetera Bunbuku), que trata de un campesino que salva a una especie de ardilla de una trampa, pero luego la ardilla se mete dentro de una tetera y hace todo tipo de diabluras.
En La aventura de Shou (Souchan no boken) se ven camellos y parece claro que este animal era o es tan exótico en Europa o Estados Unidos como en Japón.
Songoku y Momotaro
En estos primeros animes aparecen dos personajes que se repetirán una y otra vez en la historia del anime y del manga: Songoku y Momotaro.
Songoku, hoy muy conocido por ser el protagonista de Bola de dragón, es un personaje cuyo origen se remonta hasta una de las más famosas aventuras chinas: El viaje al Oeste del Rey Mono, escrita probablemente por el sacerdote budista Wu Cheng en el siglo XVI y que ha publicado la editorial Siruela en versión íntegra (miles de páginas).
Momotaro, el protagonista de Nihonichi no momotaroo (Momotaro es el mejor) y de otras historias, y que volverá a aparecer en estas sesiones de anime classics, es un héroe japonés equivalente a Juan Sinmiedo o Juan Matagigantes.
En el cuento tradicional japonés se cuenta que una pareja de ancianos no podía tener hijos y que un día encontraron un melocotón muy grande. Dentro del melocotón había un niño, al que llamaron Momotaro, porque momo significa melocotón y taro "niño". Pero Momotaro es, al parecer, casi una denominación para el tipo de héroe ideal y por eso muchos animes lo tienen como protagonista, aunque ya no tengan nada que ver con el cuento original.
ANIME CLASSICS 1
Rabbit and Tortoise (Usagi to kame) 1924.
Tosanae Yamamoto, 16mm, 7 min., mudo.
Shou’s Adventure (Shouchan no boken) 1924/25 o 1926. Director desconocido.
16mm, 8 min., mudo.
Easygoing Guy Yamazaki Kaido (Nonki na tosan yamazaki kaido) 1924/25 o 27.
Hakuzan Kimura , 35mm, 3 min., mudo
The Story of Songoku (Songoku monogatari) 1926. Noburou Oofuji, 35mm, 8 min.,
mudo
Ship of Oranges (Mikanbune). 1927.Noburou Oofuji, 16mm, 8 min., mudo
Momotaro is the Greatest (Nihonichi no momotaro).1928. Tosanae Yamamoto, 35mm,
14 min., mudo
The Bunbuku Teapot (Bunbukuchagama). 1928 o 1931. Yasuji Murata, 16mm, 16 min.,
mudo
The Story of Shiobara Tasuke (Shiobaratasuke) 1925. Hakuzan Kimura, 35mm, 10
min. Sonorizado en 1941.
Dreamy Urashima – Easygoing Guy Goes to Paradise (Yume no urashima –
nonki na tosan ryugumairi). 1925.
Hakuzan Kimura, 35mm, 8 Min., sonorizado en 1942.
** Sobre el rey mono, origen del héroe japonés Songoku, he publicado la entrada:
Viaje al Oeste, las aventuras del rey mono
** Utilicé en mi weblog Mundo flotante una ilustración del pescador Urashima, que puedes ver en
Mundo flotante
** También he hablado de la relación entre la leyenda de Urashima y la teoría de la relatividad de Einstein:
La teoría de la relatividad de Urashima
** He publicado en una colección de audio-libros una adaptación del cuento japonés, que también puedes leer con este enlace:
La leyenda de Urashima
Anime classics 2
Otros 11 cortometrajes de animación. Con un dibujo mucho más cuidado que en la sesión anterior y una animación muy mejorada.
Varios parecen basarse en cuentos tradicionales japoneses o extranjeros, como el segundo (El abuelo que hacía florecer las flores), en el que una pareja de ancianos encuentra un tesoro gracias a su perro. Al verlo, un vecino envidioso les roba el perro porque también él quiere encontrar un tesoro, pero el perro no encuentra nada bueno y el vecino acaba matándolo.
Después, el anciano compite con el vecino ante el emperador haciendo magias diversas. El viejecillo consigue que florezcan almendros lanzando algo así como copos de nieve, mientras que el vecino sólo consigue llenarlo todo de ceniza.
Esta parte era epecialmente hermosa, con la ceniza del vecino cubriéndolo todo. Creo que la ceniza se conseguía con algún método de rascado de tinta seca: por ejemplo, rascando un cepillo de dientes lleno de tinta y lanzándola sobre el lienzo o el fotograma.
Otro cuento, Kobu Tori, también me resulta familiar, tal vez lo he leído en alguna antología de cuentos japoneses o chinos, o quizá sea de origen occidental.
El protagonista de esta historia tiene una especie de malformación congénita, un carrillo hinchado y colgante. Una noche encuentra a los genios o demonios del bosque; baila para ellos, les complace y divierte con todas sus guasas, por lo que, en agradecimiento, los demonios estiran y estiran de su carrillo hasta que le arrancan la malformación.
Como en el caso del viejecillo y su vecino, la estructura es la misma: ahora será un amigo el que querrá buscar a los genios para que le quiten su carrillo hinchado (quizá sean parientes o vivan en un pueblo muy endogámico).
El amigo encuentra a los genios, pero baila fatal, causa todo tipo de desastres e incluso intenta robar la poción mágica, así que los genios le castigan y no sólo le dejan su carrillo hinchado, sino que le añaden el que le quitaron al primer personaje, lanzándoselo como una pelota que se le queda pegada en la cara.
Me pareció muy divertido el anime de las Olimpiadas animales (Doubutsu olympic taikai), en el que los animales compiten en diversas pruebas. Por ejemplo, un cerdo contra un mono.
En esta y en otras historias de estos animes se ven bastantes coincidencias con Occidente en los estereotipos animales: los monos son simpatícos, atrevidos, casi siempre amigos del héroe, traviesos y a veces sinvergüenzas; los perros son fieles, los cerdos tontos o malos, como en el anime de un viaje en tren, donde un millonario maleducado es un cerdo.
Por otra parte, La aventura aérea de Momotaro (Sora no momotaro), debe esconder cierto simbolismo bélico.
Los héroes se tienen que enfrentar a un águila maligna que tiene toda la pinta de representar al águila estadounidense. Las focas isleñas atacadas parecen representar las islas del Pacífico, océano por cuyo control competían Estados Unidos, China y Japón. La ballena, que parece medio aliada con los héroes, ha de ser sin duda China.
Hay que tener en cuenta que en esa época Japón había logrado ocupar un puesto entre las grandes potencias mundiales, sorprendiendo al mundo entero con su victoria aplastante en la guerra ruso-japonesa de 1905. Se empezó entonces a hablar del peligro japonés (un peligro amarillo, como después lo sería el chino).
En este anime se descubre que también los japoneses hablaban del peligro (no sé si lo llamarían blanco, rosa o gaijin (extranjero), representado por los estadounidenses: águilas rapaces que se querían apoderar de las islas del Pacífico y de los países del sudeste asiático.
Curiosamente, hace unos días leí un famoso artículo escrito por William James hacia 1910: El equivalente moral de la guerra, en el que se menciona un libro de un general norteamericano que imagina un enfrentamiento entre Japón y Estados Unidos:
"El general Lea hace una detallada comparación de la fuerza militar que tenemos actualmente opuesta a la fuerza de Japón, y concluye que las Islas, Alaska, Oregón y el sur de California caerían sin apenas resistencia, que San Francisco habría de rendirse en quince días ante un cerco japonés, y que en tres o cuatro meses la guerra terminaría, y nuestra República, incapaz de recuperar lo que con descuido no protegió, se desintegraría entonces, hasta que algún César se planteara volver a unirnos como nación."
Este planteamiento es algo que ahora nos parece un argumento de ciencia ficción poco creíble (de ciencia ficción retrospectiva o ucronía), pero entonces era una posibilidad real y pareció a punto de hacerse realidad cuando Japón se hizo en 1937 con el control de gran parte de China y hundió la mitad de la flota estadounidense en Pearl Harbor.
En algunas de estos cortometrajes, al mismo tiempo que se proyectaba la película se ponía un disco, haciéndolo coincidir con la acción. La letra de la canción aparece impresa junto a las imágenes. Hay que suponer que todo el cine debía cantar al unísono, siguiendo la canción impresa. Incluso, en uno de los animes, una bolita va señalando los caracteres en el momento adecuado, para ayudar a los cantantes, como en los karaokes modernos.
Así que, al parecer, el karaoke no es un invento tan moderno (se dice que se inventó en los años 70 en Köbe por un tal Daisuke Inoe) y que los japoneses ya eran aficionados a él en los años 20 o 30. Supongo que también en Estados Unidos y Europa existirían por la época cosas similares. No lo sé. Intentaré averiguarlo, aunque el karaoke siempre se ha considerado, al menos en España, un invento típicamente japonés.
Imagen de uno de los animes sonoros
Por cierto ahora hay un nuevo entretenimiento que es como el karoke pero interpretando toda una película. Los participantes interpretan toda la película, con movimientos, diálogos y efectos sonoros incluidos. A veces son dos o más personas a la vez. Supongo que pronto llegará a España.
También se ven en estos animes temas cómicos universales, como la cáscara de plátano en la que se resbala un personaje.
Aunque en muchas de las historias los personajes, hombre o animales, visten al estilo occidental, no recuerdo ninguna que trascurra en algo parecido a Europa o Estados Unidos.
Sin embargo, como ya dije en lo referido a Anime Classics 1, también para los japoneses, como para nosotros y los americanos, África es el lugar de la fantasía y la aventura. También aquí los negros que habitan áfrica son presentados como salvajes e ingénuos. Sorprende que no haya, sin embargo, referencias a la India, que es la tierra del misterio y la magia también para los japoneses (e incluso para los chinos).
ANIME CLASSICS 2
Hanasakajijii
The Grandfather Who Makes the Flowers Bloom 1928, Yasuji Murata, 16mm, 7 min., mudo.
Doubutsu olympic taikai
Animal Olympics. 1928. Yasuji Murata, 16mm, 8 min., mudo.
Removing the Lump (Kobu tori). 1929. Yasuji Murata, 16mm, 10 min., mudo.
Taro’s Steamtrain (Taro-san no kisha). 1929. Yasuji Murata, 16mm, 8 min., mudo.
Aerial Momotaro (Sora no momotaro). 1931. Yasuji Murata, 16mm, 10 min., mudo.
Taro’s Adventurous Photo Shoot (Taro-san no boken satsuei). 1929. Tosanae Yamamoto, Takamasa AIHARA, 35mm, 8min. VO.
Black Cat (Kuro nyago). 1929. Noburou Oofuji, 16mm, 2 min. VO.
Village Festival (Muramatsuri). 1930. Noburou Oofuj, 35mm, 3 min. VO.
The Monkey Masamune (Saru masamune). 1930. Yasuji Murata, 35mm, 8 min. VO.
Song of Spring (Haru no uta). 1931. Noburou Oofuji, 16mm, 3 min. VO.
Ameya the Possum (Ameyadanuki). 1931. Director desconocido. 35mm, 6 min. VO.
KAKUTO, de
Iseya
Yusuke

Suele
ser inevitable que si una película la dirige un
joven que, además de actor, modelo
y muy guapo, las críticas adopten desde el principio
un tono paternalista y se trate al recién llegado
como a un intruso. Si además la película
trata de jóvenes que se divierten por el día
y por la noche, que consumen drogas, que practican
sexo, etcétera, parece imposible
que los críticos no digan que el argumento es trivial o estúpido.

Para que se entienda a qué me refiero, reproduzco aquí la crítica de Jordi Picatoste:
"En un mundo en el que gran parte de la población se posiciona en contra de la globalización, hay un concepto que, se quiera o no, parece incontrolable en su expansión a escala mundial (y apostaría que interplanetaria también): la estupidez. Ya no hay motivo para irritarse porque innumerables producciones estadounidenses nos invadan con adolescentes descerebrados. Ya es tarde: la fiebre se ha expandido a otros países. El cine español ya ha producido, incluso, alguna nimiedad del estilo (Gente pez y alguna más cuyo título no recuerdo). Claro que Kakuto, al venir de una cultura como la japonesa es diferente. Pero una vez vista, el regusto que queda es el mismo: mixtura de géneros (comedia y thriller) en el que los protagonistas, jóvenes de vida desordenada y relacionados con actividades ilegales de la mafia nipona, se entregan a un frenesí nocturno en busca de la droga perdida. Todo con exasperantes toques modernillos (cámara nerviosa principalmente) para enganchar, me imagino, a cierta audiencia, aunque no sé a cuál ya que relacionar ese estilo con el público adolescente suena a tópico. Y cómo no, planos gamberros como ese precioso plano detalle de unas manos en cuenco, que no recogen agua bendita sino el vómito de uno de los protagonistas. Entre tanta tontería, y aquí radica la diferencia antes comentada, Yusuke Iseya quiere dotar la película de una importancia que, evidentemente, no tiene y en algún pasaje se recrea en lo que tendría que ser un doloroso retrato generacional. Y no es doloroso, sino insoportable, con diálogos de perogrullo mal insertados dentro de una película que no merece ni cinco minutos de atención".
Sin embargo, a nadie se le ocurre decir cuando, hace la crítica de un western de Howard Haws, de John Ford que la película trata de una pandilla de asesinos, que son a cada cual peor y más descerebrado, que sólo saben recurrir a la violencia para solucionar sus problemas, y que el metraje está lleno de efectistas tiroteos, duelos, diálogos machistas y simplones acerca del honor, y ambiciones que se resumen en tener 200 o 300 cabezas de ganado y matar al sherif.
Pero con un joven director, modelo de profesión, el veredicto está escrito de antemano.
No es la única crítica que he leído en este tono, que parece querer de mostrar lo imbéciles que son todos los demás: "estupidez a escala interplanetaria", dice, ya sin freno, el crítico en su afán por cargarse la película como sea.
Pero es lo que suele suceder. La reacción previsible.
Las críticas españolas son unánimes, otras en inglés elogian la película, aunque se pasan cuatro o cinco párrafos justificándose porque les haya gustado. Que es lo que parece que estoy haciendo yo ahora.
Me gustó muchísimo Kakuto. Junto a Last life in the Universe es la que me ha resultado más intensa de todo el Baff. Me interesaba la historia, me interesaban los personajes, me gustaba el humor, me parecían fantásticas las escenas de acción, me parecían justificados los movimientos de cámara en función de lo que se estaba contando. Y me parece que atrapa eso que su director pretende sin duda atrapar: la energía, la inseguridad, la atracción, el deseo, la prisa, el miedo, la velocidad, las ganas de probar cosas nuevas, la belleza, el riesgo y todas esas emociones básicas que se asocian a la juventud y que forman parte de las grandes obras de la literatura, el arte y el cine. Así que me he permitido, en el párrafo anterior, ser un poco rimbombante, pero es la mejor manera de describir esta película.
Kakuto quiere decir "El iluminado" o "El despierto" y sin duda tiene algo que ver con Buda, que quiere decir lo mismo. Pero el carácter kanji de kakuto parece tener un doble sentido, refiriéndose también a ciudad iluminada o ciudad que se despierta.
Kakuto es la primera película del director, Iseya Fuyuke, quien tuvo la ayuda de uno de los mejores directores del cine japonés actual, Hirokazu Kore-Eda (Maboroshi, After Life). [No sé si el prestigio de Kore Eda está justificado, porque no he visto ninguna de sus películas, creo.]
Makoto, Ryo, Naoishi
El protagonista de Kakuto es Ryo (Iseya Yasuke). Ryo está celebrando su 21 cumpleaños con su amigo de la Universidad Makoto y su amigo de la infancia Naoishi. Deciden visitar a un conocido que trabaja para un yakuza (mafia japonesa) para conseguir droga y entonces se inicia todo un enredo terrible, en el que también están implicados otros personajes, que se van cruzando y descruzando durante la larga noche. El ritmo y la velocidad de los acontecimientos va aumentado hasta llegar casi al paroxismo, pero, en mi opinión, no de manera torpe y caótica, sino perfectamente medida.
Es difícil contar más cosas de la película, porque lo impresionante es como te atrapa esa vida que estalla, siempre y cuando estés dispuesto a dejarte atrapar.
No hace falta haber vivido situaciones semejantes para experimentar esas emociones: como dije antes, no sé por que es perfectamente posible identificarse (¡y cuánto!) con unos brutos pistoleros del salvaje oeste y no puede uno sentir una mínima afinidad con unos jóvenes japoneses del siglo XXI.
(26 de mayo de 2004)
2005:
He visto After Life y me ha parecido extraordinaria. También he escrito algo acerca de ella, que puedes leer con este enlace: After
Life
2007: Ahora puedo decir que he visto todas las películas de Kore Eda y casi todos sus documentales. Creo que su prestigio, efectivamente, está justificado. También he escrito acerca de su película Hana
Last life in the universe, dePen-ek Ratanaruang
Quizá sea la película que más me ha gustado de las que he visto en el Baff, aunque es difícil elegir entre tantas películas deliciosas.
En la introducción al festival dije que no coincidía con los críticos en su opinión acerca de algunas películas.
Con Last Life in the Universe no parece haber divergencias: todas las opiniones que he escuchado o leído han sido elogiosas. Fue también la que más les gustó a Ana y a Bruno, que la vieron conmigo.
Ya desde el primer día, cuando llegamos Bruno y yo al CCCB (Centro de cultura Contemporánea de Barcelona) nos llamó la atención el cartel de la película. Bruno se lo pidió a los organizadores. Ese cartel tenía como motivo principal esta fotografía:
¿O tal vez era esta?
En ellas están los dos protagongonistas. El chico es japonés, se llama Kenji y es un yakuza, al parecer refugiado en Tailandia. Muchas cosas no se explican y ello le confiere una vaguedad muy atractiva a la historia.
La chica se llama Noi y es tal vez una prostituta, o tal vez una camarera. Kenji es meticuloso hasta la obsesión y ordena sus libros en columnas y filas perfectas e incluso etiqueta su ropa. Tiene tendencias suicidas que siempre se ven frustradas por una u otra causa. Noi es desordenada y caótica. Kenji parece un hombre tímido y sin carácter pero su calma extrema lo hace extraño. Las vidas de los dos se cruzan a partir de un terrible accidente.
La fotografia es de Cristopher Doyle, que ha sido muy elogiado por sus trabajos con Wong Kar Wai, por ejemplo In The Mood for Love.
El director es el tailandés Pen-ek Ratanaruang y creo que es la primera película que hace. Asano Tadanobu, el actor que interpreta a Kenji, es muy conocido en Japón. Aparecía en Zatoichi de Kitano y en otra película que vi en el Baff. En los diálogos se mezclan el tailandés, el japonés y el inglés.
La historia y los personajes me recordaron cosas que me pasaron hace muchos años, cuando viví una situación muy semejante con una chica en Madrid.
Sentí una gran identificación con el protagonista, Kenji, pero también con Noi, de una manera misteriosa, a veces por detalles concretos, pero otras veces por algo casi indefinible. Creo que me ayudó a entenderme mejor a mí mismo, o al menos a ese que era yo y que, creo, resultaba para los demás tan incomprensible como Kenji.
2007: Last life in the universe no es la primera película de Pen Ek Ratanaruang, como supongo equivocadamente en el texto. Por otra parte, en el Baff 2007b se pudo ver Invisible waves, su siguiente película.
FICHA TÉCNICA
Last Life In The Universe
Director:
Pen-ek Ratanaruang
Guión
Prabda Yoon
Pen-ek Ratanaruang
Fotografía
Christopher Doyle
Production Designer
Saksiri Chuntarangsri
Sonido
Amornbhong Methakunavudh
Montaje
Patamanadda Yukol
Música:
Small Room
Hualampong Riddim
ACTORES:
Kenji Asano Tadanobu
Noi Sinitta Boonyasak
Nid Laila Boonyasak
Yukio Matsushige Yutaka
Takashi Takeuchi Riki
Yakuza Miike Takashi
Yakuza Tanaka Yohji
Yakuza Sato Sakichi
Jon Thiti Phum-Orn
Librarian Nagasawa Junko
[Baff 6ªedición]
After life (Wandafuru Raifu), de Hirokazu Kore Eda
Emmanuel Swedenborg, un místico y filósofo sueco, decía que, cuando morimos, al principio no nos damos cuenta de que ya no estamos vivos y pasamos unos días en una especie de limbo parecido al mundo real.
Después alguien viene y nos muestra el Infierno y el Cielo y nos da a elegir a qué lugar queremos ir. Cualquiera pensaría que todos elegirán el cielo, pero, son muchos los que prefieren el Infierno, tal vez porque, como dice el tango, allá está la gente divertida.
Kore-Eda propone algo parecido. Los muertos llegan a un edificio no muy diferente de una gran escuela casi abandonada y allí son recibidos por unos funcionarios que les dicen que tienen que elegir de entre todos los recuerdos de su vida aquel que prefieran conservar para siempre.
La cosa resulta difícil, yo mismo no pude evitar, mientras veía la película, ponerme a pensar en qué recuerdo elegiría de mi vida.
Una vez mi amiga Natalia dijo que al ver una buena película teorizas continuamente acerca de lo que está pasando y lo que va a pasar . Yo discutí si se trataba de un proceso consciente o en primer plano, pero lo cierto es que ella tenía razón. A menudo esas reflexiones te ocupa durante la proyección de la película de una manera tan intensa que no puedes librarte de ellas. Eso me sucedió también en La caja china.
En After Life, el runrún de mi pensamiento en paralelo buscando recuerdos era constante, y aumentaba a medida que la película avanzaba. Fueron pasando por mi cabeza muchos recuerdos, algunos muy sencillos. Estuve tentado de quedarme con el recuerdo de un paseo en bicicleta por Irlanda. Y con muchos momentos de amor, pero, curiosamente, no con momentos de sexo puro.El momento de una conversación caminando de noche en la ciudad, momentos en una discoteca casi vacía, antes de que empiece a llegar la gente y pensando que la vida es maravillosa, un paseo con mi madre de niño, en el que yo le acariciaba fascinado el codo.
Muchos de esos momentos se sitúan en mi adolescencia, pero otros son muy recientes. Llegué a la conclusión de que estaba satisfecho de mi vida, de la manera en que he vivido, y que me resultaría muy difícil elegir un único instante. Pero es posible que olvidase algún momento definitivo.
Uno casi imbatible era una noche en la que iba a salir, me peiné frente al espejo , me pinté los ojos, me vestí de negro, como casi siempre, y, con la chaqueta al hombro, bajé corriendo las escaleras, deseando meterme en la noche, feliz y voraz. Ese momento bajando las escaleras y saliendo a la noche de verano.
No hace falta decir que After Life me gustó muchísimo: cuando una película te provoca pensamientos tan deliciosos, ¿cómo no te va a gustar?
2007
Es curioso que, al ver la película, o al escribir esta entrada, no pensé en que lo que propone Kore Eda tiene mucha relación con el motivo principal del Fausto de Goethe, el célebre "¡Detente instante!". Cuando Fausto pida a Mefistofeles que un instante se haga eterno, entonces deberá entregar su alma a Satanás.
En After Life se nos pide que elijamos uno de esos momentos eternos que no pudimos detener en vida.
Por otra parte, tal vez no sea casual que comente aquí La caja china, donde también Jeremy Irons habla de ese instante eterno.
BAFF 2005, cine sin fin y la política de los autores
En el BAFF (Barcelona Assian Film Festival) de este año se proyectan más de 40 películas y más de 20 documentales. Dura poco más de una semana. Es imposible verlo todo. Como mucho 27 o 30 películas, si viera tres cada día (que es lo que).
Pero también sucede, como dice mi amiga Alicia, que ver tanto cine seguido es algo parecido al efecto Stendhal: el mareo físico o espiritual que sufren quienes ven en Florencia demasiadas cosas bellas juntas.
Hace poco lo sufrí en Roma, donde me sentí incapaz de ver la Capilla Sixtina, porque ya no podía asimilar tantas cosas bellas juntas. Y después dicen que la belleza no existe... Lo siento por quienes no son capaces de percibirla; o tal vez yo sea un enfermo por encontrar tanta tan fácilmente. Divina enfermedad.
Cuando veo una película que me gusta mucho no suelo tener ganas de ver otra, porque sé que eso hará que no pueda paladear el regusto de lo que acabo de ver. Pero con el Baff hago una excepción y caigo en la glotonería.
Ayer me decía Iván, mi padre, que él tiene sentimientos encontrados respecto al cine asiático: unas le gustan, otras no, e inluso algunas películas de un director le gustan y otras del mismo director no.
Claro eso es lo razonable, le dije.
Él me recordó que la política de los autores defendida por Truffaut decía que cualquier pelicula de un buen director, por mala que sea, es más interesante que la mejor película de un mal director. Yo no estoy de acuerdo con eso.
Aunque es cierto que hay directores especialmente interesantes, eso no garantiza que todas sus películas sean interesantes. Topaz y Cortina Rasgada, de Hitchcock, a mí no me interesan nada (aunque quizá sea culpa mía) y prefiero casi cualquier otra película de un director mediocre.
Creo que la opinión de Truffaut es un abuso de la estadística: que un autor sea interesante en el 80% de lo que hace no significa que lo sea siempre (ni siquiera Shakespeare se libró de escribir alguna cosa bastante floja, como, tal vez, Los dos hidalgos de Verona). Aparte de eso, desconfío de leyes tan generales aplicadas a los asuntos humanos.
Si fuera tan fácil ser siempre interesante, los autores no se romperían la cabeza pensando qué diablos hacer en su próxima película o novela, ni sufrirían terribles bloqueos. Todo el mundo está expuesto a hacer alguna vez algo mal, especialmente en el cine, donde se depende de tantas cosas: el dinero, el guión, los actores.
Truffaut y la crítica
Debo reconocer que me cuesta mucho hacer críticas de cine, porque no se me ocurre nada que suene definitivo.
No estoy en contra del análisis: me gusta el análisis y la síntesis, pero me cansa mucho dictaminar, juzgar si algo es bueno o malo y, sobre todo, despreciar lo que no me gusta.
Tal vez sea porque no creo que mi criterio o mi opinión sean más válidos que los de cualquier otro. ¿Que algo no me gusta? No hay problema en decirlo. Pero de ahí a igualar lo que no me gusta con la categoría "malo" va un trecho muy largo.
Como a menudo veo cosas que no me gustan y que, sin embargo, sí les gustan a otras personas, si dictamino que esas cosa son mala, eso parece indicar que esas personas son tontas por no haberse dado cuenta. No estoy tan seguro de mí mismo como para considerar alegremente que quienes no tienen mis mismos gustos son estúpidos, así que modero mi juicio crítico.
Por otra parte, ¿es realmente importante mi dictamen acerca de un libro o una película? Por supuesto que no. Uno no está obligado a ofrecer siempre una penetrante conclusión, o a expresar un juicio categórico. ¡Qué fatiga!
Y después, ¿para qué? Si dentro de cinco años habré cambiado de opinión y ya no me gustará algo que me gusta hoy, o empezará a gustarme algo que detestaba.
Eric Rohmer decía que cuando era un crítico de la nouvelle vague atacócon furia Monsieur Verdoux, de Chaplin, que ahora le parecía una obra maestra. Seguramente se podía haber ahorrado la virulencia de antaño.
Pero cualquiera que hubiese leído aquella primera crítica pensaría, si tenía respeto por la opinión de Rohmer, que no merecía la pena ver Monsieur Verdoux. O, lo que es más probable, entraría en la sala a ver Monsieur Verdoux con la opinión ya casi formada, porque resulta difícil apreciar algo si te ha dicho antes alguien, al que consideras inteligente, que no vale nada.
Ya he escrito sobre este asunto varias veces. Por ejemplo, a propósito de un delicioso texto de Musil (Un principio de la más excelsa crítica). Creo que es mejor pecar por exceso de halago que de desprecio.
Es preferible decir que algo te parece delicioso, y que después a otro no se lo parezca, que a la inversa. Me ha sorprendido leer en una entrevista a Truffaut que él opinaba, al menos en 1981, lo mismo que yo:
"Creo que al examinar el trabajo de otro, habría que abstraerse, aceptar el sistema elegido por el otro, intentar entrar en su juego y no comentar sino lo que nos gusta".
Que un director y crítico diga esto me parece excelente. En cualquier película, en cualquier libro, hay montones de cosas que chocan con nuestra manera de pensar, con las ideas que tenemos acerca de cómo debe ser una pelicula o un libro. En cuanto encontramos uno de estos detallitos, nos cargamos la pelicula entera.
Las películas, los libros o cualquier creación artística no se hacen para complacer nuestros criterios acerca de la forma o la estética, sino que nos proponen, como dice Truffaut, un juego. Y casi siempre depende de nosotros jugar o no a ese juego. Si desde el principio somos reticentes a participar, no vale la pena que nos gastemos el dinero que cuesta la entrada del cine.
Me parece que, como decía Oscar Wilde, a la obra de arte hay que entregarse, rendirse, dejar que te domine y te posea. Y después, si se quiere, también se puede opinar, por supuesto. Opinar es también un entretenimiento delicioso. Pero ha de existir una rendición previa, una suspensión temporal del juicio crítico.
Creo que muchos se saltan la fase previa y van directamente al análisis y al veredicto, incluso antes de ver aquello que van a analizar.
(miércoles 4 de mayo de 2005)
Passages (Lu Cheng), de Yang Chao

Yang Chao.
China, 2004.
Dos estudiantes que viven en el campo decide abandonar las
clases y viajar a la gran ciudad donde espera ganar un dinero fácil vendiendo
unas setas mágicas de las que se cuenta pueden resucitar a los muertos.
El director de Passages presentó ayer la película.
"Esta es una película muy lenta", dijo, "así que seguro que muchos de vosotros os vais a dormir... pero os advierto que yo me voy a sentar ahí atrás para vigilar a los que se duerman".
Después resultó que la película no era tan lenta.
Era lenta en comparación con casi todo el cine actual de Hollywood, y era lenta comparada con las películas proyectadas en televisión: las copias para televisión son más rápidas que las que se proyectan en los cines.
Pero tenía un ritmo muy adecuado a lo que estaba contando, en mi opinión.
El director, Yang Chao, que tenía un estupendo humor, parecía un poco frustrado porque no había podido estrenar todavía su película en China. Según dijo, allí hay dos censuras o controles: la del gobierno o la censura oficial, y la de los criterios comerciales.
Muchas de las películas chinas actuales son estilo Hollywood, y parece que en la propia China es difícil estrenar algo que escape a esos esquemas. Lamentablemente el cine estadounidense ha destruido casi todas las cinematografías mundiales gracias al control de la producción-distribución-exhibición, prrecisamente cuando sólo puede ofrecer el peor cine americano que nunca ha habido.
Yang Chao dijo haber aprendido la lección y aseguró que su próxima película sería mucho más comercial y que la falta absoluta de sexo en Passages sería corregida ("Seréis recompensados por aguantar esta") con un montón de sexo.
En las preguntas posteriores contó algunas cosas interesantes acerca de China. Dijo que confiaba en la mujer china, porque no se podía esperar en nada bueno que procediese del hombre chino en los próximos años. Su película, dijo, era una defensa de esa tesis: el futuro de China depende de sus mujeres.
Me gustó mucho la película, pero no entendí del todo la tesis que director pretendía mostrar con ella. Yang Chao decía que el personaje al que la película apoyaba era la mujer, pero a mí me da la impresión de que quien queda mejor parado es el hombre y que los motivos de la mujer parecían, a partir de cierto momento, no nacer del amor, sino de una especie de tozudez irrazonable.
(jueves 5 de mayo de2005)
2007
Hay que tener en cuenta que el conflicto entre los personajes surgía porque se veían obligados a elegir entre su amor y la universidad, pues en China está prohibido estudiar y vivir en pareja. Hasta ese punto llega el control del Estado.
En época de Mao (no sé si todavía), las parejas incluso tenían que obtener la aprobación del Partido Comunista para casarse.
Sabiendo esto, se entiende mejor la tozudez de la muchacha, que no está dispuesta a someterse a una ley injusta, a pesar de que ello la condene a una vida miserable en el campo o en los suburbios de las ciudades.
Por otra parte, la refutación a la afirmación de Yang Chao de que sólo las mujeres chinas pueden aportar algo bueno a China es esta estupenda película, pues él es un hombre chino.
Buffalo Boy (Muoa len trau), de Minhn Nguyen
En el sur de Vietnam, en la provincia de Ca-Mau, cuando llega la estación de las lluvias todos los prados se inundan y los búfalos no tienen pastos que comer. Por eso hay que llevarlo a lugares donde puedan comer hasta que el agua se retire y puedan regresar junto a sus propietarios. Algunos campesinos conducen ellos mismos sus bueyes, pero la mayoría se los entregan a unos pastores que se los llevan y los traen de vuelta. El protagonista, un muchacho que vive con su padre y su madre, se une a los pastores para llevar los bueyes a un lugar en el que puedan comer.
Intérpretes: Le The Lu, Nguyen Thi Kieu Trinh, Kra Zan Sram
Los bueyes de esta película son esos cuernilargos impresionantes que hay en algunos lugares de Asia, que están tan acostumbrados al agua que incluso se les llama bueyes de agua.

El director Minhn Nguyen estudiaba física en Francia, si no recuerdo mal, pero se decidió a presentar el guión a un concurso y de este modo llegó a hacer Buffalo Boy, que es su primera película.
Se basó en relatos del libro El aroma de los bosques de Ca-Mau, de Son Nam.
La película es impresionante, con todos esos bueyes avanzando por el agua "hasta oscurecer el cielo", casas anegadas, otras que se alzan como palafitos casi oceánicos, y toda esa gente viviendo allí. Además, la historia es muy interesante y está muy bien contada.
Mihn Nguyen está tan seguro de lo que está contando que no cae en los errores típicos de los directores noveles, que no suelen confiar en su historia y la llenan de efectismo, intentando demostrar todo lo que saben hacer.
Creo que eso le sucede al director de otra película proyectada en el Baff, Survive Style, que es una película que tiene muchas cosas interesantes pero que pierde mucho, creo yo, por su deseo de deslumbrar con recursos técnicos y narrativos llamativos y sorprendentes.
La historia de Buffalo Boy, el lugar, la situación y los personajes son tan interesantes que no hace falta más adorno. Es por eso que Mihn Nguyen no necesita aludir a simbolismos o significados complejos, excepto el evidente y hermoso del agua, que aquí es fuente de vida pero también de muerte y podredumbre. La realidad fortísima de la película se impone y se muestra con tanta claridad y maestría, que no hace falta más.
Los personajes también son extraordinarios, especialmente el chico protagonista, su padre y el jefe de los pastores-bandidos. En fin, aunque yo no suelo señalar los defectos (ver la entrada Truffaut y la crítica), si en Buffalo Boy no señalo defectos no es por eso, sino porque no recuerdo haber visto ninguno. Es una de esas películas que, además de su valor como película, tiene un valor añadido como experiencia emocional y como aprendizaje.
(viernes 6 de mayo de 2005)
Tony Takitani, de Jun Ichiwara

Director: Jun Ichiwara
Intérpretes: Issey
Ogata, Rie Miyazawa,
Takahuni Shinohara, Hidetoshi
Nishijima
Tony Takitani es un dibujante. Él
mismo cuenta su vida, dominada por la soledad hasta
que conoce a Eiko.
Contar más cosas del argumento daría una idea muy equivocada acerca de esta película, que ha sido calificada como minimalista.
Como tampoco creo mucho en este tipo de definiciones, yo no me atrevería a decir si es o no minimalista, porque casi siempre el minimalismo lo es sólo por contraste con eso otro que se puede llamar barroquismo, o la abundancia, la redundancia o el adorno.
A mí, como me sucede en casi todo, me gustan las dos cosas, y también las intermedias. Además , creo que a menudo sus fronteras son difusas.
Últimamente algunas de mis ideas acerca del cine están cambiando. Espero que para bien. Casi siempre he pensado que una película ha de ser ante todo entretenida.
Pero entretenido no quiere decir superficial, comercial, vulgar ni ninguna de esas cosas que a veces se asocian a lo entretenido. Chesterton decía que divertido no es lo contrario de serio, sino de aburrido. Estoy de acuerdo. No veo ninguna razón por la que uno deba aburrirse al ver una película o al leer un libro.
Ahora bien, esto del aburrimiento es muy subjetivo. Truffaut alababa a un crítico epatante que decía que una película ya era interesante por el mero hecho de ser mejicana. Yo pienso lo mismo del cine asiático, y probablemente también del africano (si es que he visto más de cinco películas africanas que no sean del norte de África).
Así que es casi imposible que una película asiática me aburra, a pesar de que son famosas por tener un ritmo más lento, cosa que quizá también habría que analizar en detalle, puesto que, en primer lugar, todas ellas están subtituladas.
Una película subtitulada siempre parecerá más lenta que una doblada, debido al esfuerzo de atención que requiere al espectador, que tiene que atender a la imagen y al sonido y, al mismo tiempo, leer. Eso le impide distraerse o abandonarse a la experiencia narrativa, para evitar que se le escapen los subtítulos y/o las imágenes.
En el cao de las películas asiáticas el subtítulo es más importante que en las de habla inglesa o francesa, pues incluso quienes no saben inglés o francés conocen lo suficiente para distinguir ciertas expresiones, como saludos, despedidas, declaraciones de amor, insultos, etcétera. Con un idioma como el chino, el tailandés o el malayo, la voz prácticamente es sólo un sonido sin significado para la mayoría de los espectadores occidentales. Creo que este aspecto influye muchísimo, pero no voy a detenerme aquí en ello.
Ahora bien, es posible que las películas asiáticas tengan un ritmo más lento y también es posible que algunas duren más de lo que debieran: esta es una sensación que tengo en todas las películas, sean de donde sean. A casi todas las películas les sobran al menos 20 minutos. Es casi imposible encontrar algo que nos resulte breve.
Un defecto típico de las obras independientes, por ejemplo las piezas cortas de teatro, es también que las cosas se alargan más de la cuenta.
Ser breve es realmente difícil, como demuestro yo ahora mismo con todo este inciso antes de volver a Tony Takitani.
Creo que las películas son demasiado largas en parte se debe a que lo breve se considera, como lo divertido o lo entretenido, poco serio. Si vamos al cine y la película dura cincuenta minutos parece como si no pudiese ser gran cosa. En mi opinión, esto es un error, pues muchas de las mejores cosas son breves, como los ensayos de Montaigne (excepto la Apología de Raimundo Sabunde), muchos de los diálogos de Platón (excepto La república), los cuentos de Poe o de Bierce, algunos haikus japoneses, o tantas deliciosas canciones de tres minutos.
¿Y qué tiene que ver todo esto con Toni Takitani?
Intentaré explicarlo y unir los hilos de esta disquisición.
Toni Takitani está basada en un relato de uno de los autores japoneses más famosos de la actualidad: Haruki Morakami. No sé si el "Toni Takitani" de Murakami es un libro o una novela, pero en la película un narrador va contando el relato como quien lee un libro. Tan sólo de vez en cuando hay diálogos. Tal vez esos diálogos coincidan con los del relato de Haruki Morakami. No lo sé.
En la película las secuencias o escenas se suceden no por corte, sino con un fundido a tonos grises desde el lado izquierdo de la pantalla, pero la sensación es como la de una tira continua que corre en horizontal. Creo que la intención del director es imitar el paso de las páginas por un lector. Es posibl que cada vez que el lado izquierdo de la pantalla funde a gris y se desplaza hacia la siguiente escena coincida con un cambio de página en el libro de Murakami.
En principio esta abundancia de voz en off no conviene a una película ("Resulta blando", brama el teórico McKee en Adaptation), pero Tony Takitani resulta hermosímima y muy intensa.
Tal vez, al final se hace un poco larga, a pesar de ser una película breve. Pero ya digo que eso es muy subjetivo, pues quienes vemos la película subtitulada no podemos seguir realmente lo que nos propone el director: leer la película como si una cinta o tira horizontal que contiene las escenas se desplazara ante nuestros ojos: nosotros estamos obligados constantemente a romper ese hermoso deslizamiento y "bajar" a leer los subtítulos.
Pero, sea larga o no Tony Takitani , ha sido un placer verla. Sea larga o no cualquier otra película, sucede que el cine tiene un problema que no tiene la literatura. Y a eso quería llegar.
El tiempo de la ficción
Las películas se ven de principio a fin, ya duren una hora o tres. Las novelas y los ensayos, no. Si un autor tuviese la obligación de conseguir que su lector leyera la obra entera de principio a fin, entonces Proust nunca habría escrito En busca del tiempo perdido, ni Cervantes Don Quijote de la Mancha.
Esta obligación de ver la obra de princioio a fin limita mucho al cine, porque nadie en su sano juicio puede querer ver nueve horas seguidas de cine, como se podía hacer en la última jornada del Baff con una película filipina (aunque yo he estado en maratones de 24 horas).
Naturalmente, existe la televisión, que permite fraccionar una historia y hacer series tan excelentes como Retorno a Bridshead o Arriba y abajo, o Los soprano, compuestas de horas y horas.
Una película se tiene que ver de principio a fin. Eso parece razonable.
Pero quizá no lo sea tanto. Ese es uno de los asuntos en el que estoy cambiando de opinión. Ahora pienso que, del mismo modo que uno deja una novela al final de un capítulo, e incluso a veces en medio de un párrafo, para luego retomarlo, quizá lo mismo se podría hacer con el cine.
Se me dirá: "Eso ya se hace ahora: basta con ver las películas en la tele y parar cuando uno quiere".
Es cierto, pero también sucede que casi todas las películas vistas en la tele pierden muchísimo. Yo he llegado a decir que ver una película por primera vez en televisión es como no haberla visto (quizá también acabaré cambiando de opinión en esto).
Si se pudiese hacer eso que se hace en la tele en el cine, la cosa resultaría interesante y quizá se abrirían nuevas posiblidades. Pero, claro, ¿cómo vamos a parar la proyección en un cine y reanudarla cuando nos apetezca?
Ahora bien, cada vez es más posible ver el cine en casa en pantallas cada vez más grandes, así que, con el tiempo, podremos ver las películas como en un cine, pero interrumpirlas cuando queramos. Espero que eso no haga que se pierda esa otra experiencia hermosa que es estar metido en una sala de cine con un montón de desconocidos.
Cuando eso todo eso sea posible (ya lo es, aunque resulta caro), uno podrá ver las películas como quien lee un libro: algunas nos mantendrán en vilo y en vela de principio a fin; otras las interrumpiremos, para reanudarlas más tarde.
Todo esto tiene también relación con otra cosa que me interesa del previsible futuro del cine, pero lo contaré otro día y así no haré esto tan largo que tenga que ser interrumpido a la mitad.
Para volver a Tony Takitani, diré que me gustó mucho no sólo por esta idea de ver una película como quien lee un cuento, sino por los extraordinarios actores, por la hermosa contención de sus gestos y por la manera sobria en que transcurre la narración, a pesar de la tristeza que lo inunda todo también.
Comentario de Alicia
"También he visto Tony Takitani y me parece hermoso eso que cuentas
sobre el movimiento de cámara como si fuera el paso de las hojas
de un libro, precisamente del libro de Murakami. Me parece una interpretación
preciosa. Quizá también se podría pensar que es
un punto y aparte, o el final de cada capítulo de la novela
o de cada párrafo. Quizá, y volviendo a lo que tiene que
ser cine o no, puede que estemos ante un nuevo género con Tony
Tanitaki. El audio-comic-cinético o algo así. Tiene elementos
del cine, las secuencias que suceden, los actores, el paso. Pero también
es un poco comic:puede ser que las páginas que pasa precisamente
por ser imágenes y no palabras sean las páginas de un
cómic.
(miércoles 11 de mayo de 2005)
Nadie sabe, de Hirokazu Kore Eda
Director: Kore Eda
Intérpretes: Yuya Yagira, Ayu Kitaura,
Hiei
Kimura, Momoko Shimizu, Hanae Jan, You.
Japón, 2004
SINOPSIS
Cuatro niños son abandonados por su madre y tienen
que sobrevivir por sí mismos.autro niño
De Kore Eda vi hace un año AfterLife, que me gustó muchísimo. Sé que también es discípulo suyo el actor y director de Kakuto, que también me gustó mucho, a pesar de que no obtuvo buenas críticas. Pero no conozco casi nada más de él.
Nadie sabe, de género realista, es una película muy distinta a After Life. Está basada en hechos reales, el abandono de unos niños por su madre (en Japón es frecuente que las madres abandonen a sus hijos si su nueva pareja no los quiere). Kore Eda rodó la película durante un año para que los niños crecieran y acabarán habituándose y actuaran con naturalidad.
Una de las mejores cosas de la película es la comprensión que muestra hacia todos los personajes: aunque la madre abandona a los niños, no es presentada como un personaje cruel o malvado, sino todo lo contrario. Es algo que habría gustado a Truffaut, quien siempre se arrepintió de no haber dado una oportunidad a los padres de Los 400 golpes. Lo bueno es que esta extraordinaria película hoy mismo se estrena en los cines comerciales.
McDull, prince de la Bun, de Toe Yuen

Director: Toe Yuen
Guión: Brian Tse.
Directora de animación:
Alice Mak.
Intérpretes (voces): Andy Lau, Anthony Wong, Sandra Ng.
China/Hong Kong, 2004.
SINOPSIS
McDull es un cerdito que va a la escuela y al que su madre le cuenta
extrañás historias acerca de quién era su padre. Además McDull tiene
un tic que le hace agitar continuamente la pierna, pero su madre piensa
que alguna vez ese defecto le será útil.
Esta es la segunda parte de My life as McDull, que no he visto. Aunque el director de la película es Toe Yuen, que hace un trabajo excelente, los verdaderos creadores de ambas historias son Alice Mak, directora de animación, y el guionista Brian Tse.
Alice Mak y Brian Tse en un sillón McDull
La película es una muestra de la nueva animación china, que en un futuro próximo seguro que inundará el mercado mundial, como está sucediendo con cualquier otro producto imaginable.
Aunque por las imágenes parezca una película muy infantil, no lo es. Todo lo contrario. A mí me pareció que estaba llena de cosas interesantes, también desde el punto de vista técnico, con una animación que mezcla 3D y 2D en algunas escenas realmente impresionantes, como la de las gruas de construcción que se mueven como pájaros sobre la ciudad, o la voladura de edificios por el plan de reordenación urbana.
Los niños de la historia, todo tipo de animalitos, como el cerdito McDull, estudian extrañas materias que les permitirán prosperar en un mundo competitivo: pedir comida en un restaurante, poner cara de tonto, hacerse el muerto, bailar el cha-cha-chá y otras materias que ahora no recuerdo.
A menudo es divertidísima y otras veces emocionalmente intensa, aunque resulte difícil creerlo al ver que los protagonistas son un cerdito-bollo y una tortuga-pizza.

La profesora y sus alumnos
(martes 17 de mayo de 2005)
Walter Murch y los testeos previos
Walter Murch es un editor y técnico de sonido que ha trabajado con Copola, Zimmerman y Minghela. Es una de las personas que más admiro últimamente desde el punto de vista intelectual.
Comencé leyendo, creo que porque vi el libro en Londres por casualidad y me interesó, The conversations. The conversations es una larga entrevista o conversación entre Michael Ondaetje, autor de la novela El paciente inglés, y Walter Murch.
Después leí En el momento del parpádeo, editado en español, y ahora voy devorando entrevistas y artículos que encuentro en Internet, que es sin duda la mayor fuente de información que ha existido nunca sobre la faz de la Tierra, y además disponible al instante y para casi todo el mundo. Mayor que la Biblioteca Nacional y que la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, puesto que no se limita tan sólo a libros. Hoy en día, quien no quiera estar informado no es porque no pueda, sino porque no quiere (con las excepciones de los países que restringen Internet, como China, Irán o Cuba, claro).
Las cosas ingeniosas, inteligentes, sensibles, divertidas y deliciosas que dice Walter Murch son tantas, que lo único que puedo hacer es recomendarlo y citar de vez en cuando alguna.
En el texto que copio aquí, Walter Murch habla de los célebres y temidos visonados de prueba que a menudo llevan a modificar de manera radical una película, e incluso a veces provocan la muerte del guionista, que es, según parece, lo que le pasó a Boris Vian cuando vio la adaptación de La espuma de los días.
Los testeos y el dolor reflejo
"No debiera seguirse ciegamente lo que aparece en los testeos de prueba, más de lo que lo hace con cualquier otra cosa... Los testeos de prueba son solamente una manera de averiguar dónde está parado.
Hubo un procedimiento en Julia [de Fred Zimmerman] que, desgraciadamente, nunca he visto repetido. Teníamos una persona sentada en una mesa en la hall del cine con un cartel que decía, "Si desea hablar con nosotros por teléfono, después de unos días, deje su número aquí." Esas conversaciones posteriores fueron transcritas y se agregaron a la encuesta. Si va hacer visionados previos y va a escuchar lo que las personas tengan para decir, ésa es la manera de hacerlo, un tiempo después, cuando han tenido un día o dos de maduración, para permitir que la película se vaya descubriendo. No mire lo que las personas escriben en el calor del momento, será una reacción, pero una reacción sesgada. Hay mucho de lo que se llama médicamente "dolor reflejo" en ese proceso.
Cuando uno va a un doctor y le dice que tiene un dolor en el codo, es propio de un matasanos que saque su bisturí y empiece a operarlo directamente en el codo. Pero entonces se tendrá no sólo el dolor original, sino además, probablemente, un dolor en la muñeca y otro también en el hombro. Si quien lo estudia es un doctor experimentado, le tomará una radiografía, y determinará que la causa del dolor, probablemente, es un nervio pinzado en su hombro, solo que se lo percibe en el codo. El dolor en el hombro ha sido "reflejado" al codo. Las reacciones del público son así. Cuando usted hace la pregunta directa, "¿cuál es la escena menos lograda?" y aproximadamente el ochenta por ciento de las personas están de acuerdo con que una escena no les gusta, el impulso es de "arreglar" esa escena o directamente sacarla. Pero hay muchas probabilidades de que esa escena esté bien. En cambio, el problema puede estar en que el público, simplemente, no entendió algo que necesitaba saber o comprender, para poder apreciar esa escena.
Por lo que, en lugar de arreglar esa escena, deberá clarificar alguna situación que ocurre cinco minutos antes. No opere necesariamente en el codo: en cambio, trate de descubrir si están pinzándose los nervios en alguna otra parte. Pero el público nunca le dirá eso directamente. Simplemente le dirán donde está el dolor, y no su origen."
Cinema Redux, de Brendan Dawes
Hay pocas cosas más hermosas que descubrir que dos personas que aprecias se aprecian entre sí. Esto me acaba de suceder con Walter Murch y Brendan Dawes.
Walter Murch es un editor o montador y técnico de sonido, que ha colaborado en varias películas de Coppola. Trabajó en la primera edición de Apocalypse Now junto a otros editores, que tuvieron que vérselas con los miles de metros de fotograma rodados. Muchos años después hizo él sólo el remontaje de la película: Apocalyse Now Redux.
Murch es una de las personas que más me hacen disfrutar y que más admiro. Me parece inteligente e ingenioso, sensible e inquieto. He leído su libro En el momento del parpadeo y las largas conversaciones con Michael Ondaetje en The Conversations.
Brendan Dawes es un sabio digital que trabaja con Flash y otros programas. Su página web es una de mis preferidas desde hace tiempo y ya era hora de que hablara de él. Tiene un montón de cosas fantásticas en su página y parece tan inquieto e inteligente como Murch.
Le chiflan, según parece, las películas de los años 70, pero también de los 60 y 50, y los créditos de artistas como Saul Bass (a través de la página de Dawes obtuve el cadáver de Anatomía de un asesinato que uso en la sección Cadáveres Exquisitos).
Lo curioso del asunto es que descubrí a Murch hace poco, por casualidad, al ver The Conversations en una librería de Londres. Me lo compré y disfruté muchísimo.
Sin embargo, a Brendan Dawes lo descubrí mucho antes, al comprarme en Madrid un libro de Action Script en Flash. Un libro sencillo pero extraordinario, del que quizá ahora empezaré a sacar frutos.
Pero lo más importante del libro es a quien muestra detrás: Brendan Dawes. Contínuas visitas a su página me confirmaron la impresión inicial.
Es decir, Dawes no me llevó a Murch, ni Murch a Dawes, así que encontrar una relación entre ellos era sólo una hipótesis, que ni siquiera se me ocurrió plantearme.
Hoy, al visitar la página de Dawes para recomendarla en este weblog, he encontrado muchas cosas nuevas. Ha variado muchísimo el diseño (me gustaría que pudiérais ver la versión anterior, pero no sé si Dawes tiene un Cronoweb, como yo).
En cualquier caso, hay muchas novedades, como tarjetas de felicitación digitales (ya he enviado a varios amigos algunas) y decenas de cosas fascinantes, entretenidas, divertidas, útiles o curiosas, muchas de uso libre.
Una de ellas es un proyecto que se llama Cinema Redux. Al leer el título pensé al instante en Walter Murch por Apocalypse Now Redux. Cuando vi las miniaturas del proyecto, no me cupo ninguna duda de que tendría algo que ver con Murch. Escribí Murch" en el buscador de Dawes y ¡voila! ¡Eureka! ¡Ajá! Ahí estaba Walter Murch en varios lugares, pero sobre todo en Cinema Redux. También había una crítica muy elogiosa a The Conversations.
El proyecto Cinema Redux consiste en hacer grandes posters en los que se puede ver de un solo vistazo toda una película. Cada cuadrito representa un minuto. Es algo parecido, más detallado incluso, que lo que hace Walter Murch cuando edita: llena la pared con fotogramas para hacerse una idea intuitiva de la película, una especie de huella dactilar, dice Dawes, o ADN de la película. De esta manera, por ejemplo, dice Dawes, es fácil percibir el distinto ritmo de las diversas películas.
En la página de Dawes se pueden ver versiones en pequeñito de ocho películas. Pongo aquí un fragmento de Vértigo:
Dawes, según cuenta, está ahora aprendiendo a editar y ya ha hecho varios vídeos muy interesantes. Como él dice, lo mejor para aprender es hacer algo concreto, que es lo mismo que yo hago con Craven para aprender a dibujar.
Sería una delicia descubrir algo que una a Fisk con Dawes y Murch.
David Fisk es uno de los llamados gurús de la usabilidad, y mi preferido
Puedes ver las historietas de Craven con este enlace:
Craven
Syriana, de Stephen Gaghan
A menudo nos ponen en la disyuntiva de elegir entre lo sencillo y lo complejo. Si nos decantamos por la sencillez, como suele ser mi caso, ello parecería implicar que cualquier cosa compleja deja de merecer la pena. Pero esa sería una conclusión sin duda precipitada.
En el mundo, y en nuestra manera de ver el mundo, existen cosas sencillas y existen cosas complejas. Explicar cómo funciona el cerebro humano es un asunto muy complejo, como lo es describir el origen del universo o la composición de la materia.
Un error frecuente consiste en convertir en complejo lo sencillo, pero igual de erróneo es presentar como demasiado sencillo lo complejo.
Todo lo que rodea al mundo del petróleo es algo muy complejo, quizá tan complejo como lo que algunos consideran el artefacto más complejo del universo, el cerebro humano, puesto que en el asunto petrolífero están implicados centenares de cerebros.
Quizá el mundo del petróleo no es más complejo en cuanto a los factores implicados, en lo que el cerebro supera a todo lo conocido (exceptuando el universo que incluye al cerebro), pero si resulta más complejo en otro sentido: hay que suponer que el estudio del cerebro nos permitirá entender finalmente cómo funciona y para qué sirve cada elemento implicado. Pero no podemos esperar una explicación semejante por mucho que profundicemos en el estudio del mundo petrolífero. Encontraremos, eso sí, que ciertas cosas suceden porque hay ciertos intereses detrás, que otras se deben a la intervención de éste o aquél gobierno o grupo de influencia. Pero aunque encontremos miles de piezas, muchas de ellas no encajarán nunca, sencillamente porque pertenecen a juegos diferentes.
Si yo mezclo un puzzle en el que se ve la piedra negra de La Meca, y tú añades otro en el que hay que reconstruir una imagen de Broadway de noche, es imposible que juntando tus piezas y las mías obtengamos una única imagen. Sólo podremos encajar tus piezas con las mías deformándolas o rompiéndolas.
En el mundo del petróleo no sólo hay complejidad, sino también confusión, nexos que forman una cadena de explicaciones, al final de la cual no encontramos más que el vacío; elementos que juegan un papel determinante en cierta situación, pero enseguida desaparecen para siempre; intereses que se enfrentan a sí mismos en movimientos incoherentes, muchos complós y conspiraciones, muchos fracasos de los complós y conspiraciones.

La teoría conspirativa
Muchos politólogos y periodistas mencionan una y otra vez despectivamente la teoría de las conspiraciones, esa idea de que las conspiraciones dirigen el mundo, y recuerdan los argumentos de Karl Popper en contra.
Pero olvidan que Popper no negaba que existieran conspiraciones y complós; habría que ser verdaderamente inmune a la realidad y ciego a la información para no darse cuenta de que todos los días se están produciendo conspiraciones en el mundo.
Lo que Popper decía es que la historia del mundo no se puede escribir como la historia de sucesivas conspiraciones. Las conspiraciones no dirigen la historia. Intentan dirigirla, pero no lo consiguen, o sólo lo hacen raramente.
Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética quiso cambiar el curso de los acontecimientos asesinando al Papa Juan Pablo II. Los acontecimientos, en efecto, cambiaron, pero no de la manera que deseaban los instigadores del atentado, pues el Papa sobrevivió al atentado y los polacos siguieron contando con su apoyo frente a los rusos. Pocos años después, en 1989, caía el muro de Berlín y desaparecía el Pacto de Varsovia.
EE UU y Arabia Saudi también quisieron cambiar el rumbo de la historia favoreciendo a los musulmanes más radicales de Afganistán, los talibanes, pero los talibanes y Bin Laden se les fueron de las manos y atacaron los intereses de EEUU, incluso en su territorio, con el atentado contr a las torres gemelas, que es también una conspiración, cuyo resultado final no creo que acabe complaciendo a sus ejecutores fundamentalistas, o al menos eso espero.
Hay decenas de conspiraciones, y por causa de ellas mueren miles y a veces millones de personas, como en la invasión soviética de Afganistán, pero son como piezas movidas por jugadores que juegan a distintos juegos, y que nunca pueden completar su propio puzzle.
Syriana muestra parte de ese puzzle hecho de piezas mezcladas, en el que participan jugadores que ni siquiera están de acuerdo en cuáles son las reglas del juego. Lo hace de manera complejísima, confusa a menudo, no por falta de pericia del guionista y el director, sino porque el asunto es confuso, de manera ambígua porque es ambígüo el asunto.
Syriana no da respuestas, porque no existen. O sí, tal vez si existen respuestas, unas cuantas decenas de respuestas, pero no una única respuesta. Es una película que entiende que la sencillez se convertiría en simplismo, y que muestra los diferentes aspectos y personajes implicados, no desde un punto de vista neutral (su punto de vista es el del asombro y la furia impotente ante unos y otros, ante tantos culpables con nombre y apellidos), pero si de una manera múltiple. Hay en Syriana muy pocos inocentes y, en este caso, creo que es razonable que así sea.
La película, con guión y dirección de Stephen Gagham es de una seriedad asombrosa para proceder de Hollywood, y muestra, de una manera intensa y precisa, los diferentes aspectos de un mundo complejísimo.
He leído en algunas críticas que muchos la consideran confusa, y eso es algo que no se puede negar, pero lo es a propósito.
Su director, protagonista y promotor, George Clooney explica que con Syriana no pretendían dar respuestas, sino conseguir que el espectador se planteara preguntas; que después de verla discutiera si estaba de acuerdo con esto o con aquello.
A mí me pareció una confusión embriagadora, tal vez porque es un tema que me interesa mucho, y descubrí una y otra vez que Gagham está verdaderamente bien informado y su punto de vista es amplio , muy lejos del simplismo que reina en este tema.
Vi la película en una situación desdoblada, muy interesado por la historia o trama que sostiene la película, pero también por todas las claves que se van dando acerca de un conflicto.
Es, en cierto modo, una película/ensayo, que exige del espectador una atención continua. Algunos dicen que podría haber sido un documental, y aunque es cierto que se pueden hacer fascinantes documentales sobre el tema, al ser una historia de ficción puede ir más allá de lo que iría un documental. Y quizá ese más allá está cerca de la verdad o de muchas verdades del mundo del petróleo.
En un documental, el príncipe Nassir, sólo puede ser el príncipe Nassir, pero en Syriana, el príncipe Nassir es y no es a la vez el rey de Marruecos, el ex presidente Jatamí de Irán, Benazir Butto de Pakistán y, por supuesto, el príncipe heredero de Arabia Saudi, Qatar o Dubai.
Robert Baer, ex-agente de la CIA y autor de See No Evil, libro en que se inspira esta película, dice:
«Syriana es un lugar ficticio, un término que se utiliza para describir el rediseño de las fronteras del Oriente Medio para que se ajusten a nuestros intereses (los de Estados Unidos)».
Es inevitable que para quien no conozca lo que sucede en el mundo musulmán y los importantes movimientos políticos y estratégicos que se están produciendo en este momento en el planeta, la película pierda gran parte de su atractivo y se convierta en un thriller difícil de seguir, porque hay cosas muy importantes que apenas son mencionadas de pasada, pero ¡de qué manera!
Pero si estás interesado en estos asuntos, la experiencia de ver Syriana proporciona un gran placer.
Rossellini y el arte
En una entrevista hecha en 1954 por Truffaut y Maurice Schérer (Eric Rohmer), dice Rossellini algo que me gusta mucho:
"¿Qué es lo que me irrita, qué es lo que me enoja del mundo de hoy? El mundo de hoy es un mundo gratuitamente cruel en demasía... Reacciono violentamente ante esto porque creo firmemente que la crueldad es siempre una manifestación de infantilismo, siempre".
Y en cuanto al arte:
"Todo el arte de hoy se hace cada día más infantil. Todo el mundo desea ser lo más infantil posible. No digo ingénuo, sino infantil. Del infantilismo hemos caído hasta lo más bajo de la escala humana... Este infantilismo lo hemos visto en la nueva novela. Lo hemos visto en forma absolutamente increíble en la pintura. Hemos llegado a la vanidad total, a lo enfermizo. Y esto dentro de un mundo que se hace cada día más serio, más complejo. Ahora bien, ya que el mundo está hecho por los hombres, debo aceptarlo siempre, a pesar de las lamentaciones de la gente del tipo de: "vamos a la destrucción total, la bomba atómica, etc.
Hoy en día el arte consiste en una lamentación o en la crueldad. No existe ninguna otra medida: o se lamenta uno, o hace un ejercicio absolutamente gratuito de pequeña crueldad"
Son opiniones de 1954 pero que quizá se podrían aplicar ahora, así que quizá es un rasgo que siempre se ha dado.
El infantilismo de los artistas llego a su apogeo tras el mayo del 68, y seguramente todavía estamos viviendo sus efectos: los artistas, sobre todo los artistas antisistema, siguen siendo seres puros, perpetuamente indignados, que practican una cosa que se llama acciones pero que más bien debería llamarse agresiones, pues casi todo consiste en atacar o destruir algo (casi siempre sólo simbólicamente, por fortuna), gente absolutamente segura de sí misma, que actúa como puritanos savoranolas o cromwells, dispuestos a poner esta hipócrita sociedad patas arriba, y que a menudo hacen lo mismo que critican, maestros de esa burguesía a la que pertenecen pero desprecian. Pero a todos ellos les falta, y esa es quizá una de las cuestiones fundamentales, el afecto:
"Tomen por ejemplo la especulación -hay que llamarla por su nombre- que se hace sobre la incomunicabilidad, sobre la alienación, etc. Yo no creo que haya en ella ningún afecto, sino una enorme complacencia. Es posible que ese afecto exista y que yo no lo sepa ver. Tal vez se me escape... Si juzgo a través de mis sentidos, no consigo percibir el afecto. Hoy en día uno se cree en la vanguardia desde el mismo momento en que se lamenta. Pero lamentarse no es criticar, que ya es una posición moral. Desde el momento en que uno descubre que quien cae al agua puede ahogarse, y arroja todos los días gente al agua para ver esa cosa terrible y abominable de que quien se cae al agua puede ahogarse, pienso que todo esto es absolutamente innoble. Pero si, cuando me doy cuenta de que la gente que cae al agua se ahoga, empiezo a aprender a nadar para poder lanzarme al agua y salvarla, entonces se trata de una posición distinta."
Y concluye Rossellini: "Y esto me ha decidido a no hacer más cine".
(17 de junio de 2005)
Astruc y la cámara lápiz
En 1948, Alexandre Astruc publicó un breve artículo "Nacimiento de una nueva vanguardia: la Caméra-stylo", en el que decía que el cine estaba a punto de convertirse en un nuevo medio de expresión semejante a la pintura y la novela. A esta nueva época del cine la llamó de la caméra-stylo (cámara-lápiz o cámara-pluma) porque sería como escribir con película:
"En la actualidad, Descartes se encerraría en su habitacion con una cámara de 16mm y película y escribiría el Discurso del método con película".
Sin embargo, la técnica no había avanzado tanto como creía Astruc, y aunque los directores de la nouvelle vague (Truffaut, Rohmer, Godard) intentaron, diez años después llevar a la práctica sus ideas no lo lograron del todo. Hacer cine seguía requiriendo demasiado esfuerzo, muchísimo dinero y la colaboración de un gran número de personas.
Tal vez se acerca el momento en que se podrá cumplir el sueño de Astruc, pues la tecnología digital hace fácil lo que antes era una tarea fatigosa y costosa. Ahora, uno mismo puede grabar con una cámara de mano con calidad aceptable, editar su propia película en un ordenador y distribuirla. No en cines comerciales porque todavía no se ha implantado la tecnología digital, pero si en pequeños circuitos o a través de internet.
Ya se venden escenarios y decorados para películas, y dentro de poco se venderán también actores virtuales.
En el futuro cada uno grabará la película tan sólo imaginándola en su cabeza. Cuando eso suceda, la camera stylo será una realidad. Mientras tanto podemos acercarnos bastante.
Yo no tengo por el momento una buena cámara digital, pero supongo que la tendré dentro de un tiempo. Hasta entonces lo que hago son borradores, bocetos de video con mi pocket pc, que tiene una definición birriosa, pero da un resultado interesante en pantallitas pequeñitas.
Hace unos días subí un video imitando el montaje ideológico de Eisenstein y Pudovkin. Ahora he hecho una pieza breve con retales y en un programa de edición chapucero a la espera del Final Cut o el Premiere que alguien me prometió...
Esta pieza, se llama La Noche y es como un garabato hecho en vídeo. Así que quizá a esto se le podría llamar garavídeos o videoborradores o video-retales. Este tiene audio, así que cuidado con el volumen.
[10 de junio de 2005, Las afinidades electivas]
2007
Pocos años después de las palabras de Astruc, algunos como el letrista Isidore Isou (Tratado de la bobada y la eternidad) y Lemaitre hicieron películas que en cierto modo hacían realidad su profecía, pero, en su deseo de romper con todo lo establecido y con los códigos narrativos, propusieron cosas interesantes, pero no consiguieron igualar a Descartes, quien además de interesante y profundo es entretenido y ligero. Esa vía interesante para lo audiovisual quedó demasiado ligada a lo aburrido y lo ideológico panfletario.
Pero hay otras películas experimentales muy interesantes.
La mala educación, de Pedro Almodóvar
Marcos "marcóticos" me dijo que iba a publicar en su página un comentario acerca de La mala educación de Almodóvar, pero como no sé si el comentario aparecerá algún día en la web de Marcos, lo comento aquí.
Dice Marcos que es una película con buen argumento y mala dirección. Yo de eso no entiendo mucho, pero a mí me ha gustado. También me dijo que los personajes son eso, perosnajes, y no personas. En eso, al menos en su connotación despectiva, no estoy de acuerdo.
Alfonso también me dijo algo parecido acerca de Todo sobre mi madre, pero a mí me sucede lo contrario que a él: me siento muy cerca de los personajes de Todo sobre mi madre. No me parecen inversosímiles ni exagerados, ni una muestra de eso que se ha llamado "surrealismo manchego".
Seguramente en mi opinión influyen razones biográficas, pero no creo que sea necesario que uno haya vivido algo parecido para entender a los personajes de la película.
Curiosamente, no me identifiqué nada con los mucho menos inverosímiles personajes de Hable con ella, que no me gustó.
Por otra parte, no me parece que los personajes de La mala educación estén poco definidos, sino todo lo contrario, al menos en el caso de Juan e Ignacio, o en el cura o el propio director, Enrique Goded. Todos ellos me parecen interesantes y complejos, algunos muy complejos.
Tampoco creo que sea muy importante el asunto de la pederestia y los curas. Es parte de la historia, pero no creo que la intención de Almodóvar sea hacer una denuncia (o no sólo eso).
Me ha gustado también cómo está contada la película y cómo vas descubriendo poco a poco el asunto. Me he sentido emocionado en varios momentos y he disfrutado mucho. Es cierto que quizá se alarga un poco, pero eso parece algo inevitable en el cine actual: las películas siempre parecen un poco largas (o los espectadores somos cada vez más impacientes).
Si quieres leer algo más acerca de los hedonistas cirenaicos, puedes ver al entrada que dediqué a Aristipo en
Cosas que he aprendido de... Aristipo
Monsieur Verdoux
He leído unas cuantas cosas acerca de Monsieur Verdoux, de Chaplin, escritas por Bazin, Truffaut, Rohmer o Renoir y también he visto la película, que no debería enjuiciar ahora para no contradecir mi aversión a los dictámenes, pero no puedo evitarlo: me ha encantado.
Ya dije en una ocasión, en un comentario a Soñadores, y a las dicotomías a las que tan aficionado es Umberto Eco, que yo estoy más cerca de los orgásmicos que de los analistas. Por eso, prefiero decir: "Me ha encantado"o "Es delicioso" antes que: "El planteamiento inicial es muy sugerente, pero tiene un defecto de forma imperdonable".
Pero, como no creo en esas dicotomías, también me gusta analizar las cosas de vez en cuando. Incluso me gusta analizarlas muy a menudo. No hay contradicción, excepto si creas una situación en la que hay que elegir "o esto o lo otro". Se puede disfrutar sin analizar y también disfrutar del análisis. Incluso disfrutar y analizar al mismo tiempo. Hay momentos y ocasiones para todo.
Se trata casi siempre de una cuestión de medida: el análisis excesivo acaba siendo previsible, trivial, fatigoso y aburrido. No hay por qué tener una opinión y un juicio de valor para cada cosa que nos pasa por delante. Y tampoco hay por qué verbalizar siempre el magma de sensaciones, percepciones y destellos de ideas que nos recorren continuamente la cabeza.
Monsieur Verdoux tuvo muchos problemas cuando se estrenó en 1947.
Se desató una feroz campaña de prensa contra Chaplin, se le acusó de actividades antiamericanas y, cinco años después, se tuvo que exiliar de Estados Unidos. Lo que más molestó fue que el asesino Verdoux dice en el juicio que admite haber matado a algunas viudas ricas, pero que los países fabrican armas que sirven para matar a millones y nadie los juzga:
" Wars, conflict...it's all business. One murder makes a villain; millions, a hero. Numbers sanctify!
"Guerras, conflictos... todo es negocio. Un asesinato y eres un villano; millones y un héroe. Los números santifican!"
Zhuang Zi dice casi lo mismo en Desvalijadores de arcas:
"Quien roba una hebilla sufre pena de muerte, quien roba un estado se convierte en un gran señor feudal".
Chaplin y los situacionistas
Una de las cosas más estúpidas que hicieron los letristas de Debord (luego internacional letrista, luego, situacionistas) fue un boicot a Chaplin en 1952, cuando llegó a París para presentar Candilejas.
Sabotearon a gritos su conferencia y distribuyeron un manifiesto llamado No más pies planos, en el que se decía:
"Las luces de los focos han derretido el maquillaje del así llamado brillante mimo y dejado al descubierto el viejo rostro intransigente"
También dijeron: "Creemos que la expresión más apremiante de la libertad es la destrucción de ídolos, especialmente cuando se presentan hablando en nombre de la libertad de otro", que es precisamente lo que hacían contínuamente los situacionistas.
Este tipo de acciones, en las que se convierte a una persona, en este caso Chaplin, en un objeto manipulable para el propio autobombo es una de las cosas que menos me gustan y nunca he llegado a entender a quienes admiran las acciones ególatras y triviales de Débord, que supuestamente denuncian la sociedad del espectáculo y son, sin embargo, quienes más lo practican.
Tras esa acción contra Chaplin, los letristas se separaron y Debord fundó la Internacional Letrista. A partir de entonces se dedicó a expulsar a los miembros de sus diversas organizaciones, hasta que se quedó literalmente como único miembro y se autodisolvió. En 1994 se suicidó. Uno de los problemas de Debord era que el puesto de gurú de la época ya estaba ocupado por Sartre, así que ha tenido que esperar hasta hace unos años y a la caída de todas las teorías rivales para que sus recetas filosóficas se pusieran de moda, aunque es cierrto que influyó en mayo del 68, y en el punk a través de McLaren.
¿Quizá parece que no me cae bien Debord? Cierto, pero también tiene cosas interesantes y esta entrada no es una descalificación global al situacionismo... ¡Qué difícil es no contradecirse!
Dice Swift:
"Si un hombre compilase todas sus opiniones sobre el amor, la política, la religión, la enseñanza y demás asuntos, empezando por las de su juventud y siguiendo hasta la vejez, ¡vaya paquete de inconsistencias y contradicciones resultaría finalmente!"
2007:
Al parecer, la acción contra Chaplin fue precisamente la causa de la separación de los letristas, pues su fundador Isidore Isou, no estaba de acuerdo con el ataque a Chaplin, en el que también se decía: "Allez vous coucher, fasciste larvé, gagnez beaucoup d’argent, soyez mondain... mourrez vite, nous
vous ferons des obsèques de première classe.
Que votre dernier film soit vraiment le dernier (...)
Go home Mister Chaplin."
Subtítulos y doblaje
La profesión de fe del cinéfilo, lo que permite distinguirlo a kilómetros, son los subtítulos.
Es el dogma mayor e indiscutible, la primera de las verdades reveladas, escrita con (sub)títulos de oro en las tablas de la ley fílmica: el cine hay que verlo subtitulado.
Estoy hablando, claro, de películas en otro idioma, todavía ningún cinéfilo ha exigido subtitular las películas de su propia idioma (excepto para sordos).
"El cine hay que verlo subtitulado".
Es una verdad tan evidente que no hay que tomarse siquiera la molestia de razonarla. Es así y basta. ¿Tú prefieres las películas dobladas?. Estupendo, pero t&u