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Suele ser inevitable que si una película la dirige un joven que, además de actor, es modelo y muy guapo las criticas adopten desde el principio un tono paternalista y se trate al recién llegado como a un intruso. Si la película trata de jóvenes que se divierten por el día y por la noche, que consumen drogas, que practican sexo, etcétera, parece imposible que los críticos no aludan a la estupidez o trivialidad del argumento. Para que se entienda a qué me refiero, reproduzco aquí la crítica de Jordi Picatoste:
Es curioso porque a nadie se le ocurre decir cuando hace la crítica de un western de Howard Haws, de John Ford o de quien se que trata de una pandilla de asesinos que viven en el oeste y que son a cada cual peor y más descerebrado, que sólo saben recurrir a la violencia para solucionar sus problemas, con efectistas tiroteos y duelos, etcétera, etcétera. Pero con un joven director, modelo y guapo la carnaza está servida. No es la única crítica que he leído en este tono de pretenciosidad elocuente, de dar lecciones al mundo, de mostrar lo tontos que son todos los demás: "a escala interplanetaria" dice ya freno en su afán de cargarse lo que sea como sea. Pero bueno, es lo que suele suceder. Las críticas españolas son unánimes, otras en inglés elogian la película, pero se pasan cuatro o cinco párrafos justificándose porque les haya gustado. Que es precisamente lo que parece que estoy haciendo yo ahora. Me gustó muchísimo Kakuto. Junto a Last life in the Universe es la que me ha resultado más intensa de todo el Baff. Me interesaba la historia, me interesaban los personajes, me gustaba el humor, me parecían fantásticas las escenas de acción, me parecían justificados los movimientos de cámara en función de lo que se estaba contando. Y me parece que atrapa eso que quiere atrapar: la energía, la inseguridad, la atracción, el deseo, la prisa, el miedo, la velocidad, las ganas de probar cosas nuevas, el riesgo y todas esas emociones básicas que se asocian a la juventud y que forman parte de las grandes obras de la literatura, del arte y del cine. Así que me he permitido por esta vez ser un poco rimbombante a la manera de Ángel Fernández Santos en sus críticas de El País, pero es la mejor manera de describir esta película. Kakuto quieree decir "El iluminado" o "El despierto" y sin duda tiene algo que ver con Buda, que quiere decir lo mismo. Pero el carácter kanji de kakuto parece tener un doble sentido, refiriéndose también a ciudad iluminada o ciudad que se despierta. El director, Iseya Fuyuke hace aquí su debut bajo la producción de un mito del cine japonés, el director Kore Eda Horokazu (Maboroshi, After Life). El protagonista Ryo (Iseya Yasuke) está celebrando su 21 cumpleaños con su amigo de la Universidad Makoto y su amigo de la infancia Naoishi.
Ryo decide visitar a un amigo que trabaja para un yakuza (mafia japonesa) para conseguir droga y entonces se inicia todo un enredo terrible, en el que también están implicados otros personajes que se van cruzando y descruzando durante la larga noche. El ritmo y la velocidad de los acontecimientos va aumentado hasta llegar casi al paroxismo, pero en mi opinión no de manera torpe y caótica, sino perfectamene medida. Es difícil contar más cosas de la película, porque lo impresionante es como te atrapa esa vida que estalla, siempre y cuando estés dispuesto a dejarte atrapar. No hace falta haber vivido situaciones semejantes para epxerimentarlo: como dije antes no sé por que es perfectamente posible identificarse con unos brutos del salvaje oeste y no puede uno sentir una mínima afinidad con unos jóvenes japoneses del siglo XXI. Comentarios
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