Cada texto que comento del Zhuang Zi se incluye aquí íntegro con un vínculo al que antecede la sigla TXT. Conviene leer primero el texto del Zhuang Zi y sólo después mi comentario.

 

WORK IN PROGRESS!!

Esta lectura del Zhuang Zi es por el momento un documento de trabajo, por lo que habrá muchos errores que iré corrigiendo poco a poco.

 

Las comparaciones científicas que a veces establezco no tienen como objetivo dotar al Zhuang zi de rigor científico o demostrar que coincide con las últimas teorías de la física o la biología. Se utilizan tan sólo para hacer los argumentos más fácilmente comprensibles por vía de comparación

 

 

LECTURA dE ZHUANG ZI

 

Lee antes el texto de Zhuang zi:

002 TXT El gobierno del mundo

 

 El anterior apartado del Zhuang zi  mencionaba a algunos personajes que destacaban por no necesitar nada, o casi nada, como Lie Zi, que volaba pero aún necesitaba el aire para sostenerle.

  En este segundo apartado del Nei Pian, primero de los libros interiores, se trata el asunto de qué es lo que realmente importa: el poder y la gloria, las diversas vanidades del mundo, u otra cosa.

  La historia comienza con el emperador Yao. El emperador Yao es uno de los legendarios emperadores de China.

  Los emperadores legendarios son anteriores a la primera dinastía conocida de China, la Xia, que se inició hacia el año -2100.

   Es una buena ocasión para conocer a los emperadores legendarios:

Youchao, el primero

Suiren

Fuxi

Shendong

Huang Di

Yao                    (hacia -2356)

Shun

Yu, el último

  Como se ve, Yao es uno de los tres últimos emperadores. Poco a poco iré contando más cosas acerca de todos ellos. Son muy importantes porque los filósofos y los ideólogos de China siempre han utilizado a los emperadores legendarios para justificar sus teorías.

   Por ahora, basta con saber que aunque la época de los emperadores legendarios es vista de manera diferente por las distintas escuelas filosóficas chinas, todos o casi todos están de acuerdo en que fue una época mejor que la que se inició con la dinastía Xia. Así que cuando Zhuang zi menciona al emperador Yao lo hace como quien menciona a alguien digno de ser admirado e imitado.

   Resulta que Yao abdicó del gobierno del mundo, es decir del gobierno de China, pues los chinos han sido a menudo tan o más etnocentristas que los llamados occidentales y consideraban, al igual que la mayoría de los griegos y que los romanos durante gran parte de su historia, que más allá de sus fronteras sólo había "bárbaros". Decir "China", llamada también el Imperio del Centro, era casi lo mismo que decir "El mundo".

  Pues bien, el legendartio Yao abdica del gobierno del mundo, busca un sucesor y elige a un tal Xu You.

  Quien haya mirado la lista de los emperadores legendarios, ya se habrá dado cuenta de que Xu You no es el emperador que sigue a Yao. Eso siginifica que este tal Xu You no gobernó el Imperio que le ofrecía Yao.

   La razón la explica Zhuang zi: Xu You no quiso aceptar ese regalo increible y renunció a gobernar el mundo. Xu You le dijo a Yao:

"Vos gobernáis el mundo, y el mundo  permanece en orden. ¿Habría yo de ocupar vuestro lugar para así ganar renombre? "

  A continuación, Xu You le explica al emperador que el renombre o la fama es sólo un "huesped de la realidad".

  Con ello quiere decir de una bonita manera que la fama es sólo un subproducto de otra cosa, algo añadido sin importancia real, sin verdadera realidad en definitiva, o con una realidad dependiente de otra más importante, como el humo que sale del fuego.

  Para qué va a querer él, dice Xu You ser huésped pudiendo habitar en la realidad misma.

  Finalmente, Xu You renuncia con un acto de modestia ("Que no sabría yo qué hacer con el mundo"), al que sigue otro de soberbia:

"Aunque falten los cocineros, el oficiante del funeral y el representante del difunto no dejarán los vasos y bandejas rituales para ir a cocinar".

   Con esto se refiere a la costumbre que había en los funerales de que una persona representase al muerto y recibiese las ofrendas en su nombre. Si en el funeral han faltado los cocineros, no por ello van a interrumpir la ceremonia el oficiante y el representante del muerto para ponerse a cocinar.

   La soberbia de la respuesta se debe a que Xu You le está diciendo al emperador:

  "Lo que yo hago y tengo ahora es más importante que lo que haces tú. Gobernar el mundo es como cocinar en un funeral, una tarea secundaria, mientras que lo que yo hago es equivalente en importancia al funeral mismo".

  A menudo, en los textos taoístas, se ven situaciones parecidas, en las que un sabio renuncia a fama, honores y poder, pero lo hace porque lo que él tiene es superior a lo que le ofrecen. Modestia y soberbia se unen casi siempre en estas renuncias, como sucedía con los cínicos griegos.

   Se cuenta la anécdota de Diógenes el cínico, que vivía en un tonel y al que fue a visitar el mismísimo Alejandro Magno, que había conquistado ya gran parte del mundo conocido (China no era conocida, así que el macedonio se quedó a las puertas de la India).

  Alejandro fue personalmente a ver al cínico Diógenes y le dijo: "Qué deseas de mí, Diógenes?". Diógenes, sentado junto a su tonel le respondió: "Que te apartes un poco y no me quites el sol".

  Esta respuesta quizá recuerde a alguno aquello que hacían los cuáqueros y que cuenta Voltaire en un texto al que me referí en Zhuang zi 001: los cuáqueros trataban de "Tú" al mismo rey de Inglaterra.

  Quien mejor ha mostrado esta modesta soberbia de los cínicos es tal vez Platón. Se dice que en una ocasión Diógenes fue a visitar la Academia de Platón, o el hogar del filósofo tal vez, y que allí había muchas alfombras lujosas. Diógenes empezó a pisotearlas de manera llamativa y cuando le preguntaron qué hacía respondió: "Pisoteo la soberbia de Platón".

  A lo que Platón respondió: "Con otra soberbia, Diógenes, con otra soberbia".

  Ahora bien, también es cierto que no hay ninguna razón por la que debamos llamar a alguien excelencia, ilustrísima o incluso tratarle de usted. Ninguna razón excepto la prudencia. Yo creo, con los anarquistas, que ningún hombre ha de humillarse ante otro y que ningún hombre puede disfrutar o aceptar la humillación de otro. Si yo hablase con el Rey de España o con el Papa, no utilizaría ningún título y sólo les trataría de "usted" si ellos lo hicieran conmigo. No por soberbia, sino por lo que he dicho antes.

   Ahora bien, si mi vida estuviera en peligro o me viera expuesto a ser encarcelado, como les sucedía a los cuáqueros, creo que utilizaría cualquier fórmula que me librase de tales consecuencias. Mi repulsión hacia la humillación es menor que mi repulsión hacia el martirio.

   Enfrentarse a un poderoso al que no puedes vencer no es en realidad luchar contra él, sino entregarte a él, dejar que sea él quien decida sobre tu vida y facilitarle la eliminación de un enemigo: todo para él, nada para quienes luchan contra él, a no ser que uno crea en las virtudes del ejemplo del martir, cosa que, me temo, no ha servido nunca para nada.

  Pero quizá me equivoco. Si alguien conoce un ejemplo de martirio efectivo, estoy dispuesto a moderar mi posición o a modificarla (si son muchos ejemplos).

  Así que Diógenes le dijo eso a Alejandro, si es que se lo dijo, porque sabía que podía tirar de la cuerda un poco.

  Se dice que Alejandro dijo que, habría querido ser Diógenes de no ser Alejandro, no se sabe si antes o después del supuesto encuentro entre ambos.

  Si Xu You le dijo eso a Yao es probablemente porque Zhuang zi se inventó la anécdota o porque Yao era un emperador muy bondadoso.

  Otros filósofos, taoístas o no que quisieron imitar a Xu You no tuvieron tanta suerte y su modesta soberbia fue castigada con la muerte o con el destierro.

   Pero, ¿quien es este Xu You que se atreve a hablar así al emperador Yao?

  Según cuenta Carmelo Elorduy, un comentarista de la dinastía Tang dice que Xu You (Hsü Yu) era un consejero del emperador Yao. Añade Elorduy, o el comentarista Tang, que Xu You tras negarse a aceptar la oferta del gobierno del mundo, incluso se fue a lavar los oídos que habían escuchado "tan inmunda invitación". Esto es soberbia.

  Este asunto volverá a ser tratado, sin duda.

 

 

LAS ANTORCHAS A PLENO SOL

Antes de ofrecer el trono a Xu You, el emperador Yao se denigra a sí mismo y elogia a su consejero.

«Luego que el sol o la luna han salido, si las antorchas que aún arden quisieran competir con ellos, ¿no sería cosa harto difícil? Cuando la lluvia de temporada ha comenzado a caer, seguir acarreando agua por ver quién mejor ha regado, no sería cosa vana?

  El emperador es como una antorcha encendida cuando el sol (su consejero) brilla. La luz del emperador no añade nada  a la luz mayor que todo lo baña.

  Es sabido que a a pleno sol es difícil percibir una luz pequeña y que, por ejemplo, cuando se graba para cine o televisión una escena con fuego (un mechero, una hoguera a pleno día) hay que utilizar diversos trucos para que ese fuego se vea.

  Esa excelente comparación de Yao nos puede servir para recordar que aunque nosotros no las veamos, durante el día, las estrellas permanecen el el cielo. ¿Por qué no las vemos? Porque su luz queda subsumida en la luz mayor del Sol.

  Al amanecer, podemos ver Venus (la estrella der la mañana) y a veces la Luna, pero enseguida desaparecen. Siguen ahí, pero la claridad del Sol nos ciega. invisible

  Es bueno recordar esto, porque a veces las cosas están ahí, pero no las vemos porque otras cosas nos impiden verlas o porque se enmascaran o diluyen o se hacen invisibles en el entorno.

  Por ejemplo: yo he escrito la palabra invisible en este documento, pero seguramente tú no la has visto. ¿La ves ahora?

             invisible

Sí, porque aquí está escrita con letras negras sobre fondo blanco, pero también está escrita dos párrafos más atrás, tras "la claridad del Sol nos ciega". Pulsa y arrastra el ratón y la verás.

   Pero lo que Yao quiere mostrar con esa comparación es la inutilidad de una antorcha frente al Sol, su propia inutilidad como o gobernante del mundo frente a Xu You: "Tan absurdo como regar cuando ya llueve sobre los campos".

  Isaac Asimov usaba un argumento semejante para negar o dudar de la existencia de Dios, o al menos de un Dios bondadoso: mientras la gente se muere de sed en tantos lugares de África, llueve en medio del océano, donde no le sirve a nadie.

  Al final del apartados se dice que Yao se fue a visitar a los cuatro maestros y se desengañó del mundo. Estos cautro maestros eran:

Wang Ni

Ni Que

Bo Yi

y Xu You...

...el que renunció al Imperio, así que es posible que esa conversación entre Yao y Xu You tuviera lugar precisamente en el encuentro con los cuatro maestros. Al parecer, el texto de Zhuang zi ha sufrido muchas modificaciones y ya habrás notado, lector, que en ocasiones parece repetirse la misma historia dos o más veces. También de esto hablaré en otro momento

 

EPÍLOGO A XU YOU

  Debido a una traviesa causalidad, tras escribir acerca de Xu You todo aquello de la soberbia y compararlo con el cínico Diógenes, he leído un texto de un poeta chino del siglo III de nuestra era que dice exactamente lo mismo que yo.

  He de confesar que ya había leído este texto hace años (lo incluye Octavio Paz en su traducción de varios pasajes del Zhuang zi), pero no me acordaba de él hasta volver a leerlo ahora.

  Pues bien, el poeta del siglo III se llama Hsi Kang y es también muy interesante: al parecer era considerado un enemigo del Estado y de la sociedad, contrario a la práctica de los ritos y all culto a los antepasados, a sí como a la fidelidad filial y la obediencia al trono que preconizaban los confucianos.

   Hsie Kang, este poeta quizá semejante a Xu You, parece saber algo más acerca del encuentyro entre Yao y Xu You:

"Xu You había sido el maestro de los emperadores Yao y Shun. El primero, fatigado de sus trabajos,lo llamó: "Maestro, si aceptas el trono, el Imperio y el universo entero vivirán en armonía".
  Xu You respondió: "la gloria es la sombra de la realidad? ¿A qué buscar la sombra cuando tengo el cuerpo?" Y huyó hacia los pantanos.
  Ahí encontró al "ermitaño encaramado", un viejecillo que, retirado del mundo, se había hecho un nido entre las ramas de un árbol y dormía entre sus hojas. Xu You le contó lo ocurrido.
  El ermitaño le respondió: "¿Por qué no te escondiste desde el principio, por qué dejaste que el mundo se deslumbrase con tus méritos? El verdadero sabio es invisible. Tú ya no eres mi amigo". Y empujándolo con fuerza, lo arrojó del nido.
   Confuso y trastornado, Xu You vagó por las soledades, hasta que encontró un arroyo. Allí se detuvo para lavarse los ojos y las orejas, mientras decía para sí: "Las palabras que dije ofuscaron a mi amigo". Después se perdió para siempre, sin que nadie haya vuelto a saber de él.
  El ermitaño, por su parte, pensó que las palabras de Xu You habían manchado sus orejas. Descendió del árbol y fue a lavarse al mismo arroyo. Pero el genio del riachuelo, irritado, se nubló y le dijo: "¿Por qué quieres ensuciar mis aguas?"

 

    En esta historia, que ayuda reconstruir el encuentro de Yao con los cuatro sabios (ya conocemos a dos, Xu You y el "ermitaño encaramado") parece que cada uno lucha por estar más desprendido del mundo que el anterior, y también por mostrar una mayor soberbia en su modestia. Tal vez el río sea el tercer sabio.

  Después de lo que dije antes acerca de la prudencia y del martirio, de los cuáqueros, de Diógenes y Alejandro, o del propio Xu You, que huyó tras rechazar el Imperio, creo que es un buen final saber que el poeta irreverente que nos cuenta esta última historia, Hsi Kang, fue decapitado.